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Autoestima en la Adolescencia: Impacto y Desarrollo

Sobre la adolescencia y autoestima.

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CURSO: METODOLOGÍA DE LOS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS

DOCENTE: YRMA MONÍCA DIAZ BANDA

ALUMNA: APOLINARIO LÓPEZ AIMÉE YARELI

CICLO: I

SECCIÓN: 1”A
Analiza el texto. Lee y guíate de la escala de valoración:
Valor Puntaje
obtenido
Subraya las ideas principales de color amarillo 5
Identifica adecuadamente el tema y subtemas de color verde limón 5
Estructura un esquema de llaves 5
Redacta con claridad y buena ortografía. 5

ADOLESCENCIA Y AUTOESTIMA
(Díaz, Fuentes y Senra, 2019)

La adolescencia es una etapa de intensos cambios sociales, psicológicos, biológicos, sexuales y


neuropsicológicos. Se identifica como una etapa de crisis en el desarrollo del ser humano, que eslabona como
período de transición, entre la niñez y la adultez. Marca el inicio de la independencia personal construida sobre
la base de la auto-identidad en la estructuración de la personalidad, para lo cual es fundamental lograr el
adecuado desarrollo del “yo” mediante el fortalecimiento del autoconocimiento.
La formación del conocimiento de sí mismo o autoconcepto se desarrolla paralelamente a la autoestima, la
cual es comprendida como la valoración que hace el sujeto de sí mismo, de las distintas dimensiones que
configuran su personalidad. Entendida también como la estimación que tiene de su propia valía, el valor que le
atribuye a su identidad (Harrison, 2014).

El desarrollo de la autoestima tiene su inicio en la infancia, sin embargo, la adolescencia es uno de los períodos
más críticos para su desarrollo. Esto se debe a la búsqueda de la identidad en un proceso de cambios, tareas
evolutivas e interacción social activa con la familia, la escuela, los iguales y los medios de comunicación.

Una adecuada formación de la autoestima conlleva al crecimiento de adolescentes estables, sanos y con
herramientas adecuadas para asumir cambios propios del período evolutivo. Resulta uno de los indicadores
más potentes de ajuste psicológico y adaptación social por lo que es fundamental aumentar el bienestar que
los adolescentes sienten con ella. Esta es una tarea que debe asumir la escuela, junto a la familia, como fuentes
fundamentales de educación y socialización durante la adolescencia.

Varias investigaciones han corroborado que la autoestima tiende a debilitarse en esta etapa (Rodríguez-Naranjo
& Caño-González, 2012), como consecuencia de los cambios puberales, cognitivos y del contexto escolar. La baja
autoestima en los adolescentes es un factor de riesgo para la aparición de problemas psicológicos y sociales como
los trastornos de alimentación, la preocupación exagerada por la imagen corporal (Moreno-González & Ortiz-
Viveros, 2009); así como las ideaciones e intentos suicidas, sentimientos de inferioridad, depresión, aislamiento
social, la deserción escolar, situaciones de delincuencia, el refugio en las drogas, entre otros (Ferrel-Ortega, Vélez-
Mendoza & Ferrel-Ballestas, 2014; Ceballos-Ospino, et al., 2015; AyvarVelásquez, 2016; Bocanegra-Abad, 2017).
Sin embargo, algunos resultados investigativos arrojan que la autoestima baja no es un factor consistente en la
ideación suicida (Andrade-Salazar, et al., 2017), no obstante, su desarrollo disminuye la probabilidad de esta
ideación.

La autoestima como uno de los predictores más potentes del grado de ajuste psicológico durante la
adolescencia y la adultez, facilita a los adolescentes tener una buena adaptación social; ya que el desarrollo de
la identidad contribuye a este proceso adaptativo.
Investigaciones llevadas a cabo con población adolescente muestran su importancia. De esta manera, una
elevada autoestima se relaciona positivamente con una mayor satisfacción con la vida (Martínez-Antón; Buelga,
& Cava, 2007; Povedano, Hendry, Ramos, & Varela, 2011). Se constata que los adolescentes con una autoestima
elevada interpretan las experiencias negativas de un modo más funcional (Rodríguez-Naranjo & Caño-González,
2012).

La autoestima ha presentado gran correlación con variables que interfieren en el grado de ajuste social y el
establecimiento de relaciones interpersonales. De esta manera se evidencia su relación con el desarrollo de
habilidades sociales en adolescentes (Montesdeoca & Villamarín, 2017). Se ha comprobado la existencia de una
relación positiva y significativa entre la autoestima y la asertividad de un grupo de adolescentes de Lima, con
edades comprendidas entre 11 y 15 años (Ayvar-Velásquez, 2016).

Además, el desarrollo adecuado de la autoestima constituye un factor protector de varios problemas


psicológicos; Ceballos-Ospino, et al. (2015), encontraron que los adolescentes con mejor autoestima tienen
menor probabilidad de presentar ideas suicidas y depresión. Estos cuentan con una mejor salud mental, menos
problemas conductuales y síntomas patológicos (Arias, 2013). A su vez, presentan menor impulsividad, pocos
sentimientos de ansiedad, celos y soledad; esto los hace emocionalmente más estables (Castañeda, 2013).

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