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Guía para Lectores en la Misa Católica

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Elena Blajevitch
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Es el mismo Dios el que nos habla a través de las Escrituras, por lo tanto,

cuando el lector proclama una lectura, le está prestando su voz a Dios mismo
para ser escuchado por la asamblea participante en la santa misa.

Leer la Palabra de Dios no es lo mismo que leer cualquier libro. El ministerio de lector es
muy importante porque la Palabra de Dios es, primero que todo, una palabra hablada,
una palabra dinámica, una palabra dirigida a nosotros por Dios. “Palabra de Dios viva y
eficaz.”

¿Quiénes pueden ser lectores?


La lectura es un oficio ministerial (Misal, 34). A excepción del Evangelio, que está
reservado a los ministros ordenados (diácono o sacerdote).

Por eso es importante que en cada parroquia haya un grupo de lectores debidamente
preparados y pueden estar conformados por: Hombres, mujeres, religiosos, adolescentes,
jóvenes, adultos y niños que sepan leer bien.

1. Leer la lectura antes de la misa.

Leer lo suficiente como para entender bien el sentido de la lectura, servirá para dar la
entonación debida a cada frase, cuáles son las que hay que resaltar, dónde están los
diferentes signos de puntuación y detectar las palabras difíciles en las que nos podríamos
equivocar.

2. Vigilar la posición del cuerpo.

La posición más adecuada de las manos debe ser colocarlas sobre el ambón.

3. Mantener la distancia adecuada del micrófono.

El lector debe situarse a una distancia adecuada del micrófono para que se oiga bien.

4. Leer lentamente, usar las pausas necesarias.

Debe evitarse subir de prisa al ambón, comenzar la lectura sin mirar a la gente y
marcharse más de prisa aún.

Al final, hacer una breve pausa y dirigir la mirada hacia la asamblea para decir «Palabra
de Dios». Escuchar la respuesta del pueblo para luego bajar hacia su respectivo sitio.
5. Vocalizar

La vocalización implica remarcar bien cada sílaba, mover adecuadamente los labios y la
boca, no atropellarse ni bajar los tonos en los finales de frase.

Importancia de la Palabra de Dios


El pueblo escuchará la voz de Dios. Eso significa que hay que tratarla con respeto y
reverencia.

Habrá personas que, por su estado, no podrán participar comulgando en la Liturgia


Eucarística, pero sí participan de la Liturgia de la Palabra. Para ellos, especialmente, la
Palabra tiene una importancia enorme en la celebración de la misa.

Preparación para servir como lector


La preparación para servir como lector implica una profunda, continua y sólida formación
bajo tres aspectos:

 Bíblica: los lectores deben estar capacitados para percibir el sentido de las
lecturas en su contexto y entender, a la luz de la fe, el núcleo central del
mensaje revelado por todas las lecturas de la celebración litúrgica.
 Litúrgica: La instrucción litúrgica debe facilitar a los lectores una cierta
percepción del sentido y de la estructura de la liturgia de la palabra y las razones
de la conexión entre la liturgia de la Palabra y la liturgia de la Eucaristía.

Preparación espiritual

– Apartar tiempo para la oración personal


Si bien es cierto que a Dios lo podemos conocer a través de lecturas de libros espirituales,
la mejor forma de familiarizarnos con Él es por medio de la oración.

– Vida sacramental
Si le vas a prestar tu voz a Dios para que su palabra se haga escuchar por el pueblo, lo
mejor que puedes hacer es asumir la actitud de Isaías: «¡Ay de mí, que estoy perdido,
pues soy un hombre de labios impuros» (Is. 6,5).

– Lectura frecuenta de la Biblia


Para proclamar la Palabra de Dios en la misa, es bueno estar familiarizado con el
contenido de las Sagradas Escrituras. Eso te permite, familiarizarte con cierto vocabulario
bíblico de difícil pronunciación.

– Basar su vida en la Palabra de Dios para ajustar su vida a los preceptos divinos.

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