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Revelación de Dios en la Escritura

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SAGRADA ESCRITURA

CAPÍTULO 1: LA REVELACIÓN DE DIOS COMO HISTORIA DEL


ENCUENTRO DE DIOS CON EL HOMBRE
1. INTRODUCCIÓN
Definición de Revelación: La palabra revelación proviene del verbo latino revelare, que
significa "remover el velo". En términos generales, se entiende como la manifestación de algo
oculto o desconocido. En el ámbito cristiano, se refiere específicamente a la acción mediante la
cual Dios se da a conocer al hombre.
Concepto Cristiano de Revelación: La revelación es la autocomunicación de Dios en la Historia,
con un propósito salvífico. Según la fe cristiana, no es el hombre quien descubre a Dios, sino
que Dios decide libremente manifestarse al hombre. Esta acción encuentra su máxima expresión
en Jesucristo, quien es la plenitud de la revelación divina, revelando el misterio de Dios como
un amor trinitario: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Tipos de Revelación:
 Revelación Natural: Se refiere al acceso a Dios a través de la creación y la razón. El
hombre, al contemplar la realidad creada, puede percibir una dimensión más profunda
que apunta a Dios como el principio y fin de lo creado. Esta capacidad proviene de su
naturaleza como imagen de Dios (imago Dei).
 Revelación Sobrenatural o Divina: Es una manifestación directa y gratuita de Dios,
quien se da a conocer en la Historia. Esta revelación se realiza plenamente en Jesucristo
y permite al hombre conocer el misterio divino más allá de sus capacidades naturales.
Características de la Revelación:
 Es una autocomunicación de Dios, quien se acerca al hombre para revelarse.
 Tiene una iniciativa divina, ya que es Dios quien decide darse a conocer.
 Constituye un don gratuito que el hombre está capacitado para recibir.
 Es una realidad paradójica, pues se comunica a través de lo finito pero apunta a lo
infinito.
 Es accesible al hombre mediante la Palabra y la Historia.
Revelación Particular e Histórica: Dios también se manifiesta de forma específica en la historia,
desde la alianza con Abraham en el Antiguo Testamento hasta la muerte del último apóstol en el
Nuevo Testamento. Esta revelación histórica tiene un carácter salvífico, orientado al
cumplimiento del plan divino en Cristo.

2. LA REVELACIÓN EN LA SAGRADA ESCRITURA


2.1 ANTIGUO TESTAMENTO
La revelación en el Antiguo Testamento (AT) se concibe como una intervención libre y gratuita
de Dios en la historia. A través de su Palabra, Dios establece una comunicación con el hombre
que sella en alianzas progresivas: primero como un dueño con su servidor, luego como un padre
con sus hijos, un amigo o un esposo con su esposa. Esta comunicación tiene como objetivo la
salvación del hombre y culmina en una fe que se traduce en oración, culto y obediencia a los
mandamientos.
Aspectos destacados de la revelación en el AT
1. Primacía de la Palabra de Dios:
o La "Palabra" (dabar) no solo comunica conocimiento (dimensión noética) sino
que también es eficaz, realizando lo que significa (dimensión dinámica).
o Es viva, dinámica y esencial en la historia de la salvación.

2. Alianza y Promesa: El punto central de la revelación es la alianza entre Dios e Israel en


el Sinaí. Allí, la Ley se convierte en la expresión máxima de la voluntad de Dios,
complementada por la sabiduría y los mensajes proféticos. La revelación siempre está
vinculada a la promesa de salvación.
3. Fenomenología de la Revelación:
o Dios se revela mediante apariciones (teofanías), sus acciones en la historia y
manifestaciones de su gloria (kabod).
o En la etapa mosaica, se destaca la relación "cara a cara" entre Dios y Moisés,
que refleja una relación de gracia y misericordia.
4. Fases históricas de la Revelación:
o Revelación primitiva: Dios se da a conocer en los orígenes de la humanidad
(Gn 1-11).
o Revelación histórica: Desde Abraham, Dios revela su voluntad como promesa,
exigiendo una fe y obediencia incondicionales.
o Alianza del Sinaí: La Ley como revelación divina.

o Profetas y Literatura sapiencial: En estas etapas, la revelación profundiza en


el misterio de la vida y la salvación futura.
En resumen, la revelación en el AT refleja un proceso dinámico e interpersonal donde Dios se da
a conocer progresivamente a través de la historia, en preparación para la plenitud que se
manifestará en el Nuevo Testamento.
2.2 NUEVO TESTAMENTO
En el Nuevo Testamento (NT), la revelación se centra en el cumplimiento pleno de las promesas
hechas en el AT, manifestado en la persona de Jesucristo. Jesús es la Palabra hecha carne,
mediador definitivo y revelador del Padre.
Aspectos claves de la revelación en el NT
1. Cristocentrismo de la Revelación:
o En Jesús se concentra toda la historia de la salvación: su vida, palabras y obras
revelan el misterio de Dios.
o Jesús es el cumplimiento de la promesa (el hoy definitivo) y la revelación plena
de Dios, aunque su consumación llegará con la Parusía.
2. Diferentes tradiciones del NT sobre la revelación:
o Evangelios sinópticos: Jesús, como portador de la Palabra, anuncia el Reino de
Dios y llama a la conversión.
o Corpus joánico: Destaca la relación íntima entre Jesús y el Padre. Jesús no
solo revela a Dios, sino que es Dios mismo.
o Corpus paulino: Presenta a Jesús como el contenido mismo de la revelación; el
misterio de la salvación se manifiesta en Cristo y la respuesta humana debe ser
fe y obediencia.
3. La Iglesia y la Revelación: La revelación se desvela plenamente en la Iglesia mediante
la proclamación del Evangelio. Esta se convierte en el ámbito donde se vive el misterio
de Cristo, integrando a judíos y gentiles en un solo cuerpo.
Fenomenología de la Revelación en el NT
La encarnación de Jesús une y da sentido a todo el proceso revelador:
 Sinópticos: La revelación es la salvación ofrecida en el Reino de Dios.
 Corpus joánico: Jesús revela al Padre y a sí mismo como la Verdad.
 Corpus paulino: Jesús comunica directamente el misterio de la salvación.
En resumen, la revelación en el NT culmina en Jesucristo como la Palabra encarnada. Él es el
centro de la historia de la salvación y el mediador definitivo entre Dios y la humanidad,
ofreciendo una nueva dimensión de relación y cumplimiento de las promesas divinas.

3. LA REVELACIÓN EN LA HISTORIA
3.1. LA REVELACIÓN EN LA PATRÍSTICA

Durante los primeros siglos del cristianismo, los Santos Padres no abordaron la revelación de
manera sistemática. Su principal objetivo era proclamar el acontecimiento salvífico de Dios
revelado en Cristo, más que demostrar la posibilidad de la revelación en sí misma, que ya daban
por sentada. Los Padres apostólicos consideraban que la enseñanza de la Iglesia tenía un origen
divino, centrando su fe en la palabra de Dios manifestada a través de Cristo, los profetas y los
apóstoles.
Para la patrística, la revelación tenía una importancia crucial por varias razones:
1. Proximidad de Cristo: La presencia continua de Jesús entre los primeros cristianos
reforzaba la idea de que él era la plenitud de la revelación divina. Los testimonios
directos de los discípulos vivían y proclamaban activamente el evangelio de la
salvación.
2. Respuesta a las Herejías: El surgimiento de primeras herejías obligó a la Iglesia a
profundizar en los fundamentos de la fe cristiana, fortaleciendo la comprensión y
defensa de la revelación divina.
3. Diálogo con la Filosofía: Los apologetas buscaron puntos de contacto entre la teología
cristiana y los sistemas filosóficos de la época, utilizando conceptos como el logos para
conectar la tradición joánica con la filosofía helenística. Consideraban la revelación
como una comunicación de una verdad superior, integrando la filosofía con la doctrina
cristiana.
Los Padres enfatizaron que, aunque existe un conocimiento natural de Dios a través de la
creación, este conocimiento es imperfecto. La revelación en Cristo es esencial para conocer
auténticamente a Dios, quien permanece un misterio trascendente. San Ireneo de Lyon, por
ejemplo, destacó la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, viendo en Cristo la
culminación de la historia de la salvación y la revelación progresiva del Padre a través del
Verbo.

3.2. LA REVELACIÓN EN LA ESCOLÁSTICA


En la Edad Media, específicamente en el siglo XIII, la escolástica no se enfocó profundamente
en la naturaleza y propiedades de la revelación cristiana. Sin embargo, el IV Concilio de Letrán
hizo una contribución significativa al definir la revelación como obra de la Trinidad. Según la
doctrina conciliar, Moisés y los profetas actuaron como mediadores de la revelación en el
Antiguo Testamento, mientras que en el Nuevo Testamento, Jesucristo, la segunda persona de la
Trinidad, se encarnó para guiar a la humanidad hacia la salvación.
Después del Concilio de Trento, la escolástica tuvo que adaptarse a los desafíos planteados por
el humanismo y la Reforma Protestante. Este periodo vio un mayor enfoque en la revelación de
Cristo y de los apóstoles, subrayando la suficiencia de la revelación mediata—es decir, aquella
transmitida a través de la Iglesia y sus tradiciones—en contraste con la énfasis protestante en la
iluminación individual y la sola Scriptura.
3.3. LA REVELACIÓN EN EL CONCILIO DE TRENTO
El Concilio de Trento (1545-1563) fue una respuesta directa a la Reforma Protestante, que
cuestionaba las bases de la revelación cristiana al promover la sola Scriptura y la sola fide. Los
reformadores como Lutero rechazaban las mediaciones humanas, abogando por una
interpretación individual de la Escritura y una fe basada únicamente en la gracia.
En contraste, el Concilio de Trento afirmó la importancia tanto de la Sagrada Escritura como de
la Tradición como fuentes complementarias de revelación. Estableció que el evangelio había
sido dado progresivamente a través de los profetas, culminando en Cristo y siendo transmitido
por los apóstoles. Esta visión integraba la Sagrada Escritura y la Tradición, considerando ambas
esenciales para la salvación y la transmisión de la doctrina divina.
El Concilio definió la revelación como el contenido del evangelio, presente en la Escritura y en
la Tradición, y afirmó que la Iglesia tenía la autoridad de interpretar esta revelación. De esta
manera, se defendió la mediación eclesial y se rechazó la exclusividad de la interpretación
individual promovida por los reformadores.
3.4. LA REVELACIÓN EN LA ILUSTRACIÓN
La Ilustración (siglo XVIII) marcó un periodo de confianza absoluta en la razón y en la
capacidad de la humanidad para reorganizar la sociedad basándose en principios racionales. En
este contexto, la revelación sobrenatural fue vista con escepticismo, considerándose una
violación del principio de causalidad natural establecido por las ciencias empíricas. La razón se
convirtió en la fuente principal del conocimiento, relegando la revelación a lo meramente
accesible a través de la razón humana.
Este enfoque llevó al surgimiento de movimientos como el deísmo y el teísmo, que intentaron
construir religiones basadas en principios racionales universales, como la existencia de Dios y la
inmortalidad del alma, pero sin depender de revelaciones sobrenaturales específicas. La
experiencia y la observación empírica se convirtieron en las únicas vías legítimas para conocer
la verdad, excluyendo cualquier verdad de fe no sustentada empíricamente.
3.5. LA REVELACIÓN EN EL CONCILIO VATICANO I
El Primer Concilio Vaticano (1869-1870) respondió al creciente racionalismo y a otros
movimientos como el fideísmo y el tradicionalismo. El Concilio buscó articular la relación entre
fe y razón, defendiendo la naturaleza sobrenatural de la revelación. En su Constitución
Dogmática sobre la Fe Católica (Dei Filius), el Concilio distinguió entre revelación natural y
revelación sobrenatural, denominándolas revelatio generalis y revelatio specialis
respectivamente.
Principales puntos del Concilio Vaticano I sobre la revelación:
1. Dios como fuente única de revelación: Tanto la revelación natural (a través de la
creación y la razón) como la sobrenatural (a través de la palabra y la historia) provienen
del mismo Dios y tienen al hombre como destinatario.
2. Interconexión entre revelaciones: La revelación sobrenatural no reemplaza a la
natural, sino que la complementa, ya que la gracia divina supone la naturaleza humana
(Gratia supponit natura).
3. Revelación como gracia divina: La revelación sobrenatural es vista como un don
gratuito de Dios que permite al hombre conocer verdades religiosas esenciales para la
salvación, requiriendo una respuesta de fe sustentada por la gracia.
4. Unidad de la Revelación: La Sagrada Escritura y la Tradición son consideradas como
dos vías que expresan un único mensaje evangélico. La Iglesia, como depositaria de
esta revelación, protege y transmite la doctrina divina.
El Concilio Vaticano I afirmó que la revelación es esencialmente un acto de gracia divina,
accesible a través de la fe y mediada por la Iglesia, resistiendo tanto el racionalismo que
intentaba limitar la revelación a lo racionalmente demostrable como el fideísmo que la relegaba
a una fe ciega.
CONCLUSIÓN
A lo largo de la historia, la concepción de la revelación ha evolucionado en respuesta a
contextos teológicos, filosóficos y sociales. Desde la patrística, donde se enfatizaba la
revelación en Cristo como culminación de la historia de la salvación, hasta la escolástica y el
Concilio de Trento, que defendieron la autoridad de la Iglesia y la Tradición junto con la
Escritura. La Ilustración desafió las nociones tradicionales de revelación al priorizar la razón,
mientras que el Concilio Vaticano I reafirmó la naturaleza sobrenatural de la revelación y su
mediación eclesial. En conjunto, estos desarrollos reflejan la continua interacción entre la fe, la
razón y la tradición en la comprensión de cómo Dios se revela a la humanidad.

4. LA CRISIS MODERNISTA
A inicios del siglo XX, surge un debate teológico en torno a la revelación y su transmisión,
influido por la crítica histórica protestante a los evangelios. Teólogos católicos como Loisy y
Tyrrell intentaron responder a estos desafíos, pero sus propuestas resultaron insuficientes. Los
modernistas llegaron a negar el carácter trascendente de la revelación, considerándola una
experiencia meramente humana.
Los principales errores del Modernismo fueron:
1. Separación radical entre fe y razón.
2. Subjetivismo: Reducción de la revelación a una experiencia religiosa individual,
debilitando su carácter histórico y objetivo.
El Papa Pío X condenó el Modernismo en 1907 mediante el decreto Lamentabili y la encíclica
Pascendi, defendiendo el valor doctrinal y objetivo de la fe, frente al subjetivismo y la
inmanencia propuestos por los modernistas. Aunque esta condena puso bajo sospecha la
categoría de "experiencia religiosa", movimientos teológicos posteriores en los años 30 y 40
buscaron reivindicarla.
Finalmente, el Concilio Vaticano II recuperó esta perspectiva, proponiendo la revelación como
una historia de salvación con valor universal centrada en Cristo.

5. LA REVELACIÓN EN EL CONCILIO VATICANO II


1. El concepto de la revelación según el Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II, en su documento Dei Verbum, expone la revelación divina como un
acto de comunicación personal entre Dios y la humanidad. La revelación no es solo una
transmisión de conocimientos abstractos, sino un proceso de acercamiento a la persona humana.
Es una invitación a un encuentro y a una relación más profunda con Dios. La revelación es
entendida como un acto de amor, no solo como una revelación intelectual. Dios se da a conocer,
no para imponer su conocimiento, sino para establecer una relación de amistad y comunión con
sus criaturas.
2. La revelación trinitaria
Una de las claves fundamentales del Concilio Vaticano II es la comprensión de la revelación
como trinitaria. Esto significa que la revelación divina está vinculada a las tres personas de la
Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En primer lugar, Dios Padre es quien inicia el
proceso de revelación, enviando a su Hijo para que complete este acto de comunicación.
Jesucristo, el Hijo, es la revelación definitiva de Dios, pues es Él quien revela plenamente el
rostro de Dios, siendo su vida, muerte y resurrección la manifestación más completa del
misterio divino. Por último, el Espíritu Santo es quien, en el presente, guía y orienta a los
creyentes para que puedan acoger esta revelación. El Espíritu Santo también se encarga de
darles la fuerza para vivir de acuerdo con lo que Dios ha revelado, actuando en sus corazones y
guiándolos en la verdad.
3. El carácter salvífico de la revelación
Para el Concilio, la revelación no es un simple acto informativo, sino que tiene un carácter
profundamente salvífico. La revelación no solo busca que los seres humanos conozcan a Dios,
sino que también los invita a una transformación interior que los conduzca a la salvación. Esta
revelación culmina en Jesucristo, quien a través de su vida y sacrificio redentor, abre el camino
para que los seres humanos participen en la vida divina. La fe en esta revelación trae consigo
una renovación del ser humano, una conversión que lo acerca al amor y a la gracia de Dios, con
el fin último de la salvación. La revelación, por lo tanto, no es solo conocimiento, sino una
invitación a una vida nueva en Cristo.
4. El desarrollo progresivo de la revelación
El Concilio Vaticano II presenta la revelación como un proceso progresivo que se desarrolla a lo
largo de la historia de la salvación. La revelación no fue entregada toda de una vez, sino que se
fue revelando poco a poco, de acuerdo con las capacidades del ser humano para comprenderla y
acogerla. En los primeros tiempos, Dios se dio a conocer a través de la creación, mostrando su
poder y bondad en la obra creada. Luego, en la historia de Israel, Dios se reveló de manera más
específica, estableciendo pactos con los patriarcas, enviando a los profetas y preparando así el
camino para la venida de su Hijo. La revelación llega a su plenitud en Jesucristo, quien es la
Palabra hecha carne. Cristo es el centro y la culminación de toda la revelación, ya que en Él se
revela la plenitud de la verdad de Dios. A partir de ahí, la revelación no se detiene, sino que
continúa a través de la enseñanza apostólica y la vida de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu
Santo.
5. La Iglesia como receptora y proclamadora de la revelación
La Iglesia es presentada en el Concilio Vaticano II como la comunidad que recibe, preserva y
transmite la revelación. La Iglesia no es la fuente de la revelación, sino su receptora fiel. A
través de la Sagrada Escritura y de la Tradición, la Iglesia mantiene viva la revelación divina.
La Sagrada Escritura, como el registro escrito de la palabra de Dios, es uno de los medios
principales por los cuales la revelación se comunica a la humanidad. La Tradición, por otro
lado, abarca la enseñanza oral y vivencial que se ha transmitido a lo largo de los siglos, desde
los apóstoles hasta nuestros días. Además, la Iglesia tiene la misión de proclamar la revelación
al mundo, llevando el mensaje de salvación a todas las naciones. Esta tarea de evangelización es
una responsabilidad que la Iglesia asume como parte esencial de su identidad y misión, guiada
siempre por el Espíritu Santo.
Este resumen detallado permite captar la amplitud de la enseñanza del Concilio Vaticano II
sobre la revelación, destacando no solo su aspecto doctrinal, sino también su dimensión
salvífica y progresiva, y subrayando el papel crucial de la Iglesia en la recepción y transmisión
de este mensaje divino.
CAPÍTULO 2: LA SAGRADA ESCRITURA
La importancia de la Sagrada Escritura se puede entender desde tres perspectivas: como un
elemento cultural, como un libro religioso y como portadora de una revelación. Primero, la
Biblia es un monumento cultural con autoridad ética y valores universales. En segundo lugar,
es un libro religioso que busca responder a preguntas fundamentales del ser humano, como el
origen, el destino, el sentido de la vida y el papel de Dios. Finalmente, la Biblia es considerada
una revelación de Dios, ofreciendo respuestas divinas a los interrogantes humanos.
1. La importancia de la Sagrada Escritura
 Cultural: La Biblia es considerada un monumento cultural, no solo por su impacto
religioso, sino también por su influencia ética, literaria y filosófica. Ha sido fuente de
valores y principios que atraviesan distintas culturas y tiempos históricos.
 Religiosa: Es una fuente primaria para responder preguntas fundamentales de la
humanidad, como el sentido de la vida, el destino del ser humano y la relación con
Dios.
 Revelación: La Biblia se entiende como una revelación de Dios al ser humano,
ofreciendo respuestas divinas a los grandes interrogantes de la existencia.
2. Antiguo y Nuevo Testamento
 Antiguo Testamento: Recoge los libros sagrados del pueblo de Israel y se le conoce
también como la "Alianza" entre Dios y su pueblo. Es el conjunto de textos que
preparan el camino para la llegada de Jesús.
 Nuevo Testamento: Incluye los libros cristianos que narran la vida, la muerte y la
resurrección de Jesús, así como los primeros pasos de la Iglesia. Se diferencia del
Antiguo Testamento por centrarse en la persona y obra de Cristo.
 Cambio de Terminología: El término "testamento" reemplaza a "alianza", subrayando
que, con Cristo, comienza una nueva alianza con la humanidad.
3. La Biblia Hebrea (Tanak)
 Mikrá o Tanak: Es el nombre tradicional de la Biblia hebrea, organizada en tres partes:
la Torá (ley), los Nevi’im (profetas) y los Ketûbim (escritos). Estos textos constituyen la
base de la religión judía.
 Torá (Pentateuco): Se compone de los primeros cinco libros: Génesis, Éxodo,
Levítico, Números y Deuteronomio, que relatan la creación del mundo, la historia de
los patriarcas, la liberación del pueblo de Israel de Egipto y la entrega de la ley en el
monte Sinaí.
 Profetas (Nevi’im): Se dividen en dos grupos: los profetas anteriores, que narran
eventos históricos como los libros de Josué, Jueces y Reyes, y los profetas posteriores,
que contienen oráculos y advertencias, como los de Isaías, Jeremías y Ezequiel.
 Escritos (Ketûbim): Incluye una gran variedad de géneros literarios, como los Salmos
(oraciones y cánticos), el libro de Job (sabiduría), los Proverbios (máximas), los cinco
rollos (como Ruth y Ester) y otros libros históricos y poéticos.
4. La Biblia Cristiana
 Canon de la Sagrada Escritura: En la tradición cristiana, el canon está compuesto por
45 libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Estos textos fueron
reconocidos como auténticos y autoritarios por la Iglesia.
 Antiguo Testamento: Los libros del Antiguo Testamento coinciden con los de la Biblia
hebrea, aunque con algunos textos adicionales, conocidos como los deuterocanónicos
(Tobías, Judit, Sabiduría, etc.), que fueron incluidos en la traducción de la Biblia al latín
(Vulgata) por san Jerónimo.
 Nuevo Testamento: Consta de 27 libros que incluyen los Evangelios (Mateo, Marcos,
Lucas y Juan), los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas (cartas de los apóstoles) y el
Apocalipsis (visión profética del futuro). Estos libros fueron escritos por los seguidores
de Jesús y sus discípulos.
5. La Inspiración de la Biblia
 Definición de inspiración: La inspiración se entiende como el influjo del Espíritu
Santo en los autores humanos, para que, a través de su libre albedrío y estilo personal,
escribieran textos que no solo son humanos, sino que transmiten la palabra divina. La
Escritura refleja tanto la intervención de Dios como las capacidades y contextos de los
autores.
 Características de la inspiración:
o Moción e inspiración: El Espíritu Santo movió a los autores a escribir de
manera que sus palabras no eran solo producto de su pensamiento humano, sino
que se convirtió en la transmisión fiel de la voluntad de Dios.
o Objetivo de la inspiración: El propósito es conducir al ser humano a la
salvación, ya que, según la fe cristiana, la Escritura es la guía divina que señala
el camino hacia Dios.
 Fundamento bíblico: Aunque el término "inspiración" no aparece explícitamente en la
Biblia, varios pasajes sugieren que ciertos textos fueron inspirados por Dios. Ejemplos
incluyen pasajes del Antiguo Testamento como Deuteronomio 18:18 o de libros como
Jeremías 1:9, que indican la intervención divina en la escritura de las Sagradas
Escrituras.
CAPÍTULO 3: LA TRADICIÓN
1. INTRODUCCIÓN AL CONCEPTO DE TRADICIÓN
La Sagrada Escritura y la Tradición son las dos fuentes de la Revelación divina, y siempre van
juntas. La Tradición, como palabra no escrita de Dios, complementa a la Escritura y sigue
siendo vivida y transmitida por la Iglesia a lo largo del tiempo. Según el Papa Benedicto XVI,
aunque la Revelación se completó con la muerte del último Apóstol, la Palabra de Dios sigue
siendo anunciada e interpretada a través de la Tradición viviente de la Iglesia. Esta Tradición no
es estática, sino que se desarrolla con la ayuda del Espíritu Santo, la reflexión de los creyentes y
la predicación de los obispos.
Etimológicamente, "tradición" proviene del latín tradere, que significa entregar o transmitir
algo. En el contexto cristiano, se refiere a la transmisión de lo que Jesús reveló, permitiendo que
las generaciones de todos los tiempos y lugares participen en la experiencia vivida por sus
contemporáneos. La Tradición es, entonces, el conjunto de verdades de fe transmitidas desde los
primeros tiempos del cristianismo, constituyendo la base de la fe y la práctica cristiana. Es un
proceso dinámico que se remonta a Jesús, quien, al interpretar y cumplir la ley y los profetas de
Israel, revela de manera definitiva el rostro de Dios. La Tradición, guiada por el Espíritu Santo,
es algo vivo y actual para el hombre de hoy.
La importancia de la Tradición en la Revelación se refleja en la formación de la Sagrada
Escritura, que surge de las tradiciones orales antes de convertirse en los textos escritos del
Nuevo Testamento. En este contexto, se distinguen tres elementos clave en la Tradición
cristiana:
1. Traditum: el contenido transmitido.
2. Actus tradendi o recipiendi: el acto mismo de transmitir o recibir.
3. Tradentes: los sujetos que transmiten la tradición.
Finalmente, la Iglesia es el espacio donde se lleva a cabo la transmisión, recepción e
interpretación de la Revelación, ya que no hay acceso a ella ni a la fe fuera de la Iglesia, cuyo
propósito es conservar, transmitir e interpretar el depositum fidei.

2. LA TRADICIÓN EN LA BIBLIA
2.1. LA TRADICIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
En el Antiguo Testamento (AT), la religión hebrea se forma y desarrolla a partir de la tradición
de los patriarcas. La tradición está vinculada al recuerdo de las acciones salvíficas de Yahweh, y
la fe consiste en rememorar estos actos para hacerlos presentes en el momento actual. Las
tradiciones veterotestamentarias se basan en la promesa de Dios, proclamada en un tiempo y
reafirmada a lo largo de la historia, cuyo cumplimiento aún se espera.
2.2. LA TRADICIÓN EN EL NUEVO TESTAMENTO
En el Nuevo Testamento (NT), se reconoce que el punto culminante de la historia es Jesucristo,
el Mesías prometido. Así, la Tradición cristiana comienza con Jesús, quien, junto con la
tradición judía, es testificado por los apóstoles a través de su vida, muerte y resurrección. Este
testimonio se transmite inicialmente de forma oral y luego escrita.
El NT se forma en tres etapas: primero, la vida y enseñanzas de Jesús; segundo, las tradiciones
orales de la comunidad cristiana post-pascual, que testifican sobre Cristo; y, finalmente, la
comunidad apostólica, que recoge y escribe las enseñanzas apostólicas frente a las herejías,
marcando la transición de la Tradición a la Escritura.
San Pablo, en sus cartas, enfatiza la importancia de transmitir fielmente lo que ha recibido. En 1
Corintios 15, 3-5, Pablo describe cómo transmitió el evangelio, especialmente el misterio de la
muerte, sepultura, resurrección y apariciones de Jesús, considerando su enseñanza como una
"parádosis" o tradición confiable que debe mantenerse y difundirse.

3. LA TRADICIÓN EN LA HISTORIA
3.1. LA TRADICIÓN EN LA PATRÍSTICA
En los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia enfrentó desafíos como el gnosticismo, que
distorsionaba la verdad cristiana. Para contrarrestar esto, los Santos Padres establecieron la
Tradición como la regla de la verdad cristiana, defendiendo que solo lo transmitido en la Iglesia
desde los apóstoles debía considerarse verdadero. Durante los siglos I-II, la Tradición se basaba
en tres pilares: la Escritura del AT, la enseñanza de los apóstoles y las prácticas litúrgicas. A
partir del siglo II, la Tradición comenzó a ser diferenciada de la Sagrada Escritura, refiriéndose
a la transmisión no escrita de la revelación. En el siglo V, San Vicente de Lerins estableció
criterios para discernir la verdadera Tradición apostólica: lo que ha sido transmitido "en todo
lugar, siempre y por todos" (quod ubique, quod semper, quod ab omnibus).
3.2. LA TRADICIÓN EN EL CONCILIO DE TRENTO
El siglo XVI vio el cuestionamiento de la Tradición por parte de Martín Lutero, quien afirmaba
que solo la Sagrada Escritura tenía autoridad en la fe. En respuesta, el Concilio de Trento
defendió la validez de la Tradición junto con la Escritura, considerando ambas fuentes como
igualmente esenciales para la Revelación. Afirmó que la Tradición apostólica tiene su origen en
Cristo o en el Espíritu Santo, se transmite por los apóstoles y afecta tanto a la fe como a las
costumbres. El Concilio subrayó la continuidad entre la Escritura y la Tradición, ambas
mediando el acontecimiento de Cristo, pero reconoció que la Tradición no está escrita en su
totalidad. La Tradición fue vista como la norma "normada", mientras que la Escritura era la
"norma normante".
3.3. LA TRADICIÓN EN EL CONCILIO VATICANO II
El Concilio Vaticano II abordó la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición desde una
perspectiva integral, afirmando que ambas están profundamente unidas y se derivan de la misma
fuente divina. En la Dei Verbum (n. 9), se establece que la Escritura y la Tradición no solo
comparten la misma fuente, sino que también persiguen el mismo fin: la salvación del hombre.
Ambas expresan el mismo misterio, pero de forma diferente. El Concilio certificó que tanto la
Escritura como la Tradición forman un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a
la Iglesia (DV 10).
3.4. EL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO
El Magisterio de la Iglesia es el poder de enseñar la fe y las costumbres, concedido por Cristo a
los apóstoles, especialmente a Pedro. Los Papas y los obispos, como sucesores de los apóstoles,
tienen la misión de enseñar con autoridad, preservar y transmitir los contenidos de la fe. El
magisterio eclesiástico es responsable de la conservación, transmisión y exposición de la fe
dentro de la Iglesia.
CAPÍTULO 4. LA FE COMO RESPUESTA DEL HOMBRE AL DIOS
QUE SE REVELA
La fe es la respuesta del ser humano ante la revelación de Dios, un acto que transforma al
oyente en creyente. Este paso hacia la fe solo es posible mediante el don de Dios y la respuesta
libre del hombre. La fe surge cuando el hombre tiene acceso a la Palabra divina, lo que le
permite reconocer la presencia de Dios en la historia humana.
La fe cristiana se define como una opción personal en la que, sostenido por la gracia, el hombre
responde al acontecimiento salvífico de la revelación, conforme a la Iglesia. A diferencia de
otros conceptos de "creer", la fe cristiana es un asentimiento cierto basado en una seguridad
interna.
La fe tiene dos dimensiones: una doctrinal-objetiva, fides quae creditur (lo que se cree), y una
personal-subjetiva, fides qua creditur (la fe con la que se cree). Ambas dimensiones son
inseparables y deben ser vistas como dos momentos entrelazados.

1. LA FE EN LA BIBLIA
1.1 LA FE EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
En el Antiguo Testamento, la fe es vista como la respuesta del hombre a la acción primera de
Dios. Es una reacción a la revelación redentora de Yahweh, quien se revela a través de sus
intervenciones históricas, su palabra y sus promesas. La fe en el AT se basa en confiar en Dios,
apoyarse en Él como fiel a sus promesas. Esta relación personal con Dios se expresa en la
confianza, la obediencia y el conocimiento, como en el caso de Abraham, quien se convierte en
el "padre de la fe" por su confianza y obediencia a la voluntad divina.
1.2 LA FE EN EL NUEVO TESTAMENTO
En el Nuevo Testamento, el concepto de fe sigue la tradición del Antiguo Testamento, pero con
una novedad: la salvación se revela a través de la persona de Jesús. La fe implica acoger a Dios
y confiar en Él como la única salvación posible, con componentes de confianza, seguridad,
obediencia y conocimiento. En los evangelios sinópticos, la fe es la respuesta y adhesión total al
Señor, llevando a una vida orientada hacia Él. San Pablo extiende la fe del AT, considerando a
Abraham como el modelo de fe, y enfatiza que la fe es la respuesta del corazón del pecador
redimido. Para san Juan, la fe es el reconocimiento interior de que Jesús es Dios, implicando
una adhesión a la Palabra hecha carne.
En resumen, la fe es la adhesión total a la Palabra salvífica de Dios, con tres dimensiones
fundamentales:
1. Conocimiento y confesión de la acción salvífica de Dios, especialmente en el NT, a
través de Jesucristo.
2. Acogida obediente de sus palabras reveladoras en ambos Testamentos.
3. Confianza en sus promesas, que lleva a una comunión con Dios y una orientación
escatológica hacia Cristo resucitado.
La confianza es la dimensión predominante en el AT, la obediencia es común en ambos
Testamentos, y el conocimiento es más evidente en el NT debido a Jesucristo, el cumplimiento
definitivo de las promesas del Antiguo Testamento.
2. LA FE EN LOS DOCUMENTOS CONCILIARES: VATICANO I Y II
2.1 DEL CONCILIO DE TRENTO AL VATICANO I
El Concilio de Trento, en oposición a los reformadores, proclamó la fe como un elemento
esencial de la justificación y, por ende, indispensable para la salvación. En este contexto, la fe
fue entendida como un acto de la inteligencia que da asentimiento a la revelación divina. Por su
parte, el Concilio Vaticano I reforzó esta visión, describiendo la fe como una aceptación de la
autoridad de Dios que se revela, una aceptación que es provocada por el Espíritu Santo y
respaldada por señales externas, como milagros y profecías. En este Concilio se subrayó que la
fe es un don de Dios y una virtud sobrenatural que permite al hombre aceptar como verdadero lo
que Dios ha revelado a través de su autoridad. La constitución Dei Filius resaltó seis aspectos
fundamentales de la fe: su carácter sobrenatural, el fundamento racional basado en las señales
divinas, el asentimiento libre del hombre, el contenido revelado por Dios, su necesidad para la
salvación y su dimensión eclesial.
2.2. CONCILIO VATICANO II
El Concilio Vaticano II amplió la definición del Vaticano I, afirmando que cuando Dios revela,
el hombre debe prestarle una obediencia de fe, entregándose total y libremente a Él. Esta
entrega subraya que la fe no solo es asentimiento intelectual, sino una acción que involucra al
hombre en su totalidad: cuerpo, mente y voluntad. El Concilio destaca las dimensiones bíblicas
de la fe: acogida, confianza, asentimiento y obediencia a la revelación de Dios. Para el Vaticano
II, la fe es tanto un don de Dios como un asentimiento libre del hombre. Es un acto simultáneo
del intelecto y la voluntad, involucrando toda la persona. Además, se considera un acto
sobrenatural, que no depende de las fuerzas humanas, sino de la gracia divina que mueve el
corazón y esclarece la mente. Finalmente, la fe se perfecciona y crece gracias a la gracia divina.

3. LA ECLESIALIDAD DE LA FE
La fe no es un acto aislado, sino que es fundamentalmente un acto eclesial. Antes de ser un
"creo" personal, la fe es un "creemos" compartido por la Iglesia. La fe que cada individuo recibe
viene de la Iglesia, que es el medio a través del cual se conoce a Cristo. La Iglesia, como
comunidad de creyentes, es la primera que cree, y es ella quien alimenta, guía y sostiene la fe de
los fieles. Aunque la fe es personal, para ser verdaderamente teologal y salvadora, debe ser una
participación viva de la fe de la Iglesia, que es la única institución indefectible de la fe cristiana.
La fe cristiana está intrínsecamente vinculada a la Iglesia, ya que la tradición, que es
continuidad de la comunidad de creyentes a lo largo de la historia, transmite esta fe. Para los
cristianos, creer significa compartir la fe de los apóstoles y vivir en comunión con la fe de Jesús,
modelo y fundamento de nuestra fe. La Iglesia es esencial para la fe, ya que es el medio a través
del cual se transmite la tradición viva que conecta a los creyentes con Cristo y los Apóstoles.
CAPÍTULO 5. EL HOMBRE COMO HIJO DE DIOS PADRE Y
HERMANO DE JESUCRISTO
La moral cristiana es la respuesta del hombre a la llamada de Dios, buscando mantener
relaciones amistosas y filiales con Él. Como imagen de Dios, el ser humano está llamado a
imitarle. La moral cristiana se entiende en este contexto, como una vida conforme al evangelio
de Jesucristo. Primero se abordará de forma breve la moral del Antiguo Testamento, para luego
centrarse en la moral enseñada por Jesús.

1. LA ALIANZA COMO FUNDAMENTO DE LA ÉTICA DEL ANTIGUO


TESTAMENTO
La moral del Antiguo Testamento se basa principalmente en la relación de alianza entre Dios e
Israel. Esta relación es personal, pero también tiene un componente moral, ya que la fidelidad a
Dios se expresa en el cumplimiento de la ley (Tórah). La alianza, iniciada por Dios, implica una
obligación de obediencia y un compromiso activo. Así, la vida moral no es solo una observancia
de normas, sino un acto de adoración a un Dios amoroso que vela por su pueblo. Además, la
moral del AT se ve influenciada por la teología de la creación, que resalta que Yahweh ejerce
dominio sobre todo el mundo y todas las naciones.
1.1. POSTULADOS BÁSICOS DE LA MORAL DEL ANTIGUO TESTAMENTO
 Reconocimiento de la Soberanía de Dios: La moral comienza con el acatamiento del
dominio absoluto de Dios sobre la creación, los hombres y especialmente sobre Israel.
 La Ley Mosaica: La norma suprema de conducta es la voluntad de Dios, manifestada
en la Tórah.
 Credo Ético: Los códigos legales del AT tienen un carácter de credo ético, reflejando
los principios morales que deben guiar al pueblo de Dios.
 Comunidad de Israel: El concepto de comunidad está vinculado a la conciencia de ser
el Pueblo de Dios, fruto de la alianza en el Sinaí.
 Visión Antropocéntrica: El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, tiene una
posición especial en la creación y es responsable de cuidarla.
1.2. LOS VALORES EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
La moral del AT no se limita a la observancia de la ley externa, sino que incluye una dimensión
interior, enfatizando la importancia del corazón en la relación con Dios. Los profetas instaban a
un cambio de valores, proclamando la superioridad de la justicia y el amor sobre los rituales
externos. Además, se valora la sabiduría y la virtud más que lo efímero, y el salmo proclama la
bienaventuranza de aquellos que siguen los caminos del Señor y cuidan del débil.
1.3. COROLARIO
 Integración en la Fe en Yahweh: La moral del AT solo tiene sentido en el contexto de
la fe en Yahweh, quien ha elegido a Israel como su pueblo y le ha dado una ley que debe
guiar su vida.
 Reflejo de la Imagen de Dios: El pueblo de Israel, elegido por Dios, debe reflejar en su
comportamiento la moral de Dios, quien es un ser moral.
 La Ley como Expresión de la Voluntad Divina: La ley de Dios no se limita a ritos o
sacrificios, sino que abarca toda la vida y es una expresión de la voluntad divina.
 Gratitud por la Elección y Liberación: La moral del AT está marcada por la gratitud
hacia Dios por su elección y liberación, con los mandamientos vistos como señales de
su amor.
 Ética de Camino: La moral del AT es una ética de peregrinación, propia de un pueblo
en camino hacia la nueva alianza, buscando un “corazón nuevo” y un “espíritu nuevo”.

2. EL MENSAJE MORAL EN EL NUEVO TESTAMENTO


2.1. LAS EXIGENCIAS MORALES DE JESÚS
La vida moral para Jesús se basa en la fe y en la obediencia a la voluntad de Dios,
especialmente en el mandamiento del amor. Jesús critica la interpretación legalista de la Ley y
centra su mensaje en el Dios hecho hombre, revelando una moral basada en cinco puntos
esenciales:
1. Totalidad e Interioridad: Jesús destaca la importancia de una obediencia total, no solo
exterior, sino interior. No basta con evitar el homicidio, sino que es necesario erradicar
el rencor.
2. Nueva Imagen de Dios: Jesús revela a Dios como un Padre amoroso, no un juez
distante. La obediencia se basa en imitar esta bondad y misericordia de Dios.
3. Cercanía del Reino de Dios: Jesús anuncia la inminente llegada del Reino de Dios, lo
que requiere decisiones urgentes y la conversión de los corazones.
4. Seguimiento de Jesús: La obediencia no es solo imitar externamente a Jesús, sino
aceptar sus valores de servicio y sacrificio. El amor a Dios y al prójimo se integran en
un único mandamiento.
5. Vida en el Espíritu: El seguimiento de Jesús solo es posible mediante la acción del
Espíritu Santo, quien capacita a los cristianos para vivir conforme a los principios del
Reino.
2.2. LOS VALORES EN EL NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento subordina todos los valores al Reino de Dios, siendo la misericordia el
valor central. En el Sermón de la Montaña, Jesús enseña que la perfección de Dios se refleja en
la misericordia, y San Pablo y San Juan colocan la caridad como la clave de la moral cristiana.
La caridad debe manifestarse tanto hacia Dios como hacia los demás.
El Nuevo Testamento también destaca la bienaventuranza de los humildes, los pobres y los de
corazón limpio, quienes son los destinatarios del mensaje salvador de Jesús. La vida cristiana
debe ser una radical vivencia de estos valores humanos, tal como Jesús los enseñó, con un
compromiso que puede llevar incluso al martirio. Los creyentes deben vivir cada día a la luz de
la Resurrección, siguiendo el ejemplo de Jesús.
2.3. COROLARIO
El mensaje moral de Jesús no se puede separar de su persona y su comportamiento. La
originalidad de Jesús radica en anunciar el Reino de Dios como un don, que requiere la
conversión del corazón y la manifestación de este don en la vida cotidiana, siguiendo el ejemplo
de Jesús como modelo de vida cristiana.

3. A MODO DE CONCLUSIÓN
Este recorrido por los principios esenciales de la moral cristiana muestra que la vida cristiana no
se basa en el simple cumplimiento de normas externas, sino en una experiencia religiosa
profunda. En el Antiguo Testamento, la moral está arraigada en la elección y liberación gratuita
por parte de Dios, y en la respuesta agradecida del Pueblo, destacando valores como la escucha
de la voluntad divina, la fidelidad y la responsabilidad.
El Nuevo Testamento resalta tanto la alegría como el esfuerzo en el seguimiento de Jesús, quien
vino a liberar al hombre del pecado. La Iglesia católica considera a Jesús como el modelo
perfecto de vida cristiana, proponiendo un amor fundamental que se expresa en el servicio libre
y gratuito hacia los demás.

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