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El Pasado No Cabe en La Historia

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Mi campo de trabajo habitual es la filosofía, la estética, la filosofía de la historia, y desde allí he querido

responder a esta invitación. Les voy a proponer, aunque suene paradójico en un primer momento, es una
reflexión sobre el pasado en un congreso sobre el futuro, puede resultar extraño. Creo que hoy tenemos
grandes expectativas sobre el futuro, estamos muy interesados en el futuro, tenemos esperanzas en el futuro,
pero al mismo tiempo en nuestro propio presente nos cruza un sentimiento, un presentimiento de inseguridad,
de incerteza y muchas veces pensamos que esa incertidumbre, esa incerteza tiene que ver con que no sabemos
lo que viene, es la incertidumbre respecto del futuro. Lo que quiero proponer es que buena parte de esa
incertidumbre no tiene que ver solamente con que no sabemos hacia donde estamos mirando lo que estamos
esperando, sino que no sabemos desde dónde estamos mirando, es decir, nuestra incertidumbre cruza, afecta
directamente nuestro presente y tiene que ver con la relación con el pasado. Las dos imágenes con las que
abro mi charla quieren ilustrar el hecho que los acontecimientos no son en sí mismos históricos. La historia no
se identifica con el pasado, la historia es una interpretación, que implica seleccionar acontecimientos,
reconocer su estatura histórica, interpretarlos ¿Qué es lo que sucede hoy en esta relación paradójica con el
tiempo? ¿Cómo se ha alterado? Como decía, estamos cruzados por la incertidumbre, tenemos una conciencia
de la precariedad, de la contingencia, algo que a ratos vivimos como algo emancipador, nada llega para
quedarse, eso es emancipador, pero al mismo tiempo es angustiante, nada llega para quedarse, todo es
contingente, incluso el soporte de nuestros pensamientos, el soporte material de nuestras comunicaciones, de
nuestras creencias, de nuestras expectativas, están afectadas también a esa contingencia, un grabado en
piedra podía durar 10.000 años, hoy día los discos ópticos tienen una duración promedio entre 5 y 10 años, es
realmente tremendo, no terrible, tremendo, algo que excede nuestra capacidad de pensarlo. El poeta
senegalés Léopold Senghor decía hace muchos años atrás que la muerte de un anciano en su pueblo natal, en
África, correspondía a lo que en occidente hubiese sido el incendio de una gran biblioteca. Me pregunto
¿Tenemos nosotros esa valoración del pasado, reconocemos nosotros ese valor en la vida vivida, en las
memorias, en los recuerdos, en las biografías? o estamos más bien volcados sobre lo contingente, sobre la
actualidad, fascinados por la aceleración, incluso no solo por el consumo, sino por lo que podríamos llamar una
desesperada entretención. El año recién pasado, el presidente de la super liga de fútbol propuso acortar la
duración de los partidos de fútbol ¿Por qué? Porque dos tiempos de 45 minutos cada uno y un intermedio de
15, al parecer ya no logran capturar la atención, especialmente del público entre los 18 y 24 años. El fútbol ya
no puede competir con la play station y las plataformas digitales. En ese tiempo agencia y en donde estamos
mirando hacia el futuro, llenos de expectativas pero también de incertidumbre, la pregunta es ¿Qué sucede
con el pasado?

Conocemos estos dos documentales, pertenecen al género denominado falso documental o documental ficción
en la plataforma Netflix: Muerte al 2020, Muerte al 2021. Estos documentales, con un humor muy inteligente,
con una ironía reflexiva, lo que nos sugieren es que el pasado es una catástrofe, que el pasado que está a
nuestras espaldas es un gigantesco error del cual debiéramos deshacernos, debiéramos sacudirnos para poder
volcarnos hacia el futuro, es decir, si cargamos con el pasado el futuro no llegará. Ese es el presentimiento que
yo invito a reflexionar críticamente. El pasado está allí. El pasado está allí, pero sin relato, el pasado se ha
insubordinado respecto a los relatos, a las grandes historias que lo habían resuelto. En la revuelta que se
desencadenó en Chile el 18 de octubre de 2019, algo que ocurrió no solamente en Chile, de pronto, como dice
Anne Applebaum en su libro sobre la crisis de la democracia, de pronto pareciera que todo el planeta se
enfadó. En Chile un aspecto que llamó especialmente la atención en este proceso fue la destrucción de
monumentos. Se han elaborado muchas teorías, discusiones y artículos sobre eso, me interesa especialmente
una, la que dice que destruir monumentos tenía que ver con poner en cuestión una gran historia instituida, una
historia que resolvía el pasado, que se había naturalizado y en donde abundaban las efemérides de grandes
estadistas y por supuesto efemérides militares. Se pone en cuestión el pasado, ese pasado nos resulta de
pronto ajeno o al menos la historia, el relato que lo ordenaba, que lo interpretaba y que se proponía como una
interpretación nuestra, del presente, queda hoy día puesto en cuestión, ha quedado violentamente puesto en
cuestión, en eso estamos, pero ese pasado insubordinado respecto a los relatos está allí hoy día demandando
derechos. Esa es la situación en la que hoy nos encontramos ¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Cómo se
produce esta paradójica relación con el tiempo en donde nuestro pasado inmediato nos resulta ajeno? El
historiador británico, Eric Hobsbawm, denomina al siglo XX “el siglo corto”(8,09), dice Hobsbawm, el siglo XX
habría comenzado en 1914 con la Primera Guerra Mundial y finaliza en 1991 con el derrumbe de la Unión
Soviética ¿Qué es lo que sucedió en ese tiempo? Lo que sucedió fue el fin del relato, el fin de los grandes
relatos, algunos hablaron en ese entonces del fin de las ideologías, podríamos decir que lo que ocurrió ahí fue
el fin de lo que se entendía, todavía hasta ese momento, como una historia universal de la humanidad. Esa
noción tan familiar: Historia Universal de la Humanidad, la humanidad avanza hacia el futuro, la humanidad
llegó a la luna en 1969, la humanidad… Ni siquiera se decía la humanidad, se decía el Hombre, el hombre llegó
a la luna. Hoy día decimos, dentro de pocos decenios más la humanidad estará llegando a otros planetas ¿La
Humanidad? ¿Así de Universal? Dada la desigualdad que existe hoy en el mundo, si es que efectivamente se
comienza a llegar a otros planetas en pocas décadas más ya sabemos quienes serán los primeros en llegar a
esos otros planetas. Entonces, esa noción universal de humanidad entra en crisis, se materializa, la idea de
humanidad, el concepto de humanidad se materializa en millones de individuos, se transforma en algo
concreto. Hoy el término humanidad significa siete mil millones de individuos, es decir el mundo está lleno, de
pronto el mundo está lleno, que percibimos, que experimentamos cotidianamente, no tiene que ver
necesariamente con un fenómeno cuantitativo, no tiene que ver solamente con un fenómeno de crecimiento
de la población o superpoblación, tiene que ver con una conciencia cada vez mayor que todas las vidas valen,
que todos los individuos valen. La experiencia del momento peak en el metro, sobre todo antes de la
pandemia, ese momento caótico, tiene que ver justamente con (puede resultar paradójico decirlo así) ese
momento democrático, ese es el momento de la democracia, el momento en donde no todos cabemos, pero
sin embargo, la demanda está, la demanda es legítima. Es una experiencia radical, fuerte, de la democracia,
cotidiana, pesada. El mundo, de pronto, está lleno. Los grandes relatos, esos relatos que nos decían que la
historia de la humanidad describía, sobre todo en la modernidad, un solo progreso que se dirigía hasta un fin
de la historia glorioso, o un progreso que se escribía en nombre del espíritu universal, como diría Hegel, o
desde la idea del Estado Nación, esas ideas permitían por supuesto articular el pasado, seleccionar el pasado,
ciertos acontecimientos, no todo el pasado cabe en la historia, no todo el pasado tiene estatura histórica, y
entonces ciertos lugares, ciertas zonas geo políticas en el mundo emergían, se presentaban como
representantes de la humanidad. Ese relato del progreso, ese relato hegemónico del desarrollo de la
civilización era real, por cierto que era real, grandes acontecimientos tuvieron lugar allí y a ellos debemos, en
buena medida, nuestro presente; pero al mismo tiempo ese relato inevitablemente arrojaba invisibilidad,
arrojaba oscuridad respecto a los acontecimientos de violencia que eran inherentes a ese mismo proceso, y
que tienen que ver con colonialismo, con esclavitud, incluso formas de violencia de lo que se denomina formas
de violencia de grado cero, violencias establecidas, naturalizadas, que tienen que ver con el racismo, que
tienen que ver con el clasismo. Hoy día, caídos los grandes relatos, emerge lo que podríamos llamar, tomando
un concepto de la cosmología, la masa oscura de la historia, esa cantidad de acontecimientos, de individuos
que incidiendo en la historia sin embargo no protagonizaban sus grandes relatos, es lo que tensiono en esta
imagen entre el conocido dibujo “El hombre de Vitruvio”, de Leonardo Da Vinci, y “Proporciones del Cuerpo”
del artista chileno de ascendencia huilliche, Bernardo Oyarzún. La gran historia, la historia que privilegiaba los
acontecimientos fundacionales, como lo que vemos en la imagen de la izquierda “La Fundación de Santiago”, la
conocida pintura de Pedro Lira, esa gran historia, hoy día se devela como una representación, como una
interpretación, por supuesto que esto es algo que los historiadores vienen trabajando hace mucho tiempo; lo
que estoy reflexionando es el modo como una cierta idea de la historia, consagratoria, que abundaba en
efemérides militares, en grandes acontecimientos y en grandes personajes, la mayoría de ellos varones, esa
gran historia hoy día se disuelve, queda puesta en cuestión y emerge ese otro pasado, como lo que vemos en la
imagen de la derecha “Niñas en las salitreras”, hace algunos años atrás han comenzado a aparecer importantes
estudios respecto al protagonismo que tuvieron las niñas, incluso las niñas pequeñas, en la vida en las
salitreras, cómo se relacionaron con este importante capítulo en la historia de Chile como fueron las salitreras,
que es un capítulo que se inscribe tanto en la historia de la modernidad, de la modernización, como también en
una historia de la violencia, de la marginalidad social. Hoy en nuestro tiempo vivimos, podríamos decir, el
tiempo de la gente corriente, es el tiempo de la gente corriente, es el tiempo, como se dice coloquialmente, de
la ciudadana y el ciudadano de a pie, en hora buena. Cuando miramos hacia atrás, esta gran historia, echamos
de menos justamente a la gente corriente como lo vemos en este conocido poema (trabajador leyendo-
jardines de la Carnegie library) “Preguntas de un obrero que lee” de Bertolt Brecht:

“César derrotó a los galos.


¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota fue hundida.
¿No lloró nadie más?”

En hora buena entonces los individuos de carne y hueso son los protagonistas. Sin embargo, estamos cruzados
por la incertidumbre, una incertidumbre en la cual incide incluso la información, la misma información que nos
emancipa trae también una realidad inédita, que nos descoloca. En un año se realizan en promedio seis mil
millones de consultas diarias en Google, nunca habíamos tenido tanta información sobre la realidad, sien
embargo hoy la información misma se transforma en realidad. La vida privada, nuestra vida privada, acontece
la mayoría de las veces frente a un ordenador, frente a una pantalla. Nuestra vida privada es un
comportamiento digital. Hace unos años atrás, el ciudadano austriaco Max Schrems, solicitó a Facebook que le
entregara toda la información que Facebook tenía respecto a su comportamiento digital. Facebook le hizo
llegar un CD con un documento de 1.200 páginas, donde está absolutamente todo: sus amigos, los que había
borrado, todos los mensajes que había enviado, incluyendo los que había eliminado. Significa eso que ya no
hay vida privada. No, no significa eso, significa que lo que entendíamos como vida privada hasta ahora se
transforma. Hoy día las personas, habitualmente, ya no dicen “No tienes derecho a saber de mi vida privada, a
mirar mi vida privada”, porque la vida privada está allí ¿Qué es lo que se dice? “No tienes derecho a juzgar mi
vida privada”. Está cambiando nuestro tiempo, nuestro presente por esta tecnología, ha transformado
radicalmente nuestra existencia, ya no hablamos de una Historia Universal de la Humanidad, esa esencialidad
queda puesta en cuestión, pero sí tenemos presente el planeta, permanentemente, hoy día lo que vivimos
como una crítica, habitualmente es una crisis de la democracia y particularmente de la democracia
representativa, esa crisis de la democracia que hoy día se vive a nivel global no tiene que ver solamente con la
evaluación que se hace en cada caso de la clase política, tiene que ver con una crisis del orden democrático,
una institucionalidad que ya no logra contener las demandas, los derechos de una población, las demandas de
lo que decía recién la “gente corriente”, el gran protagonista, pero ¿Qué significa gente corriente, cuándo
decimos gente corriente? Creo no equivocarme, si cuando hablamos de gente corriente queremos decir gente
sin poder, gente que no tiene poder. Ese es nuestro problema hoy. Según un Informe de las Naciones Unidas,
en la actualidad 80 millones de personas en el mundo viven en una situación de migración forzada. “Aprender a
convivir” es el lema de este Congreso, éste ha sido el problema del siglo XXI, que si tomamos la tesis de
Hobsbawm no comienza el 2001, sino que comienza en 1992, cuando el pasado se nos vino encima, cuando
nos quedamos sin relato. Aprender a convivir, ese es el problema, la incertidumbre implica miedo, hoy día
vivimos el miedo cotidianamente, el miedo a la pobreza, el miedo a no llegar a fin de mes, el miedo a la
enfermedad, el miedo a los otros. En un mundo globalizado, que habitualmente denominamos un mundo sin
fronteras, se multiplican las fronteras. Para el flujo de los seres humanos no sólo se mantienen, sino que
aumentan las fronteras de todo tipo, no así para los flujos de capital. Este ha sido un tema para las Artes desde
hace ya bastante tiempo. En la Bienal de Sao Paulo el año 2006, su lema fue “Vivir Juntos”, en la Bienal de
Venecia el año 2019. El lema fue “Que vivas tiempos interesantes” ¿Qué significa que vivas tiempos
interesantes? Significa piensa tu tiempo, no te abandones al optimismo cínico o al pesimismo contemplativo,
esa actitud contemplativa que dice “las cosas van mal, pero alguien va a ser algo”, alguien más inteligente que
yo, alguien más poderosos que yo va a encontrar un problema, va a encontrar una solución al problema. Haz
que tu tiempo sea interesante, involúcrate en tu tiempo. La actual Bienal de Venecia tiene como título “The
Milk of Dreams” (La leche de los sueños) tomado de un hermoso libro de la artista Leonora Carrington, cabe
mencionar que la representación de Chile en esta versión de la Bienal de Venecia estará a cargo del proyecto
Turba Tol, un proyecto socio-ecológico que lleva años desarrollándose en Tierra del Fuego, en donde se
congregan las ciencias de la naturaleza, las ciencias sociales y las artes, es decir, estamos buscando una salida.
El pasado es algo extraño, como lo vemos en este pasaje de la conocida novel El Perfume de Patrick Süskind:

“Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras
apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los
aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a
edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales”

Cuando miramos hacia el pasado, hacia la cotidianidad en el pasado, lo que nos preguntamos es ¿Cómo fue
posible que vivieran allí? El pasado tiene no solamente otros olores, como en la novela de Süskind, otras modas
lingüísticas, otra visualidad, otro sentido del humor, otras angustias. También nosotros seremos extraños para
el futuro. En el futuro se preguntarán cómo fue posible nuestra cotidianidad. Termino con esta escena: el año
2014 en el Museo Nacional de Bellas Artes el artista Christian Boltanski montó la exposición “Almas”, una de las
obras en esta exposición se llamaba “Archivo del corazón” donde el artista invitaba a los espectadores a grabar
sus latidos del corazón, el espectador recibía un CD (yo lo hice) con los latidos del corazón y una copia era a la
isla de Teshima, en Japón, en donde Boltanski desde el año 2008 en adelante ha ido construyendo un archivo
del corazón, grabando latidos de corazón de miles de individuos alrededor del mundo. Una invitación a pensar
el pasado, una invitación a pensar que nuestra relación con el futuro es una relación desde el presente, un
presente cargado de pasado, lo que diremos entonces es “He vivido, por lo tanto, tengo pasado, por lo tanto,
tengo una historia que contar”. Gracias.

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