La prohibición de las drogas ha traído consecuencias m
¿Cómo afecta la ilegalización/ legalización de ciertas
drogas?
GRADO EN CRIMINOLOGÍA SALUD Y
TRASTORNOS DE DEPENDENCIA 2021-2022
Beobide Chaparro, Nerea
ÍNDICE
Resumen..............................................................................................................2
Abstract...............................................................................................................2
PRÓLOGO.............................................................................................................3
1. INTRODUCCIÓN..........................................................................................4
2. NARCOTRÁFICO, CONTRABANDO Y.............................................................5
3. EL BIENESTAR PERSONAL Y EL USO TERAPÉUTICO.......................................6
4. CONCLUSIONES...........................................................................................8
5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS...................................................................9
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Resumen
La existencia de las drogas ha sido desde siempre tan presente, que desde épocas
pasadas ha habido una separación entre las opiniones totalmente opuestas de los
individuos de la sociedad. A finales del siglo XIX y principios del XX se prohibieron
gran parte de las drogas, y el cannabis se posicionó en el número uno, junto con la
heroína, en la lista de las drogas más peligrosas de la DEA. La poca evidencia científica
que hay tras ese puesto del cannabis en la lista, ha hecho que sea una de las drogas más
conocidas; actualmente, el debate entre la legalización o no del cannabis es un dilema
controvertido en muchos países, en el que juegan cuestiones muy importantes como la
economía, el narcotráfico de las drogas y los posibles beneficios del cannabis en los
individuos y su bienestar. Este trabajo se ha basado en interpretar la posible legalización
del cannabis para ver sus posibles beneficios tanto en la sociedad como en los
individuos y ver si su legalización afecta en un mayor consumo.
Palabras clave: España, legalización, cannabis, drogas ilegales, problema.
Abstract
The existence of drugs has always been so pervasive that, since ancient times, it has
created a separation between individuals in society because of their totally opposing
views on them. In the late 19th and early 20th centuries, most drugs were banned, and
cannabis ranked number one, along with heroin, on the DEA's list of the most
dangerous drugs. The little scientific evidence behind cannabis's place on the list has
made it one of the most well-known drugs; today, the debate over whether or not to
legalise cannabis is a controversial dilemma in many countries, with important issues
such as economics, drug trafficking and the potential benefits of cannabis on individuals
and their wellbeing all playing a role. This work has been based on interpreting the
possible legalisation of cannabis to see its possible benefits on both society and
individuals and to see if its legalisation affects greater consumption.
Key words: Spain, legalisation, cannabis, illegal drugs, problem.
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PRÓLOGO
El consumo de drogas ha sido desde épocas arcaicas objeto de diversas disputas y
posiciones totalmente antitéticas: el prohibicionismo y la perspectiva de la legalización.
La primera de las posiciones, es decir, la favorable a la prohibición de las drogas, tiene
su origen en una ideología protestante y su política se ha basado en la idea de eliminar
la producción, el comercio y el consumo de las sustancias que alteran la conciencia. En
cambio, la posición favorable a la legalización, se sustenta en el reconocimiento del
derecho a las personas para decidir como llevar sus vidas, y a su vez, el derecho de
consumir cualquier sustancia.
Es por estas dos posiciones, que la condición legal y jurídica de los estupefacientes
ha dependido del contexto histórico y social, y fue a finales del siglo XIX y principios
del siglo XX donde se llegó a la prohibición de algunos tipos de drogas. Dicha
prohibición se dio con la finalidad de proteger la salud pública y prometer una sociedad
más saludable, pero adoptando unas políticas o medidas inadecuadas, las cuales, han
inducido a un mayor descontrol de las drogas –cuando las drogas son ilícitas, el
gobierno es incapaz de establecer normas de calidad, pureza o potencia– y con esto, un
mayor daño público en la sociedad (Manjón-Cabeza, 2012).
El tráfico de drogas surge tras la prohibición de estas mismas, y ha acarreado un
negocio jerárquico cuando menos, lucrativo, que no solo financia el crimen organizado,
sino que está provocando innumerables muertes en diversos países del mundo. Claro
está que este comercio desencadena una serie de consecuencias negativas como la
inestabilidad, la violencia o incluso la corrupción, pero las medidas y políticas que se
han utilizado hasta hoy en día por las autoridades competentes y los intensos esfuerzos
de eliminar las drogas ilícitas del país –que para nada han sido eficaces– han provocado
una mayor inestabilidad, creando una guerra generalizada contra las drogas.
Actualmente, el consumo descontrolado se ha convertido en un problema social en
todos los países desarrollados, y a su vez, uno de los temas más controvertidos a nivel
mundial. Esta preocupación colectiva se debe al daño que generan las drogas al
consumidor, a las personas de su alrededor y al supuesto orden social. Pero, ¿es
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realmente eficaz poner en marcha, por un lado, acciones contra la oferta, el narcotráfico
y el blanqueo de capitales y por el otro, medidas de prevención y rehabilitación?
Frente a esta cuestión, es importante primero mencionar y remarcar que no todos los
consumos de las distintas drogas tienen las mismas consecuencias; los consumos
“buenos” son los que tienen fines terapéuticos indicados por médicos, y fuera de esta
indicación médica existen los consumos ocasionales (no problemáticos), habituales y
dependientes. Ya lo decía Paracelso en el siglo XV que “no hay sustancias tóxicas,
solamente dosis tóxicas” y que, frente a esto, cada cosa debe utilizarse para el uso que
está destinado porque “la dosis hace el veneno”. Evidentemente, las drogas tampoco son
iguales –la reglamentación de las Convenciones de Naciones Unidas sigue equiparando
las sustancias ilegales– pero la prohibición de ellas impide hacer un estudio científico
que verifique sus propiedades y efectos, por lo que, si no se conoce una sustancia, difícil
va a ser emplear políticas adecuadas para su utilidad o en el sentido contrario, su
eliminación. Por lo que, nunca serán eficaces las acciones llevadas a cabo o las medidas
de prevención y rehabilitación planteadas, si lo que se pretende es endurecer la
represión del consumo de las drogas.
1. INTRODUCCIÓN
Cabe mencionar la ley seca en Estados Unidos en 1933 con la cual comienza la
prohibición de algunas drogas, liderando Richard Nixon la guerra contra las drogas, este
las consideraba el primer enemigo público; en 1970 fundó la DEA [Drug Enforcement
Administration], incluyendo en el número uno de las sustancias peligrosas el cannabis
(junto con la heroína) y omitiendo totalmente las evidencias científicas que negaban su
peligrosidad. Debido al pódium del cannabis en la lista de las drogas peligrosas y su
pequeño impacto de peligrosidad y daño en la sociedad, este trabajo se va a enfocar
mayormente en analizar la legalización o ilegalización del cannabis y su respectivo
consumo.
En España la mera posesión de drogas no es constitutiva de delito, en cambio, se
castigan en el Código Penal “los actos de cultivo, la elaboración, el tráfico ilícito y la
posesión ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas, así como
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las actividades que promuevan, favorezcan o faciliten su consumo ilegal” (Código
Penal, 1995, art. 368). Hoy en día, el tráfico del cannabis está prohibido, mientras que
su consumo (fuera de los lugares públicos) no.
El Plan Nacional Sobre Drogas de España, determina el cannabis como la droga que
se extrae de la planta Cannabis sativa, con la que se elaboran las dos drogas ilegales más
consumidas: el hachís y la marihuana. Estas dos drogas, están compuestas por el
principio activo THC (tetrahidrocannabinol), con el cual se consigue la alteración
psicoactiva. Pero, la planta también tiene un compuesto llamado CBD (cannabidiol),
conocido como el “cannabis legal”, ya que, contiene menos de 0,2% de THC, por lo
que, con este compuesto no se sufre ningún tipo de alteración y su consumo y cultivo es
totalmente legal.
Hoy en día está en auge el dilema sobre la legalización del cannabis, en cambio, este
debate no se produce entorno al resto de drogas consideradas ilegales. Este dilema está
considerablemente generalizado en la sociedad debido a que los beneficios que puede
acarrear la legalización del cannabis son potencialmente interesantes. Ejemplo de ello
pueden ser la generación de nuevos puestos de trabajo promocionando la economía del
país y el hallazgo de nuevos usos y beneficios de la planta al incrementar la
investigación en la misma. Además, un acceso regulado y controlado de la pertenencia y
uso del cannabis, puede ayudar a garantizar un acceso seguro, para de esta manera
combatir el tráfico ilegal y evitar la implicación de individuos en el mercado negro,
elevando los niveles de seguridad y control sobre el consumo en el país.
2. NARCOTRÁFICO, CONTRABANDO Y
En la actualidad se encuentran en las prisiones españolas aproximadamente un total
de 55.152 presos; siendo España uno de los países cuyas cifras de delincuencia son
relativamente bajas comparándolo con la media de la Unión Europea, es en cambio, uno
de los países con mayor población reclusa. Menciono el sistema y población
penitenciaria por su relación con el narcotráfico, ya que, más de la mitad de los
encarcelados han cometido delitos relacionados con las drogas. Nos encontramos frente
a un círculo vicioso evidente; la prohibición de las drogas va de la mano con el mercado
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ilegal, lo que supone la delincuencia por narcotráfico, que finalmente va a acabar
aumentando la población penitenciaria por los encarcelados, pero nunca eliminando el
tráfico ilegal.
El narcotráfico es una preocupación cada vez mayor en la sociedad, y una amenaza
directa al orden social; está creciendo el mercado ilegal que genera problemas sociales
(a nivel de debates entre individuos) y políticos (a nivel de corrupción entre autoridades
y delincuentes). Cabe mencionar también, que en los últimos años hay una mayor
participación cada vez más temprana de los adolescentes en la venta de las drogas
(mayoritariamente hachís y marihuana), con la denominación “trapicheo”, en la cual se
introducen normalmente por falta de dinero o búsqueda de emociones, y que, como
consecuencia, los consumidores de estas sustancias son cada vez más jóvenes.
El cannabis es la tercera sustancia más consumida en el mundo, después del alcohol
y el tabaco. Cuestión que facilita, que el mercado ilegal busque y consiga maximizar sus
propias ganancias con la venta de la sustancia, sin pararse a reparar en otros aspectos
como los daños consecuentes: la edad de los consumidores, los lugares de venta, y la
calidad del producto. La legalización del cannabis no conlleva un mundo utópico donde
a la vez que el cannabis se legaliza, la delincuencia desaparece; al igual que las drogas
han existido desde siempre y nunca desaparecerán, la delincuencia también es un
comportamiento social que tampoco desaparecerá. Pero, lo que se busca es un consumo
responsable y que sea el Estado y no el delincuente quien decida qué vende, cuánto,
como y a quién. Por lo que, con estas políticas de salud y reducción de daños, el Estado
no dejaría desamparados a los usuarios consumidores y regularía la venta del cannabis
(por ejemplo, la venta a personas mayores de edad y la no publicitación ni promoción).
Tener al alcance esta dimensión del mercado (legal e ilegal) es una forma para que
el gobierno y el Estado tengan en cuenta los conocimientos basados en evidencias del
consumo y producción, con lo que ayudaría a eliminar en un alto porcentaje tanto la
delincuencia organizada, la delincuencia funcional y la delincuencia inducida bajo los
efectos de la sustancia.
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3. EL BIENESTAR PERSONAL Y EL USO TERAPÉUTICO
Como bien es sabido y mencionado anteriormente, las drogas no solo perjudican a la
persona que las toma, sino que su alrededor también sufre las consecuencias, (Yépez
Yañez, Yépez –Rosado, Morales- Cabezas, & Urdanigo- Zambrano, 2017), pero
también hay que tener en cuenta los distintos consumos y fines existentes. Hay personas
que consumen hachís o marihuana para un fin estimulativo, recreativo, o para el propio
bienestar personal (relajación, ocio, diversión, etc.) Frente a esto, las personas están en
todo su derecho de llevar a cabo actividades para su bienestar personal, mientras que no
afecte a la vida o derecho de otros individuos.
Tanto el alcohol como el tabaco son drogas legalizadas, y la gran mayoría de veces
se relacionan con el ocio y el bienestar personal: ejemplo de ello es salir a tomar una
cerveza tras trabajar, o juntarse los fines de semana con los amigos de “poteo” y
mientras se fuma cigarrillos, y son actividades normalizadas y justificadas. Por lo que,
hoy en día, con la cantidad de personas que consumen hachís o marihuana se está
normalizando su consumo, pero sigue siendo extraña o incómoda la relación entre el
ocio y el bienestar personal con el consumo de estas sustancias. No parece que exista
ninguna diferencia entre estas tres drogas, más que la evidencia de que consumir hachís
o marihuana en un espacio público sea un acto sancionado. Por lo que, me parece una
razón suficientemente justificada el hecho de que, si el alcohol y el tabaco afectan
favorablemente en términos generales, en el bienestar de una persona, de la misma
manera, lo puede hacer el consumo del cannabis.
Más allá del bienestar personal en relación con las actividades de ocio, también
caben otro tipo de actividades o situaciones en las que una persona puede conseguir su
tranquilidad o bienestar consumiendo cannabis, pero también es importante mencionar
que para garantizar que una persona lleve a cabo las actividades deseadas, no puede
haber límites en los espacios de consumo (más allá de los espacios privados o las
sociedades creadas para el consumo).
Por otro lado, cabe mencionar que la industria del cannabis no se reduce a plantar,
transportar y vender hachís o marihuana; hay muchos subsectores que poco tienen que
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ver con el consumo de las sustancias con un fin de efecto psicoactivo; productos para la
belleza, productos para usos terapéuticos, etc.
La planta cannabis fue utilizada en la medicina natural como una planta beneficiosa,
y también fue considerada como una medicina efectiva para aliviar diferentes tipos de
enfermedades en la farmacología. Además, fue en varios estudios clínicos donde se
afirmó que los cannabinoides mejoran los síntomas físicos (en caso de alguna
enfermedad o dolor) y también el bienestar, por su efecto antidepresivo. “Los enfermos
que sufren de enfermedades crónicas afirman que el consumo de Cannabis no sólo
mitiga los síntomas físicos, como el dolor, las náuseas y la falta de apetito, sino que
también mejora el bienestar general y disminuye la ansiedad y la depresión.” (Osorio,
J. H., Tangarife, H. G., 2009).
Por último y no por ello menos importante, vuelvo a señalar que la legalización
supone un control de las sustancias que vaya a asegurar y garantizar un consumo
regulado y favorable, ya que, no hay que olvidar que existe el peligro de relacionar el
cannabis como una forma de vida y así llegar a una dependencia psicológica, cuestión
que puede afectar en la salud pública. Además, el cannabis no tiene soluciones mágicas
ni inmediatas para responder a un problema en concreto y arreglarlo, pero sí para
favorecer algunos aspectos de la vida de las personas o mitigar un dolor.
4. CONCLUSIONES
Son muchas las conclusiones y las razones por las que veo factible la legalización
del cannabis, pero ya he mencionado anteriormente que esta legalización del cannabis
no supone una realidad utópica; las personas seguirían consumiendo drogas en
cantidades parecidas, la delincuencia no desaparecería y gran parte de la sociedad
continuaría teniendo prejuicios con los consumidores. Pero, aun así, los beneficios que
trae consigo la legalización son más favorables que continuar con su prohibición;
respondiendo a la pregunta de si afecta la legalización o no al consumo de las personas,
me parece importante remarcar que lo importante no es si una persona consume más o
menos, lo importante es hacerlo de manera razonada, con una sustancia controlada y
revisada y en lugares adecuados para ello.
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Se critica a la legalización de las drogas porque supuestamente daña la salud y el
órden público, pero mi pregunta es: ¿Cómo no va a dañar la salud pública si los
compradores de la droga, no saben a ciencia cierta lo que compran, a menos que sean
ellos quienes la cultivan? Las drogas de la calle pueden estar totalmente contaminadas,
o ser tan fuertes que causen enfermedades o muertes. La legalización del cannabis,
también supondría pasar unas pruebas estrictas para que el impacto en la salud fuera
nulo. Por otro lado, cabe mencionar que lo que altera el orden social no son las drogas
en sí; las drogas siempre han existido y jamás van a desaparecer. El orden social lo
alteramos los ciudadanos con el uso que le damos a las drogas, por lo que, si hasta ahora
la represión al consumo de las drogas no ha sido suficiente para hacerlas desaparecer –
porque los consumos de las distintas sustancias (y más del cannabis) van aumentando–
se debería plantear crear una hipótesis científica visionando los beneficios de la
legalización.
Por último, el mercado ilícito genera unos ingresos en los narcotraficantes que van
más allá de nuestra posibilidad de planteamiento, es una forma más de jerarquización de
la sociedad –ya que mientras que ellos viven en la gloria, en el mercado hay víctimas de
la pobreza que no tienen otra forma de sobrevivir que trabajando en el narcotráfico– y la
legalización también es una manera de prevenir más víctimas de la sociedad y su
pobreza, además de quitarles a los narcotraficantes el poder que poseen.
5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- Babín Vich, F. D. A. (2013). El debate por la legalización de las
drogas. Adicciones, 25(1), 7. [Link]
- Manjón-Cabeza, A. (2012). La solución: La legalización de las drogas (Vol.
320, pp. 4-11). Barcelona: DEBATE.
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BbKUsgVlPB9Abc#v=onepage&q=legalización%20legalización%20de
%20drogas&f=false
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- Yépez Yañez, A. B., Yépez –Rosado, A. J., Morales- Cabezas, D. C., &
Urdanigo- Zambrano, J. P. (2017). Las drogas como problema social y educativo
en los jóvenes de Quevedo. Revista publicando, 4(10 (1), 220–230.
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