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Mujer y Antropología Del Género 2023

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P.

1 de 14

ANTROPOLOGÍA DEL GÉNERO


En: https://www.monografias.com/trabajos103/antropologia-del-
genero/antropologia-del-genero.shtml, subido sf, recuperado 27-06-20

Tomado de: Masculinidad y vida emotiva


Autora GLORIA MARINA COSPÍN RIVERA
Curso VII: Antropología del género, Atlantic International University, AIU
Programa doctorado especialidad: Antropología

Compila MARTHA JANNETH CHAPARRO PACHECO


Antropóloga docente Escuela de Filosofía UPTC
Tunja, 2023, 14 pág.

(Niña emberá violada por nueve soldados del Batallón San Mateo del Ejército
Nacional de Colombia, en Pueblo Rico (Risaralda), el 22 de junio de 2020; en:
http://www.laboyanos.com/2020/06/siete-militares-habrian-violado-nina.html)

Contenido Página

1. La mujer en el mundo p. 2
2. La naturaleza de hombres y mujeres p. 2
3. Historia de la feminidad p. 4
4. Historia de la masculinidad p. 8
5. Relaciones de poder p. 9
6. Relaciones de producción p. 9
7. La sexualidad p.10

1
Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 2 de 14

1. LA MUJER EN EL MUNDO

Las mujeres constituyen el 51% de la población del mundo, y solo hay


otro grupo humano que convive con ellas: los hombres. Sin embargo, las mujeres
constituyen la población más pobre del mundo, cuya pobreza ha aumentado el 50
% desde 1975 (ONU). Las mujeres realizan 2/3 de las horas laborales de todo el
mundo, producen la mitad de los alimentos mundiales y perciben únicamente el
10% de los ingresos mundiales. Poseen menos del 1 % de la propiedad mundial.

En algunos países, las mujeres, a diferencia de los hombres no pueden vestirse a


su gusto, conducir un automóvil, trabajar, ni de día ni de noche, heredar bienes o
atestiguar en los tribunales. No escogen a la persona con que se casan, no les
permiten el divorcio, ni el derecho de volverse a casar. El marido es dueño de ella y
ella le debe obediencia, además de aceptar la poligamia del hombre. En muchos
países la violencia contra las mujeres prevalece a una escala increíble y aumenta
cada año, en todo el mundo y en todas las culturas.

Existen múltiples formas de discriminación por motivos de género, raza o etnia,


casta, discapacidades, orientación sexual etc. que producen a las mujeres
dificultades económicas y sociales, la exclusión y la violencia.

La discriminación de género consiste fundamentalmente en establecer un trato


desigual entre hombres y mujeres, en donde histórica y culturalmente aquellas les
ha tocado la peor parte. Revisaremos algunos hechos culturales e históricos que
han llevado a la mitad de la raza humana a sufrir y quedarse como la
segunda clase de los seres humanos vivientes.

2. LA NATURALEZA DE HOMBRES Y MUJERES

Al nacer, todo lo que somos es un cuerpecito anatómico que lleva el color de piel de
los padres, y que está dotado de órganos externos que nos diferencian entre varón
o hembra. Es todo lo que tenemos de ser humano, a excepción de que nos
parecemos a la abuela, el abuelo, o los tíos. Biológicamente empezamos a
funcionar: comer, dormir y tenemos una forma de avisar lo que nos molesta (llanto).
No traemos genéticamente ni congénitamente, cómo debemos comportarnos, cómo
debemos expresarnos, como debemos vestirnos, ni cómo actuar ante el otro sexo.

Esos menesteres nos serán enseñados, entrenados y repetidos lenta e


ininterrumpidamente, en los próximos días, meses y años, hasta casi la pubertad,
en un proceso de culturación o socialización en que se transmite el bagaje de
conocimientos del grupo social a que pertenecemos, y por los individuos que nos
rodean. La moñita pegada con cinta adhesiva en la cabecita de la recién nacida, es
un inicio de la educación de género de esa bebé.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 3 de 14

Este conocimiento sobre nuestra conducta social-sexual es el género: la


construcción lenta y segura de lo que va a ser nuestra identidad,
nuestro comportamiento social y sexual.... Somos receptores pasivos de
una ley cultural inexorable. El género es fijo como la idea de que la biología es
destino, y en este caso la cultura se convierte en destino. (Marcela Lagarde)

El género así construido se fija muy profundamente en alma y mente, y es el


resorte que impulsa las acciones cotidianas en la vida social y la vida emocional. El
conocimiento se trasmite por lo que se llama roles de Genero. (En una obra teatral
hay "roles" o "papeles" que se aprenden los actores) Los roles de género se
enseñan y aprenden desde muy pequeñitos, y son las expectativas sociales y
culturales de los comportamientos "apropiados" para las mujeres y los hombres. Por
supuesto que decir -“Buenos días", -"Gracias" y -"Por favor" les abre muchas
puertas desde niños. -"Hay que estudiar", -"Tenemos que superarnos". Son roles
sociales muy importantes.

Pero: -"Los hombres no lloran", -"El que llora es mariquita", etc., niega al niños su
capacidad de expresión del llanto por un dolor o por un daño, o regalarle a la niña
un "juego de escobita y palita", es introducirle en la mente que ese es un oficio para
mujeres y que "se ve bien". A la niña (no mujercita) se le enseña que las mujeres se
deben al ámbito privado y solo salen de la casa a "pasear" y acompañadas de un
varón. A los varones se les enseña que deben trabajar, hasta la extenuación, en
trabajos pesados, y que su ámbito de acción es fuera de la casa o público, y que
debe ser el proveedor de los que se quedan en casa.

Dentro de los roles que enseñan la relación entre hombres y mujeres, especialmente
si hay niñas en casa, es la idea de que el hombre es más fuerte que las mujeres,
que los varones no se acercan a la cocina, mucho menos a cocinar, y que deben
ser "servidos". Las niñas tienen que servirle a su hermano la comida, lavar sus
platos, ordenarles los zapatos, recoger su ropa sucia y a veces hasta lavarla y
plancharla. Les da la idea de que ellos son "los jefes " o "futuros jefes", y que ellos
ostentan un poder especial para ordenar a sus hermanas, que por ser mujeres, son
más débiles y por lo tanto deben ser sumisas.

Si ellas poseen algo de valor (monedas, joyitas), se los quitan porque debe ser "para
los hombres". Inventan juegos de "luchas" en la cama, para ganar cuando él queda
sobre su hermana, en un signo de dominación. Y los padres o adultos que los cuidan
aprueban todo esto, porque va de acuerdo a los propios roles de género aprendidos
de antaño. Así mismo, los juegos y los juguetes de la infancia representan los
papeles que les corresponderán a los niños y las niñas en la sociedad, la niña
jugando a las muñecas aprende a ser mamá, y al tratarlas jugando, se puede ver lo
que han aprendido en su casa: si las golpea, o las discrimina por el color, o si
en cambio se porta muy tierna, se da por supuesto que a futuro sabrá cuidar a su
bebé y ser cariñosa.

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A los niños se les prohíbe jugar a las muñecas, porque es cosa de mujeres, con lo
que se limita la expresión de su afectividad y sentimientos con las personas que lo
rodean. Evitan que los niños abracen y besen a sus familiares, o a los mismos
padres, porque eso "no es de hombres". Más tarde para algunos, es imposible ser
cariñosos al acercarse a sus semejantes. Más adelante no sabrán cómo acercarse
y ser amorosos con la pareja y con sus hijos. Empiezan a ser violentos para
acercarse a la mujer, más tarde se vuelven violentos durante el sexo. El mensaje a
los varoncitos es que deben pelear para ganar el amor de la mujer, luchar contra
dragones, ser capaces de enfrentar los peligros, usar armas, demostrar
su fuerza aunque maten a otros; les corresponde también ser activos y violentos en
sus relaciones con las mujeres.

La familia es la primera institución en donde aprendemos nuestros valores y a


relacionarse con el entorno, pues es lo primero que observamos y aprendemos, no
es fácil cuestionar y tratar de cambiar lo que nos han enseñado, tan tempranamente.
Es en la familia donde nos incorporan modelos ya establecidos, donde los roles
femenino y masculino tienen una estricta jerarquía para las tareas y las formas de
relación con lo demás. Se asignan según el sexo-genero enseñado.

Estos roles son transmitidos y perpetuados por la familia, la escuela, la religión, que
son instituciones socializadoras y los medios de comunicación contribuyen a
su reproducción y sientan las bases para el desequilibrio del poder entre las
personas, ocasionando desigualdad social e inequidad...

Según la insigne Simone de Beauvoir, no se nace mujer, se llega a serlo. Existe la


situación, de que la persona que se convierte en mujer, pensando como mujer,
actuando como mujer, no sea necesariamente del sexo femenino. Esto es, que no
importando la biología, el cuerpo es un medio pasivo sobre el cual se inscriben los
significados culturales, o como el instrumento que relaciona el cuerpo con una serie
de significados culturales, y se convierte en el género que quieren, sin importar el
sexo.

3. HISTORIA DE LA FEMINIDAD

No ha sido lo mismo ser niña o varón, vivir en la Edad Media o en el siglo XXI. La
edad en la vida de una mujer, sus cambios corporales, su apariencia, su sexualidad,
su maternidad, no ha sido igual según la época. La prostitución, la esclavitud han
cambiado. La violencia hacia la mujer ¿ha cambiado también?

El cuerpo de las mujeres

Empecemos por el principio: el nacimiento: la niña es menos deseada. Anunciar es


un varón" es más glorioso que decir "es una niña", debido al valor diferente atribuido
a los sexos.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 5 de 14

El infanticidio de niñas es una práctica muy antigua y sigue siendo masivo


en India y sobretodo en China, a causan de la limitación a un hijo único: se elimina
a las niñas hasta tener un varón.

La primera infancia es relativamente asexuada. La palabra "bebé" funciona como


una denominación neutra. Hasta los 4 a 5 años, los niños se visten parecido. Al
llegar al jardín de infantes se empieza a notar la diferencia, especialmente en el
vestido, aunque todos viven todavía cerca de las faldas de la mamá. Juegan los
mismos juegos. En cuanto a las niñas más grandes, entre los cinco y los diez años,
tienen sus primeras lecturas, sus juegos de muñecas, sus fantasías, pero
generalmente permanecen más en la casa, más vigiladas, mas encerradas. No así,
los hermanos varones salen a jugar a la calle, juegan bicicleta, hacen grupos,
guardan amistades de la escuela y otros barrios y veces atraviesan algunas partes
de la ciudad, para otros juegos o para entregar encomiendas de los padres.

En las épocas victorianas, si las niñas eran muy activas se les llamaba "varones
fallidos" y se las ponía a trabajar temprano, especialmente en las familias
campesinas, de obreros o de los barrios de las ciudades. Muy a menudo se les
retiraba de las escuelas, sobre todo si eran las hijas mayores para que ayudaran en
las tareas domésticas. Esta práctica aún se ve en los barrios pobres
de Latinoamérica. Quedan lejos de cualquier instrucción y educación.

La escolarización de las niñas no va al ritmo de la de los varones, sobre todo en los


países católicos, las niñas aprenden rudimentos de lectura, oraciones y costura.
Las leyes que obligan a la escuela laica, obligatoria y gratuita, son novedades que
se instalan en Europa en 1880 y en otros países de América alrededor del fin del
siglo XIX.

Por esa época la jovencita o la muchacha se vuelve más visible, salen a


desempeñar numerosos trabajos. Es muy recatada y prudente, y su existencia
comienza en un momento clave: la pubertad (léase: su menarquía), que es
celebrada y complicada por la madre, pero es la entrada a otro mundo de secretos
y que es la iniciación de su vida como mujer. Sin embargo aquí el concepto de
género es que debe guardar el silencio del pudor, la vergüenza de la impureza de
la sangre de la mujer; la sangre como flujo involuntario es "pérdida" y signo
de muerte. A comparación de la sangre masculina, la de los guerreros "riega la
tierra" para llenarla de gloria.

De su pérdida no se habla, solo enfrente de la madre, no se queja de sus


incomodidades, se esconde el dolor. Será hasta los años 50 del siglo pasado,
cuando las madres instruidas logran llevar un mensaje del significado de la
menstruación, como "regla" en la vida de la mujer. Es diferente de las secreciones
masculinas, que son semilla, que son vida.

También en esta época se canta, se vigila y se cuida la virginidad de una muchacha.


La iglesia la consagra como virtud suprema.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 6 de 14

Se crea para venerar el modelo de María, virgen y madre. El vestido blanco del
casamiento es signo de virginidad, de la pureza de la promesa. Se
crean mitos sobre que puede perderse al montar a caballo a horcajadas y se crea
un estilo sentada con piernas juntas. Se puede perder si abren las piernas para
bailar o al hacer ejercicios.

Para mancillar la virginidad, existe la violación. Es robar algo muy preciado y


con violencia. Es una ofensa moral, ética además de física. Es un rito de iniciación
tolerado en la Edad Media. Se forman grupos de jóvenes, generalmente de familias
influyentes, buscando una presa. La pobre mujer que se deja atrapar o que le es
imposible defenderse, sufre cualquier forma de humillación. De ahí en adelante se
cree que es una mujer fácil. Desflorada por varios hombres, y deshonrada, ya no
encontrará quien se case con ella. Y estará condenada a la prostitución. En el siglo
XIX se avanza al condenar en los tribunales la violación colectiva. Actualmente la
violación es delito grave.

Hay diferencias sociales que marca el futuro de una mujer. La joven aristócrata,
cuidada por sirvientes y familia, que se dedica a leer poemas y a jugar cartas.
comparada con la joven burguesa, educada por su madre iniciada en las tareas del
hogar y algunas artes de ocio, que además aspira el matrimonio. Aspiran al
matrimonio como llave al estado normal de la mujer, deseado por la mayoría de las
mujeres en un 90%, no importa la clase de relación que tenga con el cónyuge.

Sin embargo es colocada desde muy temprano en la servidumbre, en


cuyo trabajo se verá sometida a trabajos duros y a problemas relacionadas con la
promiscuidad y la seducción por sus empleadores. No es fácil estar en su lugar,
poco libre para hacer sus decisiones, expuesta a la seducción y al hijo no deseado,
pues le es prohibido buscar al padre, de acuerdo con la ley napoleónica en Francia.
En otros estados se quedará con el hijo no deseado al que tendrá que mantener
con sus escasos recursos.

En el caso que encuentre el matrimonio, estará ligada de por vida a ciertas reglas
inexorables: pierde su apellido, es dependiente sexual y económica, está obligada
al "deber conyugal" y a la maternidad y recibirá corrección y maltrato del esposo,
quien es depositario del orden doméstico, y lo guarda muy bien, corrigiendo con
golpes al o a la que se sale de su norma.

Actualmente la longevidad de las mujeres es común. Hay muchas más abuelitas


que abuelitos. Pero no siempre fue así. En la edad Media y en la edad moderna la
tasa de mortalidad de las mujeres era superior a la de los hombres, debido a la
fuerte mortalidad en el momento del parto. La maternidad era devastadora, no
había medios de atender partos difíciles, pero sobre todo en caso de dificultades
era preferible salvar al niño antes que la madre. Actualmente, todavía los países
en desarrollo tienen como lucha principal evitar la mortalidad materna.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 7 de 14

La longevidad femenina es un hecho del siglo XX y XXI, ligado al desarrollo de la


ginecología y obstetricia, la anestesia, a la mejor nutrición de las madres y los
tratamientos modernos de las complicaciones del embarazo.

Hay mayor educación preventiva y mayores recursos médicos. El resultado es que


ahora existe la cuarta edad, y ésta es femenina. Ahora los hogares geriátricos están
llenos de mujeres, Pero estas mujeres están solas, pauperizadas, dotadas de una
jubilación miserable, menor que la de los hombres y con bajos recursos. Esta
situación es una ambivalencia del mundo actual.

El trabajo de las mujeres

El trabajo doméstico es fundamental en la vida de las mujeres, de su familia y de la


sociedad. Pesa sobre los hombros de las mujeres la responsabilidad de una familia
sana, equilibrada y de un funcionamiento financiero y económico. Hace
las compras, planea las comidas, limpia la casa, arregla la ropa y atiende al marido,
Mientras haya correspondencia por el marido, entregando lo necesario para
mantener el sistema, se considera un trabajo no compartido, pero satisfactorio
porque están preparadas para él. Permite y asegura la reproducción y el cuidado de
la familia.

Pero cuando sucede ese pequeño detalle de "no entregar lo necesario" y decidir
salir de su casa para trabajar y ganar el dinero que necesita para balancear de
nuevo su sistema, se presenta el dilema de quién va a hace el trabajo de la casa, y
contrata a otra mujer u otras mujeres para que ayuden a las tareas de la casa. Y al
cuidado de los niños. O se envían a los niños a lugares "para cuidarlos". Los trabajos
domésticos propiamente dichos desaparecieron para ella. Se reemplazan por
la atención de la salud de los hijos, sus estudios y sus distracciones. Es decir el
trabajo de las mujeres puede hacerse por otras mujeres, no por el marido o por otros
hombres.

En épocas modernas cuando la mujer empezó a trabajar fuera de casa, en oficina,


fábricas y otros lugares donde se podía aprovechar su conocimiento, resultó que
muy pocas podían ejercer una labor de alto nivel, por su falta de preparación. La
mujer es una aprendiz rápida, especialmente bajo la necesidad de ganar un salario.
Surge entonces que le pagan menos por un trabajo igual al de los hombres. Se
establecen criterios para reconocer a una persona como diferente, y actuar
en función de esa diferencia y no por las características positivas e individuales de
esa persona.

No hay igualdad de oportunidades, o derechos en el trabajo: jornadas laborales


muy largas, condiciones pésimas para trabajar (de pié por largas horas, o entre
substancias tóxicas). Estas condiciones las comparten con los niños, que también
trabajan por bajos emolumentos. Estas condiciones han mejorado en las últimas
décadas por la lucha de las mujeres por la equidad y la igualdad.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 8 de 14

4. HISTORIA DE LA MASCULINIDAD

Como ya se explicó ampliamente, el género se interioriza a través de la


socialización, entendida como un complejo y detallado proceso cultural de
incorporación de formas de representarse, valorar y actuar en el mundo. Como bien
señala Carmen Sáez (1990), este proceso no ocurre sólo durante la infancia y
la adolescencia sino a lo largo del ciclo de vida.

La masculinidad sería entonces un conjunto de atributos, valores, funciones y


conductas que se suponen esenciales al varón en una cultura determinada. Para
el caso de América Latina considero que existe un modelo hegemónico de
masculinidad visto como un esquema culturalmente construido en donde se
presenta al varón como esencialmente dominante y que sirve para discriminar y
subordinar a la mujer y a otros hombres que no se adaptan a este modelo.

Con sus variantes nacionales, podemos considerar que en nuestros países existe
una forma hegemónica de socializar a los hombres que es cultural e históricamente
construida y que tiene sus variaciones por clase o por etnia, pero que sirve siempre
de referente incluso a las formas de socialización alternativas o marginales En esta
socialización podemos encontrar ciertas claras ventajas para el varón, algunas de
las cuales, con el tiempo y su endurecimiento, se pueden ir transformando en
un costo para su salud y su vida (y la de las mujeres y otros hombres) y para sus
relaciones sociales..

Ejemplo de esto son una mayor independencia, la agresividad, la competencia y la


incorporación de conductas violentas y temerarias en aspectos tan diversos como
la relación con vehículos, las adicciones, las relaciones familiares y la sexualidad
(de Keijzer, 1998a). Esto lo trabajaremos a mayor profundidad más adelante.

Hay autores que han estudiado la constitución de diferentes manifestaciones de las


masculinidades en contextos y en momentos históricos diferentes, llamando a esas
manifestaciones "masculinidades". Estas masculinidades tienen modo particular de
configurar la subjetividad, la corporalidad y la posición existencial de los
hombres comunes y anular la jerarquización social de otras masculinidades.

El termino masculinidad es de significado diverso y alude tanto al significado


"correcto" de ser hombre como a las diferencias con la feminidad. Se trata de las
dos categorías de la polarizada definición genérica de las personas que alude a los
que significa ser (o no ser) hombre. Esta es la Masculinización Hegemónica (MH),
que es un camino de la construcción de la identidad masculina, que está en lo más
alto por su valoración social, en la jerarquía de las masculinidades posibles.

Este tipo de masculinidad es resultante de los procesos de organización social de


las relaciones hombre/mujer a partir de la cultura de dominación y jerarquización
masculina, construido a partir de la legitimación del dominio masculino y la
desigual distribución del poder.

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5. RELACIONES DE PODER

En la literatura feminista y en los estudios de género se destaca el tema del poder


como elemento constitutivo de la identidad masculina. Con la expresión de Kauffer
que dice "El deseo de poder y control forma la parte fundamental de nuestra noción
de masculinidad y también la esencia misma el proyecto de convertirse en hombre"
se da la idea de que todos los hombres son poderosos o tratan de serlo , pero
existen hombres no poderosos, subordinados a otros hombres incluso a mujeres y
que se saben que son seres desprovistos de poder. El poder de la masculinidad se
construye y se expresa en las relaciones homosociales y se articula con las
igualdades en las sociedades.

"El poder se entiende, tradicionalmente, como la capacidad para dominar,


centrar, reprimir, controlar o subordinar los acto deseos y los espacios de otro
que no lo tiene."[1] Con ese punto de vista, el poder exige obediencia y presupone
la capacidad para sancionar a quienes lo resiste o no acatan las exigencias y
mandatos de quienes lo tienen.

El eje principal del poder en el sistema de género contemporáneo es la


subordinación general de las mujeres y la dominación de los
hombres, estructura que la “liberación de la mujer” denominó patriarcado.
Esta estructura general existe a pesar de muchas reversiones locales (las mujeres
jefas de hogar, las profesionales mujeres con estudiantes varones) Persiste a pesar
de las resistencias de diversa índole que ahora articula el feminismo y que son
continuas barreras para el poder patriarcal, y que definen un problema de
legitimidad que tiene gran importancia para la masculinidad.

6. RELACIONES DE PRODUCCIÓN

Las divisiones genéricas del trabajo son conocidas en la forma de asignación de


tareas, alcanzando a veces detalles extremadamente finos. Se debe dar igual
atención a las consecuencias económicas de la división genérica del trabajo, al
dividendo acumulado para los hombres; resultante de reparto desigual de
los productos del trabajo social. Esto se discute más a menudo en términos de
discriminación salarial, pero se debe considerar también el carácter de género
del capital.

Una economía capitalista que trabaja mediante una división del trabajo por género,
es, necesariamente, un proceso de acumulación de género. De esta forma no es un
accidente estadístico, sino parte de la construcción social de la masculinidad que
sean hombres y no mujeres quienes controlan las principales corporaciones y las
grandes fortunas privadas. Pero, aunque no se crea, la acumulación de la riqueza
ha llegado a estar firmemente unida al terreno reproductivo mediante las relaciones
de género.

9
Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 10 de 14

El androcentrismo es una característica que concentra no solo la atención en sí


mismo, sino que desprecia todo lo que no es igual que él. Al compararse, ninguno
"le llega" a su altura, todo lo demás es imperfecto y primitivo. Es la masculinidad
que se ensalza y se destaca. Es aquella que se considera la forma "natural" de ser
hombre y se estructuran dispositivos y disposiciones para legitimar su dominación.

7. LA SEXUALIDAD

El deseo sexual es visto como natural tan frecuentemente, que se le excluye de


la teoría social. Pero si consideramos el deseo en términos freudianos, es decir
como energía emocional ligada a un objeto, su carácter genérico es claro. Tratando
de ver si las prácticas que realizan el deseo son del orden genérico, se formulan
interrogantes acerca de las relaciones involucradas: si son consensuales o
coercitivas, si el placer es igualmente dado y recibido, si existe conexión entre la
heterosexualidad con la posición de dominación social de los hombres.

Relaciones entre masculinidades.

Hegemonía

La masculinidad hegemónica se define como la configuración de práctica genérica


que garantiza o da por cierta la posición dominante de los hombres (que les da
poder) y la subordinación de las mujeres. Esto no significa que los ejemplares tales
como los actores de cine, sean las personas más poderosas. Y que personajes de
poder institucional o de gran riqueza pueden estar lejos del modelo hegemónico en
su vida personal.

La hegemonía se establece solo si hay alguna correspondencia entre el ideal


cultural y el poder colectivo o individual. Por eso los niveles más altos del mundo
empresarial, militar y gubernamental demuestran un despliegue corporativo
bastante convincente de masculinidad, todavía muy poco cuestionado por las
mujeres feministas o por hombres disidentes.

Subordinación

La hegemonía se refiere a la dominación cultural en la sociedad como un todo.


Dentro de ese contexto general hay relaciones de género específicas de dominación
y subordinación entre grupos de hombres. El caso más importante es la dominación
de los hombres heterosexuales y la subordinación de los hombres homosexuales.
Es mucho más que una estigmatización cultural de la homosexualidad o de
identidad gay. Estos últimos están subordinados a los hombres heterosexuales por
un conjunto de prácticas casi materiales.

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Estas incluyen exclusión política y cultural, abuso cultural, violencia legal


(encarcelación por sodomía), violencia callejera (desde intimidación al asesinato),
discriminación económica, discriminación laboral y boicots personales. La opresión
ubica las masculinidades homosexuales en la parte más baja de una jerarquía de
género entre los hombres.

Desde el punto de vista de la masculinidad hegemónica la homosexualidad es


similar a la femineidad, y eso explica la ferocidad de los ataques homofóbicos.
Algunos hombres y muchachos heterosexuales también son expulsados del círculo
de legitimidad, especialmente por su aspecto no muy "masculino". El proceso está
marcado por un rico vocabulario denigrante: enclenque, pavo, mariquita, cobarde,
amanerado, acaramelado, bollito de rema, hijito de mamá, oreja perforada, ganso,
pato, floripondio, entre muchos otros. Aquí también resulta obvia la confusión
simbólica con la femineidad.

Complicidad

No muchos hombres realmente cumplen los modelos normativos de la


masculinidad, parece que el número de hombres que practica los patrones
hegemónicos es reducido, pero la mayoría de los varones gana por hegemonía,
pues se benefician con el dividendo patriarcal, que es la ventaja que obtienen los
hombres en general de la subordinación de las mujeres, el contexto es favorable a
esta situación. Esto revela otra relación entre grupos de hombres: la relación de
complicidad con el proyecto hegemónico. Las masculinidades construidas en
formas que permiten obtener el dividendo patriarcal, son cómplices en este sentido,
sin tener que ser la primera línea del patriarcado.

Las cuatro creencias de la masculinidad hegemónica

Las creencias matrices que aparecen de modo constante organizando la vida de los
hombres son fundamentalmente cuatro y representan a las definiciones biológicas
de la masculinidad: independencia, dominio y jerarquía. Ellas son_ autosuficiencia
prestigiosa, la heroicidad belicosa, el respeto a la jerarquía y la superioridad sobre
las mujeres (y la oposición a ellas).

En relación a la primera creencia, los varones reciben de sus padres, madres y


personas cercanas mandatos normativos (roles de género), que se cuidarán
íntimamente, como por ejemplo:

-¡Bástate y válete por ti mismo! (sé independiente y no necesites de nada), -¡Hazte


a ti mismo y llega a esa posición! (lograr éxito, poder, placer y familia es tu futuro) -
¡Distínguete y destaca (como diferente y como superior), -¡Busca tu propio destino!,
-¡Cuenta solo contigo mismo!, -¡Resuélvelo por ti mismo!, -¡Tú puedes y lo puedes
todo!, -¡Haz lo que te venga en gana, y sé libre!

11
Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 12 de 14

¡Tú eres la medida! ¡tu sabes lo que quieres!, -¡toma la iniciativa! ¡No pierdas los
estribos! ¡Realízate trabajando!, -¡tu lugar es el ámbito Público!, -¡Sé capaz y eficaz,
no necesites de nadie!, -¡Pon y ponte límites!, -¡Sé responsable de otros como eres
responsable de ti!.

Cada uno de estos mandatos tiene su contraparte proscriptiva: -¡No te apoyes en


nadie!, -¡No seas uno más!, -¡No te comprometas!. A través de esta creencia y esta
educación subliminal, se adjudican a los hombres la independencia y el poder de
dominio y que la existencia masculina es potencia. Corresponde a esta creencia
todas las metáforas masculinas sobre la potencia y fertilidad. La canción EL REY
(con dinero y sin dinero, yo hago todo lo que quiero, y mi palabra es la ley y sigo
siendo el Rey) explica mucho esta creencia.

Segunda creencia: la belicosidad heroica.

Esta creencia promueve la figura de héroe, el soldado o el guerrero valeroso o una


versión de deportista, tan cara al imaginario masculino y en ellas se basan las
metáforas masculinas. Recibir y cumplir los mandatos de esta creencia, lo que los
mitos llaman el camino del héroe en el que por la lucha y el exceso se va buscando
el sentido de la vida. Busca hazañas y proezas, ven el mundo como un campo de
batalla, donde la violencia es necesaria y que lo que se gana es su masculinidad.
Los roles aprendidos son:

Buscar enfrentamientos, desarrollar capacidad de lucha, mantener espíritu de


aventura, desarrollar aguante para soportar el dolor, superar los sufrimientos,
dureza emocional, aplomo, inhibición del miedo, emocionalidad distante,
impasividad, uso del cuerpo como herramienta, violencia como instrumento de
defensa, defensa del territorio, sobre todo ser fuerte y aguantador.

En esta creencia, el lugar adjudicado al otro es de sujeto desconfiable, potencial


adversario o humillador, peligroso, enemigo o competidor. La mujer solo es aquí
objeto de conquista o dominación, o público para aplaudir sus hazañas masculinas.
Por todo eso, esta creencia está en la base de la misoginia, la homofobia y
la xenofobia.

La tercera creencia: el respeto al valor de la jerarquía, afirma que ser hombre


es adquirir lugar dentro de una estructura jerárquica masculina, o sus
referentes simbólicos como patria o institución, encabezado por "grandes
hombres" (amos poderosos, diferentes caras del padre) y en el que se puede
ascender por obediencia. Este lugar se obtiene cumpliendo con los siguientes
mandatos:

Obedece a tu padre-autoridad (y no a tu madre), -¡Resígnate! ¡Nobleza Obliga!, (y


cuando está arriba de la escala), -¡Eres la autoridad, por eso ordena y manda!.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 13 de 14

Esta creencia es lo que más organiza la vida práctica y cotidiana de la mayoría de


los hombres, que lejos de las otras creencias (los libres y los valerosos), viven de
un modo sometido y burocrático, a veces sin aspirar a subir en la jerarquía, sino se
quedan en la tranquilidad de la subordinación, atrapado en la ilusión de que algún
día llegará a ser autoridad y dueño e alguien o algo y de sí.

Esta creencia favorece la construcción de un retazo de identidad masculina


caracterizado por el sometimiento masculino a las figuras poderosas y que perpetúa
esta socialización especifica que dice que ser hombre es ser alguien dentro de una
escala de autoridades-amos dominadores, que solo dejan como opción el
sometimiento a la cadena de "obediencias debidas".

La cuarta creencia matriz: la superioridad sobre las mujeres (y sobre los


varones "menos masculinos") y la diferenciación de ellos(as). Esta creencia
afirma que ser hombre es adquirir la cualidad de superioridad frente a las mujeres,
tener autoridad sobre ella y no parecerse a ellas, así como también hacerlo con los
hombres que se muestran "menos masculinos". Ser hombres es hacer lo qe las
mujeres no hacen y hacer lo que ellas no hacen. Los mandatos normativos son, por
ejemplo:

-¡Los hombres no son iguales a las mujeres!, -¡Los hombres deben distinguirse de
las mujeres!, -¡Eres más y tienes más derechos!, -¡No debes hacer nada de mujer
ni de maricón!, -¡No hagas caso de las mujeres!, -¡Elige ,o estás con los hombres o
con las mujeres!, -¡No sea igualitario o te dominarán! ¡tu madre es la una mujer
especial e intocable!, -¡Lo doméstico no es lo tuyo (porque es de las mujeres)! Los
hombres son para varias mujeres! ¡Las mujeres contaminan los ambientes de los
hombres!, -¡No sissy stuff (no tener nada de mujer)!, -Nada de dulzuras!, -¡nada
de emociones!, -¡nada de intimidad!

Con estos mandatos el varón evitará a los niños y los homosexuales. Es una
identidad negativa: no ser mujer, niño ni homosexual, donde el esfuerzo vital es
demostrar que no se es algo, más que demostrar que se es algo. El modelo de
relación con ellas que se deriva de esto es el de la imposición de la subordinación,
la exclusión de las mujeres a lo privado, y la apropiación del ambiente público por
los varones.

Esta creencia incluye los conceptos de que la belleza de la mujer atrae al varón
"provocando su deseo", la mujer se viste para hacer caer al hombre, y que a la mujer
solo le atrae el dinero del hombre. La mujer no es un objeto de intercambio sino de
deseo amoroso-sexual y el modelo de amor resultante es uno que tiene más
componentes de explotación, amor caballeresco o cortés, que de igualitario, con
una definición subordenativa de la sexualidad.

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Antropología del género, G. Cospí. Comp. M. Chaparro, 2023, P. 14 de 14

La corporalidad

Aún sin contar con perspectiva de género, la salud ocupacional o laboral o la salud
en el trabajo se ha deteriorado con consecuencias severas en el cuerpo de los
hombres. Desde una perspectiva clasista el rechazo a incorporar medidas
de higiene ocupacional ha sido interpretado como una resistencia de clase. Una
mirada desde la perspectiva de género puede agregar obstáculos en el autocuidado
que también tienen que ver con una socialización masculina tendiente a la
competencia, a la temeridad y a la percepción de que una actitud cuidadosa y
preventiva "no es masculina".

Vista desde la perspectiva de género, la relación entre trabajo y cuidado de la salud


es abiertamente contradictorio. Una razón importante es la centralidad del trabajo
en la construcción de la masculinidad. El hombre tiende a amalgamarse con su
profesión u ocupación, que refuerza el rol de proveedor que juega en la familia. El
cuerpo es vivido como instrumento para esos fines.

En general, el autocuidado, la valoración del cuerpo en el sentido de la salud es


algo casi inexistente en la socialización de los hombres. Al contrario, el cuidarse y
cuidar a otros aparece como un rol netamente femenino.

El efecto de esta socialización masculina explica la forma en que afecta la vida de


las mujeres, con su "triada de violencia". El varón puede ser factor de riesgo en al
menos tres sentidos, con diferentes tipos de daños: a. hacia la mujer (y a niñas y
niños) a través de los diferentes tipos de violencia y abuso, la fecundidad impuesta,
la paternidad ausente (con el abandono de la mujer y los hijos). b. entre hombres
por medio de accidentes, homicidios, lesiones. c. y para el hombre mismo mediante
el suicidio, el alcoholismo y otras adicciones, incluyendo diversas formas de
descuido del cuerpo.

Lo anterior se ve fortalecido con las dificultades que tienen los varones de verbalizar
sus necesidades de salud. Los hombres no hablan de sus problemas de salud,
porque constituye una demostración de debilidad, de feminización frente a unos y a
otros.

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CITAS

[1] Ramírez, Rafael L., García Toro, Víctor, Masculinidad Hegemónica, sexualidad
y transgresión, DCentro Journal, vol . XIV, búm 1, 2002.

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