La navidad
“Una festividad pagana de la Antigua Roma originó la Navidad tal y como la conocemos”
Las Saturnales, fiestas paganas celebradas por los romanos, influyeron en la creación de
la Navidad. Esta es la historia de la tradición más famosa del año.
La navidad, festividad cristiana que conmemora el nacimiento de Jesucristo,
se celebra el 25 de diciembre según el calendario gregoriano. Pero a pesar de
su origen religioso, esta fiesta es comúnmente celebrada incluso por los ateos
como una fecha dedicada a reunirse con los más allegados.
Los Evangelios de Mateo (2:1) y Lucas (2:4-7) consideran que Jesús de Nazareth
nació en un pesebre de Belén, aldea de Oriente Próximo, y que su llegada fue
anunciada por un ángel. No obstante, estos no especifican el día exacto del
nacimiento.
Eran varias las festividades que tenían lugar a finales de diciembre en
territorio romano, coexistiendo durante los inicios del Cristianismo:
celebraciones de la antigua religión romana, judías y también nórdicas,
mayoritariamente vinculadas al solsticio de invierno del hemisferio norte. El
imperio Romano era primordialmente pagano, cuando Jesús muere y quedan
sus seguidores realmente eran una minoría e incluso de forma clandestina
practicaban su fe ya que eran perseguidos y castigados.
El solsticio de invierno, variedad de rituales.
Los Mayas: Otra civilización que explicaba estos fenómenos eran los mayas,
para quienes era de gran importancia el movimiento de los astros y el
simbolismo calendárico.
En el caso del solsticio de invierno, para los mayas, tiene que ver con el inicio
de un nuevo ciclo de vida, el nacimiento del nuevo sol. Se trata de un ciclo que
implica un cambio en las cosechas y que advierte el comienzo de algo nuevo.
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Los Nórdicos: Yule, también conocido como Jul, es una festividad antigua que
marca el solsticio de invierno en el calendario nórdico. Esta celebración,
profundamente arraigada en la mitología nórdica, es un momento de gran
significado, simbolizando la oscuridad del invierno y la esperanza de días más
luminosos.
Según los registros históricos, los pueblos nórdicos observaban esta festividad
durante el solsticio de invierno, el día más corto y la noche más larga del año.
Era un momento para honrar a los dioses, especialmente a Odín, y para
propiciar un buen año venidero.
Muchas tradiciones de Yule se han integrado en las celebraciones navideñas
modernas. Por ejemplo, el árbol de Yule, una antigua costumbre de decorar un
árbol perenne, es el precursor del actual árbol de Navidad.
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Los Romanos:
Sol invictus, el culto a la deidad solar
El mismo 25 de diciembre ya era una fecha de celebración para los romanos. En
esta ocasión festejaban el Sol Invictus, un culto a la divinidad solar asociado al
nacimiento de Apolo, dios del Sol.
Este culto se desarrolló en el período mitológico romano y duró hasta la
conversión del cristianismo en la religión oficial del imperio. Sin embargo, esta
no era la única deidad solar que los romanos habían adorado.
El mismo emperador Constantino dio mucho valor a la figura del Sol Invictus, e
incluyo usó su imagen en las monedas del Imperio y decretó que los domingos
serían un día de descanso dedicado a honrarlo. Sin embargo, la llegada del
Cristianismo catalogó el culto al dios del Sol como una celebración pagana.
Distintas festividades antiguas romanas se asociaban al solsticio de invierno,
entre ellas las Brumales y también las Saturnales.
Las saturnales, un rito pagano
Durante varios siglos, antes del nacimiento del Cristianismo, la sociedad romana
era politeísta y creía en una serie de divinidades protectoras de las distintas
áreas de su vida. Para la agricultura y la cosecha se adoraba al dios Saturno, y
se celebraban unas fiestas paganas en su honor: las Saturnales.
Originalmente transcurrían entre el 17 y el 23 de diciembre coincidiendo con el
solsticio de invierno, el período más oscuro del año, cuando el Sol sale más
tarde y se pone más pronto.
“Las Saturnales, eran unas fiestas paganas que celebraban los romanos en honor
a Saturno, el dios de la agricultura y la cosecha, y que originalmente transcurrían
entre el 17 y el 23 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno.”
Las labores agrícolas finalizaban en esta época y los campesinos y los
esclavos podían permitirse aplazar el trabajo cotidiano.
Durante estas fiestas, que se prolongaban durante siete días, los romanos
visitaban a sus familiares y amigos, intercambiaban regalos y celebraban
grandes banquetes públicos. Los esclavos gozaban de una gran permisividad;
podían vestir las ropas de sus señores y ser atendidos por éstos sin recibir
ningún castigo.
¿Como se estableció el 25 de diciembre como el nacimiento de Jesús?
El emperador Constantino con el apoyo de el papa Julio I, fue el primero en
legalizar el cristianismo en el Imperio Romano por medio del “Edicto de
Milan” conocido también como La tolerancia del cristianismo, fue promulgado
en Milán en el año 313 D. C. Se establecía de esta manera la libertad de culto
en el Imperio romano, dando fin a las persecuciones dirigidas por las
autoridades contra ciertos grupos religiosos, particularmente los cristianos. Se
estableció el 25 de diciembre para la conmemoración del nacimiento de Jesús.
El término navidad proviene del latín nativitas, que significa nacimiento.
El objetivo de esta superposición era convertir a los paganos romanos a la
religión cristiana estableciendo una tradición fácilmente asimilable para ellos,
ya que sería inevitablemente relacionada con algunas de sus fiestas principales
celebradas en esas mismas fechas: las Saturnales y el Sol Invictus.
Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/origenes-navidad_6901
La respuesta que da la Biblia
El nacimiento de Jesús es un evento crucial en la historia de la humanidad que
trasciende cualquier festividad o tradición. El enfoque debería centrarse en el profundo
significado de la encarnación de Dios y su impacto en nuestra vida diaria. Más allá de la
Navidad, sus decoraciones y las discusiones sobre fechas o elementos culturales, el
nacimiento de Jesús nos presenta un acto transformador de amor y reconciliación.
1. Dios Entre Nosotros: La Encarnación en Su Máxima Expresión
La encarnación es un concepto teológico central en el cristianismo. Juan 1:14
dice: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria
como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Jesús es el Verbo
que se hace carne, Dios mismo viviendo una vida humana, limitándose a nuestra
condición y sujetándose a las mismas realidades que experimentamos. El acto
de venir al
mundo como un bebé, frágil y dependiente, es un gesto de humildad y
vulnerabilidad que rompe con cualquier noción de divinidad distante y elevada.
Dios no se queda apartado; baja y se involucra en nuestra realidad, asumiendo
nuestras experiencias y dolores.
Este acto de Dios encarnándose en Jesús es algo que resuena en toda la
Escritura. En Filipenses 2:5- 8, Pablo describe cómo Jesús, “siendo en forma de
Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se
despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”.
Este pasaje destaca cómo Jesús renunció a su lugar de gloria, eligiendo la
humanidad para salvar a la humanidad. Este acto de autolimitación y entrega es
un reflejo del carácter de Dios y su
deseo de reconciliar a la creación consigo mismo.
2. La Esperanza viva: Un nuevo comienzo
El nacimiento de Jesús marca el inicio de una esperanza que se vuelve accesible
y viva para todos. Su llegada fue anunciada como un momento de gozo y
restauración. En Lucas 2:10-11, los ángeles proclaman: “Os doy nuevas de gran
gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de
David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Este mensaje es clave para entender
el propósito del nacimiento de Jesús: traer esperanza y redención a un mundo
caído.
La encarnación de Cristo no es solo un acto de sacrificio, sino un acto de
esperanza. Jesús vino a salvar y a restaurar todo lo que estaba perdido. Esto
significa que su nacimiento es solo el comienzo de un proceso de redención
que se despliega en su vida, muerte y resurrección, ofreciendo una esperanza
inquebrantable de vida y renovación para aquellos que creen en él.
3. La transformación personal: La humanidad redimida en Jesús
Jesús no solo vino a salvar almas, sino a transformar vidas. La encarnación de
Dios en Jesús es una invitación a que nosotros también seamos reflejos de su
amor y gracia en el mundo. Como Jesús vivió en carne propia lo que significa
ser humano, podemos entender que conoce nuestras luchas y limitaciones, y
aun así nos llama a ser transformados a su imagen.
Esta transformación es descrita en Romanos 8:29, donde se nos dice que Dios
nos predestinó “para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. La
encarnación nos recuerda que podemos ser cambiados por el amor de Dios, y
que el propósito de Jesús no era solamente vivir una vida perfecta, sino
mostrarnos el camino a seguir. Su nacimiento es una señal de que nuestras vidas
también pueden ser transformadas, porque él mismo ha recorrido el camino
antes que nosotros.
4. Una celebración que trasciende “la navidad”
La encarnación de Jesús no es un evento que debe ser limitado a un día del año.
Más bien, es un recordatorio constante de que Dios está cerca, que él entiende
nuestra humanidad y que su amor y su gracia están disponibles en cada
momento. Su vida misma, desde su nacimiento hasta su resurrección, es un
llamado a vivir con un sentido de propósito, comunidad y servicio.El verdadero
significado del nacimiento de Jesús, está en su relevancia continua. Jesús no
solo vino a darnos salvación en un sentido espiritual, sino a enseñarnos cómo
vivir una vida en comunidad, con compasión, justicia y amor. Esta misión se
convierte en el eje de una vida de fe que trasciende cualquier festividad. Vivir en
el ejemplo de Cristo es reconocer que su amor y su luz están presentes siempre,
incluso en los momentos difíciles, y que nosotros también estamos llamados a
reflejar esa
luz.
CONCLUSION
El nacimiento de Jesús nos desafía a ver más allá de cualquier celebración y a
profundizar en el misterio y la maravilla de Dios haciéndose carne. Es un
recordatorio de su amor incondicional y de su deseo de acercarse a nosotros de
la manera más vulnerable y humana posible. En Jesús, Dios no solo nos observa
desde lejos; se une a nuestra historia y nos muestra un camino de esperanza y
transformación.
Más que una festividad anual, el nacimiento de Jesús es una invitación continua
a una vida plena, centrada en el amor y el propósito de Dios para nosotros. Al
vivir esta verdad, podemos reflejar el mismo amor y gracia que hemos recibido,
recordando que el verdadero significado de la Navidad no es un día, sino una
vida transformada en comunión con Dios.
La Biblia no revela la fecha en que nació Jesús, ni dice que debamos celebrar
ese acontecimiento. Una reconocida obra de consulta señala: “La celebración de
la Navidad no es un mandato divino, ni tiene su origen en el Nuevo Testamento”
(Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, de John
McClintock y James Strong).
Fuente: https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-
b%C3%ADblicas/preguntas/qu%C3%A9-dice-la-biblia-acerca-de-la-navidad/