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Feminización de Pruebas en Violencia Sexual

Jurisprudencia de la CIDH respecto la prueba en delitos sobre violencia sexual

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Develando lo invisible: La feminización de los

estándares de prueba sobre violencia sexual en


la jurisprudencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos 1

Carlos J. Zelada2 y Diego A. Mauricio Ocampo Acuña3

Para Lara Bommers

Resumen

En el presente esctrito se plantea el establecimiento de un paradigma


novedoso en el sistema interamericano para la protección de las mujeres
frente a la violencia. Distintas sentencias revelan una ruptura frente a los
estándares tradicionalmente requeridos por la Corte Interamericana de
Derechos Humanos para la acreditación efectiva de los actos de violencia
sexual: Un giro radical frente a las exigencias probatorias y de contexto
previamente establecidas en su propia jurisprudencia contenciosa.

1
Los autores desean agradecer la valiosa colaboración de Elvis Ojeda Huerta,
alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico, quien estuvo a cargo
de la revisión bibliográfica para la edición definitiva de este texto. Asimismo, expresan su
agradecimiento a Juana María Ibáñez, Renata Bregaglio, Belén Gallardo, Nathalie Málaga,
Julissa Mantilla, Pedro Luis Valqui y Pablo Rosales, por los comentarios realizados a las
versiones preliminares de este texto. Los errores e imperfecciones de este trabajo son, por
supuesto, entera responsabilidad de sus autores.
2
Carlos J. Zelada es Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Master
of Laws (LL.M.) por Harvard Law School. Actualmente es profesor e investigador a tiempo
completo en el Departamento Académico de Derecho de la Universidad del Pacífico.
También se desempeña como docente a tiempo parcial en la especialidad de Ciencia Política
del Departamento Académico de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del
Perú y en la Sección de Postgrado en Derecho de la Universidad de San Martín de Porres.
Ha sido becario de la Fundación Fulbright, de la Academia de Derecho Internacional de
La Haya y del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo. Entre 2004
y 2010 residió en Washington D.C. donde fue especialista de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos así como consultor de la Organización Panamericana de la Salud.
3
Diego A. Mauricio Ocampo Acuña es Bachiller en Derecho por la Pontificia
Universidad Católica del Perú. Entre 2010 y 2012 se desempeñó como investigador en el
Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del
Perú.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 139

SUMARIO:
I. La feminización del derecho internacional de los derechos humanos y del sistema
interamericano. II. La historia de la prueba de la violencia sexual en el sistema
interamericano. III. Las reglas sobre la prueba de la violencia sexual en el contexto
de otros tribunales internacionales: Comparaciones con el sistema interamericano.
IV. Los retos en materia de prueba en los casos actualmente en litigio ante la Corte
Interamericana. V. Consideraciones finales. VI. Anexo VII. Bibliografía

Advertencia: Algunas de las narraciones plasmadas en este texto pueden herir su


susceptibilidad. Empero, le animamos –muy seriamente– a llegar hasta final de estas
páginas.

México: Noviembre de 2009. La Corte Interamericana de Derechos Hu-


manos (en adelante, “Corte Interamericana”) determina que los cadáveres
mutilados y semidesnudos de dos niñas y una mujer joven encontrados
en un campo algodonero de Ciudad Juárez revelan severos indicios de
violencia sexual. La sentencia del tribunal afirma la responsabilidad in-
ternacional de México por el incumplimiento de su deber de garantía de
los derechos a la libertad personal, integridad personal y vida de Claudia
Ivette González Banda y de las niñas Laura Berenice Ramos Monárrez
y Esmeralda Herrera Monreal4.
Guatemala: Noviembre de 2009. El tribunal interamericano reconoce
que en el contexto de la masacre de las Dos Erres, miembros de las
fuerzas armadas de Guatemala violaron sexualmente a dos niñas para
luego degollarlas. Asimismo, establece que como parte de dicho marco
fáctico, la crueldad de los agentes militares llegó a tal punto que perpe-
traron abortos forzados luego de saltar sobre el vientre de las mujeres
embarazadas de la aldea Las Cruces5.
México: Agosto de 2010. La Corte Interamericana resuelve que México
es responsable internacionalmente por los actos de violencia sexual co-
metidos en el estado de Guerrero contra las mujeres indígenas me’phaa
Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú. Inés Fernández Or-
tega fue violada sexualmente durante un operativo oficial por un grupo

4
Corte IDH. Caso González y otras (“Campo Algodonero”) Vs. México. Excepción Preliminar,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 16 de noviembre de 2009. Serie C No. 205.
5
Corte IDH. Caso de la Masacre de las Dos Erres Vs. Guatemala. Excepción Preliminar,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2009. Serie C No. 211.
140 . Derecho en Libertad

de agentes militares que ingresó a su domicilio mientras ella cuidaba a


sus cuatro menores hijos6. Valentina Rosendo Cantú tenía 17 años cuan-
do fue violentada sexualmente a orillas de un río por miembros de una
patrulla militar que perseguía a unos delincuentes7.
El Salvador: Agosto de 2011. En su decisión en el caso Contreras y otros,
el tribunal interamericano declara como hecho probado que un militar
salvadoreño sometió a la niña Gregoria Herminia Contreras a una serie
de actos de violencia sexual. Una muestra: En su relato, la víctima señaló
que luego de ser separada de su familia su raptor la violó utilizando un
cuchillo8.
Guatemala: Septiembre de 2012. La Corte Interamericana concluye que
miembros del ejército y de un grupo de patrulleros guatemaltecos que
arribaron al cerro Pacoxom abusaron sexualmente –y en varias ocasio-
nes– de la niña María Eustaquia Ucap Ivoy. El tribunal reconoce que la
dimensión de los hechos ocurridos en las masacres perpetradas en los
caseríos de Río Negro llegó al punto de incluir episodios masivos de
violencia sexual contra mujeres y niñas de la comunidad maya9.
El Salvador: Octubre de 2012. En su sentencia del caso Masacres del Mo-
zote y lugares aledaños, el tribunal interamericano admite que, pese a las
dificultades para la obtención de evidencia, un grupo indeterminado de
mujeres fueron violadas sexualmente en el caserío El Mozote antes de
ser ejecutadas extrajudicialmente por miembros del batallón Atlacatl10.
Nuestra hipótesis en esta investigación considera que las decisio-
nes que hemos reseñado, inter alia, responden al establecimiento de un
paradigma novedoso en el sistema interamericano para la protección de
las mujeres frente a la violencia, con un especial énfasis en los actos de
violencia sexual.
En nuestra opinión, estas sentencias revelan una ruptura frente a
los estándares tradicionalmente requeridos por la Corte Interamericana
para la acreditación efectiva de los actos de violencia sexual: Un giro

6
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros Vs. México. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 30 de agosto de 2010. Serie C No. 215.
7
Corte IDH. Caso Rosendo Cantú y otra Vs. México. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2010. Serie C No. 216.
8
Corte IDH. Caso Contreras y otros Vs. El Salvador. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia
de 31 de agosto de 2011. Serie C No. 232.
9
Corte IDH. Caso Masacres de Río Negro Vs. Guatemala. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 4 de septiembre de 2012. Serie C. No. 250.
10
Corte IDH. Caso Masacres de El Mozote y lugares aledaños Vs. El Salvador. Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 25 de octubre de 2012. Serie C No. 252.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 141

radical frente a las exigencias probatorias y de contexto previamente es-


tablecidas en su propia jurisprudencia contenciosa. En 1997, por ejemplo,
en su sentencia de fondo en el caso Loayza Tamayo11, el tribunal consideró
probatoriamente insuficiente el testimonio de una víctima sobre el asalto
sexual que habría padecido de mano de agentes estatales.
Este texto se encuentra dividido en cinco secciones. En la primera
parte haremos un recuento sucinto del fenómeno de feminización del
derecho internacional de los derechos humanos en el que se encuentra
inmerso el sistema interamericano, y que sirve de contexto para el desa-
rrollo de los nuevos estándares de prueba sobre la violencia sexual. Esta
sección nos servirá además de presupuesto hipotético para el esbozo de
los nuevos estándares a los que haremos referencia en la segunda sec-
ción de este trabajo. La segunda parte de esta investigación sintetiza los
estándares de prueba emanados de la jurisprudencia contenciosa de la
Corte Interamericana a lo largo de tres períodos, todos tejidos alrededor
de la sentencia del caso del Penal Miguel Castro Castro12 . Dicha decisión
constituye una suerte de piedra angular para la acreditación de episodios
de violencia sexual, cuyos estándares han sido reafirmados en casos
posteriores sobre la temática conocidos por el mismo tribunal. En la
tercera sección diferenciaremos los estándares de prueba de la Corte In-
teramericana en relación con otros tribunales internacionales en materia
de violencia sexual (el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, algu-
nos tribunales penales internacionales y la Comisión de Reclamaciones
entre Etiopía y Eritrea). En la cuarta parte especularemos sobre los retos
de algunos de los casos actualmente en litigio que ponen a prueba los
nuevos estándares de prueba construidos en la jurisprudencia reciente
de la Corte Interamericana. Finalmente, el texto cierra con una serie de
consideraciones a manera de conclusión y un anexo que sistematiza la
evolución de la jurisprudencia del tribunal interamericano en el trata-
miento de la evidencia de la violencia sexual contra las mujeres.
A lo largo de este texto hemos preferido explicitar los nombres
completos de quienes alegaron la ocurrencia de actos de violencia se-
xual con el fin de prevenir al lector de que estos estándares se vienen
construyendo sobre el sufrimiento de niñas y mujeres específicas en
escenarios concretos habitualmente plagados de una realidad chocante y
conmovedora. En buena parte de estos casos, fueron las propias mujeres

11
Corte IDH. Caso Loayza Tamayo Vs. Perú. Fondo. Sentencia de 17 de septiembre de 1997.
Serie C No. 33.
12
Corte IDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 25 de noviembre de 2006. Serie C No. 160.
142 . Derecho en Libertad

quienes relataron los sucesos que padecieron. En otros, ante la imposibi-


lidad de declarar por el deceso de las víctimas o por razones tales como
la estigmatización social de esta forma de violencia, los familiares u otras
organizaciones hicieron suya dicha narración. Todos estos actores han
buscado que, de alguna manera, el derecho internacional interamericano
reconozca la verdad personal de aquellos relatos de horror rechazados
inicialmente en el fuero nacional.
Sordo al inicio, hoy el sistema interamericano parece adoptar una
posición de dignificación y de rehabilitación de las víctimas de la violen-
cia sexual. Nuestra conclusión es que, en el sistema interamericano, los
estándares de prueba de la violencia sexual se encuentran, precisamente,
en un franco proceso de feminización hacia esos objetivos.

I. La feminización del derecho internacional de los derechos humanos


y del sistema interamericano

La violencia sexual contra las mujeres no fue parte de las ansiedades


y desvelos del derecho internacional clásico. Es cierto que las mujeres
formaron parte de las preocupaciones iniciales tanto en el marco de la
Organización de los Estados Americanos (en adelante, “OEA”)13 como
de la Organización de las Naciones Unidas (en adelante, “Naciones Uni-
das”)14, y que ambos entes internacionales adoptaron tratados referidos

13
En 1928, en el marco de la Sexta Conferencia Internacional Americana, se crea
la Comisión Interamericana de Mujeres (en adelante, “CIM”). La Séptima Conferencia
Internacional Americana adopta el 26 de diciembre de 1933 la Convención sobre la
Nacionalidad de la Mujer, tratado que permitía a la mujer mantener su propia nacionalidad
en caso de matrimonio con un hombre de otra nacionalidad. Fue el primer instrumento
internacional suscrito en el mundo relativo a los derechos de la mujer. Este tratado sirvió
de catalizador para que la Sociedad de Naciones reconociera posteriormente la existencia
y validez de los movimientos sobre derechos de la mujer en el globo. En 1948, con la
adopción de su Estatuto Orgánico, la CIM fue asimilada al sistema de la OEA. El detalle
de la historia de la creación del CIM se encuentra disponible en: http://www.oas.org/es/
cim/docs/BriefHistory[SP].pdf.
14
En el caso de las Naciones Unidas, el Consejo Económico Social (en adelante,
“ECOSOC”) creó la Comisión sobre el Estatus de la Mujer o Comisión de la Condición
Jurídica y Social de la Mujer mediante Resolución 11 (II) de 21 de junio de 1946. El texto
original de la resolución del ECOSOC (en inglés) se encuentra disponible en: http://
www.un.org/womenwatch/daw/csw/pdf/CSW_founding_resolution_1946.pdf. Una breve
historia en inglés de los orígenes de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de
la Mujer se encuentra disponible en: http://www.un.org/womenwatch/daw/CSW60YRS/
CSWbriefhistory.pdf.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 143

a los derechos civiles15, los derechos políticos16 y la nacionalidad de las


mujeres casadas17, inclusive antes de la negociación y la entrada en vigor
de los principales instrumentos de derechos humanos en ambos siste-
mas. Sin embargo, la lectura de estos tratados nos permite apreciar que
la violencia contra la mujer (incluyendo la violencia sexual) no fue parte
del elenco de preocupaciones explícitas del derecho internacional de la
época.
El movimiento feminista concentraba así sus esfuerzos iniciales en
la extensión del derecho al voto para las mujeres y la búsqueda de solu-
ciones a la apatridia de las cónyuges de los nacionales de otros países18.
No obstante, con el paso del tiempo (y la progresiva identificación de
las brechas de género), estas iniciativas en el marco de la OEA y de las
Naciones Unidas dieron lugar a la configuración de instancias especiales
de discusión que años después adoptarían novedosos enfoques en torno
a los problemas que afectaban la vida cotidiana de las mujeres, tales
como la violencia doméstica, la situación laboral o los efectos de los
conflictos armados.
Como se sabe, en un inicio se adoptaron tratados de derechos
humanos con la intención de proteger “neutralmente” a todos los indi-
viduos (tanto hombres como mujeres) frente a los poderes públicos y
privados. Sin embargo, en la práctica los tratados de derechos humanos
presentaban una “brecha de género”19 para la protección de las mujeres

15
En el sistema interamericano, la Convención Interamericana Sobre Concesión de los Derechos
Civiles a la Mujer es adoptada el 5 de febrero de 1948.
16
En la misma fecha de celebración de la Convención Interamericana sobre Concesión de los
Derechos Civiles a la Mujer, los Estados americanos adoptaron la Convención sobre Concesión de los
Derechos Políticos a la Mujer. Por su parte, en el sistema universal, la Convención sobre los Derechos
Políticos de la Mujer es adoptada el 31 de marzo de 1953.
17
Como ya se mencionó, el 26 de diciembre de 1933, en el seno de la Séptima Conferencia
Internacional Americana se adopta la Convención sobre la Nacionalidad de la Mujer. En el marco
de las Naciones Unidas, la Convención sobre la Nacionalidad de la Mujer Casada es adoptada el
20 de febrero de 1957.
18
Irónicamente, ambas preocupaciones todavía constituyen obstáculos no superados
para el derecho internacional de nuestros días.
19
En cuanto al concepto y al análisis de género, Julissa Mantilla señala con precisión
que: “En primer lugar, el género se define como una construcción social elaborada en base
a las diferencias de sexo, esto es, ‘el sexo socialmente construido’. En otras palabras, se debe
entender que las funciones, valores y relaciones entre hombres y mujeres, se construyen
en base a las diferencias biológicas (sexo), asignando roles e identidades diferentes para
ambos sexos (género). Estas construcciones de género han tenido como efecto, entre otros,
la subordinación de mujeres y niñas en sociedades en las cuales la predominancia de
lo masculino ha causado efectos en desmedro del ejercicio de los derechos y libertades
fundamentales de aquéllas. En este sentido, un enfoque de género reconoce que la situación
de desventaja en la que se ubican las mujeres se fundamenta y se perpetúa en las estructuras
144 . Derecho en Libertad

frente a la violencia: Si bien tales instrumentos protegían formalmente


los derechos humanos de las mujeres (desde la generalidad), en realidad
éstos no respondían a las violaciones específicas que ellas padecían20. Por
ejemplo, a tenor de los tratados clásicos de derechos humanos, las mu-
jeres ya se encontraban protegidas frente a la tortura; pero la violencia
familiar y algunas formas de violencia sexual eran consideradas situacio-
nes que, si bien afectaban a las mujeres, no activaban la aplicación de los
tratados de derechos humanos ni de sus órganos supervisores.
En nuestra visión, ante esta “brecha de género” entre la protección
abstracta de los derechos y la realidad de la victimización femenina,
los sistemas internacionales de derechos humanos fueron adquiriendo
consciencia de la necesidad de generar respuestas innovadoras para la
protección de la mujer. Podemos así distinguir cronológicamente dos
facetas. En la primera faceta, por ejemplo, los Estados revitalizaron la
interpretación de las normas clásicas identificando las brechas y adop-
tando perspectivas sensibles al género21. En la segunda faceta, en cambio,
se buscó cerrar la “brecha de género” mediante la adopción de normas
internacionales de protección específica de las mujeres frente a fenóme-
nos de violencia y de discriminación22.
Estas facetas se interrelacionan. Así, los órganos supervisores de los
tratados clásicos se han valido de las definiciones de los nuevos instru-
mentos desarrollados en la segunda faceta para proteger a las mujeres
utilizando el marco clásico de derechos. Por su parte, los nuevos instru-
mentos aprobados en la segunda faceta se han nutrido de los avances

de inequidad y discriminación que causan las violaciones de derechos humanos de tipo


específico. […] Cuando hablamos de un análisis de género, entonces, de lo que se trata es
de evidenciar las diferentes circunstancias en las que viven hombres y mujeres, los roles que
las sociedades les asignan; cuestionar los conceptos tradicionales que asignan determinados
espacios a unos y a otras (el trabajo productivo frente al reproductivo, por ejemplo); la
neutralidad aparente de las normas jurídicas y de las definiciones de derechos humanos que
no reconocen las diferencias de las personas y que inciden sobre la desigualdad”. Mantilla,
Julissa. La perspectiva de género en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos:
El caso Castro Castro. En: El Estado contra los Derechos: Pena de muerte, violencia de género y
autoamnistía. Palestra del Tribunal Constitucional Vol. 2 (Cuadernos de análisis y crítica a la
jurisprudencia constitucional) (2007), pp. 39-40. El resaltado es nuestro.
20
Chinkin, Christine. Violence against Women: The International Legal Response. En: Gender
and Development Vol. 3, No. 2 (1995), p. 23.
21
Mantilla, Julissa. Ob. cit., pp. 39-46.
22
Así, el sistema universal adoptó el 18 de diciembre de 1979 la Convención para la
eliminación de todas las formas de discriminación de la mujer. Por su parte, el 11 de julio de 2011
el sistema africano adopta el Protocolo a la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos
sobre los Derechos de las Mujeres. En el marco del Consejo de Europa, el 11 de mayo de 2011
se adopta la Convención Europea en la Prevención y Eliminación de la Violencia contra la Mujer y la
Violencia Doméstica.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 145

del primer período: La inclusión de variables sociales en el análisis ha


permitido visibilizar, por ejemplo, que la violencia contra la mujer (espe-
cialmente la violencia sexual) puede también generar la responsabilidad
internacional de los Estados.
Explicaremos lo anterior con algunos ejemplos. En materia de cuo-
tas electorales, las mujeres eran beneficiarias del derecho a la participa-
ción consagrado en el artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos23 . Y si bien la adopción del artículo 7 de la Convención sobre la elimi-
nación de todas las formas de discriminación contra la mujer redunda en recono-
cer este derecho, éste lo visibiliza desde una perspectiva de género antes
no existente. Otro ejemplo de la feminización del derecho internacional
de los derechos humanos se encuentra en cómo la violencia sexual con-
tra las mujeres se ha litigado como un acto de tortura en el marco de
los tribunales penales internacionales para los crímenes cometidos en en
la antigua Yugoslavia y Ruanda, o ante la Corte Penal Internacional y
los sistemas regionales de protección de derechos humanos. En el caso
del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, por ejemplo, se
releyeron los clásicos Convenios de Ginebra de 1949 a fin de satisfacer
las demandas contra la violencia sexual en el marco de los diferentes
conflictos armados surgidos con posterioridad a la desintegración de la
antigua Yugoslavia24. Asimismo, la Corte Interamericana y el Tribunal
Europeo de Derechos Humanos adoptaron las definiciones sobre vio-
lencia sexual de los tribunales penales internacionales en la aplicación
concreta de las disposiciones de los tratados de derechos humanos para
supuestos (no previstos) de vulneración de la libertad sexual.
A la fecha, con la adopción de distintas normas internacionales,
podemos sugerir que existe una suerte de nuevo código jurídico des-
tinado a la protección de las mujeres frente a la violencia dentro del
régimen internacional de la protección de los derechos humanos: Una
suerte de corpus iuris para las mujeres. Este código jurídico se encuentra
comprendido tanto por tratados generales y específicos así como por las
interpretaciones de los órganos encargados de la supervisión de tales ins-
trumentos, los acuerdos no convencionales sobre la materia, las normas
internacionales de protección de la mujer en el derecho internacional
humanitario y en el derecho penal internacional, además de la jurispru-

23
El texto del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos fue adoptado el 16 de
diciembre de 1966.
24
International Tribunal for the Prosecution of Persons Responsible for Serious
Violations of International Humanitarian Law Committed in the Territory of the Former
Yugoslavia since 1991. Prosecutor v. Anton Furundzija (Lasva Valley). Case No. IT-95-17/1-T.
Judgement of 10 December 1998 (Trial Chamber), paras. 170-171.
146 . Derecho en Libertad

dencia de los tribunales penales internacionales (de notoria importancia


para la calificación de la violencia sexual). Este código jurídico propor-
ciona herramientas metodológicas inclusivas que permiten visibilizar los
episodios de violencia contra la mujer de un modo no tradicional.
En líneas anteriores hemos señalado que la violencia sexual no fue
una de las preocupaciones iniciales del derecho internacional, salvo la
regulación de los derechos de la mujer casada o de los derechos políticos
adoptados en el marco de la OEA y las Naciones Unidas. Esta afirma-
ción debe matizarse con la presencia paralela e inicial de los instrumen-
tos clásicos del sistema interamericano como la Declaración Americana
de los Derechos y Deberes del Hombre (en adelante, Declaración Americana)25 y
la Convención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante, Convención
Americana)26, que también contienen disposiciones destinadas a resolver
aspectos puntuales de la problemática femenina tales como la protección
de la maternidad (artículo VII de la Declaración Americana), la restricción
de la pena de muerte para las mujeres embarazadas (artículo 4.5 de la
Convención Americana), la trata de mujeres (artículo 6 de la Convención
Americana) y el derecho al matrimonio en condición de igualdad (artícu-
lo 17.2 de la Convención Americana).
De otro lado, tampoco puede perderse de vista que a lo largo del IV
Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo
de guerra27 se adoptaron una serie de medidas de salvaguarda al “honor”
y al “pudor” de las mujeres así como para el trato preferente de quienes
se encuentren embarazadas.
Pese a todo lo anterior, la violencia sexual fue también una preocu-
pación invisible del derecho internacional interamericano en la medida
que se asumía que ya se encontraba cubierta por los derechos generales
consagrados tanto en la Declaración Americana como en la Convención
Americana. No obstante, el sistema interamericano fue el primer sistema
regional en adoptar un tratado específicamente destinado a la protección
de las mujeres frente a toda forma de violencia, incluyendo la violencia
sexual, colaborando de esta manera con el código jurídico de protección
de la mujer frente a la violencia. Así, el 9 de junio de 1994, los Estados
americanos adoptaron la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar
y Erradicar la Violencia contra la Mujer, la denominada Convención de Belém
Do Pará, contribuyendo a la feminización del derecho internacional y, en

25
La Declaración Americana fue adoptada en la Novena Conferencia Internacional
Americana el 2 de mayo de 1948.
26
El texto de la Convención Americana fue adoptado el 22 de noviembre de 1969.
27
El texto del IV Convenio de Ginebra fue adoptado el 12 de agosto de 1949.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 147

particular, a la feminización del sistema interamericano de protección de


los derechos humanos. La Convención de Belém Do Pará reconoce en sus
artículos 1 y 2 que la violencia sexual es en realidad un tipo de violencia
contra la mujer.
La Corte Interamericana ha venido interpretando progresivamente
el contenido de este tratado, en especial como parte de las obligaciones
que surgen del derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violen-
cia consagrado en el artículo 7 de dicho instrumento. El sistema inte-
ramericano se ha nutrido también de otras normas internacionales de
protección de la mujer provenientes de otros sistemas para contribuir al
movimiento de feminización que ya hemos indicado. En el ejercicio de
sus competencias, por ejemplo, la Corte Interamericana ha establecido
–con base ajena– reglas de prueba para la acreditación de la violencia se-
xual y la tutela de los derechos de las mujeres víctimas de violencia que
pasaremos a estudiar en las secciones siguientes. En suma, la Convención
de Belém do Pará ha actuado como una suerte de lex specialis complemen-
taria a la Convención Americana que ha permitido visibilizar la violencia
sexual contra las mujeres como una violación a sus derechos humanos.
Ya fortalecido para entonces, el régimen de protección de los derechos
humanos apostaba así por erigir un sub régimen para la protección de
los derechos de las mujeres: Una apuesta, con baches al inicio, que pare-
ce haber superado con creces las expectativas del movimiento feminista.

II. La historia de la prueba de la violencia sexual en el sistema


interamericano

La Corte Interamericana no se pronunció sobre las disposiciones de la


Convención de Belém Do Pará hasta el caso del Penal Miguel Castro Castro. Sin
embargo, con anterioridad a dicha sentencia el tribunal conoció varios
casos en los que fueron alegados diversos actos de violencia sexual con-
tra mujeres. Es por lo menos curioso que, con la salvedad de dos casos
venezolanos sobre libertad de expresión28 y un caso de desaparición
forzada29, la Corte Interamericana haya aplicado la Convención de Belém

28
Corte IDH. Caso Ríos y otros Vs. Venezuela. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de enero de 2009. Serie C No. 194, párrs. 274-276;
Corte IDH. Caso Perozo y otros Vs. Venezuela. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 28 de enero de 2009. Serie C No. 195, párrs. 288-290.
29
Corte IDH. Caso Gelman Vs. Uruguay. Fondo y Reparaciones. Sentencia de 24 de
febrero de 2011. Serie C No. 221, párrs. 97-101, con especial atención en la nota de pie de
página 110.
148 . Derecho en Libertad

do Pará solamente para los episodios de violencia sexual. En tales casos,


el tribunal ha construido una serie de estándares de prueba para la
acreditación de la existencia de violencia sexual ya sea como hecho de
contextoo como hecho particular.
Esta sección la dedicaremos al análisis cronológico de los casos sobre
violencia sexual que sugieren que la Corte Interamericana ha feminizado
progresivamente los estándares de prueba sobre violencia sexual como
un mecanismo de cierre a las “brechas de género” que han existido en
la protección de los derechos de las mujeres.

2. Los estándares de prueba en las sentencias anteriores al caso del Penal Miguel
Castro Castro
Hasta antes del caso del Penal Miguel Castro Castro, el panorama en la
Corte Interamericana era bastante desalentador: En los tres casos previos
en los que se alegó la violencia sexual contra mujeres, el tribunal sólo
declaró probada su ocurrencia en uno de ellos (y de manera bastante
precaria). A continuación, va su relato.

A. El desnudo forzado de María del Carmen Santana


En 1995, con ocasión de la sentencia en el caso Caballero Delgado y
Santana, la primera decisión sobre desaparición forzada de un hombre y
una mujer colombianos conocida por el tribunal, la testigo Elida Gonzá-
lez Vergel alegó que María del Carmen Santana, una de las víctimas des-
aparecidas, había sido encontrada “totalmente desnuda y con las manos
amarradas hacia atrás”30. La Corte Interamericana consideró como hecho
probado la desaparición forzada de ambas personas31. Sin embargo, el
tribunal no consideró demostrado que ambas víctimas hubieran sido
objeto de torturas y de malos tratos, desacreditando así la declaración
de la testigo sobre el desnudo forzado –y la posible vulneración sexual–
de María del Carmen Santana. En opinión de la Corte Interamericana,
“este hecho se apoya[ba] sólo en los testimonios imprecisos […] de Elida
González Vergel [...], que no se confirman con las declaraciones de los
restantes testigos”32.
Este caso resulta uno de los ejemplos característicos de la “brecha
de género” existente para entonces en el derecho internacional intera-
mericano: Una aparente víctima de violencia sexual no fue tutelada por

30
Corte IDH. Caso Caballero Delgado y Santana Vs. Colombia. Fondo. Sentencia de 8 de
diciembre de 1995. Serie C No. 22, párr. 36.
31
Ibídem, párr. 53.b.
32
Ibídem, párr. 38.f.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 149

el tribunal que ni siquiera ordenó la investigación posterior de dicho


episodio. Quizás esto pueda explicarse en el hecho que, en aquellos
días –la sentencia es de 8 de diciembre de 1995–, recién se había aproba-
do el texto de la Convención de Belém do Pará, lo que habría dificultado la
visibilización de la violencia sexual en el caso, pese a la autosuficiencia
potencial de la Convención Americana para la protección de las mujeres33.
Asimismo, la decisión del caso también resultaba inmediatamente poste-
rior a la puesta en marcha de los tribunales penales internacionales para
la ex Yugoslavia –establecido en 1993–34 y para Ruanda –establecido en
1994–35, los cuales visibilizaron novedosamente la violencia sexual para
los supuestos de conflicto armado y de crisis generalizada.
Para entonces, ya se encontraba en vigor la Convención Sobre la Elimi-
nación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, tratado del siste-
ma de las Naciones Unidas que no señala explícitamente que la violencia
sexual sea una forma de discriminación contra la mujer. Sin embargo, en
la interpretación de las disposiciones de dicho tratado, el Comité para la
Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (en adelante, “Comité
CEDAW”), visibilizó la violencia sexual como un problema para los
derechos humanos de las mujeres en sus recomendaciones generales No.
12 (1989)36 y No. 19 (1992)37, ambas ya públicas para el tiempo del litigio
de dicho caso.
Se podría especular que la composición exclusivamente masculina
del tribunal en dicho período también pudo haber influido en el esta-
blecimiento de dicho criterio.
En suma, en el contexto de la sentencia Caballero Delgado y Santana
el sistema no habría utilizado el todavía precario código jurídico de
protección de las mujeres dado que algunos de sus componentes o no
estaban en vigor o eran muy escasos y poco conocidos para el tribunal
interamericano.

33
A ello debe añadirse que Colombia recién se adhirió a la Convención de Belém do Pará
el 10 de marzo de 1996.
34
El sitio oficial del tribunal se encuentra disponible en: http://www.icty.org/.
35
El sitio oficial del tribunal se encuentra disponible en: http://www.unictr.org/.
36
El texto de la Recomendación General No. 12 del Comité CEDAW: Violencia contra
la mujer (1989), se encuentra disponible en: http://www.un.org/womenwatch/daw/cedaw/
recommendations/recomm-sp.htm#recom12.
37
El texto de la Recomendación General No. 19 del Comité CEDAW: La violencia
contra la mujer (1992), se encuentra disponible en: http://www.un.org/womenwatch/daw/
cedaw/recommendations/recomm-sp.htm#recom19.
150 . Derecho en Libertad

B. El caso Loayza Tamayo y el criterio de la insuficiencia de la declaración de


la víctima
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en adelante,
“Comisión Interamericana” o “CIDH”) alegó que cuando María Elena
Loayza Tamayo fue detenida por miembros de la Dirección Nacional
Contra el Terrorismo (en adelante, “DINCOTE”), ésta fue conducida
durante la noche a orillas del mar donde fue violada sexualmente38. El
Estado peruano negó tales afirmaciones indicando que la presunta víc-
tima no había declarado sobre este acto cuando rindió su manifestación
ante las autoridades policiales. Además, el Estado señaló que en los exá-
menes médicos practicados no se registraron actos de violación sexual39.
Loayza Tamayo se encontraba sindicada como terrorista. Durante
el proceso contencioso ante la Corte Interamericana, el tribunal escuchó
el testimonio de Víctor Álvarez Pérez, quien confirmó las alegaciones
de la CIDH además de detallar la existencia de una práctica de tortura
y violación sexual de aquellas mujeres conducidas a las playas de Lima
por agentes policiales en estado de ebriedad40.
En un desafortunado párrafo, la Corte Interamericana desestimó
–ab initio y sin mayor aspaviento– las alegaciones de la CIDH y de la
víctima así como el testimonio de Álvarez Reyes, concluyendo que no
se había acreditado la violación sexual:

58. Aun cuando la Comisión alegó en su demanda que la víctima


fue violada durante su detención, la Corte, después de analizar
el expediente y, dada la naturaleza del hecho, no está en condi-
ciones de darlo por probado41.

Podemos considerar que este caso termina siendo uno en el que


el sistema de derechos humanos parecía el indicado para tutelar a la
presunta víctima de violencia sexual, pero que en la práctica resultó
absolutamente inadecuado. En el caso concreto, la Corte Interamericana
omitió tomar como indicio que la víctima se encontraba en estado de
sujeción continuo frente a los policías que la detuvieron y doblegaron
su voluntad42. Si se aplicara el estándar actual, y justamente en virtud

38
Corte IDH. Caso Loayza Tamayo Vs. Perú. Ob. cit., párr. 3.b.
39
Ibídem, párr. 38.f.
40
Ibídem, párr. 45.f.
41
Ibídem, párr. 58. El resaltado es nuestro.
42
Mantilla, Julissa. Ob. cit., pp. 49-50.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 151

de la naturaleza del hecho, le habría correspondido al Estado la carga


de la prueba en cuanto a que Loayza Tamayo no había sido violentada
sexualmente.
Como señalan Karla Quintana Osuna43 y Patricia Palacios Zuloa-
ga , en su decisión la Corte Interamericana determinó que Loayza Ta-
44

mayo recibió tratos crueles, inhumanos o degradantes tomando en cuen-


ta, precisamente, las declaraciones de la víctima y que el Estado no había
podido desvirtuar tales alegaciones, pero el mismo tribunal colocó un
“estándar superior” para la prueba de la violencia sexual. La carga de la
prueba recaía así en la supuesta víctima que no podía vencer el estándar
probatorio exigido ni con sus declaraciones ni con las declaraciones a
favor de ella por parte de terceros “dada la naturaleza del hecho”. De
este modo, el segundo caso conocido por la Corte Interamericana sobre
violencia sexual fue desestimado ante la insuficiencia de la declaración
de la víctima y de otras declaraciones concurrentes.
Quizás este razonamiento puede explicarse en el hecho que la Con-
vención de Belém do Pará recién entraba en vigor para el Perú45. Además,
en el momento de los hechos, la Comisión de la Verdad y Reconciliación
peruana (en adelante, “CVR”) todavía no había iniciado sus labores.
Como se conoce, la CVR reveló en su informe final la ocurrencia de
una serie de actos de violencia sexual ocurridos en el conflicto armado
interno46.
La Corte Interamericana trató de remediar de alguna forma la “bre-
cha de género” en este caso. En la etapa de supervisión de cumplimiento
de la sentencia, el tribunal examinó las investigaciones del Estado res-
pecto de los malos tratos que recibió la víctima (incluyendo la violencia
sexual), inclusive pese a no haber encontrado probado este hecho en su
sentencia de fondo.
Así, a nivel interno se iniciaron dos procesos penales: El primero
por lesiones graves contra los cinco miembros de la Policía que la tuvie-
ron bajo su custodia y el segundo por violación sexual respecto de los

43
Quintana Osuna, Karla. Recognition of Women’s Rights before the Inter-American Court of
Human Rights. En: Harvard Human Rights Journal Issue 2, Vol. 21 (2008), pp.302 -303.
44
Palacios Zuloaga, Patricia. The Path to Gender Justice in the Inter-American Court of Human
Rights. L.L.M Paper, Harvard Law School (2007), pp. 13-14.
45
El Perú se adhirió a la Convención de Belém Do Pará el 4 de febrero de 1996.
46
Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú. Informe Final. Tomo VI. Sección
cuarta: Los crímenes y violaciones de los derechos humanos. Cap. 1: Patrones en la
perpetración de los crímenes y de las violaciones de los derechos humanos. 1.5. La violencia
sexual contra la mujer.
152 . Derecho en Libertad

dos oficiales de la DINCOTE que la habrían conducido a la playa. El Es-


tado argumentó que los hechos del caso habían prescrito con el paso del
tiempo impidiendo la investigación de todo lo ocurrido. Ante tales ale-
gatos, la Corte Interamericana reconoció que, aunque la prescripción de-
bía ser observada, ésta no resultaría aplicable cuando existen omisiones
destinadas a perpetuar la impunidad47, supuesto en el cual la prescrip-
ción penal produciría, en nuestra opinión, una cosa juzgada fraudulenta.
De alguna forma, estas medidas de supervisión de sentencia busca-
ron otorgar justicia a la víctima pese a los tropiezos ocurridos cuando su
caso fue examinado inicialmente dada “la naturaleza del hecho”.
En palabras de la Corte Interamericana, para realizar adecuada-
mente una investigación era:

[…] imprescindible que el Estado presente información ordenada,


detallada, completa y actualizada sobre las causas que originaron
la oposición y aplicación del plazo de prescripción en las dos
acciones penales referidas, remitiendo, de ser el caso, copias de
las partes relevantes de los respectivos expedientes48.
[Y] […] si bien la prescripción debe ser observada debidamente
por el juzgador para todo imputado de un delito, la invocación
y aplicación de la misma es inaceptable cuando ha quedado
claramente probado que el transcurso del tiempo ha sido deter-
minado por actuaciones u omisiones procesales dirigidas, con
clara mala fe o negligencia, a propiciar o permitir la impunidad49.

C. El caso Masacre Plan de Sánchez y la incorporación de la violencia sexual


como hecho de contexto
En su Informe de Admisibilidad No. 31/99, la Comisión Interameri-
cana consideró acreditado que aproximadamente veinte mujeres y niñas,
en su mayoría de la etnia maya quiché, fueron violadas por agentes
estatales guatemaltecos50. Llegado el caso a la Corte Interamericana, las
víctimas51 y la CIDH presentaron varios alegatos destinados a probar ta-

47
Corte IDH. Caso Loayza Tamayo Vs. Perú. Supervisión de cumplimiento de sentencia.
Resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 1 de julio de 2011, párr. 42.
48
Ibídem, párr. 42
49
Ibídem, considerando 40.
50
CIDH. Informe N° 31/99. Caso 11.763. Masacre de Plan de Sánchez (Guatemala). 11 de
marzo de 1999, párr. 13.
51
Expediente del caso de la Masacre de Plan de Sánchez. Escrito de solicitudes, argumentos
y pruebas presentado por los representantes de la presunta víctima y sus familiares;
considerandos 152, 208 y 348.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 153

les hechos. El Estado se allanó a las consideraciones de las demás partes,


por lo que el tribunal no tuvo que analizar alegaciones contradictorias
en torno a la existencia de agresiones sexuales. Por ello, la Corte Intera-
mericana estableció que en el contexto del conflicto armado guatemalte-
co, la masacre de Plan de Sánchez incluyó actos de violencia sexual. En
palabras del tribunal,

42.18. las niñas y las mujeres jóvenes fueron llevadas a un lugar,


mientras que las mujeres mayores, los hombres y los niños fue-
ron reunidos en otro. Aproximadamente veinte niñas de entre
12 y 20 años de edad fueron llevadas a una casa donde fueron
maltratadas, violadas y asesinadas52.

En este caso resulta relevante examinar qué elementos, además de


los alegatos de las partes, persuadieron a la Corte Interamericana para
reconocer la existencia “contextual” de violencia sexual durante la ma-
sacre de Plan de Sánchez en julio de 1982.
En principio, la Corte Interamericana se valió de las propias refe-
rencias de la CIDH en torno al conflicto armado en Guatemala tomando
como base el informe “Memoria del Silencio” (elaborado por la Comisión
de Establecimiento Histórico, en adelante, “CEH”) además de los des-
cubrimientos específicos de violencia contra las mujeres que emanaban
del propio caso53.
Por otra parte, el reconocimiento de la violencia sexual fue acre-
ditado por las declaraciones de algunos testigos varones que señalaron
que, en efecto, algunas mujeres habían sido violadas sexualmente. Así,
la Corte Interamericana recibió la declaración de Benjamín Manuel Jeró-
nimo, testigo presencial de la masacre, quien declaró sobre la violación
sexual sufrida por su hermana Rosa Manuel Jerónimo. El testigo presen-
cial declaró además sobre la ocurrencia de otras violaciones sexuales54.
Eulalio Grave Ramírez, otro testigo presencial de la masacre, reveló que
durante ésta los militares separaron a las niñas y mujeres para luego
agredirlas sexualmente55.

52
Corte IDH. Caso Masacre Plan de Sánchez Vs. Guatemala. Fondo. Sentencia de 29 de abril
de 2004. Serie C No. 105, párr. 42.18.
53
Expediente del caso de la Masacre Plan de Sánchez. Escrito de demanda presentada por
la Comisión Interamericana, considerandos 56, 64, 93, 98 y 117.
54
Expediente del caso de la Masacre Plan de Sánchez. Declaración jurada de testigo
Benjamín Manuel Jerónimo, respuesta a la pregunta número 32.
55
Expediente del caso de la Masacre Plan de Sánchez. Declaración jurada de testigo
Eulalio Grave Ramírez, respuesta a la pregunta número 26.
154 . Derecho en Libertad

Por último, la Corte Interamericana recibió las declaraciones de


los peritos Luis Rodolfo Ramírez García y José Fernando Moscoso Mo-
ller. Ambos peritos declararon sobre las diversas denuncias de actos de
violencia sexual inmersas en el caso. El perito Ramírez García declaró
que, con posterioridad a la masacre, la señora Hermelinda Morales Gar-
cía denunció haber sido violada por miembros del ejército56; mientras
que el perito Moscoso Moller hizo una declaración más general de las
denuncias sobre violencia sexual evaluando la evidencia forense que se
había obtenido57. Tampoco podemos dejar de mencionar el peritaje de la
psicóloga Nieves Gómez Dupuis que, al desarrollar algunas considera-
ciones en torno a la violencia sexual durante el conflicto armado, solicitó
medidas de rehabilitación especiales para las mujeres58.
Ahora bien, es cierto que la sentencia de fondo de la Corte Intera-
mericana no se pronunció sobre los actos concretos de violencia sexual
del caso debido a que éste carecía de competencia ratione temporis sobre
los hechos de las masacres. Sin embargo, el tribunal realizó importan-
tes precisiones sobre sus consecuencias terminado el conflicto armado.
Así, a partir de la acreditación de la violencia sexual, la sentencia de
reparaciones del caso señaló cuáles fueron las motivaciones de los per-
petradores de los actos de violencia sexual de las mujeres así como las
consecuencias de estos hechos en las vidas de estas mujeres durante el
período posterior al conflicto:

49.19 Las mujeres que fueron objeto de violencia sexual por


parte de agentes del Estado el día de la masacre y que sobrevi-
vieron a la misma, continúan padeciendo sufrimientos por dicha
agresión. La violación sexual de las mujeres fue una práctica
del Estado, ejecutada en el contexto de las masacres, dirigida a
destruir la dignidad de la mujer a nivel cultural, social, familiar
e individual. Estas mujeres se perciben como estigmatizadas en
sus comunidades y han sufrido por la presencia de los victima-
rios en las áreas comunes del municipio. Además, la impunidad
en la que permanecen estos hechos ha impedido que las mujeres
participen en los procesos de justicia59.

56
Expediente del caso de la Masacre Plan de Sánchez. Declaración jurada de perito Luis
Rodolfo Ramírez García, pp. 40-41.
57
Expediente del caso de la Masacre Plan de Sánchez. Declaración jurada de perito José
Fernando Moscoso Moller, pp. 516-517.
58
Corte IDH. Caso Masacre Plan de Sánchez Vs. Guatemala. Reparaciones. Sentencia de 19
de noviembre 2004. Serie C No. 116.
59
Ibídem, párr. 49.19.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 155

De este modo, el caso Masacre Plan de Sánchez resulta el primero en el


cual la Corte Interamericana reconoce (aunque como hecho de contexto)
la violencia sexual en un conflicto armado por agentes estatales, basán-
dose en el informe de la CEH (un mecanismo desde la justicia transi-
cional) además de las narraciones de testigos y de algunos peritajes60.
Si bien las reparaciones mantuvieron la “brecha de género” en tan-
to no se dictaron medidas destinadas específicamente a las violaciones
que sufrieron cada una de las mujeres víctimas de la masacre, la Corte
Interamericana ordenó en su lugar medidas colectivas –de contexto–
como el establecimiento de servicios de salud o planes de desarrollo
que subsumieron las violaciones sexuales en el conjunto de violaciones
acreditadas61. Empezaba así, formalmente, la feminización del sistema
interamericano.

2. El caso del Penal Miguel Castro Castro y el cambio en los estándares de


prueba de la violencia sexual
La sentencia del Penal Miguel Castro Castro fue la primera decisión
de la Corte Interamericana que aplicó la Convención de Belém Do Pará. La
decisión es particularmente importante además porque en ella el tribu-
nal señala explícitamente que analizará lo ocurrido desde el género. La
Corte Interamericana afirma así que:

[…] tomará en cuenta que las mujeres se vieron afectadas por


los actos de violencia de manera diferente a los hombres, que
algunos actos de violencia se encontraron dirigidos específica-
mente a ellas y otros les afectaron en mayor proporción que a
los hombres. Ha sido reconocido por diversos órganos peruanos
e internacionales que durante los conflictos armados las mujeres
enfrentan situaciones específicas de afectación a sus derechos
humanos, como lo son los actos de violencia sexual, la cual en
muchas ocasiones es utilizada como “un medio simbólico para
humillar a la parte contraria”62.

Curiosamente, en este caso la violencia sexual no fue un aspecto


litigado por la CIDH, sino más bien por Mónica Feria Tinta, la repre-
sentante de las víctimas63.

60
Ibídem, párr. 38.
61
Ibídem
62
Corte IDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú. Ob. cit., párr. 223.
63
Ver la sección 4.1 de este mismo texto.
156 . Derecho en Libertad

Al igual que en el caso Masacre Plan de Sánchez, el Estado demanda-


do se allanó respecto de las alegaciones de hecho. Ante la ausencia de
controversia en este extremo, la Corte Interamericana consideró probada
la violación sexual caracterizando los actos de violencia con base en
los hallazgos previos de la CVR64, la Relatoría Especial de las Naciones
Unidas sobre la Violencia contra la Mujer y la Defensoría del Pueblo 65.
Sin embargo, las diferencias de este caso respecto de Masacre Plan
de Sánchez son saltantes en tanto la violencia sexual fue declarada no sólo
como un hecho de contexto66, sino que fue caracterizada como un as-
pecto puntual y concreto respecto de determinadas víctimas. Asimismo,
a diferencia de la sentencia en Masacre Plan de Sánchez, la Corte Interame-
ricana se nutrió de las declaraciones de las propias víctimas o de terceros
así como de la información emanada de reportes forenses: Un escenario
más similar al del caso Loayza Tamayo.
Esta vez, las declaraciones de las víctimas mujeres sirvieron para
acreditar los hechos de violencia sexual y para determinar la gravedad
de los actos ocurridos en mayo de 1992 en el establecimiento peniten-
ciario. Pasemos entonces a recordar sucintamente las alegaciones que
fueron acreditadas:

La violación sexual de Juliana Marlene Peña Olivos.


La representante de las víctimas alegó que Juliana Marlene Peña
Olivos fue abusada sexualmente como consecuencia de las heridas cau-
sadas por las puntas de bayonetas encontradas en su cuerpo, incluyendo
el área vaginal67.
La Corte Interamericana acreditó que Peña Olivos fue separada del
resto del grupo, para luego ser torturada y ejecutada extrajudicialmente
con bayonetas68. Para lograr determinar los hechos, el tribunal consideró
el reporte forense así como la declaración de la madre de la víctima
que relató que encontró el cuerpo desnudo y mutilado de su hija en un
depósito de cadáveres69.

64
Corte IDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú. Ob. cit., párrs. 206 y 225.
65
Ibídem, párr. 223.
66
Ibídem, párrs. 221-225.
67
Ibídem, párr. 260.x.
68
Ibídem, párr. 197.38.
69
Ibídem, párr. 187.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 157

Las formas de violencia sexual de las mujeres detenidas: Gaby Balcázar Medi-
na, Miriam Rodríguez Peralta, Margot Lourdes Liendo Gil, Victoria Trujillo Agurto,
Mercedes Ríos Rivera y Ana María Berríos Yenque.
La Corte Interamericana se valió de la definición abierta sobre vio-
lencia sexual utilizada por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda
en el caso Prosecutor v. Akayesu para encuadrar la desnudez forzada de seis
mujeres como actos de violencia sexual70. También utilizó los conceptos
de violencia sexual emanados del artículo 7 del Estatuto de Roma que
crea la Corte Penal Internacional. Estábamos así ante un planteamiento
que no había sido utilizado antes por el tribunal interamericano, por
ejemplo, en los casos Caballero Delgado y Santana y Loayza Tamayo71. De
acuerdo con la Corte Interamericana:
197.49. Algunas internas e internos heridas fueron trasladados al
Hospital de la Sanidad de la Policía. Allí fueron desnudados y obliga-
dos a permanecer sin ropa durante casi todo el tiempo que estuvieron
en el hospital, que en algunos casos se prolongó durante varios días y
en otros durante semanas. En algunos casos les dieron una bata luego
de quince días, al momento de trasladarlas a los penales donde fueron
reubicadas. En el Hospital se encontraban rodeadas de individuos arma-
dos, quienes aparentemente eran miembros de las fuerzas de seguridad
del Estado. A las internas no se les permitió asearse, estaban cubiertas
con tan solo una sábana, y en algunos casos para utilizar los servicios
sanitarios debían hacerlo acompañadas de un guardia armado, quien no
les permitía cerrar la puerta y las apuntaba con el arma mientras hacían
sus necesidades fisiológicas72.
Asimismo, en el caso particular de Ana María Berríos Yenque,
la Corte Interamericana consideró que la inspección vaginal dactilar
realizada por varios hombres en el Hospital de Sanidad de la Policía
resultaba igualmente un acto de violación sexual73.
Aquí, por ejemplo, el tribunal se valió principalmente de las decla-
raciones de las víctimas74.
La importancia de la sentencia del Penal Miguel Castro Castro radica
en que ella el tribunal interamericano valoró extensamente las declara-
ciones de las víctimas como prueba necesaria y suficiente para la acre-

70
Ibídem, nota 161. La Corte Interamericana hace referencia también al caso Prosecutor v.
Kunarac del Tribunal Especial Internacional para la ex Yugoslavia. Ibídem, nota 206.
71
Ibídem, párrs. 305-311.
72
Ibídem, párr. 197.49
73
Ibídem, párrs 197.49 a 197.52. Véase especialmente las notas 86 y 87.
74
Ibídem, párrs. 197.50 y 309-313.
158 . Derecho en Libertad

ditación de determinados hechos de violencia sexual: Un rompimiento


“definitivo” con el criterio establecido en las sentencias previas.
La Corte Interamericana tomó en consideración la situación de
sujeción continua de las mujeres en tanto personas privadas de libertad
y, por otro lado, la sujeción en el marco del ataque a la población civil
que devino producto del operativo en el penal.
La decisión resulta especialmente importante además porque allí
el tribunal interamericano reconoce la violencia sexual como un hecho
de contexto (como lo había señalado en el caso Masacre Plan de Sánchez)
que generaba en realidad la responsabilidad internacional respecto de
víctimas “concretas” en el conflicto armado interno peruano.
La Corte Interamericana daba así un golpe letal a la “brecha de
género” del pasado al reconocer el impacto diferenciado de la violencia
sexual en los derechos de las mujeres. De la mano de los nuevos están-
dares adoptados desde el derecho internacional comparado y de la Con-
vención de Belém do Pará, se hacía visible la violencia sexual contra aquellas
mujeres privadas de libertad o en sujeción de agentes estatales: Una de
las prácticas más odiosas de abuso contra la mujer.

3. Los nuevos criterios para la prueba de la violencia sexual con posterioridad


al caso del Penal Miguel Castro Castro
Las sentencias posteriores al Penal Miguel Castro Castro han narrado
episodios de violencia sexual tanto en el marco contextual de conflictos
armados como en específicos eventos de abuso. Estas decisiones han
permitido realizar un progresivo reexamen y renovación de los están-
dares de prueba tradicionales en la materia. Las secciones que siguen en
este acápite analizan las decisiones del tribunal interamericano en dicho
período.

A. Los indicios en los cadáveres de las mujeres en Ciudad Juárez


La sentencia en el caso “Campo Algodonero” es la piedra angular del
sistema interamericano para la acreditación de la violencia de género: Es
una decisión fundamental que identifica con claridad los patrones y los
estereotipos que pueden constituir situaciones de discriminación contra
la mujer atribuibles al Estado. La sentencia es además particularmente
importante porque es en este caso donde por primera vez la Corte
Interamericana se pronuncia sobre actos de violencia sexual cometidos
por particulares, esta vez valiéndose de los indicios encontrados en los
cadáveres y de una serie de hallazgos de contexto.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 159

Luego de analizar las diversas piezas procesales75, la Corte Intera-


mericana determinó que, para el momento de la desaparición de Claudia
Ivette González Banda y de las niñas Laura Berenice Ramos Monárrez y
Esmeralda Herrera Monreal, ya estaba acreditado que en Ciudad Juárez
se presentaba un aumento del número de homicidios de mujeres así
como de las tasas de impunidad de los crímenes con aparentes móviles
sexuales76.
Ante la imposibilidad de documentar exactamente cómo murieron
las víctimas del caso, el tribunal se valió de los indicios forenses que su-
gerían que los cadáveres encontrados fueron el resultado de la comisión
de “delitos de índole sexual”77. Por ejemplo, la Corte Interamericana en-
contró que la niña Esmeralda Herrera Monreal se encontraba maniatada
por la espalda, desnuda y mutilada en sus senos. A partir de lo anterior,
el tribunal determinó que la niña “sufrió un ensañamiento tal que le
debió causar severos sufrimientos físicos y psíquicos en forma previa a
su muerte” con fines sexuales78.
Respecto de las otras víctimas, la niña Laura Berenice Ramos Mo-
nárrez y la joven Claudia Ivette Gonzáles Banda, la Corte Interamerica-
na se encontraba en el dilema de no poder distinguir entre cuáles eran
los daños directamente causados por los agresores y qué afectaciones
resultaban del deterioro natural de los cadáveres con el paso del tiempo.
El tribunal estimó que, de modo similar a la niña Esmeralda Herrera
Monreal, las otras dos muertes del caso “muy posiblemente [...] tuvieron
un móvil sexual, pues las jóvenes fueron encontradas semi desnudas en
la parte inferior del cuerpo y Laura Berenice Ramos Monárrez con la
blusa y el brassier levantadas por encima de los senos”79.
La Corte Interamericana contextualizó además tales indicios seña-
lando que con anterioridad en Ciudad Juárez ya existían casos similares
de mujeres que presentaban los mismos signos de “violencia sexual”80, si-

75
En el caso “Campo Algodonero”, la Corte Interamericana tuvo que examinar
diferentes peritajes presentados por las partes del proceso, los informes presentados por
el Estado, así como los documentos producidos en el marco del sistema universal de
protección de los derechos humanos. Sobre la base de estos pronunciamientos, el tribunal
determinó la existencia de patrones de violaciones de los derechos de las mujeres que
servirían para caracterizar posteriormente los indicios de violencia sexual de las víctimas
del caso.
76
Corte IDH. Caso González y otras (“Campo Algodonero”) Vs. México. Ob. cit., párr. 164.
77
Ibídem, párr. 214.
78
Ibídem, párr. 219.
79
Ibídem, párr. 220.
80
Ibídem, párr. 220.
160 . Derecho en Libertad

tuación que había sido acreditada sobre la base de documentos de fuente


diversa generados en dicho sentido a lo largo de muchos años81. Así, el
trabajo de la Corte Interamericana en “Campo Algodonero” recubrió como
verdad judicial los padecimientos de otras decenas de mujeres en Ciudad
Juárez que habían sido alegados por familiares y activistas de derechos
humanos durante varios años, otorgándoles legitimidad a partir de un
caso concreto. El reconocimiento del tribunal reiteró así los pronuncia-
mientos planteados por otros órganos de supervisión internacional en
el mismo sentido: Ante la ausencia de declaración de las víctimas ase-
sinadas, el tribunal estableció que los cuerpos desnudos y mutilados de
las mujeres esclarecían todavía más los hechos de violencia sexual que
venían sucediendo en Ciudad Juárez en un contexto de discriminación
contra la mujer.
Ahora bien, en ”Campo Algodonero” la Corte Interamericana se valió
de indicios para determinar la existencia de actos de violencia sexual
cometidos presuntamente por actores particulares pero igualmente atri-
buibles al Estado en el marco de su obligación de garantía. La gravedad
de la violencia sexual contra estas tres víctimas llevó a que el tribunal
adoptara, por ejemplo, “reparaciones en función del género con vocación
transformadora”82 para prevenir y remediar la violencia sexual frente a
la que todavía permanecen amenazadas las mujeres de Ciudad Juárez.

B. El caso de la Masacre de las Dos Erres y la violación de mujeres y niñas en


Guatemala
Al igual que en Masacre Plan de Sánchez, cuando la CIDH presentó
su escrito de demanda en el caso de la Masacre de las Dos Erres, ésta basó
sus alegatos fácticos en el relato de los episodios de violencia sexual
contra niñas y mujeres contenidos en el informe “Memoria del Silencio”
de la CEH83.
El tribunal tomó en cuenta los alegatos de la Comisión Interame-
ricana otorgándole al informe “Memoria del Silencio” el valor de con-
texto84 y determinando que, en el caso concreto y como parte de dicho
marco fáctico, varias niñas fueron violadas sexualmente (siendo dos de
ellas degolladas) por miembros de las fuerzas armadas que llevaron a

81
Ibídem, párrs. 116 y 117.
82
Reparaciones a las mujeres que han sido sometidas a la violencia. Informe de la
Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, Rashida
Manjoo, A/HRC/14/22, 23 de abril de 2010, párr. 77. El resaltado es nuestro.
83
Escrito de demanda presentada por la Comisión Interamericana, considerando 87.
84
Corte IDH. Caso de la Masacre de las Dos Erres Vs. Guatemala. Ob. cit, párr. 58.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 161

cabo además una serie de abortos forzados. En palabras de la Corte In-


teramericana, el aterrador relato del contexto es el que sigue:
79. Alrededor de las 4:30 p.m. [del 7 de diciembre de 1982] los
Kaibiles sacaron a los hombres de la escuela y los llevaron vendados y
maniatados a un pozo de agua inconcluso donde los fusilaron. Después
sacaron a las mujeres y los niños para llevarlos al mismo lugar. En el
camino muchas niñas fueron violadas por los Kaibiles, particularmente
por los subinstructores. […] En los hechos de la masacre perdieron la
vida por lo menos 216 personas.
80. Cerca de las 6:00 p.m. llegaron al Parcelamiento dos niñas, las
cuales fueron violadas por dos instructores militares. Al día siguiente,
cuando los Kaibiles se marcharon se llevaron a las dos niñas y las vio-
laron nuevamente para luego degollarlas. […].
81. El día 9 de diciembre de 1982, vecinos de la aldea Las Cruces
se acercaron a Las Dos Erres y descubrieron trastos tirados por todas
partes, los animales sueltos, también vieron sangre, cordones umbilicales
y placentas en el suelo, ya que la crueldad desplegada por los soldados
alcanzó tal punto que a las mujeres embarazadas les causaron abortos
producto de los golpes que les propinaban, incluso saltando sobre el
vientre de dichas mujeres hasta que salía el feto malogrado. […]85.
Las determinaciones sobre el contexto eran de particular importan-
cia para el caso porque, al igual que en Masacre Plan de Sánchez, el tribu-
nal carecía de competencia temporal para pronunciarse sobre los hechos
mismos de la masacre. Es así que en la decisión, el tribunal parte por
recordar sus hallazgos sobre la violencia sexual establecidos en Masacre
Plan de Sánchez86 para examinar “en dicho contexto” las declaraciones de
uno de los sobrevivientes de dicha masacre87. Luego de ello, la Corte
Interamericana determinó que el Estado resultaba responsable interna-
cionalmente al no haber investigado de manera diligente la comisión de
actos de violencia sexual por parte de sus agentes militares88.
Es por ello que el tribunal –sin pronunciarse sobre la responsabili-
dad directa de los agentes estatales– ordenó al Estado que, como parte
de la reparación, investigue especialmente los episodios de violencia
sexual narrados en el expediente y cometidos contra las niñas y las
mujeres del caso89.

85
Ibídem, párrs. 79-81.
86
Ibídem, párr. 139.
87
Ibídem, párr. 138.
88
Ibídem, párr. 141.
89
Ibídem, párrs. 233.b y 233.c.
162 . Derecho en Libertad

De nuevo, resulta particularmente importante señalar que en esta


decisión la Corte Interamericana no determinó la existencia de las vícti-
mas concretas de la violencia sexual, sino que subsumió en las violacio-
nes colectivas los padecimientos alegados de niñas y mujeres anónimas
que de hecho padecieron vulneraciones que no habían sido diligente-
mente investigadas por el Estado.
El ejercicio de subsunción frente al contexto colectivo parecía ven-
cer así la condición de anonimato de las narraciones de las víctimas de
violencia sexual del conflicto armado guatemalteco.

C. Las violaciones sexuales contra Valentina Rosendo Cantú e Inés Fernández


Ortega en el estado de Guerrero
En los casos de Inés Fernández Ortega y de Valentina Rosendo Cantú, la
Corte Interamericana debía establecer si México era responsable interna-
cionalmente por los actos de violación sexual presuntamente cometidos
contra dos mujeres indígenas en el contexto de una serie de operativos
militares en el estado de Guerrero. El tribunal contaba básicamente con
los testimonios de las víctimas y de terceros allegados a ellas. Pese a
haber realizado un reconocimiento de responsabilidad internacional, el
Estado mexicano cuestionaba la credibilidad de las narraciones de los
episodios de violencia sexual ante la imprecisión de las circunstancias
específicas de los relatos de lo ocurrido90.
En este escenario, la Corte Interamericana reiteró la importancia
de la declaración de las víctimas de violencia sexual, reafirmando así
las consideraciones de la sentencia del Penal Castro Castro y abandonando,
una vez más, el estándar establecido en las decisiones de los casos Caba-
llero Delgado y Santana y Loayza Tamayo:

En primer lugar, a la Corte le resulta evidente que la violación


sexual es un tipo particular de agresión que, en general, se carac-
teriza por producirse en ausencia de otras personas más allá de
la víctima y el agresor o los agresores. Dada la naturaleza de esta
forma de violencia, no se puede esperar la existencia de pruebas
gráficas o documentales y, por ello, la declaración de la víctima
constituye una prueba fundamental sobre el hecho91.

90
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párr. 50.
91
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párr. 100; Corte IDH. Caso
Rosendo Cantú y otra Vs. México. Ob. cit., párr. 89. El resaltado es nuestro.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 163

La Corte Interamericana reconoció así que es común que las víc-


timas revelen imprecisiones en sus relatos, pero que tales imprecisiones
no pueden conducir inexorablemente a la descalificación de la verdad
de lo ocurrido92.
El tribunal tomó así en consideración la condición particular de
cada una de las víctimas. En el caso Inés Fernández Ortega, por ejemplo, se
trataba de una mujer indígena que no hablaba con solvencia en español,
el cual no era su idioma materno93. Por otra parte, en el caso Valentina
Rosendo Cantú, se trataba de una niña afectada por los hechos y obligada
a relatarlos sucesivamente desde 200294.
La Corte Interamericana complementó las declaraciones de las víc-
timas con determinados indicios como la presencia militar en la zona
el día de los hechos95, además de las pruebas periciales deterioradas,
las deficiencias en las investigaciones y el desconocimiento estatal de lo
ocurrido: Todos eventos que no le alcanzaban al Estado mexicano para
desvirtuar las alegaciones de las víctimas96.
Teniendo en consideración tales elementos, el tribunal señaló con-
tundentemente que ambas mujeres fueron violadas por agentes militares.
En el caso de Inés Fernández Ortega estableció que:

116. Después de más de ocho años de ocurridos los hechos, el


Estado no ha aportado evidencia en el procedimiento del pre-
sente caso que permita contradecir la existencia de la violación
sexual de la señora Fernández Ortega. Al respecto, este Tribunal
considera que el Estado no puede justificarse con base, exclusi-
vamente, en el desconocimiento de si la violación había existido
y su autoría, cuando ello es consecuencia de sus propios errores
o falencias, al destruir una prueba que estaba bajo su custodia.
Concluir lo contrario implicaría permitir al Estado ampararse
en la negligencia e inefectividad de la investigación penal para
sustraerse de su responsabilidad por la violación de derechos
reconocidos por la Convención Americana. Por todo lo anterior,
la Corte encuentra probado que la señora Fernández Ortega fue

92
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párr. 104; Corte IDH. Caso
Rosendo Cantú y otra Vs. México. Ob. cit., párr. 91.
93
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párr. 105.
94
Corte IDH. Caso Rosendo Cantú y otra Vs. México. Ob. cit., párr. 91.
95
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párrs. 109-110; Corte IDH.
Caso Rosendo Cantú y otra Vs. México. Ob. cit., párrs. 97-98.
96
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párrs. 111-112.
164 . Derecho en Libertad

víctima de una violación sexual cometida por un militar ante


la presencia de otros dos militares que observaban su ejecución,
cuando ella se encontraba en su casa97.

Mientras que en el caso de Rosenda Cantú señaló que:

106. Con base en lo expuesto, la Corte encuentra probado que


la señora Rosendo Cantú fue víctima de actos constitutivos de
violación sexual, cometidos por dos militares en presencia de
otros seis mientras se encontraba en un arroyo al que acudió a
lavar ropa en las cercanías de su casa98.

En realidad, el tratamiento de los eventos del estado de Guerrero


por parte del tribunal interamericano revela un radical cambio respecto
de la sentencia Loayza Tamayo, en el cual la declaración fue desestimada
dada la “naturaleza del hecho”. La Corte Interamericana entendía –final-
mente– que era precisamente “la naturaleza de esta forma de violencia”99
la que obligaba a que se tomen en cuenta los relatos de las víctimas los
cuales, en suma, eran lo único que terminaba acompañando a las vícti-
mas de la violencia sexual.
De este modo, el tribunal estableció que la declaración de la vícti-
ma resultaba entonces un elemento decisivo para la acreditación de la
violencia sexual, correspondiéndole al Estado la carga de la prueba de
que estos hechos no ocurrieron, por ejemplo, mediante el suministro de
prueba indiciaria (por ejemplo, de exámenes médicos así como de in-
vestigaciones administrativas, policiales, fiscales o judiciales): Su ausencia
colaboraba a hacer más verosímiles las alegaciones de las víctimas.
Podemos señalar entonces que con estos dos casos se dibuja más
claramente la feminización del derecho interamericano, pues se estable-
cen claramente reglas especiales para el procesamiento de la evidencia
referida a la violencia sexual reconociéndola ya sea como acto concreto
o como cuadro de contexto.
Hasta la fecha, para la elaboración de estos estándares de prueba,
tuvieron que alegarse actos de violencia sexual de aproximadamente
cuarenta niñas o mujeres. Así, en términos de Julieta Lemaitre, la Corte

97
Ibídem, párr. 116.
98
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párrs. 97-98; Corte IDH.
Caso Rosendo Cantú y otra Vs. México. Ob. cit., párr. 106.
99
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. Vs. México. Ob. cit., párr. 100; Corte IDH. Caso
Rosendo Cantú y otra Vs. México. Ob. cit., párr. 89.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 165

Interamericana ha permitido que los derechos humanos develen lo invi-


sible “creando realidades sociales” y “profundos significados morales”100
destinados a reconocer la violencia contra la mujer.
Ahora bien, el Estado demandado no quedó satisfecho con las dos
decisiones bajo este nuevo estándar. Por ello, con posterioridad a ambas
sentencias, solicitó interpretaciones a la Corte Interamericana con el ob-
jetivo de cuestionar la prueba de la violencia sexual. Los argumentos de
México se sustentaban en que la prueba acreditada en el caso concreto
podría prejuzgar el establecimiento de la responsabilidad individual por
violencia sexual, afectando de esta manera el principio de presunción de
inocencia de los presuntos involucrados101. La Corte Interamericana res-
pondió así en su sentencia de interpretación para el caso Rosendo Cantú:

La Corte Interamericana arribó a esa conclusión con base, entre


otros, en los siguientes elementos de convicción: a) el testimonio
de la víctima; b) la presencia militar en la zona el día de los
hechos; c) las pruebas periciales oficiales del estudio de esper-
matobioscopia y de fosfata ácida; d) la valoración psicológica de
la señora Fernández Ortega; e) la declaración de la hija de la
víctima, presente el día de los hechos; f) la declaración de otros
testigos que presenciaron los momentos posteriores y socorrie-
ron a la víctima después de la agresión y g) el hecho de que
después de más de ocho años de ocurrida la agresión, el Estado
no aportó evidencia que permitiera contradecir la existencia de
la violación sexual. La Corte indicó que el Estado no podía
justificarse exclusivamente con base en el desconocimiento de si
la violación había existido y su autoría, cuando ello era conse-
cuencia de sus propios errores o falencias, al destruir una prueba
que estaba bajo su custodia. Concluir lo contrario implicaría
permitir al Estado ampararse en la negligencia e inefectividad
de la investigación penal para sustraerse de su responsabilidad
por la violación del derecho reconocido en el artículo 5 de la
Convención Americana102.

100
Lemaitre, Julieta. El derecho como conjuro : fetichismo legal, violencia y movimientos sociales.
Bogotá: Siglo del Hombre Editores y Universidad de los Andes, 2009, pp. 198-199.
101
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros Vs. México. Interpretación de la Sentencia de
Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 15 de mayo de 2011. Serie
C No. 224, párrs. 14-20; Corte IDH. Caso Rosendo Cantú y Otras Vs. México. Interpretación de la
Sentencia de Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 15 de mayo
de 2011. Serie C No. 225, párrs. 14-20.
102
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros Vs. México. Interpretación de la Sentencia de
Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Ob. cit., párr. 27.
166 . Derecho en Libertad

Mientras que para el caso Fernández Ortega afirmó lo que sigue:

La Corte Interamericana arribó a esa conclusión con base, entre


otros, en los siguientes elementos de convicción: a) el testimonio
de la víctima; b) la presencia militar en la zona el día de los
hechos; c) el dictamen médico psiquiátrico realizado a la señora
Rosendo Cantú; d) la declaración de testigos que presenciaron
los momentos posteriores a la agresión; e) la información que se
desprende de determinadas exploraciones físicas de las que fue
objeto la señora Rosendo Cantú con posterioridad a la violación
sexual, y f) el hecho de que después de más de ocho años de
ocurrida la agresión, el Estado no aportó evidencia que permi-
tiera contradecir la existencia de la violación sexual. La Corte in-
dicó que el Estado no presentó ante ella avances en la investiga-
ción iniciada por las autoridades que permitieran desvirtuar los
indicios que apuntaban a la existencia de la violación sexual por
parte de militares, y advirtió que, por el contrario, la defensa del
Estado se apoyó en el desconocimiento de si la violación había
existido y su autoría, lo cual es atribuible a sus propias autori-
dades. Concluir lo contrario implicaría permitir al Estado ampa-
rarse en la negligencia e inefectividad de la investigación penal
para sustraerse de su responsabilidad por la violación del dere-
cho reconocido en el artículo 5 de la Convención Americana103.

En suma, ambos casos establecen que, en adelante, la carga de la


prueba frente a los actos de violencia sexual la tiene el Estado, el mismo
que puede aportar evidencia que desmienta tales alegaciones. En este
sentido, resulta fundamental para la defensa estatal la exhibición de in-
vestigaciones diligentes en el fuero interno sobre tales eventos.

D. La prueba de la violación sexual de una niña desaparecida en El Salvador


En Contreras y otros, la Corte Interamericana examinó su segundo
caso de menores desaparecidos en El Salvador en el marco de una serie
de operativos militares en los cuales se atacaba a la población civil con
el propósito de capturar insurgentes.
En dicho caso, Gloria Herminia Contreras, una de las niñas desa-
parecidas sobrevivientes relató que durante la “Invasión Anillo” a cargo

103
Corte IDH. Caso Rosendo Cantú y Otras Vs. México. Interpretación de la Sentencia de
Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Ob. cit., párr. 27.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 167

del batallón Atlacatl, ella fue separada de sus padres y luego secuestrada
por un agente estatal. Entre lágrimas, Gregoria Herminia declaró que
cuando tenía 10 años el militar a cargo de ella la violó con un cuchillo
para posteriormente abusarla sexualmente con tocamientos indebidos de
manera sistemática104. La víctima relató que se encontraba en un entorno
de convivencia y amenaza con su agresor y que además había informado
de estos hechos a otra persona a cargo de su cuidado, pero que ésta le
restó credibilidad a sus narraciones.
Acto seguido, la representación del Estado emitió una declaración
respecto los hechos relatados por la víctima reconociendo su responsa-
bilidad, sin cuestionar la veracidad de los hechos105.
En la sentencia, el tribunal se valió de la declaración de la víctima
para determinar la responsabilidad internacional del Estado. En palabras
de la Corte Interamericana:

[…] el Tribunal constata que Gregoria Herminia Contreras fue


sometida a varias formas de violencia física, psicológica y sexual,
incluyendo maltratos físicos, explotación laboral, humillaciones y
amenazas por parte de su agresor, quien también la violó con un
cuchillo, en circunstancias en que se hallaba en una situación de
indefensión y desvalimiento absoluto, así como sujeta a la custo-
dia, autoridad y completo control del poder del militar Molina.
Además, el Tribunal resalta que la violación sexual constituye
una experiencia sumamente traumática que puede tener severas
consecuencias y causa gran daño físico y psicológico106.

Siguiendo la línea de sus decisiones previas sobre México, la Corte


Interamericana reiteró así la importancia de la declaración de la vícti-
ma para el establecimiento de la ocurrencia de la violencia sexual. La
“brecha de género” existente en las primeras sentencias del tribunal
continuaba así cerrándose.

104
Corte IDH. XLIII Período Extraordinario de Sesiones en Panamá. Audiencia pública
del caso Contreras y otros. Vs. El Salvador del 17 de mayo de 2011. Declaración de la víctima
Gregoria Herminia Contreras. Disponible en: http://vimeo.com/album/1663770 (parte 1).
105
Corte IDH. XLIII Período Extraordinario de Sesiones en Panamá. Audiencia
pública del caso Contreras y otros. Vs. El Salvador del 17 de mayo de 2011. Declaración de la
representación del Estado por el agente Arnoldo Bernal Chávez. Disponible en: http://
vimeo.com/album/1663770 (parte 1).
106
Corte IDH. Caso Contreras y otros Vs. El Salvador. Ob. cit., párr. 100.
168 . Derecho en Libertad

E. La violencia sexual contra las mujeres maya de Río Negro


El 13 de marzo de 1982 fue un día fúnebre para María Eustaquia
Uscap Ivoy. Ese día ella fue abusada sexualmente y sus familiares fue-
ron asesinados en el marco de un ataque contra la población maya de
Pacoxom por parte de miembros del ejército de Guatemala y de las
Patrullas de Autodefensa Civil. Posteriormente, la niña María Eustaquia
fue conducida a Xococ donde fue nuevamente violada.
En su análisis del caso, la Corte Interamericana valoró las repeti-
das declaraciones de la víctima a nivel interno así como ante el propio
tribunal para dar por acreditado que ella había sido violada107. Así por
ejemplo, ante el fedatario público, María Eustaquia declaró el 15 de junio
de 2012 que: “Lo que [le] hicieron no es una mentira, eso duele[,] y [que]
por eso [se] involucr[ó] en buscar la justicia en Guatemala”108.
La CIDH no sólo alegó la violación de María Eustaquia sino que
añadió la violación de tres personas en el anonimato (las mujeres J.O.S.,
V.C., y la niña M.T.) así como de un número indefinido de mujeres. La
Corte Interamericana no analizó las particularidades de los actos de
violencia padecidos por las tres mujeres anónimas ni utilizó sus declara-
ciones para establecer el contexto de los hechos. Pese a ello, el tribunal
se valió de los hallazgos sobre violencia sexual en el conflicto armado
guatemalteco en Masacre Plan de Sánchez y en la Masacre de las Dos Erres
reconociendo esta realidad en el contexto de lo ocurrido. Además, la
Corte Interamericana valoró nuevamente los hallazgos de la CEH y el
peritaje de Rosalina Tuyuk para establecer los impactos diferenciados de
la violencia sobre el pueblo indígena maya.
A partir de ello, el tribunal consideró que en el curso de la masacre
en “Los Encuentros”, ocurrida el 14 de mayo de 1982, se cometieron actos
de violencia sexual contra las mujeres mayas.
La Corte Interamericana fue más allá de reconocer la situación de
vulnerabilidad frente a la violencia armada, puesto que se valió de una
serie de testimonios, además de los hallazgos de la CEH sobre el caso de
las Masacres del Río Negro, para acreditar que, culminado el conflicto
armado, la violencia sexual contra algunas mujeres maya bajo el control
de agentes estatales o de particulares no se detuvo. El tribunal deter-
minó así que algunas mujeres fueron violadas sexualmente y que, en el
marco sus obligaciones convencionales en el sistema interamericano, le
correspondía al Estado guatemalteco atender diligentemente las denun-

107
Corte IDH. Caso Masacres de Río Negro Vs. Guatemala. Ob. cit., párr. 77.
108
Ibídem, párr. 134.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 169

cias presentadas a lo largo de las décadas posteriores a las masacres de


Río Negro109.

F. La prueba de la violación sexual de un número indeterminado de mujeres


en El Salvador
En el caso de la Masacre de El Mozote y alrededores, la Corte Intera-
mericana se enfrentaba a un nuevo episodio sobre graves violaciones
cometidas por el batallón Atlacatl en el que se alegaba la ocurrencia de
actos de violencia sexual contra mujeres jóvenes conducidas antes de sus
ejecuciones extrajudiciales a las afueras de un caserío110.
Como medios de prueba, la Corte Interamericana recibió la de-
claración de una de las víctimas sobrevivientes de la masacre, Rufina
Amaya, que no padeció ni presenció directamente los actos de violencia
sexual y que murió antes de la remisión del caso al tribunal. Sin em-
bargo, desde la realización de la masacre en 1981, Rufina Amaya había
venido declarando en torno a los detalles de lo ocurrido.
Asimismo, la Corte Interamericana examinó la validez de varios
testimonios de los militares perpetradores suministrados por el peticio-
nario del caso, la Oficina de Tutela Legal del Arzobispado, en el informe
“Las ejecuciones masivas en el caserío El Mozote y otros sitios aledaños”111.
En el trámite del caso, la Comisión Interamericana había considerado
probada la violación sexual de un número indeterminado de víctimas
teniendo en cuenta “la naturaleza de las mismas y la falta absoluta de ac-
tividad estatal durante más de una década para investigar lo sucedido”112.
Es interesante destacar que la CIDH admitió los desafíos que pre-
sentaba la acreditación de la violencia sexual en este caso:

258. La Comisión observa las dificultades en la obtención de


prueba en un caso como el presente. A esto se suma que las
violaciones sexuales se perpetraron precisamente en el único
caserío en el cual sólo una persona logró sobrevivir la masacre.
Además, pasaron largos años desde las masacres hasta que se
diera inicio a una investigación –aproximadamente 12 años– y
cuando se dio inicio a la misma, no se contó con métodos
adecuados y sostenibles de exhumación de restos de víctimas

109
Ibídem, párrs. 226-228.
110
CIDH. Informe No. 177/10. Caso 10.720. Masacre de “El Mozote” y lugares aledaños
(El Salvador), 3 de noviembre de 2010, párr. 64.
111
CIDH. Informe No. 177/10. Caso 10.720. Ob. cit., párrs. 64 y 256.
112
Ibídem, párr. 214.
170 . Derecho en Libertad

y práctica de exámenes forenses respecto de estos temas. Ante


este panorama, la Comisión considera que en estas circunstan-
cias, las declaraciones recabadas por la Oficina de Tutela Legal
del Arzobispado constituyen la prueba, no controvertida por el
Estado mediante investigaciones serias y diligentes, de que un
grupo indeterminado de mujeres fueron violadas sexualmente en
el caserío El Mozote, el 11 de diciembre de 1981, de manera previa
a su ejecución extrajudicial113.

Este caso resulta novedoso para los estándares de prueba de la


violencia sexual: A diferencia de la mayor parte de casos “nuevos” co-
nocidos por la Corte Interamericana donde se acreditaba la ocurrencia
de violencia sexual mediante declaraciones (Penal Miguel Castro Castro,
Fernández Ortega y otros, Rosendo Cantú y otra, y Contreras y otros), las víctimas
del presente caso no podían declarar sobre las vulneraciones sexuales
que padecieron ya que habían sido ejecutadas.
¿Cómo venía configurándose el estándar probatorio de la violencia
sexual para este caso? Es importante recordar que, hasta este momento,
en los casos en los que no se habían recabado declaraciones de todas las
víctimas, la Corte Interamericana había aceptado admitir las declaracio-
nes de terceros (como en las masacres Plan de Sánchez y Dos Erres) para
acreditar la violación sexual como hecho general o los exámenes forenses
(casos Campo Algodonero y Penal Castro Castro (respecto de Juliana Marlene
Peña Olivos)) para determinar actos específicos de violencia sexual. Ade-
más, en los casos sobre violación de la libertad sexual ocurridos en con-
textos de conflicto armado, el tribunal se había valido de los hallazgos
contenidos en los informes de las “comisiones de la verdad” locales. Por
último, la Corte Interamericana ya consideraba que la falta de diligencia
por parte del Estado en la investigación de los episodios de violencia
sexual y la no obtención de evidencia relevante para contradecir los
testimonios de las víctimas (por ejemplo, la presentación de informes
médicos forenses) resultaban en desmérito del Estado, tal como se puede
apreciar en los sentencias de los casos Fernández Ortega y Rosendo Cantú.
Sin embargo, lo que diferencia el caso de la Masacre de El Mozote
de las anteriores decisiones, es que allí resultaba imposible recabar las
declaraciones de las principales víctimas pues ya todas habían fallecido
u obtener sus registros de nacimiento o defunción puesto que durante
el conflicto armado tales documentos habían sido destruidos. Por otro

113
Ibídem, párr. 258. El resaltado es nuestro.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 171

lado, la posibilidad de obtención de peritajes forenses era inexistente en


tanto el Estado salvadoreño no había investigado oportunamente los
hechos.
Asimismo, en este último caso existía un problema para la califi-
cación del contexto puesto que la Comisión de la Verdad salvadoreña
no reportó extensivamente los actos de violencia sexual de la masacre114
como sí lo habían realizado los mecanismos de justicia transicional de
Perú y de Guatemala. Sin embargo, pese a la desatención de la perspec-
tiva de género, la Comisión de la Verdad salvadoreña sí había logrado re-
velar los patrones de violencia desarrollados por los actores armados así
como por el Estado para ejercitar la violencia contra la población civil.
La Corte Interamericana encontró así que las principales fuentes
de prueba de la violencia sexual del caso se encontraban en realidad en
la declaración de Rufina Amaya, quien murió sin dar sus declaracio-
nes ante el tribunal, en las declaraciones rendidas por testigos ante la
Oficina de Tutela Legal del Arzobispado y en la ausencia misma de la
investigación estatal.
En este caso, la CIDH se vio en la necesidad de considerar la ve-
rosimilitud de las alegaciones de los hechos ante la falta de diligencia
estatal por un período de 12 años para desvirtuar las alegaciones sobre
violencia sexual existentes.
Durante el litigio, la Corte Interamericana tuvo la tarea de deter-
minar quiénes eran las víctimas de violencia sexual en los siete lugares
donde el batallón Atlacatl desplegó sus maquinarias de violencia contra
la población civil. A partir de dicha discusión, el tribunal interamerica-
no acreditó un número de víctimas indeterminado inferior al plantea-
do por la CIDH así como por los representantes de las víctimas, con
la condición de que el Estado sea flexible en la acreditación posterior
para las reparaciones115. Para acreditar la violación sexual de un número
indeterminado de mujeres, la Corte Interamericana tomó en cuenta el
reconocimiento de responsabilidad realizado por el Estado en la au-
diencia pública del caso contencioso así como el pedido de desagravio
realizado por el Presidente salvadoreño en el caso concreto116. A partir

114
Comisión de la Verdad de El Salvador. De la Locura a la Esperanza: La guerra de
los Doce Años en El Salvador: Reporte de la Comisión de la Verdad para El Salvador, Parte
IV, Casos y patrones de la violencia, Sección C: Masacres de campesinos por parte de las
Fuerzas Armadas, pp. 118-125.
115
Corte IDH. Caso Masacres de El Mozote y lugares aledaños vs. El Salvador. Ob. cit., párrs.
52-57.
116
Ibídem, párr. 77.
172 . Derecho en Libertad

de estos hechos, el tribunal ratificó las declaraciones de Rufina Amaya


y dio por probada la violación de las mujeres en un episodio concreto
de la violencia armada:

Según fue reconocido por el Estado y establecido por Tutela Le-


gal del Arzobispado en sus informes, a las mujeres más jóvenes
las llevaron a los alrededores del caserío, especialmente a los
cerros “El Chingo” y “La Cruz”, donde miembros del ejército las
violaron sexualmente previo a asesinarlas117.

A partir de este razonamiento, la Corte Interamericana declaró por


probada la violación sexual de las mujeres durante el conflicto armado
en El Salvador en un conmovedor párrafo:

Por otra parte, en base a la aceptación de hechos realizada por


el Estado, el Tribunal considera razonable otorgar valor en el
presente caso a la serie de indicios que surgen del expediente,
los cuales permiten inferir la veracidad de la perpetración de
violaciones sexuales por parte de militares en contra de mujeres
en el caserío El Mozote. Primeramente, a raíz de sus investiga-
ciones, los informes de Tutela Legal del Arzobispado indican
que, durante la conducción del operativo en El Mozote, habrían
violado a muchas mujeres jóvenes antes de matarlas, principal-
mente en los cerros “La Cruz” y “El Chingo”. Por otra parte, la
declaración de Rufina Amaya refiere que previo a las masacres
los efectivos militares se habían asentado en los cerros “La Cruz”
y “El Chingo”, lo cual se ve corroborado por los resultados de
las inspecciones judiciales en dichos lugares que demostraron la
existencia de trincheras en los mismos. Además, la señora Rufina
Amaya declaró que el 12 de diciembre de 1981 escuchó gritos de
algunas mujeres desde el cerro “El Chingo” que decían “Hay,
hay, no nos maten”. Asimismo, durante su participación en la
inspección judicial que se realizó en El Mozote indicó que, una
vez que se logró esconder tras unos matorrales, logró ver que en
la casa del señor Israel Márquez “los soldados estaban violando y
dando muertes a un grupo de mujeres”. Las exhumaciones en di-
cho sitio indicaron que los restos en su gran mayoría pertenecían
a individuos de sexo femenino. Adicionalmente, al denunciar los

117
Ibídem, párr. 93.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 173

hechos el señor Pedro Chicas señaló que “los mismos soldados,


se llevaron a las jóvenes [a los cerros] El Chingo y La Cruz, del
mismo Caserío El Mozote, en donde las violaron, asesinándolas
posteriormente”. Por otra parte, aun cuando no fue incluido en
los hechos probados del informe de fondo, según fue establecido
por Tutela Legal del Arzobispado en su informe, también ha-
brían sido cometidas violaciones sexuales en el cantón La Joya,
lo cual corresponde al Estado investigar118.

De este modo, el tribunal interamericano desenterró los hechos de


violencia sexual del olvido histórico y la duda colectiva. Luego de acre-
ditar estos hechos, el tribunal interamericano reiteró su posicionamiento
en los casos mexicanos sobre las violaciones sexuales contra las mujeres
indígenas me’phaa dictando el siguiente estándar de prueba que nueva-
mente recuerda la invisibilidad de los primeros casos que llevaron a la
impunidad frente a las alegaciones de violencia sexual:

[…] la Corte reitera que resulta evidente que la violación sexual


es un tipo particular de agresión que, en general, se caracteriza
por producirse en ausencia de otras personas más allá de la víc-
tima y el agresor o los agresores. En esta línea, el Tribunal hace
notar el contexto en el que fueron perpetradas las violaciones
sexuales reconocidas por el Estado, esto es, en el transcurso de
un operativo militar en el cual las mujeres se hallaban sujetas
al completo control del poder de agentes del Estado y en una
situación de absoluta indefensión119.

Como se puede apreciar, entre Caballero Delgado y Santana y el caso


de las Masacres de El Mozote y lugares aledaños existe un cambio bastante
radical de los criterios de apreciación de la prueba por parte de la Corte
Interamericana. Veamos ahora lo que venía ocurriendo paralelamente en
los sistemas internacionales de protección comparados. Como veremos,
somos tributarios de los estímulos jurisprudenciales y decisorios produ-
cidos bajo dichos marcos.

118
Ibídem, párr.163.
119
Corte IDH. Caso Masacres de El Mozote y lugares aledaños Vs. El Salvador. Ob. cit., párr. 164.
174 . Derecho en Libertad

III. Las reglas sobre la prueba de la violencia sexual en el contexto


de otros tribunales internacionales: Comparaciones con el sistema
interamericano

En esta sección analizaremos sucintamente las aproximaciones a la prue-


ba por parte de otros tribunales internacionales en los cuáles se han
alegado actos de violencia sexual. Haremos entonces referencia a algu-
nos pronunciamientos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, los
tribunales penales internacionales para la ex Yugoslavia y Ruanda, la
Corte Penal Internacional y la Comisión de Reclamaciones entre Eritrea
y Etiopía, que nos permitirán contextualizar las reglas de prueba en el
sistema interamericano en el marco de la feminización del derecho in-
ternacional de los derechos humanos.

1. La prueba de la violencia sexual en el sistema europeo de protección de los


derechos humanos
En el caso Aydin v. Turquía120, el Tribunal Europeo de Derechos
Humanos (en adelante, “Tribunal Europeo”) tuvo que examinar las ale-
gaciones de violación sexual de Sükran Aydin, una mujer de origen
kurdo detenida en circunstancias similares a las del caso Loayza Tamayo
y menor de edad como Valentina Rosendo Cantú. En el proceso ante
el tribunal, el Estado cuestionó la validez de las declaraciones y la con-
sistencia de las declaraciones de las víctimas121. Y de igual modo a los
casos de las violaciones sexuales en el estado de Guerrero, en Aydin v.
Turquía el médico examinador carecía de experiencia para el tratamiento
de supuestos de violencia sexual122. Así, la corte consideró que los actos
de violencia sexual fueron acreditados “más allá de toda duda razonable”
y que éstos no fueron desvirtuados consistentemente por el Estado123.
Es importante señalar que, para este caso, el Tribunal Europeo celebró
varias audiencias de determinación de los hechos para así acreditar fe-
hacientemente los actos denunciados124.

120
Aydin v. Turkey, no. 23178/94 57/1996/676/866, para. 20, ECHR 1997.
121
Ibídem, para. 21.
122
Ibídem, para. 25.
123
Ibídem, para. 73.
124
Leach, Philip, Costas Paraskeva y Gordana Uzelac. International human rights & fact-
finding: An analysis of the fact-finding missions conducted by the European Commission and Court of
Human Rights. Londres: Human Rights and Social Justice Research e Institute at London
Metropolitan University, 2009, pp. 84-85.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 175

En el caso Maslova y Nalbandov v. Rusia, el Tribunal Europeo examinó


los alegatos en torno a los episodios de violencia sexual padecidos por
Olga Maslova cuando los agentes estatales Kh., Zh., S. y M. le tomaban
una declaración125. La corte consideró que las declaraciones de la vícti-
ma así como la evidencia presentada por las autoridades a cargo de la
investigación del caso le otorgaban verosimilitud a las alegaciones sobre
violencia sexual–126 El Tribunal Europeo mantuvo la regla de la exigencia
de la suficiencia de prueba “más allá de toda duda razonable”127, pero
señaló que en condiciones de control estatal era evidente que la carga de
la prueba residía en el Estado128.
De estos casos129 puede desprenderse que el sistema europeo de
protección de los derechos humanos ha acreditado la violencia sexual
cuando ha recibido evidencia sustancial “más allá de toda duda razo-
nable”. A diferencia del sistema interamericano, el Tribunal Europeo no
ha desarrollado “reglas especiales” en materia de prueba dirigidas a la
acreditación de la violencia sexual de mujeres. Sin embargo, el Tribunal
Europeo sí ha asumido el estándar que exige al Estado desvirtuar los
hechos cuando las víctimas acrediten estos hechos. Un ejemplo es preci-
samente el caso de Olga Maslova en el que, además de la declaración de
la víctima, se presentaron rastros de células vaginales, pañuelos y ropa
de la víctima con restos de esperma, además de las declaraciones de
terceros, la ropa de uno de los perpetradores y certificados médicos130.
En este caso, sin embargo, el Tribunal Europeo no adoptó una regla de
prueba tan explícita sobre la valoración de las declaraciones de las víc-
timas al estilo de los estándares interamericanos en los casos Fernández
Ortega y Rosendo Cantú, reafirmada por casos posteriores.
A pesar de ello, debemos reconocer que en los casos mexicanos,
la declaración de la violencia sexual no fue el único instrumento de
prueba sometido a consideración. Por el contrario, las declaraciones se
complementaron con los testimonios de terceros así como con los indi-

125
Maslova and Nalbandov v. Russia, no. 839/02, paras. 14 and 31, 24 January 2008.
126
Ibídem, para. 90.
127
Ibídem, para. 99.
128
Ibídem, para. 100.
129
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha conocido otros casos sobre violencia
sexual en las sentencias X e Y v. Holanda, MC v. Bulgaria, D. P. Y J. C. v. Reino Unido, E. y otros
v. Reino Unido, Kopylov v. Rusia, Zontul v. Grecia, C.A.S y C.S. v. Rumania, D.J. v. Croacia, L.Z. v.
Rumania, I. G. v. Moldavia, entre otros. Sin embargo, no realizaremos un análisis de estos
casos puesto que en los mismos no se discuten los estándares de prueba de la violencia
sexual ante el sistema europeo.
130
Maslova and Nalbandov v. Russia, no. 839/02, para. 101, 24 January 2008.
176 . Derecho en Libertad

cios generados por la falta de prueba estatal, los peritajes en el proceso,


entre otros elementos.
Entonces, podemos diferenciar los criterios de prueba en ambos
sistemas. Para la Corte Interamericana, la declaración de las víctimas
constituye una “prueba fundamental”131 para la acreditación de la violen-
cia sexual tanto como hecho concreto como de contexto; mientras que
para el Tribunal Europeo la declaración de las víctimas es uno de tantos
medios idóneos para probar la violencia sexual pero sólo respecto de
víctimas concretas, no como hecho de contexto. Si recordamos los casos
sobre violencia sexual presentados durante los conflictos armados pe-
ruano y guatemalteco, en ellos la Corte Interamericana reconoció como
hecho de contexto que en tales escenarios ambos Estados realizaron
actos de violencia sexual.

2. La prueba de la violencia sexual en los sistemas de derecho penal interna-


cional
En la prueba de la violencia sexual como un crimen internacional
generador de responsabilidad del individuo, los tribunales penales inter-
nacionales han adoptado criterios que toman en cuenta la declaración de
las víctimas. Así, la Corte Penal Internacional viene procesando a varios
presuntos responsables de cometer actos de violencia sexual y ha adop-
tado ciertas reglas de procedimiento de la prueba que presentan simili-
tudes con las existentes en los tribunales penales internacionales para la
ex Yugoslavia y Ruanda. Sin embargo, existe un cambio sustancial en el
sistema de la Corte Penal Internacional que otorga mayores formas de
participación a las víctimas y mejores posibilidades de presentar eviden-
cia y argumentos en las diferentes fases del procedimiento.
Los tribunales penales internacionales para la ex Yugoslavia y
Ruanda establecieron en la Regla 96 el principio de la importancia de la
declaración de las víctimas para la acreditación de la violencia sexual132.
Sin embargo, la armonización de este principio con las garantías del
debido proceso también los ha obligado a contextualizar la declaración
de las víctimas con los derechos de los acusados.

131
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros. vs. México. Ob. cit., párr. 100; Corte IDH. Caso
Rosendo Cantú y otra vs. México. Ob. cit., párr. 89.
132
International Tribunal for the Prosecution of Persons Responsible for Serious
Violations of International Humanitarian Law Committed in the Territory of the Former
Yugoslavia since 1991. Rules of procedure and evidence. Rule 96: “In cases of sexual assault:
(i) no corroboration of the victim's testimony shall be required”; International Criminal
Tribunal for Rwanda. Rules of procedure and evidence. Rule 96: “Rules of Evidence in
Cases of Sexual Assault. In cases of sexual assault: (i) Notwithstanding Rule 90(C), no
corroboration of the victim’s testimony shall be required”.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 177

La Corte Penal Internacional ha recogido el criterio de que no re-


sulta necesario corroborar la prueba para los casos de violencia sexual en
la Regla 63.4: “la Sala no requerirá corroborar la prueba para demostrar
ninguno de los crímenes de la competencia de la Corte, en particular los
de violencia sexual”133. De este modo, en dicho tribunal el testimonio de
las víctimas de violencia sexual no necesitaría ser corroborado.
En varios de los procesos penales actualmente en curso, la Corte
Penal Internacional viene examinando actos de violencia sexual a gran
escala. Por ejemplo, en el procesamiento de Jean–Pierre Bemba Gombo
se han venido presentando varios testimonios sobre actos de violencia
sexual que involucraban a la totalidad de la población civil. La Corte
Penal Internacional ha sido consciente de los problemas que presenta el
recojo de los testimonios de las víctimas de actos violencia sexual come-
tidos en gran escala, por lo que les ha otorgado verosimilitud suficiente
con el fin de no dejar fuera a quien –sin decirlo explícitamente– también
es víctima de violencia sexual:

57. However, in relation to the allegation of "sexual violence", the


Chamber notes the VPRS report in which it explains that in
some instances, it is possible to infer that an applicant who refers
to "sexual violence" committed against him or her has suffered a
rape. This approach is alleged to reflect their experience in the
field, demonstrating that many victims of rape are reluctant to
discuss the crimes suffered in explicit terms in their applications.
Accordingly, the Chamber will assess the application as a whole
and provided that, from the context and the applicant's account
of the events, it can be inferred on a prima facie basis that the
applicant was a victim of rape […]134.

Por ejemplo, una de las víctimas participantes identificada como


WITNESS 22 relató los hechos de violencia sexual que padeció por par-
te de tres soldados del Movimiento Congolés de la Liberación. Luego de
pedirle dinero, seis soldados entraron a su domicilio donde tres de ellos
abusaron sexualmente de ella en turnos135 amenazándola con un arma

133
Corte Penal Internacional. Reglas de Procedimiento y Prueba de 9 de setiembre de
2002. ICC-ASP/1/3 (Sección A de la segunda parte).
134
International Criminal Court. Case No. ICC-01/05-01/08. Situation in the Central
African Republic in the case of the Prosecutor v. Jean-Pierre Bemba Gombo. Judgement of 18
November 2010 in the Trial Chamber III, para. 57.
135
International Criminal Court. Case No. ICC-01/05-01/08. Situation in the Central
African Republic in the case of the Prosecutor v. Jean-Pierre Bemba Gombo. Transcript of 30
178 . Derecho en Libertad

mientras que los demás soldados buscaban objetos de menor valor que
pillar. La Corte Penal Internacional le otorgó valor a las declaraciones de
la víctima en esta etapa del procedimiento, además de establecer condi-
ciones para el recabo de la prueba y la presentación de cuestionamientos
por parte de la defensa del procesado136. Posteriormente, la Corte Penal
Internacional recabó los testimonios de WITNESS 29 y WITNESS 68,
quienes declararon que fueron igualmente violadas por subalternos de
Bemba137 y que contrajeron el VIH producto de esa violación sexual.
Otra testigo, WITNESS 119, declaró además que dos niñas fueron vio-
ladas pública y grupalmente hasta desangrarse138.
La declaración de las víctimas es trascendental para la determina-
ción de la violencia sexual tanto en los sistemas penales internacionales
como en la Corte Interamericana: En realidad, para estos sistemas es allí
donde radica el sustrato de la determinación de la eventual responsabi-
lidad internacional. En ambos marcos, las víctimas de violencia sexual
no tienen la obligación de acreditar detalladamente los sufrimientos pa-
decidos cuando no se poseen medios de prueba idóneos –teóricamente
en poder del Estado– que complementen sus alegaciones. Además, en
ambos sistemas la acreditación de los hechos tiene como propósito im-
plementar posteriormente mecanismos de justicia transicional a favor
de las víctimas como el reconocimiento de la verdad de los hechos, el
establecimiento de la memoria histórica y la reparación integral de las
víctimas.
Asimismo, en ambos sistemas se puede acreditar la violencia sexual
como hecho de contexto: En el caso de los tribunales penales internacio-
nales, para determinar la existencia de los elementos contextuales de los
crímenes internacionales; mientras que en el caso del sistema interameri-
cano, para determinar la verdad histórica que trasciende a la resolución
del caso concreto.

November 2011. ICC-01/05-01/08-T-40-Red-ENG WT 30-11-2010 1-26, p. 19.; International


Criminal Court. Case No. ICC-01/05-01/08. Situation in the Central African Republic in
the case of the Prosecutor v. Jean-Pierre Bemba Gombo. Transcript of 1 December 2011. ICC-01/05-
01/08-T-41-Red-ENG CT2 WT 01-12-2010 1-47 NBT, p. 19
136
International Criminal Court. Case No. ICC-01/05-01/08. Situation in the Central
African Republic in the case of the Prosecutor v. Jean-Pierre Bemba Gombo. Transcript of 30
November 2011. ICC-01/05-01/08-T-40-Red-ENG WT 30-11-2010 1-26, p. 5: “In case the witness
is questioned about sexual violence, the parties should be reminded that they are deemed
to formulate their questions in the least intimidating and embarrassing manner possible
and avoid unnecessarily intrusive questions”. El resaltado es nuestro.
137
Wairaga, Wakabi. The Bemba Trial. Witness Recounts Rape by MLC Soldiers. 18 March
2011. Disponible en: http://www.bembatrial.org.
138
Ibídem.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 179

La principal diferencia de la prueba de la violencia sexual entre


los sistemas radica en los propósitos de los testimonios, ya sea para
determinar la responsabilidad internacional estatal en la Corte Interame-
ricana o la responsabilidad individual en la Corte Penal Internacional.
Por ejemplo, en el caso Fernández Ortega, la Corte Interamericana fue
categórica al señalar que la prueba de la violación sexual difiere de los
tribunales penales:

103. Como punto de partida, la Corte estima conveniente desta-


car que a efectos de la responsabilidad internacional del Estado,
el hecho de si fue uno o fueron varios los agentes estatales que
violaron sexualmente a la señora Fernández Ortega no resulta
relevante. Este Tribunal recuerda que no le corresponde deter-
minar responsabilidades individuales, cuya definición compete a
los tribunales penales internos, sino conocer los hechos traídos a
su conocimiento y calificarlos en el ejercicio de su competencia
contenciosa, según la prueba presentada por las partes139.

De este modo, si realizamos un análisis comparativo de los están-


dares de prueba en el sistema interamericano y en los tribunales penales
internacionales encontraremos que, si bien ambos le otorgan relevancia
a las declaraciones de las víctimas, cada uno lo hace en realidad con un
énfasis distinto.

3. La prueba de la violencia sexual en la Comisión de Reclamaciones de Eritrea


y Etiopía
El 12 de diciembre de 2000, bajo los auspicios de la Organización
por la Unidad Africana y las Naciones Unidas, los Estados de Etiopía y
Eritrea cesaron temporalmente sus hostilidades y adoptaron los “Acuer-
dos de Diciembre” mediante los cuales restringieron el uso de la fuerza
para la solución de disputas territoriales. De esta forma, ambos Estados
se comprometieron a respetar el derecho internacional humanitario, y a
realizar actos de investigación de los hechos que originaron en el con-
flicto armado y las violaciones cometidas durante el conflicto armado.

139
Corte IDH. Caso Fernández Ortega y otros vs. México. Ob. cit., párr. 103. El resaltado
es nuestro. Posteriormente, la Corte Interamericana señaló en el caso Vera Vera que los
criterios de prueba del sistema interamericano se diferenciaban tanto de los estándares de
prueba de los sistemas penales internos como de los internacionales. Corte IDH. Caso Vera
Vera y otra vs. Ecuador. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 19
de mayo de 2011. Serie C No. 226, párr. 93.
180 . Derecho en Libertad

Asimismo, mediante este acuerdo, ambos Estados crearon comisiones


destinadas a la delimitación de las fronteras y al examen de las violacio-
nes al derecho internacional cometidas entre ambos Estados, además de
las violaciones del derecho internacional humanitario140. Ambas comisio-
nes tuvieron como base institucional a la Corte Permanente de Arbitraje.
La Comisión de Reclamaciones tuvo así que examinar las alega-
ciones de ambos Estados sobre las violaciones al derecho internacional
humanitario de un conflicto armado que generó cientos de miles de
víctimas. Al respecto, el artículo 32.2 de las Reglas de Procedimiento de
dicha comisión141 establece que pueden desestimarse aquellas reclamacio-
nes infundadas por falta de prueba. La principal prueba aportada por
las partes consistió en declaraciones juradas142 escritas y firmadas por
nacionales de ambos Estados.
En sus laudos parciales, la Comisión de Reclamaciones estableció
que no fue alegado por las partes ni mucho menos acreditado que las
formas de violencia sexual fueran instrumentos de guerra para las par-
tes en conflicto143 a lo largo de las hostilidades en las zonas del Central
Front. La Comisión de Reclamaciones estableció, sin embargo, que los
actos de violencia sexual eran estigmatizados en los entornos cultura-
les de Eritrea y Etiopía, y que pocas veces se reportaban tales hechos.
Al parecer de la Comisión, cuando se reportan episodios de violencia
sexual “la evidencia disponible tiende a ser menos detallada y explícita
que otras ofensas no sexuales”144.
La Comisión de Reclamaciones tomó en cuenta dicho criterio para
evaluar la evidencia presentada. El organismo consideró que hacer lo
contrario llevaría a suscribir el pensamiento, actualmente en erosión, que
la violación es un daño colateral inevitable en los conflictos amados”145.
De este modo, la Comisión de Reclamaciones estableció una excepción146

140
Reed, Lucy. Mixed Private and Public Law Solutions to International Crisis. Recueil des
Cours Vol. 306. La Haya: Martinus Nihoff, 2003, pp. 373-374.
141
Eritrea-Ethiopia Claims Commission. Rules of Procedure. Disponible en:
http://www.pca-cpa.org/showpage.asp?pag_id=1151.
142
Kidane, Won. Civil liability for violations of international humanitarian law: the jurisprudence
of the Eritrea-Ethiopia Claims Commission in The Hague. En: Wisconsin International Law
Journal, Issue 1, Vol. 25, pp. 32 y 77-78.
143
Eritrea-Ethiopia Claims Commission. Partial Award Central Front Eritrea’s Claims 2, 4, 6,
7, 8 & 22 between The State of Eritrea and The Federal Democratic Republic of Ethiopia, The Hague, 28
April 2004, para. 36.
144
Ibídem, para. 39.
145
Ibídem.
146
Kidane, Won. Ob. cit., p. 75.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 181

del estándar de prueba para los actos de violencia sexual establecidos en


el artículo 33.2 de las Reglas de Procedimiento. Como señala Lucy Reed,
la Comisión de Reclamaciones consideró que la severidad de la violencia
sexual y las circunstancias evidenciarias justificaban un quantum menor
para las denuncias de violencia sexual147.
De este modo, la Comisión de Reclamaciones estableció que no
podía determinar la responsabilidad internacional por actos de violencia
sexual a través de “violaciones sexuales individuales aisladas” o de “de-
claraciones de terceros”, sino que podía encontrar evidencia convincente
de la existencia de “varias violaciones sexuales en áreas geográficas es-
pecíficas bajo circunstancias específicas”148. Así, la Comisión de Recla-
maciones consideró que en zonas de presencia militar próximas a la
población civil existió un riesgo de violencia sexual149 y que los Estados
demandados debieron haber prevenido los actos de violencia sexual en
las ciudades de Senafe e Irob Wereda. Asimismo, la Comisión de Recla-
maciones estableció que durante el período entre mayo de 2000 y febrero
de 2001, Etiopía controlaba la ciudad de Senafe donde miembros de sus
fuerzas armadas violaron a mujeres ancianas y a una niña150. Además, la
Comisión de Reclamaciones examinó que en la zona de Irob Wereda,
las fuerzas armadas de Eritrea irrumpían en los diversos domicilios para
violar a las mujeres que allí habitaban151. Por otro lado, estableció que
aunque se acreditaron actos aislados de violencia sexual en otras zonas
no se había demostrado que el Estado era internacionalmente respon-
sable por tales vulneraciones, precisamente por la ausencia de presencia
militar continua en ellas152.
La prueba de la violencia sexual de la Comisión de Reclamaciones
resulta importante de ser analizada por sus similitudes con las reglas
de prueba de la Corte Interamericana. Al igual que el tribunal intera-

147
Reed, Lucy. Assessing Civil Liability for Harms to Women during Armed Conflict: The Rulings
of the Eritrea-Ethiopia Claims Commission. En: International Criminal Law Review No. 3, Vol.
11, 2011, pp. 594-595.
148
Eritrea-Ethiopia Claims Commission. Partial Award Central Front Eritrea’s Claims 2, 4, 6,
7, 8 & 22 between The State of Eritrea and The Federal Democratic Republic of Ethiopia, Ob. cit. para.
42.
149
Barnidge, Robert. The Eritrea-Ethiopia Claims Commission: Partial Awards, Central Front.
En: Griffin's View on International and Comparative Law, Issue 1, Vol. 6, p. 15.
150
Ibídem, p.13.
151
Ibídem, p.15
152
Eritrea-Ethiopia Claims Commission. Partial Award Central Front Eritrea’s Claims 2, 4, 6,
7, 8 & 22 between The State of Eritrea and The Federal Democratic Republic of Ethiopia, Ob. cit., para.
43.
182 . Derecho en Libertad

mericano, la Comisión de Reclamaciones consideró entre sus facultades


probar si la violación sexual resultaba un hecho general de contexto. Sin
embargo, a diferencia de la Corte Interamericana en los casos de Guate-
mala y de Perú, la Comisión de Reclamaciones no llegó a considerar que
se haya probado que la violencia sexual fuera utilizada como una técnica
de guerra por las partes enfrentadas. Por ello, la Comisión de Reclama-
ciones estableció que existían algunos actos de violencia sexual que ge-
neraban la responsabilidad internacional pero que otros simplemente no.
En ambos sistemas el estándar de la prueba se centró en la decla-
ración de las víctimas, pero la Comisión de Reclamaciones necesitó de
la prueba de “varias violaciones sexuales en áreas geográficas específicas
bajo circunstancias específicas”.
Otra particularidad de la Comisión de Reclamaciones y de la Corte
Interamericana frente a los tribunales penales internacionales reside en
que en los primeros los estándares de prueba se encuentran de alguna
manera “relajados” atendiendo a la naturaleza de otorgar compensación
a las víctimas. En los tribunales penales internacionales reseñados, en
cambio, el eje rector es la determinación de la culpabilidad penal del
Estado o de los directamente responsables.
¿Qué hubiera ocurrido si se hubiese presentado el material proba-
torio de los casos Rosendo Cantú y Fernández Ortega en el marco de las
reglas de prueba de la Comisión de Reclamaciones? La Comisión de
Reclamaciones podría acreditar que las circunstancias de la violencia
sexual en Guerrero eran el resultado de la presencia militar en la zona,
las mismas que generaron una situación de vulnerabilidad similar a la
ocurrida en las ciudades de Senafe e Irob Wereda. Se hubiera podido
lograr entonces, sin mayores complicaciones, la declaración responsabi-
lidad internacional del Estado mexicano.

IV. Los retos en materia de prueba en los casos actualmente en litigio


ante la Corte Interamericana

La Corte Interamericana actualmente tiene bajo su conocimiento tres


nuevos casos contenciosos presentados por la CIDH en los que le co-
rresponderá determinar si existieron o no actos de violencia sexual.
Estos casos pondrán a prueba los estándares para la acreditación de la
violencia sexual construidos a la fecha.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 183

1. La violación sexual en contra de Gladys Carol Espinoza Gonzáles y de “J”,


Mónica Feria Tinta
Gladys Carol Espinoza González fue condenada penalmente en 1993
acusada de pertenecer al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru así
como de haber participado en el secuestro y el asesinato de varios empre-
sarios. Antes de su procesamiento y condena, Espinoza González había
sido detenida por miembros de la División de Investigación de Secues-
tros (en adelante, “DIVISE”) y de la DINCOTE. La CIDH alega, inter alia,
ante la Corte Interamericana que Espinoza Gonzáles fue violada por los
agentes estatales mientras estuvo detenida en las dependencias policiales.
Este caso guarda cierta similitud con lo ocurrido en Loayza Tamayo.
Le corresponderá a la Corte Interamericana valorar la prueba sometida
por las partes y determinar cómo se conjuga la declaración de la víctima
con los otros factores aportados ante el tribunal. Quizás la Corte Inte-
ramericana pueda valerse del informe de la CVR que recalcó que varias
mujeres bajo el control de la DINCOTE fueron víctimas de violencia
sexual como parte de la estrategia antisubversiva estatal153. Por lo pronto,
en su informe de fondo la CIDH se ha valido de la declaración de la
víctima, de las conclusiones del informe de la CVR y de una serie de pe-
ricias médicas y psiquiátricas para concluir que Espinoza González fue
víctima de repetidos actos de violación sexual por parte de los agentes
policiales que la detuvieron154.
Por otra parte, la Corte Interamericana también deberá analizar la
alegación sobre violación sexual presentada ante la CIDH por una de
las representantes de las víctimas del caso del Penal Miguel Castro Castro.
De acuerdo con la información disponible en el portal de la CIDH, “J”,
Mónica Feria Tinta, también acusada bajo el delito de terrorismo, fue so-
metida a una inspección vaginal cuando fue intervenida en su domicilio
por miembros de la policía. Frente a este nuevo alegato, los funcionarios
peruanos encargados del litigio del caso han señalado públicamente que
Feria Tinta utilizó la denuncia de violencia sexual para ser absuelta por
los tribunales internos por lo que tales vulneraciones a sus derechos
terminarían siendo declaraciones con simples propósitos retóricos155.

153
Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú. Ob. cit., pp. 308-310, 319-329, 341,
346-348 y 363-364.
154
La CIDH presentó el caso No. 11.157 (Gladys Carol Espinoza Gonzáles, Perú) ante
la Corte Interamericana el 8 de diciembre de 2011. Mayor información en torno al caso se
encuentra disponible en: http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2011/136.asp.
155
La CIDH presentó el caso No. 11.769 (J., Perú) ante la Corte Interamericana el 4 de
enero de 2012. La información del nombre real de la presunta víctima se mantuvo en reserva
184 . Derecho en Libertad

En ambos casos, la Corte Interamericana tendrá que dar por pro-


bado si el Estado peruano cometió actos de violencia sexual en el marco
de lucha contrasubversiva.

2. El nuevo “Campo Algodonero”, pero en Guatemala


El 17 de diciembre de 2001, Rosa Elvira Franco Sandoval acudió al
Ministerio Público de Guatemala para denunciar la desaparición de su
hija, María Isabel Véliz Franco, de 15 años de edad. Su denuncia no logró
salvar la vida de su hija.
De acuerdo con lo señalado por la CIDH en su informe de fondo
ante la Corte Interamericana, la posibilidad de descubrir la verdad de lo
que había ocurrido se vio afectada severamente cuando los funcionarios
a cargo de la investigación no desarrollaron mayores acciones al momen-
to de conocer la denuncia ni tampoco cuando los restos de María Isabel
fueron encontrados revelando indicios de violencia sexual. La Corte
Interamericana tendrá que examinar si cabe sostener la responsabilidad
estatal de lo ocurrido pese a la falta de identificación de los perpetra-
dores en un contexto de feminicidios generales156. ¿Será esta una nueva
oportunidad para reafirmar lo dicho en el caso del “Campo Algodonero”?

V. Consideraciones finales

Hemos dedicado varias páginas a la narración de una serie de horren-


dos episodios de violencia sexual que le han ido cambiando el rostro
a los estándares de prueba exigidos por la Corte Interamericana: Hoy
la violencia sexual no es más invisible para nuestro sistema regional de
protección.
En un camino silencioso, la Corte Interamericana (de la mano con
otros actores) ha ido transformando sus estándares de prueba tradicio-
nales sobre la materia para que las víctimas de violencia sexual no estén
obligadas, por ejemplo, a documentar sus sufrimientos más allá de la
propia narración.

hasta que la prensa peruana señaló abiertamente que se trataba en realidad de Mónica Feria
Tinta. Mayor información en torno al caso se encuentra disponible en: http://www.oas.org/
es/cidh/prensa/comunicados/2012/011.asp.
156
La CIDH presentó el caso No. 12.578 (María Isabel Véliz Franco y otros, Guatemala)
ante la Corte Interamericana el 3 de mayo de 2012. Mayor información en torno al caso se
encuentra disponible en: http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2012/060.asp.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 185

Por el contrario, los nuevos estándares establecidos por el tribunal


(especialmente desde sus sentencias en los casos del Penal Castro y Castro
y el “Campo Algodonero”) colocan la carga probatoria en el Estado exi-
giéndole una debida diligencia en las investigaciones internas sobre estos
hechos. El cumplimiento oportuno y eficiente de la obligación de debida
diligencia se presenta así como la respuesta que la Corte Interamericana
espera que los Estados presenten como estrategia de defensa cuando se
enfrentan a las alegaciones sobre violencia sexual de la CIDH o de los
representantes de las víctimas.
Desafortunadamente, la experiencia muestra que los Estados de-
mandados no suelen conducir investigaciones serias en torno a estos
acontecimientos, lo que puede explicar quizás –más allá de la falta de
un equipo competente– el resultado adverso que suelen enfrentar en este
tipo de procesos ante el tribunal interamericano.
En todo caso, bastante se ha avanzado en casi dos décadas por la
ruta del cierre de las brechas que enfrentan las mujeres víctimas de vio-
lencia sexual en sus demandas de acceso a la justicia y a la reparación.
Se va develando lo que era invisible, se va feminizando así el derecho
interamericano: Estaremos atentos a ver qué pasa con estas nuevas opor-
tunidades que enfrenta el tribunal de San José para consolidar lo avan-
zado y, si se puede, remediar de alguna forma sus errores del pasado.
186 . Derecho en Libertad

VI. Anexo

La evolución de los estándares de prueba sobre violencia sexual en


la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

Sentencia de la Corte Acreditación de la Estándar elaborado


Interamericana violencia sexual como
hecho de contexto o
como caso específico

Caballero Santana y Ninguno Si la declaración de un testigo es impre-


Delgado Vs. Colombia cisa, entonces no se podrá acreditar la
(1995) ocurrencia de actos de violencia sexual.

Si la declaración de un testigo no es
confirmada por el testimonio de terce-
ros, entonces no se podrá acreditar la
ocurrencia de actos de violencia sexual.

Loayza Tamayo Vs. Perú Ninguno En casos de violencia sexual contra mu-
(1997) jeres privadas de libertad, “dada la natu-
raleza del hecho”, la carga de la prueba
se encuentra siempre en la presunta
víctima, cuya declaración es insuficiente
inclusive si ésta es acompañada de las
declaraciones concurrentes de terceros.

Masacre Plan de Sánchez Contexto La violencia sexual puede quedar acre-


Vs. Guatemala (2004) ditada, como hecho de contexto, por el
suministro de declaraciones de testigos,
declaraciones de peritos y por el reco-
nocimiento de tales hechos a través de
mecanismos de justicia transcional.

La violencia sexual puede acreditarse


como hecho de contexto inclusive sin
alegarse la aplicación de la Convención
de Belém do Pará.
El reconocimiento de responsabilidad
internacional puede facilitar la prueba
de la violencia sexual.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 187

Penal Miguel Castro Contexto y casos Ante la falta de la declaración de la


Castro Vs. Perú (2006) específicos víctima, se puede probar la violencia
sexual mediante los reportes forenses
y la declaración de los familiares.

La Convención de Belém do Pará, los


pronunciamientos de los tribunales
penales internacionales y el Estatuto
de Roma pueden ayudar a facilitar la
prueba de la violencia sexual.

El reconocimiento de responsabilidad
internacional estatal facilita la prueba
de la violencia sexual.

El reconocimiento a nivel interno a tra-


vés de mecanismos de justicia transi-
cional facilita la prueba de la violencia
sexual.

González y otras (“Campo Contexto y casos La violencia sexual puede probarse


Algodonero”) Vs. México específicos (perpetrados por –y atribuirse al Estado- aún si ha sido
(2009) actores particulares) cometida por particulares. Para ello, la
Corte Interamericana puede valerse de
informes forenses, peritajes y pronun-
ciamientos del sistema universal, esta-
bleciendo así un contexto que confir-
me la existencia de violencia sexual.

El reconocimiento de responsabilidad
internacional facilita la prueba de la
violencia sexual.

Masacre de las Dos Erres Contexto Las declaraciones de las víctimas,


Vs. Guatemala (2009) testigos y peritos así como el reco-
nocimiento de responsabilidad inter-
nacional y la acreditación a través de
mecanismos de justicia transicional,
permiten probar la violencia sexual.

Puede alegarse como contexto la vio-


lencia sexual acreditada en otros casos
bajo el mismo criterio.
188 . Derecho en Libertad

Fernández Ortega y otros Contexto y casos No se puede exigir que las víctimas pre-
Vs. México y Rosendo específicos senten pruebas gráficas o documentales
Cantú y otra Vs. México para acreditar la ocurrencia de episo-
(2010) dios de violencia sexual.

Las declaraciones de las víctimas son


prueba fundamental de la violencia se-
xual, pese a las imprecisiones que pue-
dan existir en las narraciones.

Las declaraciones de las víctimas pue-


den reforzarse mediante los reportes
médicos, las declaraciones de peritos y
la acreditación de los hechos por una
entidad estatal. A partir de tales ele-
mentos pueden establecerse indicios en
el contexto que le otorguen verosimili-
tud a las denuncias de las víctimas.

En el caso concreto, la presencia en la


zona de personal militar permite inferir
la violencia sexual contra las víctimas.

La Convención de Belém do Pará visibili-


za la violencia sexual como un problema
de derechos humanos.

La prueba de la violencia sexual puede


valerse de la definición de los sistemas
de derecho penal internacional que no
requieren que se acredite la falta de
consentimiento de la víctima, y que to-
man en cuenta las circunstancias coerci-
tivas del caso (como la presencia militar
en la zona).

Las declaraciones de las víctimas trasla-


dan la carga de la prueba al Estado, el
cual puede contradecir tales hechos.

En caso que el Estado no contribuya con


elementos para rebatir los alegatos, el Es-
tado no podrá vencer la carga de la prue-
ba impuesta por las declaraciones de las
víctimas y los indicios en el contexto.

El reconocimiento de responsabilidad
internacional puede contribuir a la
prueba de la violencia sexual, sin embar-
go un reconocimiento parcial permite
al Estado cuestionar posteriormente la
ocurrencia de actos de violencia sexual.
Develando lo invisible: La feminización de los estándares de prueba sobre violencia sexual . 189

Contreras y otros Vs. El Caso específico La declaración de la víctima resulta


Salvador (2011) importante para acreditar la violencia
sexual.

El allanamiento estatal facilita la prueba


de la violencia sexual.

La violencia sexual puede acreditarse


inclusive sin alegarse la violación de la
Convención de Belém do Pará.

Masacres del Río Negro Contexto y casos La declaración de la víctima resulta


Vs. Guatemala específicos importante para acreditar la violencia
(2012) sexual.

El allanamiento estatal facilita la prueba


de la violencia sexual.

Las declaraciones de las víctimas,


testigos y peritos así como el
reconocimiento de responsabilidad
internacional y la acreditación a través
de mecanismos de justicia transicional,
permiten probar la violencia sexual.

Masacres de El Mozote y Contexto y número Las declaraciones de las víctimas,


alrededores vs. El Salvador indeterminado de víctimas testigos y peritos así como el
(2012) reconocimiento de responsabilidad
internacional otorgan indicios para la
prueba de la violencia sexual.

No se requiere la identificación absoluta


de las víctimas para determinar la
existencia de violencia sexual.

La falta de investigación de hechos de


violencia sexual por parte del Estado
demandado afecta las posibilidades de
su defensa frente a los alegatos sobre
dicho extremo.
190 . Derecho en Libertad

VII. Bibliografía

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