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El 9

Relato futbolero

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El 9

Su incipiente calva permitía reconocerlo en el área, solo, como un niño perdido, él


tenía la certeza de que, en el campo de juego, la confianza era esencial y eso era
principalmente lo que en este momento más le hacía falta.
No sé lo que sucede, pero en los últimos partidos, me siento como si hubiera
olvidado el arte de marcar goles. Cada vez que estoy en la posición perfecta, me
falta ese toque final.
Sus entrenamientos eran intensos y Facundo se había esforzado al máximo, más
parecía que el destino se había olvidado de enviarle la suerte que solía tener.
No es que no tenga oportunidades; simplemente, algo parece fallar en el último
momento. Estoy decidido a recuperar mi forma y a recordar cómo se hace.
El equipo contaba con él y el ariete deseaba no defraudarles. La temporada iba a
ser larga y estaba listo para demostrar que aún podía encontrar la red.
En su pequeño pueblo, el Facu era conocido por su habilidad para marcar goles.
Desde niño, había soñado con ser el héroe del equipo y su nombre resonaba en
los campos de fútbol como el de un verdadero talento.
No entiendo lo que ocurre. He comenzado a perder mi toque. Los goles que antes
parecían sencillos, ahora se han convertido en desafíos imposibles.
A pesar de sus esfuerzos, cada tiro que hacía parecía fallar por un estrecho
margen. En los entrenamientos, Facundo se esforzaba al máximo, pero el balón
no entraba en la red.
Algunos aficionados murmuraban preocupados, otros estaban molestos, varios de
sus compañeros y directivos del equipo trataban de animarlo, otra parte lo
cuestionaba, nada parecía funcionar.
Desesperado, Facundo había decidido regresar a su pueblo, junto a su familia,
queriendo visitar a su viejo entrenador, aquel que había sido el mentor en su
infancia y parte de su adolescencia.
La directiva de su equipo, en cabeza de su presidente, el doctor, Abel Carrizo lo
puso entre la espada y la pared, si te vas por aquí no vuelvas, le dijo Carrizo, en la
junta se mostraron decididos a dar por finalizado su vínculo contractual con el
equipo profesional, si Facundo se marchaba.
Esa tarde, El Facu llamó a su casa, contesto su padre: Alo, hijo, ¿cómo va todo?,
¿Cómo estás?, He escuchado muchas cosas feas sobre ti en las noticias, el joven
respondió: Viejo, bendición, todo bien, no te preocupes, ¿Cómo está mamá?,
ojalá no resulte muy afectada por lo que se está diciendo de mí. Voy a casa,
llamaba para avisarles, si Dios quiere nos vemos pronto. Te quiero. Saludos.
El Profesor Ángel San Martín, un hombre sabio y experimentado, lo recibió con
una sonrisa comprensiva. "Facu," le dijo, en ocasiones olvidamos lo que nos hizo
grandes. Los goles no solo se anotan con los pies, sino con el corazón.
“El Profe” lo llevó a un rincón tranquilo del campo y le pidió que cerrara los ojos.
Piensa en el primer gol que marcaste, el que te hizo sentir invencible. Recuerda
cómo el balón tocaba la red y la alegría que sentiste. Eso es lo que llevas dentro.
Facundo se sumergió en sus recuerdos. Recordó la euforia, el aliento del público y
el abrazo de sus compañeros. Poco a poco, se dio cuenta de que había estado tan
enfocado en los fallos que había olvidado la pasión que lo había impulsado desde
el principio.
Volvió al campo con una nueva perspectiva. En lugar de obsesionarse con marcar
goles, se centró en disfrutar el juego. Empezó a jugar con la misma libertad y
alegría de sus primeros días. Pronto, los goles comenzaron a volver. La confianza
regresó y el equipo recuperó la magia que habían perdido.
He aprendido que, a veces, el secreto para encontrar lo que habíamos perdido es
recordar por qué lo amamos en primer lugar. He vuelto a ser el delantero letal que
siempre había sido, se ha renovado mi pasión y la profunda comprensión de lo
que llevo en mi corazón.

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