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viernes, 3 de mayo de 2013 ——————————————————

Esparta y su ley (I de V)

Si tuviera que elegir un lema, sería éste: "Duro, puro, seguro",


—en otras palabras: inalterable. Este sería el ideal de los
fuertes, a quienes nadie abate, nada corrompe, nada hace
cambiar; de los que se puede esperar la unión con lo eterno,
porque su vida es orden y fidelidad.
(Savitri Devi, "Memorias y reflexiones").

0- ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN
2. ORÍGENES DE ESPARTA
3. PRIMER DESARROLLO DE ESPARTA
4. LICURGO Y LA REVOLUCIÓN
5. LA NUEVA ESPARTA
6. EUGENESIA Y CRIANZA
7. LA INSTRUCCIÓN DE LOS NIÑOS
8. LA INSTRUCCIÓN DE LOS ADOLESCENTES
9. LA VIDA ADULTA
10. LAS MUJERES Y EL MATRIMONIO
11. EL GOBIERNO
A) La Diarquía
B) El Eforado
C) El Senado
D) La Asamblea
E) Sobre las elecciones
F) Nomocracia: los reyes, a las órdenes de las leyes
12. SOBRE LA MENTALIDAD PAGANA, EL SENTIMIENTO RELIGIOSO ESPARTANO Y
LA SUPREMACÍA SOBRE ATENAS
13. LA POLÍTICA DE LOS ESPARTIATAS PARA CON SUS INFERIORES:
LA KRYPTEIA.
14. LA GUERRA
15. LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS COMO EJEMPLO DE HEROÍSMO
16. HISTORIA POSTERIOR DE ESPARTA
17. EL CREPÚSCULO DE ESPARTA
18. LA LECCIÓN DE ESPARTA
19. LA PERVIVENCIA DEL ARQUETIPO ESPARTIATA
20. NOTAS

1- INTRODUCCIÓN

¡Felices tiempos aquellos del pasado remoto en que un pueblo se decía a


sí mismo: "¡Yo quiero ser el amo de otros pueblos!" Y es que, hermanos,
lo mejor debe dominar y lo mejor quiere también dominar. Y allí donde se
enseñe otra cosa es porque falta lo mejor.
(F. W. Nietzsche). TEMAS

Esparta fue la primera reacción masiva contra la inevitable decadencia traída por Arte (4)
la comodidad de la civilización, y como tal, hay mucho que aprender de ella en Descendientes de los arios (4)
esta época de degradación biológica y moral inducida por la sociedad Economía (3)
tecnoindustrial. Los espartanos supieron adelantarse milimétricamente a todos los ENGLISH (1)
vicios producidos por la civilización, y haciéndolo, se colocaron en lo alto de la Esoterismo (4)
pirámide del poder de su región. Todas las actuales tradiciones militares de élite Esparta y su ley (5)
son en cierto modo herederas de lo que se llevó al cabo en Esparta, y ello nos Eugenesia (2)
señala la pervivencia de la misión espartana. Geopolítica (15)
Globalistán (3)
En este libro se han recabado datos de diversas fuentes, dando prioridad a las
Historia (5)
clásicas. El historiador y sacerdote de Apolo en el santuario de Delfos, Plutarco (46
Judeocristianismo (3)
EC-125 EC), en sus obras "Antiguas costumbres de los espartanos" y "Vida de
Otros (7)
Licurgo" nos da valiosa información acerca de la vida espartana y sobre las leyes
POLSKI (1)
espartanas, y mucho de lo que hoy sabemos acerca de Esparta es gracias a él.
PORTUGUÊS (3)
Jenofonte (430 AEC-334 AEC), historiador y filósofo que mandó a sus hijos a ser
Prehistoria (3)
educados en Esparta, es otra buena fuente de información, en su escrito
"Constitución de los Lacedemonios". Platón (427 AEC-347 AEC), en su conocida Raza (5)

"República" nos muestra su concepto de cómo ha de estar regido un estado Salud (7)
superior, enumerando muchas medidas que parecen directamente sacadas de Sudáfrica (2)
Esparta, pues en ella se inspiró.

Hoy en día nuestros adoctrinadores académicos enseñan vagamente que Esparta


era un estado militarista y brutal volcado completamente en el poder, y cuyo
sistema de educación y entrenamiento era muy duro. Nos presentan a los
espartanos, a grandes rasgos, como soldados eficientes, toscos y descerebrados, a
los que "sólo les interesaba la guerra". Esto es un reflejo deliberadamente
distorsionado de lo que realmente fueron, y se debe principalmente a lo que nos
han contado algunos atenienses decadentes, aderezado con la mala fe de quienes
manejan actualmente la información, que pretenden tergiversar la Historia para
servir a intereses económicos y de otros tipos.

Los espartanos dejaron una huella espiritual indeleble. El simple hecho de que aun
hoy en día el adjetivo "espartano" designe cualidades de dureza, severidad,
tosquedad, resistencia, estoicismo y disciplina, y que existan vocablos para
designar la atracción hacia Esparta (laconofilia, filodorismo), nos da una idea del
enorme papel que cumplió Esparta. Fue mucho más que un simple Estado: fue un
arquetipo, la máxima exponente de la doctrina guerrera. Tras la fachada perfecta
de hombres aguerridos y mujeres atléticas se escondía el pueblo más religioso,
disciplinado y ascético de toda Grecia, que cultivaba la sabiduría de un modo
discreto y lacónico, lejos del ajetreo y la chabacanería urbana que ya entonces
habían hecho su aparición.
.
Es imposible rematar esta introducción sin hacer referencias a la película "300", a
pesar de que la mayor parte del texto fue escrito bastante antes de que saliese la
película en 2007. Según se vaya leyendo, se verá que el modo de ser de los
espartanos históricos no tenía nada que ver con los personajes que nos presenta
esa película, que intenta hacernos más "digeribles" a los espartanos,
presentándonoslos de una forma más yanqui, más "simpática" para las mentes
modernas —lo cual no está del todo mal, puesto que de otro modo quizás el
mensaje no hubiese cuajado.

A otro nivel, Esparta brinda la excusa perfecta para tocar temas muy importantes.

2- ORÍGENES DE ESPARTA

Confesemos pues, sin rodeos, de qué forma ha surgido siempre en la


Tierra toda cultura superior: Unos hombres dotados de un carácter muy
cercano a la naturaleza, bárbaros en todo el sentido terrible de la
palabra, hombres de presa en posesión de una fuerza de voluntad y de
una voluntad de poder aun intactos, se lanzaron sobre razas más débiles,
más civilizadas, más pacíficas, dedicadas quizás al comercio o al pastoreo,
o sobre antiguas culturas agotadas, cuya última fuerza vital se extinguía
en brillantes fuegos artificiales en el ámbito del espíritu y de la
corrupción. La casta aristocrática fue siempre en sus inicios la casta de los
bárbaros: su supremacía no radicaba tanto en la fuerza física como en la
psíquica. Eran hombres más enteros, lo que equivale a decir "bestias más
enteras", en todos los sentidos.
(F. W. Nietzsche).

Antes de las grandes invasiones indoeuropeas, Europa se hallaba poblada por


diversos pueblos pre-indoeuropeos, algunos de los cuales tenían sociedades
avanzadas a las que nos inclinamos a considerar como relacionadas con otras
civilizaciones y sociedades fuera de Europa [1].

En un principio, la mayor parte de Grecia estaba habitada por gentes


mediterráneas que los posteriores invasores helenos llamaríanpelasgos. Hacia
2700 AEC, floreció la civilización minoica (nombrada así en memoria del legendario
rey Minos), basada en la isla mediterránea de Creta, muy influida por Babilonia y
los caldeos, claramente relacionada con los etruscos e incluso con Egipto, y
conocida por su "culto al toro" telúrico, el palacio de Cnosos, construcciones
carentes de fortificaciones y un arte abundante en espirales, curvas, serpientes,
mujeres y peces, todo lo cual coloca a esta civilización dentro de la órbita de las
culturas de carácter telúrico y enfocadas a la Madre Tierra o Magna Mater.

Alcance de la civilización minoica.

Según la mitología helénica, a medida que los primeros helenos periféricos iban
avanzando en Grecia y entrando en contacto con sus gentes, los minoicos
acabaron exigiendo, como tributo anual, 14 varones helenos jóvenes para ser
sacrificados ritualmente (la leyenda de Teseo, Ariadna, el laberinto y el minotauro
es una reminiscencia de esta época).

Éste es el aspecto que pudo haber tenido el yacimiento de Cnosos en tiempos.

Hacia 2000 AEC hubo una invasión por parte de la primera oleada helénica, que
inauguró lo que la arqueología denomina Edad de Bronce. Los helenos eran una
masa indoeuropea que, en sucesivas oleadas bastante separadas en el tiempo,
invadió Grecia por el Norte. Se trataba de un pueblo recio, más unido, marcial y
vigoroso que los pelasgos, y acabaron sometiendo aquellas tierras a pesar de ser
numéricamente inferiores a la población autóctona. Estos helenos eran los
famosos aqueos a los que se refieren Homero y las inscripciones egipcias.
Trajeron a Grecia sus dioses, sus símbolos solares (incluida la cruz gamada,
utilizada posteriormente por Esparta), los carros de guerra, el gusto por el
ámbar [2], asentamientos fortificados, un idioma indoeuropeo (el griego, que se
acabaría imponiendo a la población indígena), la sangre nórdica, el patriarcado
y sus tradiciones cazadoras-guerreras.

ENLACES EXTERNOS

infoKrisis
La gran partida
Reconstrucción del asentamiento de Micenas, principal centro aqueo. Nótese el estilo Método Ludovico
"feudal", con fortificaciones, en contraste con la falta de defensas de la pacífica Cnosos. Soul Guerrilla
Tribulaciones metapolíticas
Los aqueos se fueron asentando en Grecia, erigiéndose como casta dominante, sin
Weston Price Foundation
llegar en un principio a Creta. La primera destrucción de los palacios minoicos
(hacia 1700 AEC) fue probablemente debida a un gran terremoto del que hay
evidencias, y no a una invasión aquea. Archivo del blog

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Lágrimas de los dioses, o diamantes
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Las civilizaciones micénica y minoica, alrededor de 1800-1400 AEC. Levante (I d...
Nowa klasyfikacja rasowa (I)
Los aqueos, en fin, acabaron dando lugar a la civilización llamada micénica,
Índice del blog
centrada en la ciudad de Micenas, Argólida. En 1400, los aqueos tomaron por la
La Ruta de la Seda, el Collar de Perlas y
fuerza la isla de Creta, destruyendo los palacios y finalizando definitivamente la
la compe...
civilización minoica aunque, hasta cierto punto, acabaron adoptando algunas
Los beneficios del ayuno
formas exteriores de la misma ―cosa que hacen muchos invasores desarraigados
que pisotean a una civilización superior pero ya decadente. La Ruta de la Seda, el Collar de Perlas y
la compe...

Fueron los aqueos los que, alrededor de 1260 AEC, sitiaron y arrasaron Troya, en El arte de Boris Olshansky

una cruzada de Occidente-Oriente capaz de unir a todos los Tragedia en el Mare Nostrum ―qué
demonios pasa con...
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común. En la "Ilíada", Homero nos los describe como una banda de bárbaros de The new racial classification (I)
mentalidad y aspecto vikingos, arrasando una Troya refinada y civilizada. Tras este Crisis española y los tabúes del 15-M (III
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Los bandos durante la Guerra de Troya. En verde, la Grecia "homérica" de los aqueos. En
El arte de Vsevolod Ivanov
violeta, reinos orientales que entraban en conflicto con la creciente expansión griega hacia el
Este. El destino del mundo según los indo-
arios

Alrededor de 1200 AEC, hubo de nuevo un inmenso flujo migratorio. Infinidad de El arte de Konstantin Vasiliev

pueblos indoeuropeos se desplazaban con gran tumulto hacia el Sur y hacia el Estrogenización, leche, alcohol e iones
positivos ...
Este. Todo el mediterráneo oriental sufrió grandes convulsiones bajo los llamados
"pueblos del mar" y otras tribus indoeuropeas que invadieron Turquía, Palestina, La nueva clasificación racial (I)
Egipto y las estepas de Europa del Este, y que inauguraron la Edad de Hierro Descendientes de los arios —restos de
arqueológica en el Mediterráneo Oriental. sangre indoe...
Descendientes de los arios —restos de
En cuanto a la civilización micénica de los aqueos, también fue arrasada por una sangre indoe...
de estas invasiones. Las menciones apocalípticas que se hacen en la historia Descendientes de los arios —restos de
tradicional griega (fuego, destrucción, muerte) hicieron pensar equivocadamente a sangre indoe...

muchos historiadores en grandes terremotos o revueltas. En esta legendaria Descendientes de los arios —restos de
sangre indoe...
invasión, mucho más numerosa que la anterior, se utilizaron ya armas de hierro,
superiores a las armas de bronce de los aqueos. Los dorios, pertenecientes a dicha ¿Eran los egipcios blancos?
migración, y antepasados de los espartanos, irrumpieron en Grecia con extrema Europa Soberana presenta El arsenal
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tomaron Creta, y la civilización micénica de los aqueos desapareció abruptamente La bebida de la memoria, la fuerza
del registro arqueológico. Argólida —tierra de Micenas— nunca olvidaría esto, y universal y el ...
aunque ya con sangre doria, el Estado de Argos, junto con sus dominios, se Soldados de la bestia —los bersekers y
opondría testarudamente al poder espartano en siglos posteriores. la expansió...
Roma contra Judea, Judea contra Roma
(III) —el cri...
El anterior asentamiento de los dorios había estado en los Balcanes y en
Macedonia, donde vivían en estado bárbaro o semibárbaro, pero no habían Roma contra Judea, Judea contra Roma
(II) —las gue...
habitado siempre en esa zona, sino que acabaron allí como resultado de otra
migración procedente de aun más al Norte. La tesis más sensata es la que coloca Roma contra Judea, Judea contra Roma
(I) —las base...
el lugar de procedencia de los dorios junto a los celtas, los itálicos, los ilirios y el
resto de helenos, en las llamadas Cultura de los Túmulos y las posteriores Cultura El rostro de la Europa clásica (II)
―¿eran los rom...
de los Campos de Urnas y Cultura de Halstatt, civilizaciones proto-indoeuropeas
semibárbaras y tribales que florecían en Centroeuropa, al norte de los Alpes y al El rostro de la Europa clásica (I) ―¿eran
los grie...
sur de Escandinavia. Según el historiador griego Heródoto, los dorios tenían su
Ruedas de poder —los chakras según el
hogar más primigenio "entre las nieves". Genéticamente parece que los dorios
hinduísmo
pertenecían al linaje paterno R1b, el que predomina en Europa Occidental hoy en
Intro a la eugenesia
día.
Esparta y su ley (V de V) ―notas +
apéndice
En toda Europa, tras las invasiones, existía una pugna (primero abierta y después
más sutil) entre la mentalidad marcial de los nuevos invasores del Norte y la Esparta y su ley (IV de V)
concupiscible mentalidad nativa. El Este, Finlandia, Italia, la Península Ibérica y Esparta y su ley (III de V)
Grecia fueron ejemplos de esta pugna, y generalmente el resultado fue siempre el Esparta y su ley (II de V)
mismo: los invasores indoeuropeos se impusieron a pesar de su aplastante
Esparta y su ley (I de V)
inferioridad numérica, estableciéndose como nobleza por encima de una plebe
Nordicismo y nazismo
descendiente del pueblo aborigen sometido. En el Peloponeso, esta lucha latente
resultó en el fruto sobrehumano de Esparta, del mismo modo que, posteriormente,
la lucha entre itálicos y etruscos dio lugar a Roma.
Licencia Creative Commons
Cada época y cada lugar tienen su propia raza dominante. En aquella época y
aquel lugar, los dorios eran la raza dominante. Un aspecto físico nórdico, un alma
de hielo y fuego, una disciplina nata y una brutal vocación guerrera que les era
Este blog está bajo una licencia de Creative
natural, les distinguían de los nativos, más pacíficos y completamente volcados en Commons Reconocimiento-NoComercial-
las voluptuosidades del bajo vientre. Los dorios en particular (y entre ellos SinObraDerivada 4.0 Internacional.
concretamente los espartanos, que se mantuvieron estrictamente apartados del
resto del pueblo) conservaron sus rasgos originales durante más tiempo que el
resto de helenos: siglos después de la invasión doria, los cabellos rubios y la
estatura elevada aun eran considerados propios del ser espartano. Ello se debe a
que, como en India, la gran epopeya de la invasión ancestral permaneció durante
largo tiempo en la memoria colectiva del pueblo, y el racismo de los dorios, junto
con su obstinación en permanecer como élite selecta, dio lugar a un sistema de
separación racial que pudo conservar durante siglos las características de los
invasores originales.

El nombre de los dorios [3] proviene de Dorus, hijo de la legendaria Helena (que
fue Helena de Esparta antes de ser Helena de Troya). Los aristócratas se llamaban
heráclidas, pues decían descender, además, de Heracles, atribuyéndose así una
ascendencia divina. Divididos en tres tribus (hileos, dímanes y panfilios), los dorios
se hallaban guiados por este linaje regio, así como por oráculos —los sacerdotes
helenos, equivalentes a los druidas célticos. Para los heráclidas, la invasión de
Grecia era un mandato divino, nominalmente de Apolo "el Hiperbóreo", su dios
predilecto.

Durante los cuatro siglos posteriores, de 1200 AEC a 800 AEC, surgió una etapa
que la historiografía moderna llama "edad media griega", en la que los dorios se
erigieron en aristocracia de los aborígenes y formaron pequeños reinos "feudales"
que luchaban permanentemente unos contra otros, como gustaban de hacer los
invasores desarraigados de todas las épocas. Esta etapa fue una edad heroica,
individualista y de gloria personal, en la que los guerreros buscaban un crepúsculo
esplendoroso. Muchas batallas se decidían aun por duelo de campeones: el mejor
guerrero de un bando se enfrentaba con el mejor del otro. Esto representa la
mentalidad heroica pero insensata de la época: "los fuertes se destruyen entre sí y
los débiles continúan viviendo".

Por aquel tiempo aun no se había alcanzado en Grecia la imagen del depurado
guerrero-señor equivalente al posterior caballero medieval: los dorios seguían
siendo bárbaros. Para bien o para mal, todas las grandes civilizaciones
comenzaron así: con hordas guerreras y cazadoras, fuertemente unidas por lazos
de clan, y disciplinadas por una forma de vida militarizada. Nietzsche ya señaló la
importancia del carácter "bárbaro" en la formación de toda aristocracia. Para él,
incluso cuando semejantes invasores se establecen y forman Estados, el carácter
básico bárbaro seguía subyaciendo sutilmente en las formas de dichos Estados,
aun ascendentes.

Durante la edad media griega, en 1104 AEC, los heráclidas alcanzaron el


Peloponeso. La historia espartana explicaba bastante correctamente que los dorios
invadieron Grecia 80 años tras la destrucción de Troya y que, liderados por el rey
Aristodemo [4], conquistaron la Península. Pausanias (siglo II, no confundir con el
príncipe espartano que derrotó a los persas en la batalla de Platea), en su
"Descripción de Grecia", entra en más detalles. Nos dice que los dorios,
procedentes de una región montañosa del norte de Grecia llamada Oeta y guiados
por Hilo, un "hijo de Heracles", expulsaron del Peloponeso a los aqueos
micénicos. Sin embargo, una contraofensiva aquea los hizo retroceder. Después,
en un proceso definitivo llamado "retorno de los heráclidas", los dorios se
asentaron definitivamente en el Peloponeso prevaleciendo sobre los aqueos, y
hubo grandes disturbios en toda la península. La frase-dogma del "retorno de los
Heráclidas" era la manera que tenían los dorios de justificar la invasión del
Peloponeso: las familias nobles dorias, emparentadas lejanamente con las familias
nobles aqueas (tanto dorios como aqueos eran helenos), se presentaban para
reclamar lo que "legítimamente" les pertenecía.

El nuevo torrente de sangre indoeuropea, cortesía de los dorios, acabaría por


revitalizar a la Hélade a largo plazo, manteniéndola en la vanguardia espiritual y
física de la época, junto con Persia, India, un Egipto que ya no era lo que fue, y
China. En el Sur de la península del Peloponeso, los dorios establecieron su
principal centro, la ciudad de Esparta, también conocida por su nombre anterior,
Lacedemonia. El territorio bajo dominio de Esparta fue conocido como Laconia.

La ciudad original de Esparta o Lacedemonia no era propiamente tal, sino que se


componía de un "cluster" de cinco aldeas (Pitana, Cinosura, Mesoa, Limnas y
Amiclas, en un principio guarniciones militares) diferentes pero cercanas y unidas,
cada una con su sumo sacerdote. Los asentamientos siempre carecieron de
murallas defensivas, pues confiaban orgullosamente en la disciplina y fiereza de
sus guerreros. El rey Antacildas llegó a decir que "Los muros de Esparta son sus
jóvenes, y sus límites el hierro de sus lanzas". Sencillamente el carecer de muros
les ayudaba a mantenerse alertas y a no dejarse relajar. Hitler diría, con una
mentalidad idéntica: "Una excesiva conciencia de seguridad provoca en efecto a la
larga un relajamiento de fuerzas. ¡Creo que la mejor muralla será siempre una
pared de pechos!"

Esparta, empero, se hallaba rodeada de defensas naturales, ya que estaba situada


en el valle del río Eurotas, entre altas montañas, con la cadena montañosa del
Taigeto al Oeste y el Parnón al Este. Aun así, el carecer de murallas demuestra la
seguridad y confianza en sí mismos que tenían los espartanos, así como cierta
altivez.

En la Hélade, tres acabarían siendo las principales corrientes indoeuropeas: Por un


lado los ásperos dorios, que hablaban un rudo dialecto helénico que gustaba del
empleo de la a y la r. Por otro lado, los suaves jonios, que procedían de una
invasión helénica anterior a los dorios, vestían con ropas flotantes al estilo oriental
y hablaban un dialecto helénico más amable al oído, que empleaba mucho la i y
las [5]. Los demás pueblos de Grecia eran llamados eolios, hablaban un dialecto
que parecía una mezcla de dorio y jonio, y provenían de los antiguos aqueos
mezclados hasta cierto punto con los pelasgos y posteriormente con los invasores
dorios y jonios —por lo que en ocasiones también se les llamaba, erróneamente,
aqueos.

La distribución de los pueblos helénicos en Grecia. El cuadrado negro del Sur representa la
ciudad de Esparta. El pequeño "lago" de sangre doria que hay en la zona central es
Delfos, santuario religioso venerado en toda Grecia.

3- PRIMER DESARROLLO DE ESPARTA: LAS GUERRAS


MESENIAS

Might is right. ("La fuerza es el derecho").


(Dicho anglosajón).

Como en la vida corriente, el "genio" necesita de un estímulo, muchas


veces hasta literalmente un empujón, para llegar a iluminarse, de la
misma forma sucede en la vida de los pueblos con la "raza genial".
(Adolf Hitler, "Mi Lucha").

Durante el Siglo VIII AEC, Esparta, como el resto de pueblos de la Hélade,


constituía una pequeña ciudad-estado gobernada por una monarquía y una
oligarquía aristocrática de ascendencia dórica. Motivados por un crecimiento
demográfico y una necesidad de recursos y de poder, los espartanos miraron al
Oeste y decidieron que más allá de los montes Taigetos, en Mesenia, crearían una
nación de esclavos para servirles.

La geopolítica de Laconia no les dejaba mucha opción: se encontraban sobre un


terreno áspero y aislado, cruzado por montañas y ríos no-navegables. Laconia era
algo así como el Heartland, o región cardial, del Peloponeso: una zona inaccesible
para cualquier potencia que utilizase el mar como vector para proyectar su poder.
Por tanto, estaba bien protegida del extranjero, pero a cambio, los laconios no
podían darse al mar, ya que la costa era abrupta y sólo existía un emplazamiento
apto para establecer un puerto, en Gitión, y estaba a 43 km de la capital (a
diferencia de El Pireo, que estaba al lado de Atenas). Por tanto, no podían seguir el
ejemplo de los atenienses, que saltaban de isla en isla, colonizaban las costas y
sacaban grandes cantidades de trigo de la orilla norte del Mar Negro. Sin embargo,
el vecino reino de Mesenia tenía la llanura más fértil de la Hélade ("buena para
plantar, buena para arar" decía Tirteo; "llanura feliz", la llamaban los espartanos).
Anexionándosela, alcanzarían la autarquía alimentaria y ya no necesitarían
depender de territorios lejanos, del comercio, de los mercaderes, de islas
estratégicas, de estrechos marítimos fáciles de controlar para el enemigo o de una
flota naval. Además, no tendrían que cosmopolitizarse, como suele pasar con
todas las potencias comerciales. Esparta, pues, se estaba perfilando como una
telurocracia —una potencia geopolítica de tipo claramente continental— en
contraposición a la marítima talasocracia ateniense.

Este mapa físico de Laconia (sureste del Peloponeso) muestra la localización de la ciudad
de Esparta, en un valle situado entre altas cadenas montañosas. Se aprecia su posición
bien protegida. Al Oeste, la coordillera del Taigeto les separaba de los mesenios, y al Este,
el Parnón les separaba del Egeo, donde la influencia de Atenas y Asia Menor era fuerte. La
única apertura marítima canalizaba a Esparta hacia el Sur, concretamente hacia la isla de
Creta, que es hacia donde se dirigieron los dorios después de conquistar el Peloponeso.

Alrededor de 743 AEC, en una ocasión en la que los mesenios estaban festejando
y ofreciendo sacrificios a sus dioses, Esparta mandó a tres chicos disfrazados de
doncellas. Estos pequeños soldados, bien entrenados, portaban espadas cortas
debajo de sus túnicas, y en el despreocupado ambiente festivo no tuvieron
problemas para infiltrarse en territorio mesenio. Desde dentro, acecharon a la
multitud mesenia desarmada, y a una señal dada, comenzaron una sangrienta
carnicería en el grueso de la muchedumbre, antes de que la masa mesenia
redujese a los muchachos. Después del incidente, los varones mesenios se
agruparon enfurecidos, se armaron y marcharon sobre Laconia. En el combate que
se desató, cayó uno de los reyes de Esparta, y comenzó la Primera Guerra Mesenia
(descrita por Tirteo y por Pausanias, quien se basa a su vez en Mirón de Priene).

Tras cuatro años de guerra y una gran batalla, ningún bando se había hecho aun
con la victoria. Aquello era una resistencia sorda al estilo de la guerrilla, y
probablemente los ejércitos convencionales habían sido relativamente
desbaratados tras la primera batalla. Aun no se había adoptado la táctica de la
falange ni el equipamiento hoplítico, y las acciones más decisivas eran los golpes
de mano, las razzias y los asedios. Sin embargo, los mesenios habían sufrido
tantas pérdidas que el caudillo guerrero mesenio, Aristodemo, se retiró con sus
hombres a una fortaleza en el monte Itomé, y visitó al oráculo para pedirle
consejo en su lucha contra Esparta. El oráculo le respondió que para resistir a los
espartanos, una doncella de una antigua y respetable familia mesenia debía ser
sacrificada a los dioses. Aristodemo, que debía ser un gran patriota, no vaciló al
sacrificar a su propia hija. Cuando los espartanos oyeron esto, se apresuraron a
hacer la paz con los mesenios, pues, supersticiosos o no, otorgaban gran
importancia a este tipo de asuntos rituales.

Después de algunos años, empero, los espartanos resolvieron atacar a los


mesenios de nuevo. Hubo otra gran batalla, pero de nuevo la victoria aun no se
decantó por ninguno de los dos bandos. Y puesto que el rey mesenio había caído,
el caudillo Aristodemo pasó a reinar sobre los mesenios. Al quinto año de su
reinado, pudo expulsar de su territorio a las fuerzas espartanas. Sin embargo,
Aristodemo parecía estar bajo una sombría maldición. En un templo mesenio, un
escudo cayó de la mano de la estatua de la diosa Artemisa. La hija sacrificada de
Aristodemo se le apareció como figura etérea y le pidió que se quitase la
armadura. Él lo hizo, y ella le coronó con una corona de oro y le vistió con una
túnica blanca. Según la mentalidad de la época, todas estos augurios significaban
que la muerte de Aristodemo se avecinaba. Los hombres antiguos se tomaban
estas cosas con mucha gravedad, no se trataba de superstición, se trataba de
desentrañar los signos arquetípicos que se repetían en la Tierra como eco de lo
que sucedía en el cielo. Y, según esto, negros presagios gravitaban sobre
Aristodemo. Una densa depresión se apoderó de su mente. Comenzó a pensar que
tanto él como su nación estaban condenados a la esclavitud. Creyendo que había
sacrificado a su hija en vano, se suicidó sobre su tumba. Decían los griegos que
"aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco".

La guerra duró un total de 19 años, y fue solo tras este tiempo que los espartanos
pudieron exterminar la resistencia mesenia y arrasar la fortaleza de
Itomé. Algunos mesenios huyeron del Peloponeso, y los que permanecieron
pasaron a ser tratados con más dureza que los mismos helotas (la plebe) de
Laconia. Quedaron relegados a ser hilotas (campesinos vasallos de Esparta) en la
fértil llanura mesenia, y se les obligó también a pagar la mitad de la producción de
su tierra a sus amos espartanos.

Pero los mesenios, mucho más numerosos que los espartanos, no estaban
satisfechos con esta situación de pueblo "secundario" y sometido. Dos
generaciones después de la Primera Guerra Mesenia, surgió un osado líder
llamado Aristómenes que, apoyado por los Estados de Argos y Arcadia, predicó la
rebelión contra Esparta. A raíz de esto, en el Siglo VII AEC, comenzó la Segunda
Guerra Mesenia. Con una banda de leales seguidores, Aristómenes protagonizó
numerosas incursiones en territorio espartano, incluso arrasando dos poblaciones.
Tres veces celebró un extraño sacrificio llamado Hecatomfonía, ritual que sólo
estaba permitido ejecutar a quien había matado más de cien enemigos. Los
mesenios, por primera vez, emplearon la táctica de la falange hoplítica,
caracterizada por formaciones de orden cerrado, parapetadas tras un muro de
escudos desde el que las lanzas apuñalaban impunemente. Los espartanos aun no
habían adoptado esta forma de combate procedente de Próximo Oriente, y
sufrieron catastróficas bajas en la batalla de Hysias.

Esparta consultó entonces al oráculo de Delfos. Allí se les dijo que acudieran a
Atenas para procurarse un líder. Esto no debió de agradar a los espartanos, pues
sus relaciones con Atenas no eran buenas, y tampoco agradó a los atenienses por
el mismo motivo, pero ambos Estados respetaban las decisiones salidas de Delfos
y no se opusieron. Los atenienses, empero, actuaron con mala fe: mandaron un
maestro cojo llamado Tirteo (conocido por la posteridad como Tirteo de Esparta),
pensando que no valdría como capitán militar. Sin embargo, Tirteo era un gran
poeta. Sus cánticos de guerra inflamaron el ardor guerrero de los espartanos y
alzaron su moral. En la siguiente batalla contra los mesenios, los espartanos
marcharon ya enardecidos y en formación de falange de combate, cantando sus
canciones. Con tal impulso, derotaron a Aristómenes y a los suyos en la batalla del
Gran Foso, forzándoles a retirarse a otra fortaleza de montaña llamada Ira, a
cuyos pies se estableció un campamento espartano. Esta situación de asedio, en la
que volvieron las guerrillas con más fuerza que durante la primera guerra,
duró once años. Aristómenes a menudo conseguía romper el cerco espartano de
Ira y dirigirse hacia Laconia, sometiéndola a pillaje. Dos veces fue capturado por
los espartanos, y dos veces escapó. A la tercera vez, fue capturado junto con 50
de sus hombres, y se les paseó victoriosamente por Esparta como si de un triunfo
romano se tratase. Después fueron llevados al pie del monte Taigeto y arrojados
por un precipicio, el famoso Kaiada. Según la historia griega, sólo se salvó
Aristómenes, que sobrevivió milagrosamente a la caída y pudo salir del abismo
siguiendo a un zorro. Al poco tiempo, ya estaba en la fortaleza de Ira al frente de
sus hombres.

Pero los espartanos acabaron infiltrando a un espía en la fortaleza, y una noche,


después de que Aristómenes volviese de una de sus correrías, la fortaleza fue
traicionada. En la cruenta batalla que siguió, se dijo que Aristómenes fue herido y
que, juntando a sus hombres más valientes, rompió las líneas espartanas y escapó
a Roma, donde murió poco después. Es más que probable que este mito fuese
construido para revitalizar el orgullo mesenio: incluso dijeron 250 años más tarde
que Aristómenes fue visto en un campo de batalla combatiendo contra los
espartanos.

Los espartanos conquistaron con la lanza y la espada suficientes tierras para


mantener a todo su pueblo y a las gentes sometidas. Subyugaron a los mesenios,
vencieron a muchedumbres hostiles muchísimo más numerosas que ellos mismos
y las sometieron indiscutiblemente a su dominio. Las poblaciones mesenias
costeras se convirtieron en poblaciones periecas (una suerte de clase media
comercial y marina), y el resto del país en hilotas (plebe campesina). Abarcando
toda la mitad sur del Peloponeso, incluyendo el territorio original de Laconia y el
conquistado de Mesenia, Esparta se convirtió en el Estado más grande de toda la
Hélade con diferencia (tres veces más que el del Estado ático de Atenas, que ya es
decir). A diferencia de los demás estados helénicos, Esparta había elegido ser una
potencia terrestre y continental, de territorio compacto, en vez de dedicarse a la
marinería y a colonizar zonas ajenas a Grecia, como hicieron otros estados
helénicos en Asia Menor, Italia, el Mar Negro o África [6]. Al menos en parte, esto
se lo debió Esparta a su inmenso potencial agrícola: Mesenia era la tierra más fértil
del mundo griego con mucha diferencia, y mientras que Atenas sufría falta crónica
de grano continuamente y debía ir a las costas del Mar Negro a buscarlo, Esparta
no tuvo problemas.

Hay que pensar por un momento en cómo estos combates, terriblemente feroces y
largos, y que a punto estuvieron de hundir a la misma Esparta, pudieron influir
sobre el carácter espartano. Las guerras mesenias marcaron para siempre su
mentalidad. En última instancia, los maestros de los espartanos fueron sus propios
enemigos y las guerras que les forzaron a mantener. Ellos fueron los que
instauraron en Esparta la paranoia militarista y la preparación para el combate que
caracterizó a Esparta. Fueron los que hicieron entrar en crisis a la aristocracia
espartana y, por pura necesidad, buscar la mejor forma de prevalecer sobre sus
enemigos. Esparta jamás hubiese sido lo que llegó a ser si en el combate se
hubiese topado con un pueblo cobarde. Sostener una prolongada lucha contra
elementos de alta calidad, enemigos audaces y temibles de los cuales
enorgullecerse, despertó la fuerza espartana. Tal vez sea ésa la única "ventaja" de
las desafortunadas guerras fraticidas, tan típicas de Europa.

4- LICURGO Y LA REVOLUCIÓN

Los primeros que crearon fueron los pueblos, y sólo luego lo hicieron los
individuos: realmente, el propio individuo es más bien una creación
reciente. En un tiempo, los pueblos se impusieron una tabla del bien. El
amor que ansía mandar y el que anhela obedecer crearon conjuntamente
para sí estas tablas.
(F. W. Nietzsche).

Como se ha dicho, entre 1200 y 800, hubo 400 años de "edad "oscura" o edad
media griega. Los hombres de aquella época actuaban por gloria personal, es
decir, su conducta estaba inspirada en las gestas legendarias de antiguos héroes
individualistas. Hermanos de sangre se mataban insensatamente entre ellos en
vez de unificarse en una voluntad común, no buscando ya la gloria personal, sino
la gloria de su pueblo. Esparta misma estaba inmersa en este sistema heroico pero
fraticida, donde cada hombre transitaba su camino buscando su propia
inmortalidad. Los nobles dorios se mataban entre ellos mientras sus verdaderos
enemigos proliferaban. Esparta no era sino un reino más de los muchos que
existían en la Hélade, y además en condiciones bastante tumultuosas y caóticas.
Pero en el fin de esa edad oscura surgió una figura que presagiaba una nueva era:
Licurgo, el padre de Esparta, el portavoz de la sangre doria, el hombre que hizo de
Esparta lo que después llegaría a ser.

Volvamos a entrar en materia: tras haber sofocado la segunda rebelión mesenia


con gran dificultad, los espartanos se encontraron con el inquietante panorama de
estar al borde de la derrota, muy vulnerables, y a las riendas de una población
extranjera resentida y hostil que les superaba en cantidad de más de 10 a uno. Y
no se trataba de esclavos fáciles de someter, sino de pueblos griegos que
conservaban su identidad, su orgullo y su voluntad de poder. Todos los espartanos
sabían de sobra que los subyugados volverían a rebelarse algún día tarde o
temprano y que debían estar preparados para esa ocasión. En este ambiente
enrarecido, si Esparta pudo preservar su pureza y sobrevivir, fue gracias a
Licurgo.

No se sabe cuándo vivió Licurgo. Algunos dicen que pertenece al Siglo IX AEC —es
decir, antes de las guerras mesenias—, otros al Siglo VIII, y otros lo sitúan en el
VII. En todo caso, su extraordinaria personalidad es la del legislador ancestral,
"dador de tablas". Licurgo es medio histórico y medio legendario. Su nombre
significa "conductor de lobos". Era un veterano de las guerras mesenias, y
heráclida, pues pertenecía al linaje real de los Ágidas, siendo hijo menor del rey
Eunomo. Éste había suavizado su régimen para contentar a las multitudes, pero
las mismas multitudes se envalentonaron por ello, y cayó apuñalado con el cuchillo
de un carnicero. Heredó el reino su hijo mayor, el rey Polidectes, pero habiendo
muerto pronto, Licurgo (que era su hermano menor) le sucedió en el trono. Su
reinado duró 8 meses, pero fue tan correcto, justo y ordenado en comparación con
la anarquía anterior, que conquistó el respeto de su pueblo para siempre. Cuando
Licurgo supo que su cuñada (la anterior reina) estaba embarazada de su hermano
y difunto rey, anunció que el fruto del embarazo heredaría el trono, como era
correcto, y por tanto Licurgo pasaba a ser meramente regente.

Pero esta reina era una mujer ambiciosa que quería seguir entronizada, por lo que
le propuso a Licurgo casarse con él y deshacerse del bebé heredero del trono en
cuanto naciera, para que pudieran ser rey y reina a perpetuidad, y tras ellos, sus
propios descendientes. Licurgo se enfureció ante esta proposición y la rechazó
vehementemente en su interior. Sin embargo, como una respuesta negativa
hubiese significado que el partido de la reina se alzaría en armas, mandó
mensajeros para aceptar falsamente la proposición. Pero por otro lado, a la hora
del nacimiento del bebé, envió siervos con órdenes de que, en caso de nacer una
niña, la entregaran a su madre, y en caso de nacer un niño se lo entregaran a él.
El bebé nació varón, y le fue entregado tal y como ordenó. Durante una noche en
la que cenaba con los jefes militares espartanos, Licurgo mandó traerlo, con la
idea de hacer saber a los líderes que había ya heredero. Alzándolo con sus brazos
y sentándolo sobre el trono espartano, exclamó "¡Hombres de Esparta, he aquí un
rey nacido para nosotros!" Y puesto que el heredero aun no tenía nombre, lo
bautizó como Carilao, "alegría del pueblo". Con este gesto, Licurgo afirmaba su
lealtad al heredero y futuro rey y dejaba claro que debería ser protegido, además
de que se convirtió en su guardián y protector hasta que tuviese la edad de reinar.

Entretanto, Licurgo como regente era altamente reverenciado por su pueblo, que
admiraba su rectitud, honradez y sabiduría. La reina madre, empero, no había
perdonado su rechazo y que raptase y diese a conocer a Carilao. A base de
manipulaciones e intrigas, hizo difundir el rumor de que Licurgo conspiraba para
asesinar a su sobrino y convertirse así en rey de Esparta. Cuando este rumor llegó
a oídos de Licurgo, decidió exiliarse hasta que Carilao tuviese edad para reinar,
contraer matrimonio y dejar un heredero al trono espartano. En su exilio, Licurgo
viajó por distintos reinos estudiando sus leyes y costumbres para poder mejorar
las espartanas tras su vuelta. El primer país donde estuvo fue la isla de Creta,
asentamiento dorio heredero de Micenas y de renombrada sabiduría, donde trabó
amistad con el sabio Tales, convenciéndolo de que fuera a Esparta a ayudarle en
su propósito. Tales apareció en Esparta como un músico-poeta —una suerte de
trovador—, lanzando canciones de honor y disciplina al pueblo espartano, y
preparándolo así para lo que vendría. Los codiciosos y ambiciosos abandonaron
voluntariosamente sus deseos de riqueza y lujos materiales para unificarse en
poderosa voluntad común con su estirpe. Licurgo también visitó Jonia, donde no
sólo estudió a Homero, sino que se dijo que lo conoció personalmente (aquí es
patente que ciertas fechas no cuadran). Recopiló su obra, la escribió y luego se la
dio a conocer a su pueblo, a quien agradó mucho, iniciándose así la célebre afición
espartana por Homero. Otra notable hazaña que se le atribuyó a Licurgo es el ser
uno de los fundadores de los Juegos Olímpicos.

Licurgo hizo, además, un viaje a Egipto, donde pasó tiempo estudiando el


adiestramiento del Ejército. Le fascinaba el hecho de que en Egipto los soldados lo
fuesen durante toda su vida, ya que en las demás naciones los guerreros eran
llamados a las armas en caso de guerra, y volvían a sus trabajos anteriores en
épocas de paz. Aunque sin duda no fue éste el único propósito de su viaje a
Egipto, ya que en la época ese país era donde iban todos aquellos que buscaban
iniciación en la sabiduría antigua.

El espartano Aristócrates dice que Licurgo viajó también a España ("Iberia"), a


Libia y a India, donde conoció a los famosos sabios gimnosofistas, con los que
también se entrevistaría Alejandro Magno siglos más tarde. La escuela
gimnosofista valoraba, entre otras cosas, la desnudez a las inclemencias de la
intemperie como método para curtir la piel y hacer resistente el cuerpo y el
espíritu en general. Como veremos después, esta idea se valoró mucho en la
educación espartana.

Mientras Licurgo estaba fuera, Esparta decayó. Las leyes no eran obedecidas y no
existía fuerza ejecutiva que castigara a los infractores. Los hombres rectos
añoraban la época de la regencia de Licurgo y le rogaban: "Es verdad que tenemos
reyes que llevan las marcas y asumen los títulos de realeza, pero en cuanto a las
cualidades de sus mentes, nada los distingue de sus súbditos. Sólo tú tienes una
naturaleza hecha para mandar y un genio para ganar obediencia".

Licurgo volvió a Esparta y su primera acción fue reunir a 30 de los mayores jefes
militares para informarles de sus planes y arengarlos. Después de que estos
hombres le juraran su lealtad, les ordenó reunirse armados en la plaza del
mercado al amanecer con sus seguidores, para insuflar terror en los corazones de
aquellos que rechazaran los cambios que planeaban. Se confeccionó una lista
negra de enemigos potenciales para darles caza y eliminarlos si hiciese falta. Ese
día la plaza se abarrotó de fanáticos seguidores de Licurgo, y el efecto fue tan
impresionante que el mismo rey se acogió en el templo de Atenea, pues pensaba
que se había urdido una conspiración contra él. Pero Licurgo le envió un mensajero
para informarle de que lo único que quería era implantar nuevas leyes para
mejorar Esparta y fortalecerla. Así reconfortado, el rey salió del templo y,
dirigiéndose a la plaza, se unió al partido de Licurgo. Con Licurgo, los dos reyes y
los 30 líderes militares, dicho partido contaba con 33 miembros.

Mas, aun con el apoyo del rey, lo que había hecho Licurgo era claramente un golpe
de estado, una conquista del poder, una imposición de su voluntad: una
revolución. Había unido a su pueblo, inculcándole el sentimiento de cohesión que
debe caracterizar a toda gran alianza: "la Especie lo es todo, el individuo nada". O
como diría Hitler a sus seguidores: "tú no eres nada; tu pueblo lo es todo".

Tras haber elaborado sus leyes y hecho jurar a los reyes que las respetarían,
informó que viajaría al santuario de Delfos (centro religioso más importante de la
Hélade, considerado "ombligo del mundo") en busca del consejo de Apolo, para
ratificar su decisión. Cerca de Delfos, había a las laderas del monte Parnaso un
santuario dedicado a este dios, que se decía había matado allí a la serpiente Pitón
(un ídolo telúrico relacionado con los pueblos pre-indoeuropeos). Existía allí toda
una escuela iniciática, los llamados misterios de Delfos. Estos misterios fueron una
venerable institución, doria hasta la médula, a la que acudían personajes notables
de toda la Hélade en busca de consejo, iniciación y sabiduría. Se trataba de un
emplazamiento altamente estratégico: desde el mar, el santuario domina las
alturas y parece echarse encima del navegante, y desde Delfos, se ve nítidamente
todo lo que entra y sale del Golfo de Corinto. El santuario venía a decir: "aquí
estamos los griegos, dominamos el tráfico naval y el comercio que éste trae, y
estamos vigilantes". En el templo de Apolo había una sibila o pitia, sacerdotisa
virgen que se creía poseía un vínculo especial con dicho dios y, como él, dones de
videncia que la hacían capaz de ver el futuro y realizar profecías. Tras recibir a
Licurgo, la Sibila lo calificó de "más dios que hombre", afirmó que era un elegido
de los dioses, anunció que sus leyes eran buenas y bendijo sus planes para
establecer la constitución espartana, pues haría de Esparta el reino más famoso
del mundo.

Esta reconstrucción moderna recrea el aspecto que debió presentar el santuario de Delfos
en la antigüedad. Desde él, se dominaba ventajosamente la entrada al golfo de Corinto. El
camino al complejo está sembrado de placas pétreas que las ciudades-estado griegas
donaban al oráculo. Las placas están adornadas con elaborados escritos y largas
dedicatorias, salvo en el caso de la placa espartana, que reza: "Al oráculo de Delfos, de
Esparta".

Con la bendición de la sacerdotisa, Licurgo estableció la constitución espartana (la


Gran Retra) y sus leyes tan duras y severas, leyes de tradición oral que prohibió
escribir, para que cada individuo las asimilara en su alma a lo largo de años de
entrenamiento, práctica e interiorización que lo harían portador de tales leyes a
dondequiera que fuese y en cualquier situación. Su intención no era crear un
sistema mecánico, cuadriculado, rígido y frío, sino una rueda viva, flexible y
adaptable cuya ley fuera, no sólo el sentido común y la lógica, sino también su
intuición e instinto ancestral.

Por aquel entonces Esparta estaba rodeada de vecinos hostiles difíciles de repeler
y poseía sólo unos nueve mil hombres no-militarizados para actuar en caso de
guerra o crisis. Licurgo previó que si cada uno de ellos era seleccionado y
entrenado duramente en las artes de la guerra desde la infancia, lograrían triunfar
sobre sus adversarios aunque éstos fuesen superiores en número. A lo largo de
generaciones, el pueblo espartano se endurecería tanto que no tendría enemigos
que temer, y su fama se extendería por los cuatro puntos cardinales. Desde
entonces, los varones espartanos se convirtieron en algo más que guerreros. Se
convirtieron en luchadores de propósito, con una misión de por vida, empeñados
en cuerpo y alma, sacrificados enteramente en honor de su Patria. Se convirtieron,
pues, en soldados —tal vez los primeros de Europa.

Licurgo no pretendía precisamente instaurar una especie de democracia. En una


ocasión un hombre hizo ante él un elogio de la misma, dando un encendido
discurso. Licurgo, tras haber escuchado todo el discurso en silencio, le respondió:
"Excelente, ahora ve y da ejemplo instaurando una democracia en tu
casa". Hemos de tener en cuenta que incluso en aquellas antiguas "democracias"
griegas sólo votaban los ciudadanos, esto es, varones de sangre helénica pura que
hubiesen alcanzado la mayoría de edad. No tenían, pues, nada que ver con la idea
moderna. A pesar de esto, no faltan los embaucadores que nos intentan vender
incluso que Esparta era una especie de sistema comunista, sólo porque el Estado
estaba omnipresente y porque los espartiatas sabían compartir ―entre ellos.

La revolución de Licurgo no fue totalmente pacífica. El pueblo espartano pronto vio


que las leyes eran extremadamente duras incluso para ellos, helenos de buena
estirpe doria, pues se habían acostumbrado a la comodidad y al lujo que llegan
siempre al victorioso cuando éste no se mantiene prudentemente en guardia. El
sobrio, ascético y marcial socialismo predicado por Licurgo, que obligaba a todos
los hombres jóvenes a desprenderse de sus familias y comer con sus camaradas,
no fue bien recibido entre muchos, especialmente entre los ricos y acomodados.
Hubo una oleada de indignación y una turba enfurecida se reunió para protestar
contra Licurgo. La turba estaba compuesta especialmente por antiguos individuos
ricos que encontraban degradante la regla militar que prohibía comer si no era en
una mesa colectiva con los camaradas de armas. Cuando Licurgo apareció en las
cercanías, la multitud comenzó a apedrearlo, y se vio forzado a escapar para no
morir lapidado. La muchedumbre furiosa lo persiguió, pero Licurgo —robusto a
pesar de su edad— era tan rápido que al poco tiempo sólo un muchacho llamado
Alejandro le pisaba los talones. Cuando Licurgo se volvió para ver quién le
perseguía con tanta agilidad, Alejandro le golpeó en la cara con un palo, saltándole
un ojo. Licurgo no dio señales de dolor, tan sólo se paró y, con el rostro
ensangrentado, dio frente a su perseguidor. Al darles alcance el resto de la turba,
vieron lo que el joven había hecho: un anciano venerable, plantado solemnemente
ante ellos con un ojo vacío sangrando. Aquella era una época muy respetuosa con
los mayores, especialmente con hombres tan carismáticos y nobles como
Licurgo. Al instante debieron sentir una inmensa culpa. La multitud avergonzada
acompañó a Licurgo hasta su casa para mostrar sus disculpas, y le entregaron a
Alejandro para que lo castigara como él creyese conveniente. Licurgo, ya tuerto,
no reprendió al joven una sola vez, sino que le hizo convivir con él como alumno. Y
pronto Alejandro aprendió a admirar y emular el austero y puro modo de vida de
su mentor. Como tradición derivada de aquel suceso, los senadores renunciaron a
la costumbre de asistir a las reuniones estatales con bastones.

Después de que el pueblo espartano jurara las leyes de Licurgo, éste decidió
abandonar Esparta para el resto de sus días. Su misión estaba cumplida y lo sabía,
ahora tenía que morir dando ejemplo de una gran voluntad. Sintiendo nostalgia
por su Patria, y siendo incapaz de vivir alejado de ella, se suicidó por hambre. Un
hombre que ha nacido para un propósito concreto, una vez cumplido dicho
propósito, ya no tiene por qué seguir atado a la Tierra. El suicidio ritual ha sido
practicado por muchos hombres excepcionales cuya misión había terminado,
hombres a los que, tras cumplir su destino, ya no les quedaba nada que hacer en
el mundo; o bien que habían perdido el derecho a la vida [7]. También Nietzsche
habló de la "muerte voluntaria":

Hay muchos que mueren demasiado tarde y algunos que mueren demasiado
pronto. Aun nos resulta extraña esa máxima que aconseja morir a tiempo. Y eso
es precisamente lo que enseña Zaratustra: que hay que morir a tiempo. Claro que,
¿cómo podemos pretender que muera a tiempo quien nunca ha vivido a tiempo?

Otra versión relata que, antes de partir a Delfos, Licurgo hizo jurar al pueblo
espartano que seguiría sus leyes al menos hasta que volviese de Delfos. Y,
habiéndose suicidado sin volver jamás a Esparta, los espartanos no quedaron con
otra opción que acatar por siempre las leyes de Licurgo.

Para Esparta, Licurgo fue algo así como un precursor, un líder de vanguardia, un
mensajero adelantado. Poseía el poder real, el carisma sagrado de los grandes
caudillos, reyes, santos y emperadores ―ese "cierto poder que atraía a las
voluntades", en palabras de Plutarco. Él llegó y convirtió a una desbordada masa
caótica de gran potencial en el ejército más eficaz de la Tierra. Imprimió a su
mundo una nueva inercia: la suya; y le dio un nuevo aspecto: el que él quería.
Tras su muerte, se erigió un templo en su honor y se le rindió culto como un dios.
Y fue a partir de su época que no sólo Esparta, sino Grecia entera, volvió a brillar,
pues comenzó la llamada era clásica.

Jenofonte admiró enormemente a Licurgo, diciendo que "alcanzó el más alto límite
de la sabiduría" [8]. Savitri Devi se refirió a él como "el divino Licurgo", y recordó
que "las leyes de Licurgo le habían sido dictadas por el Apolo de Delfos —«el
hiperbóreo»". Gobineau, por otro lado, supo apreciar la salvación que supuso la
legislación de Licurgo: "Los espartanos eran pocos en número, pero de gran
corazón, ambiciosos y violentos: una legislación mala los hubiese convertido en
pobres diablos; Licurgo los transformó en heroicos bandidos" [9].

Licurgo.

IR A LA PARTE II (SIGUIENTE)--->

Publicado por Europa Soberana blog en 20:29


Etiquetas: Esparta y su ley

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