Unión de Estados
by Rodrigo Borja
3 julio, 2018
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En los ámbitos del Derecho Constitucional y del Derecho
Internacional hay dos formas de unión de Estados: la unión
personal y la unión real.
Existe unión personal si el gobernante de un Estado es, al
mismo tiempo, gobernante de otro. O sea si los órganos principales de
gobierno de Estados diferentes tienen un titular común. Este tipo de
unión se produjo en las viejas monarquías cuando, en virtud de leyes
sucesorias de coronas distintas, una misma persona ocupó el trono de
dos Estados, aunque éstos mantuvieron su propia organización e
independencia. En la actualidad no existen casos de unión
personal. Ellas sólo tienen un valor histórico. Como ejemplos del
pasado pueden citarse a España y Alemania bajo Carlos V (1520-
1556), Inglaterra y Hannover (1714-1837) y Holanda y Luxemburgo
(1815-1890). Algunas de esas uniones se disolvieron por obra de las
mismas leyes sucesorias que las produjeron, que no permitían el
reinado de las mujeres. En otros casos, en cambio, la unión personal
se transformó en unión real, como ocurrió con los reinos de Castilla y
Aragón en España o con Inglaterra y Escocia.
La literatura jurídica y política del siglo XIX y principios del XX
se ocupó ampliamente de este tipo de uniones. Jellinek, Brie,
Hatschek y otros tratadistas les dedicaron muchas páginas de sus
libros.
Las uniones personales se produjeron siempre de manera
casual y se debieron a la aplicación automática de leyes sucesorias de
distintos Estados. Lo característico de estas uniones fue que, no
obstante la comunidad del titular del principal órgano gubernativo
estatal, los Estados por ellas vinculados se mantuvieron como
entidades políticas distintas, regidas por órdenes jurídicos
independientes. Por tanto, el gobernante que les fue común tuvo dos
personerías jurídico-políticas enteramente desligadas entre sí: una con
relación a cada Estado. Estas personerías obraron por separado y sus
actos surtieron efectos exclusivamente con respecto al Estado para el
que fueron celebrados. De modo que no hubo actos jurídicamente
comunes ni interferencias entre los Estados. El gobernante ejerció dos
autoridades diferentes y tuvo dos voluntades políticas.
Lo cual significa que no existió vinculación orgánica entre los
Estados puesto que lo único que tuvieron en común fue la persona del
gobernante.
La unión real es diferente. No es el fruto de un acto casual
sino de una decisión deliberada y conscientemente adoptada. Se da
siempre que dos o más Estados se articulan entre sí con el propósito
de cumplir determinadas finalidades comunes, que ordinariamente se
refieren a la defensa nacional y a la gestión de los asuntos exteriores
bajo la conducción de órganos de gobierno compartidos.
La unión real no entraña el nacimiento de un nuevo Estado
sino la creación, a través de sendas reformas constitucionales, de
ciertas instituciones gubernativas comunes. Los Estados por ella
vinculados no pierden su soberanía por el hecho de la coalición sino
que la limitan en aquellos temas que, como el de la política exterior u
otros, han decidido manejarlos de común acuerdo y por medio de
órganos compartidos.
En consecuencia, la distinción fundamental entre la unión
personal y la unión real es que, a diferencia de aquélla, ésta
determina para los Estados coligados no solamente la comunidad
del titular del órgano sino la del órgano mismo, con lo que se vuelve
evidente el carácter institucional de esta unión.
Si bien la unión real se origina en un pacto o tratado
internacional, sus efectos jurídicos comprometen directamente el
Derecho Constitucional de los Estados asociados puesto que el hecho
de que ellos decidan en un momento dado tener órganos de gobierno
comunes y leyes que regulen esa comunidad no puede ser ignorado
por su ordenamiento jurídico.
Esta unión, sin embargo, no tiene la fuerza ni la estabilidad ni
la profundidad ni tampoco la duración que caracterizan al <Estado
federal o a la <confederación de Estados, puesto que es una unión
circunstancial.
La más importante de las uniones reales —y probablemente la
más poderosa y mejor lograda de todas— fue la de Austria-Hungría,
que duró desde 1867 hasta 1918. Sus fundamentos jurídicos se
encuentran en la Pragmática Sanción de 1723 que estableció el
derecho hereditario de los Habsburgos a la corona de Hungría
mientras existan descendientes de Leopoldo I y que declaró además
que los países y las provincias que estén sometidos al mismo
soberano serán poseídos en forma inseparable e indivisible. Y en
1867, después de vencer la resistencia de Hungría, el emperador
Francisco José de Austria convirtió a esos países en el Imperio Austro-
húngaro, cuyo soberano tomó el título de Emperador de
Austria y Rey Apostólico de Hungría.
El acuerdo que dio nacimiento a esa unión, contenido en dos
leyes de orden constitucional, dispuso que los asuntos a resolver por
gestión común de los dos países eran la política exterior, las
cuestiones militares y los asuntos de hacienda, para lo cual se
unificaron e integraron conjuntamente los respectivos ministerios, sin
perjuicio de que cada Estado mantuviese en lo demás sus propias
instituciones políticas, tales como la Constitución, el parlamento, los
otros ministerios, etc.
Otro caso de unión real de Estados fue el de la República
Árabe Unida (RAU) formada en 1958 por Egipto y Siria, bajo la
inspiración del líder egipcio Gamal Abdel Nasser, y deshecha en 1961
por la separación de este último país. En virtud de ella se unificaron la
jefatura del Estado y los ministerios de asuntos exteriores, de guerra y
de finanzas, se adoptó una misma bandera y se reconoció la igualdad
de derechos a los ciudadanos de los dos Estados.
Cosa parecida hicieron Tanganyika y Zanzíbar en el sureste de
África. Tras el plebiscito celebrado el 26 de abril de 1964, en el que se
aprobó el tratado de unión real, los dos Estados formaron
la República Unida de Tanzanía, que fue admitida como nuevo
miembro en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 1º de
noviembre 1964.
Unión real fue también la constituida el 17 de abril de 1971
entre Egipto, Libia y Siria, por la cual se formó la Unión de las
Repúblicas Árabes, cuyo instrumento constitutivo fue firmado por
Anwar el Sadat, Presidente de Egipto, Muammar el Khadaffi,
Presidente de Libia, y Hafez el Assad, Presidente de Siria.
Según tal documento, los Estados coligados establecieron
como órganos comunes de gobierno:
1. El Consejo Presidencial de la Unión, integrado por
los jefes de Estado de los tres países, encargado de ejercer la función
ejecutiva de la Unión de Repúblicas Árabes.
2. La Asamblea Nacional compuesta por igual número
de representantes de los parlamentos de cada Estado, a cuyo cargo
estuvo el ejercicio de la función legislativa; y
3. La Corte Constitucional formada por dos delegados
de cada uno de los Estados, cuya misión fue la de pronunciarse
acerca de la constitucionalidad de las leyes y dirimir las disputas entre
las autoridades e instituciones de la Unión.
A partir de 1973, debido a los conflictos internos entre los tres
países, la Unión perdió fuerza y en 1974 ella se disolvió fácticamente.
La más reciente unión real fue la constituida el 14 de marzo
del 2002 entre Serbia y Montenegro (que fueron parte de la antigua
Yugoeslavia) mediante el acuerdo suscrito, bajo la inspiración de
la Unión Europea, por Vojislav Kostunica, Presidente de Serbia, y
Milo Djukanovic, Presidente de Montenegro. La unión creó un
presidente común, un parlamento unicameral, un consejo de ministros
y una corte de justicia. Estableció como las principales competencias
conjuntas la gestión de las relaciones exteriores, la defensa nacional,
la conducción de las transacciones económicas con el exterior y la
protección de las minorías. En el momento de la unión Serbia tenía
10’057.290 habitantes y Montenegro 640.000.
El acuerdo tuvo un plazo de tres años, después de los cuales
los dos Estados pudieron recurrir a procedimientos institucionales para
independizarse y cambiar su vinculación jurídica.
Confederación
Otra forma de asociación de entes estatales es la
Confederación de Estados, producto de
un tratado internacional celebrado entre Estados que
mantienen su soberanía, con miras a su defensa y ayuda
mutuas, mas sin perder su calidad de miembros de la
comunidad internacional, por lo que los problemas surgidos
entre ellos son de carácter internacional, lo cual no impide a
la Confederación, tener un órgano legislativo y algunos
órganos depositarios del poder público, distintos de los de los
Estados miembros. A diferencia de la Federación,
cuyas entidades federativas carecen de la libertad de
separarse unilateralmente de la misma, los Estados miembros
de la Confederación, por lo menos en teoría, pueden retirarse
de ella, mediante decisión unilateral.
BIBILIOGRAFIA
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confederación
Autor de la definición
Jorge Fernández Ruiz
Título
Derecho administrativo y administración pública
Autor de la Publicación
Jorge Fernández Ruiz (Autor/a)
Editorial
Porrúa
Número de edición
4
Lugar de publicación
México
Año de publicación
2011
ISBN
978-607-09-0721-0
Página de la definición
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