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Legajo judicial FSA 9291/2023/7,

caratulado: “ARAMAYO, Carlos Fabián


s/ audiencia de sustanciación de
impugnación”

Cámara Federal de Casación Penal

Registro nro.: 5/2024

/// la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República


Argentina, a los 12 días del mes de marzo de dos mil
veinticuatro, se constituye la Cámara Federal de Casación
Penal, integrada por el señor juez Alejandro W. Slokar en
actuación unipersonal, con el objeto de dictar sentencia en
el legajo judicial n° FSA 9291/2023/7, caratulado:
“ARAMAYO, Carlos Fabián s/ Audiencia de sustanciación de
impugnación”. Interviene representando al Ministerio
Público Fiscal el fiscal general doctor Raúl Omar Pleé,
encontrándose la defensa a cargo de la defensora oficial
doctora María Florencia Hegglin.
El señor juez Alejandro W. Slokar dijo:
-I-
1°) Que por sentencia del 27 de noviembre ppdo.,
el Tribunal Federal de Juicio n° 2 de Salta, en lo que aquí
interesa, resolvió: “CONDENAR a Carlos Fabián ARAMAYO a la
pena de 4 años y 4 meses de prisión efectiva, multa de 45
unidades fijas (conforme ley 27.302), por resultar coautor
penalmente responsable del delito de transporte de
estupefacientes (art. 5 inc. c de la ley 23.737), con más
la inhabilitación absoluta por el término de la condena
(art. 12 del Código Penal)”.
Contra esa decisión, dedujo impugnación la
defensa oficial, que fue concedida.
2°) Que la asistencia técnica soportó su remedio
en los arts. 356 y 358 incs. b) y c) del CPPF.
Así, resulta como primer extremo de agravio la
“falta o desconocimiento de Aramayo respecto a la sustancia
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que transportaba”. En concreto, indicó que: “…no hay
elementos de prueba suficientes para afirmar que el Sr.
Aramayo tuvo conocimiento del material estupefaciente en la
camioneta”. Asimismo, adujo que: “…tampoco hay plexo
probatorio para configurar el tipo subjetivo requerido para
el delito imputado” y que no: “…existieron los intentos de
fuga que se dieron como probados por la sentencia”.
En esa dirección, sostuvo que su asistido: “…
aceptó a modo de cortesía el ofrecimiento del Sr. López de
acercarlo desde la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán
hasta la ciudad de Tartagal”.
Al respecto, refirió que: “…ante la oferta de
López, aceptó viajar con él sin llevar ni siquiera su
licencia de conducir”. De modo tal que, si tuviese
participación en el plan criminal: “…se hubiera asegurado
al menos de llevar consigo su licencia de conducir a los
fines de evitar cualquier tipo de retraso en el viaje, y/o
ponerse en riesgo como consecuencia de un control por parte
de las fuerzas de seguridad”.
De otra banda, criticó la valoración que realizó
el a quo sobre los intentos de fuga del encartado. En ese
sentido, con respecto a lo que denominó “el primer
intento”, afirmó que: “…solo López tuvo exclusivo dominio
del vehículo al momento de darse a la fuga desde el control
fijo de la Sección Senda Hachada” y agregó que: “Durante la
huida, y como surge de sus palabras, el Sr. Aramayo le
pidió en todo momento a López que parara el vehículo y lo
dejara bajarse, ya que además temía por su vida”.
A partir de ello, señaló que: “…no emprendió
ninguna fuga, sino que se vio envuelto en la misma por la
acción de López. Además, una vez detenida la marcha de la
camioneta, su presencia en el lugar era fortuita, de hecho,
desde donde fue dejado por López, el propio Aramayo fue

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s/ audiencia de sustanciación de
impugnación”

Cámara Federal de Casación Penal

quien luego de reflexionar que no había cometido ningún


ilícito, salió en búsqueda del personal preventor”.
Por otra parte, censuró que no existió lo que
sindicó como “segunda fuga”, habida cuenta de que: “…la
versión del personal preventor es unilateral, no
corroborada por testigos diferentes a la fuerza, y se basa
exclusivamente en el relato del testigo Sargento Alejandro
Rodríguez”.
Sobre ello, postuló que: “Creer sin más en la
versión unilateral de la policía, y no detenerse un momento
en las palabras finales del imputado, deja el problema
respecto a que la persecución móvil causada por López, haya
generado una adrenalina al personal que actuaba, y que una
vez en Ballivián, el personal de gendarmería estaba sesgado
por entender que Aramayo también participaba o tenía
intención de darse a la fuga”.
A más, con respecto al teléfono celular que
habría tenido su asistido, arguyó que: “…esa proposición
fáctica también se funda exclusivamente en el testimonio
del sargento Rodríguez” y expresó que el lanzamiento del
teléfono a la maleza: “…solo fue presenciad[o] por él, y,
por tanto, adolece de la misma falta de fiabilidad que lo
expresado en cuanto a la detención y fuga que relató…”.
Por otra parte, en lo relativo al
acondicionamiento de la droga, manifestó que el vehículo no
le pertenece a su defendido, por lo tanto: “…no hubo
dominio ni disponibilidad del automotor, que hicieran
suponer que Aramayo haya, no solo acondicionado la droga en
ese automotor, sino además que haya tenido o podido conocer
que allí estaba ubicada”.

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Por tales motivos, solicitó que se case la
sentencia, ya que “…fue construida sin prueba directa de la
responsabilidad de Aramayo por su intervención en la cadena
de narcotráfico”. De modo subsidiario, requirió que se: “…
subsuma la conducta intimada a Aramayo en las disposiciones
relativas al delito de tenencia…”, en el entendimiento de
que “…la sentencia no ha llegado a cubrir acabadamente la
subsunción de la conducta […], desde el punto de vista de
la tipicidad subjetiva, en el delito de transporte de
estupefacientes”.
Por fin, y también de modo subsidiario, planteó
que se: “…reduzca el monto de la condena, perforando el
mínimo de la pena para el delito de transporte de
estupefaciente, y se aplique al caso concreto una pena que
no supere los tres años, de modo tal que […] pueda
aplicarse una pena de cumplimiento condicional”.
En sustento de tal pretensión, señaló que a su
asistido: “…se lo condenó por el transporte de una cantidad
que no es cuantiosa, no es demasiado importante, pues se
trata de 1.075 grs de marihuana…”, que: “…la entidad dañosa
del hecho, no es importante o inconmensurable si se lo
compara con lo que se acostumbra a juzgar en la
jurisdicción de Salta y Jujuy…” y que: “…no puede invocarse
que Aramayo haya empleado sofisticación, por el contrario,
[…] se valió de un ocultamiento burdo o ‘precario’,
escondiéndose droga en la parte de atrás del respaldar del
asiento trasero de la camioneta en la que se trasladaba…”.
3°) Que el día 21 de febrero pasado tuvo lugar
la audiencia prevista en el art. 362 CPPF, en la cual las
partes brindaron sus fundamentos, respecto de lo cual cabe
remitir, en razón de brevedad, al registro audiovisual
correspondiente. En estas condiciones, las actuaciones
quedaron en estado de ser resueltas.
-II-

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4°) Que la impugnación deducida es formalmente


admisible, toda vez que el fallo atacado es recurrible a
tenor del art. 356 CPPF; la parte recurrente se encuentra
legitimada para impugnarla (art. 352 CPPF); la presentación
satisface las exigencias de interposición y de
admisibilidad (art. 360 CPPF), y se han invocado agravios
fundados en el art. 358 del citado cuerpo legal.
Así, el examen de la sentencia debe abordarse de
acuerdo con los parámetros establecidos por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en el precedente “Casal”
(Fallos: 328:3399), que impone el esfuerzo por revisar todo
lo que sea susceptible de ser revisado, o sea, de agotar la
revisión de lo revisable, de conformidad con los estándares
desarrollados específicamente para con el país por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en los casos “Mohamed
Vs. República Argentina” (Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 23 de noviembre de
2012, §96 y ss.), “Gorigoitía Vs. Argentina” (Excepción
Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 2 de
septiembre de 2019, §47 y ss.) y “Valle Ambrosio y otro Vs.
Argentina” (Fondo y Reparaciones. Sentencia de 20 de julio
de 2020, §43 y ss.).
-III-
5°) Que, de primer orden, a los fines de un
amplio examen de la pieza sentencial en crisis, se impone
considerar el sustrato fáctico del proceso.
En la pieza sentencial se indicó que: “…quedó
demostrado que el día 10 de agosto de 2023 en el paraje de
Senda Hachada, perteneciente al Escuadrón 52 de Tartagal,
en la intersección de [las] rutas nacionales 34 y 81, se

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detuvo una camioneta Volkswagen Amarok, color negro […],
donde le fueron requeridos al conductor, que en ese momento
era el Sr. Aramayo, la licencia de conducir, más la cédula
de identidad del vehículo”.
Asimismo, se detalló que el encartado manifestó
no portar la licencia de conducir, pero toda vez que el
acompañante tenía, cambiaron de posición y tomó la
conducción del vehículo el otro pasajero. Sobre ello, se
consignó que lo actuado por la Gendarmería Nacional fue en
su rol de ayudante de la ley de tránsito nacional.
De seguido, se aseveró que: “La camioneta fue
desviada hacia la banquina y en el momento del cambio de
conductores, uno de los gendarmes intervinientes revisó y
observó que entre el respaldo del asiento trasero y la
parte de la estructura de la camioneta existían paquetes,
por lo que gritó que había una camioneta cargada”.
Sobre ello, se adunó que habiéndose realizado el
cambio de conductor, Aramayo y el otro sujeto, se montaron
rápidamente al rodado y huyeron del lugar, siendo
perseguidos por el vehículo de Gendarmería Nacional.
De seguido, se estableció que la camioneta
Volkswagen Amarok negra ingresó en la localidad de
Ballivián, que los ocupantes del vehículo bajaron y que uno
de los sujetos logró huir, pero el encartado fue
aprehendido luego de un forcejeo.
A más, se tuvo por acreditado que de la requisa
realizada al automóvil se encontró un paquete en el asiento
trasero, entre la zona del respaldar y la estructura de la
camioneta, que arrojó un peso de 1.075 gramos de marihuana.
-IV-
6°) Que, sentado lo expuesto, se impone abordar
el agravio relativo a la valoración probatoria realizada
para acreditar el elemento subjetivo del tipo penal
endilgado.

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En concreto, la asistencia técnica alegó que el


encartado desconocía que estaba transportando material
estupefaciente, que no intentó fugarse y que su asistido no
tenía ningún teléfono celular.
Sobre el particular, se advierte que para
acreditar los extremos, el a quo valoró que el preventor
Nahuel Donovan Medina señaló que se encontraban realizando
un control en la intersección de las rutas y observaron que
se fugó la camioneta, que le realizaron un seguimiento
controlado, que observó a la camioneta Amarok negra
realizar movimiento a altas velocidades, esquivando
vehículos para pasarlos y que la perdieron de vista en el
momento que ingresó a la localidad de Ballivián.
Asimismo, se relevó que el declarante postuló
que las personas que iban a bordo de la camioneta se
fugaron, que luego lo vieron a Aramayo y que en el momento
que se percató de su presencia y la del sargento Alejandro
Rodríguez arrojó un celular que no pudo ser encontrado.
A mayor abundamiento, se detalló que el testigo
relató que al momento de reducir al encausado hubo
forcejeos, que le intentó sacar el arma, que intentó
fugarse nuevamente, pero lo redujo definitivamente el
sargento Alejandro Rodríguez; que seguidamente se
convocaron a dos testigos civiles, llevaron a cabo la
requisa y en el asiento de atrás de la camioneta, entre la
parte de cuero y la estructura de la camioneta, se halló un
paquete amorfo.
De otra banda, se aludió al testimonio de José
Espíndola, que era el agente encausador de tránsito, quien
refirió que: “…el imputado no tenía carnet de conducir, que

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se estacionó al costado y [que] le indicó que hagan cambio
de lugar” con el acompañante, que escuchó que: “…Altamirano
gritó que la camioneta estaba cargada y cuando miró, la
misma se daba a la fuga…”.
En esa línea, se adunó que Martín Altamirano,
preventor del escuadrón 52 de Gendarmería, sostuvo que José
Espíndola lo llamó y le dijo que la persona que manejaba el
vehículo no tenía el carnet de conducir, que le preguntó al
acompañante si tenía licencia y respondió que sí, motivo
por el cual les dio la orden de cambiar de lugar.
De seguido, el referido expresó que vio algo
extraño por la rapidez en la que cambiaron de lugar y les
comunicó que iba a mirar el vehículo, que miró la parte de
atrás, y allí les preguntó a donde se dirigían, a lo que le
respondieron que iban a jugar al futbol a Tartagal, en
tanto cuando corrieron el asiento: “…el Sr. Aramayo dudó,
se le repitió dos veces, y ahí observó un cruce de miradas
entre el causante y quien luego resultó ser de apellido
López”, y así se subieron rápidamente a la camioneta y
emprendieron la fuga. A su vez, aseveró que cuando hallaron
al encartado forcejeó al ser detenido y que solamente vio
un paquete, pero antes había visto más.
Por otro pasaje, se justipreció lo declarado por
el preventor Alejandro Rodríguez, que manifestó haber sido
quien detuvo a Aramayo, que forcejearon, que se le escapó,
le intentó sacar el arma y que dos veces quiso irse. A su
vez, sindicó que buscó el celular arrojado por el incuso
pero que no logró encontrarlo.
A su vez, se ponderó que las pericias: “…
arrojaron resultado positivo a marihuana y a la presencia
de THC, con una concentración de 21,56%” y se consignó que
se trata de una concentración alta toda vez que se pueden
extraer 62.468 dosis umbrales en razón del peso de 1.1015
gramos.

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Así, la judicante consideró que el elemento


subjetivo del tipo penal endilgado se encontraba
configurado, por una parte, por el acondicionamiento y el
ocultamiento del material estupefaciente, aunque este fuera
precario; en tanto, de parte, por los dos intentos de fuga
del encartado, ya que: “…si él no hubiera sabido lo que
llevaba, no hubiera tenido problemas en someterse a las
órdenes impartidas por la fuerza de seguridad”, tal se
detalló en la pieza sentencial.
En esa dirección, se indicó que Aramayo también:
“Pudo decir algo en el momento y no tirar el celular,
puesto que se advierte que así se estaría desprendiendo de
prueba y de información que podría estar a su favor”.
A más, se consignó que: “El intento de despojo
del arma de un personal de Gendarmería Nacional es un
elemento importante a destacar. Sabía lo que llevaba, y
junto con López, tenían un plan en común, el cual no se
concluyó, puesto que López escapó, evidentemente con una
mayor cantidad de estupefacientes de la que se encontró”,
lo cual se detalló que coincide con lo dicho por el
gendarme que detuvo y controló, que sostuvo que habían más
paquetes y que sólo terminaron incautando uno.
De seguido, se estableció que: “…se encuentran
suficientemente probadas las circunstancias fácticas del
caso, que indican que medió convergencia intencional del
imputado junto a la persona fugada -López-, al haber
realizado un entrecruzamiento de miradas con éste en el
control al momento de solicitarle el personal de
Gendarmería revisar la camioneta, así como también, y en
consecuencia de este control, el plan de fuga de ambos; no

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resultando posible creer que no haya podido bajarse en
ningún momento del vehículo”.
De tal suerte, se advierte que el órgano de
juicio contó con elementos suficientes para arribar a la
convicción necesaria para establecer que el encausado
Aramayo reunía el conocimiento de que estaba transportando
material estupefaciente.
7°) Que, de otra banda, la defensa alegó que no
se acreditó la ultraintención que exige el tipo penal de
transporte de estupefacientes y, por lo tanto, debía
recalificarse la conducta endilgada en una simple tenencia.
En lo atingente a ello, he tenido oportunidad de
señalar que “no basta con el mero traslado de los
estupefacientes y que debe considerarse como insuficiente
para la satisfacción de los requisitos típicos la
traslación de un tóxico prohibido”, toda vez que: “dicha
conducta requiere un elemento subjetivo dinámico o
propagador que apunta a convertir al transportista en un
engranaje del tráfico ilícito, él debe saber que la
sustancia será distribuida a terceros con lo cual se
difunde el consumo de estupefacientes, o que será
comercializada […]” (cfr., Sala II, causas n° 15.447,
“Buyuca, Eduardo Alberto; Camillato, Antonio Elis s/recurso
de casación”, reg. nº 20715, rta. 24/10/2012 y nº
1706/2013, “Cárdenas, Héctor Lorenzo s/recurso de
casación”, reg. nº 1678/15, rta. 21/10/2015, entre otras,
con sus citas).
Sentado ello, he de señalar que, en la especie,
la ultraintención que exige el tipo penal se encuentra
suficientemente acreditada, teniendo en consideración la
modalidad en que el estupefaciente fue trasladado y la
cantidad secuestrada -con una capacidad de producir 62.468
dosis umbrales y THC de 21,56%-.

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De tal modo, es válido inferir que no se trataba


de una mera tenencia sin un fin determinado. Del traslado
de tal cantidad de estupefaciente oculto entre la parte
trasera del asiento y la carrocería de la camioneta
Volkswagen Amarok en la que viajaban Aramayo y el sujeto
que lo acompañaba, dable es concluir que el comportamiento
desplegado por el encausado forma parte de una cadena de
tráfico.
Por tal razón, el planteo de la defensa no puede
prosperar.
8°) Que, por fin, dable es mencionar que del
cotejo de la pieza sentencial y los registros audiovisuales
correspondientes, no resultan circunstancias que riñan,
según se demanda, con los extremos que se tuvieran por
acaecidos en el decisorio en crisis.
De tal suerte, cabe concluir que el a quo contó
con elementos probatorios suficientes para arribar al
pronunciamiento condenatorio de los encartados. Como es
conocido, no puede soslayarse que el art. 10 del CPPF
establece que los jueces tienen el deber de valorar las
pruebas recibidas y los actos del debate conforme la sana
crítica racional y, asimismo, cuentan con la obligación de
reflejar esa valoración en la sentencia conforme los arts.
20, 111 y 305, inc. b, del digesto de aplicación, que
constituyen una derivación de la garantía de defensa en
juicio y del principio republicano (arts. 1°, 18 y 28 CN).
Es este método el que demanda que la valoración
crítica de los elementos probatorios sea racional, lo que
implica exigir que respete las leyes del pensamiento
(lógicas) y -además- que sea completa, en la doble valencia

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de fundar todas y cada una de las conclusiones fácticas y
de no omitir el análisis de los elementos de prueba
incorporados, exigencias con las cuales se procura lograr
que la decisión se baste a sí misma como explicación de sus
conclusiones.
Desde esta perspectiva, los elementos probatorios
no fueron considerados en la sentencia en forma aislada,
sino que forman parte de un complejo entramado, donde el
resultado final se construye a partir de una visión en
conjunto, con una adecuada correlación entre ellos.
En definitiva, surge del pronunciamiento
recurrido que los judicantes han fundamentado adecuadamente
el rechazo a los planteos defensistas articulados,
desechando mediante prueba válidamente introducida al
debate las alegaciones vinculadas a su valoración y, de
ello, a la participación de sus asistidos en el hecho.
Por tales motivos, corresponde rechazar los
agravios abordados en el presente acápite.
-V-
9°) Que, ad finem, habrá de abordarse el agravio
vinculado a la perforación del mínimo de la escala penal.
En concreto, la defensa solicitó que se aplique a
su pupilo una pena que no supere los tres años de ejecución
condicional. En ese sentido, sostuvo que se lo condenó por
el transporte de una cantidad escasa de estupefaciente, que
la entidad dañosa del hecho no es importante y que el medio
utilizado no resultó sofisticado.
Al efecto, se advierte que aunque no lo menciona,
el recurrente pareciera pretender la declaración de
inconstitucionalidad del mínimo de la escala penal del
delito de transporte de estupefacientes, para que -de ese
modo- se proceda a la imposición de una pena inferior al
mínimo de la moldura.

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Como es sabido, no puede soslayarse que la


declaración de inconstitucionalidad debe ser considerada
como ultima ratio del orden jurídico, por lo que requiere
inexcusablemente la demostración del agravio en el caso
concreto y sólo cabe acudir a ella cuando no existe otro
modo de salvaguardar algún derecho o garantía amparado por
el magno texto (Fallos: 256:602; 258:255 y 333:447, entre
muchos otros).
Así, se impone señalar que el casacionista no ha
logrado fundamentar la presencia de extremos excepcionales
que autoricen a apartarse del mínimo de la escala penal
prevista, la impugnación se limita a invocar algunos de los
elementos que tuvo en cuenta el a quo al momento de imponer
la pena, resultando el planteo un mero disenso con la
solución arribada.
De otra banda, se impone memorar que -de acuerdo
a la doctrina del cimero tribunal- la cuantificación penal
es una materia reservada a los tribunales de sentencia, con
los límites que se derivan de la propia Constitución, en
dos sentidos: (a) que la individualización penal no resulte
groseramente desproporcionada con la gravedad de los hechos
y de la culpabilidad, en forma tan palmaria que lesione la
racionalidad exigida por el principio republicano (art. 1°
Constitución Nacional) y la prohibición de penas crueles e
inhumanas (art. 5, 2 de la Convención Americana de Derechos
Humanos); y (b) que la prueba de las bases fácticas
consideradas para la cuantificación no resulte arbitraria
con la gravedad señalada por la Corte en materia de
revisión de hecho y prueba (Fallos 328:3399) (cfr., Sala
II, causa nº 10.004, caratulada: “Judiche, Ricardo M. y

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otro s/ rec. de inconstitucionalidad”, reg. nº 19.763, rta.
27/3/2012).
Luego, la normativa establece juntamente dos
extremos de consideración sobre los elementos que fundan la
dosificación de la pena: el inc. 1° del art. 41 CP toma en
cuenta para eso las circunstancias de naturaleza “objetiva”
del hecho, que son las que permiten una graduación sobre la
intensidad del injusto, y en el inc. 2° se remite a las
características y situación del autor, “aspectos
subjetivos” que junto con el ilícito constituyen materia de
valoración.
De tal suerte, la magnitud del injusto y su
desvaloración por vía del grado de culpabilidad alcanzado
por el autor resultan ineludibles pautas para la
cuantificación de la pena, que demandan un análisis
particular por parte de los jueces de la causa (cfr., Sala
II, causa n° 11.870, caratulada: “Acuña, Marcelo Darío s/
recurso de casación”, reg. n° 20.194, rta. 5/7/2012).
Sobre este marco, se observa que, para mensurar
la cuantía punitiva aplicable, el tribunal de juicio
sostuvo que: “…la acción que se comprobó y por la cual fue
declarado responsable el imputado operaba con una logística
determinada para llevar la droga, con un ocultamiento
quizás no tan sofisticado…”, empero se justipreció que en
el sub examine se verificó: “…un ocultamiento, como así
también un despliegue en conjunto, coordinado con la
persona ausente en el presente juicio…”.
Asimismo, con respecto a las condiciones
personales del encartado, se consideró como circunstancia
atemperante la ausencia de antecedentes penales, aun cuando
se refirió que a pesar de haber crecido en un ambiente
familiar donde el vocablo “trabajo” era importante, el
encausado: “…no tuvo la capacidad de ganarse dinero de
forma legal y digna, y a través de su propio esfuerzo”.

Fecha de firma: 12/03/2024


Alta en sistema: 16/04/2024
Firmado por: ALEJANDRO WALTER SLOKAR, JUEZ DE CAMARA DE CASACION
14

#38532155#403443501#20240312074108226
Legajo judicial FSA 9291/2023/7,
caratulado: “ARAMAYO, Carlos Fabián
s/ audiencia de sustanciación de
impugnación”

Cámara Federal de Casación Penal

De otra banda, se valoró como pauta agravante: “…


la cuantificación de la droga cannabis sativa, con un THC
de 21.54% de pureza […], pudiendo producir 62.468 dosis
umbrales, con una gran potencia tóxica…”.
De este modo, el extremo del pronunciamiento
cuestionado ha sido sustentado razonablemente y los
agravios del recurrente sólo evidencian una opinión diversa
sobre la cuestión debatida y resuelta (Fallos: 302:284;
304:415; entre otros).
La decisión cuenta, además, con los fundamentos
jurídicos mínimos necesarios y suficientes que impiden su
descalificación como acto jurisdiccional válido (Fallos:
293:294; 299:226; 300:92; 301:449; 303:888, entre muchos
otros).
De tal suerte, no advirtiéndose desproporción ni
falta de fundamentación respecto de la dosimetría punitiva,
el agravio debe ser desestimado.
Por todo ello, se RESUELVE:
RECHAZAR la impugnación deducida por la defensa
pública, SIN COSTAS (arts. 352, 358, 362, 386 y ccds.
CPPF).
Regístrese, notifíquese, comuníquese y remítase a
su procedencia mediante pase digital, sirviendo la presente
de atenta nota de envío.

Fecha de firma: 12/03/2024


Alta en sistema: 16/04/2024
Firmado por: ALEJANDRO WALTER SLOKAR, JUEZ DE CAMARA DE CASACION
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#38532155#403443501#20240312074108226

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