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Cuento 5

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5) Mate en España

Javier había estado viviendo en Barcelona durante varios meses, y aunque había aprendido a
disfrutar de las tapas y el cava, había algo que le faltaba: su querido mate. Había crecido en
Buenos Aires, donde el mate era más que una bebida: era una tradición, un ritual diario. Cada
mañana, con el sol apenas asomando, Javier se preparaba su mate en casa, buscando la calidez
de su país a través de cada sorbo.

Un día, mientras paseaba por el mercado de la Boquería, vio un paquete de yerba mate en una
enda especializada. Su corazón dio un salto. Decidió comprarlo, aunque no estaba seguro de
si en España habría la costumbre de tomar mate.

Esa tarde, en su apartamento, preparó el mate con esmero, tal como lo había aprendido de su
madre. No había hecho eso desde que llegó a Europa. Mientras lo bebía, pensó en su familia,
en las charlas con amigos, en la sensación de estar rodeado de lo familiar.

Justo cuando estaba por dar el primer sorbo, sonó el mbre de su puerta. Era Ana, una vecina
española que había notado el aroma a yerba que salía de su casa. "¿Qué es eso?", le preguntó,
curiosa. Javier sonrió y la invitó a pasar. "Es mate", explicó. "¿Te gustaría probarlo?"

Ana aceptó, intrigada, y pronto ambos se encontraron compar endo una ronda de mate,
hablando de la vida, la cultura y los pequeños detalles que hacían que la distancia entre
Argen na y España pareciera no tan lejana. En ese momento, Javier comprendió que, aunque
estaba lejos de su erra, podía llevarla consigo, un mate a la vez.

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