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Señores

MAGISTRADOS TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BARRANQUILLA


(REPARTO)
Ciudad

REFERENCIA: SOLICITUD DE ACCION DE TUTELA


ACCIONANTE: EMILIO JOSÉ TAPIA ALDANA
ACCIONADO: JUZGADO PRIMERO DE EJECUCION DE PENAS Y MEDIDAS DE
SEGURIDAD DE BARRANQUILLA.
VINCULADO: JUZGADO QUINCE PENAL DEL CIRCUITO DE CONOCIMIENTO DE
BOGOTÁ

EMILIO JOSE TAPIA ALDANA, mayor de edad, vecino de esta ciudad, identificado como
aparece al pie de mi correspondiente firma, domiciliado en esta ciudad, actuando en
nombre propio, acudo respetuosamente ante su Despacho para promover ACCION DE
TUTELA, de conformidad con el artículo 86 de la Constitución Política y los Decretos
Reglamentarios 2591 de 1.991 y 1382 de 2.000, en contra del Juzgado Primero de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de la ciudad de Barranquilla, y como
Vinculado a esta Acción Constitucional al Juzgado Quince Penal del Circuito de
Conocimiento de Bogotá, quienes mediante providencias adiadas, 3 de julio de 2020 y 30
de noviembre de 2020, denegó la concesión del subrogado penal de libertad Condicional,
incurriendo en vía de hecho por defecto factico, produciendo una violación de mis
Derechos Fundamentales Constitucionales al Debido Proceso, Igualdad, Resocialización,
progresividad:
HECHOS
1.- Fui condenado mediante sentencias de fecha 5 de agosto de 2015, proferida por el
juzgado 15 penal del circuito con funciones de conocimiento de la ciudad de Bogotá y 5 de
julio de 2017 proferida por el juzgado 5º penal del circuito con funciones de conocimiento
de la ciudad de Bogotá, a las penas principales de prisión de 93 meses y 10 días y 48
meses 22 días respectivamente, dentro de los radicados 2012-00283 y 2017-00140.

2.- las anteriores sentencias fueron objeto de acumulación jurídica decretada por el
Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, a través de auto de
fecha 9 de julio de 2018, estableciéndome como pena principal 117 meses y 21 días de
prisión o su equivalente de 9 años 9 meses y 21 días, decretándose como único radicado
el 2012-00283, de referencia interna 19953.

3.- Mediante auto de fecha 19 de diciembre de 2018, el Juzgado Primero de Ejecución de


Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla reconoció al suscrito, como parte cumplida
de la pena de prisión un total de 64 MESES y 7.5 DÍAS y me concedió el beneficio de la
prisión domiciliaria que trata el artículo 38G del C. P.,

4.- En auto de fecha 20 de agosto de 2019, el Juzgado en mención me reconoció como


pena cumplida entre redención de penas y privación efectiva de la libertad un total de 75
meses y 22 días, y este mismo auto me fue concedido el Beneficio de la libertad
condicional, decisión que fue apelada por el Ministerio Público, a través de su agente
adscrito a ese Juzgado, utilizando como fundamento de su apelación “la previa valoración
de la gravedad de la conducta”, tesis que fue acogida en todas sus partes por ad quem, el
cual revocó dicha decisión, a través de auto de fecha 3 de julio de 2020, ordenando se me
colocara nuevamente bajo el sustituto penal de prisión domiciliaria, misma que me fue
reactivada desde el 11 de agosto de 2020.

5.- La Honorable Corte Suprema de Justicia, en el mes de noviembre de 2019, emite un


pronunciamiento a través de la sentencia STP15806-2019, en el que claramente se puede
observar que contradice lo planteado por el Agente del Ministerio Publico en su escrito de
Apelación, misma que fue acogida en todas sus partes por el ad quem y quien conforme a
estos argumentos decidió revocarme el beneficio de libertad condicional que me había sido
concedido.

6.- En fecha 8 de octubre de 2020, al enterarme de la decisión tomada por el Juzgado


Quince Penal de Conocimiento del Circuito de Bogotá en su condición de ad quem,
presento vía correo electrónico al Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de
Seguridad de Barranquilla, nueva solicitud de libertad condicional, acorde a lo
fundamentado legal y jurisprudencialmente en el artículo 64 de la Ley 599 de 2000,
modificado por el Artículo 30 de la Ley 1709 de 2014, el Articulo 471 Ley 906 de 2004, y el
Articulo 118 ley 65 de 1993.-, y las sentencias STP15806-2019-, C-233 de 2016-, T-640 y
T-265 de 2017, cumpliéndose de esa manera con todos los requisitos de ley previstos para
tramitar dicha solicitud.

7.- No obstante, lo anterior, el día 30 de noviembre de 2020, el Juzgado Primero de


Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, se pronunció de manera negativa, al no
concederme el Beneficio deprecado, aun cuando era claro y palpable el cumplimiento de
todos y cada uno de los requisitos exigidos para su concesión, así como el precedente de
tutela de la Honorable Corte Suprema de Justicia, Sala de Decisión de Tutelas, providencia
STP15806-2019, en el que esta Honorable Corporación decidió revocar la decisión de
primera instancia proferida por el Tribunal Superior de Pereira, Sala Penal, que negó la
Acción de tutela interpuesta contra las providencias emitidas por los Juzgados Cuarto de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pereira y el Juzgado Primero Penal del
Circuito de Dosquebradas, Risaralda, quienes negaron la concesión del subrogado penal
de la libertad condicional, por la valoración de la gravedad de la conducta estudiada en la
sentencia condenatoria.

8.- Considero Honorable Magistrado, que en esta nueva decisión proferida por la señora
juez Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla, se omitió
realizar una verdadera valoración de la gravedad de la conducta, toda vez que como se
puede observar se pasaron por alto todos los parámetros impuestos por la Honorable
Corte Suprema de Justicia que sendas Sentencias entre ella la anteriormente referenciada
determinó:

“por lo anterior, los jueces de ejecución de penas deben velar por la reeducación y la
reinserción social de los penados, como una consecuencia natural de la definición de
Colombia como un Estado Social de Derecho fundado en la dignidad humana, que
permite humanizar la pena de acuerdo con el artículo 1 de la Constitución Política (T-
718 de 2015) y evitar criterios retributivos de penas más severas (CSJ SP 27 feb. 2013,
rad. 33254)”.

PROCEDENCIA DE LA TUTELA
En el presente caso resulta procedente la acción de tutela como mecanismo definitivo por
cuanto el suscrito afectado no cuenta con otro medio de defensa judicial, pero si en gracia
de discusión existiere el medio ordinario este no resultaría idóneo y eficaz, conforme a las
especiales circunstancias del caso que se estudia.

FUNDAMENTACION JURIDICA DEL CASO

Nuestra Constitución Política establece los derechos fundamentales, al Debido Proceso,


Igualdad y Dignidad Humana en los Siguientes Términos:

Debido Proceso Artículo 29. El debido proceso se aplicará a toda clase de


actuaciones judiciales y administrativas. Nadie podrá ser juzgado sino conforme a
leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con
observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio. En materia penal, la
ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior, se aplicará de preferencia a la
restrictiva o desfavorable. Toda persona se presume inocente mientras no se la haya
declarado judicialmente culpable. Quien sea sindicado tiene derecho a la defensa y a
la asistencia de un abogado escogido por él, o de oficio, durante la investigación y el
juzgamiento; a un debido proceso público sin dilaciones injustificadas; a presentar
pruebas y a controvertir las que se alleguen en su contra; a impugnar la sentencia
condenatoria, y a no ser juzgado dos veces por el mismo hecho. Es nula, de pleno
derecho, la prueba obtenida con violación del debido proceso.

Igualdad Artículo 13. Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley,
recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos
derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de
sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica. El
Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y
adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados. El Estado
protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física
o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los
abusos o maltratos que contra ellas se cometan.

Dignidad Humana Artículo 1º —Colombia es un Estado social de derecho


organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus
entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto
de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la
integran y en la prevalencia del interés general.

Con Respecto al Subrogado de la Liberta Condicional la Ley 599 de 2000, en su artículo


64, modificado por el Artículo 30 de la Ley 1709 de 2014, señala que:

“El juez, previa valoración de la conducta punible, concederá la libertad


condicional a la persona condenada a pena privativa de la libertad cuando
haya cumplido con los siguientes requisitos:
1. Que la persona haya cumplido las tres quintas (3/5) partes de la pena.

2. Que su adecuado desempeño y comportamiento durante el tratamiento


penitenciario en el centro de reclusión permita suponer fundadamente que no existe
necesidad de continuar la ejecución de la pena.

3. Que demuestre arraigo familiar y social. Corresponde al juez competente para


conceder la libertad condicional establecer, con todos los elementos de prueba
allegados a la actuación, la existencia o inexistencia del arraigo. En todo caso su
concesión estará supeditada a la reparación a la víctima o al aseguramiento del
pago de la indemnización mediante garantía personal, real, bancaria o acuerdo de
pago, salvo que se demuestre insolvencia del condenado. El tiempo que falte para
el cumplimiento de la pena se tendrá como periodo de prueba. Cuando este sea
inferior a tres años, el juez podrá aumentarlo hasta en otro tanto igual, de
considerarlo necesario.”

Con relación a la valoración de la conducta punible, la Corte Constitucional en


sentencia C-757 de 2014, señaló: “…En primer lugar es necesario concluir que una
norma que exige que los jueces de ejecución de penas valoren la conducta punible de
las personas condenadas para decidir acerca de su libertad condicional es exequible a
la luz de los principios del non bis in ídem, del juez natural (C.P. art. 29) y de
separación de poderes (C.P. art. 113). Por otra parte, dicha norma tampoco vulnera la
prevalencia de los tratados de derechos humanos en el orden interno (C.P. art. 93),
pues no desconoce el deber del Estado de atender de manera primordial las funciones
de resocialización y prevención especial positiva de la pena privativas de la libertad
(Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos art. 10.3 y Convención Americana
de Derechos Humanos art. 5.6). Sin embargo, sí se vulnera el principio de legalidad
como elemento del debido proceso en materia penal, cuando el legislador establece
que los jueces de ejecución de penas deben valorar la conducta punible para decidir
sobre la libertad condicional sin darles los parámetros para ello. Por lo tanto, una
norma que exige que los jueces de ejecución de penas valoren la conducta punible de
las personas condenadas a penas privativas de su libertad para decidir acerca de su
libertad condicional es exequible, siempre y cuando la valoración tenga en cuenta
todas las circunstancias, elementos y consideraciones hechas por el juez penal
en la sentencia condenatoria, sean éstas favorables o desfavorables al otorgamiento
de la libertad condicional. Finalmente, la Corte concluye que los jueces de ejecución
de penas y medidas de seguridad deben aplicar la constitucionalidad condicionada de
la expresión “previa valoración de la conducta punible” contenida en el artículo 30 de la
Ley 1709 de 2014, en todos aquellos casos en que tal condicionamiento les sea más
favorable a los condenados”

Con antelación esa misma Corporación en la sentencia C-194 de 2005 había anotado:
“…Cuando la norma acusada dice que la libertad condicional podrá concederse previa
valoración de la gravedad de la conducta, no significa que el Juez de Ejecución de
Penas y Medida de Seguridad quede autorizado para valorar la gravedad de la
conducta. Lo que la norma indica es que dicho funcionario deberá tener en cuenta la
gravedad del comportamiento punible, calificado y valorado previamente en la
sentencia condenatoria por el juez de conocimiento, como criterio para conceder el
subrogado penal. Adicionalmente, el juicio que adelanta el Juez de Ejecución de Penas
tiene una finalidad específica, cual es la de establecer la necesidad de continuar con el
tratamiento penitenciario a partir del comportamiento carcelario del condenado. En
este contexto, el estudio del Juez de Ejecución no se hace desde la perspectiva de la
responsabilidad penal del condenado –resuelta ya en la instancia correspondiente,
ante el juez de conocimiento- sino desde la necesidad de cumplir una pena ya
impuesta. En el mismo sentido, el estudio versa sobre hechos distintos a los que
fueron objeto de reproche en la sentencia condenatoria, cuáles son los ocurridos con
posterioridad a la misma, vinculados con el comportamiento del sentenciado en
reclusión. Por ello, la pretendida triple coincidencia de elementos, que configurarían
una agresión al principio del non bis in idem, se rompe como consecuencia de la
ausencia de los dos últimos, pues la segunda valoración no se hace con fundamento
en el mismo juicio ni sobre la base de los mismos hechos…”

Hay que tener en cuenta además, lo dicho por la Corte Constitucional en sentencia T-
640 de 2017: Con fundamento en lo anterior, la Sala observa que, en efecto, los
funcionarios judiciales a quienes correspondió decidir la petición de libertad condicional
provisional del señor Galindo Amaya, negaron dicho subrogado apoyándose en el
criterio de gravedad de la conducta punible descrito desde la sentencia de condena
penal y desatendieron la valoración de todos los demás elementos, aspectos y
dimensiones de dicha conducta, además de las circunstancias y consideraciones
favorables al otorgamiento de la libertad condicional, realizadas por el mismo juez
penal que impuso la condena.

Así mismo, menospreciaron la función resocializadora del tratamiento penitenciario,


como garantía de la dignidad humana, de tal forma que la pena de prisión o intramural
no pueda ser considerada como la única forma de ejecutar la sanción impuesta al
condenado, pues también están los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la
libertad, entre los que se encuentra la libertad condicional.

La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, en reciente pronunciamiento


de fecha 19 de noviembre de 2019, dentro del Radicado No. 107644 emitió la sentencia
STP15806-2019, de la que fue ponente la Doctora PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR.

En dicha decisión, la Sala se refirió a la valoración de la conducta punible como requisito


para la concesión de la libertad condicional, recogiendo para ello, varios fallos dictados por
ese Alto Tribunal y otros por la Corte Constitucional (C-757/14, C-194/2005, C-233 de
2016, T-640/2017, T-265/2017, C-261/1996, C-144/1997, CSJ SP 28 Nov 2001, Rad
18285, CSJ SP 20 Sep. 2017, Rad 50366, T-718 de 2015 y CSJ SP 27 feb. 2013, Rad.
33254), para luego señalar, entre otros aspectos:
“No puede tenerse como razón suficiente para negar la libertad condicional la alusión a
la lesividad de la conducta punible frente a los bienes jurídicos protegidos por el Derecho
Penal, pues ello solo es compatible con prohibiciones expresas frente a ciertos delitos,
como sucede con el artículo 68 A del Código Penal.

En este sentido, la valoración no puede hacerse, tampoco, con base en criterios morales
para determinar la gravedad del delito, pues la explicación de las distintas pautas que
informan las decisiones de los jueces no puede hallarse en las diferentes visiones de los
valores morales, sino en los principios constitucionales;

ii) La alusión al bien jurídico afectado es solo una de las facetas de la conducta punible,
como también lo son las circunstancias de mayor y de menor punibilidad, los agravantes
y los atenuantes, entre otras. Por lo que el juez de ejecución de penas debe valorar, por
igual, todas y cada una de éstas;
iii) Contemplada la conducta punible en su integridad, según lo declarado por el juez
que profiere la sentencia condenatoria, éste es solo uno de los distintos factores que
debe tener en cuenta el juez de ejecución de penas para decidir sobre la libertad
condicional, pues este dato debe armonizarse con el comportamiento del procesado en
prisión y los demás elementos útiles que permitan analizar la necesidad de continuar
con la ejecución de la pena privativa de la libertad, como bien lo es, por ejemplo, la
participación del condenado en las actividades programadas en la estrategia de
readaptación social en el proceso de resocialización.

Por tanto, la sola alusión a una de las facetas de la conducta punible, esto es, en el caso
concreto, solo al bien jurídico, no puede tenerse, bajo ninguna circunstancia, como
motivación suficiente para negar la concesión del subrogado penal.

Esto, por supuesto, no significa que el juez de ejecución de penas no pueda referirse a
la lesividad de la conducta punible para valorarla, sino que no puede quedarse allí.
Debe, por el contrario, realizar el análisis completo.

iv) El cumplimiento de esta carga motivacional también es importante para garantizar la


igualdad y la seguridad jurídica, pues supone la evaluación de cada situación en detalle
y justifica, en cada caso, el tratamiento diferenciado al que pueda llegar el juez de
ejecución de penas para cada condenado.

Todo lo anterior implica, que, al momento de valorar la conducta punible, el Juez de


Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, deberá hacerlo dentro de los parámetros
tenidos por el juez de conocimiento al dictar la sentencia, es decir, recoger todas las
circunstancias, elementos y consideraciones vertidas en esa decisión, sin olvidar que ello,
solo constituye una de las facetas a considerar.

Aparte, en la última cita jurisprudencial anotada, la Corte es enfática y puntualiza que la


valoración de la conducta punible debe armonizarse con el comportamiento del penado y
con los demás elementos del tratamiento penitenciario como el desempeño (desarrollo de
actividades), goce de permisos, concepto favorable, entre otros.

La Sala Cuarta de Revisión de la Corte Constitucional, Sentencia T-019/17, manifestó:

“3. El beneficio de libertad condicional. Recuento normativo

3.1. De conformidad con el precedente de la Corporación los subrogados penales son


medidas sustitutivas de las penas de prisión y arresto, siempre y cuando se cumplan los
requisitos establecidos por el legislador. De acuerdo con la legislación, los subrogados
penales son: 1) la suspensión condicional de la ejecución de la pena, 2) la libertad
condicional,1 3) reclusión hospitalaria o domiciliaria,2 y prisión domiciliaria3 .

3.2. Específicamente, en lo que tiene que ver con el subrogado de libertad condicional,
éste tiene un doble significado, tanto moral como social; lo primero, porque estimula al
condenado que ha dado muestra de su readaptación, y lo segundo, porque motiva a los
demás convictos a seguir el mismo ejemplo, con lo cual, se logra la finalidad rehabilitadora
de la pena.4 El principal argumento para que esta figura haya sido incorporada dentro de
nuestra legislación es la resocialización del condenado, “pues si una de las finalidades de la
pena es obtener su readaptación y enmienda y está ya se ha logrado por la buena conducta
en el establecimiento carcelario, resultaría innecesario prolongar la duración de la ejecución
de la pena privativa de la libertad. En este sentido, puede afirmarse que la libertad
condicional es uno de esos logros del derecho penal, que busca evitar la cárcel a quien ya ha
logrado su rehabilitación y por lo tanto puede reincorporarse a la sociedad”.

Procedencia de la acción de tutela contra providencias judiciales. Reiteración


jurisprudencial.

1 Ha sido consistente la posición de la Corte Constitucional frente al tema de la


procedencia excepcional de la acción de tutela contra providencias judiciales. El criterio
asumido en estos casos busca un equilibrio entre la actuación e interpretación de los

1
C-806 de 2002, C-679 de 2008.
2
Artículos 68 CP
3
Artículo 38 del CP
4
C-806 de 2002
jueces –principio de la independencia judicial- y la prevalencia de los derechos
fundamentales.5

5.2. Se ha sostenido que la acción de amparo no puede utilizarse en aras de remplazar los
recursos y mecanismos con que las partes cuentan dentro del proceso 6, su alcance debe
ser restrictivo y opera solo cuando se advierta la amenaza o vulneración de un derecho
fundamental por parte de la autoridad judicial en el curso de una actuación. Sobre el
particular, ha dicho la Corte Constitucional que:

“.7 En suma, respecto de la procedencia de la acción de tutela


contra decisiones judiciales, la actual jurisprudencia de la Corte
Constitucional considera que: (i) la acción de tutela es un
instrumento excepcional para desvirtuar la validez de decisiones
judiciales cuando éstas son contrarias a la Constitución; (ii) el
carácter excepcional de la acción en este marco busca lograr un
equilibrio entre el principio constitucional de autonomía e
independencia judicial, y la eficacia y prevalencia de los derechos
fundamentales; y (iii) a fin de alcanzar el equilibrio referido,
corresponde al juez de tutela verificar si la acción satisface los
requisitos generales de procedibilidad previstos por esta
Corporación, así como determinar si de los supuestos fácticos y
jurídicos del caso se puede concluir que la decisión judicial
vulneró o amenazó un derecho fundamental, al punto que
satisface uno o varios requisitos específicos de prosperidad.”7

5.3. Frente a la procedencia de la acción de tutela contra providencias judiciales en la


Sentencia C-590 de 2005 se desarrollaron los requisitos generales y específicos de
procedibilidad, precisando que los primeros constituyen presupuestos para un estudio de
fondo, mientras que los segundos responden a los vicios o defectos específicos y
protuberantes en los que incurre el fallo judicial y que vulneran derechos fundamentales.
Los requisitos generales de procedencia de la acción de tutela contra decisiones judiciales
son los siguientes:

“a. Que la cuestión que se discuta resulte de evidente relevancia


constitucional. Como ya se mencionó, el juez constitucional no
puede entrar a estudiar cuestiones que no tienen una clara y
marcada importancia constitucional so pena de involucrarse en
asuntos que corresponde definir a otras jurisdicciones[4]. En
consecuencia, el juez de tutela debe indicar con toda claridad y de
forma expresa por qué la cuestión que entra a resolver es
genuinamente una cuestión de relevancia constitucional que afecta
los derechos fundamentales de las partes.

b. Que se hayan agotado todos los medios -ordinarios y


extraordinarios- de defensa judicial al alcance de la persona
afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de un perjuicio
iusfundamental irremediable. De allí que sea un deber del actor
desplegar todos los mecanismos judiciales ordinarios que el sistema
jurídico le otorga para la defensa de sus derechos. De no ser así,
esto es, de asumirse la acción de tutela como un mecanismo de
protección alternativo, se correría el riesgo de vaciar las
competencias de las distintas autoridades judiciales, de concentrar
en la jurisdicción constitucional todas las decisiones inherentes a
ellas y de propiciar un desborde institucional en el cumplimiento de
las funciones de esta última.

5
SU 539 de 2012
6
“En desarrollo de esas premisas la jurisprudencia constitucional ha establecido las reglas sobre la procedencia
excepcional de la acción de tutela contra decisiones judiciales. Esta doctrina ha redefinido la concepción tradicional de
la“vía de hecho” judicial, para establecer un conjunto sistematizado de condiciones estrictas, de naturaleza
sustancial y procedimental, que deben ser acreditadas en cada caso concreto, como presupuestos
ineludibles para la protección de los derechos fundamentales afectados por la sentencia”.T-555 de 2009.

7
SU -539 de 2012.
Ahora, además de los requisitos generales mencionados, para que
proceda una acción de tutela contra una sentencia judicial es
necesario acreditar la existencia de requisitos o causales especiales
de procedibilidad, las que deben quedar plenamente demostradas. En
este sentido, como lo ha señalado la Corte, para que proceda una
tutela contra una sentencia se requiere que se presente, al menos,
uno de los vicios o defectos que adelante se explican.

a. Defecto orgánico, que se presenta cuando el funcionario judicial


que profirió la providencia impugnada, carece, absolutamente, de
competencia para ello.

b. Defecto procedimental absoluto, que se origina cuando el juez


actuó completamente al margen del procedimiento establecido.

c. Defecto fáctico, que surge cuando el juez carece del apoyo


probatorio que permita la aplicación del supuesto legal en el que se
sustenta la decisión.

d. Defecto material o sustantivo, como son los casos en que se decide


con base en normas inexistentes o inconstitucional o que presentan
una evidente y grosera contradicción entre los fundamentos y la
decisión.

f. Error inducido, que se presenta cuando el juez o tribunal fue víctima


de un engaño por parte de terceros y ese engaño lo condujo a la toma
de una decisión que afecta derechos fundamentales.

g. Decisión sin motivación, que implica el incumplimiento de los


servidores judiciales de dar cuenta de los fundamentos fácticos y
jurídicos de sus decisiones en el entendido que precisamente en esa
motivación reposa la legitimidad de su órbita funcional.

h. Desconocimiento del precedente, hipótesis que se presenta,


por ejemplo, cuando la Corte Constitucional establece el alcance
de un derecho fundamental y el juez ordinario aplica una ley
limitando sustancialmente dicho alcance. En estos casos la
tutela procede como mecanismo para garantizar la eficacia
jurídica del contenido constitucionalmente vinculante del
derecho fundamental vulnerado].

Violación directa de la Constitución.

“Se estructura cuando el juez ordinario adopta una decisión que


desconoce la Carta Política, ya sea porque: (i) deja de aplicar una
disposición ius fundamental a un caso concreto; o porque (ii) aplica la
ley al margen de los dictados de la Constitución. En el primer caso, la
Corte ha dispuesto que procede la tutela contra providencias judiciales
por violación directa de la Constitución (a) cuando en la solución del
caso se dejó de interpretar y aplicar una disposición legal de
conformidad con el precedente constitucional, (b) cuando se trata de un
derecho fundamental de aplicación inmediata y (c) cuando el juez en sus
resoluciones vulneró derechos fundamentales y no tuvo en cuenta el
principio de interpretación conforme con la Constitución. En el segundo
caso, la jurisprudencia ha afirmado que el juez debe tener en cuenta en
sus fallos, que con base en el artículo 4 de la C.P, la Constitución es
norma de normas y que en todo caso en que encuentre, deduzca o se le
interpele sobre una norma que es incompatible con la Constitución,
debe aplicar las disposiciones constitucionales con preferencia a las
legales mediante el ejercicio de la excepción de inconstitucionalidad.”8

Finalmente la Corte suprema de justicia estableció, recientemente, si bien el juez


de ejecución de penas, en su valoración, debe tener en cuenta la conducta punible,
adquiere preponderancia la participación del condenado en las actividades
programadas, como una estrategia de readaptación social en el proceso de
8
T-198 de 201.
resocialización (CSJ SP 10 Oct. 2018, Rad 50836), pues el objeto del Derecho
Penal en un Estado como el colombiano no es excluir al delincuente del pacto
social sino buscar su reinserción en el mismo (C-328 de 2016).

En tal sentido, las Altas Cortes han incorporado criterios de valoración para que la
interpretación del artículo 64 del Código Penal se guíe por los principios
constitucionales y del bloque de constitucionalidad, como bien lo es el principio de
interpretación pro homine -también denominado “cláusula de favorabilidad en la
interpretación de los derechos humanos” (C-148/2005, C-186/2006, C-1056/2004 y
C-408/1996)-, para centrarla en aquello que sea más favorable al hombre y sus
derechos fundamentales consagrados a nivel constitucional (C-313/2014).

Salta evidente que en el presente caso la operadora judicial dejó de lado el


precedente jurisprudencial sentado por la Corte Suprema de Justicia, limitándose
solo a repetir lo que fue objeto de fundamento para la sentencia condenatoria y
posterior revocatoria de la solicitud de libertad condicional, así como a realizar
afirmaciones equivocadas, al consignar en la providencia que negó la libertad
condicional, que el suscrito accionante carecía de arraigo, lo cual es totalmente
Falso, ilógico e irracional, toda vez que en la actualidad me encuentro en privación
efectiva de mi libertad bajo el sustituto penal de prisión domiciliaria, siendo un
requisito indispensable para poder acceder a éste, es tener arraigo familiar y social,
luego entonces no hay explicación alguna, con la que se pueda entender la postura
de la Juez Primera de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla,
más aun cuando es este mismo despacho quien me concedió tal sustituto, no se
entiende cómo se puede predicar ahora, para este despacho el supuesto hecho de
que carezco del mencionado requisito.

Ahora bien, en traslado de esta acción al despacho tutelado, este puede advertir
que no fueron presentados los recursos contra la providencia atacada por vía de
tutela, lo que es totalmente cierto, sin embargo se advierte que al existir ya un
precedente sobre pronunciamiento anterior, en donde se resolvió la primera
solicitud de libertad condicional en recurso de alzada de manera negativa, en
donde se utilizaron los mismos argumentos expuestos por la señora juez en la
providencia actual, sería un desgaste totalmente innecesario al avizorarse que la
decisión de segunda instancia muy seguramente será la de confirmar tal decisión,
tal como quedó consignado en los hechos antes descritos.

Con respecto a la Normatividad Relacionada con la Clasificación del Recluso, la


progresividad y Resocialización del Interno, el artículo 144 del Código Penitenciario
y Carcelario regula cada una de las etapas que se deben cumplir en las fases del
tratamiento de rehabilitación y resocialización de los reclusos, preparándolos para
la reincorporación a la vida en comunidad. Dichas fases son las siguientes:

“ARTÍCULO 144. FASES DEL TRATAMIENTO. El sistema del tratamiento progresivo


está integrado por las siguientes fases:

1. Observación, diagnóstico y clasificación del interno.


2. Alta seguridad que comprende el período cerrado.

3. Mediana seguridad que comprende el período semiabierto.

4. Mínima seguridad o período abierto.

5. De confianza, que coincidirá con la libertad condicional.


(…)”.

Teniendo en cuenta la PROGRESIVIDAD en las fases del proceso penitenciario se


puede concluir que los diferentes períodos por los que atraviesan los reclusos van
disminuyendo la rigidez en la limitación del derecho a la libertad, en especial
el de locomoción dentro del establecimiento penitenciario y paulatinamente
por fuera de él.
En lo que respecta a las facultades que tienen las autoridades administrativas de
los complejos carcelarios, la Corte Constitucional en la sentencia T-219 de 1993,
precisó:

“La discrecionalidad que las mismas normas han otorgado a la


administración carcelaria para conceder o no determinados beneficios
administrativos, según el caso particular, debe responder a los
lineamientos y fines del tratamiento penitenciario en cada una de sus
fases. En ningún caso, tal facultad puede ser entendida como una
autorización abierta para extender, ampliar o agregar requisitos a
determinados beneficios administrativos previa y claramente definidos
por el legislador, pues bajo ninguna circunstancia le corresponde a una
entidad administrativa asumir potestades legislativas en materia
penitenciaria” .

Quiere decir lo anterior que, si bien las autoridades administrativas de las


penitenciarías tienen algunas facultades discrecionales, éstas solo pueden ser
aplicadas cuando no haya una norma que regule una situación específica.

La Ley 65 de 1993, en su Art. 143, prevé:

“ARTÍCULO 143. TRATAMIENTO PENITENCIARIO. El tratamiento


penitenciario debe realizarse conforme a la dignidad humana y a las
necesidades particulares de la personalidad de cada sujeto. Se verifica a
través de la educación, la instrucción, el trabajo, la actividad cultural,
recreativa y deportiva y las relaciones de familia. Se basará en el estudio
científico de la personalidad del interno, será progresivo y programado e
individualizado hasta donde sea posible.”

De igual manera, la teleología que busca la Ley 65 de 1993, “por la cual se expide
el Código Penitenciario y Carcelario”, el cual determina en su título primero los
principios que constituyen el marco hermenéutico para la interpretación y aplicación
de esa normativa, entre los cuales se encuentran los establecidos en los artículos
9° y 10°, referente el primero, a la función protectora y preventiva de la pena cuyo
fin fundamental ha de ser la resocialización y, el segundo, a la finalidad
resocializadora del infractor de la ley penal que ha de tener el tratamiento
penitenciario, mediante el examen de la personalidad y a través de la disciplina, el
trabajo, el estudio, la formación espiritual, la cultura, el deporte y la recreación, bajo
un espíritu humano y solidario. TRATAMIENTO PENITENCIARIO-Finalidad
El artículo 10 de la Ley 65 de 1993 consagra que la finalidad del tratamiento
penitenciario, es la resocialización del delincuente, “mediante el examen de su
personalidad y a través de la disciplina, el trabajo, el estudio, la formación
espiritual, la cultura, el deporte y la recreación, bajo un espíritu humano y solidario”.
Asimismo, los artículos 142 y 143 de la misma ley establecen que el objetivo de
dicho tratamiento es la reinserción para la vida en libertad, teniendo como base la
dignidad humana y las necesidades particulares de la personalidad de cada sujeto,
verificándose mediante la educación, la instrucción, el trabajo, la actividad cultural,
recreativa y deportiva, y las relaciones de familia, de manera progresiva,
programada e individualizada. La obligación que adquieren los centros de reclusión
es la de restituir los vínculos sociales de las personas privadas de la libertad con el
mundo exterior, ya que de ello depende que se logre una verdadera readaptación
social.
DEL ARRAIGO FAMILIAR Y SOCIAL
Como quiera que en el auto de fecha 30 de noviembre de 2020, la Juez Primera de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla, advierte que en lo
referente al requisito del arraigo familiar y social, no se encuentra plenamente
acreditado, toda vez que revisado el expediente observa que registra dentro del
proceso varios cambios de domicilio, y de conformidad con la jurisprudencia antes
señalada sobre el tema del arraigo, éste se determina por la existencia de vínculos
de una persona con un lugar determinado, con ánimo de permanencia, entre otros
lazos sociales, económicos, laborales o afectivos los cuales no se han acreditado.
Pues es claro precisar a través del auto de fecha 6 de agosto de 2020 del Juzgado
Primero de Ejecución de Penas de Barranquilla, que el arraigo familiar y social del
suscrito EMILIO JOSE TAPIA ALDANA, se encuentra demostrado y verificado
desde la concesión del disfrute del beneficio sustitutivo de la prisión carcelaria por
domiciliaria, que me fue reconocida por ese despacho en ese mismo referido auto,
por lo que se tendrá como tal, el lugar de residencia donde vengo descontando
pena en reclusión domiciliaria, bajo co-vigilancia del INPEC. Todo lo anterior indica
que cuento con mi nucleó familiar en la calle 92 N° 49 C- 41, de esta ciudad.
Así mismo como se puede observar en el Oficio 322-EPMSC-BA-AJUR de fecha 22
de febrero de 2021, emitido por el Director del Establecimiento Penitenciario de
Mediana Seguridad El Bosque de esta ciudad, Manifiesta: “…2.- Que el Juzgado 1
de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla, a través de auto
de fecha 6 de agosto de 2020, ordenó a este Establecimiento reseñar y fijar como
sitio para la reclusión del señor EMILIO JOSE TAPIA ALDANA, la calle 92 N° 49 C-
41, de la ciudad de Barranquilla. 3.- Que en la actualidad se encuentra registrado
en nuestro sistema aplicativo SISIPEC WEB, como sitio de cumplimiento de la
prisión domiciliaria del señor EMILIO JOSE TAPIA ALDANA, la calle 92 N° 49 C-
41, de la ciudad de Barranquilla, como lo ordenó el Juzgado 1 de Ejecución de
Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla. 4.- con relación a lo consignado
por el Juzgado 1 de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla,
en auto 30 de noviembre de 2020, referente al hecho que en la cartilla biográfica se
encuentra registrada la carrera 55 N° 105-23 Barrio la Castellana de Barranquilla,
como su dirección; al respecto le informamos que dicha dirección efectivamente se
encuentra registrada en nuestro sistema desde su ingreso a nuestra institución; no
obstante, revisados los archivos manuales, así como su hoja de vida no existe
evidencia que el señor EMILIO JOSE TAPIA ALDANA haya purgado detención o
prisión domiciliaria en registrada la carrera 55 N° 105-23 Barrio la Castellana de
Barranquilla. Así mismo informamos y en atención a lo solicitado que fue realizada
modificación en la información que se encontraba consignada en nuestra base de
datos SISIPEC WEB, esto es; se consignó como dirección de su domicilio la calle
92 N° 49C- 41 de la ciudad de Barranquilla; lugar donde actualmente cumple la
prisión domiciliaria.”
Ahora, bien en lo tocante a la violación del derecho a la IGUALDAD, es menester
precisar que la línea de proyección en casos que comparten idénticos elementos
factico-jurídicos con el asunto de marras, tanto del juzgado aquí accionado como
sus homólogos éstos vienen resolviendo de manera favorable la concesión del
subrogado penal de libertad condicional, tal y como lo demuestran los autos que
para su valoración adjunto.
Respecto al derecho de Igualdad la Corte Constitucional, ha dejado sentado, lo siguiente:

“La Corporación ha resaltado que el principio de igualdad posee un


carácter relacional, lo que significa que deben establecerse dos grupos o
situaciones de hecho susceptibles de ser contrastadas, antes de iniciar un
examen de adecuación entre las normas legales y ese principio. Además,
debe determinarse si esos grupos o situaciones se encuentran en situación
de igualdad o desigualdad desde un punto de vista fáctico, para
esclarecer si el Legislador debía aplicar idénticas consecuencias
normativas, o si se hallaba facultado para dar un trato distinto a ambos
grupos; en tercer término, debe definirse un criterio de comparación que
permita analizar esas diferencias o similitudes fácticas a la luz del sistema
normativo vigente; y, finalmente, debe constatarse si (i) un tratamiento
distinto entre iguales o (ii) un tratamiento igual entre desiguales es
razonable. Es decir, si persigue un fin constitucionalmente legítimo y no
restringe en exceso los derechos de uno de los grupos en comparación.”. –
Ver entre otras Sentencia C-178 de 2014 -.

III. PRETENSIONES
De conformidad con los planteamientos Ut supra expuestos me permito solicitar lo
siguiente:

1. TUTELAR mis derechos fundamentales al Debido Proceso (art.29 CP), Igualdad (Art.
13 C.P), Dignidad Humana (Art. 1 C. P) contenidos en nuestra Constitución Política y
Ordenamiento Jurídico, en armonía con los Principios de Progresividad y
Resocialización – desarrollado por la Ley 65 de 1993 -, DECLARANDO que acorde al
precedente judicial sentado tanto por la Corte Suprema de Justicia como la Corte
Constitucional, para el caso sub examine, se encuentra claramente superado el
requisito subjetivo referente a la previa valoración de la conducta, habida cuenta de
que tal aspecto ha de valorarse de cara a los eventos positivos pos-delictuales que
dan fe de lo exitoso que ha resultado en mi caso el proceso de resocialización y de
reinserción social que motivado por el principio de progresividad, invita la concesión
de los beneficios judiciales sustitutivos y administrativos al igual que aquellos que
preceden concedidos al suscrito.

2. DEJAR SIN EFECTO las decisiones de fechas 3 de julio de 2020 y 30 de noviembre


de 2020, proferidas por la Juez Primera de Ejecución de Penas y Medidas de
Seguridad de Barranquilla, y el Juez Quince Penal del Circuito de Conocimiento de
Bogotá D.C.. imponiéndose entonces que acorde al precedente judicial sentado por
las Altas Cortes, el Juzgado 1° de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de
Barranquilla, obedezca y cumpla su fallo declarando y reconociendo en mi favor el
subrogado penal de la Libertad Condicional, al encontrarse evidentemente superado
el escollo referente a la previa valoración de la conducta, para cuyo asunto jurídico
se han incorporado criterios de valoración para que la interpretación del artículo 64
del Código Penal se guíe por los principios constitucionales y del bloque de
constitucionalidad, como bien lo es el principio de interpretación pro homine también
denominado “cláusula de favorabilidad en la interpretación de los derechos
humanos” (C-148/2005, C-186/2006, C-1056/2004 y C-408/1996)-, para centrarla en
aquello que sea más favorable al hombre y sus derechos fundamentales
consagrados a nivel constitucional (C-313/2014)- Me sea concedido el Beneficio
solicitado.

3. ADOPTAR las demás medidas de protección constitucional que se consideren


necesarias.

IV. ANEXOS
Adjunto a la presente acción de tutela los siguientes documentos.
 Copia de Sentencia de fecha 7 de junio de 2016, proferida por el Tribunal Superior
del Distrito Judicial de Bogotá.
 Sentencia de fecha 5 de junio de 2017, proferida por el Juzgado Quinto Penal del
Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá.
 Auto de fecha 9 de julio de 2018, proferido por el Juzgado Primero de Ejecución de
Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla.
 Auto de fecha 19 de diciembre de 2018, proferido por el Juzgado Primero de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla.
 Auto de fecha 6 de mayo de 2019, proferido por el Juzgado Primero de Ejecución
de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla.
 Auto de fecha 20 de agosto de 2019, proferido por el Juzgado Primero de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla.
 Auto de fecha 3 de julio de 2020, proferido por el Juzgado Quince Penal del
Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá.
 Auto de fecha 30 de noviembre de 2020, proferido por el Juzgado Primero de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla.
 Copia Sentencia T-640 de 2017, de la Honorable Corte Constitucional.
 Copia Sentencia T-019 de 2017, de la Honorable Corte Constitucional.
 Copia Sentencia STP12049-2017, de la Honorable Corte Suprema de Justicia. Sala
de Casación Penal. Sala de Decisión de Tutelas N° 3
 Copia Sentencia STP15816-2019, de la Honorable Corte Suprema de Justicia. Sala
de Casación Penal. Sala de Decisión de Tutelas N° 2.
 Auto de fecha 16 de diciembre de 2020, proferido por el Juzgado Cuarto de
Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Barranquilla.
 Oficio N° 322-EPMSC-BA-AJUR de fecha 22 de febrero de 2021

V. PRUEBAS
1. Solicito que se tengan como pruebas los ANEXOS allegados.
2. Solicito que se decreten y practiquen las demás pruebas que estime necesarias.

VI. COMPETENCIA
Según lo previsto en el artículo 86 de la Constitución Política, el Decreto 2591 de 1991, el
artículo 1° del Decreto 1382, el Decreto 1069 de 2015 y el Decreto 1983 de 2017,
corresponde a usted, señor(a) Juez(a) del Circuito, conocer de la presente tutela.

VII. JURAMENTO

Bajo la gravedad del juramento manifiesto que no he promovido a nombre propio o por a
través de apoderado judicial o tercero ACCIÓN DE TUTELA por los mismos hechos y
pretensiones advertidos en la presente demanda de amparo.

VIII. NOTIFICACIONES

La entidad accionada Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de


Seguridad de Barranquilla, recibe notificación a través del correo electrónico
j01epmsbqlla@[Link].

El vinculado - Juzgado Quince Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá, recibe


notificación a través del correo electrónico j15pccbt@[Link].

Accionante: El suscrito recibe notificación a través del correo electrónico


etapiaaldana07@[Link]

De usted señor juez,

EMILIO JOSE TAPIA ALDANA


C.C. N°. 73.578.799

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