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11-Septiembre-2024

HORA SANTA
CATEQUESIS

2.10
1. Nuria: Queridos hermanos, dispongámonos para la adoración y
aquietar el espíritu, dejando de lado todo asunto mundano. Busquemos
despejar la mente y el corazón de las cosas que nos distraen. Venimos a
hacer adoración ante Jesús Sacramentado, el Dios de la Eucaristía, el
Dios del sagrario, ante quien los ángeles se postran en adoración y
permanecen en éxtasis de adoración y ante quien los santos no cesan
de cantar himnos de adoración y de alabanza. Nos unimos gozosos a los
coros de los ángeles y santos del cielo, pidiendo a María Santísima que
nos asista en esta hora de adoración, para que no sólo no nos
distraigamos, sino que nuestra humilde adoración sea llevada por
nuestros ángeles custodios a su Corazón Inmaculado, y desde allí al
Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. Hagamos un breve silencio
interior y exterior.

Hoy Señor, estamos presentes ante Ti, para adorarte y alabarte en esta
Hostia Santa que te hace presente entre nosotros y nos llena de tu amor
infinito.

Señor, aquí estamos en tu presencia, adorándote y alabándote,


ayúdanos para que podamos siempre estar junto a Ti, aumenta en
nosotros la fe y danos la perseverancia para no perdernos por el camino
del mal, sino que, crezca en cada uno de nosotros la fe.

Señor, te pedimos que nunca perdamos la esperanza, que día a día se


acreciente y podamos estar dándote gracias por todas las bendiciones
que nos das y en especial por haberte quedado en el Santísimo
Sacramento.

Señor, te amamos, te bendecimos y por eso estamos hoy aquí. Danos tu


gracia para que nunca perdamos el valor de amar, que seamos capaces
de ayudarnos unos a otros y de vivir siempre en el amor.

4.13
Canto: Hoy te quiero contar, Jesús, amigo
1.16
2. Diana

Veni Creator

Ven, Espíritu Creador,


visita las almas de tus fieles
llena con tu divina gracia,
los corazones que creaste.

Tú, a quien llamamos Paráclito,


don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;


Tú, dedo de la diestra del Padre;
Tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.

Aleja de nosotros al enemigo,


danos pronto la paz,
sé nuestro director y nuestro guía,
para que evitemos todo mal.
Por ti conozcamos al Padre,
al Hijo revélanos también;
Creamos en ti, su Espíritu,
por los siglos de los siglos.
Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos. Amén.

Canto: Espíritu Santo, ven, ven


1.13
3. Chely

Creo, Jesús mío, que eres el Hijo de Dios vivo que has venido a
salvarnos.
Creo que estás presente en el augusto Sacramento del Altar.
Creo que estás, por mi amor, en el Sagrario noche y día.
Creo que has de permanecer con nosotros hasta que se acabe el mundo.
Creo que bendices a los que te visitan, y que atiendes los
ruegos de tus adoradores.
Creo que eres el viático de los moribundos que te aman para llevarlos al
cielo.
Creo en Ti, y creo por los que no creen.

Creo en Dios Padre;


Creo en Dios Hijo;
Creo en Dios Espíritu Santo;
Creo en la Santísima Trinidad;
Creo en mi Señor Jesucristo,
Dios y hombre verdadero.

Señor Dios, creo firmemente


y confieso todas y cada una de las verdades
que la Santa Iglesia Católica propone,
porque tú las revelaste,
oh Dios, que eres la eterna Verdad y Sabiduría, que ni se engaña
ni nos puede engañar.
Quiero vivir y morir en esta fe.
Amén.
1.08
4. Rosa

Espero en Ti, Jesús mío, porque eres mi Dios y me has creado para el
cielo.

Espero en Ti, porque eres mi Padre. Todo lo he recibido de tu bondad.


Sólo lo malo es mío.

Espero en Ti, porque eres mi Redentor.

Espero en Ti, porque eres mi Hermano y me has comunicado tu filiación


divina.

Espero en Ti, porque eres mi Abogado que me defiendes ante el Padre.

Espero en Ti, porque eres mi Intercesor constante en la Eucaristía.

Espero en Ti, porque has conquistado el cielo con tu Pasión y muerte.

Espero en Ti, porque reparas mis deudas.

Espero en Ti, porque eres el verdadero Tesoro de las almas.

Espero en Ti, porque eres tan bueno que me mandas que confíe en Ti
bajo pena de condenación eterna.

Espero en Ti, porque siempre me atiendes, y me consuelas, y nunca has


defraudado mi esperanza.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!


Acto de caridad:

1.55
5. Nuria

Te amo, Jesús mío, y te amo con todas las veras y como a nadie.
Porque Tú me has amado infinitamente,
Porque Tú me has amado desde la eternidad.
Porque Tú has muerto para salvarme
Porque Tú no has podido amar más.
Porque Tú me has hecho participante de tu divinidad y quieres que lo
sea de tu gloria.
Porque Tú te entregas del todo a mí en la Comunión.
Porque Tú me das en manjar tu Cuerpo y en bebida tu Sangre.
Porque Tú estás siempre por mi amor en la Santa Eucaristía.
Porque Tú me recibes siempre en audiencia sin hacerme esperar.
Porque Tú eres mi mayor Amigo.
Porque Tú me llenas de tus dones.
Porque Tú me tratas siempre muy bien, a pesar de mis pecados e
ingratitudes.
Porque Tú me has enseñado que Dios es Padre que me ama mucho.
Porque Tú me has dado por Madre a tu misma Madre.
¡Dulce Corazón de Jesús, haz que te ame cada día más y más!
Dulce Corazón de Jesús, sé mi amor.
Te amo por los que no te aman.
Te amo por los que nunca piensan en Ti.
Te amo por los que no te visitan.
Te amo por los que te ofenden e injurian.
¡Qué pena por esto!
Te amo y te digo con aquel tu siervo:
¡Oh Jesús, yo me entrego a Ti para unirme al amor eterno,
inmenso e infinito que tienes a tu Padre celestial! ¡Oh Padre adorable!
Te ofrezco el amor eterno, inmenso e infinito de tu amado Hijo Jesús,
como mío que es. Te amo cuando tu Hijo te ama.
5.23
6. Osvelia

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal
como somos. «Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos
creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios». Tu presencia en la
Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa
como comunión y donación de todo lo que eres.

(Silencio para meditar)

Aumenta nuestra FE. Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos


comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al
tuyo. Contigo ya podemos decir: Padre nuestro. Siguiéndote a ti,
«camino, verdad y vida», queremos penetrar en el aparente «silencio» y
«ausencia» de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del
Padre que nos dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi
complacencia: Escuchadlo».
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar
nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la
vida familiar y social.

(Silencio para meditar)

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y


amigo. Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que
vives
«siempre intercediendo por nosotros». Nuestra esperanza se traduce en
confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque
tú eres el centro, el principio y el fin de todo. Apoyados en esta
ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores
evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar
en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos AMAR COMO TÚ, Que das la vida y te comunicas con todo lo
que eres. Quisiéramos decir como San Pablo: «Mi vida es Cristo».
Nuestra vida no tiene sentido sin ti. Queremos aprender a «estar con
quien sabemos nos ama», porque «con tan buen amigo presente todo se
puede sufrir». En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre,
porque en la oración «el amor es el que habla». Entrando en tu
intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas,
decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia
vocación cristiana.

(Silencio para meditar)


CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS. Con una actitud
sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también
reparación, como respuesta a tus palabras: «Quedaos aquí y velad
conmigo». Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos,
sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar
admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio
de amigo y con una presencia de donación. El Espíritu Santo que has
infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos «gemidos
inenarrables» que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el
gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu
palabra. En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos
amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos
la consolación.

(Silencio para meditar)

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad


o «misterio». Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el
«misterio» de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos
en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este
silencio activo y fecundo que nace de la contemplación. Gracias a ti,
nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad
de AMAR y de SERVIR. Nos has dado a tu Madre como nuestra para que
nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra
y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre. Ayúdanos a ser
tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra,
para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén.

(Silencio para meditar)

4.49
Canto: Ya no eres pan y vino
1.35
7. Chely

¡Jesús mío, misericordia!


Jesús mío; te pido perdón por los muchos pecados que he cometido
durante mi vida.
Por los de mi niñez y adolescencia.
Por los de mi juventud.
Por los de mi edad adulta.
Por los que conozco y no conozco.
Por lo mucho que te he disgustado con ellos.
Por lo mal que me he portado contigo.
Siento mucho haberte ofendido.
¡Perdóname, perdóname, perdóname!
Perdóname según tu gran misericordia.
Perdóname por lo ingrato que he sido para Ti.
Perdóname y no quieras ya acordarte de mis pecados.
Perdóname y limpia mi alma de toda basura e infidelidad.
Perdóname y ten misericordia de este pobre pecador.
Perdóname, porque estoy muy arrepentido.
Perdóname, que quiero ser bueno en adelante con tu divina gracia.
Perdóname y aparta tu rostro de mis ingratitudes.
Perdóname, que me causan mucho miedo mis pecados.
Perdóname, porque me reconozco pecador y reo.
Perdóname, porque no obstante Tú sabes que te quiero mucho.
Jesús, sé para mí Jesús.
Madre mía, intercede por mí ante tu divino Hijo Jesús.
¡Dulce Corazón de María, sé mi salvación!
59.00
8. Rosa

Oh Jesús, te doy rendidas gracias por los beneficios que me has dado.

Yo no sabré nunca contarlos sino en el cielo, y allí te los agradeceré


eternamente.

Padre Celestial, te los agradezco por tu Santísimo Hijo Jesús.

Espíritu Santo que me inspiras estos sentimientos, a Ti sea dado todo


honor y toda gloria.

Jesús mío, te doy gracias sobre todo por haberme redimido.

Por haberme hecho cristiano mediante el Bautismo, cuyas promesas


renuevo.

Por haberme dado por Madre a tu misma Madre.

Por haberme dado un grande amor a tan tierna Madre.

Por haberme dado por Protector a San José, tu Padre adoptivo.

Por haberme dado al Ángel de mi Guarda.

Por haberme conservado hasta ahora la vida para hacer penitencia.

Por tener estos deseos de amarte y de vivir y morir en tu gracia.


2.35
9. Diana

Te ruego, Jesús mío, que no me dejes, porque me perderé.


Que persevere siempre en tu amor.
Que estés siempre conmigo, sobre todo cuando esté en peligro de
pecar, y en la hora de mi muerte.
Que no permitas que jamás me aparte de Ti.
Que sepa padecer con resignación por Ti.
Que no me preocupe sino de amarte.
Que ame también a mis prójimos.
Que ame mucho a los pecadores.
Que ame mucho a los pobres y a los enfermos.
Que ame mucho a las almas del Purgatorio. Que saque muchas almas
del Purgatorio con mis obras, que te las ofrezco a este fin.
Que ampares a tu Iglesia.
Al romano Pontífice, tu Vicario visible en la tierra.
A los Prelados y a los Sacerdotes.
A los Religiosos y Religiosas.
A los que mandan en tu nombre.
A los que gobiernan nuestra nación.
A nuestra querida patria.
A mis amados parientes y allegados.
Que pagues a mis bienhechores.
Que favorezcas a los que ruegan por mí.
Que bendigas a los que me miren con indiferencia y no me quieran.
Que trabaje mucho por Ti hasta la muerte.
Que me concedas una muerte santa.
Que diga al morir: ¡Jesús, Jesús, Jesús!
Que me lleves al cielo cuando muera.
Amén.

Pidamos a Dios por nuestras necesidades y las de otros. Él es el rey del


universo. Él lo controla todo, incluso cuando no resulta tan obvio.
Pidamos por la Iglesia, por las intenciones del Papa, por aquellos que
sufren, por los sacerdotes y obispos, por los religiosos y religiosas, por
las vocaciones, por nuestro país, por nuestras familias, por todas las
familias de los niños de Catequesis y las de nuestra comunidad, por lo
que más necesitemos en nuestra vida espiritual. Pidamos por la paz y la
protección de la institución de la familia y por quienes nos han pedido
oraciones.

Si alguien tiene alguna petición que quiera hacerle al Señor, puede


hacerlo en este momento, desde su lugar.
Renata: Pidamos al Padre para que llegue a todos el pan espiritual y
material, para que nos alimentemos del Cuerpo de Jesucristo y para que
nos fortalezca el alma. También pidamos que el pan para el cuerpo nos
de fuerza para seguir trabajando en la misión de cada día.

Responderemos ¡Danos el pan de cada día!

- Por los hambrientos de paz y de justicia.


- Por los que no tienen voz y son marginados.
- Por los que se fatigan de buscar trabajo digno y no lo encuentran.
- Por los profetas y misioneros que defienden al débil.
- Por los que sueñan y trabajan por alcanzar un mundo mejor para todos.
- Por los que son solidarios con el dolor de los pobres y enfermos.
- Por los calumniados y perseguidos por hablar la verdad.
- Por todos los misioneros que en cada continente anuncian tu Palabra.
- Padre que nos das tu Palabra y tu Eucaristía.

Responderemos ¡Perdónanos Señor!

- Por los causantes de las guerras y del narcotráfico.


- Por los que se refugian en los vicios y placeres del mundo.
- Por los que violentan a la sociedad con sus leyes inhumanas.
- Por los que viven de la corrupción y de la mentira.
- Por los que venden su conciencia y promueven la injusticia y la
impunidad.
- Por los cristianos tibios y mediocres que no toman en serio tu mensaje.
- Por los que no se comprometen en nada y se vuelven cómplices del
egoísmo.
- Por los incrédulos que han perdido la esperanza.

Jesús mío, dame tu bendición antes de salir, y que el recuerdo de esta


visita, que acabo de hacerte, persevere en mi memoria y me anime a
amarte más y más. Haz que cuando vuelva a visitarte, vuelva más
santo. Aquí te dejo mi corazón para que te adore constantemente y lo
hagas más agradable a tus divinos ojos.
Adiós, adiós, Jesús mío.

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