Guía de Autoaprendizaje Lingüístico
Guía de Autoaprendizaje Lingüístico
sistema
Es el sistema de signos que usamos como código para comunicarnos y como “plantilla” de configuración de la
realidad. La lengua es un “órgano” que se desarrolla en el recién nacido y que ya ha alcanzado su total
madurez alrededor de los 3 ó 4 años, mediante un desarrollo cognitivo y la adquisición de uno o más idiomas.
Aunque alguien sea muy ignorante respecto de la gramática de la lengua española, si es hablante de español,
nunca se va a equivocar en el orden correcto. Ningún hablante de castellano ordenaría la oración anterior de
otra forma, por ejemplo “Hermosa casa la es muy amplia de mi tía”.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que las reglas gramaticales obedecen a procedimientos que escapan a la
lógica corriente. ¿Por qué? En primer lugar, porque las reglas se pueden violar: en español puedo, sin
problemas, poner el adjetivo antes que el sustantivo, como en el inglés (es anormal, pero posible: “ me compré
un rojo vestido”). Y, en segundo lugar, porque las reglas gramaticales no son reglas lógicas: “ no me dijo nada”,
“queda bastante poco”, “el ocio es la madre de todos los vicios” o “esa niña es una flor”.
1.2 Norma
La lengua tiende a ser conservadora y homogénea, ya que, de no ser así no podríamos entendernos. Sin
embargo, la lengua cambia, aunque nunca esos cambios son tan determinantes como para que los hablantes no
se entiendan entre sí. Cuando esto empieza a suceder, significa que, una variante empezaría a tener sus
propias reglas independientes y, por tanto, empezaría a adquirir la categoría de una lengua, como ocurrió con el
español, que originalmente era sólo una variante del latín.
Alguien puede decirme “Hola, cómo estás”, “Quiubo”, “Buenos días, cómo está”, “Vale, cómo estáis”, “Hola
broder, qué onda” o “Buen día, cómo está usted”. Surge entonces una pregunta que ha marcado el estudio del
lenguaje durante decenas de siglos: Habiendo tantos modos distintos de decir las cosas ¿cuál es la forma
correcta? ¿Cuál es la norma o lo “normal”?
La respuesta es clara: hay tantas normas como variantes funcionales de la lengua. Vale decir, un enunciado
será “correcto” según la variante que esté utilizando. Cada uno de nosotros maneja varias normas, que son
“correctas” en su determinado ámbito. No sería adecuado hablarle a un niño como si fuera adulto ni sería
adecuado corregir a los rioplatenses que digan “vos tenés”, si en su ámbito de comunicación eso es lo normal.
Los factores de variación de la lengua, que determinan las normas, son los siguientes:
Algunos de los rasgos generales del español de Chile son los siguientes:
Cuando hablo con mi jefe le digo “buenos días” y “hasta luego”. En cambio, a mi amigo le digo “hola” y “chao”.
Esta diferencia depende del tipo de relación funcional que se da entre los participantes de la conversación. Se
distinguen así dos ESTILOS: el formal y el informal, dependiendo de la simetría o asimetría existente en la
relación entre los hablantes.
En la relación entre los individuos, los dos tipos de relación lingüística afectan a diversos aspectos de la
comunicación, tales como:
o Nivel de formalidad.
o Grado de restricción.
o Modo de presentación (estilo)
o Utilización del léxico.
o Control del lenguaje proxémico.
o Lenguaje postural y gestual.
Se recurrirá al habla informal si la relación es simétrica, esto es, aquélla que se produce entre personas que
está en un mismo nivel o jerarquía funcional, o bien, si existen vínculos afectivos de cercanía o familiaridad.
En la relación coloquial simétrica, se producen acercamientos proxémicos, los gestos y ademanes operan de
manera más natural y el lenguaje es más relajado.
Se recurrirá entonces, a la norma informal si la relación es simétrica: aquella que se produce entre personas
que están en un mismo nivel o jerarquía funcional; o bien, si existen vínculos afectivos, de cercanía o
familiaridad (pololos, profesionales, estudiantes, hermanos, compañeros, amigos). En la relación simétrica se
produce acercamiento proxémico, los gestos y ademanes operan en forma más natural (postura corporal un
tanto más relajada, uso de manos y ademanes sin coerción). El lenguaje es más afectivo, rápido, expresivo y
simplificado. A esta norma se la conoce habitualmente como LENGUAJE COLOQUIAL.
Hemos escuchado varias veces expresiones como “te voy a pegarte” o “dentre nomá caallero”. Y sabemos o
intuimos que los emisores de tales mensajes tienen un grado de educación inferior al nuestro. Esta variación
nos permite distinguir dos NIVELES: uno culto y otro inculto (e innumerables variedades intermedias).
Considerando las diferencias de estilo y nivel se suele hacer una matriz que permite una mejor descripción de
las lenguas funcionales. Aquí se detallan algunos de los rasgos de estas cuatro normas en el dialecto español de
Chile actual:
Culto formal: es el modelo de lenguaje usado por el hablante culto en situaciones formales:
discusiones de proyectos entre profesionales, debates públicos, discursos, informes escritos, etc. Se
caracteriza por:
Amplitud de recursos expresivos y léxicos.
Precisión conceptual (no se dice “cosa” sino “platillo”; tampoco se diría “no entiendo una cuestión”,
sino “todavía no comprendo a qué se refiere con uno de sus argumentos”).
Mantiene un discurso fluido y continuo.
Uso del “usted” para la segunda persona (“Venga, por favor”).
Utiliza correctamente los nexos gramaticales y formas verbales.
Pronunciación apegada a la norma escrita (en “alcohol” se pronuncian dos “o”) y, en extranjerismos,
a las formas originales.
Uso de tecnicismos (cefalea, macroeconómico) y cultismos grecolatinos (equilátero, esquizofrenia, in
situ, a priori).
Culto informal: en este caso el hablante aún siendo culto y competente lingüísticamente, se
manifiesta relajado. La variedad informal es la más usada en la lengua ya que se emplea en la vida
cotidiana, entre familiares y amigos. Sus principales características son:
Es espontáneo y expresivo (movimiento de manos, ojos, cuerpo en general).
Presenta un uso discontinuo del código, lo que se manifiesta su conocimiento, pero no en un apego
excesivo a las normas.
Pronunciación relajada de /d/, /s/ y /tr/.
Simplificación de grupos vocálicos (alcol en vez de alcohol) o consonánticos (obio en vez de obvio,
tramporte en vez de transporte).
Tendencia a abreviar (tele, fono, micro).
Sencillez en la ordenación sintáctica de la frase.
Presencia de frases hechas o muletillas de moda ("ponte tú...", "olvídate").
Abuso de muletillas como “cosa”, “cuestión.”
Uso indistinto de “tú” y “vos” para la segunda persona (¿vas a venir? o ¿vai a venir?).
Se evita el hiato (Juaquín en lugar de Joaquín, almuá en lugar de almohada, linia
en vez de línea).
Abuso del diminutivo, incluso en formas no nominales (atracito, rapidito, allacito, ayayaycito).
Uso de indigenismos: guacho, guata, pucho, pololear, piñén…
Uso de apodos.
Preferencia de algunos signos en lugar de otros: plata (dinero), pelo (cabello), chico (pequeño),
contar (narrar)…
Inculto formal: es el modelo de lenguaje usado por el hablante inculto en situaciones formales:
visitas al médico, comparecencia en tribunales, discursos públicos. Se trata de una relación asimétrica,
trata de hablar con respeto y formalmente, intentando imitar la norma culta, pero su limitado manejo de
léxico y de estructuras gramaticales complejas lo delatan. La norma inculta formal, típicamente
oral, se caracteriza por:
Las cuatro normas descritas pueden complementarse con otros usos vinculados tanto
con lo culto formal como con lo inculto informal:
El uso supraformal (relacionado con la norma culta formal): En algunas situaciones protocolares o
rituales se usa un lenguaje caracterizado por su rigidez absoluta e imposibilidad de cambiar el léxico o
la gramática. Esto ocurre en algunos oficios religiosos, ritos, ceremonias castrenses, relaciones
diplomáticas, eventos oficiales de los gobiernos, etc.
El uso estándar (relacionado con la norma culta formal): En la educación formal (el colegio, la
universidad) se enseña la variable estándar de la lengua, esto es, una herramienta para elaborar y
comprender mensajes verbales de un mediano nivel de complejidad en un nivel culto y formal, para que
el hablante pueda desempeñarse en cualquier ámbito comunicacional, no sólo con su familia y amigos,
sino con los medios de comunicación masiva, los profesionales, el Estado, la ciencia, la filosofía y el
arte, independientemente del país o la región y de la edad del hablante. Cuando se habla, en general,
de “norma española”, se está haciendo referencia a esta variable estándar, que pretende ser reflejo fiel
de la lengua. El uso estándar pretende ser panhispánico permitiendo la comunicación entre todos los
hablantes de la lengua, por ello es una modalidad que desea ser transversal situándose por sobre las
variables diatópicas, diacrónicas, diastráticas y diafásicas propias del uso habitual.
El uso marginal o antinorma (relacionado con la lengua inculta informal): Es un uso rudimentario,
propio de individuos que están fuera, al margen, de los grupos y clases sociales que constituyen una
comunidad. Sujetos pauperizados como mendigos y vagabundos o aquellos que en pobreza y/o
enfermedad extremas jamás se han educado ni han tenido, o han tenido muy poco, la opción de
trabajar. Sobre todo este uso marginal, pero también el uso inculto en general, presenta la dificultad
para comunicar mensajes precisos y abstractos, por la pobreza de su conocimiento lingüístico y su
mundo cultural. Por lo tanto, no es que el lenguaje inculto “diga las cosas de otra forma”, sino que es
incapaz de expresar ideas abstractas y conceptos precisos.
e) Otras variaciones
Los factores tiempo, lugar, situación y estrato son los fundamentales. Hay otros factores menos
determinantes, porque afectan sobre todo a la parte más superficial de la lengua, esto es, a la selección
de las palabras.
El sexo del hablante: no es muy significativo como factor de variación en español. El lenguaje de los
hombres y las mujeres es bastante similar, aunque las mujeres hablan ligeramente más rápido que los
hombres y cargando su discurso de más recursos expresivos afectivos que los hombres. Con respecto al
léxico, en español
de Chile los hombres usan menos que las mujeres palabras como “atroz”, “amoroso” o “lindo”.
El grupo de interés y ocupación del hablante: Hay circunstancias sociales relativas a la profesión,
la ocupación y la convergencia de gustos y hábitos (conocidas también como campos), que determinan
el uso de cierto léxico especial. Esto da origen a las jergas, que reflejan la existencia de referencias
comunes especiales entre los hablantes.
Los hábitos lingüísticos de los adolescentes: Los adolescentes siempre buscan innovaciones que
marquen una identidad entre sí y diferencia con los adultos. Por eso construyen una “jerga juvenil”.
Como las palabras juveniles rápidamente pasan al uso de los adultos, esta jerga debe variar
frecuentemente.
Los hábitos lingüísticos de los delincuentes (el o la coa): Los delincuentes buscan innovaciones
lingüísticas, cambios de los significantes, que les permitan un vocabulario propio que facilita su
actividad. Algunas palabras del coa han pasado a la norma informal del lenguaje corriente ( chorear,
tira, cantar la firme…).
Los hábitos lingüísticos de profesionales, técnicos y otros grupos afines: Los profesionales
médicos, abogados, profesores, etc. tienen vocabularios específicos de su actividad (o
tecnolectos). Además de estos vocabularios hay vocabularios específicos menos
sistemáticos y prestigiosos propios del deporte, el trabajo, los cultos religiosos, etc.
1.3. Habla
En el nivel del habla, esto es, la realización de la lengua en enunciados pronunciados o escritos por hablante
reales en situaciones concretas, hay que considerar tanto una visión estructural y lógica del lenguaje, como
una visión pragmática y contextual. La lengua proporciona un código: signos y reglas para la transmisión de
significados. Pero el habla concreta implica la percepción integrada del mensaje en un contexto, en términos
tanto lógicos (lado izquierdo del cerebro) como afectivos (lado derecho), de modo tal que el significado
comunicado debe interpretarse como un sentido.
Son enunciados que constituyen acciones. Corresponden al lenguaje en uso, al lenguaje en la práctica, en la
situación comunicativa concreta. Cuando hablamos no sólo decimos palabras, sino que también realizamos
ciertas acciones: describimos, invitamos, aconsejamos, saludamos, felicitamos, discutimos, etc., es
decir, hacemos cosas con palabras. No sólo importa lo que decimos, sino cómo lo hacemos y con qué intención:
Desde esta perspectiva, el hablante cuando participa de un proceso comunicativo desencadena tres actos de
comunicación:
El acto ilocutivo puede corresponderse con el acto perlocutivo, en ese caso la comunicación, el acto de habla, es
“feliz”, pues los objetivos de la comunicación se han cumplido, por ejemplo:
Daniela: (a su amigo) ¿Hace cuánto que no vamos al cine? (deseando ser invitada).
Enrique: No sé…mmmm….. ¿vamos el sábado?
Daniela: ¡Súper…! ¡Qué entretenido!
Cómo podrá entenderse fácilmente, en ocasiones la comunicación se frustra, a la pregunta de Daniela se pudo
haber respondido:
Enrique: No sé…mmmmm… ¿Hace un mes o más?, ¡qué importa!
Según la evidencia del acto ilocutivo los actos de habla pueden ser directos o indirectos:
a) Directos
Cuando se entiende claramente la intención del emisor. Por ejemplo, si un señor le pide a un muchacho:
“Cómprame el diario”, es un acto de habla directo porque queda claramente expresado que es una orden.
b) Indirectos
Cuando no se expresa claramente la intención del emisor. Si el mismo señor le dice al muchacho: “Necesito
revisar los avisos clasificados del diario”, es un acto de habla indirecto, pues no está diciendo claramente la
orden o la petición, pero el otro debe “darse por aludido” y facilitar el diario. En este caso, se realizó una
indirecta, que dentro del contexto se puede entender, pero que en estricto rigor no es una orden clara, porque
la intención verdadera es hacer que el otro facilite el diario. Si se pide la realización de una acción determinada,
la forma más directa es el uso del imperativo, por ejemplo, “Apaga la luz”, pero este enunciado puede resultar
descortés o producir incomodidad, tanto en el hablante como en el receptor. De allí que prefiramos utilizar
formas indirectas que se podrían manifestar con enunciados tales como:
Los actos de habla son concretos, por tanto, están en el plano del habla cotidiana. Responden a las situaciones
del contexto, por eso serán distintos según el grado de formalidad y la norma que se use. La norma, como ya
sabemos, corresponde al grado de educación de las personas. Según las situaciones concretas que a las
personas les toque vivir, serán más o menos formales. Claramente es una situación distinta si alguien habla con
su jefe o habla con amigos. En el primer caso, sus actos de habla serán de un mayor grado de formalidad y, si
es una persona de un nivel culto, tratará de hablar conforme a ese nivel. En el segundo caso, si es una persona
culta, seguirá en ese registro, pero su grado de formalidad será distinto. Habrá más cercanía y el trato será de
igual a igual.
Los distintos tipos de actos de habla según la finalidad del enunciado serán los
siguientes:
a) Hechos
Damos cuenta de la realidad informando acerca de ella. Nuestros actos de habla serán más asertivos, daremos
una información. La función lingüística más relevante será la referencial. En este caso, se trata de presentar el
hecho tal cual sucede. Ejemplo de un hecho:
o “Vivimos en la ciudad.”
b) Opiniones
Damos a conocer nuestra subjetividad, por tanto los actos de habla serán más expresivos, con un gran énfasis
en la propia visión del asunto. En la opinión importa lo que uno piensa respecto del hecho objetivo. Por ejemplo:
o “No me gusta vivir en la ciudad, pues es muy acelerada y bulliciosa.”
El juicio de valor consiste en calificar a una persona, objeto o situación. El juicio contiene una proposición que
corresponde o no a la verdad. Por eso, cuando damos nuestra opinión acerca de algo, es conveniente
argumentar, es decir, entregar razones, datos o antecedentes que apoyen lo que estamos afirmando. De este
modo, nuestro juicio tendrá mayor consistencia y podrá ser confrontado con otras opiniones. Entre los recursos
apropiados para introducir un juicio de valor, encontramos expresiones como:
o Yo creo que…
o No estoy de acuerdo, porque…
o Opino que…
CERTEZA
o “Necesito viajar a Santiago”. (Modo verbal, indicativo)
o “Mañana lloverá. (Modo verbal, indicativo.)
o “Es seguro que habrá discusión sobre el tema”
DUDA
o “Puede que me compre ese televisor” (Modo verbal, indicativo y subjuntivo)
o “Parece que llegaremos antes”
o “Debe de tener más de un hijo”
Esta modalidad se emplea en textos periodísticos, especialmente, aquellos relacionados con el género
informativo como: noticias, reportajes, entrevistas. O en textos literarios como: cuentos, novelas, crónicas. En la
conversación cotidiana, cuando contamos hechos relacionados con nuestro diario vivir.
Así como existen formas adecuadas para introducir opiniones en una conversación, también hay modos
inadecuados que descalifican al interlocutor, lo interrumpen, lo agreden verbalmente, etc. Significando que no
hay una real intención comunicativa.
Además de descalificar verbalmente, existen otras formas no verbales de comunicación que constituyen un alto
porcentaje de lo que se transmite durante una conversación. Entre éstas encontramos: elevar excesivamente el
tono de voz, sonreír de modo irónico, dar la espalda, emplear un tono autoritario, mirar hacia otro lado y no al
rostro del interlocutor, fruncir el ceño, ubicarse a mayor altura, usar el silencio como manipulación, etc.
2. Ejercitación
Seleccione la alternativa correcta según los contenidos de esta guía
Ejercicio Nº1 (Nivel I, básico)
1. Entre un médico y un paciente que lo visita por primera vez, la relación que se establece es
A) asimétrica.
B) culta.
C) simétrica.
D) supraformal.
E) coloquial.
4. Los movimientos realizados deliberadamente, tanto con las manos como con el rostro, para comunicarnos son
ejemplos del uso del código
A) icónico.
B) proxémico.
C) paralingüístico.
D) kinésico.
E) no intencional.
5. El nivel de habla utilizado en una situación comunicativa entre el jefe y sus empleados debe ser
A) culto formal.
B) culto informal.
C) culto supraformal.
D) coloquial.
E) formal inculto.
8. El uso intencional, y restringido, de gestos y ademanes como asimismo la postura corporal rígida son propios de una
relación
A) complementaria.
B) simétrica.
C) informal.
D) coloquial.
E) amistosa.
10. La situación comunicativa establecida entre el juez y el acusado, durante un juicio, será de
I. relación asimétrica, acercamiento proxémico y lenguaje informal.
II. relación asimétrica, distanciamiento proxémico y lenguaje formal.
III. gestos y ademanes restringidos, postura corporal rígida.
A) Sólo I
B) Sólo II
C) Sólo III
D) Sólo I y III
E) Sólo II y III
12. Un argentino diría “vos sabés”; un español, “vos sabéis”; un chileno “tú sabís”; un peruano “tú sabes”. ¿Cuál es la forma
correcta?
A) La del español.
B) La del peruano.
C) Tanto la del español como la del peruano.
D) Ninguna es incorrecta: son normas distintas.
E) Ninguna es correcta: la correcta es la variante estándar de la lengua.
13. En el enunciado “Conchalevale, cómo se armó este zaperoco“, es posible identificar
un(a)
A) jerga.
B) tecnolecto.
C) dialecto.
D) estilo.
E) ultracorrección.
15. El enunciado “Me encontré solo, frente a la majestuosa e impotente montaña” es incorrecto. ¿De qué tipo es el error?
A) Fonológico.
B) Léxico.
C) Sintáctico.
D) Morfológico.
E) Gramatical.
16. El enunciado “Ayer Juan con vino a mi casa su madre” es incorrecto. Su error radica en el mal dominio de el (la)
A) referencia.
B) léxico.
C) sintaxis.
D) morfología.
E) fonología.