Fallo
Fallo
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que transportaba”. En concreto, indicó que: “…no hay
elementos de prueba suficientes para afirmar que el Sr.
Aramayo tuvo conocimiento del material estupefaciente en la
camioneta”. Asimismo, adujo que: “…tampoco hay plexo
probatorio para configurar el tipo subjetivo requerido para
el delito imputado” y que no: “…existieron los intentos de
fuga que se dieron como probados por la sentencia”.
En esa dirección, sostuvo que su asistido: “…
aceptó a modo de cortesía el ofrecimiento del Sr. López de
acercarlo desde la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán
hasta la ciudad de Tartagal”.
Al respecto, refirió que: “…ante la oferta de
López, aceptó viajar con él sin llevar ni siquiera su
licencia de conducir”. De modo tal que, si tuviese
participación en el plan criminal: “…se hubiera asegurado
al menos de llevar consigo su licencia de conducir a los
fines de evitar cualquier tipo de retraso en el viaje, y/o
ponerse en riesgo como consecuencia de un control por parte
de las fuerzas de seguridad”.
De otra banda, criticó la valoración que realizó
el a quo sobre los intentos de fuga del encartado. En ese
sentido, con respecto a lo que denominó “el primer
intento”, afirmó que: “…solo López tuvo exclusivo dominio
del vehículo al momento de darse a la fuga desde el control
fijo de la Sección Senda Hachada” y agregó que: “Durante la
huida, y como surge de sus palabras, el Sr. Aramayo le
pidió en todo momento a López que parara el vehículo y lo
dejara bajarse, ya que además temía por su vida”.
A partir de ello, señaló que: “…no emprendió
ninguna fuga, sino que se vio envuelto en la misma por la
acción de López. Además, una vez detenida la marcha de la
camioneta, su presencia en el lugar era fortuita, de hecho,
desde donde fue dejado por López, el propio Aramayo fue
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Por tales motivos, solicitó que se case la
sentencia, ya que “…fue construida sin prueba directa de la
responsabilidad de Aramayo por su intervención en la cadena
de narcotráfico”. De modo subsidiario, requirió que se: “…
subsuma la conducta intimada a Aramayo en las disposiciones
relativas al delito de tenencia…”, en el entendimiento de
que “…la sentencia no ha llegado a cubrir acabadamente la
subsunción de la conducta […], desde el punto de vista de
la tipicidad subjetiva, en el delito de transporte de
estupefacientes”.
Por fin, y también de modo subsidiario, planteó
que se: “…reduzca el monto de la condena, perforando el
mínimo de la pena para el delito de transporte de
estupefaciente, y se aplique al caso concreto una pena que
no supere los tres años, de modo tal que […] pueda
aplicarse una pena de cumplimiento condicional”.
En sustento de tal pretensión, señaló que a su
asistido: “…se lo condenó por el transporte de una cantidad
que no es cuantiosa, no es demasiado importante, pues se
trata de 1.075 grs de marihuana…”, que: “…la entidad dañosa
del hecho, no es importante o inconmensurable si se lo
compara con lo que se acostumbra a juzgar en la
jurisdicción de Salta y Jujuy…” y que: “…no puede invocarse
que Aramayo haya empleado sofisticación, por el contrario,
[…] se valió de un ocultamiento burdo o ‘precario’,
escondiéndose droga en la parte de atrás del respaldar del
asiento trasero de la camioneta en la que se trasladaba…”.
3°) Que el día 21 de febrero pasado tuvo lugar
la audiencia prevista en el art. 362 CPPF, en la cual las
partes brindaron sus fundamentos, respecto de lo cual cabe
remitir, en razón de brevedad, al registro audiovisual
correspondiente. En estas condiciones, las actuaciones
quedaron en estado de ser resueltas.
-II-
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detuvo una camioneta Volkswagen Amarok, color negro […],
donde le fueron requeridos al conductor, que en ese momento
era el Sr. Aramayo, la licencia de conducir, más la cédula
de identidad del vehículo”.
Asimismo, se detalló que el encartado manifestó
no portar la licencia de conducir, pero toda vez que el
acompañante tenía, cambiaron de posición y tomó la
conducción del vehículo el otro pasajero. Sobre ello, se
consignó que lo actuado por la Gendarmería Nacional fue en
su rol de ayudante de la ley de tránsito nacional.
De seguido, se aseveró que: “La camioneta fue
desviada hacia la banquina y en el momento del cambio de
conductores, uno de los gendarmes intervinientes revisó y
observó que entre el respaldo del asiento trasero y la
parte de la estructura de la camioneta existían paquetes,
por lo que gritó que había una camioneta cargada”.
Sobre ello, se adunó que habiéndose realizado el
cambio de conductor, Aramayo y el otro sujeto, se montaron
rápidamente al rodado y huyeron del lugar, siendo
perseguidos por el vehículo de Gendarmería Nacional.
De seguido, se estableció que la camioneta
Volkswagen Amarok negra ingresó en la localidad de
Ballivián, que los ocupantes del vehículo bajaron y que uno
de los sujetos logró huir, pero el encartado fue
aprehendido luego de un forcejeo.
A más, se tuvo por acreditado que de la requisa
realizada al automóvil se encontró un paquete en el asiento
trasero, entre la zona del respaldar y la estructura de la
camioneta, que arrojó un peso de 1.075 gramos de marihuana.
-IV-
6°) Que, sentado lo expuesto, se impone abordar
el agravio relativo a la valoración probatoria realizada
para acreditar el elemento subjetivo del tipo penal
endilgado.
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se estacionó al costado y [que] le indicó que hagan cambio
de lugar” con el acompañante, que escuchó que: “…Altamirano
gritó que la camioneta estaba cargada y cuando miró, la
misma se daba a la fuga…”.
En esa línea, se adunó que Martín Altamirano,
preventor del escuadrón 52 de Gendarmería, sostuvo que José
Espíndola lo llamó y le dijo que la persona que manejaba el
vehículo no tenía el carnet de conducir, que le preguntó al
acompañante si tenía licencia y respondió que sí, motivo
por el cual les dio la orden de cambiar de lugar.
De seguido, el referido expresó que vio algo
extraño por la rapidez en la que cambiaron de lugar y les
comunicó que iba a mirar el vehículo, que miró la parte de
atrás, y allí les preguntó a donde se dirigían, a lo que le
respondieron que iban a jugar al futbol a Tartagal, en
tanto cuando corrieron el asiento: “…el Sr. Aramayo dudó,
se le repitió dos veces, y ahí observó un cruce de miradas
entre el causante y quien luego resultó ser de apellido
López”, y así se subieron rápidamente a la camioneta y
emprendieron la fuga. A su vez, aseveró que cuando hallaron
al encartado forcejeó al ser detenido y que solamente vio
un paquete, pero antes había visto más.
Por otro pasaje, se justipreció lo declarado por
el preventor Alejandro Rodríguez, que manifestó haber sido
quien detuvo a Aramayo, que forcejearon, que se le escapó,
le intentó sacar el arma y que dos veces quiso irse. A su
vez, sindicó que buscó el celular arrojado por el incuso
pero que no logró encontrarlo.
A su vez, se ponderó que las pericias: “…
arrojaron resultado positivo a marihuana y a la presencia
de THC, con una concentración de 21,56%” y se consignó que
se trata de una concentración alta toda vez que se pueden
extraer 62.468 dosis umbrales en razón del peso de 1.1015
gramos.
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resultando posible creer que no haya podido bajarse en
ningún momento del vehículo”.
De tal suerte, se advierte que el órgano de
juicio contó con elementos suficientes para arribar a la
convicción necesaria para establecer que el encausado
Aramayo reunía el conocimiento de que estaba transportando
material estupefaciente.
7°) Que, de otra banda, la defensa alegó que no
se acreditó la ultraintención que exige el tipo penal de
transporte de estupefacientes y, por lo tanto, debía
recalificarse la conducta endilgada en una simple tenencia.
En lo atingente a ello, he tenido oportunidad de
señalar que “no basta con el mero traslado de los
estupefacientes y que debe considerarse como insuficiente
para la satisfacción de los requisitos típicos la
traslación de un tóxico prohibido”, toda vez que: “dicha
conducta requiere un elemento subjetivo dinámico o
propagador que apunta a convertir al transportista en un
engranaje del tráfico ilícito, él debe saber que la
sustancia será distribuida a terceros con lo cual se
difunde el consumo de estupefacientes, o que será
comercializada […]” (cfr., Sala II, causas n° 15.447,
“Buyuca, Eduardo Alberto; Camillato, Antonio Elis s/recurso
de casación”, reg. nº 20715, rta. 24/10/2012 y nº
1706/2013, “Cárdenas, Héctor Lorenzo s/recurso de
casación”, reg. nº 1678/15, rta. 21/10/2015, entre otras,
con sus citas).
Sentado ello, he de señalar que, en la especie,
la ultraintención que exige el tipo penal se encuentra
suficientemente acreditada, teniendo en consideración la
modalidad en que el estupefaciente fue trasladado y la
cantidad secuestrada -con una capacidad de producir 62.468
dosis umbrales y THC de 21,56%-.
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de fundar todas y cada una de las conclusiones fácticas y
de no omitir el análisis de los elementos de prueba
incorporados, exigencias con las cuales se procura lograr
que la decisión se baste a sí misma como explicación de sus
conclusiones.
Desde esta perspectiva, los elementos probatorios
no fueron considerados en la sentencia en forma aislada,
sino que forman parte de un complejo entramado, donde el
resultado final se construye a partir de una visión en
conjunto, con una adecuada correlación entre ellos.
En definitiva, surge del pronunciamiento
recurrido que los judicantes han fundamentado adecuadamente
el rechazo a los planteos defensistas articulados,
desechando mediante prueba válidamente introducida al
debate las alegaciones vinculadas a su valoración y, de
ello, a la participación de sus asistidos en el hecho.
Por tales motivos, corresponde rechazar los
agravios abordados en el presente acápite.
-V-
9°) Que, ad finem, habrá de abordarse el agravio
vinculado a la perforación del mínimo de la escala penal.
En concreto, la defensa solicitó que se aplique a
su pupilo una pena que no supere los tres años de ejecución
condicional. En ese sentido, sostuvo que se lo condenó por
el transporte de una cantidad escasa de estupefaciente, que
la entidad dañosa del hecho no es importante y que el medio
utilizado no resultó sofisticado.
Al efecto, se advierte que aunque no lo menciona,
el recurrente pareciera pretender la declaración de
inconstitucionalidad del mínimo de la escala penal del
delito de transporte de estupefacientes, para que -de ese
modo- se proceda a la imposición de una pena inferior al
mínimo de la moldura.
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otro s/ rec. de inconstitucionalidad”, reg. nº 19.763, rta.
27/3/2012).
Luego, la normativa establece juntamente dos
extremos de consideración sobre los elementos que fundan la
dosificación de la pena: el inc. 1° del art. 41 CP toma en
cuenta para eso las circunstancias de naturaleza “objetiva”
del hecho, que son las que permiten una graduación sobre la
intensidad del injusto, y en el inc. 2° se remite a las
características y situación del autor, “aspectos
subjetivos” que junto con el ilícito constituyen materia de
valoración.
De tal suerte, la magnitud del injusto y su
desvaloración por vía del grado de culpabilidad alcanzado
por el autor resultan ineludibles pautas para la
cuantificación de la pena, que demandan un análisis
particular por parte de los jueces de la causa (cfr., Sala
II, causa n° 11.870, caratulada: “Acuña, Marcelo Darío s/
recurso de casación”, reg. n° 20.194, rta. 5/7/2012).
Sobre este marco, se observa que, para mensurar
la cuantía punitiva aplicable, el tribunal de juicio
sostuvo que: “…la acción que se comprobó y por la cual fue
declarado responsable el imputado operaba con una logística
determinada para llevar la droga, con un ocultamiento
quizás no tan sofisticado…”, empero se justipreció que en
el sub examine se verificó: “…un ocultamiento, como así
también un despliegue en conjunto, coordinado con la
persona ausente en el presente juicio…”.
Asimismo, con respecto a las condiciones
personales del encartado, se consideró como circunstancia
atemperante la ausencia de antecedentes penales, aun cuando
se refirió que a pesar de haber crecido en un ambiente
familiar donde el vocablo “trabajo” era importante, el
encausado: “…no tuvo la capacidad de ganarse dinero de
forma legal y digna, y a través de su propio esfuerzo”.
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