Guía de lectura de Azpiazu, Daniel; Eduardo Basualdo y Miguel Khavisse: El nuevo
poder económico, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004; pp. 83-91 y cuadros.
El texto reconoce distintas etapas, pero en una unidad de concepción y de objetivos
esenciales; observa también objetivos parciales y cierta heterogeneidad en ellos.
El ministro Martínez de Hoz sostenía un tradicional discurso liberal para sanear la
economía, aumentar el crecimiento económico - pero sin inflación -, y buscar una
“razonable” distribución del ingreso. En los hechos la situación fue muy distinta, hubo 3
medidas que redundaron en una rápida caída de los salarios reales en un 30%:
congelamiento de salarios nominales por 3 meses, eliminar controles de precios y
devaluación de la moneda argentina. A este disciplinamiento por medio del mercado se
sumarían las medidas coercitivas: disolución de la Confederación General del Trabajo,
intervención de los sindicatos, caducidad de los convenios colectivos de trabajo,
prohibición de actividades gremiales, reformas regresivas a la Ley de Contrato de Trabajo
etc.; y, sobre todo, la persecución política - incluyendo prision, secuestros y desapariciones-
sobre cientos de militantes sindicales.
Tras este shock inicial decretaron:
desregulación generalizada de las inversiones de capitales extranjeros;
unificación de la paridad cambiaria para todo tipo de operaciones;
eliminación paulatina de regulaciones y subsidios para las exportaciones;
reducción de un 40% promedio de aranceles a las importaciones.
Pero al no lograr controlar las “distorsiones” de precios relativos, el déficit fiscal y la
inflación a inicios de 1977, el ministro recurrió a una “tregua de precios”: congelamiento
por 120 días.
A mediados de 1977, se toma una medida decisiva: la Reforma Financiera
el sector financiero pasará a tener un rol clave en el modelo de acumulación y
distribución de recursos;
se libera/desregula casi toda la actividad bancaria: tasas de interés, créditos,
expansión, creación de nuevas entidades
La inflación no cede y a fines de 1978 se busca que los precios internos converjan con la
inflación internacional
más apertura de la economía;
“Tablita Cambiara”: se anticipan las microdevaluaciones buscando niveles
intermedios entre las tasas de inflación interna y externas;
se acentúa reducciones de aranceles a las importaciones (del 29% en 1978 al 15%
en 1982);
crecientes críticas de la UIA y la SRA.
En marzo de 1981, con la salida del tándem Videla – Martínez de Hoz y su reemplazo por
el Gral. Viola y su ministro Sigaut, se inicia un periodo ecléctico, cortoplacista y muy
inestable. Se intenta morigerar algunos efectos del modelo con sucesivas devaluaciones y
algunas regulaciones de los mercados. Pero la estructura nodal del modelo de acumulación
financiera se mantuvo: altas tasas positivas de interés, endeudamiento público y privado,
libre entrada y salida de capitales (“la bicicleta financiera”).
A mediados de 1982 (tras la derrota en Malvinas) se realizan procesos inversos, con
financiamiento a mediano plazo a tasas negativas para las empresas.
Efectos inmediatos:
licuación de pasivos
revalorización de activos reales de empresas
estatización de deuda externa
Efectos Globales del modelo: desindustrialización y redistribución regresiva del ingreso
destrucción física de medios de producción similares a los de una guerra o
catástrofe natural
En 1893 el PBI Industrial era un 10% menor que el de 1973 y un 15% menor al de
1974
discontinuidad vertical de varias ramas de la producción
fuerte recesión (VER CUADRO N.º 26)