Me gustó el texto.
Si tuviera que marcar algo, es que por momentos no confía
tanto en sí mismo y remarca que está narrado desde la perspectiva del espejo, le
sacaría algunas referencias al respecto. También marqué algunas repeticiones. Y
la puntuación me parece que por momentos requiere algunos cambios y algunas
eliminaciones de comas que están en lugares donde interrumpen la lectura.
El espejo
Son ya, cuarenta y un días que no la he encontrado para mostrarle su reflejo,
pensé que salió de viaje, muy habitual en ella; pero hoy apenas amaneció, se paró
frente a mí, no fue de golpe como solía hacerlo, fue de a poco, que, una cara
diferente empezó a salir por mi derecha y por su izquierda, claro está. De pronto
una faz casi perfectamente redonda llena de vendas blancas, se puso frente a mí,
sus ojos se reflejaron y supe que era ella, por su mirada.
Me sorprendió no presenciar esa carrera alocada por colocarse las cremas, las
bases, las sobras, el labial y demás, ahora muy lento, se apoyó con los codos en
la base de la mesa que me sostiene y se quedó fija mirándose, parecía
desconocerse, pero su figura era la misma, salvo esa cubierta blanca en su cara y
esa repentina nostalgia que delataba su mirada, yo podría haber reflejado la
misma figura de antes.
Suspiró profundo, tan profundo que hasta lo pude sentir, fue raro porque no suele
pasar yo solo reflejo y los del otro lado interpretan o sienten; pero ese suspiro fue
tan melancólico que casi lo pude refractar. Entonces, luego de un momento de
silencio acercó una bolsa negra y coloco con rabia todos los cosméticos, cremas y
perfumes que estaban a mis pies sobre la mesa. Vi que el pecho se le agitaba, los
brazos y hombros se encogían, esperaba un mar de llanto como en tantas
ocasiones cuando las cosas le salían mal y se desahogaba en un mar de llanto;
mas ahora ni una lágrima, solo abrió la boca y grito en silencio, no se escucharon
palabras, pero en ese grito vi su alma, luego se arrimó boca abajo sobre sus
brazos, permaneció así algunos minutos, pensé que caería, entonces vi su
cabello, seguía del color negro, el ultimo tinte que se hizo, refleje la joroba que se
formó por la posición en que estaba y otra vez pensé que lloraría, pero nada.
Ella suspiró de nuevo y levantó la cara, se apegó más a mí, empezó a rebuscar
dentro de mí, me sentí invadido, desnudo, escrutado, ella buscaba una respuesta,
susurraba: ¿dónde estás? ¿dónde estás?
Que ganas de gritarle: aquiiiiiiii. Entonces refleje sus ojos oscuros como la noche y
empezó a reverberar su rostro, ¡sí! el de antes, el de siempre, el que está oculto
bajo esas vendas, lo empujé con fuerza, sentí su aroma, escuche sus palabras, su
postura, era ella de nuevo, empujé más fuerte, pero nada paso, no pude proyectar
la imagen que yo miraba desde este lado del espejo.
Ella empezó a tocarse las vendas despacio, el cabello, las orejas, una parte del
cuello; mientras yo le gritaba:
_ ¡ahí estas, eres la misma! ¡mírate, mírate! Aquí esta tu rostro, no es la cara, es
tu rostro.
Pero ella no podía verse, mis colegas me lo habían contado, algunas personas no
miran el reflejo que damos si no lo que su mente les dicta, están en huesos, pero
se miran como bolas de pan, son perfectas, pero me miran incompletas, tienen
una cara hermosa y se destruyen, ellas miran el reflejo de su mente no del espejo,
al final solo somos objetos inertes.
Ella, mi humana, no puede verse, el dolor de algo que paso se lo impide.
De repente, escuché a su mamá decirle que no se apegue al espejo, que ya ve lo
que le paso con esa maldita puerta de vidrio y como la dejó, que se cuide y vuelva
a la cama.
A mi humana se le sobresaltan los ojos, se encoje y mira con desdén hacia el lado
de donde viene la voz. Mientras me mira por última vez y se busca, quisiera
gritarle: ¡eres la misma! es tu alma que emana y aquí la puedo ver, ¡estas aquí!
Solo espero que cuando se quite esas vendas pueda mirarse. Como quisiera ser
ese espejo de la leyenda, el mágico, y poder hablar, decirle tranquila aquí estas
bonita; pero solo soy un objeto.