Filón de Alejandría - Sobre La Creación Del Mundo (Ed. Trotta)
Filón de Alejandría - Sobre La Creación Del Mundo (Ed. Trotta)
Capítulo 1
La importancia de la obra de Moisés
[1] Entre los otros legisladores, algunos dispusieron sin ornato y direc-
tamente lo que consideraban justo, mientras que otros hicieron crecer
desmesuradamente sus numerosas consideraciones a través del añadido
de una gran cantidad de materia a sus concepciones, ocultando con
ficciones míticas la verdad. [2] Moisés superó ambas actitudes; la una,
por irreflexiva, superficial e inculta; la otra, por engañosa y plena de
fraude y comenzó sus leyes de manera muy bella y majestuosa, ya que
ni proclamó directamente lo que es necesario hacer o lo contrario, ni,
porque es necesario premoldear la mente de los que van a utilizar las
leyes, plasmó mitos o estuvo de acuerdo con los que otros habían com-
puesto. [3] El comienzo, como decía, es maravilloso en grado sumo,
puesto que comprende la creación del mundo, en la convicción de que
no sólo el mundo se conforma a la ley y la ley al mundo, sino que el
varón que respeta la ley es sin más un ciudadano del mundo dado que
guía sus acciones rectamente a la voluntad de la naturaleza, según la
cual se administra todo el universo. [4] Ningún poeta ni ningún orador
podría ensalzar dignamente la belleza de los pensamientos de la crea-
. Aquí hay una clara alusión a la teoría platónica de la ley, tal como se expresa, en
especial, en las Leyes (cf. especialmente IV, 719e-723d); sobre la concepción platónica,
cf. Lisi 2000.
. Sobre la figura de Moisés como legislador, véase Mos. 2, 8-52. La distinción
entre los dos tipos de legisladores se remonta a Platón, como se ha indicado en nota an-
terior. Una elaboración más detallada de la distinción se encuentra en el mismo Filón en
Mos. 2, 48-51.
. En la traducción se ha respetado la diferencia entre anér (varón) y ánthropos (ser
humano) para respetar la naturaleza ideológica del texto. El carácter central del varón es
fundamental en la cosmología de Filón. Cf. infra §§ 151-166.
. Como ha indicado Runia (2001: 103), el uso del término kosmopolítes es típi-
camente filoniano y se diferencia del sentido que tiene en la anécdota del filósofo cínico
Diógenes, transmitida por Diógenes Laercio (6, 63) en que tiene un carácter altamente
positivo y no hace referencia al extrañamiento de la comunidad política, sino a la concep-
ción del varón como miembro de una comunidad universal.
. Contrariamente a la interpretación que favorece Runia (2001: 47 y 104) en su
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 2
El mundo es creado y está sujeto a la providencia divina
[7] Algunos, dada su mayor admiración por el universo que por su ha-
cedor, proclamaban que aquél es no sólo ingenerado, sino también eter-
no y, con gran pecado, acusaron falsamente a Dios de gran inactividad,
aunque era necesario atribuirle al primero sus poderes como hacedor y
padre y no ensalzar al segundo más allá de la medida. [8] Moisés, que
se adelantó hasta la misma cumbre de la filosofía y recibió instrucción
de los oráculos acerca de la multitud de principios que mantienen la
naturaleza, llegó a conocer, sin duda, que lo más necesario entre los
seres es el que exista una causa eficiente y otra paciente y que la causa
eficiente es el intelecto del universo, el más puro y sin mezcla. Ese in-
telecto es superior a la virtud, superior a la ciencia y superior al bien
y a la belleza en sí. [9] La causa paciente, inanimada e inmóvil por sí
misma, movida, formada y animada por el intelecto se convirtió en la
obra más perfecta, este universo. Los que sostienen que éste es inge-
nerado suprimen, sin darse cuenta, lo más útil y necesario de lo que
conduce a la piedad, la providencia. [10] La razón está, sin duda, del
traducción, creo que lo que sigue impide interpretar la palabra noêmata utilizada aquí
por Filón como refiriéndose a los pensamientos expresados por Moisés, sino más bien
como una indicación de los pensamientos divinos que son el origen de la creación del
universo.
. Filón se refiere aquí probablemente a la teoría aristotélica; cf. Sobre el cielo I, 9,
277b 27-29, 279a 18-22, y, en general, los capítulos 9-12 del primer libro, donde trata en
detalle el tema. También el tratado pseudo-aristotélico Sobre el mundo (396a 27-31) afirma
la eternidad e incorruptibilidad del universo. Cf. Reale y Bos 1994: 301 s. Filón tiene un
tratado, Sobre la indestructibilidad del mundo (Aet.) dedicado a este problema específico.
. La primera versión filosófica de la doctrina de la providencia divina se encuentra
en los textos platónicos, especialmente en los libros II y III de la República y en el X de las
Leyes. La noción de providencia se convirtió en un aspecto central de la doctrina estoica
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I . LOS F U N D A M E NTOS M E TA F ÍS I C OS D E LA C R E A C I Ó N D E L U N I V E RSO
Capítulo 3
Razones de la creación del universo en seis días
[13] Sostiene que el universo fue hecho en seis días no porque el hacedor
necesitara una extensión de tiempo —pues es lógico que Dios haga todo
simultáneamente, no sólo ordenando, sino también concibiendo—, sino
porque lo generado necesita orden y el número es propio del orden y el
seis es el número más generador en virtud de las leyes de la naturaleza.
En efecto, es el primero perfecto de ellos a partir de la mónada, ya que
iguala a sus partes y se conforma de ellas, la tríada es su mitad, la díada
su tercio, la mónada su sexto y es, por decirlo así, masculino y femenino
por naturaleza y está ensamblado del producto de ambos. En efecto, en
los seres lo impar es masculino y lo par, femenino. La tríada es el prin-
(cf. von Arnim 1903-1924: IV, 122 s. s.v. provnoia) y el mismo Filón dedicó un tratado al
problema. No obstante, Runia (2001: 118) ha llamado la atención sobre un fragmento
del filósofo medio platónico Ático que une el tema de la providencia al de la creación
del mundo de manera semejante a como lo hace aquí Filón (frag. 4, Des Places). Sobre la
noción de providencia en Filón, cf. Frick 1999.
. El término oikeíosis marca los lazos de familiaridad y afinidad que unen al crea-
dor como padre con su criatura.
. La traducción de los términos utilizados por Filón para expresar los números
intenta reflejar al máximo el matiz del término griego, aun a riesgo de tener que crear
algunos neologismos. Así, he traducido monás por «mónada» y no por «unidad»; dyás
por «díada» y no por «dos», etc. He tomado esta decisión por las implicaciones filosóficas
que tienen estos términos en la historia del platonismo y la utilización que hace Filón, así
como para mantener las diferencias establecidas por el filósofo alejandrino.
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 4
Creación del mundo inteligible
[16] Dado que Dios comprendió de antemano, en tanto Dios, que una
copia bella nunca podría surgir separada de un modelo bello y que un
objeto sensible que no se haya hecho a imagen de un arquetipo y una
forma inteligible no es irreprochable, cuando quiso forjar este mundo
visible, plasmó primero el inteligible, para llevar a cabo el universo cor-
póreo utilizando un modelo incorpóreo y semejante a Dios al máximo,
como una imagen más joven del más antiguo, que incluye tantas espe-
cies sensible cuantas inteligibles hay en aquél. [17] No es lícito decir o
pensar que el mundo que está constituido por las ideas se encuentra
en algún lugar. Sabremos, empero, de qué manera está constituido, si
seguimos una de nuestras imágenes. Cuando se funda una ciudad por la
gran munificencia de un rey o de algún gobernante que aspira al poder
absoluto y, brillante en su concepción, intenta al mismo tiempo ornar
también su buena fortuna, es posible que a veces un varón arquitecto
por educación, al pasar y observar el buen clima y la buena aptitud del
lugar, diagrame primero en su interior casi todas las partes de la ciudad
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I . LOS F U N D A M E NTOS M E TA F ÍS I C OS D E LA C R E A C I Ó N D E L U N I V E RSO
Capítulo 5
La bondad de Dios causa de la creación del mundo
[20] Así, pues, como la ciudad que se había fraguado primero en el ar-
quitecto no ocupaba una región en el interior, sino que estaba acuñada
en el alma del artesano, tampoco el mundo construido a partir de las
ideas podría tener otro lugar que la razón divina13 que las ordenó. En
efecto, ¿qué lugar habría, diverso de sus potencias, que pudiera llegar
a ser capaz de recibir y albergar no digo todas, sino una sola cualquiera
sin mezcla? [21] Mas también es la potencia creadora del mundo por-
que tiene como fuente el verdadero bien. Si alguien quisiera investigar
la causa por la que se construyó este mundo, creo que no yerra la diana,
si declara lo que también dijo uno de los antiguos, que el padre y crea-
dor es bueno14. Es por ello por lo que no escatimó su óptima naturaleza
a una sustancia que no tenía nada bello por sí misma pero que podía
convertirse en todas las cosas. [22] En efecto, por sí misma se encon-
traba en desorden, carecía de cualidades, era carente de vida, estaba
llena de diversidad, desarmonía y discordancia, pero admitió un giro y
el cambio al estado contrario y a lo mejor, orden, cualidad, vida, seme-
janza, mismidad, lo armónico, la concordancia, todo cuanto es propio
de la forma mejor15.
13. «Razón divina» vierte to.n qei/on lo,gon. En realidad, el término lógos aplicado
al Dios creador de Filón se refiere al intelecto divino en su actividad creadora tanto del
mundo inteligible cuanto del mundo sensible. Cubre, además, la actividad organizadora
del mundo sensible a través de la providencia divina. Wolfson (19644: I, 226-239) sostie-
ne que existe un lógos trascendente y otro inmanente. Sobre la teoría filónica del lógos,
cf. Winston 1985; Runia 19862: 446-451; 2001: 142 s.; Reale y Radice 1987: xcvi-civ).
14. Cf. Platón, Timeo 29e.
15. Contrariamente a la exégesis de Wolfson (19644: I, 306-310) que se basa en una
interpretación sesgada de los parágrafos 29-32, este texto no deja lugar a dudas acerca
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 6
La razón divina
[23] Sin ningún ayudante —¿pues qué otro podría haber habido?— sino
que con su única asistencia Dios conoció que había que beneficiar con
ricas e irrestrictas gracias una naturaleza carente de don divino, que era
incapaz de obtener por sí misma ningún bien. No obstante, no beneficia
según la magnitud de sus propias gracias —pues éstas son inabarcables
e infinitas—, sino de acuerdo con las capacidades de los beneficiados.
En efecto, lo que deviene no puede sufrir tanto bien cuanto Dios puede
hacer por naturaleza, puesto que las capacidades de éste son superio-
res, mientras que el otro, al ser demasiado débil como para recibir la
grandeza de ellas, las habría rechazado si él no hubiera medido lo que
infundía, sopesando de manera acorde a cada uno. [24] Sin embargo,
si uno quisiera utilizar palabras más directas, diría que el mundo inteli-
gible no es otra cosa que la razón de Dios cuando éste ya se encontra-
ba creando el mundo. En efecto, qué otra cosa es la ciudad inteligible
sino el razonamiento del arquitecto cuando ya está pensando en crear
la ciudad. [25] Esta doctrina pertenece a Moisés, no es mía. Cuando
describe el nacimiento del hombre en los versículos que siguen con-
cede abiertamente que fue estampado a imagen de dios16. Ahora bien,
si la parte es imagen de una imagen, y la forma completa —todo este
universo sensible, puesto que es mayor que la imagen humana— copia
de la imagen divina, es evidente que también el sello moldeado como
primer modelo que decimos que es el mundo inteligible, sería él mismo
la razón de Dios.
de la preexistencia de la materia (pace Weiss 1966: 59-74; Runia 19862: 59-74; Radice
1987: 236; May 1994: 9-21 y Runia 2001: 152 s., que sostienen con diversos argumentos
que no puede deducirse del texto de este tratado la preexistencia de la materia). Amén
del sentido literal del texto (véase los aoristos evfqovnhsen en § 21 y e;gnw en § 23, en contra-
posición al h;n al comienzo del § 22 ), que hace la materia preexistente a la creación pro-
piamente dicha, hablan a favor de esta evidencia otros argumentos: 1) En la concepción
teológica de Filón, Dios no puede ser creador de su contrario, algo carente de belleza y
de orden (§ 23). Compárese la creación del ser humano, en la que Dios se deja ayudar por
sus subordinados para no participar en la creación de algo negativo (§ 75 ). 2) La cercanía
del texto al Timeo que ya ha sido suficientemente subrayada por diferentes investigadores,
hace probable que Filón hubiera indicado con claridad la creatio ex nihilo, puesto que el
texto, tal como se encuentra redactado, sólo podía ser comprendido en el sentido aquí
apuntado. Por último, es, a mi entender, un indicio, el vocabulario utilizado a lo largo del
texto por Filón para indicar la creación, generalmente traducido de manera inadecuada,
que asimila la tarea de creación a la de acuñación o estampado de imágenes sobre una
sustancia preexistente.
16. Cf. Gn 1, 27.
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I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Primer día
Capítulo 7
El comienzo de la creación
[26] Dice que «al principio hizo Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1),
entendiendo el principio, no como creen algunos como principio en el
tiempo, pues no había tiempo antes del universo, sino que nació con él
o después de él. En efecto, dado que el tiempo es el tamaño del movi-
miento17 del mundo, el movimiento no podría producirse antes de lo
que se mueve, sino que necesariamente debe surgir o bien más tarde o
al mismo tiempo. Por tanto, es menester que también el tiempo sea de
la misma edad que el mundo o más joven que él. Es producto de una
carencia de educación filosófica osar afirmar que es más antiguo18. [27]
Mas si no se comprende ahora como temporal, sería lógico tomarlo
según el número como que «al principio hizo» equivale a hizo el cielo
en primer lugar. En efecto, es razonable, en realidad, que haya surgido
en primer lugar, puesto que es el mejor de los seres generados y fue
construido de lo más puro de la sustancia, porque iba a ser la morada
de los dioses visibles y sensibles. [28] Aunque el creador hubiera crea-
do19 todo al mismo tiempo, lo que deviene bien no habría tenido menos
orden en absoluto, pues nada bueno hay en el desorden. El orden es
sucesión y concatenación de unos seres que preceden y siguen, si no en
los efectos, al menos en las concepciones de los que los producen, pues
así iban a alcanzar precisión, a no ser errantes y no estar en la confusión.
[29] Entonces, el hacedor hizo en primer lugar el cielo incorpóreo y
la tierra invisible20, así como la idea de aire y de vacío, de los cuales al
uno le puso el nombre de oscuridad, porque el aire es por naturaleza
negro, mientras que al otro le puso el nombre de abismo, pues el vacío
es muy profundo y abierto. Luego creó la esencia incorpórea del agua y
del soplo21 y en séptimo lugar la luz que alumbra todas las cosas, la que
17. Los estoicos definen el tiempo en los mismos términos que Filón, cf. Zenón (SVF
1, 93), Crísipo (SVF 2, 509, 510, etc.); von Arnim pone este pasaje entre los fragmentos
de Crisipo (SVF 2, 511 ).
18. Aunque rechaza la noción de creación en el tiempo del universo, Filón considera
que fue creado realmente. Véase Leg. 1, 2 y 2, 3; Sacr. 65; cf. Weiss 1966: 18 ss. y Baltes
1976: I, 32.
19. Contrariamente a la interpretación y traducción de Runia (2001: 52 y 94 n. 11),
el imperfecto marca aquí irrealidad y no tiene nada que ver con el aspecto incoativo que
pretende atribuirle. Cf. KG I § 393, pp. 215 s.
20. Cf. Gn 1, 1-2.
21. La palabra pneûma que vierte la hebrea ruah en la versión de LXX puede ser
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 8
Creación de la luz
Capítulo 9
Separación de la luz y la oscuridad
[32] También está bien, por cierto, decir que «había oscuridad sobre el
abismo» (Gn 1, 2). En efecto, en cierta forma, el aire se encuentra sobre
el vacío, puesto que, montado sobre ella, había mantenido llena toda la
región abierta, desierta y vacía que se extiende desde las regiones de la
zona de la luna hasta nosotros. [33] Después de encenderse la luz inteli-
gible, que surgió antes que el sol, se fue retirando la oscuridad contraria
a ella, puesto que Dios, buen conocedor de sus oposiciones y su com-
bate natural, va estableciendo una muralla entre ellas y separándolas.
Por tanto, para que no se encontraran y se enzarzaran en un disenso
permanente y se impusiera la guerra en lugar de la paz, introduciendo el
traducida también por «espíritu» y tiene tanto en la tradición griega como en la hebrea el
sentido de «aliento vital». En la filosofía estoica representa, a partir de Crísipo, la sustan-
cia material que anima todo el universo y, en especial, los organismos vivientes (cf. Runia
2001: 166 s.).
22. Cf. Gn 1, 4.
23. El verbo griego utilizado (diermeneúo: interpretar, traducir) implica que la ra-
zón divina (lógos) actúa traduciendo la voluntad divina y la traslada a la materia, inter-
pretándola.
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I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
desorden del universo, no sólo separó luz y oscuridad, sino que también
colocó lindes entre los intervalos intermedios, con las que retuvo cada
uno de los extremos. En efecto, en vecindad, habrían llegado a ocasio-
nar confusión, prestas a combatir por el poder según su gran e incesante
amor a la discordia, si las lindes fijadas en el medio no las hubieran
unido y puesto fin el ataque mutuo24. [34] Estos límites son el atardecer
y el amanecer, de los que el uno, mientras refrena calmamente la oscuri-
dad, trae la buena nueva del sol que va a salir, en tanto que el atardecer
sigue a la puesta del sol, aceptando suavemente la entrada completa de
la noche. Y esto, me refiero al amanecer y el atardecer, debe colocarse
también en el orden de los seres incorporales e inteligibles. En general,
no hay nada sensible en ellos, sino que todos son ideas, medidas, tipos
y sellos, entes incorpóreos para la generación de otros seres corpóreos.
[35] Cuando se hizo la luz, la oscuridad se alejó y retrocedió y las lin-
des en los intervalos intermedios fijaron el atardecer y el amanecer;
de inmediato se cumplió necesariamente la medida del tiempo, que el
hacedor también llamó día, y día no primero, sino uno, que quedó con
esa denominación por la singularidad del mundo inteligible que tiene
una naturaleza monádica25.
Segundo día
Capítulo 10
Creación del firmamento
24. Sobre la razón divina en su función de separadora de las realidades, véase Her.
133-23 6. Especialmente § 163 donde cita el pasaje de Gn aquí comentado. Horovitz
(1900: 68) y Runia (2001: 170) han señalado la similaridad del comentario de Filón con
el de la Midrash. Las semejanzas terminológicas con el relato platónico de la creación del
alma del mundo (Timeo 33b 10-36d 7 ) son también evidentes.
25. Existe un juego de palabras intraducible entre monósis («singularidad» en la tra-
ducción) y monadiké («monádica» en la traducción).
26. Juego de palabras intraducible entre steréoma (firmamento) y stereón: sólido
geométrico que hace referencia al carácter tridimensional de los cuerpos.
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Tercer día
Capítulo 11
Separación de las aguas y aparición de la tierra
[38] Luego, como toda el agua se encontraba vertida sobre toda la tierra
y estaba esparcida por todas sus partes, como la secreción líquida de
una esponja embebida, como si fueran bañados y un profundo barrizal,
a la manera de una pasta de ambos elementos mezclados y confundidos
en una única naturaleza indiferenciada y amorfa, Dios ordena que toda
el agua que era salada e iba a ser causa de infertilidad para las semillas
y los árboles se reuniera fluyendo de las hendiduras de toda la tierra
y que surgiera la tierra seca27, mientras se dejaba el elemento húme-
do dulce para que se mantuviera —pues el elemento húmedo dulce es
una especie de pegamento de las partes separadas— y, además de que,
completamente seca, no se volviera infértil y estéril, también para que
proporcionara cual una madre no sólo una clase de alimento, la comida,
sino que, como si fueran sus hijos, ofreciera comida y bebida. Por ello
hace desbordar sus venas, semejantes a senos, que cuando desembocan
van a verter ríos y fuentes. [39] No menos extendió las vetas húmedas
ocultas en toda la tierra próspera y fértil para la producción buena y
abundantísima de frutos. Una vez que hubo ordenado esto les dio nom-
bre y llamó a la seca tierra y al agua que se había separado, mar28.
Capítulo 12
Surgimiento de los vegetales
27. Cf. Gn 1, 9.
28. Cf. Gn 1, 10.
29. Cf. Gn 1, 11.
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I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Capítulo 13
Desarrollo de los vegetales
[42] En la primera generación del universo, como decía, Dios hizo sur-
gir de la tierra toda la materia de las plantas en su forma acabada, con
frutos no verdes, sino maduros, para el uso y el disfrute prestísimo e in-
mediato de los animales que iban a nacer a continuación. [43] Él ordena
a la tierra, por cierto, engendrarlos. Ésta, como su hubiera estado pre-
ñada hacía mucho tiempo y hubiera sentido los dolores del parto, pare
todas las clases incontables de plantas nacidas de semilla, todas las de
árboles y, además, de frutos30. Sin embargo, los frutos no eran sólo ali-
mento para los animales, sino también instrumentos para la generación
permanente de seres semejantes, puesto que contienen las sustancias
espermáticas, en las que se encuentran ocultos e invisibles las razones
de todas las cosas31, que se vuelven manifiestas y visibles en los ciclos
de las estaciones. [44] Dios quiso que la naturaleza recorriera un largo
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Cuarto día
Capítulo 14
Razón de la posterioridad en la creación de los astros
[45] El cuarto día, después de la tierra, trabajó con gran maestría el cie-
lo y lo ordenó. No hizo esto porque lo colocara en una posición inferior
a la tierra, dándole prioridad a la naturaleza peor y juzgando la mejor y
más divina digna del segundo puesto, sino para mostrar clarísimamente
el poder de su gobierno. Dado que captó de antemano cuáles iban a
ser las opiniones de los seres humanos que aún no habían nacido, los
que apuntan a lo probable y lo verosímil —en los que hay mucho de
racional— pero no a la verdad pura, y entendió que confían más en los
fenómenos que en Dios, ya que admiran más el pseudo-conocimiento
que la sabiduría y que, al contemplar directamente las revoluciones del
sol y de la luna, a través de los que se producen veranos, inviernos y los
equinoccios de la primavera y el otoño, iban a suponer que las causas
de todo lo que brotaba y nacía de la tierra a lo largo de todo el año eran
las revoluciones de los astros en el cielo, para que algunos, ya sea por
una osadía desvergonzada o bien por una ignorancia extrema, no osa-
ran atribuir las primeras causas a nada generado [46], remóntense, dice,
con el pensamiento a la primera generación de todas las cosas, cuando
antes del sol y de la luna la tierra produjo todo tipo de plantas, todo
tipo de frutos y contemplando con el pensamiento esperen que también
nuevamente producirá según la orden del padre, cuando le parezca a él,
que no necesitó de la ayuda de los hijos del cielo, a los que les otorgó los
poderes, aunque no absolutos. En efecto, como un auriga que tiene las
riendas en sus manos o un timonel, el timón, conduce cada cosa como
quiere, según ley y justicia, sin necesidad de la ayuda de ningún otro,
pues todo es posible a Dios32.
32. Esta visión del Dios creador es muy semejante, tanto en la terminología como en
las imágenes, a la concepción del demiurgo platónico, tal como se encuentra expresada
en el mito del Político (269c 4-274e 4).
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Capítulo 15
La tétrada
Capítulo 16
La tétrada es el primer cuerpo sensible
33. Es decir, los números que componen la tétrada (1, 2, 3 y 4) sumados dan 10.
34. El kamptér era un mojón colocado al final de la pista que indicaba el punto don-
de los corredores o los carros debían emprender el regreso en las carreras dobles o de ida
y vuelta.
35. Todas estas combinaciones se obtienen, como es obvio, por combinación de los
números integrantes de la tétrada (véase supra n. 15).
36. Contrariamente a la afirmación de Runia (2001: 193), el pasaje de Filón se re-
laciona directamente con la teoría derivativa atribuida a Platón y a la Academia antigua.
Cf. Platón, Timeo 53c 4-55c 6, como indicio de esta teoría y los testimonios de Aristóteles
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 17
Ordenamiento del cielo
[53] Dado que se juzgó que el número mencionado era digno de tanta
preeminencia en la naturaleza, el hacedor ordenó, necesariamente, el
cielo con los astros portadores de luz según la tétrada, un orden muy
bello y el más parecido a Dios. Como sabía que la luz es el mejor de
los seres, proclamó que es el instrumento de la vista, el mejor de los
sentidos: puesto que lo que es el intelecto en el alma, lo es el ojo en el
cuerpo. En efecto, ambos miran, el uno a los seres inteligibles; el otro,
a los sensibles. Mientras el intelecto está necesitado de la ciencia para
conocer los seres incorpóreos, el ojo lo está de la luz para la captación
de los cuerpos, lo que llegó a ser causa de muchos otros bienes para los
(Tópicos 25a, 26a, 27a). Los testimonios aportados por Runia en apoyo de su tesis son
demasiado tardíos y, probablemente, dependientes de Filón, como para ser tomados en
cuenta. Cf. Krämer 1964: 271.
37. Aquí puede haber una alusión a un tratado perdido Sobre los números de Filón.
Cf. Runia 2001: 194.
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I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Capítulo 18
Creación de los astros a partir de la luz inteligible
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 19
Función de los astros
[58] Han surgido como él mismo dijo, no sólo para enviar luz a la tierra,
sino también para mostrar los signos de lo que iba a suceder. En efecto,
con sus salidas, puestas, eclipses o, además, apariciones u ocultamientos
o con las otras diferencias de movimientos, los seres humanos coligen lo
que va a derivarse, producción o infecundidad de frutos, generación y
desaparición de animales, días luminosos y nublados, suavidades y vio-
lencias de las aires, desbordes y extinción del caudal de los ríos, tranqui-
lidad y agitación del mar, cambios en las estaciones, cuando el verano
es como el invierno o el invierno es caluroso o la primavera es como el
otoño o el otoño como la primavera39. [59] Mas algunos pronosticaron
ya, por medio de la conjetura, no sólo un temblor, sino incluso un mo-
vimiento de tierra a partir de los movimientos que sucedían en el cielo,
así como otros innumerables fenómenos muy poco habituales, de modo
que está dicho con total verdad que los astros nacieron «para servir de
signos» y, además, sin duda, también «para las ocasiones oportunas»
(Gn 1, 14)40. Supuso que las estaciones anuales son oportunidades y
quizás con razón, pues ¿qué podría ser el concepto de oportunidad sino
el tiempo de la realización con éxito? Las estaciones, al llevar a su fin
a todas las cosas, las realizan con éxito, las siembras y plantaciones de
frutos y tanto los nacimientos cuanto el crecimiento de los animales.
[60] Mas también surgieron para ser medidas del tiempo41. Los días,
meses y años se fraguaron con las revoluciones ordenadas del sol, la
luna y los restantes astros42. Y lo más útil, la naturaleza del número43,
se mostró directamente, cuando el tiempo la hizo aparecer: de un día,
el uno; de dos, el dos; de tres, el tres; del mes, el treinta; del año, la
multiplicidad igual a los días de los doce meses, y del tiempo infinito, el
número infinito. [61] Las naturalezas y movimientos de los astros en el
cielo abarcan tantos beneficios y tan necesarios, cuantos otros, podría
decir yo, que no nos son manifiestos —pues no todo es pasible de ser
conocido para el género humano—, pero que incluyen la conservación
de las cosas que contribuyen a la construcción del conjunto, que sucede
122
I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Quinto día
Capítulo 20
Creación de los animales acuáticos y voladores
[62] Una vez que la tierra y el cielo fueron ordenados con sus órde-
nes correspondientes, la una con la tríada, el otro, como se dijo, con
la tétrada45, emprende la plasmación como seres vivos de las especies
mortales, comenzando por las acuáticas en el día quinto, porque con-
sideró que nada estaba tan emparentado entre sí como el cinco con los
animales, pues en nada se diferencian más los seres animados de los in-
animados que en la sensación46. La sensación es divisible en cinco: vista,
oído, gusto, olfato y tacto. A cada uno le atribuyó el hacedor no sólo
materias exclusivas, sino también un criterio propio, con el que fuera a
juzgar los objetos que cayeran en su ámbito: a la visión, los colores; los
sonidos, al oído; los jugos, al gusto; al olfato, los vapores, la morbidez
y la dureza y todo lo que es caliente o frío y tanto las lisuras cuanto las
rugosidades, al tacto. [63] Ordena entonces que se constituyan variadas
especies de peces y monstruos marinos47 que se diferencian según los
lugares en sus tamaños y características, ya que son otros en otros ma-
res abiertos, aunque a veces son también los mismos. No obstante, no
formó todas las cosas en todos lados y quizás con razón. A algunos, en
efecto, les agrada el mar estancado y no muy profundo, mientras que a
otros, los fondeaderos y puertos, porque no pueden ni arrastrarse a la
tierra, ni nadar lejos de ella, pero otros que viven en el medio del mar
abierto y profundo se apartan de los cabos que se internan en el mar,
las islas o las piedras y unos florecen en el buen tiempo y la tranqui-
lidad, mientras que otros lo hacen entre la ola y el flujo de la marea,
pues ejercitados por los golpes continuos y remontando la corriente con
violencia son más fuertes y engordan más. También hizo a continuación
las especies de seres alados48 como hermanas de las especies acuáticas
—pues ambas pueden nadar49— sin dejar incompleta ninguna clase de
los que marchan por aire.
123
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 21
Creación de los animales terrestres
124
I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Capítulo 22
El orden de la creación
55. Runia (21986: 102 y 2001: 218) ha dado a lógos en este pasaje el significado de
account. Creo que ese significado no puede mantenerse por el contexto, como muestra el
parágrafo que sigue.
56. El orden no debe ser entendido en el sentido de una sucesión temporal, sino
como una disposición jerárquica en sentido ontológico.
57. Fu,sij hace referencia al principio de crecimiento y movimiento en el universo.
Para los estoicos se trataba del fuego interior que causa la preservación y el crecimiento
de las plantas y animales. Cf. Zenón (SVF 1, 171).
58. Para los estoicos, el esperma era una mezcla de pneûma con humedad (SVF 1,
128). Sobre la significación del pneûma, véase supra n. 21.
125
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Sexto día
Capítulo 23
La creación del ser humano: el intelecto
[69] Después de todas las otras cosas, como se dijo59, dice que el ser
humano ha sido generado a imagen y semejanza de Dios60. Muy bien,
pues nada nacido de la tierra es más parecido a Dios que el ser humano.
Sin embargo, nadie asemeje el parecido a un carácter corporal, pues ni
Dios tiene forma de ser humano, ni el cuerpo humano tiene aspecto
divino. La imagen está expresada según el guía del alma61, el intelecto.
El intelecto parcial que se encuentra en cada uno fue asemejado a aquel
único que lo es de todas las cosas como si fuera un arquetipo, porque es
en cierto modo un dios del que lo porta y transporta en procesión a una
imagen: la relación que tiene el gran guía en todo el universo, posee,
así parece, el intelecto humano en el ser humano, pues es invisible, pero
ve todas las cosas y tiene la esencia inescrutable, aunque comprende las
de los otros seres. Abriendo caminos muy ramificados y frecuentados
todos por medio de las artes y las ciencias va a través de la tierra y el
mar, investigando las cosas que se encuentran en ambos medios. [70]
Asimismo, después de elevarse alado y observar el aire y los fenómenos
que en él se producen, se mueve más hacia lo alto, hacia el éter y las re-
voluciones del cielo, girando en las danzas de los planetas y las estrellas
fijas al compás de los aires62 de la música perfecta, siguiendo el amor a
la sabiduría que lo guía, tras asomarse por encima de toda la sustancia
sensible, desea allí la inteligible63. [71] Una vez que hubo contemplado
en aquélla los modelos y las formas de las cosas sensibles que vio aquí,
superiores en belleza, es poseído por una embriaguez sobria, como los
coribantes por el entusiasmo, pleno de la avidez de otro deseo mejor,
que lo envía al supremo ábside de lo inteligible, cree llegar al gran rey
en persona. Cuando anhela verlo, fluyen a la manera de un torrente
invernal los rayos inmaculadamente puros de toda la luz, de forma que
con los resplandores el ojo de la inteligencia se encandila y marea. Sin
embargo, puesto que no toda imagen es semejante al modelo arquetí-
126
I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Capítulo 24
El plural utilizado por Moisés en la creación del ser humano
64. Filón expresa aquí ideas presentes en el Timeo (41b 7-c 2, 42d 2-e 3).
127
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 25
Primera razón de la creación del ser humano en último lugar
128
I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Capítulo 26
Segunda razón de la creación del ser humano en último lugar
[79] Ésta es la primera causa por la que el ser humano parece haber na-
cido después de todos. Mas no es un despropósito imponernos la obli-
gación de decir la segunda. El ser humano encontró simultáneamente
con su primera generación todas las provisiones existentes para vivir,
para enseñanza de su posteridad, porque la naturaleza poco menos que
gritó en su cara que imitando al primero de la especie iban a vivir sin
esfuerzo ni desgracia en abundantísima exuberancia de lo necesario.
Esto ocurrirá, si los placeres irracionales del alma no se enseñorearen,
apuntalando la glotonería y la fornicación, ni los deseos de fama, di-
nero o poder no se apropiaren del poder de la vida y los dolores no
reprimieren y doblegaren la inteligencia, ni el mal consejero, el temor,
refrenare los impulsos hacia las obras serias, ni atacaren la insensatez,
la cobardía, la injusticia y la infinita multitud de los restantes vicios.
[80] Ahora bien, puesto que floreció todo lo que se ha dicho y los seres
humanos se encuentran libremente volcados en las pasiones y en los
deseos desenfrenados y culpables que ni siquiera es lícito nombrar, los
golpea la correspondiente justicia vengadora de las costumbres impías.
La pena69 es la difícil provisión de lo necesario, pues cuando con difi-
cultad abren surcos en la llanura y canalizan las corrientes de fuentes
y ríos al sembrar y plantar soportando infatigablemente día y noche
68. Alusión a la división entre vivir y vivir bien desarrollada en el párrafo anterior.
Existe un juego de palabras intraducible con qewri,a que significa a la vez «espectáculo» y
«contemplación» en el sentido filosófico.
69. Filón hace uso de la polisemia de la palabra di,kh, por un lado significa «justicia»
(justicia vengadora en el inicio del párrafo; cf. Platón, Leyes IV, 716a 2-3 y Hesíodo, Los
trabajos y los días 256-262 ) y «pena», que no es posible verter al castellano.
129
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 27
Tercera razón de la creación del ser humano en último lugar
130
I I . LOS S E I S D ÍAS D E LA C R E A C I Ó N
Capítulo 28
Cuarta razón de la creación del ser humano en último lugar
[83] Por último, también se dice, por cierto, lo siguiente para ofrecer
una causa necesaria. El ser humano debía crecer el último de todas las
cosas generadas, para que al aparecérseles de súbito en último lugar a
los demás animales los dejara pasmados, pues iba a dejar estupefacto
al que lo viera y a hacerlo postrarse como si fuera su amo y señor por
naturaleza. Por eso también, cuando todos lo hubieron contemplado,
se amansaron completamente y todos los naturalmente más salvajes se
convirtieron inmediatamente en los más manejables en la primera vista
cara a cara, porque, aunque mostraban una furia salvaje entre sí, eran
mansos con el ser humano que estaba solo. [84] Por esa causa, también
el padre, al engendrar un animal jefe por naturaleza no sólo de hecho,
sino también por designación expresa73, lo hizo rey de todos los animales
terrestres, acuáticos y aéreos que habitan el mundo sublunar. En efecto,
le sometió todos los seres mortales que habitan en los tres elementos,
tierra, agua, aire, aunque excluyó a los del cielo porque participan de
un puesto más divino. Lo que se manifiesta <ante nuestros ojos> es la
prueba más clara de su dominio. Es cuando una inmensa multitud de
fieras es conducida por un único hombre cualquiera que, desarmado, no
lleva un hierro ni ninguna otra defensa, con un prenda de cuero como
única protección y un bastón para indicar y, en sus caminatas, si se can-
sara, apoyarse. [85] Un pastor, un cabrero, un vaquero, seres humanos
que no poseen fuertes cuerpos ni son vigorosos como para amedrentar
por su buen estado a los que los ven, conducen, por cierto, las manadas
de múltiples animales, ovejas, cabras, vacunos, y tantas fuerzas y po-
deres de tantos que están bien armados —pues tienen las herramientas
proporcionadas por la naturaleza con las que defenderse— temen como
esclavos a su amo y hacen lo que se les ordena. Los toros son uncidos al
arado para abrir durante el día profundos surcos en la tierra, aunque a
veces <también durante la noche>, recorren un largo sendero bajo la
guía de un campesino. Los carneros lanudos, cargados con largas borras
en la estación de la primavera, cuando se lo dice el pastor, se quedan
parados con tranquilidad o incluso se echan calmos y permiten que se
los esquile, habituados, como las ciudades, a entregar el tributo anual
al rey por naturaleza. [86] Además, el animal más brioso, el caballo,
conducido con facilidad con las riendas para que no se desboque con
sus brincos y ahuecando muy bien el lomo para ofrecer un buen asiento,
admite al jinete y, llevándolo en alto, corre con suma rapidez, esfor-
131
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
zándose por llegar a los sitios a los que aquél lo impulsa a ir. El jinete,
montado, realiza el recorrido sin cansancio con mucha tranquilidad con
el cuerpo y los pies de otro.
Capítulo 29
El ser humano virrey de Dios
III. EL SÁBADO
Capítulo 30
La progresión geométrica y la hebdómada
132
III. E L S Á BA D O
133
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 31
Las cualidades de la hebdómada por progresión aritmética
Capítulo 32
Propiedades geométricas de la hebdómada
81. Es decir, constituye un intervalo cuya distancia es de dos octavas y una quinta.
Según Macrobio (II, 1, 24), el límite de la voz humana es de dos octavas y el de las esfe-
ras celestes de cuatro octavas y media. En el Timeo 35b 4-36b 6, el alma del mundo es
dividida en diferentes intervalos que ocupan tres octavas. Theon 52, 8 da una diferencia
máxima de dos octavas y una cuarta. Cf. Runia 2001: 271.
82. Filón puede estar refiriéndose aquí a su tratado perdido Sobre los números. En
§§ 107-110 no trata intervalos superiores a una octava.
83. Es decir, la razón de 4/3.
84. Véase supra § 48.
85. Según el teorema de Pitágoras, con la base de 3, la altura de 4 y la hipotenusa
de 5. En el Timeo 53c 4-d 4, Platón construye la realidad sensible a partir de triángulos
rectángulos. Probablemente, Filón esté haciendo referencia a este pasaje del Timeo. Para
Runia (2001: 272), alude más bien a la teoría pitagórica que contrasta el uno y lo múlti-
134
III. E L S Á BA D O
Capítulo 33
La hebdómada el número más valioso de la década
ple. Sin negar esta posibilidad, los pasajes paralelos en otras obras (Contempl. 65; Mos. 2,
80) parecen indicar claramente la relación con el texto platónico; cf. Runia 1983: 253.
86. Véase supra § 50.
87. Véase Leg. 1, 15. Esta idea parece ser de origen pitagórico según el testimonio de
Juan Lido (Sobre las medidas 33, 14-15 ). Según el mismo Juan Lido (48, 2-5) el número
siete es atribuido por los pitagóricos a Atenea. También parece atribuirla a los pitagóricos
Filón en Spec. 2, 56; véase Her 170, aunque en el pasaje siguiente, sostiene que los pita-
góricos atribuyen la hebdómada a Zeus.
135
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 34
Los efectos de la hebdómada en los seres sensibles
88. Filón identifica, evidentemente, a Atenea con Nike, la diosa de la victoria. Tam-
bién se puede encontrar esta identificación en Sófocles, Filoctetes 134 y Eurípides, Ion
454-458 y 1529.
89. DK 44B 20.
90. En el estado actual del texto, es evidente que hay una laguna, en la que proba-
blemente hubiera una referencia a los siete planetas y algunas constelaciones como la Osa
Mayor y la Pléyade (cf. Runia 2001: 276). Aunque se han hecho variadas conjeturas, nin-
guna permite rellenar la laguna de manera satisfactoria, por lo que he preferido no rea-
lizar una nueva tentativa, dado que no parece posible realizar una transición gramatical,
paleográfica y codicológicamente aceptable de evn toi/j aivsqhtoi/j a la relativa, teniendo en
vista las partículas que teóricamente deberían conectarlas según las conjeturas existentes.
De ahí que es probable que la laguna sea mayor que lo que generalmente se supone.
91. La suma de los primeros siete números de la serie de números naturales da 28.
A su vez, un número perfecto es aquel que es igual a la suma de los números de los que es
múltiplo (1+2+4+7+4 = 28).
136
III. E L S Á BA D O
Capítulo 35
La hebdómada y las edades del ser humano
92. La palabra utilizada en griego (su,nqesij) significa tanto «suma» cuanto «combi-
nación».
137
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 36
El testimonio de Hipócrates
[105] Aunque Solón cuenta la vida humana en las diez hebdómadas se-
ñaladas, el médico Hipócrates dice que es de siete edades: niño, púber,
adolescente, joven, varón, mayor, anciano y las mide en hebdómadas,
aunque no una a continuación de otra. Dice así: «En la naturaleza del
ser humano hay siete épocas, que se denominan edades: niño, púber,
adolescente, joven, varón, mayor, anciano. Niño es hasta los siete años,
cuando se pierden los dientes; púber, hasta la producción de semen,
hasta las dos veces siete; adolescente, hasta la aparición de la barba,
hasta los tres veces siete, joven hasta el crecimiento completo del cuer-
po, hasta los cuatro veces siete; varón, hasta los cuarenta y nueve años,
hasta los siete veces siete, mayor, hasta los cincuenta y seis, hasta los
siete veces ocho; en lo que sigue a partir de ahí es anciano»94. [106]
Se dice también lo siguiente para recomendar la hebdómada como si
tuviera un rango maravilloso en la naturaleza por estar compuesta del
tres y del cuatro. Si uno realiza una progresión geométrica en razón de
dos, descubrirá que el tercer número a partir de la mónada es un cua-
drado, mientras que el cuarto es un cubo, pero el séptimo producto de
ambos es a la vez un cubo y un cuadrado. En efecto, el tercero a partir
de la mónada en progresión geométrica en razón de dos es un cuadrado,
<cuatro>, mientras que el cuarto, ocho, es un cubo y el séptimo, sesen-
ta y cuatro, a la vez un cubo y un cuadrado95. Así, el número séptimo es
realmente perfeccionador, puesto que proclama ambas igualdades, de
la superficie, a través del parentesco con la tríada, y la del sólido, por
138
III. E L S Á BA D O
Capítulo 37
Cualidades armónicas y proporcionales de la hebdómada
Capítulo 38
Los círculos celestes, los planetas y la hebdómada
139
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
los seres que habitan el universo no ama el siete, domada por el amor
y el deseo de la hebdómada? [112] Para empezar, dicen que el cielo es
circunvalado por siete círculos, cuyos nombres son ártico, antártico,
trópico estival96, trópico invernal97, equinoccio98, zodíaco y, además,
la vía láctea, pues el horizonte es una experiencia nuestra, ya que la
percepción recorta en ocasiones una circunferencia menor y en otras
una mayor, según uno tenga buena vista o lo contrario. [113] Los pla-
netas, por cierto, el ejército opuesto al de las estrellas fijas, se ordenan
en siete filas, mostrando la máxima afinidad con el aire y la tierra. En
efecto, hacen girar al primero según las llamadas estaciones del año y lo
cambian en cada una introduciendo miríadas de variaciones en tiempo
calmo, días soleados, nubes, descomunales huracanes. A su vez, hacen
crecer y disminuir los ríos y convierten las llanuras en lagos o, por el
contrario, las secan. También producen las mareas de la mar, que avan-
za hacia la costa o retrocede. En efecto, descubrirás que, a veces, los
golfos, cuando el mar retrocede por las mareas, súbitamente son una
profunda playa y un poco más tarde, cuando vuelve a derramarse, son
profundísimos mares abiertos surcados no por pequeñas naves mercan-
tes, sino por barcos de gran tonelaje. También, por cierto, hacen crecer
y llevan a la maduración a todos los seres terrestres, no sólo animales,
sino incluso plantas que dan frutos, pues los hacen recorrer el camino
de su propia naturaleza, de modo que los nuevos florezcan sobre los
viejos y lleguen sucesivamente a su punto máximo de desarrollo para la
provisión abundante de lo que se necesita.
Capítulo 39
La Osa Mayor, las Pléyades, el sol y la hebdómada
140
III. E L S Á BA D O
Capítulo 40
La hebdómada en el ser humano
[117] Dado que los seres que habitan sobre la tierra dependen de los
celestes de acuerdo con una cierta simpatía natural, la razón de la heb-
dómada, tras comenzar desde arriba, bajó también hacia nosotros y fre-
cuentó la generación de los mortales. Para empezar, la parte de nuestra
alma que se encuentra separada de la rectora se divide en siete: en cinco
sentidos, el aparato de fonación y, después de todos, el aparato repro-
ductor. Todas estas partes, movidas por la parte rectora por medio de
filamentos nerviosos, como las marionetas, en ocasiones reposan, en
otras cada una realiza los estados y movimientos que les son propios.
[118] De manera semejante también, si alguno intentara investigar las
partes exteriores e interiores del cuerpo, descubrirá en cada una siete:
las que son visibles son cabeza, pecho, vientre, dos manos, dos miembros
inferiores. Las interiores, llamadas vísceras, son: estómago, corazón,
pulmones, bazo, hígado, dos riñones. [119] A su vez, el señor supremo
del animal, la cabeza, utiliza las siete más necesarias: dos ojos, la misma
cantidad de orejas, dos narinas, séptima la boca, a través de la cual se
produce, como decía Platón, el ingreso de lo mortal y el egreso de lo
99. Esta afirmación proviene del hecho de que el equinoccio de primavera cae en el
mes de nisan del calendario judío, el séptimo mes según el cómputo civil, mientras que
el de otoño cae en el mes de tichri, el séptimo mes según el calendario religioso judío
(Arnaldez 1961: 220). De todas maneras, los equinoccios caen siempre en el séptimo mes
de acaecido el anterior, si se cuentan los meses incluyendo el mes en el que se producen.
Cf. Teón 104, 14; Macrobio I, vi, 57, A. Gelio III, x, 2.
100. Se trata de la Pascua (14 de nisan) y de la fiesta de los Tabernáculos (15 de ti-
chri).
141
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 41
Otras relaciones de la hebdómada con el cuerpo humano
Capítulo 42
La hebdómada en la gramática y la música
142
III. E L S Á BA D O
lira de siete cuerdas, análoga al coro de los siete planetas, realiza las ar-
monías tenidas en alta reputación, puesto que es prácticamente rectora
de toda la fabricación de instrumentos musicales. Los elementos gra-
maticales denominados, de acuerdo con su etimología103, vocales son
siete, puesto que a partir de ellos parece hablarse y, ordenados con los
otros fonemas, realizan los sonidos articulados. En efecto, completan lo
que falta de las semivocales y proporcionan los sones plenos. Tornan y
cambian el carácter de las consonantes, insuflándoles su propia fuerza,
para que lo que no es pronunciable llegue a serlo104. [127] Por ello, me
parece que los que pusieron nombres a las cosas al inicio, como sabios
que eran, denominaron al número siete por la reverencia que inspira y
su dignidad. Los romanos, al añadir la letra s que habían perdido los
griegos, pusieron todavía un énfasis mayor, puesto que de una forma
más correcta lo llamaron septem105 por lo digno, como se dijo, y la re-
verencia que inspira106.
Capítulo 43
Importancia de la hebdómada para Moisés
[128] Esto y aún más se dice y filosofa sobre la hebdómada, por lo que
obtuvo en la naturaleza los honores supremos, pero también se la honra
entre los más afamados griegos y bárbaros que practican la ciencia ma-
temáticas. No obstante, ha sido tenida en una estima superior por Moi-
sés, el amante de la virtud, que inscribió su belleza en las estelas más sa-
gradas de su ley y las grabó en los pensamientos de todos sus seguidores,
a los que ordenó que cada seis días pasaran el séptimo absteniéndose de
todos los trabajos que se ocupan de la búsqueda y provisión de medios
de vida y dedicándose únicamente a hacer filosofía para la mejora de
sus caracteres y el examen de su conciencia, el que asentado en su alma
como un juez, no se avergüenza de reprender, utilizando en algunos
casos amenazas violentas y, en otros, medidas advertencias; sobre lo
que le parece cometer injusticia intencionalmente, amenazas; sobre lo
hecho sin intención, por no haber previsto la situación, admoniciones,
para que ya no cometa un desliz semejante.
103. En griego existe una relación etimológica entre fwnh,en (vocal) y fwnevw (producir
un sonido o tono).
104. En orden inverso utiliza los ejemplos de la lira y la gramática; véase Leg. 1, 14.
105. Siete en latín.
106. Juego de palabras con semnós («digno» en el texto) y sebasmós («reverencia»
en el texto). Filón relaciona etimológicamente el latín septem (siete) con el griego heptá
(siete).
143
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 44
El comienzo del segundo relato de la creación
Capítulo 45
La fuente del paraíso y la naturaleza del agua
107. Sigo la conjetura de Cohn, porque la propuesta de Runia (2001: 312) es, a mi
entender, imposible, por el sentido de athróos que sólo puede oponerse al sentido distri-
butivo que exige katà méros. La referencia correcta al párrafo anterior que hace Runia me
parece que obliga a aceptar la conjetura de Cohn.
108. Véase supra § 38.
144
IV. C R E A C I Ó N D E L S E R H U M ANO S E NS I BL E
109. Véase supra n. 21; véase Deus 35; Leg. 2, 22. La teoría del hálito (pneûma)
unificador es de origen estoico. Von Arnim incluye los dos fragmentos de Crísipo (SVF 2,
458). Según Crísipo, el pneûma es una mezcla de fuego y aire que tensa la materia y le da
unidad (cf. SVF 2, 439, 440, 441-444, 716 ).
110. La información que utiliza Filón parece provenir de fuentes jonias, en especial
de Tales de Mileto; cf. Arnaldez 1961: 229, n. 2 y Runia 2001: 317.
111. Deméter es la diosa de campo cultivado, especialmente del cultivo del cereal. Es
hermana de Zeus, con quien tuvo una hija, Perséfone. La etimología que presenta Filón es
la explicación más antigua del nombre de la diosa que combina los nombres de la tierrra
(ge/ga) y madre (méter). No obstante, la derivación de ge no es lingüísticamente posible
(Graz 1997: col. 420).
112. Menéxeno 238a 4-5.
113. Esquilo, Prometeo encadenado 90; Orphica frg. 168.27 (Kern).
114. Este epíteto es común en prosa aplicado a la tierra, mientras que en poesía se
lo encuentra generalmente aplicado a Deméter (cf. Aristófanes, Ranas 384 ). Sobre otros
pasajes, cf. Runia 2001: 319.
115. Véase Aet. 63. Ésta es también una etimología popular del nombre de Pandora
(pan: todo, dóron: don, regalo), la primera mujer, que, según el mito transmitido por
Hesíodo (Los trabajos y los días 42-104 ), mandó crear Zeus para castigar a los hombres.
Hesíodo da una etimología diferente: la llamaron Pandora porque la dotaron con todos
los dones; mas los dioses le dieron un don que sería una desgracia para los hombres (81-
82 ). Aplicado a Deméter, cf. Aristófanes, Aves 971.
145
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 46
Creación del ser humano sensible
Capítulo 47
Superioridad corporal del primer hombre sensible
146
IV. C R E A C I Ó N D E L S E R H U M ANO S E NS I BL E
supremacía en los dos, pues éste era realmente bello y bueno. Podría
atestiguarse la buena forma de su cuerpo a partir de tres razones, de las
que la primera es la siguiente. Cuando la tierra apareció recién fundada
por la separación de la gran masa de agua que fue llamada mar, sucedió
que la materia de lo que deviene no estaba mezclada, era genuina y
pura y, además, propensa a ser trabajada y maleable. Es lógico que los
resultados provenientes de ella fueran irreprochables. [137] En segundo
lugar, es probable que Dios quisiera moldear esta imagen humana con
el supremo celo, no tomando el montón de una parte cualquiera, sino
eligiendo el mejor de toda la tierra, el más puro de una materia pura y
filtrado al máximo, el que era más apto para la construcción. En efecto,
se fabricó una especie de casa o de templo santo del alma racional que
iba a llevar la imagen de la más semejante a Dios de las imágenes. [138]
En tercer lugar, lo que no tiene ni comparación con lo dicho: el demiur-
go era bueno en todo, pero especialmente en la ciencia, de modo que
cada una de las partes del cuerpo también tuviera particularmente en
sí misma los números pertinentes y estuviera exacta y armónicamente
acordada con la comunidad del todo. Junto con la proporción, también
modeló además una buena carnosidad y pintó en floridos colores una
hermosa piel, porque quería que el primer ser humano en lo posible
tuviera el aspecto más hermoso.
Capítulo 48
Superioridad anímica
147
LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
sino que es ella misma orden, si hay que decir la verdad, la mejor ex-
presión de aquél.
Capítulo 49
Degeneración progresiva de la humanidad
[140] El primer ser humano me parece haber sido engendrado con esas
características del cuerpo y el alma, superior a todos los que existen
ahora y existieron antes que nosotros122. En efecto, nuestra generación
se debe a seres humanos, mientras que a éste lo fabricó Dios. Cuanto
mejor es el hacedor, tanto mejor es lo producido. Así como lo que llega
a su cenit es superior siempre a lo que lo ha pasado, sea animal, planta,
fruto o alguna otra cosa de las que se encuentran en la naturaleza, es
probable que el primer ser humano moldeado haya alcanzado el cenit
de toda nuestra especie. Los posteriores ya no pudieron alcanzar una
cima semejante, dado que de generación en generación fueron recibien-
do formas y poderes continuamente más débiles. [141] Lo que vi que
sucede no sólo en el ámbito de la escultura, sino también en la pintura,
puesto que las copias son inferiores a los originales, pero mucho más lo
que se pinta y esculpe a partir de copias, puesto que están a larga dis-
tancia del principio. Un fenómeno semejante muestra también el imán.
En efecto, el anillo de hierro que lo toca es dominado con máxima
fuerza, mientras que el que toca al que toca, menos y el tercero cuel-
ga del segundo, el cuarto del tercero, el quinto del cuarto y otros de
otros mantenidos en una larga sucesión por una única fuerza de atrac-
ción, pero no de la misma manera, pues los que cuelgan más lejos del
principio siempre se sueltan, porque la atracción cede, no pudiendo ya
mantenerlos juntos. Algo semejante, por cierto, parece padecer también
la especie de los humanos, puesto que en cada generación reciben po-
deres y cualidades del cuerpo y del alma más débiles. [142] Si decimos
que aquel fundador no sólo fue el primer ser humano, sino también el
único ciudadano universal, expresaremos una verdad absoluta, ya que
el mundo era su casa y ciudad —pues no había ninguna construcción
manufacturada levantada de material de piedra y madera—, en el que
habitaba como en una patria con total seguridad, porque no conocía el
miedo, dado que fue juzgado digno del dominio sobre los seres terres-
tres y todo lo que era mortal lo temía y había sido enseñado u obligado
a obedecerlo como a un amo, mientras que él vivía irreprochablemente
en los goces propios de la paz sin guerras.
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IV. C R E A C I Ó N D E L S E R H U M ANO S E NS I BL E
Capítulo 50
La forma de vida del primer ser humano
[143] Como toda ciudad bien reglada tiene una constitución, aconteció
necesariamente al ciudadano universal usar la constitución que también
respetaba el mundo entero. Ésta es la razón correcta de la naturaleza
que se denomina con un nombre muy apropiado mandamiento123, por-
que es una ley divina según la cual se distribuyó lo que corresponde
y es pertinente para cada uno. Debía de haber algunos ciudadanos de
esta ciudad y constitución anteriores al hombre, que podrían llamarse
justamente ciudadanos de gran ciudad, porque les tocó en suerte habitar
el precinto máximo y se inscribieron en el cuerpo de ciudadanos más
grande y más perfecto. [144] ¿Quiénes podrían ser éstos, sino natura-
lezas racionales y divinas, unas incorpóreas e inteligibles, otras no sin
cuerpo, como sucede que son los astros? Tratando y conviviendo con
éstos, el hombre pasaba el tiempo lógicamente en una felicidad pura.
Como estaba emparentado y era de simiente próxima al señor, porque
había fluido en él mucho hálito divino, se esforzaba por decir y actuar
en todo para satisfacción del padre y rey, siguiendo su huella en sus
caminos que abren amplios las virtudes, porque únicamente a las almas
que piensan que la semejanza completa al Dios generador es el fin les
está permitido acercarse a él.
Capítulo 51
La naturaleza del ser humano actual
123. Qesmo,j, «mandamiento», es una norma instituida por una autoridad superior,
a partir del siglo iv a.C. la palabra se va especializando para designar una ley de origen
divino, que es el significado que le atribuye aquí Filón.
124. Sobre el parentesco entre el hombre y Dios, cf. Graffigna 1994.
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
ciente que debía tomar el artesano para realizar esta imagen visible.
[147] Además, habita en todas las regiones mencionadas como las más
familiares y emparentadas, cambiando de sitio y frecuentando unos y
otros alternadamente, como para decir con absoluta propiedad que el
ser humano lo es todo, terrestre, acuático, alado, celeste. En la medida
en que habita y marcha sobre la tierra, es un animal terrestre, mientras
que en tanto se zambulle, nada y navega es a menudo, acuático —co-
merciantes, armadores, pescadores de púrpura y cuantos practican la
pesca de moluscos y peces son la prueba más cierta de lo afirmado—, y
en cuanto, levantándose del suelo, eleva el cuerpo hacia arriba desde la
tierra, se podría decir justamente que viaja por el aire y, además, tam-
bién celeste, porque a través del más señorial de los sentidos, la vista,
se aproxima al sol, la luna y cada uno de los otros astros, planetas y
estrellas fijas.
Capítulo 52
La colocación de los nombres
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V. C AÍ D A Y E X I L I O
Capítulo 53
Creación de la mujer
Capítulo 54
El Jardín del Paraíso
[153] Sin embargo, el relato contiene que cuando el varón vivía aún una
vida solitaria, porque la mujer todavía no había sido moldeada, Dios
plantó un paraíso que no se asemejaba en nada a los jardines que existen
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LA C R E A C I Ó N D E L M U N D O S E G Ú N M O I SÉS
Capítulo 55
La expulsión del Paraíso
[155] Una vez que hubo puesto estos límites en el alma, se puso a ob-
servar como un juez hacia cuál de las actitudes se iba a inclinar. Así vio
que el alma se deslizaba hacia la maldad y que despreciaba la piedad y la
santidad, a partir de las cuales se impone la vida inmortal. Como era de
esperar, lo expulsó y lo exilió del paraíso, sin darle al alma que estaba
129. Cf. Gn 2, 8 s.
130. Véase Plant. 36.
131. Leo horistikoû con M, contra la conjetura de Wendland adoptada por Cohn en
la segunda edición (gnwristilou=) y el gnostikoû del resto de manuscritos, puesto que el
significado de esta palabra no se adecúa al necesario aquí y parece un intento de acercar
el texto al de LXX.
132. Se ha discutido ampliamente el significado del término fro,nhsij (prudencia) que
utiliza Filón. Tal como ha señalado Runia (2001: 368), el pasaje paralelo de Praem. 81
indica claramente que la palabra debe interpretarse como inteligencia práctica, tal como
lo hace la filosofía aristotélica. Más problemática es la interpretación del significado de
«intermedia». Para Arnaldez (1961: 245), recibe esa denominación porque se encuentra
entre dos vicios. Harl sostiene en su amplio artículo dedicado al tema (1962: 347 ss.,
364), basándose en Plant. 45, que se denomina intermedia porque permite distinguir
entre el bien y al mal. Cf. la detallada discusión de Runia anteriormente citada.
152
V. C AÍ D A Y E X I L I O
Capítulo 56
Interpretación alegórica de la serpiente
[157] Éstas no son ficciones de un cuento con las que se alegran los
cenáculos de poetas y los intelectuales, sino muestras de especímenes
que invitan a la alegoría según las explicaciones a través del sentido
profundo. Si uno sigue una conjetura probable, expresará la opinión
adecuada de que la serpiente mencionada es un símbolo del placer,
porque, primero, es un animal sin pies y tumbado boca abajo sobre el
vientre; segundo, porque come terrones de tierra; tercero porque lleva
el veneno en los dientes, con el que normalmente mata a los que fueron
picados. [158] El amante del placer no deja de participar en nada de lo
dicho, pues con dificultad levanta la cabeza, apesadumbrado y arras-
trado hacia abajo, porque la incontinencia lo pervierte y lo trastorna.
No toma el alimento celeste que la sabiduría pone a los que aman la
contemplación a través de discursos y doctrinas, sino que el suyo es
ofrecido por la tierra en las estaciones anuales, del que provienen la
ebriedad, la ingesta de manjares y la glotonería, <que>, haciendo bro-
133. Manteniendo el texto de los manuscritos. Cf. Runia 2001: 95, n. 36.
134. Cf. Gn 3, 1.
135. Cf. Gn 3, 2-6.
136. Cf. Gn 3, 7.
137. Cf. Gn 3, 16-19.
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Capítulo 57
La importancia del placer para el ser humano
[161] Ahora bien, los primeros encuentros del varón y la mujer tienen
el placer como comandante mercenario, las inseminaciones y los naci-
mientos se producen por su intermedio y los recién nacidos no sienten
naturalmente afinidad con nada antes que con éste, puesto que se po-
nen contentos con el placer, mientras que les disgusta su contrario, el
dolor140. Por ello, el feto llora cuando es parido, porque le da dolor,
así parece, el frío ambiente. En efecto, como de un sitio muy cálido e
ígneo en el útero, en el que había vivido mucho tiempo, sale de manera
súbita al aire, un lugar frío y no familiar, se asusta y da su llanto como
un signo clarísimo del dolor y su enfado con la molestia. [162] Todo
animal y, particularmente, el ser humano, se afana, dicen, por el placer
como por un fin absolutamente necesario y esencial. Los primeros tien-
den a él sólo a través del tacto y de los órganos genitales, pero el ser
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V. C AÍ D A Y E X I L I O
Capítulo 58
La langosta como símbolo del autocontrol
Capítulo 59
Modo de actuación del placer
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Capítulo 60
El castigo de Adán y Eva
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VI. C ON C L U S I Ó N
VI. CONCLUSIÓN
Capítulo 61
Enseñanzas del relato de la creación
146. Los manuscritos continúan «de los que es bueno apartarse» que considero extra-
ño, siguiendo la supresión de Colin, contra la interpretación de Runia (2001: 95, n. 40).
147. Véase supra § 7.
148. Cf. Platón, Timeo 32c 5-8.
149. Aquí hay un juego de palabras intraducible al castellano, ya que en griego o[loj
quiere decir, como adjetivo, «todo, entero, completo», pero sustantivado en neutro (tò
hólon) significa también «el universo».
150. Nuevo juego de palabras intraducible al castellano. La palabra a;peiroj significa
tanto «infinito» como «inexperto».
151. Cf. Platón, Timeo 55c 7-d 6.
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