Filosofía Medieval
1 Neoplatonismo ............................................................................................................ 2
2 Hipatia de Alejandría .................................................................................................. 3
Aportaciones a las Matemáticas y la Astronomía .......................................................5
Pensamiento Racional y Conflicto Religioso ..............................................................5
3 La patrística. ................................................................................................................ 6
4 San Agustín de Hipona ............................................................................................... 8
Razón y Fe ....................................................................................................................... 9
La Ciudad de Dios ......................................................................................................... 16
5 La Aparición de la Filosofía Árabe ............................................................................ 18
6 La Escolástica ............................................................................................................ 20
Tomás de Aquino (1225-1274): Síntesis entre Fe y Razón .........................................21
Guillermo de Ockham (c. 1287-1347): Crítica al Tomismo y el Nominalismo ...... 22
La filosofía medieval representa un periodo de profunda fusión entre el
pensamiento clásico y la teología cristiana, donde los filósofos buscaron responder
a preguntas sobre la naturaleza de Dios, el alma, y el conocimiento.
Filosóficamente como primer hito nos encontramos con el neoplatonismo. Esta
corriente fundada por Plotino en el siglo III, ofrecía una visión del universo como
una emanación de una realidad trascendental, "lo Uno". Este sistema de
pensamiento influyó en varios filósofos, entre ellos Hipatia de Alejandría, quien fue
una importante defensora de la razón y la ciencia. También veremos que esta
corriente de alguna forma antecedió la síntesis de lo racional con lo espiritual que
luego veríamos en algunos de primeros teólogos de la cristiandad.
Entre estos teólogos nos encontramos San Agustín de Hipona, una de las figuras más
influyentes en este contexto. Aunque su pensamiento se centra en el cristianismo,
su obra está marcada por una poderosa influencia neoplatónica, lo que lo convierte
en un puente entre la filosofía clásica y la teología cristiana.
En este recorrido, también se abordará la escolástica, un enfoque filosófico-
teológico que surgiría en la Edad Media con el propósito de sistematizar y armonizar
la fe y la razón. Este método culminaría con pensadores como Santo Tomás de
Aquino, quienes continuarían la labor de San Agustín al incorporar la filosofía
grecorromana en el contexto cristiano, sentando así las bases del pensamiento
medieval.
Por supuesto también visitaremos la influencia que tuvo al final de esta época la
aparición de la Filosofía árabe y el reencuentro con muchas obras de Aristóteles que
estuvieron a punto de perderse.
1 Neoplatonismo
El neoplatonismo tardío fue una corriente filosófica que alcanzó su auge en los
siglos III y VI d.C., consolidando las ideas de Platón con influencias de la filosofía
oriental, especialmente en los aspectos místicos y teológicos. Este movimiento,
iniciado por Plotino, se caracterizó por su intento de integrar y trascender las
filosofías griegas tradicionales, ofreciendo una síntesis que permitía la unión de la
razón y la espiritualidad.
Plotino, considerado el fundador del neoplatonismo, desarrolló una doctrina en
torno a la idea de "lo Uno", una realidad suprema y trascendental de la cual emana
toda existencia. Según esta teoría, el universo es una serie de emanaciones
jerárquicas que descienden desde lo Uno hacia el mundo material. La primera
emanación es el Nous, o Inteligencia Divina, que contiene todas las ideas y formas
de la realidad. La segunda es el Alma, que actúa como intermediaria entre el Nous
y el mundo físico. Este proceso de emanación fue clave en la explicación
neoplatónica del origen del universo y de la multiplicidad en la unidad.
El neoplatonismo tardío fue enriquecido por otros pensadores, como Porfirio,
Jamblico y Proclo, quienes expandieron la doctrina de Plotino y profundizaron en
la dimensión teúrgica o mística de la filosofía. Jamblico, por ejemplo, introdujo
prácticas rituales y teúrgicas que permitían al alma acercarse a lo divino, mientras
que Proclo desarrolló un sistema más estructurado y jerárquico de los principios
metafísicos, estableciendo un orden cósmico aún más complejo.
Este pensamiento tuvo una gran influencia en la filosofía medieval, especialmente
en pensadores cristianos como Agustín de Hipona y Pseudo-Dionisio Areopagita, y
más tarde en la filosofía renacentista. La importancia del neoplatonismo tardío
radica en su capacidad de fusionar filosofía y religión, ofreciendo una visión del
mundo donde el conocimiento intelectual y la experiencia mística se unían en el
camino hacia la trascendencia.
¿Quién
fue
Plotino?
2 Hipatia de Alejandría
Hipatia de Alejandría (c. 355-415 d.C.) fue una destacada filósofa, matemática y
astrónoma de la antigüedad tardía. Su vida y obra estuvieron profundamente
vinculadas a la ciudad de Alejandría, un importante centro cultural y académico en
el mundo grecorromano. Como figura influyente de la escuela neoplatónica de
Alejandría, Hipatia representa uno de los últimos grandes exponentes de la filosofía
y las ciencias clásicas en un momento de tensión política y religiosa, en el que el
mundo antiguo estaba transformándose por el auge del cristianismo.
Contexto Histórico
Hipatia nació en una época en la que Alejandría era un crisol de ideas y
conocimientos. Fundada por Alejandro Magno y famosa por su legendaria
biblioteca, Alejandría había sido un foco de saber durante siglos. Durante la vida de
Hipatia, la ciudad seguía siendo una referencia intelectual, aunque ya estaba bajo
la influencia del Imperio Romano y experimentaba tensiones religiosas debido a la
creciente expansión del cristianismo. Este clima cultural y social influyó en la
formación de Hipatia y en su posterior trágico destino.
Formación y Obra Filosófica
Hipatia fue instruida desde joven por su padre, Teón de Alejandría, un matemático
y filósofo destacado que fue su primer maestro y guía. Teón le transmitió un vasto
conocimiento en matemáticas, astronomía y filosofía, y desde muy joven Hipatia
mostró una gran habilidad en estas disciplinas. Pronto se convirtió en maestra y
lideró la escuela neoplatónica de Alejandría, donde enseñó a estudiantes de diversas
procedencias, muchos de ellos atraídos por su fama de sabiduría y por su destreza
pedagógica.
El pensamiento de Hipatia se inscribe en el neoplatonismo, más tardío. El
neoplatonismo de Hipatia era eminentemente racional, priorizando el uso de la
razón y el pensamiento lógico en sus enseñanzas y en su vida. A diferencia de otros
neoplatónicos, Hipatia no se inclinó hacia la teúrgia ni los rituales místicos, sino que
optó por un enfoque más científico y matemático del mundo.
Aportaciones a las Matemáticas y la Astronomía
Hipatia realizó importantes contribuciones a las matemáticas y la astronomía.
Entre sus aportes se encuentran los comentarios a la Aritmética de Diofanto y al
Almagesto de Ptolomeo. Su trabajo como comentarista y profesora no se limitó a
transmitir el conocimiento clásico, sino que buscó desarrollarlo y hacerlo accesible.
Uno de sus intereses era el estudio de las cónicas, una rama de la geometría que
estudia las propiedades de las secciones de un cono y que más tarde influiría en la
física y la astronomía.
En astronomía, su conocimiento incluía el estudio de los cuerpos celestes y sus
movimientos. Aunque no quedan pruebas definitivas, algunos estudiosos sugieren
que pudo haber trabajado en el diseño de astrolabios y en el perfeccionamiento de
otros instrumentos de medición astronómica.
Pensamiento Racional y Conflicto Religioso
El racionalismo y el espíritu científico de Hipatia la convirtieron en una figura
admirada por muchos, pero también en un símbolo controvertido en una época de
transformación religiosa. El cristianismo estaba en proceso de consolidarse como
religión dominante, y algunos sectores de la iglesia veían con desconfianza a los
filósofos paganos. Hipatia era cercana a Orestes, el prefecto romano de Alejandría,
y en su época hubo un fuerte conflicto entre Orestes y el patriarca cristiano Cirilo
de Alejandría. Este conflicto entre poder secular y poder religioso se intensificó
hasta que Hipatia, que era vista como una influencia sobre Orestes, fue considerada
una amenaza.
Muerte y Legado
En el año 415, Hipatia fue brutalmente asesinada por un grupo de cristianos
fanáticos en un acto de violencia que conmocionó a la ciudad de Alejandría y marcó
el inicio de una era de persecución contra los paganos y los intelectuales de las
tradiciones clásicas. Aunque su muerte fue en parte resultado de las tensiones
políticas de la época, también simboliza el choque entre el conocimiento racional y
el fanatismo. Su asesinato es recordado como un acto de intolerancia, y su figura ha
sido reivindicada como mártir de la ciencia y la libertad de pensamiento.
La Influencia de Hipatia en la Historia
Hipatia es un símbolo de la resistencia del conocimiento y la ciencia en una época
en la que la razón se enfrentaba a importantes desafíos. Su figura fue reconocida en
siglos posteriores y su vida inspiró a poetas, escritores y científicos. En la filosofía
medieval, su recuerdo permaneció en la memoria de algunos pensadores, y en la era
moderna ha sido vista como un ícono de la libertad intelectual.
La obra y el legado de Hipatia representan una síntesis de la ciencia y la filosofía del
mundo antiguo. A través de su enseñanza y de su dedicación a las matemáticas y la
astronomía, Hipatia contribuyó a preservar la sabiduría clásica y es recordada como
una de las primeras mujeres en destacarse en la historia de la ciencia. Su vida nos
recuerda la importancia de la razón y el conocimiento en cualquier época, así como
el valor del pensamiento crítico y libre.
Cuestiones:
Buscar el artículo “Justicia Poética” de Amelia Valcárcel y realizar un comentario
de texto.
3 La patrística.
El cristianismo parte de una teología y tradición
extensa como la judaica, pero con todo tiene que
marcar características propias en cuanto a ideal
escatológico y mesiánico nuevo. A nivel de
organización tampoco pueden seguir utilizando
la misma jerarquización del mundo hebreo,
pues el cristianismo pretender ser un pueblo
mayor que el de las doce tribus de Israel.
Además, se da la circunstancia que la mayor
expansión del cristianismo se da en un entorno
romanizado que es bastante ajeno a las claves intelectuales judaicas, pese a partir
de una religión con una larga tradición como la judaica empieza a instaurarse en un
entorno cultural como el romano o el griego con una tradición y orígenes
totalmente extraños entre ellos.
El desafío que suponían muchas de las creencias cristianas para la filosofía hizo que
en los primeros siglos de nuestra era muchos autores lanzasen burlas y críticas
contra esta nueva religión.
Los cristianos respondieron a estos ataques con numerosas obras en las que
trataban de justificar sus ideas, basándose tanto en la fe como en los conceptos
propias del pensamiento griego. Los autores de estos escritos reciben el nombre de
apologetas o defensores de la fe. Entre estos autores, que vivieron entre los siglos II
y III d.C., algunos escribieron en griego, como Justino, clemente y Orígenes, y otros
se expresaron en latín, como Tertuliano.
La iglesia se fue institucionalizando copiando la estructura romana y para ello en
cada provincia romana un dirigente dentro de cada una de las provincias cristianas,
el obispo. Los obispos destacaran no solo como figuras religiosas sino también como
agentes políticos dentro de cada provincia romana. Entre los primeros teólogos
cristianos terminaron por imponer su visión del dogma cristiano los llamados
«Padres de la Iglesia», Evidentemente se han conservado con mayor “rigor” y “celo”
los que han sido considerado oficiales, pero hubo muchos teólogos que
contribuyeron al acervo intelectual de aquella época. El más importante fue Agustín
de Hipona (354-430) y después de su muerte el agustinismo fue la corriente
filosófica dominante hasta el siglo XII.
Es de justicia también señalar también las primeras madres de
la Iglesia y cuyo aporte cultural sin duda también tuvo su
importancia en cuestiones tan importantes para la religión
cristiana como la vida monástica. Primeras madres de la Iglesia
como Amma Maria, Sinclética de Alejandría o Melania la Mayor
participaron en la discusión teológica, aunque luego se haya
intentado borrar su figura y su importancia
Los escritos de los primeros autores cristianos se enfrentaban a
las críticas de los paganos, pero también a las distintas
interpretaciones acerca de las creencias fundamentales que definían al cristianismo
dada la extensión que iba adquiriendo la religión y su creciente número de
seguidores.
Por ello pronto se vieron obligados a convocar reuniones específicas llamadas
concilios, o sínodos, para resolver los problemas entre los que se mezclaba fe con
filosofía. A menudo, estas complejas disputas teológicas conducían a un grupo de
cristianos a adoptar un punto de vista alternativo al resto de los fieles. Los concilios
fueron la ocasión que permitió a la Iglesia condenar estas doctrinas heterodoxas,
declarando que se trataba de herejías inaceptables.
La palabra ortodoxia, que procede del griego, significa «recta opinión». Por su parte,
heterodoxia quiere decir «opinión diferente». Los concilios convocados por la Iglesia
sirvieron para establecer la doctrina oficial cristiana, considerada ortodoxa. Frente
a esta visión oficial, las herejías fueron tratadas como visiones heterodoxas, que se
desviaban de la correcta interpretación de la verdad.
Estos pensadores utilizaron a los autores y conceptos de la filosofía antigua para
justificar los dogmas de la religión cristiana frente a los paganos y a la herejía, sobre
todo a Platón y el neoplatonismo posterior.
Cuestiones:
¿Dónde crees que lo tuvieron más difícil las primeras comunidades cristianas?
¿En Jerusalén o en Roma? ¿Con quién se entenderían mejor?
¿Crees que las mujeres querrían participar en aquellas primeras comunidades?
¿Qué papel tendrían las mujeres en aquella época?
4 San Agustín de Hipona
Vida y obras
Agustín de Hipona nació en Tagaste, en la provincia de
Numidia, en el año 354 d. C. Era hijo de un padre pagano y
madre cristiana. Por lo que su formación también estuvo
divida entre estas dos realidades durante su juventud.
Además, ha de tenerse en cuenta que le tocó vivir una
época en la que el imperio romano también estaba entre
esas visiones religiosa, la pagana que empezaba a perder
protagonismo y un cristianismo en alza.
Su vida también se vio navegando entre esos dos mundos
y los dos los vivió con gran intensidad. El mismo en el libro
autobiográfico llamado las Confesiones nos narra cómo su
vida anterior a su conversión cristiana fue una vida llena
de excesos.
Tras una experiencia mística decide cambiar el rumbo de su vida y se dedica al
estudio de la teología, aunque siempre mantendrá un poso neoplatónico (sobre todo
de la obra de Plotino) que imprimirá carácter no solo en su obra sino en la de sus
discípulos y el mundo intelectual de su época.
La obra que dejó de este pensador es inmensa. Además de sus primeros diálogos
filosóficos (Contra Académicos, Soliloquios, De la vida feliz y De la verdadera
religión) y sus tratados de exégesis bíblica, destacan, sobre todo, su reflexión
autobiográfica Confesiones y la monumental Ciudad de Dios, en la que expone su
filosofía y su teología de la historia. Son también importantes sus libros Del libre
arbitrio y De la Trinidad.
Razón y Fe
Agustín de Hipona entendió y vivió la filosofía como una búsqueda de la sabiduría,
en consonancia con la tradición filosófica antigua, como una búsqueda del sentido
de la existencia, norma para la vida y fuente de felicidad durante toda su juventud.
Es por esto por lo que entiende su importancia como camino hacia la búsqueda de
verdad.
Pero a partir de su experiencia mística descubre que la Fe es lo que le proporciona
precisamente ese camino para encontrar la felicidad que la Razón por sí sola no es
capaz de darle. Por tanto, la verdad sin paliativos para San Agustín estaría en la Fe
y está tendría siempre la última palabra
¿Como se relacionan ambas entonces para Agustín?
Por un lado, para San Agustín la razón siempre será una herramienta para entender
la Fe. Es decir, la razón no es la verdad, pero puede darte las herramientas para
entenderla. Y por otro lado es la razón el lugar de encuentro con aquellos
intelectuales que no han encontrado aún la luz de la verdad revelada.
Es por esto que vemos que Agustín en su obra habla desde la razón, pero siempre
tiene como objetivo la Fe. Tanto para creyentes como para no creyentes.
Cuestiónes:
¿Qué es lo propio de la teología?
¿Qué es lo propio de la Filosofía?
¿San Agustín era más Filósofo o teólogo?
Teoría del conocimiento. La luz de la verdad
San Agustín frente al escepticismo radical de parte de
su educación afirma que todos somos capaces de
encontrar verdades en la que basarnos. Incluso la
persona más dubitativa y errada tiene al menos una
certeza bien segura. Si yo dudo y me equivoco en mis
juicios, es porque existo. Un razonamiento que después
veremos en Descartes y que en ambos casos sirve como
primer peldaño para una epistemología Platónica, pero
con un planteamiento propio. Para ello distinguirá
diferentes formas de conocimiento.
Como Platón, considera que la auténtica realidad no
consiste en el mundo material que podemos captar con los sentidos. De este mundo
podremos obtener un tipo de conocimiento que en paralelo a la teoría Platónica
podríamos ver como un conocimiento menor o de carácter más práctico.
Por encima se encuentra el conocimiento racional inferior, que se corresponde con
el saber científico, aquel que partiendo de la realidad que percibimos nos permite
acceder a verdades universales y necesarias como las matemáticas.
Por último, el grado superior de cocimiento es el racional superior, que consiste en
alcanza las verdades eternas e inmutables que constituyen la auténtica realidad.
Para un cristiano como San Agustín la teoría Platónica no se puede aceptar en su
totalidad. En el plano epistemológico la teoría de la reminiscencia seria contraria a
la Fe. Por ello San Agustín propone una teoría de la iluminación que trata de ofrecer
una respuesta para este problema.
Según Agustín de Hipona, los seres humanos somos capaces de aprehender verdades
inmutables y eternas porque Dios ha puesto las esencias en nuestro interior.
Nuestro filósofo no afirma la existencia de un mundo de las ideas, sino que las ideas,
las esencias pertenecen a Dios. Si queremos conocer la verdad auténtica e
imperecedera, nuestra búsqueda debe comenzar por nuestro interior. En lugar de
prestar atención al mundo material que nos rodea, tenemos que hacer un esfuerzo
de introspección para buscar la verdad dentro de nosotros mismos.
Esta búsqueda, sin embargo, es solo el primer paso, ya que la imperfección y la
limitación del ser humano harían imposible conocer las esencias sin la ayuda de
Dios. Así pues, Agustín de Hipona cree que el verdadero conocimiento se produce
cuando Dios ilumina el interior del hombre, permitiendo así que este alcance la
sabiduría.
La existencia de Dios
Entonces la Verdad suprema es Dios, de tal manera que
la demostración de la existencia de la certeza y de la
verdad coincide con la demostración de la existencia de
Dios. El esquema de la demostración racional de Dios
transita o bien desde las criaturas hacia Dios o bien
desde el interior del ser humano hacia su propia
realidad.
Las criaturas son cambiantes, contingentes, temporales, no pueden dar razón
última de su propio ser, no se pueden explicar a ellas misma, por lo tanto, hay que
postular la existencia de un ser absoluto, eterno, inmutable y necesario que sea su
artífice. Por analogía la belleza mundana es un indicio de la belleza divina.
En el caso del ser humano, cuando mira su interioridad también encuentra fuertes
indicios de aquello divino. Desea la felicidad completa, absoluta, perfecta que no
encuentra en este mundo. Esto debe tener un fundamento por el que tiene que
existir un ser que se corresponda con esa felicidad absoluta que el ser humano
desea.
Por otra parte, en su interioridad también descubre la presencia de «verdades
eternas», absolutas, inmutables y necesarias la causa de las cuales tiene que ser
proporcional, en consecuencia, tiene que haber un ser igualmente inmutable y
eterno que doy razón de esas verdades absolutas y este solo puede ser Dios.
Como vemos estos planteamientos estarán presentes en los desarrollos posteriores
de San Anselmo, Santo Tomas, o Descartes entre otros)
Cuestión:
Comparar la opinión de San Agustín sobre la
existencia de Dios con la demostración de Dios de
San Anselmo.
El ser humano. Voluntad y libre albedrío.
Agustín de Hipona concibe al ser humano como un compuesto de cuerpo y alma
según la tradición neoplatónica en la que se engancha, aun así, su convicción
cristiana y la esperanza en la resurrección le hacen matizar este dualismo
aceptando claramente que el ser humano es la unidad integral del cuerpo y del
alma. Un ser humano que concibe como un misterio.
Pero en el ser humano existe una tensión entre el plan divino y la voluntad humana.
Si Dios es todopoderoso, y nos ha creado porque no nos ha hecho perfectos y sin
debilidades desde un principio. Es precisamente en las tensiones, las dudas, los
desgarramientos más íntimos cuando enfrenta su voluntad (lo que él quiere) a la
voluntad divina (lo que quiere Dios) cuando el filósofo descubre el «yo», la
personalidad, la propia consciencia en un sentido inédito hasta ese momento.
«Era yo quien quería, era yo quien no quería: era yo precisamente el que ni quería
del todo, ni rehusaba del todo. Por eso, luchaba conmigo mismo y me atormentaba
a mí mismo.»
La libertad es una cosa propia de la voluntad y no de la razón, como lo entendían los
griegos. Y de este modo se resuelve la antigua paradoja socrática, según la cual
resulta imposible conocer el bien y hacer el mal. La razón puede conocer el bien y
la voluntad puede rechazarlo, porque esta es una facultad diferente a la razón y
posee autonomía respecto a la misma, aunque se encuentre vinculada a la razón. La
razón conoce, la voluntad elige y puede elegir incluso lo irracional, aquello que no
se muestra conforme a la recta razón. Así se explica la posibilidad del pecado. El
primer pecado fue el original y fue un pecado de soberbia y la primera desviación
de la voluntad.
El libre albedrío es una capacidad, un don precioso que Dios nos ha otorgado y del
que no dispone ninguna otra criatura. Gracias al libre albedrío podemos optar
voluntariamente por seguir los preceptos ordenados por Dios para alcanzar la
salvación. Pero el libre albedrío también hace posible el pecado si decidimos usar
nuestra capacidad de elegir para satisfacer intereses egoístas y materiales
olvidando a Dios
Entonces para hacer el bien se requieren dos condiciones: la ayuda de Dios,
consistente en la gracia, y el libre arbitrio. El libre albedrío, debilitado para hacer el
bien después del pecado original, necesita de la gracia para querer el bien y poder
llevarlo a cabo. La gracia, pues, no tiene el efecto de suprimir la voluntad, sino de
convertirla en buena, de mala que había llegado a ser. La libertad consiste,
precisamente, en este poder de usar bien el libre arbitrio. La posibilidad de hacer el
mal es inseparable del libre arbitrio, pero poder no hacerlo es la contraseña de la
libertad, y encontrarse confirmado en la gracia hasta el punto de ya no poder hacer
el mal, es el grado supremo de la libertad. El hombre que se encuentra dominado
más plenamente por la gracia de Cristo es, pues, el más libre.
La doctrina de la creación y el problema del mal.
Ahora bien, ¿qué es el mal? ¿Cuál es su origen? Para poder entender su concepción
sobre el mal tenemos que explicar cuál es su doctrina de la creación.
La Creación.
El problema metafísico sobre el cual más se habían esforzado los antiguos era lo de
la procedencia del múltiplo desde el Uno: por qué, y como, del Uno (o de algunas
realidades originarias) han surgido la multiplicidad. Por qué, y como, del Ser que no
puede no ser nació también el devenir, que implica el paso desde el ser hasta el no
ser, ¿y viceversa?
Uno de los problemas metafísicos sobre el que más
se había reflexionado en la antigüedad era en cómo
se podía pasar desde el Uno, el Bien, o desde las ideas
hasta lo múltiple, desde aquello que es eterno,
inmóvil y necesario cómo podía surgir lo
contingente, lo móvil y cambiante.
Los platónicos fueron los filósofos que llegaron a las
posturas menos distantes del creacionismo. Sin
embargo, continuó siendo bastante notable la
separación entre sus doctrinas y el creacionismo
bíblico. Platón, en el Timeo, había introducido al Demiurgo, que tenía capacidad
creadora pero no plenipotente. Plotino, en cambio, había deducido del Uno tanto las
ideas como la materia misma, de una manera bastante ingeniosa, pero la
emanación seguía sin dar respuesta a la multiplicidad.
La solución creacionista —que para Agustín es, al mismo tiempo, verdad de fe y
verdad de razón— resulta de una claridad ejemplar. La creación de las cosas se
produce de la nada (ex nihilo), esto es, no de la sustancia de Dios y tampoco de una
cosa preexistente . Según Agustín una realidad puede proceder de otra por tres vías:
a) por generación, y en este caso se deriva de la sustancia misma del generador,
como el hijo deriva del padre; b) por fabricación, y en tal caso, la cosa fabricada
procede de algo que preexistía fuera del cual la fábrica (de una materia), como
ocurre en todas las cosas que produce el hombre: c) por creación de la nada
absoluta, esto es, ni de la propia sustancia ni de una sustancia exterior.
El hombre sabe generar (los hijos) y sabe producir (las cosas artificiales, los
artefactos), pero no sabe crear, porque es un ser finito. Dios crea el cosmos de la
nada. Existe porque una enorme diferencia entre «generación» y «creación», porque
esta última supone, a diferencia de aquella, al venir (al ser) por una donación de ser
que el que crea realiza a aquello que no era en absoluto. Y esta acción es un don
divino gratuito, motivado por la libre voluntad y por la bondad de Dios, además de
su infinito poder.
La noción de tiempo.
Dios, al crear de la nada el mundo, creó junto con el mundo el tiempo mismo. En
efecto, el tiempo se encuentra vinculado estructuralmente en el movimiento
(somos conscientes del tiempo porque “nos movemos” ahora estoy aquí, antes
estaba allá. El tiempo “pasa”. Si todo estuviera fijo como una foto no existiría el
tiempo); sin embargo, no existe movimiento antes del mundo, sino solo con el
mundo. Antes del mundo no había un «antes» temporal, porque no había tiempo, y
en cambio había la eternidad, que es como un infinito presente atemporal (sin una
sucesión de «antes» y «después»).
¿Qué es, pues, el tiempo? El tiempo implica pasado, presente y futuro. Agustín
advierte que, de hecho, el tiempo existe en el espíritu del hombre, porque es en el
espíritu del hombre donde se mantienen presentes tanto el pasado como el presente
y el futuro, y es en nuestro espíritu donde, de alguna forma, se encuentran estos tres
tiempos, que no se perciben en otro lugar: el presente del pasado, es decir, la
memoria; el presente del presente, la atención, y el presente del futuro, la espera.
El tiempo, por lo tanto, aunque posee una conexión con el movimiento, no reside en
este ni en las cosas en movimiento, sino en el alma, pues solo el ser humano es
consciente del paso del tiempo. (Aristóteles).
Las ideas y las razones seminales.
Dios crea el mundo según un modelo que él mismo produce como pensamiento suyo
y este modelo son las ideas. Las ideas son el pensamiento de Dios, y como tales son
la auténtica realidad, son eternas e inmutables y por participación de ellas Dios da
“ser”, da existencia a todas las cosas. Pero, aunque la creación acontece de manera
simultánea, Dios no crea la totalidad de las cosas posibles de una manera ya
actualizada, sino que introduce en aquello creado las semillas de todas las cosas que
más adelante, en el transcurso del tiempo se irán desarrollando de manera gradual.
En su momento oportuno, cada una de estas razones seminales se desarrollará para
dar lugar a la realidad que le corresponda producir. La evolución del mundo en el
transcurso del tiempo es la actualización y la plasmación de las razones seminales
y, por lo tanto, una prolongación de la acción creadora de Dios.
El mal.
Entonces, si todo proviene de Dios, que es el Bien absoluto, ¿cómo podemos explicar
el mal?
Agustín primero se sintió atraído por la respuesta de la secta de los Maniqueos que
creían en la existencia de dos fuerzas enfrentadas que identificaban con el bien y el
mal. Para los maniqueos toda la realidad es el escenario de un combate
interminable entre la luz y las tinieblas. El mal es la manifestación palpable de uno
de estos dos principios. Y esa lucha eterna también se libra en el corazón humano
que en cada momento se desgarra en esa tensión entre el bien y el mal
No obstante, después de convertirse al cristianismo nuestro autor atacó duramente
a los maniqueos a los que acusó de herejía por defender la existencia de dos Dioses.
Y encontró Plotino la clave para solucionar la cuestión. El mal no es un ser, sino una
carencia y una privación de ser. Todas las sustancias las ha hecho Dios y son buenas.
El problema del mal puede plantearse en tres planos: a nivel metafísico-ontológico,
moral y físico.
Desde el punto de vista metafísico-ontológico, en el cosmos no existe el mal, sino
que existen solo grados inferiores de ser en comparación con Dios, dependientes de
la finitud de las cosas creadas y del diferente grado de esta finitud. Por ejemplo,
cuando juzgamos que es un mal la existencia de determinados animales nocivos, en
realidad estamos empleando la medida propia de nuestra utilidad y de nuestro
provecho contingente y, en consecuencia, apelamos a una perspectiva errónea.
Desde una visión de conjunto, cada cosa, incluso la aparentemente más
insignificante, posee su propio sentido y su propia razón de ser y, por lo tanto,
constituye una cosa positiva.
El mal moral, en cambio, es el pecado. Y el pecado depende de la mala voluntad. ¿Y
de qué depende la mala voluntad? La respuesta de Agustín es muy ingeniosa. La
mala voluntad no tiene una causa eficiente sino, más bien, una causa deficiente. Por
su propia naturaleza, la voluntad tendría que tender hacia el sumo Bien. Sin
embargo, puesto que existen numerosos bienes creados y finitos, la voluntad puede
tender hacia estos y, invirtiendo el orden jerárquico, puede preferir una criatura en
lugar de Dios, prefiriendo los bienes inferiores a los superiores.
El mal físico, por ejemplo, las enfermedades, los sufrimientos, los dolores anímicos
y la muerte, son la consecuencia del pecado original, es decir, una consecuencia del
mal moral. Para Agustín la corrupción del cuerpo es el castigo del primer pecado.
Sin embargo, a nivel global, como hemos visto a nivel metafísico-ontológico, en la
historia de la salvación, todo esto posee un significado positivo.
La Ciudad de Dios
En la Ciudad de Dios Agustín de Hipona desarrolla la que es considerada la primera
filosofía de la historia, es decir, la primera reflexión filosófica sobe el transcurso y
sentido de la historia humana.
Para nuestro filósofo la historia de la humanidad es el
desarrollo en el tiempo del plan providente que Dios ha
establecido para nosotros. Distingue entre dos tipos de
ciudades u organizaciones políticas que le servirán
para analizar el curso de la historia.
Por una parte, está la ciudad celeste que identifica con
Jerusalén, por otra parte, la ciudad terrestre que
identifica con Babilonia.
La ciudad terrestre simboliza el pecado y la caída de
quienes han elegido apartarse de Dios para busca su
propio placer y bienestar (honores, poder, riqueza). Es
una ciudad en que se vive en el caos y el desorden. Los
cristianos también viven en la ciudad terrenal.
Por otra parte, está la ciudad celeste que representa la unión con Dios basada en el
amor divino. Los cristianos formen una gran comunidad independiente de su origen
por el hecho de estar unidos a Dios. En ella se sigue la ley eterna de Dios y viven en
Dios y de Dios. Por tanto, viven en paz y armonía.
Toda la historia de la humanidad puede entenderse como un combate entre la
ciudad de Dios y la ciudad terrenal. En algunos momentos, como cuando los
visigodos saquearon Roma, puede dar la impresión de que los habitantes de la
ciudad terrenal estaban a punto de triunfar. Sin embargo, se trata únicamente de
un suceso puntual, ya que la historia humana aún no ha terminado. Cuando se
acerque el final de la humanidad, se producirá el triunfo definitivo de la Ciudad de
Dios. Entonces se revelará el sentido interno de la historia, que solo aparecerá con
claridad en el fin del mundo.
Esta visión escatológica de la historia, que cobra todo su significado cuando se
interpreta en relación con el fin de los tiempos, ofrecía una lectura cristiana de los
trágicos acontecimiento que el mundo estaba experimentado en tiempos de Agustín
de Hipona.
Para quienes compartían esa interpretación de la realidad las invasiones bárbaras y
la caída del Imperio Romano de Occidente, aun siendo terribles catástrofes, pueden
interpretarse con esperanza como episodios pasajeros que serán inevitablemente
superados al final de los tiempos, cuando la ciudad de Dios venza de forma
definitiva.
La distinción entre la ciudad de Dios y la ciudad terrenal no debe hacernos pensar
que Agustín estuviera tratando de simbolizar con esta diferenciación a la Iglesia y
al Estado. Si los miembros de la ciudad terrenal son los que ponen su amor a sí
mismo por delante del amor a Dios, estos pueden encontrarse tanto dentro de la
Iglesia como en las estructuras estatales. Lo que Agustín trataba de mostrar era más
bien una división de orden moral.
De hecho, Agustín creía que tanto la Iglesia como el Estado son estructuras
necesarias para garantizar el orden social y también la salvación espiritual. Pero el
Estado por sí solo no puede ser verdaderamente justo a no ser que en él prevalezca
el cristianismo. Esto se entiende si recordamos que, para Agustín, la sociedad está
formada por un grupo humano que se mantiene unido porque ama unas mismas
cosas. Si este amor compartido se dirige a Dios, la sociedad será buena. Pero si lo
que ama esta asociación de personas es algo malo, el Estado nunca podrá ser bueno
ni justo.
Definir según la filosofía de San Agustín los siguientes términos:
Dios Razón Fe Alma Idea Bien Mal
5 La Aparición de la Filosofía Árabe
La llegada de la filosofía árabe a la Europa medieval marcó un cambio crucial en el
pensamiento occidental, que se encontraba en un proceso de recuperación tras la
caída del Imperio Romano. Entre los siglos IX y XIII, los filósofos islámicos lograron
preservar y expandir el conocimiento griego clásico, especialmente de Aristóteles,
que había quedado en gran parte olvidado en Europa. Este saber llegó a Europa a
través de varias rutas, especialmente Al-Ándalus, y tuvo un impacto profundo en la
filosofía y la ciencia medieval.
Contexto Histórico y Desarrollo de la Filosofía Árabe
Con la expansión del Islam, surgieron centros de aprendizaje y traducción en
ciudades como Bagdad, Damasco, Córdoba y más tardíamente Toledo donde se
estudiaron y tradujeron obras de pensadores griegos, indios y persas al árabe. Los
intelectuales árabes, movidos por una filosofía que buscaba integrar la razón con la
fe islámica, no solo preservaron estas obras, sino que desarrollaron nuevas ideas.
Así, la filosofía árabe se constituyó como una rica tradición intelectual que incluía
temas de metafísica, ética, lógica, medicina, matemáticas y astronomía.
Entre los filósofos más destacados de este periodo se encuentran Al-Kindi, Al-
Farabi, Avicena (Ibn Sina) y Averroes (Ibn Rushd). Al-Kindi fue pionero en la
introducción de Aristóteles en el mundo islámico; Avicena desarrolló una metafísica
influida por Aristóteles y el neoplatonismo; mientras que Averroes fue uno de los
comentaristas más influyentes de Aristóteles y defendió la autonomía de la razón
frente a la religión.
La Transmisión del Conocimiento Árabe a Europa
La filosofía árabe llegó a Europa principalmente a través de Al-Ándalus, en la
península ibérica, donde coexistían cristianos, musulmanes y judíos en un ambiente
de intercambio cultural. Ciudades como Córdoba y Toledo fueron centros clave para
la transmisión del conocimiento. En Toledo, la Escuela de Traductores jugó un papel
fundamental al traducir textos filosóficos y científicos del árabe al latín, haciendo
accesibles las ideas de Aristóteles, así como los comentarios y desarrollos realizados
por filósofos islámicos. Este proceso contó con la colaboración de intelectuales de
distintas religiones, quienes trabajaron juntos en la transmisión de estos saberes.
Otra vía de transmisión fue Sicilia, donde las conquistas musulmanas y la posterior
recuperación cristiana crearon un entorno favorable para el intercambio de
conocimientos. A través de estas rutas, la filosofía árabe entró en contacto con los
eruditos cristianos europeos, quienes empezaron a conocer y estudiar los textos
filosóficos griegos y árabes, enriqueciendo sus propias tradiciones intelectuales.
La Influencia de la Filosofía Árabe en la Escolástica Europea
Uno de los mayores impactos de la filosofía árabe en Europa fue la reintroducción
de Aristóteles. Los comentarios de Avicena y Averroes sobre la obra aristotélica
proporcionaron una interpretación profunda y sistemática que ejerció una gran
influencia en el desarrollo de la escolástica cristiana. Avicena, por ejemplo,
desarrolló conceptos como la distinción entre esencia y existencia y la teoría del
intelecto, que fueron retomados por filósofos cristianos como Tomás de Aquino.
Averroes, por su parte, defendió la teoría de la “doble verdad”, según la cual la
filosofía y la religión podían ofrecer explicaciones diferentes sin ser contradictorias.
La influencia de estos pensadores árabes fue tan importante que, en universidades
europeas como la de París, los comentarios de Averroes sobre Aristóteles se
convirtieron en un tema de intenso debate. Aunque algunas interpretaciones
fueron prohibidas por la Iglesia, el pensamiento aristotélico y sus desarrollos árabes
se integraron en la escolástica, que buscaba armonizar la fe y la razón.
Aportaciones Científicas y Racionalistas
Además de la filosofía, los eruditos árabes aportaron a Europa nuevos conocimientos
en áreas como la medicina, las matemáticas, la física y la astronomía. Introdujeron
el álgebra, mejoraron el estudio de la óptica y desarrollaron herramientas de
observación astronómica. Estos avances ampliaron significativamente el saber en
Europa, que empezaba a abrirse a una comprensión más racional y científica del
mundo.
Conflictos y Legado
La integración de la filosofía árabe en la Europa medieval no fue fácil ni inmediata.
La teoría de Averroes sobre la doble verdad generó controversia entre los
intelectuales cristianos, pues ponía en cuestión la relación entre fe y razón. Sin
embargo, a pesar de estos conflictos, los conocimientos y las ideas árabes se
integraron gradualmente en el pensamiento medieval, enriqueciendo la visión
cristiana con aportaciones racionalistas y científicas que resultarían fundamentales
para el Renacimiento.
La aparición de la filosofía árabe en la Europa medieval no solo permitió la
recuperación del conocimiento griego, sino que también impulsó un renacimiento
intelectual en Occidente. A través de la filosofía árabe, Europa se reencontró con
Aristóteles y se abrió a una cultura de pensamiento crítico que marcaría el inicio de
la transición hacia la modernidad. Este encuentro entre el mundo islámico y
cristiano fue uno de los intercambios culturales más fecundos de la historia,
sentando las bases del pensamiento racionalista y científico en Europa.
6 La Escolástica
La escolástica es una corriente filosófica y
teológica que dominó el pensamiento
europeo entre los siglos XI y XV. Nació en
las escuelas catedralicias y monásticas de la
Europa medieval, como un método para
sistematizar y armonizar la fe cristiana con
el uso de la razón. La escolástica buscaba
entender y explicar los misterios de la fe
mediante el análisis lógico y la
argumentación, tomando influencias
principalmente de Aristóteles y, en menor
medida, de Platón.
El objetivo de la escolástica era desarrollar un conocimiento racional y ordenado
sobre Dios, el ser humano y el mundo, de acuerdo con la doctrina cristiana.
Utilizaba un método dialéctico, que consistía en plantear una pregunta o problema
(quaestio), analizar distintas posiciones o argumentos (disputatio) y finalmente
alcanzar una conclusión o solución (determinatio). Este enfoque estructurado y
analítico transformó las universidades medievales en centros de intensa actividad
intelectual, consolidando la escolástica como el método principal de enseñanza y
debate.
La escolástica alcanzó su apogeo en el siglo XIII, cuando la influencia de la filosofía
aristotélica fue completamente integrada en el pensamiento cristiano. En este
contexto, destacaron figuras como Tomás de Aquino y más tarde Guillermo de
Ockham, quienes desarrollaron posturas filosóficas influyentes y, en algunos casos,
divergentes dentro del marco escolástico.
Tomás de Aquino (1225-1274): Síntesis entre Fe y Razón
Tomás de Aquino, un fraile dominico y teólogo, es considerado una de las figuras
centrales de la escolástica y uno de los mayores exponentes de la filosofía cristiana
medieval. Su obra principal, la Summa Theologica, es una vasta síntesis de la
doctrina cristiana, en la que Aquino intenta armonizar la fe con la filosofía de
Aristóteles. La filosofía tomista representa un esfuerzo por integrar la fe cristiana
con la razón y la lógica aristotélica, logrando un sistema de pensamiento en el que
ambos ámbitos se complementan en lugar de contradecirse.
Principales Aportaciones de Tomás de Aquino
1. La Distinción entre Razón y Fe: Para Aquino, razón
y fe son caminos complementarios hacia la verdad. La
razón humana puede alcanzar ciertos conocimientos
acerca de Dios (como su existencia y algunas de sus
propiedades) a través de la observación y el intelecto,
mientras que la fe proporciona conocimiento sobre los
misterios divinos que la razón no puede comprender
plenamente, como la Trinidad o la Encarnación.
Aunque la fe y la razón son distintas, Aquino sostiene
que ambas proceden de Dios y, por lo tanto, no pueden
contradecirse.
2. Las Cinco Vías para Demostrar la Existencia de
Dios: En la Summa Theologica, Aquino presenta cinco
argumentos racionales (conocidos como las "cinco
vías") para demostrar la existencia de Dios: el
argumento del movimiento, de la causa eficiente, de la
contingencia, de los grados de perfección y del orden del universo. Estos
argumentos son intentos de basar la creencia en Dios en la observación del
mundo y la lógica, utilizando un enfoque influido por Aristóteles.
3. La Teoría del Ser (Esencia y Existencia): Aquino distingue entre esencia y
existencia en los seres creados. Para él, en Dios la esencia y la existencia son
una sola cosa (Dios es "el ser en sí mismo"), mientras que en los seres creados,
la esencia y la existencia son distintas. Este concepto es fundamental para la
comprensión de Dios y del acto de la creación en la filosofía tomista.
4. Ley Natural y Ética: Aquino sostiene que existe una "ley natural" inscrita en
la naturaleza humana, que permite discernir el bien del mal mediante la
razón. Esta ley natural refleja el orden divino y es la base de la moralidad. La
ley moral natural influye en la ética tomista y en el pensamiento político,
justificando la existencia de leyes y autoridades justas.
El sistema de pensamiento de Tomás de Aquino fue aprobado por la Iglesia y se
convirtió en el pilar de la enseñanza católica, especialmente en el Concilio de
Trento. Su influencia perduró hasta bien entrado el Renacimiento y sigue siendo
relevante en la teología católica contemporánea.
Cuestión:
¿Cuál de las cinco vías de Santo Tomás
consideras más convincente?
Guillermo de Ockham (c. 1287-1347): Crítica al Tomismo y el
Nominalismo
Guillermo de Ockham fue un fraile franciscano y filósofo escolástico que vivió en
una época posterior a Tomás de Aquino. Su pensamiento representa un enfoque
crítico dentro de la escolástica, especialmente en su rechazo a algunas de las ideas
de Aquino y en su defensa del nominalismo, una corriente que cuestionaba la
existencia de universales como entidades reales independientes de los objetos
concretos.
Principales Aportaciones de Guillermo de Ockham
1. Nominalismo: Ockham sostenía que los
universales (como “humanidad” o “rojez”) no
existen en la realidad, sino que son meros
nombres o conceptos creados por la mente
humana para clasificar y agrupar objetos. Para él,
solo los individuos concretos existen en la
realidad. Esta postura nominalista influyó
profundamente en la filosofía y anticipó la
tendencia hacia un pensamiento más empírico y
particularista que caracterizaría la filosofía moderna.
2. La Navaja de Ockham: Uno de los principios más conocidos asociados a
Ockham es el principio de parsimonia o "Navaja de Ockham", que establece
que "no deben multiplicarse los entes sin necesidad". En otras palabras, en la
explicación de un fenómeno, debe preferirse la teoría más simple que sea
suficiente. Este principio no solo fue influyente en la filosofía, sino que
también ha tenido una importancia duradera en la ciencia y la lógica.
3. Separación entre Teología y Filosofía: Ockham defendió una visión más
radical que separaba la razón de la fe. A diferencia de Aquino, para Ockham
la razón humana es limitada en su capacidad para demostrar verdades
teológicas, como la existencia de Dios. En su opinión, estas verdades son
objeto de la fe y no pueden ser plenamente comprendidas o demostradas por
la razón humana. Esto representa una postura conocida como "fideísmo",
donde la fe tiene prioridad sobre la razón en cuestiones de religión.
4. Cuestionamiento de la Autoridad Papal y Política: Ockham también fue un
crítico de la autoridad papal en los asuntos políticos y defendió la separación
entre la Iglesia y el poder secular. En sus escritos políticos, argumentó que el
papa no tenía autoridad absoluta sobre los asuntos temporales y abogó por
una mayor independencia entre las esferas religiosa y política, una idea que
influiría en el pensamiento político moderno.
Impacto de la Escolástica, el Tomismo y el Ockhamismo
La escolástica proporcionó una estructura sólida de pensamiento que perduró
durante siglos en la tradición cristiana. El tomismo, al reconciliar el pensamiento
aristotélico con la doctrina cristiana, proporcionó una base filosófica para la teología
medieval y consolidó una visión unificada del saber, en la que la fe y la razón se
complementaban. La influencia de Tomás de Aquino ha sido tan duradera que la
Iglesia católica sigue considerando su obra como una referencia fundamental en
cuestiones de doctrina.
Por otro lado, el pensamiento de Guillermo de Ockham abrió el camino hacia un
enfoque más crítico y empírico que se alejaría progresivamente del tomismo. Su
nominalismo y su escepticismo hacia los universales anticiparon el empirismo de
filósofos modernos como John Locke y David Hume, y su principio de parsimonia
ha sido esencial para el desarrollo de la ciencia y la metodología científica. Además,
su defensa de la separación entre razón y fe influyó en la Reforma protestante y en
el desarrollo de una filosofía más autónoma frente a la teología.
La escolástica, con sus matices tomistas y ockhamistas, jugó un papel crucial en la
formación de la filosofía y el pensamiento europeo, aportando una base racional y
sistemática que permitió a Occidente retomar la herencia clásica e integrarla en el
pensamiento cristiano. Sin embargo, también generó tensiones que llevarían a la
separación entre la filosofía y la teología, así como a una mayor apertura hacia el
empirismo y el racionalismo que caracterizarían la filosofía moderna.
En conclusión, la escolástica y sus grandes figuras, como Tomás de Aquino y
Guillermo de Ockham, representan el esfuerzo medieval por comprender el mundo
mediante la fe y la razón, un intento que dejó un legado profundo en la historia de
la filosofía occidental y en el desarrollo de la ciencia y el pensamiento crítico.