De eso no se habla: el cuidado en la agenda pública.
“Cuidar” implica la atención y satisfacción de aquellas necesidades físicas,
biológicas, afectivas y emocionales que tienen las personas. Si bien todas las
personas necesitan de cuidados, aquellas que son dependientes, ya sea por
encontrarse en los extremos de la vida (niñez, ancianidad) o por otras razones
(enfermedades, discapacidad) requieren de una mayor cantidad de cuidados y/o de
cuidados especiales.
El acto de cuidar se considera un trabajo porque implica tiempo, desgaste de
energía y genera valor.
Sin embargo, tenga o no remuneración monetaria, estos trabajos generan valor para
la sociedad en gran escala y para quienes se benefician en forma indirecta
Además, es precisamente el trabajo de cuidar a otros el que permite la reproducción
de la fuerza de trabajo que necesita la sociedad capitalista. De allí se deriva su
relevancia no solo social sino también económica.
El trabajo de cuidado tiene características particulares que lo diferencia de otros
trabajos y actividades que se realizan en la sociedad:
-Son actividades que dependen de relaciones interpersonales íntimas entre la
persona que provee el cuidado y quien lo recibe.
-Tienen un componente afectivo vinculado con las emociones que se ponen en
juego en el acto de cuidar al otro y con el amor hacia quien recibe el cuidado.
-También hay un componente ideológico y moral. Existen formas de cuidado que
son valoradas en determinados momentos por la sociedad y que representan
“modelos” de buenas prácticas de cuidado.
-Existe la creencia extendida -y errónea- de que las mujeres están naturalmente
mejor dotadas para llevar adelante estas tareas de cuidado, en sus roles de madres
y/o abuelas.
-La necesidad de cuidado suele ser urgente de modo que debe satisfacerse en
cuanto se manifiesta
-Las relaciones de cuidado en general son intergeneracionales
¿Quienes cuidan?
La persistencia de la creencia de que las mujeres están mejor dotadas para llevar
adelante estas responsabilidades, ha llevado a que las mujeres se “especializaran”
en las tareas de cuidado. Este fenómeno social se traslada a otros ámbitos, como el
laboral
¿A quienes se cuida?
En general, se necesita de cuidados especiales o más intensos en los extremos de
la vida: en la niñez y ancianidad. Sin embargo, cuando las personas están enfermas
o tienen alguna discapacidad también requieren de este tipo de cuidados.
El incremento de la esperanza de vida y el descenso en la tasa de fecundidad
produce un aumento del número de adultos y adultas mayores. El crecimiento de la
esperanza de vida (esto es, el alargamiento de la duración de la vida de las
personas) produce una extensión de enfermedades crónicas y/o discapacidades
cuya consecuencia es la necesidad de cuidados más intensos o especiales también
durante una importante proporción de la vida de las personas.
¿como se organiza el cuidado en el hogar?
En América Latina en general y en Argentina en particular, se ha intensificado el
desplazamiento de ciertos servicios que antiguamente suministraba el Estado
-principalmente, vinculados con la salud y la educación- hacia las personas para
satisfacer necesidades fundamentales de los hogares vinculadas al cuidado de sus
integrantes dependientes. En consecuencia, es en el seno de las familias donde se
provee gran parte del cuidado. En este contexto, cada familia según su nivel
socioeconómico tiene distintas posibilidades y desiguales oportunidades de
satisfacer las necesidades de cuidado. Las familias que poseen mayores recursos
económicos pueden cubrir sus necesidades en el mercado a través
establecimientos de educación de gestión privada (jardines maternales, de infantes,
escuelas primarias) y/o contratando específicamente personas dedicadas a esta
tarea (empleadas de servicio doméstico, niñeras, cuidadoras de la tercera edad). En
cambio, las familias de ingresos más modestos recurren básicamente a la oferta
existente de educación de gestión estatal. De modo que la educación pública es una
de las principales estrategias para el cuidado a niños y niñas.
Crisis del cuidado
“La expresión ‘crisis del cuidado’ se refiere a un momento histórico en que se
reorganiza simultáneamente el trabajo salarial remunerado y el doméstico no
remunerado, mientras que persiste una rígida división sexual del trabajo en los
hogares y la segmentación de género en el mercado laboral. Estas asincronías
afectan la continuidad y el equilibrio de los tradicionales arreglos de cuidado en
nuestras sociedades y atentan contra las opciones de las mujeres para insertarse en
los mercados laborales sin verse confrontadas con barreras seculares, y así
alcanzar mayor autonomía económica y bienestar”.
+ Cantidad de personas dependientes de cuidado - Proporción de personas en
condiciones de ejercer esa función.
El cuidado, ¿de quien es responsabilidad?
Cuidar es una responsabilidad social y una obligación legal que debe ser compartida
por varones y mujeres por igual.Por otra parte, recibir cuidados es un derecho cuyo
cumplimiento depende no solo de la promoción de una oferta de cuidado sino
también de la universalización de la responsabilidad, la tarea y la asignación de los
recursos materiales para realizarlo.
La conceptualización del cuidado como derecho conlleva para el Estado no solo
obligaciones negativas (abstenerse de entorpecer los servicios de guarderías
infantiles, no impedir el acceso de un adulto mayor al sistema de salud) sino
también obligaciones positivas, tales como proveer los medios para poder cuidar y
garantizar que el cuidado se lleve adelante en condiciones de igualdad
¿Que es la conciliación familia- trabajo?
En los últimos años, se ha denominado “conflicto familia y trabajo” a las dificultades
que enfrentan las mujeres y varones para cuidar de sus hijos y, al mismo tiempo,
permanecer en el mercado laboral. Este conflicto se produce porque las mujeres se
han insertado masivamente en el mercado laboral, pero no se ha modificado la
forma en la cual se organiza el cuidado de las personas dependientes del hogar. Las
mujeres siguen siendo las principales encargadas de dicha tarea.
El conflicto familia y trabajo se produce también porque existe una clara
concentración temporal del trabajo entre lo que se denomina la edad más productiva
de varones y mujeres en el mercado laboral (25–45 años) que coincide
precisamente con las mayores responsabilidades familiares que surgen a partir de la
formación de las familias, el cuidado de hijos pequeños y, en algunos casos, el
cuidado de los adultos mayores.
Las políticas y acciones de “conciliación” familia y trabajo pretenden atender este
conflicto garantizando a los progenitores la posibilidad de cuidar de sus hijos/as y, al
mismo tiempo, permanecer en el mercado laboral.
Las “acciones de conciliación” son aquellas iniciativas que se dan en el nivel micro
de las empresas o unidades productivas, desarrolladas con el objetivo de facilitarle
al personal la conciliación con la vida laboral y familiar. Las “políticas de conciliación”
son las regulaciones y programas que constituyen políticas públicas que buscan
favorecer las conciliación entre la vida laboral y familiar.
Las políticas de conciliación son una herramienta útil aunque presentan límites
importantes. En primer lugar, al estar circunscriptas al ámbito laboral las personas
que no cuentan con un empleo formal difícilmente se vean beneficiadas. Por otra
parte, la experiencia en otros países ha demostrado que estas políticas no fomentan
una distribución del trabajo de cuidado entre varones y mujeres.
Las políticas de tiempo o “reingeniería del tiempo”:
-Flexibilidad en el horario laboral; compatibilización de los horarios laborales con los
horarios escolares; semanas laborales comprimidas.
-Promoción de trabajos de tiempo parcial, sin que esto implique una precarización
de las condiciones laborales para aquellas personas que lo elijan.
-También en los últimos años varias ciudades han ensayado a nivel local la
articulación de los horarios de los servicios públicos de transporte con los horarios
laborales y escolares.
-Extensión de la licencia por maternidad e implementación de licencias para padres
varones y otras licencias especiales para cuando los progenitores las necesiten.
Los servicios e infraestructura de cuidado
-Implementación de servicios de cuidado infantil en los propios establecimientos
laborales
-Ampliación de la cobertura a los niños en edad preescolar (salas cunas o
guarderías, jardines maternales, jardines de infantes)
-Servicios para el cuidado de personas de tercera edad dependientes o personas
con alguna discapacidad.
-Beneficios monetarios que permitan a los empleados/as adquirir servicios de
cuidado en el mercado (contratando cuidadores/as o jardines de infantes
maternales) de acuerdo a sus necesidades y concepciones en torno al cuidado de
sus hijos/as.
El Estado en la ecuación.
La inexistencia de políticas que garanticen de manera universal el derecho a cuidar
a personas dependientes explica una de las razones por las cuales se reproducen
los “círculos viciosos de la pobreza”. Los hogares que pueden afrontar el costo de
contratar servicios de cuidado privados tienen más posibilidades a la hora de elegir
la combinación de trabajos y responsabilidades entre sus integrantes. Por el
contrario, los hogares de bajos ingresos -que además tienen un mayor número de
integrantes dependientes- no pueden contratar estos servicios privados, lo cual
produce frecuentemente que la mujer de escasos recursos no se inserte en el
mercado laboral o tenga una trayectoria laboral intermitente y precaria.
Se ha demostrado que la ausencia de políticas de conciliación conlleva a que las
personas sean menos productivas en su trabajo y/o exista una subutilización de la
fuerza de trabajo femenina.
Es importante que exista una distribución más igualitaria del tiempo entre las
personas y esto se vincula íntimamente con la distribución de la carga de cuidado y
trabajo doméstico no remunerado. Ambos tipos de trabajo consumen tiempo que no
puede dedicarse a otras actividades
Finalmente, una distribución desigual del cuidado limita y condiciona las
oportunidades sociales de las mujeres, en especial su autonomía económica.
¿Por qué la crisis de cuidado aparece invisibilizada?
El trabajo de cuidar se lleva adelante principalmente en el ámbito de la familia,
asumido por las mujeres en el marco de la naturalización de su rol de cuidadoras, lo
que lleva a mantener la problemática en la esfera de lo privado. Además, existen
otros factores que contribuyen a su invisibilización impidiendo que el cuidado ocupe
un lugar relevante en la agenda pública. A continuación se enumeran algunos de
ellos:
-Al poseer un componente afectivo y moral muy importante, es complejo reconocer
que el cuidado es un trabajo que conlleva tiempo, conocimiento, recursos y saberes
aprendidos a lo largo de la vida, dedicación y un desgaste de energía.
-El trabajo de cuidado está “naturalizado” en la sociedad debido a la creencia
extendida que las mujeres (y no así los varones) son portadoras de ese saber.
-Existen normas y políticas en la sociedad que se caracterizan por ser “familiaristas”,
esto es, que refuerzan el traslado de costos y responsabilidades de cuidado a las
familias.
-Se adjudica a las actividades de cuidado un carácter altruista y desarraigado de
modo que se las trata desvinculadas del sistema económico.
-El trabajo de cuidado tiene carácter “elástico”: las mujeres continúan haciéndolo
aún en condiciones adversas y lo realizan renunciando a tiempos de ocio y/o
descanso. Esto suele tener importantes consecuencias para la vida de las personas,
de quienes reciben el cuidado y de las cuidadoras: mal desempeño de funciones,
cansancio, dificultades en la inserción laboral.
-Una de las principales razones que contribuye a su invisibilización se vincula con la
ausencia estadísticas e información sobre el tema. Argentina no cuenta con
encuestas de uso del tiempo, uno de los principales instrumentos que permite
conocer la magnitud y forma de distribución del trabajo de cuidado.