Las transformaciones de la publicidad política.
JEAN FERRY
Las dos referencias canónicas: espacio público griego y espacio público burgués
En el contexto griego lo que se llamaba espacio público remitía a la plaza pública, lugar concreto
donde los ciudadanos deben reunirse para debatir sobre asuntos concernientes al gobierno de la
ciudad. Es ese espacio político esencialmente público lo que distingue a la esfera privada de la
domesticidad y de lo económico. El orden político debe estar autonomizado respecto de las
actividades sociales por un pacto. Política y esfera pública coinciden estrictamente. La actividad
económica está organizada a partir de la esfera privada doméstica. Sólo ésta, admite la
dominación: es el poder que el dueño de casa, ejerce sobre las mujeres, los niños, los esclavos y
los procesos “privados”. Por el contrario, la esfera pública política se idealiza como un reino de la
libertad que se expresa en un derecho igual para todos los ciudadanos, a participar directamente
de los asuntos públicos. Respecto del espacio público moderno, se puede decir que es una
creación de la Ilustración. Al comienzo, el “espacio público burgués”, correspondía a la
institucionalización de una crítica que empleaba la moral para reducir o racionalizar la dominación.
La Ilustración consagra su inversión lisa y llana: en adelante, “la verdad y no la autoridad hace la
ley”. Desde el siglo XVI, en Europa Occidental, y ante la amenaza de las guerras de religión, la
necesidad de mantener una cohesión social pudo justificar la institución típicamente moderna de
una esfera privada, de la opinión y de la creencia: la conciencia individual debe ser privatizada,
mientras que el dominio público está dirigido por una razón nueva, distinta de la opinión y la razón
de Estado. Hobbes es quien consagra la separación de lo público y de lo privado, de la razón y de la
opinión, de la política y de la moral. El dominio público estaba confinado a ese espacio privado de
la “razón de Estado” y del “secreto de Estado”. Lo que crea la apertura de la publicidad y opera la
transubstanciación del dominio público en espacio público es la fuerza exterior de la crítica. Las
personas particulares, reunidas en los salones, los cafés y los clubes constituyen las primeras
esferas públicas burguesas. La autonomía privada de la conciencia individual, núcleo del espacio
público moderno, adquiere su propia fuerza de la crítica. Protegida por la inmunidad del fuero
interno. La crítica de la política, instruida por la moral, en la sociedad civil y constituida por la
esfera pública va en contra del Estado. Entre los modernos, la formación de un espacio público
político obedecía en principio al motivo moral de la emancipación. La sociedad civil se concibe a sí
misma como lo que sale del estado de minoría para acceder a la mayoría. Entre los griegos, la
formación del espacio público estaba fundada en la figuración, en la auto representación, cada
uno debía sobresalir para conseguir la gloria (así como los héroes podían esperar la inmortalidad
gracias a su destreza en el campo de batalla). Por esta razón tal vez ocultaba un motivo religioso.
El espacio público griego aparecería como el sustituto político de una necesidad metafísica. Con el
advenimiento del cristianismo, lo político se empieza a pensar sobre el modelo domestico de la
educación, la figura de un padre omnipotente representado por un príncipe que reina tanto sobre
sus súbditos como sobre sus “hijos”, mientras que el dominio público se transforma en asunto
privado del soberano.
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Sólo en la modernidad, la Ilustración ha podido desarrollar una especie de dialéctica, durante la
cual el espacio público se transformó de un modo profundo hasta el Estado social de hoy, sin
romper con su principio fundador: la argumentación pública y la discusión racional dirigidas sobre
la base de la libertad formal y la igualdad de derechos. La estructura de la Publicidad política ha
sufrido mutaciones a lo largo del SXIX, los hechos son el advenimiento de las democracias masivas
y los medios de comunicación masiva, así como también la evolución de los derechos
fundamentales.
El advenimiento de las democracias masivas y la gran mutación del espacio público.
El advenimiento de las democracias masivas a mediados del siglo XIX, marca el gran cambio del
espacio político francés. El reino de la crítica parecía subvertido por un reino de opinión. El
concepto de opinión pública cambia de sentido, no es ya ese concepto heredado de la Ilustración
(concepto normativo de una opinión formada con la razón), sino que más bien designa a las masas
segmentadas de opiniones particulares en las que se expresan intereses divididos y hasta
particulares. El carácter público de la opinión, es decir, su representación institucionalizada en la
Prensa y el Parlamento, ya no puede ser identificado como antes con algo así como una voluntad
general. El ideal burgués de la publicidad entra en crisis debido a la cantidad de personas y su
consagración tras la implantación del sufragio universal. En este contexto crítico, los críticos de la
democracia parlamentaria pudieron fortalecerse y adquirir pertinencia. Lo que se pone en tela de
juicio es la representación democrática misma. Al crecer la sociedad democrática de masas ya no
puede movilizar la ética de la convicción democrática (deben cambiar las leyes que rigen a todos).
En adelante habría que aceptar la división, la heterogeneidad y la irracionalidad del espacio
público democrático tal como es.
El nuevo espacio público: esbozo de delimitación sociológica del concepto
En primer lugar, se impone una redefinición sociológica del espacio público político. Esta definición
está justificada por el advenimiento de la sociedad de medios, un siglo después de la sociedad de
masas. El espacio público es el marco mediático, gracias al dispositivo institucional y tecnológico
de las sociedades posindustriales, que es capaz de presentar a un público los múltiples aspectos de
la vida social. Por mediático entendemos lo que mediatiza la comunicación de las sociedades
consigo mismas y entre sí (radio, televisión, prensa escrita o edición). El público son todos aquellos
capaces de percibir y comprender los mensajes difundidos en el mundo, es toda la humanidad; y el
espacio público es el medio en el cual la humanidad se entrega a sí misma como espectáculo. El
espacio público lo componen elementos del discurso, comentarios, discusión, pero lo que importa
señalar es que esencialmente el espacio público social no obedece en absoluto a las fronteras
nacionales de cada sociedad civil. No es sólo el lugar de la comunicación de cada sociedad consigo
misma sino también, el lugar de una comunicación de las sociedades distintas entre sí. Hoy se
escenifican públicamente aspectos de la vida que son a tal punto “privados” que los que forman el
público se cuidarían mucho de abordarlos en el seno mismo de la esfera de la intimidad familiar.
Pasemos al concepto de espacio público político. Hemos visto como el espacio público social se
encuentra desplazado respecto de las fronteras de la comunicación social ordinaria. El espacio
público político se define dentro de límites con los que el campo de la comunicación política no
coincide. En primer lugar, ciertos aspectos de la comunicación política no se integran al espacio
público. Se pueden distinguir una comunicación política de las masas y una comunicación política
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de las minorías. La comunicación política de las masas es esa comunicación directa (discusiones de
café), ese elemento natural de politización cuya esfera está limitada a círculos reducidos de
participantes. No son mediatizadas, no entran en la estructuración del espacio público, sin
embargo participan de la construcción dinámica de la opinión pública; tienen marcado carácter
político y no son de orden estrictamente privado. En el otro extremo, las minorías limitan su
comunicación a intercambios de informaciones confidenciales en relación con la política (los
periodistas, los actores políticos, algunos universitarios, los que poseen información que no están
destinadas al público en general). El espacio público político no cubre la totalidad de la
comunicación política. Ahora, la proposición también se puede invertir: el espacio público político
desborda el campo de la comunicación política, tal como resulta de las interacciones entre sus
principales actores. Según propone Wolton, limitando el campo de la comunicación política se
gana el juego de interacciones entre los políticos, los periodistas, los institutos de los sondeos y los
intelectuales líderes de opinión, es decir, en la interacción de los que sitúan de manera explícita la
opinión pública como el blanco móvil de la comunicación política. Sin embargo, ese campo de
interacciones constituye sólo el medio más constante del espacio público político. En la periferia
está la escena social y la internacional. En la escena social están las manifestaciones autónomas,
movimientos sociales, agrupaciones sindicales y acciones públicas. En la escena internacional
están las potencias exteriores a la comunidad nacional: estados extranjeros, organizaciones
internacionales, grupos multinacionales, asociaciones mundiales. Todo lo que ocurre en la escena
política de otras naciones se integra virtualmente a cada espacio político nacional, de modo que a
través de cada uno la opinión pública internacional se convierte en un verdadero reto.
Algunas consideraciones actuales sobre el espacio público político.
La subversión del reino de la crítica por un reino de la opinión logra que el funcionamiento
democrático del espacio público político ya no este regulado por los principios universalistas de la
ética y el derecho, es decir, estructurado por un principio argumentativo y regulado por el
imperativo categórico del respeto por la integridad personal, de la libertad individual y la
soberanía del ciudadano. El recurso a esa norma de sustitución, que es la opinión pública de los
sondeos, reviste un significado sistemático: legitima de manera efectiva cierto poder político de la
prensa, pues es ésta la que, por excelencia, puede representar en calidad de opinión publica un
aspecto de la sociedad civil. Los institutos de encuestas no representan del todo a la opinión
pública. Pretenden fotografiarla en determinado momento, pero no pretenden expresarla. Los
periodistas, en cambio, parecen buscar una interacción cada vez más intensa con el público. La
prensa es considerada como un cuarto poder en la medida en que más allá de la clientela
comercial, apunta a una comunicación privilegiada con su público politizado. La opinión pública de
los institutos de los sondeos no cubre la misma realidad que la opinión del público (de los medios
de comunicación masiva).En este informe, el periodista tiende a cristalizar la imagen de un
consenso realizado por etapas, contra la orientación dominante de minorías políticas.
Paralelamente puede neutralizar el impacto mediático de los políticos. El criterio dominante
respecto de la apreciación popular del “valor humano” de un hombre público va a inscribirse en su
pasivo. Esto obliga a que el político se desenmascare en el espacio público mediático. El desarrollo
de los sondeos y, en especial, de esos pseudosondeos instantáneos de los medios que permiten al
público expresarse en caliente, devuelve un sentido al viejo concepto de opinión pública y les
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recuerda a los responsables políticos ciertos límites morales que no hay que superar. Sin embargo,
el acceso a los medios es un principio selectivo de valor social. Este principio de selección ejerce su
poder de un modo dogmático, a través de la radio, la televisión y los grandes periódicos (los
medios reemplazan el lugar de selección q antes se hacía en los cafés o partidos). La subversión
del principio jurídico por el principio mediático tiende a desestabilizar la representación política
clásica, al proporcionar una forma de solución a todo lo que la representación parlamentaria se ha
visto obligada a rechazar. Por último, la actual constitución del espacio público contiene un
potencial muy innovador, el nuevo espacio público político podría quedar superado o suprimido
por la tecnología misma en la que se basa: el desarrollo de las comunicaciones interpersonales que
pasan por los canales telemáticos. De esta manera, se crea un espacio público científico, de una
clase totalmente nueva. Análogamente, un espacio público social se constituye sobre la misma
tecnología, pero esta vez en el campo tan íntimo de las relaciones casuales entre personas en
busca de pareja. Los sondeos aportan elementos informativos a los distintos actores y modifican
en parte sus discursos. Lo que explica el éxito de las encuestas es el estatuto de la opinión pública
en la teoría democrática, puesto que ha dado un voto a la opinión pública, con lo que se
convierten en portavoces parciales de la opinión pública y del cuerpo electoral. Los sondeos son
representativos de la opinión pública, y ésta es representativa de las conductas electorales. La
opinión pública no se reduce a los sondeos. Sucede que la tecnología comienza a relativizar el
argumento de la cantidad ante las veleidades de la democracia más participativa. No es sólo la
comunicación política sino también la organización democrática de nuestras sociedades lo que se
hallaría profundamente transformado. Las insuficiencias del sistema de la representación
parlamentaria, patentizadas con la aparición de las sociedades masivas, quizás hayan contribuido
de manera muy marcada, al surgimiento de un poder burocrático “equilibrado” por medio de un
poder mediático. La comunicación política es mediatizada, por cierto, pero sin que por eso el
público deba estar representado.