Filosofía T 2
1 La filosofía platónica
Platón, un gran pensador griego, se hizo una pregunta importante:
¿qué hace que algo sea realmente bueno, justo o bello?
En lugar de quedarse en opiniones, quería encontrar una “verdad común”,
algo que fuera accesible para todos.
Su filosofía idealista buscaba ver más allá de las apariencias y entender la
esencia de las cosas.
Para él, solo conociendo lo que realmente son la belleza, la bondad y la
justicia se podrían crear obras bellas, personas bondadosas y gobernantes
justos.
Platón vivió tiempos difíciles:
Atenas fue derrotada en la guerra del Peloponeso, vivió una dictadura con
los Treinta Tiranos y, luego, fue testigo de la injusta condena a muerte de su
maestro Sócrates.
Todo esto lo llevó a pensar que los filósofos debían gobernar o, al menos, los
gobernantes aprender filosofía.
Intentó llevar sus ideas a la práctica en Siracusa, pero las cosas salieron mal
y terminó como esclavo.
Gracias a un amigo que pagó su rescate, pudo comprar un terreno en Atenas
y fundar la Academia, el primer centro de filosofía de la historia.
Allí, se estudiaban matemáticas y el arte del diálogo, buscando formar
personas capaces de transformar la sociedad.
Para transmitir sus ideas, Platón usaba el diálogo, una técnica que aprendió
de Sócrates.
Sus escritos se agrupan en varias etapas, donde, en su madurez, presenta su
famosa teoría de las ideas en obras como La República.
Platón consideraba a las matemáticas como el mejor ejemplo de conocimiento
verdadero, ya que sus verdades no dependen de opiniones.
Con esta base, la Academia enseñaba a pensar con lógica y buscar la verdad
y la virtud, el objetivo final de su filosofía.
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2 realidad y conocimiento de la teoría de las ideas
Platón tenía una visión muy particular sobre cómo funciona la realidad.
Él creía que el mundo en el que vivimos y percibimos con los sentidos, el mundo
físico, es solo una especie de “reflejo” o “sombra” de otro mundo mucho más real
y profundo: el mundo de las ideas.
Imaginemos que en el mundo físico vemos un montón de cosas bellas, como una flor
o una pintura. Para Platón, esas cosas no son bellas por sí mismas; lo son porque de
algún modo participan de una idea más grande: la Belleza en sí misma. Es decir,
para él existía una belleza perfecta, una justicia perfecta, una bondad perfecta…
todas estas ideas puras existían en un lugar que no podemos ver ni tocar, pero al que
podemos llegar usando la razón.
Platón explicaba que el conocimiento verdadero no se logra solo observando cosas
con los sentidos. Si quieres entender algo en profundidad, tienes que tratar de “ver”
su esencia o idea en este otro mundo. Por ejemplo, un triángulo dibujado en un
papel nunca será perfecto; pero, si entendemos el concepto de triángulo (que todos
sus ángulos suman 180°, por ejemplo), estamos conectando con el triángulo ideal del
mundo de las ideas.
Para Platón, el verdadero aprendizaje es un proceso de descubrir esas ideas, esa
realidad profunda y estable, en lugar de quedarse en la superficie de lo que vemos.
Así que, conocer algo de verdad implica conocer su idea esencial, su “alma” por así
decirlo. En resumen, vivimos en un mundo de reflejos y sombras, pero la filosofía y
el pensamiento nos permiten acercarnos a la verdadera realidad, la de las ideas.
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2 Características de las ideas
Imagina que Platón está contigo y empieza a contarte su forma de ver el mundo. Según
él, existen dos realidades: la que podemos ver y tocar (el mundo físico) y otra que solo
podemos entender con la razón (el mundo de las ideas).
Para él, las ideas son algo especial, casi mágicas, porque:
Son eternas e inmutables: La idea de “justicia” o “belleza” no cambia, no se
desgasta. Siempre es la misma, como una esencia pura que está ahí, aunque nosotros
pasemos
Son objetivas y únicas: Estas ideas no dependen de lo que tú o yo pensemos; existen
por sí mismas y no son solo nuestra “opinión” de justicia o bondad.
Solo captables por la razón: No puedes ver ni tocar una idea como puedes hacerlo con
una mesa o una flor; tienes que entenderlas con la mente. Son como una verdad
universal.
Platón nos explica además que las cosas en el mundo físico intentan parecerse a estas
ideas. Y lo hacen de dos formas:
Participación: Una cosa es bella porque “participa” de la idea de belleza, y cuanto
más lo haga, más bella será
Imitación: Todo lo que vemos es una copia de una idea. Las personas, por ejemplo,
son copias de la idea de “ser humano” que intentan parecerse a esa perfección.
Así, para Platón, el verdadero mundo es el de las ideas, y las cosas que vemos y
tocamos son solo reflejos de esa realidad profunda.
La jerarquía de las ideas
1. La Idea del Bien: En la cima de esta jerarquía está la Idea del Bien. Sin ella, no
podemos entender el resto de las ideas. Es la fuente de toda belleza y verdad.
2. Ideas Perfectas: Debajo de esta idea suprema, encontramos otras ideas que son
más “perfectas” que las cosas que vemos. Por ejemplo, la idea de “belleza” que hace
que algo sea bello, o la idea de “justicia” que define lo que es justo.
3. Objetos Matemáticos y Esencias: Luego vienen las ideas matemáticas, que son
fundamentales para entender el universo. Y por último, están las esencias de las cosas,
que son los prototipos de los objetos sensibles, como un árbol o un caballo.
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2.2 El demiurgo
Ahora, Platón no se detiene aquí. Habla también del demiurgo, que es un ser
divino que organiza el mundo sensible. A diferencia de un creador que hace algo
de la nada, el demiurgo toma la materia caótica y la ordena siguiendo los
modelos de las ideas. Es como un artista que trabaja con arcilla para dar forma a
una estatua, pero siempre usando las ideas como referencia.
¿Por qué existen problemas?
Sin embargo, Platón tiene algunas preguntas complicadas sobre su teoría. Se
cuestiona cosas como:
• ¿Existen ideas para las cosas malas o feas?
• Si algo imita la idea de “ser humano”, ¿no debería haber también una idea
de esa “imitación”?
• ¿Hay una única idea para cada raza de perro, o cada variedad dentro de
esas razas?
Estos son problemas que surgen porque, a veces, parece que Platón no tiene
claro cuántas ideas realmente existen.
La conexión entre realidad y conocimiento
Para Platón, entender el mundo sensible (lo que vemos) está íntimamente ligado
a conocer el mundo de las ideas (lo que no vemos). El estudio de la realidad va
de la mano con el estudio del conocimiento. Si comprendemos cómo son las
cosas en su forma ideal, podemos explicar por qué son como son en el mundo
físico.
Así, Platón nos invita a pensar más allá de lo que vemos y a buscar la esencia
detrás de cada cosa. Su enfoque nos lleva a una reflexión profunda sobre lo que
realmente significa “conocer”.
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2.3 Teoría del conocimiento
Platón empieza diciendo que, si todo lo que vemos son objetos individuales que cambian
constantemente, sería muy difícil saber algo con certeza.
Cada persona podría percibir el mundo de manera diferente. Por ejemplo, lo que para ti es
frío, para otra persona podría ser cálido.
Él cree que, aunque los objetos cambien, hay algo en ellos que no lo hace: su esencia. Así
que, aunque una manzana puede ser roja o verde y puede estar más o menos madura, la
esencia de lo que hace que sea una manzana no cambia. Esta esencia es universal y
objetiva.
Los dos tipos de conocimiento
Conocimiento sensible:
Este es el conocimiento que obtenemos a través de nuestros sentidos. Es subjetivo y
particular.
Por ejemplo, si alguien dice que una flor es hermosa, esa opinión puede variar de una
persona a otra. Este tipo de conocimiento se llama opinión (dóxa). Aunque es válido,
Platón considera que no es fiable porque puede cambiar y no ofrece una verdad universal.
Conocimiento de las esencias:
Este conocimiento se refiere a entender las ideas o esencias universales de las cosas. Es
objetivo y constante.
Siguiendo con el ejemplo de la belleza, si alguien comprende lo que es la belleza en sí
misma —esa idea que hace que todas las cosas bellas sean bellas— su conocimiento se
considera ciencia (episteme). Esta forma de conocimiento es más valiosa para Platón
porque está relacionada con la verdad.
Grados de conocimiento
Así, Platón establece una especie de jerarquía en el conocimiento:
Opinión (dóxa): Se refiere a percepciones individuales y puede variar de persona a
persona. No ofrece una verdad sólida.
Ciencia (episteme): Se refiere al conocimiento de las esencias universales, que no
cambian. Este es el conocimiento que Platón valora más porque nos acerca a la verdad.
Platón nos enseña que, para realmente entender el mundo, debemos esforzarnos por ir más
allá de las opiniones y buscar el conocimiento verdadero
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Método del conocimiento 2.4
Platón sugiere que no podemos quedarnos solo en el conocimiento de las apariencias.
Debemos aspirar a conocer las esencias.
Para esto, presenta la alegoría de la línea, que es una manera de explicar los
distintos tipos de conocimiento:
Mundo sensible (kósmos horatos):
En este mundo están las imágenes (las copias de las cosas) y las cosas mismas.
Aquí encontramos opiniones y creencias.
Mundo inteligible (kósmos noetos):
Aquí están las ideas y las entidades matemáticas, donde reside el verdadero
A este mundo se accede a través de la razón y la reflexión.
La línea se divide en segmentos:
Imaginación: Conocimiento basado en imágenes y apariencias.
Creencia (pistis): Conocimiento directo de las cosas.
Razón discursiva (diánoia): Razonamiento sobre conceptos matemáticos.
Intelecto (noesis): Contemplación de las ideas en sí mismas.
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Platón también propone algunos métodos para ascender desde lo sensible hasta
lo inteligible:
Reminiscencia
Platón sostiene que conocer es recordar. Antes de nacer, nuestra alma
contempló las ideas, pero al nacer, olvida.
A través de preguntas y razonamientos, podemos recordar lo que ya sabemos.
Un ejemplo de esto aparece en el diálogo Menón, donde Sócrates interroga a un
esclavo sobre un problema de geometría
Aunque el esclavo no sabe nada de matemáticas, logra encontrar la respuesta
correcta. Esto muestra que el conocimiento no es algo que se nos enseña, sino
que existe en nuestra alma y solo necesitamos la guía adecuada para recordarlo.
Dialéctica
Platón usa la dialéctica como un método para llegar a la verdad a través de la
conversación y el debate.
Este método se basa en argumentar y contraargumentar para encontrar un
entendimiento común.
En este contexto, la dialéctica no es solo un intercambio de opiniones; es un
proceso sistemático que busca unificar diferentes perspectivas. A través de este
método, los participantes pueden sintetizar ideas y alcanzar una visión más
clara de la esencia de los fenómenos discutidos.
Amor
En El banquete, Platón propone que el amor nos puede guiar hacia la idea del
bien.
En lugar de amar solo el cuerpo de alguien, el amor verdadero se dirige hacia la
bondad que esa persona representa.
El viaje comienza con la atracción por la belleza física, pero a medida que uno
evoluciona, comienza a apreciar la belleza del alma y las buenas acciones. Este
amor más profundo nos lleva a aspirar a lo espiritual, buscando la justicia, la
verdad o el bien mismo. Así, el amor culmina en la comprensión de la idea
suprema del bien, algo que solo unos pocos logran alcanzar y que los prepara
para gobernar.
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Mito de la caverna
En el Libro VI del diálogo República, Platón utiliza el famoso mito de la caverna
para explicar la relación entre el ser humano y la verdad. La historia se divide en
tres partes:
La situación de los prisioneros :
Imagina a unos prisioneros encadenados en una cueva oscura. Desde que nacieron,
han estado ahí, mirando solo la pared frente a ellos. Detrás de ellos, hay un fuego
que proyecta sombras de personas y objetos que pasan. Los prisioneros escuchan
los ecos de voces, pero nunca han visto lo que los produce. Para ellos, esas sombras
son su única realidad, y no saben que hay un mundo más allá.
La liberación de un prisionero :
Un día, uno de los prisioneros logra liberarse. Confundido, empieza a mirar hacia el
fuego, y al principio, le cuesta entender que las sombras no son la verdadera
realidad. Con esfuerzo, sale de la cueva y se asoma al mundo exterior. Al principio,
le duelen los ojos con la luz del sol, pero poco a poco, comienza a distinguir los
objetos reales: árboles, flores, animales y otras personas. Al final, al mirar al sol,
comprende que es la fuente de toda luz y vida, y que gracias a él puede ver todo lo
que le rodea.
El regreso a la caverna :
Lleno de alegría por su nuevo entendimiento, el prisionero decide regresar a la
cueva para contarles a sus compañeros lo que ha descubierto. Sin embargo, al
volver, se da cuenta de que ya no puede ver como antes. Las sombras le parecen
confusas, y sus antiguos compañeros no comprenden su experiencia. Se burlan de
él, convencidos de que ha perdido la razón. Si intenta liberar a los demás, se resisten
y lo rechazan, temiendo abandonar la única realidad que conocen.
Este relato nos muestra que la realidad material es solo una apariencia y que el
verdadero conocimiento implica un ascenso hacia la verdad. Para Platón, quienes
conocen lo que es el bien son los que deben gobernar, ya que su conocimiento es
esencial para actuar con sabiduría.
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3 Antropología. Dualismo y tipos de psyché
Dualismo
Platón nos presenta una visión de la realidad que se divide en dos mundos
el sensible y el espiritual. Para él, esto es crucial para entender cómo somos como seres
humanos.
El cuerpo;nuestra prisión
Imagina que tu cuerpo es como una cárcel para tu alma.
Platón dice que el cuerpo es algo material, que pertenece a este mundo cambiante, donde
todo nace, crece y muere. Es como un barco que navega en un mar de deseos y pasiones.
Estas cosas pueden distraernos de lo que realmente importa: conocer las ideas, que son
eternas y perfectas.
Platón nos cuenta que el cuerpo trae problemas. Las guerras, la ambición por las
riquezas y las distracciones del día a día son causadas por nuestra naturaleza física.
Al final, el cuerpo puede alejarnos del tiempo que necesitamos para pensar y filosofar.
Esta idea también proviene de la religión órfica, que ve al cuerpo como una fuente de
corrupción, mientras que el alma es inmortal.
El alma;nuestro verdadero ser
Por otro lado, el alma es lo que realmente nos da vida. En griego, psyché significa
espíritu, la parte que piensa y reflexiona. Platón nos dice que el alma es inmortal y que
pertenece al mundo de las ideas, donde reside la verdad. Es la parte más noble de
nosotros, la que puede conocer y actuar de manera virtuosa.
Sin embargo, Platón también reconoce que dentro de nosotros hay partes que nos
impulsan hacia lo irracional. Para explicarlo, usa la alegoría del carro alado. Imagina un
auriga (el alma) que controla dos caballos: uno que representa los deseos y otro las
emociones. La tarea del auriga es guiar estos caballos para que lleguen a la verdad y no
se desvíen.
La misión del filósofo
Así que, en este dualismo, Platón nos dice que para entender la realidad, necesitamos
liberar nuestra alma de las limitaciones del cuerpo. La vida de un filósofo es, por tanto,
un viaje hacia el conocimiento y la verdad, donde el objetivo es ayudar a nuestras almas a
regresar a su hogar natural en el mundo de las ideas.
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3.1. El mito del carro alado
En una conversación que Platón tiene en su diálogo Fedro, nos invita a imaginar
cómo es el ser humano usando la metáfora de un carro alado.
Piensa en la inteligencia como el conductor del carro, el “hombre dentro del
hombre”. Pero no está solo en esta travesía; hay dos caballos que tiran de él.
Uno de esos caballos es blanco, noble y bien entrenado, representando nuestro
temperamento y ánimo. Este caballo se lleva bien con el conductor, siempre
dispuesto a seguir sus órdenes.
El otro caballo es negro, impulsivo y rebelde, simbolizando esos deseos irracionales
que a veces nos desbordan. Este caballo es difícil de controlar y tiende a
arrastrarnos hacia cosas menos deseables.
Las alas del carro son cruciales porque nos ayudan a elevarnos hacia el mundo de
las ideas, donde todo es hermoso, sabio y bueno. Cuando seguimos lo que nos eleva,
nuestras alas crecen.
Pero si nos dejamos llevar por lo que nos arrastra hacia abajo, por el mundo
sensible, perdemos esa altura.
En nuestro interior, estas fuerzas compiten constantemente, y Platón dice que lo
que buscamos es un equilibrio, una especie de armonía que él llama justicia. En este
sentido, la educación se convierte en un arte: aprender a gobernar nuestra propia
alma.
Platón identifica tres partes de nuestra psique, que a su vez reflejan tres tipos de
motivaciones:
Alma Racional : Esta es la parte pensante y reflexiva, ubicada en nuestra cabeza.
Es como el auriga que dirige el carro. Siempre está buscando el objetivo correcto y
reflexionando antes de actuar.
Alma Irascible : Aquí encontramos nuestros sentimientos y emociones, como la
ira o el entusiasmo. Se asienta en el pecho y es representada por el caballo blanco,
que puede dar energía y valor cuando necesitamos actuar.
Alma Concupiscible : Este es el ser de deseos e instintos, que vive en nuestro
abdomen. Es un caballo negro, siempre hambriento y capaz de nublar nuestro juicio
en busca de placeres inmediatos.
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4 Ética. Teoría de las virtudes
Para Platón, la felicidad es el bien supremo y representa la salud del alma. La virtud es
fundamental para alcanzar esa felicidad y se refiere a la excelencia en la acción
En términos éticos, se relaciona con las perfecciones propias del ser humano. Cada parte
del alma debe perfeccionarse según su función.
Las Virtudes del Alma
Virtud de la Prudencia (alma racional ):
Esta virtud se asocia con el conductor del carro, que necesita ser sabio para guiarlo
correctamente. Tener buenos caballos y un excelente carro no sirve de nada si el
conductor es inexperto. Platón plantea si la virtud se da por naturaleza o se aprende.
En el caso de la prudencia, sostiene que se origina en el autoconocimiento. La filosofía,
entonces, es un proceso de convertir el alma hacia el bien, entendiendo la naturaleza de las
cosas.
Virtud de la Valentía (alma irascible ):
El caballo blanco simboliza la valentía. Esta virtud surge cuando el alma irascible sigue los
objetivos de la razón.
La valentía se relaciona con el control del miedo, especialmente el miedo a la muerte. Un
valiente, según Platón, utiliza su temperamento como motor para cumplir sus deberes, y
esta virtud debe servir a la comunidad, no a la satisfacción personal.
Virtud de la Templanza (alma concupiscible ):
El caballo negro representa esta virtud. La templanza permite que el deseo y la pasión se
controlen para evitar el caos en nuestra vida.
Platón nos muestra que no nacemos con esta capacidad; es un aprendizaje continuo que
requiere disciplina. Con la guía de la razón, el caballo negro puede domar sus impulsos y
cultivar la templanza.
Justicia como Armonía
En esta alegoría del carro alado, la justicia es la clave que asegura que las tres partes del
alma estén en equilibrio. Platón considera la justicia como la virtud más importante
porque integra a las demás. Un ser humano justo logra que cada parte de su alma cumpla
su función sin interferir en las otras
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5 Política. La justicia, los gobernantes y el mejor orden social
En el diálogo República, Platón explora la justicia social al comparar el alma
humana con una ciudad-Estado.
Para él, la justicia no se refiere solo al bienestar de un individuo o grupo, sino al
del conjunto
Cada ciudadano tiene un papel que desempeñar, y es fundamental que todos
trabajen en armonía para el bienestar de la comunidad.
La esencia de la justicia social, según Platón, radica en que el buen gobierno
debe enfocarse en el beneficio de todos, asegurando que cada parte cumpla con
su función adecuada
Sócrates, en este contexto, afirma que las leyes deben estar orientadas a
favorecer al conjunto y no a un solo grupo.
Esta perspectiva contrasta con la de Trasímaco, un sofista que sostiene que la
justicia es simplemente lo que beneficia al más fuerte.
Platón, a través de Sócrates, refuta esta idea al argumentar que la verdadera
justicia implica un enfoque en la educación ética y en el desarrollo de virtudes,
en lugar de solo buscar el poder.
De esta manera, la República establece un vínculo crucial entre la ética y la
política, sugiriendo que una sociedad justa se alcanza cuando los ciudadanos
colaboran y cumplen con sus roles de manera efectiva, similar a cómo las partes
de un alma justa se coordinan para lograr la verdadera felicidad.