Perú violó los derechos de una niña víctima de violación al no
garantizarle el acceso al aborto y procesarla penalmente por autoaborto,
según el Comité de la ONU
GINEBRA - El Comité de los Derechos del Niño de la ONU determinó que
Perú ha violado los derechos a la salud y a la vida de una niña indígena y
rural víctima de violación al no proporcionarle información ni acceso al
aborto legal y seguro.
El Comité ha hecho pública hoy su decisión tras escuchar la queja
presentada por Camila (seudónimo), quien fue violada por su padre desde
los nueve años hasta que se quedó embarazada a los trece.
Camila nació en Huanipaca, departamento de Apurímac, una zona rural
de la sierra peruana. Cuando se quedó embarazada en 2017, un familiar
la llevó a un hospital de Abancay, donde rompió en llanto y anunció al
personal de salud que no quería tener un hijo de su padre ni estar
embarazada. Esa petición fue reiterada en muchas visitas médicas
posteriores mientras su estado de salud mental se fue agravando. Sin
embargo, no le informaron de su derecho a solicitar el aborto terapéutico.
El aborto está penalizado en Perú salvo para prevenir un riesgo para la
vida o un riesgo grave y permanente para la salud de la madre. Con la
ayuda de una ONG, Camila solicitó al hospital de Abancay el acceso al
aborto terapéutico conforme a la legislación nacional, y también presentó
una solicitud de interrupción voluntaria del embarazo a la fiscal
encargada de la investigación penal por violación para que se designara
un centro de salud que evaluara su caso. Sin embargo, nunca recibió
respuesta del hospital ni de las autoridades judiciales.
Por el contrario, el personal médico insistió en organizar controles
prenatales regulares ignorando el estado de Camila. Cuando Camila no
acudía a los controles prenatales, el personal médico se personó varias
veces a su casa, en ocasiones acompañado de agentes de policía, para
presionarla a que continuara con el embarazo, lo que provocó su
estigmatización y acoso en su familia y comunidad y la obligó a
abandonar la escuela y, más tarde, su pueblo.
Tras tener un aborto espontáneo, Camila fue acusada y condenada por
autoaborto sin más pruebas que sus repetidas declaraciones de que no
deseaba proseguir con el embarazo.
Camila fue acosada asimismo por la fiscal encargada de su caso de
violación. La fiscal ordenó el examen de la escena del crimen con la
presencia obligatoria de Camila y su padre y citó repetidamente a Camila
a declarar. La fiscal también desvió la investigación de la violación para
centrarse en reunir pruebas incriminatorias del presunto delito de
autoaborto.
"Estoy consternada por el modo en que las autoridades nacionales han
tratado a una niña de 13 años víctima de violación e incesto", declaró Ann
Skelton, Presidenta del Comité. “Lejos de ser protegida, dada su extrema
vulnerabilidad, fue revictimizada y acosada por las autoridades sanitarias,
policiales y judiciales. De hecho, pasó de víctima a delincuente".
Privada de justicia en su país de origen, Camila llevó su caso ante el CDN,
alegando que se habían violado sus derechos contenidos en
la Convención sobre los Derechos del Niño.
El Comité consideró que la falta de información sobre los servicios de
interrupción voluntaria del embarazo y de acceso efectivo a dichos
servicios expuso a Camila a un riesgo real, personal y previsible para su
vida y su salud. La situación se vio exacerbada por la condición de Camila
de víctima de violación por parte de su padre, lo que agravó aún más las
consecuencias del embarazo en su salud mental. Por lo tanto, el Comité
consideró que Perú violó los derechos a la salud y a la vida de Camila.
El Comité observó que Camila, una niña indígena y campesina víctima de
violación, fue revictimizada por las autoridades sanitarias, policiales y
judiciales, ya que su solicitud de aborto fue repetidamente ignorada, su
hogar y su escuela fueron frecuentemente invadidos y fue procesada por
autoaborto. Por lo tanto, el Comité consideró que Camila fue objeto de
discriminación por motivos de edad, género, origen étnico y condición
social. Consideró además que la falta de acceso de Camila a un aborto
seguro constituyó en sí mismo un trato diferenciado basado en su género,
que le negó el acceso a un servicio esencial para su salud, castigándola
por no cumplir los estereotipos de género sobre su función reproductiva.
El Comité pidió a Perú, entre otras cosas, que despenalizara el aborto en
todos los casos de embarazo infantil, que garantizara el acceso de las
niñas embarazadas a servicios de aborto seguro y atención postaborto,
especialmente en casos de riesgo para la vida y la salud de la madre,
violación o incesto, y que modificara la normativa que regula el acceso al
aborto terapéutico para prever su aplicación específica a las niñas.
"Saludamos el valor que Camila ha demostrado al defender sus derechos
y presentar su caso ante nosotros a pesar de los numerosos obstáculos
enfrentados", declaró Skelton.
"Esperamos sinceramente que este caso contribuya a desencadenar
cambios estructurales en la legislación y las instituciones peruanas para
que las niñas puedan acceder a un aborto seguro, dado el alto riesgo que
los embarazos suponen para su salud y su vida", añadió.