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Literatura Segundo Parcial

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De la

literatura
clásica a
la
renacenti
sta
UNIDAD II
competencia de
la unidad:

Analiza el contexto sociocultural de obras


literarias, del clasicismo al renacimiento,
contrastando hechos históricos de la época
y la situación actual.
LITERATURA
CLÁSICA

“Desciende a las
profundidades de ti mismo,
y logra ver tu alma buena.
La felicidad la hace
solamente uno mismo con
la buena conducta”.
sócrates

Muerte
de Sócrates
(1787), Jacques
Louis David.

20
Contexto socio histórico

Se le llama Arte Clásico a la diversidad de producciones intelectuales y culturales que se dieron


en la antigüedad clásica o greco-romana, ya que éstas, en el Renacimiento fueron consideradas
como dignas de ser imitadas. El término clásico proviene del latín classicus y significa,
perteneciente a una clase o clase superior respecto de otra inferior, es decir, lo que debe tomarse
como modelo por ser de calidad
superior. En este sentido, es
consi- derado como clásico al arte
griego y romano.
Este periodo de la historia abarca
des- de la Edad Oscura, 1100 a. C.
y la in- vasión dórica, hasta el año
146 a. C. y la conquista romana de
Grecia tras la batalla de Corinto. La
cul- tura griega tuvo una poderosa
in- fluencia sobre el Imperio
Romano, el cual la difundió a través
de mu- chos de sus territorios en
Europa. Por eso, se le considera
como la cultura seminal que sirvió de base
a la civilización occidental. Homero el educador.

LA GALLINA DE Los HUEVos DE oRo


La avaricia rompe el saco. No necesito otro ejemplo que
el de aquel hom- bre que según cuenta la fábula, tenía
una gallina que todos los días le ponía un huevo de oro.
El buen hombre pensó que la gallina tenía el tesoro
dentro de su cuer- po y decidió matarla. ¡Cuál no sería su
sorpresa cuando al abrirla vio que por dentro era igual
que las gallinas que ponían huevos normales! Él mismo
había matado a quien le proporcionaba riqueza.
¡Hermosa lección para los avaros!
¿A cuántas personas hemos visto, en los últimos
tiempos, que de la noche a la mañana, se han visto
pobres por querer tener demasiadas cosas?

Esopo (S.VI a.C.)

La civilización griega fue básicamente marítima, comercial y


expansiva. Una realidad histórica en la que el componente
geográfico jugó un papel crucial en la medida en que las
características físicas del sur de la península de los Balcanes,
por su accidentado relieve,
dificultaban la activi- dad
agrícola y las
comunicaciones internas, y por su dilatada longitud de costas, favorecieron su expansión hacia
ultramar. Un fenómeno sobre el que incidirían también de forma sustancial la presión demográfica
originada por las sucesivas oleadas de pueblos (entre ellos aqueos, jonios y dorios) a lo largo del
III y II milenios a. C.
A lo largo del periodo arcaico (siglos VIII al V a.C.) y del clá- sico (siglo V a.C.), las polis fueron
la verdadera unidad política, con sus instituciones, costumbres y sus leyes, y se constituye- ron
como el elemento identi-
ficador de una época. En el periodo arcaico ya se perfila el pro- tagonismo de dos ciudades,
Esparta y Atenas, con modelos de organización política extremos entre el régimen aristocrático y
la democracia.
Los griegos eran politeístas: rendían culto a varias divinida- des. Honraban principalmente a los
dioses (theoi) y a los héroes. Cada uno de ellos podía ser invocado bajo diversos aspectos en
función del lugar, del culto y de la función que cumplía. Los dio- ses dotados de poderes
sobrenaturales, bajo el mismo nombre, podían presentar una multiplicidad de aspectos.
Estos dioses gozaban de una inmortalidad que se traducía en un estilo de vida particular. Se
alimentaban con ambrosía (sus- tancia deliciosa, nueve veces más dulce que la miel, se decía),
de néctar y del humo de los sacrificios. En sus venas no corría la sangre, sino otro líquido.
Estaban sometidos al destino e in-

21

22
LITERATURA

tervenían constantemente en los asuntos humanos. Nacidos unos de los otros y muy numerosos,
los dioses formaban una familia, una sociedad, fuertemente
jerarquizada.
Así, la mitología griega se compone de historias conta-
das por los griegos antiguos sobre sus dioses y héroes, la
naturaleza del mundo, y los orígenes y la importancia de
sus prácticas religiosas. Los mayores dioses griegos eran
los doce olímpicos, que aparecen a continuación:

• Zeus – el dios del cielo y el trueno; el de mayor rango


y el más poderoso, regidor del monte Olimpo.
• Hera – la consorte de Zeus, reina de los dioses, la
diosa del matrimonio, la fidelidad.
• Poseidón – junto con Hades el siguiente en antigüe- dad, el Zeus, el Rey de los Dioses.
controlador de los mares, de los océanos y de los terremotos.
• Ares – el dios de la guerra, la crueldad y del asesinato.
• Hermes – el dios mensajero, también de la orientación, los viajeros, los pastores, los ladro-
nes, el consuelo y las reuniones.
• Hefesto – el dios del fuego, la fragua, el trabajo manual, los artesanos y las armas.
• Afrodita – la diosa del amor.
• Atenea – la diosa de la sabiduría, la educación y la guerra; la protectora de los héroes.
• Apolo – el dios de la danza, las artes, la música, la arquería, la prudencia y la belleza mas-
culina.
• Artemisa – la diosa de la caza, los animales, la castidad y
las amazonas.
• Deméter – la diosa de la tierra, las flores y las plantas, la
comida y la agricultura.
• Hestia – la diosa del calor de hogar y la familia.

Otras deidades importantes incluían:

• Hebe – la diosa de la juventud y la ayudante de los dioses.


• Helios – el dios del sol. • Hades – el dios del
inframundo y de los muertos sobre los que él reina. •
Dionisio – el dios más joven del panteón, y el dios
del vino, la naturaleza en estado salvaje y la sexualidad
abierta.

23
LITERATURA

• Perséfone – la diosa del inframundo. • Heracles – un héroe y un semidiós de


fortaleza extraordi- naria.
Afrodita, Pan y Eros.

Los padres de Zeus eran Crono y Rea que también eran los padres
de Poseidón, Hades, Hera, Hestia y Deméter.

Contexto cultural

Los griegos desarrollaron toda una gran cultura. De cualquier tema que se hable, ya sea cultura,
po- lítica, arte, construcciones, teatro, historia, ideas sobre el porqué de la vida, ciencias, etc.
podemos referirnos a Grecia ya que nuestra cultura, en gran parte, deriva de ella.
Dedicados a la producción artística y seguros de la protección que significaba su ubicación
geo- gráfica, los griegos mostraban más interés al entrenamiento intelectual que al entrenamiento
físico, causa de la inminente victoria de Roma ante la débil resistencia ofrecida por un pueblo
dedicado a la belleza. De esta manera, una vez prisioneros, los griegos mostraron la grandeza de
su cultura a un pueblo ávido de entrenamiento intelectual, cuya producción artística fue moldeada
a la cultura romana.
Al respecto, la civilización latina merece reconocimiento a la conquista política que los romanos
realizaron sobre los griegos, porque supieron reconocer la importancia cultural del pueblo
sometido al imitar sus principios artísticos y llevarlos por todo el mundo a través de la lengua
latina. Sobre todo una de las facetas más importante de aquel desarrollo se da en el campo de las
letras, espe- cíficamente en la literatura.

ODA X altos, y que las


torres elevadas
Acertarás más en la vida, Licinio, si no estás caigan con más
siempre aventurándote hacia alta mar y si no serias
te acercas en exceso a la costa poco fiable por consecuencias, y
recelo y horror al temporal. que los rayos
Todo aquél que escoge la áurea moderación se castiguen las
siente amparado y preservado de la sordidez de cumbres de los
un techo ruinoso, se siente alejado y preservado montes. Un espíritu
de la envidia que causa un palacio. Es más bien preparado
frecuente que los vientos agiten los pinos más espera un cambio de

24
suerte en momentos adversos, lo teme en los
propicios, si Júpiter es quien vuelve a traer los
Quinto Horacio Flaco.
ingratos inviernos, él mismo
hace que se alejen. No porque hoy vaya mal, en el
futuro también habrá de pasar lo mismo: de vez en
cuando despierta a la musa silenciosa con su cítara,
que no sólo el arco sabe templar Apolo.
En las dificultades muéstrate decidido y
valiente. Igualmente, ten la sensatez de
replegar velas cuando las hinche un
viento demasiado favorable.

Quinto Horacio Flaco (63-8


a.C.)
Contexto literario

El arte y la cultura clásica incluyen a la literatura clásica o grecorromana,


es decir, las distintas formas de la literatura griega y de la literatura latina
como la poesía, el teatro, la historia y la filosofía.
Así, la literatura de los pueblos de habla griega se desarrolló como una
expresión nacional con escasa influencia exterior hasta el periodo helenís-
tico y tuvo un efecto formativo en toda la literatura universal. De ahí que
retomemos como punto de partida a la Literatura Clásica.
Las primeras obras de la tradición literaria occidental son: los poemas
épicos de Homero y Hesíodo; la poesía lírica, representada por poetas
como Safo y Píndaro de quienes se toma la definición del género lírico; Homero.
Otro es Esopo, quien escribió sus Fábulas en el siglo VI a. C. Estas obras tuvieron una profunda
influencia no solo en los poetas romanos, como Vir-
gilio con su poema épico de la fundación de Roma, la Eneida, sino que se extendió a través de
toda Europa.
En la Grecia clásica se establece el nacimiento del teatro, tal y como lo entendemos ahora. Así
tenemos a Esquilo, quien introdujo las ideas de diálogo al dramatizar las relaciones de los
persona- jes y al hacerlo, inventó el “drama”, un claro ejemplo es su obra titulada Orestíada.
Otros grandes dramaturgos fueron Sófocles,
Eurípides y Aristófanes.
En cuanto al desarrollo de la historia, Heródoto y
Tucídides son considerados los pioneros del
moderno estudio de la historia en el campo de la

25
LITERATURA

búsqueda filosófica, literaria, y científica. Mientras Platón introducía el término literatura, con los
diálogos de Platón, Aristóteles, en su obra Poética, formulaba el primer criterio del criticismo
literario. Ambas figuras, en el contexto de las contribuciones de la filosofía griega en las épocas
clásica y helenística, dieron nacimiento al concepto de ciencia política, al estudio de la evolu- ción
política y la crítica de los sistemas de gobierno.
La cultura romana, por lo anterior, se muestra como seguidora de la cultura griega por su
marcado carácter utilitario. No brilla por sus creaciones originales, sino por las inteligentes
recreaciones, claridad, precisión y orden, de la literatura griega. Sin embargo, lo griego es
patrimonio occidental gracias al latinismo.
Con Tito Livio comienza propiamente la literatura la- tina, vivo reflejo de la griega.
La orestíada, Orestes perseguido por las Virgilio, Horacio y Ovidio representan lo mejor de la
Erinias. producción lírica y épica. El
primer auténtico historiador romano, indiferente al
clasicismo griego, es Julio Cesar, guerrero, políti- co, aristócrata universalista, casi un hombre del
Renacimiento. Ya que algunos de sus comentarios sobre la Guerra civil, o las Guerras de las
Galias son parte del mejor periodismo.
La aparición de la poesía en Roma es tardía. Los primeros poetas de quien se puede afirmar
que su obra es romana son Lucrecio y Cátulo, estrechamente relacionados al materialismo
epicúreo griego, como lo reflejan De rerum natura, del primero, y los Epitalamios, del segundo.

LA ILIADA
(Canto XXII, Muerte de Héctor)

Aquiles, después de decirle que se vengaría de él si pudiera,


torna al campo de batalla y de- lante de las puertas de la
ciudad encuentra a Héctor, que le esperaba; huye éste, aquél
le per- sigue y dan tres vueltas a la ciudad de Troya; Zeus
coge la balanza de oro y ve que el destino condena a Héctor,
el cual, engañado por Atenea se detiene y es vencido y muerto
por Aquiles, no obstante saber éste que ha de sucumbir poco
después que muera el caudillo troyano.
Los troyanos, refugiados en la ciudad como cervatos, se
recostaban en los hermosos baluartes, refrigeraban el sudor y
bebían para apagar la sed; y en tanto los aqueos se iban
acercando a la muralla, con los escudos levantados encima de
los hombros. La Parca funesta sólo detuvo a Héctor para que
se quedara fuera de Ilio, en las puertas Esceas. Y Febo Apolo
dijo al Pelión:
¿Por qué, oh hijo de Peleo, persigues en veloz carrera,
siendo tú mortal, a un dios inmortal? Aún no conociste que soy

26
una deidad, y no cesa tu deseo de alcanzarme. Ya no te cuidas de pelear con los troyanos,
a quienes pusiste en fuga; y éstos han entrado en la población, mientras te extra- viabas
viniendo aquí. Pero no me matarás, porque el hado no me condenó a morir.
Muy indignado le respondió Aquiles, el de los pies ligeros:
¡Oh tú, que hieres de lejos, el más funesto de todos los dioses! Me engañaste,
trayéndome acá desde la muralla, cuando todavía hubieran mordido muchos la tierra antes
de llegar a Ilio. Me has privado de alcanzar una gloria no pe- queña, y has salvado con
facilidad a los troyanos, porque no temías que luego me vengara. Y ciertamente me
vengaría de ti, si mis fuerzas lo permitieran.
Dijo y, muy alentado, se encaminó apresuradamente a la ciudad; como el corcel
vencedor en la carrera de carros trota veloz por el campo, tan ligera- mente movía Aquiles
pies y rodillas.
EI anciano Príamo fue el primero que con sus propios ojos le vio venir por la llanura, tan
resplandeciente como el astro que en el otoño se distingue por sus vivos rayos entre
muchas estrellas durante la noche obscura y recibe el nombre de “perro de Orión”, el cual
con ser brillantísimo constituye una señal funesta porque trae excesivo calor a los míseros
mortales; de igual manera centelleaba el bronce sobre el pecho del héroe, mientras éste
corría. Gimió el viejo, golpeóse la cabeza con las manos levantadas y profirió grandes voces
y lamentos, dirigiendo súplicas a su hijo. Héctor continuaba inmóvil ante las puertas y sentía
vehemente el deseo de combatir con Aquiles. Y el anciano, tendiéndole los brazos, le decía
en tono las- timero:
¡Héctor, hijo querido! No aguardes, solo y lejos de los amigos, a ese hombre, para que no
mueras presto a manos del Pelión, que es mucho más vigoroso. ¡Cruel! Así fuera tan caro a
los dioses, como a mí: pronto se lo comerían, tendido en el suelo, los perros y los buitres, y
mi corazón se libraría del terrible pesar. Me ha privado de muchos y valientes hijos, matando

a unos y vendiendo a otros en remotas islas. Y ahora que los troyanos se han encerrado en
la ciudad, no acierto a ver a mis dos hijos Licaón y Polidoro, que parió Laótoe, ilustre entre
las mujeres. Si están vivos en el ejército, los rescataremos con bronce y oro, que todavía lo
hay en el palacio; pues a Laótoe la dotó espléndidamente su anciano padre, el ínclito Altes.
Pero, si han muerto y se hallan en la morada de Hades, el mayor dolor será para su madre y
para mí que los engendramos; porque el del pueblo durará menos, si no mueres tú, vencido
por Aquiles. Ven adentro del muro, hijo querido, para que salves a los troyanos y a las
troyanas; y no quieras procurar inmensa gloria al Pelida y perder tú mismo la existencia.
Compadécete también de mí, de este infeliz y desgraciado que aún conserva la razón; pues
el padre Cro- nida me quitará la vida en la senectud y con aciaga suerte, después de
presenciar muchas desventuras: muertos mis hijos, esclavizadas mis hijas, destruidos los
tálamos, arrojados los niños por el suelo en el terrible combate y las nueras arrastradas por
las funestas manos de los aqueos. Y cuando, por fin, alguien me deje sin vida los miembros,
hiriéndome con el agudo bronce o con arma arrojadiza, los voraces perros que con comida
de mi mesa crié en el pala- cio para que lo guardasen despedazarán mi cuerpo en la puerta
exterior, beberán mi sangre, y, saciado el apetito, se tenderán en el pórtico. Yacer en el
suelo, habiendo sido atravesado en la lid por el agudo bronce, es decoroso para un joven, y
cuanto de él pueda verse todo es bello, a pesar de la muerte; pero que los perros destrocen
la cabeza y la barba encanecidas y las partes verendas de un anciano muerto en la guerra

27
LITERATURA

es lo más triste de cuanto les puede ocurrir a los míseros mortales.


Así se expresó el anciano, y con las manos se arrancaba de la cabeza muchas canas,
pero no logró persuadir a Héctor. La madre de éste, que en otro sitio se lamentaba llorosa,
desnudó el seno, mostróle el pecho, y, derramando lágrimas, dijo estas aladas palabras:
¡Héctor! ¡Hijo mío! Respeta este seno y apiádate de mí. Si en otro tiempo te daba el
pecho para acallar tu lloro, acuérdate de tu niñez, hijo amado; y penetrando en la muralla,
rechaza desde la misma a ese enemigo y no salgas a su encuentro. ¡Cruel! Si te mata, no
podré llorar- te en tu lecho, querido pimpollo a quien parí, y tampoco podrá hacerlo tu rica
esposa, porque los veloces perros te devorarán muy lejos de nosotras, junto a las naves
argivas.
De esta manera Príamo y Hécuba hablaban a su hijo, llorando y dirigiéndole muchas sú-
plicas, sin que lograsen persuadirle, pues Héctor seguía aguardando a Aquiles, que ya se
acercaba. Como silvestre dragón que, habiendo comido hierbas venenosas, espera ante su
guarida a un hombre y con feroz cólera echa terribles miradas y se enrosca en la entrada

de la cueva, así Héctor, con inextinguible


valor, permanecía quieto, desde que arri-
mó el terso escudo a la torre prominente.
Y gimiendo, a su magnánimo espíritu le
decía:
¡Ay de mí! Si traspongo las puertas y
el muro, el primero en dirigirme baldones
será Polidamante, el cual me aconsejaba
que trajera el ejército a la ciudad la
noche funesta en que el divinal Aquiles
decidió volver a la pelea. Pero yo no me
dejé per- suadir mucho mejor hubiera
sido aceptar

28
su consejo, y ahora que he causado la ruina del ejército con mi imprudencia temo a los tro-
yanos y a las troyanas, de rozagantes peplos, y que alguien menos valiente que yo exclame:
«Héctor, fiado en su pujanza, perdió las tropas». Así hablarán; y preferible fuera volver a la
población después de matar a Aquiles, o morir gloriosamente delante de ella. ¿Y si ahora,
dejando en el suelo el abollonado escudo y el fuerte casco y apoyando la pica contra el
muro, saliera al encuentro del irreprensible Aquiles, le dijera que permitía a los Atridas
llevarse a Helena y las riquezas que Alejandro trajo a Ilio en las cóncavas naves, que esto
fue lo que originó la guerra, y le ofreciera repartir a los aqueos la mitad de lo que la ciudad
contiene; y más tarde tomara juramento a los troyanos de que, sin ocultar nada, formarían
dos lotes con cuantos bienes existen dentro de esta hermosa ciudad?... Mas ¿por qué en
tales cosas me hace pensar el corazón?
No, no iré a suplicarle; que, sin tenerme
compasión ni respeto, me mataría
inerme, como a una mujer, tan pronto
como dejara las armas. Imposible es
mantener con él, desde una encina o
desde una roca, un coloquio, como un
mancebo y una doncella; como un
mancebo y una doncella suelen mante-
ner. Mejor será empezar el combate
cuan- to antes, para que veamos pronto
a quién el Olímpico concede la victoria.
Tales pensamientos revolvían en su
mente, sin moverse de aquel sitio, cuando se le acercó Aquiles, igual a Enialio, el impetuoso
luchador, con el terrible fresno del Pelión sobre el hombro derecho y el cuerpo protegido por
el bronce que brillaba como el resplandor del encendido fuego o del sol naciente. Héctor, al
verlo, se puso a temblar y ya no pudo per- manecer allí; sino que dejó las puertas y huyó
espantado. Y el Pelida, confiando en sus pies ligeros, corrió en seguimiento del mismo.
Como en el monte el gavilán, que es el ave más ligera, se lanza con fácil vuelo tras la tímida
paloma, ésta huye con tortuosos giros y aquél la sigue de cerca, dando agudos graznidos y
acometiéndola repetidas veces, porque su ánimo le incita a cogerla, así Aquiles volaba
enardecido y Héctor movía las ligeras rodillas huyendo azorado en torno de la muralla de
Troya. Corrían siempre por la carretera, fuera del muro, dejando a sus espaldas la atalaya y
el lugar ventoso donde estaba el cabrahígo; y llegaron a los dos cristalinos manantiales, que
son las fuentes del Escamandro voraginoso.
El primero tiene el agua caliente y lo cubre el humo como si hubiera allí un fuego abrasa-
dor; el agua que del segundo brota es en el verano como el granizo, la fría nieve o el hielo.
Cerca de ambos hay unos lavaderos de piedra, grandes y hermosos, donde las esposas y
las bellas hijas de los troyanos solían lavar sus magníficos vestidos en tiempo de paz, antes
que llegaran los aqueos. Por allí pasaron, el uno huyendo y el otro persiguiéndolo: delante,
un valiente huía, pero otro más fuerte le perseguía con ligereza; porque la contienda no era
por una víctima o una piel de buey, premios que suelen darse a los vencedores en la
carrera, sino por la vida de Héctor, domador de caballos. Como los solípedos corceles que
toman par- te en los juegos en honor de un difunto corren velozmente en torno de la meta
donde se ha colocado como premio importante un trípode o una mujer, de semejante modo

29
LITERATURA

aquéllos dieron

tres veces la vuelta a la ciudad de Príamo, corriendo con ligera planta. Todas las deidades los
contemplaban. Y Zeus, padre de los hombres y de los dioses, comenzó a decir:
¡Oh dioses! Con mis ojos veo a un caro varón perseguido en torno del muro. Mi corazón
se compadece de Héctor, que tantos muslos de buey ha quemado en mi obsequio en las
cumbres del Ida, en valles abundoso, y en la ciudadela de Troya; y ahora el divino Aquiles le
persigue con sus ligeros pies en derredor de la ciudad de Príamo. Deliberad, oh dioses, y
decidid si lo salvaremos de la muerte ó dejaremos que, a pesar de ser esforzado, sucumba a
manos de Aquiles.
Respondióle Atenea, la diosa de ojos de lechuza:
¡Oh padre, que lanzas el ardiente rayo y amontonas las nubes! ¿Qué dijiste? ¿De nuevo
quieres librar de la muerte horrísona a ese hombre mortal, a quien tiempo a que el hado con-
denó a morir? Hazlo, pero no todos los dioses te lo aprobaremos.
Contestó Zeus, que amontona las nubes:
Tranquilízate, Tritogenia, hija querida. No hablo con ánimo benigno, pero contigo quiero
ser complaciente. Obra conforme a tus deseos y no desistas.
Con tales voces instigóle a hacer lo que ella misma deseaba, y Atenea bajó en raudo vuelo
de las cumbres del Olimpo.
Entre canto; el veloz Aquiles perseguía y estrechaba sin cesar a Héctor. Como el perro va
en el monte por valles y cuestas tras el cervatillo que levantó de la cama, y, si éste se
esconde, azorado, debajo de los arbustos, corre aquél rastreando hasta que nuevamente lo
descubre; de la misma manera, el Pelión, de pies ligeros, no perdía de vista a Héctor.
Cuantas veces el troyano intentaba encaminarse a las puertas Dardanias, al pie de las torres
bien construidas, por si desde arriba le socorrían disparando flechas; otro tanto Aquiles,
adelantándosele, lo apartaba hacia la llanura, y aquél volaba sin descanso cerca de la
ciudad. Como en sueños ni el que persigue puede alcanzar al perseguido, ni éste huir de
aquél; de igual manera, ni Aquiles con sus pies podía dar alcance a Héctor, ni Héctor
escapar de Aquiles. ¿Y cómo Héc- tor se hubiera librado entonces de las Parcas de la
muerte que le estaba destinada, si Apolo,
acercándosele por la postrera y última vez, no
le hubiese dado fuerzas y agilizado sus
rodillas?
El divino Aquiles hacía con la cabeza
señales negativas a los guerreros, no per-
mitiéndoles disparar amargas flechas contra
Héctor: no fuera que alguien alcanzara la gloria
de herir al caudillo y él llegase el se- gundo.
Mas cuando en la cuarta vuelta llega-

30
ron a los manantiales, el padre Zeus tomó la balanza de oro, puso en la misma dos suertes
de la muerte que tiende a lo largo la de Aquiles y la de Héctor, domador de caballos, cogió
por el medio la balanza, la desplegó, y tuvo más peso el día fatal de Héctor, que descendió
hasta el Hades. Al instante Febo Apolo desamparó al troyano. Atenea, la diosa de ojos de
lechuza, se acercó al Pelión, y le dijo estas aladas palabras:
Espero, oh esclarecido Aquiles, caro a Zeus, que nosotros dos procuraremos a los
aqueos inmensa gloria, pues al volver a las naves habremos muerto a Héctor, aunque sea
infatigable en la batalla. Ya no se nos puede escapar, por más cosas que haga Apolo, el que
hiere de

lejos, postrándose a los


pies del padre Zeus, que
lleva la égida. Párate y
respira; a iré a persuadir
a Héctor para que luche
contigo frente a frente.
Así habló Atenea.
Aquiles obedeció, con el
corazón ale- gre, y se
detuvo en seguida,
apoyándose en el arrimo
de la pica de asta de
fresno y broncínea
punta. La diosa dejóle y
fue a encontrar al divino Héctor. Y tomando la figura y la
voz infatigable de Deífobo, llegóse al héroe y pronunció
estas aladas palabras:
¡Mi buen hermano! Mucho te estrecha el veloz Aquiles,
persiguiéndote con ligero pie alrededor de la ciudad de
Pría- mo. Detengámonos y rechacemos su ataque.
Respondióle el gran Héctor, de tremolante casco:
¡Deífobo! Siempre has sido para mí el hermano predi-
lecto entre cuántos somos hijos de Hécuba y de Príamo, pero desde ahora hago cuenta de
tenerte en mayor aprecio, porque al verme con tus ojos osaste salir del muro y los demás
han permanecido dentro.
Contestó Atenea, la diosa de ojos de lechuza:
¡Mi buen hermano! El padre, la venerable madre y los amigos abrazábanme las rodillas
y me suplicaban que me quedara con ellos ¡de tal modo tiemblan todos!, pero mi ánimo se
sentía atormentado por grave pesar. Ahora peleemos con brío y sin dar reposo a la pica,
para que veamos si Aquiles nos mata y se lleva nuestro sangriento despojo a las cóncavas
naves, o sucumbe vencido por tu lanza.

31
LITERATURA

Así diciendo, Atenea, para engañarlo, empezó a caminar. Cuando ambos guerreros se
ha- llaron frente a frente, dijo el primero el gran Héctor, el de
tremolante casco:
No huiré más de ti, oh hijo de Peleo, como hasta ahora. Tres
veces di la vuelta, huyendo, en torno de la gran ciudad de Príamo,
sin atreverme nunca a esperar tu acometida. Mas ya mi ánimo me
impele a afrontarte, ora te mate, ora me mates tú. Pongamos a los
dioses por testigos, que serán los mejores y los que más cuidarán de
que se cumplan nuestros pactos: Yo no te insultaré cruelmente, si
Zeus me concede la victoria y logro quitarte la vida; pues tan lue- go
como te haya despojado de las magníficas armas, oh Aquiles,
entregaré el cadáver a los aqueos. Pórtate tú conmigo de la misma
manera.
Mirándole con torva faz, respondió Aquiles, el de los pies ligeros:
¡Héctor, a quien no puedo olvidar! No me hables de convenios. Como
no es posible que haya fieles alianzas entre los leones y los
hombres, ni que estén de acuerdo los lobos y los corderos, sino que
piensan continuamente en causarse daño unos a otros, tampoco
puede haber entre nosotros ni amistad ni pactos, hasta que caiga
uno de los dos y sacie de sangre a Ares, infatigable combatiente.
Revístete de toda clase de valor, porque ahora te es muy preciso obrar como belicoso y
esforzado campeón. Ya no te

32
puedes escapar. Palas Atenea te hará sucumbir pronto, herido por mi lanza, y pagarás todos
juntos los dolores de mis amigos, a quienes mataste cuando manejabas furiosamente la pica.
En diciendo esto, blandió y arrojó la fornida lanza. El esclarecido Héctor, al verla venir, se
inclinó para evitar el golpe: clavóse la broncínea lanza en el suelo, y Palas Atenea la arrancó
y devolvió a Aquiles, sin que Héctor, pastor de hombres, lo advirtiese. Y Héctor dijo al eximio
Pelión:
¡Erraste el golpe, oh Aquiles, semejante a los dioses! Nada te había revelado Zeus
acerca de mi destino, como afirmabas; has sido un hábil forjador de engañosas palabras,
para que, temiéndote, me olvidara de mi valor y de mi fuerza. Pero no me clavarás la pica en
la espalda, huyendo de ti: atraviésame el pecho cuando animoso y frente a frente te
acometa, si un dios te lo permite. Y ahora guárdate de mi broncínea lanza. ¡Ojalá que toda
ella penetrara en tu cuer- po! La guerra sería más liviana para los troyanos, si tú murieses;
porque eres su mayor azote.
Así habló; y, blandiendo la ingente lanza, despidióla sin errar el tiro, pues dio un bote en
medio del escudo del Pelida. Pero la lanza fue rechazada por la rodela, y Héctor se irritó al
ver que aquélla había sido arrojada inútilmente por su brazo; paróse, bajando la cabeza,
pues no tenía otra lanza de fresno; y con recia voz llamó a Deífobo, el de luciente escudo, y
le pidió una
larga pica. Deífobo ya no estaba a su lado. Entonces Héctor comprendiólo todo, y exclamó:
¡Oh! Ya los dioses me llaman a la muerte. Creía que el héroe Deífobo se hallaba conmi-
go, pero está dentro del muro, y fue Atenea quien me engañó. Cercana tengo la perniciosa
muerte, que ni tardará, ni puedo evitarla. Así les habrá placido que sea, desde hace tiempo,
a Zeus y a su hijo, el que hiere de lejos; los cuales, benévolos para conmigo, me salvaban
de los peligros. Ya la Parca me ha cogido. Pero no quisiera morir cobardemente y sin gloria,
sino realizando algo grande que llegara a conocimiento de los venideros.
Esto dicho, desenvainó la aguda espada, grande y fuerte, que llevaba en el costado. Y
encogiéndose, se arrojó como el águila de alto vuelo se lanza a la llanura, atravesando las
pardas nubes, para arrebatar la tierna corderilla o la tímida liebre; de igual manera arremetió
Héctor, blandiendo la aguda espada. Aquiles embistióle, a su vez, con el corazón rebosante
de feroz cólera: defendía su pecho con el magnífico escudo labrado, y movía el luciente
casco de cuatro abolladuras, haciendo ondear las bellas y abundantes crines de oro que
Hefesto había colocado en la cimera. Como el Véspero, que es el lucero más hermoso de
cuantos hay en el cielo, se presenta rodeado de estrellas en la obscuridad de la noche, de
tal modo brillaba la pica de larga punta que en su diestra blandía Aquiles, mientras pensaba
en causar daño al divino Héctor y miraba cuál parte del hermoso cuerpo del héroe ofrecería
menos resistencia. Éste lo tenía protegido por la excelente armadura de bronce que quitó a
Patroclo después de matarlo, y sólo quedaba descubierto el lugar en que las clavículas
separan el cuello de los hombros, la garganta que es el sitio por donde más pronto sale el
alma: por allí el divino Aqui- les envasóle la pica a Héctor, que ya lo atacaba, y la punta,
atravesando el delicado cuello, asomó por la nuca. Pero no le cortó el garguero con la pica
de fresno que el bronce hacía ponderosa, para que pudiera hablar algo y responderle. Héctor
cayó en el polvo, y el divino Aquiles se jactó del triunfo, diciendo:
¡Héctor! Cuando despojabas el cadáver de Patroclo, sin duda te creíste salvado y no me
temiste a mí porque me hallaba ausente. ¡Necio! Quedaba yo como vengador, mucho más
fuerte que él, en las cóncavas naves, y te he quebrado las rodillas. A ti los perros y las aves

33
LITERATURA

te despedazarán ignominiosamente, y a Patroclo los aqueos le harán honras fúnebres.

34
Con lánguida voz respondióle Héctor, el de tremolante casco:
Te lo ruego por tu alma, por tus rodillas y por tus padres: ¡No permitas que los perros me
despedacen y devoren junto a las naves aqueas! Acepta el bronce y el oro que en
abundancia te darán mi padre y mi veneranda madre, y entrega a los míos el cadáver para
que lo lleve a mi casa, y los troyanos y sus esposas lo entreguen al fuego.
Mirándole con torva faz, le contestó Aquiles, el de los pies ligeros:
No me supliques, ¡perro!, por mis rodillas ni por mis padres. Ojalá el furor y el coraje me
incitaran a cortar tus carnes y a comérmelas crudas. ¡Tales agravios me has inferido! Nadie
podrá apartar de tu cabeza a los perros, aunque me traigan diez o veinte veces el debido
rescate y me prometan más, aunque Príamo Dardánida ordene redimirte a peso de oro; ni,
aun así, la veneranda madre que te dio a luz te pondrá en un lecho para llorarte, sino que los
perros y las aves de rapiña destrozarán tu cuerpo.
Contestó, ya moribundo, Héctor, el de tremolante casco:
Bien lo conozco, y no era posible que te persuadiese, porque tienes en el pecho un
corazón de hierro. Guárdate de que atraiga sobre ti la cólera de los dioses, el día en que
Paris y Febo Apolo te darán la muerte, no obstante, tu valor, en las puertas Esceas.
Apenas acabó de hablar, la muerte le cubrió con su manto: el alma voló de los miembros
y descendió al Hades, llorando su suerte, porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven. Y el
divino Aquiles le dijo, aunque muerto lo viera:
¡Muere! Y yo recibiré la Parca cuando Zeus y los demás dioses inmortales dispongan que
se cumpla mi destino.
Dijo; arrancó del cadáver la broncínea lanza y, dejándola a un lado, quitóle de los
hombros las ensangrentadas armas. Acudieron presurosos los demás aqueos, admiraron
todos el con- tinente y la arrogante figura de Héctor y ninguno dejó de herirlo. Y hubo quien,
contemplándo- le, habló así a su vecino:
¡Oh dioses! Héctor es ahora mucho más blando en dejarse palpar que cuando incendió
las naves con el ardiente fuego.
Así algunos hablaban, y acercándose lo herían. El divino Aquiles, ligero de pies, tan
pronto como hubo despojado el cadáver, se puso en medio de los aqueos y pronunció estas
aladas palabras:
¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los argivos! Ya que los dioses nos concedieron ven-
cer a ese guerrero que causó mucho más daño que todos los otros juntos, sin dejar las
armas cerquemos la ciudad para conocer cuál es el propósito de los troyanos: si
abandonarán la ciudadela por haber sucumbido Héctor, o se atreverán a quedarse todavía a
pesar de que éste ya no existe. Mas ¿por qué en tales cosas me hace pensar el corazón?
En las naves yace Patroclo muerto, insepulto y no llorado; y no lo olvidaré, mientras me halle
entre los vivos y mis rodillas se muevan; y si en el Hades se olvida a los muertos, aun allí me
acordaré del compañero amado. Ahora, volvamos cantando el peán a las cóncavas naves, y
llevémonos este cadáver. Hemos ganado una gran victoria: matamos al divino Héctor, a
quien dentro de la ciudad los troyanos dirigían votos cual si fuese un dios.
Dijo; y, para tratar ignominiosamente al divino Héctor, le horadó los tendones de detrás de
ambos pies desde el tobillo hasta el talón; introdujo correas de piel de buey, y lo ató al carro,
de modo que la cabeza fuese arrastrando; luego, recogiendo la magnífica armadura, subió y
picó a los caballos para que arrancaran, y éstos volaron gozosos. Gran polvareda levantaba

35
LITERATURA

el cadáver mientras era arrastrado; la negra cabellera se esparcía por el suelo, y la cabeza,
antes tan graciosa, se hundía toda en el polvo; porque Zeus la entregó entonces a los
enemi- gos, para que allí, en su misma patria, la ultrajaran.
Así toda la cabeza de Héctor se manchaba de polvo. La madre, al verlo, se arrancaba los
cabellos; y, arrojando de sí el blanco velo, prorrumpió en tristísimos sollozos. El padre suspi-
raba lastimeramente, y alrededor de él y por la ciudad el pueblo gemía y se lamentaba. No
parecía, sino que toda la excelsa Ilio fuese desde su cumbre devorada por el fuego. Los
gue- rreros apenas podían contener al
anciano, que, excitado por el pesar, quería
salir por las puertas Dardanias; y,
revolcándose en el estiércol, les suplicaba a
todos llamando a cada varón por sus
respectivos nombres:
Dejadme, amigos, por más intranquilos que
estéis; permitid que, saliendo solo de la
ciudad, vaya a las naves aqueas y ruegue a
ese hombre pernicioso y violento: acaso respete mi edad y se apiade de mi vejez. Tiene un
padre como yo, Peleo, el cual le engendró y crió para que fuese una plaga de los troyanos;
pero es a mí a quien ha causado más pesa- res. ¡A cuántos hijos míos mató, que se
hallaban en la flor de la juventud! Pero no me lamento tanto por ellos, aunque su suerte me
haya afligido, como por uno cuya pérdida me causa el vivo dolor que me precipitará en el
Hades: por Héctor, que hubiera debido morir en mis brazos, y entonces nos hubiésemos
saciado de llorarle y plañirle la infortunada madre que le dio a luz y yo mismo.
Así habló llorando, y los ciudadanos suspiraron. Y Hécuba comenzó entre las troyanas el
funeral lamento:
¡Oh hijo! ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Por qué, después de haber padecido terribles penas,
seguiré viviendo ahora que has muerto tú? Día y noche eras en la ciudad motivo de orgullo
para mí y el baluarte de todos, de los troyanos y de las troyanas, que todo saludaban como
a un dios. Vivo, constituías una excelsa gloria para ellos; pero ya la muerte y la Parca todo
alcanzaron.
Así dijo llorando. La esposa de Héctor nada sabía, pues ningún veraz mensajero le llevó
la noticia de que su marido se quedara fuera de las puertas; y en lo más hondo del alto
palacio tejía una tela doble y purpúrea, que adornaba con labores de variado color. Había
mandado en su casa a las esclavas de hermosas trenzas que pusieran al fuego un trípode
grande, para que Héctor se bañase en agua caliente al volver de la batalla. ¡Insensata!
Ignoraba que Ate- nea, la de ojos de lechuza, le había hecho sucumbir muy lejos del baño a
manos de Aquiles. Pero oyó gemidos y lamentaciones que venían de la torre,
estremeciéronse sus miembros, y la lanzadera le cayó al suelo. Y al instante dijo a las
esclavas de hermosas trenzas:
Venid, seguidme dos; voy a ver qué ocurre. Oí la voz de mi venerable suegra; el corazón

36
me salta en el pecho hacia la boca y mis rodillas se entumecen: algún infortunio amenaza a
los hijos de Príamo. ¡Ojalá que tal noticia nunca llegue a mis oídos! Pero mucho temo que el
divino Aquiles haya separado de la ciudad a mi Héctor audaz, le persiga a él solo por la
llanura y acabe con el funesto valor que siempre tuvo; porque jamás en la batalla se quedó
entre la turba de los combatientes, sino que se adelantaba mucho y en bravura a nadie
cedía.

Dicho esto, salió apresuradamente del palacio como una loca, palpitándole el corazón, y
dos esclavas la acompañaron. Mas, cuando llegó a la torre y a la multitud de gente que allí
se encontraba, se detuvo, y desde el muro registró el campo; en seguida vio a Héctor
arrastra- do delante de la ciudad, pues
los veloces caballos lo arrastraban
despiadadamente hacia las cóncavas
naves de los aqueos; las tinieblas de la
noche velaron sus ojos, cayó de
espaldas y se le desmayó el alma.
Arrancóse de su cabeza los visto- sos
lazos, la diadema, la redecilla, la tren-
zada cinta y el velo que la áurea
Afrodita le había dado el día en que
Héctor se la llevó del palacio de
Eetión, constituyén- dole una gran
dote. A su alrededor ha- llábanse
muchas cuñadas y concuñadas suyas,
las cuales la sostenían aturdida como
si fuera a perecer. Cuando volvió en sí y recobró el aliento, lamentándose con desconsuelo
dijo entre las troyanas:
¡Héctor! ¡Ay de mí, infeliz! Ambos nacimos con la misma
suerte, tú en Troya, en el pala- cio de Príamo; yo en Teba,
al pie del selvoso Placo, en el alcázar de Eetión, el cual me
crió cuando niña para que fuese desventurada como él.
¡Ojalá no me hubiera engendrado! Ahora tú desciendes a la
mansión de Hades, en el seno de la tierra, y me dejas en el
palacio viuda y sumida en triste duelo. Y el hijo, aún infante,
que engendramos tú y yo, infortunados... Ni tú serás su
amparo, oh Héctor, pues has fallecido; ni él el tuyo. Si
escapa con vida de la luctuosa guerra de los aqueos,
tendrá siempre fatigas y pesares; y los demás se
apoderarán de sus campos, cambiando de sitio los
mojones. El mismo día en que un niño que- da huérfano,
pierde todos los amigos; y en adelante va cabizbajo y con
las mejillas bañadas en lágrimas. Obliga- do por la
necesidad, dirígese a los amigos de su padre, tirándoles ya
del manto, ya de la túnica; y alguno, com- padecido, le

37
LITERATURA

alarga un vaso pequeño con el cual mojará los labios, pero no llegará a humedecer la
garganta. El niño que tiene los padres vivos le echa del festín, dándole puñadas a
increpándole con injuriosas voces: “¡Vete, en- horamala!, le dice, que tu padre no come a
escote con no- sotros”. Y volverá a su madre viuda, llorando, el huérfano Astianacte, que en
otro tiempo, sentado en las rodillas de su padre, sólo comía medula y grasa pingüe de
ovejas, y, cuando se cansaba de jugar y se entregaba al sueño, dormía en blanda cama, en
brazos de la nodriza, con el
corazón lleno de gozo; mas ahora que ha muerto su padre, mucho tendrá que padecer Astia-
nacte, a quien los troyanos llamaban así porque sólo tú, oh Héctor, defendías las puertas y
los

altos muros. Y a ti, cuando los perros se hayan saciado con tu carne, los movedizos gusanos
ACTIVIDAD
te comerán desnudo, INDIVIDUAL 2.1naves, lejos de tus padres; habiendo en el palacio
junto a las corvas
vestiduras finas y hermosas, que las esclavas hicieron con sus manos. Arrojaré todas estas
• Redacta
vestiduras un textofuego;
al ardiente expositivo
y yade que
500 palabras en Word, donde
no te aprovechen, puesjustifiques las en ellas,
no yacerás
razones
constituirán paraque
ti untuvo Aquiles
motivo para dar
de gloria muerte
a los a Héctor.
ojos de los troyanos y de las troyanas.
Así dijo llorando, y las mujeres gimieron.

ACTIVIDAD PARA REALIZAR EN EQUIPO 2.1


• Con el apoyo de tu maestro de literatura, integra el equipo de trabajo de
literatura clásica, de 3 a 5 integrantes.
• El equipo, valiéndose de diferentes recursos didácticos, como diapositivas,
mapas conceptuales, videos documentales o películas, carteles y cartulinas,
expondrá:
• El contexto en que se desarrolla la literatura clásica.
• Características de la literatura clásica.
• Principales autores y sus obras más representativas.
• Selecciona una obra narrativa y una poética para su exposición y comentario
ante el grupo.
• Exposición de la biografía del autor tratado.
• Explica los elementos que determinan el contexto histórico de la época clásica,
contexto histórico de la obra literaria y el contexto histórico del autor.
Contexto histórico de la épo- Contexto histórico que se Contexto histórico de la si-
ca clásica. maneja en la obra literaria tuación que vive el autor de
leída. la obra literaria leída.

• En un texto no mayor de cinco cuartillas, el equipo entregará al profesor un 38


análisis de las conclusiones que obtuvieron de la exposición y de la interacción
con el grupo. Así como los comentarios que este haya aportado para el
enriquecimiento del mis- mo.
ACTIVIDAD DE AUTOEVALUACIÓN 2.1
• Cada alumno entregará un texto, como máximo dos cuartillas, donde dé cuenta
de los siguientes elementos:

• Selección y lectura de una obra de la literatura clásica.


• Resumen de la obra literaria leída, en media cuartilla.
• Relación entre los elementos que determinan el contexto histórico de la época
clásica, contexto histórico de la obra literaria leída y el contexto histórico de la
situación que vive el autor, en una cuartilla.
• Conclusión o reflexión que se deriva de la exposición colectiva y la obra leída,
en media cuartilla.


Complementa tu información en las siguientes páginas de internet:
• http://www.homero.com.mx (en español, sobre Homero).
• http://www.2020site.org/ulysses/ (The adventures of Ulises).
• http://mithweb.com/odyssey/ (Odysseus, un resumen ilustrado).
• http://www.pantheon.org/mythica/areas/greek (Mitología).

• Películas que puedes apreciar:


• La Odisea – Alejandro Magno (Bruce Beresford) –
• Troya (Wolfgang Petersen).

39
LITERATURA MEDIEVAL

1490).

hacia
(
Gallego

Fernando

por
Católicos,

Reyes

Los

Contexto socio histórico

Se denomina literatura medieval a todos aquellos trabajos escritos principalmente en Europa du-
rante la Edad Media, desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta los inicios del Rena-
cimiento a finales del siglo XV.
Esta época requiere de una periodización, pues a lo largo de ella el hombre y sus
circunstancias experimentan importantes cambios que definen y determinan la historia de la
humanidad. Por ello, se distinguen en la Edad Media tres períodos fundamentales:

• Alta Edad Media (del siglo V al X). Desde el punto de vista literario, es una época en la que
las obras se escriben aún en latín.
• Plena Edad Media (del siglo XI al XIII). En este periodo predomina el feudalismo, sistema
social basado en la dependencia de los vasallos hacia un señor. Los reinos cristianos
tenían una organización política y social muy jerarquizada en sus tres estamentos: nobleza,
clero y pueblo llano.
• Baja Edad Media (siglos XIV y XV). Durante este período final de la Edad Media, la
sociedad sufre cambios fundamentales. El sistema feudal desaparece y nace una nueva
clase social, la burguesía. Sus ideas daban mayor valor a lo terrenal, a los placeres y a las
cuestiones prácticas. La sociedad evoluciona hacia un mayor vitalismo y lo individual
empieza a cobrar importancia: el ser humano mira más hacia sí mismo. Las ciudades son
ahora el centro de

40
la cultura. Este periodo se considera como de transición y se denomina Prerrenacimiento porque
rasgos comunes con el siglo anterior y presenta nuevos valores que se relacionan
estrechamente con el Renacimiento.

Contexto cultural

La Edad Media es una época que se caracteriza por su pro-


funda religiosidad, en la que se concibe la existencia como
un tránsito hacia la vida eterna. La muerte tiene un sentido
liberador y se asume con cierta naturalidad. Es una socie-
dad teocrática y, en consecuencia, lo trascendente ejerce
una considerable influencia en todos los órdenes de la vida.
En este periodo, casi toda la población era analfabeta, y
por ello la Iglesia utilizó la escultura y la pintura
monumental que decoraban los templos como vehículo de
difusión ideo- lógica. Para ello, se elegían entre las historias
de la Biblia y de los textos apócrifos aquellas que eran
susceptibles de
permitir una doble lectura, a menudo espiritual y política.
En esta época, la Iglesia desarrolló un papel muy impor-
tante en la producción de la cultura, manteniendo la tradi-
ción cultural de la antigüedad y desempeñando una impor-
tante labor educativa. Las escuelas catedralicias fueron los
únicos centros de instrucción por mucho tiempo y en los
monasterios, gracias a la paciente labor de los monjes, se
copiaron y tradujeron los principales libros de la antigüedad clásica. Es así como, la religión, la
guerra, que lleva aparejada la figura del héroe, es otro elemento clave de la ideología que
caracteriza a la literatura medieval.

EL CUENTO DE LA PRIORA
Había en Asia una gran ciudad cristiana en la que existía un ghetto. Estaba
protegido por el gobernante del país gracias al asqueroso lucro obtenido por la
usura de los judíos, aborrecida por Jesucristo y por los que le siguen; la gente podía
circular libremente por él, pues la calle no tenía barricadas y estaba abierta por
ambos extremos. Abajo, en el extremo más lejano, se levantaba una pequeña
escuela cris- tiana en la que una gran multitud de niños recibían instrucción año
tras año. Se les enseñaban las cosas acostumbradas a los niños pequeños durante
la infancia, es decir, leer y cantar. Entre ellos se hallaba el hijo de una viuda, un
muchachito de siete años, un chico del coro que acostumbraba ir diariamente a la
escuela; también solía arrodillarse y rezar una Avemaría como se le había
enseñado, siempre que viese la imagen de la Madre de Jesucristo por la calle. Pues
la viuda había educado a su hijo a venerar siempre a Nuestra Señora de este

41
LITERATURA

modo, y él no lo olvidaba, pues un niño inocente siempre aprende con rapidez. Por
cierto, que cada vez que pienso en ello, me acuerdo de San Nicolás, que también
había reverenciado a Jesucristo en la misma tierna edad.

Cuando este niño pequeño se sentaba en la escuela con su cartilla, estudiando


su librito, oía a otros niños que cantaban Alma Redemptoris, mientras
practicaban con sus libros de himnos. Disimulada- mente él se acercó cada vez
más, todo lo que se atrevió. Escuchó atentamente la letra y la música hasta que
se aprendió el primer verso de memoria. Debido a sus pocos años, desconocía lo
que significaba en latín, hasta que un día empezó a pedir a un compañero que le
explicase el significado en su lengua materna y por
qué se cantaba. Muchas veces se arrodilló ante su
amigo rogándole que le tradujese y explicase la
canción, hasta que finalmente su compañero mayor le
dio esta respuesta:
—He oído decir que la canción fue compuesta para
saludar a Nuestra Señora y pedirle que sea nuestra
ayuda y socorro cuan- do muramos. Esto es todo lo
que puedo decirte sobre ello. Estoy aprendiendo a
cantar, pero no sé mucho de gramática.
—¿Así que esta canción está hecha en honor de la
Madre de Jesucristo? -preguntó el inocente-. Entonces
haré cuanto pueda para aprenderla antes de la
Navidad, aunque me riñan por no saber la cartilla y me
peguen tres veces cada hora. La aprenderé para
honrar a Nuestra Señora.
Y así, este amigo se la enseñaba secretamente cada
día al re- gresar a casa hasta que la supo de memoria
y la cantó con aplo- mo, palabra por palabra, entonada
con la música.
Sí, cada día, esta canción pasaba dos veces por su garganta:
una, al ir a la escuela, y la otra, al regresar a casa; pues todo su corazón lo tenía
puesto en la Madre de Nuestro Señor.
Como ya he dicho, este niño iba siempre cantando alegre- mente Alma
Redemptons cuando, al ir o al venir, atravesaba el ghetto, pues la dulzura de la
Madre de Jesucristo había traspasa- do tanto su corazón, que no podía
contenerse de cantar alabanzas en su honor mientras iba de camino. Pero
nuestro primer enemigo, la serpiente de Satanás, que ha construido su nido de
avispas en el cora- zón de cada judío, se encolerizó y gritó:
—¡Oh, pueblo judío! ¿Os parece bien que un muchacho como éste deba andar
por donde le plazca, mostrándos su desprecio al cantar canciones que insultan
vuestra fe?
Desde entonces, los judíos empezaron a conspirar para man- dar al niño fuera
de este mundo. Para ello contrataron a un ase- sino, un hombre que tenía un

42
escondite secreto en una callejue- la. Cuando el
muchachito pasó, este infame judío le agarró con
fuerza, le cortó el cuello y lo arrojó dentro de un pozo
seco. Sí, lo echó en un pozo negro en el que los judíos
vacían sus intestinos. Pero ¿de qué puede
aprovecharos vuestra malicia, oh condenada raza de
nuevos Herodes? El crimen se descubrirá, esto es
cierto, y precisamente en el lugar que servirá para
aumentar la gloria de Dios. La sangre clama contra
vuestro perverso crimen.
—¡Oh, mártir perpetuamente virgen! —exclamó la
priora—, que sigas eternamente cantando al blanco
Cordero celestial del que escribiera en Patmos San
Juan Evangelista diciendo que los que preceden al
Cordero cantando una nueva canción, jamás han
conocido cuerpo de mujer.

43
LITERATURA

Toda la noche
estuvo la viuda
esperando el
regreso del niño,
pero en vano. Tan
pronto clareó, salió
a buscarlo a la
escuela y por todas
partes, con el
corazón encogido y
el rostro lívido de
temor, hasta que, al
fin, averiguó que la
última vez que
había sido visto se hallaba en el ghetto. Con su
corazón estallando de piedad maternal, medio
enloquecida, fue a todos los sitios a los que su
imaginación febril pensaba probablemente
encontrar a su hijo, mientras invocaba a la dulce
Madre de Jesucristo. Por fin se de- cidió a buscarle
entre los judíos. De forma lastimera pidió y rogó a
todos y a cada uno de los judíos que vivían en el
ghetto que le dijeran si el niño había pasado por
allí, pero le respondieron que no. Luego, Jesús en su
misericordia quiso inspirar a la madre a que
llamase a su hijo en voz alta cuando se hallaba
junto al pozo en el que había sido arrojado.
¡Dios Todopoderoso, cuyo elogio cantan las bocas de los inocentes, contempla
aquí tu poder magní- fico! Con el cuello cortado, esta gema y esmeralda de
castidad, este brillante rubí de entre los mártires, empezó a cantar Alma
Redemptoris con voz tan fuerte, que todo el lugar resonó.
Los cristianos que pasaban por la calle se agolparon a mirar maravillados. A
toda prisa mandaron a buscar al preboste. Éste vino de inmediato, y después de
haber alabado a Jesucristo, rey de los cielos, y a su Madre, gloria de la especie
humana, ordenó que se atase a los judíos. Con lamentaciones que acongojaban,
subieron al niño, que seguía cantando su canción, y le llevaron en solemne
procesión a una abadía cercana. Su madre se hallaba caída junto al féretro, sin
fuerzas, como una segunda Raquel, y la gente trataba en vano de apartarla de él.
Después, el preboste dispuso que cada uno de los judíos que habían
intervenido en el crimen fuese torturado y ejecutado de forma vergonzosa, pues
no quería tolerar una semejante maldad de índole tan abominable en su
jurisdicción. «El mal debe recibir su pago debido.» Por eso los hizo descuartizar
con caballos salvajes y luego ser colgados de acuerdo con la ley.

44
Durante todo este tiempo el niño inocente yacía en su féretro ante el altar
mayor mientras se can-
taba la misa. Luego, el
abad y sus monjes se
apresuraron a darle
sepultura, pero cuando le
rociaron con agua bendita
y ésta cayó sobre el niño,
éste cantó nuevamente
Alma Redemptons Mater.
Ahora bien, el abad, que
era un santo varón, como
lo son o de- berían serlo
siempre los monjes,
empezó a preguntar al
niño y le dijo:
—Querido niño, te conjuro por la Santísima Trinidad
que me digas: ¿cómo puedes cantar, cuando todos podemos ver que tienes el
cuello completamente cercenado?
—Mi cuello está cortado hasta el hueso del pescuezo —respon- dió el niño—,
y, según todas las leyes de la Naturaleza, debería haber muerto hace mucho
tiempo, si no fuera porque Jesucristo ha querido, como podéis leer en las
Sagradas Escrituras, que su gloria sea recordada y perdure. Por ello, en honor de
su Santa Ma- dre, puedo todavía cantar Alma con voz clara y fuerte. En lo que a
mí concierne, siempre he amado este manantial de gracia, la dulce Madre de
Jesucristo, por lo que cuando tuve que entregar mi vida, ella vino y me pidió que
cantase este himno, incluso en mi muerte, como acabáis de oír. Y mientras yo
cantaba, me pareció que Ella colocaba

una perla sobre mi lengua. Por consiguiente, canto, como siempre debo cantar,
en honor de esta bendi- ta Virgen, hasta que me quiten la perla, pues ella me
dijo: «Mi niño, vendré a buscarte cuando te quiten la perla de la lengua. No
temas, que no te abandonaré.»
Entonces, aquel santo varón —el abad—, cuando el niño suavemente entregó
su espíritu, le extrajo con cuidado la lengua y tomó la perla. Al ver este milagro,
el abad derramó abundantes lágrimas y se echó de bruces a tierra,
permaneciendo inmóvil y como encadenado al suelo, mientras los demás monjes
se postraban también sobre el pavimento, llorando y proclamando las alabanzas
de la Madre de Jesucristo. Entonces se levantaron y sacaron al mártir del féretro y
encerraron su tierno cuerpecito en una tumba de mármol claro. ¡Que Dios nos
conceda el privilegio de reunimos con él!
¡Oh, joven Hugo de Lincoln, muerto por los viles judíos, como es muy bien
sabido (pues hace poco tiempo que ocurrió el suceso), ruega por nosotros, gente
débil y pecadora! ¡Que Dios en su misericordia multiplique sus bendiciones sobre
nosotros, por causa de su Santa Madre María! Así sea.

Geoffrey Chaucer (1343-14OO)

45
LITERATURA

Contexto literario renacentista

La literatura de este tiempo estaba com-


puesta básicamente de escritos religiosos
y trabajos seglares. En ésta se exalta el
ideal caballeresco en los llamados canta-
res de gesta, donde se contaban las ha-
zañas de los guerreros de aquella época.
Estos poemas fueron compuestos por ju-
glares y cantores que recorrían las dife-
rentes cortes europeas y luego se fueron
transmitiendo oralmente. Algunos canta-
res de gesta famosos fueron La Canción
de Rolando en Francia, El poema de los
Nibelungos en Alemania y El Cantar del
Mío Cid en España. También deambula-
ban por los caminos los trovadores músicos ambulantes que le cantaban a la mujer y al amor.
Los rasgos básicos que definen la literatura en la Edad Media es la transmisión oral de gran
parte de las obras, el carácter anónimo de muchos textos y el didactismo, pues con frecuencia los
autores escriben con el objeto de transmitir valores cristianos y ofrecer modelos de comportamien-
to. Para alcanzar mejor este cometido, frecuentemente los autores procuran entretener también a
su auditorio.
Las obras medievales se clasifican entre las más grandes expresiones de profunda ternura
hacia la dama, como el morir de amor por ella y las eminentes representaciones a la Virgen María.
Las grandes obras surgen en el drama religioso, y aparecen al mismo tiempo en Alemania,
España, Francia, Italia e Inglaterra. Salidos de los ideales de la Edad Media, el caballero y el
monje son dos de los símbolos vitales durante esta época.

En Inglaterra, Beda el venerable contribuye a la literatura con una


traducción del Evangelio de san Juan y unos relatos históricos.
Inicial- mente, la poesía es anónima y de asunto épico. El poema
Beowulf, conocido a través de un manuscrito del siglo X, contiene
numerosas descripciones de monstruos y horrores. Se conservan
también seis elegías, de la misma época de este poema. El primer
poeta conocido es Cynewulf, a quien se le atribuye el poema de la
Santa Cruz. Pero el mayor de los poetas ingleses medievales es
Geoffroy Chaucer, que compuso un relato en verso, Troilo y
Crispida, inspirado en Fi- lostrato de Boccaccio. Poco tiempo
después se dedica por completo a la redacción de sus Cuentos de

46
Canterbury, colección de relatos al estilo de las novelas del Decamerón, pero en verso e
incompleta.
Las primeras obras literarias conocidas en Alemania son latinas, con la aportación de la monja
Rosvita, autora de leyendas en que predominan las notas elegiacas sobre lo épico. Exaltar la
virtud de la virginidad es su tema favorito. No obstante, su obra más importante
son las Comedias, relatos al estilo de Terencio.
En el Libro de los Evangelios, el sentimiento patriótico se mezcla con el religioso y el
escolástico. El poema épico germano es Los Nibelungos, compuesto hacia 1205 por un poeta
desconocido, basándose con toda seguridad en relatos épicos anteriores. Sobresalen las notas
crueles y las escenas de horror y venganza. Otro poema, Gudruna, es un canto a la aristocracia
marinera y a la admirable mujer germana. La lealtad, el valor y la tristeza son los sentimientos
que prevalecen en esta primera épica alemana. Más tarde sustituyen el gusto por lo caballeresco
y lo cortesano- amoroso, visible en Parsifal de Wolfram de Eschenbach. En los orígenes del teatro
popular, será la religión, con los milagros y los
misterios como tema de la literatura.
En la literatura medieval francesa se observa una
dualidad idiomática que genera dos ciclos épicos: el
primero gira alrededor de Carlomagno y los Doce Pa-
res; el otro tiene como protagonista a Guillermo de
Toulose, noble francés del siglo VIII, que aparece en
los cantares de gesta con el nombre de Guillermo de
Orange. La Chanson de Roland es el poema épico
más bello perteneciente al ciclo de Carlomagno.
Redactado en versos endecasílabos de gran
regularidad. Aunque basado en sucesos históricos, la
realidad de los he- chos está modificada porque antes
de esta versión se dieron otras más cercanas a los
sucesos cantados, y, por tanto, con mayor
historicidad. La poesía goliardes- ca canta el placer
del vino o satiriza la vida e institu- ciones
eclesiásticas, pues su extensión e influjo fueron muy
grandes.
La novela francesa, al principio está escrita en verso y su
El anillo de los Nibelungos, antecede a temática se desprende de las aventuras del legen- dario
la Saga del Señor de los anillos. Rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda.

El mejor autor de este tipo de novelas, que dará origen más


tarde a los libros de caballería, e Chrétien de Troyes, autor
de Erec, Cligés, Le Chevalier de la Charrete, y el Perceval.
Novelas en las que predomina lo maravilloso.
La poesía provenzal aparece con el primer poeta conoci-
do como el conde Guillermo de Peitieu, autor de canciones
amorosas. Sentimiento amoroso dirigido a una mujer casada
que expresado literalmente, viene a ser una traslación a lo
sentimental de una actitud social de vasallaje hacia el señor
feudal. Por ello, se dio por llamar a los autores de canciones
según el sentimiento expresado, así es conocido Jaufre Ru-

47
LITERATURA

del como el cantor del amor lejano; Bernat de Ventadorn, el poeta melancólico; y Arnaut Daniel,
inventor de la sextina.
El mejor poeta medieval francés es Francois Villon, cuya vida, difícil, desarrollaba muy a
menudo al margen de la ley e incluso fue sentenciado a muerte dos veces. En 1456 es- cribe su
Petit Testament, autobiográfico, que dedica a sus compañeros de correrías. Posteriormente su
idea de la fu- gacidad de las cosas humanas queda plasmada en su Gran Testament.

BALADA A SU DAMA
(Traducción de Rubén Abel Reches
)

Falsabeldadquemecostáistancaro,
Rudaenverdad,hipócritadulzura,
Amor muy duro de roer y avaro,
Nombraros puedo,muerteyaessegura,
Cobardeflorquepinchacondelicia,
Orgullolocoqueseafirmaahorcando
Y ojos helados. ¿No podrá Justicia
a un pobre socorrer que están matando?

Mejorqueyobuscarahubiesesido
Algúnjardíndeamorenotrolado,
Rivalno hubieraesamujertenido;
Tengoquehuirahora,y humillado.
¡Auxilio!
¡Auxilio!
¡Quemeayudealguna!
Si hayquemorir,hedemorirpeleando.
QuieraPiedad,quemefaltóenlacuna,
a un pobre socorrer que están matando.

48
Ya vendrá el día en que se
encuentre seca, mustia y ajada
vuestra flor fragante. Y aunque
mi risa ahí parezca mueca, mi
risa en la vejez será triunfante.
Viejo seré, vos fea y con arrugas.
¡Bebed ahora que el arroyo es
blando! Ya se helará, y no pueden
las verrugas a un pobre socorrer que
están matando.

Príncipe del Amor, excelso amante,


a quien no quiero andar
importunando: sabed que debe un
buen señor, no obstante, a un
pobre socorrer que están matando.

François Villon (1431-


1463?)

ACTIVIDAD INDIVIDUAL 2.2


• ¿Cuáles son las ideas de la época que se presentan en El cuento de la Priora?
• Redacta un texto de media cuartilla, donde interpretes el poema de François
Villon.

El teatro francés se inicia entre los siglos XII y XIII,


como distracción de la burguesía reunida en
sociedades literarias. La comedia profana nace en
Arrás, con Adam de la Halle, que representó su Jeu de
la Feuillee (Jue- go de la enramada). Pero la pieza más
famosa de este teatro es una farsa anónima Maire
Phatelin, compuesta entre 1464 y 1469, sin olvidar las
Danzas de la Muerte, ya posteriores, a modo de
revistas fúnebres.
Como los trovadores y novelistas franceses están
de moda, los italianos cultos, Visconti y Della Vigne, se
dedican a aprender francés. Históricamente, a veces es
una necesidad, por lo cual Marco Polo dicta en francés
la relación de sus Viajes.
A principios del siglo XIII aparecen los primeros rela-
tos italianos escritos en lengua dialectal. Las crónicas y
las novelas son posibles gracias a grupos aristocráticos
como el de la corte de Florencia. El dulce estilo nuevo,

49
LITERATURA

noble, puro, etéreo, filosófico en la obra de Guido Caval- canti y de Dante de Alighieri, apasionado,
matemático, meditativo en Canzonieri, Vita Nuova y, sobre Dante y Virgilio en el Inßerno,
todo en la Divina Comedia, viaje del clasicismo aBouguereau.
ultratumba.

DIVINA COMEDIA
(Canto I, Infierno)

A mitad del camino de la


vida, en una selva oscura
me encontraba porque mi
ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era


esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al
pensamiento!

Es tan amarga casi cual la


muerte; mas por tratar del bien
que allí encontré, de otras cosas
diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en


ella pues tan dormido me
hallaba en el punto que
abandoné la senda verdadera.

Mas cuando hube llegado al pie de


un monte, allí donde aquel valle
terminaba que el corazón habíame
aterrado,

hacia lo alto miré, y vi que su


cima ya vestían los rayos del
planeta que lleva recto por
cualquier camino.

Entonces se calmó aquel miedo


un poco, que en el lago del alma
había entrado la noche que pasé

50
con tanta angustia.

Y como quien con aliento


anhelante, ya salido del
piélago a la orilla, se vuelve y
mira al agua peligrosa, tal mi
ánimo, huyendo todavía, se
volvió por mirar de nuevo el
sitio que a los que viven
traspasar no deja.

Repuesto un poco el cuerpo


fatigado, seguí el camino por
la yerma loma, siempre
afirmando el pie de más abajo.

51
LITERATURA

Y vi, casi al principio de la cuesta,


una onza ligera y muy veloz, que
de una piel con pintas se cubría;

y de delante no se me
apartaba, mas de tal modo
me cortaba el paso, que
muchas veces quise dar la
vuelta.

Entonces comenzaba un nuevo día,


y el sol se alzaba al par que las
estrellas que junto a él el gran
amor divino sus bellezas movió
por vez primera; así es que no
auguraba nada malo de
aquella fiera de la piel
manchada la hora del día y la
dulce estación; mas no tal que
terror no produjese la imagen
de un león que luego vi.

Me pareció que contra mí venía, con la cabeza erguida y hambre fiera, y hasta
temerle parecía el aire.
“Dejad por siempre la esperanza” es la
Y una loba que todo el apetito leyenda que ßgura a las puertas del
inßerno de La Divina Comedia.
parecía cargar en su flaqueza, que
ha hecho vivir a muchos en
desgracia.

Tantos pesares ésta me


produjo, con el pavor que
verla me causaba que perdí
la esperanza de la cumbre.

Y como aquel que alegre se hace


rico y llega luego un tiempo en
que se arruina, y en todo
pensamiento sufre y llora:

tal la bestia me hacía sin dar


tregua, pues, viniendo hacia mí

52
muy lentamente, me empujaba
hacia allí donde el sol calla.

Mientras que yo bajaba por la


cuesta, se me mostró delante
de los ojos alguien que, en su
silencio, creí mudo.

Cuando vi a aquel en ese gran desierto


«Apiádate de mi yo le grité,
seas quien seas, sombra a hombre vivo.»

53
LITERATURA

54
55
LITERATURA

Con muchos animales se


amanceba, y serán muchos
más hasta que venga el
Lebrel que la hará morir con
duelo.

Éste no comerá tierra ni peltre, sino


virtud, amor, sabiduría, y su cuna
estará entre Fieltro y Fieltro.

Ha de salvar a aquella
humilde Italia por quien
murió Camila, la doncella,
Turno, Euríalo y Niso con
heridas.

Éste la arrojará de pueblo en


pueblo, hasta que dé con
ella en el abismo, del que la
hizo salir el Envidioso.

Por lo que, por tu bien, pienso


y decido que vengas tras de
mí, y seré tu guía, y he de
llevarte por lugar eterno,

donde oirás el aullar


desesperado, verás, dolientes,
las antiguas sombras, gritando
todas la segunda muerte;

y podrás ver a aquellas que


contenta el fuego, pues
confían en llegar a
bienaventuras cualquier día;

y si ascender deseas junto a


éstas, más digna que la mía
allí hay un alma: te dejaré con
ella cuando marche;

que aquel Emperador que


arriba reina, puesto que yo a

56
sus leyes fui rebelde, no
quiere que por mí a su reino
subas.

En toda parte impera y allí


rige; allí está su ciudad y su
alto trono. iCuán feliz es
quien él allí destina!»

Yo contesté: «Poeta, te
requiero por aquel Dios que
tú no conociste,
para huir de éste o de otro mal más grande,

57
LITERATURA

que me lleves allí donde me


has dicho, y pueda ver la
puerta de San Pedro y
aquellos infelices de que me
hablas.»

Entonces se echó a andar, y yo tras él.

Dante Alighieri (1265-1321)

58
ACTIVIDAD INDIVIDUAL 2.3
• Redacta en media cuartilla tu nivel de impresión respecto a la lectura de la Obra
de Dante Alighieri.

• PARA COMPLEMENTAR TU INFORMACIÓN PRESENCIA LAS SIGUIENTES


PE- LÍCULAS:
• El nombre de la rosa.
• Beowulf & Grendel
• El señor de los anillos

• En un texto no mayor de cinco cuartillas, el equipo entregará al profesor un


análisis de las conclusiones que obtuvieron de la exposición y de la interacción
con el grupo. Así como los comentarios que este haya aportado para el
enriquecimiento del mis- mo.

ACTIVIDAD PARA REALIZAR EN EQUIPO 2.2


• Con el apoyo de tu maestro de literatura, integra el equipo de trabajo de
literatura medieval, de 3 a 5 integrantes.

• El equipo, valiéndose de diferentes recursos didácticos, como diapositivas,


mapas conceptuales, videos documentales o películas, carteles y cartulinas,
expondrá:
• El contexto en que se desarrolla la literatura medieval.
• Características de la literatura medieval.
• Principales autores y sus obras más representativas.
• Selecciona una obra narrativa y una poética para su exposición y comentario
ante el grupo.
• Exposición de la biografía del autor tratado.
• Explica los elementos que determinan el contexto histórico de la época
medieval, contexto histórico de la obra literaria y el contexto histórico del autor.

59
LITERATURA

Contexto histórico de la épo- Contexto histórico que se Contexto histórico de la si-


ca medieval. maneja en la obra literaria tuación que vive el autor de
leída. la obra literaria leída.

• En un texto no mayor de cinco cuartillas, el equipo entregará al profesor un


análisis de las conclusiones que obtuvieron de la exposición y de la interacción
con el grupo. Así como los comentarios que este haya aportado para el
enriquecimiento del mis- mo.

ACTIVIDAD DE EVALUACIÓN 2.2


• Cada alumno entregará un texto, como máximo dos cuartillas, donde dé cuenta
de los siguientes elementos:
• Selección y lectura de una obra de la literatura medieval.
• Resumen de la obra literaria leída, en media cuartilla.
• Relación entre los elementos que determinan el contexto histórico de la época
medieval, contexto histórico de la obra literaria leída y el contexto histórico de la
situación que vive el autor, en una cuartilla.
• Conclusión o reflexión que se deriva de la exposición colectiva y la obra leída,
en media cuartilla.

60
LITERATURA DEL RENACIMIENTO

“—Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos
Ángel.
son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias to- das”.
Miguel
migueL de cervantes saavedra ,
(1512)

Sixtina

Capilla

la
Contexto socio histórico de
Bóveda

El término renacimiento lo utilizó por vez primera en 1855 el historiador francés Jules Michelet
para referirse al descubrimiento del mundo y del hombre en el siglo XVI. El historiador suizo
Jakob Burckhardt amplió este concepto en su obra La civilización del renacimiento italiano,
publicada en 1860, en la que delimitó el renacimiento al situarlo en el periodo comprendido entre
el respectivo desarrollo artístico de los pintores Giotto y Miguel Ángel, y definió a esta época como
el nacimiento de la humanidad y de la conciencia moderna tras un largo periodo de decadencia.

61
LITERATURA

En este sentido, el Renacimiento es considerado como la revolución cultural más grande en la


historia del hombre, el primer gran intento de revolución en todos los sentidos. Si Dios constituía
el eje vital para los medievales, deja de serlo para los renacentistas, ahora, impregnados de la
cultura griega y latina, hacen del hombre la glorificación, lo sitúan en el centro del mundo, con una
actitud vitalista, un lugar de goce, digno de ser vivido. Por eso, la cultura sale de los monasterios y
se pone al alcance de una gran mayoría que sabe leer y escribir y tiene acceso al saber, gracias a
la inven- ción de la imprenta.
El gran bienestar económico lleva a la aparición de un personaje, sin el cual muchas de las
obras de arte no se hubieran podido realizar, a este se le conoce como: el mecenas, el gran señor
o príncipe de la Iglesia que favorece y protege a los artistas o sabios por su gran amor al arte y a
la ciencia. He aquí, a reformistas como Lutero, Calvino, Zwinglio y Erasmo de Rotterdam, que
valién- dose de la razón, revisaron estructuras que habían sido juzgadas caducas durante la Edad
Media.

La confianza en el poder de la razón hace de esta época de grandes descubrimientos geográficos


el punto de partida de la ciencia moderna.
De esta manera, Italia resurge como el ideal renacentista, gracias a la labor de Nicolás Maquia-
velo, padre de la doble moral y de la razón del Estado y principios de colectividad sobre individuos,
que expone en sus obras conocidas como El príncipe, Historias florentinas, Los discursos sobre la
primera década de Tito Livio y el Arte de la guerra, entre otras.

62
A UNA ROSA
XXXVII

¡Conquéartificiotandivinosales
deesacamisadeesmeralda fina,
oh rosa celestial alejandrina,
coronadadegranosorientales!

Ya enrubíesteenciendes,
yaencorales,
yatu colora púrpuraseinclina
sentada en esa basa peregrina
que forman cinco puntas desiguales.

Bienhayatu divinoautor,puesmueves
a su contemplaciónelpensamiento,
a aun a pensar en nuestros años breves.

Asílaverdeedadseesparce alviento,
y así las esperanzassonaleves
que tienen en la tierra el fundamento…

FélixLopedeVegayCarpio
(1562
- 1635)

Contexto cultural

La cultura renacentista está marcada por los Descubrimientos y las conquistas ultramarinas que
permite la expansión mundial de la cultura europea, con los viajes portugueses y el
descubrimiento de América por parte de los españoles, lo cual rompe la concepción medieval del
mundo, funda- mentalmente teocéntrica.
El desmembramiento de la cristiandad con el surgimiento de la Reforma protestante, la intro-
ducción de la imprenta, entre 1460 y 1480, y la consiguiente difusión de la cultura fueron uno de
los motores del cambio social y cultural que permitió el desarrollo económico europeo, dando los
primeros atisbos del capitalismo mercantil.
Ante esta situación, el artista tomó conciencia de individuo con
valor y personalidad propios, además, se vio atraído por el
saber y comenzó a estudiar los modelos de la antigüedad
clásica a la vez que investigaba y experimentaba nuevas
técnicas artísticas, como el claroscuro en pintura. De esta
manera se desarrollaron enormemente las formas de
representar la perspectiva y el mundo natural con fidelidad;
especialmente la anatomía humana y las técnicas de
construcción arquitectónica.
Es de destacar, en el paradigma de esta nueva actitud a
Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista,
quien dominó distintas ramas del saber, pero del mismo modo

63
LITERATURA

a Miguel Ángel Buonarroti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli y Bramante quienes fueron artistas
conmovidos por la imagen de la Antigüedad y preocupados por desarrollar nuevas técni- cas
escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, así como por la música, la poesía y la nueva sensibilidad
humanística. Todo esto formó parte del renacimiento en las artes.

Fases de desarrollo del renacimiento


Transfiguración, obra de Rafael Sanzio.
El Quattrocento o primer Renacimiento (siglo XV), se caracte- riza por búsqueda de los cánones
de belleza de la Antigüedad y de las bases científicas del arte, así como por la búsqueda de la
humanidad de Cristo.
El Cinquecento o segundo renacimiento (siglo XVI), se caracterizó por la hegemonía artística
de Roma cuyos Papas (Julio II, León X, Clemente VII y Pablo III) apoyaron fervorosamente el
desarro- llo de las artes, así como la investigación de la Antigüedad Clásica.
El Manierismo o decadencia del renacimiento (segunda mitad del siglo XVI), se caracteriza por
el inicio de la crisis del movimiento renacentista, marcada por un formalismo rígido en todas las
artes, dando pie al movimiento conocido como Barroco.

64
65
LITERATURA

BENVOLIO
Vino corriendo por aquí y saltó la tapia
de este huerto. Llámale, Mercucio.

MERCUCIO
Haré una invocación.
¡Antojos! ¡Locuelo! ¡Delirios!
¡Prendado! Aparece en forma de
suspiro.
Di un verso y me quedo satisfecho.
Exclama «¡Ay de mí!», rima « amor »
con « flor », di una bella palabra a la
comadre Venus
y ponle un mote al ciego de su
hijo, Cupido el golfillo, cuyo
dardo certero hizo al rey
Cofetua amar a la mendiga.
Ni oye, ni bulle, ni se mueve:
el mono se ha muerto; haré un conjuro
Conjúrote por los ojos claros de tu
Rosalina, por su alta frente y su labio
carmesí, su lindo pie, frme pierna,
trémulo muslo y todas las comarcas
adyacentes, que ante nosotros
aparezcas en persona.

BENVOLIO
Como te oiga, se enfadará.

MERCUCIO
Imposible. Se enfadaría si yo
hiciese penetrar un espíritu
extraño en el cerco de su amada,
dejándolo erecto hasta que se
escurriese y esfumase. Eso sí le
irritaría. Mi invocación es noble y
decente: en nombre de su amada
yo sólo le conjuro que aparezca.

BENVOLIO
Ven, que se ha escondido entre estos árboles, en alianza con la
noche melancólica. Ciego es su amor, y lo oscuro, su lugar.

66
MERCUCIO
Si el amor es ciego, no puede
atinar. Romeo está sentado al
pie de una higuera deseando
que su amada fuese el fruto que
las mozas, entre risas, llaman
higo. ¡Ah, Romeo, si ella fuese,
ah, si fuese un higo abierto y tú
una pera!

Romeo, buenas noches. Me voy a


mi camita, que dormir al raso me
da frío. Ven, ¿nos vamos?

BENVOLIO
Sí, pues es inútil buscar a quien
no quiere ser hallado.

Salen.
ROMEO [adelantándose]
Se ríe de las heridas quien no las ha sufrido.
Pero, alto. ¿Qué luz alumbra esa ventana?
Es el oriente, y Julieta, el sol.
Sal, bello sol, y mata a la luna
envidiosa, que está enferma y
pálida de pena porque tú, que la
sirves, eres más hermoso. Si es
tan envidiosa, no seas su
sirviente. Su ropa de vestal es de
un verde apagado que sólo llevan
los bobos ¡Tírala!

(Entra JULIETA arriba, en el balcón)


¡Ah, es mi dama, es mi amor!
¡Ojalá lo supiera!
Mueve los labios, mas no habla. No importa:
hablan sus ojos; voy a responderles.
¡Qué presuntuoso! No me habla a mí.
Dos de las estrellas más hermosas del
cielo tenían que ausentarse y han
rogado a sus ojos que brillen en su
puesto hasta que vuelvan. ¿Y si ojos se
cambiasen con estrellas? El fulgor de
su mejilla les haría avergonzarse, como
la luz del día a una lámpara; y sus ojos
lucirían en el cielo tan brillantes que, al
no haber noche, cantarían las aves.

67
LITERATURA

¡Ved cómo apoya la mejilla en la


mano! ¡Ah, quién fuera el guante
de esa mano por tocarle la mejilla!

JULIETA
¡Ay de mí!

ROMEO
Ha hablado. ¡Ah, sigue
hablando, ángel radiante,
pues, en tu altura, a la
noche le das tanto
esplendor

JULIETA
Ojalá lo fueras, mi
amor, pero te mataría
de cariño.
¡Ah, buenas noches! Partir es tan
dulce pena que diré « buenas noches
» hasta que amanezca. [Sale.]

ROMEO
¡Quede el sueño en tus ojos, la paz en tu
ánimo! ¡Quién fuera sueño y paz, para tal
descanso! A mi buen confesor en su celda
he de verle por pedirle su ayuda y contarle
mi suerte. [Sale.]

William Shakespeare (1564-


1616)
Contexto literario

La influencia de la literatura italiana y de la literatura clásica grecolatina experimentó una renova-


ción en los temas, en las formas y en el estilo de la literatura
española durante el Renacimiento.
En cuanto al tema, se reelaboran los mitos clásicos, el amor y
la naturaleza reciben un trata- miento idealizado; la nueva
sensibilidad espiritual de la literatura religiosa da lugar a la
literatura ascética y mística; también se aborda, especialmente en
la pica- resca, la realidad social de la época. Resurge el soneto,
la lira y la octava real como nuevas composiciones y formas

68
estróficas. En igual modo, los autores renacentistas perseguían la sencillez y la claridad
expresiva, el equilibrio de formas y la naturalidad.
En la literatura renacentista se pueden identificar dos tenden- cias contrapuestas: por un lado,
la idealización de la realidad, que se observa en la lírica italianizante o en la novela de caballerías;
por otro, el realismo crítico, que se plasma, por ejemplo, en la pro- sa de pensamiento y en la
novela picaresca. En la primera, prosa de pensamiento, se aprecia la difusión del humanismo y se
siente una predilección por el diálogo, aquí es importante destacar, la prosa histórica, sobre la
conquista de América, y los estudios so- bre la lengua y la literatura.
L a novela pastoril, la novela corta y la novela bizantina o de aventuras, dan vida a la novela de
esta época. Destacando entre éstas, dos hitos que determinan el nacimiento de la novela
moderna: la publicación a mediados del siglo XVI del Lazarillo de Tormes, obra con la que surge
la novela picaresca, y aparece El ingenioso hidalgo don Quijote de la Man- cha, de Miguel de
Cervantes, en los primeros años del siglo XVII.
La épica renacentista italiana advierte un gusto por lo clásico, visible, por ejemplo, en el
Orlando enamorado, de Matteo Maria Boiardo. El amor como tema, con mezcla de fantasía y
heroísmo, en el Orlando furioso de su continuador, Ludovico Ariosto, en el que se equilibran la
ironía, el amor a la naturaleza y la alegría de vivir en la corte de Ferrara. En el mismo estilo
escribe Torcuato Tasso en su Jerusalén libertada, en octavas,
con una acción intensísima, y los magos y hadas como
protagonistas. El idealismo bucólico también es cultivo por
Tasso en su Aminta. Aunque el mejor de este género es sin
duda el napolitano Jacopo Sannazaro con su Arcadia. No
obstante, en la novelística sobresale por lo movido de la acción
y el enfoque social que da a los temas, Mateo Bandella, cuyas
Novelle reflejan su vida aventurera
Pero el más grande dramaturgo de todos los tiempos es Wi-
lliam Shakespeare, también autor-actor de calidad asombrosa,
creador de personajes, cuyas pasiones han quedado como mo-
delo. Escribió diez obras teatrales de tipo histórico, casi
crónicas nacionales, así, Ricardo III, Enrique IV. Diez tragedias
romanas, medievales o italianas, Julio Cesar, Romeo y Julieta,
Hamlet, Otelo, dieciséis comedias, como Las alegres comadres
de Wind- sor, El sueño de una noche de verano, la mayoría de
las veces
con un influjo italiano, mezcla de fantasía y realismo. Y su mérito se debe al logro de hacer de sus
personajes modelos de valor universal.
Michel de Montaigne, caballero renacentista, equilibrado, uno de los primeros escritores de
todos los tiempos por su sensibilidad e inteligencia, defensor de la paz y la justicia. La riqueza y
originalidad de sus Ensayos es una especie de examen de conciencia del Renacimiento y no ha
dejado de ser actual, pues presenta el pensamiento de un
hombre de diálogo con la antigüedad griega y latina, diálogo con
ese nuevo mundo recién descubierto y que puso al hombre del
siglo XVI a cuestionar los valores sobre los cuales se había
construido la oscura Edad Media
En España se inicia el movimiento renacentista poético con
Garcilazo de la Vega, cuya obra lleva a la perfección, con
delicado sentimiento, en sonetos, canciones y églogas. Desde
muy joven comienza a actuar en la vida política y cortesana de
su época. En su obra literaria introduce las novedosas

69
LITERATURA

concepciones renacentistas prácticamente inexploradas en nuestra lengua. Una de sus


composiciones es la canción V, compuesta por un encargo que le hiciera su amigo Mario Galeota,
quien le pidió escribir una canción a doña Violante Sanseverino.
La novela picaresca surge con el Lazarillo de Tormes, de autor incierto, y que en 1554 se edita
en Burgos, es un éxito del período cultural del barroco, y sobre todo a partir de 1559, con Guzmán
de Alfarache de Mateo Alemán, tienen demanda las novelas de caballerías y las pastoriles.
El Lazarillo de Tormes señala el comienzo de un nuevo género en la literatura castellana: la
novela picaresca. El buldero o expen- dedor de bulas de este episodio embauca a la gente para
lograr compradores
El título de gran autor se lo gana Miguel de Cervantes, poeta, dramaturgo y autor de la novela
más admirada de todos los tiem- pos El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
En poesía fray Luis de León, traductor del griego, hebreo y latín escribe bellísimas odas y el
libro De los nombres de Cristo, en prosa de una gran perfección. Por su parte, San Juan de la
Cruz, compone su Cántico espiri- tual. A la vez, santa Teresa de Jesús, lírica devota escribe
glosas y villancicos excepcionales, y en prosa sus obras cuentan, por mencionar unas, Castillo
interior o Libro de las moradas y Camino de perfección.
Félix Lope de Vega, destaca con luz propia, como creador de la escena nacional española, El
caballero de Olmedo y Fuenteovejuna. La vida de Pedro Calderón de la Barca fue opuesta a la de
Lope de Vega. Entre sus obras se cuentan El gran teatro del mundo, La vida es un sueño, La
dama duende, que muestran su facilidad para interesar al espectador.
Félix Lope de Vega eligió el soneto para expresar temas religiosos, amorosos, o de cualquier
otro tipo, incluso burlesco e irónicos. Prueba de ello es el poema Lucinda y el pájaro fugitivo.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Capítulo primero

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho


tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín
flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más
noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas
los viernes, algún palomino de añadidura los
domingos, consumían las tres partes de su hacienda.
El resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de
velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo
mesmo, y los días de entresemana se honraba con
su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa un ama
que pasaba de los cuarenta, y una sobri- na que no
llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza,
que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera.
Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta
años; era de complexión recia, seco de carnes,
enjuto de rostro, gran madrugador y ami- go de la
caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de

70
Quija- da, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste
caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se
llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la
narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso,
que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y
gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la
administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto,
que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para com- prar libros de
caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y
de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso
Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones
suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y
cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la
sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con
razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: [...] los altos
cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortißcan, y os
hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por
entenderlas y desentra- ñarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el
mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo

71
LITERATURA

ello. No estaba muy bien con las


heridas que don Belianís daba y
recebía, porque se imaginaba que,
por grandes maestros que le
hubiesen curado, no dejaría de tener
el rostro y todo el cuerpo lleno de
cicatrices y señales. Pero, con todo,
alababa en su autor aquel acabar su
libro con la promesa de aque- lla
inacabable aventura, y muchas veces
le vino de- seo de tomar la pluma y
dalle fin al pie de la letra, como allí se
promete; y sin duda alguna lo hiciera,
y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo
estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar –que era
hombre docto, graduado en Sigüenza–, sobre cuál había sido mejor caballero:
Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del
mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que, si alguno
se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque
tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni
tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.
En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches
leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y
del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio.
Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos
como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas
y dis- parates imposibles; y asen-tósele de tal modo en la imaginación que era
verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía,
que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid
Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el
Caballero de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio
dos fieros y descomuna- les gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio,
porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la
industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los
brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella
generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable
y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más
cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende
robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él,
por dar una
mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de
añadidura.
En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que
jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para

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el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero
andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras
y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se
ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y
peligros donde, acabán- dolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el
pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de
Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño
gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba.
Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus
bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que
estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que
pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje,
sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un
modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de
celada entera.
Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada,
sacó su espada y le

dio dos golpes, y con el primero y en un punto


deshizo lo que había hecho en una semana; y
no dejó de parecerle mal la facilidad con que
la había hecho pedazos, y, por asegu- rarse
deste peligro, la tornó a hacer de nuevo,
poniéndole unas barras de hierro por de
dentro, de tal manera que él quedó satisfecho
de su fortaleza; y, sin querer hacer nueva
experiencia della, la diputó y tuvo por celada
finísima de encaje.
Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía
más cuartos que un real y más tachas que el
caballo de Gonela, que tan- tum pellis et ossa
fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Ale-
jandro ni Babieca el del Cid con él se
igualaban. Cuatro días se le pasaron en
imaginar qué nombre le pondría; porque,
según se decía él a sí mesmo, no era razón que caballo de caballero tan famoso,
y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba
acomodársele de manera que declarase quién había sido, antes que fuese de
caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que,
mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y [le] cobrase famoso y
de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya
profesaba. Y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió,
deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a lla- mar
Rocinante: nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido
cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los
rocines del mundo.

73
LITERATURA

Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en


este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de
donde –como queda dicho– tomaron ocasión los autores desta tan verdadera
historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesa- da, como otros
quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había
contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y
patria, por Hepila famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen
caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la
Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la
honraba con tomar el sobrenombre della.

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín
y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino
buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores
era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él así:
–Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por
ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes,
y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuer- po, o, finalmente, le
venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado y que entre y se
hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendido: ‘‘Yo,
señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien
venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote
de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vuestra merced, para
que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante’’? ¡Oh, cómo se holgó
nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a
quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del
suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo
anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata
dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de
señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del
suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla
Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer,
músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas
había puesto.

Universidad de Alcalá
1997 Miguel de Cervantes
Saavedra (1547-1616)

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ACTIVIDAD INDIVIDUAL 2.4
• Extrae del texto las palabras que te ubican en la época renacentista.
• ¿Qué motivó a Don Quijote armarse caballero?

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LITERATURA

ACTIVIDAD PARA REALIZAR EN EQUIPO 2.3


• Con el apoyo de tu maestro de literatura, integra el equipo de trabajo de literatura
renacentista, de 3 a 5 integrantes.
• El equipo, valiéndose de diferentes recursos didácticos, como diapositivas, mapas
conceptuales, videos documentales o películas, carteles y cartulinas, expondrá:
• El contexto en que se desarrolla la literatura renacentista.
• Características de la literatura renacentista.
• Principales autores y sus obras más representativas.
• Selecciona una obra narrativa y una poética para su exposición y comentario ante el
grupo.
• Exposición de la biografía del autor tratado.
• Explica los elementos que determinan el contexto histórico de la época renacentis- ta,
contexto histórico de la obra literaria y el contexto histórico del autor.

Contexto histórico de la épo- Contexto histórico que se Contexto histórico de la si- ca


renacentista. maneja en la obra literaria tuación que vive el autor de leída. la obra
literaria leída.

• En un texto no mayor de cinco cuartillas, el equipo entregará al profesor un análisis


de las conclusiones que obtuvieron de la exposición y de la interacción con el grupo.
Así como los comentarios que este haya aportado para el enriquecimiento del mismo.

ACTIVIDAD DE AUTOEVALUACIÓN 2.3


• Cada alumno entregará un texto, como máximo dos cuartillas, donde dé cuenta de
los siguientes elementos:

• Selección y lectura de una obra de la literatura renacentista.


• Resumen de la obra literaria leída, en media cuartilla.
• Relación entre los elementos que determinan el contexto histórico de la época
renacentista, contexto histórico de la obra literaria leída y el contexto histórico de la
situación que vive el autor, en una cuartilla.
• Conclusión o reflexión que se deriva de la exposición colectiva y la obra leída, en
media cuartilla.
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