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Ensayo final
Irma Verónica Aldrete Aldana 222888668
Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas, Universidad de Guadalajara
I5115: Responsabilidad Social Corporativa
María Luz Cabrera Treviño
Domingo, 17 de noviembre de 2024.
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El término “responsabilidad social empresarial” (RSE) o “responsabilidad social
corporativa” (RSC) comenzó a ser ampliamente utilizado cuando fue acuñado por primera
vez en 1953 por el economista estadounidense Howard R. Bowen en su libro Social
Responsibilities of Businessman. Posteriormente, durante la década de los sesenta, los autores
Davis, Federick, McGuire, Davis, Blomstom y Walton expandieron la visión de este concepto
enfocándose en el aspecto socio-económico de la responsabilidad social (“Historia de la
Responsabilidad Social”, 2021). Actualmente, la responsabilidad social empresarial se define
como: “la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental
por parte de las empresas, con el objetivo de mejorar su situación competitiva, valorativa y su
valor añadido” (Gobierno de México, 2016).
Como se mencionó en la cita anterior, la responsabilidad social empresarial abarca
tres esferas principales a las que busca contribuir: la social, la económica y la ambiental. La
razón detrás de esto es que el objetivo principal de la aplicación de la responsabilidad social
empresarial es implementar un modelo de gestión de negocios en las empresas y
organizaciones que contribuya directamente a alcanzar un desarrollo sostenible de manera
global, el cual, fue definido en el Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y
el Desarrollo (1987), de la siguiente manera: “la satisfacción de las necesidades de la
generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer
sus propias necesidades”.
Aunado a esto, para alcanzar esta meta, en la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Desarrollo Sostenible en Río de 2012 (también conocida como Río +20), se elaboró
un documento colaborativo donde se establecían los puntos más importantes para alcanzar un
desarrollo sostenible, inspirados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Este
documento siguió refinándose hasta el punto que, en septiembre de 2015, convergiendo con
la Implementación de la Agenda para el Desarrollo después de 2015, se establecieron
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formalmente Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para el
Desarrollo Sostenible, que entraron en vigor oficialmente el 1 de enero de 2016
(Organización de las Naciones Unidas, 2023).
Estos objetivos de aplicación mundial comprometen a todos los países miembros de
la organización a maximizar sus esfuerzos durante los próximos 15 años para poner fin a la
pobreza en todas sus formas, reducir la desigualdad social y luchar contra el cambio climático
garantizando que este sea un esfuerzo colaborativo y estructural para asegurar que ninguna
región del mundo se quede atrás en la misión (Organizaciones de las Naciones Unidas, s.f.).
De igual manera, estos objetivos pueden dividirse en los mismos tres ámbitos: el económico,
el social y el ambiental; además de sus respectivas áreas en común: lo socio-ambiental, lo
ambiental-económico y lo socio-económico.
Tomando en cuenta estos antecedentes, es evidente que la responsabilidad social nace
de una dependencia intrínseca del ser humano con su ambiente, puesto que, la utilización de
los recursos naturales disponibles es su única forma de sobrevivir y prosperar, pero al cobrar
conciencia de que la explotación irresponsable de estos recursos impacta de forma negativa
tanto a la sociedad actual, como a las generaciones futuras, toma la decisión de actuar
éticamente para detener estos daños e incluso intentar resarcirlos. Es por ello que, todos, no
solo las grandes corporaciones, tenemos que actuar de manera socialmente responsable en
nuestro día a día, ya que tenemos un compromiso innato con nuestro ambiente.
A priori, puede parecer que como individuos no tenemos gran influencia en el curso
que toma el desarrollo de nuestra sociedad, sin embargo, la toma de conciencia social y la
implementación de prácticas sustentables sí puede comenzar con acciones individuales que,
eventualmente, devengan en esfuerzos colectivos que generen cambios relevantes. Lo postula
así el filósofo estadounidense R. Edward Freeman en 1984 con su teoría de los grupos de
interés o “stakeholder theory”, en la cual, se identificó que las empresas tienen varios grupos
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de interés, externos e internos que condicionan su funcionamiento y su rentabilidad; algunos
de ellos son la sociedad, los consumidores y el gobierno mismo (Freeman, 1984).
De este modo, podemos reconocer nuestro rol como agentes que tienen impacto
social, ambiental y económico, y comenzar a optar por opciones más sustentables a la hora de
elegir qué productos queremos consumir y manifestarnos en contra de los que no se producen
éticamente. Adicionalmente, tomar conciencia sobre las condiciones necesarias para lograr un
desarrollo sostenible nos dota de información valiosa para exigir a nuestros legisladores la
implementación de políticas en el sector público y privado que sean conducentes hacia estas
metas e influir en la gobernanza. Es por esta razón que es de vital importancia que actuemos
con responsabilidad y conciencia social en nuestra vida personal.
Igualmente, la ya mencionada teoría de los grupos de interés, identifica que los
trabajadores, proveedores y dueños también ejercen influencia dentro de las organizaciones y
empresas, lo cual significa que a nivel profesional también tenemos cierta injerencia en
nuestros ambientes y podemos explotarla en beneficio a la sociedad. Ya que, si trabajamos
dentro de una organización y nos aproximamos a nuestras tareas con una perspectiva
sostenible, podemos comenzar a aplicar desde una pequeña escala prácticas socialmente
responsables, y a medida que tenemos un mayor puesto, somos más capaces de lograr una
migración completa hacia un modelo de gestión con responsabilidad social empresarial. Ser
conscientes de esto nos hace reconocer la importancia de extrapolar la responsabilidad social
empresarial también hacia nuestra actividad profesional.
Una vez identificada la relevancia de la responsabilidad social empresarial a nivel
personal y profesional, cabe, naturalmente, preguntarse qué importancia cobra en el ámbito
en el que fue inicialmente ideada: el corporativo. Más allá de su valiosa contribución a un
desarrollo sostenible, yo considero que un modelo de responsabilidad social empresarial
cobra un papel fundamental para las industrias en la actualidad porque mejora la reputación y
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la imagen de las marcas, asegura el cumplimiento normativo, atrae y retiene talento con más
facilidad, impacta positivamente en las comunidades (grupo de interés), impulsa la
innovación y la eficiencia operativa, y aumenta el valor para los accionistas al hacer a las
empresas más rentables, que a su vez, atrae a inversionistas socialmente responsables.
Sin embargo, la adopción de tal modelo de gestión no es una misión sencilla, puesto
que la RSE requiere una completa reingeniería de los procesos operativos de la empresa, que
depende de todos los eslabones en la cadena de suministros y requiere un esfuerzo arduo para
su correcta implementación. Por la complejidad de esta tarea, existen muchas dificultades en
el proceso de convertirse en una empresa socialmente responsable, pienso que el principal
obstáculo es la inversión inicial que se requiere para migrar de un modelo tradicional a uno
socialmente responsable, es por ello que un porcentaje muy bajo, menos del 0.7%, de las
MiPyme en México alcanzan el distintivo ESR (Empresa Socialmente Responsable), a
diferencia de las grandes empresas, ya que alrededor del 7% obtienen la certificación. Es
decir, las grandes empresas son diez veces más probables de obtener una distinción ESR que
las micro, pequeñas y medianas empresas (Fong, Parra, Soriano & Teodoro, 2020).
Igualmente, incluso en el caso de grandes empresas con capacidad financiera alta,
existen otros desafíos; por ejemplo, la resistencia cultural al cambio, que dificulta
inmensamente la capacitación efectiva del personal, pues se rehúsan a realizar los nuevos
procesos por desconocimiento o desconfianza. También, el rezago tecnológico, que genera
que muchos sectores industriales aún no estén preparados para este cambio porque todavía no
se han desarrollado materiales sustentables para su sector, por ejemplo, en el sector de la
construcción, donde apenas se experimenta con materiales alternativos.
Finalmente, otro factor relevante es la aceptación del público, en varias ocasiones los
consumidores tampoco aceptan el cambio hacia la alternativa más sustentable, ya sea por
dificultad para cambiar hábitos o porque el precio de los productos y servicios suelen
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aumentar con estas iniciativas. Un caso ejemplar es el de Starbucks, en 2018 la compañía
decidió reducir su consumo de plásticos creando tapas que eliminaban el uso de popotes e
implementando la venta de termos en las sucursales (Celis, 2018). Esta propuesta fue
relativamente efectiva, disminuyendo el uso de envases plásticos, sin embargo, la empresa no
pudo eliminar al 100% su uso de plásticos porque los clientes seguían pidiendo vasos
desechables y popotes y Starbucks no podía negarle la atención a estos clientes sin enfrentar
déficits importantes en sus ventas.
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