Campanadel Sur
Campanadel Sur
Directorio
Dalia Marrufo
Directora Nacional de Cultura
Yoselin Guevara
Coordinadora Nacional del Área de Teatro
Juan Tunes
Coordinador Nacional del Área Artes Visuales y del Programa Cultura Bolivariana
Alexis Rojas
Coordinador Nacional del Área de Música
Liana Torres
Coordinadora Nacional del Área de Patrimonio y Turismo
Revisión técnica
Jhonny Quintero
Diseñador gráfico
Marcos Da Silva
Presentación 6
Preludio 7
Reflexiones pedagógicas 8
Autores y coautores 9
Referencias 85
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Presentación
Simón Bolívar
La Campaña del Sur hace alusión específica a la lucha por la emancipación de lo que
hoy es Perú y Bolivia, donde los realistas españoles mantenían una fuerte presencia. El
objetivo principal de los independentistas era vencer a las fuerzas españolas y unificar
las nacientes repúblicas bajo un gobierno autónomo y más justo.
Es por ello que la Juventud Patriótica Estudiantil (JPE) es una organización que persigue
la descolonización del pensamiento en la nueva época, como antes lo fue durante
la lucha independentista, liderada por estudiantes patriotas que se unen para luchar
contra el régimen opresor en cualquiera de sus denominaciones y luchar por la segunda
independencia contemplada en el Plan de la Patria.
La JPE jugó un papel clave en la Campaña del Sur, ya que proporcionó apoyo logístico
y financiero a los patriotas. Los estudiantes también participaron en combates armados
y realizaron acciones de guerrilla en el campo. Hoy, de igual manera, se levanta este
ejército con la misma esencia y fuerza, para seguir avanzando en la construcción de la
Patria Bolivariana.
La Campaña del Sur fue el inicio la unificación soñada por nuestro Libertador, y años
después retomada por el Presidente Hugo Chávez Frías. Como tributo al Congreso
Anfictiónico de Panamá, es una reafirmación de lucha emancipadora, expresada en
la UNASUR, CECAL, ALBA, y manifestada en la lucha de los pueblos de la América
Meridional. Asimismo, es una constante del Presidente Constitucional, Nicolás Maduro
Moros; es recuerdo e impulso, renovación y resistencia: es revolución continental.
“Todas las voces, todas” canta la negra saliendo a caminar por la cintura cósmica del
SUR y Mario Benedetti desde más acá nos comenta que el SUR también existe.
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Preludio
¡Sucre! Es la palabra que hoy resuena entre las aclamaciones. ¿Ese es Sucre?,
preguntaban desconcertados, quienes ahora han alcanzado a ver por vez primera su
persona. ¿Ese jovencito es el primer Gran Mariscal del veterano ejército de El Libertador?
¿Quién nunca tal creyera, pues en país alguno nadie ha llegado como él a tal altura, no
cumplidos aún los veintinueve años de edad? Patriota de Oriente, entra en servicio activo
en la Campaña de Barcelona, de donde pasa más tarde al centro, al servicio del Estado
Mayor del Ejército de Miranda. Al capitular este, regresa a Oriente y se une enseguida
a la Juventud Patriótica que, en audaz escaramuza desde el islote de Chacachacare,
emprende la gesta libertadora.
Asumiendo otra perspectiva sobre el Padre de la Patria, que es vital para el proyecto de crear
una cultura cónsona con los principios fundamentales de nuestra Carta Magna y siendo
coherente con el sentimiento de Simón Bolívar, replanteamos el Poder Moral propuesto
por nuestro Libertador en la constitución, presentada en el Congreso de Angostura el
15 de febrero de 1819. El Libertador concibió el Poder Moral como la Institución que
tendría a su cargo la conciencia nacional, velando por la formación ciudadana a fin de
que pudiera purificarse lo que se hubiese corrompido. Con ello Bolívar quería fundar una
república con base en un pueblo que amara a su patria, a las leyes y a los magistrados,
porque esas son “las nobles pasiones que pueden absorber exclusivamente el alma de
un republicano”.
En cada aula, las y los docentes serán orientadores y difusores de las ideas, pensamientos
y obras de nuestro Libertador, motivando a las y los estudiantes a que integren el nuevo
énfasis: Historia, Patria y Ciudadanía a todas y a todos los actores del hecho educativo
que conozcan al Padre Libertador, convirtiéndose en edecanes de Bolívar; es decir,
practicantes de la enseñanza bolivariana, fomentando el conocimiento y reconocimiento
de nuestro acervo cultural, histórico y patrimonial.
El reto de superar los límites y diferencias, compartir con otras instancias el sueño de
libertad para la ejecución de un proyecto pedagógico y cultural donde se fomente la
conciencia histórica y los valores patrios; uniendo los esfuerzos y estableciendo acuerdos
para la creación o producción de una obra creativa realizada y protagonizada por las y
los estudiantes de nuestras escuelas y liceos.
Estudiantes
Dorianny Sarai Briceño Barreto, Jhoncar Daniel Pérez González, Gabriela Nathaly
Medina Moreno, Carlos Manuel Ojeda Jiménez, Marcela Barreto, Delvin Camacho, Delvin
Camacho, Isbelkys Leandro, Ezequiel Salazar, Luiseny Ruiz, Germain Alfonso Regalado
Ochoa, Raúl Hernández, Kerem Martínez, Mariana Romero, Skarling Poyer, Albany
Torres, Asiel Ramos, Karin Eliezer Perozo, María José Sicerini, Ángel Anaís Deyalith,
Hernández Parra, Samantha Valentina, Cerrada Cruz, Mairym Rodríguez, Alexander
Urbina, Daviannys Mata, Luz Kristal Álvarez Peñaloza, Paola Han Wu, Nicole Valecillos,
Verónica Puerta, Gabriela Arias, Georgina Espina, Arístides Medina, Rocelyn Margarita
Villavicencio Sánchez, Marco Adrián Garcés.
Docentes asesores
Alberto Rodríguez, Gloria Mirta Aguirre De Torres, Jhonny Juvenalliendo Zambrano, Danilo
Prado, Franrosi Solórzano, Luis Montilla, Luis Hernández, Raíza Prieto, Ruth Nieves,
Aidée Coromoto Rodríguez Zamudio, Ruth Rengifo, Javier Tovar, Luis Moreno, Emilio
Zapata, Isamar Sequera, Ligia Latouche, Francisco Mundarain, Salvador Tavera, Yessica
Vásquez, Edith Cuba, Marialy González, Magdalena González, Luisa Juárez, Lucia Noelia
Morales Rojas, Nayarith Del Carmen Mora Peña, Manuel Rondón, Luis Jiménez, Robert
Segura, Julieta Moreno, Guzmán Castro, Jorge Luis Dávila Quintero, Alix Quintero, Joe
Álvarez, Yherdyn Peña, José Tribiño, Marvin Albarrán, Odira Isabel Morales Arenas,
Lisbeth Becerra, Génesis Barrios.
Instituciones educativas
Unidad Educativa Virgen De Betania, Liceo Bolivariano “Belén Sanjuán, Liceo Nacional
“Dr. Felipe Guevara Rojas, Centro De Desarrollo De La Calidad Educativa Estado Barinas,
Liceo Nacional Fernando Peñalver, U.E.P. “Fernando Peñalver”, Liceo Bolivariano Ciclo
Unificado “Anzoátegui”, Liceo Nacional Bolivariano Monseñor Francisco Miguel Seijas,
Liceo Bolivariano “Monseñor Argimiro García De Espinoza”, Unidad Educativa “Manuela
Sáenz”, Unidad Educativa Nacional José Ángel Álamo, Liceo G/J Alberto Muller Rojas,
U.E.N. Sabana Larga, U.E.P Colegio “San José” De Catia La Mar, U.E.P Colegio “Los
Corales, U.E Rafael Antonio Godoy, U.E Ramón Ignacio Guerra, Centro De Desarrollo De
La Calidad Educativa Monagas, U.E.L.B. “Juan De Castellanos”, “Complejo Educativo
Píritu”, Liceo Nacional De Formación Para Las Artes “Estilita Orozco”, C.E “Jacinto
Gutiérrez Coll”, L.B. Prof: Jesús Ramón Contreras Gelvez, U.E.N. Rogelio Illaramendi.
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Capítulo Región Central (estado La Guaira). Visión geohistórica en defensa
integral de la nación en concordancia con el Laudo Arbitral de París y el
Acuerdo de Ginebra
Este valioso y trascendental acuerdo del mes corriente muestra el empeño unánime,
firme y permanente del pueblo de Venezuela en su justa y legítima reclamación territorial
sobre los espacios geográficos que históricamente correspondían a la Capitanía General
de Venezuela, antes de la transformación política iniciada el 19 de abril de 1810, que
devino en la consagración de su independencia como república libre y soberana,
constitucionalmente establecida desde entonces, y que siguen siendo parte irrenunciable
de la Nación.
Venezuela siempre hará valer sus derechos legítimos sobre el territorio de la Guayana
Esequiba, mediante las negociaciones directas, tal como lo establece el Acuerdo de
Ginebra y en el espíritu de la paz que guía nuestra diplomacia.
Venezuela, partiendo del despojo orquestado por el Reino Unido y ejecutado mediante
el fraude arbitral de 1899, ha tenido una legítima y justificada desconfianza histórica con
estos mecanismos, dado el poder decisivo que ejercen los imperios coloniales sobre
estas instancias para imponer sus intereses y despojar a los pueblos.
La más grave de ellas ha sido aceptar y dar trámite a la demanda de Guyana sin que
Venezuela haya dado nunca su consentimiento a la jurisdicción de la Corte. Ninguna
disposición del Acuerdo de Ginebra permite justificar dicha actuación. Además, Venezuela
es uno de los 119 Estados que no reconoce la jurisdicción obligatoria de la Corte. Llama
poderosamente la atención que, desde el año 2015, Guyana, la ExxonMobil y sus socios
dan como un hecho cumplido una decisión de la Corte Internacional de Justicia, a favor
de su demanda unilateral.
También son innegables las presiones ejercidas por Guyana, con el apoyo de la diplomacia
imperial de los Estados Unidos de América, sobre la Secretaría General de la ONU para
que la controversia fuera remitida a la Corte Internacional de Justicia, abandonando la
obligación y la práctica de más de sesenta años para la consecución de una solución
práctica y satisfactoria para ambas partes, que es el objeto verdadero del Acuerdo de
Ginebra. Nunca estuvo pensado, cuando se firmó dicho acuerdo, volver a examinar el
laudo fraudulento de 1899. Fue un asunto superado.
Venezuela fue despojada del territorio denominado el Esequibo en 1899 con el Laudo
Arbitral de París, que calificó como nulo e “írrito” al denunciar en 1962 ante la ONU vicios
en el procedimiento.
Hitos históricos
1887 –– Una nueva línea con dos versiones. Tras la publicación de los británicos de un
nuevo mapa oficial, se establece una tercera Línea de Schomburgk, donde se pretendía
despojar de 167.830 km2 y luego 203.310 km2 de territorio a Venezuela, involucrando el
territorio de El Callao. El presidente Guzmán Blanco, rompe relaciones con Gran Bretaña,
tras la negativa de mover la nueva línea Schombrugk.
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1897 –– Se firma el Tratado Arbitral de Washington, el cual constituirá el Tribunal Arbitral
que habría de decidir la controversia limítrofe entre Inglaterra y Venezuela, y de cuyas
deliberaciones fue excluida Venezuela.
1899 — El Tribunal de Arbitraje dictó una decisión conocida como el Laudo Arbitral de
París, para definir la línea limítrofe entre los Estados Unidos de Venezuela y la Guayana
Británica. En esta sentencia se le concede a Gran Bretaña el 90 % del territorio en disputa.
Venezuela no tuvo ninguna participación.
1962 — Venezuela denunció ante la Organización de las Naciones Unidas que hubo
vicios en el procedimiento arbitral y dejó claro que consideraba el fallo del Laudo como
nulo e írrito. Argumenta que una carta póstuma de uno de los árbitros estadounidenses
evidenciaba la que, asegura, fue una supuesta componenda del presidente ruso en el
tribunal con los representantes británicos para lograr una decisión unánime y contraria
a Caracas.
1966 –– Se firma el Acuerdo de Ginebra, en el cual el Reino Unido reconoce que existe
una controversia sobre ese territorio.
Ese mismo año, Guyana logra su independencia y se inicia una negociación directa entre
ambos países por el diferendo territorial.
1970 — Con los buenos oficios del primer ministro de Trinidad y Tobago, Eric Williams,
Venezuela, Guyana y el Reino Unido firmaron el 18 de junio el llamado Protocolo de
Puerto España, que estableció un plazo de doce años, contados a partir de la rúbrica,
durante el cual “no se haría valer ninguna reclamación que surja de lo dispuesto en el
artículo 1 del Acuerdo de Ginebra y se suspendería el artículo 4 de dicho acuerdo”.
1986 — Las partes acudieron nuevamente a la ONU para destrabar la disputa y acordar
la designación de un buen oficiante que pudiera mediar. A partir de ese momento fueron
designados tres oficiantes. El último de ellos, Norman Girvan, falleció en 2014 sin haber
logrado soluciones al diferendo territorial. Tampoco hubo nuevas solicitudes desde las
partes hacia la ONU para que se designara a un nuevo mediador.
Aquí entonces podemos ver cómo la delimitación del Esequibo fue básicamente un robo
descarado que comenzó con las intenciones de destino manifiesto de la doctrina Monroe
de los EE. UU.
Otro elemento que desacredita a esta instancia ha sido la actuación complaciente de
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la Corte Internacional de Justicia frente al genocidio en marcha en Gaza, sin exigir al
gobierno de Israel un cese al fuego inmediato y beneficiando a los poderes coloniales.
Trágicamente, son las mismas hegemonías que hoy instrumentalizan a la Corte para
apropiarse de los vastos recursos energéticos de nuestro territorio y desestabilizar
América Latina y el Caribe.
Venezuela jamás se dejará extorsionar por un gobierno servil a los más oscuros intereses
foráneos. El único camino posible para la solución de la controversia sobre el territorio
de la Guayana Esequiba es el regreso de Guyana a la mesa de negociación para hacer
efectivo el arreglo práctico, aceptable y satisfactorio para ambas partes, al que se
comprometieron en el Acuerdo de Ginebra, único instrumento obligante y válido entre
las partes para resolver esta controversia.
Guyana, bajo un falso victimismo, se hace acompañar de su jefe colonial, el Reino Unido,
y la maquinaria de guerra más sangrienta que ha conocido la humanidad, los Estados
Unidos de América. Hoy Guyana, el Comando Sur y la CIA, junto a sus socios del norte
global, preparan una agresión contra Venezuela, constituyendo una verdadera amenaza
a la paz y estabilidad de América Latina y el Caribe.
Venezuela, toda, en unión nacional, hará valer sus derechos históricos impostergables
como valientes hijos e hijas de nuestro Libertador Simón Bolívar. Es la hora de la verdad.
El deber de reafirmar que el territorio Esequibo es parte integral del territorio venezolano
es la finalidad del análisis crítico sobre la visión geohistórica que se ha mantenido a lo
largo de la historia venezolana.
La óptica geoestratégica nos brinda una mirada profunda sobre la importancia del
territorio Esequibo en el contexto regional y global. Su ubicación privilegiada en el Caribe
y su potencial en recursos naturales lo convierten en un punto de interés para diversas
potencias mundiales, con aproximadamente 159.000 km2 de territorio codiciado. Esta
zona entre Venezuela y Guyana anteriormente era reclamada por otra nación, Gran
Bretaña. Este territorio, al este del Río Esequibo, le pertenecía a Holanda y entonces
era llamada La Guyana Holandesa. En 1814 Gran Bretaña estaba interesada por estas
tierras, decidió negociar con Holanda, quien consintió el acuerdo y vendió 37.000 km2 del
territorio a Gran Bretaña, desde el río Esequibo hasta el río Cuorentyne, estableciendo
así una nueva colonia conocida como Guyana Británica.
Venezuela en 1834 era una nación con una extensión de un millón de kilómetros cuadrados,
que posteriormente sufrió otra invasión en el Esequibo, provocada por la población
situada en el Río de Demerara (Guyana), con maniobras terrófagas apoyadas gracias a los
mapas del explorador y geógrafo prusiano, Sir Robert Schomburgk, contratado por los
ingleses en el momento de la expansión del territorio oeste del Río Esequibo en adelante,
para manejar la creación de mapas que forjaron límites hasta Upata (estado Bolívar)
asunto que provocó el rechazo de manera oficial de parte de Venezuela, acudiendo a la
Doctrina Monroe como defensa.
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A medida que surgían los conflictos, se llegó a requerir el apoyo de naciones extranjeras
(como los Estados Unidos) y en 1897 se celebra el Tratado del Arbitraje entre los Estados
Unidos de Venezuela y Su Majestad la Reina de Gran Bretaña e Irlanda. Se estipulaba
que ambas naciones deseaban desarrollar acuerdos que llevaran los principios de la
paz y la justicia. Este acuerdo fue llamado “Tratado de Washington” que, curiosamente,
Venezuela fue presionada a aceptar de manera injusta por las insistencias de Gran Bretaña
y los norteamericanos. En 1899, una vez iniciado el arbitraje, el tribunal fue conformado
por dos norteamericanos en representación de Venezuela, dos británicos y un ruso.
Como prueba contundente, se dicta mediante la constitución de 1810 el art. 5 “Territorio
de Venezuela comprende todo lo que, antes de la transformación política en 1810, se
denomina. Capitanía General de Venezuela”. Se reclamaba en aquel arbitraje estimar el
límite en el Río Esequibo, mientras que Gran Bretaña alegaba que la frontera debía ser
marcada hasta Punta Bocima, en las bocas del Orinoco. La sentencia dada en aquel
laudo favoreció a Gran Bretaña, rectificando que Inglaterra era el “dueño” de esas tierras
y tenía todo el derecho sobre el territorio objetivo del Laudo, siendo administrado por la
población de Guyana, logrando que despojara Venezuela de 159.000 km2 de territorio.
Aun así, la reclamación de esas tierras no se detuvo, siguiendo con la controversia.
Durante el año 1949, se da a relucir el fraude del laudo arbitral de París de 1899, mediante
la publicación en The American Journal of International Law, del memorándum de severo
Mallet-Prevot. La publicación delató la antiética y antijurídica decisión, que sometió a
la nación venezolana a ser despojada de su territorio legítimo. Por ese motivo, en 1962
Falcón Briceño, canciller de Venezuela, demandó ante la Asamblea de las Naciones
Unidas la invalidez de la decisión que se determinó en 1899.
En 1966 se firma el Acuerdo de Ginebra, donde los dos gobiernos de Venezuela y Gran
Bretaña reconocen la existencia de un conflicto fronterizo y la soberanía del mismo, por
lo que acuden a la alternativa de este acuerdo para buscar una solución desde un ámbito
pacífico y diplomático que conlleva un basamento jurídico.
El tratado dicta que “ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en
vigencia este acuerdo constituye un fundamento para que se haga respetar lo acordado,
negación de una reclamación de soberanía territorial de Venezuela o la Guayana Británica,
y de crear derecho de soberanía en dichos territorios, excepto en cuanto tales actos
o actividades sean resultado de cualquier convenio logrado por la comisión mixta y
aceptado por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana”.
Esta es una ley que ratifica el Laudo de París de 1899 y también el Acuerdo de Ginebra
de 1966, como única herramienta jurídica válida para una solución. La respuesta del
presidente de Guyana fue la siguiente: “no tolerará la anexión u ocupación de ninguna
parte de territorio soberano”
Sin embargo, ha estado en reclamación bajo términos nulos; para poder entender la
situación de la disputa de Guyana y Venezuela por la Guayana Esequiba debemos irnos
a muchísimos años atrás, al origen de todo.
La historia inicia con la llegada de los españoles a América cuando toman el dominio del
territorio americano, por supuesto, incluido el Esequibo, aunque estaba desocupado,
lo tomaron como suyo, luego sería la llegada de los Neerlandeses los cuales, al ver que
el territorio Esequibo estaba totalmente desocupado, se asientan allí de esta manera
invadiendo el territorio perteneciente a los españoles. En 1595 los españoles notan dicha
invasión y expulsan a los Neerlandeses, próximamente en 1814, acabando las guerras
napoleónicas (fecha en la cual Venezuela estaba en su proceso de independencia) el
Esequibo pasa a ser ocupado por los británicos y se convierte en “Guayana Británica”.
El Laudo Arbitral de París del 3 de octubre de 1899 fue la sentencia emitida por un
tribunal arbitral reunido en París, el cual tenía como objetivo finalizar la disputa entre
Guayana Británica y Venezuela, al establecer los límites fronterizos como mecanismo de
una solución amistosa al diferendo territorial.
Pero, ¿por qué le llamó fraude? Pues, ¡porque lo fue! El Reino Unido (en representación de
Guayana Británica) en dicha corte le exigió a Venezuela que sus representantes legales
fueran estadounidenses, lo cual así se hizo, ¡fraude! ¿Cómo? ¡Como a Venezuela no la
podía representar un ¡venezolano!, ¿qué clase de acuerdo era ese? Obviamente, uno en
el que prácticamente, se le estaba arrebatando el derecho a Venezuela de dejar escuchar
su voz, su reclamo, ¡su derecho de pelear por aquello que les pertenecía!
La posición venezolana alegaba que la frontera debía ser línea media del río Esequibo en
virtud del principio legal llamado Uti possidetis iure (como poseías, seguirás poseyendo)
el territorio por el cual le correspondían los territorios de la ex Capitanía General de
Venezuela al momento de su independencia en 1810, la cual se alega que tenía como
frontera este el río Esequibo. Y como era de esperarse, el tribunal falló a favor del Reino
Unido, adjudicándole el territorio de Venezuela denominado Guayana Esequiba tiene una
longitud de 159.000 kilómetros cuadrados al oeste del río Esequibo.
Venezuela inmediatamente protestó el laudo resuelto por el tribunal arbitral por considerar
que habían existido indicios de actividades irregulares en el tribunal para un fallo calculado
para beneficiar a la Guayana Británica, lo cual haría nulo dicho laudo.
Alejándonos de la historia y yendo hacia la perspectiva, era evidente que allí se había
cometido un fraude, todo estaba muy “cuadrado” el primer y puedo decir que mayor
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indicio fue el hecho de que Venezuela no tenía, sino que debía ser, representada por
estadounidenses, no fue una opción, fue una orden, una exigencia totalmente injusta.
Desde ese punto ya había un indicio de que algo irregular estaba sucediendo.
Venezuela denunció esto ante la ONU, ya que claramente fue algo injusto, pero más allá
de lo injusto, ilegal. En 1966 se presenta el Acuerdo de Ginebra, que básicamente era “un
acuerdo para llegar a un acuerdo” este exponía que se debía llegar a un trato de forma
pacífica y en la cual las dos partes estuvieran de acuerdo. En él se detallan los pasos a
seguir para la resolución de la controversia territorial sobre la Guayana Esequiba, después
de que, en 1962, Venezuela defendiese ante la Organización de las Naciones Unidas, que
el laudo emitido en 1899 por el Tribunal Arbitral de París que definió la frontera entre
Guayana Británica y Venezuela era nulo e irrito.
La posición final de las partes fue la siguiente: Para Guyana (nombre de la Guayana
Británica luego de su independencia) la finalidad del acuerdo es inicialmente determinar
si el Laudo Arbitral de París es nulo e irrito y que, por lo tanto, a menos que Venezuela
demuestre la nulidad, para el Estado Guyanés el laudo es una sentencia definitiva. Para
Venezuela, el objeto del acuerdo es comprometer a las partes a llegar a una solución
satisfactoria para un acuerdo práctico entre los dos países.
Considera que la nulidad del Laudo Arbitral de París está implícita y explícitamente
demostrada y aceptada en el texto del documento, firmado por Guyana cuando aún
era colonia, y que sin ese reconocimiento simplemente no tuviera sentido el acuerdo ni
Guyana tendría que haberlo firmado.
Ahora bien, con la historia ya clara, nos podemos venir al presente, durante muchos años
la Guayana Esequiba ha sido un enfoque internacional, igual que Venezuela como tal, ya
que poseen las reservas más grandes de petróleo en todo el planeta, pero específicamente
la Guayana Esequiba, ha estado siendo explotada por su vulnerabilidad, por su proceso
de reclamación, es uno de los radares principales de una empresa llamada ExxonMobil.
La Guayana Esequiba cuenta con grandes reservas de oro, diamantes, cobalto. uranio,
entre otros, con una de las reservas de petróleo más enorme de todo el mundo, con
unos diversos paisajes con gran expresión de heterogeneidad territorial y una belleza
escénica que le da un gran potencial turístico, además cuenta con la posibilidad de
generar energía hidráulica en un 85 % de su territorio, ya que posee importantes saltos
de agua, raudales y cursos de agua con caídas de alta velocidad. Más que confirmado
que tiene muchísimo potencial para ser explotado.
Regresemos al tema de “el fraude del Laudo Arbitral de París” y el Acuerdo de Ginebra,
puedo entender que el último acuerdo mencionado es una forma sana de llegar a una
solución, pero, si ese acuerdo fue establecido en 1966, ¿por qué ha sido tan difícil llegar a
una conciliación? Venezuela se ha reunido con los representantes de Guyana para llegar
a un trato que favorezca a ambas partes más de trece ocasiones y en ninguna Guyana
ha aceptado algún trato propuesto, ¿qué es lo que pasa? Simple, la ambición de Guyana,
en conjunto con la ExxonMobil, que quieren explotar el Esequibo para sus beneficios.
Puedo tomarme el atrevimiento de decir que nos ha faltado unión, fuerza, “chispa”. Ya
es hora de unirnos y pelear por aquel territorio que desde la creación de Venezuela nos
ha pertenecido. ¿Qué es lo que ha pasado? Que no ha habido un tribunal que invalide el
Laudo Arbitral de París que es totalmente nulo e írrito, dadas las circunstancias bajo las
cuales el tribunal hizo el fallo a favor del Reino Unido.
Nuestros grandes héroes de la patria son los responsables de nuestra libertad, nuestra
soberanía, y nuestra identidad como venezolanos, que desde su presencia crearon la
libertad para el continente americano.
Sucre fue un luchador continuo. Fue magnánimo con enemigos y adversarios vencidos.
Sobre todo, resaltan en Sucre sus conceptos de patriotismo, de honor, de gratitud y
lealtad.
Sin embargo, mediante este escrito haremos reminiscencia por los grandes esfuerzos
que tuvo que hacer no solamente Sucre, sino todos aquellos hombres que de alguna
u otra forma lucharon por la independencia del continente suramericano, dirigidos por
hombres como lo fueron Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y grandes próceres de
la independencia, recordando que hace doscientos años, miles de hombres derramaron
su sangre y murieron en los campos de batalla, otros fueron asesinados por causa de
la libertad de nuestra América, y por medio de este ensayo queremos transmitir ese
sentimiento patriota, recordando que gracias a esos sacrificios podemos decir que
somos libres del imperio español. Hoy, a doscientos años de esas grandes victorias,
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podemos decir rotundamente que el sueño de Bolívar sigue en pie y podemos decir
orgullosamente que somos libres.
Según Miguel Rivas, (445), al general Sucre, estando en Perú, se le otorga el grado de
gran mariscal de Ayacucho por el congreso peruano en 1824, tras comandar al ejército
unido libertador, alcanzando la victoria en la batalla de Ayacucho al derrotar al último
virrey español en América.
Es importante resaltar que Sucre fue pilar fundamental, junto a El Libertador Simón
Bolívar, quienes lideraron las grandes victorias que sellaron la independencia no solo
del Perú, sino de todo el continente latinoamericano, siendo la batalla de Ayacucho su
mayor obra en esa gesta patriótica.
Ministro diplomático
Alba Castro (2004), apunta: Sucre fue ministro diplomático, funcionario de planta del
servicio exterior de rango inferior al embajador y que comprende las categorías de
ministro consejero, cónsul general de primera clase, consejero cónsul de segunda clase,
primer secretario, segundo secretario o tercer secretario.
Además, Antonio José de Sucre, en 1825 fue encargado del Poder Ejecutivo de la
República Boliviana. Todos sus cargos fueron designados por el Congreso General
Constituyente y por la Constitución Boliviana, para más tarde ser también presidente de
esa nación. Fue un diplomático ilustre de la independencia americana y principal héroe
de la actual república de Ecuador.
Ramas militares
Rangos militares
Escenarios geopolíticos
Este ilustre militar del suelo cumanés, fue redactor del tratado de armisticio y regularización
de la guerra en 1820, como parte del armisticio firmado entre Bolívar y Morillo, documento
que puso fin a la crueldad de la guerra a muerte, por lo que fue considerado pionero de
los derechos humanos.
Sucre fue nombrado jefe del ejército del sur de Colombia en 1821, cargo con el que
logró la independencia de las provincias de Ecuador en las batallas de río Bamba y
Pichincha. En 1824 alcanza el triunfo en las batallas de Junín y Ayacucho, victoria que
lo hizo merecedor del título de gran mariscal de Ayacucho; un año después, en 1825,
participó en la ocupación del territorio del Alto Perú.
El congreso peruano, acatando las recomendaciones del general Sucre, invitó al libertador
del norte, general Simón Bolívar, a trasladarse al Perú para consolidar la intendencia.
Bolívar se embarcó en el bergantín “Chimborazo” en Guayaquil, el 7 de agosto de 1823,
llegando al Callao el 1 de septiembre del mismo año. El 10 de septiembre el congreso
de Lima le otorgó la suprema autoridad militar en toda la república. Seguía siendo Torre
Tagle presidente, pero debía ponerse de acuerdo en todo con Bolívar. El único obstáculo
para Bolívar era Riva-Agüero, quien dominaba el norte de Perú, con capital en Trujillo.
Riva-Agüero no dio señal de querer llegar a un acuerdo que posibilitara la unificación
de todas las fuerzas patriotas bajo el mando del libertador del norte, y más bien quiso
entenderse con los realistas.
El mismo Bolívar abrió campaña contra Riva-Agüero, marchando al norte. Pero antes
de que se desatara la guerra civil, Riva-Agüero fue apresado por sus propios oficiales,
encabezados por el coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente, quien, desobedeciendo la
orden de fusilarlo, lo desterró a Guayaquil.
Al compenetrarse más cerca con la región norte, durante su traslado a Trujillo, El Libertador
concluyó que resultaba más ventajoso que su ejército aparcara en Huamachuco, porque
había constatado que Trujillo no tenía retirada.
¡Levantad el grito, armaos, uníos, y hacerles sentir que nunca son esclavos los pueblos,
los pueblos que resuelven ser libres!
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La Campaña del Sur: reflexiones del contexto geopolítico para la liberación
nuestramericana hoy (Estado Barinas)
La Batalla Naval del Lago de Maracaibo, gesta del 24 de julio de 1823, que resultó un
triunfo para el Almirante neogranadino José Padilla al servicio de las fuerzas patrióticas,
quienes doblegaron los embates del comandante español Laborde, significó más que
una victoria, se convirtió en un hecho trascendental desde el punto de vista geopolítico
para las batallas que vendrían luego, como la batalla de Junín el 6 de agosto de 1824
y la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. Veamos los elementos que fueron
significativos y determinantes que se conquistaron en la batalla naval. En primer lugar,
replanteó el escenario geopolítico dentro de América del Sur.
El segundo les permitió a los patriotas venezolanos tener control sobre todo el Caribe
y parte del Atlántico. Eso le permitía tener una herramienta fundamental que mejoraba
notablemente los factores en cualquier escenario bélico: las comunicaciones, el traslado
de personas y de logística para luego prepararse de mejor manera para desarrollar ese
trabajo posterior que fue la campaña del Sur.
La campaña del sur comienza en el año de 1822 y Bolívar la configura luego de la batalla
de Carabobo (1821) y en enero de 1823, cuando Antonio José de Sucre la asume y
empieza a profundizar el manejo geopolítico del momento. Uno de ellos fue la llegada
más rápida de pelotones y batallones por el mar Caribe para la guerra y el tema inclusive
comunicacional, creando condiciones más favorables para las filas libertadoras.
Este continente generaba unos elementos muy importantes, hay tres escenarios que no
hay que dejar de lado: las batallas de Bomboná en suelo neogranadino, dirigidas por
el Libertador Simón Bolívar, quien enfrentó el día 7 de abril al coronel Basilio García.
Pichincha, por su parte, ocurrió el 24 de mayo de 1822 en las planicies del mismo
nombre, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, cerca de la ciudad de Quito. El
general Antonio José de Sucre logra conformar un ejército multinacional (venezolano,
neogranadino, ecuatoriano, peruano) que enfrentó a las tropas del coronel realista
Melchor Aymerich. La derrota de las fuerzas españolas condujo a la liberación de las
ciudades de Quito y Guayaquil.
No hay que olvidar que este proyecto geopolítico para la liberación americana tiene sus
orígenes en las propuestas visionarias del ilustre caraqueño Francisco de Miranda, que
planteaba en el siglo XVIII la solidaridad entre los pueblos que luchan por su soberanía
bajo la bandera de la justicia, igualdad y el principio de la autodeterminación de los
territorios. Estas bases fueron incluidas en el proyecto de constitución del año de 1811,
doctrinas que regirán el destino del país por un corto periodo.
Otro hito importante para conocer en profundidad la campaña del sur es la entrevista
de Guayaquil ocurrida los días 26 y 27 de julio de 1822, entre el general argentino José
de San Martín y Simón Bolívar en la ciudad de Guayaquil, el primero quien jugó un
destacado papel en la independencia de Chile y Perú mientras el Libertador ya gozaba
de un liderazgo continental inobjetable, este encuentro será decisivo en el proceso
independentista sudamericano. El objetivo principal era definir cómo se culminaría la
guerra de independencia, en virtud de que las fuerzas leales a la monarquía se estaban
reorganizando. ¿Y qué debería pasar con los nuevos países independientes para asegurar
y consolidar la independencia sudamericana?
Estrategia final
En enero de 1823 Bolívar regresa a Quito junto a Sucre, luego de la victoria de Pichincha.
Allí coincide con Manuela Sáenz, oriunda de dicha ciudad, y se genera un lazo emotivo
que perdurará hasta el final de sus días. Pero en ese mismo mes se subleva la guarnición
de Lima y el Libertador se ofrece a restablecer el orden, el presidente peruano Riva
Agüero se muestra reacio a tal petición. Bolívar ingresa a territorio inca en septiembre
con un ejército multinacional que dará la batalla final por la libertad de Suramérica. En
enero del año siguiente se encuentra con su maestro Don Simón Rodríguez en Pativilca
y la dimensión de aquel alumno que juró libertad con él en Montesacro 20 años atrás
se pierde de vista, El “Sócrates de América” solo le mira complacido y orgulloso. El
Libertador, a mediados de año, enfoca su esfuerzo en reunificar fuerzas del ejército y
explicar a los peruanos los beneficios de la igualdad social.
El Virrey Miguel de la Serna, que se encontraba en el alto Perú al frente de nueve mil
hombres, pero un conjunto de victorias daba al expedicionario patriota una gran solvencia
moral que le animaba a desterrar para siempre cualquier vestigio de la monarquía, el
ejército patriota que llega fortalecido por ese gran avance geopolítico que dio en la batalla
naval y las otras confrontaciones. Esto permitió a Antonio José de Sucre y a Bolívar el 6
de agosto de 1824 ganar la batalla de Junín. Tan solo era un preludio de lo que pudiera
31
suceder el 9 de diciembre de 1824 en la Batalla de Ayacucho que consolida el triunfo de
los republicanos. La diversidad del componente de la tropa es muy significativa, logrando
consolidar de una vez por todas el triunfo en América del Sur, poniendo fin a trescientos
años de hegemonía del imperio español. Ambas batallas se dan bajo un marco bien
diseñado y generó la derrota de manera contundente y demostró el ocaso en que se
encontraba el ejército del Imperio español.
Otro imperio mucho más agresivo, desalmado y voraz que el antiguo español amenaza
la vida de la especie humana en el planeta. La disyuntiva radica en que el sistema de
hoy se debate entre el mundo capitalista o la vida. Nunca como hoy los pueblos del
mundo habíamos estado tan amenazados. En todos los planos, el económico, político,
cultural y militar. Invitamos a todos a reflexionar, pero sobre todo a actuar para cambiar
este “futuro”. Uno de los rasgos distintivos del nuevo imperio es la mundialización, que
equivale a decir la mercantilización del mundo, la dictadura de las comunicaciones. En
segundo término, el carácter estandarizado de pensamiento único y, en tercer lugar, una
afanosa carrera por convertir cualquier territorio en escenario de conflicto bélico.
¿Qué hacer?
El Libertador emprende una campaña hacia el sur, en ella debe lidiar con la autonomía
que deseaba y solicitaban las provincias más importantes en esa travesía, Guayaquil y
Quito. Ese camino era vital para que permitiera el camino al sur profundo, al Virreinato
de Río de la Plata y al Virreinato del Perú, el lugar por excelencia de los imperios Incas;
así Bolívar dispone de su mejor, fiel, leal y ferviente servidor, el general Antonio José de
Sucre, a quien envía para lograr la tan anhelada unión a su proyecto de la Gran Colombia.
Según los documentos históricos, con la victoria de Sucre en la batalla de Pichincha, se
logra consolidar la unificación de las dos provincias a la República de Colombia (Mora,
1989).
El 24 de mayo de 1822, en las faldas del volcán Pichincha, se enfrenta a las tropas de
Aymerich y, a pesar de su inferioridad numérica, gracias al complicado terreno y al factor
sorpresa, Sucre logró la independencia definitiva de la Real Audiencia en Quito.
Tras unirse Bolívar a las celebraciones, por los méritos de la campaña, Sucre fue
ascendido a general de división y nombrado intendente del departamento de Quito, en
donde promovió la educación y mejoró los servicios públicos y propició la unidad en las
diferencias de castas existentes. No obstante, estas zonas eran altamente volátiles a los
levantamientos constantes.
A Sucre, las armas lo llamarían nuevamente al desatarse una rebelión en Pasto, un territorio
fervientemente realista, en el cual se habían creado guerrillas que habían dado constantes
problemas a las tropas patriotas. Para doblegar definitivamente a la población, Sucre,
bajo órdenes directas de Bolívar, atacó la ciudad y a sus civiles con una violencia pocas
veces vista en las campañas de independencia, en lo que se conocería como la “Navidad
Negra” de 1822, acción que la historia registra y justifica por las tantas pérdidas que
había tenido el ejército libertador, debido a las emboscadas de los lugareños. Una vez
neutralizada esta región y quedando el camino expedito para la liberación del Perú, tras
la renuncia de San Martín en la entrevista de Guayaquil, comenzaron los preparativos
para la independencia ya definitiva del sur, desde varios intentos de San Martín.
“No hace un año que salí de Lima a tomar quince provincias que estaban en manos
de los disidentes (Riva Agüero), y a libertar más de veinte que estaban en poder de los
opresores (españoles). He logrado todo sin un tiro de fusil (batalla de Junín inclusive).
Desde Túmbez al Apurímac, el Perú se ha librado de la anarquía o de la tiranía” (Bolívar,
1824).
El libertador deseaba que estos hechos no hubiesen derramado tanta sangre en feroces
combates, pero sí logró poner orden y paz, tuvo que decretar la abolición de títulos
nobiliarios monárquicos, ordenar la captura de los disidentes, ordenar fusilamientos, ser
poco condescendiente con los lugareños, Bolívar comprendía su sociedad de castas,
comprendió que había un odio étnico, pero en él privaba como genio de la libertad el
proyecto de la unidad continental. Era y es Bolívar el garante de la paz, la estabilidad,
es el conductor de grandes hazañas, el de la libertad y la unidad americana, es él el que
afirmó a los amigos del Perú que tanto lo odian, quienes llevan el discurso antibolivariano
en sus mentes y corazones, a ese Bolívar, al que aún le temen, expresó a los peruanos,
“A principios del año que viene, la paz nacerá del último tiro de cañón y no habrá más
españoles en América” (Bolívar, 1824), ese Bolívar consolidó la independencia de América
y para la más loable proeza de Ayacucho.
Había designado a Sucre como jefe del Ejército Unido Libertador con la finalidad de
avanzar a Ayacucho y dar el golpe final a las últimas fuerzas realistas del continente.
Tras una meticulosa preparación, Sucre llegó al campo de batalla al mando de 5.780
efectivos que se enfrentarían a los 9.310 soldados del virrey José de la Serna. El 9 de
diciembre de 1824 se alzaría como vencedor, mostrando sus grandes dotes de estratega
y consolidándose como el militar más completo de los próceres de la independencia.
Después del triunfo, se le entregaría a Sucre el título de Gran Mariscal de Ayacucho.
Concluida la campaña, por órdenes de Bolívar se dirigió al Alto Perú, teniendo su llegada
el 25 de febrero de 1825 y comenzó a trabajar para lograr estos objetivos.
Enfrentó una resistencia considerable de las fuerzas realistas que aún estaban presentes
en la región, sin embargo, a través de una combinación de habilidades militares y
diplomáticas, Sucre logró superar estos desafíos y finalmente logró establecer una
administración independiente en el Alto Perú.
Este logro no solo marcó un hito importante en la lucha por la Independencia de América
del Sur, sino que también sentó las bases para la creación de la nación de Bolivia. En
reconocimiento a su papel en este proceso, Sucre fue nombrado el primer presidente de
Bolivia. Su liderazgo y contribuciones a la causa de la independencia son recordados y
celebrados hasta el día de hoy.
Por otro lado, la Guerra entre la Gran Colombia y Perú, también conocida como la Guerra
Gran colombo-peruana, fue un conflicto bélico que tuvo lugar entre 1828 y 1829. Este
conflicto surgió debido a una disputa territorial entre ambos países, que se estaban
consolidando tras sus respectivas independencias.
Antonio José de Sucre fue llamado nuevamente al servicio militar cuando estalló la guerra.
Sucre comandó las fuerzas colombianas y luchó contra los invasores peruanos. A pesar
de los desafíos, Sucre demostró ser un líder militar capaz y estratégico. La guerra se
dividió en dos campañas: la naval y la terrestre. La campaña naval resultó favorable al
Perú, que bloqueó la costa del Pacífico de la Gran Colombia y ocupó Guayaquil, mientras
que la campaña terrestre resultó favorable a la Gran Colombia, en la cual el encuentro
más relevante fue la batalla de Tarqui. Finalmente, la guerra llegó a un punto muerto y
terminó con la firma del Tratado de Girón. Este tratado mantuvo la situación territorial
previa al estallido de la guerra, quedando como base de referencia la antigua frontera
virreinal para un posterior trazado de límites más preciso.
Bolívar entendía que la estabilidad interna era esencial para el éxito de la lucha por la
independencia y para la consolidación de la nueva nación. Bolívar era un estadista, no
era solo un hombre de guerra, como se ha dicho anteriormente, entendió la lucha social
existente y la pugna por las diversas castas existentes.
En 1824, Bolívar movilizó sus huestes a Huamachuco. Este movimiento estratégico fue
parte de su plan para asegurar la independencia de Perú. Durante su estancia en Perú,
Bolívar promovió una serie de medidas políticas y militares que culminaron en la victoria
de Ayacucho, un hito que encumbró a las fuerzas patriotas como los artífices y héroes
de la independencia.
Para comenzar es muy importante mencionar que Bolívar llegó al Perú el 1ero de
septiembre de 1823, por invitación del Congreso de la República del Perú. Bolívar viajó
a Lima en el Bergantín Chimborazo y desembarco en el puerto del Callao. Entonces
fue recibido por el presidente José Bernardo de Targe, ministros, congresista y vecinos
chalacos; el 2 de septiembre de 1823, su primera medida: restablecer el orden interno
al día siguiente de su desembarco. El congreso lo recibió con honores y lo nombro
“Suprema Autoridad”.
Así que, el congreso informó oficialmente a Bolívar sobre el conflicto con Rivas Agüero y
le otorgó su apoyo para conminarlo a rendirse. Asimismo, en noviembre de 1823 derrota
a Rivas Agüero y la estancia de Bolívar en Trujillo. La primera acción de Bolívar fue
licenciar las fuerzas de José de la Riva Agüero y dar órdenes para apresarlo y fusilarlo.
Así Ribas Agüero fue apresado en noviembre de ese año, pero el almirante dice que lo
rescató y marchó hacia Europa. Por otra parte, para Bolívar, Trujillo tenía ciertas ventajas:
estaba cerca de Colombia y era un lugar suficientemente distante de las intrigas de Lima;
además, ofrecía un ambiente propicio para organizar su ejército y prepararse para las
batallas decisivas que debían darse en el territorio ocupado por los realistas.
Para terminar con esta información es muy importante mencionar que Bolívar estuvo 3
años en el Perú y durante su estancia promovió una serie de medidas políticas y militares
para el cierre del proceso de la independencia del Perú, su presencia fue importante
para la consolidación de las instituciones forjadoras de la república, y que la victoria
de Ayacucho fue posible debido a la estrategia diseñada por Bolívar para la marcha
entre Junín y Abancay y por el plan de respuestas de Sucre en el encuentro final, la
consumación permitió construir tras el hecho bélico de Ayacucho un carácter histórico
y trascendental que encubrió a las fuerzas patriotas como los artífice y héroes de la
independencia, cada una de las medidas que tomó Bolívar en Perú para establecer el
orden interno son y fueron de mucha importancia porque sin estas medidas no hubiese
sido posible el mejoramiento interno de este país. Incluso la estrategia de Bolívar de
movilizar sus huestes a Huamachuco 1824 es de carácter importante para el triunfo de la
batalla de Junín y Ayacucho.
De igual manera, muchos consideraban que la misión de Bolívar había concluido con
la capitalización de Ayacucho y que correspondía a los peruanos hacerse cargo del
gobierno, pero un sector de la ciudadanía, encabezado por los políticos conservadores,
argumentaba que era necesario un gobierno fuerte, para evitar que la naciente República
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cayera en la anarquía. Igualmente, Bolívar no estuvo permanentemente en el poder, pues
lo dejó encargado al presidente del Consejo de Gobierno desde el 24 de febrero de
1825, aunque siguió dando decretos hasta el 3 de septiembre de 1826, cuando retornó a
Colombia, su autoridad se mantuvo nominalmente hasta el 27 de enero de 1827, cuando
se produjo el fin de su influencia en el Perú.
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Capítulo Región Oriental (estado Anzoátegui). Sublevación del 6 de febrero de
1824. Bolívar dictador
Desde 1822 hasta septiembre de 1823, el héroe caraqueño permaneció en las regiones
sureñas de Nueva Granada y Ecuador, donde dirigió campañas militares para liberar la
región de Pasto del control de poderosas facciones monárquicas. La expulsión de los
realistas del departamento ecuatoriano fue una tarea desafiante debido a la resiliencia de
los líderes realistas J.C. Mourgueón y Melchor Aymerych.
Mientras tanto, en Lima, el protector José de San Martín, que había declarado la
independencia del Perú el año anterior, enfrentó la oposición de la élite local, lo que
finalmente llevó a su renuncia poco después de su regreso de la entrevista de Guayaquil
con Simón Bolívar en julio de 1822. Estas fueron las circunstancias de inestabilidad
política y retirada militar que encontró Bolívar a su llegada al Perú, tierra ancestral de los
Incas.
El objetivo fue localizar las fuerzas del virrey José de la Serna en Cuzco y entablar una
batalla decisiva que determinará el destino del Perú. En febrero, Bolívar, habiéndose
recuperado de sus problemas de salud en Pativilca, comienza a dar instrucciones
detalladas a oficiales como Sucre, Salom, La Mar, entre otros oficiales. Estos meticulosos
planes finalmente conducen a los triunfos en Junín y Ayacucho.
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Poderes dictatoriales. La organización del Ejército Unido Libertador (Estado
Nueva Esparta)
El Libertador Simón Bolívar llegó al Perú en septiembre de 1823 y encontró al país
sumergido en un caos político donde gobernaban dos presidentes, además del Congreso
Constituyente. El 28 de febrero de 1823, desde Guayaquil, Ecuador, Bolívar había
propuesto a Chile y Buenos Aires formalizar una cooperación simultánea para destruir
el ejército realista en América del Sur, cuestión que el general José de San Martín no
desestimó.
No obstante, para comprender el proceso es necesario puntualizar por qué era imperante
la libertad del Perú. Perú, o propiamente Lima, no significaba un sitio más en el mapa de
dominio realista. Lima era la capital española en América del Sur. Lima era un enclave
estratégico desde donde la corona española ejercía su control hacia el resto de los
virreinatos: el virreinato del Río de la Plata, el de la Capitanía General de Chile, el de
Nueva Granada (Colombia) y el de la Capitanía General de Venezuela. Por consecuencia,
mantener el poder en Lima, significaba mantener el poder en América. Cuando el grito de
libertad comienza a minar la América y los movimientos revolucionarios ganan terreno en
toda la región, José Fernando de Abascal, el virrey de turno en Lima, organizó el Ejército
Real del Perú y del virreinato peruano, consolidando una fuerza contrarrevolucionaria
sobre el Alto Perú, Quito, Chile y el Río de la Plata.
Pese a esto, el general San Martín protagonizará una de las mayores hazañas militares
de la historia del continente, al cruzar la Cordillera de los Andes en sólo 24 días,
liberando a Chile junto al chileno Bernardo O’Higgins. Así, el 12 de febrero de 1818, San
Martín partió con su Expedición Libertadora rumbo a su siguiente objetivo: liberar Perú,
desembarcando en costas peruanas en 1820. Para 1821, las tropas del virreinato habían
abandonado la capital, rumbo a Cuzco. Así, el 28 de julio de 1821, en Lima, San Martín
proclamó la independencia de Perú ante miles de personas reunidas en la Plaza Mayor.
Convaleciente Bolívar en Pativilca, se develó que el marqués de Torre Tagle, confiado con
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Juan de Berindoaga y Palomares, conde de San Donás, conspiraban para devolver el
Callao y Lima a los realistas. Otro de los contratiempos que tuvo que sortear el Libertador,
fue la denuncia del Congreso gran-colombiano al declarar la incompatibilidad de las
funciones ejercidas por Bolívar, como dictador y, a la vez, jefe del Ejército Colombiano,
provocando airados desencuentros y encendidos debates entre los parlamentarios. Fue
entonces cuando el Libertador nombró a Sucre comandante general del Ejército Unido
Libertador, y una vez sorteado este percance, dedicó su tiempo a la empresa pendiente
que lo había llevado al Perú. “El 26 de marzo de 1824 asignó a Trujillo el rango de capital
de la República, mientras se liberará de enemigos Lima”. Para los peruanos era insufrible
ya la situación, la anarquía reina por doquier, y la amenaza realista crece. El 10 de febrero
de 1824 Bolívar es nombrado Dictador del Perú, para que controle las riendas.
Su actuación, de hecho, produjo los frutos deseados. El decreto del Congreso del Perú
dice: “Considerando... que sólo un poder dictatorial depositado en una mano fuerte,
capaz de hacer la guerra, cuál corresponde a la tenaz obstinación de los enemigos de
nuestra independencia, puede llenar los ardientes votos de la representación nacional...
La suprema autoridad política y militar de la República queda concentrada en el Libertador
Simón Bolívar”. Eran los días en que el Perú agradecido confiaba en el Libertador y
depositaba en él toda su esperanza. No fue defraudado este país sureño, cuando ese
mismo año de 1824, Bolívar logró desbaratar la anarquía de los inadaptados, y para
cerrar con broche de oro, el 9 de diciembre Sucre vence en Ayacucho, dando libertad al
Perú y al resto de la América dominada entonces por los españoles.
El Ejército Unido Libertador del Perú, durante las últimas campañas nombrado de
forma descriptiva como Ejército Unido peruano colombiano Libertador del Perú, fue un
ejército durante la guerra de Independencia del Perú que tuvo su origen en la Expedición
Libertadora del Perú, al mando de José de San Martín en 1820. Sucesivamente, se fueron
creando nuevos regimientos peruanos, organizados hasta el final de la guerra, y que son
el origen del Ejército del Perú. También se pasaron unidades del bando realista, como el
Regimiento Numancia. Estas tropas estuvieron conducidas por los generales Rudecindo
Alvarado y Andrés de Santa Cruz en las sucesivas campañas sobre los puertos del sur
peruano. Y por último, en 1823, a este Ejército Unido Libertador se les sumaron las
recién llegadas unidades del ejército de la Gran Colombia al mando de Simón Bolívar.
Este ejército peruano-colombiano estuvo comandado por Antonio José de Sucre en la
campaña final de Ayacucho. La victoria de Ayacucho también fue posible debido a la
estrategia diseñada por Bolívar para la marcha entre Junín y Abancay y por el plan de
respuesta de Sucre en el encuentro final.
Estos poderes dictatoriales de Bolívar fueron en un periodo en que este ejerció un poder
autoritario en varios países de América del Sur, especialmente en la Gran Colombia, que
como señala la historia incluía los territorios de la actual Colombia, Venezuela, Ecuador
y Panamá; con el propósito de mantener la unidad y estabilidad en la región, pero sus
métodos autoritarios generaron controversia.
Trayendo como consecuencia uno de los episodios más destacados de lucha interna,
como lo fue la sublevación del 6 de febrero de 1824, liderada por José Antonio Páez
y otros caudillos regionales, en la que se enfrentaron al gobierno centralista de Simón
Bolívar.
Aun cuando esta idea de gobierno tenía como objetivo fortalecer la unidad y cohesión
de la joven república frente a los desafíos de la independencia recién lograda y la
necesidad de establecer instituciones sólidas para gobernar un vasto territorio, lo que
generó tensiones y conflictos, especialmente en relación con la autonomía regional y la
distribución de poderes entre el centro y las provincias; lo que fue mal visto por Páez y
sus seguidores.
Ya que el Libertador, según Bolívar Meza (1994), señalaba que el sistema federal no era
el más adecuado para las nacientes repúblicas americanas, decía que los federalistas
querían repetir la experiencia norteamericana, que no se adecuaba a las necesidades
latinoamericanas. Y por ello dijo lo siguiente: “Yo soy del sentir que mientras no
centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas
ventajas; seremos indefectiblemente envueltos en los horrores de las disensiones civiles,
y conquistados vilipendiosamente por ese puñado de bandidos que infestan nuestras
comarcas”.
Lo anterior implicaba tener sus bases en la soberanía del pueblo, con división de poderes,
libertad civil, proscripción de la esclavitud, abolición de la monarquía y de los privilegios y
así sacrificar el federalismo en aras de una eficacia administrativa y política simplificando
los elementos del gobierno.
Otro factor importante de los sucesos de 1824 fue la organización del Ejército Unido
Libertador, fuerza militar liderada por Bolívar con el objetivo de liberar a varios países
sudamericanos del dominio español. Este Ejército Unido estaba compuesto por soldados
de diferentes nacionalidades (colombianos, venezolanos y ecuatorianos) y desempeñó
un papel crucial en la lucha por la independencia en la región, representó una coalición
de fuerzas liberales que buscaban terminar con el dominio español en América del Sur.
El liderazgo efectivo de Sucre, respaldado por el apoyo de Bolívar, fue fundamental para
la exitosa conclusión de la campaña de independencia en Perú, logrando la libertad de
este país y contribuyendo significativamente a la causa de la independencia en toda
América Latina (Salcedo, 2019).
Con el transcurso de los años, ha sido evidente que siempre se presentaron circunstancias
que han marcado la historia de la humanidad, situaciones históricas por la huella que
dejaron, delimitando un antes y un después en la sociedad. Tal es el caso del Congreso
de Perú realizado en 1824, aunque es muy poco nombrado a la hora de acotar hechos
históricos, en él se resaltaron hazañas heroicas de gran relevancia por su repercusión, no
solo en Perú como nueva nación independiente, sino a nivel del continente americano,
dignas de ser conocidas y analizadas.
Según Yépez (2004), se pueden tomar de todo lo sucedido ciertos puntos de gran
atención. Entre los que destacan son el encuentro en Guayaquil de El Libertador Simón
Bolívar con el general José de San Martín, entre los días 26 y 28 de julio de 1822, en
donde se definieron sus intenciones políticas, en cuanto a la forma de gobierno que
debía darse en los nuevos países independizados de España, en especial Perú, en el
que difirieron, ya que el venezolano optaba por un gobierno republicano, mientras que el
rioplatense pretendía continuar con un gobierno monarca, específicamente guiado por
un príncipe de Europa, además requerían aclarar los límites fronterizos entre Colombia
y Perú (p. 164).
Cabe destacar que parte de Perú ya había sido liberada por el general José de San
Martín, por lo tanto, faltaban las provincias del Alto Perú, por las acentuadas diferencias
sociales, aunque en general existían dos clases sociales predominantes, los oligarcas
pudientes y los pobres, entre los que estaban los esclavos, siendo los oligarcas, por
supuesto, la clase dirigente del Perú, que desconfiaban del movimiento independentista.
Por consiguiente, se presentaron dificultades políticas y militares, que afectaron este
proceso al inicio, lo que provocó que el general José de San Martín renunciara a su
título de Protector del Perú a mediados de 1822 y emigrara de la región, dejando a
cargo al Congreso peruano, pero directamente a una Junta de Gobierno que tampoco
logró el objetivo, lo que ocasionó que solicitaran la ayuda a la República de Colombia,
específicamente a El Libertador Simón Bolívar, para continuar luchando por la libertad,
por medio de poderes dictatoriales (Arias, p. 156).
Este triunfo influyó de una forma muy significativa en la moral de las fuerzas patriotas, y, en
cambio, para los realistas fue todo lo contrario, ocasionando posteriormente la deserción
de algunos soldados, que además cedieron sus posiciones y dominio estratégico en la
Sierra Central peruana, por huir hacia Cuzco. Cabe destacar, que la victoria de Junín
allanó el camino para el éxito de los independentistas en la batalla siguiente. Según
Méndez (1999), los hechos de la Pampa de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824,
sellaron la gesta emancipadora de Perú y el continente americano, un final marcado por
el encuentro de dos poderosos ejércitos, numéricamente aplastante el de los españoles,
que contaban con 9310 hombres, al que se enfrentaron apenas 5780 de los patriotas.
Dentro de estos participaron soldados de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina
y Chile, y hasta un inglés llamado William Miller.
Fue tal su importancia para la historia que Bolívar cambió el nombre de la ciudad de
San Juan de la Frontera de Huamanga por el de Ayacucho, en recuerdo de la Pampa
histórica (Ministerio de Cultura del Perú, 2019).
Todo esto, para lograr la independencia de la corona española, no solo de este país, sino
de América, siendo resaltado en el Congreso de Perú en 1824 al nombrar a El Libertador
Simón Bolívar presidente de la República de Perú y de forma muy especial “Padre y
Salvador del Perú”, al igual que al cumanés Antonio José de Sucre “Gran Mariscal de
Ayacucho”, por ser los responsables de esta victoria tan eminente (Yépez, 2004, p. 166).
Este tratado consta de 18 acuerdos entre los realistas y los libertadores, entre los que
están: la entrega de todo el territorio, los soldados españoles podían regresar a su país,
pero sí deseaban quedarse y unirse al ejército peruano, lo podían hacer, se respetaría
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la propiedad privada de españoles que se hallaran fuera del Perú, cualquier habitante
podía migrar a otro país, si así lo desease, los españoles aceptaron entregar la plaza
del Callao “el Real Felipe” y zonas aledañas con su guarnición, además entregar todos
los archivos, almacenes, existencias y tropas de las provincias y amnistía para ambos
bandos; a pesar de España haber sido derrotada, logró hacer que se le reconocieran los
gastos de guerra; significando la independencia del Perú y de toda América.
Para esta fecha, se instala solemnemente el Congreso Constituyente del Perú, presidido
por Javier de Luna Pizarro, acompañado por José Sánchez Carrión y Francisco Javier
Mariátegui como diputados; Fue la primera institución política elegida democráticamente
en el Perú; sus miembros, llamados diputados, fueron designados en elecciones populares
convocadas por el libertador José de San Martín, quien ejercía entonces el poder como
protector del Perú.
Tras la convocatoria que hizo San Martín a la implementación del Congreso Constituyente,
la elección de diputados, y luego de la instalación del ente legislativo, José de San Martín
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renunció al cargo de Protector y entregó sus poderes a esta institución gubernamental;
entregando el Poder Ejecutivo a tres de sus miembros, que conformaron un cuerpo
colegiado denominado la Suprema Junta Gubernativa y cuya cabeza era el general José
de la Mar.
El Congreso Constituyente del Perú fue la primera institución política convocada por
San Martín, donde la ciudadanía elegiría democráticamente un Congreso Constituyente
mediante el decreto 146, con la misión de establecer la forma de gobierno que en adelante
regirá al Perú, así como una constitución política adecuada.
La labor principal de este congreso fue dar a la República del Perú su primera constitución
política, que fue la Constitución liberal de 1823; asimismo, ante el retiro de San Martín,
entregó el Poder Ejecutivo a tres de sus miembros, que conformaron un cuerpo colegiado
denominado la Suprema Junta Gubernativa y cuya cabeza era el general José de la Mar.
Bolívar y San Martín afinaron estrategias para la Independencia. Entre los días 26 y 27 de
51
julio se efectuó la reunión con el propósito de llegar a un acuerdo sobre la soberanía de
la provincia de Guayas, el destino de Perú y, en forma general, de la América del Sur. Tras
la presentación de las delegaciones, los generales discutieron en privado.
El Libertador realizó los preparativos para esta reunión con la intención de poner orden
en Guayaquil; Los partidarios de una Guayaquil independiente tenían sus esperanzas
puestas en la división argentina que había luchado en la batalla de Pichincha el 24 de
mayo. Sin embargo, Bolívar intuyó las verdaderas intenciones de San Martín, quien venía
de liberar a Argentina, a Chile, a Perú y tenía planes distintos para Guayaquil. Bolívar
logró frenar los propósitos del movimiento, reteniendo a las tropas argentinas frente a
Quito y enviando al ejército colombiano a Guayaquil.
La reunión giró en torno a temas militares y se mantuvo bajo estricto secreto todo lo
conversado. Finalmente, Bolívar ofreció a San Martín un banquete y a mitad de la comida, el
general argentino se retiró hacia el muelle para embarcarse con destino a Perú. Guayaquil
se incorporó a Colombia el 31 de julio del presente año. En Acto Solemne se declararon
Independientes. Perú ha roto las cadenas de la opresión: “Desde este momento Perú es
libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa”
Con estas emotivas palabras dio inicio a su discurso el 28 de julio el general José de San
Martín desde las inmediaciones de la plaza Mayor de la ciudad, rodeado de decenas de
personas que manifestaron su enorme júbilo por la decisión anunciada, y ante la mirada
atónita de jefes militares, religiosos, políticos y público en general.
Nueve días después, el propio Torre Tagle aprobó un decreto del congreso que le otorgó el
cargo de máxima autoridad militar, y de ser necesario todo el poder político. Esta decisión
vino a complicar aún más el escenario político de Perú, creando con esto que tanto Torre
Tagle como De La Riva Agüero, cada uno por su parte, mantuvieran conversación con
los realistas. Bolívar, unos meses antes de su llegada al Perú, muy estratégicamente
enviado a Lima, ha uno de sus mejores generales con la misión de observar la situación
real que estaba viviendo el pueblo del Perú, y poder así ser notificado de primera mano
y con detalles la situación: política, económica, social, militar, geopolítica y de soberanía
nacional que estaba viviendo el país peruano. Sucre llegó a Lima el 10 de mayo de 1823
y el 30 de mayo de ese mismo año fue nombrado comandante del Ejército Unido. Su
llegada al Perú fue un encargo muy estudiado e ideado del mismo Libertador Simón
Bolívar para el General Sucre.
Una vez en la capital del Perú (Lima) Sucre, por recomendación de Bolívar, inició los
preparativos para la campaña del Perú. Y es que para Bolívar, el poder español asentado
en el Perú, era el principal obstáculo para la emancipación de América del Sur, y a su vez
un impedimento para restablecer el orden interno en el Perú.
El Libertador Simón Bolívar estuvo tres años en el Perú y durante su estancia promovió
una serie de campañas para la independencia del Perú. El día siguiente a su llegada,
el Congreso lo nombra suprema autoridad y poco después le encarga la dirección de
la lucha contra el ejército realista, disponiendo que el mismo Torre Tagle debía rendirle
53
cuentas de sus acciones. La primera acción de Bolívar fue eliminar las fuerzas de José
De la Riva Agüero, quien fue presidente del Perú antes de Torre Tagle y se negaba a la
llegada de El Libertador a Trujillo. Cuando Riva Agüero lo descubrieron, fue apresado y
acusado de traición a la patria, el 25 de noviembre de ese mismo año, Riva Agüero iba a
ser fusilado, pero logró escapar y se fue a Inglaterra.
Bolívar, temiendo la invasión de Lima por parte del ejército realista, como en efecto
sucedió, y tras la rebelión del callao, Bolívar decidió mudar su cuartel general al pueblo
de Pativilca, ubicado a unos 200 km de Lima. Por consiguiente, antes de la Batalla de
Ayacucho, El Libertador había vuelto a nombrar un Gabinete Ministerial para él y mantuvo
a José Faustino Sánchez Carrión como ministro. Su gobierno se destacó por la represión
contra el pueblo y sus opositores. El gobierno de Bolívar se caracterizó por la creación de
instituciones básicas dentro de lo que sería la organización del naciente estado peruano.
Inicia la campaña del Perú, con la victoria de Junín y al llegar a Lima es recibido como
“El Libertador” recibiendo del pueblo peruano la “Espada del Perú” y la “Orden del Sol
del Perú” entregada por José de San Martín, dichos reconocimientos acompañaron a
Bolívar hasta su muerte. La batalla de Junín fue uno de los últimos enfrentamientos que
sostuvieron los ejércitos realistas y patriotas en el proceso de la independencia del Perú
el seis de agosto de 1824.
Como dictador, Bolívar implementó una serie de reformas políticas, económicas y sociales
destinadas a fortalecer el gobierno y promover el desarrollo del país. Entre estas medidas
se encontraban la creación de nuevas instituciones gubernamentales, la promulgación
de leyes para fomentar la educación y el comercio, y la implementación de políticas para
mejorar las condiciones laborales y sociales de los ciudadanos.
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Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por establecer un gobierno fuerte y estable
en Perú, Bolívar enfrentó numerosos desafíos durante su mandato como dictador. La
resistencia realista continuaba siendo una amenaza para la estabilidad del país, mientras
que las tensiones políticas internas amenazaban con socavar su autoridad.
Hablar de Simón Bolívar siempre será un gran orgullo, pues su pensamiento sigue vigente
y camina entre nosotros, entre cada uno de los venezolanos que nos sentimos orgullosos
de que en nuestra patria haya nacido el Libertador de América. El pensamiento de Bolívar
fue el principio de la historia de libertad de toda América del Sur, debido a que su pasión
contagiosa por la emancipación logró unir fuerzas de tierras diferentes en una sola voz
que aclamaba la libertad. Su legado ha retumbado hasta los presentes días influyendo
en los valores e ideales, no solo de los venezolanos sino de todos los latinoamericanos,
ya que se ha tomado como un gran ejemplo de líder.
La Batalla de Junín fue una gran osadía, ya que fue un enfrentamiento sin artillería,
llevado a cabo un 6 de agosto de 1824 en la Pampa de Junín, al noroeste de Perú, en
la que participaron fuerzas republicanas a cargo de Simón Bolívar, y, por otra parte, el
ejército realista comandado por José de Canterac. Previamente, en 1882, al entrevistarse
Simón Bolívar en Guayaquil con José de San Martín, queda a cargo de la independencia
del Perú. Al entrar al Perú y saber sobre su situación de guerra, Bolívar recordó lo vivido
durante la Campaña Admirable, dándose cuenta de manera decisiva cómo las divisiones
de clases entre americanos superaban el interés de los mismos por emanciparse de
España. Convencido entonces de la necesidad de hacer más honda la separación entre
españoles y americanos.
El plan del ejército realista era llegar al Alto Perú e imponer sus reglas por orden del
español José de la serna, en un intento orgulloso de continuar con sus catorce años de
victorias.
Fue así como el 29 de junio el ejército patriótico, después de tantas adversidades, llegó
al cerro de Pasco. Muy pronto le llegó la noticia a Bolívar de que las tropas realistas de
Canterac se habían desplazado al lago de Reyes, que estaba ubicado en las faldas del
mismo cerro. Finalmente, el 2 de agosto, 4 días antes de la Gran Batalla, El Libertador
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pronunció una de sus más célebres proclamas:
“¡Soldados! —Decía en ella— vais a contemplar la obra más grande de que el cielo ha
podido encargar a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud. ¡Soldados!
Los enemigos que vais a destruir se jactan de 14 años de triunfos; ellos, pues, serán dignos
de medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil combates. ¡Soldados! El
Perú y la América entera aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria; y aun la Europa
liberal os contempla con encanto; porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza
del universo” (Liévano Aguirre, 2011, p. 487).
De pronto, las reservas del ejército realista lograron quebrantar las defensas de los
patriotas. En el momento más crítico de la batalla, el general Miller, usando un viejo
truco llanero, gritó: ¡Vuelvan caras!, una táctica que hacía pensar al enemigo una retirada
rápida, pero cuando menos se lo esperan, se vuelven a dar la vuelta, y ya organizados,
se lanzan con furia y pasión de nuevo a la batalla, con galopeo cuál trueno embistieron
al enemigo, dejándolo en desventaja, consiguiendo así la victoria.
Sin duda, en tan solo cuarenta y cinco minutos se logró una satisfactoria victoria gracias
a la pasión y sentimiento por la libertad que Bolívar y demás generales lograron grabar
en el alma de cada soldado.
La Gran Campaña siguió avanzando, a pesar de que Simón Bolívar ya no seguía a su lado,
debido a que por decisión del Congreso de Colombia adoptada en julio, se le retiraba
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la posibilidad de encabezar las tropas que estaban llamadas a guerrear en el Perú con
el argumento de que un presidente no debía participar en batallas de otro país para no
comprometer el propio.
Ante la inminente derrota, Canterac se vio obligado a negociar con Sucre, lo que
llevó a la firma de la Capitulación de Ayacucho, ese mismo día, siendo este histórico
documento la que marcó la independencia definitiva del Perú y el fin del dominio español
en Sudamérica, estipulando la rendición de los realistas y la entrega de las posiciones
que aún mantenían, a cambio de garantizar su regreso seguro a España y el respeto a las
propiedades españolas.
La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas
terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas en América del Sur, y
significó la consolidación de la independencia de la República del Perú.
La batalla de Junín fue un enfrentamiento bélico que tuvo lugar el 6 de agosto de 1824, en
la Pampa de Junín, en el centro del Perú. Poco se conoce, aparte de que fue a sablazos
y de que se ganó gracias a la intervención de José Andrés Rázuri. Pero la bibliografía
reciente e incluso la tradicional parten de una narración notablemente distinta, al saber
común que tenemos en el país.
Para empezar, la coyuntura política cambió bruscamente y fue bien aprovechada por
Simón Bolívar. En España, en el año de 1823 hubo un golpe de Estado absolutista, donde
el Rey Fernando VII restableció sus fueros, aboliendo por segunda vez la Constitución
Liberal de Cádiz.
La noticia provocó una profunda división de las fuerzas realistas en el Perú, por su parte
estas se habían fortalecido en la sierra central y sur, además de la actual Bolivia. La
vanguardia realista aún combatía por el Norte Argentino y con el Virrey establecido en el
Cuzco controlaban el corazón andino del continente.
Pero en el Alto Perú, se sublevó el general Pedro Olañeta, quien era un obstinado
absolutista, y detestaba al Virrey La Serna, quien era partidario de los liberales.
El primer conflicto de los colombianos en el Perú fue con el presidente Riva Agüero,
quien fue destituido y acusado de negociar con el Virrey, quien había sido deportado;
luego Bolívar se enfrentó a la aristocracia limeña y mató a uno de los suyos, quien fue
Berindoaga.
En medio de una grave crisis, el segundo presidente, Bernardo de Torre Tagle, se pasó
al bando realista y, con parte de la nobleza colonial, se asiló en los Castillos del Callao,
al mando del general Rodil; allí moriría, reconvertido a favor del Rey. El campo patriota
se había desangrado y vuelto a renacer durante 1823. La reorganización fue liderada por
el liberal radical José Faustino Sánchez Carrión, quien con decisión salvó la República.
Bolívar subió a la sierra central y encontró a Canterac, que comandaba a los realistas en
los alrededores del lago Junín. El Ejército del Rey estaba retrocediendo y sus infantes
caminaban adelante. Mientras los patriotas avanzaban, sus caballos trataban de alcanzar
al enemigo. En la tarde del 6 de junio, ambas caballerías fueron al choque.
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Canterac inició el ataque arrollando a los patriotas, cuyo jefe, el general argentino Mariano
Necochea, cayó herido e incluso fue hecho prisionero, pero cuando la batalla no había
concluido, cargó la reserva patriota, integrada por los Húsares del Perú, luego llamados
de Junín, y cambió el curso de la lucha.
Esta gesta heroica del general Antonio José de Sucre se dio cuando lideró uno de los
enfrentamientos finales de las guerras de Independencia y puso fin al colonialismo en
América del Sur, con la decisiva victoria en la Batalla de Ayacucho, que obtuvo el Ejército
Unido Libertador sobre el Ejército Real del Perú que dirigía el general José de la Serna.
A pesar de que las tropas patriotas contaban sólo con 6.000 soldados y los realistas
con casi 10.000, el Ejército Libertador logró que los españoles pidieran capitulación en
menos de seis horas de combate, cuando José de Canterac, en sustitución de José de
la Serna, reunió a sus generales para admitir la derrota.
“Soldados, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de
gloria va a coronar vuestra admirable constancia.» ¡Soldados! ¡Viva el Libertador! ¡Viva
Bolívar, salvador del Perú!”, fueron las palabras de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, a
sus tropas antes de iniciar la contienda.
Esta batalla dio paso a la Capitulación de Ayacucho, que fue firmada el mismo 9 de
diciembre de 1824 por el Mariscal Antonio José de Sucre y el jefe de Estado Mayor
realista, José de Canterac.
Este tratado disponía que el ejército realista renunciaba a seguir la lucha y fijaba
la permanencia de los últimos soldados realistas en las fronteras de la Provincia
Constitucional del Callao, ciudad situada en el centro-oeste del Perú.
Asimismo, establecía que la República del Perú debía saldar la deuda económica y
política a las naciones que ayudaron militarmente a su independencia.
Allí, en los campos de Ayacucho, se selló la independencia del Perú y la de toda América,
que pendía de la derrota completa y absoluta del ejército español en la tierra misma del
que fuera, junto con Nueva España (México), el más poderoso virreinato de América.
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En Ayacucho derramaron su sangre, por igual, peruanos, venezolanos, colombianos,
ecuatorianos, bolivianos, chilenos, argentinos, mexicanos y aun españoles creyentes en
la causa de nuestra común independencia.
Esta batalla es el sello triunfal de Antonio José de Sucre, considerado el militar más
completo de todos los próceres venezolanos y patriotas. Su conducción en esta lucha fue
de las más brillantes y gracias a ella le otorgaron el título de Gran Mariscal de Ayacucho.
Capitulación de Ayacucho
Y así fue como se hizo flamear las banderas americanas en la Pampa de Ayacucho. Fue
tal su importancia para nuestra historia que Bolívar cambió el nombre de la ciudad de
San Juan de la Frontera de Huamanga por el de Ayacucho, en recuerdo de la Pampa
histórica. La vigencia de la lucha y búsqueda de la Libertad es un elemento de ese
momento histórico y de la actualidad donde los enemigos de la Patria han cambiado,
sin embargo, la resolución de ser un pueblo soberano se mantiene de una manera tan
apasionada como en ese instante en que pese a todo el bloqueo y las medidas nos
seguimos manteniendo en pie de lucha, avanzando hasta la victoria final.
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Bolívar en tiempo presente (Estado Trujillo)
Es de hacer notar que, a partir del año 1999, en nuestra nación se inicia un proceso de
transformaciones aceleradas en todos los ámbitos de la sociedad venezolana; pero uno
de los más trascendentes y significativos fue el proceso constituyente, donde se consultó
al pueblo venezolano sobre la necesidad y la posibilidad de refundar la República, y
desde allí, crear una nueva carta magna, la cual regiría los destinos de todos los hombres
y mujeres de esta hermosísima nación llamada Venezuela.
Y es por ello que las actuales generaciones están invitadas a dejar de lado esa vieja
concepción de un Bolívar atrapado en el frío mármol; y conociéndolo más a fondo,
empecemos a entablar esa tan necesaria amistad entre nuestro Libertador, su obra y
el ciudadano en ciernes que somos cada uno de nosotros. A pesar de las limitaciones
propias que nos impone el presente ensayo, trataremos de repasar algunos aspectos de
su obra, para hacer y pensar a Bolívar en tiempo presente. Buscando a través del tiempo
esa palabra esclarecedora que a través de su adelantado pensamiento nos heredó para
quienes hoy nos enfrentamos a las nuevas amenazas que se ciernen sobre la república.
Y tomando en consideración que la República Bolivariana de Venezuela es actualmente
una nación asediada tanto por los enemigos internos como por los externos, se
considerarán (de forma breve y tal vez, no con la profundidad que deseáramos) 04 obras
generadas en los difíciles tiempos de la guerra de independencia y que hoy por hoy,
cuando libramos las batallas por una segunda y definitiva independencia, se considera
oportuno desempolvarlos y convertir la palabra en acción rebelde y redentora. Porque
es precisamente, mirar a Bolívar y a su obra desde una óptica diferente, distinta, que
sirva para forjar la conciencia del pueblo y no para las élites que por más de dos siglos
han constituido el statu quo y que han tenido a Bolívar como la excusa para obtener
prebendas y beneficios.
Es una mirada desde lo que nuestro profesor en el aula de clases llama la historia
insurgente. Es en este sentido, la generación de discursos para darle voz a los que
tradicionalmente han sido silenciados, a quienes se les ha despojado de los más básicos
principios de participación y protagonismo en su propio destino y el de la nación toda. En
este orden de ideas, el primero de los documentos sobre los que se dilucidarán algunas
ideas, será el “Manifiesto de Cartagena” texto producido por el Libertador Simón Bolívar
el 15 de diciembre de 1812 en el peor de los escenarios después de la caída de la primera
república, de la Capitulación de Miranda y el incumplimiento de los acuerdos por parte
de Monteverde.
Este manifiesto, que es el primer documento conocido de Bolívar, no sólo deja ver al
estadista que representaba este caraqueño que soñaba con la independencia de su
patria de un imperio que la había sometido por más de tres siglos, sino que, además, deja
patente las causas que originaron la pérdida de la república en manos de sus adversarios.
Veamos: De lo referido se deduce que entre las causas que han producido la caída de
Venezuela, debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su constitución; que, repito,
era tan contraria a sus intereses, como favorable a los de sus contrarios. En segundo
lugar, el espíritu de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero: la
oposición al establecimiento de un cuerpo militar que salvase la República y repeliese los
choques que le daban los españoles. Cuarto: el terremoto, acompañado del fanatismo
que logró sacar de este fenómeno los más importantes resultados; y últimamente las
facciones internas, que en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la
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patria al sepulcro.
Es para nosotros de vital importancia comprender el ejemplo que nuestro Libertador nos
lega, en cuanto que, al enfrentar las adversidades y en procura de enrumbar el destino
de la recién nacida república, hace un análisis sosegado, determina los factores que
incidieron en la misma, estudia la realidad desde los más diversos ámbitos y contextos,
para de esta manera, buscar los correctivos adecuados. En los cruciales momentos que
atravesamos como país, esta es la actitud que necesita nuestra patria de todos y cada
uno de nosotros para comprender el verdadero contexto de la situación que atravesamos
y no procurarnos respuestas inmediatistas y viscerales. En segundo lugar, dentro de la
amplia obra de Simón Bolívar, se considera, de igual manera, la Carta de Jamaica.
A este respecto, se destacan algunos de los aspectos sobre los que hace hincapié Bolívar
en este texto. Veamos: Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más
grande nación del mundo, menos por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria
(…) Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con
un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una
lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno
que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse. De nuevo vemos la
importancia de hacer nuestras las palabras aleccionadoras de Simón Bolívar, puesto
que, precisamente, las grandes potencias mundiales actualmente se aprovechan del
desencuentro de nuestros líderes latinoamericanos, para sembrar en ellos la desunión, la
confrontación y la pugna estéril, con el único objetivo de hacernos débiles; puesto que,
como advertía el propio Bolívar, ellos saben que en la unión está la fuerza.
En tercer lugar, quiere traerse a colación un texto esencial no sólo para el pueblo
venezolano, sino para la América toda; tal como es el llamado “Discurso de Angostura”
pronunciado por el Libertador y Padre de la Patria el 15 de febrero de 1819 en la instalación
del Congreso Constituyente en la ciudad de Angostura en el sur de nuestro país.
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Con este texto, quiere dejarse ver la visión y la actitud del hombre de Estado, de quien
pretende (inspirado en el ideario de Francisco de Miranda) darle forma al proyecto no
sólo de república, sino, de unidad nuestroamericana. Con este documento, sentó las
bases de un gobierno que debe procurar, en todo momento, “dar la mayor suma de
felicidad posible” al pueblo que gobierna.
Entre los aspectos más relevantes que se pueden extraer de este documento se
encuentra, por ejemplo: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por
el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija
de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.
No es casualidad que, hoy por hoy, a los jóvenes se nos quiera idiotizar con tantas cosas
superficiales que se nos ofrece al alcance de un clic. De la misma manera, si asumimos
como nuestro el legado de El Libertador Simón Bolívar, debemos ser críticos con la
información que recibimos. Recordemos que no existe un discurso neutro, todo discurso
tiene una intención, y la principal intención de los grandes medios es manipularnos.
Hoy somos víctimas de las fake news; puesto que vivimos en realidades construidas en
laboratorios, debe recordarse lo que decía el ministro de propaganda de Hitler, Joseph
Goebbels: “una mentira dicha mil veces se convierte en realidad”. ¿Cuántas mentiras se
han dispersado sobre Venezuela? Pero peor aún, ¿cuántas veces, hacemos el juego de
repetir esas mentiras? la verdadera tragedia es que terminamos creyéndolas. De este
discurso pronunciado en Angostura, también extraemos lo siguiente: “Renovemos en el
mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere
ser virtuoso […] la educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal
del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras
primeras necesidades”. Estas frases deben ser tatuadas con tinta indeleble en nuestros
corazones y en nuestros pensamientos, puesto que esta es la única forma de consolidar
una verdadera democracia y una verdadera independencia.
No basta con ser libres, necesario es ser responsables, respetuosos de las leyes y de
los semejantes. Esta es una tarea pendiente que debemos emprender no sólo desde
nuestras aulas de clase, sino desde cada uno de los espacios en los que hacemos vida.
Como puede observarse, los temas aquí abordados tienen como principio rector, la
fuerza de ciudadanos que permitan cada día hacer más grande a la nación venezolana.
Y en este sentido, en procura de redondear las ideas, se indica que el último texto que
se traerá a colación es uno, que, si bien no fue producido directamente por el puño de El
Libertador, sí fue bajo su dirección y lineamiento.
Estos tratados firmados en las tierras trujillanas permitieron que dos ejércitos en
guerra depusieran momentáneamente las armas, y buscaran la manera de hacer más
humana las formas de ejecutar la guerra. Los tratados de Trujillo sentaron las bases
para lo que más tarde sería el Derecho Humanitario Internacional. Pero veamos qué dice
específicamente el artículo 11 del tratado de regularización de la guerra: “Los habitantes
de los pueblos que alternativamente se ocuparen por las armas de ambos gobiernos,
serán altamente respetados, gozarán de una extensa y absoluta libertad y seguridad,
sean cuales fueren o hayan sido sus opiniones, destinos, servicios y conducta, con
respecto a las partes beligerantes”. Hoy, cuando vemos con estupor las atrocidades que
el ejército israelí comete contra el pueblo palestino, observamos cuán importante resulta
considerar efectivamente aspectos como los señalados en el párrafo anterior, además de
sentirnos orgullosos como venezolanos y como trujillanos que hace más de dos siglos,
se sentarán las bases para una sociedad que respete a la dignidad humana; pero que,
lamentablemente, el egoísmo, el odio y el sinsentido, sigan dirigiendo el accionar de
líderes enceguecidos por el poder y la ambición.
Es por esto, que reiteramos con el canto de Alí, que, si deseamos darle voz a los
silenciados, hagamos de Bolívar una palabra vivificante, un ejemplo vivo, una lección
cotidiana, saquemos a Bolívar del Panteón y coloquémoslo en el corazón y la conciencia
de cada venezolano. Y conjuguemos a Bolívar hoy, mañana y siempre en tiempo presente.
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Capítulo Región Occidental (estado Yaracuy). Comunidades y poblaciones
sociales históricamente excluidas y Ley de Juntas de Manumisión (enero de 1823)
En Venezuela, desde la mirada de los acontecimientos de las últimas décadas del siglo XX
y comienzos del nuevo milenio, el abordaje de la investigación histórica de los procesos
que ha protagonizado el pueblo ha tenido un viraje interesante. Por ejemplo, lo que se ha
llamado el Caracazo, que además no fueron sucesos exclusivos vividos en la capital, el
pueblo nunca creyó las versiones oficiales de las causas, ni las cifras de masacrados y
desaparecidos por los protagonistas, los sobrevivientes y la población.
A inicios del siglo XVI, fue formada la provincia de Venezuela, más específicamente el 27
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de marzo del año 1528. Fue creada con la finalidad de organizar mejor la administración de
parte de los territorios determinados de Tierra Firme, y perteneció al Imperio Español. Su
primer gobernante y capitán general fue dictaminado por el rey Carlos I y V en función del
Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el cual se llamaba Ambrosio Alfínger,
quien llegó a Coro en 1529, y era representante de la compañía Welser, (proveniente de
Augsburgo), la cual colaboró con la corona española para llevar a cabo sus expediciones
a tierra caribeña. Teniendo esto claro, el que los alemanes se hayan visto envueltos
en la propia colonización de Venezuela y en la creación de las provincias posteriores,
como Margarita y Maracaibo, y a su vez, en una serie de exploraciones realizadas al río
Orinoco, relatando el caudaloso pasar del agua, que era tan imponente como el rugir
de las más grandes bestias amazónicas, es una muestra de la posible y no muy alejada
simbiosis cultural entre España, Alemania, y los nativos Indígenas. Los idiomas oficiales
de la provincia de Venezuela, la cual se mantuvo con ese nombre hasta mediados del
siglo XIX, fueron, según registros oficiales, el español y el alemán, este último, entre
1528-1556, exclusivo de los gobernantes alemanes Welser. Su religión fue la católica, y la
moneda, el real español. A los nativos se les fue inculcando la doctrina cristiano-católica,
se les mostró la cruz como signo de redención a un Dios todopoderoso, de benevolencia
y de conversión, se les enseñó la lengua hispana, se les prohibió hablar en sus lenguas
nativas, en escuelas creadas por sacerdotes y frailes españoles.
Por otra parte, Alfínger no terminaría su mandato, marcado por la crueldad y el genocidio,
fue asesinado en 1533 por un grupo de indígenas que, en una muestra de rebeldía,
realzaron sus creencias y fueron en contra de éste para acabar con su existencia. Al
capitán alemán le sucederían como gobernantes y exploradores de su territorio en
Venezuela otros alemanes, como Nicolás Federmann, Georg von Speyer (o Jorge de
Spira), Heinrich Rembolt, Philipp von Hutten y Bartholomeus Welser, quienes recorrieron
la cuenca occidental del Orinoco, Los Llanos y los Andes septentrionales llegando hasta
la sabana de Santa Fe de Bogotá (actual Colombia) en el caso de Federmann.
En consecuencia, el mestizaje llevado a cabo por los españoles fue obligado, violento
y brutal. Con la llegada de los primeros negros a Cubagua (inicios del siglo XVI), para la
extracción de perlas, y para servir en las casonas y haciendas de familias españolas, se
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vieron más casos de mezclas raciales, como los mulatos, que en su mayoría eran hijos
de sirvientas africanas y españoles.
Por esta razón, no se puede olvidar que las mujeres africanas como esclavizadas fueron
vejadas, humilladas y rebajadas en su condición humana. Los zambos, hijos de mujeres
indígenas con hombres negros, en casos más comunes, y los famosos mestizos, que
provenían de un europeo (mayormente español), y una indígena. Se vieron casos en que
era la mujer europea la que daba a luz a un mestizo, y esta era rechazada junto a su
cría, siendo obligada a darlo en adopción. Lo mismo sucedía con los mulatos hijos de
mujeres blancas. Para sus familias, era una deshonra que su sangre se mezclara, puesto
que simbolizaba la pérdida de pureza familiar, y se tenía la creencia de que se ensuciaba
el linaje. A su vez, sirvió para que se realizara una mezcla de costumbres, culturas y se
intercambiara tanto gastronomía, como instrumentos musicales, vestimenta, y algunas
palabras aún usadas hoy en día.
Es oportuno señalar que los africanos fueron una población muy afectada durante la
época de la colonia. A pesar de haber colaborado con los indígenas a aliviar el trabajo
severo, cruel e inhumano al que sometieron a los pueblos indígenas, la población de
este grupo fue diezmada en un genocidio sin precedente. Ahora les tocaba a los pueblos
africanos, muchos de los cuales eran secuestrados desde pequeños, traídos a la fuerza
en barcos negreros, en condiciones verdaderamente infrahumanas, durante largos viajes,
hasta la América, una tierra totalmente desconocida, para servir como esclavizados.
Algunas mujeres daban a luz a sus hijos dentro de los navíos, sin atención médica, sólo
con ayuda de mujeres mayores; quienes eran su propio apoyo. Los hombres negros eran
maltratados por los capataces, golpeados, azotados, obligados a dormir sin techo, sin
comer. Las mujeres no sólo eran esclavizadas para el trabajo fuerte, las más jóvenes y
hermosas eran escogidas para la servidumbre casera y a menudo para complacer las
apetencias sexuales de sus amos.
Por consiguiente, se puede señalar, por ejemplo, que en la primera constitución del
Congreso de 1811 se sancionó la abolición de la trata de negros decretada por la Junta
Suprema de Caracas en agosto de 1810. Quería decir con esto que el comercio y la trata
de personas se prohibían. Sin embargo, los esclavizados seguían en su misma situación
y no veían cristalizadas sus ansias de justicia, por eso recelaban de una revolución de
blancos criollos, llegando incluso a alzarse contra esta, como el caso de Barlovento en
1812, incorporándose a las filas realistas, como el caso de los que anduvieron en los
ejércitos del temible Boves.
Asimismo, se revocan las leyes coloniales que imponían diferencias entre los pardos y
otras clases, asumiendo aquellos el ejercicio de “los imprescriptibles derechos que les
corresponden como a los demás ciudadanos”. Quedan abolidos los títulos de nobleza y
no podrán concederse honores ni distinciones hereditarias. Nadie tendrá en Venezuela
más tratamiento público que el de ciudadano, pero esto no atañe a la mano de obra
esclava.
Por tanto, el proyecto de país de la primera República estaba carente de apoyo popular,
aunque en teoría en la constitución se extinguían el tráfico de esclavos, la discriminación
contra pardos y la desaparición de títulos de nobleza y privilegios del antiguo orden
colonial, en la práctica seguían vigentes. Esto explicaría la apatía popular de la mayoría
parda e indígena y las rebeliones de esclavizados afrodescendientes en la costa
venezolana, quienes no veían cristalizadas sus ansias de libertad y emancipación, pero
paso a paso los patriotas más preclaros fueron logrando la incorporación del pueblo en
la lucha por la independencia y por ende, hacer posible la incorporación a los ejércitos
republicanos.
Los mantuanos o blancos criollos, dueños del principal medio de producción que era la
tierra, no tenían especial interés en cambiar el sistema feudal de producción esclavista.
Y cuando el Congreso resolvió, impulsado por los graves problemas que confrontaba
Miranda ante los realistas, proceder a la conscripción de los esclavos, no imaginó siquiera
llamar a filas a cambio de la libertad, sino que dispuso la compra de 1.000 esclavos
a los propietarios, pagándoles cuando fuese posible. Así resultaron descontentos los
amos, pues se consideraron sencillamente expropiados, con esperanza de derecho,
y los esclavos, pues en lugar de ofrecerles libertad a cambio de su esfuerzo por ella,
resultaron convenidos en propiedad del naciente Estado nacional.
Es preciso señalar que Mariño y Bideau, el mulato francés que había compartido muchas
de las faenas militares y políticas de Mariño, también lo habían hecho vía decreto, pero
este es el primer decreto oficial emitido por Simón Bolívar como jefe supremo y capitán
general de Venezuela y Nueva Granada. Obviamente, ese intento de eliminación total
de la esclavitud en Venezuela lo perseguiría Bolívar en el Congreso de Angostura, pero
aún pasarían muchos años más para lograr la abolición total de la esclavitud. El decreto
expresa: “La justicia, la política y la patria reclaman imperiosamente los derechos
imprescindibles de la naturaleza. He venido a decretar como decreto la libertad absoluta
de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados” y por
supuesto se busca reconocer el alistamiento a cambio de libertad y justicia en derecho
a los afrodescendientes, los pardos e indígenas. Este decreto, además, respondía a un
compromiso con el presidente haitiano Alexander Pétion.
Al mismo tiempo, según Acosta Saignes, para un análisis científico; es decir, basado
en los hechos reales, precisa colocar dentro de los límites que le corresponda, la
afirmación de que los esclavos se alistaron en las filas realistas. ¿Ocurrió ello en toda la
República? La respuesta vale porque, como hemos ido mostrando, no fueron idénticas las
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circunstancias guerreras, económicas, demográficas y sociales en todo el país. Al tratar
sobre la economía en los primeros años de la guerra de liberación, conocimos cómo el
sistema esclavista de producción estaba ligado al de la servidumbre de grandes grupos
indígenas y cómo el sistema general de propiedad semi feudal de la tierra encontraba
distintas variantes que en los llanos.
El proceso de la abolición de la esclavitud fue por etapas, ya que los mismos legisladores
eran, en su mayoría, propietarios terratenientes desde la Colonia y ahora republicanos por
conveniencia y veían afectados sus intereses. Entre 1820 y 1830 se prohibió el comercio
de esclavizados y se establecieron los 21 años como edad de manumisión y se acordó
liberar veinte cimarrones por año.
A tal efecto, desde el punto de vista jurídico, la manumisión era una actuación pomposa,
donde el amo renunciaba al derecho de acción, señorío y propiedad, para traspasarlo
a favor del esclavizado, es decir, el amo o patrón, le concedía la “gracia” de la libertad.
Proviene del latín manus (mano) y mittere (enviar lejos), que significa “alejar de las manos
del amo” o, bien, “soltar de las manos” y se aplicaba desde el antiguo Imperio romano.
Ahora bien, la Ley de manumisión consistió en una treta jurídica, un fraude para mantener
la esclavitud de forma legal, en claro privilegio de los terratenientes y propietarios
criollos, argumentando que era necesario, debido al fenómeno que se había manifestado
desde los últimos años del período colonial, y que la guerra nacional de independencia
contribuyó a acelerar la crisis económica, el abandono de la producción agrícola, pecuaria
y escasez de productos.
Finalmente, pasarían algunos años más para que el 24 de marzo de 1854, bajo el mandato
de José Gregorio Monagas, se firmara de manera definitiva la Ley que abolió la esclavitud
en Venezuela. Claro está, que esta ley no evitaba los malos tratos hacia los negros,
puesto que el racismo ya se había inmiscuido en la sociedad, y sólo los libró de servir a
los blancos criollos, y les dio la oportunidad de formar familias, y comunidades donde
pudieran vivir cómodamente. Aún se les privaba de asistir a la iglesia, de participar en
eventos sociales y se les tachaba de toscos y animalescos.
El proceso conquistador fue algo lamentable, pero es oportuno considerar que, aunque
sea desagradable leer sobre los cruentos hechos históricos, y parezca algo sanguinario,
la historia del genocidio y la esclavitud deben conocerse, siendo necesario estar al tanto
de las bases de la identidad nacional y la gesta emancipadora de los héroes anónimos.
Al mismo tiempo, es preciso apuntar que el violento proceso colonizador, con todas sus
implicaciones, fue el origen de la sociedad venezolana y latinoamericana.
De igual forma, El Libertador fue un blanco criollo, que tuvo en herencia una de las
más sólidas riquezas del mantuanaje de la Capitanía General de Venezuela, en sus años
jóvenes, tuvo acceso a las ideas de la Ilustración europea, por parte de sus maestros, en
especial Don Simón Rodríguez. Gozó de una buena educación, se le inculcó una manera
de pensar libertaria, vivió como igual al lado de sus esclavos. No se puede decir lo mismo
de otros niños que vivieron bajo la idea de la supremacía blanca y que, luego de que se
decretaran leyes de protección a las personas afrodescendientes y de etnias indígenas,
pues ahora no es sólo por color de piel, sino también por estatus social, siguen con ese
pensamiento erróneo sobre ellos mismos. La raza humana es una sola; por lo tanto, tener
estas ideas es perjudicial para nuestro crecimiento personal, alimentando la ignorancia y
la mente limitada al conocimiento, a la unión y a la esperanza de un mundo mejor.
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La abolición progresiva de la esclavitud en Venezuela (Falcón)
Con base en lo anterior, a lo largo del siglo XIX se llevaron a cabo importantes medidas
necesarias para poner fin a la esclavitud en el país. En este sentido, con el desarrollo del
presente ensayo, exploraremos los antecedentes, el proceso y las implicaciones que ha
tenido la aplicación de esta Ley histórica, que logró finalizar con siglos de servidumbre
y opresión, logrando además que los afrodescendientes comenzaran a reafirmar su
identidad y reclamaran su lugar como ciudadanos libres (Valera, 2015).
De igual manera, el 14 de julio de 1821, se realiza una nueva solicitud por parte de Simón
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Bolívar al Congreso Constituyente de la Gran Colombia. En dicha solicitud Bolívar exigía
la libertad absoluta para todos los colombianos nacidos en el territorio de la República. Es
de resaltar que esta petición reflejaba el compromiso de El Libertador con la emancipación
y la igualdad de derechos para los ciudadanos de la Gran Colombia. En este sentido,
durante dicho Congreso, surgió una ley que preveía la gradual extinción de la esclavitud,
estableciendo que todos los hijos de esclavizados nacidos a partir de entonces, fueran
declarados libres al venir al mundo (lo que se llamó “libertad de vientres”).
Cuando, finalmente, fue aprobada la Ley de abolición de la esclavitud por parte del
Congreso de Venezuela el 24 de marzo de 1854, esta representó un paso decisivo hacia
la libertad de todos los individuos en el país. En la misma, fue declarada la abolición
permanente de la esclavitud, así como el establecimiento de medidas que garantizaran
la libertad de los esclavos. Es de resaltar que la abolición progresiva de la esclavitud
tuvo profundas implicaciones. Asimismo, la Ley de juntas de manumisión no solo liberó
cuerpos, sino también mentes y aspiraciones.
Además, se debe resaltar el impacto inmediato que tuvo este acontecimiento ante
la sociedad venezolana, aunado a las repercusiones que tuvo a nivel internacional,
enmarcando este importante proceso en un contexto global de lucha contra esta práctica
inhumana, lo que contribuyó al avance de los derechos humanos en todo el mundo. Cabe
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destacar que, gracias a la colaboración con otras naciones, como fue el tratado firmado
con Inglaterra en 1839 para abolir el tráfico de esclavizados, demostró el compromiso
que tenía Venezuela de erradicar la esclavitud en todas sus formas (Valera, 2015).
Por otra parte, con el propósito de garantizar que con la abolición de la esclavitud en
Venezuela no se perjudicara económicamente a los dueños de esclavos, se implementaron
una serie de medidas específicas en el marco de dicha ley en el año de 1854. Entre estas
medidas, el artículo 4 de la Ley establecía el derecho de los amos a ser indemnizados por
el valor de los esclavizados que debía dejar en libertad, ya sea según la tarifa establecida
o a juicio de facultativos en caso de enfermedad. Considerando que con esta disposición
se buscaba compensar económicamente a los propietarios por la pérdida de su mano de
obra esclava. De igual manera, se destinaron recursos específicos para crear un fondo
de indemnización que cubriera los pagos a los dueños de esclavos. Dicho fondo incluía
diversas fuentes de financiamiento, como el 10 % de las rentas provinciales contribuidas
al Tesoro Público, impuestos sobre alambiques de destilación de aguardiente y sobre
rentas de personas pudientes, entre otros (Pérez, s.f.).
Todas estas medidas tenían como objetivo mitigar el impacto económico negativo
que traería consigo la abolición de la esclavitud para los dueños, al mismo tiempo que
garantizaba la libertad y dignidad de quienes eran esclavizados. Considerando que,
antes del decreto de abolición emitido por José Gregorio Monagas, hubo un debate en
el Congreso sobre el tema de la abolición, ya que, para esa fecha, se enfrentaban dos
posiciones: el derecho de propiedad de los amos sobre los esclavos y el derecho de
igualdad y libertad proclamado por la Constitución. En tal sentido, la abolición resultó
ser más conveniente para la clase dominante, buscando reorganizar la estructura de la
fuerza laboral venezolana (Valera, 2015).
Ahora bien, aún y cuando actualmente la esclavitud está prohibida en el país, de acuerdo
con lo plasmado en el artículo 54 de la Constitución de la República, el cual establece
que ninguna persona puede ser sometida a esclavitud o servidumbre, es innegable que,
en la actualidad, se siguen produciendo otras formas de sumisión, incluyendo sus formas
contemporáneas. Asimismo, millones de personas a nivel mundial son víctimas de trata
con fines de explotación. Es de resaltar que dichas formas de explotación persisten,
incluso a pesar de haber cumplido casi cien años desde la aprobación del Convenio de
Esclavitud de 1926 y hasta más de veinte años desde la aprobación del Protocolo de
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Palermo. Hoy en día las víctimas de esclavitud y trata a menudo sufren violaciones de
sus derechos humanos y, aunque tienen derecho a una reparación efectiva, no pueden
acceder a la justicia, debido a la falta de sensibilización y a múltiples limitaciones
estructurales (Naciones Unidas, 2023).
Aunado a ello, se puede mencionar otro tipo de esclavitud que se ha venido generando
en los últimos años, el mismo está representado por la esclavitud tecnológica, la cual es
un fenómeno que afecta a nuestra sociedad contemporánea. A medida que la tecnología
avanza, nos encontramos cada vez más atrapados en sus redes. Sin darnos cuenta,
nos estamos convirtiendo en esclavos de la tecnología, ya que reemplazamos objetos
cotidianos por dispositivos tecnológicos que, en lugar de ayudarnos, a menudo nos
complican la vida y nos obligan a aprender a usarlos (Valiente, 2017).
Como conclusión, es relevante entender que una vez que se logró abolir la esclavitud, se
le puso fin a una era de opresión y discriminación. Asimismo, se logró no sólo un cambio
legal, sino también un cambio cultural y social, reafirmando los valores de libertad,
igualdad y dignidad humana. Por lo tanto, se debe reconocer y aprender más sobre
nuestra historia, con el propósito de poder construir un futuro más justo y equitativo.
Es por ello que debemos seguir trabajando para prevenir y proteger a las víctimas de la
persecución que sufren actualmente. De esta manera, solo se lograrán erradicar estas
formas de explotación, garantizando el respeto por los derechos humanos de todas las
personas; mientras que la esclavitud tecnológica se considera un desafío que debemos
abordar con conciencia y responsabilidad. Para lo cual, necesitamos encontrar un
equilibrio entre aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías, preservando nuestra
humanidad.
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La abolición de la esclavitud, hecho trascendental en la historia de Venezuela
(Estado Lara)
El propósito de este artículo es dar a conocer, a través del recuento y análisis de hechos
históricos, sobre las poblaciones sociales históricamente excluidas en la época colonial
venezolana, específicamente esclavos afrodescendientes que lucharon por su libertad, y
cómo ha trascendido en la época actual.
Me remonto entonces a mayo del año 1795. Es importante destacar que hubo un hombre
que fue muy poco reconocido, pero valientemente que luchó valientemente en Venezuela
por la libertad de sus compatriotas, quien era llamado José Leonardo Chirinos, el que
despertó inquietud por la libertad y estando en contacto con sus paisanos en Haití,
logró liderar una fallida insurrección en busca de establecer la república en el país y la
abolición de la esclavitud. Aunque fue un hecho de carácter local, un levantamiento que
obedeció a una situación específica, propia de las condiciones sociales generadas por la
esclavitud, tuvo inspiración en las insurrecciones de negros africanos, siendo condenado
por esta rebelión.
Después de varios años de este episodio, en 1816, donde nuestro libertador Simón
Bolívar, con miras a la liberación de dicha población, quienes eran tan oprimidos, debía
incrementar refuerzos por la lucha independentista y cumplir con la promesa que le había
hecho a Alexander Pétion, quien lo ayudó desde la recién liberada isla de Haití. Para esta
época, el Generalísimo Francisco de Miranda convocó a los esclavos a formar filas en el
ejército patriota, ofreciéndoles la libertad como título individual y también extensivo a los
familiares directos.
Asimismo, Bolívar, a pesar de ser dueño de haciendas y esclavos, fue el primer mantuano
en dar el ejemplo de libertad, honrando además su compromiso con su amigo personal,
el presidente Pétion, quien encabezó una valerosa lucha por la emancipación de su
pueblo. Reconociendo Bolívar la dignidad humana, es recordado como el hombre que
dio los primeros pasos para la abolición de la esclavitud.
Pese a estos decretos pasaron muchos años, y hasta varias discusiones, es así que, por
petición de Bolívar, el 9 de julio de 1821 fue aprobado el proyecto de ley de manumisión
de los esclavos que se presentó en el Congreso de Cúcuta. La ley, que fue promulgada
en la edición 116 del “Correo del Orinoco” del 13 de octubre de 1821, consideraba libres
los hijos de las esclavas que nacieran desde el día de la publicación de la ley en las
capitales de provincia. Es considerable resaltar una ley que para nada seguía siendo
justa para los esclavos.
Pero la lucha de estas comunidades y poblaciones continuó durante muchos años más.
Aquí cabe decir que para esta fecha era crucial y debían tener apoyo humano, pues
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dicha demanda había sido defendida con anterioridad por los hombres más progresistas
durante la gesta de la Independencia. El general Francisco de Miranda convocó a los
esclavizados a formar filas en el ejército patriota, ofreciéndoles la libertad y poder combatir
contra el ejército realista para el enfrentamiento de la próxima batalla de Carabobo que
se realizó el 24 de junio del mismo año.
Es importante resaltar que entre los años 1821 y 1830 se dieron varios acontecimientos
importantes dentro de la historia que tuvo que ver con la emancipación o libertad absoluta
de los esclavos, ya que otro acontecimiento significativo fue la batalla de Ayacucho, entre
ese ambiente se jugaba la ley de liberación de los esclavos. Para 1823 había un litigio
entre las juntas de la ley de manumisión por el congreso, de dar o no su libertad plena.
Recordemos que estas fechas estaban en miras para la independencia de Venezuela, y
era propicia la ocasión de reclutar a los negros esclavos para que también fueran parte
importante en la independencia total en contra de los españoles.
En abril de 1848, el Congreso de Angostura sanciona la Ley del 21 de julio de 1821 sobre
la manumisión. Este evento era de gran importancia para la historia de nuestro país, ya
que fue defendido por un grupo de mujeres y hombres que participaron en la lucha de
la independencia teniendo como recompensa su libertad. Pero este fue un proceso que
comenzó el 19 de abril de 1810, cuando inició en Venezuela el proceso independentista.
Fue acogida por el Congreso de Angostura; la solicitud donde el Libertador clamó por
la abolición de la esclavitud en el territorio venezolano: “El escollo de la esclavitud en el
proyecto de la república”. Este instrumento legal derogó leyes sobre la manumisión que
no dignificaba la vida esclava en esa época.
Este decreto fue aprobado por los diputados, eliminando así la norma de tradición colonial.
Por otro lado, el 24 de marzo de 1854, bajo el mandato de José Gregorio Monagas, fue
firmada de manera definitiva la ley que abolió la esclavitud en Venezuela. Esta ley de
manumisión de 1830, fue aprobada por el general Páez (presidente de Estado) y Antonio
Leocadio Guzmán (secretario Interior de Despacho); ahora bien, luego de la aprobación de
esta normativa legal, los intereses del bloque de las clases sociales existente en Venezuela
con dicha ley continuaban explotando a los grupos sociales sometidos a la esclavitud.
Ofreciéndoles un solo y reducido aporte económico al fondo de la manumisión. Con
motivo de los sucesos de enero de 1848, Páez y su oposición a Monagas y la abolición
de la esclavitud en Venezuela; varios parlamentarios del Congreso de la República de
Venezuela, y el general Páez se declararon en armas, y acusaron a Monagas de haber
violado la Constitución Nacional y de ser el autor intelectual del Motín en el seno de la
Asamblea Nacional.
El presidente Monagas exclamó: “Venezuela no debe aparecer más a los ojos del mundo
entero con la horrible mancha de la esclavitud”.
Es así, como a través de los años y décadas, hombres y mujeres dieron su vida para
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derrotar la tiranía, aquí nos hemos paseado por la historia con algunos héroes que se
dieron a conocer a través de sus hechos y otros héroes anónimos que seguramente
trabajaron entre las sombras de la historia en nuestro país. Enfrentando las luchas de
diversas comunidades, especialmente las afrodescendientes, por obtener igualdad y
reconocimiento. Desde la colonización española, estas comunidades han enfrentado
opresión, primero bajo el yugo de la esclavitud y luego a través de diversas formas de
discriminación y exclusión social. El decreto de abolición progresiva de la esclavitud
en 1854 se destaca como hitos en esta lucha, pero la transición hacia una sociedad
igualitaria ha sido lenta y llena de obstáculos.
Por cuanto tuvo profundas consecuencias para la sociedad venezolana. Por un lado,
significó la libertad legal para miles de personas que habían sido privadas de sus derechos
básicos. Sin embargo, la transición hacia una sociedad verdaderamente igualitaria fue
lenta y llena de obstáculos, creó desafíos económicos, especialmente en las plantaciones
y otras industrias que dependían del trabajo esclavo. Muchos antiguos esclavos se
encontraron en condiciones de pobreza y continuaron enfrentando discriminación y
exclusión social. La falta de recursos y oportunidades limitó su capacidad para mejorar
su situación socioeconómica, y también tuvo un impacto político significativo. Se
fortalecieron los movimientos que buscaban una mayor inclusión y representación de las
comunidades afrodescendientes en la vida política del país.
El futuro de personas que han estado en una posición vulnerable en Venezuela depende
de la capacidad de la sociedad para reconocer y abordar las desigualdades persistentes.
Esto requiere un compromiso continuo con la justicia social, la igualdad y la inclusión.
La educación juega un papel crucial en este proceso. Fomentar una mayor conciencia
sobre la historia y las contribuciones de las comunidades afrodescendientes y otras
poblaciones excluidas es esencial para construir una sociedad más inclusiva. Es
necesario implementar políticas públicas que promuevan la igualdad de oportunidades
en áreas como la educación, el empleo y la salud.
Ley de Juntas de Manumisión del año de 1823. Fue un subterfugio jurídico, una manera
sutil de manejar la esclavitud, ya que se contempló, entre otras resoluciones, “la libertad
de vientres” y la restricción del comercio de esclavos, pero continuaba sosteniendo la
esclavitud, como una institución legal y así favorecer a los grandes propietarios de tierras,
que habían sido afectados por la guerra independentista del territorio venezolano. Un
esclavo podía emanciparse o quedarse con su amo, cuando fuera su voluntad. Podía,
incluso, participar en la lucha republicana, pero también hay que resaltar que, para la
época, muchos propietarios reclamaron sus esclavos una vez finalizada la guerra.
Entre las causas de la abolición de la esclavitud, fue acabar con la compra de negros
africanos para la mano de obra. Esto es como resultado de tantos indígenas que se
desplazaron hacia otras áreas y las muertes masivas por diversas índoles. La consecuencia
más importante ha sido la universalidad, la mezcla de las razas y la mínima expresión de
la idea de la superioridad por las diferencias raciales.
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Referencias