El acto médico veterinario
Carlos Riaño B.
MVZ. UT. Especialista clínico UdeA.
Magister en Ciencias UdeA
Docente Escuela de Medicina Veterinaria UdeA
Cuando hablamos del acto médico veterinario, nos referimos a todos los procedimientos
o examen que realiza el médico veterinario en un animal, con fines diagnósticos,
profilácticos o terapéuticos, incluyendo desde el período preliminar al examen, hasta las
etapas posteriores al tratamiento, incluyendo la evolución y rehabilitación del paciente.
El campo de acción del médico veterinario no es exclusivamente en el área médica o
quirúrgica sino que su compromiso es con toda la sociedad. Es por esto que se deben
tener en cuenta otras actividades como la salud pública, el diagnóstico por medio de
exámenes de laboratorio o por imágenes (rayos X, ecografía, endoscopia), patología,
determinación de las causas de muerte, peritaje, así como la investigación, la docencia,
etc.
Según el Código de Ética de la Medicina Veterinaria, el profesional dedicará el tiempo
necesario al animal, con el propósito de hacer una evaluación completa de su estado de
salud, para poder indicar los exámenes complementarios indispensables para precisar el
diagnóstico y prescribir la terapéutica (Ley 576 de 2000 Art. 13). No exigirá exámenes,
consultas o pruebas diagnósticas innecesarias, ni someterá al animal a tratamientos
médicos o quirúrgicos que no justifiquen su aplicación o que tengan como objetivo
exclusivo el lucro personal, u otros que vayan contra la moral y honestidad profesional
(Ley 576 de 2000 Art.14) y solamente utilizará los medios diagnósticos, preventivos y
terapéuticos, debidamente aceptados y reconocidos, de acuerdo con la Ley (Ley 576 de
2000 Art. 16). Con base en ello, realiza el acto médico y debe tener un amplio
conocimiento de las implicaciones éticas y legales de su actuación profesional.
El médico veterinario debe tener en cuenta que, para la legislación colombiana, los
animales tienen la condición jurídica de “semovientes”, es decir, seres vivos que se
mueven por sí mismos (Art. 655 Código civil), sobre los cuales recaen unos derechos y
a su vez, pueden ser propiedad del hombre, por lo cual, en su relación jurídica con éste,
se les denomina Bienes Muebles. En este orden de ideas, el dañar a un animal transgrede
dos fronteras normativas: la primera, la protección a los animales en su ámbito general
y la segunda, el derecho de propiedad que tienen las personas sobre estos. Es por ello
que el Legislador ha creado normas para su protección y restablecimiento, entre las
cuales están el Código Civil, el Código Penal, el Código de Ética Profesional del ejercicio
de las ciencias animales y el Estatuto Nacional de Protección Animal.
Características básicas
a. Profesionalidad. Las actividades relacionadas con el acto médico solo las puede
realizar el médico veterinario graduado en una Institución Universitaria y que posea
Registro o Matrícula Profesional (de ahí el término facultativo).
b. Ejecución típica. Su cumplimiento debe estar de acuerdo con la “Lex Artis”. Solo
se deben ejecutar las acciones que se encuentren en la literatura médica generalmente
aceptada, tales como la técnica, el conocimiento y diferentes procedimientos.
c. Objetivo. Proteger la salud del animal y de las personas, es decir, prevenir las
enfermedades, curar o rehabilitar al animal enfermo.
d. Licitud. Debe estar de acuerdo con las normas legales. El acto médico es legítimo
cuando se realiza en apego a la Ley y la Lex Artis.
Documentos
Durante el examen clínico se deben diligenciar adecuadamente una serie de documentos
que representan el medio de defensa más importante que tenemos los médicos
veterinarios ante cualquier reclamación o proceso. Entre estos documentos están la
historia clínica, el consentimiento informado, la receta o fórmula médica y el certificado
de salud animal.
En la historia clínica se describen todos los procedimientos realizados a la mascota como
el examen clínico, análisis de laboratorio, radiografías, ecografías, los diferentes
tratamientos y la respuesta individual. Tiene importancia desde el punto de vista
docente, investigativo, administrativo, legal y asistencial. Sus notas permiten que el
paciente pueda continuar su tratamiento aun si falta el veterinario que lo inició.
Siempre se debe informar a los propietarios o responsables sobre el estado del animal,
el diagnóstico presuntivo o definitivo, tratamiento recomendado, alternativas de
tratamiento, advertir sobre los riesgos y posibles complicaciones. El consentimiento se
debe obtener por escrito, una vez que se tiene el diagnóstico y antes de iniciar los
procedimientos, especialmente si el riesgo es elevado, dejando constancia de ello en la
historia clínica. La firma del consentimiento informado por parte del propietario o
responsable del animal, no exime al veterinario de su responsabilidad. El médico
veterinario está en la obligación de comunicar al usuario de sus servicios el tipo de
tratamiento, los riesgos y efectos adversos que genera su aplicación, así como la
evolución, el pronóstico y los resultados. Ley 576 Titulo II Art. 27.
La Receta o formula médica. Es el documento por medio del cual, el médico veterinario
prescribe la medicación que debe ser suministrada a un animal y da las instrucciones
necesarias al propietario o responsable, para aliviar o restablecer la salud del animal
enfermo. Debe incluir el nombre del medicamento en su denominación genérica, la
presentación y concentración del principio activo, la vía de administración y la dosis. En
ella también se pueden dar algunas recomendaciones, las cuales se deben hacer en
forma clara, precisa y comprensible para el propietario. De su claridad y entendimiento
depende en gran parte el restablecimiento de la salud.
El Certificado médico. Es un documento que certifica o confirma, de una forma objetiva
y simple, el estado de salud de una mascota sugiriendo un estado de salud o de
enfermedad, anterior o actual. Es el resultado del examen que se lleva a cabo mediante
una exploración física del paciente. Debe incluir el nombre del centro veterinario, fecha,
firma y matrícula profesional del médico veterinario que lo realiza.
Diagnóstico
Es el hecho de reconocer en el animal, los signos y síntomas de una enfermedad para
elaborar una hipótesis con los datos obtenidos durante el examen y buscar una solución
al problema. Implica un análisis clínico sobre la naturaleza de la enfermedad o lesión.
Este análisis se basa en datos reales, informaciones exactas y hechos precisos. En sí
mismo no es un fin sino un medio indispensable para establecer el tratamiento adecuado.
Riesgo
Es la posibilidad o probabilidad de que ocurra un daño como resultado de un
procedimiento o tratamiento. El riesgo no implica necesariamente un daño, sino la
probabilidad de ocurrencia de éste. La idea es poder anticiparse al daño y centrarse en
la prevención.
Los procedimientos médicos y quirúrgicos se pueden complicar en cualquier momento y
ningún veterinario está exento de cometer errores, sin importar la experiencia que
tenga. Es por esto que en medicina veterinaria, ningún procedimiento médico o
quirúrgico se debe considerar como “de rutina” pues hasta la cirugía más sencilla puede
tener importantes complicaciones durante o después de su desarrollo.
Tenga en cuenta que no es conveniente someter al animal a riesgos no relacionados con
la enfermedad que presenta. En cualquier caso, es mejor discutir los riesgos y las
posibles complicaciones con el propietario de la mascota, sin importar que tan pequeño
sea el riesgo. Si se explican todos los riesgos y ocurre una complicación, el propietario
tendrá al menos algo de conocimiento del posible resultado final. Si existe una técnica
con menos riesgo, se deben hacer los esfuerzos necesarios para adaptar este nuevo
procedimiento.
Al médico veterinario le corresponde explicar al propietario del animal sobre los riesgos
previstos relacionados con el procedimiento, dejando siempre constancia en la historia
clínica, lo cual le ayudará a dar su consentimiento. Si no lo hace, se puede pensar que
el veterinario está exponiendo a su paciente a riesgos injustificados y calificar su
conducta como de “resultado” y no de “medios” como se debe considerar la actividad
médica veterinaria. Si no hay una advertencia sobre los riesgos, el resultado adverso
no se puede calificar como “imprevisto”.
El médico veterinario no será responsable ante el usuario por reacciones individuales,
inmediatas o tardías adversas producidas por efectos del tratamiento, medicamento o
procedimiento quirúrgico, mientras estos hayan sido aplicados correctamente. La
responsabilidad no irá más allá del riesgo previsto. Ley 576 Titulo II artículo 23. Ley 23
de 1981 Titulo II Capítulo I Artículo 16
El médico no expondrá a su paciente a riesgos injustificados. Título II capítulo I Artículo
15. Ley 23 de 1981
El médico no exigirá exámenes innecesarios, ni lo someterá a tratamientos médicos o
quirúrgicos que no se justifiquen. Título II capítulo I Artículo 10. Ley 23 de 1981
El médico solamente empleará medios diagnósticos y terapéuticos debidamente
aceptados por las instituciones científicas legalmente reconocidas. Título II capítulo I
Artículo 12. Ley 23 de 1981.
El error
Cuando hablamos de un error en medicina veterinaria, podemos pensar que se ha usado
un método diagnóstico o un tratamiento equivocado por parte del médico veterinario
para lograr un objetivo, que causó o que puede causar un daño o perjuicio en la salud
del paciente. Un error en el diagnóstico o en un procedimiento, no implica
necesariamente la ocurrencia de un daño, pero la presencia de este último es requisito
indispensable para hablar de responsabilidad. El daño debe ser cierto y objetivamente
demostrable. Si no se demuestra científicamente la relación entre el error cometido por
el médico veterinario y el daño o perjuicio sufrido por el animal, el profesional no incurre
en responsabilidad. Si el profesional demuestra que actuó con la diligencia y prudencia
debida y que siguió las recomendaciones de la ciencia médica actual, no verá
comprometida su responsabilidad aunque el diagnóstico haya sido erróneo y se hubiese
generado un daño.
Error simple. No incluye un riesgo para la salud del paciente, aunque si puede ocasionar
desprestigio en el profesional y puede pasar inadvertido para el observador inexperto.
Error grave. Es el error cometido por el veterinario por no seguir los protocolos médicos
y es el resultado de una conducta negligente o imprudente. Es importante determinar si
el error condiciona el manejo adecuado del paciente, si lleva a la institución de
tratamientos inadecuados o impide la toma de decisiones terapéuticas. Este error implica
riesgo para la salud del animal.
Error diagnóstico. El diagnóstico es una hipótesis de trabajo científico, que debe ser
demostrado objetivamente. Por lo tanto el error diagnóstico en sí no puede ser motivo
de práctica médica negligente.
Error de derecho. La ignorancia o desconocimiento de las leyes o normas, no sirve como
justificación o excusa por los actos indebidos cometidos.
Error de hecho. No hay acto médico punible o condenable si no media daño y sin que a
su autor se le pueda imputar imprudencia, negligencia o impericia es decir, culpa.
La culpa
Cuando el médico veterinario NO HACE (omisión) lo que le corresponde de acuerdo con
el estado clínico de su paciente, en el lugar y tiempo pertinente, puede incurrir en CULPA
MEDICA, porque su acción u omisión, puede terminar en un DAÑO.
La “culpa” exige la demostración de alguno de los siguientes aspectos:
Impericia: Es la falta total o parcial de experiencia, habilidad o conocimientos técnicos
de quien emprende una asistencia o un tratamiento. Es decir, es la carencia de
conocimientos mínimos o básicos necesarios para el correcto desempeño de la medicina
veterinaria. Un ejemplo de impericia, sería realizar un procedimiento quirúrgico, sin el
conocimiento de la técnica quirúrgica, de la hemostasia o del adecuado manejo de
tejidos.
Imprudencia: Equivale a realizar un procedimiento sin las debidas precauciones técnicas
o científicas. Es una acción inconsciente que se efectúa a pesar de haberse pronosticado
el resultado adverso que ocasionará en el paciente. Es la conducta opuesta a la que
aconsejarían la experiencia y el buen sentido de un especialista. Un ejemplo sería realizar
un procedimiento quirúrgico sin los debidos exámenes pre-anestésicos que me
categoricen el estado de salud del paciente o realizar dicho procedimiento en un lugar
no adecuado para el mismo, sin los equipos de reanimación necesarios, poniendo en
riesgo la vida del paciente.
Negligencia: es cuando a pesar de tener el conocimiento de lo que se debe hacer, no se
hace nada y por lo tanto se produce un daño. Equivale a descuido u omisión. La
Negligencia es sinónimo de descuido y omisión. Al contrario de la imprudencia es “hacer
menos". Surge de una actuación descuidada pero no hay falta de conocimientos. Como
ejemplos comunes de negligencia en medicina veterinaria tenemos los registros
defectuosos en las historias clínicas, las actitudes de confianza en la evolución esperada
que llevan a descuidar la observación continua y la entrega de responsabilidades a
personal subalterno sin suficiente preparación o sin competencia.
Mala praxis
Podemos hablar de mala praxis cuando no se ponen a disposición del paciente los
recursos adecuados incluyendo la actitud profesional de cuidado y dedicación y por tal
motivo se puede generar un daño. Hay mala praxis cuando se deja de cumplir con las
obligaciones adquiridas de acuerdo con un compromiso previo. Para evitarla es necesario
crear las condiciones y mecanismos capaces de disminuir los malos resultados.
Para hablar de mala praxis es imprescindible la presencia de tres elementos:
Que exista evidencia de una falta
Evidencia de daño en el animal
Evidencia de relación entre la falta y el daño.
No se puede hablar de Mala Praxis, cuando:
Hay una falta sin daño
Hay daño sin culpa
Cuando falta y daño están presentes sin que exista determinismo causal entre
ellos.
Muchos factores influyen en las denuncias por mala praxis:
Escasez de personal y de elementos para trabajar.
Escaso tiempo para la atención de los pacientes.
Mala retribución económica del profesional, que puede terminar en la prestación
de un servicio de mala calidad.
Muchos propietarios de mascotas consultan por Internet sobre las patologías y
conductas profesionales.
Garantizar el buen resultado: No se debe prometer al propietario de la mascota
un resultado exitoso. La promesa de un buen resultado lleva implícita una
violación del deber de informar adecuadamente.
No suscribir el consentimiento informado: En él se deberán mencionar tanto los
beneficios como los riesgos de la práctica profesional. El consentimiento deberá
estar firmado, por el propietario con su número de identificación y por el médico
veterinario con su matrícula profesional.
No diligenciar bien las historias clínicas: de la historia clínica deberá surgir
claramente cuál fue el daño, la atención brindada al paciente, si pese a una
correcta atención se produjo el daño (en este caso no existe mala praxis), si
existieron faltas que determinaron el daño (prueba de mala praxis).
No archivar correctamente la documentación.
Criticar el desempeño de otros colegas: A veces, algunos profesionales le
comentan a los propietarios que la consecuencia del problema actual, se debe a
un error cometido por el profesional que lo había asistido con anterioridad; esta
conducta incita al propietario a iniciar acciones legales contra aquél.
Abandonar al paciente: No es conveniente abandonar al paciente, porque esto
genera sanciones de orden civil, ético, administrativo y penal.
Publicidad
La publicidad es una forma de comunicación comercial que intenta incrementar el
consumo de un producto o servicio a través de los medios de comunicación y de técnicas
de propaganda. Hasta hace poco tiempo los profesionales creían que vender su
conocimiento era algo perjudicial para la credibilidad delante de sus clientes. El médico
veterinario debe pensar que la publicidad no es nada más que parte de su empresa que
sale del espacio físico que ella ocupa.
Los centros veterinarios pueden realizar publicidad de los servicios ofrecidos explicados
en forma clara y precisa, sin palabras que puedan inducir a confusión o error; de los
profesionales que ejercen en el centro y de sus títulos oficialmente reconocidos; de la
dotación, equipos e instalaciones del mismo y de las actividades desarrolladas; de los
horarios de atención al público; de su dirección, teléfono y cualquier otro medio de
comunicación con los clientes.
Artículo 67 Ley 576 de 2000. Para los efectos de la publicidad profesional, se podrá
incluir la siguiente información:
a) El nombre completo del profesional;
b) La profesión y la especialidad que legalmente ostenta;
c) El nombre de la Institución que le confirió el título profesional;
d) La matrícula profesional;
e) La dirección y teléfono de su residencia y sitio de trabajo.
Artículo 68 Ley 576 de 2000. Resulta contrario a la ética, la publicidad que no se ajuste
a la realidad del respectivo profesional.
Publicidad engañosa: La publicidad engañosa es aquella que puede inducir a error en
sus destinatarios o afectar su comportamiento económico. Se considerará publicidad
engañosa ofertar servicios y no atenderlos. Ejemplos:
Ausencia del veterinario en un centro de urgencias de 24 horas o la imposibilidad de
localización del veterinario. Tener estudiantes como responsables del servicio de
urgencias; incluir títulos que el profesional no tiene.
Honorarios
El precio es lo que menos importa al propietario de la mascota en la gran mayoría de las
veces, pero al médico veterinario si y termina cobrando menos de lo que debe cobrar.
Si rebajamos el precio de nuestros servicios debemos explicar a los clientes y a nuestros
colegas por qué lo hacemos. El cliente generalmente lo que quiere es que su mascota
sea bien atendida y una disminución en el precio del servicio puede ser asociado a una
disminución en la calidad. Un precio asequible no equivale siempre a mal servicio. No se
trata de cobrar caro o barato, sino de argumentarlo de forma convincente. La guerra de
precios perjudica a todo el sector. Si bajamos los precios de nuestros servicios sin tener
en cuenta a nuestra competencia, el que pierde rentabilidad es todo el sector en
conjunto.
La muerte de los pacientes es difícil de aceptar para la mayoría de los clientes. La
naturaleza inesperada del proceso y el dolor asociado con la perdida de la mascota hacen
que sea mejor evitar el tema de las cuentas inmediatamente, a menos que sea
mencionado por el propietario. Se requiere una conversación posterior para determinar
la disposición del cuerpo y se va a realizar o no una necropsia y otros detalles.
Sobre los honorarios, la Ley 576 de 2000 indica:
Artículo 73. En casos de urgencia, no se condicionará el servicio al pago anticipado de
los honorarios profesionales.
Artículo 74. Los profesionales a quienes rige esta norma, no ofrecerán, aceptarán o darán
comisiones por remisión de pacientes, mercadeo no formal de insumos o tecnologías.
Una situación usual, es que los usuarios traten de evitar el pago de los servicios
prestados, y ante ello, algunos médicos veterinarios retienen a los pacientes. Sin
embargo, esto puede generar un problema mayor, ya que la permanencia del animal en
el centro veterinario genera unos costos que deben ser asumidos por el profesional y el
usuario puede presentar denuncia penal por abuso de confianza. Ante esto, lo más
recomendable es hacer uso de los títulos valores reconocidos en la legislación colombiana
como la letra, el pagaré, el cheque, entre otros, pues con ello se está constituyendo una
obligación civil, reclamable judicialmente o endosable.
Otra situación frecuente está relacionada con los animales abandonados. Se recomienda
que al recibir animales, sin importar el tipo de servicio, se diligencie un documento con
el cual se exonere al establecimiento cuando el usuario pretenda la devolución del
animal, después de dejar algún tiempo a la mascota abandonada.
De acuerdo con lo establecido en el Artículo 1602 del Código Civil, todo contrato
legalmente celebrado es Ley para las partes y son éstas quienes establecen el contenido,
alcance, condiciones y modalidades de sus actos jurídicos en ejercicio de la autonomía
privada, por consiguiente, corresponde a las partes, al momento de celebrar el contrato,
determinar cómo procederán cuando no se reclaman los animales dejados en custodia
al vencimiento del término de caducidad pactado para la ejecución de un servicio.
Respecto de la prestación de servicios que suponen la entrega de un bien, el artículo 39
del Decreto 3466 de 1982, Estatuto de Protección al Consumidor, consagra: “Todo
contrato de prestación de servicios que suponga o exija la entrega de un bien respecto
del cual se desarrollará la actividad objeto de la prestación de servicios, está sometido
a las siguientes reglas de orden público y, por consiguiente irrenunciables:
a) La persona natural o jurídica obligada a la prestación del servicio debe expedir un
recibo del bien en el cual se mencione la fecha de la recepción y el nombre del propietario
o de quien hace entrega, la identificación del bien, la clase de servicio, el valor del
servicio, la fecha de devolución, las sumas que se abonan como parte del precio y el
término de la garantía que otorga.
b) La persona natural o jurídica obligada a la prestación del servicio asume la custodia
y conservación adecuada del bien dejado en depósito y, por lo tanto, de la integridad de
los elementos que lo componen así como la de sus equipos anexos o complementarios,
si los tuviere.
c) En caso de que el usuario suministre los elementos o materiales necesarios para la
prestación del servicio, la calidad de ellos está excluida de la garantía que se otorgue.
d) Al vencimiento del plazo indicado en el recibo, se devolverá el bien al usuario, háyase
o no cumplido con la prestación del servicio contratado. Si el servicio no se ha prestado,
el usuario tendrá derecho a la devolución de las sumas abonadas como parte del precio.”
En concordancia con lo anterior, el capítulo cuarto del título II de la Circular Externa 10
de 2001 (Circular Única) de la Superintendencia de Industria y Comercio contiene reglas
específicas para los contratos de prestación de servicios que suponen la entrega de un
bien, señalando en el literal a):
Toda persona o establecimiento que preste servicios que impliquen la entrega de un bien
respecto del cual se desarrolla la actividad (reparación de vehículos en talleres,
reparación de electrodomésticos, parqueaderos, servicio de lavandería, entre otros),
debe expedir un recibo donde conste, además de las obligaciones establecidas en el
artículo 39 del decreto 3466 de 1982, como mínimo, lo siguiente:
- Nombre o razón social del prestador del servicio;
- Dirección y teléfono del establecimiento;
- Nombre e identificación del usuario;
- Dirección y teléfono del usuario;
- Número de recibo;
- Fecha y hora de la recepción;
- Identificación del bien;
- Indicación expresa de los defectos o averías del bien y sus accesorios
- Clase de servicio;
- Plazo para la prestación del servicio;
- Valor del servicio, así como las sumas que se abonan como parte del precio y término
de caducidad”.
En el recibo que expida el profesional, debe indicar el término de caducidad, es decir, la
indicación de que si el animal no es retirado, se extinguirá la obligación de custodia que
tiene el prestador del servicio y cesará su responsabilidad por la pérdida o deterioro que
sufra el animal y consecuentemente podrá disponer de él como considere.
Estrategias que pueden impedir errores o evitar conductas sancionables en el ejercicio
profesional.
Es importante elevar la calidad de los servicios. Esto quiere decir que el médico
veterinario debe recibir educación médica continua. Siempre debe actuar con
bases científicas, éticas y de orden clínico.
Todo médico veterinario debe ajustar su conducta y actuación a los deberes que
le impone la Ley de ejercicio de la medicina veterinaria o sea la ley 576 del 2000
y la Lex Artis. Debe tener presente el deber que corresponde a cada actividad
profesional.
Actúe siempre de acuerdo con los estándares y protocolos.
Informe a los propietarios de las mascotas sobre las características del
procedimiento quirúrgico, diagnóstico o tratamiento y obtenga el consentimiento
informado por escrito, antes de realizar los procedimientos, especialmente si
estos tienen un riesgo elevado. Adviértales sobre los riesgos y deje constancia
de ello en la historia clínica. Las explicaciones deben ser claras y objetivas, no
alarmistas. El médico veterinario no debe ocultar la verdad a sus clientes, quienes
tienen derecho a conocer el estado de salud de su mascota y sus padecimientos.
Trate de mantener una relación efectiva y respetuosa con los propietarios. El
médico veterinario debe exigir los exámenes necesarios y en ningún momento
garantizar resultados.
Elabore una historia clínica completa y deje constancia por escrito de lo actuado,
esto permite una adecuada defensa en caso de una denuncia.
Atienda a todo paciente en caso de urgencia calificada y nunca lo abandone.
Admita de inmediato cualquier error en que haya incurrido sin que ello implique
reconocer negligencia, imprudencia o impericia y de explicaciones a los
propietarios de la mascota. Es prudente permanecer en contacto con los
propietarios hasta que el problema se resuelva.
El médico veterinario, salvo en casos de emergencia, no debe actuar en
condiciones inadecuadas de ejercicio ni sin los medios o instrumentos mínimos
requeridos.
Jamás diagnostique, recete o indique tratamientos por vía telefónica, a distancia
o a través de terceros.
Tenga en cuenta que después de un resultado indeseado se impone de inmediato
la explicación seria y responsable al propietario sobre las causas o factores que
lo determinaron.
Evite hacer comentarios sobre los colegas y no critique el diagnóstico o
tratamiento de otros veterinarios. Deben existir lugares y canales regulares para
estas opiniones.