PORNOGRAFIA
3 VERDADES QUE DEBES SABER SOBRE LA PORNOGRAFÍA
¿El cristiano cree que el sexo es malo? ¡Todo lo contrario! El sexo es un regalo que
Dios nos dio para que disfrutemos de él siguiendo el diseño y propósito establecido
en Su palabra (cp. 1 Timoteo 4:1-5), pero en nuestro pecado hemos pervertido ese
regalo. Por eso nuestra cultura está llena de pornografía.
La pornografía redefine la sexualidad humana: Degrada al sexo a un mero acto
animal, sin mayor propósito que el uso de personas para nuestro placer. Dios nos
hizo a Su imagen (Génesis 1:27) y eso nos da dignidad, pero la pornografía cosifica
a las personas y las presenta como productos hechos para nuestra lujuria, de “usar
y tirar” para nuestro placer. Eso es un insulto no sólo al prójimo, sino
principalmente a Dios.
El diablo ha usado la pornografía para arruinar vidas. Ella es adictiva y ha servido
para ahogar a personas en culpa, improductividad y fracasos en sus relaciones
personales, e inclusive guiarlas a cometer perversiones sexuales. Satanás usa la
pornografía para destruir hogares y hasta ministerios, antes de que inicien.
La pornografía dice a las mujeres que los hombres sólo piensan en sexo, y que ellas
son realmente libres y poderosas cuando están en “libertad sexual”. A los hombres,
la pornografía les dice que las mujeres son objetos para el placer fáciles de obtener,
que ellas siempre están sugiriendo cosas sobre sus deseos sexuales y son infelices
al menos que tengan sexo, y que por eso ellas harán cualquier cosa por tenerlo. A
todas las personas, la pornografía les dice que serán felices si rechazan la voluntad
de Dios.
Hay más que podría hablarse sobre la pornografía, pero quiero enfocarme en
tres verdades cruciales que toda persona debe saber:
1. VER PORNOGRAFÍA ES PEOR DE LO QUE CREES.
Nuestro Señor nos guía a entender esto cuando nos dice:
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio.” Pero yo
os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya
cometió adulterio con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28)
Adulterar es desobedecer al Dios Santo, bueno y digno de nuestra adoración (Éxodo
20:14). Es pecar haciendo mal, lo cual es buscar satisfacción en algo fuera de la
voluntad de Dios y así ofenderlo a Él (cp.Jeremías 2:13). Una vida caracterizada por
el adulterio nos hace merecedores de una eternidad bajo el castigo justo de Dios (1
Corintios 6:9-10). ¡No nos conviene ser adúlteros!
Jesús enseña que ver a una persona para codiciarla, ya es adulterio. No hay
diferencia entre el corazón del que mira pornografía y el corazón de un hombre que
abandona a su familia, despreciándola para adulterar.
Jesús sigue diciendo:
“Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y
échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus
miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al
infierno” (Mateo 5:29)
Estas palabras me llevan a tomarme el pecado en serio.
William Hendricksen explica:
Este mandamiento no se puede tomar literalmente, porque
aun cuando la persona literalmente se arranca el ojo
derecho, todavía podría pecar con el ojo izquierdo. Jesús
mismo nos ha proporcionado la clave de su interpretación
en Mt. 18:7–9, donde en una forma un poco diferente
repite este mandamiento. De ese pasaje se desprende
claramente que el ojo y la mano simbolizan y representan
las “ocasiones de tropiezo”, o, si uno lo prefiere, la
tentación de hacer lo malo, las seducciones engañosas.
Entonces, el sentido general del pasaje es éste: “Hay que
tomar una acción drástica para librarse de todo aquello
que en el curso natural de los acontecimientos te tentará a
pecar”1).
Es infinitamente mejor prepararnos para la eternidad con Dios, que jugar en el
ahora con el pecado y sus placeres temporales. Es algo serio ser expuestos a
tentaciones y lanzarnos en ellas. Amar la pornografía es preferir una eternidad de
tormento. Ver pornografía es peor de lo que creemos.
2. VER PORNOGRAFÍA ES SÍNTOMA DEL VERDADERO PROBLEMA.
Esto revolucionó por completo mi comprensión de por qué pecamos.
Nadie me ha enseñado tanto sobre esto como John Piper cuando habla del salmo
51. En ese salmo, David clama a Dios en arrepentimiento luego a haber pecado
sexualmente. Él le pide al Señor:
“Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que
has quebrantado… Restitúyeme el gozo de tu salvación, y
sostenme con un espíritu de poder” (Salmos 51:8,12).
El pastor John Piper señala al respecto:
“¿Por qué [David] no está clamando por limitación sexual?
¿Por qué no está orando por hombres a quien él pueda
rendir cuentas? ¿Por qué no está orando por ojos
protegidos y pensamientos libres de sexo? En este salmo
de confesión y arrepentimiento luego de esencialmente
violar a Betsabé, tú esperarías que David pidiera por algo
así.
La razón es que él sabe que el pecado sexual es un síntoma, no la enfermedad.
Las personas dan camino al pecado sexual porque no tienen la plenitud de gozo y
alegría en Cristo. Sus espíritus no están resueltos y firmes y establecidos. Ellos
titubean. Ellos son tentados, y dan camino [al pecado] porque Dios no tiene el lugar
que debería tener en nuestros sentimientos y pensamientos.
David sabía esto acerca de sí mismo. También es cierto acerca de nosotros. David
está mostrándonos, por la manera en que ora, cuál es la necesidad real de aquellas
que pecan sexualmente — gozo en Dios” 2).
Las personas realmente felices no sienten necesidad de acudir a lo que está mal,
porque son felices en Dios. Acudir a la pornografía es un síntoma del problema, no
el verdadero problema.
3. LA GRACIA DE DIOS ES MÁS PODEROSA QUE LA PORNOGRAFÍA.
Por nuestro pecado, estamos en deuda ante Dios. Merecemos ser castigados. Si Él
nos perdonara sin que la deuda fuese pagada, como si el pecado fuese
insignificante cuando en realidad es una ofensa ante la gloria infinita de Dios, Él
traicionaría Su propia gloria.
Pero Dios en Su misericordia se propuso salvarnos para alabanza de Su gracia
(Efesios 1:6-7) sin pasar por alto Su justicia. Él envió a Su Hijo para que Él pagase lo
que sólo Él podía pagar y así nos hiciera Suyos (2 Corintios 5:21, Hechos 20:28).
En Cristo fue descargada toda la ira justa que merecemos. Él murió como un
sustituto por nosotros, de manera que ya no hay castigo para nosotros y Su justicia
es puesta en nuestra cuenta por medio de la confianza en Él y su obra. Así somos
declarados justos ante Dios (Romanos 3:21-26, 5:1,19).
Pero no sólo somos llamados a abrazar la verdad, quien es Cristo, en
arrepentimiento para ser salvos del infierno futuro, sino también para ser libres de
la esclavitud del pecado en el ahora (Juan 14:6, 8:31-34). Dios nos salva, no para
dejarnos en la condición en la que estábamos, sino para hacernos santos (Efesios
1:4).
Cristo resucitó victorioso para garantizar nuestra justificación, hoy intercede ante
Dios por nosotros y se compadece de nuestras flaquezas (Romanos
5:24, 8:34, Hebreos 4:15). “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la
gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”
(Hebreos 4:16). ¡Podemos acudir a Él!
Necesitamos a Cristo para ser verdaderamente libres del pecado sexual. Él tiene
poder de sobra para romper la adicción a la pornografía.
Jesús vino a conquistar la incredulidad y los abismos de falta de gozo en Dios de
nuestros corazones. Tenemos acceso a una esperanza firme en la lucha contra el
deseo de mirar pornografía, y de eso te hablaré más a fondo la próxima semana.
CÓMO LUCHAR CONTRA EL DESEO DE VER PORNOGRAFÍA
“Mata el pecado o el pecado te matará a ti” — John Owen.
Ver pornografía es peor de lo que creemos, es un síntoma de un problema más
grande — falta de gozo en Dios —, y la gracia de Dios es más poderosa que la
pornografía. Esas son tres verdades que toda persona debe saber.
Ahora, demos un paso adelante y hablemos sobre cómo luchar contra el deseo de
ver pornografía. ¿Cómo matas un deseo pecaminoso? ¿Cómo somos santificados
por Dios?
NOS CONTENTAMOS CON DEMASIADO POCO
Hay párrafos que te sacuden la mente y te llevan a hacerte preguntas cruciales.
Uno de esos párrafos para mí, ha sido el siguiente de C. S. Lewis. Lo leí hace un par
de años en uno de sus sermones clásicos y desde entonces ha sido de mucha ayuda
porque me apunta a verdades bíblicas profundas.
“Si en las mentes modernas se esconde la idea de que
desear nuestro propio bien y anhelar de todo corazón
disfrutar de él es algo malo, propongo que esta idea
procede de Kant y de los estoicos, y que no es parte de la
fe cristiana. De hecho, si consideramos las atrevidas
promesas de recompensa y la naturaleza asombrosa de
ésta en los Evangelios, parece que nuestro Señor no
piensa que nuestros deseos son demasiados intensos, sino
demasiados débiles. Somos criaturas indiferentes que
jugamos con la bebida, el sexo y la ambición cuando se
nos ofrece un gozo infinito, como un niño ignorante que
quiere continuar haciendo flanes de barro en un tugurio
porque no es capaz de imaginarse lo que significa pasar
unas vacaciones junto al mar. Nos contentamos con
demasiado poco“1).
Vuelve a leer con más atención. Allí Lewis dice, en otras palabras, que el problema
de los hombres es que somos muy conformistas y que por eso preferimos el pecado
al gozo infinito de conocer a Dios.¡BOOM!
Me pregunté: ¿Eso es bíblico? ¿Cuáles son las implicaciones de eso?
La respuesta a la primera pregunta es sí. La respuesta a la segunda, es que la
batalla contra el pecado no consiste simplemente en alejarse del placer, sino en
perseguir activamente un gozo infinito, mayor y más deseable que el placer que
promete del pecado.
LA CLAVE DE LA LUCHA EFECTIVA CONTRA LA PORNOGRAFÍA
El pecado sexual de David se debió a que no tenía gozo en Dios (Salmos 51:8,12).
Eso significa que al momento de pecar, David estaba creyendo que esto sería mejor
que hacer la voluntad de Dios, conocerlo, estar agradecido ante Él y confiar en sus
promesas.
Pero cuando tenemos nuestra mirada puesta en Dios, todo cambia…
“Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la
piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y
excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas
promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina,
habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de
la concupiscencia” (2 Pedro 1:3-5)
Las promesas de Dios hacen lucir a las promesas del pecado tan ridículas como
realmente son. Cuando tenemos ojos abiertos para ver las promesas de Dios en Su
palabra y conocerlo a Él, mirar pornografía pierde su atractivo y escapamos de la
tentación. Experimentamos verdadera libertad.
Esto se confirma cuando leemos en Romanos 8:13 que debemos matar las obras de
la carne (el pecado) en nosotros por el Espíritu, y luego vamos a Efesios 6:17,
donde Pablo habla sobre la espada del Espíritu que estamos llamados a empuñar, y
vemos que esa arma es la Palabra de Dios. Con ella vencemos la tentación.
Por eso el salmista dice: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar
contra ti” (Salmos 119:11). Somos santificados por la palabra de Dios (Juan 17:17).
CENTRADOS EN EL EVANGELIO AL PELEAR CONTRA LA PORNOGRAFÍA
Por tanto, la lucha contra el deseo de ver pornografía es la lucha por confiar más en
Dios y estar más alegres por tener las promesas maravillosas de Dios que Cristo
obtuvo para nosotros al salvarnos, atesorando a Cristo como más digno de nuestros
sentimientos y pensamientos que todo lo demás.
John Piper fue de enorme ayuda para mi comprensión de todo esto que he venido
hablando. Él resume:
“¿El poder del pecado es la promesa de los deseos
engaños? Entonces nosotros enfrentaremos promesa con
promesa… Pondremos a las promesas de Dios contra las
tuyas [, pecado]. Nada — nada en este mundo— puede
sobrepasar en valor, profundidad, altura y durabilidad a los
placeres que Dios promete… La pelea por gozo es la pelea
para ver y creer que Cristo es más deseable que las
promesas del pecado”2).
¡Jesús es nuestro Salvador! Su obra fue suficiente para salvarnos. Él es tan valioso
que pudo pagar la deuda infinita que teníamos ante Dios. Cristo vale más que todo
lo que este mundo pueda darte. Conocerlo día a día es más emocionante,
satisfactorio y atrapante que ver pornografía.
Cristo es la verdad, y Él nos habla de que al conocerlo, seremos libres de la
esclavitud del pecado (Juan 14:6; 8:31-34). Él es el tesoro que nos libera de la
esclavitud de todas las otras cosas a nuestro alcance (cp. Mateo 13:44-45).
La vida cristiana consiste en confiar en Jesús y apreciarlo como más valioso que
todo lo demás, a fin de conocerlo más y más (Filipenses 3:7-11). Cuanto más lleno
esté tu corazón de Cristo, menos espacio habrá para el pecado.
Adiós pornografía. No hay nada que puedas ofrecerme que yo realmente necesite.
Eres mentirosa y te quiero lejos de mí. Váyanse ustedes también, deseos lujurioso.
Mueran de hambre. No queremos flanes de barro. Tengo algo mejor. Tengo a Cristo,
en quien está toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9). Quiero tener un corazón
puro para verlo a Él por siempre (Mateo 5:8). En Su presencia hay plenitud de gozo
(Salmos 16:11).
Mi corazón se conmueve al pensar en la gracia de Dios y sus promesas
abrumadoras. Por Su gracia, puedo testificar que llegué a ser libre de hábitos
pecaminosos que me estaban destruyendo, mientras yo sólo buscaba conocer a
Jesús cada día más y más. Él hizo en mí lo que por mucho tiempo yo traté de hacer
y no logré. Cristo es así de asombroso. Ahora mi hábito favorito es ver su poder
obrando en mi vida y a mi alrededor.
Así se pelea realmente contra el deseo de ver pornografía. Todo plan de acción
contra el pecado debe estar basado en esto, porque de lo contrario será legalista y
estará condenado al fracaso.
PLAN DE ACCIÓN CONTRA LA PORNOGRAFÍA | BUSCANDO UN PLACER
MAYOR
“Ser un cristiano es menos acerca de evitar el pecado
cautelosamente y más acerca de hacer la voluntad de Dios
valientemente y activamente” (Frase atribuida a
Dietrich Bonhoeffer).
Tal vez al saber sobre esta serie de artículos esperabas una lista épica de “10 cosas
que debes hacer para nunca más ver pornografía” o un programa de “12 pasos
efectivos para tener menos pornografía en tu mente”.
Seré honesto: Eso no es exactamente lo que leerás acá.
UNA DIFERENCIA RADICAL AL LUCHAR CONTRA LA PORNOGRAFÍA
En el mundo hay personas que se han esforzado por abandonar la pornografía sin
acudir a Jesús, y han tenido éxito en lo que buscaban. Pero todos esos esfuerzos
que no son basados en el evangelio, aunque podrán alejarte de la pornografía, no
podrán librarte del pecado en tu corazón y de la condenación.
Si tu motivación para huir del contenido obsceno no es Dios y Su gracia revelada en
el evangelio, entonces tu motivación es idólatra. Tus esfuerzos sólo cambiarían
deseos pecaminosos por otros deseos pecaminosos[i] y no atacarías la raíz del
problema.
Por eso te he hablado de algo radicalmente distinto: Ya que el deseo pecaminoso de
ver pornografía es síntoma de no tener gozo en Dios, la clave para hacer morir tal
deseo es conocer a Dios mediante Jesucristo, gracias a Su obra en la cruz, y ver que
Sus promesas son mejores que las del pecado.
Esta no es solo la base de una guerra genuina contra el pecado en nuestros
corazones, sino que también es la garantía de que tendremos la victoria.
PLAN DE ACCIÓN: HACER LA VOLUNTAD DE DIOS.
Por tanto, en la guerra contra el pecado, primero debes admitir que en tus propias
fuerzas no podrás ganar. Debes aceptar que necesitas a Cristo más de lo que crees.
Reconoce tu pecado, arrepiéntete y deposita tu confianza en Jesús (1 Juan 1:5-10).
En Cristo hay perdón, libertad, salvación, gracia. David testifica de eso en el Salmo
51 para pecadores como nosotros.
Entonces, todo cambia porque empiezas a ver que debes luchar contra la
pornografía no para ganarte tu salvación, sino porque Dios ya te ha salvado a
través de Cristo, por medio de la fe, y Él te ha dado promesas magnificas y el deseo
de vivir para Su gloria.
Así comienzas a pelear contra tu incredulidad como un pecador justificado,
confiando en que Dios está contigo y guiándote. “El que no eximió ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con
Él todas las cosas?” (Romanos 8:32).
Confiando en Dios, empuña la espada del Espíritu: Su Palabra. En el artículo anterior
hablé de su poder santificador. Ella es útil para equiparte para toda buena obra, lo
cual incluye decir NO a la tentación (2 Tim 3:16-17).
Pero recuerda: El reconocer que necesitamos a Dios es algo de todos los días. No
podemos vivir la vida cristiana, y por tanto luchar contra el pecado, si la oración no
es importante para nosotros. “Un cristiano que no ora es como un conductor de
autobús que trata de empujar solo su autobús para sacarlo de un bache porque no
sabe que Clark Kent está a su lado” [ii].
Necesitamos que Dios purifique nuestra percepción de Su verdad e incline nuestros
corazones a Sus promesas, y podemos orar pidiendo eso (Salmos 119:18; 36-37). Pide
a Dios conforme a Su Palabra y se te dará (Mat 7:7). De hecho, no tienes hasta ahora
porque no has pedido (Santiago 4:2).
Como puedes ver, el plan para luchar contra el pecado es en esencia hacer la
voluntad de Dios: Vivir en devoción a Él, reconociendo nuestra necesidad de Él,
atesorando y recordando sus promesas, descansando en Su gracia. Todos los
cambios que necesitamos en nuestras vidas se derivan de esto.
Ese es el plan de acción que te presento.
Sé que tal vez esperabas algo más, pero realmente eso es lo que necesitas: Hacer
la voluntad de Dios. Ocupa tu mente en Él, y menos espacio tendrá el pecado en tus
pensamientos porque tendrás más gozo al crecer en la fe. Sé activo al obedecer a
Dios en agradecimiento por tu salvación.
ALGUNAS IMPLICACIONES BÍBLICAS Y CONSEJOS PRÁCTICOS.
Ya que necesitas recordar la Palabra de Dios, la vida en comunidad es crucial.
Introdúcete en una atmosfera en la que Su Palabra te rodee y así mantengas
presente Sus promesas, congregándote y haciendo amigos cristianos que te
hablen constantemente la verdad (Hebreos 10:-23-25).
Empieza a construir amistades Cristo-céntricas con personas de tu mismo
sexo, y empieza a ver las personas del sexo opuesto como hermanas (o
hermanos) a quienes debes estimar, y ora por eso (cp. 1 Timoteo 5:1-2).
Abandona el mundo de las fantasías comenzando amistades sólidas que
honren al Señor.
Busca a un amigo confiable de tu mismo sexo (puede ser un pastor o
diacono) que ame a Dios, que te pueda aconsejar hablándote la Biblia
constantemente y a quien puedas rendir cuentas. Los cristianos nos
necesitamos unos a otros (1 Corintios 12:12-20).
Además de confesar tu pecado a tu amigo, si estás casado debes confesarlo
a tu cónyuge. Eso suena terrorífico, pero debes hacerlo con mucho cuidado y
sabiduría, recordando que Dios nos ha llamado a confesar y pedir perdón
(Santiago 5:16). La confesión abre las puertas a la honestidad, la ayuda y la
restauración.
Ver pornografía es orgullo y egocentrismo. Servir a otros en amor es lo
opuesto a eso. Comparte lo que vas aprendiendo en la Biblia. Mira la
necesidad a tu alrededor y busca suplirla olvidándote de ti mismo (1 Juan
3:14-18). Busca ser luz en donde estés (cp. Filipenses 2:14-16).
Escribe un diario con reflexiones sobre lo que aprendes en la Biblia.
Asimismo, anota allí las veces y ocasiones en que eres tentado. Empezarás a
notar un patrón de cosas que haces en esos momentos, y de características
de esos instantes (hora, lugar, etc), y pecados específicos que subyacen en
tu deseo de ver pornografía. Busca en la Biblia promesas específicas contra
esos pecados y cambia los patrones que te exponen a la tentación, buscando
hacer la voluntad de Dios.
Estos son recordatorios de mandatos bíblicos y algunas sugerencias personales que
están conforme a la Biblia. En la Palabra está cómo debes y necesitas vivir. Sigue
eso. ¡No desperdicies tu vida!
DESCANSANDO EN SU GRACIA.
Estoy seguro de que a medida que busques hacer la voluntad de Dios, verás por Su
gracia cambios en la característica y frecuencia de tu pecado. Aunque
probablemente tarde o temprano vuelvas a pecar, cada día lo odiarás más y
desearás más a Dios. Eso es un avance por el cual darle gracias a Dios, porque
significa que hizo un cambio en tu corazón y continúa obrando.
Es seguro que cuando peques el diablo susurrará a tu oído que eres un fracaso y
que Dios te abandonó, pero puedes contrarrestar eso abrazando la potente verdad
de que nada te separará del amor de tu Creador (Romanos 8:38-39). Dios terminará
lo que empezó en ti (Filipenses 1:6).