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Paganini, Mariana

Experiencia y transmisión intergeneracional:


La construcción de significados en los y las
jóvenes visitantes del Espacio para la
Memoria y la Promoción de los Derechos
Humanos ex CCDTyE "Olimpo" (2015-2017)

Tesis presentada para la obtención del grado de Magíster en


Historia y Memoria

Directora: Raggio, Sandra María. Codirectora: Osuna, María Florencia

Paganini, M. (2020). Experiencia y transmisión intergeneracional: La construcción de


significados en los y las jóvenes visitantes del Espacio para la Memoria y la Promoción de
los Derechos Humanos ex CCDTyE Olimpo (2015-2017). Tesis de posgrado. Universidad
Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria
Académica. Disponible en: [Link]

Información adicional en [Link]

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons


Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
[Link]
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
la Educación
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
Secretaría de Posgrado
Maestría en Hi SECRETARÍA DE POSGRADO

Experiencia y transmisión intergeneracional.


La construcción de significados en los y las jóvenes visitantes del
Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos ex
CCDTyE "Olimpo" (2015-2017)

Mariana Paganini

Tesis para optar por el grado de Magíster en Historia y Memoria

Directora: Mg. Sandra María Raggio


(UNLP-Comisión Provincial por la Memoria)
Co-Directora: Dra. María Florencia Osuna
(UNLP-CONICET-UNGS)

La Plata, agosto de 2020


RESUMEN

El objetivo general de esta investigación es contribuir al campo de estudios de la


memoria social a partir de un acercamiento a los procesos de transmisión
intergeneracional en los ex CCDTyE ―recuperados‖. Específicamente, esta tesis indaga
en las experiencias de los/las jóvenes que visitaron el Espacio para la memoria y la
promoción de los derechos humanos ex Olimpo entre 2015 y 2017.
A partir de una metodología etnográfica que combina el análisis de la
bibliografía disponible y de las observaciones y entrevistas realizadas durante el trabajo
de campo, en el primer capítulo, se explica cómo fue el proceso de construcción de la
propuesta pedagógica en el ex Olimpo, quiénes participaron de él y cómo se fue
configurando el lugar asignado a las nuevas generaciones en la definición de sus
principales líneas de acción. En el segundo capítulo, se analizan las configuraciones
narrativas construidas en el Espacio a través de dos dispositivos de transmisión: las
señalizaciones del lugar y las visitas guiadas. A partir de las mismas, se indaga en cómo
se vincula la narrativa propuesta por el ex Olimpo con otros discursos que circulan
socialmente sobre el pasado reciente. En el tercer capítulo, se explican las formas en las
que los/las jóvenes interactúan con la propuesta pedagógica del ex Olimpo y cuáles son
sus experiencias allí. Finalmente, en las conclusiones, se retoman los ejes principales de
lo expuesto en los capítulos y se plantean algunas líneas de exploración posibles para
abordar en futuras instancias de la investigación.

Palabras clave: Transmisión intergeneracional – Experiencia – Jóvenes – Espacio para


la memoria y la promoción de los derechos humanos ex CCDTyE ―Olimpo‖.

2
AGRADECIMIENTOS

Sin dudas, esta tesis no hubiera sido posible sin el apoyo de muchas personas e
instituciones. A todas ellas, mi gratitud y reconocimiento.
A la Maestría en Historia y Memoria, por su excelencia académica y, sobre todo,
por la calidez humana de las personas que la integran, que invitan a los/las que
transitamos por ella a formar parte de una gran comunidad afectiva.
Al Ministerio de Educación de la Nación, por otorgarme la beca PROFOR que
cubrió los costos de mi cursada entre 2013 y 2015.
A la Facultad de Filosofía de Letras de la Universidad de Buenos Aires, por
facilitarme la posibilidad de avanzar con la investigación y apoyar la formación
permanente de sus docentes.
A mi directora, Sandra Raggio, por contagiarme su entusiasmo, por su mirada
aguda y sus valiosas orientaciones. A mi codirectora, Florencia Osuna, por sus lecturas
minuciosas y sus consejos que me ayudaron a confiar en este proyecto.
A mis compañeros/as de los equipos de investigación de estos últimos años, por
despertar inquietudes e invitarme a hacer nuevas reflexiones. En particular, al grupo de
estudios sobre memoria colectiva del Instituto Gino Germani (FSOC-UBA) dirigido por
Emilio Crenzel y al grupo UBA dentro del Proyecto SPEME Questioning Traumatic
Heritage: Spaces of Memory in Europe Argentina and Colombia del Instituto de
Investigación de Estudios de Género (FFyL-UBA), coordinado por Lizel Tornay.
A mis compañeros/as y amigos/as del Museo Etnográfico, por el estímulo
constante, las discusiones cotidianas, los mates y el afecto. Hay mucho de ellos/as en
esta tesis.
En un lugar destacado, a los/las trabajadores/as del Espacio para la Memoria y la
Promoción de los Derechos Humanos ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y
Exterminio "Olimpo", por abrirme las puertas con tanta generosidad, por su tiempo y
por interesarse en esta investigación. También a los/las jóvenes que compartieron sus
experiencias en las entrevistas, por confiar en mí y enseñarme tanto.
A Nicolás, por incentivarme a cursar la Maestría, por sus comentarios a los
primeros borradores de esta tesis y por su compañía, que fue muy importante a lo largo
del camino recorrido.

3
A Victoria Álvarez, Laura Codaro, Laura Casareto y Paula Zubillaga, por las
charlas interminables, las horas de estudio, los viajes y ese compañerismo que se volvió
amistad fundamental.
A mi familia, especialmente, a mi mamá Gabriela y a mi papá Aldo, por su
incondicionalidad, sus demostraciones de amor cotidianas y por inculcarme la
curiosidad y la pasión por estudiar; y a mi hermana Natalia, correctora, confidente y
sostén.
A todos/as mis amigos/as, que también son familia, por haberme dado fuerzas
cada vez que se hizo difícil y por alegrarse tanto con mis alegrías.

4
ÍNDICE

RESUMEN 2

AGRADECIMIENTOS 3

INTRODUCCIÓN 7

1. Hacia la construcción del problema de investigación 7


2. Antecedentes 11
3. Metodología: consideraciones acerca de la ―cocina‖ de la investigación 24
4. Marco teórico-conceptual 28
4.1. Los sitios de memoria como territorios 28
4.2. Los/las jóvenes como generación 31
4.3. La transmisión a las nuevas generaciones en los ―territorios de
memoria‖: la relevancia del concepto de experiencia 32
5. Estructura de la tesis e hipótesis 35

CAPÍTULO I: La construcción de un proyecto pedagógico en el ex


Olimpo: fundamentos y trayectorias de los actores 37

1. El ex CCDTyE Olimpo: breve reseña histórica 38


2. En primera persona: la puesta en marcha del Espacio para la memoria 42
3. El equipo: trayectorias de los actores y vínculos con el Estado 46
4. La apertura del Espacio al público y la construcción del proyecto 50
pedagógico
4.1. ¿Qué contar y para qué? La búsqueda del sentido 53
4.2. ¿Cómo contar? La construcción de los dispositivos didácticos 58
4.2.1. Las historias de vida de las personas detenidas-desaparecidas
y sus fotografías 58
4.2.2. El video institucional 61
4.2.3. El poemario: ―bajar a tierra‖ la experiencia de los/las
―compañeros/as‖ 63
4.2.4. Los/las ―guías‖ 66
4.3. ¿Para quién contar? La definición del sujeto ―visitante‖ 68
5. A modo de cierre 70

CAPÍTULO II: La transmisión de experiencias en el ex Olimpo:


señalizaciones y visitas guiadas 72

……………82

Olimpo………………………84 5

……………………………………………………84
1. Los relatos en disputa sobre el pasado reciente argentino 73
1.1. El relato de la ―guerra contra la subversión‖ 74
1.2. La ―teoría de los demonios‖ y ―la inocencia de las víctimas‖ 74
1.3. La ―memoria completa‖ y la ―reconciliación nacional‖ 76
1.4. Las memorias militantes 78
1.5. Los ―dos demonios (recargados)‖ y el negacionismo estatal 82
2. La transmisión de experiencias pasadas en el ex Olimpo 84
2.1. Las marcas territoriales 84
2.1.1. La cartelería institucional 85
2.1.2. Los muros exteriores 89
2.1.3. El sector de ingreso libre 92
2.1.4. El ―pozo‖ 101
2.2. Las visitas guiadas 115
2.2.1. Estructura y secuenciación de contenidos 116
3. A modo de cierre 130

CAPÍTULO III: Los/Las jóvenes construyen significados en y con el ex


Olimpo 133

1. Los/las jóvenes y las narrativas sobre el pasado reciente 134


2. Antes de la visita: conocimientos previos y expectativas 138
3. La experiencia de visitar el ex Olimpo: qué ―les pasa‖ a los/las jóvenes 144
3.1. El encuentro con la materialidad del espacio ―vacío‖ 144
3.2. Creer, sentir y saber en el Espacio: el carácter empático de la visita 152
3.3. Apropiaciones y re-significaciones de las experiencias
transmitidas 160
3.3.1. ―Tenían la misma vida, pero diferente‖: identidades
políticas, militancias y lucha armada 160
3.3.2. ―¿Por qué no le ganaron a ese miedo?‖: complicidad y
consenso civil 170
3.3.3. ―Hay mecanismos en la historia argentina que no cambiaron
tanto‖: el nexo entre pasado y presente 173
4. A modo de cierre 183

CONCLUSIONES 187

ANEXO 200

BIBLIOGRAFÍA 205

FUENTES 221
6
INTRODUCCIÓN

1. Hacia la construcción del problema de investigación

No tienen ganas de entrar con los demás en el barracón, de


manera que se quedan solos en las escaleras, solos en el medio
de un silencio que para ellos no resulta lleno de una misteriosa
presencia […] Él parece un poco aburrido por haber bajado por
unas escaleras tan anodinas, y apenas puede esperar encontrarse
en algún lugar más bello y a solas con la chica […] No solo no
le molesta en absoluto la doble barrera de alambre que tiene
delante de los ojos, sino que apenas la ve, como tampoco ve los
aisladores, ni la alta hierba amarillenta, ni la torre de vigilancia
que parece una alta pagoda abandonada en el medio de los
montes. No lo rechazo en mi mente, dado que se mueve en otra
dimensión, en un ambiente en el que predomina la germinación
y el crecimiento. Y tan solo ahora, cuando lo estoy anotando,
me digo que sería muy infantil trasladar a estos dos enamorados
a nuestro mundo del pasado.

Boris Pahor, Necrópolis (2013, pp. 133-134)

Con estas palabras el escritor triestino Boris Pahor narra una de las escenas más
impactantes de su regreso al campo de concentración de Natzweiler-Struthof, junto con
un grupo de turistas. Muchos años después de haber estado allí deportado, intenta
recorrer aquel espacio como un visitante más, aunque en el trayecto se va encontrando
con un sinfín de recuerdos que lo atormentan.
Cuando los/las visitantes se agolpan frente al horno crematorio para escuchar las
palabras del guía, Pahor detiene la mirada (y el pensamiento) en una pareja de jóvenes
que solo parece estar interesada en besarse.
Mientras para el narrador, en tanto sobreviviente, el campo es un lugar colmado
de sentidos vinculados a sus vivencias, para esta pareja –alejada de aquel ―mundo del
pasado‖– el mismo espacio parece habilitar otro tipo de sensaciones, interpretaciones y
recorridos.
La potencia de esta escena inspiró las primeras preguntas de este trabajo. Su
fuerza radica en que deja ver que no existe una relación lineal ni automática entre los
significados que se transmiten en los lugares donde ocurrieron hechos dolorosos y
difíciles de procesar socialmente y aquellos que construyen sus visitantes. En especial,
quienes no vivieron los acontecimientos que allí se recuerdan.

7
Ahora bien, desde aquellos primeros interrogantes hasta la construcción del
problema de investigación hubo un tránsito largo y difícil de recorrer. Como advierte
Norbert Elías (1990), una de las principales tensiones que se nos presentan a quienes
investigamos en ciencias sociales es que no podemos dejar de tomar parte de los asuntos
políticos y sociales de nuestra época y, a la vez, nuestra participación activa y
compromiso son condiciones necesarias para poder acercarnos a aquello que queremos
comprender.
Cuando comencé a pensar en esta tesis corrían los últimos meses del año 2014.
En ese momento, en la Argentina hacía más de diez años ininterrumpidos en los que el
Estado había hecho suyas muchas de las demandas históricas del movimiento de
derechos humanos, llevando a cabo políticas públicas de memoria, verdad y justicia en
distintos ámbitos. Como es conocido por todos/as, estas impactaron considerablemente
en el terreno académico, donde proliferaron –tanto desde las universidades como desde
las agencias de investigación estatales– producciones que abordaron nuevas preguntas
sobre el pasado reciente (Águila, 2012; D´Antonio y Eidelman, 2013; Franco y
Lvovich, 2017).
A su vez, en el ámbito educativo, como afirma Santiago Cueto Rúa (2017), el
―piso de verdad‖ construido desde la transición democrática, que sostiene la existencia
de un plan sistemático de desaparición de personas, se afianzó y sirvió de plataforma
para avanzar sobre interrogantes poco explorados hasta el momento. En aquel contexto,
me cuestionaba acerca de si la abundancia de información y la creciente importancia de
las conmemoraciones que traía el ―deber de memoria‖ de entonces podía provocar
saturación en las nuevas generaciones. Dicho de otra manera, me interesaba saber cómo
se apropiaban los/las jóvenes de las experiencias pasadas y, en particular, qué rol tenían
los ex Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio (CCDTyE) re-
funcionalizados en sitios de memoria en aquellas apropiaciones.
En los inicios de esta investigación, al acercarme a la historia de los CCDTyE
durante y después de la dictadura, encontré una vasta producción bibliográfica pero
también una vacancia importante en los estudios sobre los sitios de memoria enfocados
en las experiencias de sus visitantes. La mayoría de los trabajos académicos se
centraban en la marcación y en los procesos de ―recuperación‖ de los sitios,1 y solo

1
En la Argentina, los procesos que dieron origen a los sitios de memoria fueron denominados por sus
gestores, en gran parte de los casos, como ―recuperación‖. Según Ana Guglielmucci, Mariana Croccia y
María Eugenia Mendizábal (2008), este término alude a la idea de conquista, pero también a la noción de
8
algunas pocas producciones empezaban a transitar un camino similar al que me
interesaba.
Con el correr de los años el panorama fue cambiando. Afortunadamente,
varios/as colegas de distintas latitudes fueron desarrollando esta cuestión y produjeron
valiosos aportes que contribuyeron a afinar progresivamente mis preguntas. Por otra
parte, la situación política y social también viró de forma significativa.
Desde 2015, con el cambio de gobierno en los ámbitos nacional y local, se
produjo un retroceso en relación con las políticas estatales de memoria, funcionarios
gubernamentales negaron o relativizaron públicamente el terrorismo de Estado y se
produjo un avance de la represión estatal a la protesta social.2 Indudablemente, estas
cuestiones de la coyuntura influyeron en las personas que participaron en las distintas
instancias de esta investigación, me obligaron a revisar algunas de mis inquietudes y
suposiciones iniciales y me impulsaron a afinar el recorte.
Frente a una reavivación de las disputas en torno a los sentidos del pasado
cercano y a la reemergencia de memorias que habían sido denegadas durante el
kirchnerismo (da Silva Catela, 2011) –como aquellas asociadas a la ―teoría de los
demonios‖ y a la noción de ―guerra‖ para explicar los años previos al golpe de Estado–
surgió una nueva pregunta acerca de cómo resuenan estas (y otras) narrativas en los
discursos de las personas que trabajan en los sitios de memoria y en las palabras de
los/las jóvenes durante y después de la visita.
Por otra parte, no puedo eludir que la experiencia de años de trabajo en el Área
de Extensión Educativa del Museo Etnográfico Juan Bautista Ambrosetti también
influyó en el camino recorrido. Parte de las preguntas e inquietudes que aquí desarrollo
surgieron en mi propia práctica en este espacio, donde trabajo cotidianamente en la
transmisión de un pasado difícil, ligado al genocidio indígena y a la colonización, a
los/las jóvenes. El conocimiento de las experiencias que tienen cuando visitan el museo

compensación. Por un lado, el término permite dar cuenta de que hubo una resistencia sostenida frente a
los sucesivos intentos de borrar el pasado. Por el otro lado, indica que son los actores sociales implicados
en el proceso de recuperación quienes activan el patrimonio de estos sitios para disputar sentidos respecto
del pasado, del presente y del futuro.
2
Entre ellas, en enero de 2016, Darío Lopérfido, ex ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y
ex Director del Teatro Colón, afirmó que ―en Argentina no hubo 30 mil desaparecidos‖ y que la cifra se
había arreglado ―para conseguir subsidios‖. A los pocos meses, en una entrevista para el portal
estadounidense BuzzFeed, el ex presidente Macri habló de "guerra sucia" para referirse a la represión
ilegal del gobierno de facto y, si bien no respaldó a Lopérfido, sostuvo que el número de desaparecidos/as
"es una discusión que no tiene sentido". Para tener un panorama más completo del recrudecimiento de los
discursos negacionistas y también de la banalización del terrorismo de Estado durante el macrismo, véase
Thus, 2017; Feierstein, 2018 y Lorenz, 2019.
9
es uno de mis principales desafíos, en tanto esa información constituye un valioso
insumo para repensar las propuestas del Área. Sin embargo, la propia dinámica de
trabajo hace que el tiempo se reparta entre las acciones educativas, las tareas de gestión
y la investigación, la cual suele quedar en desventaja respecto de las primeras.
Cuando conocí a las personas que trabajan en el ex Olimpo lo primero que
advertí es que hacen un importante trabajo de reflexión en torno a los sentidos de sus
prácticas educativas. Compartimos la preocupación de entender qué ocurre durante la
transmisión y enfrentamos, a veces, limitaciones similares para abordarla. Por esta
razón, y con la intención de producir conocimientos que puedan trascender las fronteras
del mundo académico, la construcción del objeto de esta tesis estuvo afectada por el
deseo de aportar herramientas para seguir pensando en los límites y posibilidades de los
sitios de memoria y los museos para la transmisión de experiencias pasadas a las nuevas
generaciones.
Partiendo de estas premisas, el objetivo general de esta esta investigación es
contribuir al campo de estudios de la memoria social. Específicamente, propongo un
acercamiento a los procesos de transmisión intergeneracional en los ex CCDTyE
―recuperados‖, haciendo foco en el análisis de las experiencias de los/las jóvenes que
visitaron el Espacio para la memoria y la promoción de los derechos humanos ex
Olimpo (en adelante, el ―Espacio‖) entre 2015 y 2017.
Para lograr este propósito, me propongo, en primer lugar, explicar cómo fue el
proceso de construcción de la propuesta pedagógica en el ex Olimpo, quiénes
participaron de él y cómo se fue configurando el lugar asignado a las nuevas
generaciones en la definición de sus principales líneas de acción. En segundo lugar,
analizar las configuraciones narrativas que se construyen en el Espacio a través de dos
dispositivos de transmisión: las señalizaciones del lugar y las visitas guiadas. A partir de
las mismas, busco indagar en cómo se vincula la narrativa propuesta por el ex Olimpo
con otros discursos que circulan socialmente sobre el pasado reciente. Finalmente,
intento dar cuenta de las formas en las que interactúan los/las jóvenes con la propuesta
pedagógica del ex Olimpo a través del análisis de los significados que construyen a
partir de su paso por allí.

10
2. Antecedentes

El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas, en complicidad con algunos


sectores de la sociedad civil,3 llevaron a cabo el sexto golpe de Estado de la historia
argentina, que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Si
bien en los anteriores gobiernos dictatoriales se había implementado la represión y la
violencia política ejercida desde el Estado para la persecución y el exterminio de los
actores sociales y políticos considerados peligrosos, durante el autodenominado
―Proceso de Reorganización Nacional‖ se puso en marcha un plan represivo con
características específicas.
Como explica Gabriela Águila (2013a), el accionar represivo a partir del golpe
de Estado fue diseñado, coordinado y ejecutado por las Fuerzas Armadas, contó con la
participación de las Fuerzas de Seguridad y tuvo un carácter fundamentalmente
clandestino. Esta represión paralegal, a su vez, estuvo articulada con otra de tipo legal y
pública, basada en la aplicación de un conjunto de disposiciones y decretos impulsados
en los años previos orientados a eliminar a un ―enemigo interno‖ (Franco, 2012a).
El carácter bifronte de la represión se manifestó en una multiplicidad de acciones
y dispositivos tales como: persecuciones, censura, encarcelamientos, fusilamientos,
secuestros, torturas, apropiación de menores, desaparición de personas y en la
instalación de más de seiscientos Centros Clandestinos de Detención Tortura y
Exterminio (CCDTyE)4 y de otros lugares de detención ilegal5 que funcionaron en
cuarteles policiales, dependencias militares, pero también en escuelas, hospitales, casas
particulares y fábricas de todo el país. Aunque estos espacios empezaron a funcionar por

3
Nos referimos en particular a algunos de elementos señalados por Franco (2016): la presencia de
funcionarios civiles en distintas instancias de gobierno, la participación de representantes de las
corporaciones económicas en la conducción de las políticas de gobierno, la colaboración que prestó un
sector del empresariado nacional y extranjero para reprimir y disciplinar a sus trabajadores/as, el hecho de
que dichos grupos económicos fueron los principales beneficiarios de las políticas económicas del
periodo, la participación de intelectuales y políticos en la conspiración golpista y, finalmente, los distintos
niveles de consenso social que tuvo la dictadura.
4
Utilizamos la denominación ―Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio‖ (CCDTyE), que
se institucionalizó a partir de 2014 con la sanción de la Ley 26691 de Sitios de Memoria, por su claridad
para dar cuenta de lo ocurrido a las personas secuestradas en estos espacios. Para conocer los primeros
usos de esta denominación y los debates que trajo aparejada, véase Messina, 2011.
5
Esta cifra estimada y de carácter provisorio fue obtenida del Registro unificado de víctimas del
Terrorismo de Estado (Ruvte), dependiente de la Unidad de Investigación de la Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación. Siguiendo el criterio propuesto por esta entidad, aunque no todos los lugares de
detención ilegal pueden clasificarse como Centros Clandestinos de Detención propiamente dichos, ya sea
por su magnitud y/o por sus características específicas, conforman en conjunto un ―circuito o estructura
represiva‖. Véase Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, 2015.
11
primera vez durante el gobierno de María Estela Martínez, fue durante la última
dictadura que adquirieron prominencia, tanto por su abundancia como por la eficacia de
su organización (Salerno, Zarankin y Perosino, 2012).
En el marco de la ―lucha antisubversiva‖, estos espacios fueron puestos en
marcha para eliminar un amplio espectro de personas que incluía, en primer lugar, a
los/las integrantes de las organizaciones guerrilleras y sus allegados/as, pero además a
militantes políticos/as y sociales que no habían optado por la lucha armada,
representantes gremiales, estudiantes organizados/as, familiares o amigos/as de
militantes, intelectuales, periodistas y artistas. La categoría ―subversivo/a‖ envolvió a
todos/as aquellos/as que significaban un obstáculo para la concreción del plan
económico y político de la última dictadura.
Pese a que el objetivo central fue desmantelar a las organizaciones armadas y
desarticular la movilización social y política, los CCDTyE fueron pensados también
para instalar el miedo y la parálisis en toda la población. Muchos de ellos funcionaron
en el medio del entramado urbano y en dependencias tanto privadas como públicas. Y
hubo una parte de la sociedad que tomó conocimiento, al menos en parte, de la
metodología de desaparición.6 La mayoría de los secuestros se llevaron a cabo en
presencia de testigos, algunas veces en la vía pública y a plena luz del día. Asimismo,
en las inmediaciones de los CCDTyE se percibían algunos indicios, siempre
fragmentarios, de su funcionamiento (Bonforti [Link]., 2008). En suma, la existencia de
los centros era, en términos de Pilar Calveiro (2008), un ―secreto a voces‖, puesto que el
plan de las fuerzas represivas consistía en que una parte de la metodología de
desaparición fuera visible para generar terror, angustia, indefensión, impotencia y, en
consecuencia, inmovilismo en el conjunto de la sociedad.
Todos estos elementos permiten sostener que los CCDTyE tuvieron un lugar
central en el accionar represivo (Calveiro, 2008).7 Allí los grupos de tareas o ―patotas‖
llevaban encapuchadas a las personas secuestradas para someterlas a fuertes torturas
físicas y psicológicas que tenían como objetivo central, además de la obtención de la

6
El personal hospitalario que estuvo a cargo de la atención de los/las detenidos/as, los jueces que
estuvieron en contacto con los secuestrados, los sacerdotes que apoyaron a los represores (incluso algunos
de ellos celebraron misa en los CCDTyE) y algunos conscriptos que fueron testigos del accionar de los
grupos de tareas, son algunos ejemplos de ello.
7
Pese a que existe consenso respecto del lugar preponderante que tuvieron los CCDTyE en el aparato
represivo, es importante considerar las contribuciones de investigaciones más recientes (Águila, 2013b;
Franco, 2012b) que, al hacer foco en las historias regionales y locales, explican la heterogeneidad que
existía en las características y en los modos de funcionamiento de los CCDTyE que funcionaron a lo largo
y ancho del país.
12
mayor información posible para continuar con las persecuciones y los secuestros,
quebrar la dignidad humana de las víctimas. Durante su estadía en el CCDTyE, las
personas secuestradas permanecían bajo la estricta vigilancia de los guardias,
―tabicadas‖ en celdas, generalmente inmovilizadas y sin poder hablar. Incluso muchas
eran obligadas a trabajar para el mantenimiento del lugar o hacer tareas especiales
encargadas por los represores (Feld, 2010).
Pese a que algunas de las personas secuestradas fueron liberadas, en la mayoría
de los casos, la estadía en los CCDTyE concluía con la muerte. En la jerga
concentracionaria, los ―traslados‖ eran el eufemismo con el que los perpetradores
nombraban a los asesinatos: algunos de los cuerpos fueron abandonados en la vía
pública simulando ―enfrentamientos‖, otros fueron enterrados como NN en cementerios,
baldíos o dependencias militares y, en particular en la Ciudad de Buenos Aires, muchos
fueron arrojados al Río de la Plata en los llamados ―vuelos de la muerte‖.
Aunque la última etapa del accionar represivo finalizaba con el borramiento de
las huellas del crimen, como sostienen Guglielmucci, Croccia y Mendizábal (2008), en
los ex CCDTyE perviven en la actualidad marcas visibles o posibles de recuperar que,
en diálogo con los testimonios de las personas sobrevivientes, permiten dar cuenta de su
funcionamiento durante la última dictadura y de las transformaciones que sufrieron en
los años posteriores. Por esta razón, desde el retorno de la democracia se desplegaron
distintas iniciativas tendientes a la preservación de estos espacios y, en algunos casos, a
su transformación en sitios de memoria.
Para abordar esta cuestión, Ludmila da Silva Catela (2010), propone tres
momentos de las décadas de la post dictadura para comprender la ―recuperación‖ de los
CCDTyE como sitios de memoria.
El primer momento se encuadra entre el inmediato retorno de la democracia y
1996, con la conmemoración de los veinte años del golpe de Estado. Pese a que en los
últimos años de la dictadura (sobre todo, desde la visita de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos de la OEA)8 muchos CCDTyE comenzaron a ser nombrados
como tales en las denuncias de sobrevivientes, exiliados/as y familiares de detenidos/as-
8
La visita de la CIDH al país se produjo entre el 6 y el 20 de septiembre de 1979. Durante su estadía la
Comisión entrevistó a autoridades de las Fuerzas Armadas, jueces, expresidentes, líderes de entidades
religiosas, representantes de asociaciones profesionales y sindicales, referentes sociales y a integrantes de
distintos organismos de derechos humanos de quienes recibió más de 5580 denuncias. Además, la
Comisión realizó una observación in loco a los establecimientos de detención ―oficiales‖ y a algunos
lugares denunciados como CCDTyE. Debido a las trasformaciones que los represores habían hecho a
estos lugares y al reasentamiento de los/las secuestrados/as, no pudo probar que allí funcionaran
CCDTyE.
13
desaparecidos/as, fue a partir de 1983 que estos comenzaron a ser visibilizados
públicamente como huella material del accionar represivo. En ese entonces, la
preocupación central que movilizaba a los distintos actores comprometidos en las luchas
por la memoria estaba en dilucidar qué había pasado con las personas detenidas-
desaparecidas, así como en la necesidad de juzgar a los culpables. Es decir, en ese
momento, los CCDTyE fueron visibilizados, pero aún no activados como referentes
patrimoniales (D´Ottavio, 2016).9
Gracias al material reunido por la CONADEP,10 se obtuvieron las primeras
descripciones físicas, se tomaron fotografías y se dibujaron, a partir de los testimonios
de los/las sobrevivientes, croquis de algunos CCDTyE. Como explica Emilio Crenzel
(2008), el Informe de esta comisión constituyó un instrumento fundamental para la
construcción de una verdad pública sobre las desapariciones, alternativa a la voz
castrense, que luego adquirió estatus de verdad jurídica con la sentencia del Juicio a las
Juntas Militares. Por primera vez se reunía un coro de testimonios que conformó un
corpus probatorio que permitía juzgar a los responsables. Fue así que el Informe
transformó a los CCDTyE en espacios claves para reconstruir la materialidad de las
desapariciones.
El segundo momento se sitúa durante la vigencia del contexto de impunidad
abierto por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (aprobadas en diciembre de
1987 y junio de 1987 respectivamente) y los posteriores indultos del ex presidente
Menem a los acusados por crímenes de lesa humanidad. En particular, desde 1996, en
coincidencia con la conmemoración de los veinte años del golpe de Estado, aparecieron
en el espacio público ―una serie de marcas que, a diferencia de los años anteriores,
parecían decir que ante la posibilidad del olvido, la materialidad de la memoria debía
sostener los relatos sobre el pasado‖ (da Silva Catela, 2010, p. 47). Se trató, según esta
autora, de ―pequeñas marcas de la memoria‖ que irrumpieron en el espacio público
haciendo visible la exigencia de memoria, verdad y justicia. En este momento

9
Siguiendo los planteos del antropólogo Llorenç Prats (1998), Adriana D´Ottavio sostiene que ―para que
un objeto determinado pase a formar parte del patrimonio de una ciudad o nación es necesario que actores
sociales o políticos lo ´activen´ como tal‖ (2016, p. 61). Es decir, que elaboren un discurso que justifique
las razones por las que es necesario conservarlo y protegerlo, y lo expongan de alguna forma.
10
El 15 de diciembre el Poder Ejecutivo aprobó el decreto n°187, que establecía la creación de la
Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) con el objetivo investigar las
violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Luego de tomar testimonios a los/las
sobrevivientes y a los/las familiares de las personas detenidas-desaparecidas, y de visitar los distintos
lugares vinculados a la represión clandestina, el 20 de septiembre de 1984, el escritor Ernesto Sábato,
como presidente de la Comisión, le entregó al presidente Raúl Alfonsín el informe final Nunca Más, que
fue presentado públicamente el 28 de noviembre.
14
proliferaron las placas conmemorativas, los homenajes en los barrios y las marcaciones
de los lugares donde había funcionado el aparato represivo por parte de los organismos
de derechos humanos, de los/las familiares y allegados/as de los/las desaparecidos/as, de
los/las sobrevivientes y de los/las vecinos/as organizados/as en diversos espacios de
militancia.
El proceso de materialización de la memoria iniciado en estos años se dio en
paralelo a otras iniciativas que buscaron romper con la impunidad. Por un lado, los
llamados ―Juicios por la Verdad‖, en los cuales muchos/as sobrevivientes lograron
testimoniar y aportar datos sobre los lugares en los que habían estado detenidos/as. Por
el otro, los ―escraches‖, inventados por la organización ―Hijos e Hijas por la Identidad y
la Justicia contra el Olvido y el Silencio‖ (HIJOS), quienes no aceptaban la
imposibilidad de encarcelamiento que caracterizaba a aquellos juicios. Bajo el lema ―si
no hay justicia, hay escrache‖, comenzaron a señalar las casas o los lugares de trabajo
de los represores como una forma de ponerlos en evidencia frente a sus vecinos/as y así
conseguir una ―condena social‖.11 Esta metodología fue replicada por algunos
colectivos de vecinos/as organizados/as que marcaron algunos ex CCDTyE con el
objetivo de visibilizarlos como tales.
Finalmente, el tercer momento se caracterizó por una política estatal de la
memoria a partir del año 2000 –profundizada a partir de 2003– que se extendió durante
las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. El signo distintivo de este
momento fue la ―institucionalización‖ de las políticas de memoria emanada del Estado
Nacional y de los gobiernos provinciales presionados por el movimiento de derechos
humanos y por otros colectivos sociales. En palabras de da Silva Catela:

Si el retorno de la democracia se caracterizó por la búsqueda de los rastros del horror y


la demanda de juicio y castigo; los veinte años inauguraron la producción de las
´pequeñas memorias y sus marcas´ y los treinta años del golpe en el año 2006, celebró
las ´memorias monumentales´ y dominantes (2010, p. 48).12

Entre las acciones más significativas de esta etapa se pueden mencionar: la


creación de la Comisión provincial por la Memoria en La Plata en el año 1999
(ratificada en julio de 2000), la creación del Archivo Nacional por la Memoria en 2003,

Cabe aclarar, como explica Cueto Rúa (2010) que pensar al ―escrache‖ como un fin en sí mismo sería
11

desacertado, puesto que el horizonte de expectativas de los HIJOS estaba en lograr una ―condena legal‖
para los represores.
12
Las comillas son del original.
15
la institucionalización de un nuevo feriado nacional para conmemorar el 24 de marzo en
2006 (que trajo aparejada la producción de materiales para su abordaje pedagógico en
las instituciones educativas) y la reconversión de manera oficial de algunos ex CCDTyE
en sitios de memoria.
da Silva Catela enfatiza que esta etapa se caracterizó por la creación de
instituciones gubernamentales destinadas a la producción de ―la memoria‖, que
buscaron y lograron apoyo, en la mayor parte de los casos, en los/las familiares y
allegados/as de los/las detenidos/as-desaparecidos/as. A partir de este momento, los ex
CCDTyE ―fueron señalados como lugares representativos de la historia argentina, del
terrorismo de Estado y, como tales, ya no solo formaron parte de una expresión de
denuncia sino que además se constituyeron en lugares simbólicos de la memoria
colectiva‖ (Guglielmucci, Croccia y Mendizábal, 2008, p. 8).13
La dimensión pública que adquirieron los ex CCDTyE devenidos en sitios de
memoria estuvo marcada, como sostienen Elizabeth Jelin y Victoria Langland (2003),
por un sinfín de discusiones y debates en torno a cómo debían ser estos espacios luego
de su ―recuperación‖, quiénes debían gestionarlos, cuáles debían ser sus relatos, cómo
debía representarse lo que allí había ocurrido y quiénes debían ser sus potenciales
―visitantes‖.
Son numerosas las producciones que, desde el campo académico y por fuera de
él, se han dedicado a tratar estas problemáticas en torno a los procesos de marcación y
―recuperación‖ de algunos de estos sitios, como la ex ESMA (Memoria Abierta, 2004;
[Link], 2004; Brodsky, 2006; Carnovale, 2007; Vezzetti, 2009; Schindel, 2006; Feld,
2010 y 2017; Jozami, 2014), Mansión Seré (Fabri, 2017) y Virrey Cavallos (Olmos,
2017). No obstante, apenas existen en nuestro país unas pocas publicaciones que
abordan lo que ocurre en los sitios de memoria luego de aquellos procesos con sus
visitantes.
En particular, el estudio del caso del ex Olimpo ha sido abordado en distintas
investigaciones. Una de las primeras en publicarse fue la de la socióloga estadounidense
Katherine Jensen (2007). Con un carácter acotado y descriptivo, este trabajo se centra
13
En este contexto, a partir del año 2000 empezó a funcionar la Casa de la Memoria y la Vida y la
Dirección de Derechos Humanos en el ex CCDTyE Mansión Seré en la localidad bonaerense de Morón.
En 2002 comenzaron las obras de excavación del ex CCDTyE Club Atlético. El 24 de marzo de 2004 se
creó el Espacio para la Memoria en la ex ESMA en la Ciudad de Buenos Aires. En septiembre de ese año
se declaró sitio histórico al ex CCDTyE Virrey Cevallos y en octubre se cedió el predio del ex CCDTyE
Olimpo para su ―recuperación‖, el cual ya había sido declarado sitio histórico de la ciudad en 2003. En el
ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, estas iniciativas fueron seguidas en el corto plazo por el ex
CCDTyE Automotores Orletti en 2006.
16
en las nociones de sentido que entraron en juego en la ―recuperación‖ del lugar. La
autora destaca una de las principales especificidades de dicho proceso: el protagonismo
que tuvieron distintos actores civiles (un grupo de sobrevivientes, familiares de
detenidos/as-desaparecidos/as, organizaciones de derechos humanos y vecinos/as
políticamente organizados/as) antes y durante la re-funcionalización del ex CCDTyE en
sitio de memoria. Jensen hace énfasis en el modo en el que, en diálogo entre sí y con el
Estado a través de la metodología del consenso, estos actores pusieron en marcha un
sitio con una narrativa particular que tiene a las nuevas generaciones como destinatarias
principales. Según explica la autora, dicha narrativa busca denunciar las violaciones a
los derechos humanos del pasado y del presente y pondera los proyectos militantes y la
resistencia durante el cautiverio de los/as detenidos/as-desaparecidos/as por sobre el
relato del horror del pasado reciente.
Estas primeras reflexiones fueron profundizadas en las investigaciones
doctorales de las antropólogas argentinas Luciana Messina (2010) y Ana Guglielmucci
(2011; 2013). Ambas abordan desde una perspectiva etnográfica el proceso de
―recuperación‖ del Espacio en relación con las políticas públicas de memoria.
A partir de un trabajo de campo que incluyó la práctica de observación
participante en las reuniones de la Comisión de Trabajo que se conformó para discutir la
―recuperación‖ del ex Olimpo, Messina indaga en la trama de actores sociales que
intervinieron en dicho proceso, atendiendo a sus trayectorias e intereses, así como a sus
prácticas y discursos en torno a qué hacer en el sitio. Su investigación constituye un
aporte fundamental para conocer de forma detallada las condiciones de posibilidad y los
primeros años de desarrollo del programa institucional de memoria del ex Olimpo. La
autora ofrece una valiosa periodización e identifica en cada momento los temas de
debate entre los actores,14 así como los acuerdos que fueron alcanzando. De esta
manera, su trabajo echa luz sobre la complejidad del proceso de construcción de un sitio
de memoria en el cual los usos, la narrativa a transmitir, la toma de decisiones y la

14
La autora hace una distinción analítica entre dos grandes periodos: uno entre 1995 y 2004, donde da
cuenta de los fenómenos que funcionaron como condiciones de posibilidad de la institucionalización del
ex Olimpo como sitio de memoria y otro -a la vez subdividido en tres momentos- entre 2004 y 2007, en el
cual reflexiona sobre los primeros años de desarrollo del Espacio. Algunas de las discusiones que se
dieron en este segundo periodo fueron sobre qué intervenciones realizar para garantizar la conservación
del edificio, la relación ente el Estado y la Comisión para la gestión de un presupuesto para el Espacio,
qué tipo de actividades permitir y en qué sectores del predio y cuál debía ser el relato a transmitir y con
qué soportes hacerlo.
17
inscripción de marcas memoriales son el resultado de luchas de sentido entre actores
con experiencias y lugares de enunciación disímiles y, en algunos casos, superpuestos.15
Guglielmucci (2013), por su parte, incluye al ex Olimpo dentro de un estudio
más amplio que busca explicar cómo se institucionalizó la memoria sobre los crímenes
del terrorismo de Estado en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Para lograr este
objetivo, la autora analiza normas públicas, ceremonias oficiales, rituales
conmemorativos, encuentros de organizaciones sociales, jornadas académicas, y pone
especial atención en los procesos de ―recuperación‖ de la ex ESMA y el ex Olimpo. En
particular, indaga en los mecanismos a través de los cuales los actores implicados en
dichos procesos lograron ―espacializar‖ –no sin tensiones– determinadas
configuraciones narrativas sobre la violencia política. En estrecha relación con los
planteos de Messina, Guglielmucci sostiene que la conformación de los sitios de
memoria fue el resultado de procesos sociales de larga data que requirieron del
compromiso de actores con trayectorias y posicionamientos diversos. La autora discute
con las explicaciones simplistas que sostienen que la implementación de políticas
públicas sobre el terrorismo de Estado, entre ellas las ―recuperación‖ de los ex
CCDTyE, se reduce a un uso político-instrumental por parte de los gobiernos de la
Ciudad y de la Nación. Por el contrario, pone de relieve la agencia de diversos sujetos y
colectivos sociales, que participaron –desde distintos lugares de poder– en la
materialización de una memoria común en los sitios estudiados.
En el mismo sentido, la antropóloga chilena Loreto López González (2013), a
través de un estudio comparativo entre el ex Olimpo y el Parque por la Paz Villa
Grimaldi (Santiago de Chile), analiza los modos a través de los cuales ambos sitios
lograron aglutinar memorias sueltas o personales sobre las violaciones a los derechos
humanos en el pasado reciente. La autora explica cómo las memorias que se transmiten
en los dos sitios están estrechamente vinculadas a las de los actores que los activaron y
explica de qué manera estos recogen elementos de otras memorias sobre el pasado
cercano que circulan en el espacio público. A partir de los conceptos de ―memoria
literal‖ y ―memoria ejemplar‖ de Todorov (2000) pone el foco en las mediaciones
memoriales que se construyeron en cada sitio para elaborar un relato comunicable. En el
caso del ex Olimpo, sugiere que el rol destacado que tuvieron las organizaciones y

15
Messina (2010) habla de una ―zona gris‖ entre los ―emprendedores de memoria‖ y los ―agentes
gubernamentales‖ en las políticas de memoria que analiza. Donde, por ejemplo, sobrevivientes participan
a la vez como coordinadores/as o militantes de organizaciones vecinales que a su vez son familiares de
detenidos/as-desaparecidos/as.
18
colectivos barriales y comunitarios en su ―recuperación‖ redundó en un reforzamiento
de los usos ejemplares de la memoria, que vinculan las violaciones a los derechos
humanos durante el terrorismo de Estado con las que tienen lugar en el presente.
Estas investigaciones brindan valiosos aportes para comprender en detalle el
proceso de ―recuperación‖ del ex Olimpo y los debates y decisiones que tomaron sus
protagonistas durante los primeros años de su desarrollo como sitio de memoria. Sin
embargo, dado que los problemas que orientan dichas investigaciones son otros, dejaron
abiertas algunas preguntas sobre los límites y posibilidades concretos de este tipo de
emprendimientos memoriales para interpelar a la ciudadanía. En este trabajo se abordan
algunas de ellas.
En palabras de las autoras: ―¿A qué nuevos modos de participación invita el ex
´Olimpo´? ¿Cómo contribuyen los museos, memoriales o lugares de memoria como el
ex ´Olimpo´ a la resignificación del acontecimiento democrático?‖ (Messina, 2010, p.
237) ¿De qué formas los distintos actores sociales experimentan y significan los objetos,
escenificaciones y monumentos sobre el terrorismo de Estado? (Guglielmucci, 2013).
Por último, recuperando la inquietud que deja planteada López González (2013): si las
narrativas que se transmiten en los sitios de memoria se explican por las lecturas que
hacen los actores involucrados en su construcción para elaborar un relato verosímil de
acuerdo a los desafíos y circunstancias de cada contexto socio-político, ¿cuáles son los
desafíos que se les presentan a estos actores en la actualidad, luego de más de una
década de iniciado el proceso de ―recuperación‖? y ¿de qué formas, en los distintos
contextos socio-políticos, los/las trabajadores/as del Espacio y sus visitantes construyen
memoria en y con el lugar?
Estos interrogantes se vinculan, a su vez, con el señalamiento que hace da Silva
Catela, sobre la escasez de investigaciones en el país que aborden el devenir de los ex
CCDTyE tras su re-funcionalización como sitios de memoria. En sus propios términos:
La creación de museos, archivos, centros culturales y sitios de memorias en el
inicio de este siglo en Argentina, han generado un sinfín de discusiones y debates
en torno a cómo deben ser estos espacios, en manos de quiénes deben estar, cómo
deben ser sus relatos y fundamentalmente quiénes deben llevar adelante tales
proyectos. Sin embargo, hasta el presente hay menos discusiones en torno a lo que
implica el momento posterior: aquel donde una vez puestas en movimiento las
memorias son lanzadas al espacio público (2014b, p. 5).

Tomando como punto de partida las preguntas antes planteadas y la vacancia que
señala esta autora, en esta investigación prestamos especial atención a las experiencias
de los/las jóvenes al visitar el ex Olimpo. Nos interesa identificar tanto la dimensión
19
afectiva como racional en el proceso de compresión y apropiación de la experiencia del
pasado que allí se evoca. Esto implica, asimismo, observar la relación dialógica que se
establece entre ellos/as con la materialidad y con las personas que trabajan en el
Espacio. En este sentido, dialogamos con otros trabajos dedicados a la transmisión en
los sitios de memoria que hacen énfasis en la perspectiva de sus visitantes.
En el caso argentino, se destacan las publicaciones de Agustín Minatti
(Comisión Provincial por la Memoria de Córdoba, 2011; Minatti, 2011, 2017), quien es
profesor en Historia y ha trabajado en el Área de Pedagogía de la Memoria del Espacio
para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos La Perla. En su
investigación doctoral, Minatti estudia cómo estudiantes de escuelas de nivel medio en
la ciudad de Córdoba construyen memorias y significan el pasado. El eje de su
indagación radica en analizar la articulación entre las instituciones educativas y el ex
CCDTyE ―La Perla‖ en el abordaje de la memoria del pasado reciente y en los procesos
de construcción de identidad y formación política y ciudadana de los/las jóvenes
(Minatti, 2017). Para ello, analiza las perspectivas, propuestas y recursos que sus
docentes ponen en juego a la hora de planificar los recorridos por el Espacio y cómo la
experiencia de la visita impacta en la subjetividad de los/las jóvenes. Sus trabajos
comparten varias de las preguntas que desarrollamos en esta investigación. Sin
embargo, debido a que su mirada está puesta en pensar a los sitios de memoria como
espacios educativos, en su análisis la articulación entre el Espacio y la escuela tiene un
protagonismo que en esta investigación, por la metodología y el recorte elegidos, no
tiene.
Si bien esta tesis estudia un caso nacional, debido a la escasez de producciones
locales sobre este tema se consideran algunos trabajos realizados en otras geografías que
resultan pertinentes.
Dentro del Cono Sur, la mayor parte de las publicaciones fueron producidas por
investigadores/as chilenos/as. Por ejemplo, los trabajos de Tamara Jorquera Álvarez y
Javiera Ramos Basso (2011), Andrea Sepúlveda Gatica (2013) y Natalia Bustos
Guzmán (2013) sobre Londres 38, espacio de memorias, así como el estudio de Diana
Ruiz Tagle y María Isabel Toledo Jofré (2009) sobre el Parque por la Paz ex Villa
Grimaldi. Estas investigaciones analizan los discursos de jóvenes nacidos/as en
democracia a partir de la experiencia de visitar los sitios mencionados. Más allá de las

20
diferencias en la metodología y la perspectiva teórica adoptadas en cada caso,16 todas
estas investigaciones tienen en común el hecho de concebir a los sitios como lugares
privilegiados para la activación de los trabajos de memoria, donde la materialidad
funciona como disparadora del intercambio entre generaciones y los/las jóvenes
construyen significados acerca del pasado y del presente.
En una línea similar trabajan los/las investigadores/as que integraron el proyecto
―Memorias, generaciones, experiencia, género y materialidades: análisis semiótico
material de discursos de no víctimas de violaciones a los derechos humanos‖ radicado
en la Universidad de Chile y dirigido por la psicóloga social Isabel Piper Shafir. A
través de las metodologías del acompañamiento dialógico y del grupo triangular,
estos/as investigadores/as registraron y analizaron las impresiones de visitantes de
cuatro sitios de memoria en dicho país.17 Algunos de los avances y resultados de esta
investigación (Piper Shafir, 2015; Sepúlveda Galeas, Sepúlveda Gatica, Piper Shafir y
Troncoso Pérez, 2015; Droguett, López González y Piper Shafir, 2018) son interesantes
para pensar nuestras preguntas. En particular, la mirada sobre los agenciamientos
generacionales que se producen en los sitios de memoria y los modos en los que
visitantes, sin vínculos con el mundo de los derechos humanos y sin militancia en
partidos políticos, construyen memorias sobre el terrorismo de Estado a partir de su
visita a los sitios.
Por su parte, la politóloga estadounidense Katherine Hite (2015; 2016) también
ha indagado en las experiencias de los/las visitantes. Esta autora reflexiona en sus
publicaciones más recientes sobre las narrativas de estudiantes universitarios/as de
Estados Unidos luego de su visita a sitios de memoria en Buenos Aires y Santiago de
Chile. El aporte más significativo de estas producciones es el intento de la autora de
conceptualizar la experiencia de la visita. Para ello, toma prestado el concepto de

16
Jorquera y Ramos Basso y Sepúlveda Gatica son psicólogas y su foco analítico está puesto en la
experiencia afectiva de los/las jóvenes al interactuar con el Espacio. Por el contrario, la historiadora
Bustos Guzmán, aborda la narrativa que construye Londres 38 sobre el pasado reciente de Chile, analiza
la didáctica de sus visitas guiadas y luego indaga en las evaluaciones que realizan los/las estudiantes de
un colegio específico sobre la propuesta del sitio. Las historiadoras Ruiz Tagle y Toledo Jofré, por su
parte, en una línea similar a la de Minatti, se centran en el uso pedagógico de Villa Grimaldi y, para ello,
realizan trabajo de campo en cuatro instituciones educativas (dos de ellas ubicadas en barrios vulnerables
y las otras dos privadas) antes y luego de la visita al Espacio.
17
Los sitios de memoria seleccionados son la estatua de Salvador Allende, ubicada en las proximidades
del palacio de La Moneda, el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político, localizado en el
Cementerio general de Santiago de Chile, y los ex CCDTyE Londres 38 y Villa Grimaldi. En cada
oportunidad, un/a integrante del equipo acompañó a tres visitantes durante el recorrido por uno de los
sitios, haciendo un registro audiovisual de sus comentarios y dialogando con ellos/as. Luego mantuvieron
una conversación grupal para compartir experiencias.
21
―perturbación empática‖ (empathic unsettlement) de Dominick La Capra para
comprender las reacciones de los/las estudiantes frente a los acontecimientos límite, sus
perpetradores y sus víctimas.18 Hite pone de relieve el carácter afectivo de la
experiencia de visitar los espacios de la memoria, pero también las potencialidades de
dicha experiencia para transformar a los sujetos y comprometerlos al acción.
En una línea similar, la investigadora inglesa Silke Arnold-de Simine (2013)
explora cómo los/las visitantes se involucran personalmente con los eventos históricos
que se recuerdan en los museos conmemorativos del Holocausto y las guerras del siglo
XX en Europa. Haciendo foco en el análisis del papel que cumplen los medios
interactivos (desde la narración oral hasta lo performativo y lo digital) que se utilizan en
estos sitios, se pregunta si el hecho de sentir y tener una experiencia allí lleva aparejada
la comprensión histórica y, en consecuencia, la acción política.
Por su parte, Jens Andermann (2012), investigador estadounidense que al igual
que su colega británica se especializa en los estudios culturales, se centra en cómo
los/las visitantes experimentan la empatía en estos espacios. El autor retoma las
reflexiones de Marianne Hirsch en torno al uso de las fotografías familiares del
Holocausto en los trabajos de duelo y elaboración de la ―segunda generación‖,19 y se
interroga sobre si la reacción empática en los lugares de memoria tiende a reproducir el
trauma en lugar de reconocer los orígenes históricos y específicos de la violencia.
Entre las publicaciones más recientes sobre el tema se destaca la compilación de
las investigadoras estadounidenses Megan Corbin y Karin Davidovich en el dossier
Vestigios del pasado: Los sitios de memoria en el Cono Sur (2019). Se trata de una serie
de ensayos y reflexiones sobre el trabajo que vienen desarrollando los sitios de memoria
en dicha región durante las últimas décadas. En la introducción del dossier exponen
algunas de las líneas principales de la discusión sobre el papel de estos espacios en la
18
La autora define esta noción del siguiente modo: ―I see empathic unsettlement as that middle ground
between engagement and disruption, a dynamic between the narrator and the listener, or the viewed and
the viewer, that jars, that unsettles, in a productive way that seeks comprehension and must acknowledge
comprehension‟s impossibility while being haunted by the incomprehension.” / ―Veo la perturbación
empática como ese punto medio entre el compromiso y la ruptura, una dinámica entre el narrador y el
oyente, lo observado y el espectador, que inquieta, perturba, de una manera productiva que busca la
comprensión y reconoce, al mismo tiempo, su imposibilidad.‖ La traducción es nuestra. (Hite, 2015, p.
39)
19
Esta autora habla de la ―generación de la posmemoria‖ para referirse a los modos de recordar de los
sujetos que no vivieron los acontecimientos traumáticos en primera persona. Según su perspectiva, estos
recuerdos perviven en los/las hijos/as y nietos/as de los/las sobrevivientes y sus contemporáneos/as,
quienes heredan sus experiencias (al tal punto de considerarlas como experiencias propias), en el marco
familiar o a través de producciones culturales como imágenes, objetos, historias, comportamientos y
afectos. Véase Hirsch, 2015.

22
construcción de memorias en el tiempo presente y dedican un apartado especial para
sistematizar algunos de los trabajos producidos en Estados Unidos y Europa que
abordan la función pedagógica de los sitios. Allí, concluyen que:

… resulta difícil medir la eficacia de producir un cambio en el visitante, ya que se trata


de un cambio interior lo que se intenta generar y por lo tanto difícil o imposible de ser
explicado con palabras por los mismos visitantes. No obstante, se observa que los sitios
de memoria intentan por todos los medios hacer que los visitantes sean conscientes de
esa experiencia vivida y puedan transmitirla. Se trata de que la experiencia de visita a
los sitios movilice afectivamente a los visitantes instigándolos a la acción mediante una
empatía ´subversiva´ (2019, pp. 22-23).

Más allá de las grandes diferencias que existen entre los distintos contextos
locales analizados y entre los museos y los espacios de memoria que están enclavados
en el lugar donde ocurrieron los hechos, todas estas contribuciones resultan valiosas en
tanto brindan herramientas metodológicas y teórico-conceptuales para pensar las
múltiples variables que se ponen en juego en la experiencia de visitar lugares vinculados
al pasado traumático. No obstante, consideramos que aún queda mucho camino por
recorrer en esta área de estudio. Fundamentalmente, como hemos señalado, escasean las
investigaciones que involucren un tiempo prolongado en el campo y que profundicen en
la experiencia de la visita a través de la observación participante y de la realización de
entrevistas en profundidad. Con este trabajo buscamos hacer un aporte en este sentido.
Por otra parte, el análisis del modo particular en el que se produce la transmisión
en el ex Olimpo puede abonar al campo de los estudios de la memoria en otros aspectos.
Al analizar el museo del Holocausto de Washington, la pedagoga Inés Dussel, sostiene
que ―lo que convierte al museo en un ámbito de exploración fructífero es que pone en
acto y condensa muchas de las discusiones actuales de la teoría social y pedagógica.‖
(2005, párr. 6). Siguiendo esta premisa, nuestra investigación constituye una invitación
a revisitar algunos de los principales debates que atraviesan a las políticas de memoria
en general y a las políticas de transmisión de experiencias pasadas en particular. Estos
son: los usos del pasado, la intersección entre memoria, historia y olvido, y la relación
entre pasado, presente y futuro en la construcción de identidades.
Finalmente, como mencionamos en el primer apartado de esta introducción, la
indagación en las representaciones y experiencias de los/las jóvenes visitantes del ex
Olimpo puede ayudar a pensar nuevas preguntas respecto de los límites y posibilidades
de la transmisión a las nuevas generaciones en otros sitios y museos de memoria, y

23
también ofrecer claves para pensar cómo opera la relación entre dichos espacios y la
escuela en los procesos de construcción de memorias. Esto tiene especial relevancia si
tenemos en cuenta que los/las jóvenes son considerados los/las destinatarios/as
principales de las acciones educativas de este y otros sitios de memoria.

3. Metodología: consideraciones acerca de la “cocina” de la investigación

Teniendo en cuenta los objetivos de esta investigación, opté por aproximarme al


objeto de estudio a través de un abordaje metodológico cualitativo.20 Según Irene
Vasilachis de Gialdino (2008) las características centrales que distinguen a una
investigación de este tipo son: a) que se interesa por la manera en la que el mundo es
comprendido, experimentado y producido por las personas; b) es interpretativa y utiliza
métodos de análisis y explicación flexibles y sensibles a las particularidades de sus
participantes; y c) desarrolla sus explicaciones en forma local, contextual y situada.
Así, en lugar de buscar generalizaciones a partir del caso estudiado, intenté
particularizar y profundizar en el conocimiento de la diversidad de experiencias de
los/las jóvenes en el Espacio. En este sentido, no pretendo arribar a conclusiones
cerradas, sino abrir preguntas sobre un problema poco estudiado hasta el momento e
identificar algunos ejes problemáticos fundados en casos particulares que puedan seguir
desarrollándose en futuras investigaciones propias y de otros/as colegas.
Dentro de los diversos enfoques y orientaciones que abarca la investigación
cualitativa, opté por realizar trabajo de campo etnográfico dado que, como explica Elsie
Rockwell (2015), este tipo de práctica permite ―documentar lo no documentado de la
realidad social‖ (p. 21) y trata de comprender, en un contexto determinado, los
significados que las personas le atribuyen a sus prácticas y nociones.
El trabajo de campo consistió en la concurrencia periódica al ex Olimpo, donde
realicé observaciones de visitas guiadas y de algunas actividades abiertas a la
comunidad. A su vez, hice entrevistas semi-estructuradas y mantuve conversaciones

20
Como en el primer apartado de la introducción, en el presente apartado dejo de lado la primera persona
del plural para pasar a la primera persona del singular. Esta decisión se fundamenta en que en ambas
secciones pretendo dar cuenta del carácter personal del camino recorrido. Particularmente en este caso,
debido a que la experiencia del trabajo de campo fue individual, es decir, en las observaciones y
entrevistas realizadas no participaron otros/as investigadores/as.
24
informales con algunos/as de los/las trabajadores/as de su equipo, a fin de poder
historizar la construcción de la propuesta pedagógica del Espacio hasta el presente.
Mi experiencia en el campo fue fragmentada, ya que estuvo condicionada por los
tiempos que me dejaron los distintos compromisos laborales. Mi primera aproximación
al ex Olimpo fue a fines de 2014. A partir de 2015 y durante 2016 comencé a realizar,
de forma espaciada, observaciones a las visitas guiadas y, fundamentalmente en 2017,
logré asistir al Espacio con mayor frecuencia. Entre cada visita sistematicé y reflexioné
sobre las notas obtenidas en el campo.
Durante estos años observé en total tres visitas a bachilleratos populares de
adultos/as (no incluidas en el corpus analizado), siete visitas destinadas a grupos de
estudiantes secundarios y una a un grupo de ingresantes universitarios. Aunque en un
comienzo me había propuesto abordar las experiencias de los/las jóvenes que visitan el
Espacio como parte de grupos constituidos diversos (estudiantiles secundarios y
universitarios y de agrupaciones sociales y políticas), terminé enfocándome –por
cuestiones de posibilidad– en grupos constituidos de escuelas medias de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires.21
Pude participar en visitas guiadas de grupos heterogéneos en cuanto a sus
características socio-económicas (distintos barrios de la Ciudad, de escuelas públicas y
privadas, laicas y confesionales) y con diferentes trayectorias familiares y políticas. A la
vez, observé a distintos/as guías, lo cual me brindó la posibilidad de captar diversos
estilos y estrategias de intervención. En todos los casos observé, grabé y realicé
anotaciones exhaustivas en un diario de campo. Mi grado de participación varió de
acuerdo a las distintas situaciones que se me presentaron. Aunque por lo general
mantuve la posición de observadora externa durante las visitas –es decir, permanecí en
silencio y me ubiqué en el espacio de modo tal de pasar lo más desapercibida posible–
cuando los/las visitantes o los/las trabajadores/as del Espacio me interpelaron
directamente, respondí explicitando el sentido de mi presencia allí.
Orientándome por el supuesto de que el proceso de investigación no es posible
sin una construcción cooperativa de conocimiento entre quien conoce y quien es
conocido (Vasilachis de Gialdino, 2008), no definí a priori la selección de los/las

21
Cabe aclarar que decidí incluir en el corpus de la investigación la visita del grupo de ingresantes
universitarios, más específicamente de la sede de Barracas del Ciclo Básico Común de la Universidad de
Buenos Aires, debido a que su composición fue similar a la de los otros grupos observados: jóvenes entre
los 18 y los 21 años, recientemente egresados/as de la escuela secundaria. A su vez, porque las entrevistas
realizadas a dos de sus integrantes me resultaron valiosas para el análisis.
25
jóvenes entrevistados/as ni la cantidad de entrevistas realizadas, sino que ambas fueron
el resultado tanto de las situaciones observadas durante las visitas,22 como de la
voluntad de las personas para participar en la investigación. Mi plan inicial consistía en,
una vez terminada la visita, acercarme a algunos/as de los/las jóvenes que habían
participado y preguntarles si estaban dispuestos/as a conversar y acordar una cita.
Concretar las entrevistas no fue sencillo. Por un lado, porque recibí algunas
respuestas negativas de docentes que no me autorizaron a hablar con sus estudiantes
luego de la visita (generalmente por ser menores de edad) y tampoco accedieron a que
me acercara a la escuela. Los casos exitosos tuvieron que ver o, con docentes
conocidos/as (amigos/as de amigos/as) que les contaron antes o después de la visita a
sus estudiantes de mi investigación y los/las invitaron a participar, o interceptando
directamente a algunos/as jóvenes que habían alcanzado la mayoría de edad al terminar
la visita. Algunos/as de ellos/as me dieron su contacto voluntariamente y, al
entrevistarlos/as, llegué a sus compañeros/as por el efecto ―bola de nieve‖ (Martínez-
Salgado, 2012).
Entrevisté en total a 21 jóvenes de entre 16 y 21 años, 11 varones y 10 mujeres,
que participaron durante los años 2016 y 2017 en las visitas guiadas que ofrece el
Espacio. Algunos/as de ellos/as cursaban entonces el cuarto, quinto y sexto año de la
escuela secundaria en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otros/as el ingreso a la
universidad.
En cada caso participé de los recorridos que hicieron en el Espacio y los/las
entrevisté después según las posibilidades que se me presentaron, conformando así una
―etnografia multilocal o multisituada‖ (Perret, 2011, p. 58), puesto que nuestros lugares
de encuentro fueron diversos: bares y plazas de la Ciudad, escuelas y, en un solo caso,
la casa de una de las entrevistadas. Entre la realización de la visita y la entrevista
transcurrieron semanas y, en algunos casos, meses. Si bien puede objetarse que el paso
del tiempo pudo haber borrado impresiones en los sujetos, me interesa observar, más
allá de lo que recuerdan, cuáles son las ―selecciones‖ que realizan al contar su
experiencia en el sitio, para captar las marcas que dejó su paso por allí.
Una vez atravesados los primeros obstáculos para dar con los/las jóvenes, un
aspecto a destacar es que cuando les propuse que me contaran sus experiencias luego de
la visita todos/as accedieron con entusiasmo. La mayoría de ellos/as destacó que su

22
Me refiero a comentarios, intervenciones y a los distintos grados de involucramiento que mostraron
durante las visitas, los cuales me llamaron la atención y me incentivaron a convocarlos/as para conversar.
26
tránsito por el Espacio los/las había dejado pensando en cosas que no pudieron o no
quisieron compartir en el aula con sus compañeros/as y que la entrevista les pareció una
buena oportunidad para hacerlo. Algunos/as incluso subrayaron que querían hablar de lo
que les había pasado porque, en general, ―nadie les pregunta nada‖.23
La mayoría de las entrevistas fueron individuales o en pequeños grupos, de
alrededor de una hora de duración cada una. Al momento de encontrarnos, los/las
entrevistados/as tenían una vaga idea acerca de lo que iban a hablar, ya que al momento
de contactarlos/as les adelanté únicamente que su experiencia en el ex Olimpo iba a ser
el centro de la entrevista. Por lo tanto, las entrevistas ya tenían un recorte temático a
priori. Lo que busqué fue generar una apertura del relato a partir de ese primer recorte.
En cada conversación indagué primero en sus biografías (nombre, edad, intereses, lugar
de residencia y personas con las que viven) para luego abrir la conversación acerca de
sus conocimientos sobre la última dictadura en general y sobre los CCDTyE en
particular. Aunque cada conversación fue distinta, ya que dejé abierta la posibilidad de
incluir otros temas que los/as entrevistados/as plantearon, todas las entrevistas
atravesaron, en distinto orden, los siguientes ejes temáticos:
˗ Su conocimiento de la existencia de este y otros CCDTyE;
˗ Las sensaciones y emociones que experimentaron durante el recorrido
˗ La relación entre la visita guiada y sus expectativas previas;
˗ Sus impresiones acerca de la narrativa que propone el Espacio en torno al
pasado reciente y el presente;
˗ Las diferencias y las similitudes entre el tratamiento de esos temas en el Espacio
y en la escuela;
˗ Sus opiniones acerca de la forma en la que recorrieron el Espacio;
˗ Sus impresiones en torno al sentido que tiene la existencia de los sitios de
memoria en la actualidad.

23
Esta expresión que, con diferentes variantes, utilizaron algunos/as de los/las jóvenes entrevistados/as,
alude a sus percepciones respecto de las miradas adultocéntricas que suelen pesar sobre ellos/as, las
cuales los/las piensan en una etapa de transición a la edad adulta y, en consecuencia, los/las ubican en un
lugar de inferioridad para opinar y expresarse sobre diversos temas.
27
4. Marco teórico-conceptual

Como sostiene Rosana Guber (2004) las denominaciones nunca son inocentes,
porque los términos que se emplean para designar los escenarios, los ámbitos y los
actores sociales de la investigación implican una serie de supuestos teórico-explicativos
que es conveniente conocer y explicitar. Teniendo en cuenta esta advertencia, en las
líneas que siguen definimos los núcleos conceptuales que funcionaron como pilares de
la investigación.

4.1. Los sitios de memoria como territorios

Según Jelin (2002), la memoria implica siempre un ―trabajo‖, un proceso activo


de producción de sentidos sobre el pasado, a través del cual los sujetos le dan una forma
narrativa a los acontecimientos rememorados.
Pero las personas nunca estamos solas, sino que nos encontramos inmersas en un
contexto y en relaciones sociales que nos condicionan. Como sostiene Maurice
Halbwachs (2011), existen los llamados ―marcos sociales de la memoria‖, que implican
que, aunque sean los individuos quienes recuerdan, estos siempre construyen una
representación del pasado en relación con otros/as, dentro de encuadres sociales,
temporales y espaciales. Así, este autor distingue dos tipos de memoria fuertemente
enlazadas entre sí. Por un lado, la ―memoria individual‖, que corresponde a la relación
que los sujetos entablan con el pasado desde su historia personal y su entorno. Y, por el
otro, la ―memoria colectiva‖, que alude al modo en que un grupo (nacional, familiar,
étnico, religioso, político, de clase, etcétera) piensa su pasado y se define a sí mismo. De
esta manera, mientras que la ―memoria individual‖ se enmarca en la memoria colectiva,
la ―memoria colectiva‖ se alimenta de la ―memoria individual‖.
De lo anterior podemos desprender que existe, tanto en el plano individual como
en el colectivo, una relación estrecha entre memoria e identidad, porque es imposible
una búsqueda identitaria sin un ejercicio de memoria y porque todo trabajo de memoria
está sostenido en un sentimiento de identidad, opera desde una posición heredada y
desde el fundamento común de un grupo (Candau, 2008). Al reforzar sentimientos de
pertenencia y marcar la frontera social entre ―nosotros/as‖ y los/las ―otros/as‖, la
memoria mantiene la cohesión interna de los grupos, delinea marcos de referencia
28
relativamente estables dentro de los cuales las personas evocan el pasado desde las
preocupaciones del presente, seleccionando algunos recuerdos y desechando otros
basados en intereses, motivaciones y proyectos comunes. En otras palabras, la memoria
es selectiva y allí radica su naturaleza política. Esto se debe, por una parte, a que no
podemos recordarlo todo y, por otra, a que el presente desde cual reconstruimos el
pasado condiciona nuestra mirada sobre los acontecimientos, los modifica,
jerarquizando algunos sobre otros, de acuerdo con un horizonte de expectativas futuras.
Florencia Levín sintetiza esta cuestión del siguiente modo:

… hablar de memoria colectiva es hablar de la existencia de diversos actores que, con


sus acciones materiales y simbólicas, elaboran diversas narrativas o, lo que es lo mismo,
diversas interpretaciones acerca del pasado. Estas tienen, a su vez, un gran impacto en
los mecanismos de creación identitaria de esos grupos así como en el terreno de la
acción política en la medida en que esos grupos llevan adelante reivindicaciones y
demandas específicas en relación con ese pasado. En otros términos, el campo de la
memoria social es un terreno de luchas simbólicas (y no solo simbólicas) por los
sentidos del pasado (2007, p. 4).

En este sentido, cuando estudiamos la memoria colectiva, no lo hacemos como


un constructo monolítico, sino que la pensamos en plural, lo cual implica poner especial
atención a los distintos/as ―emprendedores/as de memoria‖ (Jelin, 2002) que, en
escenarios cambiantes, luchan por imponer su propia versión del pasado (y proyectar
una imagen de sí en el presente) frente a la resistencia de otros/as.
Esta(s) memoria(s) se expresan a través de diversos instrumentos que las hacen
comunicables y, por ende, susceptibles de ser compartidas. Objetos, archivos, relatos,
rituales conmemorativos, imágenes, monumentos y espacios físicos exteriorizan las
diferentes representaciones sobre del pasado y sirven de apoyo para la constitución de
identidades colectivas (Violi, 2014).
A mediados de la década del ochenta, Pierre Nora (1984) propuso el concepto de
―lugares de la memoria‖ para caracterizar a los sitios en los que se cristaliza la memoria
colectiva. Según este historiador, la razón de ser de los mismos es la de fijar el recuerdo,
combatir el olvido y transmitir sentidos acerca del pasado. Aunque esta idea de que los
sitios de memoria pueden fijar sentidos en la materialidad es discutible –en tanto las
memorias son dinámicas y se construyen en relación con las preocupaciones del
presente– coincidimos con el autor cuando sostiene que lo que define a estos lugares
como tales no es tanto la importancia que estos tuvieron en el pasado, sino la que les
dan los sujetos en cada contexto. En sus palabras, un lugar ―… es solo lugar de
29
memoria si la imaginación lo inviste de un aura simbólica‖ (1984, párr. 31), es decir, si
los sujetos lo activan en el presente atribuyéndole significados.
En una misma línea, Jelin y Langland (2003) explican que la asignación de
sentido a un lugar físico para que se convierta en un lugar de memoria es siempre fruto
de un proceso que involucra la agencia y la voluntad humanas. Para las autoras, son los
―emprendedores de memoria‖ quienes al marcar el espacio, inscriben sentidos y lo
convierten en un lugar de enunciación.
Ahora bien, en tanto no existe una memoria colectiva homogénea, sino muchas
memorias que están en pugna entre sí y los contextos en los que estas se expresan son
cambiantes, la atribución de significados nunca puede ser completa y fijada de una vez
y para siempre. Entonces, como terrenos de disputa, los lugares de memoria ―no viven
sino por su aptitud para la metamorfosis, en el incesante resurgimiento de sus
significaciones y la arborescencia imprevisible de sus ramificaciones‖ (Nora, 1984,
párr. 33).
da Silva Catela reconoce esta naturaleza dinámica, inacabada y conflictiva de los
lugares de memoria y propone pensarlos como ―territorios de memoria‖:

… frente a la idea estática, unitaria, sustantiva que suele suscitar la idea de lugar, la
noción de territorio se refiere a las relaciones o al proceso de articulación entre los
diversos espacios marcados y las prácticas de todos aquellos que se involucran en el
trabajo de producción de memorias sobre la represión; resalta los vínculos, la jerarquía y
la reproducción de un tejido de espacios que potencialmente puede ser representado por
un mapa, donde situamos el territorio. Al mismo tiempo, las propiedades metafóricas
del territorio nos permiten asociar conceptos tales como conquista, litigio,
desplazamiento a lo largo del tiempo, variedad de criterios de demarcación, de disputas,
de legitimidades, derechos, ´soberanías´ (2014a, p. 169).24

Esta perspectiva permite pensar a los sitios de memoria, entre ellos al ex


Olimpo, como vehículos o soportes para la construcción de memorias, que son siempre
un resultado –provisorio– de un intenso trabajo de re-significación y transformación
(Raggio, 2011a). No son meros indicios del pasado o ―depósitos‖ de memoria, sino que
en ellos las personas, no solo quienes los marcan sino también sus trabajadores/as y sus
visitantes, producen memorias y negocian significados.

24
Las cursivas y las comillas son del original.
30
4.2. Los/las jóvenes como generación

¿Quiénes son ―los/las jóvenes‖? ¿Desde qué lugares participan en la


construcción de memoria en los sitios –―territorios‖– de memoria?
Distintos/as investigadores/as de las ciencias sociales que se han dedicado al
estudio de las juventudes advierten la imposibilidad de definir a los/las jóvenes
exclusivamente por la edad y con límites fijos de carácter universal (Bourdieu, 2002;
Braslavsky, 1986; Saltalamacchia, 1990; Margulis, 1996; Chaves, 2006). Los estudios
coinciden al señalar las dificultades que trae aparejada una definición sui generis
(Mekler, 1992) que no atienda a la forma en que la juventud, en tanto condición social,
es vivida y explicada por quienes se consideran jóvenes en un momento determinado y
cómo dicha condición es interpelada desde otros grupos de edad (Duarte, 2002).
La delimitación de quiénes pertenecen al grupo juvenil y quiénes quedan por
fuera de él estaría dada, entonces, por relaciones conflictivas de negociación donde se
ponen en juego adscripciones identitarias enmarcadas en un proceso de alteridad
constante. En este sentido, José Antonio Pérez Islas (2000) propone definir lo juvenil
como un concepto relacional, históricamente construido, situacional, representado,
cambiante, transitorio y fundado en relaciones de poder.
Esta conceptualización permite mirar a los/las jóvenes en tanto generación.
Como sostiene el sociólogo Enrique Martín Criado (2005), una generación no puede
concebirse como una mera cohorte, ya que la contemporaneidad cronológica no es
suficiente para definirla. Por el contrario, la idea de generación remite, por un lado, al
momento histórico en el que ―se ha sido socializado‖ (Margulis y Urresti, 1998) y, por
el otro, a la puesta en juego de criterios de identificación comunes entre personas que
comparten problemas y perspectivas, los cuales son vividos como distintos a los de las
generaciones anteriores (Mannheim, 1993 [1928]; Margulis y Urresti, 1998). Además,
pensar a los/las jóvenes a partir de la noción de generación nos aleja de las miradas
adultocéntricas que los/las identifican como despolitizados/as o apáticos/as. Por el
contrario, entendemos que son protagonistas fundamentales de las transformaciones en
los modos de hacer política que tienen lugar en la coyuntura actual (Vommaro, 2014).
Es en este sentido que la noción de generación se vuelve significativa para esta
investigación. Al apartarse de una ilusión ontologizante y esencialista, permite entender
a los/las jóvenes en plural, situados/as en tiempo y espacio, permeados/as por relaciones
sociales y actuando con otros/as en escenarios específicos según su propia visión del
31
mundo. Asimismo, siguiendo a Piper Shafir, Sepúlveda Galeas, Sepúlveda Gatica y
Troncoso Pérez (2015), el concepto de generación ayuda a entender las posiciones que
adquieren los/las jóvenes en el campo de la memoria, como también sus luchas para
reconfigurarlas.
Por último, en tanto las políticas estatales de memoria –entre ellas la
construcción de sitios de memoria– tienen como fundamento la transmisión de las
experiencias pasadas a las ―nuevas generaciones‖, se vuelve necesario problematizar
esta categoría y ponerla en relación con las nociones de territorio y transmisión.

4.3. La transmisión a las nuevas generaciones en los “territorios de memoria”: la


relevancia del concepto de experiencia

¿Pueden los lugares de memoria, como territorios de disputa, garantizar el


mandato de la transmisión si las memorias que circulan socialmente son heterogéneas y
las formas de ser joven son diversas? ¿De qué hablamos cuando hablamos de
―transmisión‖ de las experiencias pasadas en los sitios de memoria?
En un primer nivel de análisis, la transmisión es el proceso a través del cual se
construye un conocimiento cultural compartido ligado a una visión del pasado (Jelin,
2000). En términos de Jacques Hassoun (1994), todos/as somos a la vez ―depositarios y
pasadores de memoria‖, herederos/as de un pasado y transmisores/as de
representaciones culturales acerca de los legados de las generaciones que nos anteceden.
A través de la transmisión, entonces, las viejas generaciones ofrecen referencias a las
nuevas para que puedan construir su propia identidad y ―saber-vivir‖ en el presente.
En este sentido, cuando logra ser efectiva, la transmisión no implica una mera
repetición, sino un acto creativo que deja lugar a los sujetos para situarse en el presente
con una proyección a futuro. En términos de Gabriela Diker (2004), la transmisión
―ofrece un boleto para un viaje cuyo destino se desconoce‖ (p. 227), porque inscribe a
los sujetos en una genealogía y refuerza lazos sociales pero, a la vez, deja un espacio
para que quienes reciben la herencia construyan con ella algo distinto.
Estas características hacen que incluso quienes no vivieron el pasado que se
recuerda, puedan contribuir, desde modos de habitar el presente y desde sus
expectativas futuras, a la construcción de memoria colectiva. En palabras de Sepúlveda
Galeas, Sepúlveda Gatica, Piper Shafir y Troncoso Pérez (2015), ―las nuevas
32
generaciones, no solo son herederas y transmisoras del pasado, sino que también juegan
un rol activo en la construcción de su pasado, disputando sus significaciones posibles‖
(p. 97). En este sentido, la transmisión puede entenderse como una negociación entre las
viejas y las nuevas generaciones, como un espacio de intercambio, no exento de
conflictos, en el que los ―nuevos‖ no imitan a los ―viejos‖, sino que cuestionan el legado
y lo re-significan. Como señala Sandra Raggio (2011a), se abren a la escucha de las
experiencias de las viejas generaciones aportando ―su propia experiencia, su propia
perspectiva, su loci en el tiempo histórico, sus propios horizontes de expectativas‖ (p.
79). Esta concepción de la transmisión es compatible con el concepto de ―territorios de
memoria‖, ya que da entender que el significado de los lugares ligados a las
experiencias dolorosas del pasado dependerá de quienes los habitan y de cómo los usan.
En ellos, los/las que están a cargo de la transmisión construyen un mensaje que busca
movilizar a los/las visitantes y elijen qué mostrar, qué contar, cómo lo contarán y
quiénes serán sus portavoces. Pero, en última instancia, serán los/las visitantes quienes
decidirán qué hacer con lo recibido a partir sus propias experiencias, sus pensamientos,
sus realidades, etcétera.
Como explica Patrizia Violi (2014) los sitios de memoria donde ocurrieron los
hechos que se recuerdan, como lo son los ex CCDTyE, tienen un carácter indicial,
porque a pesar de las modificaciones que sufrieron y de las distintas interpretaciones
que allí habitan, guardan una relación de continuidad con el pasado que evocan. Esto
hace que la transmisión, entendida como un intercambio dialógico entre generaciones,
adquiera en estos sitios características particulares. Las huellas materiales y los
testimonios que generalmente constituyen la materia prima de los relatos que allí se
producen y transmiten, habilitan a quienes los transitan a acercarse al pasado de un
modo que incluye la comprensión histórica, pero la excede. En términos de Raggio:

… en la transmisión lo que se pone en juego no es la transmisión de información de


datos o conocimiento. Lo que se pone en juego es la transmisión de la experiencia, del
espacio de la experiencia que se ensancha temporalmente, permitiéndole a las nuevas
generaciones conectar con las experiencias de las viejas generaciones y así ensanchar su
espacio de la experiencia. Dejan de vivir solo en el presente, sino que ensanchan hacia
atrás, y por lo tanto hacia delante, el espacio de la experiencia (2019, párr.30).

Es en este sentido que el concepto de experiencia resulta provechoso para


abordar los sentidos que construyen los/las jóvenes en el sitio de memoria.

33
La experiencia remite a aquello que alcanza a los sujetos y los involucra en todas
sus dimensiones: incluye al pensamiento pero también a los afectos y las emociones,
fluye a través del cuerpo. Siguiendo a Jorge Larrosa Bondía (2006), la experiencia es
aquello que le pasa al sujeto al ponerse en contacto con algo o alguien ―otro‖ e implica
una afectación subjetiva que lo transforma e imprime en él una huella. Pese a que es
siempre singular, desde esta perspectiva, la experiencia es fruto de una interacción y,
por lo tanto, no puede ser anticipada.
En una misma dirección, Fernando Bárcena Orbe, Jorge Larrosa Bondía y Joan-
Carles Mélich Sangrá (2006) sostienen que la experiencia puede ser pensada a partir de
la metáfora del viaje, como una salida que confronta a los sujetos con lo extraño y les
ofrece la posibilidad de un nuevo comienzo. Al decir de John Dewey (1967 [1938]),
―cada experiencia es una fuerza en movimiento‖ (p. 38), en tanto siempre recoge
experiencias anteriores y modifica en algún sentido la cualidad de las que vendrán
después.
Por estas razones, podemos afirmar que toda experiencia es una práctica (pero
no a la inversa) en tanto implica la construcción de significados, involucra a las
personas, las expone y las relaciona. Y, como cada experiencia es singular y situada, los
sentidos que construyen los sujetos siempre serán diversos y estarán vinculados tanto a
sus trayectorias personales como al entorno social e histórico en el que viven.
Ahora bien, la experiencia no depende directa y linealmente del evento o
acontecimiento, sino que está mediatizada por el lenguaje y por el marco cultural
interpretativo en el que se expresa, se piensa y se conceptualiza (Jelin, 2000). Es decir,
es a la vez colectiva e individual y es el lenguaje la forma de acceder a ella. Como
advierte Joan Scott (2001), en tanto la experiencia no es una evidencia que habla por sí
misma, es necesario comprenderla críticamente y atender a las categorías de (auto)
representación que construyen las personas para dar cuenta de ella y cómo se posicionan
en relación con otros/as. Parafraseando a María Marta Reca (2011), es a través de
enunciados que las personas expresan sus representaciones y los modos en que se
apropian de la realidad o, en otras palabras, a través de los discursos los seres humanos
explicitan cómo determinados fenómenos han entrado en el mundo de su experiencia.
En consecuencia, para asir los significados que construyen los/las jóvenes en y a
partir de visitar el Espacio, prestamos especial atención a cómo estos significados se
forman en palabras en el acto de la enunciación (Benveniste, 1970). Teniendo en cuenta
que todo enunciado va dirigido a alguien, está provocado por algo y busca producir
34
determinados efectos en los/las destinatarios/as, no existen los enunciados neutrales
(Bajtín, 1982), por eso, para comprenderlos los situamos en un contexto de producción
particular y en relación con otros enunciados. Intentamos explicar cómo influyen los
distintos contextos políticos y sociales en lo que dicen los actores, con qué otros
discursos se vinculan y qué efectos generan en los/las otros/as.

5. Estructura de la tesis e hipótesis

En esta tesis, pretendemos demostrar que las experiencias de los/las jóvenes que
visitaron el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos ex
CCDTyE "Olimpo" en el período 2015-2017 estuvieron signadas por la interacción
entre diversos factores: sus expectativas y representaciones sobre el pasado reciente, el
contexto socio-político y la narrativa propuesta por los/las gestores/as del sitio. Por un
lado, buscamos explicar que esta narrativa se configura a partir de un entramado de
memorias y prácticas vinculadas con las diversas trayectorias e idearios político-
militantes de sus creadores/as y con la lectura que estos/as hacen de las inquietudes de
las nuevas generaciones. Por otro, procuramos dar cuenta de que los/las jóvenes se
conectan con las experiencias pasadas en el sitio a partir de las emociones y los
sentidos, es decir: más que los aspectos explicativos de la narrativa, es su componente
afectivo el que favorece la construcción de significados durante y después de la visita.
Esta hipótesis general será trabajada en los tres capítulos que conforman esta tesis.
En el primer capítulo, explicamos cómo fue el proceso de construcción de la
propuesta pedagógica en el Espacio y como se fue configurando el lugar asignado a las
nuevas generaciones en la definición de sus principales líneas de acción. Para ello,
analizamos entrevistas realizadas durante el trabajo de campo a algunos/as de sus
trabajadores/as, registros de conversaciones informales y producciones publicadas por
ellos/as en distintos medios desde el proceso de ―recuperación‖. Pretendemos que pueda
comprenderse, a partir de las voces de sus protagonistas, de qué manera se fue
edificando una propuesta pedagógica, qué relaciones guarda esta con la de otros ex
CCDTyE ―recuperados‖ y cómo se relaciona con las trayectorias de los actores que han
intervenido en su construcción.
En el segundo capítulo, analizamos las configuraciones narrativas que se
construyen en el Espacio a través de dos dispositivos de transmisión: las señalizaciones
35
del lugar y las visitas guiadas. Planteamos allí que el ex Olimpo, como todo sitio de
memoria, es un lugar de enunciación en el cual ciertos actores producen una narrativa
particular para interpelar a otros/as mediante distintas estrategias. A partir del análisis
de las observaciones realizadas durante el trabajo de campo, pretendemos explicar con
qué otros discursos sobre el pasado reciente se vincula la narrativa propuesta por el ex
Olimpo y cómo se expresa en sus propuestas para los/las visitantes.
En el tercero y último capítulo, indagamos en el modo en el que interactúan
los/las jóvenes con la propuesta pedagógica del Espacio. Partimos del supuesto de que
la transmisión involucra un encuentro con otros/as, está mediada por la experiencia e
implica una construcción de significados por parte de las nuevas generaciones. En este
sentido, a partir del análisis de los intercambios registrados entre guías y visitantes
durante las visitas guiadas, así como en las entrevistas en profundidad realizadas a
los/las jóvenes luego de visitar el Espacio, intentamos dar cuenta de la experiencia
vivida allí en un momento específico. Para ello, identificamos, por un lado, los
elementos asociados a la comprensión racional del pasado y, por el otro, aquellos que
dan cuenta de la dimensión afectiva y emocional de la visita. Para lograr este propósito,
caracterizamos los relatos que circulan entre los/las jóvenes sobre el pasado reciente –y
los distintos medios a través de las cuales acceden a los mismos antes de ir al sitio de
memoria– para explicar cómo estos se re-significan durante y después de la visita
guiada. En especial, pretendemos dar cuenta si los/las jóvenes agregan nuevas capas de
sentido, en tanto generación, al Espacio y, en este caso, cuáles serían.
Finalmente, en las conclusiones, retomamos los ejes principales de lo expuesto
en los capítulos y planteamos algunas líneas de exploración posibles para abordar en
futuras investigaciones.

36
CAPÍTULO I
La construcción de un proyecto pedagógico en el ex Olimpo:
fundamentos y trayectorias de los actores

Desde su funcionamiento como Centro Clandestino de Detención Tortura y


Exterminio (CCDTyE) durante la última dictadura, hasta su ―recuperación‖ y puesta en
funcionamiento como sitio de memoria, distintos actores inscribieron una multiplicidad
de sentidos sobre el ex Olimpo. Siguiendo a Jelin y Langland (2003), cuando se marca
un lugar físico para convertirlo en un espacio de recuerdo público, es inevitable el
despliegue de procesos de lucha política por parte de quienes llevan adelante estas
iniciativas. Cada persona o grupo intentará ―hacer hablar‖ a la materialidad de acuerdo a
sus propios intereses del presente, a su relación con el pasado rememorado y a sus
proyectos futuros.
En este capítulo abordamos las discusiones que atravesaron los distintos actores
que participaron del proceso de ―recuperación‖ del ex Olimpo y las gestiones que
llevaron a cabo para convertir a ese espacio físico ligado a la represión en un sitio de
memoria abierto al público. Nos interesa explicar, en particular, cómo se construyó el
proyecto pedagógico del Espacio y el lugar que tuvieron las nuevas generaciones en la
definición de sus principales líneas de acción. En este sentido, intentamos responder a
las siguientes preguntas: ¿Cómo se fue construyendo dicha propuesta? ¿Cómo se
relaciona el proyecto pedagógico con las trayectorias de los agentes que intervinieron e
intervienen en su construcción? ¿Qué lugar tuvieron (y tienen) las nuevas generaciones
en la definición de la propuesta pedagógica del Espacio para la Memoria y la Promoción
de los Derechos Humanos ex CCDTyE Olimpo?
Como expusimos en la introducción, dado que en otras investigaciones se ha
analizado de forma exhaustiva el proceso de ―recuperación‖ del ex Olimpo (Messina,
2010; Guglielmucci, 2013; López González, 2013), aquí solo retomamos de forma
breve los principales hitos de dicho proceso, para poder centrarnos en cómo sus
trabajadores/as, luego de más de una década de la apertura al público del Espacio,
conceptualizan dicha experiencia. Consideramos que la comprensión del modo en el que
ellos/as narran este proceso es relevante, ya que sus concepciones condicionan en gran
medida los relatos que circulan en el Espacio.

37
Analizamos, para esto, entrevistas y conversaciones informales mantenidas con
ellos/as durante el trabajo de campo, así como algunas de sus producciones publicadas
en diferentes medios, como la página de Internet oficial del Espacio, artículos
presentados en reuniones académicas y libros editados por el Instituto Espacio para la
Memoria (IEM).
Nuestra intención no es juzgar los posicionamientos y las decisiones que
tomaron los actores involucrados en la construcción del proyecto pedagógico, sino tratar
de comprender ―el modo en que esas personas dan sentido a su mundo y viven en él‖
(Guber, 2004, p. 81). En otras palabras, cuál es el significado que le dan a sus prácticas
y nociones.

1. El ex CCDTyE Olimpo: breve reseña histórica

El ex Olimpo funcionó en la División Mantenimiento de Automotores de la


Policía Federal Argentina, en una manzana ubicada entre las calles Ramón L. Falcón,
Lacarra, Fernández, Rafaela y la Av. Olivera, en el barrio de Floresta, en la zona oeste
de la Ciudad de Buenos Aires. Durante la última dictadura, operó como CCDTyE entre
el 16 de agosto de 1978 y fines de enero de 1979.
En las primeras décadas del siglo XX el predio perteneció al Ministerio de
Transporte de la Nación y funcionó como estación terminal de las líneas de tranvías
pertenecientes a la compañía Tramways Anglo Argentina. Hacia la década del sesenta,
se convirtió en estación terminal de la línea de colectivos número 5. De manera que el
predio en el que luego se montó el CCDTyE estaba rodeado de viviendas particulares y
comercios, y formaba parte de la vida cotidiana de los/las vecinos/as del barrio que
acudían allí habitualmente para trasladarse hacia otros lugares de la ciudad.
Durante la dictadura formó parte del llamado ―Circuito A-B-O‖, compuesto por
los centros Club Atlético, El Banco y Olimpo, que funcionaron en la Zona 1 (que
abarcaba las jurisdicciones de las Provincias de Buenos Aires, La Pampa y la Capital
Federal) bajo la órbita del Comando del Primer Cuerpo del Ejército, al mando del
General Carlos Guillermo Suárez Mason. Según el fallo que resuelve la causa 14216/03,
los tres espacios ―deben ser considerados como una sola unidad que fue mutando de
sede‖ (Rafecas, 2005) porque pese a los cambios de nombre y ubicación, los/las
secuestrados/as, los represores y los métodos y elementos de tortura fueron los mismos.
38
El Club Atlético operó durante el año 1976 y hasta diciembre de 1977 en los
sótanos de la División Suministros de la Policía Federal Argentina, entre las calles
Paseo Colón, San Juan, Cochabamba y Azopardo de la Ciudad de Buenos Aires. El
lugar fue abandonado el 28 de diciembre de 1977 al ser demolido para construir la
Autopista 25 de Mayo en la gestión del intendente de facto Brigadier Osvaldo
Cacciatore. Los represores que actuaban allí, al igual que muchos/as secuestrados/as,
fueron trasladados/as transitoriamente a El Banco,25 un predio perteneciente a la Policía
de la Provincia de Buenos Aires, ubicado a doscientos metros del cruce de la Autopista
General Ricchieri y el Camino de Cintura (Ruta Nacional N°4), Puente 12, en el Partido
de La Matanza. Las fuerzas represivas mantuvieron allí a los/las secuestrados/as
mientras se terminaba de construir una nueva sede del CCDTyE: El Olimpo.26 Fueron
los represores que lo manejaban quienes lo llamaron así, ya que consideraban que era
―el lugar de los dioses‖, en el cual ellos tenían el poder de decidir sobre la vida y la
muerte de quienes pasaban por allí.27
Se calcula que, en sus cinco meses de funcionamiento, estuvieron
secuestrados/as allí alrededor de 500 detenidos/as-desaparecidos/as, de los/las cuales
sobrevivieron alrededor de 100 (Messina, 2010). Asimismo, sabemos que –junto con el
Ejército– intervinieron en su funcionamiento Grupos de Tareas de la Policía Federal, de
la Gendarmería y del Servicio Penitenciario Federal. Estos grupos de tareas actuaron en
combinación con otros CCDTyE, como los del Circuito Camps, la Escuela de Mecánica
de la Armada (ESMA) y Campo de Mayo.
Las personas que estuvieron allí secuestradas eran militantes de diversas
organizaciones políticas, sociales y sindicales, entre ellas: la Juventud Peronista (JP), la
Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP),
Cristianos para la Liberación –todas nucleadas en Montoneros–, Partido Revolucionario
de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), Partido Comunista

En el ―Acto homenaje a los/las compañeros/as‖ llevado a cabo el 16 de agosto de 2017, una


25

sobreviviente contó al público presente que se había enterado recientemente a través de los testimonios de
sus compañeros/as en el Juicio A-B-O, que los represores habían nombrado así a este centro clandestino
porque ―cuando entrabas cobrabas‖.
26
De acuerdo con el Informe Nunca más de la CONADEP, se desconocen los motivos del traslado
masivo desde El Banco a El Olimpo, aunque es posible que se haya debido a que este último estaba
ubicado más próximo al centro de operaciones (2014, p. 165).
27
En una Sala de Inteligencia de dicho sitio, se encontraba un cartel que explicaba el nombre del lugar y
rezaba: ―Bienvenido al Olimpo de los dioses‖, firmado por ―Los Centuriones‖. Véase: Centro de
Información Judicial, 2009.
39
Marxista Leninista (PCML), Organización Comunista Poder Obrero (OCPO), Grupo
Obrero Revolucionario (GOR) y Frente Antiimpierialista por el Socialismo (FAS).28
En enero de 1979, cuando se hizo pública la visita de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el lugar fue desmantelado y los/las
detenidos/as ―trasladados/as‖: la mayoría de ellos/as fueron ejecutados/as en los ―vuelos
de la muerte‖ y unos/as pocos/as reasentados/as en otros centros clandestinos como la
Brigada de Quilmes y la ESMA.29 Durante su visita, la Comisión realizó una
observación in loco pero, ante la falta de evidencias, en su Informe Final solo hizo
referencia a ―El Olimpo‖ como ―la dependencia policial localizada en una antigua
terminal de tranvías, sin identificación externa, en la Avenida Olivera y Calle Ramón
Falcón, donde pudo ver muchos automóviles Ford Falcon con o sin identificación
policial‖.30
No obstante, al poco tiempo el lugar comenzó a ser denunciado en forma pública
con el nombre ―Olimpo‖, a partir de que Amnistía Internacional publicó un informe con
los testimonios de Oscar Alfredo González y Horacio Cid de la Paz, sobrevivientes del
circuito A-B-O.31 Esta denuncia tuvo una importancia vital para reabrir la causa por la
desaparición de Alfredo Giorgi, visto por última vez en el ex Olimpo. Su familia –junto
a los abogados e integrantes de los organismos de derechos humanos– lograron la
primera inspección judicial al lugar, llevada a cabo en septiembre de 1983, que ratificó
la existencia de un CCDTyE.32 A raíz de la repercusión mediática del caso, el nombre
―Olimpo‖ empezó a hacerse más conocido como lugar de detención.
La visibilización del lugar y su identificación con el accionar del terrorismo de
Estado se profundizó luego de la recuperación de la democracia, fundamentalmente, a
partir de que la CONADEP realizó una nueva inspección ocular junto con funcionarios
judiciales y un grupo de sobrevivientes. Los testimonios incluidos en el Informe Nunca

Información extraída de la página de internet del sitio. Véase (ExCCDTyE) ―Olimpo‖:


28

‹[Link] (consulta: 19-05-2020).


29
Los cuerpos de diez de ellos/as fueron hallados en 2007. La justicia comprobó que habían aparecido en
la costa en la segunda quincena de diciembre de 1978 y luego fueron enterrados como NN.
30
Véase el Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, capítulo 5. Proyecto
Desaparecidos, s/f [1979].
―González y De la Paz fueron trasladados de campo a campo, bajo la jurisdicción de oficiales de varios
31

servicios. Uno de los campos que mencionan es el llamado Olimpo, próximo a oficinas gubernamentales
en la parte oeste de Buenos Aires. AI sabe que en septiembre de 1979 las instalaciones descritas por ellos
aún estaban en pie, pero no se vieron presos en esa época.‖ (El Día, 1980)
32
Este dato figura en el Libro publicado por la Mesa de Trabajo y Consenso del ex Centro Clandestino de
Detención Tortura y Exterminio ―Olimpo‖ (2011). No obstante, los/las coordinadores del equipo no
tienen información certera de que esta inspección se haya llevado a cabo en dictadura.
40
Más (1984), en el Juicio a las Juntas y, posteriormente, en los Juicios por la Verdad
fueron centrales para reconstruir lo que había ocurrido en el ex Olimpo.
Mientras la dinámica de los ex CCDTyE iba adquiriendo conocimiento público,
algunos colectivos comenzaron a organizarse para imprimir en ellos marcas
memoriales. En el caso del ex Olimpo este proceso fue protagonizado por agrupaciones
de vecinos/as organizados/as, que actuaron en conjunto con sobrevivientes, familiares
de los/las detenidos/as-desaparecidos/as vistos allí, militantes políticos/as e integrantes
de los organismos de derechos humanos (Messina, 2010). Desde 1994, cuando el predio
funcionaba como Planta Verificadora Automotor de la Policía Federal, estos grupos
organizaron frente al predio actos, festivales, movilizaciones y diversas actividades que
buscaban visibilizar las violaciones de los derechos humanos cometidas allí y denunciar
la permanencia de las Fuerzas de Seguridad. En aquel año, la agrupación Vecinos
Solidarios de Floresta tomó la iniciativa y organizó una marcha con motivo de la
conmemoración del 24 de marzo, que unía al Olimpo con Automotores Orletti, otro ex
CCDTyE que funcionó en el barrio, a unas pocas cuadras de distancia.33 A su vez, otro
grupo de vecinos/as, nucleados/as en la red Gestión Asociada del Oeste (GAO),
comenzó a incluir la ―recuperación‖ del lugar dentro de sus reclamos.
En esos años, además, se dieron en el barrio distintas iniciativas que tuvieron
como foco de interés al ex Olimpo. Una de ellas fue el proyecto Construyendo la
memoria, impulsado por la escuela primaria N° 2 Maximio Victoria, ubicada a 50
metros del predio. En 1996, cuando se cumplieron los veinte años del golpe cívico-
militar, en el marco de dicho proyecto, se realizaron encuentros y actos que proponían
trabajar con los/las alumnos/as de los tres ciclos y sus familias, en la reconstrucción de
la memoria en general y en visibilizar el espacio como ex CCDTyE, en particular.34
A partir del estallido de la crisis del 2001/2002, cuando distintos sectores de la
población se alzaron contra los poderes estatales y económicos por los efectos de las
políticas neoliberales, muchas de estas agrupaciones de vecinos/as y organizaciones
territoriales confluyeron y se potenciaron en los movimientos asamblearios que
proliferaron en los barrios. Así fue como en 2002, nació la organización Vecinos por la

33
Cabe aclarar que, estrictamente, la primera marcha de denuncia sobre el ex Olimpo se realizó en 1984,
organizada por varios organismos de derechos humanos, entre ellos, Familiares de Detenidos
Desaparecidos, el Centro de Estudios Legales y Sociales y la Federación Latinoamericana de
Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (Mesa de Trabajo y Consenso del ex Centro
Clandestino de Detención Tortura y Exterminio ―Olimpo‖, 2011).
Para obtener más información sobre el proyecto, véase ―La maestra de la memoria. Entrevista a
34

Evangelina Morales‖ (El Monitor, 2007).


41
Memoria Parque Avellaneda-Floresta que articuló –no sin conflictos– con la GAO, los
organismos de derechos humanos, los/las sobrevivientes y algunos/as representantes de
fuerzas políticas comprometidas con la causa para llevar adelante distintas acciones para
la ―recuperación‖ del predio.
Luego de años de movilización y de la presentación de algunos proyectos
legislativos,35 el 4 de octubre de 2004, se logró la firma de un Convenio entre la
Presidencia de la Nación –a cargo de Néstor Kirchner– y la Jefatura del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires –a cargo de Aníbal Ibarra– que estableció el desalojo del
predio por parte de la Policía y la transferencia de su dominio a la Ciudad para que
funcione ―un sitio de recuperación de la memoria histórica de los crímenes cometidos
por el terrorismo de Estado y de promoción de los derechos humanos y los valores
democráticos‖.36 Aunque el acuerdo no creó ningún órgano de gestión político-
administrativa para el sitio, indicó que representantes de la Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación y de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad, se
reunieran con los actores que habían impulsado la ―recuperación‖ del sitio en la sede del
Gobierno de la Ciudad para evaluar el estado en el que la Policía había dejado el
inmueble y definir los pasos a seguir (Guglielmucci, 2013).37

2. En primera persona: la puesta en marcha del Espacio para la memoria

¿Cómo se transformó el ex Olimpo en un lugar público y de recepción de


visitantes? ¿Cuáles fueron las decisiones y gestiones que se tomaron durante su proceso
de institucionalización como Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos

35
Si bien existieron proyectos de ley que propusieron la creación en el predio de un lugar de
conmemoración, como el ex Olimpo estaba ocupado por la Policía Federal (dependiente de la Nación) no
pudieron concretarse. En 1995 los diputados del FREPASO Álvarez, Meijide y Bravo presentaron en el
Congreso Nacional un proyecto de ley que estipulaba la cesión del predio a la Municipalidad de Buenos
Aires para la construcción del ―Museo de la Memoria Nunca Más‖. En 1998, la misma fuerza política
impulsó ante la Legislatura de la Ciudad un proyecto de resolución que proponía colocar una placa de
homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado y el emplazamiento de una escultura alusiva en la
plazoleta ubicada frente al predio. No obstante, tras estos intentos fallidos, en el 2003 los/las vecinos/as
de la GAO lograron que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declarara al predio como sitio
histórico de la ciudad (Messina, 2010; Guglielmucci, 2013).
36
Proyecto legislativo elevado por el presidente Néstor Kirchner al Congreso Nacional, con fecha del 26
de septiembre de 2005.
37
Al poco tiempo, debido a los desacuerdos generados respecto del lugar que debía tener el gobierno
nacional en la toma de decisiones, la Secretaría de Derechos Humanos de Nación decidió retirarse de las
reuniones y transferir la gestión a la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires (Guglielmucci, 2013).
42
Humanos? A partir de las voces de algunos/as integrantes del equipo de trabajo del
programa del ex CCDTyE Olimpo (en adelante, el ―equipo‖) presentamos cómo
conceptualizan su propia experiencia y cuáles fueron las concepciones que guiaron (y
aún hoy guían) la toma de decisiones en el sitio de memoria, fundamentalmente, con
relación a sus propuestas pedagógicas para visitantes.
Según relatan los/las coordinadores/as del equipo, el ―momento fundacional‖ de
la puesta en marcha del sitio fue la entrada de los/las ―compañeros/as‖38 –
sobrevivientes, familiares de los/las detenidos/as-desaparecidos/as y organismos de
derechos humanos– al ―pozo‖, estando el espacio libre de la Policía.
Cuando se efectivizó el desalojo de la Policía y las reuniones se trasladaron al
predio, se volvieron a poner sobre la mesa los acuerdos alcanzados durante los primeros
encuentros y se sumaron otras discusiones (Messina, 2010). Al ver las condiciones
deplorables en las que las Fuerzas de Seguridad habían dejado las instalaciones y
comenzar a pensar cómo funcionaría el lugar como un sitio de memoria, emergieron los
primeros debates vinculados, por un lado, a la definición de dónde vendrían los recursos
económicos para conservar y poner en funcionamiento el Espacio y, por el otro, a cuáles
serían sus objetivos específicos y qué vínculo establecerían con la comunidad. Para
resolver estas cuestiones se volvía prioritario definir la manera en la que se iba a
gestionar el sitio y, en consecuencia, el vínculo que se establecería con el Estado.
Si bien hubo una propuesta por parte de Vecinos por la Memoria Parque
Avellaneda-Floresta para que la gestión estuviera a cargo de una asociación civil,
terminó preponderando la posición de llevar a cabo una co-gestión o gestión semi-
autónoma.39 Para tal efecto, mediante un decreto firmado por el entonces Jefe de
Gobierno Jorge Telerman, se creó el ―Programa para la Recuperación de la Memoria del
Centro Clandestino de Detención y Exterminio ‗El Olimpo‘‖ en el ámbito de la
Subsecretaria de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad. Y, dentro del mismo,
se crearon una Comisión de Trabajo y Consenso (autodenominada ―Mesa‖ e integrada

38
El término ―compañeros/as‖ constituye una categoría nativa que hermana a los/las militantes de hoy
con los/las de ayer. Los/las detenidos/as-desaparecidos/as y los/las sobrevivientes son ―compañeros/as‖
para los/las integrantes del equipo, pues comparten con ellos/as similares ideas, adversarios políticos,
formas de entender la militancia y proyectos a futuro. Aparecerá de aquí en más encomillada para
destacar que es utilizada en esta acepción.
39
Según explican Messina (2010) y Guglielmucci (2013) la negativa hacia la co-gestión se basaba en la
necesidad que sostenían los miembros de Vecinos por la Memoria Floresta-Parque Avellaneda de que
todas las organizaciones que habían participado del desalojo de la Policía tuvieran libertad real e igualdad
de condiciones para decidir el destino del predio. Ante el consenso de gestionar junto con el Estado, desde
ese momento la agrupación se disolvió y algunos de sus miembros formaron Vecinos por la Memoria
Olimpo-Orletti.
43
por los/las sobrevivientes, los/las familiares de los/las detenidos/as-desaparecidos/as, los
organismos de derechos humanos, las organizaciones barriales y los/las representantes
de las áreas de gobierno que habían participado de la ―recuperación‖) y una Unidad
Ejecutora compuesta por referentes de distintas dependencias del gobierno de la Ciudad
y por diez representantes elegidos/as por los/as integrantes no gubernamentales de la
Comisión.40 Ambas, la Unidad Ejecutora y la Mesa, debían trabajar en conjunto para la
gestión del sitio, pero con funciones distintas: mientras la primera asumía las cuestiones
administrativas y presupuestarias (otorgamiento de recursos financieros, licitaciones,
convenios, contratos, entre otros), la segunda se hacía cargo de la discusión y de la toma
de decisiones relativas a las intervenciones y los usos del predio.
Como explica Messina (2010), para los/las integrantes de la Mesa, el consenso
no se trató solo de un mecanismo de toma de decisiones, sino que se constituyó como
una metodología de trabajo que se fue consolidando con el correr del tiempo entre
actores con trayectorias políticas disímiles que fueron ganando confianza mutua.
Una de las primeras decisiones tomadas por la Mesa fue, por un lado, la de
considerar a la totalidad del predio como CCDTyE y no solo al sector que había
funcionado como ―pozo‖ (nombre que se le confería en la jerga represiva al espacio
donde permanecían cautivos/as los/las secuestrados/as) y, por el otro, la de preservar y
señalizar dicho sector en lugar de reconstruirlo. La decisión de no reconstruir el ―pozo‖
se sostuvo sobre tres pilares: conservar el valor testimonial del edificio para los juicios
en curso y los que vendrían después; evidenciar –a partir de las marcas espaciales– los
distintos usos que tuvo el lugar y los intentos de las Fuerzas de Seguridad de borrar los
crímenes que cometieron allí; y, por último, no generar morbosidad en los/las
visitantes.41
Un aspecto importante a destacar es que este consenso fue alcanzado al compás
de las primeras visitas que recibió el sitio. De alguna manera, la necesidad de dar
respuesta a la demanda de los/las visitantes activó una puesta en discurso que inscribió
nuevos sentidos al Espacio y estableció ―prescripciones y proscripciones en cuanto a su
tratamiento y uso‖ (D´Ottavio, 2016, p. 61). Entre estas visitas, los/las coordinadores
40
Véase el Decreto N° 305 (Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2006).
41
La decisión de marcar todo el predio de cada ex CCDTyE como tal, pero diferenciando material y
simbólicamente el área del ―pozo‖, fue compartida por los otros grupos que participaron de los procesos
de ―recuperación‖ de otros sitios de la Ciudad de Buenos Aires (ESMA, Club Atlético, Virrey Cevallos y
Automotores Orletti) (D´Ottavio, 2016). Otros acuerdos alcanzados fueron que no debía permitirse la
coexistencia –temporal o permanente– con las Fuerzas de Seguridad, que debía ser la voz de los/las
sobrevivientes y de los/las afectados directos/as la que articulara el relato durante las visitas guiadas y que
los recorridos al ―pozo‖ debían ser grupales y acompañados por un/a guía.
44
recuerdan, en particular, la que se produjo en el marco de un intercambio con
investigadores/as de Berlín (Alemania), que fueron invitados/as a dar una charla en el
sitio y luego hicieron un recorrido guiado por dos sobrevivientes. Esta visita tuvo gran
relevancia porque las ―paradas‖ o ―estaciones‖ que ellas hicieron durante el recorrido
sirvieron luego como base para hacer la señalización del ―pozo‖:

Clara:42 Porque ahí en esa visita se reconstruye el funcionamiento... más que el


funcionamiento, qué era cada sitio, cada lugar... Enfermería, Incomunicados...
Andrea: Después nos surgía eso: ¿cómo lo vamos a contar? Hicimos [los/las
integrantes del equipo] un planteo y después nos juntamos en [el bar] Las Violetas con
Clara, con varios compañeros sobrevivientes y fueron leyendo los carteles y nos fueron
corrigiendo. Y ahí se aclaró eso que, siempre lo decimos, pero la verdad es que fue la
máxima que cortó en dos y a nosotros en su momento nos diferenció de los otros sitios
que estaban recuperándose, ‗esto no se cuenta de una forma que replique el horror.‘
Clara: Y tampoco un relato que lo baje el Estado, sino que lo bajamos nosotros… más
allá de que está la Mesa de Trabajo y Consenso, sobre todo el equipo y los
sobrevivientes (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Estos fragmentos nos resultan significativos por tres razones. En primer lugar,
porque ilustran cómo, más allá de los vaivenes de la historia institucional de
―recuperación‖ del sitio, fueron el equipo y los/las sobrevivientes (no es casualidad que
una de las coordinadoras del equipo sea una de ellos/as) quienes terminaron definiendo
qué contar y de qué manera hacerlo. Y, como exponemos más adelante, son también
ellos/as quienes en la actualidad construyen de modo colectivo las variaciones del relato
que se acomodan a contextos cambiantes. En segundo lugar, porque muestran cómo, a
partir del acto de señalizar el predio con esos/as primeros/as visitantes, se definieron dos
cuestiones claves: la primera, qué relato se iba a construir para dialogar con la
materialidad y, la segunda, quiénes serían sus portavoces. En tercer lugar, porque al
separarse explícitamente de las decisiones que se tomaron en otros CCDTyE,
constituyen su propia identidad como equipo. Si tenemos en cuenta que el proceso de
―recuperación‖ del ex Olimpo se dio prácticamente en paralelo al de la ex ESMA,
podemos pensar que la alteridad con este sitio emblemático del terrorismo de Estado43

42
Dado a que no interfiere ni en el análisis ni en la comprensión de los/las lectores y para la preservación
de la identidad de los/las entrevistados/as hemos decidido cambiar sus nombres.
43
Según Feld (2008), la condición de símbolo de la ESMA puede explicarse por sus dimensiones -el
predio tiene 17 hectáreas y consta de 35 edificios-; por la cantidad de personas que pasaron por él: más de
cinco mil detenidos/as desaparecidos/as entre 1976 y 1983 y entre doscientos/as y trescientos/as
sobrevivientes; porque muchos/as de sus sobrevivientes testimoniaron tempranamente en el juicio a los ex
comandantes en 1985 y, finalmente, porque devino en el lugar institucional alrededor del cual se
articularon (y aún hoy se articulan) fuertes conflictos políticos y memoriales acerca de qué recordar y de
quiénes tienen legitimidad para decidir sobre esto.
45
es un elemento de peso en su construcción identitaria. El equipo se distancia,
fundamentalmente, de la imposición desde un relato ―desde arriba‖ (desde el Estado,
pero también desde los organismos de Derechos Humanos ―históricos‖) y de la
transmisión de una ―memoria literal‖ (Todorov, 2000).

3. El equipo: trayectorias de los actores y vínculos con el Estado

Fernando: Nosotros tenemos ya doce años acá teniendo cierta destreza en el ejercicio
de las preguntas, desde que llegamos hacemos preguntas, vivimos de las preguntas. Pero
en doce años nadie nos preguntó a nosotros hacia arriba nuestro. Nadie. Nadie nunca
nos preguntó, vino a ver el espacio para preguntarnos cómo estamos, cómo nos
podemos proyectar, dónde estamos haciendo agua... Nadie (Entrevista a los/las
coordinadores/as, 2017).

En estas palabras se pone de relieve un elemento importante para comprender la


construcción identitaria del equipo y las decisiones que tomaron sus integrantes en el
diseño y puesta en práctica de un proyecto pedagógico para el Espacio: el vínculo con el
Estado.
Aunque sus integrantes reconocen que en el proceso de ―recuperación‖ el Estado
cumplió un rol relevante al asegurar el desalojo de la Policía y favorecer la discusión de
los distintos proyectos sobre lo que se haría en el Espacio, atendió menos al modo en
que esto podía concretarse.
Desde la firma del Convenio en 2004, el ex Olimpo pasó por distintas
dependencias administrativas: inicialmente estuvo bajo la órbita de la Subsecretaría de
Derechos Humanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, luego pasó a manos de la
Unidad Ejecutora de Proyectos sobre Sitios de Memoria,44 en septiembre de 2007 quedó
a cargo del Instituto Espacio para la Memoria (IEM) –ente autónomo y autárquico de la

44
Según explica Guglielmucci (2013), este cambio se produjo a raíz del juicio político realizado en marzo
de 2006 al entonces Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, en el que fue considerado responsable del incendio
producido en el local República de Cromañón donde murieron 194 personas durante un recital de rock del
grupo Callejeros. Tras su destitución, Ibarra fue reemplazado por el Vicejefe de Gobierno Jorge
Telerman, quien dispuso una reforma administrativa que, además de crear nuevos ministerios, unificó la
Secretaría de Desarrollo Social con la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad. Con estos
cambios, Gabriela Alegre –militante de la Asociación Buena Memoria, coordinadora de la Comisión Pro
Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado de la Legislatura porteña y Directora General de
Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad entre 2000 y 2003– fue desplazada del cargo de
Subsecretaria de Derechos Humanos, en el cual se desempañaba desde 2003. Esto provocó un fuerte
rechazo por parte de los organismos de Derechos Humanos y, en consecuencia, Telerman decidió
designarla como Coordinadora de una nueva agencia gubernamental denominada Unidad Ejecutora de
Proyectos sobre Sitios de Memoria, dependiente de Jefatura de Gabinete.

46
Ciudad– y, en enero de 2014 –tras la disolución del IEM– los gobiernos de la Ciudad y
la Nación firmaron un convenio que cedió a este último el derecho de usufructo del
Espacio, que pasó a depender de la Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo
Cultural de la Nación.
Desde la mirada de Fernando, pese a estos cambios en la gestión, las relaciones
con el Estado siempre fueron tensas, tanto porque el proyecto que construyeron no
seguía estrictamente los lineamientos ―esperados‖ por este como porque las autoridades
gubernamentales se desentendieron de su responsabilidad respecto de la gestión del
Espacio. Esto puede verse en la escasez constante de recursos económicos y de
personal. Entre 2006 y 2007 el equipo estuvo conformado solo por tres trabajadores/as
estables. A partir del traspaso al IEM, se incorporaron algunas personas que pidieron el
pase desde otros programas al equipo el cual, desde entonces, cuenta con alrededor de
ocho integrantes, que fueron variando a lo largo del tiempo. Durante la gestión del IEM,
exceptuando a los/las tres coordinadores/as que tienen cargos de planta permanente, la
mayoría de los/las trabajadores/as estuvo bajo la modalidad contractual de ―locación de
servicios‖, siendo monotributistas y debiendo renegociar su situación anualmente. Tras
el traspaso a la órbita de Nación, en 2014, algunos contratados/as pasaron a lo que
comúnmente se conoce como ―planta transitoria‖, esto es, fueron reconocidos como
empleados estatales de acuerdo a lo establecido en el artículo n°9 de la Ley Marco de
Regulación de Empleo Público Nacional. Y otros/as fueron contratados/as como
tercerizados del Ministerio de Justicia.
Esta situación de precarización laboral se combinó con otras problemáticas
ligadas a la falta de recursos económicos para preservar el edificio, mantener las
exhibiciones, realizar y difundir actividades y concretar las señalizaciones en el predio.
Si bien, hasta el año 2011 existió una ―caja chica‖ que servía para cubrir algunos de los
gastos de funcionamiento cotidiano del Espacio, luego el IEM resolvió centralizar el
manejo del dinero. Esto hizo, según cuentan los/las trabajadores, que no se pudieran
materializar algunas iniciativas y que en varias oportunidades los propios trabajadores
tuvieran que sacar dinero de su bolsillo para comprar insumos o bien presentar
proyectos para obtener financiamiento de otras instituciones.45

45
Esta información fue obtenida a partir de conversaciones informales con algunos/as trabajadores/as del
equipo, de la Jornada ―Prácticas comunitarias en museos y espacios culturales‖ organizada por la
Asociación de Trabajadores de Museos el 17 de mayo de 2014, y del Informe sobre la situación del IEM
y los Sitios de Memoria de la Ciudad de Buenos Aires elaborado por la Junta Interna de Trabajadores de
sitios de memoria de ATE, disponible en la web. Véase el Informe de la Junta ATE-IEM, 2014.
47
En este contexto, los/las integrantes del equipo se autodefinen como ―guías
multifunción‖, en tanto llevan adelante diferentes tareas como visitas guiadas,
investigación, educación, edición, comunicación, administración, articulación con la
comunidad (y con la Mesa), conservación y mantenimiento.
Sin embargo, además de la cuestión económica, resaltan que el modo en el que
se produjo la ―recuperación‖ del Espacio, así como la manera de gestionarlo después,
fue diferente a la de otros sitios de memoria por varios factores:

Fernando: [En el momento en el que pensamos las visitas estábamos discutiendo] con
un discurso hegemónico de cómo se debían hacer las cosas en estos espacios. Nosotros
siempre estuvimos en tensión con todas las autoridades que tuvimos, quizás el problema
lo tenemos nosotros [risas], y hemos llegado a distintas conclusiones. La praxis es
fundamental y ha sido el lugar donde nosotros tratamos de hacer síntesis de ese proceso.
Mariana: En relación a lo que se cuenta en las visitas, ¿ustedes recibían ciertas
directivas ‗de arriba‘?
Andrea: No, no éramos prioridad tampoco.
Clara: Nosotros no, por suerte. El aislamiento te favorece en algunas cosas y te
desfavorece en otras. Como en realidad nunca hubo recursos o hubo muy pocos, el
contenido lo fuimos poniendo nosotros (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Este diálogo nos ayuda a comprender un primer elemento del que se valen
los/las trabajadores/as para explicar la particularidad del equipo, en relación con lo que
ocurre con otros sitios de memoria. Nuevamente, enfatizan el hecho de que no haber
sido prioridad de las políticas estatales (a diferencia de lo ocurrido, por ejemplo, en la
ex ESMA, que sí lo fue) les permitió tomar decisiones más libres respecto de qué decir
en el Espacio y cómo decirlo.
Otro aspecto importante tiene que ver con la historia de la ―recuperación‖ del ex
CCDTyE, en particular de los/las agentes que intervinieron en ella:

Fernando: Algo para remarcar es que todo esto [las decisiones que fueron tomando en
el Espacio] se da la sombra de la soberanía ideológica. Nosotros éramos los raros.
Nosotros no éramos ni sangre azul, no veníamos de los organismos tradicionales o más
reconocidos.
Clara: Éramos nuevos actores.
Fernando: Y los sobrevivientes de este espacio tampoco venían de jugar en los
organismos... No era Tati [Almeida], no era Lita [Boitano]. Eso posibilitó un montón de
estas situaciones. Poder pensarnos verdaderamente. Los militantes como militantes, los
sobrevivientes poder bajar una impronta muy fuerte, ponerla en diálogo con los
militantes (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

El hecho de reconocerse ―nuevos actores‖ o actores ―raros‖ los ubica en el lugar


de productores/as de un discurso y un modo de hacer alternativos al ―hegemónico‖. Si
48
tenemos en cuenta que en el momento en el que se definieron los principales
lineamientos del proyecto del Espacio eran pocas las experiencias de ―recuperación‖,
entendemos que los/las trabajadores/as se refieren fundamentalmente a la ex ESMA, en
cuyo proyecto tuvieron un peso importante los organismos de derechos humanos
―tradicionales‖ (Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares de desaparecidos y
detenidos por razones políticas, son algunos de ellos) y donde los/las representantes del
Estado Nacional tuvieron un rol protagónico en las decisiones que allí se tomaron.
Por otra parte, en los/las integrantes del equipo no solo se superponen distintas
funciones, sino que también se suma una ―superposición de lugares de enunciación‖
(Messina, 2010, p. 136), en el sentido en que la mayoría de ellos/as están formados/as
en las Ciencias Sociales o tienen experiencia en el campo educativo tanto formal como
no formal y, a la vez, son militantes políticos/as, sobrevivientes o familiares de
detenidos/as-desaparecidos/as.46 Esto se ve en el alto grado de reflexión que tienen
sobre sus propias prácticas y sobre el efecto de sus discursos y en el involucramiento
personal que tienen con su trabajo.
Si observamos sus trayectorias, se evidencian las principales voces que
confluyeron en la construcción del proyecto pedagógico del Espacio: la voz de los/las
sobrevivientes –―que no venían de jugar en los organismos‖– la voz militante de las
organizaciones políticas y barriales, y la voz de los/las profesionales del campo de las
Ciencias Sociales, la educación popular y la divulgación científica. Andrea, que es
socióloga y tiene estudios de posgrado en Antropología Social, dice al respecto:

Entonces nosotros tuvimos que construir eso, lo construimos, como lo construyeron los
compañeros al mismo tiempo en ESMA, y al año siguiente lo iban a hacer en La Perla.
Nosotros tuvimos más libertad, quizás porque estuvimos menos observados por el
Ejecutivo y por todo esto que estamos diciendo. Entonces, tenemos las lecturas
políticas, las lecturas teóricas y ciertas prácticas con respecto... Él [Fernando] venía de
hacer cosas con educación popular, pero mucho. Y yo venía de hacer docencia y
también había trabajado con [Gabriel] Di Meglio, digamos, que formaba [risas] Y
también había estado en el CELS... porque teníamos que poder intervenir el espacio
(Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Para los/las integrantes del equipo esta diversidad de trayectorias políticas y


académicas condicionó positivamente la construcción de la narrativa del Espacio.

46
En la actualidad, los/las distintos/as integrantes del equipo tienen formación en Sociología,
Antropología, Educación, Historia y Artes Visuales. Algunos/as además son sobrevivientes y militan
activamente en partidos políticos de izquierda. Gran parte de ellos/as, antes de trabajar en el ex Olimpo lo
hicieron en otras instituciones dedicadas a la transmisión de la memoria y la promoción de los derechos
humanos, como la APDH, el CELS y Memoria Abierta.
49
También el hecho de que los/las sobrevivientes que impulsaron la ―recuperación‖ se
abrieron a compartir sus experiencias y pusieron especial énfasis en que la narrativa
fundiera las diferencias ideológicas y pragmáticas entre los/las militantes de distintas
organizaciones en una voz que prioriza sus vivencias durante el cautiverio pero, sobre
todo, sus proyectos comunes de trasformación social.

Andrea: Estuvo bueno que tuviésemos todos una formación distinta. Y además con una
mirada... eso fue raro porque ellos [los/las sobrevivientes] eran muy... cómo decirlo,
´ecuménicos´, [decían que] hay que hablar de toda la militancia de todos, más allá de la
militancia que cada uno tenía, eso es de mucha generosidad. Yo no conozco… quizás en
el circuito A-B-O, quizás es algo muy impresionante. Es decir, vamos a hablar de
todos... (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Como hemos expuesto, la composición del equipo y su diálogo con la Mesa, así
como el particular vínculo sostenido con el Estado abonaron a una construcción
narrativa particular en el ex Olimpo que se materializó, como desarrollamos a
continuación, en un proyecto pedagógico.

4. La apertura del Espacio al público y la construcción del proyecto pedagógico

Andrea: … la pregunta era a quién le íbamos a hacer la visita, para qué íbamos a hacer
la visita, cómo íbamos a hacer la visita, si valía la pena hacer la visita. Todo eso, una
vez que se ingresó acá, es como que se hicieron todas las preguntas al mismo tiempo,
como una especie de gran magma de preguntas y de hipótesis, de por qué no museo, por
qué sitio, discutimos qué era la memoria […] (Entrevista a los/las coordinadores/as,
2017).

Tras la firma del Convenio en octubre de 2004, el ex Olimpo comenzó a formar


parte de una política pública de memoria. Desde entonces, estaba claro para los/las
participantes de la Mesa y para el equipo que no alcanzaba con preservar el predio, sino
que era fundamental comenzar a generar acciones que permitieran cumplir con el
imperativo de recuperar ―la memoria histórica de los crímenes del terrorismo de Estado‖
y promover ―los derechos humanos y los valores democráticos‖.
En primer lugar, tuvieron que ocuparse de que la gente empezara a referenciar al
Espacio como un sitio de memoria y se animara a visitarlo. Los primeros grupos de
visitantes que llegaron fueron escolares y universitarios. Durante los primeros años, las

50
visitas fueron a demanda y luego, cuando el equipo incorporó nuevos/as integrantes,
salieron a ofrecer las propuestas a distintas instituciones.47

Andrea: Cuando entramos acá no había nada, prácticamente nada más que una línea de
teléfono. Empezaron llamando allá, a donde estaba Gabriela [Alegre], a la Secretaría de
Derechos Humanos de la Ciudad, y después se fue instalando que nos podían llamar
acá. En ese periodo, entre Gabriela y Margarita [Jarque],48 después nosotros hicimos
una página web, la hicimos en el verano entre 2006 y 2007, y ahí también hubo gente
que se empezó a contactar por mail y por la página y... después, ya en 2007, como ya
estábamos trabajando acá, empezaron a llegar. Creo que fue de ayuda el acto de la
escuela primaria n°2. [Los actos conmemorativos del 24 de marzo] se empezaron a
hacer acá, adentro. Ellos lo hacían históricamente afuera, pero cuando se recuperó el
lugar lo hicieron acá y eso le dio como cierta circulación de boca en boca. Nunca
tuvimos la suerte de tener ninguna institución de la que dependiéramos que diera alta
publicidad a lo que se hiciera, entonces fue más artesanal. Después si, hicimos carpetas
y fuimos a los colegios (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Además del efecto del ―boca en boca‖ entre las escuelas y la difusión ―artesanal‖
realizada por los/las integrantes del equipo, llegaron visitantes a través de la articulación
con los equipos de otros sitios de memoria que en ese entonces se estaban poniendo en
funcionamiento:

Fernando: La teoría del derrame funciona en algunos casos [risas]. La ESMA no estaba
en condiciones de absorber la cantidad de demanda que tenía, bueno ahora también,
entonces también empezaron a llegar muchos de ahí.
Mariana: ¿Y ellos los recomendaban desde ESMA?
Andrea: Los compañeros. Cuando decimos los compañeros, son los guías. Que son los
únicos que estaban ahí, más o menos unas cinco personas. Además nosotros armamos
una Junta Interna el mismo verano, entre 2006 y 2007, de trabajadores de sitios de
memoria. Éramos nosotros, los del Parque de la Memoria, los de la ESMA y los
poquitos que habían quedado en la Secretaría de Derechos Humanos cuando Gabriela
[Alegre] se fue49 (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

47
Actualmente, entre las propuestas para las instituciones del sistema educativo, además de las visitas
guiadas para jóvenes y adultos/as, se ofrecen otras para los niveles inicial y primario, actividades
coordinadas por los/las ―Abuelos/as relatores/as‖ sobre cuentos prohibidos durante la última dictadura.
Desde 2007, se realizan talleres sobre temáticas vinculadas a los derechos humanos específicamente para
primaria en el espacio de la Biblioteca. Según un ex integrante del equipo, a diferencia de las visitas
guiadas, decidieron (aunque hubo discusiones internas) que no se visite el ―pozo‖ con los/las más
pequeños/as ya que ―pueden hacerlo cuando sean más grandes‖ o ―acompañados por sus familias‖ y estén
―más preparados (tanto ellos/as como los/las guías) para enmarcar esa experiencia‖ (Conversación
informal con Daniel, 2014).
48
Como hemos explicado, Gabriela Alegre se desempeñó como titular de la Subsecretaría de Derechos
Humanos de la Ciudad, hasta que esta se disolvió en 2006, y luego asumió como Coordinadora de la
Unidad Ejecutora de Proyectos sobre Sitios de Memoria. Permaneció en el cargo unos meses, hasta que
presentó su renuncia y fue reemplazada por Margarita Jarque, abogada, ex diputada nacional por el Frente
Grande y colaboradora de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires. Jarque
duró en el cargo aproximadamente un año, hasta la asunción del nuevo Jefe de Gobierno, Mauricio Macri,
en el año 2007 (Guglielmucci, 2013).
49
Actualmente la Junta está conformada por trabajadores/as de los Sitios de Memoria Ex Centros
Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio Olimpo, Atlético, Orletti, Virrey Cevallos y ESMA, y
51
A diferencia de lo que ocurrió con las instituciones educativas que fueron
llegando poco a poco al sitio, desde la apertura fue necesario desarrollar –en paralelo a
la oferta de las visitas y de los talleres antes mencionados– distintas líneas de acción
para atraer a otros públicos. Los/Las trabajadores/as del equipo cuentan que muchos/as
vecinos/as no se animaban a entrar al sitio cuando se fue la Policía, por los sentidos que
seguían aún inscriptos en la materialidad.
Para revertir esta situación, realizaron de forma autogestiva talleres (de Historia,
Teatro, Tango, Guitarra, Murga, Telar comunitario, Género, entre otros), jornadas,
charlas, encuentros, proyecciones de películas, presentaciones de libros, peñas, y otras
actividades de tipo participativo y cultural, a las que se sumaron la puesta en marcha de
una radio comunitaria y otras acciones fruto de la articulación con otras instituciones.
Por ejemplo, se puso en funcionamiento una escuela de finalización de la primaria,
talleres de formación en oficios mediante convenios con el Ministerio de Trabajo, y la
instalación, en agosto de 2013, de un Núcleo de Acceso al Conocimiento (NAC) a
través de los Ministerios de Justicia y Planificación.50 Según una de sus gestoras:

Nosotros lo vemos desde la ampliación de derechos. Todas estas actividades que no son
estrictamente visitas, ni investigación con materiales vinculados con la existencia del
lugar o con la dictadura, pero que sí son actividades que hacen a la inclusión, como si
fuese un centro de ampliación de derechos que tiene una pata cultural, una pata de
formación de oficios, una pata educativa y que va incorporando las necesidades que van
apareciendo y las propuestas que trae el territorio a partir de la Mesa de Trabajo y
Consenso (Trabajadores de Museos, 2014).

En estas palabras observamos cómo la realización de estas actividades se vincula


con el objetivo que se planteó la Mesa desde el comienzo de la ―recuperación‖ de tomar
un rol activo en la vida común y política, favoreciendo la reflexión sobre los derechos
humanos en el presente e interviniendo para contribuir a su cumplimiento.
Por último, otra acción destinada a acercarse a otros públicos, pero
fundamentalmente a los/las vecinos/as del barrio, fue la creación de la Biblioteca
Pública y Popular ―Carlos Fuentealba‖, inaugurada el 29 de septiembre de 2007 y
bautizada con ese nombre en homenaje al maestro y militante gremial asesinado en abril

del Parque de la Memoria. Más allá de ser un espacio sindical, funciona como un lugar para compartir
experiencias entre trabajadores/as que asumen cotidianamente problemáticas similares.
50
Un elemento a destacar es que estas actividades se realizan en el sector ―público‖ del predio, quedando
reservado el espacio del ―pozo‖ para las visitas guiadas.
52
de ese mismo año durante una manifestación brutalmente reprimida por la policía de
Neuquén.51
Entre esta diversidad de propuestas y modos de vinculación con la comunidad,
las visitas guiadas al público fueron el principal mandato que tuvo que asumir el equipo,
no es casual que sus primeros/as trabajadores/as fueron contratados como ―guías‖. Si
bien, como señala uno de los/las coordinadores/as, en ese momento otros ex CCDTyE
estaban atravesando procesos de ―recuperación‖ o ya habían sido ―recuperados‖ como
la ex ESMA, la construcción de un relato anclado en la materialidad de estos espacios
era aún un camino que había que comenzar a andar. Como expresa Andrea, la entrada al
predio habilitó un ―magma de preguntas‖ para las cuales había que construir respuestas.
A continuación, reconstruimos las principales discusiones que se dieron en
relación con la definición de una narrativa y de las estrategias para comunicarla, como
así también los acuerdos que fueron construyendo los/las trabajadores/as del equipo en
conjunto con la Mesa. Ordenamos la exposición con las preguntas nodales que orientan
el diseño de un proyecto pedagógico: qué, para qué, para quién, cómo y con qué.

4.1.¿Qué contar y para qué? La búsqueda del sentido

Como hemos explicado, desde un principio hubo consenso en que el recorrido


no replicara el horror ni provocara parálisis. En el libro Ex Centro Clandestino de
Detención, Tortura y exterminio ´Olimpo´ realizado por el equipo y la Mesa leemos: 52

Las voces [de los/las integrantes de la Mesa y del equipo] coinciden en señalar la
importancia de superar una memoria literal en el relato sobre estos ―sitios de memoria‖.

51
Hoy en día la Biblioteca cuenta con un amplio número de ejemplares sobre ciencias sociales, historia
argentina y latinoamericana, filosofía, derechos humanos y literatura. A los que se agrega una colección
especial de libros censurados durante la última dictadura que se enmarca en un proyecto de investigación
llamado ―El retorno de lo prohibido. Libros censurados, escondidos y quemados en la última dictadura
militar argentina (1976-1983)‖. Este tiene como objetivo, además de dar a conocer estos textos y las
diferentes aristas de la política cultural de la dictadura, abrir la reflexión sobre los modos en los que esos
libros sobrevivieron a la represión gracias a las prácticas de resistencia de editores/as, libreros/as y
lectores/as que atesoraron esos ejemplares.
52
Se trata de un libro impreso en papel ilustración de unas ochenta páginas editado en 2010 y 2012 por el
Instituto Espacio para la Memoria (IEM). Como explica Messina, este ―constituye tanto un instrumento
de comunicación y difusión de las actividades y proyectos desarrollados desde la ´recuperación´ del ex
Olimpo, como un instrumento de balance en torno a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.‖
(2010, p. 181). En sus páginas encontramos textos informativos, testimonios, planos, fotografías,
fragmentos de cartas y poesías enlazados por una narración en primera persona del plural que expresa
claramente los fundamentos que sustentan las prácticas del Espacio y su vínculo con la comunidad.
53
Una memoria que solo recupere las prácticas represivas y el horror de la experiencia
concentracionaria, corre el riesgo de posibilitar que el dispositivo represivo de los
´centros clandestinos´ siga operando en la actualidad; generando miedo e
inmovilización. Y, precisamente, el ‗para qué‘ que se persigue es el inverso a esa
posibilidad (Mesa de Trabajo y Consenso del ex Centro Clandestino de Detención
Tortura y Exterminio ―Olimpo‖, 2011, p. 58)53

En la línea que propone Todorov (2000), cuando los acontecimientos dolorosos


del pasado son leídos de forma literal, permanecen intransitivos, es decir, nos atan al
pasado y obstruyen la posibilidad de analizar, comparar y encontrar características
comunes con las experiencias que atravesamos en el presente. En este sentido, para
los/las integrantes de la Mesa y del equipo, si uno de los objetivos centrales de la
dictadura fue romper los lazos sociales a través del terror, no solo se debía evitar dar
una descripción detallada de la tortura, sino también recuperar otros aspectos de la
experiencia concentracionaria. La ―materia prima‖ para la construcción del relato debía
estar, entonces, en los testimonios de los/las sobrevivientes:

Andrea: Nosotros decimos: esta es la única fuente que tenemos. Queremos que al
menos el chico entienda que esta es una construcción que se hace desde una voz que
tiene un cuerpo, que tiene una experiencia. Desde una subjetividad. Es algo que no fue
menor para nosotros poder plantear eso. En algún punto eso sí que era un imponderable,
porque no sabíamos hasta qué punto eso que estábamos escuchando lo podíamos
convertir en un dispositivo didáctico, pedagógico. Pero teníamos que intentar hacerlo
(Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

El desafío de convertir la experiencia de los/las sobrevivientes en la base


narrativa de la visita tenía que ver, en principio, con la necesidad de llenar de sentido un
espacio a primera vista ―vacío‖.54 Pero además se presentaban otras cuestiones: la
imposibilidad de reponer aquella experiencia en su completitud, puesto que en gran
medida las vivencias de quienes estuvieron allí secuestrados/as es intransferible,55 y la
dificultad de que esas historias dolorosas lograran transmitir la lucha y la resistencia.
Por último, otra de las preocupaciones que se les presentó fue el riesgo de que las
experiencias individuales quedaran escindidas de la experiencia colectiva.
53
Los destacados son nuestros.
54
El término ―vacío‖ aparece encomillado, ya que si bien, tras las transformaciones que sufrió el predio,
no existe una infraestructura material que permita ver de modo transparente lo que allí ocurrió durante el
funcionamiento del CCDTyE, es un espacio que presenta distintas capas de sentido atribuidas por
diversos actores sociales a lo largo de su historia.
55
Según el sobreviviente de Auschwitz, Primo Levi (2000 [1989]), la transmisión de experiencias pasadas
siempre será inexacta por el carácter dinámico y selectivo de la memoria. Pero también por el hecho de
que quienes podrían dar cuenta del plan de exterminio consumado, los ―verdaderos testigos‖, no están y,
por ende, las palabras de ―los salvados‖ (los/las sobrevivientes) siempre serán incompletas. La
experiencia total del horror, sería entonces inenarrable y, por ende, intransmisible.
54
Así fue que acordaron la necesidad de producir un relato histórico que pudiera,
por un lado, dar cuenta de las causas que hicieron posible el terrorismo de Estado y, por
el otro, inscribir la experiencia concentracionaria de los/las sobrevivientes en una
historia más general (y compartida con los/las visitantes). En este punto, hubo debates
en torno al recorte temporal que convenía usar. Algunos/as propusieron que había que
―contar la historia completa del predio‖ (Messina, 2010, p. 153) y, por ende, comenzar
el relato a principios del siglo XX, poniendo de relieve la significación del lugar para el
barrio como Terminal de tranvías primero y de colectivos después.56 Pero la mayoría de
los/las integrantes de la Mesa coincidió en que debía priorizarse la historia del predio
como CCDTyE y su inscripción dentro del circuito represivo A-B-O, puesto que allí
radica su especificidad como política pública de memoria.
No obstante, no estaba claro dónde empezar a narrar esa historia. Algunos/as
sostuvieron que el relato debía comenzar en 1930, otros/as en 1945 e incluso algunos/as
propusieron empezar a narrar en 1492, con la conquista de América. La definición de
una cronología variaba de acuerdo con la interpretación histórica y política que hacía
cada actor dentro de la Mesa y con las memorias que querían priorizar. Ante la
necesidad de establecer un recorte temporal, lo que se estaba discutiendo era qué
memorias iban a estar incluidas en el relato y, como contrapartida, cuáles quedarían
rezagadas.

Fernando: Fue una decisión que nosotros tomamos de entrada, que nosotros queríamos
hacer política y el espacio tenía que servir para hacer política […] porque cuando varios
compañeros que sobrevivieron nos plantean ´la verdad que esto, no dice una mierda de
nuestros compañeros´, ´no dice una mierda de nuestra experiencia concentracionaria‖,
―son espacios vacíos´... La discusión que la atraviesa y que la salda es la que nos
habilita el espacio a decir un montón de otras cosas. Para bajar ese grado de abstracción
de ser vallas contra el autoritarismo, bueno, tenemos que convencer un montón de
gente, persuadir un montón de gente de que el proceso revolucionario se puede reponer.
Y que eso va a ser la única manera de hacer justicia con nuestros muertos. Y para eso
tenemos que generar organización, y la forma en que tratamos de hacerlo, entre otras
cosas, es sumando el espacio a esa construcción de conciencia crítica.
Andrea: Por lo menos a la sensibilidad…[risas]
Fernando: Bueno, después fuimos más humildes [risas]
Andrea: Yo quiero que se abran a la sensibilidad, a la empatía, al encuentro con el otro
y no a su destrucción, por lo menos…
Clara: Yo creo que siempre fuimos en el camino de que la resistencia, las luchas
anteriores, las organizaciones político-militares, etcétera, son parte del proceso de las
luchas populares. Es eso, este es un espacio de las luchas populares que no empezó en
1960 y terminó en el 83, sino que es una oportunidad de mostrar un espacio y un tiempo

56
Esta idea fue propuesta por los/las vecinos/as nucleados/as en la GAO, quienes sostenían que, en tanto
el Olimpo constituyó un hito en el desarrollo urbanístico de la ciudad, debía contarse la historia del predio
―desde los comienzos‖, para no ―faltarle el respeto a la identidad del barrio‖ (Messina, 2010, p. 153).
55
de esas luchas populares que comenzaron hace tanto y continuarán o continúan,
esperemos, hasta llegar a hoy.
Fernando: Porque además somos marxistas y hacemos esa lectura de la Historia.
Clara: Esto es un cacho de esa historia de los pueblos (Entrevista a los/las
coordinadores/as, 2017).

La decisión de transcribir este diálogo extenso se debe a que presenta algunos


elementos que consideramos relevantes para comprender el sentido que le dan los/las
trabajadores/as del equipo al proyecto pedagógico del Espacio. Si bien observamos
matices en las posturas de cada uno/a, que van desde la explícita autodefinición de
Fernando como ―marxistas‖ hasta la propuesta de una pedagogía fundada en la empatía
de Andrea, los tres muestran que parten de una perspectiva historiográfica concreta (y,
por lo tanto, ponderan unas memorias sobre otras) y que tienen un posicionamiento
claro y definido respecto de los objetivos de su propuesta, que busca la conmoción y el
compromiso de los/las visitantes para promover la acción política.
Así, la recuperación de la voz de los/las sobrevivientes tiene como objetivo
último trascender la ―memoria literal‖ para –mediante la reivindicación de sus
militancias– convertir al pasado en principio de transformación en el presente. Pero
también observamos cómo el equipo se hace cargo de la responsabilidad de ―hacer
justicia‖ por los/las que ya no están. Aunque son conscientes de que la reparación es en
última instancia imposible, la recuperación de la lucha de los/las ―compañeros/as‖, de
sus acciones de resistencia aun estando en cautiverio y de sus actos solidarios pese a las
diferencias, pueden ser, desde sus miradas, un vehículo para movilizar la acción
colectiva:

Clara: Algunos [―compañeros/as‖] se conocían de antes, porque fueron de distintas


organizaciones, pero la mayoría se conocieron acá y resistieron juntos, sufrieron juntos
y murieron juntos. Entonces, una de las lecciones que por ahí tenemos que transmitir de
alguna manera a los que vienen a visitar es: si ellos lo pudieron hacer en el momento
más dramático de su vida, e incluso de su muerte, por qué hoy con la libertad que
tenemos, en democracia, no lo podemos hacer (Entrevista a los/las coordinadores/as,
2017).

Esta certeza de que la memoria de los/las sobrevivientes debía ser la fuente que
le diera cuerpo y legitimidad al relato, fue acompañada por otra que surgió con claridad

56
durante la primera visita de un grupo de estudiantes secundarios/as de Junín (Provincia
de Buenos Aires) a los pocos meses de la ―recuperación‖ del sitio:57

Andrea: Yo siempre marco la [visita] de Junín, porque fue la primera vez que vino una
escuela. Desde un lugar lejos, vinieron a hacer la visita. Y lo primero que nos dijeron
los chicos fue: ¿cómo puede ser que esto esté en un barrio? ¿cómo puede ser? ¿qué
sabía la gente? Eso era lo que más les preocupaba y nosotros estábamos armando algo
hacia adentro. O sea, dábamos cuenta del barrio, a través de la organización barrial que
luchó para el desalojo de la Policía, para que se construyera el sitio de memoria...
Nosotros tuvimos que hacernos cargo de eso también, pero no hubiésemos podido si esa
pregunta no la tenían también ellos. Y cuando digo ellos, digo los sobrevivientes,
porque la Mesa de Trabajo y Consenso tenía supuestos, algunos porque son del barrio y
ya conocían, y otros porque tenían supuestos propios de sus propias experiencias…
(Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Las preguntas de los/las jóvenes estudiantes reforzaron los supuestos que se


venían discutiendo en la Mesa y pusieron en evidencia que no se podían entender las
condiciones que hicieron posible la existencia del CCDTyE si no se recuperaban
también otras voces que dieran cuenta del alcance del accionar del terrorismo de Estado.
De esta manera, los vínculos entre el ―adentro‖ y el ―afuera‖ del CCDTyE tomaron
forma en el relato a partir de la inclusión de las memorias de los/las vecinos/as. Estas
voces permitían repensar, además, dos cuestiones que, por su ambigüedad, suelen
despertar polémica a la hora de abordar la transmisión de experiencias pasadas: las
distintas formas de colaboración civil y la noción de ―víctima‖. La inclusión de los
recuerdos y las anécdotas de los/las vecinos/as permitía acceder al grado de
conocimiento que estos tenían sobre el funcionamiento del CCDTyE durante la
dictadura pero, a la vez, abría la posibilidad de ampliar los límites de la categoría de
―víctima‖, incluyendo tanto a los/las detenidos/as-desaparecidos/as y sus familiares,
como a los/las que vivían en torno al predio quienes, sabiendo a medias lo que allí
ocurría, callaron o no supieron cómo denunciar en el marco de un terror que atravesó
todo el tejido social.

57
Dado que cuando se produjo el ingreso al predio, las condiciones edilicias eran muy precarias (como ya
mencionamos, apenas había una línea telefónica) esta primera visita fue gestionada por la Unidad
Ejecutora de Proyectos de Sitios de Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la
Ciudad a cargo de Gabriela Alegre.
57
4.2.¿Cómo contar? La construcción de los dispositivos didácticos

Algo que estuvo presente desde de la definición de los ejes nodales del relato,
fue la preocupación por el diseño de dispositivos didácticos potentes para transmitirlo.58
A continuación analizamos aquellos que tuvieron –y aún hoy tienen– un lugar destacado
en la propuesta.

4.2.1. Las historias de vida de las personas detenidas-desaparecidas y sus


fotografías

El primer dispositivo que se usó en las visitas fueron las fotos de las personas
detenidas-desaparecidas vistas en el ex Olimpo: 59

Andrea: Nosotros tuvimos siempre esto: hagamos el laburo y después vemos cómo
hacemos que se haga […] Teníamos todas las fotos y había sido la identificación de los
compañeros por el equipo Argentino de Antropología Forense e iban a hacer una
conferencia de prensa acá y no podíamos poner fotocopias de fotos contra la pared...
Entonces, digo, porque la política pública se construye así, no fue una lluvia de bienes,
sino que cada cosa tiene su historia, todos los muebles, todo lo que llegó. Entonces, es
muy interesante eso porque me parece que las fotos después fueron el primer recurso
que tuvimos disponible para hablar de los compañeros con sus rostros y sus apodos y
sus nombres y sus fechas de caída ahí, y eso cambió ostensiblemente las visitas, lo
transformó, porque no hubo nadie que entrara acá que no viera las fotos primero y
quisiera saber por qué esa foto no tiene nombre, o por qué ese nombre no tiene una foto,
o por qué ese chico era tan chiquito... Entonces ahí, fue una intención después nuestra
de dirigir la mirada a esas fotos, pero a partir de lo que a los chicos les pasaba con eso
(Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

De este fragmento se desprenden dos cuestiones interesantes. Por un lado, las


gestiones que fueron necesarias para poder poner en práctica los recursos materiales y,
por el otro, el sentido pedagógico que adquirieron las fotos en el contexto de las visitas.
El primer punto se relaciona además con algo que comentamos anteriormente: la
relación con el Estado. En las palabras de los/las coordinadores/as esto aparece de modo
recurrente. Según cuentan, desde el comienzo de la puesta en valor del sitio de memoria
los recursos económicos fueron escasos, lo cual implicó que la mayoría de las acciones

58
Aunque los/las entrevistados/as utilicen indistintamente los términos ―recurso‖ y ―dispositivo‖, aquí
elegimos usar ―dispositivo didáctico‖ porque da cuenta de la conjunción entre los recursos materiales y
las formas de interacción propuestas con el fin de alcanzar determinados objetivos pedagógicos (Morales,
Lenoir y Jean, 2012)
59
Nos referimos a las personas de las que se tiene registro, a partir de los testimonios de los/las
sobrevivientes, de que estuvieron secuestradas en el lugar.
58
–como la señalización del lugar, la recuperación de las marcas espaciales, el armado de
la cartelería, entre otras– se hicieran ―a pulmón‖ por los/las integrantes del equipo en
coordinación con la Mesa. Esta posición periférica del ex Olimpo (en el sentido de que
estuvieron menos observados/as por el Poder Ejecutivo Nacional), aunque dificultó o
demoró la concreción de algunas acciones, es leída por ellos/as como una oportunidad,
en tanto hizo que tuvieran mayor libertad para definir el contenido de lo que querían
contar y el mejor modo para hacerlo.
El caso de las fotos fue clave en este sentido porque permitió ponerle un rostro a
los/las detenidos/as-desaparecidos/as y, así, dirigir la mirada de los/las visitantes hacia
el eje de lo que querían transmitir. Como sostiene Joël Candau, ―reencontrar el nombre
de una víctima es sacarla del olvido, hacerla renacer y reconocerla devolviéndole un
rostro, una identidad.‖ (2008, p. 65). Pero también porque junto con las fotos y los
nombres propios, aparecían los apodos de militancia, lo cual significaba una toma de
posición respecto de qué aspectos se querían destacar de las personas que estuvieron allí
secuestradas.
Esta articulación entre investigación, transmisión y gestión constituyó una
característica constante del equipo desde la creación del sitio de memoria. Para poder
llevar a cabo los objetivos que se planteaban en la visita, se volvió imprescindible la
puesta en diálogo de la información disponible (las listas de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as vistos/as en el ex Olimpo proporcionadas por los/las sobrevivientes,
las investigaciones académicas sobre el terrorismo de Estado en general y sobre los
CCDTyE en particular, los datos obtenidos en las instancias judiciales, entre otros) y la
producción de nueva información. Para ello, el equipo desplegó distintos proyectos de
investigación en paralelo al diseño de su propuesta pedagógica.
El primero en llevarse a cabo fue el Proyecto Historias de vida de los detenidos-
desaparecidos vistos en el CCDTyE “Olimpo” que respondió…

… a la necesidad de reponer identidad a la figura del detenido-desaparecido, a la


necesidad de reparación simbólica que la apertura de los ex CCDTyE como sitios de
memoria supone, a la necesidad de construir dispositivos educativos que hagan posible
un aprendizaje significativo de la historia reciente y sus puentes y entrecruzamientos
con la actualidad (Mendizábal y Portos, 2014, párr.1).

En distintas etapas, la investigación recopiló entrevistas a familiares,


compañeros/as de militancia y cautiverio, amigos/as, compañeros/as de trabajo, y a otras
personas allegadas a los/las detenidos/as-desaparecidos/as, que pasaron a integrar el
59
archivo audiovisual del Programa del ex CCDTyE Olimpo. Luego, estas entrevistas
sirvieron de insumo para el armado de carpetas/álbumes que reúnen a modo de collage
diferentes papeles, fotos, documentos, cartas, anécdotas, etcétera, que dan cuenta de la
historia de vida de cada ―compañero/a‖. Este trabajo buscaba completar (pero no
clausurar) el camino iniciado con la búsqueda y exhibición de las fotos y, a la vez,
recuperar la dimensión afectiva de las trayectorias personales de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as, en tanto cada carpeta habla del recuerdo que sus seres queridos tienen
de ellos/as.

Clara: El compañero no está, pero la carpeta está abierta, porque aparece alguien que te
agrega una anécdota, que te dice ´yo lo conocí´. Esto de las consignas... sabemos qué
significa ´PRESENTES´, pero eso en la carpetas está. Hay una cosa del afecto... y en las
visitas los chicos se identifican muchísimo por cosas que a uno no le llaman mucho la
atención, por ejemplo, ´ah... mirá estudiaba...´. Una vez una chica dijo: ´va a estudiar lo
que yo quiero estudiar´... Y viste... bueno... es como que no se... aparece el compañero
en la historia (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Las carpetas, que se exhiben desde diciembre de 2010 en una muestra


permanente llamada Eso que no pudieron destruir. Muestra sobre historias de vida de
Detenidos-Desaparecidos vistos en el ex CCDTyE ´Olimpo´ funcionaron como un
dispositivo más para poner en juego en las visitas las trayectorias vitales de los/las
detenidos/as-desaparecidos/as.60 Pero también significaron para el equipo una forma de
reponer una comunidad entre ellos/as (los/las trabajadores del sitio de memoria) y
los/las sobrevivientes (Mendizábal y Portos, 2014).
Como explican los/las integrantes del equipo, el propio funcionamiento de la
Mesa también repuso otra comunidad: entre los/las vecinos/as organizados/as que
lucharon por la ―recuperación‖ del predio, los/las sobrevivientes, los/las familiares y los
demás actores políticos, que dio origen a un nuevo proyecto de investigación llamado
Memorias de vecindad. Este proyecto, llevado a cabo entre 2007 y 2009, contó con la
participación de los/las integrantes del equipo, de los/las sobrevivientes y de otros/as
profesionales de las Ciencias Sociales y se desarrolló en tres etapas. En la primera, se
elaboraron encuestas semiestructuradas a los/las habitantes de las inmediaciones del
predio para relevar sus representaciones sobre el Olimpo en relación con su pasado
como CCDTyE y con el proceso de ―recuperación‖. En la segunda etapa, se realizaron

60
Además de formar parte, como explicamos en el segundo capítulo, de uno de los momentos de la visita
guiada, la muestra puede visitarse de forma autónoma de Lunes a Viernes de 10 a 17 horas, con acceso
libre y gratuito.
60
entrevistas en profundidad a algunos/as vecinos/as que pasaron a formar parte, al igual
que las entrevistas del proyecto Historias de vida, del archivo audiovisual del Programa.
Por último, en la tercera etapa, se realizó una devolución a los/las vecinos/as de las
conclusiones de la investigación mediante un corto audiovisual que luego se sumó como
dispositivo de transmisión a las visitas.61
De esta manera, ambos proyectos de investigación se complementaron entre sí y
proporcionaron nuevos datos que se pusieron en diálogo en el relato. Las memorias de
los/las vecinos/as en relación con el lugar, permitieron dar cuenta de la permeabilidad
de las fronteras espaciales del CCDTyE, completar el testimonio de los/las
sobrevivientes sobre su funcionamiento e incluir sus acciones en relación al proceso de
―recuperación‖.
De hecho, durante los primeros años de funcionamiento del sitio de memoria, la
visita guiada comenzó con la proyección de un video institucional que resumía, en una
secuencia de imágenes y textos, estas tres aristas: las memorias de los/las vecinos, las
historias de vida de los/las detenidos-desaparecidos y las actividades que se realizan en
el predio a partir de su ―recuperación‖ para, a partir de allí, abrir la conversación con
los/las visitantes y preparar el ingreso al ―pozo‖. Si bien en la actualidad no se está
proyectando el video en las visitas, debido a una ―saturación‖ de los miembros del
equipo por haberlo visto reiteradas veces, estas tres líneas siguen siendo directrices en el
recorrido.

4.2.2. El video institucional

El audiovisual institucional, carta de presentación del Espacio, tiene cinco


minutos de duración.62 Mientras suena de fondo el tema musical Tristeza, Separación de
Astor Piazzolla y el Quinteto Tango Nuevo, se suceden al comienzo –sobre fondo negro

61
Según explica Guglielmucci, quien formó parte del equipo en sus dos primeros años de
funcionamiento, como el desalojo de la Policía no fue anunciado en un acto oficial ni del gobierno
nacional ni del gobierno metropolitano, no obtuvo la visibilidad en el espacio público que tuvo el desalojo
de la Armada en el ex ESMA. Esto hizo que fuera difícil en un comienzo que los/las habitantes del barrio
identificaran al predio como un sitio de memoria. Este proyecto respondió entonces a la necesidad de
informar a la población sobre las actividades de la Mesa y convocar a los/las vecinos a acercarse
nuevamente al predio (2013). Para conocer mejor los resultados del proyecto Memorias de vecindad
Véase: Mendizábal, Méndez, Portos, Korzin, Cerruti y López, 2012 y Cerruti, López, Méndez,
Mendizábal, Portos, 2011.
62
Puede ver en línea en: [Link] (Consulta: 19-05-
2020).
61
y con letras blancas– placas informativas sobre el lugar: su emplazamiento en la Ciudad,
los años durante los cuáles estuvo en funcionamiento, la cantidad de personas que
pasaron por allí y su rol dentro del circuito represivo. En una de ellas se explica la
identidad de los/las secuestrados/as de la siguiente manera:

Las personas que fueron detenidas y desaparecidas en este Centro Clandestino de


Detención eran militantes de organizaciones políticas, sociales y sindicales que fueron
perseguidas por sus prácticas militantes y su persistencia en la búsqueda de lograr una
sociedad incluyente y justa.63

Mientras esta leyenda permanece fija, trascurren en el lateral inferior derecho


fotografías de movilizaciones previas al golpe de Estado de 1976 en las que se pueden
ver jóvenes sosteniendo banderas de Montoneros/FAP y de la Unión de Estudiantes
Secundarios.
Posteriormente, siguiendo el mismo criterio estético, el video se posiciona sobre
la ―recuperación‖ del lugar del siguiente modo: ―En 2005 en respuesta a la persistente
lucha de vecinos, organizaciones barriales, de derechos humanos, familiares y
sobrevivientes, el Estado Nacional decidió el desalojó de la Policía Federal‖.64 Mientras
tanto, aparecen fotografías de algunas de las manifestaciones que ocurrieron en la puerta
del ex CCDTyE previo a dicho desalojo con la inscripción ―¡Basta de promesas! Fuera
la policía‖ para dar paso, en la siguiente placa, a fotografías del lugar habitado por
visitantes en el marco de diversas actividades: recorridos por la sala Historias de vida,
proyecciones –se ve en la imagen Las AAA son las tres armas (Cine de la Base
Argentina, 1977)– actos conmemorativos, narración oral, radio comunitaria y visitas
guiadas. Entre estas fotografías se destaca la presencia de estudiantes, al parecer de la
escuela primaria, con sus guardapolvos blancos transitando el sitio.
En el último tramo del video la música cambia por Vidala del que no está de
Juan Falú, Willy González y Rodolfo Sánchez, y se presenta la sala Eso que no
pudieron destruir. Muestra sobre historias de vida de Detenidos-Desaparecidos vistos
en el ex CCDTyE ´Olimpo´. A partir de allí se suceden fragmentos muy breves de
personas recorriendo la exhibición, leyendo las carpetas/álbumes (en plano detalle) y
observando la cartelería de las paredes. A modo de introducción de la sala, una de las
placas dice: ―Contar la vida del amigo, hermano, compañero, marido, colega
desaparecido es contar la vida con él y la vida luego de la desaparición, de la

63
Los destacados son nuestros.
64
Los destacados son nuestros.
62
violencia‖.65 Finalmente, el audiovisual concluye con un listado de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as vistos/as en el ex Olimpo, junto con sus fotografías y con la consigna
―Compañeros detenidos-desaparecidos: ¡Presentes ahora y siempre!‖.
El video funciona como una carta de presentación del Espacio en la que
podemos identificar en pocos minutos los posicionamientos centrales del Programa para
la Recuperación de la Memoria sobre el ex CCDTyE ―Olimpo‖: la perseverancia y
firmeza en la lucha tanto de los/las militantes de ayer como de los/las militantes del
presente y la valoración de la organización ―desde abajo‖, es decir, de las agrupaciones
de la sociedad civil que presionan al Estado para conseguir sus reivindicaciones.
Asimismo, los temas musicales elegidos, junto con los rostros en primer plano de los/las
detenidos/as, dotan de gran emotividad al audiovisual, produciendo un efecto
conmovedor y empático con las víctimas.

4.2.3. El poemario: “bajar a tierra” la experiencia de los/las “compañeros/as”

A la par del montaje de la sala ―Historias de vida‖, a partir de 2011 los/las


trabajadores/as del equipo comenzaron a incluir paulatinamente otro dispositivo que
terminó ganando un lugar importante en las visitas. Se trata de una selección de poemas
escritos por Roberto Omar Ramírez, alias ―El Viejo Guillermo‖, incluidos en el libro
Eso no está muerto, no me lo mataron (1986).66 El título del libro alude a la canción
Santiago de Chile, escrita por Silvio Rodríguez al enterarse del golpe militar y del
asesinato de Salvador Allende.67 Así como la canción recupera el recuerdo de los días
compartidos por el cantautor cubano y sus pares chilenos –entre ellos, Víctor Jara y
Violeta Parra– antes de los fatídicos acontecimientos de La Moneda, en el poemario ―El
Viejo Guillermo‖ rescata algunos recortes de la vida cotidiana durante su experiencia
concentracionaria para que no queden en el olvido. Es así que los poemas constituyen,
por un lado, un aporte al conocimiento de lo ocurrido en los CCDTyE durante la última
dictadura y, por el otro, una forma de honrar a los/las ―compañeros/as detenidos/as-
desaparecidos/as‖.
65
Los destacados son nuestros.
66
La selección de poemas utilizada en las visitas puede consultarse en el Anexo.
67
Roberto Omar Ramírez fue militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores primero y del
Grupo Obrero Revolucionario después, sobreviviente de los CCDTyE El Banco, Olimpo, el Pozo de
Quilmes y de la Escuela de Mecánica de la Armada. Recuperó su libertad a fines de 1979 y marchó al
exilio en Suecia, donde escribió y publicó siete años después el poemario.
63
Al analizar los poemas distinguimos, 68 en general, que el autor construye un ―yo
lírico‖ que se desdobla. En efecto, oscila en el uso de la primera persona del singular, en
tanto sujeto que recupera y comparte recortes de su experiencia concentracionaria
individual, y una primera persona del plural que representa, de algún modo, los actos de
resistencia llevados adelante por otros/as compañeros/as detenidos/as. Dicho de otra
manera, más allá de la memoria individual, se da conocer una experiencia colectiva
mayor.
Por otra parte, en los títulos de los poemas advertimos el deseo de recuperar y
retener los nombres de los/las ―compañeros/as‖. Elías, Horacio, Mariano, Inés, Pequi,
Mori, Willy, Matías, Darío y Guarincho son los/las protagonistas de pequeñas historias
y vivencias que no perecieron. De hecho, el "yo lírico" en ocasiones se dirige a ellos/as,
construye un "tú lírico" que está vigente aún: el de los/las otros/as detenidos/as,
eternizados/as con la palabra.
En cada poema, a su vez, se ve un esfuerzo por contarlo todo, una pretensión de
que cada relato condense todo lo que se puede decir de esa persona, de esa escena, de
ese episodio, de ese lugar. En este sentido, se destaca el uso de comillas, que intentan
reproducir lo más fielmente posible los hechos, recuperar cada palabra y cada gesto de
los/las ―compañeros/as‖ que ya no están. Asimismo, el uso del lenguaje es sencillo y
claro. Más allá de algunas comparaciones, repeticiones y metáforas (la mayoría de ellas
ligadas a la jerga del universo concentracionario, como ―quirófano‖, ―tabique‖ o
―pozo‖), no abundan las figuras retóricas, lo cual hace que los poemas puedan ser
accesibles a una amplia variedad de lectores/as. Estas características permiten adscribir
al poemario a la ―poesía conversacional o coloquial‖ latinoamericana, que se articuló en
los años sesenta en torno a la Revolución cubana para hablar sobre temas cercanos al
imaginario revolucionario.69
Otro aspecto a destacar es que todos los poemas comienzan con una descripción
de algunas características del sistema represivo en general y de la vida cotidiana en los
CCDTyE en particular. Por ejemplo, se relata cómo se hacía el reparto de la comida, el
modo en el que los represores llevaban a cabo las torturas, la forma en la que se
efectuaban los traslados a otros centros clandestinos, las características arquitectónicas
de las celdas y de los otros espacios de los centros y la relación de los centros con el

68
Agradecemos especialmente los valiosos aportes de Laura Codaro para el análisis de los poemas.
69
Para ahondar en las estrategias líricas a las que recurrieron los/las poetas coloquiales latinoamericanos
véase Alemany Bay, 2015.
64
exterior. Generalmente en los primeros versos cada poema ofrece un contexto general
de las historias que luego se narran en primera persona y entre comillas.
Pese a que los poemas dan cuenta del horror vivido en los CCDTyE –se hace
referencia al hambre, al frío, al aislamiento y a la tortura física y psicológica– se
destacan los actos cotidianos de resistencia y solidaridad entre compañeros/as de
cautiverio, la construcción de lazos afectivos y la agencia de los/las detenidos/as en el
contexto represivo. Incluso, muchas de las acciones recuperadas en los poemas son
riesgosas para los/las ―compañeros/as‖ en tanto constituyen un desafío directo a los
represores.
En relación con la inclusión de los poemas en la visita, sus trabajadores/as
señalan que…

Si bien ya habíamos decidido narrar al sitio desde un lugar que no generara parálisis
sino que alentara a la acción en el presente; Y si bien se había acordado en referirnos a
la resistencia en cada ocasión en que se pudiera en el marco de la visita al predio por
parte de grupos, la llegada de los poemas nos abrió la posibilidad de que las
experiencias de los detenidos-desaparecidos no solo fuesen narradas en una ―meta‖ voz
generalizante sino que pudiéramos –en muchos casos– bajar a tierra esa experiencia
desde los versos (Cerruti, López, Mendizábal y Lasa, 2017, p. 6).70

Según afirman los/las integrantes del equipo, los poemas se convirtieron en un


dispositivo clave para acompañar a los/las visitantes por el recorrido por el ―pozo‖, en
tanto permitieron cabalgar entre lo universal y lo particular, conmover sin angustiar,
generar empatía entre los/las detenidos/as-desaparecidos/as y los/las visitantes, y
colaborar en la transmisión de la experiencia en clave resistente. Además, permitieron
democratizar el uso de la palabra durante la visita:

Clara: A veces tenés chicos que preguntan, que opinan, y otros que no dicen nada. Te
escuchan. Esto que dice Andrea es interesante, que puedan tener la palabra aunque sea
leyendo ellos una poesía o que la leamos nosotros, o que tengan que leer alguna
señalización, no se... Que interactúen de alguna manera, porque hay algunos grupos que
esperan, por timidez, por vergüenza, por lo que sea, no hablan (Entrevista a los/las
coordinadores/as, 2017).

70
Los destacados son nuestros.
65
4.2.4. Los/las “guías”

Pese a que los/las guías no pueden ser catalogados/as como dispositivos


didácticos, al menos no en los mismos términos que los materiales hasta aquí expuestos,
los/las incluimos dentro de este apartado porque ellos/as comprenden que su tarea es la
de ser mediadores/as que ayudan a los/las visitantes a construir significados durante el
recorrido. Además porque, en su rol, establecen relaciones entre los distintos
dispositivos mencionados y quienes visitan el sitio.
En consonancia con la idea de trascender la ―memoria literal‖, en particular
durante el tránsito por el sector del ―pozo‖, luego de la ―recuperación‖ tuvieron claro
que era imprescindible un acompañamiento de algún/a integrante del equipo.

Andrea: […] en las visitas donde la gente se autoguía, donde parece que es el colmo de
la democracia, de la memoria, muchas veces sucede que la institución no está diciendo
algo. La institución tiene que poder decir, además de ofrecer un banquete de propuestas,
tenés que poder decir. Y después si hay muestras, bien. Cuando acá se decidió que no se
iba a reconstruir nada, se tenía confianza en el sujeto humano, de la capacidad que
tenemos los sujetos de narrar, de encontrarnos con el otro y construir un espacio de
interacción donde surjan verdades. Acá se dijo de muchos modos: ‗las paredes no
hablan´, ‗la visita inmobiliaria‘. El encuentro con el otro ya es un desafío.
Clara: También que el otro sienta. Nosotros decimos: nosotros no sabemos todo y
nadie es que no sabe nada. Todos sabemos algo, pero no abarcamos la totalidad. Porque
una cosa es decirlo y otra cosa es compartirlo en la visita eso. Que alguien opine, que
alguien pregunte, que alguien diga... Y yo te diga, la verdad esto no lo sé, que podemos
inferir algunas cosas, pero que ellos se queden también con la pregunta (Entrevista a
los/las coordinadores/as, 2017).

A partir del acompañamiento del/la guía se buscaba incorporar una dimensión


interpretativa a la visita que permitiera superar la mera descripción e interpelar a los/las
visitantes como personas activas, con inquietudes y capaces de aportar a la construcción
de conocimiento desde su propio universo de sentido (Cerruti, López, Mendizábal y
Lasa, 2017). Pero, además, garantizar la presencia del/la guía tuvo como propósito
asegurar que la instancia de la visita fuera una oportunidad para que los ejes
consensuados del relato quedaran claros para los/las visitantes.

Andrea: Nosotros tenemos un alto sentido de la oportunidad. Siempre supimos que era
una oportunidad. Este grupo viene por única vez […] siempre tuvimos esa idea de que
esta es una oportunidad única. Es la oportunidad que tenemos nosotros de vincularlos
con ellos y de que nuestro mensaje llegue. (Entrevista a los/las coordinadores/as, 2017).

Como se desprende de las palabras de Clara citadas más arriba, uno de los
propósitos centrales de la visita es habilitar la palabra de los/las visitantes, poniendo en
66
evidencia que los/las guías no son la única voz autorizada sobre el tema. Sin embargo,
en los dichos de Andrea se manifiesta una preocupación en ―que el mensaje llegue‖, es
decir, la transmisión se direcciona desde un ―nosotros/as‖ hacia un ―ellos/as‖. La
centralidad del lugar de los/las guías estaría relacionada, así, con la posibilidad de
compartir un posicionamiento, de legar una herencia concreta a los/las visitantes.
Los/las integrantes del equipo reconocen en esta cuestión una contradicción que
los/las atraviesa en su práctica cotidiana. En una reunión de discusión sobre el contenido
y la puesta en práctica de las visitas en la que nos invitaron a participar, pusieron sobre
la mesa la pregunta acerca de su rol durante el recorrido: ¿debían informar, explicar,
convencer, sensibilizar, discutir? Pese a que hubo distintas opiniones al respecto,
todos/as manifestaron no sentirse cómodos/as con la denominación de ―guías‖, en tanto
esta categoría insinúa una relación asimétrica entre quien conduce el recorrido y quienes
son conducidos/as. A la vez que da cuenta de una dinámica expositiva, en que las
personas tienen pocas posibilidades de participar.
Por otra parte, al reflexionar sobre su rol, comentan las dificultades que se les
presentan cotidianamente en las visitas guiadas por el ―pozo‖:

Andrea: Muchas veces nos preguntan ‗¿cómo hacen ustedes para entrar todo el
tiempo?‘ Y nosotros tenemos una respuesta más o menos hecha, que nosotros esa
sensibilidad en algún punto la sacrificamos para que otros puedan ingresar, nos
ponemos entre paréntesis para que otros puedan acceder. Porque si nosotros no
pudiéramos, nadie podría entrar, nadie podría conocerlo y es más fetiche todavía. Y
sostener eso a lo largo de los años es difícil para cualquiera. Y ese es un desafío de la
institucionalidad y de cómo van a sostenerse estos espacios así. Tenemos experiencias
en otras partes del mundo donde el trabajo se hace con voluntarios, pero eso no nos
garantiza el tipo de visita que queremos hacer (Entrevista a los/las Coordinadores/as,
2017).

Estas palabras dan cuenta de las tensiones que atraviesan los/las trabajadores/as
del sitio al lidiar con un ―patrimonio hostil‖, que no solo trae ―reminiscencias –muchas
veces negadas y aberrantes– de un pasado dolorosamente compartido‖, sino que
también trae un pasado que incomoda y que está en disputa en el presente
(Guglielmucci, Croccia y Mendizábal, 2008, pp. 7-8). Asimismo, la decisión de no
habilitar recorridos autoguiados por el ―pozo‖ –que se evidencia en la expresión ―si
nosotros no pudiéramos, nadie podría entrar‖ – marca nuevamente un posicionamiento
respecto de aquello que quieren transmitir y cómo deciden hacerlo.

67
4.3. ¿Para quién contar? La definición del sujeto “visitante”

Como expusimos anteriormente, una de las primeras cuestiones que se discutió


al momento de entrar al lugar fue cómo nombrar al sitio. Como ocurrió en el caso de la
ex ESMA, durante los años de lucha por la ―recuperación‖ fue común la demanda al
Estado de crear un ―museo de la memoria‖ en los lugares donde habían funcionado
CCDTyE. Sin embargo, una vez desalojada la Policía del ex Olimpo, esta idea fue
discutida hacia el interior de la Mesa, ganando consenso la noción de ―sitio‖ o ―espacio‖
de memoria. Como explican Guglielmucci, Croccia y Mendizabal, para los/las
integrantes de la Mesa, la idea de museo remitía al siglo XIX y definía como
interlocutora a una comunidad nacional homogénea y cristalizada. Por el contrario, la
noción de ―espacio‖ o ―sitio‖ permitía introducir la idea de conflicto inherente a toda
sociedad y pensar en ―comunidades‖ diversas luchando por la recuperación del pasado,
posicionadas en el presente y con una proyección hacia el futuro. En términos de las
autoras:

¿Qué es lo que los actores partícipes de las recuperaciones consideran con relación a la
´sociedad‘ (¿la ven como un ‗bloque homogéneo‘?, ¿la ven como no legítima para
opinar? O, por el contrario, ¿Se mantienen abiertos a esos ‗otros‘ que pueden ser
considerados dentro de un ‗nosotros‘ más amplio?). En gran medida el desafío de estos
lugares es lograr resquebrajar el imaginario de la sociedad como ajena a los conflictos
pasados y presentes cristalizado muchas veces en estos ‗edificios fetiche‘ (2008, p. 20).

En este sentido, lo que estaba juego en la nominalización era, en definitiva, el


modo en el que se concebía a los/las destinatarios/as de las acciones del sitio.
Como señalamos, el equipo intentó a partir de acciones diversas reponer distintas
comunidades (con los/las sobrevivientes, con los/las vecinos/as, con los/las familiares y
seres queridos de los/las detenidos/as-desaparecidos/as) (Mendizábal y Portos, 2014).
Pero también buscó desde el primer momento abrirse hacia aquellos/as que no fueron
afectados/as directamente por el accionar del terrorismo Estado: quienes eran jóvenes o
adultos/as durante los años de la última dictadura o los/las que nacieron en democracia.
El ex Olimpo se presentó, así, como un ―espacio de encuentro entre diferentes
generaciones, entre diferentes trayectorias de la crítica, la lucha y la esperanza‖
(Espacio para la Memoria Ex CCDTyE Olimpo, 2011, p. 44).
Pese a que fueron conscientes de que debía pensarse en visitantes en plural, de
que cada persona transita el sitio de un modo singular y de que cada grupo requiere de
68
una intervención específica por parte del equipo, como ocurrió en otros ex CCDTyE
refuncionalizados en sitios de memoria, en el diseño del proyecto educativo tuvieron un
peso específico las nuevas generaciones. En particular, los/las niños/as y los/las jóvenes
que visitan el Espacio en grupos organizados de educación formal o no formal o de
agrupaciones políticas y sociales. Como ya expusimos, cuando se comenzó a construir
el relato y se diseñaron los dispositivos para poder transmitirlo, se pensó
fundamentalmente en ―los/las chicos/as‖.
Si echamos una mirada a los objetivos que se plantearon para trabajar con
estos/as visitantes, podemos vislumbrar la concepción que el equipo tiene sobre ellos/as:

Desde los inicios de nuestra tarea hemos considerado central el poder aportar a la
construcción de sujetos críticos a partir de las visitas-talleres y encuentros en el lugar;
sujetos que se consideren actores transformadores de su realidad, que puedan poner en
duda al sentido común y las naturalizaciones de la cultura dominante. Siguiendo el
principio de Julio Lareu (sobreviviente de este CCD), ayudar a la construcción de
sujetos que sean ‗vallas contra el autoritarismo‘ (Cerruti, Fernández, Goldberg,
Joncquel, Lasa, López, Mendizábal y Rizzo, 2017).

En este fragmento vemos cómo al mismo tiempo en que se refuerza el sentido


del proyecto educativo antes analizado, se delinea el perfil de sus destinatarios/as:
sujetos capaces de pensar(se) y cuestionar(se). Niños/as y jóvenes con agencia, que
inciden en su presente y que trabajan por el devenir. Pero, a la vez, advierten que estos
forman parte de distintos grupos sociales e instituciones que forjan un sentido común
que es necesario poner en discusión en el Espacio:

Fernando: Todo esto se da en el marco de la disputa por un universo de sentido. Todas


las conclusiones a las que vamos llegando están contemporáneamente en discusión con
otras tensiones, por eso la visita de ese modo, por qué la visita, por qué apelar a cierto
grado de sensibilidad, contra qué estábamos discutiendo nosotros. Porque nunca es
unidireccional, nunca nuestro planteo es solo con la persona que viene. Nuestro planteo
es con la persona que viene y con las instituciones a las cuales pertenece (Entrevista a
los/las coordinadores/as, 2017).

Estas palabras evidencian que desde la ―recuperación‖, el equipo concibe su


tarea con las nuevas generaciones como parte de una disputa de sentido con otras
memorias que circulan en el espacio público sobre el pasado reciente y con otros
discursos y prácticas del presente. Además muestran que, más allá de trabajar para que
el terrorismo de Estado y el autoritarismo no ocurran ―Nunca más‖, la tarea central con

69
las nuevas generaciones es que puedan cuestionar dichos discursos y prácticas para
actuar y comprometerse en el presente.

5. A modo de cierre

En este capítulo abordamos, a través de las voces de algunos/as trabajadores/as


del equipo del ex Olimpo, cómo construyeron el proyecto pedagógico que orienta sus
prácticas hasta el presente. Observamos que este es fruto de un proceso histórico –y, por
lo tanto, dinámico e inacabado– en el cual actores con trayectorias diversas
conformaron, a través de la praxis y de relaciones de alteridad con otros actores e
instituciones, una identidad compartida.
Observamos cómo las particularidades que tuvo el proceso ―recuperación‖, en el
que las agrupaciones de vecinos/as organizados/as, familiares de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as, militantes políticos/as y sobrevivientes no encuadrados en los
organismos de derechos humanos ―tradicionales‖ jugaron un papel trascendental,
hicieron que los/las integrantes del equipo –en diálogo con la Mesa– pudieran construir
una narrativa menos atada al discurso estatal y que definieran con relativa autonomía de
qué modo gestionar el Espacio. Este aspecto diferenció al proyecto del ex Olimpo, por
ejemplo, del de la ex ESMA, sitio de memoria que abrió sus puertas poco tiempo antes.
Por otra parte, señalamos que la diversidad de trayectorias personales y
profesionales del equipo –integrado por cientistas sociales, sobrevivientes y militantes
políticos/as– se plasma en dicho proyecto, que se sostiene en la promoción de los
derechos humanos en un sentido amplio, en la reivindicación de las experiencias de
militancia previas y de resistencia durante el cautiverio de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as, pero también en las experiencias de los/las vecinos/as del ex CCDTyE
durante la dictadura y durante el proceso de ―recuperación‖.
Asimismo, mostramos que a partir de que el ex Olimpo se transformó en un sitio
de recepción de visitantes la transmisión a niños/as y jóvenes fue organizando sus
principales líneas de acción y definiendo los caminos para concretarlas. Desde los
primeros meses de apertura al público, fueron las nuevas generaciones las que
plantearon preguntas e inquietudes que invitaron a los/las trabajadores del equipo a
pensar y replantearse el sentido de sus prácticas a lo largo de los años.

70
En este sentido, explicamos que la construcción de los dispositivos de
transmisión respondió en gran medida a esa escucha. Las inclusión de las fotos de las
personas detenidas-desaparecidas, del poemario que recupera sus experiencias de
cautiverio, las carpetas/álbumes con sus historias de vida y las experiencias de los/las
vecinos/as narradas en las voces de los/las guías durante las visitas constituyen pilares
sobre los cuales se sustenta la narrativa que el ex Olimpo transmite, con el objetivo de
que los/las visitantes tengan una experiencia allí que los/las movilice hacia la acción
política en el presente. Sobre los componentes de dicha narrativa y los modos en los que
toma forma en el sitio nos explayamos en el siguiente capítulo.

71
CAPÍTULO II
La transmisión de experiencias en el ex Olimpo: señalizaciones y visitas guiadas

El ex Olimpo está cargado, como si fuera un palimpsesto, de capas de


significado. Aunque es cierto que ―las paredes no hablan‖ de manera unívoca, subsisten
en el lugar marcas más o menos visibles que permiten identificar los distintos usos que
tuvo el sitio a lo largo del tiempo. Pero sobre estas huellas del pasado se imprimen otras
marcas, construidas en el presente por sujetos que tienen la intencionalidad de dar a
conocer ciertas experiencias ancladas en esa materialidad. A través de un acto de
narración que combina palabras, imágenes, gestos y objetos, significan la materialidad,
transmiten mensajes que buscan interpelar a otros/as y condicionar sus modos de ver y
sentir.
En este capítulo analizamos las configuraciones narrativas que se construyen en
el ex Olimpo en dos dispositivos de transmisión: las señalizaciones del sitio y las visitas
guiadas. Si partimos del supuesto de que la transmisión es un intercambio y que la
memoria se construye con otros/as, entendemos que no pueden comprenderse las
experiencias de los/las jóvenes si no conocemos cuál es la narrativa que el sitio les
propone y cómo se materializa concretamente.
Los interrogantes que guían nuestra exposición son: ¿Con cuáles otros discursos
se vincula (ya sea por afinidad o por oposición) la narrativa propuesta por el ex Olimpo?
¿Cómo se expresa empíricamente la memoria que se construye en el Espacio en las
señalizaciones del predio y en las visitas guiadas?
Con el objetivo de comprender dicha narrativa en contexto y complejizar el
análisis, en el primer apartado caracterizamos las principales memorias en pugna sobre
el pasado reciente valiéndonos de la bibliografía disponible. En los siguientes apartados
hacemos una descripción de los dispositivos mencionados. Para ello, la materia prima
de nuestro análisis son las observaciones realizadas durante el trabajo de campo, con la
intención de hacerlas dialogar con las palabras de los/las trabajadores/as del sitio
analizadas en el primer capítulo.
A partir de este desarrollo pretendemos mostrar que el ex Olimpo, en su afán de
transmitir, construye una narrativa propia –a la que definimos como memoria popular
emancipatoria– que se distancia y se nutre de otros relatos sobre el pasado cercano
esgrimidos desde la transición democrática. En particular, recupera elementos de las
72
memorias militantes, en sus vertientes revolucionaria y democrática, pero elabora algo
nuevo a partir de ellas. Asimismo, buscamos explicar que dicha narrativa no solo pone
en valor las experiencias de militancia de las personas detenidas-desaparecidas, sino que
también busca que los/las visitantes reflexionen y se organicen para intervenir en la
transformación de las injusticias del presente.

1. Los relatos en disputa sobre el pasado reciente argentino

En la actualidad es posible identificar en el espacio público el despliegue de


diversos relatos que, ―con grados diferentes de legitimidad y de conciencia histórica,
pero también de participación activa en las luchas por la justicia‖ (Kriger, 2011, p. 33),
compiten por la preeminencia de sus respectivas versiones y valoraciones del pasado
reciente. Cada uno de ellos se configuró en coyunturas sociopolíticas particulares y se
sostuvo por agentes diversos.
Según Daniel Lvovich y Jaquelina Bisquert (2008), desde la dictadura hasta el
presente se pueden distinguir diferentes periodos históricos,71 cada uno con sus
memorias dominantes, subterráneas y denegadas.72 Tomando los aportes de estos/as
autores/as, a continuación caracterizamos sucintamente las narrativas producidas en
cada uno de estos momentos (prolongando en el tiempo el último periodo señalado y
sumando uno más, a partir de 2015, con la asunción de Mauricio Macri a la presidencia
de la Nación), para analizar luego de qué manera la narrativa que propone el ex Olimpo
las retoma o discute.

71
Los/las autores/as los denominan de este modo: ―El discurso militar y sus impugnadores‖ (1976-1982),
―La transición democrática y la teoría de los dos demonios‖ (1983-1986), ―Un pasado que no pasa‖
(1987-1995), el ―boom de la memoria‖ (1995-2003) y ―Las políticas de memoria del Estado‖ (2003-2007)
Véase Lvovich y Bisquert, 2008.
72
Según da Silva Catela (2011, 2014b) las ―memorias dominantes‖ son aquellas que han logrado
audibilidad y visibilidad suficiente para ligarse a las políticas de Estado. En la Argentina, se trata de las
memorias que rechazan el terrorismo de Estado y están representadas por los organismos de derechos
humanos. Por el contrario, las ―memorias subterráneas‖, son las que no han juntado fuerza suficiente para
imponerse en el espacio público (por ejemplo, las memorias de campesinos/as, indígenas y obreros/as).
Finalmente, las ―memorias denegadas‖ son aquellas que buscan ser reconocidas por el Estado, pero este
niega sus relatos y sentidos acerca el pasado. En el caso argentino, las memorias de las autodenominadas
―víctimas de la guerrilla‖.
73
1.1. El relato de la “guerra contra la subversión”

Para legitimar su accionar represivo, las Fuerzas Armadas elaboraron y


difundieron el relato de la ―guerra contra la subversión‖, basado en la teoría de la
doctrina de guerra contrarrevolucionaria del coronel de la Armada francesa Roger
Trinquier (1976).73 Según esta narrativa, lo que ocurrió en la Argentina antes de 1976
fue un enfrentamiento bélico no convencional provocado por una ―agresión terrorista‖ a
nivel interior, ante la cual las Fuerzas Armadas debieron intervenir para defender las
instituciones y creencias, y así garantizar la supervivencia de la nación (Salvi, 2012).
Dentro este marco interpretativo, las acciones llevadas a cabo por las fuerzas represivas
del Estado habrían sido ―actos de servicio‖ con consecuencias inevitables. Mientras que
los asesinatos y desapariciones se juzgaron como necesarios, las muertes de ―inocentes‖
–es decir, de las personas que no militaban en organizaciones sociales, políticas y
militares– se presentaron como ―errores‖ o ―excesos‖ cometidos al combatir contra un
enemigo no convencional.
A pesar de que las Fuerzas Armadas intentaron monopolizar el discurso público
sobre el pasado antes de retirarse, no lo lograron por completo, ya que encontraron
fuertes resistencias de los organismos de derechos humanos tanto dentro como fuera del
país. Hacia el final de la dictadura, la noción de terrorismo de Estado ganó cada vez más
fuerza entre estos sectores, al mismo tiempo que perdió peso progresivamente la noción
de ―guerra revolucionaria‖ que, con sus diferentes versiones, había servido como marco
conceptual y justificación del accionar de quienes habían participado de las
organizaciones armadas.74 En este marco, la narrativa que luego se volvió hegemónica
en la década del ochenta comenzó a tomar forma.

1.2. La “teoría de los demonios” y “la inocencia de las víctimas”

Con el regreso de la democracia se pusieron en marcha una serie políticas


estatales que cambiaron el rumbo político e hicieron que adquirieran relevancia otras

73
Este relato se vio plasmado en el Documento Final de la Junta Militar, que se dio a conocer el 28 de
abril de 1983 y en la promulgación de la Ley 22924 de Pacificación Nacional (conocida como Ley de
Autoamnistía) el 22 de septiembre de ese mismo año ante la inminencia de la asunción de un nuevo
gobierno democrático.
74
Desde esta mirada, el accionar violento de las organizaciones revolucionarias era una respuesta a la
―violencia del sistema‖ capitalista y al orden político y religioso liberal (Crenzel, 2008).
74
explicaciones sobre lo que había ocurrido durante el periodo dictatorial. Algunos
acontecimientos centrales en este sentido fueron la derogación de la Ley de
Autoamnistía por el ex presidente Alfonsín, la creación de la CONADEP y el fallo del
Juicio a las Juntas Militares, que confirmaron la existencia de un plan sistemático de
exterminio. Todos estos hechos generaron un clima propicio para deslegitimar el relato
de la ―guerra contra la subversión‖ y configurar una nueva ―memoria emblemática‖
sobre la violencia política que logró dominar con bastante éxito la esfera pública
(Crenzel, 2008). Se trata del relato instituido por el Informe Nunca Más, que ofreció una
explicación sobre lo actuado por las fuerzas represivas del Estado no como una ―guerra‖
ni como ―excesos‖ durante el cumplimiento de ―actos de servicio‖, sino como un plan
sistemático de desaparición de personas.
Miriam Kriger (2011) sostiene que esta narrativa combinó dos versiones del
pasado reciente: por un lado, la ―teoría de los dos demonios‖ y, por el otro, la ―teoría de
la víctima inocente‖ o el ―mito de la inocencia‖ de las víctimas. Para quienes defienden
la ―teoría de los dos demonios‖, lo ocurrido en la Argentina entre 1976 y 1983, fue una
violencia política producto del enfrentamiento entre dos extremos ideológicos: un
―demonio de izquierda‖ (las organizaciones revolucionarias) y un ―demonio de derecha‖
(las fuerzas represivas). En el medio de estos dos fuegos, el resto de la sociedad habría
sido víctima, observadora ajena y pasiva del horror.
Aunque en este relato la violencia estatal se repudia –ya que se presenta como
una respuesta cualitativamente más grave que la violencia guerrillera– no se historiza,
pues no se explican sus causas ni se toman en consideración las condiciones políticas
previas al golpe de Estado de 1976. Asimismo, se trata de una narrativa que oculta las
distintas formas de complicidad y consenso que amplios sectores de la sociedad le
dieron a la dictadura.
Adherimos a lo planteado por Crenzel cuando sostiene que esta explicación –que
se materializó en el primer prólogo del Nunca Más– se complejiza en el cuerpo del
Informe, al delinear el perfil de las personas detenidas-desaparecidas. Allí se presentan
sus datos personales básicos (edad, género, profesión u ocupación) pero no se
especifican sus trayectorias políticas y militantes. En sus palabras, el Informe…

… presenta a los desaparecidos a partir de un perfil heterogéneo e inclusivo, pero con


fronteras. Fueron quienes enfrentaron injusticias, participaron de luchas reivindicativas,
se opusieron a la dictadura o fueron revolucionarios que intentaron cambiar el orden
social. Pero, también, ´los amigos de cualquiera de ellos, y amigos de sus amigos, gente
75
que había sido denunciada por venganza personal y por secuestros bajo tortura […] Pese
a esa amplitud, un atributo restrictivo los amalgama: la ajenidad respecto de la lucha
armada, ya que se excluye de este universo a la guerrilla. No son memorias que el
informe abarcará. Ellas integran otro relato, el del combate […] La exclusión de los
guerrilleros del universo de desaparecidos se extiende a la militancia política. (2008, p.
109).75

De este modo, explica el autor, al mismo tiempo que se ―repolitiza‖ la identidad


de estas personas al presentarlas como sujetos de derechos vulnerados por el Estado, se
las ―despolitiza‖ al mostrarlas como ―víctimas inocentes‖ sin incluir su condición de
militantes. A través de la omisión de la lucha revolucionaria y de sus distintas formas de
participación política, las personas desaparecidas quedan definidas como
―hipervíctimas‖ del ―mal radical‖ del poder desaparecedor (González Bombal, 1995).
Esta construcción de los acontecimientos puede explicarse a partir del clima
político que se vivía en los primeros años de la transición democrática. Para enfrentar a
la retórica militar y refundar el Estado de derecho, era imprescindible trazar de forma
tajante desde los tres poderes del Estado quienes eran las víctimas y quienes eran los
victimarios. Y, del mismo modo, instalar un binomio entre dictadura y democracia,
entendida esta última como un sistema basado en la pluralidad de opiniones y en la
resolución de conflictos dentro del marco de la ley. De esta forma, se sostenía que el
respeto por las distintas ideologías y por los derechos humanos iba a garantizar que la
violencia política y el terrorismo de Estado no volvieran a ocurrir.

1.3. La “memoria completa” y la “reconciliación nacional”

Pese a que el relato del Nunca Más se consolidaba en los años ochenta y
principios de los noventa como ―memoria dominante‖, coexistía con otras narrativas. La
memoria de la ―guerra contra la subversión‖ no había sido sepultada, sino que se
mantuvo con menor vitalidad, sostenida por algunos/as comunicadores/as sociales,
partidos de derecha y organizaciones que bregaban por una ―memoria completa‖, tales
como Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión (FAMUS), creada en 1991. A
comienzos de aquella década también se escuchaban voces que –sin estar encuadradas
(Pollak, 2006)– no adherían al accionar de las fuerzas represivas pero creían que el
único modo de mantener la estabilidad democrática era ―dar vuelta la página‖,

75
Los destacados son nuestros.
76
olvidando lo ocurrido. Asimismo, un sector de Madres de Plaza de Mayo, lideradas por
Hebe de Bonafini, empezó a expresar y defender públicamente la identidad política de
sus hijos/as, presentándola como militante, revolucionaria y popular. A partir de 1986,
este grupo fue radicalizando cada vez más esta postura frente al gobierno e incluso de
cara al resto de los organismos de derechos humanos (Lvovich y Bisquert, 2008).
No fue casual que la invitación desde el Estado a ―dar vuelta la página‖ y la
emergencia de la narrativa que exige una ―memoria completa‖ hayan sucedido en los
inicios del tercer periodo marcado Lvovich y Bisquert, comprendido entre 1987 y 1995.
Algunos de los acontecimientos que marcaron aquellos años fueron: las leyes de Punto
Final y Obediencia Debida, los alzamientos militares en Monte Caseros y Villa Martelli
(1998) y el asalto del Regimiento de Infantería III de La Tablada por el ―Movimiento
Todos por la Patria‖ (1989), que nucleaba a antiguos/as militantes del PRT-ERP y a
otros/as militantes de izquierda, algunos/as de ellos/as vinculados/as al movimiento de
derechos humanos (Hilb, 2013). Mientras los alzamientos militares ejercieron presión
sobre los avances del proceso de justicia, el copamiento de La Tablada abrió la
posibilidad de que las memorias militares que estaban en retirada encontraran nuevas
condiciones de audibilidad en el espacio público.
Este contexto profundizó la impunidad y generó condiciones propicias para la
emergencia, desde el Estado, de la narrativa de la ―reconciliación nacional‖. Los
indultos del ex presidente Menem manifestaron la necesidad de ―mirar hacia adelante‖ y
cerrar las heridas del pasado cercano a través del ―mutuo perdón‖ entre ―ambos bandos‖
(el terrorismo estatal y el ―terrorismo subversivo‖) para lograr la unidad de todos/as
los/las argentinos/as.76 En otras palabras, el discurso de la ―reconciliación nacional‖ se
sostuvo en la matriz ideológica de la ―teoría de los dos demonios‖, aunque desligaba al
Estado de su responsabilidad sobre los crímenes ocurridos.

76
En consonancia con la narrativa de la ―reconciliación nacional‖ que se impulsaba desde el Estado, en
este periodo se hicieron oír las voces de algunos militares. Luego de las declaraciones de Antonio Pernías
y Juan Carlos Rolón en el Senado y de Adolfo Scilingo y Víctor Ibañez en la televisión, Martín Balza –en
su carácter de jefe del Ejército– reconoció como actos ilegales los asesinatos, las torturas, los secuestros y
las desapariciones perpetrados por el Ejército, pero reafirmó que la violencia represiva –conceptualizada
como ―lucha entre argentinos‖– había sido una respuesta a la violencia iniciada por el ―terrorismo‖. Como
explica Salvi (2012), aunque no igualaba a ―ambos bandos‖, pedía respeto por los muertos de ―unos y
otros‖ El mensaje cerraba exhortando a toda la sociedad a asumir su culpa colectiva (por acción u
omisión) de los acontecimientos ocurridos en el pasado cercano como condición para iniciar el camino
hacia la ―reconciliación entre argentinos‖.
77
1.4. Las memorias militantes

A partir de mediados de la década del noventa, en oposición tanto a la situación


que se vivía en materia de justicia como a la memoria oficial de la ―reconciliación
nacional‖, comenzó a disputar espacios un nuevo grupo que sostenía una narrativa
particular. El 23 de marzo de 1996 hizo su primera aparición pública la agrupación
Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS). Con
una prédica combativa y reivindicatoria de los proyectos de transformación social de sus
madres y padres, sus integrantes no solo exigían ―Juicio y castigo a los culpables‖, sino
que también proponían continuar sus luchas en un nuevo contexto signado por las
políticas económicas neoliberales de los años noventa. Los/las hijos/as impulsaron una
memoria militante que disputaba sentidos tanto a la ―narrativa humanitaria‖ del Nunca
Más, que remarcaba la inocencia política de las víctimas,77 como a la de la
―reconciliación nacional‖.
Según explica Cueto Rúa (2010) –quien indaga en el grupo de HIJOS de La
Plata y sus relaciones con otros organismos de derechos humanos– si bien
colectivamente los/las integrantes de la agrupación decidieron reivindicar la lucha de
sus madres y padres, no todos/as coincidieron en hacerlo de la misma manera. Mientras
que algunos/as de ellos/as recuperaron el carácter ―revolucionario‖ de sus luchas, en el
marco de cuyas prácticas se incluía la violencia guerrillera, otros/as prefirieron
nombrarlos/as de modo más genérico como ―luchadores/as populares‖. Lo significativo
de la emergencia de esta narrativa, en sus dos versiones, es que enfrentó a la memoria
hegemónica del Nunca Más y puso sobre la mesa la discusión sobre la conflictividad
previa a 1976.
Asimismo, el contexto de impunidad abrió la posibilidad de que pudieran
expresarse voces que hasta ese momento habían permanecido calladas, como las de
antiguos/as militantes pertenecientes a las organizaciones revolucionarias que
empezaron a testimoniar y a evaluar sus propias experiencias en distintos ámbitos, por
ejemplo, a través de producciones artísticas, periodísticas y literarias. La película

77
Excepto el grupo de Madres al que referimos previamente, esta narrativa es la que había caracterizado
hasta entonces a la mayoría de los organismos de derechos humanos, quienes remarcaban la ―inocencia de
las víctimas‖ como una manera de rechazar la ―teoría de los dos demonios‖. Siguiendo a Cueto Rúa
(2010), HIJOS fue elaborando en esos años su propia especificidad como colectivo, tanto por su mirada
sobre la violencia política ejercida por sus madres y padres, como por los modos en que llevaron adelante
sus prácticas, que incluían enfrentamientos con las instituciones estatales y también con otros organismos
de derechos humanos, cuyas políticas ―moderadas‖ criticaban.
78
Cazadores de utopías (Blaustein, 1996) y los tres tomos de La voluntad. Una historia de
la militancia revolucionaria en la Argentina, de Eduardo Anguita y Martín Caparrós
(2006) –editados en marzo de 1997, marzo de 1998 y octubre de 1998,
respectivamente– son algunas de ellas. Como sostiene María Sonderéguer en estas y
otras producciones testimoniales ―lo que sostiene la evaluación es justamente el debate
acerca de las particulares concepciones del bien que fundaron las acciones políticas en
el pasado‖ (2001, p. 111). En otros términos, más allá de la mirada crítica de los/las
protagonistas acerca de la opción por ciertas estrategias políticas, estas producciones
tuvieron dos aspectos en común. Por un lado, ofrecieron una visión reivindicatoria de la
experiencia generacional de los/las militantes de los setenta. Por el otro, dieron a
conocer otras facetas de las personas detenidas-desaparecidas, ―hasta ese momento
mantenidas en el anonimato de la victimización‖ (Amado, 2009, p. 15).
De esta forma, en aquellos años comenzaron a ganar visibilidad –aunque sin
llegar a convertirse en memorias dominantes– las narrativas militantes.
Si bien somos conscientes de que son dinámicas y permeables, a los efectos de
captar sus rasgos distintivos, aquí denominamos a estas narrativas como memoria
militante en clave revolucionaria y memoria militante en clave democrática. La primera
subraya el carácter revolucionario de la militancia de las personas detenidas-
desaparecidas e incluye a la lucha armada como un componente significativo de aquella
experiencia. Mientras que la segunda recupera las experiencias de quienes lucharon por
una sociedad más participativa, justa y con igualdad de oportunidades, pero no ahonda
ni en sus identidades políticas ni en sus formas de lucha concretas. Esta última, como
explicamos a continuación, se volvió dominante a partir del ciclo político iniciado en
2003.
La asunción de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación significó una
―estatización‖ de las políticas de memoria, en el sentido en que la evocación del pasado
reciente, en general, y del pasado militante, en particular, se convirtieron en políticas de
Estado (Verzero, 2009). A diferencia de las épocas anteriores, cuando las experiencias
militantes eran parte de ―memorias subterráneas‖ que luchaban por hacerse visibles en
el espacio público, durante aquellos años estas fueron legitimadas por el Estado, que
sostuvo una narrativa que combinaba una condena del terrorismo de Estado con una
reivindicación de la militancia de los años setenta en clave democrática. Mientras este
relato fue imponiéndose como memoria oficial, los discursos de la ―teoría de los dos
demonios‖, de la ―reconciliación nacional‖ y las narrativas militantes en clave
79
revolucionaria pasaron al plano subterráneo; y los discursos de la ―guerra contra la
subversión‖ y de la ―memoria completa‖ fueron directamente denegados.
De acuerdo con Ana Montero (2007), a partir de 2003, por primera vez desde el
Estado se evocaron los valores de la militancia setentista, tales como: la subordinación
de lo personal en pos del bien común, el sacrificio, la valentía de ir en contra de lo
establecido, la orientación de la acción política por las convicciones y los sueños, la
condena a la indiferencia, la confianza en el poder transformador de la política y el
protagonismo de la juventud como sujeto de cambio. Al mismo tiempo, las ideas de
soberanía política y económica, de justicia e igualdad social –recurrentes en la narrativa
de las izquierdas de aquel entonces– tuvieron un lugar de peso en la retórica
presidencial; incluso el propio Néstor Kirchner afirmó ser parte de aquella ―generación
diezmada y postergada‖ en su discurso de asunción al Poder Ejecutivo nacional.
Durante los gobiernos de Cristina Fernández (2007-2015), se profundizó la
participación del Estado en las políticas de memoria, verdad y justicia y se mantuvieron
los principales componentes de la narrativa de su predecesor. Esto nos permite hablar,
pese a la presencia de nuevos tópicos y de algunas variantes en las modalidades de
organización del discurso,78 de ―una única gramática rememorativa del discurso
kirchnerista‖ (Bermúdez, 2015, p. 244).
Ahora bien, aunque la narrativa dominante entre 2003 y 2015 se diferenció en
muchos aspectos de las anteriores, Jelin (2013) advierte que no significó un verdadero
quiebre en lo que respecta al modo en el que se construyó la figura del/la militante de
los setenta. Para esta autora, los/las ―jóvenes idealistas‖ de los/las que habla el Nunca
Más no difieren del todo de los ―militantes-héroes‖ dispuestos/as a morir por su causa.
Es decir, aunque en la narrativa del kirchnerismo ―la militancia estaba presente; la
opción por las armas, silenciada.‖79

78
Según Bermúdez (2015), algunas de estas variantes fueron: el ingreso al pasado reciente a partir del
homenaje a la valentía de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo por oponerse al terror dictatorial (y
no desde la heroicidad de los/las militantes), la adhesión a los valores de la ―generación del Bicentenario‖
(en oposición a la del Centenario, liberal y antidemocrática), la afirmación de que la historia es un lugar
para extraer lecciones para el presente, y el contraste entre la ―década perdida‖ (el gobierno neoliberal de
Menem) y la ―década ganada‖ (desde 2003 hasta el presente).
79
Jelin explica que, al no instalarse esta problemática específica en el debate público, quedó circunscripta
a los pequeños círculos de las personas involucradas o interesadas en el tema: quienes participaron de la
experiencia guerrillera, académicos/as y, desde una perspectiva e intereses opuestos, a los/las voceros de
la ―memoria completa‖. Esto generó que, más allá de los/las jóvenes investigadores/as, las nuevas
generaciones se incorporaran parcialmente al debate sobre ―las responsabilidades por las acciones de la
guerrilla, así como a la discusión referida a la estructura interna de cada una de las organizaciones
armadas -militarización, clandestinidad, disciplina y mecanismos de ´justicia´-.‖ (2013, p. 93)
80
El análisis que realiza Mariano Dagatti (2016) de las memorias del primer
kirchnerismo ayuda a comprender esta perspectiva. Según este autor, a partir de 2003 se
construyó desde el Estado un relato del pasado reciente a partir de un ―anacronismo
democrático‖. Es decir, la recuperación de los proyectos de transformación social de la
generación del setenta se hizo dejando de lado la antinomia socialismo/capitalismo, que
había estructurado el horizonte revolucionario de aquella juventud, y se la reemplazó
por una nueva oposición: democracia/neoliberalismo. El resultado fue la caracterización
de la juventud militante de aquel entonces como una vanguardia en la lucha por la
democracia, que fue postergada por la presencia del neoliberalismo en la región. Desde
la narrativa oficial se caracterizó y reivindicó a los/las militantes como personas que
lucharon por un país distinto y a la democracia como sinónimo de libertad, pluralidad y
del poder pensar diferente.
Esta narrativa sostenida desde el gobierno nacional entre 2003 y 2015 logró
grandes apoyos dentro del movimiento de derechos humanos y en amplios sectores de la
sociedad civil, pero también tuvo sus detractores. Desde quienes consideraron el avance
en las políticas de derechos humanos como una amenaza (familiares y allegados/as de
las ―víctimas de la subversión‖), pasando por quienes calificaron como un ―curro‖
aquellas políticas (Mauricio Macri, ex presidente y líder de la alianza partidaria ―Juntos
por el cambio‖, fue uno de sus principales portavoces), hasta algunos/as intelectuales
que interpretaron que el acercamiento del gobierno a los grupos de derechos humanos
tuvo el objetivo de manipularlos o utilizarlos en pos de acumular capital político
(Barros, 2017). Pero a estas críticas se sumaron otras en el seno del movimiento de
derechos humanos. Por ejemplo, de aquellos/as que consideraron que, al centrarse en el
recuerdo y en la condena de los crímenes cometidos durante la última dictadura, la
memoria del kirchnerismo prestaba menos atención a las violaciones a los derechos
humanos en democracia, a la vez que dejaba poco espacio para la pluralidad de voces
(Pérez Esquivel, citado en Barros, 2017, p. 51).
Ahora bien, las afirmaciones de los/las autores/as hasta aquí expuestos/as se
pueden matizar a partir de los planteos de Alejandra Oberti y Roberto Pittaluga (2016).
Desde la perspectiva de estos/as investigadores/as, no es cierto que durante los años del
kirchnerismo se constituyó desde el Estado una memoria oficial monolítica sobre el
pasado cercano que, por un lado, mitificó la figura del militante como héroe y, por el
otro, impidió una mirada crítica sobre los años setenta. A diferencia de lo planteado por
Jelin (2013), pero distanciándose fundamentalmente de otros/as autores/as (Carnovale,
81
2016; Hilb, 2013, Vezzetti, 2009, Romero, 2015) argumentan que la militancia –
inclusive la experiencia guerrillera– estuvo presente desde distintos lugares, más allá de
la producción académica y las revistas especializadas. Por ejemplo, en la literatura, el
cine, la ensayística, los archivos públicos, e incluso en los materiales producidos para la
escuela por el Programa de Educación y Memoria del Ministerio de Educación de la
Nación. A su vez, plantean que no puede hablarse de una ―memoria oficial‖, en tanto las
diferentes instituciones estatales (nacionales, provinciales y locales) y mixtas dedicadas
a la preservación y transmisión de la memoria, no compartieron un único relato
homogéneo y compacto. En este sentido, consideran que:

… el campo de fuerzas de la memoria ha sido y es mucho más vital y crítico que su


reducción a una ‗memoria oficial‘ y que, en todo caso, se renuevan permanentemente
las miradas inconformistas respecto de las formas de relatar aquella experiencia, dando
lugar a nuevas capas críticas que alimentan la particular riqueza de la memoria social
sobre el pasado reciente argentino (2016, p. 3).

Dicho de otro modo, durante este periodo existieron producciones que


complejizaron la narrativa en clave democrática. Estas circularon por diversos medios y
espacios, haciéndose accesibles a un público más o menos amplio. Coincidimos con este
planteo en tanto creemos que las disputas acerca de los sentidos de las experiencias
pasadas son un rasgo inherente a las políticas de memoria que elaboran las instituciones
estatales. No obstante, como sostienen algunas investigaciones (Kriger 2011, 2017;
Ministerio de Educación y Facultad de Ciencias Sociales, 2015; Levy y Gerzovich,
2016; Pappier, 2017) y desarrollamos en el siguiente capítulo, en el ámbito de la
transmisión a las nuevas generaciones –especialmente en la escuela– la memoria
militante en clave democrática ha tenido mayor pregnancia que otras narrativas
militantes.

1.5. Los “dos demonios (recargados)”80 y el negacionismo estatal

Oberti y Pittaluga (2016) comparten con Mercedes Barros (2017) que al llegar
Mauricio Macri a la presidencia en diciembre de 2015, construyó su diagnóstico sobre
el pasado cercano y su propuesta de cambio en relación a las políticas de derechos

80
Esta expresión pertenece al sociólogo Daniel Feierstein (2018).
82
humanos valiéndose de las críticas –en algunos casos más allá de las intenciones de sus
autores/as– que circulaban desde hacía tiempo en distintos ámbitos sociales y políticos.
En las primeras declaraciones oficiales del presidente y del ex secretario de
Derechos Humanos Claudio Avruj, se anunció que la apuesta del nuevo gobierno era
avanzar en una ―deskirchnerización‖ de los derechos humanos, es decir, en la
construcción de una narrativa y de políticas públicas desprovistas de sesgos ideológicos,
apartidarias y más vinculadas a atender las violaciones de los derechos humanos en el
presente que a la represión durante el terrorismo de Estado. El principal argumento
esgrimido era que este último había sido un episodio más de la histórica ―división entre
argentinos/as‖, que era necesario superar para poder lograr una Argentina unida y en
paz.
Esta retórica fue acompañada por una serie de hechos concretos que significaron
una verdadera ruptura respecto de las políticas estatales de los dos gobiernos anteriores.
En entrevistas televisivas y declaraciones en los medios gráficos, distintos funcionarios
de la alianza de gobierno lanzaron una serie de afirmaciones negacionistas respecto del
terrorismo de Estado.81 A través de editoriales y notas de opinión de periodistas y
algunos/as intelectuales, los medios masivos, principalmente el diario La Nación,
sirvieron de voceros de estas miradas que bregaban por una ―verdad completa‖ sobre lo
ocurrido en el país en los años setenta. La emergencia pública de estas voces habilitó, a
su vez, cambios en materia de justicia: se avanzó en el otorgamiento de prisiones
domiciliarias a los represores, se frenaron algunos procesos en curso y, mediante un
fallo de la Corte Suprema de Justicia, se intentó avanzar en la aplicación de la cláusula
2x1 que proponía reducir los días de detención a quienes habían cometido delitos de
lesa humanidad.82
Según Daniel Feierstein (2018), desde el Estado y en la esfera pública se
comenzó a hacer uso de las premisas de la ―teoría de los dos demonios‖, pero en un

81
Entre ellas, en enero de 2016, Darío Lopérfido, ex ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y
ex Director del Teatro Colón, afirmó que ―en Argentina no hubo 30 mil desaparecidos‖ y que la cifra se
había arreglado ―para conseguir subsidios‖. A los pocos meses, en una entrevista para el portal
estadounidense BuzzFeed, el ex presidente Macri habló de "guerra sucia" para referirse a la represión
ilegal del gobierno de facto y, si bien no respaldó a Lopérfido, sostuvo que el número de desaparecidos/as
"es una discusión que no tiene sentido". Para tener un panorama más completo del recrudecimiento de los
discursos negacionistas y también de la banalización del terrorismo de Estado durante el macrismo, véase
Thus, 2017; Feierstein, 2018 y Lorenz, 2019.
82
La Ley 24390, conocida popularmente como 2x1, tuvo vigencia entre 1994 y 2001 con el objetivo de
reducir la población carcelaria, compuesta en gran parte por personas con prisión preventiva y sin
condena firme. Indicaba que, pasados los primeros dos años de prisión preventiva sin condena, se debían
computar dobles los días de detención.
83
contexto distinto y con nuevas intenciones. Para este autor, la potencia de esta narrativa
aggiornada radica en que discute aquello que había sido tratado levemente en las
construcciones memoriales previas: la lucha armada. Feierstein distingue los
argumentos principales del (no tan) nuevo relato: la dualidad entre ―demonios‖ que
excluye a la sociedad del conflicto –aunque, a diferencia de la versión original, en esta
se enfatiza la violencia revolucionaria y se minimiza la violencia estatal–, la
relativización del estatus de víctimas de las personas desaparecidas a partir de la
afirmación de la existencia de ―otras víctimas‖ inocentes (de la guerrilla), y la negación
de las cifras de detenidos/as-desaparecidos/as construidas desde la década del ochenta
para poner en duda la existencia de un plan sistemático y deslegitimar a los organismos
de derechos humanos. En términos de este autor:

En el caso de la versión original, la equiparación era el costo a pagar para lograr la


legitimidad del juzgamiento de los genocidas y la exculpación del ―resto de la
sociedad‖. Por el contrario, en la versión recargada, la equiparación busca el
juzgamiento de los sobrevivientes del genocidio y una relegitimación, por lo general
implícita pero siempre asomando, de los propios represores. La equivalencia busca
llevarse al plano de las responsabilidades: si unos son juzgados, también los otros deben
serlo […] La equiparación aquí está claramente al servicio de la minimización y
relativización del genocidio y suele venir de la mano de propuestas de ‗reconciliación‘
(2018, pp. 54-55).

Aunque, como explicamos, las memorias son dinámicas y luchan


permanentemente entre sí, este quiebre producido en la narrativa estatal sobre el pasado
reciente tuvo sus efectos tanto en la narrativa propuesta por las personas que trabajan en
el ex Olimpo –fundamentalmente en las visitas guiadas, pero también en algunas marcas
memoriales– como en los relatos de los/las jóvenes entrevistados/as luego de la visita.
En el siguiente apartado damos cuenta de cuáles son sus tópicos centrales a través de
sus señalizaciones y de las visitas guiadas para los/las jóvenes.

2. La transmisión de experiencias pasadas en el ex Olimpo

2.1. Las marcas territoriales

Las marcas territoriales son señales que inscriben significados en la


materialidad. Pueden ser realizadas por distintos actores en contextos diversos y se

84
manifiestan de formas muy variadas: desde las placas informativas dentro de los lugares
que funcionaron como CCDTyE, hasta los grafitis y pintadas en sus inmediaciones.
A continuación hacemos una descripción de estas marcas para captar su sentido,
interpretar cuáles son sus propósitos y cuál es el rol que cumplen en la transmisión que
realiza el sitio.

2.1.1. La cartelería institucional

El ex Olimpo cuenta con una serie de carteles externos que crean marcas
semánticas interesantes para analizar. En las esquinas de las calles Ramón Falcón y la
Av. Olivera y en la intersección entre la Av. Olivera y la calle Rafaela (Figura 1) –que
son los lugares más visibles y transitados de la manzana donde se encuentra emplazado
el sitio– encontramos dos carteles con la leyenda ―Aquí funcionó el Centro Clandestino
de Detención, Tortura y Exterminio ´el Olimpo´ entre el 16 de agosto de 1978 y fines de
enero de 1979. Comisión de Trabajo y Consenso. [GobBsAs].‖83 Asimismo, sobre la
calle Rafaela otros dos carteles indican: ―Espacio para la memoria y la promoción de los
derechos humanos Ex centro clandestino de detención tortura y exterminio ´Olimpo´.
Secretaría de Derechos Humanos. Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
Presidencia de la Nación‖ (Figura 2). Esta leyenda se replica en otras señalizaciones
externas con diferentes tamaños pero con igual formato y contenido: en el portón por el
cual se ingresaba al lugar durante la dictadura –que da a la calle Ramón Falcón– y en la
puerta de ingreso al Espacio.

83
Colocamos esta firma entre corchetes, ya que solo se encuentra en uno de los carteles (el de la esquina
de la Av. Olivera y Rafaela). En el otro, ese espacio está ocupado por la dirección de la página web del
sitio de memoria.
85
Figura 1. Cartel Institucional. Esquina Av. Olivera y calle
Rafaela. Autoría propia, agosto de 2017.

Figura 2. Cartel institucional. Calle Rafaela. Autoría propia, agosto de


2017.

86
Los primeros carteles, según explica Messina (2010), constituyeron las marcas
territoriales inaugurales luego del proceso de ―recuperación‖ del ex CCDTyE. 84 Los
segundos, en cambio, se instalaron cuando el Espacio pasó a formar parte de la órbita
del Estado Nacional. Estos marcan claramente al sitio como una institución pública y, al
compartir su formato con las señalizaciones externas de otros sitios a lo largo y ancho
del país, lo inscriben dentro de la trama del terrorismo de Estado y en las narrativas
nacionales de la memoria.
Los carteles tienen el objetivo de visibilizar la función que tuvo el predio dentro
del plan sistemático de tortura, exterminio y terror implementado durante la última
dictadura y además informan que no solo se trata de un lugar histórico, sino que también
es un espacio de promoción de los derechos humanos en un sentido más amplio.
Entre estas señalizaciones se destaca, en el ingreso, un cartel grande de color gris
y letras blancas con tres pilares que dicen ―Memoria, Verdad y Justicia‖, firmado por la
Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, la Red Federal de Sitios de Memoria, el
Archivo Nacional de la Memoria y la Mesa de Trabajo y Consenso del ex CCDTyE
―Olimpo‖. La transcribimos a continuación para analizar la información que transmite:85

AQUÍ FUNCIONÓ EL CENTRO CLANDESTINO DE DETENCIÓN, TORTURA Y


EXTERMINIO
―OLIMPO‖

En esta vieja terminal de tranvías y colectivos, luego perteneciente a la Policía Federal


Argentina, se instaló desde el 16 de agosto de 1978 y hasta enero de 1979 uno de los más de
40 centros clandestinos de detención (CDD) que funcionaron en la Ciudad de Buenos Aires
durante la última dictadura cívico-militar.
Gran parte de las personas secuestradas en el ‗Olimpo‘ provenían de los centros ilegales de
detención ‗Club Atlético‘, que operó durante todo el año 1977 en el barrio de San Telmo, y
‗Banco‘ ubicado en autopista Ricchieri y Camino de cintura entre enero y agosto de 1978.
Estos tres CCD conformaron el circuito represivo ‗Atlético-Banco-Olimpo‘ (ABO), que
funcionó en modo sucesivo y a cargo de los mismos grupos de tareas, integrados por
miembros de las fuerzas armadas y de seguridad dependientes del Primer Cuerpo del
Ejército.

84
La autora señala que estos se instalaron luego de discusiones entre los distintos actores de la Mesa de
Trabajo y Consenso. Los ejes sobre los que se expresaron las distintas opiniones fueron: qué información
incluir, quién(es) debía(n) firmar y cómo denominar al lugar. Respecto de los dos primeros puntos, el
enfrentamiento fue entre la posición de Vecinos por la Memoria Parque Avellaneda-Floresta con el resto
de los/las integrantes de la Mesa. En relación con el contenido, ―Vecinos‖ sostenía que había que incluir
información en los carteles externos acerca la lucha por la ―recuperación‖ en el marco de las leyes de
impunidad, mientras que los/las demás preferían que esta información estuviera desarrollada en la
cartelería del interior del predio. Con relación a la firma, ―Vecinos‖ se resistía a incluir al Gobierno de la
Ciudad, en cambio, la coordinadora del Espacio por el Gobierno de la Ciudad argumentaba que debía
estar porque de allí venían los recursos. El resto de la Mesa, por su parte, no consideró que esta cuestión
fuera relevante como tema de discusión. Véase Messina, 2010.
85
Los destacados son nuestros.
87
Los detenidos-desaparecidos eran militantes de organizaciones políticas, sociales y
sindicales, que fueron perseguidos por sus prácticas militantes y por su compromiso con la
transformación social.
En el año 2005 el estado nacional desafectó al predio de su uso policial y acordó con el
Estado local la creación de un sitio de memoria, en cumplimiento de un reclamo histórico
de vecinos, organizaciones barriales, de derechos humanos, familiares de las víctimas y
sobrevivientes.
En diciembre de 2011 el Tribunal Oral Federal N°2 condenó a 16 de los responsables de los
crímenes cometidos en este circuito.

35 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO-MILITAR:


LOS CRIMENES DE LESA HUMANIDAD SON IMPRESCRIPTIBLES,
POR ESO ESTÁN SIENDO JUZGADOS.
NUNCA MÁS TERRORISMO DE ESTADO.

Buenos Aires, 27 de agosto de 2011.

Estas señales externas no solo visibilizan al Espacio dentro de la trama urbana,


sino que también definen su identidad. ¿A través de qué palabras el sitio se presenta
puertas afuera? El contenido de este cartel, como el de los otros textos que forman parte
de la señalización federal, es fruto de una negociación con la Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación, o en otros términos, articula la narrativa oficial acerca de los ex
CCDTyE con las marcas locales que dan cuenta de la especificidad del proceso de
―recuperación‖ del ex Olimpo. En este cartel de ―bienvenida‖ se destaca que no fue un
lugar aislado, sino que formó parte de una estrategia represiva mucho mayor que
implicó a todas las fuerzas del Estado. Se nombra a las personas detenidas-
desaparecidas como militantes de organizaciones políticas, sociales y sindicales y se
resalta que los/las protagonistas de la ―recuperación‖ fueron distintas agrupaciones de la
sociedad civil. Por último, se caracterizan los crímenes cometidos allí como de ―lesa
humanidad‖ para legitimar el reclamo permanente de justicia.
De esta manera, los textos de los carteles exteriores retoman y rechazan otros
relatos que circulan en el espacio público en torno al pasado reciente. En primer lugar,
al evidenciar el carácter planificado y sistemático del accionar represivo, echan por
tierra tanto el discurso de la ―guerra contra la subversión‖, como el de la ―teoría de los
demonios‖. En segundo lugar, tensan el ―mito de la inocencia de las víctimas‖. Al
consignar, desde la entrada al predio, que las personas detenidas-desaparecidas eran
militantes que buscaban la transformación social, se distancian de la explicación que
invisibiliza su participación política. Finalmente, se precisa que, pese a que el sitio
forma parte de las políticas públicas de memoria, su ―recuperación‖ fue posible solo
gracias a la movilización vecinos/as, organizaciones barriales, de derechos humanos,
88
familiares de las víctimas y sobrevivientes. Es decir, se le asigna un lugar al Estado
como ejecutor del reclamo histórico de estos colectivos.

2.1.2. Los muros exteriores

Para quien camina o transita en un medio de transporte por las inmediaciones del
ex Olimpo, difícilmente el predio pase desapercibido. Las amplias paredes exteriores
que lo rodean están cubiertas de una serie de murales e inscripciones que llaman la
atención de cualquier transeúnte. Sobre la Av. Olivera y las calles Rafaela, Fernández y
Lacarra conviven murales realizados de forma individual o colectiva, por artistas
profesionales o amateurs, con pintadas de agrupaciones políticas y grafitis anónimos.86
Al rodear la manzana, se pueden ver murales en las paredes con imágenes tan
variadas como los rostros de los/las estudiantes desaparecidos/as durante la Noche de
los Lápices, a la Policía Federal ilustrada dentro de una gran calavera, la silueta de José
Gervasio Artigas, los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, un dibujo multicolor
del rostro del ―Che‖ Guevara, Perón y Evita sobre el escudo justicialista y la whipala.
Estos dibujos dialogan en los murales con las consignas ―Juicio y Castigo‖, ―Homenaje
al maestro asesinado por la policía Carlos Fuentealba‖, ―Justicia por Franco Zárate‖,87
―Basta de persecución política. Liberen a Milagro [Sala]‖, ―Palestina libre‖,
―Compañeros fusilados en Trelew. PRESENTES!‖, ―30.000 compañeros presentes‖ y
―Ni un pibe sin vacante. Viva la escuela pública‖, entre otras (Figura 3). Teniendo en
cuenta su formato y que la mayoría de ellas están firmadas, deducimos que se trata de
obras que fueron avaladas por el propio Espacio. La yuxtaposición de distintas capas de
pintura, su contenido temático, la extensión física que ocupan y la variedad de estilos y
técnicas empleadas, son indicios de que fueron producidas en diferentes momentos, por
sujetos diversos e implicaron un diseño y una planificación previa.
Pese a la heterogeneidad de identidades políticas-ideológicas representadas, casi
todas las obras comparten un contenido de denuncia explícita de las violaciones a los
derechos humanos en el pasado, pero sobre todo en el presente. Los temas
86
Con el término ―anónimo‖, nos referimos a que el/los autor/es material/es del grafiti permanece/n
oculto/s, ya sea por la ausencia de una firma o por el uso de un seudónimo (Gándara, 2002).
87
Franco Zárate era un joven de 19 años, hijo de migrantes bolivianos, quien luego de ser discriminado e
insultado por su ascendencia, fue asesinado por un quiosquero en enero de 2015 en el barrio de
Mataderos, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El crimen quedó impune, lo cual provocó la
movilización de amigos/as, familiares y personas de la comunidad boliviana.
89
predominantes de los murales son el reclamo de justicia, la lucha contra el olvido, la
unidad latinoamericana, el homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado y la
valoración de sus proyectos políticos en la actualidad. En cuanto a las formas,
predomina lo concreto sobre lo abstracto, la combinación de colores llamativos y las
figuras vistosas. A través de estas decisiones estéticas de los/las autores/as, percibimos
su intención de interpelar directamente a un público en tránsito y de promover una
reflexión que trascienda la contemplación meramente estética.

Figura 3. Mural en homenaje a Franco Zárate, sobre los muros de la Av. Olivera.
Autoría propia, diciembre de 2017.

Además de los murales, en las paredes externas del sitio también se ven otro tipo
de intervenciones que, por sus características, parecen no haber sido promovidas por
este. Nos referimos a los grafitis realizados por ―escritores/as furtivos/as‖ que toman ese
espacio para expresarse (Gándara, 2002). Hay una enorme diversidad temática: desde
símbolos y consignas que expresan identidades partidarias, sostienen reivindicaciones
sociales, critican a los poderes establecidos o denuncian situaciones injustas,88 hasta
grafitis que no están directamente relacionados con el contenido temático del sitio de

88
Por ejemplo, el símbolo de la hoz y el martillo, un dibujo de un gato debajo de la palabra ―Macri‖, y las
inscripciones ―Viva Perón‖ y ―CFK‖. A su vez, se ven consignas como ―Aparición con vida de Luciano
Arruga‖, ―Si el desalojo es ley, la ocupación es justicia‖, ―Santiago Maldonado dónde está??‖ y ―El
Olimpo para el pueblo‖.
90
memoria ni con las perspectivas antes señaladas. Por ejemplo, vemos declaraciones de
amor, referencias a equipos de fútbol y nombres de bandas de punk y rock. Estas
inscripciones, veloces y anónimas (y no relacionadas directamente con la historia del
Espacio) sugieren que el lugar no genera sentidos unívocos y que algunas personas –
conociendo o no lo que ocurrió allí– deciden usar sus muros como si se tratara de los
muros de cualquier otro espacio (Figura 4).

Figura 4. Grafitis sobre los muros externos de la calle Rafaela. Autoría propia, agosto
de 2017.
.

De esta manera, la combinación entre los murales y grafitis carga de sentido el


lugar y propone una relación con los/las visitantes y transeúntes. Dicho de otro modo,
estas expresiones estéticas, entendidas como prácticas sociales que tienen una
intencionalidad, dialogan con la narrativa que propone el Espacio. Quienes visitan el ex
Olimpo, al contemplarlas, pueden anticipar algo de lo que van a encontrar puertas
adentro: queda claro que se trata de un lugar en el cual predominan las voces militantes
pero que, a la vez, admite otras expresiones. Las paredes externas del Espacio le
advierten al público que el sitio de memoria no es solo un símbolo del pasado, sino que
forma parte de los debates sobre los conflictos del presente y toma posición en ellos.

91
Si tenemos en cuenta que durante la última dictadura se fomentó el silencio, el
inmovilismo y se castigó cualquier forma de denuncia y expresión, estos muros
adquieren una potencia mucho mayor en términos de vinculación con la comunidad, en
tanto se erigen como una suerte de ―cartelera al aire libre‖ para ser usada. Ya sea de
forma ―autorizada‖ –por ejemplo, a través de las jornadas organizadas por la Mesa de
Trabajo y Consenso para la realización de murales individuales o colectivos (Dosch,
2007)– o a través de la toma del espacio de modo furtivo como señalamos
anteriormente.

2.1.3. El sector de ingreso libre

Aunque el predio tiene varios accesos, la entrada al público está emplazada


sobre la calle Ramón Falcón. La puerta de ingreso, que se encuentra a mitad de cuadra,
es una abertura que forma parte de una verja que recorre casi todo el frente y se extiende
unos metros, dando la vuelta, por la Av. Olivera. Las rejas no solo permiten ver desde la
calle el sector que funcionaba como playón de estacionamiento durante su
funcionamiento como CCDTyE, sino que también funciona como un espacio de
exposición al aire libre, ya que los/las integrantes de la Mesa y del equipo suelen
aprovecharlo para colgar carteles o banderas que visibilizan reclamos puntuales o para
mostrar acciones artísticas (Figura 5).89

89
Como se puede ver, en parte, en la Figura 5, en la última visita al predio que realizamos se encontraban
colgadas tres banderas con las inscripciones: ―Aparición con vida YA de Santiago Maldonado /
Secuestrado por gendarmería / Desaparecidos Nunca más‖, ―No al 2x1‖, ―Fue genocidio son 30.000. ATE
Justicia‖ y algunos micro cuentos que conforman la muestra ―TwitteRelatos por la Identidad‖, organizada
por las Abuelas de Plaza de Mayo.
92
Figura 5. Detalle de la verja que forma parte de un sector de los muros externos,
en la esquina de Ramón Falcón y la Av. Olivera. Autoría propia, agosto de 2017.

Como podemos observar en la imagen, este espacio es significativo por la


posibilidad que ofrece a los actores del Espacio para pronunciarse, puertas afuera, sobre
la coyuntura y establecer un canal de comunicación con el barrio. A diferencia de las
obras artísticas, que suelen permanecer por más tiempo en los muros, las rejas pueden
ser intervenidas de forma más fácil y rápida. Asimismo, los/las visitantes conocen,
incluso sin entrar al lugar, el posicionamiento político e ideológico de algunos de los
actores del Espacio –por ejemplo, de las/las trabajadores/as sindicalizados/as– y el
modo en el que estos interpelan a los distintos poderes del Estado.
El playón, a diferencia del ―pozo‖, tiene acceso libre y es el espacio en el que se
llevan a cabo todas las actividades destinadas a la comunidad. 90 Al ingresar al mismo,
desde diciembre de 2016, lo primero que se ve es el parque 30.000 compañeros
detenidos-desaparecidos PRESENTES, que llega hasta las edificaciones construidas al
final del predio, sobre la calle Rafaela.91 En el parque se combinan sectores verdes con
caminos y bancos de cemento alisado que dan vida a un espacio predominantemente
gris e invitan al descanso y el recogimiento. Desde este espacio verde ubicado en el

90
Estas aparecen promocionadas en una hoja impresa a uno de los lados de la entrada: Taller de telar
comunitario, Tango Crítico (tango por educación popular), murga, teatro, taller de Historia, taller de
danza comunitaria, narración oral e informática para adultos mayores, memorias del barrio y narración
escrita. Además, en esta hoja se invita a sintonizar la programación de la Radio Presente, cuyo estudio
está emplazado en el playón.
91
Excepto el Salón de Usos Múltiples Rafaela donde se realizan actividades comunitarias y
conmemorativas, el resto de las edificaciones se encuentran en desuso en la actualidad.
93
centro del predio se puede ver, hacia la derecha, una edificación de dos plantas –con un
entrepiso– en cuyo exterior cuelga un cartel pintado con fileteado porteño que señala a
la Biblioteca popular y pública Carlos Fuentealba. Y, en las ventanas del entrepiso,
traslucen los rostros de algunos/as detenidos/as-desaparecidos/as, formando una especie
de mosaico fotográfico sobre los vidrios (Figura 6).

Figura 6. Vista del exterior del edificio donde se emplaza el Salón de Usos
Múltiples. Autoría propia, diciembre de 2017.

En la planta baja de este edificio hay un Salón de Usos Múltiples (SUM). Sus
paredes interiores están pintadas de blanco, lo cual genera una sensación de amplitud y
luminosidad. En la pared más extensa se exhiben los rostros de los/las ―compañeros
detenidos-desaparecidos vistos en el CCDTyE ´Olimpo´‖, con sus nombres, sus apodos
de militancia y las fechas de su secuestro. Entremedio de los rostros, en grandes letras
imprentas mayúsculas se lee ―30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-
DESAPARECIDOS ¡PRESENTES AHORA Y SIEMPRE!‖ (Figura 7). Y, en una
pared contigua, se exhibe un listado de los represores y de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as vistos/as en el circuito A-B-O.

94
Figura 7. Muro principal del Salón de Usos Múltiples. Autoría propia,
diciembre de 2017.

Dado que este espacio se utiliza para distintas actividades –como la introducción
a las visitas guiadas, proyecciones audiovisuales, charlas, presentaciones de libros,
talleres, etcétera – hay una mesa grande ovalada, sillas y un proyector que se ubican en
el espacio según la necesidad. Además, se exhiben cuatro paneles móviles que
conforman una muestra gráfica sobre el circuito A-B-O.92
Conectado con el SUM a través de una arcada, hay un sector pequeño destinado
a la muestra ¿Aquí hubo niñ@s?, inaugurada el 16 de agosto de 2018, que reúne las
experiencias de los/las niños/as (hoy adultos/as) en el CCDTyE. A través de cartas,
fotografías, relatos en primera persona y juguetes exhibidos en un mostrador mercero
blanco, narran cómo fueron secuestrados/as con sus padres/madres o presenciaron su
secuestro, pero también que pasó en sus vidas después (algunos/as permanecieron
semanas, horas o días en el CCDTyE y otros/as quedaron a cargo de familiares o fueron
apropiados/as) (Figura 8).

92
En ellos se brinda información sobre la localización geográfica, las características edilicias, el modo de
funcionamiento de cada sede del CCDTyE y se dan referencias breves sobre el proceso que atravesaron
hasta convertirse en sitios de memoria. En un cuarto o primer panel -según como se ordenen en el
espacio- se incluye una línea de tiempo que evidencia las vinculaciones entre los tres centros como parte
del mismo circuito represivo. La información de los textos se refuerza con una selección de fotografías en
blanco y negro tomadas durante la visita de la CONADEP y por un croquis del ex Olimpo realizado en
aquella inspección ocular.
95
Figura 8. Visitantes en la muestra ¿Aquí hubo niñ@s? Autoría
propia, marzo de 2019.

Desde allí, a través de una escalera, se accede a la exhibición Eso que no


pudieron destruir: Historias de Vida de detenidos-desaparecidos vistos en el ex
CCDTyE "Olimpo". Esta sala ocupa un espacio modesto, de paredes blancas, y muy
luminoso. Aunque el mobiliario es escaso, hay almohadones de colores en el suelo y
algunas sillas para que los/las visitantes se puedan sentar o recostarse en una posición
cómoda y relajada. Además, se distribuyen en toda la exhibición unos cubos y cajones
de madera sobre los cuales reposan alrededor de veinticinco carpetas. Cada una de ellas
recupera la historia de un/a detenido/a-desaparecido/a y es única en su diseño (Figura
9).

Figura 9. Sala Eso que no pudieron destruir: Historias de Vida


de detenidos-desaparecidos vistos en el ex CCDTyE "Olimpo".
Autoría propia, diciembre de 2017.
96
Las carpetas incluyen, según el caso, fotografías, dibujos, panfletos políticos,
partidas de nacimiento, fragmentos de cartas, relatos o poesías escritos por amigos/as,
familiares y compañeros/as de militancia. Este conjunto de materiales busca recuperar la
forma de pensar, de ser y de estar en el mundo de cada una de las personas detenidas-
desaparecidas. Se exponen sus certezas y sus vacilaciones, sus sueños y sus vínculos
políticos y afectivos. Aunque el espíritu de cada una es similar, no hay una carpeta igual
a la otra, porque lo que se intenta destacar es la singularidad de esa persona que ya no
está a partir de la mirada de quienes la amaron y hoy la extrañan.
En el fondo del salón, sobre la pared opuesta a la entrada, se destaca un dibujo
de un árbol con dos ramas principales desde las cuales salen ramificaciones más
pequeñas con los apodos de los/las detenidos/as-desaparecidos/as aludidos/as en las
carpetas. Debajo de este dibujo, sobre una mesa baja de madera, llaman la atención dos
objetos: una plastificadora antigua y una prensa. Ambos están acompañados por textos
que llevan el título ―Objetos de la lucha del pueblo‖. A través de la transcripción de un
relato en primera persona, ―Tilcara‖ cuenta que la plastificadora se utilizó en la
fabricación de documentos falsos para que ―pudieran portar los compañeros y zafar de
una requisa‖. Y ―Kaky‖ narra que la prensa perteneció al Ejército Revolucionario del
Pueblo y fue recuperada por ella durante la noche del ―Devotazo‖ (Figura 10).93

93
Se conoce con este nombre al 25 de mayo de 1973, cuando miles de manifestantes que habían
participado de la asunción de Héctor Cámpora, se dirigieron al penal de Villa Devoto para liberar a las
personas que habían sido encarceladas por motivos políticos en los años previos.
97
Figura 10. Prensa y plastificadora usadas por las organizaciones
revolucionarias, exhibidas en la sala Historias de vida... Autoría propia, marzo
de 2019.

Estos objetos (y también las carpetas) resultan particularmente interesantes


porque permiten conocer algunas de las actividades vinculadas a la militancia de los/las
detenidos/as-desaparecidos/as en las organizaciones armadas. A diferencia de las
señalizaciones externas, donde las experiencias militantes ligadas a la violencia
revolucionaria no están presentes, en esta exhibición ocupan un lugar notorio que
habilita a que los/las visitantes –en un ambiente más íntimo que invita a la
introspección– se hagan preguntas y quieran saber más acerca de ellas.
Sobre las paredes de la sala posan, además, distintos carteles que presentan, en
formato reducido, parte del contenido de las carpetas. En ellos no se ofrecen datos ni
explicaciones históricas, sino fragmentos de las trayectorias vitales de los/las
detenidos/as-desaparecidos/as, que buscan sensibilizar a los/las visitantes e invitarlos/as
a profundizar, a partir de la lectura de las carpetas, en las historias personales de cada
uno de ellos/as. En el texto introductorio de la exhibición se explicitan sus objetivos de
esta manera:

98
Eso que no pudieron destruir…
Historias de vida
Intentamos aquí reponer una memoria de los detenidos-desaparecidos que apunta a la
reconstrucción de sus biografías, resistiéndonos al intento de borramiento de sus vidas
de la experiencia individual y a la vez social de sus trayectorias, de la red de proyectos
políticos y cambio social que desarrollaban por medio de sus militancias y múltiples
compromisos.
Los recursos son las memorias, los afectos, las ganas de contar, las fotos, las cartas, los
poemas, las pequeñas cosas que resistieron a la persecución, a la desaparición forzada,
al paso del tiempo y a la impunidad.
MESA de TRABAJO y CONSENSO del ex CCDTyE ´Olimpo´.94

En estas líneas observamos cómo la propia muestra se presenta como un acto de


resistencia a la maquinaria desaparecedora puesta en práctica durante la dictadura, cuyo
fin principal no era la eliminación física de las personas, sino la supresión de sus
proyectos de cambios de social. Al narrar cómo hombres y mujeres ―comunes‖
(trabajadores/as, estudiantes, amas de casa, etcétera) terminaron comprometiéndose con
la causa revolucionaria y dando su vida por alcanzar una sociedad más justa e
igualitaria, se pone en valor la organización social y política y, a la vez, se intenta
construir empatía entre los/las militantes de ayer y los/las visitantes de hoy.
Un efecto similar provocan las fotografías exhibidas en la pared junto a los
textos de sala (Figura 11). A diferencia de las fotos ―carnet‖ en blanco y negro que
solemos encontrar sobre las banderas y pancartas para recordar a las personas
desaparecidas, estas son fotos donde se ve a los/las ―compañeros/as‖ en las poses de los
álbumes familiares. Son imágenes que permiten ver los aspectos más íntimos de la vida
de esas personas y, en tanto recuperan instantes de su cotidianeidad, apelan
directamente a las emociones. Tomando las palabras de Nelly Richard,

El abismo entre, por un lado, lo despreocupado del rostro del desaparecido en el tiempo
pasado de una toma fotográfica que no sabe todavía de la inminencia del drama y, por el
otro, el tiempo presente desde el cual miramos hoy trágicamente la foto de alguien
luego convertido en víctima de la historia, compone el desesperado punctum (Roland
Barthes) que nos emociona y nos conmociona.
Recuperando el concepto de punctum de Barthes, los rostros de los desaparecidos en las
fotos nos interpelan ‗como una flecha que viene a punzarnos‘ (1990, p. 64). (Richard,
2010, p. 263)

Como sugiere esta autora, el punctum está relacionado a aquello que es difícil de
explicar racionalmente, que conmociona y se genera a partir de la co-presencia de
elementos contradictorios: por un lado, los rostros alegres y despreocupados de los/las

94
Los destacados son nuestros.
99
retratados/as en el pasado y, por el otro, la certeza de que hoy están ausentes por el
accionar del Estado.

Figura 11. Detalle de uno de los paneles de la Sala Historias de vida…, dedicado a
Susana Larrubia. Autoría propia, marzo de 2019.

Si consideramos, como explicamos más adelante, que esta sala forma parte de
una de las ―estaciones‖ de las visitas,95 a la que se llega generalmente después del
recorrido por el ―pozo‖, el efecto emocional que produce en los/las visitantes es mucho
más profundo, en tanto dota de una corporalidad concreta y de una historia a las
víctimas del encierro y la tortura. Así, mientras la muerte se materializa en las
instalaciones que funcionaron como CCDTyE, la vida de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as –―Eso que no pudieron destruir‖ los represores– vuelve con toda su
fuerza a partir de la exhibición.
Asimismo, dado que la muestra no propone un recorrido pautado, la ―parada‖ en
este espacio es el momento más libre del recorrido, ya que los/las guías suelen
reservarse el uso de la palabra y son los/las visitantes quienes deciden qué mirar y cómo

95
Pese a que la exhibición está abierta todos los días y puede visitarse libremente, para quien nunca
ingresó al Espacio resulta difícil saber de su existencia. Esto hace que los/las visitantes más frecuentes de
la sala sean los/las familiares y amigos/as de los/las detenidos/as-desaparecidos/as, que acuden allí para
reencontrarse simbólicamente con sus seres queridos, o quienes participan de las visitas guiadas.
100
hacerlo: pueden observar los carteles de las paredes siguiendo el orden que elijan y/o
sentarse a leer una o más carpetas de forma completa o realizar una lectura ―salteada‖.
En suma, esta descripción de las señalizaciones externas y del sector de ingreso
libre muestra algunos de los componentes principales de la narrativa que propone el
Espacio a sus visitantes. En primer lugar, las militancias de las personas detenidas-
desaparecidas, sus experiencias y proyectos vitales, más allá de su condición de
víctimas del terrorismo de Estado. En segundo lugar, la denuncia permanente a las
violaciones de los derechos humanos tanto en el pasado dictatorial como en el presente
democrático. En tercer lugar, mediante la puesta en valor del accionar de los/las
vecinos/as y de las organizaciones barriales y políticas en el proceso de ―recuperación‖,
la importancia del compromiso de la sociedad civil para impulsar y sostener las políticas
de memoria. Estos aspectos, como explicamos a continuación, se complementan con los
significados que transmiten las marcas territoriales del sector al cual se accede con la
compañía de los/las trabajadores/as del sitio.

2.1.4. El “pozo”

Este espacio funcionó como lugar de reclusión de las personas secuestradas


durante la etapa represiva y solo puede visitarse en compañía de un/a guía y en un día y
horario pre-acordado con el equipo. Por un lado, porque sus instalaciones constituyen
evidencias judiciales que deben ser preservadas y, por el otro, porque, tal como
explicamos en el primer capítulo, luego de la ―recuperación‖ se consideró que el relato
oral era imprescindible para orientar la interpretación de la materialidad.
Para favorecer este propósito y darle un soporte material al relato de los/las
guías, desde el año 2007, el sector del ―pozo‖ cuenta con un dispositivo de señalización
conformado por una serie de carteles que se sostienen sobre unos soportes de pie,
similares a un atril. Cada uno de ellos indica qué había en cada lugar durante el
funcionamiento del CCDTyE y qué función tenía cada uno dentro del dispositivo
concentracionario. Los carteles están numerados siguiendo el recorrido que realizaban
las personas detenidas, desde su ingreso al recinto de detención hasta la zona de celdas.
Como expusimos en el primer capítulo, las fuentes primarias utilizadas para el
diseño de los carteles fueron los testimonios de los/las sobrevivientes. Estos carteles
cumplen una función principalmente informativa y están redactados en una voz

101
impersonal. Aportan datos concretos sobre cómo era la ―vida cotidiana‖ en cautiverio y
señalan las modificaciones que las fuerzas represivas le hicieron al lugar antes y
después de funcionar como CCDTyE. Pero, a la vez, estos datos se incluyen dentro de
un marco interpretativo que ofrece claves para que los/las visitantes comprendan cuáles
eran los objetivos de los represores y, en contrapartida, los intentos de resistencia de
los/las detenidos/as. En términos de López González:

… estas intervenciones refieren a un uso literal de la memoria anclándola a referentes


que a la vez se corresponden con una memoria emblemática del período de la dictadura,
cual es [sic] la de la detención, tortura, muerte, desaparición y resistencia vital desde el
punto de vista de quienes fueron víctimas de las prácticas represivas. Son justamente
estas memorias las que permiten construir la dimensión emblemática, haciendo
referencia a personas, vivencias diversas y temporalidades dentro del marco que podría
ser referido como ‗experiencia concentracionaria‘, entre otros elementos que permiten
agrupar memorias sueltas de similar tipo. Son intervenciones que, en un lenguaje
descriptivo y objetivante, han sido producidas para hablarle a personas que no
necesariamente conocen lo ocurrido en el lugar, ya sea por distancia social o
generacional (2013, p. 84).96

Como explica esta autora, en el ―pozo‖ se hace uso de una memoria ―literal‖, es
decir, el relato se ancla en los hechos que ocurrieron en el lugar en el pasado cercano y
la voz narrativa funde experiencias variadas en una voz colectiva. Esta narrativa
impersonal se combina, en algunos carteles, con recuadros especialmente señalados bajo
el título ―Testimonios‖, donde se destacan las palabras de algunos/as sobrevivientes en
primera persona producidas en distintos momentos, bajo diferentes desafíos políticos y
biográficos. Algunos/as en instancias judiciales como el Juicio A-B-O, otros para el
Informe de la CONADEP, y además se incorporan algunos fragmentos del libro
Desaparecido: memorias de un cautiverio - Club Atlético, el Banco, el Olimpo, Pozo de
Quilmes y ESMA que reúne el testimonio de Mario Villani (2011).97 Es decir, los
testimonios de los/las sobrevivientes constituyen la palabra de autoridad a la cual se
apela para la construcción de una verdad que permita narrar el espacio.

96
Los destacados son nuestros.
97
El dispositivo de señalización tuvo, hasta el presente, tres versiones. Aquí nos referimos a la última de
ellas. Según nos explicó una de los/las coordinadores/as del equipo, estas versiones no tuvieron grandes
diferencias entre sí en cuanto al contenido. Excepto de la primera versión, cuando decidieron no incluir
los nombres de los/las sobrevivientes en los testimonios en primera persona para resguardar sus
identidades en un contexto complejo. Hacía pocos meses de la desaparición de Jorge Julio López luego de
dar testimonio en el juicio contra Miguel Etchecolatz, estaba en curso el Juicio contra el ―Turco Julián‖ y
empezaba el Juicio A-B-O. En la segunda versión, cuando el temor era menor, se agregaron los nombres
de los/las testimoniantes y se sumaron, al igual que la última versión, los datos aportados por los juicios y
por la literatura testimonial. (Entrevista a Andrea, 5 de enero de 2018).
102
El primer cartel, que se ve del lado izquierdo al ingreso al ―pozo‖, es una
ampliación de un mapa de la Argentina donde se puede observar la distribución
territorial de los CCDTyE durante el terrorismo de Estado.98 La puerta de acceso es una
estructura desmontable de hierro y vidrio que, siguiendo el criterio de no reconstruir, se
colocó en una parte del muro prefabricado de hormigón que en la época de la dictadura
incomunicaba a las personas secuestradas en el ―pozo‖, dado que el resto del predio
siguió funcionando con las tareas cotidianas de la Policía (Guglielmucci, 2013). Sobre
la puerta, del lado que mira hacia al playón, hay una leyenda sobre una foto de la visita
de la CONADEP al lugar en 1984 que dice:

Aquí funcionó el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio ´Olimpo´


entre el 16 de agosto de 1978 y fines de enero de 1979.
Fue uno de los más de 500 centros clandestinos de detención que funcionaron en todo el
país en el marco del genocidio perpetrado en Argentina durante 1976-1983.
En este centro permanecieron detenidas aproximadamente 500 personas, muchas de
ellas permanecen desaparecidas.

A diferencia de los carteles que forman parte de la señalización externa del


predio, en esta inscripción se propone el concepto de ―genocidio‖99 (y no, el término
―crímenes de lesa humanidad‖) y una periodización que limita el accionar represivo a
los años de duración de la última dictadura. Consideramos, a partir de los aportes de
Luciano Alonso, que la categoría ―genocidio‖ tiene en este caso un uso movilizador, ya
que…
Permite una fuerte imputación política de los crímenes estatales y sus ejecutores, activa
recuerdos e inscribe los hechos en una genealogía de luchas. Su carga simbólica es tal
que se torna operativo para comunicar una denuncia, llamar la atención sobre una
injusticia o provocar una repulsa (2015, p. 21).

98
Se trata de una ampliación a gran escala del mapa de Centros Clandestinos de Detención y Sitios de
Memoria del Terrorismo de Estado en la Argentina elaborado por el Archivo Nacional de la Memoria, la
Red Federal de Sitios de Memoria, el Ministerio de Educación de la Nación y la Secretaría de Derechos
Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Véase Ministerio de Justicia y
Derechos humanos, s/f.
99
Siguiendo los planteos de Feierstein (2007, 2011), el uso de este concepto pone de relieve tres
cuestiones. En primer lugar, que, si bien el objetivo del terror apuntaba a desarticular la organización de
sus fracciones radicalizadas o militarizadas, tuvo efectos sobre el conjunto social. En segundo lugar, que
la causa principal de la represión estatal no fue la radicalización política y la movilización popular de los
años previos a la dictadura, sino la construcción de un proyecto de reorganización social a través del
terror que tenía larga data y se expresó en la Doctrina de Seguridad Nacional. Por último, y según se
deduce del punto anterior, que el accionar del Estado no fue una respuesta al incremento de la violencia,
sino que se trató de una acción ofensiva que buscaba transformar las relaciones basadas en la reciprocidad
y la cooperación en relaciones basadas en el individualismo y la des-responsabilización.
103
En otras palabras, más allá de los debates académicos y jurídicos en torno a su
pertinencia para dar cuenta de lo ocurrido durante la última dictadura argentina
(Feierstein, 2015; Alonso, 2015) este uso del término ―genocidio‖ resulta eficaz para la
transmisión. En primer lugar, porque está legitimado por la justicia en tanto productora
de discursos de verdad. En segundo lugar, porque permite comparar lo ocurrido en
nuestro país con procesos similares sucedidos en otras latitudes y, por último, porque
responde a la representación generalizada de que el ―genocidio‖ es el mayor crimen
imaginable.
Una vez atravesada la puerta y luego de este mensaje de ―bienvenida‖, queda
claro que lo que se va a ver del otro lado es un lugar histórico (―donde ocurrieron los
hechos‖), distinto al resto del predio. En el reverso del cartel, del lado de la puerta que
mira hacia el ―pozo‖, se destaca un pequeño fragmento de una poesía de Irma
Escosteguy –Madre de Plaza de Mayo– que dice: ―Faltan ellos, / ellos no se fueron, /
ellos se quedaron, / no fueron vencidos, / solo postergados…‖. Guglielmucci (2013)
explica que este texto estuvo pensado como un mensaje de salida que apuntaba a
predisponer a los/las visitantes a comprometerse con el recuerdo activo de las personas
detenidas-desaparecidas y a promover una transformación política a futuro. Aquí
consideramos que también puede leerse como un marco interpretativo para el resto de
los carteles que forman parte de la señalización del ―pozo‖. Si bien el fragmento poético
sugiere que la mayoría de las personas que transitaron por ese espacio tuvieron como
destino la muerte, la expresión ―no fueron vencidos, solo postergados‖ trasmite un
mensaje esperanzador y, a la vez, inscribe al Espacio en una saga histórica de luchas
populares. Leído al comienzo del recorrido, prepara a los/las visitantes para lo que van a
ver y les advierte que, pese a las condiciones terribles vividas en ese lugar por las
víctimas, sus proyectos resistieron, esperando a que otros/as (los/las visitantes)
continúen esos sueños postergados. Esta decisión de transmitir la experiencia
concentracionaria desde la óptica de la resistencia vuelve a aparecer en el resto de los
carteles, donde se trata de recuperar lo que los represores no pudieron quebrar: los
vínculos de solidaridad entre los/las secuestrados/as y su dignidad.
Al caminar hacia la izquierda, lo primero que se ve es un portón grande de chapa
que da hacia la calle Ramón Falcón y, a su lado, un habitáculo vidriado en cuya pared
posa una representación de la Virgen de Luján construida con azulejos pintados (Figura
12). Tres carteles informan que se trata de una sala de guardia por la que pasaban
todos/as los/las secuestrados/as ni bien entraban al CCDTyE. En ellos, se destaca que
104
este lugar era donde se producía el ―primer intento de anular la identidad de las personas
detenidas-desaparecidas‖ a través de la asignación de una letra y un número que las
identificaba durante toda su estadía en el lugar. Enfatizamos el uso de la palabra
―intento‖, porque busca resaltar que la victoria de los represores no fue completa.

Figura 12. Sala de guardia y portón de ingreso al ex CCDTyE, visita guiada


Escuela de Pompeya. Autoría propia, 23 de agosto de 2017.

La sala de guardia funciona, además, como un anclaje material para plantear las
distintas formas de tortura a las que estaban sometidos/as los/las secuestrados/as. Por
ejemplo, se cuenta que los represores solían contactar a algunos de ellos/as con sus
familiares (a través de llamados telefónicos, correspondencia o visitas a sus hogares)
para construir la falsa expectativa de que serían liberados/as y para desincentivar, bajo
amenaza, tanto las denuncias de los/las familiares, como los intentos de fuga y
resistencia entre los/las detenidos/as-desaparecidos/as.
En estos tres carteles se incluyen fotos del sector tomadas durante la visita de la
CONADEP y un plano que representa la zona que funcionaba como CCDTyE durante
la dictadura. Al ponerlos en relación con el estado actual del lugar, se ven tanto las
modificaciones que encontraron los/las sobrevivientes en aquella visita, como las que
realizó luego la Policía tras el retorno de la democracia.

105
En la sección ―Testimonios‖ de uno de los tres carteles que se titula ―Acceso al
CCDTyE ´Olimpo´‖, se incluyen estos dos fragmentos:

El 16 de agosto debimos enrollar nuestros colchones y esperar junto a la puerta de


nuestra celda casi todo el día. A la nochecita, nos engrillaron de a dos y nos cargaron en
un camión con nuestras pertenencias, el cual tenía caja de madera tapada con lona. Así
llegamos a un lugar recientemente construido, lleno de polvillo, donde el frío era
insoportable" (Testimonio de Isabel Fernández de Ghezan, CONADEP).

Estimo que se realizaron dos o tres viajes con el mismo camión, en el cual irían
aproximadamente treinta personas. Junto con nosotros pasaron al nuevo alojamiento los
mismos represores del Banco. El nuevo lugar estaba recién construido y adaptado para
mantener a los detenidos más controlados". (Testimonio de Elsa Lombardo,
CONADEP).100

Estos relatos en primera persona, por un lado, legitiman la reconstrucción


histórica que brindan los carteles a partir de la voz autorizada de los/las testigos y, por el
otro, transmiten vivencias que particularizan el discurso impersonal. Al complementar
lo singular de los testimonios con lo general del documento histórico/judicial, ―se trata
de generar en el visitante una identificación con la escena e incorporarlo como
observador y a la vez como protagonista, buscándose en cualquier caso la apropiación
por parte de este de un mensaje ético y no meramente informativo‖ (Weingarten, 2002,
p. 18).
Siguiendo el recorrido propuesto por la numeración de los carteles, la siguiente
―parada‖ es el Casino de Oficiales. Esta consiste en una construcción de dos pisos (a la
cual los/las visitantes no pueden ingresar) donde se alojaban los represores. En el cartel
ubicado al pie de la edificación se describe cuál era la estructura jerárquica dentro del
CCDTyE (desde los jefes de campo hasta los guardias), las fuerzas represivas que
intervinieron en el funcionamiento del lugar y se indica que en la planta alta se
encontraban las oficinas de los represores. Además, a modo de ―escrache‖,101 se
menciona a Enrique Carlos Ferro ―Coco o el Francés‖ y a Guillermo Antonio Minicucci
―Petiso Rolando‖, como los jefes de campo que dirigían los grupos de tareas que
operaban en el ex Olimpo.

100
Los destacados son nuestros.
101
A mediados de la década del noventa, la agrupación HIJOS comenzó a realizar escraches para
denunciar a los represores. La práctica del escrache involucraba la realización de una marcha hasta los
domicilios de los represores con el objetivo marcar estos lugares (generalmente mediante grafitis o
pintadas) y tornarlos visibles para su entorno social (Lvovich y Bisquert, 2008). Si bien el escrache dentro
del ―pozo‖ es diferente, comparte con aquella práctica el hecho de hacer pública y particularizar la
identidad de los perpetradores para que quienes pasen por allí conozcan sus nombres y su rol dentro del
aparato represivo.
106
Pese a que se aclara que las personas secuestradas no solían tener acceso al
Casino de Oficiales, en la sección ―Testimonios‖ se incluye el siguiente fragmento del
libro de Villani:

En una ocasión trabajé varios días en un tendido eléctrico en el casino de suboficiales


que estaba en un primer piso fuera del sector de prisioneros. La mayor parte del tiempo
la pasaba en un salón que daba a la calle Fernández, que se veía por una ventana del
primer piso. Aprovechando los ratos que me dejaban solo, miraba por la ventana y veía
algo que me llamaba poderosamente la atención. Cruzando la calle se levantaba una
vieja casa de dos pisos, típica de los barrios de Buenos Aires, con un balcón que tenía
una característica insólita: no correspondía a puerta o ventana alguna, como si lo
hubieran corrido después de construir las aberturas.102

En este caso, el testimonio aporta una información distinta a la que se incluye en


el resto del cartel. En primer lugar, sugiere que algunos/as detenidos/as trabajaban
durante su permanencia en el CCDTyE. En segundo lugar, destaca que, en ciertas
ocasiones, los/las secuestrados/as pudieron romper las reglas que les imponían los
represores. Y, en tercer lugar, al hacer referencia al barrio, permite imaginar la escasa
distancia que separaba el adentro y el afuera del CCDTyE.103 Estas cuestiones son
relevantes porque constituyen pilares del relato que sostienen los/las guías durante el
recorrido con los/las visitantes: la resistencia, el ―trabajo esclavo‖ y las fronteras
permeables del sitio.
El recorrido propuesto continúa en el sector ―Incomunicados‖. Dadas las
condiciones de deterioro del lugar y a la propagación de la humedad en las paredes, al
entrar se siente cierto estremecimiento que se traduce, como exponemos más adelante,
en sensaciones físicas como el frío y la ―piel de gallina‖. El hecho de que sea la primera
habitación a la que se puede ingresar en el sector del ―pozo‖ y que, según indica un
cartel colocado al lado de la puerta de entrada, es uno de los lugares donde se ejercía la
tortura física, puede alimentar estas emociones.
Aunque en los carteles no hay referencias explícitas a los métodos de tortura, se
señala que ese era el primer sector a donde se llevaba a los/las secuestrados/as cuando
ingresaban al lugar y que además solía ser el último espacio que habitaban antes de cada
―traslado‖. Se cuenta que ―Incomunicados‖ funcionaba como un lugar de aislamiento
para los/las prisioneros/as donde, bajo tortura física, los represores buscaban lograr

102
Los destacados son nuestros.
103
En algunas visitas guiadas que observamos, los/las guías retoman oralmente este testimonio para
destacar que ese balcón tapiado le sirvió a Villani, durante la visita de la CONADEP al Olimpo, para
demostrar la veracidad de su testimonio.
107
delaciones que permitieran continuar con los secuestros. Además, se aportan datos
fácticos sobre las fechas de los distintos ―traslados‖ que hubo en el Olimpo y se explica
que esta palabra era utilizada por los represores para encubrir la muerte o el asesinato
bajo la forma de desaparición.
Lo primero que llama la atención al entrar a esta habitación es la presencia de
una gran ventana ojival, de la cual se ha quitado adrede parte del revestimiento, que deja
ver que fue en algún momento tapiada con ladrillos (Figura 13). Esta abertura está
descubierta en su parte superior, formando un ventiluz. A su vez, a su lado hay marcas
visibles en la pared que permiten imaginar que había tres aberturas idénticas, todas
ellas, apuntando a la calle Fernández.

Figura 13. Ventana tapiada en el sector


―Incomunicados‖, visita guiada Escuela de Pompeya.
Autoría propia, 23 de agosto de 2017.

108
Figura 14. Joven observando el trabajo de los/las
arqueólogos/as y especialistas en conservación en el sector
―Incomunicados‖, visita guiada Escuela de Pompeya.
Autoría propia, 23 de agosto de 2017.

Sobre el suelo se ve una estructura de madera que delimita un pequeño sector del
cual se removió una capa del cemento que cubre toda la superficie. Esta marca permite
descubrir un piso original de pinotea (Figura 14).
En dos carteles ubicados debajo de la ventana, se aportan algunos datos para
interpretar estas marcas. Se señalan las modificaciones que sufrió el lugar desde su
funcionamiento como CCDTyE y se indica que las ventanas, al momento de la visita de
la CONADEP, estaban totalmente tapiadas, por lo cual se deduce que se realizó un
trabajo de conservación posterior para redescubrirlas. Se destaca además que a través de
sus pequeñas aberturas superiores, cuando los guardias abrían la puerta de las celdas a
causa del calor, algunos de los/las secuestrados/as pudieron ver a través de la vendas
―las hojas de los árboles, escuchar al diariero, las voces de los niños entrando y saliendo
de las escuelas cercanas y el ruido de los automóviles que circulaban por la calle
Fernández‖. En esta descripción se refuerza nuevamente la cercanía con el barrio y los
pequeños actos de resistencia que llevaron adelante los/las detenidos/as para quebrar,
por breves momentos, el aislamiento.
Por otra parte, como podemos inducir de la Figura 14, estas marcas realizadas
por arqueológos/as y profesionales en conservación, generan curiosidad en los/las
visitantes por su enorme efecto de autenticidad: generan la sensación de estar en el lugar
109
donde ocurrieron los hechos y, por ende, ponen de relieve el carácter de ―prueba‖ del
lugar.
En el otro cartel, se explica que la habitación se construyó especialmente para el
funcionamiento del CCDTyE y que había cinco celdas y una sala de tortura. Los
acontecimientos vinculados al dolor y a la muerte que sucedieron en este sector, se
atenúan a partir de la inclusión del siguiente testimonio:

En el ‗Banco‘, en la celda de al lado, había un compañero incomunicado como yo.


Escuchaba sus golpes en la pared y respondía con dos o tres golpecitos. Entendía que
era una manera de saber que nos teníamos en cuenta el uno al otro. El día del traslado,
mientras esperábamos juntos en el patio, me dijo el significado de los toques en la
pared. Dos golpes después de la cena era ‗buenas noches‘; tres golpecitos durante el día
era ‗¿cómo estás?‘; y así establecimos códigos. Al estar en Olimpo incomunicados,
pudimos comunicarnos por los golpecitos. Luego supe que otros compañeros hicieron lo
mismo. Estar juntos, darnos fuerza, era eso… (Testimonio de Isabel Cerruti, detenida-
desaparecida liberada).104

De esta manera, en lugar de detenerse en la descripción de la tortura física y de


la desesperación que provocaba el aislamiento en este sector, otra vez los carteles ponen
en el centro del relato los lazos afectivos entre los/las detenidos/as, la resistencia y la
solidaridad.
Al salir de ―Incomunicados‖ la numeración de los carteles conduce a una
construcción con varias habitaciones (Figura 15). En un cartel ubicado en la puerta de
ingreso se informa que desde dicha construcción se accedía a dos sectores de celdas:
―Incomunicados‖ y ―Población‖. Se incluyen, además, fragmentos de los testimonios de
Enrique Guezan e Isabel Fernández Blanco en el juicio A-B-O donde dan cuenta de que
el lugar se construyó especialmente para el alojamiento de los/las detenidos/as.

104
Los destacados son nuestros.
110
Figura 15. Zona de trabajo de los grupos de tareas y enfermería. Visita guiada Escuela
de Pompeya. Autoría propia, 23 de agosto de 2017.

Otros dos carteles señalan la ubicación de las oficinas de los grupos de tareas, un
laboratorio donde los represores realizaban documentación falsa y otra sala de torturas.
En este sector encontramos una conceptualización del significado de la tortura en la
estructura represiva en general y dentro del CCDTyE en particular. La voz impersonal
en uno de los carteles afirma que esta era ―nodal en el plan sistemático de represión
desplegado durante la última dictadura‖ y que a través de ella ―se buscaba generar
terror, parálisis, disciplinamiento y nuevos secuestros‖. Pero son los testimonios
seleccionados los que proporcionan más detalles y definen su alcance:

Para las fuerzas militares un secuestrado es en sí mismo, al momento de su ingreso al


campo de concentración, una fuente potencial de información que puede posibilitar
nuevos secuestros y/o apropiación ilegal de bienes, si es sometido ‗adecuadamente‘ a la
tortura física y psicológica. En todos los campos de concentración ‗adecuadamente‘
significa para los militares que el secuestrado sea quebrado cuanto antes en su
resistencia moral e ideológica.
Los límites del terror no terminan en las dimensiones de los ‗quirófanos‘. Por el
contrario, están en todos los rincones del campo y penetran en los secuestrados a través
de los más variados mecanismos de la tortura física y psicológica, todo ello en un marco
inimaginable (Testimonio de Roberto Ramírez, ‗Viejo Guillermo‘, CONADEP)105

105
Los destacados son nuestros.
111
El objetivo del tormento no es obtener la confesión de verdades absolutas, como si
fueran imágenes en blanco y negro, sino más bien producir una infinita paleta de grises.
El dolor es un elemento central en la tortura física y cuentan con un menú de métodos
para producirlo [la aplicación de la picana eléctrica, los golpes en la planta de los pies o
en los oídos, las quemaduras con cigarrillos, la asfixia con líquidos o bolsas de plástico,
la extracción de uñas o dientes, la privación de sueño, alimentos y bebidas]. A esto se le
agrega, en el caso de los centros clandestinos de detención, que el prisionero está
aislado, tirado sobre un pedazo de goma espuma o directamente sobre el suelo, en un
estado de confusión y alucinaciones causado por el uso de la venda o capucha que le
hace perder todo referente espacio-temporal. Superpuesto a todo esto está, además, el
abrumador tormento psicológico de escuchar permanentemente los gritos de los otros
torturados, y no saber cuál es el destino final de uno. (Mario Villani, fragmento del libro
Desaparecido, Memorias de un cautiverio, 2011).106

Nos interesa la inclusión de los testimonios de estos sobrevivientes, en


particular, las palabras de Villani. Si leemos el fragmento citado en el libro que reúne su
testimonio, advertimos que en la señalización se decidió omitir la descripción
pormenorizada de los métodos de tortura, para centrarse en otros aspectos de la
experiencia concentracionaria, como la incertidumbre, el aislamiento y la confusión
permanente provocada por la pérdida de todo tipo de referentes. La selección de esta
narración en primera persona invita a imaginar cómo era padecer la tortura diaria en el
CCDTyE, pero evita generar un goce masoquista o una angustia excesiva en los/las
visitantes.
La misma estrategia de transmisión aparece en otro cartel que se encuentra en la
habitación que se usaba durante el funcionamiento del CCDTyE como cocina. Allí se
explica la escasez y la mala calidad de los alimentos proporcionados por los represores
y las estrategias que desarrollaron los/las detenidos/as para optimizar los recursos
disponibles y distribuir la comida de la forma más equitativa posible.
Fundamentalmente, se resalta el caso de las mujeres embarazadas, a quienes algunos
―compañeros les cedían parte de su comida para evitar la desnutrición de la madre y del
bebé.‖
El recorrido propuesto en la señalización termina en el sector ―Población‖, que
actualmente se parece a un garaje, pero que durante la dictadura era el sector de celdas
donde se alojaban la mayor parte del tiempo los/las secuestrados/as (Figura 16). De
acuerdo al criterio de no reconstruir el predio, las paredes de las celdas están marcadas
con unas líneas amarillas pintadas en el suelo. Además, mediante el trabajo de
arqueólogos/as y especialistas en conservación, se descubrieron sobre la pared las vigas

106
Tanto los destacados como el agregado entre corchetes son nuestros, este último fue transcripto del
libro de referencia.
112
que separaban las celdas y sobre el suelo, al igual que en el sector ―Incomunicados‖, se
puede ver debajo del cemento una de las esquinas donde comenzaba el sector de celdas
y los lugares donde estaban ubicadas las duchas y las letrinas.

Figura 16. Sector ―Población‖. Visita guiada Escuela de Pompeya. Autoría


propia, 23 de agosto de 2017.

En este sector hay además, sobre un muro, un plano general que reconstruye el
lugar a partir del testimonio de los/las sobrevivientes luego de la visita de la
CONADEP.
El nivel de descripción que se incluye en el cartel de este sector es mucho mayor
que en otros sectores del ―pozo‖:

Había 37 celdas denominadas ‗tubos‘. Cada celda tenía aproximadamente entre 1.5m de
ancho x 2m de largo y 2,5m de alto. Las paredes internas estaban blanqueadas con cal y
el piso era de cemento. Las puertas, que provenían del CCDTyE Atlético, eran de chapa,
color gris oscuro, y tenían una mirilla con un pasador externo. Cada una de las celdas
tenía dos planchas de hormigón superpuestas, con un delgado colchón de goma espuma,
a modo de camas.
Las personas detenidas-desaparecidas eran encerradas aquí, generalmente de a dos
(excepto en épocas en las que el número de detenidos superó la capacidad del lugar), y
debían permanecer con los ojos vendados de forma permanente. Las celdas podían ser
ocupadas por personas del mismo sexo o no.
Durante el día algunas puertas eran abiertas, pero de noche permanecían todas cerradas.
La apertura de las puertas permitió que circulara más información entre los detenidos:
saber quién estaba secuestrado, saber el estado físico, darse ánimo y acompañarse.

113
Todo este sector fue demolido. En el muro pueden observarse las marcas de las paredes
divisorias de las celdas y la altura del techo.

Como señalamos en el capítulo anterior, posiblemente esta descripción


minuciosa se deba a que particularmente el sector de ―Población‖ es un espacio ―vacío‖,
que resulta muy difícil de ser imaginado por los/las visitantes. Es allí donde
encontramos los dos últimos carteles del dispositivo de señalización, que llevan los
títulos de ―Estrategias de supervivencia‖ y ―Estrategias de resistencia‖. En el primero se
dice con todas las letras lo que en los otros carteles aparece sugerido:

Todo lo que sabemos de este Centro Clandestino de Detención viene de la mano de los
sobrevivientes. Ellos no solo dan cuenta del dispositivo del terror, además, y
especialmente, de una serie infinita de solidaridades desplegadas entre compañeros que,
en las situaciones más difíciles, siguieron resistiendo. Y la resistencia era justamente
eso: ser solidario, mantener la identidad, mantener la dignidad, seguir siendo humanos.
Del lado de la Vida, como dijo un sobreviviente, estaban los compañeros.

Resulta interesante cómo en este cartel aparece, por primera vez en la


señalización, el uso de la palabra ―compañeros‖ para referirse a las personas detenidas-
desaparecidas. Si bien se le atribuye la frase a un sobreviviente, lo cual puede ser leído
como sinónimo de ―compañeros de cautiverio‖, esta forma de nombrar a los/las
secuestrados/as también se hace presente durante el relato de las visitas guiadas.
Argumentamos que el uso de este término en los distintos dispositivos de transmisión
del ex Olimpo responde a dos cuestiones. En primer lugar, busca señalar que los/las
detenidos/as, más allá de sus diferencias, compartieron un mismo horizonte
emancipatorio y las mismas condiciones de cautiverio. En segundo lugar, indica que los
actores que sostienen el Espacio se sienten hermanados/as en términos afectivos e
ideológicos con los/las detenidos/as-desaparecidos/as y, a la vez, se consideran
intermediarios/as entre la voz de los/las sobrevivientes y los/las visitantes. Las palabras
de Clara citadas en el primer capítulo –―si ellos lo pudieron hacer [resistir] en el
momento más dramático de su vida, e incluso de su muerte, por qué hoy con la libertad
que tenemos, en democracia, no lo podemos hacer‖– abonan esta idea. Es decir, el uso
de la palabra ―compañeros/as‖ en las señalizaciones y en los relatos de los/las guías
durante los recorridos enlaza pasado y presente, construye un puente entre los/las
militantes de ayer y los/las militantes de hoy.
De lo dicho hasta aquí se desprende que las marcas territoriales del ―pozo‖ se
complementan con las marcas del sector de acceso libre. En resumidas palabras,

114
mientras unas ponen el acento en transmitir los detalles del funcionamiento del
dispositivo concentracionario y las experiencias de cautiverio de los/las secuestrados/as
–las cuales se caracterizaron por fuertes padecimientos, pero también por resistencias y
actos de solidaridad–, las otras apuntan a conectar a los/las visitantes con las
experiencias vitales de aquellas personas, para que el conocimiento de sus proyectos y
sus modos de actuar en el pasado sirvan para luchar contra las injusticias que se
producen en el presente. Todos estos elementos, abonan a la construcción de la memoria
popular emancipatoria a la que aludimos al comienzo de este capítulo. Como
continuamos desarrollando en el próximo apartado, se trata de una narrativa original,
que se inscribe en una saga histórica de luchas populares y retoma aspectos del ideario
revolucionario de las organizaciones de los setenta, otorgándoles un nuevo sentido.
Asimismo, si bien se construye en el marco de una política de Estado, muestra
autonomía respecto de los diferentes gobiernos. Esto se expresa en las denuncias
permanentes a las violaciones de los derechos humanos en democracia, en el
protagonismo que otorga a las organizaciones de base y en el eclecticismo ideológico de
quienes la sostienen.107

2.2. Las visitas guiadas

Entre las instancias educativas que ofrece el sitio de memoria, una de las que
mayor demanda tiene son las visitas guiadas para grupos estudiantiles. Si bien no hay
una visita igual a otra, ya que estas varían de acuerdo al momento en el que se
desarrollan, a quienes las conducen y a los grupos a los cuales se dirigen, en los
recorridos que observamos durante el trabajo de campo pudimos identificar una
estructura común, tanto en relación con la secuenciación de contenidos como en las
―estaciones‖ que realizan los/las guías del Espacio.
En el próximo apartado exploramos las ―invariantes discursivas‖ (Verón,
108
1993) que identificamos en el conjunto de las visitas que acompañamos, para luego

107
Nos referimos a que en su construcción conviven sujetos que se identifican con ideas de izquierda en
un sentido amplio: desde la izquierda trotskista o comunista hasta la izquierda nacional o nacional-
popular.
108
Verón (1993) sostiene que el análisis del discurso es siempre interdiscursivo. Es decir, los enunciados
no pueden analizarse por fuera de su contexto de producción y circulación. En este sentido, si las
condiciones de producción del discurso varían, también lo harán los enunciados. Las ―invariantes
discursivas‖ son los elementos que permanecen en condiciones productivas diferentes.
115
analizar cómo se ponen en acto durante los recorridos. Intentamos dar cuenta de los
usos que realizan los/las guías de las marcas territoriales y cómo articulan una narrativa
a partir de las mismas.

2.2.1. Estructura y secuenciación de contenidos

Las visitas suelen comenzar en el SUM. En este primer momento, los/las guías
brindan una charla introductoria que dura entre una hora y una hora y media, en la que
indagan en los saberes previos que traen los/las jóvenes sobre el lugar. A partir de los
mismos, proponen una explicación histórica, a modo de exposición dialogada, que
incluye la mayoría de las veces (aunque no siempre en el mismo orden) los siguientes
ejes temáticos:

- Datos fácticos sobre el Olimpo: cantidad de personas detenidas-desaparecidas y


sobrevivientes vistas en el lugar, fechas de funcionamiento del CCDTyE y su
inscripción dentro del circuito represivo A-B-O;
- Caracterización del perfil de las personas detenidas-desaparecidas (quiénes eran,
cuáles eran sus proyectos) y explicación general de las causas de sus
desapariciones;
- Causas del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976: breve racconto de los
golpes de Estado previos en la Argentina, complicidad y consenso civil, y
explicación de los objetivos de la dictadura;
- Caracterización del accionar de las fuerzas represivas durante la última dictadura
como ―terrorismo de Estado‖: énfasis en el carácter sistemático y clandestino de
la represión.

Para la explicación de los primeros ejes, en general se utilizan las fotos de los/las
detenidos/as-desaparecidos/as vistos/as en el ex Olimpo que se exhiben en la pared del
SUM. Los/las guías se detienen, en relación con el primer punto, en cómo se construyó
el listado de las personas vistas en el lugar y aclaran que no existe información
definitiva sobre la cantidad de personas que estuvieron detenidas en los CCDTyE, ya
que los únicos que saben el dato certero son los responsables de sus desapariciones.

116
A partir de las fotos, además, rescatan anécdotas de algunas de las personas
retratadas para abordar los motivos que las impulsaron a militar, como la búsqueda de la
distribución de la riqueza, la justicia social, el trabajo digno y el compromiso con los
sectores más vulnerables. Dejan en claro que fue su activismo social y político el que las
convirtió en víctimas de la represión estatal. Veamos, a modo de ejemplo, como se
planteó el tema en una de las visitas observadas:

Guía: [Nuestra propuesta] tiene que ver no solo con conocer un lugar físico, material,
con paredes, ventanas, y conocer su historia, como funcionó y para que funcionó, sino
también para poder conocer en profundidad quienes estuvieron en este lugar. Porque no
fue cualquier persona, cualquier vecino, cualquier estudiante de escuela los que cayeron
acá. Sino que fueron personas en particular, con historias en particular, con intereses en
particular. No son solo una foto en blanco y negro que esconde muchas cosas detrás.
(Paula, 23 de agosto de 2017, visita guiada Escuela de Pompeya).109

En este fragmento, la guía aclara que la visita no se va a centrar únicamente en la


literalidad del espacio, sino que tiene como objetivo primordial conocer las
particularidades y los proyectos de las personas que estuvieron allí detenidas. En esta
primera instancia los/las guías recuperan fundamentalmente las dimensiones social y
política de la militancia. Aunque la opción de muchos/as de los/las desaparecidos/as y
sobrevivientes por la lucha armada no se enfatiza en el relato propuesto por los/las guías
en esta instancia, estos/as se muestran abiertos/as a responder preguntas al respecto.110
A partir de la narración de anécdotas e historias en primera persona, su objetivo es
restituir la humanidad y los proyectos de personas que no solo pensaban en cambiar la
sociedad, sino que también actuaron en consecuencia, a través de la organización
política y social.
Otra cuestión a destacar es que los/las guías ponen en discusión la idea de que el
último golpe de Estado significó una ruptura o una excepcionalidad en la historia
argentina. Explican someramente las semejanzas y diferencias entre distintos momentos
de una represión de larga duración que construyó –y aún hoy construye– un enemigo
interno para favorecer los intereses de los sectores más ricos y poderosos, tanto del país
como del extranjero:

109
Dado a que no interfiere ni en el análisis ni en la comprensión de los/las lectores y para la preservación
de la identidad de los/las guías/as hemos decidido cambiar sus nombres.
110
Por ejemplo, cuando surgieron comentarios por parte de los/las visitantes sobre la lucha armada,
los/las guías no la negaron, sino que intentaron explicarla: ―Tomaron las armas, no se puede negar eso.
Cada uno hará la interpretación que quiera sobre esa experiencia‖ (Laura., 29 de septiembre de 2017,
visita guiada CBC de Barracas).
117
Guía: Algunos teóricos defensores del golpe dicen que vino a ordenar el país luego del
caos, pero la verdad es que vino a acentuarlo, porque las víctimas siempre eran del
mismo lado. No es que vinieron a frenar la violencia política anterior al golpe, sino que
la vinieron a profundizar.
Las Fuerzas Armadas no estaban aisladas de la sociedad, se manifestaban políticamente
a través de la violencia, funcionaban como partidos políticos en aquel entonces. Como
se necesitó en el siglo XIX expulsar al aborigen para ampliar la frontera
agroexportadora, masacrarlos. La violencia en este país siempre fue la expresión de la
política que los sectores económicos dominantes quisieron aplicar. Para eso dominaron,
exterminaron, masacraron a los sectores movilizados.
La independencia misma de este país, la expulsión de la monarquía española fue
violenta. No hubo otra manera de encontrar la independencia de este país que no sea
mediante la violencia.
Esto no es exclusivo de Argentina, pasó en toda Latinoamérica, en todas partes del
mundo se resolvieron las contradicciones sociales mediante la violencia.
El golpe de Estado del 76 no escapa a esa lógica. ¿Pero cuál fue su especificidad?
En el país se inició un periodo particular a partir de 1955, con el golpe de Estado.
Donde empezó la persecución de partidos políticos, hubo fusilamientos y torturas en
cárceles, asesinatos en la vía pública. Lugo ocurrió el plan CONINTES.
Sin embargo, el golpe redobló el accionar represivo a límites inimaginables. ¿Por qué
tanto salvajismo para implementar un modelo económico? Es una pregunta que al día de
hoy es difícil de responder. Porque el funcionamiento del campo significó la tortura y el
exterminio.
Los asesinos y sus víctimas salieron de la misma sociedad, ambos habían nacido en los
mismos barrios, fueron a las mismas escuelas, etcétera. Esta misma sociedad creó a esas
personas. Es lo terriblemente inexplicable hasta el día de hoy. No sé si esa respuesta la
vamos a tener alguna vez, pero está bueno tenerla presente siempre, no para
atormentarnos, sino también para pensar lo que somos capaces como sociedad (Diego,
31 de agosto de 2017, visita guiada Escuela de Villa Luro).

Transcribimos este fragmento extenso porque en las palabras del guía aparecen
varias cuestiones que, dichas con términos y énfasis diferentes, se hicieron presentes en
todas las visitas observadas. En primer lugar, ofrece una interpretación histórica sobre
las causas del golpe de Estado. Al afirmar que la dictadura no fue una respuesta a la
violencia previa, el guía invierte los términos del discurso cristalizado en el primer
prólogo del Nunca Más que sostiene que la violencia de la guerrilla despertó una
reacción mucho más brutal por parte del Estado. La alusión al exterminio de los pueblos
originarios en la llamada ―conquista del desierto‖ y a las guerras de la independencia da
a entender que la violencia ejercida por parte de los sectores movilizados es
comprensible dentro de un contexto histórico más amplio, caracterizado por la violencia
de una clase dirigente que resolvió históricamente los conflictos sociales aniquilando a
sus adversarios/as.
En segundo lugar, conceptualiza a las víctimas de la represión como sujetos
movilizados. Deja en claro que, si bien sufrieron en carne propia la represión ilegal del
Estado, no fueron ―inocentes‖ en tanto estaban comprometidos políticamente. Como

118
expusimos en el primer apartado, esta explicación intenta historizar el crimen cometido
y discutir la ―narrativa humanitaria‖111 que subraya la inocencia de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as, a partir de una descripción de sus rasgos identitarios básicos (género,
edad y ocupación) y de sus valores morales.
En tercer lugar, pese a que ubica a los crímenes cometidos durante la dictadura
en el contexto de la historia argentina, destaca su originalidad respecto de las
modalidades represivas previas, encuadrándolos dentro de la lógica de funcionamiento
de los CCDTyE. Así, deja instalada la idea de que se trató de una práctica clandestina y
planificada cuyas características centrales fueron la desaparición, la tortura y el
exterminio.
En cuarto lugar, subraya que los militares fueron a lo largo de la historia el brazo
armado de los grupos de poder. Por lo tanto, su objetivo no fue perseguir a los
individuos que pensaban distinto, sino desarticular a las organizaciones que impedían la
instalación de un modelo político y económico que excluía a las mayorías. De esta
manera, podemos observar cómo se plasma la interpretación marxista de la historia
como fruto de la lucha de clases que menciona Fernando en una de las citas del primer
capítulo.112
Por último, explica que los sujetos que convivieron en los CCDTyE formaron
parte del mismo tejido social. De esta manera, discute implícitamente con la idea de que
tanto los represores como los/las detenidos/as fueron seres extraordinarios: ni los
primeros eran monstruos sádicos, ni los segundos fueron mártires. Todos/as fueron
hombres y mujeres ―normales‖ que, en determinadas circunstancias, actuaron de la
forma en que pudieron y/o creyeron conveniente.
Estos tópicos guardan una estrecha relación con las principales ideas sostenidas
por Calveiro en sus trabajos de investigación. Los aportes de esta autora –socióloga,
sobreviviente de la última dictadura y secuestrada en la ESMA– se retoman (aunque
casi nunca se menciona su nombre directamente) en la charla introductoria.
Consideramos que el uso de sus producciones como fuente en las visitas responde a la
necesidad de darle un encuadre interpretativo a lo que luego se observa y experimenta
durante el recorrido por el ―pozo‖. La preocupación de los/las guías en este momento,

111
Tomamos este concepto de Crenzel, quien sostiene que si bien en los años de la transición democrática
este discurso permitió la denuncia nacional e internacional de los crímenes cometidos, también posicionó
en la esfera pública una versión del pasado "sin historizar el crimen, ni presentar vínculos entre el
ejercicio del mal, sus perpetradores y sus víctimas" (2008, p. 44).
112
Véase el Capítulo I, apartado 4.1.
119
parece ser preparar un recorrido por el CCDTyE que evite espectacularizar el horror y
permita conceptualizar la experiencia concentracionaria en un marco histórico y político
más general.
De lo que expusimos hasta aquí se desprende que los recursos que despliegan
los/las guías en la introducción se relacionan más con una transmisión basada en la
explicación racional que en la apelación a las emociones y lo sensorial. Sin embargo,
esto cambia significativamente con la entrada al ―pozo‖.
Durante el trayecto que media entre el SUM y este sector, a veces realizan una
parada intermedia en la que les proponen a los/las visitantes que se tomen un tiempo
para observar el entorno del predio y que presten atención a los sonidos que se escuchan
alrededor. Destacan la proximidad de los edificios, la visibilidad que tenían quienes
vivían en los pisos más altos y los ruidos que se escuchan desde la calle, para mostrar
cómo el ex Olimpo funcionó en el corazón del barrio de Floresta y formó parte de la
vida cotidiana de los/las vecinos/as. A su vez, comentan brevemente la historia del lugar
antes de convertirse en CCDTyE y relatan cómo cambió la vida de los/las habitantes del
barrio a partir de su puesta en funcionamiento como tal: se alteró la fisonomía del
predio, el sentido de circulación de las calles y se instalaron garitas de seguridad en las
esquinas. Esta invitación a ver y escuchar sirve de apoyatura para la información que
brindan los/las guías, pero también abre la posibilidad de que los/las visitantes se
pongan en el lugar de los/las vecinos/as.
En la puerta de entrada del ―pozo‖, utilizan las señalizaciones –el mapa de los ex
CCDTyE y la cartelería– para situar al circuito A-B-O dentro un plan sistemático
mucho mayor que incluyó a más de setecientos lugares de este tipo, explican el periodo
de funcionamiento del CCDTyE y las causas de su desmantelamiento en 1979. Aclaran
que desde esa fecha hasta el año 2005, el predio quedó en manos de la Policía, que tuvo
el tiempo suficiente para realizar modificaciones con el objetivo de ocultar las
evidencias de lo que allí había ocurrido durante la dictadura. A su vez, siguiendo un
relato cronológico, comentan que el abandono del predio por parte de la Policía se
produjo gracias a la organización de los/las vecinos/as del barrio, de los/las familiares
de los/las detenidos/as- desaparecidos/as y de los/las sobrevivientes, que le exigieron al
Estado que desaloje a las Fuerzas de Seguridad, debido a que el predio es prueba
judicial e histórica del crimen y además, porque debía convertirse en un espacio público
para denunciar el terrorismo de Estado.

120
En suma, antes de entrar al recinto que funcionó como espacio de reclusión y
tortura, los/las visitantes pueden imaginar que van a transitar un espacio que sufrió
transformaciones a lo largo del tiempo y que la posibilidad de que ellos/as estén allí es
fruto de una lucha colectiva ―desde abajo‖ que aún continúa.
Al atravesar la puerta, la primera estación se hace en el portón donde ingresaban
los vehículos con los/las secuestrados/as al CCDTyE. Luego de proponerles a los/las
visitantes que miren el espacio y que lean los carteles, los/las guías señalan el lugar por
donde entraban los vehículos y la sala de guardia para contar que los/las primeros/as
detenidos/as llegaron durante el traslado del 16 de agosto de 1978. Los/las guías hacen
énfasis en el carácter clandestino de estas acciones (a diferencia de lo que ocurre en el
marco de un Estado de derecho) y en las duras condiciones que debieron atravesar
durante ese día y la incertidumbre que sintieron al creer que el abandono del ex
CCDTyE El Banco podía significar la muerte. Relatan, además, la despersonalización
que sufrían los/las detenidos/as a partir de la asignación de una letra y un número por
parte de los represores al entrar al campo, pero aclaran especialmente que algunos/as
secuestrados/as, incluso sabiendo que podían ser duramente castigados/as, se resistieron
a ser llamados/as así y siguieron usando, cuando y como pudieron, sus nombres o sus
apodos de militancia durante el tiempo en el que permanecieron en cautiverio.
Allí también algunos/as guías retoman la imagen de la Virgen de Luján, que se
encuentra al lado de la sala de guardia, para contar que los/las sobrevivientes recuerdan
haber sido obligados/as a escuchar misa y confesarse frente a un sacerdote durante el
encierro. Parten de esta imagen para anclar en una anécdota concreta la complicidad
civil, en este caso, de la jerarquía de la Iglesia Católica durante la represión.
Esta estación del recorrido marca, de algún modo, el tono de los siguientes.
Aunque, como expusimos en el primer apartado, las señalizaciones apuntan a una
―memoria literal‖ (Todorov, 2000), en el relato que van configurando los/las guías
durante la visita las referencias a la materialidad y a situaciones puntuales de la vida en
cautiverio sirven de puntapié para conversar con los/las visitantes sobre temas más
amplios, como la clandestinidad del modus operandi de la dictadura, la complicidad y el
consenso civil y los actos de resistencia durante el cautiverio. De esta manera, la matriz
del relato de la visita no es solo descriptiva, sino interpretativa y se preocupa, además,
por generar imágenes disponibles para que los/las jóvenes puedan imaginar, al menos en
parte, la experiencia de los/las detenidos/as. Esto tiene especial relevancia si tenemos en

121
cuenta lo que señala Raggio (2009) respecto de la escasez de imágenes con las que
contamos en Argentina para representar el mundo concentracionario.
La segunda parada es en la puerta del edificio que funcionó como Casino de
Oficiales. Allí cuentan que el ex Olimpo, a diferencia de otros CCDTyE, operó bajo la
coordinación de distintas fuerzas represivas, lo cual produjo fuertes enfrentamientos
entre ellas. Para ejemplificar esta cuestión, relatan que en la planta baja del edificio
funcionaba un pañol de objetos robados, del cual supieron gracias al testimonio de
Victoria, la hija de Graciela Passalacqua, detenida-desaparecida vista por última vez en
el ex Olimpo. Cuentan la anécdota de que ―Vicky‖ (así la llaman afectuosamente los/las
guías) quien estuvo secuestrada en el Casino de Oficiales unos días durante el cautiverio
de su madre. Desde las ventanas pudo ver un camión del cual los represores descargaron
todo tipo de objetos, entre los cuales vio a su bicicleta. Esta anécdota les da pie a los/las
guías para explicar las peleas que existieron entre las distintas fuerzas por el reparto de
los ―botines de guerra‖. Cuentan que los represores revendían estos objetos robados o
los reutilizaban en el mismo CCDTyE, luego de ser reparados por los/las
secuestrados/as que tenían conocimientos específicos para hacerlo. Los/las guías
caracterizan a este tipo de tareas como ―trabajo esclavo‖, conceptualización que se
fundamenta en que los/las detenidos/as, al estar privados/as de su libertad y bajo la
amenaza constante de sus captores, no podían negarse a realizar estas tareas:

Guía: [Les hacían arreglar] Varias cosas, por ejemplo: los objetos que se robaban, los
reparaba alguien que sabía de carpintería, electrónica. Hay un libro que se llama
Desaparecido… no me acuerdo el resto [del título], que es de Mario Villani, que fue
uno de estos sobrevivientes que pasó por cinco CCD. Cayó en ‗Atlético‘ y terminó en
ESMA y estuvo acá realizando todos los trabajos de electrónica. Incluso, una vez le
hicieron reparar una picana. Él en principio se negó y cuando lo amenazaron que podían
llegar a usar el cable directamente para torturar, él lo que hizo fue arreglarlo pero le
puso un poquito menos de carga. Esa es una de las anécdotas que cuenta. Por eso
hablamos de ‗trabajo esclavo‘. ¿Qué posibilidades tenía una persona ingresada acá de
tener autonomía de decisión respecto de lo que hacía o no hacía? La franja era muy
amplia... Él mismo cuenta en ese libro que le ofreció a un compañero que trabajara en
estas cosas y su compañero se negó. Digo, había diferentes formas de tener esa…
digamos... fue una zona de muchos grises. También tenemos que entender que, así como
las personas, los perpetradores [busca las palabras]… los represores también tenían
zonas de muchos grises, también las personas que eran detenidas. No hay blancos ni
negros. Es tremendo pensarlo así, pero todos son humanos, fueron humanos sobre
otros (Romina, 26 de octubre de 2016, visita guiada Escuela de Agronomía).

Al resaltar que los/las secuestrados/as eran rehenes de sus captores, la guía


discute con el estigma de la colaboración que pesa sobre los/las sobrevivientes que

122
realizaron trabajos encomendados por los represores dentro de los CCDTyE. Subraya
que, al haber estado en algunos momentos sin vendas en los ojos, estos/as
sobrevivientes pudieron ver y conocer cosas que otros/as no y que, por eso, hoy sus
testimonios son claves para reconstruir el funcionamiento del campo y juzgar a los
perpetradores.
A su vez, sin citarlo explícitamente, toma el concepto de ―zona gris‖ de Primo
Levi (2000 [1989]) para dar cuenta de la complejidad de las relaciones durante la
experiencia límite del cautiverio, donde los contornos entre ―víctimas‖ y ―victimarios‖,
―buenos‖ y ―malos‖ se tornan difusos. Aclara que es imposible conocer los criterios que
usaron los represores para dejar con vida a algunos/as prisioneros/as por sobre otros/as.
En otra visita, apareció esta cuestión del siguiente modo:

Guía: No sabemos qué criterios usaron para liberar a los secuestrados, los traían acá y
luego los dejaban en un régimen de vigilancia. Tenían que reportarse personalmente o
por teléfono con los represores. Ese control duró hasta la democracia, hasta el [19]83,
[19]84. Las instrucciones de lo que tenían que hacer en ese periodo se las daban acá.
[Era parte de la] Perversidad del sistema concentracionario, que sostiene que el detenido
tiene que tener una esperanza de sobrevida porque si no se vuelve peligroso. Por eso
siempre se le da la esperanza de que se puede salvar: el que colabora se salva, les decían
los represores. Nadie les creía, por supuesto. El que era detenido en el [19]78 sabía que
le esperaba la tortura y la muerte.
Visitante: Debe ser por la utilidad, al que mataban ya no podía dar información.
Guía: Sabemos que no lo decidían acá. Llegaba la orden de más arriba. Nosotros
tenemos la teoría de que dejarlos vivos era parte de la transmisión del terror y del
horror. Querían diseminar el terror (Diego, 31 de agosto de 2017, visita guiada Escuela
Villa Luro).

Como en esta escena, en casi todas las visitas que observamos, en algún
momento del recorrido alguno/a de los/las visitantes preguntó acerca de las razones por
las cuales los/las sobrevivientes fueron liberados/as. En todos los casos, los/las guías
afirmaron que esa información solo la tienen los perpetradores y que no hay ningún
indicio que permita sacar conclusiones al respecto. Sin embargo, como podemos ver en
el fragmento citado, sostienen que, al poner un manto de sospecha sobre los/las
sobrevivientes y controlarlos/as de cerca tras el abandono del CCDTyE, el régimen de
―libertad vigilada‖ constituía uno de los tantos modos de tortura que se aplicaban en los
campos.
De esta manera, el tratamiento de la figura del sobreviviente en las visitas pone
en entredicho tanto la imagen del ―traidor‖, como el mito del desaparecido como
―mártir‖ y ―héroe‖ (Longoni, 2007). Al destacar los matices y las contradicciones

123
propias de la experiencia concentracionaria, observamos que los/las guías buscan
apartarse de la concepción cristalizada y sin fisuras que ha pesado sobre estos actores
sociales.
En relación a los ―botines de guerra‖, a partir de la anécdota de ―Vicky‖ que
mencionamos más arriba, los/las guías advierten que la práctica del robo, no terminaba
allí, ya que también los represores sustrajeron a los/las bebés nacidos/as en cautiverio o
a los/las niños/as pequeños/as que fueron separados/as de sus madres y padres y
entregados/as a otras familias. Los casos de apropiación de menores, afirman, son un
ejemplo claro de que los crímenes de la dictadura siguen sucediendo hoy, más de
cuarenta años después. Pero también destacan la lucha de las Abuelas de Plaza de
Mayo, que pese a la adversidad, nunca se rindieron y buscaron nuevas estrategias para
encontrar a sus nietos/as.
De este modo, la segunda estación introduce nuevos tópicos al relato: el
concepto de ―trabajo esclavo‖ en oposición a la noción de ―colaboración‖, los delitos
económicos cometidos por la última dictadura (que amplían la mirada sobre la
complejidad del accionar represivo), las huellas de los crímenes cometidos en los
cuerpos de las personas hasta el presente y la lucha de los organismos de derechos
humanos.
La tercera estación se realiza en el sector ―Población‖. Los/Las guías toman
como primera referencia el plano general del CCDTyE, para contar que este espacio,
que en la actualidad está ―vacío‖, estaba compuesto en la época de la dictadura por
cuatro hileras de celdas, cada una separada entre sí por un pasillo. Recuperando la
información de los carteles que forman parte de la señalización, los/las guías dan
detalles de las dimensiones espaciales que tenían, de la cantidad de personas que
llegaron convivir en su interior y, a través de una caminata por el espacio, van marcando
cuáles eran los lugares por los que transitaban los/las secuestrados durante el cautiverio.
Informan también que en este sector había zonas destinadas para la ropería, el lavadero,
las duchas y las letrinas. Destacan que, pese a las condiciones inhumanas de encierro,
muchas veces los/las detenidos/as lograban quebrar la disciplina interna del campo, por
ejemplo, jugando al ajedrez de forma imaginaria entre las celdas, comunicándose
mediante señales, espiando debajo de los tabiques o ―cantando‖ citas falsas a los
represores.
Como profundizamos en el siguiente capítulo, en la mayoría de las visitas los/las
jóvenes quedan impactados/as por el tamaño reducido de las celdas. Se mueven dentro
124
de las líneas marcadas en el piso y comparan su propia altura con las marcas que indican
sobre la pared hasta donde llegaba el techo. Esta necesidad de ver y entender el espacio,
generó en varias oportunidades preguntas concretas en relación con la vida cotidiana
durante el cautiverio. Por ejemplo, cómo iban al baño los/las detenidos/as, dónde y
cómo dormían, qué comían o qué ocurría si los represores los descubrían quebrando las
reglas. Estas inquietudes son recuperadas por los/las guías, quienes toman como
referencia las marcas realizadas por los/las arqueólogos/as y los/las especialistas en
conservación para brindar herramientas a los/las visitantes que les permitan visualizar el
funcionamiento diario del CCDTyE y también para señalar las transformaciones que
realizó la Policía a lo largo del tiempo. Resaltan enfáticamente que esas marcas fueron
posibles de ser recuperadas solo gracias a los testimonios de los/las sobrevivientes,
quienes durante el encierro se las ingeniaron para desarrollar otros sentidos y para espiar
debajo de los tabiques. Vuelven a remarcar que estas pequeñas acciones de resistencia
cotidiana permitieron descubrir tiempo después las huellas que dejaron los represores
sobre sus crímenes.
Aunque en este sector, como ocurre con los textos de los carteles emplazados
allí, la descripción de los/las guías se vuelve más minuciosa, buscan evitar que los/las
visitantes intenten recrear o escenificar la experiencia de los/las secuestrados/as. La
estrategia que usan suele ser, como en otras estaciones, apelar a pequeñas anécdotas de
resistencia para humanizar a los/as detenidos/as y ponderar los vínculos de solidaridad
entre ellos/as.
La cuarta parada se realiza en el sector ―Incomunicados‖. Allí, la abertura en la
ventana es el puntapié para abrir la conversación sobre la relación entre el ―adentro‖ y el
―afuera‖ del CCDTyE. Cuentan los/las guías que las fronteras eran porosas: del lado
interno de los muros, los/las sobrevivientes recuerdan haber oído los sonidos cotidianos
del barrio (como el ruido de los camiones, los gritos del diariero y las voces de los/las
chicos/as que salían de la escuela) y, del otro lado, algunos/as vecinos/as dicen que
sintieron olor a quemado y que a veces escuchaban música a todo volumen. Al cruzar
los testimonios de los/las sobrevivientes con los de los/las vecinos, cuentan que
pudieron saber que los represores ―musicalizaban‖ las sesiones de tortura para tapar los
gritos de las víctimas. Señalan, en este sentido, que el CCDTyE funcionó como
elemento disciplinador de todo el barrio y que, por ende, las víctimas de la represión no
fueron solo los/las detenidos/as y sus allegados/as directos/as, sino el conjunto de la
sociedad que tuvo también que desarrollar distintas estrategias para convivir con el
125
terror durante aquellos años. Por ejemplo, evitando caminar cerca del predio o,
directamente, reprimiéndose la pregunta acerca del significado esos indicios.
―Incomunicados‖ es una de las ―estaciones‖ que más tiempo insume durante el
recorrido.113 Además de ser el lugar donde se abre el diálogo sobre las memorias de
los/las vecinos/as, es el primer espacio que se visita dentro del ―pozo‖ donde se
realizaban las torturas físicas. Aunque los/las guías cuentan que este era el primer sector
al que llegaban los/las secuestrados/as para ser torturados/as, inmediatamente aclaran
que, debido a un pedido expreso de los/las sobrevivientes, elijen no ahondar en los
detalles de los tormentos, sino que, por el contrario, prefieren destacar otro tipo de
acciones llevadas a cabo por los/las detenidos/as.114 Para ilustrar esto, luego de explicar
que la tortura física se llevaba a cabo con el objetivo de obtener información y continuar
con los secuestros, relatan que algunos/as detenidos/as se las ingeniaron para engañar a
los represores incluso en esta situación límite, por ejemplo, tolerando la tortura durante
cierta cantidad de minutos para darle tiempo a las personas que estaban en su casa para
escaparse a otro lugar.
Para correrse de la literalidad del horror y además para reforzar la noción amplia
de tortura que sostienen, los/las guías dejan en claro que las condiciones inhumanas de
vida a las que fueron sometidos/as los/as detenidos/as constituían, en sí mismas, formas
de tortura. Esta conceptualización habilita, con algunos grupos, la lectura de un poema
del libro del Roberto Ramírez (―Viejo Guillermo‖). En las distintas visitas que
observamos, los/las guías les propusieron a los/las jóvenes que lean en voz alta Inés,
Willy o Guarincho (Anexo).
El primer poema evoca la imagen del encierro: ―Siempre igual /por horas y
horas /que se hacen días /sin tener donde /apoyar la espalda, /en medio de ese infierno/
capaz de enloquecer a cualquiera‖. Willy acentúa cómo transcurría la vida afuera del
CCDTyE ―ignorante de este reino del terror‖ y Guarincho echa luz sobre la tortura

En todas las visitas que observamos, el ingreso al sector ―Incomunicados‖ causó mucha curiosidad e
113

inquietud en los/las jóvenes. Por lo general, mientras los/las guías desarrollan la explicación, algunos/as
visitantes se apartan del grupo para hacer hipótesis sobre las marcas que hay en las paredes, sacar fotos o
tratar de ―descubrir algo‖ a través de las aberturas visibles. Consideramos que esto se debe a que es la
primera habitación a la que pueden ingresar, literalmente, durante el recorrido. Las paredes que aún
siguen en pie, la estructura divisoria de madera, la presencia de una heladera antigua y la puerta que da al
sector de baños —sumados a la luz mortecina que inunda todo el ambiente— generan intriga y sensación
de estar en el lugar en el que ocurrieron los hechos. Ejemplos de esto, son algunas de las siguientes
expresiones que escuchamos: ―acá hay fantasmas‖, ―¿Trajiste la cámara para cazafantasmas?‖ o
―queremos ver más‖.
114
En los casos en los que los/las visitantes manifestaron, mediante preguntas, un interés particular sobre
los métodos de tortura, los/las guías les sugirieron la lectura del libro Nunca más (1984) o que vieran la
película La Noche de los Lápices (Olivera, 1986).
126
psicológica ejercida por los represores, quienes buscaban que ―cada uno se convierta en
su propio carcelero‖. Los tres poemas refuerzan la concepción integral de tortura que
proponen los/las guías pero, al mismo tiempo, muestran los actos de solidaridad
desplegados por los/las detenidos/as que les permitieron sostener la dignidad pese a las
duras condiciones de encierro. Se ponderan los actos de valentía y rebeldía, por más
mínimos que estos hayan sido, por sobre la mera victimización. Inés logra espiar debajo
del tabique para saludar al ―Viejo Guillermo‖, Willy consigue hacerse de un brote verde
en el medio del ―pozo‖ y Guarincho sortea la vigilancia de los represores para dar un
consejo y proteger a un compañero. Así, los poemas cuentan a través de imágenes y
metáforas que detrás del horror y de la desaparición, también existieron resquicios de
libertad, instantes vitales en los que los genocidas no pudieron entrar.115
La última parada en el ―pozo‖ se hace en el sector donde funcionaban la
carpintería, el laboratorio de fotografía e impresiones, un reclinatorio, otras salas de
tortura física, las oficinas del personal represivo, la cocina y la enfermería. Allí, los/las
guías vuelven a destacar que muchas de las tareas de la vida cotidiana eran realizadas
por los/las secuestrados/as. Para subrayar este punto, por ejemplo, suelen contar la
siguiente anécdota:

Guía: La carpintería estaba a cargo de una persona que estaba detenida. Y, por ejemplo,
acá hubo un compañero, Julio Lareu, que él pudo salir y falleció hace poco de viejito
porque en ese momento era grande. Y a él lo habían secuestrado porque en realidad, él
tenía una participación política, pero también habían detenido a su hija y a su yerno en
‗Atlético‘. Ellos siguen desaparecidos. Y a él lo detienen en ‗Banco‘, o sea, buscando
información más de su hija y después pasó al ‗Olimpo‘. Él lo que hizo... en realidad lo
que les cuento, no quiero contar el heroísmo de Julio, porque él nos pidió que dijéramos
qué es lo que él pudo hacer en ese momento, a él lo estaban obligando a hacer un
trabajo, trabajo esclavo. Lo obligaban a arreglar las cosas de carpintería. Él se dio
cuenta de que a él casi que no lo molestaban, que las guardias que estaban tocando eran
como ‗buenas‘, ‗blandas‘, si se puede decir esta forma, ‗buenas‘ entre comillas.
Entonces, como él estaba convencido de que se iba a ir de acá y de que les era útil, les
pidió que traigan a compañeros para que lo ayuden. Entonces les dijo a los guardias que
él tenía mucho trabajo y que necesitaba personas que lo ayuden. Entonces logró que
veinticuatro compañeros pasaran durante un tiempo por este lugar y, mientras los
guardias estaban distraídos o no los estaban vigilando, él lo que pidió es su nombre
verdadero, donde vivían y un recuerdo que sepa la familia. Y, efectivamente, Julio salió
liberado y fue a las veinticuatro familias a contarles que su familiar estuvo detenido en
el ‗Olimpo‘. Entonces, esas familias que tienen desaparecidos supieron que son
personas que estuvieron acá, ¿sí? no las recuperaron, pero supieron dónde estuvieron
sus familiares. Julio decía que es lo que a él se le ocurrió en el momento, que el sintió
que es lo que podía hacer. ¿Y qué tiene que ver con lo que venimos hablando? Esto de,

115
Para un análisis más detallado del poemario utilizado en las visitas, véase el apartado 4.2.3 del
Capítulo I.
127
del significado de ‗Olimpo‘, que los represores decían que eran los dioses de la vida y
de la muerte de las personas. Bueno, lo que hizo Julio fue una forma de resistir a eso.
Pero también, así como está la historia de Julio, hubo historias de otros compañeros... A
lo largo del recorrido que nos queda, nuestra idea es mostrarles el funcionamiento del
lugar a partir de los testimonios de los compañeros y de las resistencias de los
compañeros, ¿sí? Cuando digo ‗compañeros‘, piensen que había muchas organizaciones
acá, no es que eran ‗compañeros‘ de la misma organización. Piensen que había personas
que eran casi enemigas ideológicamente, pero estaban en un lugar, en estas
circunstancias, y en ese momento eran ‗compañeros‘, Julio no dijo ‗tráiganme a los de
tal organización y a los de otra organización no‘. No, pasó (Laura, 3 de mayo de 2016,
visita guiada CENS de Villa Soldati).

Trascribimos esta cita extensa por varias razones. En primer lugar, porque
clarifica y refuerza varias de las nociones que se trabajan durante el recorrido. Por
ejemplo, el concepto de resistencia. En las visitas que observamos, los/las guías
explicaron que los actos de resistencia no fueron hazañas llevadas adelante por héroes o
heroínas, sino acciones pequeñas y cotidianas de seres ordinarios que en situaciones
extraordinarias lograron esquivar la disciplina interna del campo y frustrar parcialmente
el intento de los represores de ocultar sus crímenes y quebrar la dignidad de los/las
detenidos/as.116
Esta noción de resistencia, sin negar las relaciones de poder inherentes al sistema
concentracionario, repone la capacidad de agencia de los/las detenidos/as. Como
señalamos anteriormente, pone de relieve que dentro del CCDTyE se configuraron
nuevos vínculos, por ejemplo, entre personas que antes del cautiverio tenían enormes
diferencias políticas y programáticas. El uso del término ―compañero/a‖ apunta a dar
cuenta de esa nueva identidad que se constituyó dentro del campo en oposición a los
represores y que, como expusimos en el apartado anterior, busca vincular las
experiencias de los/las detenidos/as con la importancia de la construcción colectiva en el
presente. En otros términos, se usa la palabra ―compañero/a‖ para referirse a los/las
compañeros/as de cautiverio, pero también para nombrar a los/las detenidos/as desde el
presente, para hermanar generaciones y levantar hoy sus banderas.
La otra razón por la que incluimos la cita es porque, como desarrollamos en el
próximo capítulo, los/las visitantes suelen empatizar fuertemente con esta historia. En

116
Consideramos que esta noción de resistencia puede ser pensada a partir de las categorías de
―estrategias‖ y ―tácticas‖ que propone De Certeau (1996) para analizar las prácticas cotidianas. Para este
autor, las primeras se producen desde que un sujeto de poder (en este caso las fuerzas represivas) instituye
un espacio con reglas propias (el CCDTyE). Las segundas, se definen por su accionar ―furtivo‖ en el
espacio ajeno, actúan en los intersticios del terreno marcado por las ―estrategias‖. Mientras que las
―estrategias‖ están organizadas por el principio del poder, las ―tácticas‖ están marcadas por la ausencia
del mismo, constituyen el ―arte del débil‖.
128
las visitas que presenciamos, muchos de los/las jóvenes se conmovieron hasta las
lágrimas al escucharla y otros/as la recuperaron en las entrevistas que realizamos luego
de la visita.
Algo similar ocurre en el sector de la cocina, donde los/las guías subrayan que el
momento de la alimentación era uno de los más difíciles, ya que la comida era escasa,
mala e insuficiente. Relatan que algunos detenidos eran los encargados de cocinar y
repartir el alimento dos veces al día en las celdas, haciendo todo lo posible para que
alcanzara para todos/as. Para destacar la red solidaria que tejieron entre ellos ante esta
situación, los/las guías suelen proponer la lectura de los poemas Elías-Horacio y/o
Mariano (Anexo). El primero recupera la victoria de la organización y del apoyo mutuo
en un momento crítico: ―… hay 8 pancitos y somos 14 […] Es la hora acordada/ el pan
se reparte, sin una migaja de menos/ imagino en los ojos de todos/ un destello de
triunfo‖. En el segundo, ―…Mariano, el cocinero/ […] no falla/ ni en las peores
condiciones.‖ De esta manera, la inclusión de estos versos en el relato de las visitas y su
puesta en diálogo con la materialidad, configura una forma particular de aproximación
al pasado que busca volverlo verosímil para los/las visitantes. Tomando prestados los
planteos de Raggio (2009) sobre las imágenes cinematográficas del mundo
concentracionario, en el contexto de las visitas los poemas tienen la potencia de crear
imágenes sensoriales que permiten asir experiencias que no han podido ser
documentadas visualmente.
En la enfermería, los/las guías destacan que, lejos de ser un espacio para cuidar
la salud y la integridad de los/las secuestrados/as, ese sector tenía como objetivo reponer
sus signos vitales para continuar extrayendo información mediante las torturas. En la
misma dirección, los/las guías toman el laboratorio fotográfico y la sala de inteligencia,
como ejemplos claros del carácter planificado de la represión y de la enorme cantidad
de documentación que produjeron y luego ocultaron los perpetradores.
De esta manera, el recorrido por el ―pozo‖ culmina ponderando la resistencia, la
solidaridad y la valentía por sobre la tortura y la muerte. Y, a su vez, al compartir
anécdotas e historias personales de las víctimas deja preparado el terreno para ahondar
en sus trayectorias vitales y en sus vínculos afectivos más allá del cautiverio.
Las visitas terminan, luego de dos horas o dos horas y media desde su inicio, en
la sala Eso que no pudieron destruir... Se les propone a los/las visitantes que lean de
forma libre las carpetas/álbumes. Este es el único momento de la visita en el que no hay
prácticamente mediación de los/las guías.
129
Como ya expusimos, en tanto cada carpeta/álbum relata cómo los/las
detenidos/as terminaron comprometiéndose con la causa revolucionaria y dando su vida
por alcanzar una sociedad más justa e igualitaria, la visita cierra reforzando los ejes
propuestos al inicio. Por un lado, honrar a los/las compañeros/as detenidos/as-
desaparecidos/as y, por el otro lado, construir un puente entre aquellas vidas y las de
los/las jóvenes visitantes, con la intención de que lo vivido por los/las ―compañeros/as‖
pueda ser reconocido como un legado y un motor para la acción en el presente.

3. A modo de cierre

En este capítulo dimos cuenta de la especificidad de la narrativa que el ex


Olimpo transmite a sus visitantes y la relación que esta guarda –ya sea por afinidad o
por oposición– con otros relatos sobre el pasado reciente. A partir del análisis de las
marcas territoriales y de las visitas guiadas, logramos identificar algunos de sus rasgos
distintivos.
Advertimos que dicha narrativa caracteriza a lo ocurrido durante la última
dictadura como terrorismo de Estado y discute con los discursos de la ―guerra contra la
subversión‖, la ―teoría de los dos demonios‖ y el negacionismo. Como otros sitios de
memoria del país, condena los crímenes cometidos por los perpetradores y busca
comprometer a los/las visitantes en el reclamo de justicia. Asimismo, confronta con el
relato del ―mito de inocencia de las víctimas‖, en tanto reivindica las diversas
experiencias de militancia –incluyendo, a través de algunos dispositivos, a la lucha
armada– y los proyectos de transformación social de las personas detenidas-
desaparecidas. En el mismo sentido, pondera la resistencia y los vínculos de solidaridad
entre ―compañeros/as‖ por sobre el horror de la experiencia concentracionaria y sobre
las diferencias ideológicas y programáticas que existían entre ellos/as.
También observamos que las explicaciones de los/las guías sobre el periodo
1976-1983 se insertan en una temporalidad más amplia que da cuenta de otras luchas
populares e incluye diversos actores sociales. Por ejemplo, el rol jugado por los sectores
dominantes de la Iglesia católica y los grupos económicos antes, durante y después de la
dictadura, pero también el papel los/las vecinos/as y su activismo, junto con los/las
sobrevivientes, en el proceso de ―recuperación‖ del sitio.

130
Por último, advertimos que la narrativa del ex Olimpo establece vínculos
constantes entre pasado y presente, trascendiendo el uso de una ―memoria literal‖ de los
hechos (Todorov, 2000). En este sentido, desde los muros externos hasta el relato de
los/las guías, observamos el uso de comparaciones entre los crímenes de la dictadura
con los hechos represivos ocurridos en democracia, tales como los abusos de las fuerzas
policiales, los asesinatos de Carlos Fuentealba, Mariano Ferreira, Santiago Maldonado y
Rafael Nahuel, la desaparición de Julio López y la represión a los pueblos indígenas. Al
incluir estos aspectos mantiene una posición independiente y diferenciada de los
distintos gobiernos.
Por todo lo expuesto, concluimos que la narrativa que propone el ex Olimpo es
una memoria popular emancipatoria, que se inscribe dentro de las ―memorias
militantes‖ y combina elementos de la memoria militante en clave democrática y de la
memoria militante en clave revolucionaria. Recupera de las experiencias
revolucionarias de los setenta el mismo horizonte de justicia, así como ciertos aspectos
de esas luchas pasadas que resultan productivos en el presente. Al mismo tiempo, valora
y promueve la democracia, aunque se distancia de las visiones conformistas que la
entienden como panacea de las injusticias sociales. Además, entre sus componentes
característicos distinguimos una crítica hacia el capitalismo –la cual se desprende de una
concepción de la historia como lucha de clases y/o como un antagonismo entre ―pueblo‖
y ―anti-pueblo‖ –, una reivindicación del compromiso social y político para batallar
contra lo establecido, la importancia de los vínculos de solidaridad entre
―compañeros/as‖ y la resistencia ―desde abajo‖.
De esta manera, constatamos que muchos de los objetivos enunciados por los/las
coordinadores/as del equipo en el primer capítulo se expresan en las voces de los/las
guías durante las visitas y en las marcas memoriales inscriptas en el predio. En ambos
casos, se busca que los/las visitantes reflexionen para la acción y se organicen para
intervenir en la transformación del presente con una mirada puesta en el futuro. En
resumen, se pretende concientizar a las nuevas generaciones para que se sumen a la
denuncia de las violaciones a los derechos humanos –de ayer y de hoy– y exijan justicia.
Si consideramos lo expuesto en el primer capítulo, estos componentes temáticos
de la narrativa propuesta por el sitio guardan relación con los actores que participaron
de su construcción. En el relato de las visitas guiadas y en las marcas memoriales
confluyen las experiencias de los/las sobrevivientes, el conocimiento producido

131
académicamente y un ethos117 militante. Una muestra de esta convergencia es que las
fuentes principales que sostienen su narrativa son las voces de los/las sobrevivientes,
expresadas en distintas coyunturas y frente a interlocutores/as diversos/as que van más
allá de los testimonios producidos en instancias judiciales (por ejemplo, entrevistas
realizadas por el propio equipo, autobiografías de sobrevivientes y el poemario del
―Viejo Guillermo‖).118 Pero también el conocimiento producido en los círculos
académicos, el ideario del movimiento de derechos humanos y de las organizaciones
políticas que impulsaron la ―recuperación‖ del sitio. En el siguiente capítulo nos
adentramos en los modos en el que los/las jóvenes visitantes interactúan con esta
narrativa.

117
Tomamos el concepto de Ruth Amossy, para quien dicha categoría ―muestra la forma en que el sujeto
que habla construye su identidad integrándose a un espacio estructurado que le asigna su lugar y su papel‖
(Amossy, 2010, citado en Longa, 2016, p. 49).
118
Esta característica lo diferencia, en especial, del museo montado en el Casino de Oficiales de la ex
ESMA, en el cual se decidió incluir únicamente los testimonios dados frente a la Justicia.
132
CAPÍTULO III
Los/las jóvenes construyen significados en y con el ex Olimpo

Luego de analizar la propuesta pedagógica del ex Olimpo y la narrativa que


transmite a través de diversos dispositivos a los/las visitantes, en este capítulo
indagamos en los significados que construyen los/las jóvenes ―en‖ y ―con‖ el sitio.119
Proponemos una conceptualización de sus experiencias basándonos en los intercambios
registrados con los/las guías durante los recorridos y en las conversaciones que tuvimos
con ellos/as luego de visitar el Espacio.
Aunque estos/as jóvenes nacidos/as y criados/as en democracia no tienen un
recuerdo propio sobre la última dictadura cívico-militar, cuentan con una serie de
representaciones sobre el pasado cercano que se ponen en juego durante y luego de la
visita, y dialogan con la propuesta pedagógica del sitio. En el acto de la trasmisión,
resignifican la narrativa que este les propone.
En este sentido, y para ordenar la exposición, respondemos en los distintos
apartados a los siguientes interrogantes: ¿Cuáles son las narrativas que circulan entre
los/las jóvenes sobre el pasado reciente y a través de qué medios acceden a las mismas?
¿Cómo se ponen en juego sus representaciones sobre el pasado cercano (y sobre el
presente) durante y después de la visita guiada? ¿Qué ―les pasa‖ (Larrosa Bondía, 2006)
al interactuar con la narrativa que les propone el Espacio? ¿Cómo los/las modifica la
experiencia de visitarlo? Y, por último, ¿Qué nuevas capas de sentido agregan al
Espacio como generación?
A partir del recorrido que proponen estas preguntas, pretendemos mostrar que
los/las jóvenes están atravesados/as –de diferentes maneras– por los diversos relatos
sobre el pasado cercano que circulan en el espacio público, a los cuales acceden a través
de la escuela, la familia, los grupos de pares y los medios de comunicación. Por otra
parte, procuramos dar cuenta de que los/las jóvenes se conectan con las experiencias
pasadas en el sitio a partir de las emociones y los sentidos, es decir: más que los
aspectos explicativos de la narrativa que ofrece el espacio, es su componente afectivo el
que favorece la construcción de significados durante y después de la visita.

119
Tomamos prestado el uso de las preposiciones ―en‖ y ―con‖ de Piper Shafir (2015), ya que los
discursos, sensaciones y emociones que analizamos fueron construidos por los/las jóvenes
entrevistados/as en diálogo con la materialidad y la narrativa específicos que les propone el sitio.
133
1. Los/las jóvenes y las narrativas sobre el pasado reciente

En las apropiaciones que hacen los/las jóvenes del pasado reciente entran en
juego diversos elementos. Sus biografías y sus concepciones acerca de la historia y de
las problemáticas del presente se encuentran condicionadas por contextos sociales y
políticos y por los distintos espacios de socialización en los que se encuentran
inmersos/as (Pappier, 2017).
En Argentina, el informe final de una investigación realizada con el objetivo de
evaluar el impacto de las políticas educativas de memoria implementadas durante el
periodo 2005-2015,120 revela que: ―la escuela es la institución que asume con mayor
responsabilidad la transmisión del pasado reciente y la construcción de la memoria
colectiva. Le siguen, por lejos, la familia y los medios de comunicación‖ (Ministerio de
Educación de la Nación y Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, 2015, p. 8).121 Dada
la contundencia de esta afirmación, consideramos que es necesario desmenuzarla.
La primera cuestión que queremos señalar es que, así como no existe una
memoria social única y estable compartida por toda la sociedad, tampoco emerge una
única narrativa en las escuelas. Allí conviven y se tensionan distintos discursos sobre el
pasado y sobre el presente, entre los cuales algunos logran mayor adhesión que otros
(Kriger, 2011).
Los/las investigadores/as que abordaron las distintas narrativas y
representaciones sobre el pasado reciente presentes en las voces de los/las estudiantes
secundarios/as (Pereyra, 2007; Levín et al., 2007; Legarralde, Ordenavía y Saraví, 2010;
Raggio y Legarralde, 2010; Kriger, 2011 y 2017; Ministerio de Educación y Facultad
de Ciencias Sociales de la Universidad de la UBA, 2015; Levy y Gerzovich, 2016;

120
En el año 2014 se firmó un convenio entre el Ministerio de Educación de la Nación y la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires que instituía la conformación de un equipo de
trabajo para relevar las representaciones, saberes e imaginarios de estudiantes del último año de la
secundaria sobre algunos ejes de la historia reciente y del presente. A través de una metodología
cuantitativa, que consistió en un cuestionario autoadministrado de 54 preguntas, 2512 estudiantes de 37
localidades de todo el país opinaron sobre la última dictadura militar, la Guerra de Malvinas, el
Holocausto y otros genocidios y la democracia.
121
Para comprender mejor el peso de la escuela como agente principal de memoria entre los/las jóvenes,
resulta interesante señalar que una encuesta realizada entre 2008 y 2009 por el Área de Investigación y
Enseñanza de la Comisión por la memoria de la Provincia de Buenos Aires –en el marco del proyecto de
investigación Los trabajos de la memoria de la dictadura en la formación de los sujetos políticos en la
escuela secundaria– arrojó resultados similares. En aquel entonces, se realizaron encuestas estructuradas
a 1759 estudiantes secundarios de la provincia de Buenos Aires que participaron del Programa Jóvenes y
Memoria. La información obtenida confirma la relevancia de la escuela en la transmisión del pasado
reciente a las nuevas generaciones, seguida en orden de importancia por la familia y la televisión (Raggio
y Legarralde, 2010).
134
Pappier, 2017),122 coinciden en que existe hasta hoy un fuerte predominio de la
memoria emblemática del Nunca Más (Vezzetti, 2002). Como expusimos en el segundo
capítulo, los efectos más fuertes de esta narrativa fueron el de instalar el rechazo a toda
forma de violencia para dirimir los conflictos sociales y una idea utópica de la
democracia como antónimo de la dictadura (Vezzetti, 2002; Crenzel, 2008; Raggio,
2017a). Pero, además, significó la difusión entre los/las jóvenes de la figura de la
―víctima inocente‖ para caracterizar a los/las detenidos/as-desaparecidos/as.
Como explica Raggio (2017a), este ―mito de la inocencia‖ tuvo una fuerte
expresión en la memoria de la Noche de los Lápices,123 que se popularizó con la
difusión del libro y de la película homónimos. En términos de esta autora, pese a que
pasaron más de treinta años desde su estreno, ―Su proyección en las escuelas es una
suerte de ritual reiterado cada 16 de septiembre‖ (p. 23), lo cual ha contribuido a forjar
en los/las estudiantes una representación de las personas detenidas-desaparecidas como
―hipervíctimas‖, en el sentido en que se subraya su vulnerabilidad extrema frente a los
represores por encima de su militancia política.
Por su parte, Kriger acuerda con la preponderancia de este relato
―hipervictimizante‖, pero advierte que…

La ‗memoria militante‘,124que hasta hace unos años era una memoria débil, se ha
fortalecido notablemente y prácticamente equipara a la memoria victimizante ligada a la
teoría de los dos demonios, considerada hasta hace poco la más fuerte por diversos
autores (Levín, 2008). Por último, la memoria militar ligada a la narrativa de la ‗Guerra
sucia‘ no solo se muestra como una memoria débil, sino prácticamente nula, dada su
baja incidencia (2017, p.11).

Es decir, en los últimos años, los relatos que recuperan y ponen en valor los
proyectos y las experiencias de los/las militantes políticos/as de los años setenta vienen
abriéndose paso frente a otras memorias, fundamentalmente, crecieron en detrimento de

122
Pese a que son muchos/as los/las autores/as que se han dedicado a estudiar la transmisión de memorias
en las escuelas, referenciamos estas investigaciones porque son las que se han ocupado de analizar
especialmente, desde distintos enfoques teórico-conceptuales y metodológicos, las voces de los/las
jóvenes.
123
Esta memoria propone una interpretación particular de una serie de secuestros, ocurridos entre la
noche del 15 y la madrugada del 16 de septiembre de 1976, a un grupo de jóvenes estudiantes secundarios
de la ciudad de La Plata que habían participado de manifestaciones por el boleto estudiantil. Explica
Raggio que ―´La noche´, además de ser una metáfora muy usada para hablar del período de la dictadura,
refiere a una en particular: la del 16 de septiembre. Los ´lápices´ aluden a los protagonistas de esta
historia, las víctimas: todos ellos, estudiantes secundarios.‖ (2017b, p. 23).
La autora caracteriza esta narrativa como aquella que sostiene que ―Los militares hicieron desaparecer
124

y exterminar a los militantes políticos que luchaban por un modelo de país contrario a sus intereses y a los
de la oligarquía nacional‖ (Kriger, 2017, p. 104).
135
las memorias que demonizan a estos actores sociales. La autora afirma también que la
presencia de la ―memoria militante‖ es aún mayor entre los/las jóvenes cuyo espacio de
socialización sobre el tema de los derechos humanos en dictadura es el grupo de
amigos/as y/o compañeros/as.
Otras investigaciones recientes (Ministerio de Educación de la Nación y
Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, 2015; Levy y Gerzovich, 2016; Pappier,
2017) también señalan este avance de la ―memoria militante‖ en las escuelas y suman
algunos datos a tener en cuenta. Por ejemplo, en el Informe que comentamos
anteriormente, se muestra que la amplia mayoría de los/las estudiantes encuestados/as
identificaron como responsables de los hechos ocurridos durante la última dictadura a
las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Y, al caracterizar a las personas detenidas-
desaparecidas, más de la mitad de ellos/as las identifican con algún tipo de acción
política o social y solo un 15% los/las vincula con la representación de la inocencia –
como ―personas que no tenían nada que ver‖ (Ministerio de Educación y Facultad de
Ciencias Sociales de la UBA, 2015, p. 11).
Sin embargo, al desglosar el primer dato, advertimos que ―la inmensa mayoría
de estos estudiantes vincula a los desaparecidos con ´luchas democráticas´ o ´pensar
distinto´‖ (Levy y Gerzovich, 2016, p. 128), es decir, desconocen las formas concretas
de militancia de los años sesenta y setenta y proyectan sobre el pasado los modos de
participación política que conocen en el presente. Si tenemos en cuenta la
caracterización de las narrativas que realizamos en el segundo capítulo, la tendencia
entre los/las encuestados/as es a adherir a la memoria militante en clave democrática.
El hecho de que la memoria de la ―guerra sucia‖ y, en menor medida, la ―teoría
de los dos demonios‖ fueran perdiendo peso entre los/las estudiantes como matrices
explicativas de lo ocurrido durante la dictadura y sus años previos, puede explicarse
como el efecto de las políticas educativas destinadas al tratamiento del pasado reciente
llevadas adelante por los distintos gobiernos democráticos desde la década del ochenta
(Raggio, 2017b). Durante todos estos años, la narrativa que condena el terrorismo de
Estado logró consolidarse como un ―piso de verdad‖ (Cueto Rúa, 2017) entre la mayoría
de los/las jóvenes. No obstante, como ya hemos señalado, esta tendencia se profundizó
durante los gobiernos kirchneristas, en los cuales comenzó a ganar peso
progresivamente la memoria militante en clave democrática, que visibiliza la acción
política de las personas detenidas-desaparecidas. Esta aparece, en la mayoría de los

136
casos, en las voces de los/las jóvenes en términos genéricos y, a veces, sin un marco
histórico que les dé sentido.
Si, como demuestra Kriger (2011), la adhesión a la ―memoria militante‖ es
notablemente mayor entre los grupos de pares, podemos pensar que el ascenso de esta
narrativa se vincula con la politización creciente de las juventudes de los últimos años.
Como explica Pablo Vommaro (2014), desde hace décadas asistimos a un crecimiento
considerable de las militancias y de las formas de activismo y politización juveniles en
diversos ámbitos, tales como: los partidos políticos, las organizaciones sociales a nivel
territorial y dentro del movimiento estudiantil secundario y universitario, entre otros.
Según este y otros/as autores/as, aunque la militancia entre los/las jóvenes no es
nueva…

Durante los gobiernos kirchneristas (2003-2007, 2007-2011, 2011-2015) se produjo una


renovada discursividad acerca de la militancia juvenil, tanto del presente como del
pasado. A su vez, acontecimientos tales como el denominado ‗conflicto del campo‘ en
el año 2008, el asesinato de Mariano Ferreyra –joven militante del Partido Obrero– en
una protesta social en 2010, la muerte de Néstor Kirchner en el mismo año o la campaña
presidencial de 2011 en la que Cristina Fernández de Kirchner obtuvo su reelección,
fueron configurando hitos que marcaron nuevos ciclos de movilización e ingresos a la
militancia juvenil (Vázquez, Vommaro, Núñez y Blanco, 2017, p. x).

A estos elementos podemos sumar el crecimiento de la militancia joven en torno


a las reivindicaciones del movimiento de mujeres y las disidencias sexo-genéricas. En
otras palabras, la presencia masiva de los/las jóvenes en las calles para defender y
conquistar derechos, son una tónica de los últimos tiempos que posiblemente influye en
el ascenso de la ―memoria militante‖ en relación al pasado reciente.
Ahora bien, en la actualidad, a la escuela, la familia y los grupos de pares, se
suman los medios masivos de comunicación, entre los cuales Internet y las redes
sociales en particular tienen una posición hegemónica. Estos operan como importantes
productores y difusores de conocimientos y representaciones, y también proponen
modos particulares de apropiación de los saberes.
Aunque las narrativas que producen y/o difunden estos medios respecto del
pasado reciente aún tienen un peso relativamente menor al de la escuela y la familia en
las representaciones de los/las jóvenes (Legarralde, Ordenavía y Saraví, 2010; Raggio y
Legarralde, 2010; Ministerio de Educación y Facultad de Ciencias Sociales de la UBA,
2015; Levy y Gerzovich, 2016), no podemos obviar que instalan temas en la agenda
pública que despiertan preguntas y estimulan intercambios en sus grupos de pertenencia.

137
En este sentido, coincidimos con Viviana Pappier (2017) en que más allá de la
fuerte presencia de la memoria ―hipervictimizante‖ y del ascenso de la ―memoria
militante‖, otras narrativas como la ―teoría de los dos demonios‖ y la ―guerra sucia‖ –
con su correlato en la ―memoria completa‖– reaparecieron para disputar sentidos en los
medios masivos de comunicación a partir del cambio de gobierno nacional de diciembre
de 2015. Desde entonces, y en sintonía con las declaraciones públicas de algunos
funcionarios estatales relativizando o negando el terrorismo de Estado, en varios
programas de televisión se les dio voz a familiares y representantes de las ―víctimas de
las subversión‖. A la vez que circularon a través de las redes sociales cortos
audiovisuales y entrevistas en las que se caracteriza a las personas desaparecidas como
terroristas y se explica el accionar de las Fuerzas Armadas y de Seguridad como una
respuesta heroica o necesaria a la violencia guerrillera.125
En suma, los distintos agentes de socialización con sus narrativas dominantes y
sus formatos específicos, influyen en el modo en el que los/las jóvenes se aproximan a
las problemáticas del pasado reciente y del presente. A continuación observamos cómo
estas narrativas –así como los medios a través de los cuales circulan– aparecen en las
voces de los/las entrevistados/as, quienes llegan a la visita al ex Olimpo con una agenda
propia y tienen ciertas expectativas acerca de lo que van a ver y escuchar, pero también
sobre lo que esperan hacer allí.

2. Antes de la visita: conocimientos previos y expectativas

Los/Las jóvenes con quienes conversamos realizaron la visita al ex Olimpo en el


marco de una salida previamente acordada y en compañía de sus compañeros/as de
clase. Esta cuestión es relevante para comprender sus experiencias en el lugar. Por un
lado, porque no fueron ellos/as quienes decidieron ir voluntariamente al Espacio, sino
sus docentes quienes planificaron la visita en relación con un proyecto de enseñanza.
Por el otro lado, porque pese a que los/las integrantes de cada grupo presentan rasgos en

125
Uno de los videos que mayor circulación tuvo fue Este 24 de Marzo - Historia Completa en el cual se
intentaba narrar de modo simple y breve qué es lo que supuestamente los/las docentes no cuentan en las
escuelas sobre el pasado cercano. Con la Marcha de San Lorenzo de fondo, el relato sostenía que las
Fuerzas Armadas y de Seguridad ―accionaron repeliendo y aniquilando a quienes sembraron el terror‖ y
afirmaba que estos ―héroes‖ están presos en la actualidad ―por el gran negocio de los Kirchner‖. El video
ya no se encuentra disponible en la plataforma YouTube, medio a través del cual se difundió.
138
común –como la edad escolar y el perfil socio-económico– sus intereses y biografías
son heterogéneos.
Reparar en el encuadre escolar de la visita tiene importancia, además, porque
más allá de que los/las entrevistados/as sabían que el Espacio se trata de un lugar ligado
a acontecimientos dolorosos de la historia del país, para muchos/as de ellos/as la visita
no dejó de ser una ―salida‖, más aún para los/las estudiantes de instituciones donde estas
son poco frecuentes. De por sí, salir del ámbito del aula implica romper con la rutina,
transitar espacios no habituales e incluso un momento de recreación.

Camila:126 Habíamos venido temprano al colegio y de acá salimos en colectivo todos


juntos. Nos compraron facturas... tomamos mates, o sea, la pasamos bien (16 años,
escuela de Pompeya. Entrevista grupal, 4 de septiembre de 2017).

En lugar de las posturas solemnes y actitudes de recogimiento que podrían


generarse por el hecho de saber que están en un lugar donde ocurrieron acontecimientos
dolorosos, las risas, los cuerpos inquietos y el uso de los teléfonos celulares para tomar
autoretratos o selfies fueron una tónica común entre los/las jóvenes al comienzo de
todas las visitas que observamos. Sobre todo, antes de la entrada al ―pozo‖. Los/las
jóvenes llegan, por lo general, relajados/as y dispuestos/as a tener una vivencia
compartida.
En relación con este punto, algo que advertimos en la mayoría de las entrevistas
es que los/las estudiantes llegaron al Espacio preparados/as para entrar directamente al
lugar que funcionó como CCDTyE. Esta cuestión hizo que algunos/as sintieran que la
charla previa que dan los/las guías durante la introducción los/las retuvo.127

Celeste: [Me aburrí] cuando ya hablaba mucho [la guía] y yo quería ya ir a ver el lugar
directo. [Ella] lo habrá resumido bastante lo que sería lo que tenía que decir, pero yo
quería que hable dos segundos para ir a ver el lugar. Recorrer todo. Yo pensé que
directamente íbamos a ir donde pasó (16 años, escuela de Pompeya. Entrevista personal,
2 de septiembre de 2017).

Catalina: Empezamos con la estación de trenes. Así como... muuuy atrás... [Al
principio de la visita] era todo muy hablado. Para que me hablen, me quedo en el curso
(17 años, Escuela de Villa Urquiza. Entrevista grupal, 11 de abril de 2017).

126
Utilizamos los nombres reales de los/las jóvenes porque ellos/as así lo solicitaron.
127
En una reunión de equipo a la que me invitaron, los/las guías comentaron que este momento opera
como un ―malentendido‖, en el que ellos/as hacen preguntas e intentan ―bajar contenido‖ pero los/las
jóvenes quieren ver el ―pozo‖ (Equipo de guías, 2017).
139
A través de estas palabras podemos deducir que Celeste y Catalina esperaban
tener una experiencia distinta en el Espacio a la que tienen en la escuela. Visitar un sitio
de memoria implica para ellas aproximarse ―directamente‖ al lugar donde ocurrieron los
hechos e involucrar todos los sentidos, lo cual se opone a los modos más clásicos de
transmisión del saber frecuentes en las instituciones educativas, basados en la distancia
y la reducción de los estímulos visuales y corporales. Es por esto que, al encontrarse en
primera instancia con una explicación histórica similar a la que reciben de sus docentes
en la escuela, manifiestan impaciencia, aburrimiento e incluso desinterés durante la
introducción.
No obstante, notamos que esto varió de acuerdo al trabajo previo que había
realizado cada grupo antes de la visita. Algunos habían abordado la última dictadura
como contenido desde una perspectiva histórica y habían discutido –con menor o mayor
profundidad– bibliografía sobre el periodo (escuelas de Agronomía, Villa Urquiza y
Almagro). Otros se habían aproximado al tema desde el arte, a través de la lectura de la
obra de Teatro por la Identidad ADN (hijos sin nombre) de Andrea Juliá y el visionado
de la serie fotográfica Ausencias de Gustavo Germano (2006) (escuela de Pompeya).
Asimismo, los momentos en los que realizaron la visita en relación a los proyectos de
enseñanza de sus docentes fueron distintos. Para algunos grupos constituyó una
actividad de desarrollo o cierre del tema (escuelas de Almagro, Agronomía, Villa
Urquiza y CBC de Barracas), en cambio para otros fue una apertura que luego se
profundizó durante las clases siguientes (escuela de Pompeya).
En consecuencia, al momento de realizar la visita, los/las jóvenes manejaban
distintos niveles y tipos de información acerca del Espacio. Además del trabajo previo
en las aulas, de veintiún entrevistados/as, diecinueve manifestaron que su primera
aproximación a la última dictadura fue de forma acotada en la escuela primaria y/o a
través de relatos familiares. La alusión a conversaciones con sus padres, madres y
abuelos/as respecto del tema fue frecuente en todas las entrevistas:128

Lucas: Yo a mi abuela le pregunto qué sabe de la última dictadura y no sabe, no tiene


idea.... Mi abuelo tampoco tiene ni idea. Te dicen no tengo idea... Mis viejos se
enteraron de grandes (18 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 25 de
septiembre de 2017).

128
En la mayoría de los casos, sus padres y madres tienen entre 45 y 55 años, por lo tanto, eran niños/as o
adolescentes durante la última dictadura.
140
Candela: [Mi papá] me contó del caso de un primo que había desaparecido, que se lo
habían llevado por estar en una agenda y porque tenía un conocido lo largaron, un
conocido ahí de la Policía. Lo dejaron irse. Ellos desde ese lado lo vivieron un poco más
de cerca, pero tampoco se habló mucho (17 años, escuela de Agronomía. Entrevista
personal, 9 de noviembre de 2017).

Excepto tres jóvenes que expresaron un interés particular de sus familias en el


tema,129 los/las demás expresaron, como Lucas y Candela, que la información que
obtuvieron de sus familiares les resulta fragmentaria e insuficiente. A veces los/las
adultos/as prefieren no hablar, porque les resulta doloroso, ―no saben‖ o porque ―no les
pasó nada directamente a ellos/as‖ durante la dictadura. Así, constatamos que, de
acuerdo con lo expuesto en el primer apartado, la mayor información con la que
contaban al llegar al Espacio provenía de la escuela y de indagaciones que habían
realizado en los medios que tienen a mayor alcance.
Ninguno/a de los/las entrevistados/as conocía al ex Olimpo antes de la visita,
aunque tres de ellos/as habían escuchado hablar acerca del mismo. La mayoría sabía de
la existencia de los CCDTyE, identificaban –al menos por el nombre– a la ex ESMA y
solo dos de ellos/as la habían visitado previamente.
Sus referencias de los CCDTyE venían de sus conversaciones en la escuela, pero
también de Internet o el cine. Por ejemplo:

Magalí: Es como que yo, cuando vi la película [Garage Olimpo], ya sabía cómo le
decían al lugar. Entonces cuando ahí decían "quirófano", no flasheaba hospital. Como
que ya tenía una idea, una base. Igual también la noche anterior me puse a leer un
poquito en Wikipedia sobre el ex Olimpo (17 años, escuela de Almagro. Entrevista
personal, 24 de octubre de 2017).

Catalina: En Historia se habló del Plan Cóndor en el Olimpo. En Geografía también.


Vimos Infancia clandestina y La Noche de los Lápices. A mí me shockeó. Los métodos
de tortura, por ejemplo. A mí me pasaba esto de sentirnos cercanos. Porque eran pibes
que tenían nuestra edad (17 años, escuela de Villa Urquiza. Entrevista grupal, 11 de
abril de 2017).

Como en el caso de Magalí y Catalina, cuando les preguntamos cuál era la


información que tenían sobre los CCDTyE, muchos/as comentaron que realizaron
búsquedas en Internet o que habían visto, ya sea en la escuela o en sus casas por
iniciativa propia, las películas La Noche de los Lápices (Olivera, 1986), en menor

129
El primer caso se trata de Mateo, un joven cuyos padres son militantes peronistas con fuertes vínculos
con los organismos de Derechos Humanos. Los otros casos son los de Belén y Virginia quienes, si bien
no tienen familias con trayectorias militantes, hicieron énfasis en que a sus padres y madres siempre les
interesó la historia y que visitaron en otras oportunidades con ellos/as otros ex CCDTyE.
141
medida Garage Olimpo (Bechis, 1999) e Infancia clandestina (Ávila, 2012); y solo dos
mencionaron distintas series producidas por Canal Encuentro, aunque no pudieron
precisar sus nombres.
Por otra parte, además del conocimiento puntual sobre la última dictadura y
sobre los CCDTyE, los/las entrevistados/as mostraron distintos grados de
involucramiento personal y afectivo con el tema. A excepción del primo del padre de
Candela, ninguno/a de ellos/as reconoció ser amigo/a o familiar de alguna víctima
directa del terrorismo de Estado o de integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad
involucradas en la represión. En este sentido, la muestra que seleccionamos permite
indagar en el impacto que tiene la narrativa del sitio en jóvenes que no forman parte ni
del círculo de los/las ―afectados/as directos/as‖130 ni tampoco de las personas que están
vinculadas a las memorias militares.
Sin embargo, algunos/as de los/las entrevistados/as –Mateo, Belén, Magalí,
Virginia y Franco– militan o militaron en organizaciones políticas, sociales y/o
estudiantiles de distintos signos ideológicos. Quienes participan de partidos políticos y
agrupaciones de izquierda –en sus distintas variantes– mostraron un alto grado de
involucramiento afectivo con el Espacio y, en particular, con las trayectorias de las
personas detenidas-desaparecidas.

Mateo: Yo tengo atrás una militancia, empecé a los ocho o nueve años con mi viejo a ir
a HIJOS y a Madres, así que la verdad no era una experiencia a un lugar que no
conociera. No conocía el lugar físico, pero sí el circuito, la historia y lo que significaron
esos espacios (18 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 14 de diciembre de
2017).

Virginia: Yo conocía al Olimpo, conocía el nombre del centro clandestino... cuando me


enteré que el Turco Julián había estado ahí, durmiendo en el Olimpo... fue como nooo,
no lo podía... me supera el tema de... [Busca con dificultad las palabras para expresarse]
no puedo entender esa violencia. Yo había escuchado esa historia de una de las viejitas
cuando desgrababa una cosa muy densa del Turco Julián131 (21 años, CBC de Barracas.
Entrevista personal, 10 de junio de 2016).

En el polo opuesto a Mateo y Virginia, como desarrollamos más adelante, la


mirada más crítica hacia la narrativa de las visitas guiadas provino de Franco, quien se

130
Siguiendo a Jelin, ―Esta expresión se refiere a personas que han sufrido ´en carne propia´ la represión
estatal (desaparición, prisión política, tortura, en menor medida exilio) y a sus familiares más directos. La
expresión excluye otros criterios de sufrimiento o de cercanía personal con el horror‖ (2007, p. 39).
131
La entrevistada se refiere a su trabajo como transcriptora para el libro Las viejas. Madres de Plaza de
Mayo Línea Fundadora cuentan una historia (2014).
142
autodenomina ―conservador en lo social y liberal en lo económico‖ y participa de una
agrupación ecologista aliada a la coalición política Juntos por el Cambio.
No obstante, excepto los casos mencionados, la mayoría de los/las jóvenes con
quienes conversamos no pertenece ni perteneció a ningún grupo militante y se
autodefine como ―independiente‖ o ―apartidario/a‖. Dentro de este grupo mayoritario
algunos/as ya estaban interesados/as y sensibilizados/as en la temática de la dictadura,
en cambio otros/as llegaron al Espacio sin expectativas puntuales y dispuestos/as a
dejarse sorprender.132
Por último, es importante señalar que pese a su diversidad, todos/as los/las
jóvenes compartían un piso común: reconocían que las violaciones a los derechos
humanos durante la última dictadura existieron, que estas son moralmente condenables
y que es importante que existan los sitios de memoria para que sean conocidas y
recordadas por toda la sociedad.
Sin embargo, encontramos matices en sus discursos. Para poder desmenuzarlos y
establecer un diálogo entre ellos, los organizamos en cinco ejes temáticos que
desarrollamos en distintos apartados:

1. Sus percepciones respecto de la no reconstrucción del ex CCDTyE y lo que


les genera el primer contacto con la materialidad;
2. El impacto afectivo y sensorial de la visita, o como se pone en juego la triada
creer–sentir–saber en el Espacio;
3. Sus lecturas sobre los años previos al golpe de Estado y acerca de la
identidad de las personas detenidas-desaparecidas, en diálogo con la
narrativa que les proponen los/las guías del ex Olimpo;
4. Sus elaboraciones sobre la complicidad y el consenso civil durante la última
dictadura y en la actualidad, así como el cuestionamiento a la generación de
sus madres, padres, tíos/as y abuelos/as;
5. Las conexiones entre las violaciones a los derechos humanos en el pasado y
el presente.

En una reunión que presenciamos del equipo del ex Olimpo, uno de sus
integrantes usó el término ―anécdota conceptual‖ para referirse a una narración breve

132
Esta última actitud predominó entre los/las entrevistados/as de la escuela de Pompeya.
143
sobre algún acontecimiento significativo vivido en el CCDTyE –o fuera de él– durante
el tiempo de su funcionamiento que sirve de puntapié para hacer reflexiones más
generales con los/las visitantes sobre el terrorismo de Estado y/o las militancias.
Recuperamos esta categoría nativa para presentar, a modo de introducción de
cada apartado, un episodio significativo observado durante las visitas, que guarda
relación con el eje en cuestión. Pese a su carácter episódico, cada una de las escenas
transcriptas nos permite, por un lado, acercarnos a las representaciones y nociones que
tienen los/las visitantes sobre los distintos temas (y a sus niveles de adhesión a las
memorias que circulan en el espacio público) y al modo en el que estas se activan –y se
ponen en tensión– en el Espacio, en diálogo con sus compañeros/as, sus docentes y
los/las guías.

3. La experiencia de visitar el ex Olimpo: qué “les pasa” a los/las jóvenes

3.1. El encuentro con la materialidad del espacio “vacío”

¿Vamos a ver las celdas? Pregunta uno de los chicos impaciente en la puerta del ‗pozo‘.
La guía responde que allí empieza el CCDTyE, que primero van a hablar sobre la
organización que permitió la ‗recuperación‘ del lugar para que después se entienda
mejor lo que van a ver. Empieza a explicar las diferencias entre un CCDTyE y una
cárcel común (hace énfasis en la ilegalidad del primero). Otro chico se detiene a mirar
un charco que se había formado por la lluvia y dice: ‗Este es el agua que ellos pisaban‘
(Notas de campo, 16 de mayo de 2016, visita guiada escuela de Flores).

La experiencia remite a aquello que alcanza a los sujetos y los involucra en todas
sus dimensiones: incluye al pensamiento pero también a los afectos y las emociones,
fluye a través del cuerpo. Siguiendo a Larrosa Bondía (2006), la experiencia es aquello
que ―le pasa‖ al sujeto al ponerse en contacto con algo o alguien ―otro‖ e implica una
afectación subjetiva que lo transforma e imprime en él una huella. Pese a que es siempre
singular, desde esta perspectiva, la experiencia es fruto de una interacción y, por lo
tanto, no puede ser anticipada.
Bárcena Orbe, Larrosa Bondía y Mélich Sangrá (2006) sostienen que la
experiencia puede ser pensada a partir de la metáfora del viaje, como una salida que
confronta a los sujetos con lo extraño y les ofrece la posibilidad de un nuevo comienzo.
En un sentido similar, Dewey afirma que ―cada experiencia es una fuerza en

144
movimiento‖ (1967 [1938], p. 38), en tanto siempre recoge experiencias anteriores y
modifica en algún sentido la cualidad de las que vendrán después.
Durante las entrevistas, advertimos que la vinculación previa de los/las jóvenes
con el Espacio y el grado de conocimiento sobre el mismo guarda estrecha relación no
solo con las expectativas que tenían respecto de la visita, sino también con las
experiencias que tuvieron en el lugar. Quienes ya tenían alguna una imagen creada
sobre los CCDTyE, pero que no sabían acerca de las distintas funciones que tuvo el ex
Olimpo en particular, llegaron al sitio esperando encontrarlo tal como estaba en tiempos
de la última dictadura:
Antonella: Cuando nos dijeron que íbamos a ir al Olimpo pensé que iban a estar las
celdas, me lo imaginaba mal... no sé cómo explicarlo, me imaginaba las celdas ahí,
todo. Pero cuando llegué al lugar, no estaban las celdas, estaba todo tapado...
Mariana: ¿Y qué te pasó cuando te encontraste con eso que era diferente a lo que te
habías imaginado?
Antonella: Bueno, supuse que algo había pasado y que por algo estaba así. Después la
guía nos mostró el piso. Mientras la chica iba contando, yo me lo imaginaba en mi
mente, cómo había sido (18 años, escuela de Pompeya. Entrevista personal, 26 de
septiembre de 2017).

Así como le ocurrió a Antonella, otros/as jóvenes expresaron una inadecuación


entre sus expectativas respecto de las características físicas del lugar y lo que
efectivamente encontraron al ingresar. En estos casos, la palabra de los/las guías les
resultó central para darle sentido a las marcas espaciales, sobre todo, del sector
―Población‖, que hoy está derruido:

Candela: [Rescato] Como positivo el hecho que no es que te dejan ahí y te dicen
‗miren‘ y te llevan para cualquier lado […] Está bueno estar con alguien que sepa del
tema. Más en lugares así que son bastante difíciles o duros. Es un lugar que tiraron un
montón de paredes abajo, cubrieron todo el piso con cemento... entonces está todo
reconstruido mediante marquitas en el piso. Entonces vos te parás y ves un montón de
cuadraditos amarillos y verdaderamente parece más bien un garage. Antes que ponerte
a pensar ‗estos podían ser los cuartitos donde metían a las personas‘ o ‗este debe ser...
no sé, la cocina‘ porque sacaron todo. Esas cosas no te las imaginás solo. Ves una
sucesión de cuartos vacíos. Y ¿qué vas a saber? (18 años, escuela de Agronomía.
Entrevista personal, 9 de noviembre de 2017).

En este fragmento, Candela se refiere a la guía como ―alguien que sabe del
tema‖ y valora que le haya brindado herramientas para interpretar la materialidad y
orientarse dentro de un lugar que se le presenta como una ―sucesión de cuartos vacíos‖.
Al igual que Antonella, expresa que el relato le permitió imaginar el modo en que
estaban allí las personas secuestradas.

145
Sin embargo, paradójicamente, esa materialidad ―incompleta‖ se les presenta
como una prueba o testimonio del pasado. Hablan de un lugar que vuelve la historia
―real‖, ―creíble‖, ―donde pasaron las cosas‖, ―prueba de lo que ocurrió‖. En otras
palabras, el lugar produce un efecto de autenticidad muy contundente. Este ―aura de
autenticidad‖ (Guglielmucci, 2011) se refuerza por el hecho de que el Espacio no fue
reconstruido y que, a la vez, no está estetizado con una sobrecarga de carteles, efectos
lumínicos y/o sonoros, entre otros posibles. Para la mayoría de los/las jóvenes con
quienes conversamos, lo que más impacta del ex Olimpo es que, al menos
aparentemente, ―está tal cual lo dejaron‖:

Belén: Y una de las cosas que más me llamó la atención es que no tenés muebles, lo
dejaron como estaba (18 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 29 de
diciembre 2017)

Virginia: Yo quedé flasheada con la ventana y con la puerta [de ‗Incomunicados‘ y el


portón de ingreso contiguo a la sala de guardia, respectivamente]. No podía creer que
esa puerta había sido... trascurrida por toda esa gente… Y yo me agarraba de esas cosas
y decía ‗qué loco boludo‘, me imaginaba un poco... Necesitaba visibilizar como era la
vida ahí, por eso me recluía un poco, porque necesitaba pensar, bueno, acá estaban las
celdas, el chico pasaba por acá, cocinaba por acá… (21 años, CBC de Barracas.
Entrevista personal, 10 de junio de 2016)

Estar en el lugar donde ocurrieron los hechos y transitaron las víctimas, despierta
también, como sugieren las palabras de Virginia, una experiencia fuera de lo común,
extrañeza y, en su caso, necesidad de apartarse por un momento de la explicación de la
guía para poder procesar lo que está viendo y sintiendo.
Para pensar en estas cuestiones recurrimos a los planteos de Corbin, quien
sugiere que la capacidad pedagógica de los sitios de memoria está en el espacio que
queda entre la narrativa que estos ofrecen a los/las visitantes (a través de distintos
dispositivos de transmisión, entre los cuales las visitas guiadas ocupan un lugar
destacado) y ―la materialidad del sitio mismo, su estructura física y la información
arqueológica fantasmal –el testimonio y el testigo mudo– que la habitan‖ (2016, p. 342).
Para esta autora, la potencialidad de ese espacio intersticial se debe a que es justamente
ahí donde se produce un verdadero acercamiento entre el/la visitante y las víctimas. Lo
explica en estas palabras:

El visitante se frustra con la imposibilidad de hacer hablar al sitio y de recibir su


historia. El sobreviviente se frustra con la dificultad, o incluso la imposibilidad de
testimoniar sobre la magnitud del horror sufrido. Pero lo que esta escena –este
encuentro con el lugar– nos regala es que nos habilita para poder escuchar a los demás.
146
Nos desilusiona, pero este des-encuentro sirve para enseñarnos a escuchar al otro (el
sobreviviente que deja testimonio) con más empatía (Corbin, 2016, p. 342).

En otros términos, el lugar se presenta irreductible ante la mirada de los/las


visitantes y es esta imposibilidad de aprehenderlo en su completitud lo que genera las
condiciones para una escucha empática de los testimonios, mediados en la visita por la
palabra de los/las guías. Tal como advertía Levi (2000 [1989]) sobre los/las
sobrevivientes del Holocausto, el hecho de que quienes podrían dar cuenta del plan de
exterminio consumado –los ―verdaderos testigos‖– no están, las palabras de ―los
salvados‖ siempre serán incompletas. Volviendo a Corbin, es allí donde los/las
visitantes pueden ponerse, al menos parcialmente, en los zapatos de las víctimas y
conectarse con sus experiencias. De esta manera, lo incompleto –en particular, las
ausencias que se expresan en el espacio ―vacío‖– habilitan la apropiación, porque los/las
visitantes se ven obligados/as a imaginar para recuperar lo que no está. Dicho de otra
forma, lo que dinamiza la transmisión es que la posibilidad de completar lo que falta
siempre es insatisfactoria.
Por otra parte, estas características del Espacio hacen que muchos/as jóvenes lo
diferencien de otros lugares como la escuela, la universidad o los museos.

Belén: Vos entrás al lugar donde pasó, entrás físicamente a ese lugar y no puede ser que
no te mueva. Si vos vas a una casa y ves como una familia se trata, entrás a su círculo
más íntimo... es lo mismo, entrás adentro del lugar donde pasó esto, esto y esto. Y si no
te cambia, es porque realmente no te importa nada o porque no tenés alma. Y son
situaciones difíciles, ponerte en el lugar del otro, tener empatía, entenderlo, escuchar su
punto de vista…Y no solo estar ahí, sino también escuchar el testimonio de una persona
y ponerse en el lugar del otro. El poder visualizarlo, imaginártelo. Tal vez en el aula, a
veces es un poco bajada de línea, es una persona, que está contando del 76 al 83
estuvimos en dictadura y pasó esto, esto y esto y hubo persecuciones... pero que vos
estés ahí, es una forma de... generar un choque, de que la persona se sienta afectada,
chocada (18 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 29 de septiembre de 2017).

Para Belén, en la escuela el acceso a estos temas está mediado por las
explicaciones de sus docentes –quienes a veces ―bajan línea‖– y por la lectura de
materiales en el contexto del aula (textos, imágenes fijas y en movimiento, canciones,
testimonios, etcétera). En el sitio de memoria, en cambio, la posibilidad de creer o
imaginar está asociada a ver con sus propios ojos y estar donde ocurrieron los hechos
que se recuerdan. La visita tiene un carácter inmersivo y corporal. Esta peculiaridad,
para la mayoría de los/las jóvenes, diferencia también a los sitios de memoria de los
museos, donde se narra una historia ―cerrada‖ y el guión museográfico se construye a
147
través de imágenes, objetos, textos y paneles, haciendo las decisiones estéticas de los/las
curadores/as más evidentes para los/las visitantes.

Jorge: No tenía ganas, a mí no me dieron ganas de ir, y después imaginé que iba a ser
todo como un museo... como fueron los héroes y esas cosas... imaginé así, no me esperé
esto. Y cuando fui era otra cosa... otra historia.
Mariana: ¿Qué diferencias ves entre un museo y el lugar que visitaste?
Jorge: Que en un museo, ya está todo en cuadro... digamos, todo cerrado. Hay unas
letras escritas ahí y hay personas que te explican cosas, pero no profundamente como
esto (21 años, CBC de Barracas. Entrevista personal, 15 de julio de 2016).

Magalí: Un lugar así, un sitio de memoria, es más un lugar para ir porque sabés que
pasó algo ahí y que se yo... quizás si fuese un museo, no sé, de acá a generaciones más
adelante, si no te lo dicen, no sabés que ese fue el ex centro clandestino de detención. Es
más una cuestión del lugar físico, de bueno, fue acá. No fue en esta pared pintada,
empapelada (17 años de escuela de Almagro. Entrevista personal, 24 de octubre de
2017).

Como mencionamos anteriormente, la no reconstrucción del Espacio refuerza la


idea de que ―todo quedó como estaba‖ y esta cualidad, permite un mayor acercamiento
a ―la realidad‖ desde la óptica de los/las entrevistados/as:

Matías: Estuvo bárbaro y como sorprendente ver las huellas de lo que había. Porque es
como una muestra real de que sucedió y que no fue solo una ficción como podés ver en
un documental. Y, cuando vos lo ves, para muchos de nosotros que nunca lo vivimos, es
como que... empezás a decir ‗esto pasó‘ y no es que te dicen que eso pasó (18 años,
escuela de Agronomía. Entrevista personal, 7 de noviembre 2017).

Constanza: Te da un plus porque lo vuelve real. Estudiarlo en un libro no es real. O


sea, pasó. Eso pasó, está en el libro, pasó, se habla en clase, bueno, Isabel que fue
nuestra profesora, todo lo que vimos en la visita lo podría haber dicho ella en clase
perfectamente. Pero ir al centro de detención lo volvió real. O sea, volvió real la
historia. Un pedacito aunque sea, pero lo volvió real (17 años, escuela de Agronomía.
Entrevista personal, 10 de noviembre de 2017).

En las palabras de Matías y Constanza resuena fuerte la distinción entre ficción


y realidad. Sugieren la existencia de una parcialidad en los discursos de sus docentes
(como también señaló Belén), así como en los libros y documentales, que se traduce en
la expresión ―no es que te dicen que eso pasó‖. Por el contrario, el ex Olimpo, aunque
está mediatizado por el discurso de los/las guías y por las marcas memoriales, se
configura para ellos/as como ―lo real‖.
Pese a que aunque todos/as los/las jóvenes acordaron en que la puesta en diálogo
del relato con la materialidad tiene un peso importante, algunos/as manifestaron que no
fue suficiente:
148
Catalina: Con las chicas nos sentamos en las líneas que había [en el sector ‗Población‘]
a ver cómo se vivía eso de estar tan encerradas, dos hacían de paredes y nos
imaginábamos, tipo, como hubiese sido si estábamos ahí adentro.
Francisco: No sé si incumbe en algo, pero me gustaría que haya una muestra de cómo
era.
Mariana: ¿Por ejemplo? ¿Por qué pensás que estaría bueno?
Francisco: Como una maqueta, no sé, las paredes…Para poder situarse, para poder... es
muy difícil estar en contexto, ¿no? Pero no es lo mismo que te hagan dos compañeras de
pared a estar uno, cuarenta segundos encerrado ahí. (17 años, escuela de Villa Urquiza.
Entrevista grupal, 11 de abril de 2017)

Como expusimos en el primer capítulo, la cuestión de si es o no necesaria para


los/las jóvenes la reconstrucción de las instalaciones del CCDTyE fue debatida en el
momento de la ―recuperación‖ tanto del ex Olimpo como de otros sitios de memoria.
Aunque la mayoría de los/las entrevistados/as señaló que la reconstrucción no les
pareció necesaria para involucrarse en la visita, los argumentos que esgrimieron para
sostener esta premisa se basaron en la importancia de dejar visibles las modificaciones
que realizó la Policía en el lugar para ocultar los crímenes cometidos durante la última
dictadura. Por el contrario, ninguno/a manifestó preocupación por la literalidad del
horror, que pareciera ser más una inquietud de los/las adultos/as. En efecto, en lugar de
una atenuación del impacto que genera el tránsito por el ―pozo‖, las voces de los/las
jóvenes valoran la inmersión sensorial que les produce la visita y quieren vivirla en
profundidad.
En las palabras de Catalina y Francisco observamos que la recreación –ya sea
por medio de una ―maqueta‖ o levantando nuevamente las paredes del sector de celdas–,
al menos para ellos/as, potenciaría la experiencia de la visita. Las expresiones ―cómo se
vivía eso de estar tan encerradas‖ y ―estar uno, cuarenta segundos encerrado ahí‖
sugieren que la posibilidad de imaginar aparece estrechamente ligada a lo sensorial y a
―poner el cuerpo‖.

Francisco: Cada tanto había un cartel... Y después, por ejemplo, en la ESMA hay un
momento en el que entrás a un galpón gigante y te ponen el sonido de cómo se
escuchaba el mundial en el Monumental y vos estabas ahí. Eso es terrible. ¡Si pudiese
ponerse algo! […] En la ESMA ponen sonido, que se escucha muy bajo, pero se
escucha. Y si uno entra en la maqueta que crearon, puede entrar en contexto, muy lejos
de lo que fue, pero puede. Y eso te ayuda a entrar y eso es lo que quizás faltaba en el
Olimpo (17 años, escuela de Villa Urquiza. Entrevista grupal, 11 de abril de 2017).

Para Francisco, quien había visitado anteriormente la puesta museográfica del


Casino de Oficiales de la ex ESMA, el involucramiento con el lugar se favorecería si se

149
sumaran a la visita efectos de sonido o se representaran algunos espacios o escenas de
cautiverio. Algo similar aparece en las palabras de Catalina, que destaca que, para poder
comprender lo que ocurrió en el lugar, es indispensable anclar el relato en ―cosas
concretas‖:

Catalina: Porque para mí, para los jóvenes, tipo, nos tienen que mostrar las cosas: pasó
así. Tipo textual, físicas. Las cosas concretas. Porque capaz que si decís... muy abierto...
capaz que si me lo mostrás así, como La Noche de los Lápices... Cuando le contamos a
la profesora de Psicología que la habíamos visto nos dijo: ‗No, no… es muy fuerte para
que se la muestren a ustedes‘. Yo la miré y pensé: ¡Estamos en quinto año, no en
séptimo grado! O sea, son como cosas que capaz la gente no quiere ver ¡Andá a saber lo
que pensaba la profesora cuando nos dijo eso! (17 años, escuela de Villa Urquiza.
Entrevista grupal, 11 de abril de 2017).

Es llamativo que ―lo concreto‖ aparece asociado en su discurso a la película La


Noche de los Lápices, y no a la materialidad del Espacio. Como señala Raggio (2017a),
aunque dicho film ofrece una puesta en escena literal de la violencia vivida por las
personas secuestradas en los CCDTyE, el horror se atenúa para que dicha experiencia
sea ―vivible‖ para los/las espectadores/as, de modo que puedan identificarse con las
víctimas. En este sentido, cuando Catalina propone que se muestre ―como en la
película‖ lo que ocurrió en el sitio de memoria, consideramos que alude a la necesidad
de incorporar elementos que, sin tener que mostrar la tortura de forma literal, les
permitan imaginar y vivenciar de algún modo lo que los/las secuestrados/as sintieron
durante el cautiverio.
Estas voces tensionan la idea instituida de que una puesta en escena de las
instalaciones de los ex CCDTyE implica una espectacularización que satura estos
espacios ―vacíos‖ y obstruye la posibilidad de pensarlos críticamente. Algunos/as
afirman que reconstruir lo que ocurrió en los ex CCDTyE mediante artefactos
tecnológicos o museográficos implica convertirlos en ―sitios fetichizados del Terror de
Estado‖ (HIJOS La Plata, 2013) o sostienen que se les quita su ―aura de autenticidad‖.
Sin embargo, para otros/as, como el caso de estos/as jóvenes para quienes el pasado no
se materializa en imágenes de forma automática, podrían favorecer la imaginación y
abrir camino al conocimiento.
Ahora bien, en las visitas que observamos también fueron frecuentes los
comentarios y preguntas morbosos en relación a la muerte y la tortura. ―¿Había olor a
muerto‖?, ―¿Los mataban acá?‖, ―¿Cómo los torturaban‖? Y, de forma más tímida y en
voz baja: ―¿Por qué no nos hablan del centro clandestino?‖, ―¡Esto es lo mismo que
150
vimos en Historia!‖. Aquí aparece nuevamente el malentendido al que aluden los/las
integrantes del equipo y que señalamos más arriba: mientras los/las guías hacen énfasis
en reconstruir el contexto que hizo posible los crímenes del terrorismo de Estado y
apelan a una ―memoria ejemplar‖ (Todorov, 2000) que permita hacer puentes entre el
pasado y el presente, muchos/as jóvenes llegan al Espacio buscando una descripción
literal del lugar y de los crímenes que allí ocurrieron.
Nos preguntamos, entonces, ¿qué es lo que hace que los/las jóvenes se sientan
tan seducidos/as por conocer los detalles del dolor ajeno? Sabemos que el morbo genera
reacciones simultáneas de rechazo y atracción ante situaciones límite, el deseo de
alejarse unido a la incapacidad de hacerlo. Pero, más allá de que este sentimiento es
propio de todos los seres humanos, la curiosidad de los/las jóvenes, ¿tiene que ver con
el goce morboso frente al dolor ajeno? ¿Por qué para ellos/as es necesario vincularse a
las personas detenidas-desaparecidas de esta manera? Podríamos conjeturar múltiples
respuestas a estas preguntas ligadas, por un lado, al deseo de conocer detalles que
prueben lo que ocurrió allí que, a su vez, permitan entender ciertas prácticas
desarrolladas en el pasado cercano; por el otro, a algunas dinámicas escolares que
plantean el acceso a los saberes apelando a libros de texto, películas, fotografías,
documentos y otros materiales. Cualquiera sea el caso, advertimos que para las nuevas
generaciones que no vivieron en carne propia la represión, imaginar cómo se produjo el
exterminio se vuelve necesario para poder pensarlo. Aunque es cierto que no todos/as
los/las jóvenes comprenden del mismo modo y que, en muchas ocasiones, exponerlos a
imágenes y relatos horrorosos es contraproducente (ya sea porque genera parálisis o
alimenta el cinismo), en ciertas condiciones y, fundamentalmente para aquellos/as que
no llegan al sitio sensibilizados/as con el tema, las imágenes miméticas del horror se
presentan como instrumentos de una apertura al (auto)cuestionamiento. Como sostiene
Susan Sontag en relación a las fotografías e imágenes horrorosas de la guerra, ―No
debería suponerse un ´nosotros´ cuando el tema es la mirada al dolor de los demás‖
(2003, p. 15). Para esta autora, estas imágenes no conducen por sí solas a empatizar con
las víctimas ni a repudiar la violencia que muestran, sino que generan efectos disímiles
en las personas. Mientras convierten a algunos/as en voyeurs que miran el dolor de
los/las demás como si miraran gozosos/as cuerpos desnudos, a otros/as, ajenos/as a las
escenas retratadas, pueden ayudarlos/as a dotarlas de ―realidad‖. Quizás el problema
radica en considerar solo imágenes y narraciones literales del horror para transmitir un
pasado doloroso. En este sentido, coincidimos con la autora cuando afirma que: ―El
151
problema no es que la gente recuerde por medio de fotografías, sino que tan solo
recuerda las fotografías. El recordatorio por este medio eclipsa otras formas de
entendimiento y de recuerdo‖ (p. 103).
Por lo que planteamos hasta aquí, podemos concluir parcialmente que más allá
de los matices que expresaron respecto de la decisión de no reconstruir el lugar y de la
necesidad (o no) de escenificar el cautiverio, todos/as los/las jóvenes valoraron el hecho
de tener una experiencia en el Espacio que no tendrían, por ejemplo, en la escuela, en
los museos o a través de las mediaciones propias de otros lenguajes artísticos como el
cine o la literatura. En el siguiente apartado nos adentramos en esta cuestión, para tratar
de entenderla en mayor profundidad.

3.2. Creer, sentir y saber en el Espacio: el carácter empático de la visita

Entramos al sector donde funcionaba la cocina. Percibo los cuerpos de los/las chicos/as
cansados/as, hace casi dos horas que empezó la visita. Afuera está templado, pero
adentro del ‗pozo‘ los/las chicos/as sienten frío.
Después de dar algunas referencias sobre los usos del lugar, la guía propone la lectura
en voz alta del poema Mariano del libro del ‗Viejo Guillermo‘. Una de las chicas se
ofrece para leer, se la va quebrando la voz en la medida en que avanza. Cuando termina
la lectura se produce un silencio profundo. Gran parte de los/las chicos/as tienen
lágrimas en los ojos (Notas de campo, 8 de noviembre de 2016, visita guiada escuela de
Villa Urquiza).

La triada entre relato, materialidad e imaginación apareció en las entrevistas


asociada a la posibilidad que ofrece el Espacio de empatizar con las víctimas. Entender,
mediante la interacción con otros/as y con el lugar, las condiciones en las que estaban
los/las detenidos/as fue fundamental para ponerse en su lugar y en el de sus seres
queridos:

Candela: Porque [los/las guías] te hacen como un viaje, por así decirlo, para ponerte en
el lugar del otro. A decir: ¿qué pasa si lo vivís vos? ¿Si lo vive un familiar tuyo?... Y te
lo cuentan tan de cerca que yo pienso que es difícil que una persona diga ‗quiero esto‘
después de verlo. O sea, una vez que... cuando no se conoce, quizás pensás que no
puede ser tan malo o, ‗bueeeno... es lo que dicen, lo que quedó escrito, según qué
historiador lo agarra‘, pero cuando vos tenés algo a donde podés ir, entrar, algo más
palpable... ya es distinto porque no es según el historiador, es un edificio que está ahí
(18 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 9 de noviembre de 2017).

152
A partir de este fragmento podemos pensar en el uso de la metáfora del viaje en
dos sentidos. Por un lado, como un viaje al pasado –y en particular, a la experiencia de
un/a otro/a–, a lo que sufrieron en carne propia las personas detenidas-desaparecidas en
el lugar, pero también el viaje como transformación que se da en el tiempo presente en
los sujetos que participan de la visita. Al afirmar que ―es difícil que una persona diga
´quiero esto´ después de verlo‖, las palabras de Candela sugieren que el relato de los/las
guías le permitió interpretar las evidencias físicas (lo que ―está ahí palpable‖) y que el
mero conocimiento de dichas ―pruebas‖ debería garantizar el ―Nunca más‖.
Como sugiere en la cita, la posibilidad de transportarse al pasado y de ponerse en
el lugar de las víctimas, fue posible, según los/las entrevistados/as, gracias a los datos
empíricos y a la descripción espacial proporcionados por los/las guías. Pero, sobre todo,
al impacto que tuvieron los dispositivos utilizados en la visita que, como explicamos en
los capítulos previos, fueron pensados para producir una reacción afectiva-emocional en
los/las visitantes.
Uno de ellos es la narración de anécdotas que recuperan las vivencias personales
de los/las secuestrados/as durante el cautiverio:

Belén: Una cosa que me acuerdo es que un hombre que sabía arreglar muchas cosas y,
como le daban tantas cosas para hacer, era un sobreviviente, le mandaban prisioneros
para que lo ayuden, y esto es algo que yo casi todos los días me acuerdo, es que como
sabía que a él no lo iban a matar, porque podía arreglar las cosas y lo necesitaban,
empezó a hablar, sabiendo que se estaba jugando la vida, les preguntaba quiénes eran,
sus nombres, su número de DNI y una de las cosas que les decía era que les pedía un
número y que era necesario que le contaran una anécdota que solo aquella persona que
levantaba el teléfono en ese número, sabía. Y yo me lo puse a pensar: ¿y si me toca a
mí? Dar en algún momento el número de mi hermano y decir una anécdota que solo mi
hermano sepa. ¿Qué anécdota digo? O con mi mamá, con mi papá, con mi abuela, ¿qué
anécdota digo? ¿Qué es aquello que yo viví con ellos que nadie más sepa? Eso sí me
pasó, que lo pienso, lo sigo pensando ahora, casi todos los días... y es re loco, porque
fue un comentario que ella dijo dos minutos y a mí me marcó. Y lo sigo pensando (18
años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 29 de septiembre de 2017).

En esta cita Belén recuerda con una asombrosa precisión la anécdota de Julio
Lareu, que como señalamos en el segundo capítulo, narraron los/las guías en casi todas
las visitas que observamos. Si bien ella no fue la única –otros/as entrevistados/as
también explicitaron que esta historia los/las conmovió particularmente– nos resultan
sugerentes los aspectos que destaca de la misma. Por un lado, porque pone de relieve la
valentía del protagonista que, ―sabiendo que se estaba jugando la vida‖, optó por ayudar
a sus compañeros/as de cautiverio y a sus familiares. Por el otro lado, porque expresa
153
una relación empática con las víctimas. Al plantearse qué haría ella en una situación
similar, no solo se aproxima a la comprensión de las intenciones y las motivaciones de
los/las detenidos/as, sino que también se cuestiona acerca de su propia subjetividad en el
presente.
En la misma línea, otro de los entrevistados mencionó una anécdota pero, en este
caso, que está escrita en uno de los carteles de la señalización del ―pozo‖:

Martín: También otra cosa que me pegó mucho es leer algunas reseñas, algunos
escritos de comentarios que hacía gente que estuvo detenida ahí que sobrevivió como,
por ejemplo, uno que hablaba que el único contacto que tenía con otro humano eran
golpes que le daba a la pared y que le contestaban golpes del otro lado, y que lo sentía
como un buenas noches o un buen día... la única relación humana que tuvo en ese
momento. Es muy fuerte, muy difícil de pensarlo (18 años, escuela de Agronomía.
Entrevista personal, 3 de noviembre de 2017).

Pese a que al final de la cita Martín reflexiona acerca de la dificultad de


figurarse, de pensar una situación tan dolorosa, resulta evidente que ese pequeño
testimonio lo movilizó, a tal punto de recordarlo de modo literal. Como en las citas
anteriores, se conmueve al conectarse con el costado ―más humano‖ de las víctimas.
Los poemas de Roberto Ramírez, ―Viejo Guillermo‖, operan en la misma
dirección que las anécdotas:

Mariana: ¿Qué sensaciones tuvieron en ese lugar?


Juan Sebastián: Angustia.
Mariana: ¿Qué te generaba angustia?
Juan Sebastián: Todo, ver las celdas de... ¿cómo se dice? delimitadas. Y... nada,
después la última sala a la que habíamos entrado, en la que estaban los baños, al fondo...
Catalina: Que nos leyeron algo ahí. Es más, lo tengo anotado en una nota [busca en su
celular].
Francisco: Sí, lo leíste vos.
Catalina: Porque me quedó una frase. Fue el ocho de noviembre, el día de la visita y yo
escribí ‗Eso no está muerto, no me lo mataron‘, no me acuerdo bien de donde lo saqué,
pero sé que fue en ese momento porque eran las diez y media de la mañana. O sea, yo
estaba allá adentro.
Zoe: ¿No estaba en un librito?
Mariana: Sí, es un libro de un sobreviviente del Olimpo que escribió esas poesías años
después, en el exilio. Y el libro de poemas se llama Eso no está muerto, no me lo
mataron. Ustedes leyeron uno en la cocina…
Francisco: ¡Eso! Lo del chef... que se las rebuscó para mandarle un mensaje a los
chicos del centro de detención, creo que después lo terminaron enganchando, mediante
una metáfora les había dado el mensaje. Algo así con el pescado era (17 años, escuela
de Villa Urquiza. Entrevista grupal, 11 de abril de 2017).

Pese al carácter impreciso del recuerdo de estos/as jóvenes sobre el contenido


específico del poema, resulta significativo que Catalina lo haya anotado en su teléfono
154
celular para tener un registro que pudiera consultar en el futuro –y, suponemos, para
compartir con otros/as luego de la visita– y que Francisco destaque el compañerismo y
la convicción del ―chef‖ (el secuestrado que estaba a cargo de la cocina durante el
cautiverio, a quien el ―Viejo Guillermo‖ le dedica un poema). De hecho, cuando estaba
terminando la entrevista, al preguntarles si querían agregar algo más, dijo con
entusiasmo:

Francisco: Yo quiero rescatar algo. La guía dijo: rescatar ante tanta hijaputez, gestos de
humanidad. El chef, el carpintero... son gestos de humanidad ante tanta mierda, gestos
de humanidad que hay que rescatar. Y eso me pareció increíble, increíble porque más
allá de las víctimas, que no tuvieron opción, hay gente que eligió jugarse la vida por el
otro. Más allá de que si nos ponemos en contexto, mucha gente eligió no ver, o eligió no
hacer nada, hubo otros que sí. Y ante tanta mierda, gestos de humanidad, me parece
increíble. Un poco de empatía (17 años, escuela de Villa Urquiza. Entrevista grupal, 11
de abril de 2017).

Los valores que evocan tanto las anécdotas como los poemas que recuerdan
los/las jóvenes al ser entrevistados/as son algunos de los valores políticos y morales
asociados a la militancia política y social de ayer y de hoy –solidaridad, organización,
compromiso, convicción, confianza, compañerismo– que el equipo de trabajo del sitio
busca transmitir e inculcar a los/las visitantes. Al colocar mediante estos testimonios a
los/las sobrevivientes-testigos en el centro de la experiencia, las narrativas personales
exceden la mera reconstrucción de los hechos del pasado. Aunque los testimonios
siempre busquen instalar un discurso de verdad, ofreciendo conocimientos empíricos
sobre ciertos acontecimientos, son también discursos portadores de sentido:
interpretaciones que permiten acercarse al modo en que los sujetos vivencian
determinados hechos, de los que dan cuenta a través de ciertas configuraciones de
lenguaje (Salomone, 2014). En este sentido, observamos en las entrevistas que la
recuperación de la voz de los/las sobrevivientes tiene una centralidad clave en la
transmisión que opera en el sitio, ya que producen imágenes inexistentes. Como para
saber no solo hace falta ver, sino también creer, la experiencia necesita volverse
verosímil (Raggio, 2011b). Estos recursos testimoniales (tanto las anécdotas como los
poemas) permiten elaborar la realidad y ponerla en perspectiva. Al ofrecer una

155
representación singular sobre el pasado y hacerlo creíble, funcionan como potentes
vectores de memoria.133
Esto puede asociarse con lo que sugiere Alison Landsberg (2004, citada en Corbin
y Davidovich, 2019) sobre la ―memoria protésica‖ (prosthetic memory). Según esta
autora, esta se produce cuando la persona no se limita a conocer una narrativa histórica,
sino que logra un recuerdo más personal, profundamente emotivo de un suceso pasado
que no vivió en carne propia. La memoria protésica, ―moviliza a los espectadores al
hacerlos vivenciar el horror, incitándolos a tomar una posición ética respecto de este
pasado. Esta posición supone una identificación con el dolor ajeno, sin por eso olvidar
la alteridad del ´otro´, la víctima.‖ (pp. 21-22). Esta posibilidad de empatizar con las
víctimas y humanizarlas también se dio para algunos/as jóvenes a través de las
fotografías de las personas detenidas-desaparecidas que se exhiben en el SUM:

Constanza: Me sorprendió los cuadros, los cuadros de las víctimas, de las personas que
habían estado ahí. Eso capaz me sorprendió, porque... como muchas veces no se tiene
registro de a quienes torturaron o a quienes desaparecieron, que se supiera tanto de la
gente que había estado ahí fue sorpresivo.
Mariana: ¿Por ahí pensabas que no estaban identificados?
Constanza: Sí, que no estaban identificados. Con todos los desaparecidos que hay, y
que todavía se siguen buscando a pesar de todos los años que pasaron, no me imaginaba
que iban a estar tan identificados. Fue como una sorpresa. No es lo mismo decir que
torturaron a alguien, a que esa persona tenga cara y nombre. No es lo mismo, como que
a mí me chocó eso. Que esas personas que fueron torturadas yo les vi la cara y el
nombre, aunque sea en una foto. O sea, esa persona estuvo ahí (17 años, Escuela de
Agronomía. Entrevista personal, 10 de noviembre de 2017).

Como sostiene Constanza, las fotos tienen la fuerza de personificar a las


víctimas. De hecho, muchos/as jóvenes sostuvieron que durante el recorrido por el
―pozo‖ pudieron ―llenar‖ a través de su imaginación los espacios vacíos con los rostros
y los cuerpos de los/las detenidos/as-desaparecidos/as que vieron al comienzo de la
visita, durante la introducción en el SUM.
Este impacto inicial que provocan las fotos y la inclusión de los testimonios
durante la visita a través de las anécdotas y de los poemas, termina de completarse en la
sala Eso no que no pudieron destruir, Historias de vida.

Julián: Es el punto de inflexión en el cual... es como que te deja marcado. Quedás


marcado emocionalmente, ¿viste? Después de ver todo eso, y de ver todas las historias,

133
Para Rousso (2012) los ―vectores de memoria‖ son indicadores (escritos históricos y literarios,
conmemoraciones, obras fílmicas, entre otros) que producen y difunden representaciones singulares,
fechadas en el tiempo y ubicadas en el espacio, sobre el pasado.
156
las familias... los hijos que tenían, entonces, eh... ese punto final veía como todos los
chicos estaban ahí, dejaban de lado sus celulares, las tecnologías, o tal vez dejaban de
estar tan distraídos y ver como realmente tomaban dimensión de lo que en ese lugar
había pasado.
Mariana: Y en la sala, ¿vos que sentiste?
Julián: En particular, es como que entendí y es como que me puse en la piel de las
familias, de lo que sintieron, tal vez y me puse triste al pensar que tantas historias de
vida eh... tantos sueños o... se hayan ido solamente por la dictadura, entonces, es como
que tomé real dimensión de lo que pasó y no sé... la verdad me emocionó bastante (18
años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 5 de diciembre de 2017).

El tránsito por la exhibición, termina de completar el viaje que se produce


durante el recorrido. Las frases ―realmente tomé dimensión‖ o ―tomamos conciencia‖ se
repitieron, con algunas variantes discursivas, en todas las entrevistas que realizamos.
Como observamos en los relatos compartidos, las expresiones más recurrentes
estuvieron asociadas a las sensaciones de enojo, angustia, impotencia y tristeza frente al
encuentro con las vivencias de los/las secuestrados/as. Y algunos/as jóvenes también
manifestaron que sintieron ahogo, claustrofobia o frío durante el recorrido por el
―pozo‖. Estas emociones y sensaciones corporales dan cuenta de que la visita produjo
una afectación en los/las visitantes que está relacionada principalmente con la toma de
conciencia de las violaciones a los derechos humanos que se produjeron en el lugar. El
encuentro con el dolor ajeno los/las conmociona y los/las sacude. Como dice Julián,
―los/las marca emocionalmente‖. Así, la visita provoca una experiencia holística que
involucra todos los sentidos: los/las jóvenes miran, escuchan, huelen, tocan, imaginan,
(se) cuestionan, sienten. Tomando el término del sociólogo colombiano Orlando Fals
Borda (2009), ―sentipiensan‖. En el estar ahí, no solo ponen en juego sus emociones y
pensamientos, también se abren a valorar y reflexionar sobre su propia existencia.
En relación con este carácter afectivo de la visita, Hite (2016) explica que hay
diversas posturas en el campo académico en torno a la generación de empatía a través
de las prácticas pedagógicas en los sitios de memoria. Mientras algunos/as autores/as
sostienen que esta puede ser una herramienta para generar conexión y comunidad,
otros/as advierten que centrar la transmisión en la empatía puede ser peligroso, en tanto
puede reproducir los efectos del trauma, obliterar una comprensión profunda de las
raíces de la violencia y apaciguar la necesidad de una acción colectiva en el presente.
Para ahondar en esta cuestión, Arnold-de Simine (2013), parafraseando a Coplan
y Goldie, establece una distinción entre la ―empatía de nivel inferior‖ (lower level
empathy) y la ―empatía de nivel superior‖ (higher level empathy). Mientras la primera

157
es una reacción inconsciente que se da a través del contagio emocional de otra persona
("¿qué sentiría yo en esa situación?"), la segunda requiere inversión imaginativa y
salirse de uno/a mismo/a ("¿Cómo sería ser esta persona en esa situación?"). Esta
autora advierte que una transmisión lograda en los sitios de memoria debe conservar ese
sentido de alteridad para que los/las visitantes puedan relacionarse con las experiencias
de las víctimas pero sin eliminar la brecha que existe con sus propias experiencias. Solo
así, argumenta, el compromiso afectivo, emocional e imaginativo que se produce en la
visita podría no solo generar una comprensión histórica, sino también un compromiso
político activo en el presente.134
En relación a este punto, Sara Ahmed arguye que la empatía ―sostiene la
diferencia misma que intenta sobrepasar‖ (2015, p. 63), es decir, implica una ilusión
según la cual se puede ―sentir por‖ o ―sentir con‖, pero eso depende de cómo
imaginamos que el/la otro/a siente. En términos de la autora: ―De modo que ‗sentir con‘
o ‗sentir por‘ no significa una suspensión del ‗sentir acerca de‘: uno siente con o por
otros solo en tanto uno siente „acerca de‟ sus sentimientos [de los otros] en primera
instancia.‖ (p. 64).135 En efecto, la empatía es posible solo en una relación de alteridad,
al decir de la autora, ―me conmueve lo que no me pertenece‖.

Martín: Me sensibilizó mucho la visita... me puso... no sé si diría triste, pero me hizo


sentir por un momento el dolor que habrán sentido ellos, dudo que igual, habrá sido
mucho menor, pero... una sensación de empatía hacia aquellos que habían estado
adentro muy fuerte (18 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 3 de
noviembre de 2017).

La suposición del dolor que habrían sentido las víctimas, se transforma para
Martín en un sentimiento que no entiende del todo al que define como tristeza. La
imposibilidad de aprehender el dolor ajeno, lo hace volver sobre sí mismo, sobre su
propio cuerpo. Algo similar narra otra de las entrevistadas sobre lo que sintió durante el
recorrido por el ―pozo‖:

134
Esta diferenciación conceptual se asemeja a la que propone Violi (2014), a partir de los aportes de La
Capra. Esta autora utiliza el término acting out para referirse a la fusión o unificación inconsciente con
el/la otro/a que tiende a revivir el trauma sin poder poner distancia entre el pasado y el presente. Su
opuesto es el working-through, que implica una reelaboración del trauma y ponerse conscientemente en el
lugar del/la otro/a. Aunque las dos conceptos impliquen una sensibilización del sujeto, lo expongan a la
experiencia ajena, la segunda permite ponerla en perspectiva y distinguir aquello que tenemos de común y
diferente con ella.
135
Las cursivas son del original.
158
Belén: Piel de gallina, seguro. La piel de gallina es algo que a mí me pasa mucho
cuando hablo de estos temas, porque es como mi cuerpo reacciona frente a lo que me
estás contando. Y sensaciones físicas... tal vez. Más que nada pensando en el rol de la
mujer, yo siendo feminista y siendo yo mujer, te hermanás con ellas. Sentís una
relación, sentís una empatía y si te ponés en su situación, pensás qué te hubiera pasado
(18 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 29 de septiembre de 2017).

Belén se refiere en este fragmento a las experiencias de cautiverio de las mujeres


embarazadas. Escuchar a los/las guías y transitar el mismo espacio en el que estuvieron
aquellas mujeres, le genera una emoción intensa que llega a estremecerla, erizándole la
piel. El encuentro con el dolor de las víctimas le hace tomar conciencia de la superficie
de su propio cuerpo, en particular, de su propia piel. Se produce, así, un efecto de
frontera entre su propio cuerpo y los cuerpos de las detenidas-desaparecidas. Belén ―se
hermana‖ con ellas, establece una ―relación‖ con ellas (no se siente ellas ni revive el
trauma vivido por ellas). Entre otras cosas, porque sabe que ese trauma es intransferible
pero también porque encuentra lo que tiene en común con las detenidas-desaparecidas,
en especial, por su condición de mujeres.
Esta reacción empática con las experiencias de las personas del pasado, los/las
devuelve también al presente, a sus propios contextos y vínculos afectivos. En relación
al sentido que tiene la visita, una de las jóvenes dice:

Antonella: Para que nosotros adquiramos... las cosas que pasaron ahí... que tomemos
más conciencia. Que valoremos más a los que tenemos al lado, porque nunca se sabe
cuándo los podés perder... cuando pueden tocar tu casa y ya no están los que vos querés
al lado tuyo (18 años, escuela de Pompeya. Entrevista personal, 26 de septiembre de
2017).

En esta cita percibimos que el encuentro con la pérdida, la hace valorar a sus
afectos, tomar conciencia de la transitoriedad de su propia vida y la de sus seres
queridos. Esto es posible porque considera las vidas de los/las detenidos/as-
desaparecidos/as como cercanas a la propia, se identifica con ellos/as. En palabras de
otro entrevistado:

Mateo: Al entrar había una alegría de... por la historia de decir se recuperó un lugar que
fue tan trágico. Pero después cuando entrás a la visita, y ves los pasillos y... como esa
cosa maquiavélica, como...hay como un vacío, una tristeza de... llegaron a tal punto que
pudieron regar la sangre de... de... pibes, porque al final eran pibes, que por ahí tenían
un hijo, que por ahí estaban en la facultad […] No sé, yo sentí un cruce de sentimientos.
Por un lado la alegría y después, por otro lado, la tristeza, la impotencia, de todo eso,
¿viste? De que hay gente que puede ser tan mala, de que puede existir tanta maldad en
el mundo. Y bueno, por suerte, yo creo que en eso está muy bien llevado, que de la
tristeza te llevan al amor. Esto de... terminar con esa torre, con los relatos de las

159
personas, conociendo que eran humanos, como que te da una esperanza de que no son
tan distintos a nosotros y que el periodo que vivimos puede ser mejor y que todavía no
está todo perdido y que hay que seguir remando porque si no vamos a volver a lo mismo
o sino nunca se van a cumplir los sueños de esas personas que dieron todo por
cumplirlos (18 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 14 de diciembre de
2017).

Como venimos mostrando, en el trabajo de campo notamos que la


sensibilización que produce la visita consigue implicar profundamente a los/las jóvenes.
Vimos también como este involucramiento emocional funciona como un hito
importante en el camino hacia la comprensión del pasado. De esta manera, los afectos
son productivos porque permiten articular la experiencia. Como señala Ahmed, ―las
emociones no están en ni ‗en‘ lo individual ni ‗en‘ lo social, sino que producen las
mismas superficies y límites que permiten que lo individual y lo social sean delineados‖
(2015, p.34). Al conversar con los/las jóvenes luego de la visita, constatamos que el
impacto emocional que produce la interacción con el Espacio resulta fundamental para
provocar un involucramiento mayor en el tema y, al decir de Paulo Freire, genera una
―situación creadora de saberes‖ (2004, p.54).
Ahora bien, vale la pena preguntarnos qué componentes del relato permanecen
en el recuerdo de los/las jóvenes luego del impacto emocional que produce la visita.
Dicho de otro modo, cuáles son los significados que construyen los/las visitantes a partir
de la experiencia de visitar el sitio.136

3.3. Apropiaciones y re-significaciones de las experiencias transmitidas

3.3.1. “Tenían la misma vida, pero diferente”: identidades políticas, militancias


y lucha armada

Inicio del recorrido por el ―pozo‖. Estamos parados/as frente al portón de chapa donde
entraban los autos en la época de la dictadura. La guía explica que quienes llegaban al
CCDTyE militaban en distintas organizaciones políticas y sociales, entre las cuales,
había organizaciones armadas. Menciona al ERP, Cristianos por la Liberación y
Montoneros, entre otras. Destaca que luchaban por más derechos y por igualdad social.

136
Pese a que no consideramos que las dimensiones afectiva y cognitiva formen un par binario, sino que
las concebimos como formas complementarias de percibir e interpretar la realidad entre las que se
producen múltiples intersecciones y situaciones, optamos por hacer esta descomposición porque nos
resulta productiva en términos analíticos. Asimismo, porque se desprendió tanto de las nociones que
compartieron los/las jóvenes en las entrevistas como de los sentidos que algunos/as trabajadores le dieron
a sus prácticas.
160
Cuando nos empezamos a desplazar hacia la próxima parada del recorrido, la preceptora
que acompaña al grupo le dice en voz baja a uno de los estudiantes: ‗No solo luchaban
por sus derechos, eso no lo cuentan acá‘ (Notas de campo, 31 de agosto de 2017, visita
guiada escuela de Villa Luro).

Sala Eso que no pudieron destruir… Ojeando las carpetas, uno de los chicos se
encuentra en una página con una insignia del ERP. Sigue mirando, se lo ve intrigado e
inquieto. Luego llama a la profesora y le dice: ‗yo no estoy a favor de que se levanten
las armas, ¡me parece raro que se sientan orgullosos! Uno es responsable de lo que hizo.
Yo vi en un comunicado de los Montoneros que tenían grados militares y todo‘ (Notas
de campo, 19 de septiembre de 2017, visita guiada escuela de Almagro).

Uno de los principales tópicos que se pusieron en juego durante las visitas y que
recuperaron los/las jóvenes en las entrevistas fue la identidad de las personas detenidas-
desaparecidas. El encuentro con sus experiencias de cautiverio los/las llevó a
preguntarse por qué padecieron esas atrocidades, qué las condujo a estar secuestradas en
el CCDTyE.
Pese a que, como señalamos, muchos/as ya habían tenido acceso a información
al respecto previamente a la visita, el recorrido por el ex Olimpo y el diálogo con los/las
guías, habilitó nuevas preguntas y conversaciones.
En la mayoría de las intervenciones de los/las jóvenes durante las visitas,
captamos que, al caracterizar a las personas detenidas-desaparecidas reconocen algún
tipo de politicidad en ellas, pero con un alto grado de generalización. Las expresiones
―eran estudiantes‖ o ―militantes‖ (a secas), fueron frecuentes como respuestas cuando
los/las guías preguntaron sobre esto.
En las entrevistas, sin embargo, nos encontramos con varios matices que nos
interesa analizar. Por ejemplo:

Martín: Eran personas, no sé si diría inocentes, pero eran personas que no... no tenían
motivos para que se les genere una causa... como una posible detención y que quedaban
detenidos por auto-defenderse de los militares y que, injustamente, perdieron su vida o
que les quedó arruinada la vida posterior a eso por una causa egoísta de un grupo (18
años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 3 de noviembre de 2017).

Lo primero que nos llama la atención en las palabras de Martín es la ausencia de


referencias a los años previos al golpe de Estado. Para él, los/las detenidos/as-
desaparecidos/as se (―auto‖)defendieron de la persecución de la dictadura, en sus
propios términos, de ―un grupo que perseguía una causa egoísta‖. Es decir, da a
entender que los/las habrían secuestrado por responder al ataque de la dictadura. Si bien
161
las militancias de estas personas se abordaron en la visita que realizó, no las menciona
ni hace referencia al clima político y social previo a 1976. Además, vacila respecto de si
corresponde llamarlos ―inocentes‖, aunque deja en claro que lo que les hicieron fue
injusto.
Pese a que Martín no fue el único en plantear una caracterización de este tipo,
encontramos variaciones en las palabras de otros/as entrevistados/as:

Camila: Eran personas normales que tenían sus vidas hechas y llegaron para
arruinárselas. Era como que... son igual a nosotros.
Luis: Tenían la misma vida, pero diferente. No todos pensaban lo mismo.
Mariana: ¿Qué era lo distinto que pensaban?
Camila: Por lo que leí en la carpeta [en la sala Eso que no pudieron destruir…], el
chico era peronista y tenían en la universidad... estaban en un grupo de peronistas. Era
un doctor que estaba en el partido político peronista (16 y 17 años, respectivamente,
escuela de Pompeya. Entrevista grupal, 4 de septiembre de 2017).

A diferencia del relato de Martín, Luis y Camila mencionan la identidad política


partidaria de la persona desaparecida a la cual se refieren. No obstante, se acercan al
primero cuando afirman que la dictadura fue un quiebre en la vida de estas personas.
Para los/las tres jóvenes el accionar represivo vino a ―arruinar‖ las vidas de hombres y
mujeres ordinarios/as. O, en otros términos, a echar por tierra una vida construida,
similar a la de ellos/as.
Mateo, que milita en la organización política ―La Cámpora‖, también enfatiza el
compromiso político de las personas detenidas-desaparecidas y establece un paralelismo
entre esos/as jóvenes de ayer y los/las jóvenes de hoy:

Mateo: Como que compartíamos la misma idea, la juventud... los mismos sueños, las
mismas esperanzas. Hoy leemos las mismas cosas y como que... interpelamos a los
mismos actores. Muchos, en especial los que fueron a parar al Olimpo, eran gente
común de clase media, que dedicaban su fin de semana a ir a un barrio, a dar clases, a
alfabetizar, a compartir con otras personas, estaban en los centros de estudiantes tanto
de la facultad como en el secundario y peleaban por esos utópicos que creo que a mi
generación la marcó bastante (18 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 14
de diciembre de 2017).

Si bien Mateo, a diferencia de Luis, establece una herencia directa entre los
sueños de los/las militantes del pasado y los propios (de hecho, es significativo que
los/las nombra como ―gente común de clase media‖, grupo dentro cual él se incluye),
para ambos las víctimas aparecen como personas ―normales‖ o ―comunes‖. Una misma
interpretación encontramos en las palabras de Constanza:

162
Constanza: Eran personas comunes, que no habían hecho nada malo y que las
detuvieron o las secuestraron por una cuestión de capaz... las chicas en la forma en la
que vestían, los varones por la forma en la que tenían cortado el pelo, por juntarse en
grupo... los detenían por cosas que hoy nosotros hacemos lo más normal del mundo, no
era gente que hubiese hecho algo realmente malo, que hubiese matado a otro. Esa gente
no había hecho nada malo y la retuvieron, los hicieron desaparecer a muchos y a otros
los torturaron. Y, mismo si hubiesen matado a alguien, sí, los tenían que detener, llevar
a juicio, porque matar no podés matar a otra persona, pero eso no ameritaba que lo
torturaran, ni que lo hicieran desaparecer (17 años, escuela de Agronomía. Entrevista
personal, 10 de noviembre de 2017).

En este fragmento, como en los otros citados, la condena al accionar represivo


del Estado en dictadura aparece con claridad. Sin embargo, ella aporta cierta
complejidad a la cuestión. Si bien comienza sugiriendo de forma poco precisa que la
causas de la persecución tuvieron que ver con algunas manifestaciones que, podríamos
llamar de ―rebeldía juvenil‖ (usaban el pelo largo, vestían cierto tipo de ropa, etcétera),
luego da a entender que algunos/as de ellos/as podrían haber matado. Aún si, refuerza la
idea de que el Estado actuó de forma ilegal, torturando y asesinando, en lugar de
someter a quienes habrían cometido esos crímenes a las reglas del Estado de derecho.
Hasta aquí, las citas guardan relación con lo señalado en el primer apartado
acerca de las memorias que logran mayor adhesión entre los/las jóvenes: aunque
predomina la narrativa humanitaria del Nunca Más, tienen cierto conocimiento respecto
de las militancias de los/las detenidos/as desaparecidos/as. Estos fragmentos expresan
que los/las jóvenes tienen claro que el terrorismo de Estado violó el derecho a la vida de
personas que eran inocentes en términos jurídicos (Cueto Rúa, 2018) y que la última
dictadura desarticuló sus proyectos de transformación social. Sin embargo, al intentar
explicar las causas por las cuales se convirtieron en víctimas de la represión, ponen el
acento en uno de los aspectos de sus luchas políticas: el tener un pensamiento diferente
al de la dictadura y compromiso social.
Por otra parte, observamos que la caracterización que hacen de ellos/as se
relaciona más con lo que tienen en común, fruto de la aproximación empática que
señalamos en el apartado anterior, que con el discurso histórico que ofrecen los/las
guías. Es decir, los/las jóvenes hacen una recuperación selectiva de la narrativa que les
propone el Espacio. Si bien algunos/as hacen propios los argumentos que esbozaron
los/las guías durante las visitas y recuerdan fragmentos de las historias de vida de las
personas detenidas-desaparecidas presentes en las carpetas de la sala Eso que no
supieron destruir, predominan en sus discursos los aspectos ligados a la narrativa

163
militante en clave democrática y no tanto a la narrativa militante en clave
revolucionaria.
Sin embargo, encontramos dos excepciones –a las cuales aludimos en las
escenas citadas al comienzo del apartado– en visitantes que cuestionaron el relato
propuesto por los/las guías. En particular, en lo referido a la lucha armada.
En la escena que inaugura este apartado, aunque la guía aporta información
concreta sobre algunos de los espacios en los que participaban las personas detenidas-
desaparecidas, la visitante necesitó subrayar lo que, según su perspectiva, no se estaba
incluyendo en el relato. En la segunda escena, la mención explícita a la participación en
una organización político-militar en la sala Eso que no pudieron destruir… despierta
sorpresa y sobresalta a uno de los estudiantes. En ambos casos, estos/as visitantes
decidieron hacer sus comentarios en voz baja.
Estas pequeñas situaciones recogidas en el campo, nos invitan a preguntarnos
por qué estos/as visitantes no socializaron abiertamente sus inquietudes ligadas a la
violencia revolucionaria durante la visita. Aunque en los recorridos que observamos
los/las guías interpelaron a los/las jóvenes para conocer qué saben, qué piensan y qué
sienten y los/las invitaron a participar, estos comentarios ―incómodos‖ se hicieron en
voz baja y no como preguntas o acotaciones abiertas al resto del grupo.
¿Por qué estas voces que cuestionan la narrativa propuesta por el sitio no fueron
compartidas con los/las demás visitantes y con los/las guías en el marco de la visita?
¿Qué espacios se generan durante los recorridos para que estas voces disidentes
aparezcan y se hagan audibles? ¿Qué rol cumplen los/las adultos/as que acompañan en
las visitas en estos comentarios?
A simple vista, observamos que en estos/as visitantes operó la autocensura:
consideraron que lo que tenían para decir podía generar una situación incómoda que
prefirieron no afrontar. Esto puede relacionarse con lo que mencionamos previamente
acerca de que el régimen de memoria anclado en el concepto de terrorismo de Estado,
ubicó como tema tabú las responsabilidades de la sociedad civil, en particular de las
organizaciones armadas, en el ciclo de violencia iniciado a comienzos de los años
setenta (Vezzetti, 2009). El peso de esta narrativa opera sobre los sujetos y enmarca lo
que se puede o no se puede decir abiertamente sobre el pasado reciente. Más aún, en un
sitio de memoria como el ex Olimpo que, desde su construcción narrativa y a través de
distintas marcas tanto exteriores como interiores, propone honrar la memoria de las

164
personas detenidas-desaparecidas y destaca positivamente sus militancias previas al
golpe de Estado.
Por otra parte, aunque los/las guías no esquivan el tema cuando aparece y lo
mencionan, no ahondan en el mismo durante el recorrido. A modo de hipótesis, creemos
que eso se debe, en parte, a que se trata de un tópico que, al disputarle sentidos a la
narrativa hegemónica del Nunca Más y al ser uno de los principales ejes de debate entre
las memorias en conflicto, genera controversias que difícilmente podrían abordarse en
profundidad en el breve periodo de tiempo que dura el recorrido.137 Probablemente
eviten profundizar en un tema tan grande y complejo que dificulte continuar con la
visita.
No obstante, como señalamos, la introducción de los recorridos (que en algunos
casos llega a extenderse a una hora y media de duración) intenta ser el momento donde
se contextualizan los hechos que ocurrieron en el ―pozo‖ y que luego se ven, de modo
más íntimo y personal, en la sala Eso que no pudieron destruir... En ese primer
momento se ponen de manifiesto las causas económicas, sociales y políticas que
incitaron la organización y las militancias de los setenta, pero no se particulariza en las
formas específicas que tuvo esa lucha, las discusiones que existían dentro y entre las
organizaciones sobre esta cuestión, ni tampoco se abre a debate con los/las visitantes la
cuestión de la violencia revolucionaria. Más allá de que ahondar en estas explicaciones
excede a las posibilidades de la visita guiada a un sitio de memoria, siguiendo a Oberti y
Pittaluga (2016), podemos pensar también en qué es lo decible y lo indecible en cada
lugar y en cada tiempo histórico. Si bien, como hemos señalado, la lucha armada es un
tema tabú desde la recuperación democrática, especialmente desde 2015 con la
reemergencia del discurso de la ―guerra‖, la recuperación de estas experiencias en las
voces de los/las guías podría haber generado mayor polémica con los/las visitantes. En
este sentido, entendemos que la inclusión de la violencia revolucionaria en la sala Eso
que no pudieron destruir a través de las voces de los afectos de las personas detenidas-
desaparecidas y de algunos objetos, es una estrategia para que estos temas

137
Según Lila Pastoriza, el rol jugado por la violencia política y accionar de las organizaciones armadas
genera una serie de dilemas que es preciso resolver para poder avanzar en la construcción de memoria. En
sus palabras: ―¿Cómo lograr que la memoria de lo ocurrido rescate la dimensión ética de los
desaparecidos sin despolitizarlos? Y, a la vez, ¿cómo conseguir que se los recuerde no solo por el
sufrimiento y el calvario de ser víctimas y por la dimensión ética de jugar su vida a los ―ideales‖ sino por
haber sido los protagonistas- primero derrotados políticamente y luego exterminados- de un fortísimo
intento de transformación social?‖ (2015, párr.17).
165
controversiales puedan abordarse a partir de las preguntas de los/las jóvenes, si estas
aparecen, y en un marco que permita hacer matices y contextualizaciones.
En el trabajo de campo observamos que los/las jóvenes suelen buscar esa
información por sus propios medios, por ejemplo, en la televisión o en Internet. Y, en
algunos casos como el que abordamos en las líneas que siguen, retomaron elementos de
las narrativas ligadas a la ―vulgata procesista‖ (Lorenz, 2005)138 para discutir con la
narrativa que ofrece el Espacio.
Franco, quien cuestionó la violencia revolucionaria en la segunda escena citada
al comienzo del apartado, durante la entrevista se refirió a este tema del siguiente modo:

Franco: [Durante el recorrido, la guía] nos contó una historia de un militante peronista
desaparecido. De la JP, pero no dijo el tema de que la JP en ese momento era
montonera. Tipo... Una cosa es sentirse mal por una persona que era periodista y quiso
luchar contra la dictadura, está bien. Pero otra cosa es sentirse mal por una persona que
mató policías. Para mí hay una diferencia.
Mariana: ¿Vos decís que no estaría bien sensibilizarse por una persona que mató a
otras personas?
Franco: Sí. Como, por ejemplo, al final de la visita subimos al primer piso y había
como... libros con fotos, documentos que si uno quería podía agarrar y ojear. Y agarré
uno que... ya en la primera hoja tenía un comunicado de Montoneros que decía
‗ocupamos tal lugar en la provincia de Tucumán‘. Eso para mí le saca valor a los
desaparecidos que murieron y lucharon pacíficamente. Los guerrilleros tenían que ir
presos, y los que pensaban distinto, pensaban distinto.
Mariana: ¿Qué más recordás de esas carpetas?
Franco: Ojeé dos. Una que ya en la tapa había una estrellita que decía ERP y eso me
sorprendió. Abrí y decía todo... había fotos del chico desparecido y había fotos de Marx,
discursos de Marx. […] Al principio la guía ya nos dijo cosas así como que los
guerrilleros fueron buenos. De hecho, no dijo guerrilleros nunca, en toda la guiada no
dijo la palabra guerrilleros (17 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 25 de
septiembre de 2017).

Como señalamos, en la narrativa del Nunca Más subyace la noción de que


existen valores universales e inalienables como la libertad y el derecho a la vida y que
cualquier forma de violencia debe ser rechazada como forma de resolver los conflictos
sociales. Cuando Franco refiere a que los/las desaparecidos/as que tomaron las armas no
tienen el valor que sí tienen, desde su perspectiva, ―los que lucharon pacíficamente‖
adhiere a este discurso y, al confrontar con una narrativa reivindicativa de las
militancias y que se acerca afectuosamente a las distintas formas de participación y
lucha de los setenta, como la del ex Olimpo, siente enojo. Según su opinión, las

138
Para este historiador, la ―vulgata procesista construyó una versión unilateral de la década del setenta,
concentrada en casos puntuales de la actividad guerrillera que restringían el conflicto político y social
solamente a su costado militar y violento‖ (Lorenz, 2005, p. 65).
166
omisiones en la exposición de la guía (puntualmente, el hecho no decir la palabra
―guerrillero‖) vuelven su discurso parcial y poco confiable y, en consecuencia, se siente
defraudado.
Más allá de que Franco fue el único que manifestó un rechazo abierto a la
narrativa que propone el Espacio en este sentido, todos/as los/las entrevistados/as
reconocieron y destacaron una manera particular de contar de los/las guías, que emplean
un discurso con determinadas características comunes. Expresiones como ―tenía un
guión armado‖ (Magalí), ―quiero ver si lo que dice fue así o no‖ (Celeste), ―te das
cuenta de que recortan el discurso‖ (Candela), ―lo llevó más para el lado de lo político‖
(Catalina), dan cuenta de que los/las jóvenes están atravesados/as por distintas
narrativas, pero también por la confrontación política vigente y que no reciben
acríticamente estos discursos, sino que los cuestionan, los ponen en duda, y buscan más
información por sus propios medios.

Lucas: Para mí tenía como ya un discurso hecho y habló siempre sobre ese discurso. A
mí me gustan las cosas imparciales, ni tirando para un lado, ni tirando para otro. Algo
objetivo, no me gusta la subjetividad.
Mariana: ¿Y para qué lado pensás que ‗tiró‘ la guía?
Lucas: Supongo que para sus vivencias... no sé bien... no sé su historia, no sé por qué
trabaja ahí, pero supongo que por algo lo hace, porque lo cuenta como muy personal
cuando lo dice […] Yo creo que es más una cuestión de gusto personal... Por ahí hay
personas que las gusta más escuchar historias de las personas que estuvieron ahí y no
tanto la historia del lugar... para mí son puntos...
Mariana: ¿A vos qué te gusta más?
Lucas: A mí me gusta más la historia, lo concreto.
(18 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 25 de septiembre de 2017)

Lucas expresa en esta cita que el involucramiento de la guía con el sitio tiñó de
subjetividad el relato. Y escinde la ―historia del lugar‖ de las ―historias de las personas
que estuvieron ahí‖. De esta manera, asocia, sin explicitarlo, a la primera con la Historia
(con mayúscula y entendida como una narración del pasado verdadera y objetiva) y a las
segundas con las memorias, siempre subjetivas, cualitativas y singulares. Esta
contraposición entre Historia y memoria también apareció en la conversación con
Franco, esta vez asociada al binomio museo/sitio de memoria:

Franco: Estuvo bueno vivir la experiencia de los detenidos, pero sacando la experiencia
de estar ahí, en el mismo lugar donde pasaron estas cosas, vivir lo que pasó un detenido
y cosas así, no me gustó porque fue todo más filosófico, digo... prefiero ir a un museo.
Mariana: ¿Y cuál sería la diferencia entre un museo y un sitio de memoria como el que
conociste?

167
Franco: La diferencia es que en un museo vas a ver datos, verificados, no vas a ver
hipótesis. Vas a ver datos.
Mariana: ¿Y por qué decís que se basa en hipótesis la visita?
Franco: Porque todavía la justicia... estamos en Argentina y la justicia es lenta. Y
todavía no están comprobados los 30000 casos. Para mi habría que hacer eso.
Mariana: ¿Y cuál pensás que sería el número correcto?
Franco: 15000. [30000] me parece mucho. Además vi un relato de un jefe de
Montoneros, no me acuerdo el nombre, que dijo ´yo inventé esa cifra´.139 Lo vi en
YouTube, un montonero famoso. Después Videla dijo que son 30000, entonces no sé en
qué creer. Porque si el montonero dijo que dijo esa cifra para recibir subsidios de
Holanda...
Mariana: ¿Y cuál sería desde tu mirada el testimonio verdadero?
Franco: Para mí no hay. Sería el de la justicia. Pero estamos en Argentina y no hay
justicia (17 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 25 de septiembre de 2017).

En este fragmento Franco cuestiona la veracidad del relato que propone la guía y
lo tensa con otros discursos sobre el pasado. En particular, trae a colación los
argumentos centrales de la ―teoría de los dos demonios (recargada)‖ que niegan la cifra
estimada de detenidos/as-desaparecidos/as construida por el movimiento de derechos
humanos y manifiesta su desconfianza sobre los testimonios de los/las sobrevivientes
como fuentes de verdad. Desde su perspectiva, a diferencia de un museo donde se
narran ―datos verificados‖, el sitio de memoria relata solo una versión de los hechos.
Antes de finalizar la entrevista, agregó al respecto:

Mariana: ¿Querés decir algo más?


Franco: Sí, pero ya lo dije, que siento como un poco de hipocresía en la sociedad. Que
solo se recuerde de un lado y no la historia completa.
Mariana: ¿Conocés a alguno de los grupos que sostienen estas ideas de la memoria
completa?
Franco: Miro Intratables140 así que sé de una señora, Villarruel, Victoria Villarruel, que
tiene una organización de víctimas, de familiares del terrorismo. No del Estado, del
terrorismo, sería, de los grupos guerrilleros. Cada tanto la googleo por si saca una nota,
si sale en algún diario.
Mariana: ¿Te parece interesante lo que ella tiene para aportar?
Franco: Sí, porque es algo que... la sociedad... o se discute muy poco o se olvida. Se
hace hincapié en los 30000 desaparecidos que dejó la dictadura, pero se olvidan de las
víctimas que dejaron antes los grupos guerrilleros (17 años, Escuela Almagro, 25 de
septiembre de 2017).

139
El entrevistado se refiere a Luis Labraña, ex militante de las Fuerzas Armadas Peronistas y de
Montoneros, quien fue entrevistado por el periodista Mauro Viale en su programa televisivo Mauro la
pura verdad emitido por canal América el 21 de diciembre de 2014. En aquella oportunidad, ante la
mirada del nieto recuperado Juan Cabandié, quien también había sido invitado al programa, aseguró que
él ―inventó‖ la cifra de 30000 detenidos/as-desaparecidos/as para colaborar con las Madres de Plaza de
Mayo y así conseguir apoyo económico de la comunidad internacional. Véase: jmortiz77, 2014. En línea:
[Link] (Consulta: 19-05-2020).
140
Intratables es un programa de televisión que se emite diariamente por el canal América. Aunque en un
comienzo estaba orientado al mundo del espectáculo, con el pasar de los años terminó dedicándose a
temas políticos. En cada emisión se realiza un resumen de las noticias más importantes del día y se
presentan informes especiales que se debaten entre los/las panelistas estables e invitados/as.
168
Para Franco, al recordar solo a las víctimas del terrorismo de Estado, el sitio de
memoria –y ―la sociedad‖– olvida a las personas que murieron a causa de las acciones
de la guerrilla. Sostiene la necesidad de que se recuerde la ―historia completa‖ y se
identifica con las memorias de las ―víctimas de la subversión‖, representadas por la
abogada Victoria Villarruel, presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el
Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv).141 En el mismo sentido, durante nuestra
conversación, hizo énfasis en que la guía, a través de la narración de las historias de
vida de las personas detenidas-desaparecidas, intentó conmover a sus compañeros/as
para ―ablandarlos‖ y ―hacerles creer un relato‖.
Pese a que, como señalamos, otros/as jóvenes también destacaron la parcialidad
del discurso de los/las guías y manifestaron sus reservas al respecto, ninguno/a de
ellos/as manifestó una postura similar a la de Franco. Las críticas con las que nos
encontramos, en cambio, tuvieron que ver con los posicionamientos de los/las guías
sobre algunos temas de actualidad:

Francisco: Eso, [la guía] citó lo de la duda sobre la cantidad de desaparecidos. Y varias
veces politizó la charla.
Mariana: ¿Y qué les parece eso?
Francisco: En mi opinión, si lo das de forma de duda a pensar, más que tu opinión
certera... Tu opinión certera no me interesa, que me hagas pensar si, que me hagas dudar
si, y más al final también. Pero si me decís, esto fue así, porque este hijo de puta fue así
o así, no me sirve. O sea, sé cuál es tu opinión. Déjanos a nosotros saber por qué fue un
hijo de puta.
Catalina: Es más, nuestro profesor de Historia fue muy criticado por eso por algunas
personas. Ehhh... y yo... lo que les contestaba es que justamente él nos daba una postura
para que vos puedas encontrar la tuya, si estás a favor o estás en contra de lo que está
diciendo […] La mina igualmente lo va a agarrar para un lado político porque es la
realidad que nos toca en el momento. Y hay gente que lo sigue diciendo muuuuy
fervientemente que fueron menos desaparecidos, que para mí es una guasada. Porque así
hayan sido dos o tres o cincuenta millones, es un símbolo... de... de personas. El número
no me interesa, es así, porque son personas... no se los está tratando como personas.
Para mí es así... 30, 28, 29... Es lo mismo para mí. Me acuerdo que la mina lo politizó,
es más, lo de Papel Prensa, que me quedó bien marcado, también lo politizó un montón,
pero no le encuentro lo malo (17 años, escuela de Villa Urquiza. Entrevista grupal, 11
de abril de 2017).

141
Vale la pena señalar las fuentes sobre las que este joven construye sus representaciones sobre el pasado
y sobre el presente. En la entrevista, luego de aclarar ―a mi familia no le interesa el tema. Casi no se habla
de política‖, mencionó, además de los videos de YouTube y el programa televisivo Intratables, distintas
páginas de Internet que consultó por iniciativa propia. Aunque cuando le pedimos que especificara alguna
de ellas dijo que en ese momento no recordaba ninguna, nos comentó que le interesa todo lo relacionado
con ―la política de defensa nacional‖ y con ―el accionar de las guerrillas en época democrática‖.
Manifestó también que está pensando estudiar en el liceo militar.
169
En este fragmento los/las entrevistados/as, haciendo valoraciones distintas,
manifiestan que en algunos momentos de la visita se ―politizaron‖ algunos temas. Pero,
¿qué significado le asignan al término ―politización‖? Si para Catalina es inevitable que
el contexto político y social condicione las narraciones sobre el pasado, para Francisco,
la explicitación de las opiniones personales de la guía respecto de la actualidad en el
marco de la visita es un elemento ajeno y perturbador. En otras palabras, le otorga un
contenido a la misma que, según él, no debería tener. En cualquier caso, lo que se hace
evidente es la condición beligerante del sitio de memoria en tanto territorio. En la
medida en que en el sitio se discute, se ponen en tensión diferentes discursos sobre el
pasado y sobre el presente, el sitio se torna en territorio de lucha y, por ende, de
creación de significados.

3.3.2. “¿Por qué no le ganaron a ese miedo”?: complicidad y consenso civil

Los/las jóvenes se quedan atónitos/as al ver la ventana del sector ‗Incomunicados‘ en el


‗pozo‘. Una de las chicas pregunta: ‗¿Acá torturaban y allá pasaba gente?‘. La guía
responde con otra pregunta: ‗¿Y qué les parece esto?‘. Silencio. La guía les propone
pensar cuáles eran los límites entre el adentro y el afuera del CCDTyE y les pregunta
qué creen que pasaba con los/las vecinos/as que sabían y no hacían nada. Una visitante
adulta que acompañaba al grupo, de unos cincuenta años, piensa unos segundos y se
anima a decir: ‗Hoy es fácil decir que se silenció. Yo tenía quince años. Y lo que era
Catamarca... Pasaron cosas terribles. Teníamos mucho miedo‘. Luego continúa
relatando la historia de una mujer embarazada que fue encontrada quemada en su
pueblo durante la dictadura hasta que se quiebra en llanto y no puede continuar. La guía
la contiene y propone reflexionar en torno a las secuelas del ‗no te metas‘ que dejó la
dictadura en la actualidad (Diario de campo. Visita guiada, 29 de junio de 2016, CBC de
Barracas).

Escenas como esta fueron comunes durante las observaciones, donde los/las
adultos/as acompañantes, fundamentalmente en relación con la complicidad y/o el
consenso civil, abrieron sus experiencias personales a los/las más jóvenes para dar
cuenta del terror vivido durante la dictadura. Estos comentarios aparecieron, como en el
caso citado, a partir de la interpelación directa de algunos/as jóvenes que manifestaron
enojo e incomprensión frente a las personas contemporáneas a la dictadura que no
habrían hecho lo suficiente para detener la fatalidad de la historia.
En todos los casos, los/las guías propusieron como marco explicativo la
instalación de una cultura del miedo y la inexistencia de verdaderos canales de denuncia
habilitados por el gobierno de facto, intentando desarmar, así, la idea de culpabilidad de
quienes algo sabían o intuían pero no se animaron a decir o hacer. Asimismo, señalan
170
que existieron tanto actitudes de apoyo consciente de algunas personas y grupos sociales
(como de la cúpula de la Iglesia católica y de las grandes corporaciones) a la dictadura,
como oposiciones que se manifestaron de forma más o menos abierta.
Durante las entrevistas notamos que este tema fue uno de los que mayor impacto
tuvo entre los/las jóvenes y el que más preguntas les generó. Como señala Levín (2005),
esto puede tener que ver con que los relatos de los/las vecinos/as tensan a la memoria
del Nunca Más, en particular, a la representación de una sociedad ignorante y víctima
del terror. Las historias de los/las vecinos/as les generan incomprensión y, como en el
caso del siguiente fragmento, enojo:

Luis: A mí me dio bronca que las personas escuchaban como sufrían, sentían el olor a
sangre. ¿Por qué no hicieron algo entre vecinos? ¿Por qué no armaron algo para que no
siga pasando eso? ¿Por qué no le ganaron a ese miedo? Por qué pensaron en ellos en vez
de pensar en... Yo hubiera ido casa por casa a juntar a los vecinos y a hacer marchas
para que no siga pasando […] Pensaron en sí mismos, pensaron. Eso es egoísta, es
maldad. Para mí no estuvo bien. Hoy es igual, no todos ayudan... Yo trato de ayudar
porque mi vecino toma mucho y a sus hijos los manda a tomar cerveza. Y sus hijos
obviamente les hacen caso porque son su mamá y su papá. Después una noche escucho
a los hijos gritando y llorando. Y me da bronca, me dan ganas de llamar a los
gendarmes para que hagan algo, no... Digo: ´Mamá tengo ganas de llamar a los
gendarmes´. ‗No, dejalo‘, me dice. Yo llamé dos veces a los gendarmes y no hicieron
nada. Como si nada (17 años, escuela de Pompeya. Entrevista grupal, 4 de septiembre
de 2017).

Luis siente bronca por la actitud de los/las vecinos/as. Interpreta su inacción, no


tanto como consecuencia del miedo o la parálisis, sino como egoísmo. Es evidente que,
cuando imagina qué hubiera hecho él en ese lugar, hace un paralelismo con una
situación de violencia que vive a diario en su barrio, Villa Soldati, que lo preocupa y
frente a la cual se siente impotente. De hecho, al enojarse con los/las vecinos/as del ex
Olimpo por su manera de obrar en el pasado, se enoja a la vez con su madre en el
presente, porque le pide que no se involucre con el sufrimiento de sus propios/as
vecinos/as, y con la desidia de los gendarmes. De todos modos, llama la atención que el
compromiso que reclama sea convocar a los gendarmes. Aunque es posible que esta sea
la herramienta que encuentra más a su alcance, al momento de pensar qué hacer en esa
situación no opta por la organización colectiva (―hacer marchas‖, por ejemplo) sino por
acudir a las Fuerzas de Seguridad. Esto pone en tensión, de alguna manera, la narrativa
sostenida por los/las gestores/as del sitio.

171
En las voces de otros/as jóvenes, la cuestión de la responsabilidad y el consenso
civil, deriva en el cuestionamiento acerca de las violencias en el presente y a la actitud
que tomamos como sujetos políticos frente a las injusticias de hoy.
Belén: Cuando yo empecé a militar en el centro de estudiantes y con todo esto de que
no se quería que haya un centro de estudiantes. Y hubo amenazas y mamá me dijo
‗Belu, ¿qué estás haciendo? Mejor no te metas, quedate callada, pensá en tu hermano,
pensá en tu beca‘. Y eso es un reflejo de aquello que ella vivió. Si bien ella era chiquita,
sigue habiendo eso de ‗yo no me meto porque no sé qué puede pasar" O, "no marcho
porque hay represión‘ o... no sé... y es eso de que bueno, a mí no me importa (18 años,
escuela de Almagro. Entrevista personal, 29 de diciembre 2017).

Magalí: Mi mamá es como muy miedosa y siempre estuvo del lado del ‗no te metas‘.
Cuando yo me metí en el centro de estudiantes, me dijo ‗uh... pero no vayas, no te metas
ahí‘. Yo no milito tanto en el centro, pero organizo el festival. A ella la cuidaron mucho,
porque era la más chica de las tres hermanas. Y se metió miedo en esa época. Quizás no
solo en esa época. Pero siempre la cuidaron mucho y eso me lo trasladó a mí. Y yo le
digo, ¡dale, dejame salir! (17 años, escuela de Almagro. Entrevista personal, 24 de
octubre de 2017).

En un sentido similar a lo que expresa Luis, Belén y Magalí plantean un


distanciamiento respecto de sus madres y, por extensión, de toda la generación a la que
estas pertenecen. Si bien intentan entenderlas, no comparten sus posicionamientos y les
exigen mayor libertad para decidir y actuar.
En otros casos, la visita al Espacio y la conversación sobre lo que se sabía o no
se sabía en dictadura en relación con lo que allí pasaba, habilitó conversaciones entre
los/las jóvenes y los/as adultos/as de sus familias que nunca antes habían tenido:

Constanza: Mi mamá por ejemplo me contó que para ir al dentista ella tenía que pasar
en frente de... de este lugar, del Olimpo. O sea, ella pasaba y ¡adentro estaba la
detenida! Entonces, es como que ella siempre me había contado eso que le había
quedado grabado. Porque también era chica... era chica pero igual de toda la dictadura
es lo que más se acuerda. Que ella pasaba por ahí y adentro estaban torturando gente
[…] Ella cuando me lo cuenta ahora, me dice que era como la inocencia de saber que
estaban los militares ahí, que era como un lugar... ella te decía... un lugar donde ellos
descansaban. Y después cuando se enteró de lo que hacían ahí... fue como muy
chocante. Como que ella atravesó la dictadura lo más bien digamos, sabía lo que estaba
pasando, pero como a ella nunca le pasó nada durante ese proceso, te lo cuenta como
con cierta tristeza. Pero tampoco te dice que fue terrible, porque ella no vivió en sí lo
que fue la dictadura, en carne propia.
Mariana: ¿Esta anécdota de que ella pasaba por el Olimpo vos ya la sabías antes de ir?
Constanza: No la sabía en realidad. Ehh… le conté que íbamos a ir al Olimpo y ella ahí
me contó (17 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 10 de noviembre de
2017).

Belén: Después de la visita hablé con mi papá. Me contó que cuando era chiquitito el
pasó [por el ex Olimpo] con su papá y cuando mi papá le preguntó que era ese lugar,
recibió una respuesta como que era un estacionamiento, cosas así para transportes

172
públicos. Y andá a saber si mi abuelo sabía o no qué era realmente eso. Volvería a ir con
mi papá por eso, porque él lo vio cuando era chiquito y cuando le conté que [los
militares] habían cambiado el sentido de las calles, me dijo que él lo sabía (18 años,
escuela de Almagro. Entrevista personal, 29 de diciembre 2017).

Podemos interpretar los fragmentos citados a la luz de lo que señala Raggio


respecto del intercambio generacional y el carácter circular de la transmisión:

El proceso de apropiación de esa experiencia pasada por parte de las nuevas


generaciones se da en el marco de una serie de procesos sociales, culturales y políticos
donde se inscribe su particular experiencia generacional. Es decir, la transmisión es
circular y en movimiento de espiral: va del presente al pasado y del pasado vuelve al
presente abriendo nuevos horizontes de expectativas hacia el futuro. Cada presente
produce nuevos sentidos sobre el pasado. La dictadura militar como hecho simbólico no
ha dejado de pasar, sigue construyéndose como acontecimiento significativo. Es decir,
lo que significa para la sociedad argentina la dictadura militar está vinculado a procesos
de subjetivación y de construcción de nuevas subjetividades en el marco de los procesos
de significación de la propia experiencia de la democracia, que también es un concepto
abierto, polisémico y en permanente construcción (2017b, p. 6).

Aunque la transmisión como intercambio intergeneracional que lleva a los/las


jóvenes a confrontar con la generación anterior se extiende más allá de las fronteras del
sitio, observamos que el tránsito por allí genera preguntas y permite nuevas
conversaciones. Como la anécdota de la madre de Constanza, ex vecina del Olimpo,
historias que estaban latentes se activan y los/las más jóvenes se abren a conocer cómo
impactó la última dictadura en su entorno más cercano. La visita abre un nuevo universo
de sentidos y, en algunos casos como los citados más arriba, genera diálogos –jamás
exentos de tensiones– entre generaciones.
Ahora bien, pese a que encontramos marcas que indican que los/las jóvenes
entrevistados/as se sienten parte de una misma generación, por ejemplo, son conscientes
de que forman parte de procesos históricos comunes y tienen algunos horizontes de
expectativas compartidos y diferentes a los de sus predecesores/as, también percibimos
diferencias en sus posicionamientos sobre el pasado y el presente, en particular, entre
jóvenes de distintas clases sociales e ideologías. Las compartimos en el siguiente
apartado.

3.3.3. “Hay mecanismos en la historia argentina que no cambiaron tanto”: el nexo


entre pasado y presente

173
‗¡Carajo, le están mintiendo a los pibes!‘, grita un transeúnte que pasa por la calle
Ramón Falcón cuando estamos por entrar al ‗pozo‘. Luego de unos segundos de
silencio, la guía lanza la pregunta: ‗¿Por qué creen que dijo que estoy mintiendo?‘
Ninguno/a de los/las visitantes contesta, hasta que uno de ellos/as, entre las miradas
incómodas del resto del grupo, dice tímidamente: ‗¡Lo vamos a cagar a trompadas!‘.
Después de una risa generalizada que descomprimió la tensión que se había generado, la
visita sigue su cauce problematizando la figura del ‗subversivo‘. La guía comenta que
hace unos meses, por primera vez en más de treinta años de democracia, un funcionario
nacional había recibido a una ONG de víctimas de las ‗acciones subversivas‘ (Diario de
campo, 16 noviembre de 2016. Visita guiada Escuela de Villa Urquiza).

Esta escena condensa, a nuestro entender, cómo tensa el contexto político y


social a la narrativa que proponen los/las trabajadores/as del sitio y a las
representaciones de los/las visitantes. En las visitas que observamos desde 2015,
advertimos que la coyuntura inaugurada por la llegada del ex presidente Mauricio Macri
al gobierno nacional produjo algunas variaciones tanto en el relato propuesto por los/las
guías, como en las inquietudes que plantearon los/las jóvenes durante y después del
recorrido por el sitio. Aunque, como señalamos anteriormente, la cuestión de la cantidad
de personas detenidas-desaparecidas –tanto vistas en el ex Olimpo como en otros
CCDTyE– se mencionó en todos los recorridos, notamos un énfasis especial en esta
cuestión en los que observamos a partir de esa fecha:

Guía: Los sobrevivientes de acá son alrededor de noventa. Esto para pensar el número
de los desaparecidos. ¿Son 30000? ¿Son menos como dicen los funcionarios del actual
gobierno? ¿O son más? Piensen en la cantidad de centros, la cantidad de años. Por acá
solo pasaron quinientas personas en solo seis meses. Lo que suponemos es que ese
número es relativo, pero para arriba (Romina, 26 de octubre de 2016. Visita guiada
Escuela de Agronomía).

Situaciones similares a esta se replicaron en otras visitas, donde los/las guías


propusieron una reflexión sobre las fuentes de información en las que se basaban los
dichos de los funcionarios gubernamentales142 y aclararon que las cifras conocidas son
siempre estimadas y corresponden a una fracción del número total de personas
detenidas-desaparecidas, ya que las listas disponibles solo incluyen a aquellas por las
que se hizo una denuncia.
Aunque estas aclaraciones se produjeron algunas veces tras el planteo de
preguntas de los/las visitantes acerca de la cantidad de personas que estuvieron
secuestradas en el ex Olimpo, la cuestión de los/las ―30000‖ fue también traída al relato

142
Para conocer en detalle estos discursos y asir las particularidades de las memorias que emergieron a
partir del cambio de signo político en el gobierno nacional ver el segundo capítulo de esta tesis.
174
por iniciativa de los/las guías.143 En el mismo sentido, en las visitas observamos un
interés particular en dejar en claro que lo ocurrido durante la dictadura fue terrorismo de
Estado, en contraposición tanto al discurso de la ―guerra‖ como al de la ―teoría de los
dos demonios‖:

Guía: Tomemos el tema de los distintos centros que vemos ahí [en el mapa contiguo a
la entrada del ‗pozo‘] Primero, son muchos, conforman una red. Dan cuenta de que, si
se estaban dando muchos al mismo tiempo o cercanos y había circulación de uno a otro,
dan cuenta de un sistema represivo, de algo que estuvo planificado. Ejército, Policía,
Prefectura, Gendarmería… ¿sí? Todas las fuerzas represivas puestas en función de esto
que fue un genocidio, un exterminio, aniquilamiento de grupos, hablamos de terrorismo
de Estado. No hablamos de guerra. Una guerra, a lo sumo, se hace entre dos Estados.
¿Sí? Esto no fue una guerra, fue terrorismo de Estado, porque todas las fuerzas
represivas que responden al Estado y que tienen la función de protegernos... ¿El Ejército
de que nos protege?
Visitante A: De los ataques externos.
Visitante B: Pero ellos usaron los recursos del Estado y los pusieron en contra del
mismo pueblo.
Guía: Eso mismo. Y también hablamos, esto es importante, de violación de derechos
[…] ¿Hoy se violan derechos?
Visitante A: Sí, por ejemplo el gatillo fácil, casos de corrupción de la Policía en trata de
personas...
Visitante C: A los chicos de la Garganta Poderosa...
Guía: Bueno, ese es un caso de violencia institucional de los muchos, un montón, que
hay. Bueno, esas son violaciones de derechos (Romina, 26 de octubre de 2016. Visita
guiada Escuela de Agronomía).

En este fragmento, observamos como el sitio opera como una especie de caja de
resonancia de las discusiones sobre los significados del pasado, pero también sobre los
acontecimientos que suceden en el presente. Al diferenciar tajantemente los delitos de
índole privada de los llevados a cabo por el Estado, que tiene la obligación de velar por
el cumplimiento de las garantías constitucionales de todos/as los/as ciudadanos/as, la
guía deconstruye de raíz la ―teoría de los dos demonios‖. Pero además aprovecha la
oportunidad para abrir la conversación sobre las violaciones a los derechos humanos en
la actualidad. Esta cuestión apareció a través de distintos ejemplos en casi todas las
visitas que presenciamos, en las que los/las guías resaltaron que lo que sucedió hace
años atrás tiene consecuencias palpables y cotidianas en el presente.
Una de las referencias que apareció inevitablemente en las visitas que
observamos durante la segunda mitad del año 2017, fue la desaparición forzada de

143
En una reunión de equipo que tuvimos la oportunidad de presenciar en enero de 2017, algunos/as de
ellos/as mencionaron que, pese a que son conscientes de que las visitas no pueden ni deben ser una
respuesta al negacionismo estatal, les resultaba muy difícil omitir este nuevo marco de enunciación y no
pronunciarse al respecto.
175
Santiago Maldonado.144 En una de ellas, ante el vago conocimiento de los/las jóvenes
sobre la figura de ―desaparición forzada‖ y el impacto que esta causa en las familias de
las víctimas en particular y en la sociedad en general, la guía narró los acontecimientos
del 1° de agosto, destacando la militancia de Maldonado, la legitimidad del reclamo de
la comunidad mapuche y las características del accionar represivo de las Fuerzas de
Seguridad. Luego de esta breve explicación, preguntó:

Guía: ¿Y [hoy] estamos en dictadura o estamos en democracia?


Visitantes: [Al unísono] Democracia.
Guía: Piensen el caso de Santiago Maldonado multiplicado por miles. Con ver esto
todos los días en la calles durante años de dictadura. Donde las Fuerzas de Seguridad
del Estado estaban permanentemente en las calles, en los barrios. La
desaparición forzada de personas también tiene un efecto sobre la sociedad.
Profesora: ¿Puedo agregar algo? Además de lo que decían los chicos, del miedo, el
odio, también está la manipulación mediática, y eso también pasaba en la dictadura. Si
bien no existían las redes sociales, los medios como la tele y los diarios funcionaron, tal
como pasa hoy con Santiago Maldonado, para crear temor, para confundir a la
población. Ese clima de miedo, esa sensación de ‗no me voy a meter porque me puede
pasar a mí‘…
Guía: Algunos medios llegaron a decir que a Santiago lo mataron los mapuches, a
propósito. Porque los mapuches son ‗salvajes‘ y vuelve toda esta teoría de que los
indígenas, los indios, los ‗bárbaros‘, que viven ahí en la naturaleza son incivilizados y
que lo mataron ellos. O funcionarios diciendo ‗Y bueno, en la Argentina desaparece
gente todos los días´, uno más, que vamos a hacer.‘ Hay toda una manipulación. Y
durante la dictadura también pasó: ‗Hubo un enfrentamiento entre la Policía y un grupo
armado y hubo algunas bajas‘ o ‗Están en Europa‘ o ‗Están escondidos‘ o ‗Se matan
entre ellos y quieren hacer de cuenta de que son los militares los que matan‘. Entonces,
hay mecanismos en la historia argentina que no cambiaron tanto. Hay cosas que siguen
sucediendo. Y hay una sociedad que también forma parte de esto. Porque en los setenta,
durante la dictadura, había gente viviendo, que continuaba con su vida, mientras
desaparecía gente. Y, no es que nosotros estamos por fuera de lo que pasó con Santiago,
nosotros vivimos acá en Argentina, leemos los diarios, nos metemos en el Facebook,
tenemos contacto con esa realidad. No estamos por fuera de ella. Porque así como le
tocó a Santiago… O ¿me van a decir que en su barrio, en la ciudad donde viven, no
desapareció una piba en la escuela? El último caso, de esta chica asesinada, Anahí,145
cinco días desaparecida hasta que encontraron el cuerpo. Vivía en un barrio, iba a una
escuela, tenía amigos, participaba en una organización e iba a las marchas de

144
Santiago Maldonado era un joven artesano, oriundo de la localidad de 25 de Mayo (Provincia de
Buenos Aires), que se encontraba viajando por la Patagonia cuando decidió acompañar la protesta por las
tierras recuperadas por el Pu Lof en Resistencia-Cushamen (Provincia de Chubut) al terrateniente
extranjero Luciano Benetton. Maldonado desapareció el 1° de agosto tras una violenta represión a la
comunidad mapuche por parte de la Gendarmería Nacional. Estuvo desaparecido durante 78 días, hasta
que su cuerpo fue encontrado sin vida el 17 de Octubre de 2017 en el Río Chubut. Hasta la fecha, lo
acontecido durante y después del operativo encabezado por las Fuerzas de Seguridad no está esclarecido y
el reclamo de Justicia sigue vigente en gran parte de la sociedad argentina.
145
La guía se refiere a Anahí Benítez, una joven de 16 años cuyo cuerpo fue hallado sin vida el 4 de
agosto de 2017 en la reserva de Santa Catalina, en el partido bonaerense de Lomas de Zamora. De los dos
acusados por los crímenes de privación ilegal de la libertad, abuso sexual agravado y homicidio
triplemente calificado contra la joven, uno fue condenado a prisión perpetua y el otro continúa en libertad.
176
NiUnaMenos, y le tocó a ella. Entonces, no estamos por fuera de eso (Paula, 23 de
agosto de [Link] guiada escuela de Pompeya).

De esta manera, el caso de Santiago Maldonado y de otros/as jóvenes


desaparecidos/as en democracia funciona como ejemplo, junto con otras situaciones en
las que se violan los derechos humanos en la actualidad, de los resabios que dejó la
dictadura y, a la vez, advierten que el ―Nunca más‖ es frágil y no está asegurado. Si bien
los/las guías aclaran que hoy no estamos en una dictadura, destacan que la democracia
actual tiene otros modos de represión y violencia emparentados a los del terrorismo de
Estado que afectan la vida cotidiana de todos/as los/las ciudadanos/as. De este modo,
invitan a los/las visitantes a re-significar y desnaturalizar un conjunto de prácticas
violentas pasadas y presentes.
En las conversaciones que tuvimos con los/las jóvenes luego de la visita estas
conexiones se hicieron presentes luego de preguntarles acerca de sus opiniones sobre la
narrativa que propone el Espacio y sus impresiones en torno al sentido que tiene la
existencia de los sitios de memoria en la actualidad.
Pese a las diferencias entre sus relatos, que responden a experiencias de vida en
contextos desiguales, advertimos algunos rasgos en común que nos permiten pensar a
sus dichos en clave generacional.

Mariano: La diferencia entre antes y ahora es que ahora no hay tanta desaparición, casi
no hay desaparición. Salvo esa, la de Maldonado. Yo me enteré porque nos contaron ahí
que fue a defender a los mapuches y vinieron los gendarmes y se lo llevaron. Y después
no se sabe más nada. No sé si habrá hecho mal o bien, se lo llevaron y creo que lo tienen
ahí, sino ya hubiese aparecido. En mi barrio casi no hay gendarmería, hay unos de negro
que no sé qué son, pero te ven por ahí y te paran de la nada.
Mariana: ¿Te pararon alguna vez?
Mariano: A mí no, pero a unos amigos sí.
Mariana: ¿Qué hacen cuando te paran?
Mariano: Te ponen en la pared y te revisan... te preguntan cosas y si no te quieren
escuchar, te pegan, te dan un saque.
Mariana: ¿Y por qué pensás que lo hacen ellos?
Mariano: Creo que se les sube que son policías, se les sube a la cabeza, te pegan y se
creen mejor que vos.
Mariana: ¿Y le pasa a muchos de los pibes de tu barrio?
Mariano: Si, a uno lo agarraron entre cuatro. Estaban ahí, estaban hablando. Yo venía
de entrenar, pasaba por ahí, y lo agarraron, lo pusieron contra la pared y lo empezaron a
revisar. A uno una banda de cachetadas le dieron.
Mariana: ¿Qué opinás sobre eso?
Mariano: Que tienen mucho humo en la cabeza. Como que vos estás viniendo de
trabajar, te agarran así nomás, y vos no estás haciendo nada. Venís de trabajar como
cualquier persona. Y te paran, te empiezan a preguntar y si les respondés mal, te pegan.
Mariana: ¿Te parece que esto es muy diferente a lo que pasaba en dictadura?

177
Mariano: No creo que tenga mucho que ver, pero algo sí. Antes capaz te llevaban,
ahora no (16 años, escuela de Pompeya. Entrevista personal, 8 de septiembre de 2017).

Mariano, que vive en Villa Fiorito, manifiesta haberse enterado de la


desaparición forzada de Santiago Maldonado en la visita al ex Olimpo y conecta, a su
manera, el accionar represivo en este caso con lo que ocurre con las Fuerzas de
Seguridad en su barrio. Sin embargo, marca una diferencia entre el hostigamiento y la
arbitrariedad policial que padecen él y sus amigos en el presente con las prácticas
represivas de la dictadura. En una línea similar, otra entrevistada comentó:

Celeste: Yo no creo que hoy haya situaciones parecidas a las de la dictadura. Lo que si
estoy en contra es de la desaparición de Santiago Maldonado. Pero como culpan mucho
al gobierno…. Yo no soy ni macrista ni kirchnerista ni nada. El otro día discutí con una
persona que le echó la culpa al macrismo ¿Y en la época de Cristina? que mataron a
Nisman que iba a tener pruebas contra ella y no sé contra quienes más. Digo yo...
cuando estábamos en la época del kirchnerismo... ¿y Julio López? Mucho Santiago
Maldonado... pero Cristina dejó el país en rojo... Lo que sí me parece importante ir a
esos lugares [se refiere a los sitios de memoria], por ejemplo, para ver lo que es la
policía. Lo que era y lo que es ahora, es casi lo mismo, no cambió nada. En mi casa
hubo bastantes problemas con lo que es la policía, tengo allanamientos, tengo tres
allanamientos seguidos… mi tío ahora está en cana (16 años, escuela de Pompeya.
Entrevista personal, 2 de septiembre de 2017).

En ambos fragmentos los/las entrevistados/as dejan ver cómo los/las atraviesa la


violencia institucional en sus vidas cotidianas.146 Pese a las similitudes que existen entre
las situaciones que ellos/as narran con las formas de operar de las Fuerzas de Seguridad
en dictadura –en particular, las requisas y los allanamientos– al igual que Mariano,
Celeste remarca que estas situaciones son distintas a las del pasado reciente. En este
caso en particular esta distinción parece responder al desacuerdo de la entrevistada con
la idea, difundida por diversos sectores opositores al oficialismo durante el periodo que
estamos analizando, de las conexiones de Mauricio Macri con la última dictadura.147 No
obstante, aunque se desmarca del relato sostenido por los/las guías en la visita, aclara

146
Celeste vive en el barrio Zavaleta, en la villa 21 24 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
147
Esta idea se cristalizó en la frase ―Macri, basura, vos sos la dictadura‖ que se escuchó reiteradas veces
en los cantos de los/las manifestantes durante las marchas organizadas en contra de las políticas de su
gobierno. Cabe aclarar que esta comparación no se sustenta en la forma de acceso al poder, ya que el ex
presidente Macri lo hizo mediante el voto popular. No obstante, se establecen vinculaciones entre su
persona y su entorno con la dictadura por diversas razones, como: el enriquecimiento de su familia
durante el gobierno de facto, su vinculación con empresarios acusados de complicidad civil, la presencia
en su gobierno de funcionarios que niegan o relativizan el terrorismo de Estado y la implementación de
políticas económicas similares a las del plan neoliberal de Martínez de Hoz, quien fue ministro de
economía entre 1976 y 1981.
178
que la policía ―es casi lo mismo‖ que antaño y afirma que visitar un lugar como el ex
Olimpo, donde el accionar represivo de la policía tuvo un lugar protagónico, puede
servir para que otros/as conozcan los modos en la que esta acciona en el presente.
La escisión entre el pasado dictatorial y el presente democrático también
apareció, con un sentido distinto, en las voces de los/las jóvenes de sectores más
acomodados:

Julián: Ese día [luego de la visita al sitio] llegás a tu casa, ves a tus viejos, y tenés
ganas de abrazarlos. Como que caes en la cuenta de que estoy viviendo un momento de
la historia argentina que no pasan estas cosas y estoy agradecido. Y los tengo acá y no
me tengo que preocupar de que por la manera en la que ellos piensen los vayan a
detener. Entonces, vas ahí y agradecés un poco más lo que tenés. Yo no pienso que
estemos, ni en lo más mínimo, como dicen unas personas, que esto es una dictadura.
Aunque tal vez toda la... la... ¿cómo se dice cuando está todo concentrado?... tal vez la
concentración de poder que hay últimamente o tal vez en los medios, ¿viste?, hacen que
haya una sociedad mucho menos crítica […] Para que una sociedad no tenga una
dictadura tiene que haber un pueblo crítico, que luche y que no se deje pisar. Pero bue,
si perdemos la capacidad crítica y que los medios concentren toda la información en un
tema o contra un sector político, es como que se pierde todo (18 años, escuela de
Agronomía. Entrevista personal, 5 de diciembre de 2017).

Entendemos que estas ideas que tienen los/las jóvenes sobre el presente
democrático están relacionadas con sus representaciones acerca del pasado dictatorial.
Como expusimos en apartados anteriores, la representación dominante entre ellos/as
acerca de las personas detenidas-desaparecidas es que fueron perseguidas por pensar
diferente. En este sentido, por contraste, para ellos/as uno de los aspectos característicos
de la experiencia democrática es la posibilidad de opinar y manifestarse libremente:

Candela: La gente misma, hoy en día sigue diciendo, sobre todo cuando estaba el
gobierno anterior, ‗esto es una dictadura‘ o decían ‗tienen que volver los militares para
sacar a esta mujer‘ y otras cosas horribles referidas a lo femenino de distintas especies
[risas] Encima lo decían personas grandes... entonces decís... no tengo que hacer mucho
cálculo para saber que vos viviste la dictadura y ¿cómo podés decir ‗tendrían que volver
los militares para arreglar las cosas‘? Creo que nunca los voy a entender.
Mariana: ¿Escuchás este tipo de cosas en los pibes de tu edad?
Candela: Que yo recuerde, nunca escuché que tendrían que volver los militares. Todos
sabemos que si estuvieran los militares en este momento habría muchas cosas que no
podríamos hacer, el hecho de si yo quiero puedo poner mi opinión en una red social.
Podés estar en contra o a favor del presidente de turno... pero... mucha gente hace poco
y actualmente vive bardeando, hablando mal y diciendo de todo a Cristina Fernández y
está perfecto, es la libre expresión de las personas. Como siempre, o cuando estás
mirando un noticiero y te das cuenta de que te recortan el discurso. Dicen cada
barbaridad que lo pensás dos veces y no tiene sentido, pero bueno, ellos [las ‗personas
grandes‘] lo van a defender porque lo vieron en el noticiero de la cena... Por ahí es

179
porque se acostumbraron a eso (17 años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 9
de noviembre de 2017).

Desde la perspectiva de Candela existe una ruptura generacional entre las


personas que vivieron la dictadura y los/las jóvenes de su edad, que está dada no solo
por la posibilidad de pensar y expresarse con mayor libertad, sino también por las
lecturas respecto del presente que hacen aquellas y las que hacen las personas de su
generación. Una mirada similar observamos en la siguiente entrevista:

Matías: Si [el sitio de memoria] no está, no sería tan grave como que vuelva a haber
una dictadura y que los militares, por ejemplo, vengan ahora y saquen al gobierno que
esté […] Yo creo que si no se genera interés en bastante gente, esto podría volver a
ocurrir. Por ejemplo, si muchos medios de difusión masiva intentan hacer esto que hizo
Clarín en el 75, 74, en ir en contra de los guerrilleros y todo eso, creo que algo así se
podría llevar a cabo […] A ver... es muy difícil que de nuevo se inserte una dictadura
así... es posible, pero es difícil. Antes deberían suceder un montón de cosas, pero esto de
que haya represión, bueno, lo que pasó hace poco con Maldonado y todas estas cosas.
Uno dice, bueno, ‗Nunca más‘ una dictadura, pero ¿es una dictadura o es
desaparecidos… violencia? Un montón de cosas que si nosotros lo vemos así, son
iguales, y no debería pasar nada […] Yo creo que el ‗Nunca más‘ es como una
metáfora. Por ejemplo, vos le llegás a decir a un montón de personas que lo que está
pasando ahora es lo mismo que pasó en la década del noventa y te dicen ¡no! y vos ves
que son las mismas cosas, es muy evidente de ver. Yo creo que la dominación por parte
de estos medios es muy exitosa. Hay mucha gente que toda su madurez política fue
durante la dictadura... y siguió su vida. Hace muy poco volvimos al neoliberalismo y a
nadie le interesó. Es como que si volviera la dictadura no habría una gran oposición (18
años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 7 de noviembre 2017).

En esta cita, Matías destaca –como también lo hace Celeste– que la visita al sitio
puede servir para generar interés y crear conciencia en las personas que se muestran
ajenas o están desinformadas respecto de las violaciones de los derechos humanos que
ocurren en la actualidad. A partir de sus palabras, deducimos que el conocimiento de lo
que ocurrió durante la dictadura ayudaría a comprender las consecuencias que esta dejó
en la sociedad, como el individualismo, la construcción de un enemigo interno, la falta
de compromiso político y el neoliberalismo. A su vez, al igual que Candela, asocia en su
discurso estos pensamientos a otra generación, específicamente, a ―la que vivió su
madurez política durante la última dictadura‖, es decir, la generación de sus padres,
madres y abuelos/as. Dicho en otros términos: esos/as mismos/as que en el pasado
vieron y/o escucharon lo que ocurría y no hicieron nada –o incluso lo legitimaron– son
los/las mismos/as que en el presente no ven lo que pasa y consumen acríticamente la
información que producen los medios masivos de comunicación. En este sentido, no es
casual que los/las jóvenes se sientan particularmente interpelados/as durante la visita
180
por el rol de los/las vecinos/as, quienes vieron y/o escucharon lo que ocurría en el ex
Olimpo y ―siguieron su vida‖.
Tanto en los fragmentos citados como en los discursos de otros/as
entrevistados/as advertimos una relación particular con la memoria que tiene que ver
con el tiempo histórico en el que les toca vivir. Advertimos en ellos/as una
identificación generacional caracterizada por autopercibirse diferentes a esos/as otros/as
que vivieron la dictadura. Esta diferencia parece estar dada por una mayor libertad para
poder expresarse públicamente y para pensar de manera más crítica y autónoma que sus
antecesores/as. Las reiteradas alusiones en las entrevistas a las disputas políticas que se
dan en los medios masivos de comunicación, las redes sociales e Internet y, al mismo
tiempo, su desconfianza o confrontación directa con los discursos de las generaciones
que los/las anteceden, ponen en evidencia que buscan construir una versión propia de
esa historia que les permita posicionarse y tomar sus propias decisiones.
Esta cuestión apareció durante las visitas y provocó, en algunos casos, una
mirada crítica sobre el relato propuesto por los/las guías.

Mateo: La visita que nos tocó vivir a nosotros en una coyuntura de una división creada
por los medios y por nosotros mismos, ¿no?, de la sociedad de kirchnerismo no
kirchnerismo, justicia social no justicia social, por ahí queda un poco, por lástima, esa
división. Entonces, los que la podrían haber aprovechado para tomarla desde el lado
humano, lo agarran como bueno, esto es kirchnerismo no kirchnerismo, peronismo no
peronismo. Pero siempre hay un público del no militante, pero que sí le interesa, que lo
marca en algo, que... que le deja algo de la historia y que por ahí sí, da esperanzas o da
ganas de hacer algo, de ponerse a dar clases en una villa o por lo menos esa cosa de
perseguir los sueños, no aggionarse a la realidad y decir, bueno me toca ser abogado,
resigno mis esperanzas de ser artista, de que el mundo puede tener colores, puede tener
vida. Creo que desde ese lugar le puede quedar a los chicos que no son militantes, pero
les interesa la salida. Que estando en esa apoliticidad, o ser neutros, algo les toca. Que
hay que hacer algo en la vida, que no hay que quedarse quietos, hay que moverse (18
años, escuela de Agronomía. Entrevista personal, 13 de noviembre de 2017).

Como explica Mateo, para algunos/as de sus compañeros/as –en sus palabras,
quienes no militan pero no están de acuerdo con la ideología y el modo de hacer política
del kirchnerismo– el posicionamiento de los/las guías respecto de ciertas temáticas de la
coyuntura (especialmente cuando criticaron el accionar o los discursos sostenidos por el
gobierno de Macri), hace que asocien al Espacio como vocero del kirchnerismo.148 Esto

148
Como explicamos en el segundo capítulo, esta representación se intensificó durante el gobierno de
Mauricio Macri, a partir de las declaraciones públicas y mediáticas de sus funcionarios y de intelectuales
cercanos al oficialismo que sostuvieron que Néstor Kirchner y Cristina Fernández habían monopolizado
181
se relaciona con el carácter inherentemente beligerante de los sitios de memoria donde
confrontan distintas narrativas sobre el pasado y el presente. Pero, a su vez, con el hecho
de que en los últimos años el discurso público estuvo dominado por la referencia
constante a la existencia de una ―grieta‖ que separaría a los/las argentinos/as en dos
grandes grupos irreconciliables: quienes apoyan las políticas y el estilo de gobierno de
Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) y
aquellos/as que se oponen a los mismos. Esta lectura binaria de los fenómenos políticos,
sociales y económicos del país es simplificadora, por un lado, porque oblitera la
posibilidad de captar la variedad de posicionamientos políticos existentes y, por el otro,
porque encubre la existencia de antagonismos sociales de larga data. Sin embargo, en
las entrevistas pudimos observar cómo cala hondo, a través del discurso político y
mediático, en la subjetividad de estos/as jóvenes criados/as durante la década de los dos
mil. En otras palabras, más allá de que algunos/as toman partido en este esquema
bipolar, en la mayoría de los casos lo que provoca esta polarización en ellos/as es una
actitud de desconfianza, fundamentalmente, acerca de la veracidad y la autonomía de
los discursos de los/las mayores.
Como sugiere la cita, algunos/as de los/as compañeros/as de Mateo (aunque esto
ocurrió también en otras visitas que observamos) llegaron al Espacio ya convencidos/as
de que las políticas de derechos humanos, entre ellas, la recuperación de los sitios de
memoria, son monopolio del kirchnerismo. Entonces, al encontrarse con un relato que
reivindica la militancia, tanto en el pasado como en el presente, tomaron distancia del
mismo. En la mayoría de los casos en los que esto ocurrió, el desacuerdo se tradujo en
silencio durante la visita. Excepto Franco, quien manifestó que llegó al ex Olimpo ―con
ganas de discutir‖, hizo preguntas durante el recorrido y luego pidió expresamente ser
entrevistado para contar su experiencia, los/las demás prefirieron no dar su opinión al
respecto durante la visita.
Podemos pensar que para estos/as jóvenes en particular, el discurso del sitio se
presenta como un relato impuesto desde ―arriba‖. Llegan allí con desconfianza porque
suponen que se les van a imponer ideas y argumentos predefinidos. En estos casos, la
visita opera como una ―profecía autocumplida‖, en tanto confirman en el sitio sus
expectativas previas. La estrategia que construyen, en consecuencia, es el silencio o la

las políticas de memoria y, en algunos casos, manipulado al movimiento de movimiento de derechos


humanos.
182
adecuación. Prefieren callar en lugar de confrontar, ya sea porque no se sienten
preparados/as para dar esas discusiones o porque creen que no vale la pena darlas.
Distinto es el caso de aquellos/as que ya estaban comprometidos/as con los
temas que se abordan en la visita, quienes no solo llegan con conocimientos que desean
compartir con sus compañeros/as y con los/las trabajadores/as del sitio, sino que
también encuentran allí un lugar del cual salir más empoderados/as. Finalmente,
distinguimos un tercer grupo –que en nuestra muestra fue el más numeroso– de quienes
contaban con escasos conocimientos sobre las experiencias que se transmiten en el sitio.
Aunque estos/as expresaron tener diferentes grados de interés previo a la visita, para
ellos/as lo que observaron y experimentaron de forma directa allí, fue significativo para
construir esa versión propia de la historia a la que ya hemos aludido. En otros términos,
más allá de sus acuerdos y desacuerdos con los distintos componentes de los discursos
transmitidos por los/las guías, consideran que la visita al sitio les proporcionó un
conocimiento de primera mano, fruto del contacto con las evidencias materiales del
pasado y de una comprensión emocional empática que no habían experimentado en
otros espacios. En consecuencia, en líneas generales hay una valoración positiva de la
propuesta ofrecida por el sitio.

4. A modo de cierre

En este capítulo analizamos cómo se ponen en juego las representaciones de


los/las jóvenes al transitar por el ex Olimpo y cuáles son los significados que construyen
a partir de su paso por allí. Constatamos el peso que aún tiene entre ellos/as la memoria
emblemática del Nunca Más y cómo fue ganando importancia en los últimos años una
memoria militante en clave democrática.
A partir de una revisión de las investigaciones existentes, señalamos la
importancia que tiene la escuela en la construcción y difusión de las narrativas sobre el
pasado cercano entre los/las jóvenes, pero también encontramos en sus discursos una
presencia significativa de los relatos difundidos en los medios de comunicación, como
la televisión, el cine, Internet y las redes sociales. En particular durante el periodo 2015-
2017, muchos/as jóvenes accedieron a los dichos de los/las defensores/as de la ―teoría
de los dos demonios‖ y de la narrativa de la ―guerra sucia‖ –con su correlato en la
―memoria completa‖– a través de estos medios.
183
El análisis de las entrevistas nos permitió, a su vez, indagar en cuáles eran las
expectativas que los/las jóvenes tenían en relación con la visita y cuáles fueron sus
experiencias en el sitio. Observamos que todos/as llegaron al ex Olimpo con el deseo
aproximarse de un modo distinto al pasado al que tienen en la escuela. Visitar el sitio de
memoria implica para ellos/as aproximarse ―directamente‖ al lugar donde ocurrieron los
hechos e involucrar todos los sentidos. En otras palabras, la visita transforma las
experiencias pasadas en algo vívido y ―real‖ para ellos/as. La materialidad ―incompleta‖
del sitio y los testimonios de los/las sobrevivientes –mediados por la palabra de los/las
guías y por los dispositivos que éstos/as utilizan en los recorridos (fotografías,
―anécdotas conceptuales‖ y poemas)– permiten que los/las visitantes se sensibilicen,
imaginen lo que está ausente y puedan aproximarse a las experiencias de las personas
detenidas-desaparecidas.
Advertimos también en las voces de los/las jóvenes que la sala Eso que no
pudieron destruir… tiene un rol importante en este sentido, en tanto les permite ir más
allá de la experiencia concentracionaria y los/las conecta con la humanidad de las
víctimas, fundamentalmente, con sus proyectos vitales. El conocimiento de las historias
de vida de las personas detenidas-desaparecidas a través de los álbumes familiares
los/las ponen en la situación de mirar desde el punto de vista de las viejas generaciones,
de ponerse temporalmente en su lugar y establecer una relación con ellas para
entenderlas, pero también para cuestionarlas. La sala pone a disposición de los/las
jóvenes –a través del contenido de las carpetas pero también de algunos objetos– la
experiencia de las organizaciones revolucionarias, una de las aristas menos conocida por
las nuevas generaciones, debido a que ha sido un tema tabú en las narrativas que
lograron hacerse dominantes sobre el pasado cercano. Aunque en la visita no se
profundiza ni se dan respuestas acabadas sobre este tema, en las entrevistas advertimos
que habilita interrogantes y conversaciones acerca del mismo, que son poco frecuentes
en sus otros espacios formativos, como la escuela o la familia.
La conjunción entre los elementos señalados hace que, desde la perspectiva de
los/las jóvenes entrevistados/as, la experiencia en el sitio sea diferente a la que están
habituados/as a tener en otros lugares como los museos o la escuela, o a través de las
mediaciones propias de lenguajes artísticos como el cine o la literatura.
En relación con los modos de aproximación a las experiencias pasadas en el
sitio, si bien todos/as los/las entrevistados/as manifestaron que los diversos dispositivos
utilizados en la visita les resultaron significativos, algunos/as expresaron que necesitan
184
otros recursos para poder llenar el espacio ―vacío‖, tales como reconstrucciones
escenográficas o dispositivos multimediales. Argumentamos que esto guarda relación
con las formas de comunicación y acceso a la información a las que están habituados/as
y pone en tensión el canon instituido en nuestro país para representar acontecimientos
traumáticos en los sitios de memoria.
Por otra parte, en los discursos de los/las jóvenes advertimos que se produce un
desajuste entre el propósito que tienen los/las gestores del sitio de profundizar en el
contexto histórico que hizo posible los crímenes del terrorismo de Estado –que se
traduce, entre otras cosas, en la cantidad de tiempo que le dedican a esta cuestión los/las
guías en la introducción– con aquello que los/las jóvenes recuerdan y valoran de la
visita. Como señalamos, lo primero que recuperan de su experiencia en el sitio es la
posibilidad que tuvieron de acercarse de una manera más íntima y cercana a los
acontecimientos dolorosos del pasado y a las vivencias de las personas que estuvieron
allí antes y durante su secuestro. Por el contrario, observamos que la explicación
histórica no tiene tanta pregnancia en las voces de los/las jóvenes entrevistados/as,
incluso, en algunos/as de ellos/as produjo hastío o aburrimiento. Como vimos,
probablemente esto suceda así dado que ellos/as pueden acceder a ese tipo de
información por otros canales.
Sostuvimos, además, que esto se debe a que lo novedoso de la visita es el
impacto emocional y sensorial produce. En otros términos, es el contacto con esos/as
―otros/as‖ y con lo que desconocían de sus vivencias lo que los/las afecta
subjetivamente y configura sus experiencias en el sitio. En efecto, de los elementos de la
narrativa que ofrece el ex Olimpo, los más evocados por los/las jóvenes fueron aquellos
que ponen en tensión sus representaciones previas y les permiten repensarse. Una
muestra de esto es el impacto que les generan los testimonios de los/las vecinos/as del
ex CCDTyE. No sólo porque echan por tierra la idea de una sociedad ajena y pasiva
frente a la represión, sino también porque esas historias funcionan como un espejo para
verse a sí mismos en el presente y habilitan conversaciones intergeneracionales con sus
padres, madres y abuelos/as que hasta el momento no habían tenido.
Por último, explicamos que el sitio, además de ser un ―territorio‖ en el que se da
una disputa entre distintas miradas acerca del pasado, funciona como una caja de
resonancia de las discusiones de la coyuntura. Las fronteras entre el ―adentro‖ y el
―afuera‖ del ex Olimpo, como ocurría en tiempos de la dictadura, son permeables.
Observamos esto tanto en los discursos de los/las guías como en las palabras de los/las
185
jóvenes entrevistados/as. Al conversar sobre sus experiencias en el sitio estos/as
hicieron, desde distintos posicionamientos, una mirada crítica del relato transmitido y de
las formas de aproximarse a las experiencias pasadas. En este sentido, la visita al sitio se
proyecta hacia afuera en tanto ofrece la posibilidad a los/las jóvenes, incluso a
aquellos/as que no coinciden con la narrativa que este propone, de hacerse preguntas (y
también interpelar a las viejas generaciones), así como de discutir con otros/as sobre
problemas que los/las atraviesan en el presente.

186
CONCLUSIONES

Lo que puede el sentimiento


No lo ha podido el saber
Ni el más claro proceder
Ni el más ancho pensamiento
Violeta Parra, Volver a los 17

Asir el modo particular en el que se lleva a cabo la transmisión en el Espacio


para la memoria y la promoción de los derechos humanos ex Olimpo y las experiencias
que tienen los/las jóvenes que lo visitan, significó enfrentar el desafío de abordar un
problema poco visitado hasta el momento en nuestro país y en gran parte del Cono Sur.
En este sentido, esta investigación tuvo un carácter exploratorio y descriptivo, con un
enfoque etnográfico que aspiró a comprender la diversidad de experiencias e
interacciones que se producen en el Espacio. Por esta razón, las conclusiones a las que
arribamos no son definitivas ni universales, ya que son válidas solo en el tiempo y lugar
en el que se desarrolló la investigación y porque –pese a que son significativas– no son
representativas de todas los/las jóvenes que visitan el sitio.
Rockwell (2015) sostiene que la contribución de la etnografía a los procesos de
transformación educativa está en la ―posibilidad de recuperar lo particular y lo
significativo desde lo local, pero además situarlo en una escala social más amplia y en
un marco conceptual más general‖ (p. 34). Siguiendo esta advertencia, en las líneas que
siguen sistematizamos los resultados de la investigación. Intentamos articular las
respuestas que fuimos construyendo para las preguntas que abren cada capítulo en una
interpretación global que nos permita señalar sus principales aportes pero también sus
alcances y limitaciones.
Nuestro recorrido inició con el supuesto de que no existe una relación lineal ni
automática entre las experiencias que transmiten los sitios de memoria y aquellas que
construyen sus visitantes. Esta premisa nos guió, en los dos primeros capítulos, a
indagar en cuáles son los significados que se condensan en la propuesta del ex Olimpo
para los/las jóvenes.
Así, en el primer capítulo mostramos que, desde los inicios del proceso de
―recuperación‖ y la apertura al público, las nuevas generaciones tuvieron un papel
importante en la definición de las principales líneas de acción y en la construcción de
los dispositivos para transmitir las experiencias pasadas en el sitio. En particular, la
187
recepción de los primeros grupos de estudiantes que llegaron al predio desde 2006
(cuando se puso en marcha el Programa para la Recuperación de la memoria histórica
del ex CCDTyE Olimpo) inspiró, en gran medida, dos de sus principales proyectos de
investigación: por un lado, el proyecto Memorias de vecindad y, por el otro, el proyecto
sobre las historias de vida de las personas detenidas-desaparecidas vistas allí. Ambos,
hasta el presente, constituyen pilares fundamentales de la narrativa que propone el
Espacio en sus señalizaciones y en las visitas guiadas.
Como se ha explicado en otros trabajos (Messina, 2010; Gugliemucci, 2011,
2013; López González, 2013), muchas de las decisiones sobre qué contar y cómo
hacerlo se definieron previamente a la apertura del Espacio al público. No obstante, a
través del análisis de las voces de los/las trabajadores/as del equipo del sitio
demostramos que las preguntas e intervenciones que hicieron los/las jóvenes al ingresar
al predio luego del desalojo de la Policía tuvieron un peso relevante para diseñar y
llevar a la práctica las estrategias de transmisión. Por ejemplo, los comentarios que
hicieron los/las jóvenes sobre el emplazamiento del ex Olimpo en el centro del barrio de
Floresta o la necesidad que plantearon de ponerle un rostro y saber más acerca de las
personas que habían estado allí secuestradas. Estas observaciones reforzaron la idea
entre los/las trabajadores/as del equipo de que era imprescindible ampliar los marcos de
la memoria social más allá del periodo de la última dictadura y de incorporar otras
voces y perspectivas para la narración de las experiencias pasadas. Nos referimos a las
memorias de los/las ―vecinos/as‖, pero también a las memorias de las personas que
conocieron a las víctimas antes de convertirse en tales.
Aunque las instituciones están por encima de las personas, son quienes las
gestionan –con sus trayectorias, sus redes, sus prácticas cotidianas y sus proyectos a
futuro– los/las que configuran la identidad de las mismas y van definiendo, según sus
límites y posibilidades, lo que se hace y se dice en ellas (Osuna y Vicente, 2017). En
este sentido, luego de analizar los discursos de los/las coordinadores/as del equipo,
concluimos que la construcción de una narrativa y de los dispositivos para transmitirla a
los/las visitantes estuvo influida por la relación que estableció el ex Olimpo con otros ex
CCDTyE que estaban constituyéndose en sitios de memoria en el mismo momento y
por la composición de su equipo. Hemos argumentado que se dio una relación de
alteridad con la ex ESMA, relacionada fundamentalmente con la construcción de un
relato ―desde abajo‖, es decir, no impuesto por el Estado, sino producido por ―actores
nuevos‖: sobrevivientes no encuadrados/as en los organismos de derechos humanos
188
―históricos‖, militantes de organizaciones político-territoriales y profesionales de las
ciencias sociales y del campo educativo. Desde la perspectiva de los actores, la relativa
autonomía respecto del Poder Ejecutivo –primero de la Ciudad y luego de la Nación–
hizo que pudieran definir más libremente qué narrar en el Espacio y de qué forma
hacerlo. Sin embargo, esta posición también les planteó (y aún hoy les plantea) desafíos
vinculados al financiamiento para realizar obras en el predio y para mejorar las
condiciones de contratación de los/las integrantes del equipo. En otros términos, si bien
valoran positivamente y defienden esos espacios de libertad para tomar decisiones, son
conscientes de que el sitio de memoria forma parte de una política pública creada para
narrar el terrorismo de Estado y promover los derechos humanos. Es decir, enfrentan el
desafío de, por un lado, construir una narrativa que logre este objetivo principal y, por el
otro, dialogar –no siempre en armonía– con los distintos gobiernos que gestionan dichas
políticas públicas.
Como explicamos en el segundo capítulo, la intencionalidad de estas decisiones
se expresa tanto en las marcas que los actores realizan en el sitio, como en los relatos y
en las estrategias desplegadas en las visitas guiadas. Luego de describir el Espacio y
desmenuzar los ejes centrales de los recorridos que propone el equipo, argumentamos
que su propuesta se basa en narrar lo que pasó, en el pasado reciente en general y en el
ex CCDTyE en particular, poniendo el foco en las militancias. En términos de Martha
Herrera Cortés y Carol Pertuz Bedoya (2016), los/las gestores/as del sitio buscan
trascender el ―paradigma del sujeto víctima‖, que generaliza esta condición a todos los
aspectos de la vida de quienes sufrieron (y aún hoy sufren) las consecuencias físicas,
materiales y políticas que provocó la última dictadura. De esta manera, caracterizan a
las personas detenidas-desaparecidas como luchadores/as populares que pelearon
colectivamente contra las injusticias sociales de su tiempo, quienes a su vez tenían
deseos personales, redes afectivas y hacían actividades similares a las de los/las jóvenes
del presente. Por otra parte, al incorporar otras miradas para contar el impacto de la
represión, como la de quienes vivían en las inmediaciones del ex CCDTyE, ofrecen una
explicación compleja de lo acontecido, que incluye entre sus múltiples variables el rol
que tuvo la ―gente común‖ –es decir, quienes no participaban de los círculos militantes–
y cómo era su vida cotidiana durante aquellos años.
Mostramos que esta construcción narrativa, y los dispositivos a través de los
cuales se trasmite, si bien es propia del ex Olimpo, se nutre de elementos de las distintas
memorias que circulan en el espacio público construidas por actores diversos durante
189
más de cuarenta años de vida democrática. En tanto ―territorio de memoria‖ (da Silva
Catela, 2014a), el Espacio es un lugar de enunciación que batalla en las luchas políticas
por los sentidos de las experiencias pasadas desde un posicionamiento específico. Es así
que sostuvimos que la narrativa que propone el ex Olimpo puede ser conceptualizada
como una memoria popular emancipatoria, que se inscribe dentro de las ―memorias
militantes‖ y combina elementos de la memoria militante en clave democrática y de la
memoria militante en clave revolucionaria. Esta construcción narrativa reúne y ordena
de un modo original la noción de terrorismo de Estado con la recuperación y la puesta
en valor de las experiencias militantes de los diferentes grupos de la izquierda peronista
y marxista durante los años setenta. Además, propone una lectura de la historia como
lucha de clases y/o como un antagonismo entre ―pueblo‖ y ―anti-pueblo‖, y pondera los
valores de la solidaridad, el compromiso y la entrega desinteresada en pos de la mejora
de las condiciones de vida de los sectores vulnerados e históricamente postergados. En
este sentido, reivindica el compromiso social y político para batallar contra lo
establecido, la importancia de los vínculos entre ―compañeros/as‖ y la resistencia
―desde abajo‖.
El análisis de las voces de sus trabajadores/as y de las marcas memoriales
inscriptas en el lugar da cuenta de que estos componentes temáticos de la narrativa del
sitio guardan relación con los actores que participaron de su construcción. A su vez,
sugiere que a partir de la misma, sus gestores/as buscan convencer a los/las visitantes de
que vale la pena conocer los proyectos de transformación social de aquellos/as
militantes para continuarlos, bajo nuevas formas, en el presente.
La transmisión de una narrativa de este tipo implica enfrentar tensiones
relacionadas tanto a los acontecimientos a representar como a las formas de hacerlo. En
un sentido similar a lo que señala Cueto Rúa (2008) cuando analiza las memorias
construidas por la agrupación HIJOS La Plata, en el ex Olimpo se combinan ciertos
elementos de la narrativa humanitaria –por ejemplo, la inscripción de la represión
estatal bajo la categoría de terrorismo de Estado y la refutación de la ―teoría de los dos
demonios‖– con un reconocimiento de la militancia revolucionaria durante los años
previos a la última dictadura. Si tenemos en cuenta que desde la transición democrática
se instaló en el sentido común el repudio a la violencia en todas sus formas, narrar las
experiencias de personas que se convirtieron en víctimas de la represión estatal por
luchar para subvertir el statu quo tomando las armas es un desafío. En otras palabras:
¿Cómo reivindicar esas militancias sin ―bajar línea‖ ni producir el alejamiento de
190
quienes no comparten el mismo universo de sentidos? Observamos que los/las
trabajadores/as del equipo enfrentan este difícil reto a través de diversas estrategias.
Por un lado, para el abordaje de un tema tan controversial como sensible como la
lucha armada, dan a conocer las historias de las personas detenidas-desaparecidas –con
los detalles de sus espacios de militancia, sus formas de lucha y organización– a partir
de la voz de sus afectos y compañeros/as, presentes en las carpetas de la sala Eso no que
no pudieron destruir, Historias de vida, y de los objetos exhibidos allí. Es decir, el peso
de estos temas no descansa en la voz de los/las guías, sino en la sala que habilita un
recorrido libre. Si bien allí estos/as responden preguntas cuando aparecen y se muestran
dispuestos/as a conversar, son los/las visitantes quienes ―descubren‖ los detalles de esas
historias.
Por otro lado, abordan las ―zonas grises‖ de la participación civil durante la
última dictadura al compartir anécdotas de quienes estaban puertas afuera del CCDTyE:
los/las vecinos/as. Así, cuestionan la supuesta ajenidad de la sociedad respecto de lo que
ocurría adentro del CCDTyE y, al mismo tiempo, llaman la atención sobre las ocasiones
en las que ―miramos para otro lado‖ o tenemos miedo de comprometernos en la
actualidad. A través de estas historias, los/las gestores del sitio toman posición sobre la
vulneración de los derechos humanos en el presente y convocan a los/las visitantes a
discutir temas de la coyuntura política.
A partir de la idea de que la transmisión es un intercambio, una negociación
entre generaciones, en el tercer capítulo analizamos cómo interactúan los/las jóvenes
con la narrativa y la propuesta pedagógica del ex Olimpo. Atendimos a los significados
que estos/as construyen a partir de su paso por allí y diferenciamos los elementos
asociados a la dimensión afectiva y emocional de la visita y aquellos que dan cuenta de
la comprensión racional del pasado.
Al conversar con los/las jóvenes durante las entrevistas constatamos que no
todos/as se sienten interpelados/as del mismo modo al interactuar con el Espacio. No
obstante, ninguno de ellos/as manifestó desinterés después de la visita. Como
expresamos en la introducción, una de nuestras primeras inquietudes fue indagar si
luego de años de implementación de políticas públicas de memoria, sumados a la
distancia temporal respecto de los hechos de la última dictadura, se había producido
saturación y/o hastío en las nuevas generaciones.
Aunque en las visitas que observamos algunos/as de los/las jóvenes
permanecieron en silencio, mirando sus teléfonos celulares o manteniendo
191
conversaciones sobre otros temas con sus compañeros/as, a la hora de conceptualizar
sus vivencias en el sitio, abrieron un universo de sentidos y reflexiones sobre el pasado
y el presente que nos permiten afirmar que la visita constituye una experiencia (Larrosa
Bondía, 2006), en tanto los/las transforma, pone en riesgo sus prenociones y, sobre todo,
moviliza sus emociones.
Explicamos que la potencia transformadora de la visita radica,
fundamentalmente, en que promueve situaciones que los/las ayudan a abrirse y
exponerse a la alteridad de las experiencias de los actores del pasado, pero también a la
de sus padres, madres, tíos/as, abuelos/as y a esos otros/as que son los/las
trabajadores/as del Espacio, con sus posicionamientos y miradas acerca de lo que pasó
allí y sus lecturas sobre los conflictos sociales del presente. En consecuencia, esta
pluralidad de voces de distintas temporalidades que confluyen en los recorridos
representa uno de los aspectos más interesantes de las visitas.
Luego de haber transitado por el sitio de memoria, los/las jóvenes expresan que
lograron, muchos/as de ellos/as por primera vez, imaginar y dimensionar la magnitud
de los crímenes cometidos por los represores a través de una conexión corpo-sensorial y
afectiva. A partir del análisis de sus discursos mostramos que, si bien se vinculan con
las experiencias pasadas desde la razón y la ideología, son sus emociones y sensaciones
las que tienen un lugar protagónico en la experiencia. El cuerpo deviene, así, en un
escenario de aprendizaje en el cual las nuevas generaciones entraman lo personal y lo
público, donde sentir abre paso al conocimiento.
Pese a que los/las entrevistados/as llegaron con distintos niveles de información
e involucramiento respecto de lo que iban a encontrar en el ex Olimpo, todos/as
esperaban tener allí una vinculación distinta con la historia a la que consiguen por otros
medios. En tanto se trata de un pasado que sienten lejano, precisan visualizarlo,
materializarlo y corporeizar a los sujetos que lo protagonizaron. Esto se relaciona, en
parte, con los modos más usuales a través de los cuales los/las jóvenes procesan
información y acceden al conocimiento en la actualidad: viven rodeados/as de estímulos
visuales, en especial, de imágenes multimediales. Pero, a su vez, se explica atendiendo
al marco en el cual realizaron la visita.
Como las experiencias de los/las jóvenes con quienes conversamos se dieron en
el contexto de una salida escolar, consideramos que no pueden comprenderse por fuera
del marco de la cultura de la escuela, con sus formas de interacción entre los sujetos, sus
modos de producción del saber, sus normas, sus rituales y sus prácticas (González,
192
2014). En dicho ámbito, la enseñanza de la historia reciente está centrada en las
explicaciones que ofrecen los/las docentes. Pese que, como han mostrado otras
investigaciones (González, 2014; Pappier, 2017) muchos/as de ellos/as trabajan desde
múltiples perspectivas y con una variedad amplia de recursos para acercar a los/las
estudiantes a las experiencias pasadas, la institución en la cual inscriben sus prácticas es
una organización jerárquica y reglamentada (Raggio, 2017b). Dicho de otro modo,
los/las jóvenes no toman decisiones respecto de qué desean saber de aquellas
experiencias y cómo quieren aproximarse a las mismas.
En este sentido, salir de la escuela implica para ellos/as la oportunidad de
obtener información pero, sobre todo, de vivenciar situaciones distintas a las del aula. A
esto se suma el hecho de que visitar el lugar donde transcurrieron los hechos que están
estudiando les genera expectativas de poner en escena y objetivar los relatos de sus
docentes.
Como analizamos en las entrevistas, en general los/las jóvenes valoran las
explicaciones de los/las guías para interpretar las huellas que aún perduran en el lugar y
sostienen que ―estar ahí‖ es una vivencia insustituible. La materialidad del sitio les
produce un impacto muy fuerte, así como aquellos aspectos de la narrativa del ex
Olimpo que suelen ser menos trabajados en el aula, como las historias de vida de las
personas detenidas-desaparecidas y las experiencias de los/las vecinos/as del ex
CCDTyE. Dicho de otro modo, los/las jóvenes se sienten interpelados/as por aquello
que es distinto a lo que aprenden en la escuela. En consecuencia, advertimos que se
produce un desajuste entre la expectativa que tienen los/las guías del sitio de
profundizar en el contexto histórico y en las condiciones de posibilidad del terrorismo
de Estado, principalmente durante la introducción de la visita, con aquello que los/las
jóvenes recuerdan y valoran de ella.
Por otra parte, en relación con las formas de acercarse a las experiencias pasadas
que propone el sitio, aunque algunos/as jóvenes reclamaron imágenes más vívidas a
través de reconstrucciones de los sectores del ex CCDTyE o mediante la incorporación
de recursos multimediales, la mayoría expresó no necesitarlos. En cambio, todos/as
valoraron positivamente la inclusión de las anécdotas y de las poesías del ―Viejo
Guillermo‖, ya que les permitieron escenificar mentalmente un espacio que encontraron
en primera instancia ―vacío‖ y acercarse a lo que sintieron las personas detenidas-
desaparecidas. Como sea, una de las cuestiones que evidenciamos es que para las

193
nuevas generaciones, la comprensión racional de la historia no es suficiente para la
apropiación de las experiencias pasadas.
Así, los/las jóvenes aportan nuevas capas de sentido al antiguo, pero siempre
vigente, debate sobre la representación de las experiencias traumáticas (Friedlander,
2007) y a las discusiones que tuvieron lugar en nuestra región durante los procesos de
―recuperación‖ de los CCDTyE. Parafraseando a Dussel (2016): ¿la interacción con el
sitio produce solo una ―empatía sentimentalista‖ más asociada a la piedad que al ―sentir
con otros/as‖ para identificar las causas de lo que les pasó?, ¿en qué medida la
conmoción puede traducirse en conocimiento y acción?
Estas preguntas son constitutivas de los retos cotidianos que enfrentan quienes se
dedican a la transmisión de las experiencias pasadas a las nuevas generaciones. Aunque
no existen respuestas unívocas ni definitivas, en las voces de los/las jóvenes que
visitaron el ex Olimpo visualizamos algunas orientaciones. Para quienes no vivieron en
carne propia el trauma, el uso de recursos estéticos abre interrogantes hasta entonces
dormidos y penetra allí donde la explicación histórica muchas veces no puede llegar. En
este sentido, observamos que el arte funciona como una herramienta poderosa para
―hacer creer‖ (De Certeau, 1979) y, desde allí, construir conocimiento. La particular
combinación de las poesías leídas durante las visitas, en diálogo con las huellas
materiales y con los testimonios de los/las sobrevivientes y los/las vecinos/as, fue el
aspecto más destacado por los/las jóvenes entrevistados/as. Como mencionamos
anteriormente, pese a que los/las guías dedican un tiempo extenso al comienzo de las
visitas a explicar las causas que llevaron a las desapariciones, las torturas y los
asesinatos durante la última dictadura, luego de transitar con el cuerpo el ―pozo‖ y
conocer las historias de vida de quienes estuvieron allí, los/las jóvenes pudieron
formular preguntas más genuinas acerca de aquel contexto y cuestionarlo. Entonces, la
comprensión racional de las experiencias pasadas adquiere un sentido más profundo a
partir de un acercamiento a las mismas desde la empatía, los sentidos y las emociones.
En las voces de las/los jóvenes advertimos que la narrativa humanitaria sigue
teniendo un gran peso: interpretan los acontecimientos de la última dictadura como
terrorismo de Estado y, aunque mencionan los compromisos políticos de las personas
detenidas-desaparecidas, predomina entre ellos/as una idea vaga sobre los mismos que
se traduce en la afirmación de que fueron perseguidas por ―pensar diferente‖.
Luego de visitar el ex Olimpo, la mayoría de ellos/as logró conocer más de cerca
las vidas de estas personas, en especial, cuáles eran sus deseos, sus intereses y sus
194
vínculos afectivos. En nuestras conversaciones destacaron los aspectos más íntimos y
personales de sus experiencias. Por el contrario, los conflictos sociales, políticos e
ideológicos de los cuales formaron parte durante los años setenta, no estuvieron en el
centro de sus relatos. Aunque, como expusimos en el primer capítulo, uno de los
propósitos del proyecto pedagógico del sitio es transmitir las experiencias pasadas desde
una perspectiva historiográfica que inscribe las luchas de las personas detenidas-
desaparecidas en luchas populares más amplias, la mayoría de los/las jóvenes no
hicieron referencia a este aspecto luego de la visita. En cambio, sí manifestaron que la
visita les permitió humanizar a los/las protagonistas de esas experiencias y, en
consecuencia, descubrir los elementos en común entre sus propias vidas y las de
aquellos/as. Por ejemplo, destacaron que eran estudiantes, tenían amigos/as, familia,
hacían distintas actividades artísticas o deportivas y se rebelaban contra las injusticias
sociales. De esta forma, los valores de la solidaridad y el compromiso que los/las
gestores/as del sitio transmiten en las visitas se expresan en las voces de la mayoría de
los/las jóvenes entrevistados/as.
Sin embargo, la militancia armada que tuvieron algunas de las personas
detenidas-desaparecidas no tiene un lugar protagónico en sus discursos. Es decir,
predomina en las voces de los/las jóvenes uno de los componentes de la narrativa del
sitio: la memoria militante en clave democrática. Solo uno de los/las entrevistados/as,
quien participa en una agrupación dentro de la coalición política Juntos por el Cambio,
le otorgó un lugar de peso a las experiencias de quienes participaron en organizaciones
armadas y expresó disconformidad con el hecho de que estas estén incluidas en la visita.
En línea con las argumentaciones de la ―teoría de los dos demonios (recargada)‖
(Feierstein, 2018), que circularon en los medios de comunicación en el periodo que
analizamos, sostuvo que en el ex Olimpo, y en otros sitios de memoria, debería narrarse
una ―historia completa‖.
El caso de este joven expresa, en parte, el contexto en cual desarrollamos esta
investigación (2015-2017). Durante aquellos años, los discursos y las políticas públicas
de memoria del macrismo entraron en conflicto con los relatos de los/las gestores/as del
ex Olimpo y también se hicieron eco en las voces de los/las jóvenes. Excepto el caso
citado, no advertimos en ellos/as una adhesión a los discursos negacionistas y
relativistas sobre el pasado reciente sostenidos por los funcionarios gubernamentales.
No obstante, manifestaron distintas posiciones respecto de las críticas que los/las guías
hicieron durante las visitas al accionar del gobierno, en particular, en relación con las
195
violaciones a los derechos humanos actuales. Algunos/as jóvenes consideraron que la
visita debía circunscribirse a lo que pasó en el lugar, es decir, ceñirse a una ―memoria
literal‖ (Todorov, 2000) alejada de posiciones ―politizadas‖. Otros/as expresaron estar
de acuerdo con los/las guías y valoraron positivamente la inclusión de temas de la
coyuntura en el recorrido por el sitio.
Más allá de estas diferencias, que a su vez están atravesadas por diversos
matices, advertimos en sus discursos un aspecto en común: no enlazan las violaciones a
los derechos humanos durante la dictadura con las prácticas represivas del presente
democrático. Si bien algunos/as de ellos/as reconocen y critican la violencia ejercida por
las Fuerzas de Seguridad en la actualidad, no la explican utilizando referentes del
pasado reciente. Durante las conversaciones que tuvimos luego de las visitas, algunos/as
comentaron que ir al sitio de memoria puede servir para tomar conciencia de las
injusticias que aún perduran en nuestra sociedad. Sin embargo, luego de ser
interrogados/as acerca de los vínculos entre pasado y presente (que es uno de los ejes
centrales de la narrativa que propone el Espacio), establecieron una oposición tajante
entre dictadura y democracia. Para ellos/as, la diferencia significativa entre ambos
momentos históricos, es que en la actualidad tienen la posibilidad de expresarse con
libertad, de opinar y actuar sin tener miedo a ser perseguidos/as.149 Consideramos que
estas ideas dan cuenta de la pregnancia que aún tiene la narrativa del Nunca Más que,
por un lado, sostiene que las personas detenidas-desaparecidas fueron perseguidas por
―pensar diferente‖ y, por el otro, propone una dicotomía entre dictadura y democracia.
Pero, además, advertimos que esta diferenciación se vincula con sus lecturas
sobre la coyuntura que les toca vivir. Los/las jóvenes entrevistados/as trazaron una línea
clara entre la generación de sus madres, padres y abuelos/as y la propia. Para ellos/as el
acceso a la información y la posibilidad de escuchar distintas versiones sobre la realidad
política y social, les permite ser más críticos/as de los discursos que circulan
socialmente y ser ideológicamente más independientes que quienes los/las anteceden. A
la vez, hace que pongan en duda todos los relatos. Es decir, prima entre ellos/as una
actitud de desconfianza frente a las explicaciones de los/las adultos/as.

149
Somos conscientes de que estas afirmaciones pueden matizarse. Los/las jóvenes con quienes
conversamos, pese a que pertenecen a sectores sociales diversos, viven en la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires o en zonas colindantes a ella. Como demuestran Crenzel (2011) y la experiencia
desarrollada por el Programa Jóvenes y Memoria de la Comisión por la Memoria de la Provincia de
Buenos Aires, en las voces de otros/as jóvenes de barrios castigados del Conurbano Bonaerense, se
expresa una continuidad entre las violaciones a los derechos humanos pasadas y presentes que se traduce
en miedo a la represión estatal en sus vidas cotidianas.
196
En este sentido, tanto aquellos/as que comparten total o parcialmente los puntos
de vista de los/las guías del ex Olimpo, como quienes los cuestionan, no permanecieron
indiferentes cuando estos/as expresaron abiertamente una postura crítica respecto de las
acciones del gobierno. Dicho de otro modo, los relatos de las/las trabajadores del sitio,
pusieron a los/las jóvenes en la situación de tomar una posición.
Si bien es cierto que estos/as últimos/as no siempre manifestaron verbalmente
sus posicionamientos durante las visitas, en las entrevistas que realizamos todos/as
los/las jóvenes comentaron que al llegar a la escuela y/o a sus casas, plantearon las
inquietudes que les quedaron pendientes y participaron de conversaciones con otros/as
en las que expresaron sus acuerdos y disidencias.
De esta manera, advertimos que el carácter beligerante del sitio de memoria en
tanto territorio, no solo se expresa en las disputas que allí se dan sobre el pasado
cercano, sino también sobre el presente.
Luego de transitar el largo camino de esta investigación, podemos sostener que
las experiencias de los/las jóvenes en el ex Olimpo, y por qué no en otros sitios de
memoria, no pueden pensarse por fuera del contexto político y social en el cual se
despliegan. El sitio funciona como una caja de resonancia de las discusiones y
problemáticas que se dan socialmente. En él, sus gestores/as, a partir de sus acciones
cotidianas, hacen lecturas de la coyuntura y construyen posiciones. A su vez, quienes lo
visitan, dialogan con ellos/as e interpretan sus relatos desde sus representaciones
previas, sus expectativas y sus preocupaciones presentes y futuras.
Sin dudas, la visita al ex Olimpo es un acontecimiento dentro de un conjunto de
otras experiencias formativas. Así como los sitios no pueden explicarlo todo, sus
visitantes tampoco buscan resolver todas sus inquietudes allí. Las voces de los/las
jóvenes que analizamos en esta investigación, dan cuenta de que, más allá de la
información que aprenden en el sitio, lo que hace única y significativa la experiencia de
visitarlo es la posibilidad que les ofrece de conectarse afectivamente con las
experiencias vividas por los actores del pasado. Esto confirma, una vez más, la
importancia de la conformación de estos sitios de memoria y de la difusión y el
crecimiento progresivo de los mismos.
Estas son las conclusiones a las que arribamos en esta etapa de la investigación.
Como mencionamos en la introducción, debido a nuestras posibilidades durante el
trabajo de campo y a los alcances establecidos por nuestros objetivos, quedan muchas

197
aristas para desarrollar de aquí en más, ya sea en nuestra propia investigación como en
estudios de otros/as colegas.
En primer lugar, consideramos que es necesario profundizar en las relaciones
entre las escuelas y los sitios de memoria, en particular, indagar en cómo se articulan
estos dos espacios formativos para la transmisión de las experiencias pasadas. Para
alcanzar este objetivo sería conveniente extender el trabajo de campo a las aulas, tanto
antes o después de la realización de las visitas, así como realizar entrevistas a los/las
docentes para conocer cuáles son los motores que los/las impulsan a ir con sus
estudiantes a un sitio de memoria y cómo piensan ellos/as esa experiencia.
En segundo lugar, y abriendo otra línea, podría ampliarse la muestra a jóvenes
que visitan el Espacio en un contexto distinto al escolar. En el caso del ex Olimpo,
debido a que el recinto que funcionó como CCDTyE solo puede visitarse en el marco de
una visita acompañada por un/a guía, una posibilidad es estudiar cómo impacta la visita
en jóvenes que concurren al Espacio en otros grupos organizados, como son las
organizaciones sociales y políticas de distintos signos ideológicos y/o turistas locales y
extranjeros/as. Esto permitiría ahondar en la diversidad de experiencias que se dan
dentro de una misma generación, incorporando otras variables que complejicen los
resultados obtenidos.
En tercer lugar, creemos que sería interesante –y necesario– estudiar desde una
perspectiva comparada diferentes sitios de memoria, para conocer las semejanzas y
diferencias entre sus propuestas pedagógicas e indagar en cómo los/las jóvenes
interactúan con ellas en cada caso. De esta manera, podría obtenerse un mapa más claro
de cómo opera la transmisión en los distintos sitios y de los desafíos que estos enfrentan
en el presente.
Finalmente, luego de haber transitado estos años de estudio, somos conscientes
de que la continuación de estas líneas de investigación es una tarea ambiciosa que
precisaría de un ajuste en la propuesta metodológica. Teniendo en cuenta los avances en
las investigaciones que se están llevando a cabo recientemente en Chile, en particular
por los equipos coordinados por Isabel Piper Shafir (2015, 2018), consideramos que
sería fructífero, además de realizar entrevistas individuales, conversar con los/las
jóvenes en pequeños grupos antes e inmediatamente después de terminar la visita, para
poder observar con mayor agudeza sus representaciones previas y cómo reconstruyen y
elaboran la experiencia con sus pares. Para afrontar los desafíos que plantea esta tarea,
demasiado compleja y amplia para ser abordada en solitario, sería deseable la
198
conformación de un equipo interdisciplinario que pueda abarcar una muestra más
amplia, pero sobre todo discutir desde distintas perspectivas (histórica, antropológica,
sociológica, pedagógica, artística y museográfica) las complejidades que trae consigo
asir una multiplicidad de experiencias. Ojalá este trabajo sea un aporte para avanzar en
este sentido.

199
ANEXO

Selección de poemas utilizada en las visitas guiadas del Espacio para la Memoria
y la Promoción de los Derechos Humanos ex CCDTyE "Olimpo", extraídas de
frente a la tortura.
Ramírez (1986). Agradezco a los/las trabajadores/as del sitio por facilitármela.

Elías- Horacio

Días y días de harina de maíz Ruptura de toda referencia


hervida y nada más.
el pan es el gran ausente con el exterior
Y una provocación: y el campo
o no hay cualquier intento de vínculo
o no alcanza para todos. es severamente castigado.

Los guardias vienen a regodearse Aún así


a la hora del reparto. una red solidaria
saben que nuestra ansiedad alcanza los más aislados rincones.
a veces provoca disputas.
―…Mariano, el cocinero,
Es un desafío y lo aceptamos. nombre que llegó
portando tus valores
―… hay 8 pancitos y somos 14. mucho antes que vos:
Comeremos la mitad no falla
y la otra para cuando el hambre ni en las peores condiciones.
retuerza las tripas.
¿cómo guardarlos, Esperanza de aliento
en quién confiar? a la hora en que
Por unanimidad el reparto de comida
-casi un reflejo instintivo- te trae con nosotros.
Elías y Horacio
serán los custodios. A tu paso
crece nuestra fuerza
Es la hora acordada, a tu paso
el pan se reparte enfurecen los represores…‖
sin una migaja de menos,
imagino en los ojos de todos Inés
un destello de triunfo‖
A las camas nos llega el delirio
que acontece
Mariano en el patio contiguo
uno
Para vulnerar la entereza dos
de los secuestrados: tres
la soledad. o más.
cada uno consigo mismo

200
Son durante golpeados con cadenas, un fuerte vínculo
una secuestrada es obligada nos une…‖
a simular desgarradores
quejidos de dolor Pequi
para quebrantar al que
está en la tortura, De a dos, engrillados,
atronadoras marchas nazis Cargando cada uno
se mezclan con El colchón y la manta
estridentes carcajadas En medio de un gran despliegue
de los torturadores con gritos y amenazas,
en una partida de truco. esperamos el traslado.
Por alguna razón táctica
―… te descubro Los represores vacían El Banco
allá sentada en un banco,
inmóvil de las manos O angustiante incertidumbre
sobre las rodillas Por momentos hecha pánico,
y los ojos cegados No impide oír los martillazos
por un enorme tabique. Que arrancan de los quirófanos
Las planchas metálicas.
Siempre igual
por horas y horas El traslado es completo:
que se hacen días los torturaros
sin tener donde los torturadores
apoyar la espalda, la tortura.
en medio de ese infierno
capaz de enloquecer a cualquiera. ―…casi todos sentados en el suelo
en una vigilia
Quisiera ayudarte que dura varias horas,
y no puedo. y una mano
Me cambian de cama acaricia suavemente mi cabeza
y ni te veo para darme ánimo,
me duermo como al pasar para no ser vista.
me duermo
me duermo. Te reconozco:
Un peso a los pies ¡Pequi!
viene a despertarme,
levanto un poco la cabeza Con los meses sabremos
y allí estás acurrucada. Los caídos recientemente
¿Qué haces aquí? De tu grandeza humana,
¿Quién sos? De tu entereza militante…‖
Y hay más sobre las otras camas
y acostadas en el piso.
Por debajo del tabique Mori
Nos contemplamos un instante.
Me dices: El Banco quedó atrás,
¡Hola Guillermo! Este campo El Olimpo
¡Yo soy Inés! es de pasillos más anchos
y celdas más espaciosas.
Las lluvias inundaron las celdas, Los guardias a veces
desde entonces abren las puertas
201
y hasta autorizan Solamente paredes sin ventanas
a pararnos delante. y techos sin claraboyas,
todo de hormigón,
―…por debajo del tabique bajo un gran tinglado de chapa
alcanza a ver con gruesas paredes
hasta el fondo del pasillo. de ventanas cegadas,
Una escenografía a la que se asoman para que la vida allá afuera
girones de vida transcurra sin sobresaltos,
en busca de otras vidas. ignorante de este reino del terror
en plena ciudad instalado.
Y allí te encuentro, Mori,
erguida Premonitoriamente –creo-
con los brazos cruzados, un día comienza el derrumbe:
apoyada en el marco de la puerta, los pisos se hunden, las paredes se
el tabique resaltando tu joven cabeza y rajan,
esa generosa sonrisa las puertas no cierran, el techo amenaza
que el terror no consigue apagar. caerse,
las celdas se inutilizan
Mientras compartimos nuestras y tienen que desalojarlas.
presencias,
reptando entre los guardias ―… de allí conseguiste el puñadito
una noticia se filtra en la celda de tierra, Willy,
portadora de una cómplice esperanza: con el que pacientemente
lograste traernos
Cumple 2 años hoy el hijo de un poco de vida
Mori
¿Por qué no le haces un dibujo? Nos arriesgamos hasta tu celda
para ver el milagro
En un trocito de papel verde claro producto de la complicidad
como un hijo hacia la madre de la naturaleza con tu voluntad:
desanda el pasillo un cachorrito un tallo verde con dos hojitas.
y trepa a tu memoria.
Para que a él también Lo vivimos como un homenaje
En este día Mori, A tu hijo recién nacido
lo acaricies y lo beses todo -te dejaron hablar por teléfono-,
y lo arropes después del baño…‖ Como un canto a la vida,
Como un canto a la lucha.

Willy
Matías
A El Olimpo
como campo de concentración Dentro de la estrategia
le cabe muy bien del terror generalizado,
la acepción de ―pozo‖ no hay límites
para los represores.
Es como estar sepultados Toda persona
sin cielo hombre
sin sol mujer
sin luna niño o
sin viento anciano
202
puede ser objeto de secuestro
Trato de atravesar
―…despacito de abre la capucha gris
la puerta de la celda que me retiene
y el temor reflejo en la noche.
me hace descolgar Trato de atravesar
de la cucheta, las gruesas paredes
pararme y echarme a andar
y acomodar el tabique. por la Avenida Libertador
al encuentro de la vida.
Espero alguna amenaza:
silencio Darío
silencio Habías estado aquí y…
silencio ¡Gracias hermano!
algo que me tira Ayuda saber
del pantalón dónde te tienen…‖
pronuncia un ¡hola!
a media lengua Guarincho
¡Matías!
Me echa una sonrisa La necesidad de enmascarar los campos
de tres años y enfila Llevó a que fueran instalados
hacia el pasillo En lugares
a provocar nuevos asombros, de escasas dimensiones.
se asoma a otra puerta, Por esas razones
cruza a la de enfrente, como parte de la tortura
toma algo del suelo, el aislamiento
y se va hacia el lavadero se lo intenta
saltando en una pierna. con recursos síquicos
más que físicos:
Allí está su madre…‖ que cada uno se convierta
en su propio carcelero.
Aunque a veces entre nosotros
Darío Estemos al alcance de la mano.

Para los traslados saber ante quién estás


utilizan un furgón se vuelve tan imperioso
con caja metálica. como saber dónde estás,
Imposible tener pero siempre implica riesgos.
alguna referencia
del camino que hacen, ―…conocía solamente retazos de vos
menos aún por debajo del tabique
cuando intencionadamente y nunca cruzamos
dan largos rodeos ni media palabra,
antes de dirigirse pero como al descuido
a destino. en la puerta de la celda
te arriesgas a dejar
―… sé donde estoy, prendido un susurro:
lo supe desde el primer día Guillermo, cuidate de…
a pesar del hermetismo
del traslado. Comprendí entonces
203
que era posible.
Que detrás de los tabiques
continuaban las miradas,
que en las bocas amordazadas
seguían fermentando las palabra

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