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La Vanguardia Latinoamericana.-1

Vanguardia latinoamericano

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Vanguardia en Latinoamérica.

1. Contexto histórico del surgimiento de la Vanguardia Latinoamericana.

Los movimientos de vanguardia surgieron en Europa con un espíritu combativo y rebelde que se
oponía a las formas artísticas anteriores.

En América latina, la vanguardia representó una ruptura con la tradición retórica y de armonía
formal del Modernismo y trabajó por revolucionar el len­guaje poético a fin de producir un arte
tan universal y trascendente como el de las metrópolis europeas, con las que mantenía un
contacto fluido.

Los poetas vanguardistas querían inventar, a partir de las posibilidades infi­nitas del lenguaje, un
mundo nuevo en el que no existieran las fronteras culturales. Pero también manifestaban la
necesidad de expresar las culturas nacio­nales a través de la vuelta hacia las propias tradiciones
para encontrar las raíces de la identidad latinoamericana.

Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, se afianzaron la filosofía positivista, -representada
por el pensamiento del francés Auguste Comte (1798-1857)- y el materialismo económico,
basados ambos en una fe incuestionable en la razón, el progreso y el conocimiento científico de
la reali­dad. Los grandes avances tecnológicos en las comunicaciones, como por ejemplo: la
invención del teléfono, del cine y del avión, originaron una nue­va sensibilidad del tiempo y del
espacio, regida por la velocidad, la simulta­neidad y el acortamiento de las distancias.

Sin embargo, ya en la primera década del siglo XX, se vislumbraron los peligros de una
aplicación indiscri­minada de los hallazgos tecnológicos, sobre to­do en la producción de
armamentos, que de­sembocaron en la tragedia de la Primera Guerra Mundial. La guerra y sus
secuelas conmociona­ron el panorama internacional y motivaron un cuestionamiento de los
límites de la razón y del sentido del progreso. La guerra evidenció el desprecio por la vida
humana, aumentó el es­cepticismo e impuso una filosofía hedonista, que proponía gozar el
momento. Tras la gue­rra, se fortaleció notablemente el sentimiento nacionalista y, a pesar de
que los vencedores declararon su intención de instaurar regímenes democráticos, muchas
naciones terminaron con gobiernos autoritarios: el nazismo en Ale­mania, el fascismo en Italia y
el comunismo en la Unión Soviética.

En este contexto y desde el punto de vista sociocultural, las vanguardias surgen como una
reacción contra la sociedad burgue­sa, cuyas aspiraciones habían conducido a la guerra en
Europa. Las vanguardias fueron en general movimientos o «ismos» de corta duración, que a
pesar de su multiplicidad, tenían en común la búsqueda de la ruptura total con la formas
expresivas que habían adoptado la música, la pintura, la literatura, la arquitectura y el cine.

● América latina a comienzos del siglo XX


En el contexto específico de América latina, el surgimiento de los Esta­dos Unidos como potencia
hegemónica creó una nueva situación de dependencia económica y financiera caracterizada por
la inestabilidad. En el mar­co social, las clases media y obrera asumieron un papel cada vez más
prota­gónico y, a su vez, antagónico de las estructuras patriarcales que domina­ron las últimas
décadas del siglo XIX.

El predominio de las oligarquías lati­fundistas comenzó entonces a ser socavado por los
movimientos populares, bajo la influencia del anarquismo y del socialismo europeo
transplantados a América latina por las grandes olas inmigratorias de comienzos del siglo xx. La
movilidad social fue promovida, también, a través de la expansión de los derechos a todos los
ciudadanos y a través de la educación como, por ejem­plo, en la Argentina donde se sancionó, en
1912, la ley Sáenz Peña del voto universal (aunque con exclusión de las mujeres), secreto y
obligatorio.

● Revoluciones y movimientos sociales

En las primeras décadas del siglo xx, estallaron importantes movimientos revolucionarios en
México (1910) y en Rusia 1917). La reforma agraria, la nacionalización de los recursos y la
promoción de las clases trabajadoras fueron los objetivos co­munes más salientes de esos
movimientos que dejaron una in­fluencia duradera y reconocible en los regímenes populistas de
décadas posteriores, como el peronismo en la Argentina, el bat­llismo en Uruguay, el varguismo
en Brasil o el cardenismo en México.

En el caso particular de la revolución mexicana, se pro­dujo una revalorización de lo autóctono y


una reflexión profun­da sobre el carácter nacional. Unos años más tarde, en la región andina
(Perú, Bolivia y Ecuador) y en México, surgió el movi­miento indigenista que denunció la
condición marginal del indio y lo hizo protagonista de expresiones artísticas, tanto en la
lite­ratura como en la plástica.

Algo similar ocurrió con el legado cultural de los antiguos esclavos negros, que comenzó a ser
revalorizado por la misma época como elemento fundamental en las culturas del Caribe y del
Brasil. El determinismo social -que condenaba a estas razas a una situación de inferioridad- se
transformó gracias a estudios sociológicos y etnológicos. Los aportes de estos grupos raciales a
la hibridez cultural del conti­nente fueron altamente estimados por los vanguardistas, no só­lo por
sus posibilidades estéticas, sino también por su contribución a los procesos históricos y
culturales

● La ciudad y los medios de comunicación

La modernidad y la creciente industrialización de comienzos del siglo XX hallaron su escenario en


el ámbito urbano. Las ciudades crecieron y se transformaron al ritmo de los nuevos adelantos
tec­nológicos, y adquirieron una dinámica cada vez más vertiginosa en expansión física y cultural.
Diarios y revistas se multiplicaron y se convir­tieron en los principales medios de difusión masiva
de las novedades políticas, sociales y culturales, y fueron vehículo de información acerca de los
acontecimientos internacionales y de los progresos de la literatura y de las artes.

Ya desde el Modernismo, la participación activa de los intelectuales en medios periodísticos y en


publicaciones de difusión continental, posibilitó la circula­ción de ideas, autores y corrientes
estéticas entre América latina y Europa, y puso en contacto directo a artistas y pensadores de
diferentes regiones.

En medio de tales acontecimientos, bajo la gran influencia cultural de los movimientos europeos
y ante la necesidad de consolidar la independencia política y de promover la estabilidad
económica, los países latinoamericanos comenzaron a desarrollar una autoconciencia nacional y
de identidad ante a la hegemonía estadounidense y al etnocentrismo europeo. Se planteó
entonces la necesidad de crear modelos culturales y artísticos que permitieran conjugar las
propuestas innovadoras de las vanguardias europeas con la realidad histórica y social del
continente, con sus ele­mentos propios y autóctonos.

● Europa y América latina: identidad y diferencia

La palabra vanguardia se origina en e! lenguaje de las campañas militares en las que así se
designa al grupo de soldados que marcha adelante del batallón; hacia la primera mitad del siglo
XIX, en Francia, se comenzó a aplicar como nombre de una tendencia artística que representaba
un «avance» con respecto a las anteriores. En el plano propiamente literario, se utiliza, por
primera vez, alrededor de los años de la Primera Guerra Mundial. Así la expresión «Iittérature
d’avant-garde» traduce el espíritu combativo y rebelde que caracterizó a estos movimientos en
el contexto europeo.

Estos «ismos» se originaron en diferentes países: el Futuris­mo en Italia, el Dadaísmo en Suiza,


el Expresionismo en Alemania, el Surrealismo en Francia o el Imaginismo en los Estados Unidos.
Todos ellos se caracterizaron por su rechazo de la realidad objetiva, tal como la habían concebido
el Realismo y el Naturalismo decimo­nónicos. La crueldad de la guerra y la decadencia de valores
promovieron una visión del mundo como caos, un sentimiento de angustia y un recha­zo visceral
de todo convencionalismo burgués. Se buscó expresar la única dimensión concebida como real:
las profundidades de la conciencia hu­mana o del inconsciente. Las vanguardias se caracterizaron
por el estre­cho contacto y por el constante intercambio entre las artes, particular­mente entre la
literatura y la pintura.

2. Ísmos en la Vanguardia Latinoamericana

En América latina, la vanguardia cobra impulso a partir de 1916 con la apertura a todas las
estéticas y gracias a la iniciativa de creadores, como los chilenos Vicente Huidobro (1892-1948)
y Pablo Neruda (1904-1985), el peruano César Vallejo (1892-1938), y los argentinos Oliverio
Girondo (1891-1967) y Jorge Luis Borges (1899-1986) entre otros. La vanguardia
latinoamericana representó una ruptura con la tradición retórica y de armonía formal del
movimiento iniciado por el nicaragüense Rubén Darío a fines del siglo XIX.

Sin embargo, el Modernismo encarnó un intento de expresarse en un lenguaje poético forjado en


el aquí y ahora de América latina, más allá de las influencias de la tradición grecolatina y
francesa. Las vanguardias repitieron, en cierta medida, ese doble movimiento de acercamiento y
alejamiento de Europa. Por un lado, nacieron casi simultá­neamente en ambos continentes
debido a la influencia de artistas euro­peos. La sincronía de estos movimientos puede
ejemplificarse con la figura de Vicente Huidobro, que presenció el surgimiento del movimiento
dadá en Zurich, se relacionó con los surrealistas en París y fundó el Creacionis­mo en Chile, París
y Madrid. Por otro lado, las vanguardias manifiestan la necesidad expresar las culturas
nacionales, a través de la vuelta hacia las propias tradiciones. Como el contexto de producción
era diferente, la innovación estética de las vanguardias se cargó de connotaciones políticas y
sociales distintas de las de los movimientos vanguardistas europeos. El arte, reservado hasta
entonces a las clases altas y conservadoras, adoptó un discurso inconformista que se inició en lo
estético, pero tuvo resonan­cia en la política, como un rechazo del predominio burgués.

● Las vanguardias en América del Sur

La vanguardia latinoamericana se forja a partir de la experimenta­ción en poesía, y sus principios


y postulados son difundidos a través de manifiestos, programas o revistas. El tono es siempre
apasionado y se busca escandalizar al público a través de propuestas contrarias a los cáno­nes
imperantes. En sus primeras expresiones, las vanguardias de América del Sur asimilaron las
innovaciones europeas, reaccionaron contra el Moder­nismo decadente y trabajaron por
revolucionar el lenguaje poético a fin de producir, desde América, latina un arte tan universal y
trascendente como el de las metrópolis europeas.

ULTRAÍSMO ARGENTINA: Entre las principales vanguardias de la Argentina se encuentran el


Ultraísmo, movimiento de origen español (1918-1922) con influjos del Cubismo y del Futurismo.
El grupo ultraísta se formó en Buenos Aires después de que Borges regresara de España y en
torno a la revista Prisma (1921-1922). Más tarde se fundó Proa (1922-23, 1924-25), Y como
complemento y suce­sión de esta, la revista Martín Fierro (1919, 1924-27), donde Oliverio
Giron­do publicó el manifiesto martinfierrista, por el que apelaba a una expresión más radical y
subversiva de la «nueva sensibilidad». Tanto el UItraísmo como el Martinfierrismo pusieron el
acento en la renovación lírica a través de imágenes y de metáforas sorprendentes y originales.

CREACIONISMO CHILE: El chileno Vicente Huidobro fue el fundador y el centro del


Creacionismo surgido casi simultáneamente con el Ultraísmo e influido por la estética cubista y
su técnica de montaje por yuxtaposición. Su postulado principal era una poesía independiente de
la realidad. «El poeta es un pequeño Dios», dice Huidobro en «Arte poética»; la palabra crea el
mundo, y la poe­sía devela lo desconocido.

PERÚ: El escritor peruano César Vallejo, si bien no está asociado a ningún «ismo», es
considerado vanguardista. A partir de la publicación de Trilce (1922), Vallejo presenta una poesía
abstracta y hasta cierto punto hermética, en la que el lenguaje como signo y significado se
desintegra y se renueva. Su obra se equipara a la de los grandes poetas universales del siglo
XIX, como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Mal1armé, ejemplos de una constante
renovación de la poesía para expresar una sensibilidad siempre original.

Lo universal como patrimonio latinoamericano

El término identidad implica un doble proceso: el reconocimiento de aquello que diferencia a


cada persona de las demás y la hace idéntica a sí misma y, a la vez, el reconocimiento de las
características que determinan su pertenencia a un determinado grupo, categoría o especie.
Hablar, pues, de la identidad de una nación o de un continente requiere establecer sus
diferencias con respecto a otros lugares, pero también sus aspectos universales en un momento
preciso de su historia. En este sentido, las vanguardias presentaron a América latina definida
desde siempre a partir de modelos extranjeros el desafío de participar en los procesos culturales
mundiales sin subordinación a ninguna influencia y con propuestas que demostraran la
posibilidad de dialogar con los movimientos europeos.

Si bien César Vallejo, Oliverio Girondo y Vicente Huidobro están en constante intercambio con
Europa, hay en los tres la convicción de que su origen latinoamericano no invalida la
universalidad de su poesía, basada en la originalidad y en el poder creativo de la imaginación
humana.

No se busca encontrar la forma oculta de América o de expresar su esencia, sino más bien de
desprovincializar el lenguaje poético latinoamericano, de declarar el fin de la civilización
occidental y la necesidad de inventar, a partir de las posibilidades infinitas del lenguaje, un
mundo nuevo. Como dicta el epígrafe de Girondo, ellos son capaces de «digerir» cualquier
influencia para hacerla propia y devolverla transformada al mundo. Todos comparten, además,
una fe inamovible en el poder creador de la palabra y el deseo de instaurar un mundo poético
independiente de la realidad en una poesía no mimética.

Los movimientos de vanguardia surgidos en América latina respondían al impulso


internacionalista de desarrollar un lenguaje poé­tico que excediera las fronteras nacionales y
culturales. Lo universal se interpretó y adaptó al propio contexto social, al mismo tiempo que se
proyectó la expresión poética hacia el mundo, en un doble movimiento centrípeto y centrífugo a
la vez. Algo similar ocurrió en México, donde la vanguardia vino precedida de ejemplos, como el
de José Juan Tablada (1871-1945) quien produjo tempranamente caligramas e ideogramas, y
adoptó la fuerza sintética de la forma poética japonesa «haiku». La revolución de 1910 trajo a la
palestra, por un lado, los intereses rurales y las tra­diciones indígenas y, por el otro, promovió la
industrialización, la urbanización y e! contacto con ideologías internacionales, como el
socialismo. El primer movimiento mexicano de vanguardia, el Estridentismo, tuvo co­mo portavoz
al poeta Manuel Maples Arce (1898-1981). Este movimiento modificó sustancialmente el
panorama cultural y literario mexicano, ata­do por ese entonces al Realismo en narrativa y a las
formas novecentistas modernistas y postmodernistas en poesía.

EL ESTRIDENTISMO: de lo universal a lo nacional

El Estridentismo estuvo intensamente ligado al Futurismo italiano en su atención al presente y al


futuro, su fascinación por el movimien­to y por la máquina, su exaltación del paisaje urbano. En
cuanto a su contenido temático, difiere bastante del de las otras vanguardias latinoame­ricanas
por su tono futurista. También recibió influencias, aunque no tan marcadas, del francés
Guillaume Apollinaire (1880-1918), del Dadaísmo y del Creacionismo de Vicente Huidobro.

El Estridentismo da preeminencia a la metáfora como recurso poético, elude la ornamentación


superflua y el adjetivo inútil y prefiere el verso suelto breve que condensa toda una imagen.
Puso el acento en el contenido semántico de la palabra más que en el valor fónico, con directa
referencia al mundo circunstancial y con predomi­nio de imágenes auditivas «estridentes». Esta
escuela, que se inició como reacción heterodoxa contra el canon tradicional imperante, se
convir­tió poco a poco en programa político.

A partir del poema Urbe (1924) de Maples Arce, la tendencia se orientó más hacia una ideología
de izquierda que literaria. En el contexto de la Revolución mexicana, que alrededor de 1920 se
volcó a un regionalismo más intenso y que incluyó como componentes esenciales de la identidad
nacio­nal, los estratos hasta entonces subordinados o reprimidos, el Estridentismo se transformó
de revuelta estética pequeño burguesa, en aliado de la causa campesina y proletaria.

Este movimiento contó entre sus representantes con Luis Quintanilla (1893-1978) y Germán List
Arzubide (1898-1998), entre otros. Sus innovaciones fueron integradas más tarde en la política
mexicana por el grupo de los Contemporáneos -Jaime Torres Bodet (1902-1974), Xavier
Villaurrutia (1903-1950), Carlos Pellicer (1899-1977) y José Gorostiza (1901-1973)-, que
aspiraron a una renovación no sólo de la poesía, sino de la identidad cultu­ral y nacional en todas
sus manifestaciones .

Cuba, la poesía negra

En el Caribe, y particularmente en Cuba, las vanguardias tuvieron un impacto tardío, tal vez por
el arraigo del Modernismo y del Postmodernismo. Sin embargo, a partir de la Revista de Avance
y con el grupo Minorista (1927-1930), comenzaron a abrirse nuevos rumbos para la expresión
poética en la obra de Eugenio Horit (n.1903) y de Emilio Ballagas (1910-1954), entre otros. Este
mo­mento literario se caracteriza por la aparición de dos tipos de poesía: la poesía pura y la lírica
negra o afrocubana. La primera señala una continuación de la estética simbolista ejemplificada
por Stéphane Mallarmé (1842-1898), que busca desentenderse de toda anécdota, sentimiento u
objeto, y abreva únicamente en el lenguaje y en la fantasía. El mayor representante de esta
poesía es Mariano Brull (1891-1956) cuyos versos presentan paisajes desrealizados y una
abstracción esencial. Sin embargo, Brull adoptó algunos de los elementos populares de
tradicionales cantares españoles e integró efectos onomatopéyicos para dotar a sus poemas
«puros» de ciertas resonancias vitales. A él se atribuye la invención de la «jitanjáfora», basada
en el puro juego fónico de las palabras, en la que el sentido reside en el sonido.

La poesía negra, con Nicolás Guillén (1902-1989) a la cabeza, fue el punto de partida de una
producción de corte social que apro­vechó los elementos del folclore negro, sus temas y ritmos
co­mo raíces de la identidad cubana. En ella, se combina la protesta con la magia y con la música
afrocubanas. Esta poesía florecerá tam­bién en la pluma del puertorriqueño Luis Palés Matos
(1898-1959) quien, tras su participación en varios movimientos vanguardistas re­lativamente
efímeros, escribió la obra maestra de la poesía negra, Tun-tun de pasa y grifería (1937).

EL SURREALISMO en América latina: más allá de lo exótico

El rescate de estos elementos autóctonos no obedecía a la misma atracción por lo «exótico» de


las vanguardias europeas, principal­mente del Surrealismo. En el caso de América latina,
respondía a experiencias personales. Precisamente, el Surrealismo será un punto de contención
en América latina, donde el mundo antirracional y mítico de culturas «primitivas» constituía el
sustrato esencial de un modo de ver y de comprender la realidad, y no un programa estético o el
resultado de la aplicación de ciertas técnicas y métodos de creación.

El cubano Alejo Carpentier (1904-1980) dejó sentada esta diferencia en un ensayo escrito en
1928 sobre las vanguardias europeas y el Surrealismo. En realidad, lo que se produce es un
fructífero intercambio entre las proyec­ciones de un paraíso prelógico en el territorio americano y
africano de los surrealistas y el redes cubrimiento de la identidad cultural que los
latinoa­mericanos realizan durante las vanguardias. Tal vez, por ese motivo, el Su­rrealismo fue
entre las vanguardias históricas uno de los movimientos de mayor duración en el derrotero
artístico de América latina, en el siglo xx.

ESTRIDENTISMO: una literatura ideológica

El «Manifiesto Estridentista» presenta claras coincidencias con el movimiento futurista, iniciado


por el italiano Filippo Tommaso Marinetti en 1909. Entre otras correspondencias, el Estridentismo
tiende a la abolición de toda institución cultural establecida («ranciolatría ideológica») y se
entrega a un vitalismo expresado en un arte nuevo, juvenil, entusiasta y palpitante», que exalta
el movimiento y la belleza de la máquina. Se desdeña la poesía sentimental y, en consonancia
con los sucesos políticos mexicanos, exige un contenido ideológico para la poesía. Para expresar
esta nueva sensibilidad, es necesario crear vocablos nuevos y «estridentes»; «afirmal»,
«unisistematizal», «ranciolatría», «pugnazmente», etc. Maples Arce puso en práctica estos
principios estridentistas en los textos de Andamios interiores (1922).

En ese libro, une lo exterior a su percepción de objetos y de sensaciones, y crea una estética de
ángulos y planos que recuerdan al Cubismo y que se prestan naturalmente a la pintura de la
ciudad moderna, impulsada por la mecanización y por la industria. La naturaleza se mecaniza, y
el paisaje y el léxico se cubren de telégrafos, locomotoras, arsenales, con terminología propia del
Futurismo, pero que sirve para reflejar las transformaciones experimentadas por la ciudad
latinoamericana y por sus habitantes en la mo­dernidad de principios de siglo. En este libro hay,
sin embargo, referencias al movimiento del proletariado, que anuncia la dirección que tomará el
Es­tridentismo más tarde y que se explicita en el largo poema Urbe (1924), de evidente corte
marxista.

EUFORISMO e identidad panamericana

El mismo año del «Manifiesto Estridentista», Luis Palés Matos y Tomás Batista redactaron en
Puerto Rico el «Manifiesto Euforista», con un tono diferente del de Maples Arce. Como en el caso
del Estridentismo, se promueve la labor de los «poetas jóvenes», pero su poesía está nutrida de
la naturaleza imponente de una América indómita. Si bien se exalta la renovación, es sobre «la
grande ruina del pasado», a partir de sentir la «sangre primitiva de los antiguos» en la propia,
como se alzará la poesía que exprese la conquista de América por los americanos. El movimiento
euforista, de corta duración, alentaba un panamericanismo (doctrina política que preco­niza el
conocimiento y la colaboración de todas las naciones de América), en cierta medida, también
deslumbrado por la potencia de la máquina y por el impulso futurista. Si Girondo destacaba la
posibilidad de asimilar y de transformar las influencias universales, los puertorriqueños prefieren
olvi­darse de los «poetas que beben en Londres y digieren en París» para concentrarse en una
expresión autóctona que, por serio, es renovadora.

Esta posición que podría haber sido interpretada en el contexto europeo como tradicionalista y
no de vanguardia, en América latina, equivale a una ruptura con la pasada subordinación
incondicional al canon europeo y propone el desarrollo del propio potencial basado en la
identidad americana. La actitud vanguardista de este grupo, por lo tanto, está definida por la
reacción con­tra el etnocentrismo europeo y su influencia exclusiva en la creación de una nueva
poesía

Oralidad, música y poesía: marcas de identidad

En conexión con la vertiente americanista del Euforismo, la poesía del cubano Nicolás Guillén
forma parte de la vanguardia por su rescate de los elementos folclóricos y orales de una riqueza
formal inigualable y renovadora. Creador del poema-son, la poética de Guillén está basada en la
combinación de la música y el folclore cubanos con ritmos africanos y con el octosílabo, verso
tradicional y popular de la lírica española, tal como aparecen combinados en Songoro Cosongo.
Guillén prefería llamar «mulata» en lugar de «negra» a su poesía para recalcar el mestizaje
cultural del que nacía. En el poema «Si tú supieras … «, se evidencia el talento de Guillén para
rescatar los elementos orales y para transcribirlos al ámbito de la escritura. La repro­ducción del
habla de los negros a través de los cambios ortográ­ficos y del empleo del vocabulario local
(NbachataN, Nmamey) ele­va el folclore cotidiano al plano literario y lírico. El uso de jitan­jáforas,
como el juego puramente fónico, acentúa el ritmo elemento esencial del poema concebido de
acuerdo con la música que identifica al negro y se alterna en los poemas de sus primeros libros
con la denuncia y con el mensaje antiimperialista que avanza en Motivos de Son (1930) y se
consolida en West Indies Ltd. (1934). A partir de entonces, y con intensidad variable a través de
toda su obra, sus poemas fusionan en distintas proporciones los ritmos antillanos, la intensidad
verbal y el ideario de la revolución. Tanto en su vida como en su obra, Guillén permaneció en
constante intercambio con los procesos políticos y sociales, y la carga ideológi­ca de su poesía
halló un continente perfecto en la tradición afrocubana y en la sensualidad de sus imágenes

“Llegada” a una nueva imagen americana

En el poema «Llegada», el elemento oral y folclórico se atenúa en la expresión más universal de


un «yo» plural que declara el valor de su contribución al perfil definitivo de América. El paisaje
tropical de bosques y palmeras reafirma el origen, y la fuerza de su naturaleza garantiza la
conquista de la ciudad y de los hombres antiguos. En este caso, no es la pujanza de la ciudad
moderna lo que se exalta, sino su debilidad; y se la interpreta a través de códigos del mundo
natural, ajeno y mucho más fuerte que el de la civilización: los palacios citadinos son tenues
como panales de abejas silvestres o las calles están secas como los ríos cuando no llueve en la
montaña.

La alternancia de versos largos y breves dibuja puntual­mente el ritmo del avance hacia la
ciudad. La expresión se vuelve más di­recta, en imágenes que explotan el símil más que la
metáfora, en un canto que es como un músculo bajo la piel del alma y debe ser, ante todo,
sencillo. Como en toda la poesía de Guillén, en este poema, se conjugan la palabra y el puño, la
belleza y la violencia, la revolución formal y la revolución ideológica.
EL NADAÍSMO fue un movimiento artístico y filosófico
de contracultura en Colombia que prevaleció desde 1958 hasta 1964. El movimiento
fue fundado por el escritor Gonzalo Arango y fue influenciado por el nihilismo,
el existencialismo y las obras del escritor y filósofo colombiano Fernando González
Ochoa.
El nadaísmo fue en gran medida un movimiento en reacción a La Violencia y fue la
expresión colombiana de numerosos movimientos de vanguardia en la poesía de las
Américas durante las décadas de 1950 y 1960, como la Generación Beat en Estados
Unidos. El movimiento fue en gran parte antisistema. Dio lugar a varias obras
de literatura, música y películas que expresan temas nadaístas.
El término nadaísmo era un juego de las palabras "nada" y "Dadaísmo". El nadaísmo a
veces ha sido llamado "dadaísmo colombiano", "generación beat colombiana" o
"futurismo colombiano"

EXPRESIONISMO: A partir de la influencia vanguardista de los países europeos,


Latinoamérica se contagio y llevo el expresionismo a otros niveles dividiéndose en nacionalismo
e indigenismo, ya que en los países suramericanos se empezaban a mediados del siglo XX, la
construcción de espacios para el arte; lo que llevo a la construcción del grupo nacionalista, que
empezó con la institucionalización de diversos espacios en donde el arte hacia su máxima
representación en todo sentido, se crearon academias de arte en todos los países con diversas
sedes .

En Latinoamérica el expresionismo tuvo una connotación de sentimientos de pasión dolor,


tragedia todos influenciados por los países extranjeros, que fueron afectados de manera
profunda por las Guerras Mundiales lo que llevo a la creación de algunas pinturas de autores
expresionistas.

Gran parte del expresionismo latinoamericano iba muy arraigado al indigenismo pues se basaban
en mostrar momentos de la conquista y todo lo relacionado a ello.

México: David Alfaro Siqueiros, Del porfirismo a la Revolución 1957 – 1966; José Clemente
Orozco,

Palacio de Gobierno; y Diego Rivera, Brasil

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