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Título del Libro: La mitología de un hombre feliz

Antonio es un chico normal en una sociedad cualquiera. Creció como todo niño, tuvo

alguno que otro amigo aunque se sentía más cómodo solo que en compañía de otros. Al

principio se preocupaba porque no entendía como o porque hacían las cosas sus

compañeros de escuela pero después de un tiempo se hizo a la idea, estudió un poco

como encajar y se adecuó o como diría Franklyn (y me refiero al científico y no a la

tortuga) "se adaptó".

Esa es la frase que sería recurrente a lo largo de su vida porque para el la "normalidad"

era estar en su casa escuchando música de orquesta, leer un poco o mucho (rayando en

demasiado) de alguno de los muchos libros de la extensa biblioteca que su padre había

heredado de su abuela. Pasar las tarde de esa forma era una perfecta descarga después

de un día o una semana completa intentando encajar en las conductas y hábitos de sus

compañeros de escuela, sus aburridas y tediosas platicas o la ineptitud o aparente

ineptitud de sus maestros al retrasar y alargar (lo que para el era innecesario) las clases;

ya que lo que para sus compañeros era difícil de entender, para el lo "normal" era

comprender cualquier materia.

Sin embargo, aún no comprendía porque los demás parecían felices, porque sonreían

todo el día cuando el no lo hacía, porque encontraban placer en tirarse en la tierra,

blasfemar o lanzar papeles y no como el, encontrar placer en la quietud, en leer un buen

libro o escuchar una de las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

Esa duda lo acompañaria la mayor parte de su vida, sin embargo lejos de molestarle

haría lo que irremediablemente había hecho hasta entonces, adaptarse. Adaptarse a la


normalidad o lo que la sociedad implica como normal. Así creció, se graduó de la

primaria, de la secundaria, del bachillerato y la universidad, siempre siendo el mejor de

la clase sin un mínimo esfuerzo, tratando de hacer amigos porque se suponía que debía

hacerlo pero teniendo el mismo existo que había tenido en sus actividades sociales:

cero.

Aún así, a Antonio esto no le molestaba porque hasta la fecha tenía en sus

pensamientos, largas caminatas, sus libros y la música, un oasis en el cual refugiarse de

sus fracasos al intentar adaptarse a la normalidad. Deseaba permanecer solo, lejos de

otros. Solo eso pero la sociedad le obligaba a lo contrario. Deseaba con lo más profundo

de su ser permanecer lejos de otros o en su defecto encajar de cierta manera pero aún así

manteniendo su distancia.

Llegó un punto en que esto sucedió. Pocos meses después de su titulación, Antonio se

enfrentó a la irremediable realidad de la vida. Tenía que trabajar, costearse su vida y

para ello tratar con otros individuos. Antonio pensó en que trabajo podría desempeñarse

sin estar obligado a tratar con otros humanos, humanos que solo lo habían alejado y

desdeñado por su aparente poco normal manera de ser. Supuso que ejercer su

contabilidad sería una manera de hacerlo porque la gente solo acude a su contador una

vez al mes y nadie quiere estar con un amante de las matemáticas.

Esto por un tiempo funcionó, por un tiempo. Pero como todo lo bueno en la vida, dura

poco. Y cuando acaba es como un vendaval. Poco a poco Antonio tuvo por salud que

contratar asistentes, ayudantes, secretaria y empezó a tener más clientes. Esto era
remunerador para el, sin embargo lo volvía a poner en la situación de antes de

graduarse, tratar con otros, un martirio para su mente entusiasmada con la soledad.

Parecía que todo iba conducido a un desplome emocional cuando pensó,- "puedo

quitarme la vida, solo así tendré paz, y nadie me extrañará"- .

De hecho esa idea ya la había surcado por la cabeza tiempo atrás, en sus largas

caminatas para pensar solía pasar por puentes e imaginaba que sucedería si solo saltase.

Así que cuando pensó en realmente hacerlo cuando tenía dicho desplome emocional,

fue una idea aceptable para su "normal" manera de ver la vida. Así que lo planeó, busco

la hora del día en la cual había menos gente para detenerlo o traumatisarse en caso de

ver su muerte. Todo estaba listo hasta que la mañana que tenía planeado hacerlo cambió

su vida para siempre.

Cómo todos los días, se levantó, se puso su ropa previamente planchada días antes.

Prendió su laptop y se sentó en su sofá para ver las noticias del mundo. Una práctica

que llevaba haciendo por tres años y que no concebía dejar de hacerlo simplemente

porque ese día dejaría de hacerlo. Así que la encendió, entro al buscador de internet y

apareció como spam una noticia aterradora. Un virus mortal del que había oído hablar

meses antes había llegado a su país, este era el Covid-19 y como tal era su importancia y

nivel de riesgo el gobierno decidió poner a todos en cuarentena.

Esto en un principio molesto a Antonio porque para alguien como el, es muy importante

mantener su rutina y no cambiarla por nada del mundo. Sin embargo en esta especifica

ocasión e veía obligado a hacerlo. Pero esto planteaba un problema. Cómo se quitaría la
vida saltando de un puente si estaba en casa sin poder salir. Así que pensó -"puedo ir a

caminar y pensar como hacerlo"- pero inmediatamente recordó que ahora no podía salir

de su casa.

Antonio se sintió frustrado porque sus planes para alcanzar la paz se habían

interrumpido. Sin embargo, precisamente en ese momento de profundo estrés, Antonio

tuvo una epifanía o momento lúcido. Recordó las palabras de su abuela supersticiosa -

"Todo pasa por una razón, Dios no deja nada al azar"-. Así que Antonio llegó a la

conclusión de que Dios por alguna extraña razón quería que el viviera, que no se quitase

la vida. Aunque para su mente era algo cruel la forma, ya que matar a millones con un

virus mortal para que el salvara su vida parecía arbitrario pero bueno, no se puede dudar

de la justicia divina.

Asi que transcurriendo los días, la semanas y Antonio se sentía cada vez más feliz.

Podía trabajar desde casa, no tener contacto con nadie. Pedía sus alimentos a domicilio.

Podía leer lo que quisiera, escuchar lo que fuera y no tenía que preocuparse más porque

encajar. El mundo estaba adoptando una "nueva normalidad" que para el, irónicamente

era normal desde que tenía uso de razón. Así es, el Covid-19, un virus mortal que ya le

ha quitado vidas valiosas al mundo y diversas familias, le salvó la vida a Antonio. Sin

embargo, Antonio empezó a pensar en las muchas familias que perdían seres queridos

por culpa del dichoso virus, pensó en que no podría ya dar más largas caminatas para

pensar.
Así es, tenía la vida alejada del mundo como siempre había deseado, sin tratar con otros,

si ser juzgado, sin tener que adaptarse. Pero ese era el problema, Antonio ya se había

adaptado a la forma de vivir de los demás, tenía una rutina que seguir y el Covid-19 le

estaba robando ello.

Es cierto, parecería que Antonio era egoísta, cambiante e inestable. Pero para el este sin

fin de sentimientos era "normal". Así que ahora tenía que aceptar lo que siempre había

deseado pero que ahora sentía desprecio por ello.

Antonio tiene Asperger y toda su vida había sigo un calvario hasta hace unos meses, sin

embargo ya se había adaptado. El Covid-19 le salvó la vida, le dió el estilo de vida que

siempre deseó y sin embargo le arrebato lo que a la mayoría le parecería tonto. Le robó

su libertad, libertad limitada por las formalidades sociales pero al fin libertad de salir y

caminar y hacer lo que quisiera aunque al final no hiciera nada. Esa es la vida que

Antonio no decidió vivir pero al final del día le pareció admisible vivir.

Ahora vivía confinado, viviendo normalmente como había sido su vida siempre.

Alejado de otros pero feliz. Triste por los millones de muertos pero feliz, porque por

primera vez en su vida se sentía casi completo. Asi es, Antonio ya podía presumir que

era una persona normal con una vida normal. Ahora el mundo había encajado en el. El

mundo se había adaptado al el. Antonio era feliz. Antonio es feliz.


Así que para Antonio fue más fácil aceptar el hecho de que tenía cáncer. Bueno, no

cáncer, solo tres bultos en su cuerpo que podría ser o no cáncer.

Tenía ante si un dilema. Podría vivir con la duda o ir con un profesional de la salud.

Decidió que tenía que averiguar qué tenía pero recordó que la mayoría de hospitales de

su ciudad estaban siendo utilizados para los infectados así que o no habría la ayuda que

buscaba o ahí mismo se contagiaria y lo llevaría a una muerte dolorosa, una muerte que

ahora no quería pues estaba disfrutando de su nueva vida. Así que llegó a la conclusión

de que si se había podido adaptar a su anterior vida podía adaptarse a la posibilidad de

tener cáncer. Es por ello que razonó que podía seguir su vida con normalidad y si tenía

cáncer moriría sin saberlo y solo se estresaría si supiera que estaba enfermo de algo.

Así que Antonio decidió continuar con su ahora nueva rutina, su nuevo estilo de vida.

Sin embargo aún seguía pensando a los miles de personas fallecidas o que estaban

luchando contra el Covid-19 mientras que el luchaba contra sus pensamientos. Le

consternaba como sus vecinos y conocidos hacían poco o ningún caso a las

instrucciones del gobierno para salvaguardar la salud, de como hacían caso omiso de

que podían contagiarse y morir al instante, así que imaginaba que iba y compraba un

arma a un extraño y le disparaba en la frente a cualquiera que no usará cubrebocas

porque pensaba en su imaginación que así les quitaría el sufrimiento futuro de perecer a

manos de un enemigo como lo es el Covid-19. O sugerir al gobierno en curso que diera

trabajo a todos aquellos que no creían en la existencia del Covid-19, para que ayudaran
en los hospitales sin ninguna protección ya que si no creían en el Covid pues no

necesitaban protección.

Ideas como está surcaban la mente de Antonio a lo largo de los días, muchas de las

cuales quedaban en eso, en ideas y muy pocas llegaban a concretarse. Mientras eso

sucedía en el universo de su mente en su vida cotidiana, en su ahora nueva vida Antonio

creaba o añadía nuevas rutinas que formarían parte de su vida, tales como lavarse las

manos cada 14 minutos (y no 15 porque odiaba los números nones) o en su defecto

usaba gel antibacterial, lavaba 10 cambios de ropa por semana para tener que ponerse

uno al llegar de su trabajo y diseñó y creó una mini regadera de emergencia como la de

los laboratorios químicos, instalada justo antes de entrar a su casa en la cual, al jalar una

palanca era rociado por una combinación de alcohol etílico y agua.

Todos estos cambios aunque pequeños transtornaban la mente de Antonio, aunque esto

solo duraba un tiempo, después del cual se hacía parte de su vida.

Esto continuo igual y sin ningún cambio por algunos meses, después de los cuales su

ciudad empezó de nuevo a realizar cambios en el estilo de vida dado que los contagios

se habían aminorado. Esto, sin embargo no gustó nada a Antonio ya que se había hecho

a la idea de permanecer en casa, separado de la sociedad y trabajando lejos de todos.

Esto para Antonio era verdaderamente felicidad y cambiar esto sería catastrófico para su

manera de vivir. No quería volver al martirio de soportar la ineptitud de sus empleados

con sus necesidades vanas y quejas sin fin.


Así que decidió vender su compañía, comprar un terreno en un lejano pueblo con un

lago, contruir una casa pequeña y disfrutar ahí de lo que le quedase de vida.

Esto para Antonio resultó más fácil de lo que creyó. Sin embargo a los meses de situarse

solo en ese lugar llegó a él lo que más temía: los bultos qué tenía en su cuerpo

empezaron a crecer; no podía respirar con regularidad y empezó a toser sangre. A la

vista de Antonio prefería pasar sus últimos días, horas y minutos de su vida en ese

paraje lejano pero feliz que triste y con mucha gente en un hospital frío. Así que decidió

no hacer nada.

Pasaban los días y el cáncer hacía mella en su salud cada vez más deteriorada. Un día

sin más se quedó dormido viendo la película Casa Blanca. Durmió con una sonrisa

plena, conciente de que talvez, esa sería su última vez que dormiría y no despertaría.

Pensó en lo mucho que había disfrutado su vida y que irónicamente no moriría en la

peor pandemia que había atacado a la humanidad infectado por el fatal virus sino en

soledad por un cáncer no atendido a su tiempo.

Comprendió que si hubiera hecho un esfuerzo a su tiempo por adaptarse a la idea de

estar en un hospital tratándose talvez hubiera alargado más su vida, pero también

supuso que el estar en el hospital no garantizaba nada y pudo haber muerto rodeado de

personas que no lo conocían, solo y sin gozar de la vida. Así que no se reprochaba nada.
En sus últimos momentos de energía vital surcó por su mente una idea o duda que

nunca pasó por su mente. -"¿Habrá vida después de la muerte?"- sin duda algo que si no

fuera así no lograría responder jamás así que se decidió a no pensar en ello pues no

quería que lo último que se paseara en su mente fuera una duda irracional.

Entonces con las últimas fuerzas qué tenía, tomo con fuerza la pared y salió a su silla de

exterior. Se sentó, encendió su reproductor de MP3, se puso sus audífonos y puso

"Reproducir" en las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Esta manera de morir era para el algo

grandioso, en sus términos como solía repetirse.

Y así en un último suspiro, durante ese frio Otoño llegó a su fin Antonio. No sería

recordado por nadie o talvez no de una manera agradable. Algún compañero de escuela

en alguna reunión de ex alumnos diría de el "¿Recuerdan a Antonio? Supe que se fue a

vivir solo y nunca se supo nada de él. Era un tanto extraño pero siempre tenía una

sonrisa. Dónde quiera que esté espero esté feliz", y así fue. Aunque para la mayoría del

mundo el Covid-19 trajo desesperación y desdicha, para Antonio fue un respiro

agradable de ese mundo que tanto lo había sometido. Lo que para algunos era un

extrañar a sus familiares lejanos por no poder visitarlos, para Antonio era una vida

confortable lejos de todos. Para Antonio, el mundo se adaptó a él. Lo que al principio

fue su mayor problema al final fue lo que lo ayudó a tener (a sus ojos) una vida

finalmente plena. Claro, sabía que el resto del mundo sufría pero comprendía que si para

el fue posible adaptarse a ellos, para los demás sería posible hacerlo también. Y este es

el legado de Antonio, su vida como ejemplo de adaptabilidad. Adaptarse para sobrevivir


como dijo Franklyn (y repito, como el científico y no la tortuga). Adaptarse para ser

feliz.

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