El ESTUDIO DEL LENGUAJE
A. Gramáticos vs. Lingüistas
1. Gramática tradicional
Tradicionalmente, se han estudiado la lingüística y la gramática desde dos
puntos de vista: tradicional y estructural y, desde hace unos años, ha aparecido
una tercera tendencia: la generativa. Utilizar una escuela u otra depende
simplemente del punto de vista y del marco teórico.
En cualquier caso, debemos tener claro que gramático y lingüista no hacen
referencia a lo mismo. La lingüística nace en el siglo XX, pero, anteriormente, ya se
estudiaba el lenguaje de una manera más bien gramatical, por lo que hablaremos
de “gramática tradicional” en lugar de “lingüística tradicional”, aunque
técnicamente podamos utilizarlo indistintamente. Lo que marca la diferencia entre
gramático y lingüista es que se realiza un estudio científico, pero esto no significa
que toda previa reflexión sobre la lengua se vaya a acabar cuando comienza la
ciencia lingüística.
El origen de la gramática tradicional se encuentra en el siglo IV a.C. en la
antigua Atenas, cuando aparece, por primera vez, el interés por el lenguaje. Ese
término es usado con frecuencia para hacer referencia a toda la variedad de
métodos y actitudes pertenecientes al periodo del estudio gramatical anterior a la
aparición de la ciencia lingüística.
Esta corriente tiene más de 2 000 años de antigüedad e incluye el trabajo de los
gramáticos griegos y latinos, los escritores del Renacimiento, o los gramáticos
prescriptivistas del siglo XVIII, pero llega hasta nuestros días. Es difícil generalizar
sobre una variedad tan extensa de planteamientos, pero los lingüistas suelen usar
el término en forma peyorativa, identificando con él un enfoque no científico del
estudio gramatical, en el que todas las lenguas se analizaban según las bases del
griego o del latín, prestando escasa consideración a los datos empíricos. No
obstante, muchas de las nociones básicas de los enfoques modernos se pueden
encontrar en estos escritos y, actualmente, hay interés por el estudio de la
gramática tradicional como parte de la historia de las ideas lingüísticas.
1.1.1. El nacimiento de la gramática
El interés por el estudio de la lengua surge a raíz de dos debates. En primer
lugar, se preguntan por el origen de las palabras: ¿es divino —naturalistas— o
humano —convencionalistas—? En una sociedad politeísta como la grecorromana,
era difícil pensar que, con la diversidad de lenguas (los griegos eran viajeros y
descubrieron que no todo el mundo hablaba su lengua) ya existentes, los dioses
hubieran creado todas las palabras de todas las lenguas. Así, surgió la primera
hipótesis convencionalista: son los humanos los que, al ponerse de acuerdo,
crearon el lenguaje.
En esta época, surgió la primitiva etimología para intentar explicar los orígenes
de las palabras, tratando de relacionar la fonética —onomatopeyas— con la
palabra en sí. Las teorías naturalistas decían que el dios daba un nombre a cierta
una porque era la más adecuada. En suma, las dos teorías apuntaban a la
onomatopeya, una forma de imitación directa de los sonidos que nos encontramos
en nuestra realidad, como origen del lenguaje, pero lo atribuían a diferentes
razones. Platón, naturalista, explicó el origen de Poseidón relacionando el mar
como una frontera para el movimiento terrestre, de lo que se deduce que el dios del
mar recibe su nombre de esta frontera: posidesmós (“traba para los pies”,
Sócrates).
Paralelamente, se produjo otro debate relativo a la regularidad de las lenguas:
¿es el sistema lingüístico un espejo de la realidad? ¿es la realidad caos u
orden? Hubo quienes consideraron que las lenguas eran caóticas —irregulares—,
como los anomalistas. Por ejemplo, el género y el número —y el caso en la Grecia
clásica— no es un paradigma que se repita siempre: niño frente a niña muestra esa
oposición de género; pero cerezo frente a cereza no, pues ambas significan cosas
distintas. Además, niño acaba en -o y es masculino, pero mano también y es
femenino. En suma, la lengua estaba plagada de irregularidades, lo que respalda la
idea de los anomalistas de que las lenguas son caóticas, idea anomalista pervive:
no se puede defender que exista una lengua —natural— completamente regular.
La(s) lengua(s) no es (son) un espejo perfecto de la realidad; existe el caos
en los sistemas de representación como existe caos en el mundo.
Frente a los anomalistas, los analogistas creían que las lenguas eran regulares
porque los comportamientos eran equivalentes a ciertas clases de palabras: si hay
comportamientos regulares, hay regularidad en la lengua. Esta postura es
insostenible pese a que existan patrones de regularidad y posibilidad de
agrupamiento entre las palabras (familias de palabras, derivación, composición...)
No obstante, es cierto que los analogistas forzaban demasiado estas
categorizaciones y buscaban regularidades donde no las había.
A diferencia de la otra postura de decir que un ser divino es el causante de las
palabras, este debate sigue hasta la actualidad y todo depende de si la lengua ha
de representar el mundo. Actualmente, se considera que cualquier sistema de
representación (la lengua) tiene vida propia, por lo que hay que olvidarse de los
espejos. En Atenas, no ocurría esto, por ejemplo, usaban nombres plurales para un
lugar y hay cierta falta de correspondencia. Con todo, esto no sirve para pensar que
no exista sistematización o patrones, que es lo que convierte a las lenguas en
orden.
En esta coyuntura de debates sobre la regularidad o la irregularidad de las
lenguas, se empiezan a clasificar o categorizar las palabras. Platón defiende
estructuras lingüísticas con dos partes: nombre (sujeto) y verbo (predicado);
Aristóteles añade las conjunciones y los estoicos precisan las categorías
generales de Aristóteles (nombres comunes, propios, verbos, adverbios,
conjunciones y artículos).
Por último, los alejandrinos añadieron los participios y las preposiciones como
categorías de palabras. Los adjetivos estaban dentro de la categoría de nombres,
pues tienen una íntima relación, pero se relacionaban con los adverbios, pues
detrás de la formación de estos había adjetivos. Toda la tradición gramatical
posterior no quería separarse del número 8 (latín, lenguas vulgares), lo que refleja
que hay mucho conservadurismo y poca innovación.
En la época, produjeron debate:
Distinción entre significante y significado, esta distinción es del siglo XX,
la idea de que oímos los morfemas y detrás de ellos hay un significado.
Distinción entre las voces de los verbos —activa y pasiva— y entre sus
complementos argumentales —transitivos e intransitivos—
El componente semántico de los verbos (imperativos, deseos, etc.).
Asimismo, se profundizó en el estudio de la flexión, la categoría del género,
los tiempos de los verbos…
Los griegos como buscan regularidades ven que hay verbos que deben ir con
otras cosas
Techne gramatiké
En el siglo I a.C., Dionisio de Tracia produce la primera gramática que describe
la lengua griega sin incluir la parte de sintaxis. Apolonio Díscolo, en el siglo II
d.C., sí incluye una sección para explicar la oración. Estas dos gramáticas fueron el
modelo que inspiró a los tratadistas romanos y el fundamento de las gramáticas
tradicionales de las sociedades occidentales ya en el siglo XVI, pues, hasta
entonces, las gramáticas versaban sobre las lenguas latina, griega o hebrea.
Dionisio es analogista (cree en las regularidades de la lengua) y hace su
propia clasificación, pero cuando escribe la gramática, no habla solo de las clases
de palabras, sino que su gramática nace para intentar entender el lenguaje poético,
la gramática griega nace subordinada al estudio literario. Ellos no estudian
la lengua porque sea fascinante, sino que lo que les fascina es la literatura y, para
estudiarla, nace la gramática. Esto se conoce como sello o naturaleza filológica.
Una de las principales características de las gramáticas tradicionales es lo que se
conoce como falacia universalista: los elementos que utilizaron los griegos para
describir su lengua, con leves retoques, los utilizaron los romanos para el latín y, de
ahí, a las lenguas romances modernas. Se pretende analizar sistemas lingüísticos
diferentes con las mismas herramientas porque se considera que los sistemas de
representación son iguales. De esta manera, la gramática tradicional genera
multitud de gramáticas tradicionales para lenguas distintas que se analizan de
manera similar), lo que, evidentemente, no es correcto.
Antonio de Nebrija
En 1492, Elio Antonio de Nebrija publica la primera gramática de una lengua
moderna de la historia— Gramática de la lengua castellana—, pues, hasta
entonces, todos estos textos habían estudiado solo el latín, griego y el hebreo. En el
capítulo II, el gramático explicó que el español tenía casos y que se declinaba
(la tierra, de la tierra...), lo que proviene de las gramáticas latinas. Sin embargo,
nuestro idioma no se declina. Esto ejemplifica cómo las gramáticas tradicionales
incurrían en la falacia universalista. Los lingüistas actuales no incurren en las
falacias universalistas porque explican por qué las lenguas son —sustancialmente
— iguales al demostrar patrones iguales. Los tradicionales no hicieron eso; se
limitaron a “traducir” y adaptar mínimamente las gramáticas de otra lengua. No
basta con imitar: hay que explicar la razón de esa imitación para salvar la
falacia.
La gramática tradicional estudia las expresiones representativas de un registro
culto y la manera en que hablan las élites cultas, de ahí ese afán por la obra
literaria, con sus escritores, pues son aquellos que tienen un conocimiento mayor
de la lengua.
A este respecto se observará, no solo en esta tercera parte, sino a lo largo de todo
el presente Esbozo, que las autoridades literarias no se terminan, como ocurría en
las ediciones anteriores de la gramática, en el siglo XIX, sino que incluyen a gran
cantidad de escritores del nuestro, muchos de ellos vivos, y no solo españoles, sino
también de los restantes países hispánicos. Se aspira así a recoger mejor todo 10
que es lingüísticamente español en el tiempo y en el espacio.
IGNACIO BOSQUE (2000): Esbozo de una nueva gramática de la lengua
española. Madrid: Espasa
El Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (2000)
determina que la gramática debía recoger los usos y formas de toda la comunidad
hispanohablante, en contraste con lo que sucedía anteriormente, que buscaba
“contagiar” el elitismo que analizaba. A esto se lo conoce como falacia clásica.
Su objetivo es establecer una lengua con la idea de preservar una
lengua, concepción heredada por muchos: unos hablas mejor que otros. En el
momento en que se hace esa diferencia, se crea un modelo que todos hemos de
imitar. En esta época se pensaba que, si se recogía por escrito la gramática de las
lenguas de este modelo para que todo el mundo lo imite, la lengua no cambiaría
y no se empeoraría.
En este sentido, nace la Real Academia Española (RAE) es una institución
que se creó en 1713 para velar por la pureza de la lengua española al modelo de la
gramática tradicional. Su lema, de hecho, es limpia, fija y da esplendor. Sin
embargo, la institución ha cambiado muchísimo desde entonces. El carácter
conservador con que se escribían los textos académicos anteriormente,
fundamentado en la explicación de cuestiones prosódicas, etimológicas — luego
ortográficas—, analógicas, —luego morfológicas—…, ha sido sustituido por un
sistema descriptivo y conocedor del carácter variable de las lenguas.
Sin embargo, el carácter conservador se mantiene en la norma, que
intenta resistirse a los cambios en lengua estándar que se producen por los
cambios de las reglas. Ello hará, paulatinamente, que la norma cambie y acepte —y
regule— su uso, lo que refleja el carácter normativo de la gramática
tradicional. La norma la fija la institución y, de todos modos, cambia con el paso
del tiempo.
Todas las gramáticas que se crean son muy conservadores y siempre se
utiliza el mismo tipo de descripción y estructura: letras (fonética), etimología
(ortografía), clases de palabras (morfología) y una sintaxis muy pobre. Además,
encontramos que se escriben numerosas gramáticas del latín, que era la lengua
de cultura. El propio Antonio de Nebrija tiene una gramática del latín, muy
pedagógica.
El método de estudio que sigue la gramática tradicional es la taxonomía, lo
que consiste en identificar unidades y clasificarlas. Trabajan, fundamentalmente,
con dos tipos de unidades: palabras y oraciones. Para agrupar y realizar sus
clasificaciones, utilizan criterios morfosemánticos.
El criterio morfológico atiende a la forma y es un criterio bastante fiable
(diferenciamos entre oración flexiva y no flexiva, clasificación con sentido, puesto
que la primera puede ser oración principal, mientras que la segunda es subordinada
siempre.
Los criterios semánticos o nocionales, que son los que sin duda caracterizan a
esta escuela, son criterios habitualmente incorrectos a la hora de categorizar
porque no están justificados tales criterios. Una clasificación es fiable
únicamente cuando tiene repercusión lingüística (los dos elementos se han
separado porque se comportan de manera diferente). El ejemplo de Rafael Seco
ofrece una categorización injustificada del mundo porque simplemente agrupa en
función de cómo concebimos el mundo (sustantivo concreto y abstracto). En
cambio, podremos hacer una división entre nombres propios y comunes (Ignacio
Bosque y Violeta Demonte en su Gramática descriptiva de la lengua española)
porque tienen comportamientos distintos y su estudio y clasificación está justificado
(el nombre común no puede ser sujeto por sí solo, mientras que el nombre propio
sí).
Gramática tradicional en nuestros días
Sigue relativamente vigente en nuestros días, pero la proliferación de teorías
lingüísticas en el siglo XX (estructuralismo y generativismo) y la creciente
especialización de los estudiosos del lenguaje influyen en tres sentidos
fundamentales en nuestros días:
La gramática se especializa y se va a dedicar a la morfología y a la sintaxis.
En este sentido, la fonética y la ortografía quedan relegadas a tratados
específicos sobre estos temas.
“La gramática es la disciplina que estudia sistemáticamente las clases de palabras,
las combinaciones posibles entre ellas y las relaciones entre esas expresiones y los
significados que puedan atribuírseles.
” IGNACIO BOSQUE Y VIOLETA DEMONTE (1999): Gramática descriptiva de la lengua
española. Madrid: Espas
Frente a la teoría gramatical poco articulada de épocas anteriores, las nuevas
descripciones gramaticales se benefician de los avances teóricos más
recientes: GRAMÁTICA POSTEÓRICA.
La tendencia normativa pierde poder, lo que se refleja en la pérdida del
interés preponderante por la lengua escrita. Se termina con la falacia
clásica, ya que se extraerán mayoritariamente los datos de la lengua oral y
no de la escrita: ya no son los grandes autores los que ejemplifican los textos.
Esto conllevará a la invención, en muchos casos, de los ejemplos por el
propio gramático.