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Filón de Alejandría - Sobre La Creación Del Mundo (Ed. Trotta)

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LA CREACIÓN DEL MUNDO SEGÚN MOISÉS

I.  LOS FUNDAMENTOS METAFÍSICOS DE LA CREACIÓN DEL UNIVERSO

Capítulo 1
La importancia de la obra de Moisés

[1] Entre los otros legisladores, algunos dispusieron sin ornato y direc-
tamente lo que consideraban justo, mientras que otros hicieron crecer
desmesuradamente sus numerosas consideraciones a través del añadido
de una gran cantidad de materia a sus concepciones, ocultando con
ficciones míticas la verdad. [2] Moisés superó ambas actitudes; la una,
por irreflexiva, superficial e inculta; la otra, por engañosa y plena de
fraude y comenzó sus leyes de manera muy bella y majestuosa, ya que
ni proclamó directamente lo que es necesario hacer o lo contrario, ni,
porque es necesario premoldear la mente de los que van a utilizar las
leyes, plasmó mitos o estuvo de acuerdo con los que otros habían com-
puesto. [3] El comienzo, como decía, es maravilloso en grado sumo,
puesto que comprende la creación del mundo, en la convicción de que
no sólo el mundo se conforma a la ley y la ley al mundo, sino que el
varón que respeta la ley es sin más un ciudadano del mundo dado que
guía sus acciones rectamente a la voluntad de la naturaleza, según la
cual se administra todo el universo. [4] Ningún poeta ni ningún orador
podría ensalzar dignamente la belleza de los pensamientos de la crea-

. Aquí hay una clara alusión a la teoría platónica de la ley, tal como se expresa, en
especial, en las Leyes (cf. especialmente IV, 719e-723d); sobre la concepción platónica,
cf. Lisi 2000.
. Sobre la figura de Moisés como legislador, véase Mos. 2, 8-52. La distinción
entre los dos tipos de legisladores se remonta a Platón, como se ha indicado en nota an-
terior. Una elaboración más detallada de la distinción se encuentra en el mismo Filón en
Mos. 2, 48-51.
. En la traducción se ha respetado la diferencia entre anér (varón) y ánthropos (ser
humano) para respetar la naturaleza ideológica del texto. El carácter central del varón es
fundamental en la cosmología de Filón. Cf. infra §§ 151-166.
. Como ha indicado Runia (2001: 103), el uso del término kosmopolítes es típi-
camente filoniano y se diferencia del sentido que tiene en la anécdota del filósofo cínico
Diógenes, transmitida por Diógenes Laercio (6, 63) en que tiene un carácter altamente
positivo y no hace referencia al extrañamiento de la comunidad política, sino a la concep-
ción del varón como miembro de una comunidad universal.
. Contrariamente a la interpretación que favorece Runia (2001: 47 y 104) en su

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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

ción. En efecto, superan la palabra y la audición, puesto que son dema-


siado importantes y augustos como para poder adecuarse a los órganos
de algún mortal. [5] No obstante, no hay que cejar en ello, sino que,
por encima de nuestra capacidad y a causa de nuestro amor a Dios, hay
que osar decir, nada de cosecha propia, por cierto, en lugar de mucho lo
poco, hacia lo que es lógico que se afane la inteligencia humana poseída
por el amor y el deseo de sabiduría, [6] pues creo que así como el sello
estrechísimo recibe las improntas de magnitudes colosales cuando uno
lo acuña, las bellezas superiores de la creación del universo descrita en
las leyes —aunque ofusquen las almas de los que se encuentren con sus
resplandores— serán insinuadas quizás por los caracteres más breves,
cuando se haya revelado primero aquello que no merece callarse.

Capítulo 2
El mundo es creado y está sujeto a la providencia divina

[7] Algunos, dada su mayor admiración por el universo que por su ha-
cedor, proclamaban que aquél es no sólo ingenerado, sino también eter-
no y, con gran pecado, acusaron falsamente a Dios de gran inactividad,
aunque era necesario atribuirle al primero sus poderes como hacedor y
padre y no ensalzar al segundo más allá de la medida. [8] Moisés, que
se adelantó hasta la misma cumbre de la filosofía y recibió instrucción
de los oráculos acerca de la multitud de principios que mantienen la
naturaleza, llegó a conocer, sin duda, que lo más necesario entre los
seres es el que exista una causa eficiente y otra paciente y que la causa
eficiente es el intelecto del universo, el más puro y sin mezcla. Ese in-
telecto es superior a la virtud, superior a la ciencia y superior al bien
y a la belleza en sí. [9] La causa paciente, inanimada e inmóvil por sí
misma, movida, formada y animada por el intelecto se convirtió en la
obra más perfecta, este universo. Los que sostienen que éste es inge-
nerado suprimen, sin darse cuenta, lo más útil y necesario de lo que
conduce a la piedad, la providencia. [10] La razón está, sin duda, del

traducción, creo que lo que sigue impide interpretar la palabra noêmata utilizada aquí
por Filón como refiriéndose a los pensamientos expresados por Moisés, sino más bien
como una indicación de los pensamientos divinos que son el origen de la creación del
universo.
. Filón se refiere aquí probablemente a la teoría aristotélica; cf. Sobre el cielo I, 9,
277b 27-29, 279a 18-22, y, en general, los capítulos 9-12 del primer libro, donde trata en
detalle el tema. También el tratado pseudo-aristotélico Sobre el mundo (396a 27-31) afirma
la eternidad e incorruptibilidad del universo. Cf. Reale y Bos 1994: 301 s. Filón tiene un
tratado, Sobre la indestructibilidad del mundo (Aet.) dedicado a este problema específico.
. La primera versión filosófica de la doctrina de la providencia divina se encuentra
en los textos platónicos, especialmente en los libros II y III de la República y en el X de las
Leyes. La noción de providencia se convirtió en un aspecto central de la doctrina estoica

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I .  LOS F U N D A M E NTOS M E TA F ÍS I C OS D E LA C R E A C I Ó N D E L U N I V E RSO

lado de que el padre y hacedor cuida del generado. En efecto, el padre


apunta a la preservación de sus vástagos y el artesano de sus artefactos y
apartan por todos los medios todo lo que es digno de castigo y dañino,
mientras que desean proveerlos de todas las maneras de todo lo que es
útil y provechoso. No existe ninguna familiaridad del que no ha sido
generado con el que no lo ha hecho. [11] Es una doctrina indefendible
que provee también a este mundo de una anarquía inútil como en la
ciudad, puesto que no tiene el éforo, el árbitro o el juez que es de justi-
cia que administre y presida todo. [12] Por el contrario, el gran Moisés,
como consideró que lo más ajeno a lo visible es lo ingenerado-dado que
todo lo sensible, sumido en la generación y el cambio, jamás permanece
inalterado— atribuyó la eternidad a lo invisible e inteligible como su
hermano y pariente, mientras que a lo sensible le dio como nombre
apropiado generación. Por tanto, puesto que este mundo es no sólo
visible, sino también sensible, sería necesariamente también generado.
Por ello, no estuvo descaminado cuando en un discurso teológico muy
serio describió su nacimiento.

Capítulo 3
Razones de la creación del universo en seis días

[13] Sostiene que el universo fue hecho en seis días no porque el hacedor
necesitara una extensión de tiempo —pues es lógico que Dios haga todo
simultáneamente, no sólo ordenando, sino también concibiendo—, sino
porque lo generado necesita orden y el número es propio del orden y el
seis es el número más generador en virtud de las leyes de la naturaleza.
En efecto, es el primero perfecto de ellos a partir de la mónada, ya que
iguala a sus partes y se conforma de ellas, la tríada es su mitad, la díada
su tercio, la mónada su sexto y es, por decirlo así, masculino y femenino
por naturaleza y está ensamblado del producto de ambos. En efecto, en
los seres lo impar es masculino y lo par, femenino. La tríada es el prin-

(cf. von Arnim 1903-1924: IV, 122 s. s.v. provnoia) y el mismo Filón dedicó un tratado al
problema. No obstante, Runia (2001: 118) ha llamado la atención sobre un fragmento
del filósofo medio platónico Ático que une el tema de la providencia al de la creación
del mundo de manera semejante a como lo hace aquí Filón (frag. 4, Des Places). Sobre la
noción de providencia en Filón, cf. Frick 1999.
. El término oikeíosis marca los lazos de familiaridad y afinidad que unen al crea-
dor como padre con su criatura.
. La traducción de los términos utilizados por Filón para expresar los números
intenta reflejar al máximo el matiz del término griego, aun a riesgo de tener que crear
algunos neologismos. Así, he traducido monás por «mónada» y no por «unidad»; dyás
por «díada» y no por «dos», etc. He tomado esta decisión por las implicaciones filosóficas
que tienen estos términos en la historia del platonismo y la utilización que hace Filón, así
como para mantener las diferencias establecidas por el filósofo alejandrino.

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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

cipio de los números impares10, mientras que la díada lo es de los pares.


La multiplicación de ambos es la héxada. [14] Dado que el universo
es el más perfecto de todos los seres engendrados, era necesario que
estuviera cimentado según el número perfecto, el seis, y puesto que iba
a contener en sí las generaciones por acoplamiento debía ser acuñado
en un número mixto, el primer par-impar11, que comprende la idea del
varón fecundante y de la mujer que recibe las simientes. [15] A cada uno
de los días atribuyó alguna de las partes del universo, con excepción del
primero, que él no llamó ni siquiera primero, para que no se lo contara
junto con los otros, sino que lo denomina uno12 llamándolo con un
nombre exacto, pues vio en él la naturaleza de la mónada y le confirió
su denominación. Hay que decir cuanto sea posible de lo que compren-
de, puesto que no hay forma de decirlo todo. En efecto, abarca espe-
cialmente el mundo inteligible, como anuncia el relato sobre este día.

Capítulo 4
Creación del mundo inteligible

[16] Dado que Dios comprendió de antemano, en tanto Dios, que una
copia bella nunca podría surgir separada de un modelo bello y que un
objeto sensible que no se haya hecho a imagen de un arquetipo y una
forma inteligible no es irreprochable, cuando quiso forjar este mundo
visible, plasmó primero el inteligible, para llevar a cabo el universo cor-
póreo utilizando un modelo incorpóreo y semejante a Dios al máximo,
como una imagen más joven del más antiguo, que incluye tantas espe-
cies sensible cuantas inteligibles hay en aquél. [17] No es lícito decir o
pensar que el mundo que está constituido por las ideas se encuentra
en algún lugar. Sabremos, empero, de qué manera está constituido, si
seguimos una de nuestras imágenes. Cuando se funda una ciudad por la
gran munificencia de un rey o de algún gobernante que aspira al poder
absoluto y, brillante en su concepción, intenta al mismo tiempo ornar
también su buena fortuna, es posible que a veces un varón arquitecto
por educación, al pasar y observar el buen clima y la buena aptitud del
lugar, diagrame primero en su interior casi todas las partes de la ciudad

10. La mónada es origen de los números en el sistema pitagórico y en la tradición


platónica, Por ello, no pertenece a la serie numérica en sentido estricto, puesto que es su
principio. De ahí, que el primer número impar sea el tres.
11. Números mixtos son aquellos que pueden ser analizados en dos factores, uno
de los cuales es par y el otro impar (6 = 3 × 2; 10 = 5 × 2; 14 = 7 × 2; etc.) cf. Runia
2001: 128.
12. Cf. Gn 1, 5. Tanto el texto hebreo cuanto LXX hacen la diferenciación en la
numeración de los días de la creación, aplicando un numeral al primero y ordinales a los
restantes días.

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I .  LOS F U N D A M E NTOS M E TA F ÍS I C OS D E LA C R E A C I Ó N D E L U N I V E RSO

que va a ser construida, templos, gimnasios, pritaneos, plazas, puertos,


astilleros, callejuelas, construcciones de las murallas, asentamientos de
las casas y de los restantes edificios públicos. [18] Luego, tras recibir en
su alma como en cera las matrices lleva en procesión la ciudad inteligi-
ble, como la imagen de un dios, y comienza a construirla de piedras y
maderas mirando al modelo, después de haber despertado las imágenes
por medio de la memoria que le es natural y haber impreso aún más sus
rasgos, como un buen artesano, asemejando los seres corpóreos a cada
una de las formas incorpóreas. [19] Algo semejante, por cierto, hay que
creer acerca de Dios, que, por tanto, cuando pensó fundar la gran ciudad,
concibió primero sus matrices, a partir de las que compuso el universo
inteligible y luego también el sensible utilizando a aquél como modelo.

Capítulo 5
La bondad de Dios causa de la creación del mundo

[20] Así, pues, como la ciudad que se había fraguado primero en el ar-
quitecto no ocupaba una región en el interior, sino que estaba acuñada
en el alma del artesano, tampoco el mundo construido a partir de las
ideas podría tener otro lugar que la razón divina13 que las ordenó. En
efecto, ¿qué lugar habría, diverso de sus potencias, que pudiera llegar
a ser capaz de recibir y albergar no digo todas, sino una sola cualquiera
sin mezcla? [21] Mas también es la potencia creadora del mundo por-
que tiene como fuente el verdadero bien. Si alguien quisiera investigar
la causa por la que se construyó este mundo, creo que no yerra la diana,
si declara lo que también dijo uno de los antiguos, que el padre y crea-
dor es bueno14. Es por ello por lo que no escatimó su óptima naturaleza
a una sustancia que no tenía nada bello por sí misma pero que podía
convertirse en todas las cosas. [22] En efecto, por sí misma se encon-
traba en desorden, carecía de cualidades, era carente de vida, estaba
llena de diversidad, desarmonía y discordancia, pero admitió un giro y
el cambio al estado contrario y a lo mejor, orden, cualidad, vida, seme-
janza, mismidad, lo armónico, la concordancia, todo cuanto es propio
de la forma mejor15.

13. «Razón divina» vierte to.n qei/on lo,gon. En realidad, el término lógos aplicado
al Dios creador de Filón se refiere al intelecto divino en su actividad creadora tanto del
mundo inteligible cuanto del mundo sensible. Cubre, además, la actividad organizadora
del mundo sensible a través de la providencia divina. Wolfson (19644: I, 226-239) sostie-
ne que existe un lógos trascendente y otro inmanente. Sobre la teoría filónica del lógos,
cf. Winston 1985; Runia 19862: 446-451; 2001: 142 s.; Reale y Radice 1987: xcvi-civ).
14. Cf. Platón, Timeo 29e.
15. Contrariamente a la exégesis de Wolfson (19644: I, 306-310) que se basa en una
interpretación sesgada de los parágrafos 29-32, este texto no deja lugar a dudas acerca

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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

Capítulo 6
La razón divina

[23] Sin ningún ayudante —¿pues qué otro podría haber habido?— sino
que con su única asistencia Dios conoció que había que beneficiar con
ricas e irrestrictas gracias una naturaleza carente de don divino, que era
incapaz de obtener por sí misma ningún bien. No obstante, no beneficia
según la magnitud de sus propias gracias —pues éstas son inabarcables
e infinitas—, sino de acuerdo con las capacidades de los beneficiados.
En efecto, lo que deviene no puede sufrir tanto bien cuanto Dios puede
hacer por naturaleza, puesto que las capacidades de éste son superio-
res, mientras que el otro, al ser demasiado débil como para recibir la
grandeza de ellas, las habría rechazado si él no hubiera medido lo que
infundía, sopesando de manera acorde a cada uno. [24] Sin embargo,
si uno quisiera utilizar palabras más directas, diría que el mundo inteli-
gible no es otra cosa que la razón de Dios cuando éste ya se encontra-
ba creando el mundo. En efecto, qué otra cosa es la ciudad inteligible
sino el razonamiento del arquitecto cuando ya está pensando en crear
la ciudad. [25] Esta doctrina pertenece a Moisés, no es mía. Cuando
describe el nacimiento del hombre en los versículos que siguen con-
cede abiertamente que fue estampado a imagen de dios16. Ahora bien,
si la parte es imagen de una imagen, y la forma completa —todo este
universo sensible, puesto que es mayor que la imagen humana— copia
de la imagen divina, es evidente que también el sello moldeado como
primer modelo que decimos que es el mundo inteligible, sería él mismo
la razón de Dios.

de la preexistencia de la materia (pace Weiss 1966: 59-74; Runia 19862: 59-74; Radice
1987: 236; May 1994: 9-21 y Runia 2001: 152 s., que sostienen con diversos argumentos
que no puede deducirse del texto de este tratado la preexistencia de la materia). Amén
del sentido literal del texto (véase los aoristos evfqovnhsen en § 21 y e;gnw en § 23, en contra-
posición al h;n al comienzo del § 22 ), que hace la materia preexistente a la creación pro-
piamente dicha, hablan a favor de esta evidencia otros argumentos: 1) En la concepción
teológica de Filón, Dios no puede ser creador de su contrario, algo carente de belleza y
de orden (§ 23). Compárese la creación del ser humano, en la que Dios se deja ayudar por
sus subordinados para no participar en la creación de algo negativo (§ 75 ). 2) La cercanía
del texto al Timeo que ya ha sido suficientemente subrayada por diferentes investigadores,
hace probable que Filón hubiera indicado con claridad la creatio ex nihilo, puesto que el
texto, tal como se encuentra redactado, sólo podía ser comprendido en el sentido aquí
apuntado. Por último, es, a mi entender, un indicio, el vocabulario utilizado a lo largo del
texto por Filón para indicar la creación, generalmente traducido de manera inadecuada,
que asimila la tarea de creación a la de acuñación o estampado de imágenes sobre una
sustancia preexistente.
16. Cf. Gn 1, 27.

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I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

II.  LOS SEIS DÍAS DE LA CREACIÓN

Primer día
Capítulo 7
El comienzo de la creación

[26] Dice que «al principio hizo Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1),
entendiendo el principio, no como creen algunos como principio en el
tiempo, pues no había tiempo antes del universo, sino que nació con él
o después de él. En efecto, dado que el tiempo es el tamaño del movi-
miento17 del mundo, el movimiento no podría producirse antes de lo
que se mueve, sino que necesariamente debe surgir o bien más tarde o
al mismo tiempo. Por tanto, es menester que también el tiempo sea de
la misma edad que el mundo o más joven que él. Es producto de una
carencia de educación filosófica osar afirmar que es más antiguo18. [27]
Mas si no se comprende ahora como temporal, sería lógico tomarlo
según el número como que «al principio hizo» equivale a hizo el cielo
en primer lugar. En efecto, es razonable, en realidad, que haya surgido
en primer lugar, puesto que es el mejor de los seres generados y fue
construido de lo más puro de la sustancia, porque iba a ser la morada
de los dioses visibles y sensibles. [28] Aunque el creador hubiera crea-
do19 todo al mismo tiempo, lo que deviene bien no habría tenido menos
orden en absoluto, pues nada bueno hay en el desorden. El orden es
sucesión y concatenación de unos seres que preceden y siguen, si no en
los efectos, al menos en las concepciones de los que los producen, pues
así iban a alcanzar precisión, a no ser errantes y no estar en la confusión.
[29] Entonces, el hacedor hizo en primer lugar el cielo incorpóreo y
la tierra invisible20, así como la idea de aire y de vacío, de los cuales al
uno le puso el nombre de oscuridad, porque el aire es por naturaleza
negro, mientras que al otro le puso el nombre de abismo, pues el vacío
es muy profundo y abierto. Luego creó la esencia incorpórea del agua y
del soplo21 y en séptimo lugar la luz que alumbra todas las cosas, la que

17. Los estoicos definen el tiempo en los mismos términos que Filón, cf. Zenón (SVF
1, 93), Crísipo (SVF 2, 509, 510, etc.); von Arnim pone este pasaje entre los fragmentos
de Crisipo (SVF 2, 511 ).
18. Aunque rechaza la noción de creación en el tiempo del universo, Filón considera
que fue creado realmente. Véase Leg. 1, 2 y 2, 3; Sacr. 65; cf. Weiss 1966: 18 ss. y Baltes
1976: I, 32.
19. Contrariamente a la interpretación y traducción de Runia (2001: 52 y 94 n. 11),
el imperfecto marca aquí irrealidad y no tiene nada que ver con el aspecto incoativo que
pretende atribuirle. Cf. KG I § 393, pp. 215 s.
20. Cf. Gn 1, 1-2.
21. La palabra pneûma que vierte la hebrea ruah en la versión de LXX puede ser

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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

nuevamente era incorpórea y paradigma inteligible del sol y de cuantos


astros portadores de luz iba a construir en el cielo.

Capítulo 8
Creación de la luz

[30] Juzgaba el hálito y la luz dignos de precedencia. Al primero lo lla-


mó «de Dios» (Gn 1, 2) porque el hálito es lo más vivo y Dios es causa
de vida y <dice> que la luz es bella en grado sumo22; pues lo inteligible
es tanto más brillante y radiante que lo visible, cuanto lo es el sol, creo,
que la oscuridad; el día, que la noche y el intelecto, guía y señor de toda
el alma, que los ojos del cuerpo. [31] Aquella luz invisible e inteligible
se hizo imagen de la razón divina que había trasladado su nacimiento23
y existe como un astro más allá del cielo, fuente de los astros visibles
que podría llamarse no inadecuadamente brillo absoluto del que el sol,
la luna y los restantes cuerpos celestes errantes y fijos extraen, según
la capacidad de cada uno, los resplandores correspondientes, de aquel
resplandor puro e impoluto, que se enturbia cuando comienza a girar
siguiendo el pasaje de lo inteligible a lo sensible, ya que nada de lo que
es percibido por los sentidos es sin mezcla.

Capítulo 9
Separación de la luz y la oscuridad

[32] También está bien, por cierto, decir que «había oscuridad sobre el
abismo» (Gn 1, 2). En efecto, en cierta forma, el aire se encuentra sobre
el vacío, puesto que, montado sobre ella, había mantenido llena toda la
región abierta, desierta y vacía que se extiende desde las regiones de la
zona de la luna hasta nosotros. [33] Después de encenderse la luz inteli-
gible, que surgió antes que el sol, se fue retirando la oscuridad contraria
a ella, puesto que Dios, buen conocedor de sus oposiciones y su com-
bate natural, va estableciendo una muralla entre ellas y separándolas.
Por tanto, para que no se encontraran y se enzarzaran en un disenso
permanente y se impusiera la guerra en lugar de la paz, introduciendo el

traducida también por «espíritu» y tiene tanto en la tradición griega como en la hebrea el
sentido de «aliento vital». En la filosofía estoica representa, a partir de Crísipo, la sustan-
cia material que anima todo el universo y, en especial, los organismos vivientes (cf. Runia
2001: 166 s.).
22. Cf. Gn 1, 4.
23. El verbo griego utilizado (diermeneúo: interpretar, traducir) implica que la ra-
zón divina (lógos) actúa traduciendo la voluntad divina y la traslada a la materia, inter-
pretándola.

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I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

desorden del universo, no sólo separó luz y oscuridad, sino que también
colocó lindes entre los intervalos intermedios, con las que retuvo cada
uno de los extremos. En efecto, en vecindad, habrían llegado a ocasio-
nar confusión, prestas a combatir por el poder según su gran e incesante
amor a la discordia, si las lindes fijadas en el medio no las hubieran
unido y puesto fin el ataque mutuo24. [34] Estos límites son el atardecer
y el amanecer, de los que el uno, mientras refrena calmamente la oscuri-
dad, trae la buena nueva del sol que va a salir, en tanto que el atardecer
sigue a la puesta del sol, aceptando suavemente la entrada completa de
la noche. Y esto, me refiero al amanecer y el atardecer, debe colocarse
también en el orden de los seres incorporales e inteligibles. En general,
no hay nada sensible en ellos, sino que todos son ideas, medidas, tipos
y sellos, entes incorpóreos para la generación de otros seres corpóreos.
[35] Cuando se hizo la luz, la oscuridad se alejó y retrocedió y las lin-
des en los intervalos intermedios fijaron el atardecer y el amanecer;
de inmediato se cumplió necesariamente la medida del tiempo, que el
hacedor también llamó día, y día no primero, sino uno, que quedó con
esa denominación por la singularidad del mundo inteligible que tiene
una naturaleza monádica25.

Segundo día
Capítulo 10
Creación del firmamento

[36] El mundo incorpóreo, entonces, había alcanzado ya su término,


establecido en la razón divina, mientras que el sensible comenzaba a
llegar a su completitud <orientándose> hacia el modelo del inteligible.
Como primera de sus partes, lo que también es por cierto lo mejor de
todo, el demiurgo hacía el cielo, que con propiedad denominó firma-
mento, puesto que es corpóreo26, porque el cuerpo es por naturaleza
un sólido que se extiende en tres direcciones. ¿Qué otra noción hay del
sólido y del cuerpo que la de que es lo que se extiende en todas direc-
ciones? Por tanto, lógicamente llamó a éste firmamento para oponer lo
sensible y corporal a lo inteligible e incorpóreo. [37] Luego lo llamó

24. Sobre la razón divina en su función de separadora de las realidades, véase Her.
133-23 6. Especialmente § 163 donde cita el pasaje de Gn aquí comentado. Horovitz
(1900: 68) y Runia (2001: 170) han señalado la similaridad del comentario de Filón con
el de la Midrash. Las semejanzas terminológicas con el relato platónico de la creación del
alma del mundo (Timeo 33b 10-36d 7 ) son también evidentes.
25. Existe un juego de palabras intraducible entre monósis («singularidad» en la tra-
ducción) y monadiké («monádica» en la traducción).
26. Juego de palabras intraducible entre steréoma (firmamento) y stereón: sólido
geométrico que hace referencia al carácter tridimensional de los cuerpos.

115
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

inmediatamente cielo de forma exacta y completamente apropiada, o


bien porque era la linde de todas las cosas o porque surgió el primero
de los seres visibles. También denomina al día que se cumplió después
de su generación segundo y atribuye al cielo un intervalo entero y una
medida de un día por su dignidad y valía entre los objetos sensibles.

Tercer día
Capítulo 11
Separación de las aguas y aparición de la tierra

[38] Luego, como toda el agua se encontraba vertida sobre toda la tierra
y estaba esparcida por todas sus partes, como la secreción líquida de
una esponja embebida, como si fueran bañados y un profundo barrizal,
a la manera de una pasta de ambos elementos mezclados y confundidos
en una única naturaleza indiferenciada y amorfa, Dios ordena que toda
el agua que era salada e iba a ser causa de infertilidad para las semillas
y los árboles se reuniera fluyendo de las hendiduras de toda la tierra
y que surgiera la tierra seca27, mientras se dejaba el elemento húme-
do dulce para que se mantuviera —pues el elemento húmedo dulce es
una especie de pegamento de las partes separadas— y, además de que,
completamente seca, no se volviera infértil y estéril, también para que
proporcionara cual una madre no sólo una clase de alimento, la comida,
sino que, como si fueran sus hijos, ofreciera comida y bebida. Por ello
hace desbordar sus venas, semejantes a senos, que cuando desembocan
van a verter ríos y fuentes. [39] No menos extendió las vetas húmedas
ocultas en toda la tierra próspera y fértil para la producción buena y
abundantísima de frutos. Una vez que hubo ordenado esto les dio nom-
bre y llamó a la seca tierra y al agua que se había separado, mar28.

Capítulo 12
Surgimiento de los vegetales

[40] A continuación comenzó a poner en orden la tierra, pues le ordena


dar hierbas y espigas, haciendo surgir todo tipo de plantas, así como
llanuras de engorde y todo cuanto iba a ser forraje para el ganado y
para los hombres de alimento29. Además, hizo crecer todas las clases de
árboles, sin pasar por alto ninguna de las que proporcionan la madera
salvaje o la llamada cultivada. Las había cargado a todas de frutos, di-

27. Cf. Gn 1, 9.
28. Cf. Gn 1, 10.
29. Cf. Gn 1, 11.

116
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

rectamente junto con su primera generación, de una manera contraria


a la que actualmente está instituida. [41] En efecto, ahora las que nacen
lo hacen alternadamente en tiempos diferentes, pero no de golpe en
una única estación. ¿Quién no sabe que primero viene la siembra y la
plantación, luego el crecimiento de lo que se ha sembrado y plantado,
que en un caso consiste en la extensión de las raíces hacia abajo, como
cimientos, mientras que en el otro se trata de la elevación hacia arriba,
lo alto, de las plantas que se levantan y hacen crecer sus tallos? Luego
viene el surgimiento de los brotes y el follaje, más tarde, después de
todo, la producción de frutos. Además, el fruto no nace acabado, sino
que sufre todo tipo de cambios tanto en la magnitud de su tamaño cuan-
to en la cualidad en sus muy variadas formas. En efecto, el fruto nace
semejante a tamos sin partes, visibles con dificultad por su exigüidad, de
los que podría opinarse sin errar que son los primeros seres sensibles.
Luego, poco a poco y a partir del alimento que les es conducido, o irriga
el árbol, y por la buena mezcla de los aires, que encienden y cuidan con
brisas frescas y al mismo tiempo suaves, crece avanzando hacia el tama-
ño más acabado. Con la magnitud cambia también sus cualidades como
si la ciencia pictórica lo hubiera artísticamente realzado con diferentes
colores.

Capítulo 13
Desarrollo de los vegetales

[42] En la primera generación del universo, como decía, Dios hizo sur-
gir de la tierra toda la materia de las plantas en su forma acabada, con
frutos no verdes, sino maduros, para el uso y el disfrute prestísimo e in-
mediato de los animales que iban a nacer a continuación. [43] Él ordena
a la tierra, por cierto, engendrarlos. Ésta, como su hubiera estado pre-
ñada hacía mucho tiempo y hubiera sentido los dolores del parto, pare
todas las clases incontables de plantas nacidas de semilla, todas las de
árboles y, además, de frutos30. Sin embargo, los frutos no eran sólo ali-
mento para los animales, sino también instrumentos para la generación
permanente de seres semejantes, puesto que contienen las sustancias
espermáticas, en las que se encuentran ocultos e invisibles las razones
de todas las cosas31, que se vuelven manifiestas y visibles en los ciclos
de las estaciones. [44] Dios quiso que la naturaleza recorriera un largo

30. Cf. Gn 1, 12.


31. Filón utiliza aquí la doctrina estoica de los lógoi spermatikoí, sustancias que
determinaban el orden de desarrollo del organismo, aunque Filón no tiene una interpreta-
ción materialista de las razones espermáticas que considera formas dinámicas inmanentes;
cf. Runia 2001: 184.

117
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

camino, haciendo inmortales las especies y partícipes de la eternidad.


Por eso no sólo conduce el principio al fin y lo apremia, sino que tam-
bién hace que el fin retorne, doblándose, hacia el principio. En efecto,
el fruto surge de las plantas, como si fuera el fin al que se llega desde el
principio y del fruto, que contiene en sí la semilla, nace nuevamente la
planta como si del fin surgiera el principio.

Cuarto día
Capítulo 14
Razón de la posterioridad en la creación de los astros

[45] El cuarto día, después de la tierra, trabajó con gran maestría el cie-
lo y lo ordenó. No hizo esto porque lo colocara en una posición inferior
a la tierra, dándole prioridad a la naturaleza peor y juzgando la mejor y
más divina digna del segundo puesto, sino para mostrar clarísimamente
el poder de su gobierno. Dado que captó de antemano cuáles iban a
ser las opiniones de los seres humanos que aún no habían nacido, los
que apuntan a lo probable y lo verosímil —en los que hay mucho de
racional— pero no a la verdad pura, y entendió que confían más en los
fenómenos que en Dios, ya que admiran más el pseudo-conocimiento
que la sabiduría y que, al contemplar directamente las revoluciones del
sol y de la luna, a través de los que se producen veranos, inviernos y los
equinoccios de la primavera y el otoño, iban a suponer que las causas
de todo lo que brotaba y nacía de la tierra a lo largo de todo el año eran
las revoluciones de los astros en el cielo, para que algunos, ya sea por
una osadía desvergonzada o bien por una ignorancia extrema, no osa-
ran atribuir las primeras causas a nada generado [46], remóntense, dice,
con el pensamiento a la primera generación de todas las cosas, cuando
antes del sol y de la luna la tierra produjo todo tipo de plantas, todo
tipo de frutos y contemplando con el pensamiento esperen que también
nuevamente producirá según la orden del padre, cuando le parezca a él,
que no necesitó de la ayuda de los hijos del cielo, a los que les otorgó los
poderes, aunque no absolutos. En efecto, como un auriga que tiene las
riendas en sus manos o un timonel, el timón, conduce cada cosa como
quiere, según ley y justicia, sin necesidad de la ayuda de ningún otro,
pues todo es posible a Dios32.

32. Esta visión del Dios creador es muy semejante, tanto en la terminología como en
las imágenes, a la concepción del demiurgo platónico, tal como se encuentra expresada
en el mito del Político (269c 4-274e 4).

118
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

Capítulo 15
La tétrada

[47] Ésta es la causa por la que primero la tierra brotó y se cubrió de


verde. A continuación recibió su orden el cielo en el número perfecto
de la tétrada, que no andaría uno errado si dijera que es el punto de
partida y fuente de la década perfecta. En efecto, lo que es la década en
acto, lo es la tétrada, así parece, en potencia. En efecto, si los números
que van de la mónada hasta la tétrada se compusieran sucesivamente,
generarían la década33, la cual es límite de la infinitud de los números,
límite alrededor del cual, como en el mojón de giro, dan vuelta y doblan
de regreso34. [48] También comprende la tétrada las proporciones de los
acordes musicales, de las cuartas, las quintas y las octavas y, además, de
la doble octava, de los que se genera el sistema más perfecto. La propor-
ción de las cuartas es el epítrito, la de la quinta es sesquiáltero; doble, la
de la octava y cuádruplo, la de la octava doble. La tétrada tiene a todos
éstos porque los incluye; el epítrito en los 4/3, el sesquiáltero en los 3/2,
al doble en los 2/1 y al cuádruplo en los 4/135.

Capítulo 16
La tétrada es el primer cuerpo sensible

[49] También hay otro poder de la tétrada, el más maravilloso que se


pueda decir o concebir. Ésta es la primera que mostró la naturaleza del
sólido, pues todos los números anteriores a ella están atribuidos a los
seres incorpóreos. En el uno se ordena el llamado punto en geometría;
en el dos, la línea, porque la díada se produce por efusión del uno,
mientras que la línea se constituye por efusión del punto. La línea es
una extensión sin anchura. Una vez que se agrega la anchura surge la
superficie, que está ordenada en la tríada. Para alcanzar la naturaleza de
un sólido, la superficie necesita de la profundidad, que añadida a la tría-
da se convierte en tétrada. Por ello, sucede que este número es una gran
cosa, el que nos condujo desde la sustancia incorporal e inteligible a la
noción del primer cuerpo sensible que se extiende en tres direcciones36.

33. Es decir, los números que componen la tétrada (1, 2, 3 y 4) sumados dan 10.
34. El kamptér era un mojón colocado al final de la pista que indicaba el punto don-
de los corredores o los carros debían emprender el regreso en las carreras dobles o de ida
y vuelta.
35. Todas estas combinaciones se obtienen, como es obvio, por combinación de los
números integrantes de la tétrada (véase supra n. 15).
36. Contrariamente a la afirmación de Runia (2001: 193), el pasaje de Filón se re-
laciona directamente con la teoría derivativa atribuida a Platón y a la Academia antigua.
Cf. Platón, Timeo 53c 4-55c 6, como indicio de esta teoría y los testimonios de Aristóteles

119
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

[50] El que no comprenda lo dicho, lo entenderá a partir de un juego


muy habitual. Los que juegan con nueces acostumbran a colocar una su-
perficie de tres nueces y ponerle una encima, generando una estructura
piramidal. El triángulo de la superficie está compuesto hasta la tríada y
la nuez añadida engendra la tétrada en los números, mientras que en las
figuras, la pirámide, ya un cuerpo sólido. [51] Además, tampoco debe
desconocerse que el cuatro es el primer número cuadrado cuyo produc-
to surge de la multiplicación de dos factores iguales, medida de la jus-
ticia y de la igualdad y que es el único que se genera naturalmente por
suma y potencia; por suma de los mismos factores, del dos más dos y,
por potencia, del dos al cuadrado, mostrando así una imagen extrema-
mente bella de la congruencia que no le sucede a ninguno de los otros
números. Asimismo, el número seis, que está compuesto de dos tríadas,
ya no se genera cuando éstas se multiplican, sino que <el resultado> es
otro, el nueve. [52] La tétrada utiliza también otras muchas potencias,
que deben ser también demostradas de forma más exacta en el discurso
propio sobre ella37. Sin embargo, es necesario agregar que también se
convirtió en principio de la generación de todo el cielo y del mundo,
pues los cuatro elementos, de los que fue construido este universo, flu-
yeron de la tétrada aritmética como de una fuente. Asimismo, además
de éstos, las estaciones del año son cuatro, las causas de la generación
de los animales y plantas, puesto que el ciclo anual está distribuido de
manera cuádrupla en invierno, primavera, verano y otoño.

Capítulo 17
Ordenamiento del cielo

[53] Dado que se juzgó que el número mencionado era digno de tanta
preeminencia en la naturaleza, el hacedor ordenó, necesariamente, el
cielo con los astros portadores de luz según la tétrada, un orden muy
bello y el más parecido a Dios. Como sabía que la luz es el mejor de
los seres, proclamó que es el instrumento de la vista, el mejor de los
sentidos: puesto que lo que es el intelecto en el alma, lo es el ojo en el
cuerpo. En efecto, ambos miran, el uno a los seres inteligibles; el otro,
a los sensibles. Mientras el intelecto está necesitado de la ciencia para
conocer los seres incorpóreos, el ojo lo está de la luz para la captación
de los cuerpos, lo que llegó a ser causa de muchos otros bienes para los

(Tópicos 25a, 26a, 27a). Los testimonios aportados por Runia en apoyo de su tesis son
demasiado tardíos y, probablemente, dependientes de Filón, como para ser tomados en
cuenta. Cf. Krämer 1964: 271.
37. Aquí puede haber una alusión a un tratado perdido Sobre los números de Filón.
Cf. Runia 2001: 194.

120
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

hombres, pero especialmente del máximo, la filosofía. [54] En efecto,


la vista, enviada hacia lo alto por la luz y viendo la naturaleza de los
astros y su movimiento armonioso, las revoluciones bien ordenadas de
las estrellas fijas y los planetas, las primeras girando siempre de manera
regular y uniforme, mientras que los segundos utilizan ciclos dobles
irregulares y contrarios, y que las danzas de todos estaban ordenadas
por leyes de la música perfecta, le proporcionaba al alma un goce y
un placer indescriptibles. Ésta, agasajada con una serie de espectáculos,
pues unos se sucedían de otros, no se hartaba de contemplar. Luego,
como suele suceder, continuaba haciéndose preguntas más profundas,
cuál es la esencia de estos seres visibles y si por naturaleza no tienen ge-
neración o recibieron algún principio de generación y cuál es su forma
de movimiento y cuáles son las causas a través de las que son regidos.
De la investigación de estos asuntos surgió el género de la filosofía. A la
humanidad no llegó un bien más perfecto que ella.

Capítulo 18
Creación de los astros a partir de la luz inteligible

[55] Mirando aquella idea de la luz inteligible, que ha sido mencionada


en el mundo incorpóreo, hizo los cuerpos celestes visibles, estatuas divi-
nas y de una belleza absoluta, que asentó en el cielo como en un templo
purísimo de la sustancia corpórea, por muchas causas: en primer lugar,
por dar luz; en segundo, por los signos, luego por las ocasiones de las
estaciones del año, y, por último, por los días, meses, años38, que se
convirtieron en medidas del tiempo y engendraron la naturaleza del nú-
mero. [56] Qué utilidad y beneficio proporciona cada uno de los men-
cionados, es evidente con claridad, pero para una captación más exacta
quizás no esté fuera de lugar rastrear con el discurso las huellas de lo
verdadero. Puesto que todo el tiempo está distribuido en dos secciones,
el día y la noche, el padre entregó al sol el dominio del día, como a un
gran rey, mientras que el de la noche se lo dio a la luna y a la multitud
del resto de los astros. [57] La grandeza de la potencia y el gobierno del
sol tiene la clarísima prueba que ha sido mencionada. En efecto, aunque
es único y está solo le está asignada en propiedad y de manera absoluta
la mitad de la sección de todo el tiempo, el día, mientras que todos los
otros junto con la luna poseen la otra sección que lleva el nombre de
noche. Y cuando el uno sale, las manifestaciones de tantos astros no
sólo disminuyen, sino que incluso desaparecen por el flujo de su brillo
luminoso, mientras que cuando se pone, comienzan a hacer aparecer
todos juntos sus características.

38. Cf. Gn 1, 14.

121
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

Capítulo 19
Función de los astros

[58] Han surgido como él mismo dijo, no sólo para enviar luz a la tierra,
sino también para mostrar los signos de lo que iba a suceder. En efecto,
con sus salidas, puestas, eclipses o, además, apariciones u ocultamientos
o con las otras diferencias de movimientos, los seres humanos coligen lo
que va a derivarse, producción o infecundidad de frutos, generación y
desaparición de animales, días luminosos y nublados, suavidades y vio-
lencias de las aires, desbordes y extinción del caudal de los ríos, tranqui-
lidad y agitación del mar, cambios en las estaciones, cuando el verano
es como el invierno o el invierno es caluroso o la primavera es como el
otoño o el otoño como la primavera39. [59] Mas algunos pronosticaron
ya, por medio de la conjetura, no sólo un temblor, sino incluso un mo-
vimiento de tierra a partir de los movimientos que sucedían en el cielo,
así como otros innumerables fenómenos muy poco habituales, de modo
que está dicho con total verdad que los astros nacieron «para servir de
signos» y, además, sin duda, también «para las ocasiones oportunas»
(Gn 1, 14)40. Supuso que las estaciones anuales son oportunidades y
quizás con razón, pues ¿qué podría ser el concepto de oportunidad sino
el tiempo de la realización con éxito? Las estaciones, al llevar a su fin
a todas las cosas, las realizan con éxito, las siembras y plantaciones de
frutos y tanto los nacimientos cuanto el crecimiento de los animales.
[60] Mas también surgieron para ser medidas del tiempo41. Los días,
meses y años se fraguaron con las revoluciones ordenadas del sol, la
luna y los restantes astros42. Y lo más útil, la naturaleza del número43,
se mostró directamente, cuando el tiempo la hizo aparecer: de un día,
el uno; de dos, el dos; de tres, el tres; del mes, el treinta; del año, la
multiplicidad igual a los días de los doce meses, y del tiempo infinito, el
número infinito. [61] Las naturalezas y movimientos de los astros en el
cielo abarcan tantos beneficios y tan necesarios, cuantos otros, podría
decir yo, que no nos son manifiestos —pues no todo es pasible de ser
conocido para el género humano—, pero que incluyen la conservación
de las cosas que contribuyen a la construcción del conjunto, que sucede

39. Véase Spec. 1, 92


40. La palabra griega kairós tiene también el significado de estaciones, que es el
que tiene en el texto bíblico. Filón utiliza aquí el significado de oportunidad, momento u
ocasión oportuna que es el habitual. Cf. Runia 2001: 206.
41. Véase Spec. 1, 90-91.
42. Cf. Platón, Timeo 37d 5-e 3. Sobre la combinación del pasaje platónico con el
texto bíblico en este parágrafo, cf. Runia 21986: 225.
43. Cf. Platón, Timeo 39b 2-e 1, 47a 1-b 2.

122
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

que se cumplen completamente con estatutos y leyes44 que Dios definió


como inmutables en el universo.

Quinto día
Capítulo 20
Creación de los animales acuáticos y voladores

[62] Una vez que la tierra y el cielo fueron ordenados con sus órde-
nes correspondientes, la una con la tríada, el otro, como se dijo, con
la tétrada45, emprende la plasmación como seres vivos de las especies
mortales, comenzando por las acuáticas en el día quinto, porque con-
sideró que nada estaba tan emparentado entre sí como el cinco con los
animales, pues en nada se diferencian más los seres animados de los in-
animados que en la sensación46. La sensación es divisible en cinco: vista,
oído, gusto, olfato y tacto. A cada uno le atribuyó el hacedor no sólo
materias exclusivas, sino también un criterio propio, con el que fuera a
juzgar los objetos que cayeran en su ámbito: a la visión, los colores; los
sonidos, al oído; los jugos, al gusto; al olfato, los vapores, la morbidez
y la dureza y todo lo que es caliente o frío y tanto las lisuras cuanto las
rugosidades, al tacto. [63] Ordena entonces que se constituyan variadas
especies de peces y monstruos marinos47 que se diferencian según los
lugares en sus tamaños y características, ya que son otros en otros ma-
res abiertos, aunque a veces son también los mismos. No obstante, no
formó todas las cosas en todos lados y quizás con razón. A algunos, en
efecto, les agrada el mar estancado y no muy profundo, mientras que a
otros, los fondeaderos y puertos, porque no pueden ni arrastrarse a la
tierra, ni nadar lejos de ella, pero otros que viven en el medio del mar
abierto y profundo se apartan de los cabos que se internan en el mar,
las islas o las piedras y unos florecen en el buen tiempo y la tranqui-
lidad, mientras que otros lo hacen entre la ola y el flujo de la marea,
pues ejercitados por los golpes continuos y remontando la corriente con
violencia son más fuertes y engordan más. También hizo a continuación
las especies de seres alados48 como hermanas de las especies acuáticas
—pues ambas pueden nadar49— sin dejar incompleta ninguna clase de
los que marchan por aire.

44. Véase infra § 171.


45. Véase supra § 53.
46. Véase Plant. 133; Migr. 201; Mos. 2, 81-82; Abr. 147; Anatolio, Sobre la década
y los números en su interior 19; Jámblico, Teologoumena Aritmetica 34, 3-5.
47. Cf. Gn 1, 21.
48. Cf. Gn 1, 21.
49. Filón extiende el significado de la palabra nektón (capaz de nadar, nadador) con

123
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

Capítulo 21
Creación de los animales terrestres

[64] Cuando el agua y el aire ya habían recibido las especies de animales


correspondientes como su lote propio, nuevamente instaba a la tierra a
la generación del la parte que le faltaba —pues le faltaban después de
las plantas los animales terrestres— y dice: «Produzca la tierra cada una
de las especies del ganado, de las bestias salvajes y de los reptiles» (Gn 1,
24). Ésta liberó inmediatamente las especies ordenadas y diferentes en
estructura, fuerzas y características dañinas y beneficiosas inherentes.
[65] En último lugar, iba a hacer al hombre50. Un poco más adelante51
diré la manera en que lo hizo, después de haber mostrado primero que
utilizó una concatenación muy hermosa, según la cual dirigió la gene-
ración de los animales52. En efecto, el alma menos activa y acuñada le
fue asignada a la raza de los peces, la más exacta y la mejor en todos los
aspectos, al género humano, la intermedia, al de los animales terrestres
y aéreos. Ésta siente más que la que se encuentra en los peces, pero está
más abotargada que la que está en los seres humanos. [66] Por ello, de
los seres animados engendró primero a los peces, porque participan
más de la sustancia corporal que de la anímica, en cierto sentido vivien-
tes y no vivientes, seres sin alma dotados de movimiento, puesto que
la forma anímica les fue implantada únicamente para la perduración de
los cuerpos, como dicen que se echa la sal a la carne, para que no se pu-
dra fácilmente53. Después de los peces, engendró los seres alados y los
animales terrestres, pues éstos ya tienen una mayor percepción y a tra-
vés de su estructura muestran más nítidamente las cualidades inherentes
a la presencia del alma. Mas en último lugar, como se dijo54, creó el ser
humano al que regaló el intelecto excepcional, una especie de alma del
alma, como la pupila en el ojo. En efecto, los que investigan más pro-
fundamente las naturalezas de las cosas dicen que es ojo del ojo.

la finalidad de justificar la presencia de los animales acuáticos y los voladores en el mismo


día de la creación. Arnaldez (1961: 182, n. 1) cita un pasaje de Aristóteles que marca la
analogía entre las alas y las aletas (De la generación de los animales 15, 713a 10 ). No
obstante, esta observación aristotélica no basta para justificar el uso que hace Filón de la
palabra, a la que da una mayor extensión. Por eso, he preferido mantener el significado
originario, entendiendo que aquí se hace una utilización metafórica en el caso de las aves.
50. Cf. Gn 1, 27.
51. Véase infra § 69.
52. Contrariamente a la interpretación de Runia (2001: 62), creo que el sujeto del
verbo hyphegésato no es Moisés, sino Dios, de acuerdo con su significado más habitual.
53. H. von Arnim cita este pasaje entre los fragmentos de doctrina estoica sobre los
animales y plantas (SVF 2, 722 ). Con él parecerían estar efectivamente relacionados los
fragmentos 720 y 721 de la citada colección.
54. Véase supra § 65.

124
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

Capítulo 22
El orden de la creación

[67] Entonces, pues, todas las cosas se iban constituyendo simultánea-


mente. Sin embargo, aunque constituidas todas al mismo tiempo, la
razón55 iba trazando el orden con necesidad, porque a continuación los
seres se iban a generar unos de otros56. El orden entre los seres parti-
culares es que la naturaleza comienza por lo peor, pero termina en lo
mejor de todo. Hay que mostrar qué es esto. Sucede que el esperma es
el comienzo de la generación de los animales. Se observa que esto es lo
peor, semejante a la espuma, pero cuando, echado en la matriz, se fija,
recibe inmediatamente movimiento y se vuelve hacia la naturaleza57.
La naturaleza es mejor que el esperma, puesto que también lo es el
movimiento que el reposo entre los generados. Ésta, cual un artesano
o, por hablar más apropiadamente, cual un arte perfecto, plasma como
ser viviente, por un lado, la sustancia húmeda, distribuyéndola en los
miembros y partes del cuerpo y, por otro, la sustancia neumática en las
capacidades del alma, la nutritiva y la sensitiva, pues hay que pretermi-
tir ahora la del razonamiento, debido a los que dicen que se introduce
del exterior por ser divino y eterno58. [68] En consecuencia, la natura-
leza comenzó por el esperma de poco valor y cesó en lo más valioso,
la estructura del ser vivo humano. Esto mismo sucedió en el caso de
la generación del universo. Cuando el demiurgo decidió moldear los
animales, estaban primero en el orden los que en cierta forma eran
peores, los peces, y al final los mejores, los seres humanos. El resto son
los medios entre los extremos, mejores que los primeros, peores que los
segundos, los animales terrestres y los alados.

55. Runia (21986: 102 y 2001: 218) ha dado a lógos en este pasaje el significado de
account. Creo que ese significado no puede mantenerse por el contexto, como muestra el
parágrafo que sigue.
56. El orden no debe ser entendido en el sentido de una sucesión temporal, sino
como una disposición jerárquica en sentido ontológico.
57. Fu,sij hace referencia al principio de crecimiento y movimiento en el universo.
Para los estoicos se trataba del fuego interior que causa la preservación y el crecimiento
de las plantas y animales. Cf. Zenón (SVF 1, 171).
58. Para los estoicos, el esperma era una mezcla de pneûma con humedad (SVF 1,
128). Sobre la significación del pneûma, véase supra n. 21.

125
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

Sexto día
Capítulo 23
La creación del ser humano: el intelecto

[69] Después de todas las otras cosas, como se dijo59, dice que el ser
humano ha sido generado a imagen y semejanza de Dios60. Muy bien,
pues nada nacido de la tierra es más parecido a Dios que el ser humano.
Sin embargo, nadie asemeje el parecido a un carácter corporal, pues ni
Dios tiene forma de ser humano, ni el cuerpo humano tiene aspecto
divino. La imagen está expresada según el guía del alma61, el intelecto.
El intelecto parcial que se encuentra en cada uno fue asemejado a aquel
único que lo es de todas las cosas como si fuera un arquetipo, porque es
en cierto modo un dios del que lo porta y transporta en procesión a una
imagen: la relación que tiene el gran guía en todo el universo, posee,
así parece, el intelecto humano en el ser humano, pues es invisible, pero
ve todas las cosas y tiene la esencia inescrutable, aunque comprende las
de los otros seres. Abriendo caminos muy ramificados y frecuentados
todos por medio de las artes y las ciencias va a través de la tierra y el
mar, investigando las cosas que se encuentran en ambos medios. [70]
Asimismo, después de elevarse alado y observar el aire y los fenómenos
que en él se producen, se mueve más hacia lo alto, hacia el éter y las re-
voluciones del cielo, girando en las danzas de los planetas y las estrellas
fijas al compás de los aires62 de la música perfecta, siguiendo el amor a
la sabiduría que lo guía, tras asomarse por encima de toda la sustancia
sensible, desea allí la inteligible63. [71] Una vez que hubo contemplado
en aquélla los modelos y las formas de las cosas sensibles que vio aquí,
superiores en belleza, es poseído por una embriaguez sobria, como los
coribantes por el entusiasmo, pleno de la avidez de otro deseo mejor,
que lo envía al supremo ábside de lo inteligible, cree llegar al gran rey
en persona. Cuando anhela verlo, fluyen a la manera de un torrente
invernal los rayos inmaculadamente puros de toda la luz, de forma que
con los resplandores el ojo de la inteligencia se encandila y marea. Sin
embargo, puesto que no toda imagen es semejante al modelo arquetí-

59. Véase supra § 65.


60. Cf. Gn 1, 26-27.
61. Cf. Platón, Leyes XII, 963a 8. Los estoicos solían caracterizar al intelecto como
la parte rectora del alma (tò tês psychês hegemonikón), una designación similar a la utili-
zada aquí por Filón; cf. Crísipo SVF 2, 836, 837 y 839, entre otros muchos testimonios.
62. Juego de palabra intraducible al castellano con el significado de la palabra nó-
mos, utilizada aquí, y que quiere decir tanto ley, costumbre, norma social cuanto aire
musical.
63. Arnaldez (1961: 186, n. 3) ha relacionado con razón este texto con el mito del
Fedro (cf. 249c ).

126
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

pico, muchas son disímiles, añadió una indicación adicional al «a ima-


gen», cuando dijo el «a semejanza», para subrayar el molde exacto que
tiene una impronta clara.

Capítulo 24
El plural utilizado por Moisés en la creación del ser humano

[72] No andaría descaminado quien se planteara el problema de por


qué precisamente no atribuyó la creación de un único ser humano a un
único creador, como en el caso de los demás seres, sino que habla como
si se tratara de muchos. En efecto, introduce al padre del universo ha-
blando de la siguiente manera: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza» (Gn 1, 26). ¿No es que no tiene necesidad de nadie, yo diría,
aquel al que todo obedece?¿O es que cuando hizo el cielo, la tierra y el
mar, no necesitó de ninguno que lo ayudara, pero no sería capaz de ha-
cer por sí solo, sin la colaboración de otros, al ser humano, un animal de
tan poca monta y sujeto a la muerte? Sólo Dios conoce, necesariamente,
la verísima causa, pero no debemos ocultar la que parece ser verosímil y
racional a la conjetura probable. Es la siguiente. [73] Unos seres no par-
ticipan de la virtud ni del vicio, por ejemplo las plantas y los animales
irracionales, las unas porque carecen de alma y son gobernadas por una
naturaleza sin facultad de representación, los otros porque tienen cerce-
nado el intelecto y la razón. El intelecto y la razón serían como la casa,
en la que el vicio y la virtud naturalmente residen. Además, unos seres
participan de la sola virtud, pero no son partícipes de ningún vicio,
como los astros. Se dice que éstos son seres vivos, más precisamente se-
res vivos con intelecto; más aún, cada uno es él mismo intelecto, bueno
de pies a cabeza e impenetrable para cualquier mal. Otros pertenecen a
la naturaleza mixta, como el ser humano que admite los contrarios, la
inteligencia y la demencia, la templanza y la intemperancia, la valentía y
la cobardía, la justicia y la injusticia, y, en resumen, lo bueno y lo malo,
lo bello y lo feo, la virtud y el vicio. [74] Para Dios padre de todas las
cosas era lo más apropiado hacer lo bueno por sí solo, por su paren-
tesco con él, y no dejar lo cosas indiferentes a otro, porque tampoco
éstas son partícipes del vicio que le es hostil, mientras que las mixtas,
en un sentido era lo propio que las hiciera, mientras que en otro no lo
era. Era lo propio por la idea mejor que les estaba mezclada; impropio,
por la contraria y peor64. [75] Por eso, sólo en el caso de la creación del
hombre dice que dijo Dios «hagamos» (Gn 1, 26), lo que indica la cola-
boración de otros como una especie de ayudantes, para que se atribuyan

64. Filón expresa aquí ideas presentes en el Timeo (41b 7-c 2, 42d 2-e 3).

127
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

a Dios, el señor del universo, las reflexiones y acciones irreprochables


del ser humano cuando actúa correctamente, mientras que las contra-
rias lo sean a sus otros ayudantes, pues era necesario que el padre no
fuera causa del mal de sus hijos. Mal son el vicio y las actualizaciones
según el vicio. [76] Tras hablar de género humano, distinguió muy bien
sus especies, cuando dijo que hizo el varón y la mujer65, aunque todavía
no habían recibido sus formas respectivas, puesto que las especies muy
contiguas son inherentes al género y se evidencian como en un espejo
para los que pueden mirar con agudeza.

Capítulo 25
Primera razón de la creación del ser humano en último lugar

[77] Podría indagarse la causa por la que el ser humano es lo último de


la creación del mundo. En efecto, como proclaman las sagradas escri-
turas, el hacedor y padre lo hizo después de todas las otras cosas. Di-
cen, pues, los que más han profundizado en las leyes y que entienden
lo que concuerda con ellas con la mayor exactitud, como es posible
con la ayuda de una investigación total, que Dios le permitió al ser
humano participar del parentesco racional con él, el cual es el mejor de
los dones, y no le escatimó ninguno de los otros, sino que le puso a su
disposición todas las cosas que hay en el universo como al ser vivo más
cercano y más querido, porque quería que, una vez nacido, no carecie-
ra de nada de lo necesario para vivir y vivir bien66, de los que lo uno lo
proporciona la abundante provisión de bienes para su disfrute67, mien-
tras que lo otro, la contemplación de los cuerpos celestes, golpeado
por la cual el intelecto obtiene el amor deseoso de su conocimiento.
De esto brotó el género de la filosofía, por el que el ser humano, aun-
que ciertamente es mortal, se hace inmortal. [78] Así como los anfitrio-
nes no llaman a la mesa antes de haber preparado todo lo relacionado
con el festín y los que organizan los certámenes gimnásticos y escéni-
cos, antes de conducir los espectadores a los teatros y los estadios,
preparan una multitud de competidores, espectáculos y audiciones, de
la misma manera también el señor y guía del universo cual una especie
de organizador de espectáculos y anfitrión, cuando iba a llamar al ser

65. Cf. Gn 1, 27.


66. La distinción entre vivir y vivir bien es central en la filosofía práctica aristotélica
(cf. Pol. I, 4, 1253b 23-24). El vivir bien es identificado con la vida según la virtud (Pol.
VII, 1, 1323b 21-36). Filón realiza esta distinción también en otras obras, aunque varía el
contenido del vivir bien. En Decal. 17 lo caracteriza como el respeto a la ley. Un conteni-
do semejante al de este pasaje ofrece Spec. 1, 339. Véase Spec. 2, 229, donde la educación
aparece como un medio para alcanzar la buena vida.
67. Cf. Gn 1, 29.

128
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

humano al festín y el espectáculo68 preparó lo que corresponde a am-


bas actividades, para que cuando entrara en el universo encontrara
directamente el salón y el teatro más sagrados, lleno el uno de todo lo
que la tierra, los ríos, el mar y el aire producen para uso y disfrute; el
otro, de todos los espectáculos que ofrecen los seres más sorprenden-
tes, muy sorprendentes en sus cualidades, muy asombrosos en sus mo-
vimientos y danzas en órdenes congruentes con las proporciones nu-
méricas y las coincidencia de las revoluciones. No se equivocaría quien
dijera que en todas ellas se encuentra la música arquetípica, verdadera
y modélica, a partir de la cual los hombres que más tarde grabaron
<en> sus propias almas sus imágenes transmitieron el arte más nece-
sario y útil para la vida.

Capítulo 26
Segunda razón de la creación del ser humano en último lugar

[79] Ésta es la primera causa por la que el ser humano parece haber na-
cido después de todos. Mas no es un despropósito imponernos la obli-
gación de decir la segunda. El ser humano encontró simultáneamente
con su primera generación todas las provisiones existentes para vivir,
para enseñanza de su posteridad, porque la naturaleza poco menos que
gritó en su cara que imitando al primero de la especie iban a vivir sin
esfuerzo ni desgracia en abundantísima exuberancia de lo necesario.
Esto ocurrirá, si los placeres irracionales del alma no se enseñorearen,
apuntalando la glotonería y la fornicación, ni los deseos de fama, di-
nero o poder no se apropiaren del poder de la vida y los dolores no
reprimieren y doblegaren la inteligencia, ni el mal consejero, el temor,
refrenare los impulsos hacia las obras serias, ni atacaren la insensatez,
la cobardía, la injusticia y la infinita multitud de los restantes vicios.
[80] Ahora bien, puesto que floreció todo lo que se ha dicho y los seres
humanos se encuentran libremente volcados en las pasiones y en los
deseos desenfrenados y culpables que ni siquiera es lícito nombrar, los
golpea la correspondiente justicia vengadora de las costumbres impías.
La pena69 es la difícil provisión de lo necesario, pues cuando con difi-
cultad abren surcos en la llanura y canalizan las corrientes de fuentes
y ríos al sembrar y plantar soportando infatigablemente día y noche

68. Alusión a la división entre vivir y vivir bien desarrollada en el párrafo anterior.
Existe un juego de palabras intraducible con qewri,a que significa a la vez «espectáculo» y
«contemplación» en el sentido filosófico.
69. Filón hace uso de la polisemia de la palabra di,kh, por un lado significa «justicia»
(justicia vengadora en el inicio del párrafo; cf. Platón, Leyes IV, 716a 2-3 y Hesíodo, Los
trabajos y los días 256-262 ) y «pena», que no es posible verter al castellano.

129
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

el cansancio de los trabajos agrícolas durante el año, se proveen de lo


necesario y esto es en ocasiones pobre y totalmente insuficiente porque
fue dañado por múltiples causas: o bien lo arrastran las descargas de
lluvias sucesivas o el peso del granizo que les ha caído encima maci-
zamente las rompe, o la nieve los congela o la violencia de los vientos
los arranca de cuajo. En efecto, el agua y el aire revolucionan muchas
cosas y les producen infertilidad. [81] Si los impulsos desmedidos de
las pasiones hubieran podido ser alivianados por la templanza; por la
justicia, los esfuerzos por cometer injusticia y las ambiciones de poder
y, en resumen, los vicios y las acciones viciosas vanas, por las virtu-
des y las actualizaciones virtuosas, una vez eliminada la guerra en el
alma, que verdaderamente es la más terrible y pesada de las guerras70,
manteniéndose la paz y proveyendo ella con calma y suavidad el buen
orden71 para los poderes que tenemos, habría habido esperanza de que
Dios, dado que ama la virtud y lo bello y, además, al ser humano, hu-
biera puesto a disposición del género humano de manera espontánea
los bienes, pues es evidente que el suministrar la producción a partir
de lo que es sin el arte de la agricultura sería más fácil que conducir lo
que no es al ser.

Capítulo 27
Tercera razón de la creación del ser humano en último lugar

[82] Quede establecida ésta como la segunda causa, pero la tercera es la


que sigue. Como Dios pensó hacer concordar el principio y el fin de los
seres generados de manera necesaria y a él la más querida, hizo el cielo
como principio y como fin al hombre, aquél como el más perfecto de
los seres sensibles incorruptibles, a éste como el mejor de los nacidos de
la tierra y corruptibles, un cielo reducido, si hay que decir verdad, por-
que lleva en sí mismo como estatuas de dioses muchas naturalezas con
forma de estrellas en las conocidas teorías artísticas y científicas según
cada virtud72. Dado que son contrarios por naturaleza lo corruptible y
lo incorruptible, atribuyó lo mejor de cada clase al comienzo y al fin, al
comienzo el cielo, como se dijo, mientras que al fin, el hombre.

70. Véase Leg. 3, 115-117 y 186-187.


71. La palabra utilizada por Filón (euvnomi,a) significa también obediencia y buen or-
den legal. Filón está utilizando aquí implícitamente la analogía platónica entre el alma y la
ciudad, en especial la idea de la justicia como el buen orden del alma. Sobre la influencia
de la psicología platónica en este pasaje, cf. Runia 2001: 252 s.
72. Tomo los dativos téchnais kaì epistémais kaì toîs kath’ hekásten aretèn aoidí-
mois theorémasin como dativos de relación (KG I § 425, 12, p. 440). Una posición dife-
rente adopta Runia (2001: 254). Arnaldez (1961: 197) parecería acercarse a mi interpre-
tación.

130
I I .  LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N

Capítulo 28
Cuarta razón de la creación del ser humano en último lugar

[83] Por último, también se dice, por cierto, lo siguiente para ofrecer
una causa necesaria. El ser humano debía crecer el último de todas las
cosas generadas, para que al aparecérseles de súbito en último lugar a
los demás animales los dejara pasmados, pues iba a dejar estupefacto
al que lo viera y a hacerlo postrarse como si fuera su amo y señor por
naturaleza. Por eso también, cuando todos lo hubieron contemplado,
se amansaron completamente y todos los naturalmente más salvajes se
convirtieron inmediatamente en los más manejables en la primera vista
cara a cara, porque, aunque mostraban una furia salvaje entre sí, eran
mansos con el ser humano que estaba solo. [84] Por esa causa, también
el padre, al engendrar un animal jefe por naturaleza no sólo de hecho,
sino también por designación expresa73, lo hizo rey de todos los animales
terrestres, acuáticos y aéreos que habitan el mundo sublunar. En efecto,
le sometió todos los seres mortales que habitan en los tres elementos,
tierra, agua, aire, aunque excluyó a los del cielo porque participan de
un puesto más divino. Lo que se manifiesta <ante nuestros ojos> es la
prueba más clara de su dominio. Es cuando una inmensa multitud de
fieras es conducida por un único hombre cualquiera que, desarmado, no
lleva un hierro ni ninguna otra defensa, con un prenda de cuero como
única protección y un bastón para indicar y, en sus caminatas, si se can-
sara, apoyarse. [85] Un pastor, un cabrero, un vaquero, seres humanos
que no poseen fuertes cuerpos ni son vigorosos como para amedrentar
por su buen estado a los que los ven, conducen, por cierto, las manadas
de múltiples animales, ovejas, cabras, vacunos, y tantas fuerzas y po-
deres de tantos que están bien armados —pues tienen las herramientas
proporcionadas por la naturaleza con las que defenderse— temen como
esclavos a su amo y hacen lo que se les ordena. Los toros son uncidos al
arado para abrir durante el día profundos surcos en la tierra, aunque a
veces <también durante la noche>, recorren un largo sendero bajo la
guía de un campesino. Los carneros lanudos, cargados con largas borras
en la estación de la primavera, cuando se lo dice el pastor, se quedan
parados con tranquilidad o incluso se echan calmos y permiten que se
los esquile, habituados, como las ciudades, a entregar el tributo anual
al rey por naturaleza. [86] Además, el animal más brioso, el caballo,
conducido con facilidad con las riendas para que no se desboque con
sus brincos y ahuecando muy bien el lomo para ofrecer un buen asiento,
admite al jinete y, llevándolo en alto, corre con suma rapidez, esfor-

73. Cf. Gn 1, 28.

131
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

zándose por llegar a los sitios a los que aquél lo impulsa a ir. El jinete,
montado, realiza el recorrido sin cansancio con mucha tranquilidad con
el cuerpo y los pies de otro.

Capítulo 29
El ser humano virrey de Dios

[87] Muchas otras cosas podrían decirse, si uno quisiera extenderse en


la demostración de que ningún animal se libera ni se sustrae del domi-
nio del ser humano, pero como indicación basta lo que se ha dicho. Sin
embargo, tampoco hay que ignorar que aunque el ser humano nació en
último lugar no es inferior por ese puesto. [88] Testigos son aurigas y
timoneles. En efecto, los primeros van después de los animales de tiro
y, ordenados detrás, los conducen por donde quieren, mientras que con
las riendas en las manos, se las dan en algunas ocasiones para una carre-
ra veloz, pero en otras los retienen, si corrieran con un impulso mayor
que el debido. Los timoneles, a su vez, desplazados al sitio posterior de
la nave, la popa, son, en suma, los mejores de los que navegan en ella,
puesto que tienen en sus manos la salvación del barco y de los que se
encuentran en él. El hacedor modeló al ser humano como una especie
de auriga y de timonel sobre todos para que guiara y timoneara los ani-
males y plantas que hay en la tierra y cuidara de ellos como virrey del
primer y gran rey.

III.  EL SÁBADO

Capítulo 30
La progresión geométrica y la hebdómada

[89] Después de que todo el universo se completara, según la naturaleza


del número perfecto de la héxada74, el padre exaltó el día siguiente, el
séptimo, alabándolo y llamándolo santo75, En efecto, no es la fiesta de
una ciudad o región, sino del universo, que también es la única que
merece llamarse universal y cumpleaños del mundo. [90] No sé si al-
guien podría ensalzar suficientemente con himnos la naturaleza de la
hebdómada, puesto que es superior a todo discurso. Sin embargo, no
hay que cejar porque sea más maravillosa que todo lo dicho sobre ella,
sino debemos tener la audacia de mostrar, aunque no sea posible todo y,

74. Véase supra § 13 y Leg. 1, 3.


75. Cf. Gn 2, 1-3.

132
III. E L S Á BA D O

ni siquiera, lo más importante, al menos lo que podamos alcanzar con


nuestra inteligencia. [91] Hebdómada tiene dos sentidos, en uno, ella
está dentro de la década, es la que es medida siete veces por la mónada
aislada, puesto que está compuesta de siete mónadas; en otro, está fuera
de la década, es un número cuyo principio es en todos los casos la mó-
nada según números dobles o triples o, en general, múltiplos de éstos,
como son el sesenta y cuatro o el setecientos veintinueve. El primero
multiplicando por dos a partir de la mónada, mientras que el otro, por
tres76. Hay que analizar cada sentido con atención. [92] El segundo,
tiene, por cierto, una prioridad clarísima, En efecto, el séptimo núme-
ro compuesto a partir de la mónada en una progresión geométrica en
razón de dos, tres o en general números múltiplos es siempre no sólo
un cubo, sino también un cuadrado y comprende ambas clases de la
sustancia incorpórea y la corpórea, de la incorpórea según la superficie
que realizan los cuadrados, de la corpórea, según la sólida que reali-
zan los cubos77. [93] Los números mencionados constituyen una prueba
clarísima. Para empezar, el séptimo número a partir de la mónada en
progresión geométrica en razón de dos, el sesenta y cuatro78, es el cua-
drado del ocho multiplicado por ocho, y el cubo del cuatro por cuatro
multiplicado por cuatro. A su vez, el séptimo a partir de la mónada en
una progresión geométrica en una razón de tres79, el setecientos veinti-
nueve, es el cuadrado del veintisiete multiplicado por sí mismo, pero es
un cubo del nueve por nueve multiplicado por nueve. [94] Asimismo,
siempre que uno convierta el siete en principio en lugar de la mónada y
lo haga crecer en la misma proporción hasta la hebdómada, descubrirá
que en todos los casos producto de la progresión es no sólo un cuadra-
do, sino también un cubo. En efecto, el número compuesto a partir del
sesenta y cuatro en progresión geométrica en razón de dos generará en
el séptimo término de la serie el cuatro mil noventa y seis, a la vez un
cuadrado y un cubo: cuadrado con un lado de sesenta y cuatro y cubo
con un lado de dieciséis80.

76. El 64 es el séptimo número en la progresión geométrica a partir del 1 (1, 2, 4, 8,


16, 32, 64), mientras que el 729 es el séptimo a partir del 1 en una progresión de múlti-
plos del 3 (1, 3, 9, 27, 81, 243, 729).
77. En el ejemplo dado por Filón: 64 = 82 = 43, 729 = 272 = 93.
78. El 64 es el séptimo número en la progresión geométrica a partir del 1: 1, 2, 4, 8,
16, 32, 64.
79. El 729 es el séptimo número de una progresión en razón de 3: 1, 3, 9, 27, 81,
243, 729.
80. 4096 es el séptimo número de la progresión geométrica en razón de 2 a partir
del 64: 64, 128, 256, 512, 1024, 2048, 4096.

133
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

Capítulo 31
Las cualidades de la hebdómada por progresión aritmética

[95] Debemos pasar también a la otra clase de la hebdómada, la com-


prendida en la década, que muestra una naturaleza no menos asom-
brosa que la anterior. Para empezar, el siete está compuesto del uno,
el dos y el cuatro que tienen dos razones armoniosísimas, la del doble
y la del cuádruplo, la una, porque realiza el acorde de octava, la otra,
la de cuádruplo, porque constituye el de dos octava. La hebdómada
comprende también otras divisiones, compuestas en cierto sentido en
yuntas. En efecto, primero se divide en mónada y héxada, luego en
díada y péntada, y, por último, en tríada y tétrada. [96] La proporción
de éstos números es musical por excelencia. El seis tiene respecto del
uno una razón de séxtuplo, la razón de séxtuplo constituye al intervalo
máximo entre los seres, con el que se encuentra separado lo más agu-
do de lo más grave81, como demostraremos, cuando de los números
pasemos al tema en las armonías82. El cinco muestra respecto del dos
la máxima potencia en armonía, casi equivalente a la de octava, lo que
está clarísimamente establecido en la teoría matemática de la música. El
cuatro realiza respecto del tres la primera armonía, la epítrita83, la que
se produce a través de la cuarta84.

Capítulo 32
Propiedades geométricas de la hebdómada

[97] La hebdómada presenta también otra belleza propia, la más sagra-


da que se pueda concebir. En efecto, al estar compuesta de la tríada y la
tétrada, proporciona lo erguido y recto por naturaleza en los seres. Hay
que demostrar la manera en que lo hace. El triángulo rectángulo, que
es el principio de las cualidades, está compuesto de los números tres,
cuatro y cinco85. El tres y el cuatro, que son la esencia de la hebdómada,

81. Es decir, constituye un intervalo cuya distancia es de dos octavas y una quinta.
Según Macrobio (II, 1, 24), el límite de la voz humana es de dos octavas y el de las esfe-
ras celestes de cuatro octavas y media. En el Timeo 35b 4-36b 6, el alma del mundo es
dividida en diferentes intervalos que ocupan tres octavas. Theon 52, 8 da una diferencia
máxima de dos octavas y una cuarta. Cf. Runia 2001: 271.
82. Filón puede estar refiriéndose aquí a su tratado perdido Sobre los números. En
§§ 107-110 no trata intervalos superiores a una octava.
83. Es decir, la razón de 4/3.
84. Véase supra § 48.
85. Según el teorema de Pitágoras, con la base de 3, la altura de 4 y la hipotenusa
de 5. En el Timeo 53c 4-d 4, Platón construye la realidad sensible a partir de triángulos
rectángulos. Probablemente, Filón esté haciendo referencia a este pasaje del Timeo. Para
Runia (2001: 272), alude más bien a la teoría pitagórica que contrasta el uno y lo múlti-

134
III. E L S Á BA D O

realizan el ángulo recto. El ángulo obtuso y el agudo exhiben lo irregu-


lar, desordenado y desigual. En efecto, uno llega a ser más obtuso o más
agudo que otro ángulo, mientras que el recto no admite combinación
ni ser más recto que otro ángulo recto, sino que permanece en lo seme-
jante, sin cambiar jamás la propia naturaleza. Si, por cierto, el triángulo
rectángulo es el principio de las cualidades de las figuras, lo más necesa-
rio de él, la esencia de la hebdómada proporciona la esencia del ángulo
recto, la tríada y la tétrada juntas, ésta podría ser considerada con razón
la fuente de toda figura y de toda cualidad. [98] Además de lo dicho,
también debería añadirse, que el tres es el número de la figura plana
—puesto que el punto está ordenado según la mónada, la línea según
la díada, la superficie según la tríada—, mientras que el cuatro lo es de
la sólida, por adición del uno, que añade profundidad a la superficie86.
De lo que es evidente que el ser de la hebdómada es el principio de la
geometría y la estereometría y, en resumen, de los seres incorpóreos
junto con el de los cuerpos.

Capítulo 33
La hebdómada el número más valioso de la década

[99] Tanto es por naturaleza lo sagrado en la hebdómada, que tiene un


valor superior a todos los números de la década. En efecto, de aquellos,
algunos generan sin ser generados, mientras que otros generan, pero
son generados. Otros hacen ambas cosas, no sólo generan, también son
generados. La hebdómada es la única que no se observa en ninguna
parte87. Hay que asegurar esta suposición por medio de una demostra-
ción. Pues bien, el uno genera todos los números sucesivamente, sin
ser en absoluto generado por ninguno. El ocho es engendrado por el
cuatro por dos, pero no genera a ninguno de los que se encuentran en
la década. A su vez, el cuatro se encuentra tanto en la clase los proge-
nitores cuanto en la de los hijos. En efecto, genera el ocho deviniendo
dos veces, pero es generado por el dos por dos. [100] El siete es el
único, como dije, que por naturaleza no genera ni es generado. Por esa
causa, otros filósofos asemejan este número a la Victoria y Virgen sin

ple. Sin negar esta posibilidad, los pasajes paralelos en otras obras (Contempl. 65; Mos. 2,
80) parecen indicar claramente la relación con el texto platónico; cf. Runia 1983: 253.
86. Véase supra § 50.
87. Véase Leg. 1, 15. Esta idea parece ser de origen pitagórico según el testimonio de
Juan Lido (Sobre las medidas 33, 14-15 ). Según el mismo Juan Lido (48, 2-5) el número
siete es atribuido por los pitagóricos a Atenea. También parece atribuirla a los pitagóricos
Filón en Spec. 2, 56; véase Her 170, aunque en el pasaje siguiente, sostiene que los pita-
góricos atribuyen la hebdómada a Zeus.

135
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

madre, de la que se cuenta que nació de la cabeza de Zeus88, mientras


que los pitagóricos lo asemejan al señor y conductor de todas las cosas.
En efecto, lo que ni genera ni es generado permanece inmóvil, pues en
el movimiento se da la generación, puesto que <tanto lo que genera>
cuanto lo generado no se dan sin movimiento; el uno para generar, el
otro para ser generado. Sin embargo, el gobernante y conductor más
antiguo, cuya imagen podría decirse con justicia que es la hebdómada es
lo único que ni se mueve ni es movido. Entre ellos, da un testimonio en
mi favor también Filolao, con la frase: «Hay, pues, dice, un conductor
y gobernante de todas las cosas, un dios único que es siempre, estable,
inmutable, semejante a sí mismo, diverso de las otras cosas»89.

Capítulo 34
Los efectos de la hebdómada en los seres sensibles

[101] La hebdómada muestra en los seres inteligibles lo inmutable e


impasible, en los sensibles una gran potencia y la más esencial, ***90 con
los por naturaleza mejoran todos los seres que existen sobre la tierra, y
para las revoluciones de la luna. Hay que analizar la manera en que esto
se produce. Sumado a la sucesión numérica <que lo antecede> a partir
de la mónada, el número siete genera el veintiocho que es perfecto e
igual a sus partes91. El número así generado es capaz de hacer retornar
la luna al punto, a partir del que comienza a crecer sensiblemente, para
volver a él en su menguante. En efecto, crece a partir del primer res-
plandor creciente hasta la media luna durante siete días, luego durante
otros tantos se vuelve luna llena y nuevamente vuelve, recorriendo el
mismo camino hacia el punto de partida, de la luna llena a la media
luna otra vez durante siete días, luego de ésta a la luna creciente durante
siete días con los que se completa el número mencionado. [102] Los

88. Filón identifica, evidentemente, a Atenea con Nike, la diosa de la victoria. Tam-
bién se puede encontrar esta identificación en Sófocles, Filoctetes 134 y Eurípides, Ion
454-458 y 1529.
89. DK 44B 20.
90. En el estado actual del texto, es evidente que hay una laguna, en la que proba-
blemente hubiera una referencia a los siete planetas y algunas constelaciones como la Osa
Mayor y la Pléyade (cf. Runia 2001: 276). Aunque se han hecho variadas conjeturas, nin-
guna permite rellenar la laguna de manera satisfactoria, por lo que he preferido no rea-
lizar una nueva tentativa, dado que no parece posible realizar una transición gramatical,
paleográfica y codicológicamente aceptable de evn toi/j aivsqhtoi/j a la relativa, teniendo en
vista las partículas que teóricamente deberían conectarlas según las conjeturas existentes.
De ahí que es probable que la laguna sea mayor que lo que generalmente se supone.
91. La suma de los primeros siete números de la serie de números naturales da 28.
A su vez, un número perfecto es aquel que es igual a la suma de los números de los que es
múltiplo (1+2+4+7+4 = 28).

136
III. E L S Á BA D O

que acostumbran a utilizar los nombres con propiedad llaman a la heb-


dómada también perfeccionadora, porque por ésta llega a su perfección
todo. Se podría probar a partir del hecho de que todo cuerpo orgánico
ocupa tres dimensiones: largo, ancho y profundidad, y tiene cuatro lí-
mites: punto, línea, superficie y volumen, por medio de los cuales, su-
mados, se realiza la hebdómada. Habría sido imposible que los cuerpos
fueran medidos por la hebdómada, según la combinación92 de las tres
dimensiones y los cuatro límites, si no hubiera sucedido que las ideas de
los primeros números, el uno, el dos, el tres y el cuatro, en los que se
fundamenta la década, comprendieran la naturaleza de la hebdómada.
En efecto, los números mencionados tienen cuatro lindes, la primera, la
segunda, la tercera, la cuarta, pero tres dimensiones. La primera dimen-
sión, la que avanza del uno al dos, la segunda, la que procede del dos al
tres y la tercera la que progresa del tres al cuatro.

Capítulo 35
La hebdómada y las edades del ser humano

[103] Aparte de lo dicho, también representan la potencia perfecciona-


dora de la hebdómada las edades de los seres humanos desde el bebé
hasta la vejez, medidas de la siguiente manera. En los primeros siete
años salen los dientes; en la segunda, se da la sazón de poder eyacular
esperma fértil. En la tercera, se produce el crecimiento de la barba; en la
cuarta, el progreso hacia la fortaleza. En la quinta, a su vez, llega la hora
de los casamientos; en la sexta, la cumbre del discernimiento, mientras
que en la séptima se produce el crecimiento conjunto del intelecto y la
palabra y el mejoramiento de ambos. En la octava, el perfeccionamien-
to en cada uno de ellos. En la novena, aparecen la ecuanimidad y la
suavidad de las pasiones que se han amansado más. En la décima edad,
se alcanza el fin anhelado de la vida, cuando los miembros del organis-
mo están todavía en forma, pues la vejez avanzada suele estropearlos y
despojarlos. [104] Estas edades describió también Solón, el legislador
ateniense, cuando compuso los siguientes versos elegíacos:

El niño pequeño, todavía un crío, tras hacer crecer


su dentadura, la pierde por primera vez a los siete años.
Cuando dios <le> completó los otros siete años
aparecen los signos de la barba naciente.
En la tercera hebdómada, cuando ya crecen sus miembros,
crece su barba, mientras su piel cambia su flor.

92. La palabra utilizada en griego (su,nqesij) significa tanto «suma» cuanto «combi-
nación».

137
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

En la cuarta, todos son óptimos en su fuerza,


que los varones tienen como signos su excelencia.
En la quinta, el varón está en tiempo de recordar el casamiento
y buscar la generación futura de hijos.
En la sexta, el intelecto del varón está entrenado en todo,
y ya no quiere cometer actos ilícitos de la misma forma.
En las hebdómadas siete y ocho es óptimo por su intelecto y su lengua,
ambos períodos duran catorce años.
En la novena, aún puede, sin duda, pero su lengua y su sabiduría
se han hecho más débiles en lo que hace a la virtud importante.
La décima, si alguien llegara cumpliéndola adecuadamente,
no le llegaría su destino de muerte fuera de hora93.

Capítulo 36
El testimonio de Hipócrates

[105] Aunque Solón cuenta la vida humana en las diez hebdómadas se-
ñaladas, el médico Hipócrates dice que es de siete edades: niño, púber,
adolescente, joven, varón, mayor, anciano y las mide en hebdómadas,
aunque no una a continuación de otra. Dice así: «En la naturaleza del
ser humano hay siete épocas, que se denominan edades: niño, púber,
adolescente, joven, varón, mayor, anciano. Niño es hasta los siete años,
cuando se pierden los dientes; púber, hasta la producción de semen,
hasta las dos veces siete; adolescente, hasta la aparición de la barba,
hasta los tres veces siete, joven hasta el crecimiento completo del cuer-
po, hasta los cuatro veces siete; varón, hasta los cuarenta y nueve años,
hasta los siete veces siete, mayor, hasta los cincuenta y seis, hasta los
siete veces ocho; en lo que sigue a partir de ahí es anciano»94. [106]
Se dice también lo siguiente para recomendar la hebdómada como si
tuviera un rango maravilloso en la naturaleza por estar compuesta del
tres y del cuatro. Si uno realiza una progresión geométrica en razón de
dos, descubrirá que el tercer número a partir de la mónada es un cua-
drado, mientras que el cuarto es un cubo, pero el séptimo producto de
ambos es a la vez un cubo y un cuadrado. En efecto, el tercero a partir
de la mónada en progresión geométrica en razón de dos es un cuadrado,
<cuatro>, mientras que el cuarto, ocho, es un cubo y el séptimo, sesen-
ta y cuatro, a la vez un cubo y un cuadrado95. Así, el número séptimo es
realmente perfeccionador, puesto que proclama ambas igualdades, de
la superficie, a través del parentesco con la tríada, y la del sólido, por

93. Fr. 19 Diehl3 (= 27 West).


94. Sobre la hebdómada 5, 1-35 (Roscher).
95. Los números mencionados corresponden a la serie 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64 (en
curviva los números de las posiciones mencionadas por Filón.

138
III. E L S Á BA D O

su vínculo con la tétrada. La hebdómada está compuesta de la tríada y


la tétrada.

Capítulo 37
Cualidades armónicas y proporcionales de la hebdómada

[107] No sólo es perfeccionadora, sino que también, propiamente, es


la más armónica y, en cierta medida, fuente del registro más hermoso
que comprende todas las escalas, la de la cuarta, la de la quinta, la de
la octava, todas las proporciones, la aritmética, la geométrica e incluso
la armónica. Esta tabla está compuesta de los siguientes números: 6, 8,
9, 12. El 8 tiene con el 6 una relación de 4/3, según la cual se produce
la escala de cuarta. El 9 respecto del 6, una de 3/2, que es la base de la
de quinta; el 12 tiene una relación del doble respecto del 6, según la
cual se construye la de octava. [108] Tiene también, como decía, todas
las proporciones. La aritmética por el 6, el 9 y el 12, pues en los 3 en
los que el término medio supera al primero, es superado por el último.
La geométrica por los cuatro términos, pues la razón que tiene el 8
con el 6, la tiene el 12 con el 9. La razón es 4/3. La armónica, por tres
términos, 6, 8 y 12. [109] A la proporción armónica le corresponde
una doble distinción. Una se da cuando la cantidad por la que el último
término supera al medio tiene respecto la cantidad por la cual el primer
término es superado por el medio la misma razón que tiene el último
término respecto del primero. Una prueba clarísima podría obtenerse
de los números propuestos, del 6, el 8 y el 12. En efecto, el último es
el doble del primero; el exceso también es doble. El 12 supera al 8 por
4, mientras que el 8 al 6 por 2. El 4 es el doble de 2. [110] La otra
prueba de la proporción armónica es cuando el término medio supera
los extremos y es superado por ellos por la misma fracción. En efecto,
el 8, que es el término medio, supera al primero en 1/3. Si se resta el
6, el resultado 2 es 1/3 del primer término. Es superado por el último
término por una cantidad igual: pues si se resta del 12 el 8, el 4 restante
es 1/3 del último término.

Capítulo 38
Los círculos celestes, los planetas y la hebdómada

[111] Quede esto necesariamente anticipado sobre la dignidad que tie-


ne el registro, tabla o lo que haya que llamarla. La hebdómada muestra
otras tantas ideas y todavía más en los seres incorpóreos e inteligibles.
No obstante, su naturaleza se extiende también a toda la sustancia visi-
ble, cielo y tierra, llegando a los límites del universo. ¿Qué parte entre

139
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

los seres que habitan el universo no ama el siete, domada por el amor
y el deseo de la hebdómada? [112] Para empezar, dicen que el cielo es
circunvalado por siete círculos, cuyos nombres son ártico, antártico,
trópico estival96, trópico invernal97, equinoccio98, zodíaco y, además,
la vía láctea, pues el horizonte es una experiencia nuestra, ya que la
percepción recorta en ocasiones una circunferencia menor y en otras
una mayor, según uno tenga buena vista o lo contrario. [113] Los pla-
netas, por cierto, el ejército opuesto al de las estrellas fijas, se ordenan
en siete filas, mostrando la máxima afinidad con el aire y la tierra. En
efecto, hacen girar al primero según las llamadas estaciones del año y lo
cambian en cada una introduciendo miríadas de variaciones en tiempo
calmo, días soleados, nubes, descomunales huracanes. A su vez, hacen
crecer y disminuir los ríos y convierten las llanuras en lagos o, por el
contrario, las secan. También producen las mareas de la mar, que avan-
za hacia la costa o retrocede. En efecto, descubrirás que, a veces, los
golfos, cuando el mar retrocede por las mareas, súbitamente son una
profunda playa y un poco más tarde, cuando vuelve a derramarse, son
profundísimos mares abiertos surcados no por pequeñas naves mercan-
tes, sino por barcos de gran tonelaje. También, por cierto, hacen crecer
y llevan a la maduración a todos los seres terrestres, no sólo animales,
sino incluso plantas que dan frutos, pues los hacen recorrer el camino
de su propia naturaleza, de modo que los nuevos florezcan sobre los
viejos y lleguen sucesivamente a su punto máximo de desarrollo para la
provisión abundante de lo que se necesita.

Capítulo 39
La Osa Mayor, las Pléyades, el sol y la hebdómada

[114] La Osa Mayor, de la que dicen que es la guía de los navegantes,


está compuesta de siete estrellas, a las que miran los timoneles al abrir
los innumerables caminos del mar, cuando se emplean en un asunto in-
cierto y superior a la naturaleza humana. Con la vista fija en las estrellas
mencionadas descubrieron regiones antes desconocidas; islas, los que
habitan tierra firme; continentes, los isleños, pues era necesario que los
lugares recónditos tanto de la tierra cuanto del mar fueran enseñados
al animal más amado por Dios, a la raza humana, por el cielo, que es lo
más puro de la sustancia <sensible>. [115] Además, también es com-
pletado por una hebdómada de estrellas, el coro de las Pléyades, cuyas
apariciones y desapariciones son causas para todos de grandes bienes.

96. Es decir, el Trópico de Cáncer en el hemisferio norte.


97. Es decir, el Trópico de Capricornio en el hemisferio sur.
98. Es decir el ecuador.

140
III. E L S Á BA D O

En efecto, cuando se ponen, se abren los surcos para la siembra, pero


cuando van a aparecer, anuncian la buena nueva de la cosecha, y, una
vez levantadas, empujan a los alegres campesinos a la cosecha de lo
necesario. Éstos, contentos, almacenan los alimentos necesarios para el
uso cotidiano. [116] El gran señor del día, el sol, al culminar cada año
dos equinoccios, el de primavera y el de otoño, el primaveral en Ca-
pricornio y el otoñal en Libra, da una prueba evidentísima del carácter
divino de la hebdómada. En efecto, en el séptimo mes sucede cada uno
de los equinoccios99, en los que la ley dispone también festejar las fiestas
mayores y más populares100, puesto que en ambos llega a su madurez
todo lo que produce la tierra: en la primavera, el fruto del grano y del
resto de plantas que nacen de siembra, mientras que en el otoño, el de
la vid y de la mayoría de los árboles frutícolas.

Capítulo 40
La hebdómada en el ser humano

[117] Dado que los seres que habitan sobre la tierra dependen de los
celestes de acuerdo con una cierta simpatía natural, la razón de la heb-
dómada, tras comenzar desde arriba, bajó también hacia nosotros y fre-
cuentó la generación de los mortales. Para empezar, la parte de nuestra
alma que se encuentra separada de la rectora se divide en siete: en cinco
sentidos, el aparato de fonación y, después de todos, el aparato repro-
ductor. Todas estas partes, movidas por la parte rectora por medio de
filamentos nerviosos, como las marionetas, en ocasiones reposan, en
otras cada una realiza los estados y movimientos que les son propios.
[118] De manera semejante también, si alguno intentara investigar las
partes exteriores e interiores del cuerpo, descubrirá en cada una siete:
las que son visibles son cabeza, pecho, vientre, dos manos, dos miembros
inferiores. Las interiores, llamadas vísceras, son: estómago, corazón,
pulmones, bazo, hígado, dos riñones. [119] A su vez, el señor supremo
del animal, la cabeza, utiliza las siete más necesarias: dos ojos, la misma
cantidad de orejas, dos narinas, séptima la boca, a través de la cual se
produce, como decía Platón, el ingreso de lo mortal y el egreso de lo

99. Esta afirmación proviene del hecho de que el equinoccio de primavera cae en el
mes de nisan del calendario judío, el séptimo mes según el cómputo civil, mientras que
el de otoño cae en el mes de tichri, el séptimo mes según el calendario religioso judío
(Arnaldez 1961: 220). De todas maneras, los equinoccios caen siempre en el séptimo mes
de acaecido el anterior, si se cuentan los meses incluyendo el mes en el que se producen.
Cf. Teón 104, 14; Macrobio I, vi, 57, A. Gelio III, x, 2.
100. Se trata de la Pascua (14 de nisan) y de la fiesta de los Tabernáculos (15 de ti-
chri).

141
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

incorruptible101. En efecto, le entran alimentos y bebidas, alimentos co-


rruptibles del cuerpo corruptible, pero salen palabras, leyes inmortales
de alma inmortal, a través de las cuales la vida racional se gobierna.

Capítulo 41
Otras relaciones de la hebdómada con el cuerpo humano

[120] Lo que se distingue a través del mejor sentido, la vista, participa


de este número por género. En efecto, siete son las cosas que se ven:
cuerpo, distancia, figura, magnitud, color, movimiento, reposo y nada
más. [121] Por cierto, también sucede que todas las modulaciones de la
voz son siete, aguda, grave, circunfleja, y cuarto el sonido aspirado, y
suave, el quinto, largo el sexto y breve el séptimo. [122] Mas también
sucede que los movimientos son siete, hacia arriba, hacia abajo, hacia la
derecha, hacia la izquierda, hacia adelante, hacia atrás, en círculo, que
evidencian al máximo los que hacen representaciones de danza. [123]
Dicen también que las secreciones del cuerpo se realizan en el número
mencionado. Las lágrimas fluyen de los ojos; de las narinas, las evacua-
ciones de la cabeza; a través de la boca, el esputo que se escupe. Tam-
bién son dos las que se admiten para la expulsión de excreciones, la de
adelante y la de atrás. Sexta es la secreción de sudor en todo el cuerpo y
<séptima>, la más natural de todas, la eyaculación de esperma a través
de los aparatos genitales. [124] Dice también Hipócrates, el conocedor
de la naturaleza, que en la hebdómada se refuerza la fijación de la semi-
lla y la formación de la carne102. Además, el flujo de las menstruaciones
les dura a las mujeres hasta siete días. Asimismo, es natural que los fetos
que se encuentran en el útero lleguen a su madurez a los siete meses, de
manera que sucede algo absolutamente paradójico, pues los fetos siete-
mesinos nacen, mientras que, en general, los de ocho meses no pueden
mantenerse vivos. [125] Las enfermedades graves del cuerpo, en espe-
cial cuando por una mala mezcla de nuestras fuerzas nos atrapan fiebres
continuas, se deciden sobre todo en el séptimo día, pues él decide el cer-
tamen del alma, votando la salvación para unos, la muerte para otros.

Capítulo 42
La hebdómada en la gramática y la música

[126] Su poder no sólo se encuentra en los hechos mencionados, sino


también en las ciencias supremas, la gramática y la música. En efecto, la

101. Cf. Platón, Timeo 75e 1-2.


102. Sobre la hebdómada 1 Roscher.

142
III. E L S Á BA D O

lira de siete cuerdas, análoga al coro de los siete planetas, realiza las ar-
monías tenidas en alta reputación, puesto que es prácticamente rectora
de toda la fabricación de instrumentos musicales. Los elementos gra-
maticales denominados, de acuerdo con su etimología103, vocales son
siete, puesto que a partir de ellos parece hablarse y, ordenados con los
otros fonemas, realizan los sonidos articulados. En efecto, completan lo
que falta de las semivocales y proporcionan los sones plenos. Tornan y
cambian el carácter de las consonantes, insuflándoles su propia fuerza,
para que lo que no es pronunciable llegue a serlo104. [127] Por ello, me
parece que los que pusieron nombres a las cosas al inicio, como sabios
que eran, denominaron al número siete por la reverencia que inspira y
su dignidad. Los romanos, al añadir la letra s que habían perdido los
griegos, pusieron todavía un énfasis mayor, puesto que de una forma
más correcta lo llamaron septem105 por lo digno, como se dijo, y la re-
verencia que inspira106.

Capítulo 43
Importancia de la hebdómada para Moisés

[128] Esto y aún más se dice y filosofa sobre la hebdómada, por lo que
obtuvo en la naturaleza los honores supremos, pero también se la honra
entre los más afamados griegos y bárbaros que practican la ciencia ma-
temáticas. No obstante, ha sido tenida en una estima superior por Moi-
sés, el amante de la virtud, que inscribió su belleza en las estelas más sa-
gradas de su ley y las grabó en los pensamientos de todos sus seguidores,
a los que ordenó que cada seis días pasaran el séptimo absteniéndose de
todos los trabajos que se ocupan de la búsqueda y provisión de medios
de vida y dedicándose únicamente a hacer filosofía para la mejora de
sus caracteres y el examen de su conciencia, el que asentado en su alma
como un juez, no se avergüenza de reprender, utilizando en algunos
casos amenazas violentas y, en otros, medidas advertencias; sobre lo
que le parece cometer injusticia intencionalmente, amenazas; sobre lo
hecho sin intención, por no haber previsto la situación, admoniciones,
para que ya no cometa un desliz semejante.

103. En griego existe una relación etimológica entre fwnh,en (vocal) y fwnevw (producir
un sonido o tono).
104. En orden inverso utiliza los ejemplos de la lira y la gramática; véase Leg. 1, 14.
105. Siete en latín.
106. Juego de palabras con semnós («digno» en el texto) y sebasmós («reverencia»
en el texto). Filón relaciona etimológicamente el latín septem (siete) con el griego heptá
(siete).

143
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

IV.  CREACIÓN DEL SER HUMANO SENSIBLE

Capítulo 44
El comienzo del segundo relato de la creación

[129] Al reconsiderar la creación del mundo, dice recapitulando: «Éste


es el libro de surgimiento del cielo y de la tierra, cuando nacieron en el
día en que Dios hizo el cielo y la tierra y antes de que naciera todo el
verde del campo y de se brotara todo el pasto del campo» (Gn 2, 4-5)
¿Acaso no presenta con claridad las ideas incorpóreas e inteligibles, que
sucede que son los cuños de los productos sensibles? En efecto, antes de
que la tierra verdeara, esto mismo estaba en la naturaleza de las cosas
como planta verde, dice, y antes de que brotara el pasto en el campo,
había un pasto no visible. [130] Es necesario suponer que también pre-
existen formas y medidas anteriores a cada una de las otras cosas que
juzgan los sentidos, con las que se dan forma y se miden los seres que
devienen. En efecto, aunque no relató detalladamente, <sino>107 todo
en conjunto, porque se preocupó por la brevedad más que nadie, no
menos lo poco dicho contiene indicaciones de la naturaleza de todas las
cosas, la cual sin el modelo incorpóreo, no llevaría a cabo nada de lo
que es captable en la percepción.

Capítulo 45
La fuente del paraíso y la naturaleza del agua

[131] Ateniéndose a la sucesión y observando atentamente la concate-


nación de lo que sigue con lo que antecede relata a continuación: «Una
fuente afloraba de la tierra y regaba toda la faz de la tierra» (Gn 2, 6).
Los otros filósofos dicen que toda el agua es uno de los cuatro elemen-
tos, de los que fue construido el universo. Sin embargo, Moisés, con
ojos más agudos y acostumbrado a contemplar y comprender mucho
más allá, cree que, por un lado, el gran mar es un elemento, una cuarta
parte del todo, que los posteriores llaman Océano, considerando que
los grandes mares abiertos navegables tienen el tamaño de nuestros
puertos, y, por otra, separó el agua dulce y potable de la marina y le dio
su lugar en la tierra, porque supuso que era una parte de ésta y no del
mar, por la razón dada antes108, para que ésta fuera sostenida como por

107. Sigo la conjetura de Cohn, porque la propuesta de Runia (2001: 312) es, a mi
entender, imposible, por el sentido de athróos que sólo puede oponerse al sentido distri-
butivo que exige katà méros. La referencia correcta al párrafo anterior que hace Runia me
parece que obliga a aceptar la conjetura de Cohn.
108. Véase supra § 38.

144
IV. C R E A C I Ó N D E L S E R H U M ANO S E NS I BL E

un vínculo por la cualidad dulce, a la manera de una cola presente en


ella. En efecto, si se la hubiera dejado seca, sin que la humedad disemi-
nada a través de los intersticios ampliamente la impregnara, se habría
disgregado. Sin embargo, la sujetan y la hacen permanecer las propie-
dades de fuerza del hálito unificador109, mientras que la humedad no
permite que, seca, se resquebraje en trozos pequeños y grandes. [132]
Una causa es ésta, pero también hay que decir la otra, la que apunta a
la verdad como a una diana. Por naturaleza, ninguno de los nacidos de
la tierra se forma sin sustancia húmeda. Lo proclaman las emisiones de
simiente que o bien son húmedas, como las de los animales o no brotan
sin humedad, tales son las de las plantas, a partir de lo cual es evidente
que es necesario que la mencionada sustancia húmeda sea una parte de
la tierra que engendra todas las cosas, como para las mujeres la evacua-
ción de los menstruos. Los filósofos jonios dicen también que el agua es
la sustancia corporal de los fetos110. [133] Lo que va a decirse tampo-
co desentona con lo dicho. La naturaleza otorgó a cada madre, como
una parte muy indispensable, unos senos que manan, para que tenga
preparada de antemano la nutrición del que va a nacer. Una madre es
también, así parece, la tierra. Por ello, también decidieron los primeros
humanos llamarla Deméter, cuando convinieron en crear por composi-
ción el nombre de madre y tierra111; pues, como dijo Platón112, la tierra
no imita a la mujer, sino la mujer a la tierra, que con verdad la estirpe
de los poetas solía llamar madre universal113, productora de frutos114
y dadora de todos los dones115, porque es causa de toda generación

109. Véase supra n. 21; véase Deus 35; Leg. 2, 22. La teoría del hálito (pneûma)
unificador es de origen estoico. Von Arnim incluye los dos fragmentos de Crísipo (SVF 2,
458). Según Crísipo, el pneûma es una mezcla de fuego y aire que tensa la materia y le da
unidad (cf. SVF 2, 439, 440, 441-444, 716 ).
110. La información que utiliza Filón parece provenir de fuentes jonias, en especial
de Tales de Mileto; cf. Arnaldez 1961: 229, n. 2 y Runia 2001: 317.
111. Deméter es la diosa de campo cultivado, especialmente del cultivo del cereal. Es
hermana de Zeus, con quien tuvo una hija, Perséfone. La etimología que presenta Filón es
la explicación más antigua del nombre de la diosa que combina los nombres de la tierrra
(ge/ga) y madre (méter). No obstante, la derivación de ge no es lingüísticamente posible
(Graz 1997: col. 420).
112. Menéxeno 238a 4-5.
113. Esquilo, Prometeo encadenado 90; Orphica frg. 168.27 (Kern).
114. Este epíteto es común en prosa aplicado a la tierra, mientras que en poesía se
lo encuentra generalmente aplicado a Deméter (cf. Aristófanes, Ranas 384 ). Sobre otros
pasajes, cf. Runia 2001: 319.
115. Véase Aet. 63. Ésta es también una etimología popular del nombre de Pandora
(pan: todo, dóron: don, regalo), la primera mujer, que, según el mito transmitido por
Hesíodo (Los trabajos y los días 42-104 ), mandó crear Zeus para castigar a los hombres.
Hesíodo da una etimología diferente: la llamaron Pandora porque la dotaron con todos
los dones; mas los dioses le dieron un don que sería una desgracia para los hombres (81-
82 ). Aplicado a Deméter, cf. Aristófanes, Aves 971.

145
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

y conservación de los animales como así también de las plantas. Con


razón, pues, también le otorgó la naturaleza a la tierra, la más antigua
y fértil de las madres, como una especie de senos las corrientes de los
ríos y fuentes, para que también regara las plantas y todos los animales
tuvieran abundante bebida.

Capítulo 46
Creación del ser humano sensible

[134] Después de esto dice: «extrajo Dios un montón de la tierra para


moldear al ser humano y le insufló en su rostro el hálito de vida» (Gn 2,
7). Con total claridad representa también a través de esto que la dife-
rencia entre el hombre plasmado ahora y el nacido antes a imagen de
Dios es inmensa116. En efecto, el moldeado sensible, porque participa
ya de esa cualidad, está compuesto de alma y cuerpo, varón o mujer, es
de naturaleza mortal, mientras que el hecho a imagen es una cierta idea,
género o sello, inteligible, incorpóreo, ni varón ni mujer, incorruptible
por naturaleza. [135] Dice que la estructura del ser humano sensible y
parcial117 está formada de la sustancia terráquea y del aliento divino. En
efecto, si bien su cuerpo tiene nacimiento cuando el artesano tomó un
montón y moldeó una forma humana de él, su alma en absoluto provie-
ne de nada generado, sino del padre y señor de todas las cosas. Lo que
hizo crecer en el interior del hombre no era sino el aliento divino, un
asentamiento colonial118 de aquella naturaleza beata y feliz que fue en-
viada hacia aquí en beneficio de nuestra raza, para que, aunque mortal
en la parte visible, al menos en la invisible sea efectivamente inmortal.
Por ello también se podría decir con propiedad que el ser humano es un
ser limítrofe que se encuentra entre la naturaleza mortal y la inmortal,
puesto que participa de ambas en cuanto es necesario y que ha nacido
mortal e inmortal al mismo tiempo, mortal en lo que atañe a su cuerpo,
pero en la inteligencia, inmortal.

Capítulo 47
Superioridad corporal del primer hombre sensible

[136] Aquel primer ser humano nacido de la tierra, el fundador de toda


nuestra especie, me parece haber nacido óptimo en ambos aspectos, el
alma y el cuerpo, y haber sido muy superior a los posteriores por su

116. Cf. Gn 1, 27.


117. Es decir, que es parte de una clase y que participa del ser humano inteligible.
118. La palabra avpoiki,a utilizada aquí por Filón tiende a subrayar el estrecho paren-
tesco del intelecto con su creador, a la manera de la concepción platónica.

146
IV. C R E A C I Ó N D E L S E R H U M ANO S E NS I BL E

supremacía en los dos, pues éste era realmente bello y bueno. Podría
atestiguarse la buena forma de su cuerpo a partir de tres razones, de las
que la primera es la siguiente. Cuando la tierra apareció recién fundada
por la separación de la gran masa de agua que fue llamada mar, sucedió
que la materia de lo que deviene no estaba mezclada, era genuina y
pura y, además, propensa a ser trabajada y maleable. Es lógico que los
resultados provenientes de ella fueran irreprochables. [137] En segundo
lugar, es probable que Dios quisiera moldear esta imagen humana con
el supremo celo, no tomando el montón de una parte cualquiera, sino
eligiendo el mejor de toda la tierra, el más puro de una materia pura y
filtrado al máximo, el que era más apto para la construcción. En efecto,
se fabricó una especie de casa o de templo santo del alma racional que
iba a llevar la imagen de la más semejante a Dios de las imágenes. [138]
En tercer lugar, lo que no tiene ni comparación con lo dicho: el demiur-
go era bueno en todo, pero especialmente en la ciencia, de modo que
cada una de las partes del cuerpo también tuviera particularmente en
sí misma los números pertinentes y estuviera exacta y armónicamente
acordada con la comunidad del todo. Junto con la proporción, también
modeló además una buena carnosidad y pintó en floridos colores una
hermosa piel, porque quería que el primer ser humano en lo posible
tuviera el aspecto más hermoso.

Capítulo 48
Superioridad anímica

[139] Que también era óptimo de alma, es evidente, pues no correspon-


de que haya usado ningún otro modelo de los que se encuentran en el
devenir para su construcción, sino sólo su razón, como dije119. Por ello,
dice que el ser humano se encuentra creado a imagen y semejanza de
ésta, cuando recibió el hálito en el rostro; allí es el sitio de las sensacio-
nes, con las que el demiurgo dio animación al cuerpo. Tras instalar el
razonamiento como rey, le permitió a la parte gobernante ser asistida
por la guardia de ellas en la aprehensión no sólo de los colores y sonidos,
sino también de los jugos, así como de los vapores y los fenómenos se-
mejantes, que sin sensación no habría sido capaz de captar por sí sola120.
Ahora bien, es necesario que la imagen de un modelo muy bello sea muy
bella. La razón de Dios es también superior a la belleza misma, que es
belleza en la naturaleza, puesto que no está ordenada121 por la belleza,

119. Véase supra § 135.


120. Véase Spec. 3, 111; 4, 123; Somn. 1, 32.
121. Kosmou,menoj quiere decir tanto «ordenado» como «adornado». Para los griegos la
belleza era necesariamente orden.

147
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

sino que es ella misma orden, si hay que decir la verdad, la mejor ex-
presión de aquél.

Capítulo 49
Degeneración progresiva de la humanidad

[140] El primer ser humano me parece haber sido engendrado con esas
características del cuerpo y el alma, superior a todos los que existen
ahora y existieron antes que nosotros122. En efecto, nuestra generación
se debe a seres humanos, mientras que a éste lo fabricó Dios. Cuanto
mejor es el hacedor, tanto mejor es lo producido. Así como lo que llega
a su cenit es superior siempre a lo que lo ha pasado, sea animal, planta,
fruto o alguna otra cosa de las que se encuentran en la naturaleza, es
probable que el primer ser humano moldeado haya alcanzado el cenit
de toda nuestra especie. Los posteriores ya no pudieron alcanzar una
cima semejante, dado que de generación en generación fueron recibien-
do formas y poderes continuamente más débiles. [141] Lo que vi que
sucede no sólo en el ámbito de la escultura, sino también en la pintura,
puesto que las copias son inferiores a los originales, pero mucho más lo
que se pinta y esculpe a partir de copias, puesto que están a larga dis-
tancia del principio. Un fenómeno semejante muestra también el imán.
En efecto, el anillo de hierro que lo toca es dominado con máxima
fuerza, mientras que el que toca al que toca, menos y el tercero cuel-
ga del segundo, el cuarto del tercero, el quinto del cuarto y otros de
otros mantenidos en una larga sucesión por una única fuerza de atrac-
ción, pero no de la misma manera, pues los que cuelgan más lejos del
principio siempre se sueltan, porque la atracción cede, no pudiendo ya
mantenerlos juntos. Algo semejante, por cierto, parece padecer también
la especie de los humanos, puesto que en cada generación reciben po-
deres y cualidades del cuerpo y del alma más débiles. [142] Si decimos
que aquel fundador no sólo fue el primer ser humano, sino también el
único ciudadano universal, expresaremos una verdad absoluta, ya que
el mundo era su casa y ciudad —pues no había ninguna construcción
manufacturada levantada de material de piedra y madera—, en el que
habitaba como en una patria con total seguridad, porque no conocía el
miedo, dado que fue juzgado digno del dominio sobre los seres terres-
tres y todo lo que era mortal lo temía y había sido enseñado u obligado
a obedecerlo como a un amo, mientras que él vivía irreprochablemente
en los goces propios de la paz sin guerras.

122. Véase Virt. 203-205 y cf. Runia 2001: 338.

148
IV. C R E A C I Ó N D E L S E R H U M ANO S E NS I BL E

Capítulo 50
La forma de vida del primer ser humano

[143] Como toda ciudad bien reglada tiene una constitución, aconteció
necesariamente al ciudadano universal usar la constitución que también
respetaba el mundo entero. Ésta es la razón correcta de la naturaleza
que se denomina con un nombre muy apropiado mandamiento123, por-
que es una ley divina según la cual se distribuyó lo que corresponde
y es pertinente para cada uno. Debía de haber algunos ciudadanos de
esta ciudad y constitución anteriores al hombre, que podrían llamarse
justamente ciudadanos de gran ciudad, porque les tocó en suerte habitar
el precinto máximo y se inscribieron en el cuerpo de ciudadanos más
grande y más perfecto. [144] ¿Quiénes podrían ser éstos, sino natura-
lezas racionales y divinas, unas incorpóreas e inteligibles, otras no sin
cuerpo, como sucede que son los astros? Tratando y conviviendo con
éstos, el hombre pasaba el tiempo lógicamente en una felicidad pura.
Como estaba emparentado y era de simiente próxima al señor, porque
había fluido en él mucho hálito divino, se esforzaba por decir y actuar
en todo para satisfacción del padre y rey, siguiendo su huella en sus
caminos que abren amplios las virtudes, porque únicamente a las almas
que piensan que la semejanza completa al Dios generador es el fin les
está permitido acercarse a él.

Capítulo 51
La naturaleza del ser humano actual

[145] Queda dicha, pues, la belleza en ambos aspectos, el alma y el


cuerpo, del primer ser humano, aunque de forma muy inferior a la
verdad, tal como era posible según nuestra capacidad. Es necesario que
sus descendientes, al participar de la idea de aquél, conservaran, aun-
que débilmente, las réplicas del parentesco con el primer ancestro124.
[146] Mas ¿qué parentesco? Todo ser humano se encuentra familiar-
mente relacionado con una razón divina por su inteligencia, puesto que
ha nacido como la materia en la que se imprime la naturaleza beata,
como una partícula o un rayo de ella, mientras por la complexión del
cuerpo lo está con el mundo entero. En efecto, es una mezcla de los
mismos principios, tierra, agua, aire y fuego, introduciendo cada uno
de los elementos la parte pertinente para completar la materia sufi-

123. Qesmo,j, «mandamiento», es una norma instituida por una autoridad superior,
a partir del siglo iv a.C. la palabra se va especializando para designar una ley de origen
divino, que es el significado que le atribuye aquí Filón.
124. Sobre el parentesco entre el hombre y Dios, cf. Graffigna 1994.

149
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

ciente que debía tomar el artesano para realizar esta imagen visible.
[147] Además, habita en todas las regiones mencionadas como las más
familiares y emparentadas, cambiando de sitio y frecuentando unos y
otros alternadamente, como para decir con absoluta propiedad que el
ser humano lo es todo, terrestre, acuático, alado, celeste. En la medida
en que habita y marcha sobre la tierra, es un animal terrestre, mientras
que en tanto se zambulle, nada y navega es a menudo, acuático —co-
merciantes, armadores, pescadores de púrpura y cuantos practican la
pesca de moluscos y peces son la prueba más cierta de lo afirmado—, y
en cuanto, levantándose del suelo, eleva el cuerpo hacia arriba desde la
tierra, se podría decir justamente que viaja por el aire y, además, tam-
bién celeste, porque a través del más señorial de los sentidos, la vista,
se aproxima al sol, la luna y cada uno de los otros astros, planetas y
estrellas fijas.

Capítulo 52
La colocación de los nombres

[148] Estuvo muy bien al unir la colocación de los nombres al primer


ser humano125. En efecto, es la obra de sabiduría y realeza y aquél era
sabio, aprendió solo y era autodidacta, dado que había nacido de manos
divinas y era además rey. Es propio del señor dar nombre a cada uno de
los súbditos. Es probable que aquel primer ser humano, que Dios, por
haberlo plasmado con esmero, consideraba digno del segundo lugar,
puesto que lo puso como lugarteniente suyo, señor de todos los otros
seres, tuviera un poder superior de gobierno, cuando también los que
nacieron tantas generaciones más tarde, cuando ya se ha marchitado la
raza por los grandes períodos de tiempo transcurridos, no menos domi-
nan aún a los seres irracionales y guardan como una especie de antorcha
del gobierno y señorío que se transmitió desde el primero. [149] Dice,
pues, que Dios condujo todos los animales a Adán, porque quería ver
qué nombres le daría a cada uno126, no porque dudara —pues nada es
desconocido a Dios—, sino porque sabía que había confeccionado una
naturaleza racional en el mortal con movimiento propio, para no ser
partícipe personalmente del vicio127. Hizo la prueba como un maestro
que pone en movimiento la disposición inmanente del discípulo y lo
insta a mostrar las obras que le son propias, para que espontáneamente
pusiera designaciones que no fueran ni impropias, ni discordes, sino
que mostraran muy bien las propiedades de los objetos. [150] Dado

125. Cf. Gn 2, 20.


126. Cf. Gn 2, 20.
127. Véase supra § 73-75.

150
V. C AÍ D A Y E X I L I O

que la naturaleza racional en el alma era todavía pura y aún no se había


descargado ninguna debilidad, enfermedad o padecimiento sobre ella,
el primer ser humano obtenía purísimas representaciones de los cuerpos
y cosas y daba denominaciones acertadas, porque apuntaba muy bien a
lo que se mostraba, de forma que sus naturalezas fueran dichas y conce-
bidas simultáneamente. Así se distinguió en todo lo bueno, llegando al
mismo límite de la felicidad humana.

Capítulo 53
Creación de la mujer

[151] Puesto que nada de lo que se encuentra en la generación es firme


y los seres mortales sufren necesariamente vuelcos y cambios, era ne-
cesario que el primer ser humano paladeara también algún infortunio.
El principio de la vida culpable llega a ser para él la mujer. En efecto,
mientras era uno, se asemejaba al mundo y a Dios en singularidad y
llevaba estampadas en su alma las marcas distintivas de la naturaleza de
ambos, no todas, sino cuantas era posible que la naturaleza mortal con-
tuviera. Cuando la mujer hubo sido moldeada, al observar una figura
fraterna y una forma emparentada, recibió con alegría su vista y, acer-
cándose, la saludó. [152] Ésta, no viendo ningún animal más apropiado
para ella que aquél, se siente feliz y le replica con pudor. El amor, cuan-
do surge, tras reunir como dos partes separadas de un único animal, las
funde en uno, porque insufla en cada uno un deseo de comunión con el
otro para la generación de lo semejante. Este deseo engendra también
el placer de los cuerpos, que es el principio de actos injustos y transgre-
siones, a causa del cual se cambia la vida inmortal y feliz por la mortal
y desdichada128.

V.  CAÍDA Y EXILIO

Capítulo 54
El Jardín del Paraíso

[153] Sin embargo, el relato contiene que cuando el varón vivía aún una
vida solitaria, porque la mujer todavía no había sido moldeada, Dios
plantó un paraíso que no se asemejaba en nada a los jardines que existen

128. Contrariamente a las traducciones al uso, he reflejado el sentido de sentencia


general que tiene la reflexión de Filón que no se refiere aquí al caso específico de Adán
y Eva, sino a las consecuencias que suele tener el amor, como lo muestran los verbos en
presente, que obligan a tomar los tiempos secundarios en su matiz de aserción genérica.

151
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

entre nosotros129, pues el bosque de éstos es inanimado, lleno de todo


tipo de árboles, unos que florecen continuamente para placer continuo
de la vista, mientras que otros crecen y brotan en las estaciones prima-
verales y entre los cuales unos producen frutos comestibles para los
hombres, no sólo para el uso alimenticio necesario, sino también para
el goce refinado de la vida delicada, pero los otros dan un fruto diverso
que se atribuyó necesariamente a las bestias salvajes. Contrariamente,
en el paraíso divino, es un hecho que todas las plantas poseen alma y
son racionales, porque producen como fruto las virtudes y, además, la
sagacidad indestructible y la listeza, con la que se reconoce lo bello y lo
vergonzoso, la vida sin enfermedad ni corrupción y todo lo que pudiere
existir semejante a eso130. [154] Creo que esto se filosofa más de forma
simbólica que en sentido estricto, pues ni han aparecido árboles de la
vida o de la sagacidad en la tierra antes, ni es probable que vayan a
aparecer, sino que, así parece, a través del paraíso se habla en forma de
enigma de lo que rige el alma, que está lleno de tantas opiniones como
si fueran miríadas de árboles. A través del árbol de la vida se alude a la
máxima virtud, la piedad, a través de la cual el alma se vuelve inmor-
tal. A través de la capacidad de definir131 el bien y el mal se refiere a la
prudencia intermedia132, con la que se discriminan las cosas contrarias
por naturaleza.

Capítulo 55
La expulsión del Paraíso

[155] Una vez que hubo puesto estos límites en el alma, se puso a ob-
servar como un juez hacia cuál de las actitudes se iba a inclinar. Así vio
que el alma se deslizaba hacia la maldad y que despreciaba la piedad y la
santidad, a partir de las cuales se impone la vida inmortal. Como era de
esperar, lo expulsó y lo exilió del paraíso, sin darle al alma que estaba

129. Cf. Gn 2, 8 s.
130. Véase Plant. 36.
131. Leo horistikoû con M, contra la conjetura de Wendland adoptada por Cohn en
la segunda edición (gnwristilou=) y el gnostikoû del resto de manuscritos, puesto que el
significado de esta palabra no se adecúa al necesario aquí y parece un intento de acercar
el texto al de LXX.
132. Se ha discutido ampliamente el significado del término fro,nhsij (prudencia) que
utiliza Filón. Tal como ha señalado Runia (2001: 368), el pasaje paralelo de Praem. 81
indica claramente que la palabra debe interpretarse como inteligencia práctica, tal como
lo hace la filosofía aristotélica. Más problemática es la interpretación del significado de
«intermedia». Para Arnaldez (1961: 245), recibe esa denominación porque se encuentra
entre dos vicios. Harl sostiene en su amplio artículo dedicado al tema (1962: 347 ss.,
364), basándose en Plant. 45, que se denomina intermedia porque permite distinguir
entre el bien y al mal. Cf. la detallada discusión de Runia anteriormente citada.

152
V. C AÍ D A Y E X I L I O

inmersa en el pecado de manera difícil de sanar e incluso incurable si-


quiera una esperanza de un regreso futuro, porque también el pretexto
del engaño, que no era digno de ser pasado por alto, era inconmensura-
blemente censurable. [156] Se dice que antiguamente el reptil venenoso
nacido de la tierra, la serpiente133, emitía un sonido articulado de ser
humano y en una ocasión, acercándose a la mujer nacida del primer
varón, criticó la lentitud y la excesiva prevención, porque vacilaba y di-
fería coger un fruto muy hermoso a la vista y muy placentero al paladar,
pero, además, también beneficiosísimo, con el que podría reconocer no
sólo las cosas buenas, sino también las malas134. La mujer, después de
aceptar comer sin hacer averiguaciones por una determinación insegura
e inestable, hace participar del fruto al varón135 —y esto los hizo pasar
de inmediato a ambos de la inocencia y simplicidad de los caracteres a
la maldad136— por lo cual el padre, colérico —la acción, en efecto, era
digna de la ira, puesto que, dejando de lado la planta de la vida inmor-
tal, plenitud de la virtud, por la cual podían cosechar una vida duradera
y feliz, eligieron no una vida efímera y mortal, sino un tiempo lleno de
desdichas— determinó las penas adecuadas contra ellos137.

Capítulo 56
Interpretación alegórica de la serpiente

[157] Éstas no son ficciones de un cuento con las que se alegran los
cenáculos de poetas y los intelectuales, sino muestras de especímenes
que invitan a la alegoría según las explicaciones a través del sentido
profundo. Si uno sigue una conjetura probable, expresará la opinión
adecuada de que la serpiente mencionada es un símbolo del placer,
porque, primero, es un animal sin pies y tumbado boca abajo sobre el
vientre; segundo, porque come terrones de tierra; tercero porque lleva
el veneno en los dientes, con el que normalmente mata a los que fueron
picados. [158] El amante del placer no deja de participar en nada de lo
dicho, pues con dificultad levanta la cabeza, apesadumbrado y arras-
trado hacia abajo, porque la incontinencia lo pervierte y lo trastorna.
No toma el alimento celeste que la sabiduría pone a los que aman la
contemplación a través de discursos y doctrinas, sino que el suyo es
ofrecido por la tierra en las estaciones anuales, del que provienen la
ebriedad, la ingesta de manjares y la glotonería, <que>, haciendo bro-

133. Manteniendo el texto de los manuscritos. Cf. Runia 2001: 95, n. 36.
134. Cf. Gn 3, 1.
135. Cf. Gn 3, 2-6.
136. Cf. Gn 3, 7.
137. Cf. Gn 3, 16-19.

153
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

tar, reavivando y esclavizando138 los deseos del estómago, harán crecer


al unísono también la glotonería y desatarán las pasiones sexuales. De-
sea ardientemente el trabajo de los molineros y cocineros y, haciendo
girar su cabeza en círculo, desea participar del olor de los adobos [de
feo aspecto]139 y cuando contempla una mesa bien puesta, abalanzándo-
se se derrama completamente sobre lo que se ha servido, esforzándose
por llenarse de todos los manjares a la vez, terminando no cuando se ha
satisfecho, sino cuando no queda nada de lo servido. Por eso, lleva en
los dientes el veneno no menos que la serpiente. [159] Los dientes son,
pues, los servidores y ayudantes de la avidez, que cortan todo lo que
hay, lo machacan para comer y se lo entregan primero a la lengua para
que los deguste juzgando sus jugos y luego a la faringe. La desmesura en
las comidas es mortal y venenosa por naturaleza, porque los alimentos
no pueden digerirse por el flujo de los que entran, que se produce antes
de que se hayan digerido los anteriores. [160] Se dice que la serpiente
emitía una voz humana porque el placer utiliza miríadas de protectores
y valedores que, mientras lo cuidan y le sirven de vanguardia, osan en-
señar que su fuerza toca todas las cosas, grandes y pequeñas, sin que se
excluya ninguna en absoluto.

Capítulo 57
La importancia del placer para el ser humano

[161] Ahora bien, los primeros encuentros del varón y la mujer tienen
el placer como comandante mercenario, las inseminaciones y los naci-
mientos se producen por su intermedio y los recién nacidos no sienten
naturalmente afinidad con nada antes que con éste, puesto que se po-
nen contentos con el placer, mientras que les disgusta su contrario, el
dolor140. Por ello, el feto llora cuando es parido, porque le da dolor,
así parece, el frío ambiente. En efecto, como de un sitio muy cálido e
ígneo en el útero, en el que había vivido mucho tiempo, sale de manera
súbita al aire, un lugar frío y no familiar, se asusta y da su llanto como
un signo clarísimo del dolor y su enfado con la molestia. [162] Todo
animal y, particularmente, el ser humano, se afana, dicen, por el placer
como por un fin absolutamente necesario y esencial. Los primeros tien-
den a él sólo a través del tacto y de los órganos genitales, pero el ser

138. Contra Wendland y Cohn retengo andrapodízousai.


139. Retengo la supresión de Cohn contra Runia (2001: 95, n. 38) que es paleográfica
y filológicamente imposible. Th/j eivdecqei,aj tiene todo el aspecto de ser una glosa.
140. Filón utiliza aquí la doctrina epicúrea de la afinidad (oikeíosis). El recién nacido
manifiesta naturalmente la afinidad o relación propia y familiar del ser humano con el pla-
cer, mientras que el dolor le es ajeno y contra natura. Usener (1887: 274-276) ha recogido
los testimonios que evidencian el origen epicúreo de esta doctrina (fr. 398).

154
V. C AÍ D A Y E X I L I O

humano también a través de los otros sentidos, ya que persigue todos


los espectáculos y las audiciones que puedan proporcionar un placer a
los oídos y los ojos.

Capítulo 58
La langosta como símbolo del autocontrol

[163] Se dicen también muchísimas otras cosas para alabar la pasión y,


sobre todo, que es la afín y la más emparentada con los animales. No
obstante, lo que acaba de decirse de la causa por la que la serpiente
parecía también emitir una voz humana basta como demostración. Por
ello, creo que también en las leyes particulares, donde escribió sobre
los animales que se deben ofrecer como alimento y lo contrario, alaba
al máximo al animal llamado langosta141. Es un bicho de cuatro patas
que tiene unos miembros superiores, con los que salta de la tierra y se
eleva en el aire, como la especie de los saltamontes. [164] Me parece
que la langosta no es sino simbólicamente el autocontrol, que lleva una
batalla que no ceja y una guerra sin tregua contra la incontinencia y el
placer. En efecto, mientras uno ama mucho la frugalidad, la sobriedad y
cuanto es necesario al amante de la austeridad y a la vida seria, el otro
quiere la futilidad y la extravagancia, que llegan a ser causa de vanidad
y perdición para el alma y el cuerpo, a través de las que surge la vida
culpable y peor que la muerte entre los que piensan bien.

Capítulo 59
Modo de actuación del placer

[165] El placer no osa ofrecer al varón sus fraudes y embustes, pero


sí a la mujer y, a través de ella, a aquél, de una manera muy natural y
directa142. En efecto, entre nosotros el intelecto tiene el papel del va-
rón, mientras que el de la mujer es la sensación. El placer encuentra y
frecuenta en primer lugar las sensaciones, a través de las que engaña al
intelecto rector. Cuando cada sensación es sometida por los encanta-
mientos del placer, se alegra con los objetos que se le ofrecen: con la
variedad en el ámbito de los colores y figuras, la vista; con los órdenes
de los sonidos, el oído; en las dulzuras de los zumos, el gusto y en los
perfumes de los vapores que se exhalan, el olfato. Una vez que han
recibido los regalos, a la manera de servidoras los ofrendan tal cual al

141. Cf. Lv 11, 22. La denominación en griego es ophiomáches: luchador contra la


serpiente. Véase Spec. 4, 114.
142. Véase QG 1, 33.

155
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

amo, el razonamiento, conduciendo como intermediaria a la persuasión


para no ser rechazadas en absoluto. Éste, inmediatamente seducido, se
convierte en subordinado en vez de rector, en esclavo en lugar de amo,
en vez de ciudadano, en exiliado y en mortal en lugar de inmortal. [166]
En resumen, no hay que desconocer que el placer, que es como una
prostituta lujuriosa, desea alcanzar al amante y busca alcahuetes, a tra-
vés de los que pescarlo. Le sirven de alcahuetes y lo entregan al amante
las sensaciones, las que, tras ser seducidas con facilidad, lo conducen
al intelecto, al que proveen dentro de lo que aparece afuera y a quien
lo anuncian y muestran, imprimiendo los especímenes de cada cosa y
produciendo una emoción semejante. Éste, lógicamente, recibe en cera
las representaciones de las sensaciones con las que capta los cuerpos,
porque por sí mismo no puede, como ya dije143.

Capítulo 60
El castigo de Adán y Eva

[167] Los primeros descubrieron inmediatamente las recompensas del


placer y se convirtieron en esclavos de una afección penosa y difícil de
curar. La mujer, porque recibió dolores violentos en los partos y los
sufrimientos que se suceden a lo largo del resto de su vida, en especial
los que se relacionan con los hijos, cuando nacen, son criados, enfer-
man, sanan y tienen buena o mala fortuna, además de la pérdida de la
libertad y del dominio del varón con el que convive, cuyas órdenes debe
obedecer144. El varón, porque por su parte recibió trabajos, desgracias
y continuos sudores por la provisión de las necesidades, así como la
privación de los bienes espontáneos, que la tierra había sido enseñada
a producir independientemente de la ciencia agrícola, y la participa-
ción en esfuerzos ímprobos para la búsqueda de medios de vida y de
alimento para no ser destruido por el hambre145. [168] Creo, en efecto,
que así como el sol y la luna continúan alumbrando, después de haber
recibido la orden una vez al principio de la creación del universo y res-
petan la orden divina por no otra cosa que porque el vicio se encuentra
expulsado muy lejos de los límites del cielo, de la misma manera tam-
bién la tierra campa y vegetal podría producir abundantemente en las
estaciones anuales sin arte ni cooperación de los varones campesinos.
Mas en realidad, las fuentes eternas de las gracias divinas se restringie-
ron cuando el vicio comenzó a superar a las virtudes, para no surtir a
una suerte de indignos. [169] La especie humana, si iba a soportar un

143. Véase supra § 139.


144. Cf. Gn 3, 16.
145. Cf. Gn 3, 19.

156
VI. C ON C L U S I Ó N

castigo apropiado, debía, sin duda, desaparecer por su ingratitud hacia


Dios benefactor y salvador. Sin embargo éste, puesto que tiene una na-
turaleza benéfica, se apiadó y midió el castigo, permitiendo que la raza
permaneciera, pero sin ponerles ya de manera semejante el alimento a
disposición, para que no se excedieran e insolentaran practicando dos
males, la pereza y la satisfacción.

VI.  CONCLUSIÓN

Capítulo 61
Enseñanzas del relato de la creación

[170] Tal es la vida de los que al principio vivían en ausencia de mal y


en la simplicidad, pero pronto prefirieron el vicio a la virtud146. A través
de la creación del mundo mencionada, nos enseña otras muchas cosas,
pero cinco son las más bellas y las mejores de todas. En primer lugar,
que lo divino es y existe, —por los ateos, de los que unos dudan y argu-
mentan de manera ambigua acerca de su existencia, mientras que otros,
más osados, llegan a insolentarse, afirmando que no existe en absoluto,
sino que sólo los humanos que ensombrecen la verdad con ficciones
fabulosas dicen eso—. [171] En segundo lugar, que Dios es uno —por
los intérpretes de la corriente politeísta, que no enrojecen trasladando
la pésima oclocracia de las malas constituciones de la tierra al cielo—.
En tercer lugar, como ya ha quedado dicho147, que el mundo es gene-
rado —por los que creen que no tiene origen y es eterno, los que nada
atribuyen a Dios—. En cuarto, que el mundo es uno, dado que también
es uno su creador, que asemejó a sí su obra en la singularidad, porque
utilizó toda la materia para la creación del universo148. En efecto, no
habría sido un todo149 si no se hubiera fijado y constituido de sus partes
enteras. Los que suponen que hay muchos mundos y los que también
sostienen que son infinitos, son ellos mismos inexpertos150 e ignorantes
de la verdad, de lo que es bueno tener conocimiento151. Quinto, que

146. Los manuscritos continúan «de los que es bueno apartarse» que considero extra-
ño, siguiendo la supresión de Colin, contra la interpretación de Runia (2001: 95, n. 40).
147. Véase supra § 7.
148. Cf. Platón, Timeo 32c 5-8.
149. Aquí hay un juego de palabras intraducible al castellano, ya que en griego o[loj
quiere decir, como adjetivo, «todo, entero, completo», pero sustantivado en neutro (tò
hólon) significa también «el universo».
150. Nuevo juego de palabras intraducible al castellano. La palabra a;peiroj significa
tanto «infinito» como «inexperto».
151. Cf. Platón, Timeo 55c 7-d 6.

157
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS

Dios también ejerce su providencia sobre el mundo, pues siempre lo


que crea cuida necesariamente lo creado por las leyes y estatutos de la
naturaleza, según los cuales también los padres atienden a sus hijos152.
[172] No hay duda de que el que aprendió estas cosas más con la inteli-
gencia que con el oído y se las imprimió en su alma como ideas maravi-
llosas y por las que vale la pena combatir —no sólo que Dios es y existe,
sino también que el Existente es realmente uno y único, que ha hecho el
mundo también uno y único, como se dijo153, asemejándolo a sí mismo
en la unidad y singularidad y que siempre ejerce su providencia sobre
lo generado— vivirá una vida beata y feliz marcado por doctrinas de la
piedad y la santidad.

152. Véase supra § 9-10.


153. Véase supra § 171.

158

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