GUION DE RADIO
(karunesh) SOLITUDE
No todos los caminos nos llevan a Roma, algunos nos conducen al Ganges, otros a la Meca, otros a
Jerusalén, pero si miramos bien a donde sí nos llevan todos los caminos es a un conocimiento más
profundo de nosotros mismos. El camino sufí es uno más entre todos esos caminos que
recorriéndolos sinceramente y con mucha paciencia, nos puede llevar a una forma de ser y de
comportarse que excede cualquier dogma religioso…
Muy buenas noches queridos radioescuchas, los saludo desde la cabina de radio ENAH, espacio
ecológico Cuicuilco, para llevarles un programa más de nuestra serie CUERPO, RITUAL, DIVINIDAD
Y DESEO, que nos invita a enfrentar nuestro reto más urgente: superar el miedo a explorar el
abismo que llevamos dentro y que al mismo tiempo se nos revela manifestando infinidad de luces
y de sombras…bien venidos…
Uno de los aspectos más interesantes del pensamiento sufí es que este nos enseña el arte del bien
mirar. Pero ustedes se preguntarán ¿qué es el Sufismo? Y algunos diccionarios nos ofrecen
respuestas como: es la dimensión interna y el aspecto espiritual del islam. A veces se describe
como "misticismo islámico". De la misma manera los practicantes del sufismo han sido referidos
como "sufíes."
En el desarrollo del sufismo es importante prestar atención a la ubicación geográfica de los
primeros centros de surgimiento de las cofradías y maestros: Persia, Siria y zonas del norte
africano. Esto no es casualidad, ya que en esos lugares se encontraban fuertemente arraigados el
monaquismo cristiano oriental (Siria, Palestina y Egipto) y las ideas del misticismo zoroástrico
(Persia y el Kurdistán). Es significativo que el desarrollo del sufismo coincida, precisamente, con la
puesta en contacto del islam con estas antiguas tradiciones, y no antes ni en otros entornos como
la Península arábiga. También se afirma que pudo haber cierto influjo de algunas creencias
budistas e hinduistas, ya que los ejércitos musulmanes ocuparon regiones como el Hindu Kush,
Asia Central y el actual Afganistán, en las que los monasterios budistas y los templos hinduistas
eran muy comunes.
Con Hasan al-Basri, se considera que el sufismo empieza a tener un carácter diferencial dentro del
resto de ciencias islámicas, aunque en ese momento no exista designación para ese movimiento.
En estas generaciones, dentro del sufismo, se considera que existían todas las posibilidades del
sufismo de manera realizada, sin necesidad de una existencia diferenciada de las prácticas
islámicas comúnmente entendidas.
Así, junto a la formación de las diferentes ciencias islámicas, comenzó a aparecer una ciencia
dedicada al estudio y conocimiento de los estados espirituales y las realidades contenidas en la
revelación, el papel de los Profetas y el concepto de santidad (walāya) en el islam. Autores
como Ŷa'far al-Siddīq (f. 765), considerado como imam por los chiíes, será uno de los primeros en
dejar constancia escrita de una interpretación espiritual del Corán en su hermenéutica coránica.
Otra de las figuras cruciales será una mujer, Rabia al-Adawiyya (f. 801), que en cierta manera
trasciende el concepto de ascesis que marca más al-Basri, y que incide en el camino espiritual, al
hacer más hincapié en algunos aspectos del Corán y las narraciones proféticas.
Rabi'a al-'Adawiyya o Rabi'a al-Basri (Rabía de Basora) fue una poetisa del misticismo sufí. Nació
unos ochenta años después del fallecimiento del profeta Mahoma, sobre el año 717 en Basora (en
lo que es ahora Iraq) y vivió hasta 801. Nació en un periodo extremadamente turbulento, debido al
desarrollo de la nueva religión, el islam. Sólo veinte años después de la muerte de Mahoma, el
Islam se había extendido por todo Oriente Medio y el Norte de África. En ningún otro tiempo ha
habido una propagación tan asombrosa del fervor e ideales religiosos. Con este crecimiento
vinieron los problemas. Las inmensas tareas, administrativas y educativas cambiaron
fundamentalmente la práctica del Islam. Un número grande de religiosos llegaron a estar
desilusionados y retornaron a una vida espiritual más introspectiva. Estas personas fueron los
llamados Sufís.
Después de casarse, los padres de Rabia se trasladaron al límite del desierto, cerca del pueblo de
Basrq, donde procuraron establecer una casa y vivir muy modestamente. Rabia fue la cuarta hija
del matrimonio (Rabia significa «el cuarto»), pero pronto quedó huérfana. La pobreza y carestía
obligan a los hermanos a separarse. Rabia fue capturada por un mercader de esclavos que la
vendió por unas cuantas monedas. Rabia, que poseía una gran devoción por Dios, realizaba los
duros trabajos que le obligaba su dueño por el día, dedicándose por la noche a rezar. Conmovido
por su religiosidad, y por su aura de luz que desprendía cuando rezaba, el dueño decide
liberarla. Rabia decidió dirigirse hacia el profundo desierto para iniciar una vida solitaria y
asceta.
Pese a sus dificultades por la pobreza, el amor hacia Dios y su abnegación no flaquearon. No
poseía mucho más que una jarra rota, una esterilla de juncos y un ladrillo que utilizaba como
almohada. Pasaba toda la noche rezando y en meditación, obligándose a estar despierta para no
alejarse de su activo amor hacia Dios. Pronto, su fama empezó a crecer, apareciendo numerosos
discípulos. Rabia tuvo discusiones con muchos de los religiosos más importantes de su época. A
pesar de tener varias ofertas de matrimonio, Rabia rechazó todas para dedicar su vida a Dios.
Rabia fue una de las que primero siguieron la doctrina del amor Divino y es ampliamente
reconocida como la más importante de los poetas sufíes tempranos. Mucha de la poesía que le ha
sido atribuida es de origen desconocido. Después de una vida de penurias y ascetismo,
espontáneamente consiguió un estado de realización. Cuando el Jeque Hasan al-Basri le preguntó
cómo descubrió ese secreto, ella le respondió declarando:
"Tú sabes del cómo, pero yo sé del sin-cómo."
Además de su absoluto ascetismo, lo más importante de Rabia fue que introdujo un nuevo
concepto del Amor Divino. Fue la primera en divulgar la idea de que Dios debería ser amado y no
temido, como los primeros Sufís habían hecho:
¡Oh, mi señor!
Si te adoro por miedo al Infierno, quémame en el infierno
Y si te adoro por la esperanza del Paraíso, exclúyeme de él.
Pero si te adoro por Ti mismo,
no me apartes de Tu belleza eterna.
El corazón de Rabia no tenía espacio para nada más: la belleza de la creación le parecía
insuficiente, la posibilidad del matrimonio incompatible con su vocación, la promesa del Paraíso un
velo, el temor al Infierno otro, ella no tenía tiempo ni para rechazar a Satán ni para atender al
Profeta; emprendió su peregrinación a La Meca y cuando la Kaaba salió a recibirla también se
lamentó de no poder ir más allá de la Morada para alcanzar al Morador. La ilaha illallah. No hay
más realidad que Él. Radical e imposible fue su postura. Al dualismo que es la respiración también
hubiera querido saltárselo. Escapar de su condición humana, de esta vida que para ella separaba,
ir siempre un poco más allá y morir antes de morir. Salirse de sí para sumergirse en Dios, ese
océano. Su piel desvanecida en átomos que nadan por el mar, hecha una con el Uno, vertida por
fin en Él, sus lágrimas borrando los límites de su cuerpo y su corazón convertido en espejo del
espejo. Los peces multiplicándose en su corazón.
Rabia había pasado de los ochenta años cuando murió en Jerusalén, el año 801 del calendario
occidental, habiendo seguido la senda mística hasta el final. Sentía que estaba continuamente en
presencia de su Amado (Alá); Tal como dijo a los que la rodeaban: "Mi Amado está siempre
conmigo".
"Cuando amo a Dios, soy el oído por el que Él oye, el pie con el que Él anda, la lengua con la que
Él habla" y precisamente podemos escuchar cierta sensualidad, aunque la intencionalidad sea
espiritual en los textos sobre sufismo.
Para los sufís el simbolismo del amor es fundamental. Tanto es así que en sus prácticas espirituales
ellos mismos se denominan los amantes, del mismo modo predomina la ambigüedad al referirse al
amante, puede ser un joven o una joven. Más allá de las connotaciones eróticas que pueda tener
en la vida real lo que aparentemente es sólo una simbología espiritual lo cierto es que en la poesía
sufí abundan las descripciones de la belleza de los jóvenes efebos que puede trazar sus orígenes
grecorromanos hasta nuestros días. Para otros estudiosos del tema como Wallace Stevens la figura
del efebo representa simplemente la sed de belleza y espiritualidad que cualquier ser humano
puede tener frente a un mundo cada vez más áspero y materialista.
Yo les pregunto a ustedes queridos radio escuchas podría concebirse la posibilidad de algún tipo
de espiritualidad sin que tenga en cuenta el erotismo. Podría ser que el deseo carnal derive
frecuentemente en una fraternidad espiritual con la persona amada; ¿Qué el amado se convierta
en el amigo?, algo semejante ocurre en la poesía mística sufí, que el amante o la amante se
convierten en el amado, que es como llaman a dios los sufís más destacados. Esa transfiguración a
lo divino de lo puramente físico y carnal.
Así tenemos que varios de los grandes poetas de la mística islámica tuvieron en su juventud una
relación intensa, carnal o platónica con alguna mujer o con algún amigo. Y este es el caso del poeta
representante de la culminación de la poesía sufí del s. XVIII quien escribió en persa, conocido
como Rumi (Yalal al – Din Rumi), que si bien parece haber sido bastante crítico con cualquier
práctica sexual entre dos hombres, su vida y su poesía muestran una cierta tendencia a aceptar
por lo menos una relación platónica entre dos personas del mismo género…