OBLIGACIONES
UNIDAD 1:
RELACIÓN JURÍDICA: Una primera aproximación, ciertamente simplista, llevaría a
caracterizarla como aquella relación intersubjetiva que, en razón de estar reglada por
el derecho, produce consecuencias jurídicas.
Sin embargo, tal concepción es excesivamente amplia, por cuanto ''la sola idea de
relación entre personas que produce o puede producir alguna consecuencia jurídica es
insatisfactoria por excesivamente abarcativa.
Por ejemplo, la amistad no es una relación jurídica, pese a que puede producir algunos
efectos jurídicos, Rivera cita el ejemplo de los jueces, quienes deben excusarse si
tienen amistad íntima con alguna de las partes.
Un reconocido jurista argentino cordobés (Moisset de Espanes), aquella especie de
relación intersubjetiva en virtud de la cual, determinados supuestos de hecho son
considerados por el legislador aptos para satisfacer ciertos intereses dignos de tutela.
Reconociéndose, en consecuencia, una tutela estable y organizada, que se plasma en
los correlativos derechos y deberes.
CONEXIONES EXTERNAS: Toda relación jurídica contiene una serie de conexiones
jurídicas, algunas de carácter externo y otras internas, que se dan siempre juntas.
El lado externo de la relación jurídica está formado por aquellas conexiones que el
ordenamiento jurídico establece entre el sujeto activo (titular del derecho subjetivo) y
el resto de la comunidad sobre la que pesa un deber general de respeto de las
relaciones jurídicas ajenas.
Este lado externo pone en evidencia el carácter intersubjetivo que siempre tiene la
relación jurídica, en cuanto regula conexiones entre sujetos: entre el titular de
determinadas prerrogativas que la propia relación le confiere "internamente" y el
resto de la comunidad sobre la que pesa el deber general de respeto.
CONEXIONES INTERNAS: En la relación jurídica obligacional, el lado interno de la
relación jurídica nos presenta una conexión entre dos personas directamente
vinculadas.
Una jurídicamente facultada y otra sobre la que pesa un deber jurídico específico, de
carácter patrimonial, de cumplir una determinada prestación orientada a satisfacer un
interés de aquél.
RELACIONES JURÍDICAS PATRIMONIALES: Se han formulado múltiples clasificaciones
de relación jurídica y de los derechos que de ella emergen, teniendo en cuenta su
contenido económico, las relaciones jurídicas pueden ser clasificadas en patrimoniales
y extrapatrimoniales.
Esta diferenciación tiene enorme importancia para nuestro estudio, desde el mismo
momento en que la relación obligatoria es una especie de relación jurídica patrimonial.
En palabras de Diez Picazo (Jurista español) la relación jurídica patrimonial es aquella
que versa sobre bienes o intereses que posean una naturaleza económica, y que por
ende, es susceptible de valoración pecuniaria.
Las relaciones jurídicas patrimoniales comprenden todos los aspectos que hacen a la
atribución de la persona de bienes económicos y las diversas operaciones jurídico-
económicas que se realizan en relación a dichos bienes (distribución e intercambio de
bienes y servicios, relaciones de cooperación o colaboración social, etcétera).
Constituyen un género amplio, que engloba distintas especies: las relaciones jurídicas
obligatorias y las relaciones jurídicas reales, aunque algunos autores agregan también
los derechos intelectuales (aquellos en los cuales la ley protege al autor o autora de
una obra científica, literaria, artística o didáctica por su creación intelectual).
Las relaciones jurídicas extrapatrimoniales, en cambio, recaen sobre bienes o intereses
no económicos, su concepto es encontrado por contraposición y abarca materias de
suma relevancia (derecho de la persona, derecho de familia).
OBLIGACION: Según la clásica definición de Justiniano, la obligación es el vínculo
jurídico que nos apremia o constriñe a pagar a otro alguna cosa.
Con mayor rigor científico, podemos decir que es el vínculo establecido entre dos
personas (o grupo de personas), por el cual una de ellas puede exigir de la otra la
entrega de una cosa, o el cumplimiento de un servicio o de una abstención.
Toda obligación presenta, por tanto, un aspecto activo, es decir, un poder o facultad
de exigir algo determinado; y uno pasivo, un deber de dar, hacer o no hacer algo
determinado.
No se trata de conceptos distintos sino de aspectos diferentes de un concepto unitario,
que es la obligación, son el anverso y reverso de una misma medalla, no se puede
concebir un crédito sin deuda y viceversa
En el lenguaje común (aunque impropiamente desde el punto de vista de la técnica
jurídica) se llama también obligación al objeto o prestación debida, en otras palabras, a
la deuda.
Nuestro Código Civil y Comercial de la Nación, admite una definición en el Art. 724, al
decir que es “una relación jurídica en virtud de la cual el acreedor tiene el derecho de
exigir del deudor una prestación destinada a satisfacer un interés lícito y, ante el
incumplimiento, a obtener forzadamente la satisfacción de dicho interés”.
DEFINICIONES ANTIGUAS: En la antigua Roma, la obligación era considerada como un
vínculo estrictamente personal que permitía al acreedor ejercer poderes efectivos
sobre la persona del deudor.
Su derecho era bastante parecido al de propiedad, sólo que se ejercía sobre la persona
del deudor, que más que sujeto pasivo de la relación jurídica era su objeto.
Con el paso del tiempo, esa potestad se transformó en un poder limitado a la agresión
patrimonial, siendo que los bienes del deudor pasaron a respaldar el pago de la deuda.
Una de las principales consecuencias de esta evolución, fue la posibilidad de transmitir
la obligación de un sujeto a otro, en tanto no cambiara el valor patrimonial,
admitiéndose así la cesión de créditos y luego la de deudas (Menciona Llambías).
Se propusieron variadas definiciones de la obligación a lo largo del tiempo, que fueron
evidenciando la evolución de los enfoques a su respecto.
Así, por ejemplo, de acuerdo a las Institutas de Justiniano, se consideraba que "La
obligación es un vínculo jurídico que nos constriñe a pagar algo a otro, según el
derecho civil".
Más modernamente, en Europa, se definió a la obligación como una relación jurídica,
en virtud de la que una persona determinada llamada deudor, está vinculada a un
comportamiento patrimonialmente valorable para satisfacer un interés, aunque no sea
patrimonial, de otra persona determinada, llamada acreedor, que tiene derecho al
comportamiento por parte de la primera.
En nuestro país se ha definido a la obligación como la relación jurídica en virtud de la
cual una persona denominada deudor debe satisfacer una prestación a favor de otra
persona llamada acreedor (Llambías, Busso, Alterini, Ameal, López Cabana, entre
otros).
El Código de Vélez Sarsfield no contenía una definición de este concepto, iniciándose el
tratamiento del tema con el art. 495, que sólo decía que "Las obligaciones son de dar,
hacer o no hacer". La nota a dicho precepto aclaraba: "Nos abstenemos de definir,
porque como dice Freitas, las definiciones son impropias de un Código de Leyes...".
Aunque sin embargo, se pueden encontrar diversas definiciones en dicho Código,
como por ejemplo cuando en el Art. 30 menciona que, son personas todos los entes
susceptibles de adquirir derechos y contraer obligaciones.
OBLIGACIONES PROPTER REM: En la doctrina se ha descripto una categoría de
obligaciones caracterizadas por corresponder a quien detenta una relación de señorío
sobre una cosa; que nacen, se desplazan y se extinguen con dicha relación de señorío.
Así, si se transmite la cosa, la obligación sigue a dicha cosa pesando sobre el nuevo
propietario y liberándose el anterior titular.
En otros términos, es inseparable la calidad de deudor de la condición de propietario
de la cosa en razón de la cual ha surgido la obligación y la persona del deudor no se
determina sino en el momento en que la obligación se hace valer.
La doctrina y la jurisprudencia reconocieron obligaciones propter rem en casos como
por ejemplo:
Títulos al portador, donde el derecho de exigir al deudor el pago de su importe,
recae sobre el tenedor (Art. 883 CCyCN).
Obligación de contribuir al pago de expensas comunes en la propiedad
horizontal (Art. 2046 CCyCN).
Si bien no hay una regulación genérica de este instituto en el nuevo Código Civil y
Comercial de la Nación, según se observa en los ejemplos descriptos estos siguen
vigentes como tales, de modo tal que los efectos propios de las obligaciones
ambulatorias también seguirán siendo aplicables.
ELEMENTOS ESENCIALES DE LA OBLIGACION: Los elementos esenciales de la
obligación pueden ser definidos como, aquellos componentes indispensables para su
configuración, sin los cuales no es posible concebir su existencia (Pizarro y Vallespinos).
Siguiendo a estos autores, podemos encontrar cuatro elementos esenciales, los
sujetos, el objeto, el vínculo jurídico y la causa fuente.
Entendiendo a los tres primeros de carácter estructural, ya que de su armónica
integración surge la obligación, mientras que la causa fuente es también un elemento
esencial, pero externo (es decir, no estructural), ya que constituye una figura distinta
que la obligación que ha creado.
Lo cierto es que en la doctrina no se discute que los sujetos, el objeto y la causa fuente
son elementos esenciales de la obligación.
Lo que si se ha cuestionado es que el vínculo jurídico lo sea, por cuanto se trataría de
un elemento propio de toda relación jurídica y no solo de la obligación.
Pizarro y Vallespinos sostienen de modo tal, que la crítica no es razonable, ya que
aplicando similar criterio, también habría que negar carácter de elemento esencial de
la obligación al sujeto, al objeto y a la causa, que son también comunes a todas las
relaciones jurídicas en general.
Su argumentación se sustenta en que el vínculo jurídico presenta particularidades
propias que son determinantes para la caracterización específica de la institución.
Lo entienden como el vínculo que enlaza los dos polos de la relación obligatoria,
generando una situación de correlativo poder jurídico del acreedor y deber calificado
del deudor.
Laffaile agrega a la compulsión, por entender que se trataría de un elemento social que
se revela por la posibilidad de exigir en justicia y en base al poder público, el
cumplimiento obligacional.
En palabras de Pizarro y Vallespinos, la compulsión no es una nota distintiva exclusiva
de la obligación, sino de toda relación jurídica y no presenta en este ámbito
particularidad alguna que justifique su emplazamiento como elemento esencial.
Alterini, Ameal y López Cabana incluyen a la causa final como elemento esencial de la
obligación únicamente cuando ella tiene su fuente en un acto jurídico.
SUJETOS: A modo de aproximación, es posible definir a los sujetos como personas
humanas o jurídicas vinculadas en la relación jurídica obligacional.
Toda obligación debe tener, necesariamente, por lo menos dos sujetos, uno en el polo
activo (acreedor) titular del derecho de crédito, otro en el polo pasivo (deudor) sobre
quien pesa el deber de prestación.
A su vez, según el tipo de obligación involucrada, puede suceder que los sujetos
ocupen el rol de acreedor y deudor, respectivamente (ejemplo, en la obligación de
reparar un daño), o bien que presenten las calidades de acreedor y deudor
recíprocamente, en una misma obligación (contrato de compraventa, donde uno de los
sujetos debe la cosa y es acreedor del dinero, mientras el otro debe el dinero y tiene
derecho a recibir la cosa).
Además, los sujetos pueden estar determinados desde el inicio de la obligación, o bien
determinarse con posterioridad.
Son típicos ejemplos de obligaciones con sujetos inicialmente indeterminados, donde
el acreedor se identifica luego, las obligaciones instrumentadas en títulos al portador
(al principio se desconoce quién cobrará el cheque, el pagaré, etcétera).
Las promesas de recompensa, el sujeto activo será el hallador del objeto perdido, el
cliente que pretende adquirir la oferta, etcétera.
En general, la calidad de sujeto de la obligación puede transmitirse, sea entre vivos o
mortis causa, a menos que exista una prohibición convencional (ejemplo, prohibición
de subarrendar un inmueble) o que se trate de una obligación en la que las cualidades
del sujeto en cuestión sean determinantes, como las llamadas obligaciones intuitu
personae (ejemplo, en principio, no puede transmitirse la obligación del deudor de
escribir un guión cinematográfico, de pintar un cuadro, etc.).
Nada impide, por cierto, que la obligación pueda presentar pluralidad de sujetos en
alguno de los extremos de la relación o en ambos (pluralidad activa, pasiva o mixta).
La dualidad de titulares es una necesidad lógica de la obligación, ya que el vínculo se
asienta en la tensión entre la pretensión del acreedor y el deber jurídico del deudor.
Es indispensable que ella se mantenga durante toda la vida de la obligación, si se
desvanece, por ejemplo, en virtud de reunirse en una misma personas y en un mismo
patrimonio las calidades de acreedor y deudor, opera la extinción de la obligación por
confusión (Art. 931).
Las personas humanas y las personas jurídicas, públicas o privadas, pueden ser sujeto
activo o pasivo de relaciones obligatorias.
REQUISITOS: Los sujetos de una obligación deben ser capaces, determinados o
determinables y distintos entre sí.
CAPACIDAD: Para que la obligación constituida sea válida se exige que el sujeto
tenga capacidad de derecho para ser acreedor o deudor (Art. 22), en definitiva,
la capacidad de derecho es el grado de aptitud para ser titular de derechos y
obligaciones.
Las personas humanas son por regla, capaces de derecho, solo
excepcionalmente la ley determina la existencia de incapacidades especificas
de esa naturaleza
Los sujetos deben estar determinados al tiempo de contraerse la obligación o, al
menos, ser determinables en un momento ulterio, la indeterminación absoluta obsta a
su existencia.
Se encuentran determinados cuando desde el nacimiento de la obligación es posible
individualizarlos, identificándolos plenamente.
Son determinables cuando, pese a no estar nominativamente designados al momento
de la génesis obligacional, ello resulta posible en virtud de circunstancias ulteriores
que deben operar con anterioridad o en forma simultánea con el pago.
En estos supuestos hay una determinación indirecta, relativa y transitoria, que no
obsta a la validez de la obligación, en cambio, cuando la indeterminación de los sujetos
es absoluta, la obligación no alcanza a configurarse por falta de uno de sus elementos
esenciales.
VINCULO JURÍDICO: Es un elemento no material que liga a ambos polos de la relación
jurídica, constituye el requisito que mejor caracteriza, ya que a partir de su
configuración operan los distintos efectos que el sistema previo.
Remitiéndonos a las Institutas de Justiniano, se expresaba con elocuencia esta
realidad, definiéndolo como “La obligación es el vínculo jurídico que nos constriñe a
pagar algo a otro, según el derecho civil”.
El vínculo jurídico recae, como es obvio, sobre las partes de la relación obligatoria (y
sus sucesores) y no comprende a los terceros, o sea a todos aquellos que se
encuentren fuera del polo activo y del polo pasivo de la relación.
Se admite pacíficamente que el vínculo jurídico puede presentar, según las
circunstancias, distintas atenuaciones:
FAVOR DEBITORIS: Lleva a consagrar en ciertos casos, una presunción favorable
al deudor, particularmente cuando existen dudas acerca de si está o no
obligado, o respecto de los alcances, mayores o menores de su obligación.
PROTECCIÓN PARTE DEBIL: Esta se hace explícita en los Fundamentos del
nuevo Código, y se expresa en disposiciones que asignan la interpretación más
favorable de los contratos al consumidor; que reconocen la nulidad relativa de
ciertos actos en protección de personas que pudieron tener su capacidad
restringida, etcétera.
PRINCIPIO DE INTERPRETACIÓN Y APLICACIÓN DE LAS NORMAS MAS
FAVORABLES AL CONSUMIDOR: Ocurre en las relaciones de consumo (Arts.
1094 y 1095 del CCyC).
LIMITES EN LA EJECUCION: No está permitido ejercer violencia sobre la persona
del deudor, debiendo recaer la ejecución sobre su patrimonio. Veremos a su
vez que ciertos bienes no pueden ser embargados (la vivienda familiar, los
bienes indispensables para el trabajo, etc.), o pueden serlo con límites (ej., los
sueldos).
PRINCIPIO BUENA FE: Actúa frecuentemente como una válvula que atenué el
vinculo obligacional, haciendo que la obligación se cumpla de acuerdo a lo
pactado, o lo dispuesto por la ley o de conformidad con los usos y costumbres.
LIMITES TEMPORALES: el vínculo se manifiesta en la medida en que la acción
correspondiente no se encuentre prescripta.
DEBITO Y RESPONSABILIDAD: En la obligación se distinguen dos elementos distintos,
el debito y la responsabilidad, que normalmente aparecen unidos, pero, en algunos
casos, tienen existencia independiente.
Entendiendo por debito el deber jurídico por parte del deudor de cumplir la
prestación, y por responsabilidad el sometimiento al poder coactivo del acreedor
(poder de agresión), que faculta a este para hacer efectiva la prestación sobre una cosa
o sobre un patrimonio (del deudor o ajeno), a fin de obtener satisfacción de su
derecho.
El deudor tiene el deber jurídico de realizar la prestación y, asimismo, dicho deber
produce la liberación mediante el pago por consignación si el acreedor se niega
injustificadamente a aceptar la prestación ofrecida.
Por su parte, el acreedor tiene, con su crédito, la expectativa de obtener la prestación
y está investido de un titulo para ello, de manera que si el deudor realiza el pago, este
es debido y no corresponde su repetición.
En la relación de deuda, la actitud del acreedor es esencialmente pasiva, ya que
aguarda el cumplimiento del deudor que, a su vez, juega un rol en cierto modo activo
desde que debe realizar la prestación.
Esos papeles se truecan en la relación de responsabilidad, en la cual el acreedor posee
una actitud activa y está investido de un poder de agresión que consiste en la facultad
de emplear las vías legales tendientes a obtener la ejecución específica de lo debido o
un equivalente indemnizatorio.
De allí, que el acreedor tiene poderes dirigidos a obtener su satisfacción, que recaen
sobre el patrimonio del deudor, el cual cumple una función de garantía para aquel.
El deudor cuyo patrimonio está sujeto a dicho poder, tiene sin embargo la facultad de
liberarse de su obligación siempre que satisfaga íntegramente el interés del acreedor.
OBJETO: Hubo muchas controversias, desencuentros terminológicos y conceptuales
respecto al objeto de la obligación.
Diferentes líneas de pensamiento dividen a los autores, por un lado quienes propician
que el objeto es el comportamiento debido por el deudor (o la prestación).
Por otro, quienes lo emplazan en el bien debido, en las cosas que se deben entregar,
en las obligaciones de dar, o en los servicios, en las de hacer.
Encontramos, finalmente, ciertas posturas revisionistas que, con matices diferenciales,
procuran llevar la cuestión a planos más equilibrados y realistas, aglutinando ambos
componentes, aunque con alcances y denominaciones variables.
Podemos analizar las posturas de la siguiente manera:
DOCTRINA DEL COMPORTAMIENTO DEBIDO POR EL DEUDOR: Sostiene que el objeto
de la obligación es la prestación, o sea, la conducta comprometida por el deudor de
dar, hacer o no hacer, orientada a satisfacer el interés del acreedor.
Están quienes, con similares ideas y distinta terminología, prefieren hablar de un
objeto inmediato (prestación) y de un objeto mediato (cosa), o de un objeto invariable
(prestación), común a todo tipo de obligaciones, y de otro variable (cosa) que solo
estaría presente en las obligaciones de dar.
Así parece pronunciarse el nuevo Art. 725 del CCyC, que al referirse a este elemento de
la obligación, menciona explícitamente la conducta (prestación) y el interés,
expresando:
“La prestación que constituye el objeto de la obligación debe ser material y
jurídicamente posible, licita, determinada o determinable, susceptible de valoración
económica y debe corresponder a un interés patrimonial o extrapatrimonial del
acreedor”.
TEORIAS PATRIMONIALES: Afirman que el objeto de la obligación no está dado por el
comportamiento debido (prestación).
Por cuanto dicha conducta es por sí misma incoercible e insusceptible de ser materia
idónea para que el acreedor ejercite su poder o señorío.
La esencia de la relación obligatoria pasa por el polo activo y por el poder de ejecución
forzada que tiene el acreedor sobre el patrimonio del deudor.
Para algunos, el objeto es la utilidad procurada por el acreedor, para otros es el bien
debido (la cosa, el hecho, etc).
DOCTRINA REVISIONISTA: Para dicha doctrina, el objeto de la obligación es el bien que
permite satisfacer el interés del acreedor, asignándose a la conducta humana
comprometida por el deudor (prestación) el carácter de mero contenido de aquella.
El fin fundamental de la obligación consiste en conseguir el bien debido, a cuyos
efectos es indiferente que este se obtenga a través de la actividad del deudor
(prestación) o de un sucedáneo (ejecución forzosa, cumplimiento de terceros).
Asigna relevancia a la conducta humana, sacándola del campo del objeto y la emplaza
en un plano distinto, al que denomina contenido.
La prestación constituye el contenido de la relación jurídica obligatoria e importa un
actuar del deudor como medio para procurar al acreedor el bien o utilidad que
constituye el objeto de la obligación.
El acreedor, no satisface su interés con la conducta debida por el deudor, sino con el
bien o utilidad que constituye el interés.
OPINIÓN DE PIZARRO Y VALLASPINOS: Los autores sostienen que el objeto de la
obligación esta dado por el comportamiento debido por el deudor (prestación) y por el
interés perseguido por el acreedor que debe ser satisfecho a través de aquella.
Ambos componentes (conducta e interés) forman el objeto de la obligación, por lo que
no es posible prescindir de ninguno de ellos.
El objeto de la obligación consiste, de tal modo, en un plan o proyecto de conducta
futura del deudor para satisfacer un interés del acreedor.
La prestación es una conducta que tiene por finalidad satisfacer el interés del acreedor,
que se erige en un aspecto fundamental tanto en la estructura como en el
funcionamiento de la obligación.
El interés es un elemento objeto e invariable, en cambio, la conducta humana es un
elemento subjetivo, que debe estar presente a la hora de concebir estructuralmente a
la obligación.
Pero del que puede prescindir funcionalmente en ciertos supuestos de
incumplimiento, cuando la prestación es fungible o cuando se ingresa en la etapa de la
responsabilidad.
REQUISITOS DEL OBJETO: Con respecto a los requisitos, nos remitimos al Art. 725 del
CCyC:
“La prestación que constituye el objeto de la obligación debe ser material y
jurídicamente posible, lícita, determinada o determinable, susceptible de valoración
económica y debe corresponder a un interés patrimonial o extrapatrimonial del
acreedor.”
POSIBILIDAD: La prestación debe ser de realización material y jurídicamente posible.
Es materialmente imposible cuando es contraria a las leyes de la naturaleza o de la
física (cruzar el océano a nado).
Es jurídicamente imposible cuando a ella se opone un obstáculo legal (entrega de
mercaderías a importarse desde el exterior, en una situación donde se encuentre
prohibida la importación de tales mercaderías).
La imposibilidad debe ser originaria y no sobrevenida.
El momento oportuno para valorar la posibilidad e imposibilidad de la prestación
coincide con el de la génesis obligación.
Cuando la imposibilidad es sobreviniente, la obligación nace como tal, aunque puede
devenir ulteriormente ineficaz sea por causas imputables a algunas de las partes o por
circunstancias fortuitas.
Con respecto a esto último, se puede observar el Art. 955 del CCyC, el cual dice:
“La imposibilidad sobrevenida, objetiva, absoluta y definitiva de la prestación,
producida por caso fortuito o fuerza mayor, extingue la obligación, sin
responsabilidad.”
La imposibilidad debe ser absoluta, tiene que impedir de manera definitiva,
irreversible, que la prestación pueda ser objeto de la obligación, no se da tal situación
cuando opera una mera dificultad de hecho, transitoria o superable.
Finalmente, es preciso que la imposibilidad sea objetiva, es decir, que se produzca con
total prescindencia de las condiciones particulares del obligado.
Por el contrario, cuando es meramente subjetiva no afecta la existencia de la
obligación.
En suma, para que afecte el objeto de la obligación, impidiendo que esta nazca, la
imposibilidad debe ser originaria, absoluta y objetiva.
LICITUD: El objeto de la obligación debe ser lícito, esto es, conforme con el
ordenamiento jurídico integralmente considerado, lo cual incluye al orden público, la
moral y las buenas costumbres.
No pueden, por ende, ser objeto de una obligación las prestación que tienen por
objeto la entrega de una cosa que se encuentra fuera del comercio, o la realización de
hechos ilícitos, o reñidos con la moral, las buenas costumbres, la libertad personal o de
conciencia, o que persigan perjudicar a terceros.
La invocación y prueba de la ilicitud del objeto pesa sobre el deudor que la alega.
DETERMINACION: La prestación debe estar determinada al momento de nacer la
obligación o, al menos, ser determinable en un momento ulterior.
Es nula la obligación que tenga un objeto absolutamente indeterminado.
PATRIMONIALIDAD E INTERÉS: La prestación debe tener un valor patrimonial
(económico) y ser, por ende, susceptible de apreciación pecuniaria.
Una posición tradicional, que encontró su más caracterizado exponente en Savigny,
proclamo la necesidad de patrimonialidad de la prestación y del interés del acreedor.
Esta interpretación encontraba sustento en ciertos textos del Digesto, que
determinaban la conversión de la obligación en dinero para obtener su exigibilidad
judicial.
Esta cosmovisión fue impugnada por Ihering quien, interpretando de modo diverso
aquellos textos, negó que la patrimonialidad de la prestación y del interés fuesen
requisitos indispensables de la obligación, afirmando que el derecho protege también
intereses morales, afectivos, culturales y no solo económicos.
Con posterioridad Scialoja puso las cosas en su sitio, distinguiendo claramente entre el
interés de la prestación y la prestación en si misma considerada.
El interés de la prestación puede ser patrimonial (económico) o extrapatrimonial y dar
cabida en su seno a intereses morales, artísticos, humanitarios, deportivos, religiosos,
científicos, etc.
La prestación, en cambio, debe necesariamente tener contenido patrimonial y ser
susceptible de apreciación pecuniaria, de lo contrario no sería posible la ejecución
forzosa a expensas del patrimonio del deudor.
En resumen, el objeto de la obligación debe ser siempre susceptible de estimación
pecuniaria, mientras que el interés del acreedor que se procura satisfacer a través del
mismo, puede ser patrimonial o extrapatrimonial.
CAUSA: Al hablar de causa fuente, estamos hablando del conjunto de fenómenos
aptos para generar una relación jurídica obligatoria, este vendría a ser el elemento
esencial y externo de la obligación.
La obligación no nace por generación espontanea, su gestación requiere la presencia
indispensable de una causa fuente, eficiente o generadora que le de vida, no hay, por
lo tanto, obligación sin causa fuente.
Siendo un poco más estricto con el concepto, podríamos decir que es el presupuesto
de hecho al cual el ordenamiento jurídico le otorga idoneidad para generar
obligaciones.
De hecho, el Art. 726 alude a ella cuando dice:
“No hay obligación sin causa, es decir, sin que derive de algún hecho idóneo para
producirla, de conformidad con el ordenamiento jurídico”.
EVOLUCION Y DERECHO COMPARADO: En el antiguo derecho romano solo se
conocieron dos fuentes de obligaciones, el contrato y el delito, esta clasificación
bipartita se refleja en las Institutas de Gayo.
Los delitos y contratos, rígida y tipificadamente concebidos, no absorbían todas las
posibles situaciones aptas para generar obligaciones, pues existían muchas que no
nacían de una u otra fuente.
Esto, posiblemente, llevo al propio Gayo a sustituir su criterio originario por una
tripartición en donde, junto a los delitos y a los contratos, admitía como fuentes de
obligaciones a aquellas que procedían de diferentes causas.
En las Institutas de Justiniano, se dio lugar a la clásica clasificación cuatripartita,
además de las obligaciones nacidas del contrato y del delito, aparecen las que surgen
de cuasicontratos y cuasidelitos.
Muy posteriormente la Escuela Racionalista de Derecho Natural, en el siglo XVII,
enunciaría una nueva y relevante causa fuente de obligaciones, la ley.
No podemos esquivar las críticas que se le hicieron a esta clasificación tradicional.
Según la doctrina, el término “cuasicontrato” surgió como pura contingencia histórica,
su nombre resultaría inadecuado (porque falta lo más característico del contrato, la
voluntad de obligarse).
De esta diferencia de naturaleza, se deriva una importante consecuencia: la capacidad
requerida para constituirse en deudor o acreedor de una relación obligatoria
contractual (capacidad para contratar) no se exige para ser acreedor o deudor en una
hipótesis de "cuasi contrato”.
Si para salvar la categoría del cuasicontrato y su denominación se pusiese la ratio legis
o la razón de ser de este hecho jurídico en la semejanza que existe entre sus efectos y
los efectos de los contratos, tales efectos son obligaciones.
Pero entonces habría que concluir que todos los hechos jurídicos que hacen nacer
obligaciones son cuasicontratos, ya que producen efectos semejantes a los de los
contratos, es decir, producen obligaciones.
También se objeto la mención a los cuasidelitos como fuente de obligaciones, ya que
se trata de una subespecie de un género más amplio, el de los hechos ilícitos.
Su inclusión es cuestionable en cuanto hubiera sido preferible directamente mencionar
a los hechos ilícitos en general, y además, porque tal como se la presenta, la
clasificación excluye otras especies de hechos ilícitos, como aquellas en donde el factor
de atribución es objetivo (por ejemplo, ilícitos riesgosos).
La clasificación tradicional es incompleta, ya que excluye a la voluntad unilateral, al
enriquecimiento sin causa, al abuso del derecho, como posibles fuentes de
obligaciones.
En la actualidad, de modo muy genérico se podría admitir que no habría más que dos
criterios para dividir las fuentes, la voluntad humana plasmada en aquellos actos
jurídicos idóneos para crear obligaciones y la ley.
Sin embargo, esta simplificación llevada al extremo, puede llevar a sostener que
también en los supuestos de creación obligacional por obra de la voluntad es la ley, en
última instancia, quien termina generando dicho efecto.
Con lo cual, también la obligación que reconoce su fuente en la voluntad, por ejemplo,
la de carácter contractual, tendría en última instancia su fuente normativa en el
reconocimiento que la ley efectúa.
La fuente obligacional está dada por el presupuesto de hecho al cual el ordenamiento
jurídico le asigna virtualidad generadora de obligaciones.
En definitiva, el Art. 726 pone en evidencia esta cuestión, ya que para que se genere
una obligación es necesaria la existencia de un presupuesto de hecho al que el
ordenamiento jurídico le otorgue aptitud para generar obligaciones.
Sin embargo, no podemos pasar por alto las fuentes nominadas, estas tienen nombre
propio y gozan de una regulación normativa igualmente específica.
Las principales de estas son:
CONTRATO: Acuerdo de voluntades entre dos o más partes, destinado a crear,
modificar, transmitir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales, el CCyC lo
define en el Art. 957.
El acuerdo de voluntades, tiene por finalidad reglar los derechos de las partes
que contratan, lo cual trasunta la naturaleza del acto jurídico que tiene el
contrato, a la vez que se fijan determinados efectos jurídicos que se
desencadenan a partir de su existencia y eficacia.
Los efectos del contrato incidente no solamente sobre las obligaciones,
creándolas, modificándolas, trasmitiéndolas o extinguiéndolas.
Sino que también proyecto sus efectos con igual intensidad en el ámbito de
otras relaciones patrimoniales, como los derechos reales e intelectuales, tal es
caso de la constitución de hipoteca que tiene efectos reales.
HECHOS ILICITOS
DECLARACION UNILATERAL DE LA VOLUNTAD
ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA
EJERCICIO ABUSIVO DEL DERECHO
LA GESTION DE NEGOCIOS.
DEBER MORAL: Siguiendo a Luis Mosset de Espanes, en un artículo de doctrina de
1998 nos permite entender un poco más sobre esta cuestión.
Los deberes se presentan tanto en el campo del derecho como en otros terrenos (por
ejemplo, la ética); pero, en cualquiera de estos terrenos, carecen de determinación los
elementos que consideramos esenciales para que haya una "relación" jurídica.
Los deberes pesan de manera general e indeterminada sobre todos los sujetos, o sobre
un conjunto de ellos, como sucede con el deber de caridad, en virtud del cual toda
persona pudiente debe ayudar a los más necesitados.
Pero ese deber es un imperativo de conciencia, que indica a todos una conducta
recomendable, sin que determine de manera concreta la existencia de un "deudor", ni
de un "acreedor".
Nadie es, jurídicamente hablando, "deudor" específico del deber de caridad, ni nadie
es "acreedor" específico del deber de caridad.
El deber jurídico de "alimentos" pesa sobre todos los parientes, dentro de cierto grado;
los padres deben alimentos a sus hijos, y los hijos a sus padres.
Pero esto sólo sucede de manera general y ese deber recién se transforma en una
"relación jurídica obligatoria", cuando en un caso concreto un pariente necesita
alimentos, lo que sirve para determinar el "acreedor" de la obligación", y se determina
también cuál es el pariente que atenderá esa necesidad, es decir el "deudor", y cuál es
el monto o cuota alimentaria, es decir el "objeto" de la obligación.
Mientras esto no suceda estaremos simplemente frente a un "deber jurídico" de
alimentos, pero no existirá una "relación obligatoria".
Cuando el deber es "jurídico", y se reúnen las condiciones que configuran el
"presupuesto de hecho" previsto en las normas, se puede recurrir a la justicia para que
se determine la obligación que ese deber "jurídico" hace nacer.
Cuando el deber es moral, no puede -en principio- acudirse a la justicia para reclamar
su cumplimiento.
Es cierto, sin embargo, que por una razón o fundamento ético -lo que demuestra que
la moral y el derecho nunca han estado divorciados- si alguien da una limosna, en
cumplimiento del deber de caridad, no podrá luego solicitar que se le restituya lo que
entregó, aduciendo que "no tenía obligación".
En una primera etapa el derecho reconoce que las "atribuciones patrimoniales"
efectuadas en cumplimiento de deberes morales, son irrepetibles.
Pero aún más, la doctrina moderna reconoce que la "promesa" de cumplir un deber
moral, da nacimiento a una "obligación jurídica exigible".
A los deberes morales se le reconocen dos posibles efectos jurídicos, a saber:
1) Que si alguien, para satisfacer los imperativos de su conciencia entrega una cosa, o
una suma de dinero, o realiza una prestación a favor de otro, esa transmisión de
derechos es perfectamente válida, e instantáneamente esa atribución patrimonial es
irrepetible, pese a que no existía una obligación previa.
2) Sucede también con frecuencia que, no habiendo un "deber jurídico", sino
solamente un deber moral, el sujeto efectúa la promesa de ejecutar a favor de otro
una prestación y, tanto la doctrina, como la jurisprudencia, entienden que esa
declaración de voluntad tiene como efecto engendrar una obligación civilmente
exigible.
Es decir, supongamos que Pedro tiene parientes que están más allá del grado que la
ley fija para establecer el "deber alimentario"; jurídicamente Pedro no está obligado a
pasarles alimentos, y esos parientes nada pueden reclamarle; pero, movido por el
"deber moral" de auxiliar a ese pariente que está en la indigencia, le promete
alimentos para que pueda estudiar, obtener un título y ganarse la vida.
Sucede que luego no cumple, y el pariente, munido de esa promesa, acude ante la
justicia y ésta acoge su acción, considerando que la promesa que efectuó Pedro,
fundada en un deber moral, ha dado nacimiento a una obligación civil exigible.
PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE LA OBLIGACIÓN: Al hablar de dicha cuestión, nos
debemos remitir al Art. 727 del CCyC:
“La existencia de la obligación no se presume. La interpretación respecto de la
existencia y extensión de la obligación es restrictiva. Probada la obligación, se presume
que nace de fuente legítima mientras no se acredite lo contrario.”
En tanto que la obligación impone al deudor la realización del pago, o en caso de no
efectuarlo, sufrir la agresión patrimonial del acreedor que puede exigir ese pago
forzadamente por los medios previstos en el art. 730 CCyC o la indemnización
correspondiente.
Resulta razonable la directiva legal en interés de aquel a quien se pretende señalar
como deudor, de no presumir que la obligación existe, esa exigencia de que el
acreedor demuestre el hecho o acto jurídico que genere esa obligación.
Asimismo, en el art. 727 CCyC se legisla que una vez probado que la obligación existe,
se presume que nace de fuente legítima, de causa fuente lícita, de conformidad con el
ordenamiento jurídico.
Esta presunción puede ser desvirtuada por aquel a quien se atribuye la calidad de
deudor o, eventualmente, por un tercero interesado (Art. 881 CCyC), es una
presunción simple que puede ser desvirtuada.
En definitiva, la existencia de la obligación no se presume, la interpretación respecto
de la existencia y extensión de la obligación es restrictiva, probada la obligación, se
presume que nace de fuente legitima mientras no se acredite lo contrario.
Se debe probar por cualquier medio de prueba la presencia de todos sus elementos, es
decir, sujeto, objeto, causa y vinculo.
Si se probó la entidad cualitativa de su objeto, pero no su cuantía exacta (realidad
posible y frecuente en materia de obligaciones resarcitoria, particularmente
tratándose de años económicos derivados de minoración a la vida o la integridad
psicofísica y espiritual y de daños extrapatrimoniales).
En este caso, el juez no puede rechazar la pretensión aduciendo una pretendida falta
de prueba que en verdad no es tal.
PRESUNCION DE CAUSA LEGÍTIMA: Una vez probada la existencia de la obligación por
el acreedor, se presume que nace de fuente legítima mientras no se acredite lo
contrario.
Dicha cuestión, consagra una presunción iuris tantum de existencia de causa.
Encontramos dos consecuencias relevantes:
La declaración es válida, sin que obste a ello la falta de expresión de la causa.
Quien la invoca esta liberado de probar la causa, la presunción normativo lo
exime de ello.
El artículo 727 se presenta como una consecuencia lógica del artículo 726, en tanto
este proclama el principio de la necesidad de causa fuente, aquel presume la existencia
de causa de manera iuris tantum.
DERECHO DE CREDITO Y DERECHO REAL: El Art. 1882 del CCyC conceptúa al derecho
real como:
“El poder jurídico, de estructura legal, que se ejerce directamente sobre su objeto, en
forma autónoma y que atribuye a su titular las facultades de persecución y preferencia,
y las demás previstas en este Código”.
El derecho real establece una relación directa e inmediata entre el sujeto y el objeto, a
diferencia de lo que sucede en materia de derechos de crédito.
En donde opera una relación entre dos personas, que posibilita al acreedor un poder
jurídico para exigir al deudor el cumplimiento de una determinada conducta apta para
satisfacer un interés de aquel.
En definitiva, el derecho real, se presenta de tal modo, como un derecho patrimonial
de carácter absoluto (esto es, oponible erga omnes), que confiere a su titular un poder
jurídico de estructura legal, directo e inmediato sobre la cosa, naciendo en caso de
violación una acción real.
DIFERENCIAS:
CARÁCTER ABSOLUTO/RELATIVO: Los derechos reales son absolutos en cuanto
imponen un deber general de respeto erga omnes, los derechos de crédito, en cambio,
solo son relativos, en principio solo alcanzan a las partes y a ciertos terceros.
MEDIATEZ O INMEDIATEZ: Los derechos reales son inmediatos, en cuanto la utilidad
es obtenida por el titular directamente de la cosa, sin que medie actuación de persona
alguna.
En cambio, los derechos de crédito son mediatos, ya que, entre el acreedor y el
beneficio o utilidad que procura obtener a través de la prestación esta siempre, al
menos en una primera etapa, la conducta del deudor orientada a satisfacerlo.
ELEMENTOS: Una diferencia importante a nivel de elementos estructurales, que en el
derecho real no existe un sujeto pasivo en la faz interna de la relación jurídica, en
posición similar a la que el deudor tiene en la obligación.
OBJETO: El objeto de los derechos reales es una cosa individualizada y con existencia
actual, también puede consistir en un bien taxativamente señalado por la ley.
En la obligación esta dado por la prestación que es siempre una conducta humana
orientada a satisfacer el interés del acreedor.
FORMA DE CREACION Y NUMERO: La voluntad de las partes no puede crear derechos
reales no reconocidos por el ordenamiento jurídico, su número es cerrado (numerus
clausus).
Es nula la configuración de un derecho real no previsto por la ley, o la modificación de
su estructura.
En cambio los derechos creditorios son de creación particular, por lo que su número
puede ser ilimitado y su contenido ajustarse a la libre iniciativa de los interesados, rige
respecto de ellos, el principio de autonomía de la voluntad, con las restricciones
generales que fija el ordenamiento jurídico.
REGIMEN LEGAL: El régimen de los derechos reales es determinado solamente por ley,
es una consecuencia de su carácter institucional, en su ámbito predomina el orden
público.
Por ende, todo lo atinente a los modos de constitución, elementos, modificación,
transmisión, duración y extinción es establecida solo por la ley.
En cambio, este criterio no rige en materia de derechos de crédito, donde reina el
principio de autonomía privada.
DERECHO DE PERSECUCION: El derecho real confiere a su titular la facultad de
perseguir la cosa en poder de quien se encuentra, este carácter suele ser denominado
inherencia.
IUS PREFERENDI: El derecho real concede a su titular el derecho de preferencia sobre
cualquier otro derecho que sobre la misma cosa haya obtenido oponibilidad
posteriormente.
Los derechos de crédito, en principio, no confieren preferencias salvo la existencia de
privilegios, que siempre son creados por ley y tiene carácter excepcional.
PRESCRIPCION: Algunos derechos reales pueden ser adquiridos por la posesión
continua e ininterrumpida de la cosa durante un cierto tiempo.
En materia de cosas inmuebles, se requieren diez años si media justo titulo y buena fe,
o veinte años si falta alguno de dichos requisitos.
Tratándose de cosas muebles robadas o perdidas, el poseedor de buena fe puede
adquirir por prescripción su dominio, acreditando haber poseído la cosa durante dos
años.
Si la cosa es registrable, el plazo de la posesión útil se computa a partir de la
registración del título.
Los derechos de crédito, en cambio, no se adquieren por prescripción, rige respecto de
ellos la prescripción liberatoria o extintiva, conforme a lo cual el transcurso del tiempo
y la inacción de las partes provocan su extinción.
NACIMIENTO: Los derechos de crédito requieren para su gestación la presencia de una
causa fuente o generadora, esto es, un hecho o acto jurídico.
En los derechos reales sucede algo similar, solo que en algunos casos, para que este
nazca basta con el hecho o acto jurídico (titulo), ejemplo, escritura pública en el
derecho real de hipoteca.
En otros, en cambio, es necesario que exista, además del título, otro acto o hecho
llamado modo (por ejemplo, la tradición de la cosa en el derecho real de dominio).
PUBLICIDAD: Los derechos de crédito, como regla, son ajenos a la publicidad, los
derechos reales, en cambio, requieren necesariamente de un régimen de publicidad
posesoria o registral, que es el que permite inferir su carácter erga omnes.
ACCIONES: Los derechos reales gozan de la protección de las acciones reales, ellas
pueden ser articuladas contra cualquier persona que niegue su existencia, plenitud o
libertad.
Los derechos de crédito generan acciones de esa naturaleza que, como regla, solo
pueden dirigirse contra el obligado.
UNIDAD 2:
GESTION DE NEGOCIOS: Siguiendo a Pizarro y Vallespinos, podríamos decir que, hay
gestión de negocios patrimoniales ajenos cuando una persona capaz (gestor), sin
mandato, se encarga voluntariamente, por propia iniciativa, de conducir o llevar
adelante un asunto de otro (dueño), en cuidado y satisfacción de sus intereses, sin
estar obligada a ello por ley o contrato, ni autorizada a tal efecto.
Precisamente hallamos su definición en el Art. 1781 del CCyC, el cual explaya lo
siguiente:
“Hay gestión de negocios cuando una persona asume oficiosamente la gestión de un
negocio ajeno por un motivo razonable, sin intención de hacer una liberalidad y sin
estar autorizada ni obligada, convencional o legalmente”.
No es un contrato, ya que entre el dueño o titular del negocio y el gestor no media
intercambio alguno de declaraciones constitutivas de un contrato.
Si bien presenta cierta proximidad con el mandato, se aleja del mismo en cuanto la
voluntad del dueño o del titular del interés gestionado se encuentra ausente.
Dicho esto, nos situamos dentro del ámbito de la cooperación gestoría o sin encargo.
La conducción del negocio es por su obra exclusiva, limitada por la utilidad inicial, la
continuación hasta concluirlo, la prudencia y la diligencia exigidas en su actuar.
La actuación del gestor en asuntos ajenos puede consistir en la ejecución de actos
materiales o jurídicos (v. gr., contrato con tercero para efectuar una obra, etc).
Puede dar lugar a dos tipos de actividades:
El primero, formado por actos en los cuales el cuidado de intereses ajenos no quiere
relacionarse con terceros, cuyo objeto es la realización de actos materiales.
El segundo plasmado en actos que exigen relacionarse con terceros, que dan lugar a lo
que se denomina la gestión representativa, referida a actos jurídicos.
Sobre el fundamento de esta figura, se afirma que en la vida negocial cotidiana, lo
habitual es que cada uno atienda sus propios asuntos, es decir que el sujeto del interés
coincide con el del negocio que se regula (Betti, Compagnucci de Caso).
Como consecuencia de ello, la ley protege y a su vez mantiene el principio de no
injerencia en la esfera jurídica ajena.
Pero con carácter excepcional, se admite la posibilidad de intromisión en los asuntos
de otro, sea por razones de equidad (Pothier); porque así lo establece la ley (Llambías)
o por una cuestión de altruismo (Compagnucci de Caso).
REQUISITOS:
ASUME LA GESTION DE UN NEGOCIO AJENO: Para cumplir con esta exigencia no debe
haber conocimiento del dueño del negocio de la actuación del gestor, o aquel debe
estar con una imposibilidad de asumir ese negocio.
Lo importante es que el gestor actúa en interés de otro que no tiene conocimiento de
que se lleva adelante el negocio del cual es dueño, o bien está imposibilitado de
asumirlo u oponerse.
En este último supuesto, debe tratarse de una imposibilidad de oposición, ya que si
guarda silencio, es decir, no se opone pudiendo hacerlo, se configura un mandato
tácito.
El gestor actúa en interés y por cuenta del dueño del negocio, si se trata de actos
ajenos pero que se ejercen como propios, no se daría el presente requisito impuesto
en la norma en estudio.
El gestor debe saber desde el principio que asume la conducción de un negocio que no
es propio, que es ajeno. De lo contrario, podría configurarse un enriquecimiento ilícito
del beneficiario.
Es, por ejemplo, el caso del heredero aparente, quien administra una herencia que es
de otro en la creencia que le era propia, en cuyo caso no tendrá derecho de rembolso
contra el beneficiario de su actuación (verdadero heredero), sino que deberá iniciar la
acción de enriquecimiento ilícito.
REALIZADA OFICIOSAMENTE: Esto significa que una persona asume voluntariamente,
de forma espontánea y con intención de proteger un patrimonio que pertenece a otra
persona, sin tener representación alguna y por un acto unilateral, la realización de un
negocio que no le es propio (es decir, es ajeno).
MEDIAR MOTIVO RAZONABLE: Quien lleve a cabo la gestión debe tener una
justificación para comenzar un negocio ajeno, pues de lo contrario estaría vedada su
intromisión por la prohibición de injerencia en los negocios ajenos.
Es decir, el motivo razonable al que se hace referencia es lo que le da licitud a la
actuación del gestor, que de otra manera tendría prohibido inmiscuirse en el negocio
que no le pertenece.
Ese motivo puede ser un acto espontáneo, de amistad, de humanidad, etc.
Se tiende a evitar, con la razonabilidad, que el gestor haga una invasión en la esfera
privada del gestionado, lo que sería una intromisión ilícita.
Es por ese motivo que su actuación deberá ser en interés del dueño del negocio.
Si el gestionado tiene posibilidades de asumir el negocio —por sí o por otra persona en
su nombre— no se justifica la actuación del gestor, quien de realizar la gestión se
entrometería en asuntos ajenos y se configuraría un acto ilícito.
Lo mismo sucede si hay una prohibición expresa del dueño del negocio, siempre que
no haya un interés propio del gestor, en cuyo caso podrá continuar la gestión bajo su
responsabilidad.
INEXISTENCIA DE INTENCION DE HACER LIBERALIDAD: Con la gestión se intenta
beneficiar al dueño del negocio, por el motivo que sea, sin que eso signifique que se
hace una donación o, mucho menos, que se intenta conseguir una retribución a
cambio, sino todo lo contrario.
El gestor actúa con la intención de obligar al dueño del negocio a que se le rembolsen
los gastos más los intereses desde la fecha en la que se hizo el desembolso.
El gestor interviene en un negocio ajeno o parcialmente ajeno para evitar un perjuicio
del dueño de aquel y no en busca de un provecho propio.
No hay gestión de negocios ajenos cuando lo que intenta el gestor es hacer una
actividad por gratitud o en busca de obtener un lucro a través del gestionado.
Ya que en esos supuestos no existe el elemento esencial que es el de asumir un
negocio que pertenece a otro con intención de obligar al dueño del negocio.
La gestión de negocios ajenos es siempre gratuita, salvo el supuesto contemplado en el
art. 1785, inc. d, CCyC (a repararle los daños que, por causas ajenas a su
responsabilidad, haya sufrido en el ejercicio de la gestión)
Ya que el gestor no tiene derecho a reclamar una retribución por su desempeño, sino
que su petición se limita al rembolso de lo gastado más los intereses.
NO DEBE ESTAR AUTORIZADA NI OBLIGADA, SEA POR CONVENCIÓN O POR
IMPOSICIÓN DE LA LEY: Si la persona que realiza el negocio estaba autorizada por
medio de una convención con el dueño de aquel, lo que existe entre las partes es un
mandato y no una gestión de negocios ajenos.
Lo mismo sucede si es la ley la que impone que la persona que realiza el negocio deba
hacerlo en determinados casos, pues en esos supuestos no existen los restantes
requisitos a los que se hizo referencia con anterioridad.
En resumidas cuentas, no debe existir una relación jurídica preexistente entre el gestor
y el dueño del negocio, ni tratarse de una gestión en cumplimiento de una obligación
legal.
Culminado los requisitos, no se puede pasar en alto que, es preciso que el gestor que
se ocupa libre y espontáneamente de un negocio ajeno, continúe con el mismo hasta
acabarlo.
En caso contrario, no solo no obligara al dueño, sino que podrá incurrir en
responsabilidad por daños derivados del abandono de la gestión frente a él.
“El deber de continuar la gestión debe conciliarse con el de dar aviso al dueño y, por
ende, con el derecho que a este le asiste de ocuparse personalmente de sus asuntos.”
(Mosset Iturraspe).
Si el titular muere, antes de estar terminado el negocio, la obligación de continuarlo
subsiste frente a los herederos hasta que ellos puedan proveer directamente.
OBLIGACIONES DEL GESTOR: ARTÍCULO 1782 CCyC: El gestor está obligado a:
Avisar sin demora al dueño del negocio que asumió la gestión, y aguardar su
respuesta, siempre que esperarla no resulte perjudicial.
Actuar conforme a la conveniencia y a la intención, real o presunta, del dueño
del negocio.
Continuar la gestión hasta que el dueño del negocio tenga posibilidad de
asumirla por sí mismo o, en su caso, hasta concluirla
Proporcionar al dueño del negocio información adecuada respecto de la
gestión.
Una vez concluida la gestión, rendir cuentas al dueño del negocio.
OBLIGACIONES DEL DUEÑO: Artículo 1785 CCyC: Si la gestión es conducida útilmente,
el dueño del negocio está obligado frente al gestor, aunque la ventaja que debía
resultar no se haya producido, o haya cesado:
Reembolsarle el valor de los gastos necesarios y útiles, con los intereses legales
desde el día en que fueron hechos.
Liberarlo de las obligaciones personales que haya contraído a causa de la
gestión.
Repararle los daños que, por causas ajenas a su responsabilidad, haya sufrido
en el ejercicio de la gestión.
Remunerarlo, si la gestión corresponde al ejercicio de su actividad profesional,
o si es equitativo en las circunstancias del caso.
CONDUCCION UTIL: La obligación del gestor es llevar su tarea de manera diligente, lo
que implica que debe cumplir de manera regular su gestión.
La expresión “útilmente” es claramente sinónimo de diligencia, eficacia, y no se refiere
a la utilidad o ganancia alcanzada por la actividad del gestor.
No interesa el resultado de la gestión siempre y cuando aquella se haya ejercido con
eficacia y diligencia.
Es que si se le exigiera al gestor de negocios ajenos que garantice un resultado que
otorgue una ganancia al dueño del negocio, esta figura desaparecería, ya que nadie se
metería en un asunto de este tipo.
Demostrada que la gestión del negocio fue realizada de manera útil (diligente/eficaz),
surgen en cabeza del gestionado una serie de obligaciones frente a quien llevó a cabo
las tareas (gestor), sin importar el resultado de aquella actividad.
No debe confundirse la utilidad de un negocio con el provecho que saque el dueño, la
gestión puede ser conducida útilmente y no representar ningún provecho para el
dueño del negocio.
Por lo tanto, si el gestor no alcanza la ventaja que debía resultar, ya sea por causas
imprevistas o imprevisibles, eso no es obstáculo para considerar que la gestión fue
realizada útilmente.
Para que la intromisión sea conducida útilmente, debe mediar razonabilidad, esto
significa que debe estar justificada la intervención del gestor, de lo contrario no
corresponde que se inmiscuya en asuntos ajenos.
No interesan las buenas intenciones que tenga el gestor, sino que tiene que ser una
intervención razonable y que no se haya podido postergar hasta que el negocio sea
asumido por su dueño.
RESPONSABILIDAD DEL GESTOR POR CASO FORTUITO: Articulo 1787: El gestor es
responsable ante el dueño del negocio, aun por el daño que resulte de caso fortuito,
excepto en cuanto la gestión le haya sido útil a aquél:
Si actúa contra su voluntad expresa.
Si emprende actividades arriesgadas, ajenas a las habituales del dueño del
negocio.
Si pospone el interés del dueño del negocio frente al suyo.
Si no tiene las aptitudes necesarias para el negocio, o su intervención impide la
de otra persona más idónea.
El inc. a se refiere a la actuación que lleva adelante el gestor cuando el dueño del
negocio expresamente le prohibió que realizase tal actividad.
Al actuar contra la voluntad del gestionado, se produciría una injerencia en la esfera
privada de aquel y, de este modo, la gestión sería ilícita.
O bien, se puede interpretar que la persona que actúa de esta manera, es decir, en
contra de la voluntad del dueño del negocio, lo hace con intención de hacer una
liberalidad.
De allí que el gestor no tenga derecho a reclamar suma alguna desembolsada después
de la negativa del dueño del negocio y, además, que deba responder por los daños
generados a este último por el caso fortuito, salvo que demuestre que hubo un
beneficio del gestionado a raíz de su actuación.
El inc. b es cuando el gestor encara una gestión de manera imprudente, al hacer
operaciones arriesgadas y peligrosas que el dueño del negocio no hubiese
emprendido, y con ella se generan daños al gestionado, los que deberán ser
resarcidos.
Por más que luego el gestor demuestre que en esa maniobra arriesgada y peligrosa
prestó la mayor diligencia posible, deberá igualmente responder.
En estos casos, el gestor del negocio ajeno también responderá por las consecuencias
que no son previsibles, es decir, por caso fortuito, a no ser que esas operaciones
representaron algún provecho para el gestionado.
Ahora, si el dueño del negocio acostumbraba a realizar este tipo de actividades
(arriesgadas o ajenas a las habituales), la gestión se considerará útil con las
consecuencias que esto significa.
Respecto de la responsabilidad que establece el inc. c, hay que señalar que acá se
desnaturaliza el instituto, ya que el gestor deja de actuar en interés del dueño del
negocio para hacerlo en el suyo propio.
Esta conducta es claramente indebida y, por lo tanto, el gestor responderá por los
daños ocasionados al gestionado, por su culpa.
Además, por lo estipulado en el presente inciso, no puede invocar el caso fortuito para
liberarse, a no ser que su actividad haya sido útil para el dueño del negocio.
En relación a lo que señala el inc. d, es evidente que llevar adelante un negocio cuando
no se tiene la idoneidad para hacerlo es un obrar culposo.
Ya que es un comportamiento que al menos es negligente desde el principio, y que
más que beneficiar al dueño del negocio le va a generar un gran perjuicio.
Por ese motivo, si el gestor no es competente para llevar adelante el negocio deberá
abstenerse de hacerlo, ya que corre el riesgo no solo de responder por los perjuicios
que genere al gestionado, sino también por caso fortuito.
APLICACIÓN DE NORMAS DE MANDATO: ARTÍCULO 1790:
“Las normas del mandato se aplican supletoriamente a la gestión de negocios. Si el
dueño del negocio ratifica la gestión, aunque el gestor crea hacer un negocio propio, se
producen los efectos del mandato, entre partes y respecto de terceros, desde el día en
que aquélla comenzó.”
Las normas del mandato le resultan aplicables, al menos en las siguientes
circunstancias:
En forma supletoria: Cuando no hubiere una norma específica de derecho para regular
una situación de hecho que involucra a esta figura.
Cuando el dueño del negocio ratifica la gestión: En este supuesto, se producen los
efectos del mandato entre las partes y frente a terceros, desde que la gestión se inició,
aun si el gestor creyó estar haciendo un negocio propio.
DIFERENCIAS CON EL MANDATO: Es fácil de distinguir el instituto bajo análisis con el
mandato expreso, ya que en este último hay un contrato que liga a las partes.
Es decir, un acuerdo de voluntades entre el dueño del negocio (mandante) y quien
realiza esa gestión (mandatario), lo que no sucede en la gestión de negocios ajenos, en
donde no hay autorización ni obligación previas de llevar adelante aquella actividad.
Además, el mandato solamente se refiere a actos jurídicos, mientras que la gestión de
negocios ajenos puede tratarse también de actos materiales.
Quizás lo más difícil de distinguir en la práctica es el mandato tácito de la gestión de
negocios ajenos.
Para establecer esa diferencia debe estarse al conocimiento que tiene el dueño del
negocio sobre la actividad que ejerce el gestor.
Si hay conocimiento del dueño y no lo impide, pudiendo hacerlo, se entiende que hay
mandato tácito.
Por el contrario, si el dueño del negocio ignora la gestión, o cuando tiene conocimiento
de aquella pero está imposibilitado de oponerse, se estará ante la gestión de negocios
ajenos, cuya ratificación posterior por el gestionado traerá aparejado los efectos del
mandato desde el día en que la gestión comenzó.
EFECTOS DE LA GESTION RESPECTO A TERCEROS: Existen gestiones de negocios que
pone en contacto como mínimo a tres protagonistas y a tres esferas patrimoniales, el
titular, el gestor y el tercero.
Se trata de supuestos muy variados, como el pago o el cobro de una deuda, la compra
de un bien, el arrendamiento de un inmueble, la aceptación de una deuda, etc.
A PRIORI RATIFACION: Sea que el gestor haya contratado a nombre propio o en
nombre del titular, queda personalmente obligado frente al tercero, quien solo tiene
acción contra el gestor y no puede accionar contra el titular.
El gestor solo se libera si el dueño ratifica expresa o tácitamente su gestión (tal ocurre
cuando asume las obligaciones del gestor), siempre que no resulten afectados
derechos de terceros de buena fe.
A POSTERIORI RATIFICACION: La solución es distinta después de que media ratificación
de la gestión por parte del titular, o cuando asume las obligaciones del gestor o cuando
esta es útilmente conducida.
La ratificación de la gestión se produce por un acto jurídico unilateral, emanado del
titular, de la gestión.
La ratificación de la gestión por el dueño determina que se produzcan los efectos del
mandato, tanto entre partes, como respecto de tercero, con efecto retroactivo al día
en que ella comenzó.
Conforme lo dispone el artículo 1789, es el titular quien queda obligado frente a los
terceros por los actos cumplidos en su nombre.
Va de suyo que el gestor queda liberado siempre que esto no afecte a terceros de
buena fe.
SOLIDARIDAD: ARTÍCULO 1788. “Son solidariamente responsables:
a) los gestores que asumen conjuntamente el negocio ajeno;
b) los varios dueños del negocio, frente al gestor.”
En caso de pluralidad de gestos que asumen conjuntamente un negocio ajeno, todos
ellos responden solidariamente frente al titular, sin perjuicio de las acciones de regreso
que puedan corresponder.
De igual modo, habiendo pluralidad de dueños de un negocio, cualquiera sea la causa
o titulo que revistan, todos ellos responden solidariamente frente al gestor.
CONCLUSION: La gestión de negocios puede finalizar:
Por conclusión del negocio, estando presentes todos los requisitos de la figura, la
gestión de negocios concluye como tal y obliga al dueño.
O cuando el dueño se hace cargo de sus asuntos, superada la situación de ausencia o
de dificultad que le imposibilitaba realizar personalmente o por apoderado su
actuación.
En este caso, por resultar ajena al gestor la causa que le impide terminar la gestión,
tendrá derecho a que el dueño cumplas con las obligaciones que le impone el Art.
1785.
EMPLEO UTIL: Hay empleo útil cuando, sin ánimo de liberalidad, se realiza cualquier
inversión que aumenta el patrimonio de otra persona.
El nuevo Código propone un tratamiento diferenciado del empleo útil, dedicándole un
capítulo y considerándolo una fuente más de las obligaciones.
También define esta figura, en los siguientes términos:
"Quien, sin ser gestor de negocios ni mandatario, realiza un gasto, en interés total o
parcialmente ajeno, tiene derecho a que le sea reembolsado su valor, en cuanto haya
resultado de utilidad, aunque después ésta llegue a cesar.
El reembolso incluye los intereses, desde la fecha en que el gasto se efectúa".
El empleo útil es cuando una persona realiza un gasto que beneficia a determinada
persona sin tener mandato de este último, ni ser un gestor de negocios ajenos.
En este supuesto, quien hizo la erogación tendrá derecho a reclamar de quien
aprovecha el empleo útil (beneficiario) el rembolso de su valor, siempre que aquel
haya resultado de utilidad en algún momento, aunque luego esa utilidad haya cesado.
Lo importante del empleo útil es que se refiere a un gasto, y no a la administración o la
gestión de negocios, ni tampoco hay intención de obligar al beneficiario con terceros.
Es un gasto que realiza una persona y que tendrá esta figura para reclamar que se le
devuelva el dinero gastado, más sus intereses desde que se hizo la erogación.
El fundamento de este instituto es el enriquecimiento sin causa en el que estaría
inmerso el beneficiario del gasto realizado.
Por lo tanto, es una subespecie del enriquecimiento sin causa.
No es sencillo observar diferencias conceptuales entre el empleo útil y la gestión de
negocios, salvo por la "intención" de realizar un negocio ajeno, que la doctrina señala
como un requisito propio esta última figura, y que no resulta necesario en el empleo
útil.
Por lo demás, este instituto aparece asociado exclusivamente a gastos realizados en
dinero, y a situaciones en las cuales tales erogaciones se hacen por razones ajenas al
beneficio de quien luego debe el reembolso.
Así, el ejemplo específicamente regulado en la ley se refiere a los gastos funerarios que
podrá realizar una persona no obligada, por razones de humanidad y para que el
fallecido reciba un entierro decoroso.
La ley establece un derecho al reembolso de parte del solvens, siempre que tales
gastos hubieren sido razonables en función de las circunstancias de la persona y los
usos del lugar.
Pero podemos mencionar otros ejemplos: Si el dueño de una finca adquiere costosa
tecnología especial para riego y al aplicarla, logra administrar agua suficiente para sus
propias plantaciones y las de su vecino, podrá reclamar un reembolso proporcional de
los gastos realizados de parte del vecino beneficiado.
Y ello será así, aunque la única intención del acreedor, haya sido hacer una inversión
productiva para su propio campo.
Sin embargo, la valoración del beneficio deberá realizarse en función de circunstancias
de personas, tiempo y lugar, a la luz del principio de buena fe y respetando los
intereses de los distintos sujetos involucrados.
Algunos ejemplos que ilustran al empleo útil son:
Cuando una persona realiza gastos necesarios y urgentes de asistencia médica y
alimentos, los materiales para la construcción pagados por la novia para edificar en el
terreno de su pareja y después se rompe el noviazgo, etc.
GASTOS FUNERARIOS: Un supuesto de aplicación del empleo útil lo podemos
encontrar en el Art. 1792, el cual dispone:
“Están comprendidos en el art. 1791 los gastos funerarios que tienen relación
razonable con las circunstancias de la persona y los usos del lugar”.
Son gastos funerarios todos aquellos que son razonablemente necesarios para la
inhumación de los restos mortales del difunto.
Están al margen del concepto los que realicen con posterioridad a la sepultura, tales
como funerales, misas, homenajes póstumos, erección de mausoleos, etc.
OBLIGADOS AL REEMBOLSO: Art. 1793:
“El acreedor tiene derecho a demandar el reembolso:
a) a quien recibe la utilidad
b) a los herederos del difunto, en el caso de gastos funerarios
c) al tercero adquirente a título gratuito del bien que recibe la utilidad, pero sólo hasta
el valor de ella al tiempo de la adquisición.”
Analizando dichos supuestos podríamos establecer lo siguiente:
QUIEN RECIBE LA UTILIDAD: Cuando se hace el gasto como consecuencia de esta
figura, el principal obligado será el beneficiario de aquel gasto.
Por lo tanto, el acreedor (quien hizo el desembolso) tendrá derecho a reclamar el
rembolso al beneficiario o, en términos del artículo, de quien recibe la utilidad.
Por consiguiente, para identificar al obligado al rembolso, es aquella persona que
recibe una utilidad como consecuencia del gasto abonado por el acreedor.
Aquel que se beneficia con ese pago, deberá devolver lo abonado por quien hizo el
desembolso.
LOS HEREDEROS DEL DIFUNTO: Ellos quedarán obligados frente a aquella persona que
realiza las erogaciones vinculadas con los gastos funerarios.
Los herederos harán frente a su obligación con los bienes de la herencia y en
proporción a lo que le corresponda a cada uno.
Cuando esos bienes sean insuficientes o directamente no existan, los herederos
deberán igualmente pagar al acreedor, ya que en el artículo la deuda no se pone a
cargo de la sucesión.
AL TERCERO ADQUIRENTE A TÍTULO GRATUITO DEL BIEN QUE RECIBE LA UTILIDAD:
Este supuesto es cuando la cosa que se incrementa en su valor como consecuencia del
empleo útil es transferida a un tercero a título gratuito.
En ese caso, el acreedor podrá reclamar el valor de los gastos y sus intereses a quien lo
posee, pero con la limitación de que aquel importe no deberá exceder el valor de la
cosa al tiempo de la adquisición.
También tiene la opción de ir contra el que transmite la cosa con mayor valor en forma
gratuita.
De tratarse de un supuesto de transmisión a título oneroso del bien que recibe la
utilidad, el empobrecido carece de acción contra el nuevo titular de la cosa.
Pero mantiene la acción contra el anterior propietario, es decir, aquel que tenía la cosa
al momento de realizarse el empleo útil y que luego fue transferida onerosamente.
ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA: Nuestro CCyC menciona en el Art. 1794:
“Toda persona que sin una causa lícita se enriquezca a expensas de otro, está obligada,
en la medida de su beneficio, a resarcir el detrimento patrimonial del empobrecido.
Si el enriquecimiento consiste en la incorporación a su patrimonio de un bien
determinado, debe restituirlo si subsiste en su poder al tiempo de la demanda.”
Los vienen que componen el patrimonio de una persona pueden estar sometidos a
cambio de titularidad que no siempre operan de la misma manera.
Por lo general, tales desplazamientos suelen ser consecuencia de un antecedente
jurídico lícito, que actúa como causa jurídica de los mismos.
Sin embargo, puede suceder que dichas mutaciones de titularidad operen a costa de
otro, sin que exista un titulo o causa legítima que justifique ese traspaso.
Con evidente beneficio para alguien que se enriquece y correlativa disminución para
otro que se empobrece.
En tal caso, nos hallamos frente a la figura del enriquecimiento sin causa que, bajo
ciertas condiciones, genera una obligación restitutoria.
Que tiene como acreedor al empobrecido por la traslación de un bien o de un valor de
su patrimonio y como deudor, al enriquecido.
La prestación dimana del enriquecimiento sin causa, al que la ley le asigna, bajo ciertas
condiciones, virtualidad generadora de obligaciones.
En otras palabras, el instituto del enriquecimiento sin causa puede definirse como
aquel principio general del derecho por el cual nadie puede enriquecerse a expensas
del patrimonio de otro, sin ningún motivo legítimo.
La figura en estudio representa una fuente autónoma de obligaciones pues origina un
deber de restitución o reintegro.
El empobrecido cuenta con la llamada acción in rem verso, cuyo objetivo es la
restitución del bien o cosa, o en su caso, su valor cuando no se encontrare la cosa en
ese patrimonio.
IMPORTANCIA DE LA ACCIÓN: La reparación no puede exceder el enriquecimiento del
deudor ni tampoco el efectivo empobrecimiento del acreedor.
El límite de la restitución siempre será la cantidad menor.
De esta manera, si el empobrecimiento es mayor, el deudor pierde todo su beneficio y
permanece en el empobrecido una pérdida que no podrá recuperar.
Si, en cambio, el enriquecimiento es mayor, el acreedor obtiene toda su pérdida y
queda en cabeza del deudor un remanente de beneficio.
PAGO INDEBIDO: Siguiendo a Pizarro y Vallespinos, resulta más apropiado utilizar la
terminología que emplea el Código Civil español “Del cobro de lo indebido”.
Porque la palabra “pago” presupone la existencia una relación jurídica obligatoria, que
se extingue mediante ese acto.
Mientras que en esta figura encontramos una atribución patrimonial que no tiene
como base una obligación previa y por esa causa, precisamente, constituye una fuente
de obligaciones.
Si el pago efectuado carece de fundamentos, éste no produce efectos extintivos ya que
no existe obligación antecedente a cumplir.
A su vez, quien efectuó el desembolso tiene derecho al recupero y nace la obligación
de restituir, a cargo de quien recibió la prestación.
El pago indebido no aparece regulado como una especie de pago en el nuevo Código,
en este caso no se trata del cumplimiento de una obligación, ni concurren los
elementos que tipifican este modo extintivo de las obligaciones.
Sobre su naturaleza jurídica, si bien la doctrina ha asociado el pago indebido a un
supuesto anormal de pago, a un cuasicontrato, o bien a una fuente autónoma de las
obligaciones, el Código aprobado regula la figura como una especie de
enriquecimiento sin causa.
DISTINTOS SUPUESTOS: Dentro del llamado “pago indebido” se incluyen en el CCyC los
siguientes supuestos:
Pago sin causa
Pago realizado en virtud de una obligación cuya causa es ilícita o inmoral
Pago obtenido por medios ilícitos.
PAGO SIN CAUSA: El llamado pago sin causa se configura toda vez que se realice una
traslación patrimonial que con aspecto de pago (que no es tal), luzca orientada a
extinguir una obligación que no existe válidamente como tal.
Todo pago supone la preexistencia de una obligación.
En definitiva, el pago sin causa es aquel realizado cuando no hay obligación, o cuando
el accipiens no es acreedor, o cuando el solvens no es deudor, o no es deudor de
aquello que paga.
PAGO DE CAUSA ILICITA O INMORAL: Requiere torpeza por parte del solvens, además
de falta de conciencia sobre el carácter ilícito del pago, si se pretende la repetición de
lo abonado.
Esto es así, ya que la ley procura disuadir conductas ilícitas e inmorales y restarles
protección normativa.
PAGO POR MEDIOS ILICITOS: Se trata de un supuesto en el que la causa del pago es
lícita pero en virtud de la ilicitud de los medios utilizados para conseguirlo (violencia
física o moral hacia el solvens) el ordenamiento legal lo invalida.
La ley no quiere consentir los efectos legales de un procedimiento ilícito, aun cuando el
accipiens tenía derecho a recibir el pago porque había una causa lícita.
Así, quien ha obtenido el pago deberá devolverlo, y luego reclamar su crédito.
IRRELEVANCIA DEL ERROR: La irrelevancia del error para acudir a la repetición es un
corolario de la idea de que el pago indebido es un supuesto de enriquecimiento sin
causa.
En este entendimiento, el principio que prohíbe enriquecerse a costa de otro sin una
causa lícita no puede ser soslayado porque el solvens haya actuado con torpeza.
En otras palabras, no corresponde analizar si el error es excusable ya que el
fundamento de la acción de repetición reside en el principio del enriquecimiento sin
causa y se basa en la falta de título justificativo que legitime la permanencia de un
valor ajeno al patrimonio del accipiens.
ALCANCE DE LA REPETICION: La repetición obliga a restituir lo recibido, conforme a las
reglas de las obligaciones de dar para restituir.
Sin embargo, la ley prevé las siguientes excepciones a tal principio
Primero, la restitución a cargo de una persona incapaz o con capacidad restringida no
puede exceder el provecho que haya obtenido.
Dada la protección especial de la cual son merecedoras, en su caso, la obligación de
restitución se limita a la utilidad recibida por causa del pago, a pesar de la falta de
alguno de sus elementos esenciales.
Segundo, los supuestos en los cuales quien recibió el pago indebido de buena fe,
destruyó el título representativo de la deuda (ej.: un cheque, un pagaré, etc.), o bien
renunció a las garantías en virtud de dicho pago (ej.: fianzas, hipotecas, etc.), no
corresponde la restitución.
El legislador se pronuncia en este caso en favor de quien obrando rectamente, se
deshizo de los elementos de resguardo de su crédito a raíz del pago indebido, aunque
asigna al pagador, el derecho de subrogación legal
En tercer lugar, en el caso de pago de causa ilícita o inmoral, sólo la parte que no actúa
con torpeza tiene derecho a la restitución.
Y si ambas partes actúan torpemente, el crédito tiene el mismo destino que las
herencias vacantes, es decir que en principio será beneficiario de su monto el Estado
Argentino, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o el de la provincia donde el pago
se realice.
OBLIGACIONES PUTATIVAS: Se denomina obligación putativa a aquella que solo se
encuentra fundada en la creencia del deudor, sin causa alguna que justifique su
existencia.
Se trata, del tal modo, de una obligación inexistente por ausencia de uno de sus
elementos esenciales: la causa fuente.
No habiendo obligación, mal puede exigirse su cumplimiento, ni atribuírsele efecto
jurídico alguno a cualquier acto de documentación o de pago de la misma.
De suceder esto último, el desplazamiento patrimonial efectuado seria repetible, por
tratarse de un pago sin causa.
DECLARACION UNILATERAL DE VOLUNTAD: La declaración de voluntad unilateral
puede considerarse fuente de obligaciones, si se acepta que la voluntad de una
persona es apta para crear obligaciones perfectamente válidas y exigibles a su cargo,
aun antes de la concurrencia de la voluntad del acreedor.
Así las cosas, es el deudor quien se crea obligaciones cuyo incumplimiento dará lugar a
la responsabilidad civil.
Y la aceptación por parte del beneficiario de la promesa unilateral, dará nacimiento al
derecho de crédito, con efecto retroactivo al día del compromiso o según se pacte.
De acuerdo al Código aprobado, que sigue el criterio de la doctrina mayoritaria, la
declaración unilateral de voluntad causa una obligación jurídicamente exigible en los
casos previstos por la ley o por los usos y costumbres, y se aplican a ella
subsidiariamente las normas relativas a los contratos.
Además, se regulan expresamente especies relevantes de esta fuente como la
promesa pública de recompensa y el concurso público.
REGLA GENERAL: Dispone el Art. 1800:
“La declaración unilateral de voluntad causa una obligación jurídicamente exigible en
los casos previstos por la ley o por los usos y costumbres. Se le aplican subsidiariamente
las normas relativas a los contratos.”
La regulación normativa parte de la base de que, como regla, la declaración unilateral
de la voluntad, por si sola, no es fuente de obligaciones.
Sin embargo, admite dos excepciones relevantes:
1) Cuando la propia ley determina lo contrario y establece que aquella pueda por si
sola producir efectos generadores de obligaciones.
2) Cuando los usos, prácticas y costumbres vinculantes determinen similar efecto.
El código contiene una regulación específica de carácter general y de algunas tipologías
especificas de obligaciones nacidas de la voluntad unilateral.
RECONOCIMIENTO Y PROMESA DE PAGO: Menciona el Art. 1801:
“La promesa de pago de una obligación realizada unilateralmente hace presumir la
existencia de una fuente válida, excepto prueba en contrario. Para el reconocimiento se
aplica el artículo 733.”
Se trata de manifestaciones de voluntad por las que el deudor admite estar obligado al
cumplimiento de una prestación, o bien se expresa formalmente en el sentido de que
cumplirá con la prestación debida.
Cuando estos compromisos se manifiestan de manera unilateral, hacen presumir la
existencia de una fuente válida, excepto prueba en contrario.
Es un acto unilateral, ya que no depende de la aceptación del acreedor para su
configuración ya que es suficiente con la manifestación de voluntad del deudor de
reconocer la deuda.
Es irrevocable, en la medida que una vez realizada la declaración, no cabría revocarla.
Es declarativo, devela la existencia de una obligación preexistente que sería la razón
determinante del acto jurídico. Requiere que se identifique el acreedor y el crédito.
La norma dispone que con la promesa de pago de una obligación realizada
unilateralmente se presume la existencia de una fuente válida, excepto prueba en
contrario.
En este sentido, el ordenamiento legal supone la validez y el carácter vinculante de la
promesa y pone en cabeza del promitente la carga de probar la inexistencia de una
fuente válida.
CARTAS DE CREDITO: Dispone el Art. 1802:
“Las obligaciones que resultan para el emisor o confirmante de las cartas de crédito
emitidas por bancos u otras entidades autorizadas son declaraciones unilaterales de
voluntad. En estos casos puede utilizarse cualquier clase de instrumento particular.”
Las cartas de crédito son instrumentos típicos del comercio internacional, que por lo
general acompañan a un contrato de compraventa internacional, con independencia
jurídica.
En virtud de ellas el emisor se obliga de manera unilateral e irrevocable a pagar al
beneficiario el crédito instrumentado, ante la simple presentación de dicha
documentación.
PROMESA PUBLICA DE RECOMPENSA: En este supuesto, alguien se obliga a ejecutar
una prestación a favor de quien realice ciertos actos o posea condiciones
determinadas, haciendo al efecto una promesa de carácter público.
Las promesas públicas, en general, y de recompensa, en particular, tienen importancia
como instrumento de obtención, de cooperaciones de importantes sectores de la
población, para la consecución de ciertos resultados.
Se trata de un acto jurídico unilateral, en virtud del cual “el agente se compromete a
satisfacer una prestación a favor de quien realice el hecho impuesto como condición”.
De acuerdo al art. 1803 del Código aprobado:
"El que mediante anuncios públicos promete recompensar, con una prestación
pecuniaria o una distinción, a quien ejecute determinado acto, cumpla determinados
requisitos o se encuentre en cierta situación, queda obligado por esa promesa desde el
momento en que llega a conocimiento del público".
La promesa debe precisar de manera clara cuál es el hecho futuro (supuesto factico) a
cuya realización se subordina la recompensa.
La ley dispone además sobre algunos aspectos relevantes que hacen al funcionamiento
de este instituto, que son los siguientes:
PLAZO: Si la promesa se formula consignando el plazo de su vigencia, se estará a dicho
plazo.
En cambio, si la promesa se formula sin plazo (expreso o tácito), ésta caduca a los seis
(6) meses contados desde el último acto de publicidad, si nadie comunica al
promitente el acontecer del hecho o de la situación prevista.
ATRIBUCIÓN DE LA RECOMPENSA: Puede suceder que más de una persona realice el
acto, cumpla con las condiciones o bien se encuentre en la situación prevista al
ofrecerse la recompensa.
En tal supuesto, debe determinarse quién o quiénes serán los beneficiarios de tal
recompensa.
Al respecto, la ley establece las siguientes soluciones:
CUMPLIMIENTO POR VARIAS PERSONAS SEPARADAMENTE: La recompensa
corresponde a quien primero comunico tal cumplimiento al promitente en
forma fehaciente, pero si la notificación es simultánea, el promitente debe
distribuir la recompensa en partes iguales.
A su vez, si la prestación es indivisible, se atribuye por sorteo.
CUMPLIMIENTO POR VARIAS PERSONAS EN COMÚN: se aplica el criterio
acordado por los contribuyentes, siempre que hubiere sido comunicado al
promitente en forma fehaciente.
En subsidio, el promitente entrega lo prometido por partes iguales a todos y, si
es indivisible, lo atribuye por sorteo. Esta solución no excluye las acciones
internas entre contribuyentes, a dirimirse mediante amigables componedores
REVOCACIÓN: Cuando la promesa se formuló por un plazo (expreso o tácito), no existe
libertad del promitente para revocarla, sino que requiere de la invocación de una justa
causa.
En cambio, si la recompensa se ofreció públicamente sin fijación de un plazo, ésta
puede ser retractada en todo tiempo por el promitente.
Sobre los efectos de la revocación, se dispone que éstos operan desde su publicidad en
un medio idéntico o equivalente al utilizado para la promesa.
Y la revocación resulta inoponible a quien ejecutó el acto o bien cumplió con las
condiciones previstas antes del primer acto de publicidad de la revocación.
CONCURSO PÚBLICO: Un concurso es una convocatoria planificada y reglamentada de
personas humanas o jurídicas, con el objeto de ser sometidos a una selección
específica.
Por lo general, bajo forma de ordenación en función de meritos, capacidades o
aptitudes que se demuestran mediante pruebas, por puntuación de antecedentes o
por sistemas mixtos.
En todo concurso público hay una convocatoria igualmente pública en donde se
especifican las condiciones del mismos y los requisitos.
También en este supuesto, el nuevo Código regula con cierto detalle el funcionamiento
del instituto, pudiendo considerarse que brinda un conjunto de reglas mínimas
aplicables a concursos públicos, y asimismo a licitaciones.
En este sentido, se establece:
REQUISITOS DE VALIDEZ: La promesa de recompensa al vencedor de un concurso
requiere necesariamente de un anuncio que contenga el plazo otorgado para la
presentación de los interesados y de realización de los trabajos previstos.
DESTINATARIOS DE LA PROMESA: Puede dirigirse a cualquier persona o a personas
determinadas por ciertas calidades que deben ser claramente anunciadas.
Por supuesto que un concurso puede llegar a tener como destinatario a un
determinado grupo de personas, sin embargo el llamado a participar en los concursos
no puede ser arbitrario y así evitar la participación de ciertas personas.
En otras palabras, los concursos no pueden ser discriminatorios en cuanto a raza, sexo,
religión, ideología o cualquier otro llamado que haga una diferencia arbitraria.
Sin embargo, está permitida la discriminación positiva, que consiste en la disposición
de acciones o la toma de medidas tendientes a remover desigualdades.
Esta prohibición de realizar llamados que impliquen diferencias arbitrarias denota la
idea de la constitucionalización del derecho privado, al estar ligado con lo dispuesto en
el art. 43 CN que prevé la acción de amparo contra cualquier forma de discriminación.
ASIGNACIÓN DEL PREMIO: Esta corresponde al jurado designado y publicitado, cuyo
dictamen obliga a los interesados.
A falta de designación de un jurado, se entiende que la adjudicación queda reservada
al promitente.
Cuando todos o varios de los concursantes tienen el mismo mérito, corresponde la
distribución del premio en partes iguales entre los designados.
Si el premio es indivisible, se adjudica por sorteo.
Si bien estas reglas se prevén para las decisiones del jurado, entendemos que también
resultan aplicables a las decisiones del promitente cuando no hubiere jurado, si se
organizó un sistema de asignación legítimo de premios y fue debidamente publicitado.
CESIÓN DE DERECHOS PECUNIARIOS SOBRE LA OBRA: En tanto los concursos con
premio referidos a obras artísticas o científicas habitualmente significan la promoción
de sus resultados y el reconocimiento de creadores nóveles.
Muchas veces el promitente se reserva los derechos económicos de la obra a cambio
de tal promoción y de la asunción de los costos que significa el concurso.
La ley reconoce tal facultad pero con límites: dicha transmisión de derechos sólo es
admisible si fue prevista en las bases del concurso, y por lo tanto, conocida y aceptada
por los destinatarios.
GARANTÍAS UNILATERALES: Se trata de garantías abstractas que no se subordinan a la
obligación principal, y que obligan al garante a cumplir ante el primer reclamo del
acreedor, impidiéndole oponer las defensas o excepciones que asisten al deudor del
contrato-base.
Se utilizan frecuentemente en los negocios internacionales, contribuyendo a su
efectivización, cuando por ejemplo, el contratante del producto o servicio desconoce
la competencia técnica o patrimonial del proveedor, por residir éste en el exterior.
Por ejemplo, si un exportador celebra un contrato de provisión de bienes o de servicios
con un importador del exterior, podrá acordarse el deber de aquél de aportar una
garantía respecto de uno o varios aspectos del contrato.
Que comprometa al garante a cumplir esas obligaciones, o bien a abonar una suma de
dinero determinada al importador, cualquiera que sea la causa por la cual no se ha
verificado el cumplimiento de la obligación referida.
En estos casos, generalmente un banco asume el rol de garante.
Asimismo, estas garantías son usuales ante la ejecución de grandes obras (ej.:
construcción de una represa hidroeléctrica), ya que permiten sumar un responsable
adicional ante el eventual incumplimiento del deudor y así facilitar la concreción de un
negocio de envergadura.
El Código aprobado, reconoce estas figuras asociándolas a las llamadas "garantías de
cumplimiento a primera demanda" o "a primer requerimiento".
Y las califica expresamente como declaraciones unilaterales de voluntad.
Ante el cumplimiento por el garante, deja a salvo la repetición contra el beneficiario, el
ordenante o ambos.
Con respecto a estas, el CCyC apropiadamente regula en los artículos 1810 a 1814.
Sus caracteres generales son los siguientes:
1) Son emitidas unilateralmente y con efecto vinculante por el constituyente o emisor.
2) Tienen carácter abstracto, el constituyente se obliga a cumplir con abstracción e
independencias de las defensas o excepciones causales que pueda tener.
3) Dado que ellas son propias de grandes operaciones y conllevan un alto riesgo
financiero, solo pueden ser emitidas por personas jurídicas públicas.
Por personas jurídicas privadas en las que sus socios, fundadores o integrantes no
respondan solidaria e ilimitadamente.
Y en cualquier, por entidades financieras, compañías de seguros, y por importadores y
exportadores por operaciones de comercio exterior, sean o no parte directa en ellas.
4) Rige el principio de libertad de formas impuestas (instrumento público o privado).
Cuando son otorgadas por entidades financieras o compañías de seguros pueden ser
plasmadas en cualquier acto de instrumento particular.
5) A menos que en el acto de creación se disponga lo contrario, son irrevocables.
UNIDAD 3:
EFECTOS DE LAS OBLIGACIONES CON RELACIONES AL ACREEDOR: Si el deudor no
cumple voluntariamente con la prestación, el acreedor cuenta con diversas vías para
obtener la satisfacción de su crédito.
Estas vías ahora se enuncian en el art. 730 CCyCN y responden al siguiente esquema:
CUMPLIMIENTO FORZADO: En primer término y ante el incumplimiento espontáneo
por parte del deudor, el acreedor tiene derecho a emplear los medios legales para que
el deudor le procure aquello a que se ha obligado (art. 730 inc. a).
Se trata evidentemente de recursos que suponen el ejercicio de acciones judiciales, no
pudiendo en estos casos hacer el acreedor justicia por mano propia.
Luego de su trámite, se dictará una sentencia que de ser favorable al acreedor, le
permitirá contar con el auxilio de la fuerza pública para lograr el cumplimiento de la
obligación.
Además, este tipo de cumplimiento tiende a satisfacer el interés del acreedor in natura
o en especie, procurando la ejecución de la prestación debida de manera exacta.
Ahora bien, la posibilidad de recurrir al cumplimiento forzado tiene sus límites,
variables según el tipo de obligación comprometida.
En el supuesto de obligaciones de dar, tal cumplimiento sólo será factible si la cosa
existe y se encuentra en el patrimonio del deudor.
Vemos ejemplos de esta vía de acción en el lanzamiento por la fuerza pública en casos
de desalojo por incumplimiento; en embargos trabados sobre bienes muebles e
inmuebles y en el secuestro de cosas muebles para su posterior entrega al acreedor.
Se entiende que estas medidas no atentan contra la libertad del deudor y tienden a
disuadirlo de su obrar injusto, permitiendo poner en manos del acreedor aquello a lo
cual tiene derecho.
Distinta es la situación en el caso de obligaciones de hacer y de no hacer, que si bien
admiten la ejecución forzada para el cumplimiento específico, tienen por límite la
violencia en la persona del deudor, por cuestiones que hacen al respeto de su
autonomía decisoria y dignidad.
Por eso, el acreedor sólo podrá recurrir a esta vía de acción si el servicio o hecho, o
bien la abstención debidos, resultan escindibles de la persona del deudor (ej.: podrá
otorgar una escritura pública el juez ante la negativa del deudor).
En resumen, el acreedor ante la falta de cumplimiento voluntario del deudor, acude a
los organismos jurisdiccionales del Estado y obtiene una sentencia de condena a costa
del deudor.
CUMPLIMIENTO POR OTRO: En segundo lugar, puede el acreedor procurarse la
prestación debida por otra persona, a costa del deudor (art. 730 inc. b).
Para el acreedor, se trata de otro tipo de cumplimiento en especie de la prestación.
Este derecho no podrá ser ejercido cuando la prestación consista en dar una cosa
cierta, específica, que se encuentre en el patrimonio del deudor.
En cambio, bien podrá optar el acreedor por esta vía cuando se trate de dar cosas
inciertas, fungibles y sumas de dinero, que podrán ser suministradas por terceros a
costa del deudor.
Si se trata de obligaciones de hacer, el hecho o servicio podrá ser prestado por otro en
tanto no hubieren sido consideradas las condiciones o aptitudes especiales del deudor
al contraerse la obligación (ej., podrá ejecutar un tercero a costa del deudor la pintura
de una pared, no así, la pintura de un cuadro).
Por último, no es factible la ejecución por otro de una obligación de no hacer, porque
hace a la esencia de estas obligaciones la abstención por parte del propio deudor.
El nuevo Código Civil no establece una obligación de procurar la autorización judicial
previa a la sustitución del deudor por un tercero en el cumplimiento de la prestación
debida.
En base a la experiencia habida sobre el tema, si la naturaleza y el tiempo razonable de
cumplimiento de la obligación sugieren que no se justifica el inicio de un proceso
judicial para obtener tal autorización, podrá el acreedor aplicar directamente esta vía.
Para ello, se impondrá la previa interpelación al deudor, con expresa referencia a la
decisión de optar por el cumplimiento de un tercero a costa suya, en caso de continuar
éste con su actitud remisa.
Y en todo caso, luego podrá discutirse judicialmente si el importe de la erogación
realizada por el acreedor en pago al tercero, fue adecuado a la prestación debida,
definiendo el juez cuánto debe el deudor reintegrar.
INDEMNIZACION: La ley también dispone que el acreedor tiene derecho a obtener del
deudor las indemnizaciones correspondientes (art. 730, inc. c).
Se trata de un supuesto de satisfacción del crédito por equivalente, que sustituye la
prestación original.
En las obligaciones contractuales, al ser debida una prestación específica, se produce
un desdoblamiento:
El acreedor puede procurar tal prestación específica o bien optar por la indemnización
equivalente a la prestación debida ante el incumplimiento del deudor.
En cambio, en las obligaciones nacidas de los hechos ilícitos, la indemnización es el
único contenido posible.
Tal diferencia en materia de efectos persiste a pesar de haberse unificado la regulación
de los aspectos sustanciales de una y otra categoría.
PAGO DE COSTAS: Ante el incumplimiento de la obligación, en el supuesto de que el
acreedor inicie un proceso judicial o arbitral para efectivizar algunas de las opciones
previstas en los incs. a, b o c, el artículo establece un límite en la responsabilidad del
deudor en el pago de las costas.
Sobre ese monto de condena o acuerdo es el que debe calcularse el límite del 25%.
La CSJN en el caso “Villalba”, al analizar un planteo de inconstitucionalidad, señala que
“la normativa cuestionada tiene un inequívoco sentido de incorporar una limitación
con respecto al daño resarcible que debe afrontar el deudor”.
Decisión que se manifiesta “como uno de los arbitrios posibles enderezados a
disminuir el costo de los procesos judiciales y morigerar los índices de litigiosidad.
Asegurando la razonable satisfacción de las costas del proceso judicial por la parte
vencida, sin convalidar los excesos o abusos”.
Concluyendo en que “la elección entre el presente u otros medios posibles y
conducentes para tales objetivos, constituye una cuestión que excede el ámbito del
control de constitucionalidad y está reservada al Congreso”.
La CSJN, de ese modo, desestimo un planteo de inconstitucionalidad de esa norma y el
argumento para fundar el rechazo, en referencia al medio elegido por el Poder
Legislativo, adquiere mayor trascendencia cuando el CCyC mantiene la directiva.
El texto de la norma presupone el incumplimiento de una obligación por parte del
deudor, de una obligación de cualquier fuente, y una sentencia o acuerdo que fija un
monto de indemnización a favor del acreedor que ha iniciado la acción.
De ahí entonces que jurisprudencialmente se haya decidido que tal límite no es
aplicable para el supuesto de que la demanda fuese rechazada.
El porcentaje que, por aplicación del tope del 25%, no sea recibido del deudor
condenado en costas, podrá ser percibido, en principio, del cliente en el caso de los
letrados que asesoraron al acreedor que ha ganado el juicio.
En ese supuesto deberá verificarse si la parte actuó con beneficio de litigar sin gastos
en cuyo caso deben verificarse los presupuestos del art. 84 del Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación (CPCCN) —de regir ese Código procesal en el pleito—.
También podrá responder el acreedor que ha ganado el proceso frente a los peritos
por ese saldo no percibido del deudor.
EFECTOS CON RELACIÓN AL DEUDOR: "El cumplimiento exacto de la obligación
confiere al deudor el derecho a obtener la liberación y el de rechazar las acciones del
acreedor" (Art. 731 CCyC).
Es decir que ante el pago total y oportuno, se extingue la obligación con todos sus
accesorios, quedando liberado el deudor y adquiriendo entonces el derecho de repeler
cualquier acción que el acreedor pudiere dirigirle en virtud de la obligación extinguida.
ACTUACION DE AUXILIARES: En la actualidad, a tenor de los mecanismos vigentes de
producción y distribución de bienes, resulta muy frecuente que los productores,
comerciantes y, en general, cualquier tipo de empresa se sirva de auxiliares para
fabricar los bienes y prestar los servicios propios de su actividad.
En relación con tal circunstancia, el nuevo Código introduce una norma muy sencilla,
que no se hallaba presente en el Código de Vélez Sarsfield, que expresa:
"Actuación de auxiliares. Principio de equiparación. El incumplimiento de las personas
de las que el deudor se sirve para la ejecución de la obligación se equipara al derivado
del propio hecho del obligado" (Art. 732).
En el mismo sentido, el texto legal establece: "Es responsable directo quien incumple
una obligación u ocasiona un daño injustificado por acción u omisión" (art. 1749
CCyCN).
Dichos preceptos suponen una extensión del vínculo obligatorio, que así no queda ya
normativamente limitado al deudor y al acreedor, sino que se extiende a los
dependientes del deudor.
Implican la irrelevancia de la sustitución, pues salvo en casos especiales, para el
acreedor lo esencial es el cumplimiento, aunque provenga de un sustituto.
Significan también la equivalencia de los comportamientos, por cuanto frente al titular
de la obligación, por lo general la realización de la conducta por el deudor o por sus
auxiliares constituye una mera cuestión de hecho, que no altera la esencia del
cumplimiento.
Se consagra así la responsabilidad directa del deudor contractual por los hechos de sus
sustitutos o auxiliares.
Se ha señalado en la doctrina que la responsabilidad del deudor por los auxiliares que
utiliza en el cumplimiento o ejecución de las obligaciones, para generar la
responsabilidad del deudor, debe reunir estas características:
La intervención del auxiliar debe responder a la iniciativa del propio deudor, en
su interés.
La actividad desplegada por el auxiliar ha de procurar la ejecución de la
prestación debida por el deudor
Ese auxiliar debe ser ajeno a la relación obligatoria.
No es relevante que el auxiliar sea representante o dependiente, colaborador o
sustituto.
RECONOCIMIENTO DE LA OBLIGACIÓN: Art. 733:
“Reconocimiento de la obligación. El reconocimiento consiste en una manifestación de
voluntad, expresa o tácita, por la que el deudor admite estar obligado al cumplimiento
de una prestación.”
Se define el reconocimiento de la obligación, caracterizándolo como una manifestación
de voluntad unilateral del deudor.
Es un acto jurídico voluntario, por medio del cual admite estar obligado al
cumplimiento de una prestación de dar, hacer o no hacer.
Se indica que esa manifestación de voluntad puede ser expresa o tácita.
El reconocimiento importa por el deudor la admisión de la existencia de determinada
obligación.
En principio, ello exige establecer la causa de esa obligación, la prestación a la que se
encuentra obligado, los datos relativos al tiempo en el que ha nacido esa obligación.
RECONOCIMIENTO Y PROMESA AUTÓNOMA: Art. 734:
“Reconocimiento y promesa autónoma El reconocimiento puede referirse a un título o
causa anterior; también puede constituir una promesa autónoma de deuda.”
En este artículo se legisla que el reconocimiento puede referirse a un título o causa
anterior pero también puede constituir una promesa autónoma de deuda, una
obligación que nace a partir del reconocimiento.
En ambos supuestos, puede ser expreso o tácito.
RECONOCIMIENTO CAUSAL: Art. 735:
“Si el acto del reconocimiento agrava la prestación original, o la modifica en perjuicio
del deudor, debe estarse al título originario, si no hay una nueva y lícita causa de
deber.”
Esta normativa debe ser relacionada con el artículo precedente para el supuesto de
que el reconocimiento se realice respecto de una obligación con título o causa
anterior.
Un reconocimiento declarativo de la existencia de una obligación cuya existencia lo
precede en el tiempo.
En ese supuesto, rige este artículo que distingue el nacimiento de esa obligación y el
acto del reconocimiento.
Y advierte que si el acto del reconocimiento agrava la prestación original o la modifica
en perjuicio del deudor, debe estarse al título originario.
Deja a salvo la norma la posibilidad de que el acto del reconocimiento establezca una
nueva y lícita causa del deber.
De ese modo se regula la posibilidad de que en el reconocimiento declarativo de una
obligación anterior establezca.
Sobre esa obligación anterior en el tiempo, un agravamiento o modificación que, para
resultar válida y exigible, deberá verificar un reconocimiento expreso o tácito.
En este último supuesto se autoriza la posibilidad de que se verifique en el mismo acto
un reconocimiento declarativo de una obligación anterior que tendría a la vez
modificaciones o agravamientos que importarían un reconocimiento autónomo
respecto de aquella obligación original.
UNIDAD 4:
ACCIONES Y GARANTIA COMÚN DE LOS ACREEDORES:
ACCIÓN DIRECTA: Se trata de una acción que compete al acreedor para percibir lo que
un tercero debe a su deudor, hasta el importe del propio crédito.
El acreedor la ejerce por derecho propio y en su exclusivo beneficio.
Tiene carácter excepcional, es de interpretación restrictiva, y sólo procede en los casos
expresamente previstos por la ley
El objeto ingresa en el patrimonio del acreedor que la ejerce, sin pasar por el
patrimonio del deudor.
Así, los acreedores del deudor, no puedan hacer valer los derechos sobre el bien en
cuestión, con gran utilidad práctica y beneficio para determinados sujetos, en
circunstancias puntuales previstas por la ley.
Gráficamente, el circuito puede describirse de este modo:
“A” tiene un crédito contra “B”; a su vez, “B” tiene un crédito contra “C”; la acción
directa, entonces, es la que “A” puede ejercer contra “C”, siempre que se verifiquen
los recaudos que la tornan procedente.
REQUISITOS: Como condiciones necesarias para el ejercicio de la acción directa, la ley
requiere (Art. 737 CCyCN):
Un crédito exigible del acreedor contra su propio deudor: No puede iniciar esta
acción el acreedor de un crédito condicional, o sujeto a un plazo no vencido, de
igual forma que no podría promover un reclamo contra su propio deudor en
dicho caso.
Una deuda correlativa exigible del tercero demandado a favor del deudor: Si
ésta fuere nula o se hubiere ya extinguido por pago, transacción o por cualquier
otro medio, no podrá prosperar la acción directa.
Homogeneidad de ambos créditos entre sí; es decir que éstos deben presentar
iguales caracteres (ej.: se debe la entrega de sumas de dinero, en ambos casos).
Ninguno de los dos créditos debe haber sido objeto de embargo anterior a la
promoción de la acción directa, ya que la demanda no podría ser acogida.
Citación del deudor a juicio: De tal modo que pueda oponer las defensas
correspondientes, que podrían obstar el progreso de la acción directa.
Que la ley la conceda: Se trata de un recurso de excepción, y de interpretación
restrictiva, que supone una especie de privilegio para su titular (con relación a
otros acreedores de su deudor). Por ello, sólo puede ejercerse en casos muy
especiales, para los cuales el legislador prevé este remedio.
EFECTOS: Con respecto a los efectos, es dable distinguirlos con relación al acreedor
(actor), al deudor y al tercero (demandado).
1) CON RELACIÓN AL ACREEDOR:
La notificación de la demanda causa el embargo del crédito a favor del
demandante.
El reclamo sólo puede prosperar hasta el monto menor de las dos obligaciones.
El ejercicio de la acción está sometido a un doble límite: el acreedor no puede
reclamar más de lo que su deudor le debe, ni más de lo que el tercero le debe a
su deudor.
El monto del crédito percibido por vía de acción directa ingresa al patrimonio
del acreedor-actor, sin pasar previamente por el patrimonio del deudor.
Tal situación favorece al acreedor-actor, quien no solo aprovecha la prestación
cumplida por el demandado, sino que también evita el riesgo de soportar la
concurrencia de otros acreedores sobre la garantía colectiva.
2) CON RELACIÓN AL TERCERO:
El tercero demandado puede oponer al progreso de la acción todas las
defensas que tenga no solo contra su propio acreedor, sino también contra el
demandante.
El pago que el tercero realice a favor del demandante lo libera frente a su
propio acreedor (deudor del accionante).
3) CON RELACIÓN AL DEUDOR:
El deudor se libera frente al acreedor en la medida en que corresponda en
función del pago efectuado por el tercero demandado.
EJEMPLO DE SUPUESTO PREVISTO LEGALMENTE: Sublocación de cosas, el locador
tiene acción directa contra el sublocatario por el cobro de los alquileres.
ACCIÓN SUBROGATORIA: Puede acontecer que una persona no ejercite sus derechos
contra sus deudores por diferentes motivos (generosidad, falta de interés,
imposibilidad material).
En este sentido, se ha dicho que esta acción consiste en "una facultad conferida a los
acreedores, en virtud de la cual ellos pueden gestionar los derechos del deudor que
éste deja abandonados" (Llambías, Raffo Benegas).
Se la denomina subrogatoria, por cuanto quien acciona se subroga en los derechos de
su deudor, sustituyéndolo en su ejercicio.
También suele llamársela como acción oblicua o indirecta, atendiendo a sus efectos, ya
que el producido de la misma no ingresa al patrimonio de quien la entabla (acreedor
subrogante), sino del deudor (subrogado).
Dicho esto, nos hayamos frente a tres protagonistas cuyas esferas jurídicas son
alcanzadas por esta acción:
Por un lado, tenemos al acreedor subrogante (actor), quien promueve la acción
subrogatoria con la finalidad de ejercitar los derechos que tiene su deudor inactivo
contra un tercero.
Por otro lado, el deudor subrogado, quien es deudor del acreedor subrogante y, a su
vez acreedor del tercero demandado. Sus derechos son ejercitados por el acreedor
subrogante a raíz de su inacción.
Y por último, el tercero (demandado), quien es deudor del subrogado y resulta
alcanzado por la acción oblicua promovida por el acreedor subrogante.
FUNDAMENTO: Según la doctrina dominante, el fundamento de la acción oblicua
anida en el principio según el cual el patrimonio del deudor es la garantía común de los
acreedores.
El mismo quedaría seriamente desvirtuado si no se reconociera a los acreedores la
facultad de actuar en sustitución del deudor en caso de inacción o desidia de este en
perseguir a sus propios deudores.
NATURALEZA JURÍDICA: Siguiendo a Pizarro y Vallespinos podemos decir que, se trata
de un instituto complejo y diferenciado.
Por cuanto participa de las características de otras instituciones afines, sin identificarse
con ellas.
Más específicamente, se sostiene que la acción subrogatoria puede calificarse como
una representación legal en interés del representante.
Representación, en tanto ejercicio de derechos ajenos.
Legal, ya que es conferida por la ley con independencia de la voluntad del
representado, y en interés del representante, ya que es justamente éste el que justifica
la intervención del acreedor
CITACION DEL DEUDOR: El código civil anterior no exigía expresamente la citación a
juicio del deudor, lo cual llevo a buena parte de la doctrina a considerarlo como un
requisito meramente útil, a fin de hacerle oponible los efectos de la sentencia.
El panorama experimento una primera mutación con la sanción del código procesal
civil y comercial de la nación.
Que en su ámbito de aplicación, dispuso que dicho requisito devenía sustancial,
conforme la exigencia expresamente contenida en su articulo 112.
El Código Civil y Comercial, con buen criterio, se enrola en esta ultima orientación y en
su artículo 740 exige que “El deudor debe ser citado para que tome intervención en el
juicio respectivo”.
De tal modo, la citación a juicio del deudor deja de ser un recaudo meramente útil
para convertirse en una condición esencial de ejercicio de la acción oblicua.
Es una solución razonable, que respeta equilibradamente el interés sustancial y
procesal del subrogante, del subrogado y del tercero demandado.
DERECHOS EXCLUIDOS DE LA ACCIÓN SUBROGATORIA: Están excluidos de la acción
subrogatoria los siguientes supuestos:
LOS DERECHOS Y ACCIONES QUE SU NATURALEZA O POR DISPOSICION DE LA LEY
SOLO PUEDEN SER EJERCIDOS POR SU TITULAR: Se trata de derechos personalísimos,
cuya finalidad y destino solo se cumplen si son ejercitados por su titular.
Esto explica su intransmisibilidad y la imposibilidad de que sean objeto de acción
subrogatoria por los acreedores.
Admitir lo contrario importaría una desvirtuacion de su esencia.
Quedan incluidos dentro de esta categoría, entre otros, los derechos de la
personalidad (honor, intimidad, imagen, identidad personal, integridad física, etc).
El derecho de cumplir el mandato conferido por otro, la acción para revocar una
donación por causa de ingratitud del donatario, la acción de exclusión de herencia por
indignidad del heredero, los derechos patrimoniales subordinados a una acción de
estado.
LOS DERECHOS EXTRAPATRIMONIALES: Son aquellos cuyo objeto es ajeno a toda
valoración pecuniaria por corresponder al estado de las personas o por responder a la
organización familiar, aun cuando de su ejercicio puedan derivarse consecuencias
patrimoniales.
Tales derechos no integran el patrimonio de una persona, lo cual impide toda
injerencia por los acreedores.
Entre los principales supuestos de derechos extrapatrimoniales, mencionamos las
acciones de estado, las tendientes a promover la declaración de incapacidad de una
persona, la acción de nulidad de matrimonio y de divorcio.
Las acciones del derecho de familia, como las referidas a la responsabilidad parental, a
la tutela y a la curatela.
LOS DERECHOS Y ACCIONES SUSTRAIDOS DE LA GARANTIA COLECTIVA DE LOS
ACREEDORES: También se excluyen ciertos derechos y acciones del deudor que,
aunque tengan contenido patrimonial, se refieren a objetos o a bienes que están
sustraídos de la garantía colectiva por haber sido declarados inembargables o
inejecutables.
Es una solución lógica, que se fundamenta en la ausencia de utilidad del acreedor en
acudir a esta vía, pues una vez ingresados al patrimonio del deudor subrogado este no
podría ejecutarlos.
Tratándose de bienes parcialmente inembargables (salarios, jubilaciones, pensiones),
no hay inconveniente alguno para que proceda la acción oblicua en la medida de
aquello que si es susceptible de embargo y ulterior ejecución.
LAS SIMPLES FACULTADES Y OPCIONES DEL DEUDOR, EXCEPTO QUE DE SU EJERCICIO
PUEDA RESULTAR UNA MEJORA EN LA SITUACION PATRIMONIAL DEL DEUDOR: En
principio, el ejercicio de potestades, de poderes jurídicos, de facultades o de opciones
que impliquen la posibilidad de obrar en un sentido u otro.
En relación a derechos que todavía no han sido adquiridos o incorporados al
patrimonio del deudor, está al margen de la acción subrogatoria, ya que pertenecen al
ámbito de la libertad personal de este.
Se trata de facultades cuyo ejercicio puede implicar una modificación de la situación
patrimonial del deudor, tales como la posibilidad de contratar, o de adquirir nuevos
derechos, de editar o publicar obras literarias, artísticas o científicas, etc.
En este ámbito el titular goza de amplia libertad, lo cual justifica que, como regla, ella
no pueda ser vulnerada.
Conforme a esto, están excluidas de la vía oblicua, entre otras, las facultades de
administración de los bienes del deudor, de contratar o no contratar, etc.
DEFENSAS OPONIBLES: Frente a la demanda articulada por el acreedor subrogante, el
demandado puede oponer todas las defensas que tenga contra su verdadero acreedor
y adversario (el deudor subrogado).
Es una solución lógica, ya que la situación del demandado no se modifica por el mero
hecho de haberse articulado la pretensión de cobro por vía oblicua.
El tema no presenta dificultades cuando las defensas se basan en hechos anteriores al
ejercicio de la acción subrogatoria (pago, renuncia, remisión, espera, invocación de
excepción de cumplimiento, etc).
En cambio, es más compleja cuando aquellas se sustentan en hechos posteriores al
ejercicio de la acción (pago efectuado por el demandado al acreedor subrogado, o la
transacción, o la remisión de deuda, se realiza después de ejercita la vía oblicua por el
actor).
El nuevo código, siguiendo lo que era doctrina dominante en el régimen anterior,
establece que también en tal supuesto el demando puede alegar dichas defensas,
siempre que estas no sean en fraude a los derechos del acreedor.
Ya que la acción subrogatoria no implica desapoderamiento del subrogado.
De ahí que los actos que realice durante la tramitación del pleito puedan ser invocados
y alegados por el demando, ya que emanan, en definitiva, de su adversario real en el
juicio.
Esto marca una diferencia sustancial con las acciones directas, donde la notificación de
la demanda que realiza el acreedor produce los efectos de un embargo sobre el crédito
que el deudor mantiene con el tercero.
Para evitar esta contingencia el acto debe trabar embargo sobre el crédito, en cuyo
caso el pago realizado directamente al deudor subrogado le es inoponible.
El demandado, en cambio, no puede deducir las defensas que tenga contra el acreedor
subrogante (actor), quien no es su adversario real, sino aparente.
Así por ejemplo, si fuese al mismo tiempo acreedor del actor, no podría oponer la
defensa de compensación, ya que faltaría el requisito de la reciprocidad de créditos y
deudas.
GARANTIA COMÚN DE LOS ACREEDORES: Citando al Art. 743 CCyCN:
“Los bienes presentes y futuros del deudor constituyen la garantía común de sus
acreedores.
El acreedor puede exigir la venta judicial de los bienes del deudor, pero sólo en la
medida necesaria para satisfacer su crédito.
Todos los acreedores pueden ejecutar estos bienes en posición igualitaria, excepto que
exista una causa legal de preferencia.”
Se afirma pacíficamente que el patrimonio es la garantía o prenda común de los
acreedores, ya que constituye la base necesaria para que el acreedor logre hacer
efectivo su crédito.
En el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, se ha previsto expresamente la
función de garantía del crédito como principio general, en consonancia con el Proyecto
1998 y en los siguientes términos:
"Todos los bienes del deudor están afectados al cumplimiento de sus obligaciones y
constituyen la garantía común de sus acreedores, con excepción de aquellos que este
Código o leyes especiales declaran inembargables o inejecutables...", quedando
incluidos los bienes presentes y futuros (Art. 743 CCyCN).
Se aclara además que "...Los patrimonios especiales autorizados por la ley sólo tienen
por garantía los bienes que los integran..." (Art. 242 CCyCN).
Con base en esa idea fundamental, queda claro que los bienes que componen el
patrimonio del deudor, en su faz activa y con los límites impuestos a los patrimonios
especiales (en su caso), obran como resguardo de los créditos de los acreedores.
Por esa razón, la legislación permite a éstos exigir la venta judicial de tales bienes,
aunque sólo en la medida necesaria para satisfacer su crédito.
Además de inmiscuirse en sus actos, hacer valer mejores derechos o retener cosas
hasta que se haga efectivo su derecho patrimonial.
De acá podemos inferir la existencia de medidas de conservación y otras de ejecución
directa o indirecta.
Sin embargo, no todos los bienes pueden ser objeto de la garantía común de los
acreedores.
BIENES EXCLUIDOS: ARTÍCULO 744:
“Quedan excluidos de la garantía prevista en el artículo 743:
a) las ropas y muebles de uso indispensable del deudor, de su cónyuge o conviviente, y
de sus hijos.
b) los instrumentos necesarios para el ejercicio personal de la profesión, arte u oficio
del deudor.
d) los bienes afectados a cualquier religión reconocida por el Estado.
f) las indemnizaciones que corresponden al deudor por daño moral y por daño material
derivado de lesiones a su integridad psicofísica.
g) la indemnización por alimentos que corresponde al cónyuge, al conviviente y a los
hijos con derecho alimentario, en caso de homicidio.
h) los demás bienes declarados inembargables o excluidos por otras leyes.
El principio de acuerdo al cual todos los bienes del deudor integran la garantía de los
acreedores, no es absoluto.
De hecho, la misma disposición que establece la regla dispone que quedan exentos los
bienes "...que este Código o leyes especiales declaran inembargables o inejecutables"
(art. 242 CCyCN).
Con respecto a los incs. a) y b) del citado artículo podríamos decir que, en ambos casos
se trata de bienes indispensables para la vida del deudor, sea en su esfera personal,
familiar, o bien laboral.
Los supuestos involucrados tienen una arraigada tradición en nuestro derecho, y se
encuentran también previstos en otros cuerpos legales.
Tales categorías son dinámicas ya que van variando a medida que evolucionan las
prácticas sociales, por ejemplo el televisor y luego la computadora, fueron en sus
inicios bienes que no se hallaban al alcance de cualquier persona, en algunos casos
suntuarios.
Pero hoy en día constituyen sin duda recursos comunes de acceso a la información, al
esparcimiento o herramientas de trabajo.
Que en la medida en que cumplan con tales finalidades y respondan por su calidad y
número a necesidades indispensables del deudor, bien podrán ser inembargables.
Con relación al inc. f) “daño moral, daño material psicofísico”.
Además del carácter alimentario que pueden presentar estas indemnizaciones, la
excepción se justifica por cuanto se trata de conceptos que tienden a recomponer el
estado psicofísico y espiritual previo al sufrimiento de la lesión, por quien fuera víctima
de un daño.
Al menos en forma figurada, admitir la agresión patrimonial de los acreedores sobre
estas indemnizaciones, sería sinónimo de aceptar que el cuerpo o la psiquis humana
pueden actuar como garantía del crédito de los acreedores.
MEDIDAS CAUTELARES: Son actos procesales emanados del órgano jurisdiccional, que
se adoptan en el curso de un proceso de cualquier tipo, o inclusive con anterioridad al
mismo.
A requerimiento de los interesados o de oficio, con la finalidad de asegurar bienes o
pruebas, de mantener situaciones de hecho, o para seguridad de las personas o para
satisfacer necesidades urgentes.
Constituyen un anticipo, que puede o no ser definitivo, de la garantía jurisdiccional de
la defensa de la persona o de los bienes y tienen por finalidad hacer eficaces las
decisiones jurisdiccionales que puedan luego dictar en la culminación del proceso.
Las medidas cautelares judiciales tienen un sentido marcadamente publicistico,
aunque, también se proyectan al plano de los intereses privados, particularmente en
materia obligaciones.
Como medida que integra la tutela preventiva del crédito (y, en algunos casos, también
la tutela ejecutiva).
Son de carácter instrumental, flexibles, provisorias, accesorias, variables, revocables,
se adoptan inaudita altera pars (no oída la otra parte) y hacen cosa juzgada
meramente formal.
Requieren para su procedencia:
Verosimilitud del derecho invocado
Peligro en la demora
Una contracautela que asegure el resarcimiento de los daños que la medida
pueda causar.
PRINCIPALES MEDIDAS CAUTELARES:
EMBARGO: Es una resolución judicial cautelar por la cual se individualizan derechos o
bienes determinados del deudor, afectándolos al pago de la obligación cuya existencia
o reconocimiento se discute en un proceso judicial.
Tiende a impedir que los efectos de la sentencia devengan ilusorios.
El embargo sobre bienes inmuebles se traba mediante la anotación de la orden judicial
en el Registro de la Propiedad.
El embargo sobre bienes muebles registrables opera de la misma manera.
Tratándose de bienes muebles no registrables se realiza a través del secuestro de la
cosa por el oficial de justicia u otro funcionario equivalente autorizado y la designación
de un depositario de la misma.
Es frecuente en la práctica que dicha designación recaiga sobre el propietario de la
cosa.
El embargo de crédito se realiza a través de notificación judicial al deudor de la medida
ordenada por el juez.
El bien embargado puede ser enajenado como tal, pero dicha enajenación es
inoponible al embargante.
Cabe una excepción, cuando se trate de un adquirente de buena fe a titulo oneroso
que haya ignorado la existencia de la medida cautelar.
Quien vende como libre de gravamen un embargado incurre en el delito de
defraudación.
En relación a la prioridad del primer embargante, cabe analizarlo no como una medida
cautelar, sino como explicación de una cuestión trascendental en el embargo.
PRIORIDAD DEL PRIMER EMBARGANTE: ARTÍCULO 745.
“El acreedor que obtuvo el embargo de bienes de su deudor tiene derecho a cobrar su
crédito, intereses y costas, con preferencia a otros acreedores.
Esta prioridad sólo es oponible a los acreedores quirografarios en los procesos
individuales.
Si varios acreedores embargan el mismo bien del deudor, el rango entre ellos se
determina por la fecha de la traba de la medida.
Los embargos posteriores deben afectar únicamente el sobrante que quede después de
pagados los créditos que hayan obtenido embargos anteriores.”
INHIBICION GENERAL DE BIENES: Cuando se ignoran los bienes del deudor, o estos
resultan insuficientes para cubrir el monto del crédito, puede pedirse la inhibición
general de bienes.
Se trata de una medida subsidiaria del embargo, que se anota en el Registro de la
Propiedad por orden judicial.
La inhibición impide que el deudor pueda enajenar o gravar genéricamente los bienes
registrables que tenga al momento de anotarse la medida o que adquiera con
posterioridad.
Esta medida no otorga al acreedor preferencia alguna sobre otros acreedores que
ulteriormente embarguen bienes concretos del deudor.
La inhibición solo funciona en el ámbito territorial del registro de la propiedad donde
ha sido anotada, por lo que no impide al deudor disponer de cosas muebles o
inmuebles registrables ubicados en otra jurisdicción.
ANOTACION DE LITIS: Se trata de una medida judicial que asegura la publicidad del
litigio.
Permite que el acto pueda oponer el derecho alegado en juicio a terceros adquirentes
de derechos reales o personales sobre un bien inmueble o mueble registrable,
enervando de tal modo la buena fe, al no poder invocar la ignorancia del pleito.
Es una medida muy frecuente, útil y eficaz en materia de acciones reales y de acciones
personales de simulación, revocatoria, nulidad, escrituración, entre otras.
Se asienta en el registro correspondiente y no causa indisponibilidad del bien.
PROHIBICION DE INNOVAR: Es la medida judicial conservativa que ordena mantener
inalterable la situación de hecho o de derecho existente al momento en que se decreta
sobre la que versara la sentencia.
La finalidad perseguida es evitar que durante la tramitación del juicio, las partes
realicen actos que puedan tornar imposible o ineficaz el cumplimiento de esta última.
SECUESTRO DE BIENES: Es un acto de desapoderamiento compulsivo de un bien
mueble objeto de una pretensión en pleito, cuando el embargo no asegura la
integridad o la existencia de aquel.
Se aplica también a documentos que una de las partes tiene el deber de presentar o
restituir.
También constituye una medida accesoria al embargo ejecutorio a los fines de la
liquidación judicial.
UNIDAD 5:
CLASIFICACION DE OBLIGACIONES: Las obligaciones pueden ser motivo de distintas
clasificaciones atendiendo a su objeto.
Pero centrándonos en la naturaleza de la prestación, las obligaciones son de dar, de
hacer y de no hacer.
Aproximándonos a una definición conceptual podemos decir que, la obligación de dar
es aquella cuya prestación radica en la entrega de una cosa.
La obligación de hacer por su parte, es la que tiene por objeto la realización de una
actividad, que se traduce en un hecho o en un servicio.
La obligación de no hacer, es la que consiste en una abstención o en un hecho
negativo.
En las obligaciones de dar y de hacer existe un elemento común o aglutinante: la
prestación a cargo del deudor se satisface con la realización de una conducta positiva.
No obstante esa nota compartida, existen marcadas diferencia entre una y otra
especie.
En la obligación de dar, la conducta debida se circunscribe a la entrega del bien.
Mientras que en la de hacer alcanza el despliegue de una actividad en sentido amplio,
comprensiva de la creación de un bien, la prestación de un servicio o la ejecución de
una obra.
Con respecto a la finalidad económica y jurídica perseguida, las obligaciones de dar son
para constituir derechos reales, para restituir o para transferir el uso o la tenencia de la
cosa.
Esta clasificación presenta importancia jurídica fundamental, ya que el acto de entrega
de una cosa es un hecho materialmente idéntico en el modo de su cumplimiento, pero
con consecuencias jurídicas especiales según la finalidad a la cual se enderece tal
entrega.
La distinta finalidad y los efectos jurídicos que a través de ella se procura son
determinantes para la configuración del régimen jurídico aplicable.
OBLIGACIONES DE DAR COSAS CIERTAS: Son aquellas cuyo objeto consiste en la
entrega de una cosa cierta que se encuentra determinada en su individualidad, el
deudor solo cumple la prestación entregando esa cosa y no otra.
La entrega puede tener distintas finalidades, constituir un derecho real, transferir el
uso o la tenencia de la cosa, o restituir la misma al dueño o a quien tiene derecho de
poseerla.
La obligación de dar es de resultado.
La falta de entrega de la cosa hace presumir la responsabilidad del deudor, quien para
liberarse debe probar la ruptura del nexo causal.
MODO DE CUMPLIMIENTO: Hay que destacar que la obligación de dar no se
circunscribe solo a la entrega de la cosa.
Pesan también sobre el deudor otros deberes secundarios de conducta que se ubican
en el periodo anterior al cumplimiento y que están orientados, precisamente, a
posibilitarlo.
DEBER DE CONSERVAR LA COSA: El deudor tiene el deber de conservar la cosa en el
estado en que se encuentra en ocasión de contraer la obligación durante el lapso que
transcurre entre su nacimiento y el momento en que debe de ser cumplida.
Está obligado, por ende, a mantenerla inalterable sin introducirle modificaciones de
ninguna índole.
DEBER DE ENTREGAR LA COSA CON SUS ACCESORIOS: El obligado tiene que entregar
la cosa con todos los accesorios, aunque hayan sido momentáneamente separados de
ella al tiempo de contraerse la obligación, en el lugar, tiempo y modo convenido o
fijado supletoriamente por la ley.
Es una aplicación lógica del principio que lo accesorio sigue la suerte de lo principal.
En materia compraventa se requiere que la cosa cuya propiedad se transfiere sea
entregada “libre de toda relación de poder y de oposición de terceros”.
Pesa también sobre el vendedor el deber de prestar los actos de cooperación
necesarios para que la transferencia dominial se concrete y de entregar los
documentos relacionados con la venta.
DEBER DEL ACREEDOR DE RECIBIR LA COSA: El acreedor tiene el deber correlativo de
recibir la cosa, esto supone la realización de todos los actos que razonablemente cabe
esperar, conforme la naturaleza de la obligación y los usos, a la luz del principio de la
buena fe, para que el deudor pueda efectuar la entrega y aquel hacerse cargo de la
cosa.
ENTREGA: Artículo 747:
“Cualquiera de las partes tiene derecho a requerir la inspección de la cosa en el acto de
su entrega.
La recepción de la cosa por el acreedor hace presumir la inexistencia de vicios
aparentes y la calidad adecuada de la cosa…”
La norma reconoce expresamente a ambas el derecho de requerir la inspección de la
cosa en el acto de su entrega.
El artículo en comentario alude a la “entrega”, debe interpretarse que se trata de la
oportunidad en que se efectúa la tradición de la cosa.
La entrega y la tradición son dos conceptos diferentes.
Ya que la entrega se trata de un simple acto material.
En tanto que la tradición es un acto jurídico bilateral que está constituido de efectivos
actos materiales de entrega y recepción.
Por lo que la sola declaración del tradente de darse por desposeído, o de dar al
adquirente la posesión de la cosa, resulta insuficiente.
ENTREGA DE COSA MUEBLE CERRADA O BAJO CUBIERTA: ARTÍCULO 748.
“Cuando se entrega una cosa mueble bajo cubierta y sin inspeccionar al tiempo de la
tradición, el acreedor tiene un plazo de caducidad de tres días desde la recepción para
reclamar por defectos de cantidad, calidad o vicios aparentes.”
La norma otorga un plazo de caducidad de tres días desde la recepción de la cosa para
que el acreedor alegue la existencia de vicios aparentes.
El plazo de caducidad de tres días no resulta aplicable en el caso de que la obligación
de dar tenga causa en un contrato de compraventa u en otro contrato al que le
resulten aplicables las normas.
OBLIGACIONES DE DAR COSAS CIERTAS PARA TRANSFERIR EL USO O LA TENENCIA:
ARTÍCULO 749.
“Cuando la obligación de dar una cosa determinada tenga por objeto transferir
solamente el uso o la tenencia de ella, se aplican las normas contenidas en los títulos
especiales.”
En efecto, el contrato de compraventa, que es la causa más frecuente de obligaciones
de dar cosa cierta, impone al vendedor o deudor el deber de conservar la cosa tal
como se hallaba el día del contrato.
Y entregarla con sus accesorios y esta obligación pueda ser extendida a todo supuesto
de obligación de dar cosa cierta.
OBLIGACIONES DE DAR COSAS CIERTAS PARA CONSTITUIR DERECHOS REALES: En el
nuevo código civil y comercial de la nación, como regla, rige el sistema romanista del
título y modo, conforme el cual “el acreedor no adquiere ningún derecho real sobre la
cosa antes de la tradición, excepto disposición legal en contrario”.
La adquisición derivada por acto entre vivos de un derecho real requiere la
concurrencia de titulo y modo suficiente.
Se entiende por título suficiente a “el acto jurídico revestido de las formas establecidas
por la ley, que tiene por finalidad transmitir o constituir el derecho real”.
La tradición posesoria es modo suficiente para transmitir o constituir derechos reales
que se ejercen por la posesión.
TRADICION: ARTÍCULO 750.
“El acreedor no adquiere ningún derecho real sobre la cosa antes de la tradición,
excepto disposición legal en contrario.”
Tradición y entrega son conceptos diferentes, la entrega es un acto material por el cual
un sujeto pone en manos o en poder de otro a alguien o algo.
Y la tradición, si bien comprende el acto material de la entrega, también requiere del
acto material de recepción.
El código expresa:
“Hay tradición cuando una parte entrega una cosa a otra que la recibe.
Debe consistir en la realización de actos materiales de, por lo menos, una de las partes,
que otorguen un poder de hecho sobre la cosa, los que no se suplen, con relación a
terceros, por la mera declaración del que entrega de darla a quien la recibe, o de éste
de recibirla”.
Nada obsta a que el acto de entrega y recepción puedan llevarse a cabo en momentos
distintos.
En nuestro ordenamiento, se admiten diferentes formas de tradición, por ejemplo,
cuando mediante la tradición se produce la entrega física de la cosa, se habla de
tradición “auténtica”.
En cambio, si los actos de entrega y recepción de la cosa se concretan mediante otros
actos o hechos a los que se les otorga tal carácter, se está en presencia de un supuesto
de tradición “simbólica”.
La tradición también puede quedar satisfecha sin la necesidad de realización de actos
materiales.
Es lo que sucede en donde la cosa es tenida a nombre del propietario y, con motivo de
un acto jurídico celebrado entre tenedor y propietario, pasa a nombre del primero.
El principio general en virtud del cual el derecho real no queda perfeccionado antes de
la tradición, admite excepciones que deben estar fundadas en una norma legal.
Por ejemplo, la inscripción en el Registro Nacional de la Propiedad Automotor es
suficiente para transferir la titularidad del rodado, independientemente de haberse
realizado la tradición de la cosa a favor del adquirente.
MEJORAS: De acuerdo a la clasificación del Código de Vélez Sarsfield, se distinguían
como aumentos y mejoras a las modificaciones de la cosa debida que provocaban un
aumento intrínseco de su valor.
La diferencia entre una y otra residía en que los “aumentos” eran por acción directa y
exclusiva de la naturaleza, en tanto que las “mejoras” son aquellas que provenían de la
acción del hombre.
El nuevo ordenamiento reúne ambas especies en el concepto genérico de “mejoras”, y
las distingue en naturales y artificiales.
La mejora, en consecuencia, debe entenderse como el aumento del valor intrínseco de
la cosa.
No debe confundirse el valor intrínseco de la cosa con el extrínseco, o el precio que se
paga por ella.
Toda mejora del valor intrínseco puede generar un aumento del valor extrínseco del
bien.
Pero esta relación no funciona a la inversa, Un aumento del valor extrínseco no genera
por sí solo un incremento del valor intrínseco del bien, ni implica una modificación de
su estructura.
Por ejemplo, un inmueble tiene un valor intrínseco que está representado por su
diseño, extensión y materiales utilizados para construirlo.
En cambio, el valor extrínseco está determinado por cuestiones relacionadas con el
mercado inmobiliario, como ser las leyes de la oferta y la demanda, la ubicación, la
forma de pago, etc.
CLASES DE MEJORAS:
MEJORAS NATURALES: Las mejoras naturales son todas aquellas que, excluyendo la
acción del hombre, se producen por acción directa y exclusiva de la naturaleza.
Frente a esta situación, el deudor sobre quien pesa la obligación de entregar la cosa,
está autorizado a “...exigir un mayor valor. Si el acreedor no lo acepta, la obligación
queda extinguida, sin responsabilidad para ninguna de las partes”.
La norma es la expresión legal del principio, según el cual las cosas aumentan para su
dueño.
Si en el transcurso de tiempo que se extiende desde el nacimiento de la obligación y la
oportunidad que las partes han previsto para su cumplimiento, la cosa experimenta
una mejora natural, el deudor podrá pretender del acreedor un mayor valor por la
cosa.
Cuando el acreedor no acepta abonar el mayor valor de la cosa, la obligación quedará
extinguida sin responsabilidad para ninguna de las partes.
En caso de mediar desacuerdo entre las partes respecto del mayor valor de la cosa, se
estima que la determinación del precio debe ser efectuada judicialmente o por
árbitros.
Una vez determinado el precio justo, podrá el acreedor de la cosa optar si paga ese
mayor valor o resuelve la operación.
MEJORAS ARTIFICIALES: El CCyC define las mejoras artificiales como aquellas
provenientes de hecho del hombre, a las que clasifica en tres subespecies: las mejoras
necesarias; las útiles y de mero lujo; y las de recreo o suntuarias.
El CCyC, identifica a las mejoras necesarias como “la reparación cuya realización es
indispensable para la conservación de la cosa”.
También habla de la “mejora de mero mantenimiento” y la define como “la reparación
de deterioros menores originados por el uso ordinario de la cosa”, al tratarse de
“reparación de deterioros menores” no debería haber un aumento de su valor.
El deudor no tiene derecho a exigir el valor de las mejoras necesarias por ser
indispensables para la conservación de la cosa.
Por su parte, La mejora útil es aquella que resulta “beneficiosa para cualquier sujeto de
la relación posesoria”, por ejemplo, la instalación del servicio de agua corriente,
teléfono, gas, etc.
Las mejoras útiles introducidas en la cosa, no dan derecho a exigir un mayor valor por
ella, aun cuando tal mejora pudiera implicar un aumento del valor.
El fundamento de esta solución es que el deudor está obligado a conservar la cosa en
el mismo estado en el que se encontraba cuando contrajo la obligación, por lo que no
debió introducir ninguna modificación que altere su estructura.
Se pueden presentar diversas situaciones.
Por un lado, el acreedor (que no está obligado a pagar la mejora) puede exigir que sea
retirada de modo que la cosa vuelva a su estado anterior.
Puede suceder que el acreedor desee mantener la mejora, supuesto en el cual puede
exigírsele que abone un mayor costo, el que resultará de la diferencia entre el valor
original y el valor incrementado por la mejora.
Debe tenerse presente, sin embargo, que en todo caso deberán evitarse las
situaciones abusivas que podrían presentarse a raíz de una interpretación estricta de la
norma.
Si el acreedor no puede demostrar en qué medida ha sido afectado su interés, no
parece que sea procedente reconocerle la facultad de exigir el retiro de las mejoras,
máxime cuando ello pudiera implicar un deterioro en la cosa.
Y por último, tenemos las mejoras suntuarias, las cuales son definidas como las “de
mero lujo o recreo o provecho exclusivo para quien la hizo”.
Por ejemplo, la introducción de detalles de decoración, la colocación de una piscina, de
un sistema de hidromasaje, etc.
Las mejoras suntuarias no son indemnizables por el acreedor.
FRUTOS: ARTÍCULO 754.
“Hasta el día de la tradición los frutos percibidos le pertenecen al deudor; a partir de
esa fecha, los frutos devengados y los no percibidos le corresponden al acreedor.”
Los frutos son, tal como los había definido Vélez Sarsfield, “los que la cosa regular y
periódicamente produce sin alteración ni disminución de su sustancia”.
El concepto jurídico de fruto atiende a las cosas nuevas que regular y periódicamente
produce una cosa existente, sin alteración ni disminución de su sustancia (Llambías-
Raffo Benegas).
Cabe distinguir entre frutos naturales, que son las producciones espontáneas de la
naturaleza (ej., frutos de vegetales silvestres).
Frutos industriales, que son los que se producen por la industria del hombre o la
cultura de la tierra (ej., frutos de árboles cultivados por el hombre).
Y frutos civiles, que son las rentas que la cosa produce (ej., intereses dinerarios).
Las remuneraciones del trabajo se asimilan a los frutos civiles.
A su respecto, la regla es que hasta el día de la tradición, los frutos percibidos le
pertenecen al deudor.
Luego de esa fecha, los frutos devengados y los no percibidos le corresponden al
acreedor (art. 754 CCyCN).
Pero cabe aclarar que esta regla no es de orden público, por lo cual las partes bien
pueden acordar una pauta diferente.
FRUTOS PERCIBIDOS: El Código Civil y Comercial define al fruto percibido como aquel
“que separado de la cosa es objeto de una nueva relación posesoria” y establece que
los frutos percibidos al momento de la tradición corresponden al deudor.
FRUTOS PENDIENTES: El fruto pendiente es el que todavía no se ha percibido, es decir
el que no ha sido separado de la cosa fructífera. De allí que, al encontrarse adherido a
la cosa, le pertenece al acreedor.
FRUTOS DEVENGADOS Y NO COBRADOS: Existe una tercera categoría de frutos (los
devengados y no cobrados).
En materia de frutos civiles, dentro de los cuales se encuentran, por ejemplo, las
rentas que provienen del uso y goce de una cosa, los salarios, honorarios u otra forma
de contraprestación del trabajo humano.
Puede suceder que al momento de la tradición existan frutos ya devengados pero que
todavía no han sido cobrados por el deudor.
Para nuestro actual ordenamiento, los frutos devengados y no cobrados le
corresponden al acreedor.
Y tal solución ha sido criticada por considerarse que tal derecho reconocido al acreedor
podría vulnerar la garantía de propiedad protegida por la Constitución Nacional.
En la medida en que el deudor es el propietario de la cosa al momento del
devengamiento de los frutos y, por ende, quien tiene título suficiente para percibir ese
crédito ya devengado pero todavía no cobrado.
RIESGO DE LA COSA: ARTÍCULO 755.
“El propietario soporta los riesgos de la cosa. Los casos de deterioro o pérdida, con o
sin culpa, se rigen por lo dispuesto sobre la imposibilidad de cumplimiento.”
La doctrina ha admitido diferencias entre el riesgo de la cosa y el riesgo del contrato
(de la obligación).
En este orden, el deudor obligado a dar la cosa para transferir derechos reales, es
dueño de ella; y por el principio que sostiene que las cosas crecen y perecen para su
dueño, si la cosa se pierde, ese costo deberá asumirlo él.
Significará la pérdida del valor económico de la cosa y del derecho real que se ejercía
sobre ella.
Ahora bien, ese riesgo al que está expuesta la cosa por pérdida o deterioro puede
adquirir un sentido más amplio si el evento se produce cuando la cosa está dentro de
un contrato o forma parte del objeto de una obligación.
En estos casos, los efectos de la pérdida no los asume únicamente el deudor, sino
todos los que contrataron con relación a la cosa, prescindiendo de que sean o no
dueños de ella.
Se habla de pérdida de una cosa cuando se destruye física o materialmente en forma
total, o resulta extraviada sin que pueda saberse su paradero.
El deterioro, en cambio, es una situación menos grave que la pérdida o destrucción de
la cosa, ya que en este caso aquella experimenta una alteración en su estructura que,
aunque no altera su esencia, produce una disminución de su valor económico.
En determinados casos, no resulta sencillo distinguir si se trata de una pérdida o un
deterioro.
Por lo que habrá que indagar si la alteración de la cosa asume una entidad suficiente
para suponer que ha quedado desnaturalizada la cosa, en función del destino que las
partes entendieron darle y las circunstancias del caso concreto.
Si es así, se tratará de una destrucción o pérdida y no de deterioro.
En definitiva, se aplica la regla según la cual el deudor, como dueño de la cosa, es
quien se perjudica por su deterioro o pérdida, sucedida durante la vigencia de la
obligación.
CONCURRENCIA DE VARIOS ACREEDORES. BIENES INMUEBLES Y BIENES MUEBLES:
Dispone el Art. 756.
“Si varios acreedores reclaman la misma cosa inmueble prometida por el deudor, son
todos de buena fe y a titulo oneroso, tiene mejor derecho:
a) El que tiene emplazamiento registral y tradición.
b) El que ha recibido la tradición.
c) En los demás supuestos, el que tiene titulo de fecha anterior.”
Conforme al Art. 757.
“Si varios acreedores reclaman la misma cosa mueble prometida por el deudor, son
todos de buena fe y a titulo oneroso”
La norma solo plantea el conflicto entre acreedores de buena fe y a título oneroso.
Si el acreedor fuera de mala fe, independientemente de haber adquirido a título
oneroso o gratuito, no tendría derecho a reclamar el reconocimiento de su posición
pues su interés es ilícito.
Los adquirentes a título gratuito, por otra parte, quedan al margen de los artículos en
análisis, independientemente que lo hayan sido de buena o mala fe.
Esta solución tiene su razón de ser en que no existiría perjuicio para el tercero
adquirente a título gratuito.
Ya que no ha tenido a su cargo contraprestación alguna, a diferencia del acreedor a
título oneroso cuyo derecho frustrado experimentaría un daño efectivo.
En caso de conflicto entre acreedores, la ley otorga mejor derecho al acreedor de cosa
inmueble que tiene emplazamiento registral y tradición, seguidamente el que ha
recibido la tradición.
Luego el que tiene emplazamiento registral precedente, y finalmente los acreedores
que tengan título de fecha cierta anterior, siguiendo el principio romano primero en el
tiempo, mejor en el derecho.
En materia de cosas muebles, tendrá mejor derecho el que tiene emplazamiento
registral precedente o el que ha recibido primero la tradición si la cosa mueble no es
registrable.
Y luego los acreedores que tengan título con fecha cierta anterior si ninguno de ellos
ha obtenido la posesión de la cosa.
Cabe señalar, sin embargo, que cuando la norma alude al emplazamiento registral, se
refiere a aquellos supuestos en los que la inscripción tiene carácter constitutivo (es
decir, cuando es dueño de la cosa).
ACREEDOR FRUSTADO: Art. 758.
“El acreedor de buena fe que resulta frustrado en su derecho, conserva su acción
contra el deudor para reclamar los daños y perjuicios sufridos.”
El acreedor que sufre la frustración de su derecho, tendrá acción contra el deudor de
mala fe para exigir la reparación integral de su perjuicio.
OBLIGACIONES DE DAR PARA RESTITUIR: El nuevo código utiliza una terminología
amplia, específicamente en el Art. 759.
“En la obligación de dar para restituir, el deudor debe entregar la cosa al acreedor,
quien por su parte puede exigirla”.
Una calificada doctrina sostiene que en todos los casos previstos en los Arts. 759 a 761,
siempre el acreedor a la restitución debe ser el dueño de la cosa.
REGLA GENERAL: El Art. 759, primer párrafo, establece una regla general, que se aplica
a cualquier obligación de dar para restituir, sea quien sea el acreedor.
Cualquiera sea la causa que invoque a tal fin y el titulo que ostente sobre la cosa
(titular de un derecho real, poseedor o tenedor).
Restituir significa “volver algo a quien lo tenía antes”, no interesa si el acreedor a la
restitución es titular de un derecho real o personal sobre la cosa.
Basta para que tenga derecho a que la misma le sea restituida, lo cual supone, por
definición, que en algún momento lo tuvo y luego dejo de tenerla, voluntariamente o
contra su voluntad.
ENTREGA DE LA COSA A QUIEN NO ES PROPIETARIO. BIENES NO REGISTRABLES:
Puede presentarse la situación en la que el deudor de una obligación de dar cosa cierta
para restituir, tratándose de cosas muebles no registrables, celebre obligaciones con
terceros respecto de la misma cosa.
Circunstancia que plantearía un conflicto entre el dueño y el tercero.
En tales casos, la ley otorga preferencia al tercero a quien se le ha efectuado la
tradición, siempre que sea a título oneroso, de buena fe, y la cosa no sea robada ni
perdida.
Quienes hayan recibido la cosa a título gratuito no pueden invocar un perjuicio ya que
no han tenido a su cargo contraprestación alguna.
A diferencia del dueño de la cosa que sufriría un perjuicio efectivo si la pierde.
Finalmente, si el tercer adquirente es de mala fe, el acreedor (propietario de la cosa)
puede reivindicarla.
Si se trata de una cosa mueble no registrable robada o perdida, y el tercero poseedor
es de buena fe, este no puede reclamarle al reivindicante el precio que pagó.
Excepto que el objeto se haya vendido con otros iguales en una venta pública, o en
casa de venta de objetos semejantes, o por quien acostumbraba a venderlos.
ENTREGA DE LA COSA A QUIEN NO ES PROPIETARIO. BIENES REGISTRABLES: En estos
supuestos, la solución legal otorga siempre preferencia al dueño acreedor.
En efecto, independientemente de que el tercero haya contratado a título oneroso,
tratándose de una cosa registrable cabe presumir siempre la mala fe del tercero.
OBLIGACIONES DE GÉNERO: Las obligaciones de género son aquellas cuyo objeto
recae sobre cosas determinadas solo por su especie y calidad.
Las cosas que integran el objeto de la prestación de dar están determinadas
únicamente por su pertenencia a un género.
Su nota distintiva es la homogeneidad y fungibilidad de las cosas que integran el
género.
Expresión que debe ser entendida en el sentido que todo individuo de la especie
equivale a otro de la misma especie, por lo que pueden sustituirse por otros de la
misma calidad y cantidad.
Las obligaciones de género presentan los siguientes caracteres:
La determinación del objeto se efectúa teniendo en cuenta el género o especie
y el número de individuos de aquel que deben ser entregados.
La especie debe estar determinada al momento de nacer la obligación.
La cantidad puede estar determinada o ser determinable.
Debe tratarse de cosas fungibles, determinadas solo por su especie y cantidad.
Hasta tanto no opere la individualización, rige el principio de que el género
nunca perece, por lo que el deudor nunca podrá alegar imposibilidad de pago.
La elección concentra la obligación en una prestación determinada, a partir de
ese momento queda sujeta al régimen de las obligaciones de dar cosas ciertas.
INDIVIDUALIZACION: La individualización es el acto por el cual se individualiza y
determina el objeto de la obligación de género.
Se lo denomina elección, es un acto unilateral, que pueda emanar del deudor o del
acreedor (según quien sea titular de esa facultad).
Nada impide, sin embargo, que por acuerdo de partes la elección pueda convertirse en
bilateral.
Producida la misma, opera la concentración, aquella se transforma en una obligación
de dar cosa cierta y queda sujeta a dicha normativa.
En una obligación de género, las cosas debidas deben ser individualizadas.
La elección corresponde al deudor, excepto que lo contrario resulte de la convención
de las partes.
La elección debe recaer sobre cosa de calidad media, y puede ser hecha mediante
manifestación de voluntad expresa o tácita.
PERIODO ANTERIOR A LA INDIVIDUALIZACION: El caso fortuito no libera al deudor,
dado la naturaleza del género, si se pierde o deteriora alguno de sus elementos o
individuos, siempre habrá otros en su reemplazo.
Por tal razón, tampoco puede afectarle el caso fortuito.
Si la elección la tiene el deudor y este incurre en mora, el acreedor queda facultado
para efectuarla.
Si la elección la tiene el acreedor y no la realiza, se aplica el mismo criterio.
Lo señalado es sin perjuicio de otros remedios que el sistema reconoce, como resolver
el contrato y demandar la indemnización de daños causas por dicha morosidad.
OBLIGACIONES RELATIVAS A BIENES QUE NO SON COSAS: Bienes son objetos
materiales o inmateriales susceptibles de valoración económica.
Las cosas son bienes materiales susceptibles de apreciación pecuniaria.
Existe una relación de género a especie entre bienes y cosas.
Cuando una obligación tiene por objeto la transmisión o la puesta a disposición de
bienes que no sean cosas, se aplican en lo pertinentes las normas y reglas sobre
obligaciones de dar.
En definitiva, la norma establece que resultan aplicables las reglas de las obligaciones
de dar cosa cierta y obligaciones de género a cualquier obligación que tenga por objeto
transferir un bien que no es cosa.
UNIDAD 6:
OBLIGACIONES DE DAR DINERO: Es aquella que el deudor debe cierta cantidad de
moneda, determinada o determinable, al momento de constitución de la obligación.
Si la obligación tiene por objeto una moneda que no sea de curso legal en la República,
establece que aquella debe considerarse como de dar cantidades de cosas y el deudor
puede liberarse dando el equivalente en moneda curso legal.
Quedan incluidas dentro de ese género:
1) Las obligaciones puras y simples en dinero
2) Las obligaciones en determinada especie de moneda nacional u obligaciones a
oro.
3) Las obligaciones en moneda que no tiene curso legal en la República o de
moneda extranjera.
4) Las obligaciones de valor.
Se ha definido al dinero como "la moneda que autoriza y emite el Estado con la
finalidad primordial de servir de unidad de medida de valor de todos los bienes, como
instrumento de cambio y como medio de pago de las relaciones patrimoniales"
(Pizarro-Vallespinos).
El nuevo CCyC supone un regreso al régimen originario, que consideraba las
obligaciones de dar sumas de dinero como obligaciones de dar cantidades de cosas.
El régimen aplicable luce más claro en materia de depósitos bancarios.
En este caso se ha dispuesto una obligación expresa del banco de restituir el dinero
depositado en la moneda de la misma especie.
Por lo demás, en el Código permanece vigente la prohibición de indexar.
Cabe preguntarse si en el nuevo régimen, las partes de un contrato podrían pactar el
pago exclusivamente en moneda extranjera en función de la autonomía de su
voluntad, o bien si lo dispuesto en el art. 765 CCyCN es de orden público.
Las interpretaciones preliminares al respecto, provenientes de la doctrina y del Poder
Ejecutivo, sugieren que podríamos estar ante un régimen normativo de aplicación
supletoria, pudiendo las partes optar por reglas diferentes.
OBLIGACIONES DEL DEUDOR: ARTÍCULO 766.
“El deudor debe entregar la cantidad correspondiente de la especie designada”.
El nominalismo establece la regla según la cual la obligación pecuniaria se extingue de
conformidad con su valor nominal, una unidad monetaria es siempre igual a sí misma.
El dinero que emite el Estado posee el valor nominal que este le asigna, con total
prescindencia de su mayor o menor poder adquisitivo, que es algo contingente y
secundario.
Para la postura valorista, en cambio, la extensión de las obligaciones dinerarias no se
determina por su valor nominal, sino en función del poder adquisitivo de la moneda.
Lo relevante no es la cantidad nominal adeudada, sino el valor comprometido que, en
caso de pérdida de poder adquisitivo de la moneda, debe ser representado por las
sumas nominales que sean necesarias para alcanzarlo.
El Código conserva el principio nominalista absoluto.
Cumple el deudor entregando la cantidad comprometida, según la especie designada
(conf. art. 766 CCyCN).
Así, por ejemplo, si el deudor se obligó a pagar mil pesos ($ 1000), al vencimiento de la
obligación deberá pagar esos mil pesos ($ 1000) en concepto de capital, aun cuando
ese importe ya no le permita adquirir igual cantidad de bienes y servicios que al inicio.
En el valorismo, en cambio, la extensión de las deudas queda determinada por el
poder adquisitivo de la moneda.
Liberándose el deudor siempre que entregue una cantidad de dinero que permita
adquirir la misma cantidad de bienes y servicios que al comienzo de la obligación.
INTERESES: En definitiva, el interés puede ser definido como la renta o ganancia
producida por el capital, o el fruto civil del capital.
También como el aumento que las deudas pecuniarias devengan en forma paulatina,
durante un tiempo dado.
Sea como precio por el uso de un dinero ajeno, o como indemnización por un retardo
en el cumplimiento de una obligación dineraria.
El Código clasifica los intereses según su finalidad en: compensatorios, moratorios y
punitorios y establece el régimen aplicable a cada uno de ellos.
También se refiere a la distinción de los intereses según su origen, distinguiendo los
intereses en legales y convencionales.
INTERESES COMPENSATORIOS: Los intereses compensatorios son aquellos que se
adeudan como contraprestación o precio por la utilización de un capital ajeno.
Son ajenos a toda idea de responsabilidad civil y no requieren para su procedencia que
medie culpa, dolo u otro factor de atribución objetivo imputable en la conducta del
deudor.
Se encuentran regulados por el art. 767 CCyC, que autoriza a las partes a fijarlos,
siendo válida la tasa fijada para su liquidación.
Solo proceden en caso de acuerdo de partes o de previsión legal. Si la tasa no fue fijada
por las partes, ni por las leyes, ni resulta de los usos, puede ser establecida por los
jueces.
INTERESES MORATORIOS: Son aquellos que se deben en caso de mora del deudor en
el cumplimiento de su obligación.
El deudor, con su incumplimiento, priva ilegítimamente al acreedor de su derecho a
percibir un capital y, como consecuencia de ello, se encuentra obligado a reparar el
perjuicio ocasionado.
El CCyC en el art. 768 sienta similar principio al previsto en la legislación derogada (“A
partir de su mora el deudor debe los intereses correspondientes…”).
Y en cuanto a la tasa dispone que se determina por lo pactado por las partes, por lo
que dispongan leyes especiales y, en subsidio, por las que se fijen según las
reglamentaciones del Banco Central de la República Argentina.
Los intereses compensatorios pueden acumularse con los moratorios o punitorios, ya
que responden a una finalidad diferente.
Los primeros se deben por el uso de un capital ajeno, mientras los segundos, por el
retraso en el cumplimiento de la obligación.
INTERESES PUNITORIOS: Los intereses punitorios se tratan de intereses moratorios
convencionales a los que se aplica el régimen normativo de la cláusula penal. También
pueden ser legales.
ANATOCISMO: Es anatocismo el interés del interés, es decir, la capitalización de los
intereses.
Los intereses ya vencidos se agregan al capital y producen, a su vez, nuevos intereses
Con respecto al anatocismo, nos remitimos al Art. 770, el cual menciona:
“No se deben intereses de los intereses, excepto que:
a) una cláusula expresa autorice la acumulación de los intereses al capital con una
periodicidad no inferior a seis meses.
b) la obligación se demande judicialmente; en este caso, la acumulación opera desde la
fecha de la notificación de la demanda.
c) la obligación se liquide judicialmente; en este caso, la capitalización se produce
desde que el juez manda pagar la suma resultante y el deudor es moroso en hacerlo.
d) otras disposiciones legales prevean la acumulación.”
El artículo examinado mantiene el principio general de prohibición del anatocismo,
contemplando una serie de excepciones.
FACULTADES JUDICIALES: Conforme al Art. 771:
“Los jueces pueden reducir los intereses cuando la tasa fijada o el resultado que
provoque la capitalización de intereses excede sin justificación y
desproporcionadamente.
El costo medio del dinero para deudores y operaciones similares en el lugar donde se
contrajo la obligación.
Los intereses pagados en exceso se imputan al capital y, una vez extinguido éste,
pueden ser repetidos.”
En el artículo en comentario se consagra en forma expresa la facultad de los jueces de
reducir los intereses (moratorios y compensatorios).
Tratándose de intereses punitorios, respecto de los cuales resultan aplicables las
normas que regulan la cláusula penal, la reducción procede cuando:
“su monto desproporcionado con la gravedad de la falta que sancionan, habida cuenta
del valor de las prestaciones y demás circunstancias del caso, configuran un abusivo
aprovechamiento de la situación del deudor”.
El ejercicio de la facultad morigerada por parte de los jueces exige que analicen la
naturaleza del negocio, el plazo del crédito, la moneda del préstamo, el monto del
crédito, entre otras cosas.
Lo que exige indagar cuándo se empieza a pagar el capital, cuáles son los tiempos en
que se pagan intereses, etc
CUANTIFICACION DE UN VALOR: Con relación a la cuantificación de un valor, hay que
remitirnos al Art. 772:
“Si la deuda consiste en cierto valor, el monto resultante debe referirse al valor real al
momento que corresponda tomar en cuenta para la evaluación de la deuda.
Puede ser expresada en una moneda sin curso legal que sea usada habitualmente en el
tráfico.
Una vez que el valor es cuantificado en dinero se aplican las disposiciones de esta
Sección.”
El Código Civil y Comercial recepta en este artículo las denominadas obligaciones de
valor.
Las de valor tienen por objeto un valor abstracto o una utilidad, constituida por bienes,
que habrá de medirse en dinero necesariamente en el momento del pago.
El Código incorpora expresamente la distinción entre las obligaciones de dar sumas de
dinero y las obligaciones de valor.
Las obligaciones de valor pueden surgir de acuerdo de partes o de la ley.
Se ha interpretado que no se puede pactar una deuda en dinero cierta y que dicha
suma se actualice de acuerdo al valor del producto o servicio adquirido.
Ni el juez puede mandar a pagar un monto determinado y que ese monto se siga
actualizando hasta su pago, ya que esto viola la prohibición de indexar.
Si la manera de determinar el valor es fijarlo en relación a una moneda extranjera, ello
debe compatibilizarse con las normas propias de las obligaciones en moneda
extranjera.
OBLIGACIONES DE HACER: Es aquella cuya prestación consiste en la realización de un
hecho o de un servicio.
Se traduce en un compromiso positivo de energía de trabajo orientado a satisfacer el
interés del acreedor.
El Código Civil y Comercial de la Nación lo conceptúa en el Art. 773:
“La obligación de hacer es aquella cuyo objeto consiste en la prestación de un servicio o
en la realización de un hecho, en el tiempo, lugar y modo acordado por las partes”.
Esta última referencia es objetable, ya que la obligación de hacer puede no emanar de
fuente convencional, en cuyo caso, el tiempo, modo y lugar de cumplimiento surge de
otros parámetros (ley, resolución judicial, etc).
PRESTACION DE UN SERVICIO Y REALIZACION DE UN HECHO: Existen dos grandes
modalidades de obligaciones de hacer.
Por un lado las que tienen por objeto la prestación de un servicio, en la cual, el objeto
consiste en la realización de un compromiso de energía independiente de la obtención
de un resultado determinado.
Cuenta la actividad en si misma considerada y la mayor o menor diligencia empleada
para satisfacer el interés del acreedor.
Tal lo que sucede con las obligaciones de hacer que emergen del contrato de servicios
o de trabajo.
Por otro lado, tenemos las que consisten en la realización de un hecho, en las cuales el
compromiso de energía debe traducirse en la obtención de un resultado material o
intelectual.
Así, por ejemplo, las obligaciones que emergen del contrato de obra y de transporte de
personas y cosas.
Es decir, el debido cumplimiento en este caso, exige la realización del hecho en el
tiempo y modo acordes con la intención de las partes o con la índole de la obligación.
El tiempo apropiado para el cumplimiento dependerá de si se trata de una obligación
pura y simple, o bien sujeta a una modalidad como el plazo, aplicándose las reglas
acordadas o bien correspondientes al tipo de obligación comprometida.
En cuanto al modo, que en materia de obligaciones de hacer resulta un elemento
esencial, se ha entendido que para interpretar cuál fue la voluntad de las partes.
Debe tomarse en cuenta una actuación de buena fe, que implicará el cumplimiento de
las reglas del arte del oficio, profesión o actividad desplegada.
La realización del hecho en forma impropia implica incumplimiento.
Ante tal circunstancia, el acreedor puede prescindir del resultado obtenido y reclamar
un nuevo cumplimiento o incluso reclamar la destrucción de lo realizado, salvo que
ello constituya un abuso.
De no resultar posible la destrucción de lo hecho y/o el nuevo cumplimiento, podrá el
acreedor reclamar el resarcimiento correspondiente al perjuicio sufrido.
INCORPORACION DE TERCEROS: Se admite que la obligación de hacer sea ejecutada
por una persona diferente al deudor.
A menos que de acuerdo a lo pactado, a la naturaleza o circunstancias de la obligación
resulte que éste fue elegido por sus cualidades para realizarla personalmente.
El contenido general de esta disposición luce aplicable en distintas circunstancias.
De un lado, compete al caso del cumplimiento normal de la obligación de hacer, donde
se habilita así el cumplimiento por terceros, cuando no se tratare de obligaciones
intuitu personae.
Se admite así que la prestación pueda ser satisfecha por el propio deudor o por otras
personas por él designadas, con la excepción mencionada.
La regla es especialmente relevante en cuanto a la posibilidad de cumplimiento por
dependientes suyos y, en tal sentido, luce coherente con la consagración del principio
de equiparación.
Por el cual se admite la actuación de auxiliares en representación de sus comitentes,
igualándose las consecuencias del incumplimiento de uno y otro.
EJECUCION FORZADA: Art. 777. Ejecución forzada
“El incumplimiento imputable de la prestación le da derecho al acreedor a:
a) exigir el cumplimiento específico.
b) hacerlo cumplir por terceros a costa del deudor.
c) reclamar los daños y perjuicios.”
OBLIGACIONES DE NO HACER: Las obligaciones de no hacer son aquellas que tienen
por objeto una abstención del deudor o tolerar una actividad ajena.
Se caracterizan por su contenido negativo, ya que su objeto consiste en la abstención
de algo que, normalmente, el deudor habría podido efectuar si no se impidiera la
constitución de la obligación.
Les resultan aplicables las disposiciones generales relativas a las obligaciones de hacer.
Ante el incumplimiento imputable de la obligación, el acreedor se encuentra facultado
para “reclamar la destrucción física de lo hecho, y los daños y perjuicios”.
Según los casos, son aplicables otros remedios: aplicación de astreintes, entre otros.
El acreedor no se encuentra habilitado para hacer justicia por mano propia.
Debe solicitar autorización judicial para obtener la destrucción física de lo hecho por el
deudor en contravención a la obligación.
OBLIGACIONES ALTERNATIVAS: Las obligaciones alternativas son aquellas cuyo objeto
está constituido por varias prestaciones establecidas en forma disyuntivas.
Distintas e independientes entre sí, de las cuales el deudor debe ejecutar solamente
alguna de ellas para liberarse.
Existe, de tal modo, una pluralidad de prestaciones in obligatione y unidad de
prestación in solutione.
Así, por ejemplo, la obligación entregar un automóvil A4 Audi o un departamento en a
elección del deudor.
El deudor debe cumplir solamente con alguna de las prestaciones debidas, no con
todas.
Esto marca la diferencia con las obligaciones de objeto plural acumulativo, en las que
el debe satisfacer íntegramente la totalidad de las prestaciones.
Existe una pluralidad de prestaciones que pueden ser de distinta naturaleza: de dar, de
hacer y de no hacer.
Donde el deudor cumple entregando una de ellas, respetándose así el principio de
integridad del pago, ya que no le permite ofrecer la satisfacción parcial de varias de
ellas.
Con respecto a sus caracteres podemos decir:
Se trata de una sola obligación, que tiene un vínculo igualmente único.
El objeto es plural, integrado por diversas prestaciones que se orientan en
forma alternativa a satisfacer el interés del acreedor.
El cumplimiento se alcanza a través de la ejecución de alguna de esas
prestaciones, una vez practica la elección y operado el descarte de las restantes
como consecuencia propia de la alternatividad.
Prestaciones debidas distintas e independientes, sujetas a la elección del
deudor, del acreedor o de un tercero.
No basta con la mera diferencia de cantidad, sino que debe ésta referirse a las
características del bien o servicio, tiempo o lugar de pago, etc.
Por su parte, la independencia de las prestaciones supone que no hay
subordinación de unas a otras y que los defectos de alguna de ellas, no
impactan en las demás.
ELECCION: Constituye una característica de esta clase de obligaciones el ejercicio de
una opción, es decir, la posibilidad de elegir para su cancelación entre varias
prestaciones.
La doctrina considera a la elección como un elemento sustancial en la obligación
alternativa, siempre que una vez ejercida la opción, aquella se transforma en una
deuda de cosa cierta cuyo objeto es el determinado por el sujeto habilitado.
La elección no tiene establecida una forma específica, sino que puede ejercerse de
cualquier modo, expresa o tácitamente.
Y el autorizado puede hacerlo libremente entre las prestaciones que la conforman.
No existe condicionamiento alguno, como ocurre, por ejemplo, con las obligaciones de
género, en la cuales la elección debe recaer sobre cosa de calidad media.
Por lo tanto, puede optar por cualquiera, aunque sea de la mejor o de la peor calidad.
Dado que la ley no establece una forma específica, se aplica al caso el principio de
libertad de formas.
SUJETO DE ELECCION: Dispone el Art. 780:
“Excepto estipulación en contrario, la facultad de elegir corresponde al deudor”.
Nuestro sistema reconoce de manera subsidiaria al deudor la facultad de elección, por
aplicación del principio del favor debitoris.
Nada impide que las partes puedan atribuir tal facultad de elección al acreedor o a un
tercero, en tal caso, se la denomina alternativa irregular.
ELECCION POR EL DEUDOR: El deudor puede realizar la elección expresa o
tácitamente.
Lo hace de manera expresa cuando determina precisamente, en su individualidad, cual
es la prestación seleccionada y lo comunica al acreedor, a través de una declaración de
voluntad recepticia.
Después de comunicada a la otra parte, la elección queda firme, es irrevocable, y solo
puede ser dejada sin efecto por acuerdo de ambas partes, sin perjuicio de tercero.
El deudor puede también efectuar la elección de manera tacita.
En tal caso, ella resulta de actos que permitan al acreedor conocer con certidumbre la
voluntad de aquel.
Así, por ejemplo, cuando ejecuta alguna de las prestaciones, de manera total o parcial
con conocimiento del acreedor, desde ese momento la elección es irrevocable.
ELECCION A CARGO DEL ACREEDOR: La elección del acreedor también puede ser
realiza de manera expresa o tacita.
Es expresa cuando se practica mediante una declaración de voluntad recepticia, que
deviene irrevocable desde el momento de su notificación a la otra parte.
La elección del acreedor también puede operar tácitamente, tal lo que sucede cuando
este recibe voluntariamente la prestación que cumple el deudor.
ELECCION POR UN TERCERO: Cuando la elección la tiene un tercero, ella debe ser
realizada en tiempo propio por medio de una declaración notificada a todas las partes.
Es preciso que el tercero haga la elección antes del vencimiento, dando tiempo al
deudor para adoptar las medidas tendientes al cumplimiento de la prestación elegida.
Si se permitiera que el tercero eligiera la prestación recién el día del vencimiento,
podría darse el caso de que el deudor no tuviera razonablemente tiempo para poder
cumplir ese día.
EFECTOS: Una vez realizada, la elección la prestación escogida se considera única
desde su origen, y se aplican las reglas de las obligaciones de dar, de hacer o de no
hacer según corresponda.
El efecto esencial de la elección es convertir a la obligación alternativa en una cosa
cierta; opera una concentración de los deberes del deudor en ese objeto seleccionado.
De ahí en adelante, se la considera como la única debida desde el momento en que se
contrajo la obligación, descartando las demás prestaciones del objeto obligacional.
OBLIGACIÓN ALTERNATIVA REGULAR: El nuevo Código Civil y Comercial identifica las
obligaciones alternativas regulares con aquellas en las cuales la elección corresponde
al deudor y la alternativa se da entre dos prestaciones.
Para esos supuestos, fija las siguientes reglas:
A) Casos en los cuales una prestación resulta imposible:
a.1. Por causas ajenas a la responsabilidad de las partes o atribuibles a la
responsabilidad del deudor: la obligación se concentra en la restante.
a.2. Por causas atribuibles a la responsabilidad del acreedor: a opción del deudor,
puede darse por cumplida su obligación, o puede él cumplir la prestación todavía
posible y reclamar los daños y perjuicios consistentes en la diferencia entre lo pagado y
el valor de la prestación que resultó imposible.
B) Casos en los cuales todas las prestaciones resultan imposibles:
b.1. Con imposibilidad sucesiva: la obligación se concentra en esta última, excepto si la
imposibilidad de alguna de ellas obedece a causas que comprometen la
responsabilidad del acreedor. En este supuesto el deudor tiene derecho a elegir con
cuál queda liberado.
b.2. Con imposibilidad simultánea: Si además el responsable es el deudor, éste se
libera entregando el valor de cualquiera de las prestaciones.
Si la responsabilidad es atribuible al acreedor, el deudor tiene derecho a reclamar su
cumplimiento y reclamar los daños y perjuicios emergentes de la mayor onerosidad
que le ocasione el pago realizado, con relación al que resultó imposible.
Si todas las prestaciones resultan imposibles por causas ajenas a la responsabilidad de
las partes, la obligación se extingue.
OBLIGACIÓN ALTERNATIVA IRREGULAR: En este caso se dispone que la elección
corresponde al acreedor y que la alternativa se da entre dos prestaciones (o más,
según pensamos).
En este sentido:
A) Casos en los cuales una prestación resulta imposible:
a.1. Por causas ajenas a la responsabilidad de las partes o atribuibles a la
responsabilidad del acreedor: la obligación se concentra en la restante.
a.2. Por causas atribuibles a la responsabilidad del deudor: a opción del acreedor,
puede reclamar la prestación posible, o puede reclamar el valor de la prestación que
resulta imposible.
B) Casos en los cuales todas las prestaciones resultan imposibles:
b.1. Con imposibilidad sucesiva: la obligación se concentra en esta última, excepto que
la imposibilidad de la primera obedezca a causas que comprometan la responsabilidad
del deudor; en este caso el acreedor tiene derecho a reclamar el valor de cualquiera de
las prestaciones.
b.2. Con imposibilidad simultánea: Si además el responsable es el acreedor, éste tiene
derecho a elegir con cuál de ellas queda satisfecho, y debe al deudor los daños y
perjuicios emergentes de la mayor onerosidad que le reporte el pago realizado.
Si las causas son atribuibles a la responsabilidad del deudor, el acreedor tiene derecho
a elegir con el valor de cuál de ellas queda satisfecho.
Si todas las prestaciones resultan imposibles por causas ajenas a la responsabilidad de
las partes, la obligación se extingue.
ELECCION DE MODALIDAD O CIRCUNSTANCIAS: El CCyC permite que se trate de una
obligación alternativa cuando existen modalidades o circunstancias distintas respecto
de la deuda de una misma prestación (por ejemplo, si convinieron que la entrega de la
cosa objeto de la obligación sería entregada en un lugar u otro).
Es decir, en supuestos en que la alternatividad recae en las modalidades de su
ejecución (lugar de pago, o de cosas, hechos y lugar de entrega).
Se aplican las reglas generales como si la variedad se tratara de la prestación en sí
misma, y no en las circunstancias apuntadas.
OBLIGACIONES DE GENERO LIMITADO: Las obligaciones de género limitado son
aquellas en las que el deudor debe entregar una cosa incierta, pero comprendida
dentro de un numero de cosas ciertas de la misma especie.
Así por ejemplo, la obligación de entregar dos de los caballos de tiro que poseo en mi
estancia en La Cumbre, si en ese establecimiento tengo 50 caballos, debo entregar dos
de ellos (Dice Pizarro-Vallespinos).
En estas obligaciones el género está limitado, razón por la cual la elección debe
practicarse solamente entre esos 50 caballos.
En caso de producirse, por ejemplo, la pérdida total de los mismos por causas no
imputables al deudor, este quedaría liberado por imposibilidad de pago.
Es irrevocable el caso fortuito y no rige el principio de calidad media en la elección.
No rige el principio de calidad media en la elección (que es propio de las obligaciones
de género y no de las alternativas).
Tampoco se aplica la regla de que el género nunca perece.
OBLIGACIONES FACULTATIVAS: Las obligaciones facultativas son aquellas que tienen
por objeto una sola prestación.
Pero que permite que el deudor pueda voluntaria y discrecionalmente optar por
sustituirla por otra distinta y liberarse cumpliendo esta última.
Por ejemplo, A debe a B la suma de $100.000 pero puede liberarse de dicha obligación
entregando al acreedor el cuadro de Francisco Vidal “Retrato de Doña Rosa”.
El Art. 786 lo conceptúa en los siguientes términos:
“La obligación facultativa tiene una prestación principal y otra accesoria.
El acreedor solo puede exigir la principal, pero el deudor puede liberarse cumpliendo la
accesoria.
El deudor dispone hasta el momento del pago para ejercitar la facultad de optar”.
El deudor en sí, solo debe una prestación, que es la única a la cual el acreedor tiene
derecho.
Sin embargo, se le acuerda la facultad de sustituirla por otra y de liberarse cumpliendo
esta última.
OPCION: Corresponde únicamente al deudor, quien goza de la facultad de sustituir la
prestación debida, por otra idónea para el pago.
Mientras que el acreedor solo puede exigir el cumplimiento de la principal, ya que, de
lo contrario (en caso de autorizarle la opción), se estaría en presencia de una
obligación alternativa irregular, no de una facultativa.
El Código establece que el deudor dispone hasta el momento del pago para ejercer la
facultad de optar.
EXTINCION: La obligación facultativa se extingue si la prestación principal resulta
imposible, sin perjuicio de la responsabilidad que pueda corresponder.
Entre los principios que caracterizan a las obligaciones facultativas, debe destacarse la
relación de interdependencia entre las prestaciones que integran el vínculo
obligacional.
Así las cosas, siempre se considera a la prestación accesoria como dependiente de la
principal, la vida de la obligación accesoria depende de la vigencia de la principal.
Cuando existe imposibilidad de pago respecto de la prestación principal, la obligación
facultativa se extingue integralmente, aunque la prestación accesoria sea susceptible
de pago.
La norma se asienta en el principio de la unidad (de vínculo, de causa-fuente y de
objeto), es decir, existe un objeto debido y otro o más para el pago.
De ahí que la vida de la obligación dependerá de su objeto, ya que si este se torna de
cumplimiento imposible (sin culpa del deudor, por caso fortuito o fuerza mayor), el
vínculo se extingue, sin importar que exista otro objeto apto para el pago, ya que este
es ajeno a la deuda.
La regla contiene excepciones:
A) Si la imposibilidad de pago acontece luego de que el deudor se encuentre
constituido en mora, supuesto en el cual el caso fortuito no lo libera.
B) Cuando el deudor se adelanta a satisfacer la prestación accesoria antes de que el
contrato pueda quedar resuelto debido al incumplimiento de la prestación principal,
ya que el acreedor queda desinteresado en virtud de una dación en pago.
CASO DE DUDA: En caso de duda respecto a si la obligación es alternativa o facultativa,
se la tiene por alternativa.
La norma es clara en cuanto a la solución a adoptar en el supuesto de que se dude
acerca del carácter alternativo o facultativo de una obligación, decidiéndose por el
primero de los mencionados.
Autores como Colmo y Lafaille criticaban tal disposición, porque consideraban que no
atendía al favor debitoris, ya que la obligación facultativa resulta más favorable al
deudor y, de ese modo, la duda no se interpreta a favor del obligado.
Sin embargo, se continúa con la línea adoptada por la mayoría de la doctrina.
Por lo tanto, si se duda de su existencia, debe concluirse que no quedo configurada la
facultad en favor del deudor; luego, la obligación es alternativa.
UNIDAD 7:
OBLIGACIONES CON CLAUSULA PENAL Y SANCIONES CONMINATORIAS: La cláusula
penal es aquella por la cual una persona, para asegurar el cumplimiento de una
obligación, se sujeta a una pena o multa en caso de retardar o de no ejecutar la
obligación.
La cláusula penal no solo tiene una finalidad resarcitoria, sino también una función
compulsiva como medio de constreñir al exacto cumplimiento de las obligaciones.
Como enseña el Profesor Castilla, dicha cláusula es esencialmente conminatoria, y
ataca a la fuente del daño, que es la inejecución ilícita.
Siguiendo a los maestros franceses, se debe agregar que ella no tiene en cuenta el
daño ni su posible valor.
Sino que mediante su uso se establece una suma de dinero que conmine y asegure en
lo posible el cumplimiento de la acción principal.
En definitiva, la cláusula penal es una estipulación accesoria a una obligación principal,
que cumple una doble función:
Compulsiva: Se trata de un recurso encaminado a compeler psicológicamente al
deudor al cumplimiento de la obligación.
Al ser la cláusula penal en ocasiones más gravosa que la prestación principal en sí,
agrega un verdadero estímulo al deudor para que cumpla.
Resarcitoria: La cláusula penal importa una liquidación convencional y anticipada de
los daños y perjuicios que pueda sufrir el acreedor, en el supuesto de incumplimiento
de la obligación.
Se vincula así con el sistema jurídico de reparación de los daños y perjuicios.
CLASES DE CLAUSULA PENAL: La cláusula penal puede ser moratoria o bien
compensatoria:
Moratoria: se refiere a la demora en el cumplimiento y tiene sentido cuando el
acreedor mantiene su interés en el cumplimiento posterior.
Consiste generalmente en el pago de multas que resultan acumulables a la prestación
principal.
Compensatoria: se aplica ante el incumplimiento definitivo y sustituye la prestación
principal, comprendiendo los daños y perjuicios derivados.
Por ello, no resulta acumulable a tal prestación principal.
CARACTERES CLAUSULA PENAL:
Por su parte, la cláusula penal presenta los siguientes caracteres:
EXPRESA: Surge solo de la autonomía de la voluntad de las partes,
generalmente está incluida en los contratos de manera explícita, su
interpretación es restrictiva.
ACCESORIA: Siempre se presenta en relación a una obligación principal
impuesta.
SUBSIDIARIA: El objeto de la obligación lo constituye la prestación debida, la
cláusula penal solo se aplica para el caso de incumplimiento de esta última.
CONDICIONAL: El incumplimiento es el hecho condicionante de la cláusula
penal, y no viceversa.
Es decir, la obligación principal no es condicional, solo lo es la cláusula penal.
INMUTABLE: La jurisprudencia de nuestros tribunales consideraba que la
cláusula penal acordada no podía ser modificada por excesivo que fuera su
monto, respetando el principio de la autonomía de la voluntad.
Si bien esta sigue siendo la regla existen algunas excepciones.
OBJETO: La cláusula penal puede tener por objeto el pago de una suma de dinero, o
cualquiera otra prestación que pueda ser objeto de las obligaciones.
Como condición de existencia de la cláusula penal, esta debe contar con un objeto
que, tiene que reunir los requisitos de ser posible, determinable, lícito y de contenido
patrimonial.
Con relación al objeto, el CCyC expresamente dispone que la cláusula penal puede
tener por objeto “el pago de una suma de dinero, o cualquiera otra prestación que
pueda ser objeto de las obligaciones”.
La prestación que constituye el objeto de la cláusula penal puede consistir en una
obligación de dar, hacer o no hacer, aunque en la mayoría de los casos consistirá en
una obligación de dar suma de dinero.
El principal interesado en beneficiarse con la cláusula penal será el mismo acreedor de
la relación jurídica obligacional, pero nada obsta a que sea un tercero ajeno a ella.
Cuando la cláusula penal es pactada a favor de un tercero, subsiste la función
indemnizatoria.
INCUMPLIMIENTO: El deudor que no cumple la obligación en el tiempo convenido
debe la pena, si no prueba la causa extraña que suprime la relación causal.
La eximente del caso fortuito debe ser interpretada y aplicada restrictivamente.
La cláusula penal funciona como una “norma compuesta”, que predetermina lo que
Kelsen llama una proposición jurídica completa.
Para el jurista, la proposición normativa se integra de la norma primaria que describe
la conducta a seguir “el cumplimiento de la obligación pactada”.
Y la norma secundaria que determina la consecuencia ante la trasgresión del
enunciado que se precede: “la sanción pecuniaria pactada”.
Entonces, la fórmula queda circunscripta a la siguiente afirmación: dada una cierta
conducta humana, debe ser un acto coactivo.
Lo expuesto reproduce la funcionalidad de las cláusulas penales, ellas deben estar
compuestas de tres elementos esenciales:
Uno subjetivo (destinatario), uno objetivo (descripción del comportamiento) y otro
coactivo (sanción legal ante la trasgresión de la manda).
RELACIÓN CON LA INDEMNIZACION: La cláusula penal compensatoria contenida en
un contrato sustituye la indemnización.
Y resulta inmutable para acreedor y deudor aun cuando el acreedor resulte
desfavorecido por tener derecho a reclamar una indemnización mayor.
O el deudor resulte perjudicado por imponérsele una pena superior al monto que le
correspondería por el resarcimiento derivado del incumplimiento de la prestación.
Si bien en principio no es acumulable, la pena o multa derivada de una cláusula penal a
la indemnización.
El principio de inmutabilidad cede cuando en el contrato se pacta que esa multa o
sanción resulta adicional a la eventual responsabilidad por incumplimiento de una
obligación determinada.
Con relación a los intereses, en principio estos resultan plenamente acumulables a la
cláusula penal que tiene como obligación principal una suma de dinero.
Pero en caso de que se trate de intereses punitorios, ellos no resultan acumulables con
nuevos intereses en virtud de derivar de la misma naturaleza jurídica.
OBLIGACIONES DE NO HACER: En las obligaciones de no hacer el deudor incurre en la
pena desde el momento que ejecuta el acto del cual se obligó a abstenerse.
Las obligaciones de no hacer implican la abstención por parte del deudor de un
determinado comportamiento.
O bien el permiso de un comportamiento externo sin oponerse o emitir resistencia
sobre el mismo.
Las obligaciones de no hacer no admiten conceptualmente el estado de mora, ya que
su violación implica un incumplimiento definitivo.
Un sector de la doctrina entiende que esta solución es insuficiente para resolver la
cantidad de variaciones que plantea este tipo de obligaciones.
El CCyC, bajo un perfil simplista supera estas consideraciones y establece que el
obligado incurre en la pena desde el momento que ejecuta el acto del cual se obligó a
abstenerse.
OPCIONES DEL DEUDOR: El deudor puede eximirse de cumplir la obligación con el
pago de la pena únicamente si se reservó expresamente este derecho.
Lorenzetti sostiene que la regulación privada expresa lo que las partes quieren hacer y
la regulación legal, lo que la colectividad pretende que hagan.
Por su parte Messineo, afirma que el contenido del contrato debe ser el resultado del
libre debate entre las partes.
Las partes son libres de disponer y determinar el contenido de una declaración de
voluntad dentro de los límites impuestos por la ley, el orden público, la moral y las
buenas costumbres.
La manifestación de voluntad de las partes, a través de la cual el deudor se reserva el
derecho de eximirse de cumplir la obligación con el pago de la pena, es válida.
OPCIONES DEL ACREEDOR: El acreedor no pedir el cumplimiento de la obligación y a
su vez exigir la pena, ya que esta última presupone el incumplimiento del deber
asumido.
El CCyC admite dos excepciones a esta regla:
Primero, que se haya estipulado la pena por el simple retardo, nos encontramos frente
a un caso de cláusula penal moratoria.
En estos casos el acreedor puede exigir el cumplimiento y, a su vez, la pena tasada por
el incumplimiento temporal de la prestación.
El segundo supuesto es que se haya estipulado que, por el pago de la pena, no se
entienda extinguida la obligación principal.
Esta contempla el caso de una cláusula penal compensatoria, en la cual las partes han
previsto contractualmente que el pago de la pena no extingue la obligación principal.
DISMINUCION PROPORCIONAL: Si el deudor cumple sólo una parte de la obligación, o
la cumple de un modo irregular, o fuera del lugar o del tiempo a que se obligó, y el
acreedor la acepta, la pena debe disminuirse proporcionalmente.
Se trata de un supuesto de excepción al principio de la inmutabilidad de la cláusula
penal, que implica la manutención de las condiciones en las que ha sido pactada.
Algunos autores entienden que la utilidad debe presumirse, salvo prueba en contrario,
desde el momento en que el acreedor aceptó el cumplimiento parcial.
Con relación a la reducción de la pena, esta deberá realizarse de conformidad a lo
previsto por las partes.
O en su defecto la determinará el juez de manera proporcional.
DIVISIBILIDAD: Los codeudores o sus herederos no responden por la totalidad de la
pena sino solo responderán en la proporción que corresponda a su parte.
Esta previsión legal priva al acreedor de exigir el cumplimiento total de la pena a uno
de ellos.
La obligación objeto de la cláusula penal debe ser divisible y sus prestaciones deben
ser susceptibles de cumplimiento parcial.
Siendo indiferente la divisibilidad o no de la obligación principal.
INDIVISIBILIDAD: Si la obligación de la cláusula penal es indivisible, o si es solidaria
aunque divisible.
Cada uno de los codeudores, o de los coherederos del deudor, queda obligado a
satisfacer la pena entera.
EXTINCION DE LA OBLIGACIÓN PRINCIPAL: Si la obligación principal se extingue sin
culpa del deudor queda también extinguida la cláusula penal.
El artículo reproduce concordantemente la regla de lo accesorio sigue la suerte de lo
principal.
Si opera la prescripción sobre la obligación principal, también lo hará sobre la cláusula
penal.
Vale decir, que en determinados casos la cláusula penal tendrá mayor relevancia
jurídica e interés para el acreedor que la obligación principal.
Basta con señalar el supuesto de la cláusula penal pactada para asegurar el
cumplimiento de un deber moral, entre otros
OBLIGACIÓN NO EXIGIBLE: La cláusula penal tiene efecto, aunque sea puesta para
asegurar el cumplimiento de una obligación que al tiempo de concertar la accesoria no
podía exigirse judicialmente, siempre que no sea reprobada por la ley.
Representa una excepción al carácter accesorio de la cláusula penal, ya que esta última
puede exigirse aun en el caso en el cual la obligación principal resulte inexigible.
El caso más común será el de la cláusula penal impuesta a un deber moral.
Debemos precisar que en estos casos, la obligación principal debe ser natural desde el
mismo momento en que ha sido constituida la cláusula penal.
SANCIONES CONMINATORIAS: Son condenaciones conminatorias de carácter
pecuniario que los jueces aplican a quien no cumple con el deber jurídico impuesto en
una resolución judicial.
Estas imposiciones son susceptibles de aumentar indefinidamente a través del tiempo,
hasta vencer la resistencia del deudor que no cumple con el deber que pesa sobre el.
Nuestro Código Civil y Comercial establece en el Art. 804:
“Los jueces pueden imponer en beneficio del titular del derecho, condenaciones
conminatorias de carácter pecuniario a quienes no cumplen deberes jurídicos
impuestos en una resolución judicial.
Las condenas se deben graduar en proporción al caudal económico de quien debe
satisfacerlas y pueden ser dejadas sin efecto o reajustadas si aquél desiste de su
resistencia y justifica total o parcialmente su proceder.
La observancia de los mandatos judiciales impartidos a las autoridades públicas se rige
por las normas propias del derecho administrativo.”
Pese a que un sector de la doctrina ha considerado que este tipo de multas civiles no
constituyen una verdadera sanción, Picasso sostiene lo contrario.
No obstante corresponde señalar que estas sanciones gozan de una doble función.
Por un lado implican, al momento de que el juez las imponga ante el caso de
reticencia, una verdadera función conminatoria.
Ya que la finalidad de esta consiste en constreñir al deudor al cumplimiento, es decir
su objetivo tiene un carácter preventivo.
Pero en una segunda etapa tiene un objetivo estrictamente sancionatorio, el cual
deriva del incumplimiento objetivo de la conducta a seguir impuesta por la manda
jurisdiccional.
REQUISITOS: Para que proceda la aplicación de sanciones conminatorias es necesaria
la presencia de los siguientes requisitos:
En primer lugar, debe haber un deber impuesto a una persona por una resolución
judicial firme, de cumplimiento posible.
En segundo lugar, debe haber emplazamiento al destinatario del mandato judicial para
que lo cumpla, bajo apercibimiento de aplicación de astreintes en caso de persistir en
su actitud renuente.
Se debe precisar que conducta debe seguir el sujeto para evitar la imposición de
astreintes.
Las sanciones conminatorias se aplican en caso de renuncia o resistencia del
conminado, para lo futuro.
Por lo que la condena no puede ser acompañada desde el inicio de la imposición de
astreintes por si no cumple.
No hay posibilidad de aplicar astreintes eventuales.
En tercer lugar, debe haber una omisión imputable de cumplimiento por parte del
destinatario de dicho emplazamiento del mandato.
Lógicamente, no procede su aplicación si hay una causa de justificación que enerve la
antijuridicidad de la omisión.
Desde la visión de Pizarro y Vallespinos, es preciso que haya reprochabilidad subjetiva
en la conducta del agente, a titulo de dolo o culpa.
De tal modo, la mera negligencia, la desidia, la renuncia injustificada de quien, pese a
ser sujeto pasivo de una orden judicial, actúa de manera remisa es apta para
desencadenar su aplicación.
Cabe presumir dicho elemento subjetivo, a partir del incumplimiento, correspondiendo
en tal caso al sujeto pasivo alegar y probar lo contrario.
En cuarto lugar, debe haber una resolución judicial fundada que imponga las
astreintes.
OBLIGACIONES MODALES: Con respecto a las obligaciones modales, estas se tratan de
aquellas que se hallan sujetas a una modalidad o determinación particular, como el
plazo, la condición o el cargo.
PLAZO: El plazo es un acontecimiento futuro pero cierto, desde el cual comienza o
hasta el cual dura la eficacia de un negocio jurídico.
En el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, se dispone al respecto en materia de
actos jurídicos.
Pero además se regulan sus efectos al disponer sobre la mora y sobre el tiempo de
pago de las obligaciones, más allá de su análisis más profundo por la doctrina.
Tales disposiciones generales expresan:
- Exigibilidad de las obligaciones sujetas a plazo: En las obligaciones a plazo, el pago no
se debe desde el nacimiento de la obligación.
Sino que se fija un término para el cumplimiento, es decir, su exigibilidad queda
diferida al vencimiento de dicho plazo.
-Beneficiario del plazo: Esta modalidad se presume establecida en beneficio del
obligado a cumplir.
Salvo excepciones determinadas por la naturaleza del acto o por otras circunstancias,
que pueden justificar que el plazo haya sido previsto a favor del acreedor o de ambas
partes.
- Supuestos de pago anticipado: Resulta posible pagar anticipadamente, es decir, antes
de vencer el término aplicable a la obligación.
Sin embargo, quien así pagare no tiene derecho de repetición.
-Caducidad del plazo: La ley prevé una serie de circunstancias que privan al
beneficiario de pagar en el mayor término que supone la existencia de un plazo.
En este sentido, el plazo caduca ante la declaración de quiebra del deudor.
Asimismo, si disminuye por acto propio las seguridades otorgadas al acreedor para el
cumplimiento de la obligación (ej., si el locatario vende un inmueble ofrecido como
garantía de su contrato de alquiler, caducan los plazos acordados para el pago de los
cánones locativos).
Entre otros supuestos relevantes.
TIPOS DE PLAZOS: En cuanto a los tipos de plazo, se reconocen las siguientes
categorías:
OBLIGACIONES A PLAZO DETERMINADO: éstas se vuelven exigibles el día de su
vencimiento.
- Obligaciones a plazo determinado cierto: En su caso, el vencimiento se fija para una
fecha determinada (ej., del 1 al 5 de cada mes), o bien a tantos días de la fecha de
inicio de la obligación (ej., a treinta días de celebrado el contrato).
-Obligaciones a plazo determinado incierto: se sabe que el pago se volverá exigible en
un momento determinado, mas no se sabe exactamente en qué fecha ello ocurrirá (ej.,
cuando fallezca tal persona).
OBLIGACIONES A PLAZO TÁCITO: En estos casos el plazo no está expresamente
determinado, pero resulta tácitamente de la naturaleza y circunstancias de la
obligación.
La exigibilidad opera en la fecha que conforme a los usos y a la buena fe debe
cumplirse el pago.
OBLIGACIONES A PLAZO INDETERMINADO: Deben cumplirse en el tiempo que fije el
juez, a solicitud de cualquiera de las partes, mediante el procedimiento más breve que
prevea la ley local.
Ahora bien, en cualquier caso, el tiempo propio para el pago puede ser alterado por
acuerdo de partes, por moratorias legales que prorroguen el término para el
cumplimiento de obligaciones, etc.
CONDICION: Se denomina condición a la cláusula de los actos jurídicos por la cual las
partes subordinan su plena eficacia o resolución a un hecho futuro e incierto.
Aclara además el Código, que las disposiciones sobre la condición resultan aplicables
en cuanto fueran compatibles, a la cláusula por la cual las partes sujetan la adquisición
o extinción de un derecho a hechos presentes o pasados ignorados.
Se establecen en el nuevo Código algunas reglas generales aplicables en lo esencial,
tanto al caso de condiciones suspensivas como resolutorias.
En este sentido:
-CONDICIONES PROHIBIDAS: Se prohíbe la sujeción de los actos jurídicos a hechos
imposibles, contrarios a la moral y a las buenas costumbres.
Prohibidos por el ordenamiento jurídico o que dependen exclusivamente de la
voluntad del obligado, optándose así por un casuismo amplio.
A su vez, la ley ahora aclara que se tienen por no escritas las condiciones que afecten
de modo grave la libertades de la persona, como la de elegir domicilio o religión, o
decidir sobre su estado civil.
Sin embargo, la obligación sujeta a la condición suspensiva de no hacer una cosa
imposible, será plenamente válida.
INCUMPLIMIENTO DE UNA CONDICIÓN POR CONDUCTA DE MALA FE DE UNA DE LAS
PARTES: Quien impidió la materialización de la condición de mala fe, no puede invocar
tal circunstancia en su favor.
EFECTOS HACIA EL FUTURO: El nuevo Código dispone que la condición no opera
retroactivamente, salvo pacto en contrario.
Valga la redundancia, cabe hablar de los efectos con respecto a la condición
suspensiva.
Cabe distinguir entre tres situaciones:
Aquella en la cual la condición suspensiva se encuentra pendiente de cumplimiento,
básicamente la obligación existe aunque su eficacia no sea plena.
En esas circunstancias, si bien el acreedor no puede exigir el cumplimiento al deudor, sí
puede solicitar las medidas conservatorias.
Puede así solicitar medidas cautelares, interrumpir la prescripción, puede iniciar la
acción de inoponibilidad o subrogatoria, etc.
(Condición Suspensiva Cumplida) En segundo lugar tenemos el supuesto en que, la
obligación se transforma en pura y simple, con efecto retroactivo al momento del
inicio de la obligación, si así se pactó.
Deben así las partes entregarse o restituirse, recíprocamente, las prestaciones
convenidas, aplicándose los efectos correspondientes a la naturaleza del acto
concertado, a sus fines y objeto.
(Condición suspensiva frustrada) En este supuesto, deberá considerarse como si la
obligación nunca hubiera existido.
Sin embargo, si el acto celebrado bajo condición suspensiva se hubiese ejecutado
antes del cumplimiento de la condición, y ésta no se cumple, debe restituirse el objeto
con sus accesorios pero no los frutos percibidos.
CARGO: Se ha definido al cargo como una obligación accesoria que se impone al
adquirente de un derecho, que restringe y limita ese derecho, y se brinda a favor del
instituyente o de un tercero.
(TIEMPO DE CUMPLIMIENTO) Si las partes pactaron un plazo para la ejecución del
cargo, debe estarse a ese plazo.
En cambio, si nada pactaron, la obligación deberá ser considerada como de plazo
indeterminado, y cumplirse en el término que fije el juez, a solicitud de cualquiera de
las partes, mediante el procedimiento más breve que prevea la ley local.
(TRANSMISIBILIDAD) La obligación de cumplir los cargos, al igual que los demás
derechos y obligaciones en general, se transmite a los sucesores por actos entre vivos
y mortis causa.
Pero si el cargo es inherente a la persona, sólo podrá ser ejecutado por tal persona.
(CARGOS PROHIBIDOS) Se prohíbe la imposición de cargos que consistan en hechos
imposibles, contrarios a la moral y a las buenas costumbres.
Prohibidos por el ordenamiento jurídico o que dependen exclusivamente de la
voluntad del obligado.
OBLIGACIONES DIVISIBLES: Las obligaciones se clasifican en divisibles e indivisibles, en
función de la aptitud que tiene la prestación de ser fraccionada, conservando
proporcionalmente cada una de sus partes, las cualidades y el valor del todo.
Claro que para pensar en un posible interés en el fraccionamiento, resulta necesario
que se trate de una obligación plural activa, pasiva o mixta.
Obligación divisible es la que tiene por objeto prestaciones susceptibles de
cumplimiento parcial.
Constituye un ejemplo típico de estas obligaciones, la de dar sumas de dinero.
REQUISITOS: Siguiendo al Código, la prestación jurídicamente divisible exige la
concurrencia de los siguientes requisitos:
Ser materialmente fraccionable, de modo que cada una de sus partes tenga la misma
calidad del todo
Y no quedar afectado significativamente el valor del objeto, ni ser antieconómico su
uso y goce, por efecto de la división.
La aptitud del objeto debido de ser satisfecho por partes de manera que cada una
conserve proporcionalmente las cualidades y el valor del todo.
Es decir que cuando la adición de las prestaciones parciales equivalga, en calidad y en
valor, a una prestación total única, por ejemplo, una deuda de dinero.
En definitiva, para que la obligación sea divisible se necesita que la prestación satisfaga
estos requisitos:
Aptitud para ser materialmente fraccionada, homogeneidad, inalterabilidad del objeto,
inalterabilidad económica y utilidad.
PRINCIPIO DE DIVISION: Si la obligación divisible tiene más de un acreedor o más de
un deudor, se debe fraccionar en tantos créditos o deudas iguales, como acreedores o
deudores haya, siempre que el titulo constitutivo no determine proporciones distintas.
El principio general del fraccionamiento que admite nuestro Código en materia de
obligaciones de sujeto plural, cede frente a dos supuestos:
En el plano del objeto de la obligación (indivisibilidad), y en el del vinculo jurídico (la
solidaridad).
LIMITE DE LA DIVISIBILIDAD: La divisibilidad de la obligación no puede invocarse por el
codeudor a cuyo cargo se deja el pago de toda la deuda.
Cabe distinguir según el acuerdo en el que se establece que uno de los codeudores
tiene a su cargo el pago integro de la deuda se realice con o sin intervención del
acreedor.
1- ACUERDO QUE SE REALIZA CON INTERVENCION DEL ACREEDOR: En tal caso, si
el acreedor al aceptar que uno de los codeudores tome a su cargo el pago total
de la deuda ha liberado en forma inequívoca a los otros.
En caso de incumplimiento del designado, carece de acción para reclamarles el
cumplimiento.
2- ACUERDO QUE SE REALIZA SIN INTERVENCION DEL ACREEDOR: El acreedor
conserva intacto su derecho de reclamar el pago de lo que cada uno de ellos le
adeuda.
El hecho de que los codeudores designen a uno de ellos para que cumpla con
toda la prestación no altera el carácter de la obligación (es decir, la naturaleza
divisible).
El deudor designado que paga la totalidad de la deuda tiene las acciones de
reintegro contra los restantes codeudores por la parte que a cada uno le
corresponde en la deuda.
DERECHO AL REINTEGRO: El Código se refiere a los supuestos en que un deudor
efectúe, ya sea un pago íntegro o un pago mayor del que le correspondía.
Pudiendo ejercer contra sus codeudores la acción pertinente, solamente por la parte
que a ellos les hubiese correspondido en la obligación cumplida.
En este aspecto, y siguiendo a Pizarro, se pueden ir dando distintas circunstancias en
relación a la obligación, donde el derecho al reintegro se debe ir analizando de
acuerdo a distintas particularidades.
1- UN ACREEDOR Y VARIOS DEUDORES:
A) Si un codeudor paga la totalidad de la deuda por error, tiene derecho a
repetir lo pagado en exceso por aplicación de las reglas del pago de lo indebido
por error.
B) Si el pago en exceso se realiza en la creencia de tener el acreedor título para
recibirlo, ignorando que con anterioridad la deuda había sido ya cancelada.
El pago no tiene causa y procede la repetición de lo pagado por aplicación de
las normas sobre pago de lo indebido sin causa.
C) Si, en cambio, paga deliberadamente la deuda de los demás codeudores con
pleno conocimiento del carácter ajeno de la obligación.
La repetición de lo pagado en exceso no procede, debiendo en tal caso
articularse la acción pertinente contra los demás codeudores para obtener el
reembolso de lo pagado en exceso.
2- VARIOS ACREEDORES Y UN SOLO DEUDOR: Si el deudor paga a un coacreedor
la totalidad de la deuda, no se libera frente a los demás, a quienes debe pagar
la cuota parte correspondiente.
Sin embargo, el derecho de repetir lo pagado en exceso y la deuda con los
demás acreedores se extinguirían si quien recibió el pago lo hubiese repartido
con los demás coacreedores en debida forma.
En tal caso, procede la repetición de lo pagado en exceso por aplicación de las
reglas del pago por error.
En conclusión, ese pago a un acreedor es inoponible a los demás acreedores,
por haber sido efectuado a un tercero no autorizado, ya que cada acreedor sólo
puede recibir su cuota parte en la obligación.
3- VARIOS ACREEDORES Y VARIOS DEUDORES: Si uno de los codeudores paga a
uno de los coacreedores una suma mayor a la debida, tal circunstancia no
libera a los demás codeudores frente a los restantes coacreedores.
Ni tampoco al deudor que pagó en exceso frente a los restantes coacreedores a
menos que el acreedor que recibió dicho pago hubiese efectuado la
distribución pertinente con los demás coacreedores.
PARTICIPACION: La participación entre los acreedores de lo que uno de ellos percibe
de más está regulada por las reglas de la solidaridad, donde se determina la “cuota de
contribución”.
Alterini, Ameal y López Cabana explican que la determinación de la cuota parte se
establece de la siguiente manera:
En primer lugar, de acuerdo a lo pactado conjuntamente entre deudores y acreedores,
respetándose el principio de la autonomía privada.
En segundo lugar, por lo pactado entre deudores y entre acreedores, entre sí.
En tercer lugar, la causa por la cual los coacreedores o codeudores contrajeron la
obligación conjuntamente.
En cuarto lugar, según las relaciones de los interesados entre sí.
CASO DE SOLIDARIDAD: Si la obligación divisible es además solidaria, se aplican las
reglas de las obligaciones solidarias, y la solidaridad activa o pasiva, según
corresponda.
Cabe puntualizar que la divisibilidad no debe ser confundida con la solidaridad.
Así, la divisibilidad responde a la división del cumplimiento de la prestación y la
solidaridad hace la naturaleza del vínculo entre acreedor y deudor.
DEUDOR Y ACREEDOR SINGULARES: Si solo hay un deudor y un acreedor, la prestación
debe ser cumplida por entero, aunque su objeto sea divisible.
Así, por ejemplo, el pago para ser considerado con fuerza de tal y extinguir la
obligación debe ser completo, es decir, abarcar toda la cuantía del objeto debido.
Esta exigencia, que es conocida como principio de integridad, determina que, aunque
la prestación debida sea fraccionable por su naturaleza, el pago debe ser íntegro.
OBLIGACIONES INDIVISIBLES: Son aquellas cuya prestación no es susceptible de
cumplimiento parcial, por lo que solo puede ser cumplida por entero.
En este tipo de obligaciones indivisibles, el cumplimiento parcial no existe como
posibilidad.
Por eso es siempre indivisible la obligación de entregar un cuerpo cierto, aunque fuese
susceptible materialmente de división.
Ya sea por poder fraccionarse en partes reales, cada una de ellas homogéneas y
análogas a las otras partes y al todo.
Y esto es así y tiene su razón de ser, pues el objeto de la deuda de un cuerpo cierto no
es la cosa a entregar, sino el hecho en sí de su entrega.
CASOS DE INDIVISIBILIDAD: Hay indivisibilidad:
A) Si la prestación no puede ser materialmente dividida.
B) Si la indivisibilidad es convenida; en caso de duda sobre si se convino que la
obligación sea indivisible o solidaria, se considera solidaria.
C) Si lo dispone la ley.
PRESTACIONES INDIVISIBLES: Se consideran indivisibles las prestaciones
correspondientes a las obligaciones:
A) de dar una cosa cierta.
B) de hacer, excepto si han sido convenidas por unidad de medida y el deudor tiene
derecho a la liberación parcial.
C) de no hacer.
D) accesorias, si la principal es indivisible.
DERECHO DE LOS ACREEDORES AL PAGO TOTAL: Cada uno de los acreedores tiene
derecho de exigir la totalidad del pago a cualquiera de los deudores, o a todos ellos,
simultánea o sucesivamente.
El acreedor, o cada acreedor, pueden demandar por separado al deudor común o a
cada deudor si fuesen varios, o a todos ellos conjuntamente.
Este efecto no se produce porque cada acreedor lo sea por el todo, sino porque no
puede demandar una parte.
Correlativamente, cada codeudor debe pagar todo, no porque deba todo, sino porque
no puede pagar una parte.
El interés del acreedor queda satisfecho cuando la obligación es cumplida
íntegramente por cualquiera de los obligados.
El codeudor demandado puede citar a juicio a los demás obligados o a alguno de ellos
si necesita de su intervención para cumplir, o para hacerles extensivos de la manera
más plena los efectos de la cosa juzgada.
DERECHO A PAGAR: Cualquiera de los deudores tiene el derecho de pagar la totalidad
de la deuda a cualquiera de los acreedores.
Correlativamente, cada acreedor está habilitado para recibir el pago integro de la
prestación por parte del deudor o de los deudores.
Cuando son varios los acreedores, el deudor puede elegir a cuál de ellos habrá de
pagar.
El derecho del deudor de elegir libremente a quien pagarle cesa cuando es demandado
judicialmente por alguno de los acreedores.
MODOS EXTINTIVOS: La unanimidad de los acreedores es requerida para extinguir el
crédito por transacción, novación, dación en pago y remisión.
Igual recaudo exige la cesión del crédito, no así la compensación.
El motivo de la unanimidad de los acreedores tiene su fundamento en lo que sostenía
Mercadé, a quien Vélez transcribió en una nota:
No corresponde admitir la remisión de deuda (lo mismo ocurre con la novación, la
dación en pago y la cesión de créditos) para uno de los acreedores de la prestación
indivisible, porque los acreedores (considerados individualmente) no son
“personalmente dueño(s) del crédito”.
RESPONSABILIDAD DE CADA CODEUDOR: La mora de uno de los deudores o de uno de
los acreedores, y los factores de atribución de responsabilidad de uno u otro, no
perjudican a los demás.
Básicamente, la mora es estrictamente personal.
Por lo que si uno de los codeudores es interpelado por un coacreedor para que caiga
en mora, ello no se propaga a los otros deudores, no va a beneficiar a los otros
acreedores.
CONTRIBUCION: Si uno de los deudores paga la totalidad de la deuda, o repara la
totalidad de los daños, o realiza gastos en interés común.
Tiene derecho a reclamar a los demás la contribución del valor de lo que ha invertido
en interés de ellos con los alcances que determina el artículo 841.
El art. 841 CCyC establece como prioridad, a los fines de determinar la cuota, el
respeto por la autonomía privada, por lo que habrá que estarse a lo que las partes
hubieran pactado.
En las obligaciones indivisibles, el pago que efectúa un deudor, extingue la deuda y el
crédito.
No obstante, ese pago efectuado por el deudor, habilita y provoca un nuevo orden de
contribución entre el que pagó y los coobligados.
El deudor que pagó la deuda en su totalidad, puede exigir de los demás deudores el
reintegro de sus respectivas cuotas partes.
PARTICIPACION: La contribución del valor de lo invertido está determinada por las
reglas que rigen en la solidaridad activa, siendo de total importancia la autonomía
privada.
Con respecto al derecho de los coacreedores que no cobraron:
En el caso que la obligación sea de dar un cuerpo cierto, el pago que efectúa uno de los
coacreedores tiene como consecuencia convertir a todos en condóminos del objeto.
Los acreedores que quieran reclamar su parte al acreedor que recibió la prestación,
tendrán que recurrir a las acciones destinadas a la cesación del estado de indivisión
que, por la naturaleza de la prestación, es la venta de la cosa.
PRESCRIPCION EXTINTIVA: La prescripción extintiva cumplida es invocable por
cualquiera de los deudores contra cualquiera de los acreedores.
La prescripción liberatoria, en lo que respecta a las obligaciones indivisibles, presenta
la siguiente característica:
Si se produce la prescripción, la misma propaga sus efectos, ya sea aprovechando a
todos los deudores y perjudicando a los acreedores.
NORMAS SUBSIDIARIAS E INDIVISIBILIDAD IMPROPIA: El efecto característico de este
tipo de obligación indivisible impropia es que los acreedores (para exigir el
cumplimiento de la prestación), y los deudores (para cancelarlo) deben actuar de
manera conjunta.
En la redacción del CCyC, si un acreedor intenta cobrar individualmente el crédito, el
deudor demandado puede oponer la excepción de falta de legitimación activa.
Consecuentemente ningún deudor está obligado a cumplir la prestación de manera
individual.
Un caso para mencionar, siguiendo a Ameal:
Obligaciones de colaborar: En ciertas obligaciones los deudores deben cumplir la
prestación debida en estrecha colaboración trabajando en equipo (Pedro músico y
Juan escritor, se obligan a componer un tema musical).
El acreedor carece de derecho a demandar la ejecución de la obra a cada uno de ellos
en particular.
En suma, como señala Trigo Represas, las obligaciones indivisibles impropias son
aquellas cuyo cumplimiento requiere de la colaboración organizada de todos los
deudores.
Y, en consecuencia, solo puede demandarse a todos ellos en conjunto.
UNIDAD 8;
OBLIGACIONES CON SUJETO PLURAL: Las obligaciones de sujeto plural presentan más
de un sujeto en alguno de los polos de la relación jurídica, o en ambos.
En palabras de Cristóbal Montes, encontramos vínculos jurídicos en cuyas posiciones
activa y pasiva coexisten un conjunto de personas que coparticipan en un interés
común.
Pero al mismo tiempo compiten o pueden competir entre sí de cara a la más fructífera
realización de su estricta conveniencia personal en el marco del entramado
comunitario.
OBLIGACIONES SIMPLEMENTE MANCOMUNADAS: Son obligaciones de sujeto plural
en las que el crédito o la deuda se descompone en tantas relaciones particulares
independientes entre sí como acreedores y deudores haya.
La obligación mancomunada tiene pluralidad de sujetos, unidad de prestación, unidad
de causa, y pluralidad de vínculos.
Las características de esta obligación están dadas por:
PLURALIDAD DE SUJETOS: Se puede dar del lado activo (acreedor), en el pasivo
(deudor) o en ambos.
A su vez puede ser originaria o sobrevenida, y esto ocurre si la obligación nació con un
acreedor o deudor único y luego, en virtud del fallecimiento, lo suceden los herederos.
UNIDAD DE OBJETO: La prestación es debida por todos los deudores a todos los
acreedores.
CAUSA FUENTE ÚNICA: El origen de la obligación es el mismo para todos los
acreedores y deudores.
PLURALIDAD DE VÍNCULOS DISOCIADOS O INDEPENDIENTES ENTRE SÍ: Para algunos
autores la mancomunación solamente es posible cuando el objeto de la prestación es
“divisible”, en ese sentido se expresa Borda.
Otros, en cambio, entienden que puede existir una obligación mancomunada aunque
el objeto sea divisible o indivisible.
Las simplemente mancomunadas se presentan cuando el acreedor puede reclamar
solo su cuota parte del crédito y el deudor debe pagar su cuota parte de la deuda.
OBLIGACIONES SOLIDARIAS: Obligación solidaria es aquella emanada de una causa
única en virtud de la cual cualquier acreedor puede exigir a cualquier codeudor el
cumplimiento integro de la prestación.
Como consecuencia del título constitutivo o de una disposición legal, con
prescindencia de la naturaleza divisible o indivisible de la prestación.
Cabe destacar que la solidaridad puede ser activa, pasiva, o mixta.
FUENTES: El CCyC solo reconoce como fuentes de solidaridad a la ley y a la voluntad,
esta ultima debe ser plasmada de manera inequívoca en el titulo constitutivo de la
obligación.
La voluntad es, sin duda, la fuente más importante y antigua de solidaridad.
Con relación a la solidaridad legal, como su nombre lo indica, es impuesta cuando la
ley quiere brindar máxima protección al interés del acreedor, dotándolo de mejores
posibilidades de cobro.
En nuestro sistema no existe otra solidaridad legal que la pasiva, no hay solidaridad
activa de origen legal.
Entre los principales supuestos de solidaridad pasiva legal, mencionamos:
La responsabilidad de los padres por los daños causados por sus hijos que se
encuentran bajo su responsabilidad parental y habitan con ellos.
La responsabilidad de los gestores de negocios que asumen conjuntamente el
negocio ajeno y de los varios dueños del negocio frente al gestor.
Entre otros.
CIRCUNSTANCIA DE LOS VINCULOS: En el caso en que una de las partes, ya sea deudor
o acreedor fuere incapaz, ese vínculo no es válido, pero eso no afecta al resto de los
que integran la obligación solidaria.
La defensa basada ya sea en la incapacidad o en la existencia de un vicio de la voluntad
siempre tiene carácter personal.
Esta nulidad es parcial, relativa y la acción le corresponderá a aquel que sufre la
incapacidad.
En los supuestos de incapacidad de derecho, a pesar de ser la nulidad absoluta, podría
ser alegada por el acreedor o deudor no afectado, sin que afecte su propia situación
como acreedor o deudor de la obligación.
DEFENSAS:
DEFENSAS COMUNES: Llambías explicaba que las defensas comunes amparan a
cualquier integrante del frente común de acreedores o deudores, aunque el hecho
haya provenido de uno solo de ellos.
Un ejemplo seria si un deudor paga la deuda, otro deudor puede alegarlo como
cancelatorio.
DEFENSAS PARTICULARES O ESTRICTAMENTE PERSONALES: Estas defensas siempre
van a favorecer a alguno de los cointeresados, ejemplo un vicio de la voluntad que
lleve aparejado la nulidad del acto (error, dolo o violencia).
A su vez puede ocurrir que una modalidad, que le corresponde a uno solo, sea
interpuesta como defensa particular o estrictamente personal, como ser en los
supuestos de plazo, cargo, o condición suspensiva.
No se propaga a los demás del vínculo, como sucede en el caso en que la incapacidad
de uno de los deudores, no puede alegarse por los demás deudores capaces.
Y lo relevante en los casos que prosperen estas defensas particulares o estrictamente
personales es que la eliminación de un codeudor puede redundar en un incremento de
la carga definitiva que habrán de soportar los demás deudores.
DEFENSAS PERSONALES CON EFECTO EXPANSIVO: Sin perder el carácter personal,
pueden ser aprovechadas por los demás cointeresados, posibilitando en esos casos
una reducción del monto de la deuda.
COSA JUZGADA: Cuando existe una sentencia judicial firme, se aplica un límite al
principio de propagación de efectos.
La sentencia dictada contra uno (solo) de los codeudores no es oponible a los demás,
pero éstos pueden invocarla cuando no se funda en circunstancias personales del
codeudor demandado.
Es que evidentemente, lo contrario sería violatorio del derecho de defensa en juicios
que tiene raigambre constitucional.
SOLIDARIDAD PASIVA: La solidaridad pasiva es aquella en la cual existe una pluralidad
de deudores y un solo acreedor, y permite al acreedor reclamar de cualquiera de los
deudores el pago integro de la deuda.
DERECHO A COBRAR: El acreedor tiene derecho a requerir el pago a uno, a varios o a
todos los codeudores, simultánea o sucesivamente. (Art. 833)
DERECHO A PAGAR: Cualquiera de los deudores solidarios tiene derecho a pagar la
totalidad de la deuda, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 837. (Art. 834)
EXTINCION DE LA SOLIDARIDAD PASIVA: En el nuevo Código se sigue un criterio
casuístico en el tratamiento del cese de la solidaridad (art. 835 CCyCN).
Aclarándose que los modos extintivos pueden incidir sobre la obligación en general, o
sobre la cuota de un deudor solidario en particular.
En este sentido, se dispone:
Pago: La obligación se extingue en el todo cuando uno de los deudores
solidarios paga la deuda.
Sin perjuicio de las acciones de contribución que podrá intentar el solvens,
contra sus codeudores.
Renuncia al crédito, novación, dación en pago y compensación: La obligación
también se extingue en el todo si el acreedor renuncia a su crédito a favor de
uno de los deudores solidarios.
O si se produce novación, dación en pago o compensación entre el acreedor y
uno de los deudores solidarios.
Los citados modos de extinción de la obligación producen efectos expansivos
hacia los demás codeudores.
Confusión: La confusión entre el acreedor y uno de los deudores solidarios
sólo extingue la cuota de la deuda que corresponde a éste.
Transacción: La transacción hecha con uno de los codeudores solidarios,
aprovecha a los otros, pero no puede serles opuesta.
Prescripción: Si ante un reclamo de cumplimiento de una obligación solidaria,
uno de los deudores opone la prescripción.
Y el acreedor responde mediante la defensa de suspensión o interrupción de la
prescripción, ésta tendrá efectos expansivos.
Muerte de un deudor solidario: Ante este tipo de evento, cuando varios
herederos suceden al deudor, se distinguen dos situaciones.
- Antes de la partición: La deuda ingresa en la masa indivisa y cualquiera de los
acreedores puede oponerse a que los bienes se entreguen a los herederos o
legatarios sin haber sido previamente pagado.
-Después de la partición: Cada heredero está obligado a pagar según la cuota
que le corresponde en el haber hereditario.
RESPONSABILIDAD: La mora de uno de los deudores solidarios perjudica a los demás.
Si el cumplimiento se hace imposible por causas imputables a un codeudor, los demás
responden por el equivalente de la prestación debida y la indemnización de daños y
perjuicios.
Las consecuencias propias del incumplimiento doloso de uno de los deudores no son
soportadas por los otros.
INTERRUPCION DE LA PRESCRIPCION: Los efectos de la interrupción de la prescripción
efectuada por cualquiera de los coacreedores respecto de cualquier codeudor se
propagan beneficiando a todos los demás integrantes del polo activo.
SUSPENSION A LA PRESCRIPCION: De igual forma la suspensión de la prescripción
operada entre un coacreedor y el deudor expande sus efectos con relación a los demás
acreedores.
CONTRIBUCION: La acción de contribución es aquella que el ordenamiento jurídico
reconoce al codeudor que ha pagado la totalidad de la deuda solidaria.
(O extinguido la misma por novación, compensación o dación en pago) para reclamar a
los restantes la parte que les corresponde en dicho pasivo.
Las cuotas de contribución se determinan sucesivamente de acuerdo con:
A) Lo pactado.
B) La fuente y la finalidad de la obligación o, en su caso, la causa de la responsabilidad.
C) Las relaciones de los interesados entre sí.
D) Las demás circunstancias. Si por aplicación de estos criterios no es posible
determinar las cuotas de contribución, se entiende que participan en partes iguales.
INSOLVENCIA DE UN CODEUDOR: La cuota correspondiente a los codeudores
insolventes es cubierta por todos los obligados.
Puede suceder que el codeudor solidario que paga la totalidad de la deuda vea
afectada su pretensión de reintegro en razón de la insolvencia de alguno de los
restantes coobligado.
En tal caso la cuota correspondiente al codeudor insolvente es cubierta por todos los
obligados a prorrata de su interés en la deuda.
El CCyC da una solución justa y equitativa, al sostener que todos los deudores que
restan con solvencia, deben contribuir por la parte del insolvente.
MUERTE DE UN DEUDOR: Si muere uno de los deudores solidarios y deja varios
herederos, la deuda ingresa en la masa indivisa.
Y cualquiera de los acreedores puede oponerse a que los bienes se entreguen a los
herederos o legatarios sin haber sido previamente pagado.
Después de la partición, cada heredero está obligado a pagar según la cuota que le
corresponde en el haber hereditario.
SOLIDARIDAD ACTIVA Y DERECHO AL COBRO: El CCyC permite que cualquier acreedor
exija el cumplimiento de la totalidad del crédito al deudor.
Y ese derecho lo pueden ejercer todos los acreedores, una parte o solamente uno de
ellos.
Con respecto a la solidaridad activa, la parte acreedora puede demandar el pago de la
deuda por entero, contra todos los deudores o contra uno cualquiera de ellos, sin que
en este caso se extinga la obligación de los otros.
El acreedor tiene la facultad de elegir a quién demandar, pero debe seguir las
siguientes pautas:
Primero, puede demandar a todos los deudores solidarios en forma conjunta, o a
varios de sus integrantes, lo que logra el acreedor es una sentencia con efecto de cosa
juzgada contra todos los demandados.
Segundo, puede dirigir la acción solamente contra uno de los codeudores, la ventaja es
que si es solvente, la celeridad del proceso es una herramienta para tener en cuenta.
Tercero, en el caso que demande a uno solo (o a algunos) puede suceder:
Que perciba la totalidad y en ese caso, la relación entre el grupo de acreedores y
deudores queda agotada y solamente quedará la acción entre los codeudores.
O que renuncie en forma parcial a la solidaridad y perciba esa parte.
O que por ser el demandado insolvente, no perciba el crédito, en cuyo caso podrá
accionar contra los demás reclamando la totalidad de la deuda.
PREVENCION DE UN ACREEDOR: El CCyC impone una limitación al derecho del deudor
para elegir, en su caso, a cuál acreedor le efectúa el pago.
La ley establece claramente que el acreedor que promueva una demanda judicial y
notifique a uno de los deudores deba ser quien reciba el pago.
Para que la prevención resulte aplicable, deben darse dos requisitos:
Primero, que exista demanda judicial por parte de algún acreedor, no bastando una
notificación extrajudicial y segundo que dicha demanda haya sido notificada al deudor.
Resulta ser una aplicación especial del principio general “primero en el tiempo, mejor
en el derecho”.
Puede ocurrir que la demanda sea interpuesta por distintos acreedores.
En este caso, el pago debe efectuarse a todos ellos.
Si las demandas son promovidas separadamente, es decir en procesos diferentes, el
pago debe efectuarse, como sostiene la doctrina, al primero que notifique la demanda.
PARTICIPACION: El CCyC trata en el Art. 847 las relaciones internas entre los
acreedores, que se dividen en tres incisos:
El inc. a dice que si el acreedor solidario recibe “la totalidad del crédito”, o “de la
reparación del daño”, o “más de la cuota”, debe participar a los demás coacreedores
del beneficio obtenido en exceso a la parte que le corresponde en la obligación.
Por ejemplo, si Pedro debe solidariamente a Juan, Pablo y María $6000, siendo las
partes de los créditos iguales.
Cuando Juan perciba íntegramente el pago de la obligación tiene que participar a Pablo
y María, entregándole $2000 a cada uno.
En el caso, que perciba un pago parcial, deberá efectuar la distribución proporcional
que corresponda con los demás coacreedores.
El inc. b se refiere a la renuncia, compensación legal por la cuota de cada uno,
compensación convencional o facultativa, novación, dación en pago, o transacción.
En estos supuestos, aquellos que no tuvieron participación pueden reclamar al actor
de esos actos.
CUOTAS DE PARTICIPACION: “Las cuotas de participación de los acreedores solidarios
se determinan conforme lo dispuesto en el artículo 841.”
Es decir, lo pactado, la fuente y finalidad de la obligación, o en su caso, la causa de la
responsabilidad, las relaciones de los interesados entre si, las demás circunstancias,
etc.
MUERTE DE UN ACREEDOR: Si muere uno de los acreedores solidarios, el crédito se
divide entre sus herederos en proporción a su participación en la herencia.
Después de la partición, cada heredero tiene derecho a percibir según la cuota que le
corresponde en el haber hereditario.
OBLIGACIONES CONCURRENTES: Son aquellas en las que varios deudores deben el
mismo objeto en razón de causas diferentes.
Presentan los siguientes caracteres:
Identidad de acreedor.
Identidad de objeto debido.
Pluralidad de deudores.
Diversidad de causa fuente para cada uno de los obligados.
NORMAS SUBSIDIARIAS: Las normas relativas a las obligaciones solidarias son
subsidiariamente aplicables a las obligaciones concurrentes.
OBLIGACIONES DISYUNTIVAS: Las obligaciones disyuntivas son aquellas que están
establecidas a favor de un acreedor que se encuentra indeterminado entre varios
sujetos.
O que pesan sobre un deudor indeterminado entre varios sujetos determinados.
Así, por ejemplo, Juan o Pedro deben a Marcelo $1.000 (disyunción pasiva), Marcos
debe a Luis o a Roberto $1.000 (disyunción activa).
En estas obligaciones, también denominadas de sujeto alternativo, Pizarro y
Vallespinos advierten la presencia de una pluralidad de sujetos, aparente y provisional.
Cuyos derechos no se acumulan sino que, recíprocamente, se descartan.
De tal modo, quienes integran el polo activo y pasivo no son coacreedores y
codeudores que comparten el beneficio del crédito o el peso de la deuda.
Solo uno de ellos llegara a ser, en definitiva, acreedor o deudor y cuando esto ocurra,
ninguno de los otros investirá ese carácter.
Lo expresado nos conduce a la convicción de que en este supuesto solo estamos frente
a una aparente pluralidad de sujetos.
En realidad, el sujeto siempre es único pero indeterminado entre varios.
Los caracteres, de la obligación disyuntiva son:
A) Pluralidad originaria de vínculos: Los intervinientes están en alternativa desde el
nacimiento de la obligación.
B) Sujetos indeterminados: Como consecuencia de esta alternatividad, los acreedores y
deudores se encuentran inicialmente indeterminados.
Con la elección se produce la determinación.
C) Unidad en el objeto de la obligación: El pago que realice el deudor a favor del
acreedor que ha sido elegido, extingue la obligación, esa extinción lo es para todos los
sujetos intervinientes.
No rigen los principios de distribución y contribución.
REGLAS APLICABLES: Se aplican, subsidiariamente, las reglas de las obligaciones
simplemente mancomunadas.
Esta solución es acertada y concluye con un debate doctrinario en el que un sector
interpretaba que debía aplicarse el régimen de las obligaciones solidarias.
OBLIGACIONES PRINCIPALES Y ACCESORIAS: Obligaciones principales son aquellas
cuya existencia, régimen jurídico, eficacia y desarrollo funcional son autónomos e
independientes de cualquier otro vínculo obligacional.
Los derechos y obligaciones son accesorios a una obligación principal cuando
dependen de ella en cualquiera de los aspectos precedentemente indicados.
O cuando resultan esenciales para satisfacer el interés del acreedor.
La obligación es principal cuando existe por sí misma, con plena independencia de
cualquier otra vinculación obligatoria.
Son autónomas e independientes en cuanto a su existencia, su eficacia, su desarrollo
funcional, su régimen jurídico.
Por el contrario, la obligación y los derechos resultan accesorios cuando dependen de
otra obligación principal o cuando son esenciales para satisfacer el interés del
acreedor.
En efecto, la accesoriedad de la obligación puede ser legal o voluntaria, la primera es
una consecuencia legal de la obligación principal.
En la accesoriedad voluntaria, la obligación es accesoria porque ha sido estipulada
teniendo en mira la obligación principal.
Tales los casos de la obligación de pagar los daños y perjuicios por la inejecución de la
prestación.
En cuanto al objeto, se contrae para asegurar el cumplimiento de la prestación, es el
caso de la cláusula penal.
En cuanto al sujeto, actúa en el plano de las garantías, adicionando un tercero en
calidad de sujeto pasivo accesorio, tal, el caso de la fianza.
EFECTOS: La extinción, nulidad o ineficacia del crédito principal, extinguen los derechos
y obligaciones accesorios, excepto disposición legal o convencional en contrario.
Se mantiene el principio general que consiste en que la obligación accesoria continúa
la suerte de la principal.
UNIDAD 9:
RENDICION DE CUENTAS: El CCyC establece que se entiende por cuenta la descripción
de los antecedentes, hechos y resultados pecuniarios de un negocio, aunque consista
en un acto singular.
Jurídicamente la cuenta constituye un documento que sirve como instrumento
probatorio de las operaciones concluidas y de sus circunstancias, del procedimiento
seguido y de su resultado.
La rendición de cuentas, jurídicamente es el informe amplio, explicativo y descriptivo,
por el cual quien actúa por cuenta de otro o en interés total o parcialmente ajeno.
Le da a este razón de su cometido, demostrando documentadamente las operaciones
concluidas, sus circunstancias, el procedimiento seguido en las mismas y el resultado
obtenido.
REQUISITOS: La rendición de cuentas debe:
a) Ser hecha de modo descriptivo y documentado.
b) Incluir las referencias y explicaciones razonablemente necesarias para su
comprensión.
c) Acompañar los comprobantes de los ingresos y de los egresos, excepto que sea de
uso no extenderlos.
d) Concordar con los libros que lleve quien las rinda
Tal como señala la norma en estudio, la rendición de cuentas es una exposición
detallada, fundada y pormenorizada que debe realizar el obligado al finalizar la
gestión. .
OPORTUNIDAD: Las cuentas deben ser rendidas en la oportunidad en que estipulan las
partes, o dispone la ley.
En su defecto, la rendición de cuentas debe ser hecha:
a) al concluir el negocio.
b) si el negocio es de ejecución continuada, también al concluir cada uno de los
períodos o al final de cada año calendario.
APROBACION: La rendición de cuentas puede ser aprobada expresa o tácitamente.
Hay aprobación tácita si no es observada en el plazo convenido o dispuesto por la ley
o, en su defecto, en el de treinta días de presentadas en debida forma.
Sin embargo, puede ser observada por errores de cálculo o de registración dentro del
plazo de caducidad de un año de recibida.
La aceptación tácita es una presunción legal que admite prueba en contrario.
Al recibir el mandante o dueño del negocio la cuenta, y dejar transcurrir el plazo
convenido o legal (o, los treinta días) sin hacer observaciones se presume su
aceptación, siendo esta presunción iuris tantum, admite prueba en contrario..
RELACIONES DE EJECUCION CONTINUADA: En relaciones de ejecución continuada si la
rendición de cuentas del último período es aprobada, se presume que también lo
fueron las rendiciones correspondientes a los periodos anteriores.
Refiere a los contratos de tracto sucesivo o prestaciones periódicas que perviven
durante un tiempo prolongado.
El tracto sucesivo implica que el cumplimiento de las prestaciones se realice en un
período determinado (que, por deseo de las partes, se puede extender para satisfacer
sus necesidades primordiales) y se establecen una serie de términos para su ejecución.
Estos términos pueden ser de ejecución continuada (ejecución única pero sin
interrupción, tal el caso del arrendamiento).
Ejecución periódica (varias prestaciones que se ejecutan en fechas establecidas, tal el
caso del suministro de agua).
Ejecución intermitente (se da cuando lo solicita la otra parte).
SALDOS Y DOCUMENTOS DEL INTERESADO: Una vez aprobadas las cuentas:
a) Su saldo debe ser pagado en el plazo convenido o dispuesto por la ley o, en su
defecto, en el de diez días.
b) El obligado a rendirlas debe devolver al interesado los títulos y documentos que le
hayan sido entregados, excepto las instrucciones de carácter personal
PAGO: Hay pago cuando el deudor ejecuta voluntariamente la prestación debida, así lo
conceptúa el Art. 865:
“Pago es el cumplimiento de la prestación que constituye el objeto de la obligación”.
El cumplimiento importa la realización del deber jurídico que pesa sobre el deudor, la
satisfacción del interés del acreedor, la extinción de la obligación y la consiguiente
liberación del deudor.
REGLAS APLICABLES: El CCyC establece que se le aplicarán al pago las reglas de los
actos jurídicos.
Dicha aseveración implica definir a una de las características esenciales del pago como
“acto voluntario lícito que tiene por fin inmediato extinguir relaciones o situaciones
jurídicas” (art. 259 CCyC).
En si, el pago es un acto voluntario del deudor, cuando este lo realiza en forma
espontánea.
Para que sea considerado un acto voluntario, el pago debe ser ejecutado con
“discernimiento, intención y libertad” (art. 260 CCyC).
OBJETO DEL PAGO: El objeto del pago es el exacto cumplimiento del programa de
prestación comprometido por el deudor.
La fiel realización del plan prestacional posibilita que el cumplimiento produzca sus
tres efectos fundamentales: Satisfacción del interés del acreedor, extinción de la
obligación y liberación del deudor.
El Art. 867 dice “El objeto del pago debe reunir los requisitos de identidad, integridad,
puntualidad y localización.”
PRINCIPIO DE IDENTIDAD: Identidad, dice Diez-Picazo, significa “adecuación entre la
prestación proyectada y la prestación realizada”.
Se trata de un principio que hace a la esencia del cumplimiento, que rige para ambas
partes y en el que juega fundamentalmente el principio de la buena fe.
El CCyC dice en su Art. 868: “El acreedor no está obligado a recibir y el deudor no tiene
derecho a cumplir una prestación distinta a la debida, cualquiera sea su valor”.
Conforme surge de dicha normativa, el acreedor y el deudor no pueden modificar
unilateralmente el objeto de la obligación.
El deudor debe ejecutar la misma prestación prevista en la obligación y no está
legitimado para desobligarse cumpliendo con otra distinta, aunque sea de mayor valor.
Por cierto, nada impide que las partes acuerden lo contrario, o que el acreedor reciba
voluntariamente el pago de una prestación diferente, lo cual nos lleva a otra figura
extintiva, la dación de pago.
El derecho del acreedor a la identidad de la prestación es invocable no solamente
frente al deudor, sino también ante todo tercero que pretenda ejecutarla.
PRINCIPIO DE INTEGRIDAD: El principio de integridad traduce la idea de un pago
completo y conduce a incluir todo aquello que cuantitativamente ha sido programado
en la obligación y aparece comprendido dentro de ella.
Esto explica que el deudor no pueda pretender pagar solo parcialmente lo adeudado, o
ejecutar la prestación por partes.
Se encuentra plasmado en el Art. 869: “El acreedor no está obligado a recibir pagos
parciales, excepto disposición legal o convencional en contrario.
Si la obligación es en parte liquida y en parte ilíquida, el deudor puede pagar la parte
liquida”.
OBLIGACIÓN CON INTERESES: Si la obligación es de dar una suma de dinero con
intereses, el pago sólo es íntegro si incluye el capital más los intereses.
En las obligaciones de dar dinero, las partes pueden fijar los intereses libremente.
En caso de que guarden silencio sobre los mismos, estos se fijaran según lo normado
legalmente o, en su defecto, pueden ser establecidos judicialmente.
Los intereses acrecientan el capital adeudado, atento su doble función:
Por un lado son considerados como precio por el uso del dinero ajeno, utilizado en los
casos de mutuo dinerario.
Y por otro lado son considerados como indemnización en caso de retraso en el
cumplimiento de la obligación.
Si los intereses son establecidos legalmente, se los denomina “retributivos” y
“moratorios”.
El interés retributivo es aquel que la ley estipula para restablecer el equilibrio
patrimonial.
Mientras que el interés moratorio es aquel que la ley determina como indemnización
en caso de cumplimiento tardío de la obligación.
Al ser un accesorio del capital, los intereses se extinguen cuando se cancela el capital.
Si bien el pago no está sujeto a formalidad alguna para probar su realización, conforme
surge del mismo CCyC, que señala que el pago se puede demostrar por cualquier
medio de prueba.
Lo cierto es que el medio por excelencia para demostrar el pago efectuado es el recibo,
que es un instrumento emanado del acreedor reconociendo la prestación efectuada.
Es dable recordar el fallo de la CSJN que establece que se tiene “por extinguida la
deuda accesoria (intereses) cuando se da recibo sin formular reserva por el pago de la
obligación principal (capital)”.
Aunque dicha presunción es “iuris tantum y por ese carácter puramente presuntivo, y
no definitivo, que tiene el recibo del capital respecto de la cancelación de los intereses.
Es que se ha aceptado el reconocimiento de adeudar intereses efectuado por el deudor
después de satisfecho el capital”.
TIEMPO DEL PAGO: El pago debe hacerse:
a) si la obligación es de exigibilidad inmediata, en el momento de su nacimiento.
b) si hay un plazo determinado, cierto o incierto, el día de su vencimiento.
c) si el plazo es tácito, en el tiempo en que, según la naturaleza y circunstancias de la
obligación, debe cumplirse.
d) si el plazo es indeterminado, en el tiempo que fije el juez, a solicitud de cualquiera de
las partes, mediante el procedimiento más breve que prevea la ley local.
Una obligación se considera de exigibilidad inmediata si no se encuentra sometida a las
modalidades de plazo o condición.
En virtud de lo cual su cumplimiento no puede ser postergado y debe ser cumplida
inmediatamente o cuando el acreedor lo exija.
El CCyC trae ejemplos sobre el tiempo propio en que deben cumplirse este tipo de
obligaciones.
Así, el vendedor “debe entregar el inmueble inmediatamente de la escrituración,
excepto convención en contrario” (art. 1139 CCyC).
PAGO ANTICIPADO: El pago anterior al vencimiento del plazo no da derecho a exigir
descuentos.
Esto no solo es aplicable a la relación acreedor-deudor, sino que también incluye a los
terceros en caso de que paguen el crédito debido por el deudor, en forma anticipada.
LUGAR DE PAGO: El lugar de pago puede ser establecido por acuerdo de las partes, de
manera expresa o tácita.
El lugar de pago de la obligación constituye uno de los requisitos de las circunstancias
del pago, a fin de verificar la idoneidad del mismo.
El lugar acordado para el cumplimiento puede ser fijado en forma expresa o
encontrarse tácitamente determinado.
En primer término, la determinación del lugar de pago de la obligación cobra
virtualidad porque determina la competencia judicial en razón del territorio.
En segundo término, el lugar de pago de la obligación cobra relevancia en lo referente
a los gastos que origine el cumplimiento de la prestación debida.
En este sentido, el deudor carga con los gastos de traslado de la misma así como con
los gastos que se originen por la documentación necesaria, como sellados, certificados
y honorarios del escribano.
En tercer término, el lugar de pago cobra virtualidad en el derecho internacional
privado, en aquellos supuestos en los cuales las partes no designaron el derecho
aplicable, en cuyo caso “el contrato se rige por las leyes y usos del país del lugar de
cumplimiento”.
VALIDEZ: El pago debe ser realizado por persona con capacidad para disponer.
Para poder disponer de la cosa, el que efectúa el pago debe tener la propiedad de la
cosa, es decir revestir la calidad de dueño de la misma.
Sin embargo, el CCyC permite realizar el pago con cosa ajena, que en principio
configuraría un acto ineficaz. (Art. 878)
El pago efectuado por la persona que carece de capacidad para disponer es nulo, sin
embargo, la nulidad es relativa, ya que protege un interés particular.
La persona que puede invocar la nulidad es la persona en cuyo beneficio se estableció
la misma, es decir la persona con capacidad restringida.
Sin embargo, el CCyC introdujo una excepción al señalar que no podrá invocarla
aquella persona que pagó con capacidad restringida, “si obró con dolo”.
Como regla, no podrá plantear la nulidad el acreedor capaz que recibió el pago, salvo
que el acreedor haya actuado de “buena fe y ha experimentado un perjuicio
importante”.
PAGO EN FRAUDE A LOS ACREEDORES: El fraude a los acreedores se produce cuando
la persona que paga lo hace con el fin de insolventarse o de evadir bienes para sortear
la ejecución de los acreedores.
La intención de perjudicar a los demás acreedores es la causa fin del pago realizado.
La buena fe es el prisma con el cual debe ser analizado el pago efectuado.
El CCyC otorga a los acreedores el remedio de la acción pauliana o revocatoria para
sanear los efectos del pago fraudulento.
Son requisitos de dicha acción:
Que el crédito sea de causa anterior al pago impugnado.
Que el pago haya ocasionado la insolvencia o agravado la misma.
La connivencia con el acreedor que recibió el pago, quien debía conocer que el
pago originaba o agravaba la insolvencia.
PAGO DE CREDITOS EMBARGADOS O PRENDADOS: El crédito debe encontrarse
expedito.
El pago de un crédito embargado o prendado es inoponible al acreedor prendario o
embargante.
Es condición de eficacia del pago que el crédito se encuentre expedito, lo cual significa
que sea disponible por parte del acreedor.
No se configura tal carácter cuando el crédito se encuentra embargado o prendado.
La ley imparte un mandato puramente negativo al deudor, el cual es abstenerse de
pagarle al acreedor cuando el crédito esta embargado o prendado.
PROPIEDAD DE LA COSA: El cumplimiento de una obligación de dar cosas ciertas para
constituir derechos reales requiere que el deudor sea propietario de la cosa.
El pago mediante una cosa que no pertenece al deudor se rige por las normas relativas
a la compraventa de cosa ajena.
El Código establece que el deudor debe ser propietario de la cosa que va a entregar al
acreedor, si la finalidad de la entrega es la constitución de derechos reales.
Ello es una consecuencia de lo normado en el art. 399 CCyC, que dispone que “nadie
puede transmitir a otro un derecho mejor o más extenso que el que tiene, sin perjuicio
de las excepciones legalmente dispuestas”; y es un requisito de validez del pago.
Si el deudor no es el propietario de la cosa, dicho pago es anulable.
LEGITIMACION ACTIVA: Dispone el Art. 879:
“El deudor tiene el derecho de pagar.
Si hay varios deudores, el derecho de pagar de cada uno de ellos se rige por las
disposiciones correspondientes a la categoría de su obligación”.
El deudor tiene el derecho de pagar (ius solvendi) y también el deber de hacerlo, bajo
apercibimiento de las acciones que pueda entablar el acreedor para cobrar lo debido.
La realización del pago por el deudor satisface en forma perfecta la prestación debida.
Ello atento a que dicho pago cumple los requisitos de sujeto, objeto, prestación y
causa de la obligación en la forma convenida por las partes.
EFECTOS DEL PAGO POR EL DEUDOR: El pago realizado por el deudor que satisface el
interés del acreedor, extingue el crédito y lo libera.
Cuando la prestación la realiza el deudor, los efectos mencionados se producen en
forma simultánea al momento del pago.
En cambio, si la prestación la cumple un tercero, las consecuencias mencionadas se
desdoblan, y se producen en tiempos diversos.
En reiterados fallos la CSJN ha determinado que el “hecho del pago exteriorizado por el
recibo que da el acreedor produce un efecto liberatorio del cual no puede ser privado
el deudor sin afectar la garantía del derecho de propiedad”.
El pago también extingue los accesorios de la obligación, salvo que se haga reserva
expresa respecto de estos.
EJECUCION DE LA PRESTACIÓN POR TERCEROS: El Código establece que:
La prestación también puede ser ejecutada por un tercero, excepto que se hayan
tenido en cuenta las condiciones especiales del deudor, o hubiere oposición conjunta
del acreedor y del deudor.
Tercero interesado es la persona a quien el incumplimiento del deudor puede causar
un menoscabo patrimonial, y puede pagar contra la oposición individual o conjunta del
acreedor y del deudor.
Nada obsta a que en determinadas circunstancias puedan inmiscuirse sujetos que, sin
ser partes, asumen el rol del solvens o de sujeto activo del pago.
Ejecutan la prestación debida por el deudor, y satisfacen, de tal modo, el interés del
acreedor, a quien desinteresan.
Son terceros aquellos que no son parte en la obligación, o sea, los que no se encuentra
situados en el polo activo o pasivo de la relación.
En definitiva, los efectos principales del pago no se producen en forma simultánea
cuando el que paga es un tercero, sea interesado o no interesado.
En caso de pago de la deuda por un tercero, se produce la satisfacción del acreedor
pero el crédito no se extingue respecto del deudor.
Esto es así, en virtud de que el deudor continúa obligado, ahora frente al tercero que
efectuó el pago, a quien deberá reintegrar lo que haya pagado.
LEGITIMACION PARA RECIBIR PAGOS: Legitimados pasivos del pago son aquellos que
tienen derecho a recibirlo, es decir:
El acreedor (destinatario natural pago), es este quien tiene el derecho de reclamar la
prestación a su deudor, en consecuencia, resulta lógico que sea también él quien deba
percibirlo.
El representante del acreedor.
Los sucesores universales o particulares del acreedor.
El tercero habilitado para recibir el pago.
Señala Llambías, el pago efectuado a esas personas es válido y cancelatorio de la
deuda, aunque ocasionalmente pueda no ser satisfactorio para el verdadero acreedor.
Cuando el acreedor es único o singular, el pago debe hacerse a él.
Si existe pluralidad de acreedores hay que tener en cuenta si la obligación es
simplemente mancomunada o solidaria, divisible o indivisible.
Si se trata de una obligación simplemente mancomunada y el objeto es divisible, el
pago debe ser realizado a cada uno de los coacreedores según la parte que tiene en el
crédito.
En cambio, si la obligación es solidaria (divisible o indivisible), o simplemente
mancomunada de objeto indivisible, el pago debe hacerse íntegramente a cualquiera
de los acreedores.
Salvo cuando alguno de ellos hubiere reclamado judicialmente el cobre al deudor y
notificado la demanda.
DERECHOS DEL ACREEDOR CONTRA TERCEROS: Cuando el pago lo percibe un tercero,
el acreedor no satisface su crédito.
Sin embargo, se encuentra impedido de exigir al deudor un nuevo pago, por el efecto
liberatorio de la prestación efectuada al tercero.
El deudor se libera completamente y puede repeler exitosamente las acciones que
pudiera intentar el acreedor.
En esta situación, el acreedor deberá dirigir sus acciones contra el tercero que percibió
el crédito, quien debe restituir al acreedor lo que cobró en su nombre.
En caso de que el que recibió el pago sea un tercero indicado, las acciones del acreedor
se encuentran relacionadas con el acuerdo interno que posea con el tercero.
Si el tercero percibió el pago por orden del acreedor, le son aplicables las acciones
concernientes al contrato de mandato.
Las acciones que posee el acreedor contra el tercero indicado, dependerán de la
vinculación jurídica que los una.
La acción que le otorga al acreedor contra el acreedor aparente de buena fe es la de
pago indebido, con el fin de que le entregue lo que ha percibido del deudor.
Sin embargo, si el acreedor aparente obró de mala fe, es decir, conociendo que carecía
de título para ser acreedor, en cuyo caso su obrar configuraría un hecho ilícito.
El acreedor verdadero tendrá acción para lograr la restitución de lo cobrado por el
acreedor, y la acción de daños y perjuicios para reparar todos los daños ocasionados.
PAGO A PERSONA INCAPAZ O CON CAPACIDAD RESTINGIDA Y A TERCEROS NO
LEGITIMADOS: No es válido el pago realizado a una persona incapaz, ni con capacidad
restringida no autorizada por el juez para recibir pagos.
Ni a un tercero no autorizado por el acreedor para recibirlo, excepto que medie
ratificación del acreedor.
No obstante, el pago produce efectos en la medida en que el acreedor se ha
beneficiado.
Si hablamos del tercero no autorizado por el acreedor para recibir el pago, el pago que
el deudor realice a un tercero no autorizado es inoponible respecto del acreedor.
En este caso es de aplicación la máxima “quien paga mal paga dos veces”, en cuyo caso
el deudor deberá volver a pagar, esta vez al acreedor o tercero habilitado.
Sin embargo, dado que el pago recibido por el tercero fue un pago sin causa, el deudor
se encuentra legitimado para accionar contra él para que le restituya lo pagado.
MORA DEL DEUDOR: La mora del deudor se produce por el solo transcurso del tiempo
fijado para el cumplimiento de la obligación.
El acreedor incurre en mora si el deudor le efectúa una oferta de pago de conformidad
con el artículo 867 y se rehúsa injustificadamente a recibirlo.
Entre sus múltiples efectos, se cuenta el de constituir una fuente de la obligación de
resarcir el daño que causa al acreedor.
El daño moratorio se configura en el patrimonio en relación con el tiempo que dura el
retardo (incumplimiento relativo).
Es decir, el perjuicio se incrementa por el transcurso del tiempo y la pendencia de la
obligación incumplida.
Los elementos de la mora son:
El incumplimiento en tiempo propio que perfila la conducta antijurídica.
El daño que sufre el acreedor en su patrimonio.
La relación de causalidad entre el daño y la inejecución.
La imputabilidad del deudor, sea culpa o dolo de este, o la imputación objetiva
del deber de responder.
Sin embargo, así reunidos estos elementos o presupuestos generales de la
responsabilidad civil, el retardo no es aún mora, pues el régimen jurídico
requiere que el deudor se halle encuadrado dentro del “estado de mora”.
EXCEPCIONES AL PRINCIPIO DE MORA AUTOMATICA: La regla de la mora automática
no rige respecto de las obligaciones:
En primer lugar, que están sujetas a plazo tácito.
Si el plazo no está expresamente determinado, pero resulta tácitamente de la
naturaleza y circunstancias de la obligación, en la fecha que conforme a los usos y a la
buena fe, debe cumplirse.
En segundo lugar, las sujetas a plazo indeterminado propiamente dicho.
Si no hay plazo, el juez a pedido de parte, lo debe fijar mediante el procedimiento más
breve que prevea la ley local.
A menos que el acreedor opte por acumular las acciones de fijación de plazo y de
cumplimiento.
En cuyo caso el deudor queda constituido en mora en la fecha indicada por la
sentencia para el cumplimiento de la obligación.
En caso de duda respecto a si el plazo es tácito o indeterminado propiamente dicho, se
considera que es tácito.
EXIMICION: El deudor se exime de la mora si acredita que ella no le es imputable.
En las obligaciones de medios, el deudor se liberará por la prueba de la no culpa
(diligencia debida).
Mientras que en las obligaciones de resultado, la eximente solo se alcanzará por la
prueba del corte de la cadena causal.
Esto es, la culpa de la víctima, el caso fortuito, el hecho de un tercero por el que no
deba responder o la imposibilidad de cumplimiento, con fundamento en que el deudor
ha prometido un resultado eficaz.
PAGO A MEJOR FORTUNA: El pago a mejor fortuna tiene lugar cuando las partes
acuerdan postergar el pago para la oportunidad en que el deudor mejore de fortuna.
Es decir, cuando su situación patrimonial le permita, o cuando pudiere cumplir su
obligación.
A través del pago a mejor fortuna, primero, no se encuentra supeditada la existencia
de la obligación sino solo su exigibilidad.
Segundo, en caso de fallecimiento del deudor, caduca el beneficio que se le concedió
(caducidad de plazo), tornándose exigible el cumplimiento de la obligación respecto a
sus herederos.
Y tercero, en el supuesto de concurso o quiebra del deudor, su acreedor puede
reclamar el cobro de la deuda.
El CCyC considera aplicable las reglas de las obligaciones a plazo indeterminado.
BENEFICIO DE COMPETENCIA: El beneficio de competencia es un derecho que se
otorga a ciertos deudores, para que paguen lo que buenamente puedan, según las
circunstancias, y hasta que mejoren de fortuna.
El beneficio de competencia produce los siguientes efectos:
Reduce la prestación que debe satisfacer el deudor en los límites “que buenamente
pueda”. Pagará, pues, lo que esté a su alcance, según su clase y circunstancias.
Los jueces pueden, a instancia de parte, fijar el tiempo en el que deba pagarse el saldo.
Es personalísimo y cesa por ese motivo con la muerte del deudor, sin pasar a sus
herederos.
Por tal razón, el juez no puede conceder el beneficio de oficio, es el deudor quien debe
reclamarlo.
Conforme al Art. 893, El acreedor debe conceder este beneficio:
A sus ascendientes, descendientes y colaterales hasta el segundo grado, si no han
incurrido en alguna causal de indignidad para suceder.
A su cónyuge o conviviente, al donante en cuanto a hacerle cumplir la donación.
PRUEBA DEL PAGO: La carga de la prueba incumbe:
a) en las obligaciones de dar y de hacer, sobre quien invoca el pago.
b) en las obligaciones de no hacer, sobre el acreedor que invoca el incumplimiento.
IMPUTACION DEL PAGO POR EL DEUDOR: Para que la imputación de pago cobre
virtualidad, deben reunirse los siguientes requisitos:
Que existan varias obligaciones pendientes de cumplimiento entre las mismas
partes
Que las obligaciones tengan por objeto prestaciones de la misma naturaleza, es
decir, homogéneas.
Que el pago efectuado no alcance a cubrir todas las obligaciones.
La oportunidad para hacer la imputación del pago por el deudor es al tiempo de
realizar el pago.
Nada impide que haga saber su voluntad con anterioridad a ese momento.
La facultad del deudor al momento de realizar la imputación no es ilimitada, ya que a
su facultad se contraponen los derechos del acreedor, hay supuestos en los que el
deudor no puede imputar sin consentimiento del acreedor.
Tal es el caso, por ejemplo, del deudor que debe capital más intereses, no podrá
imputar el pago primero al capital sin consentimiento del acreedor.
IMPUTACION LEGAL: “Si el deudor o el acreedor no hacen imputación del pago, se lo
imputa:
En primer término, a la obligación de plazo vencido más onerosa para el deudor.
Y cuando las deudas son igualmente onerosas, el pago se imputa a prorrata.”
La jurisprudencia ha dicho que una deuda que trae aparejada un título ejecutivo es
más onerosa para el deudor que aquella que solo confiere acción ordinaria.
También ha considerado más gravosa para el deudor una obligación que ya ha
provocado una acción judicial respecto de las que no han sido objeto de ellas.
Nada señala el artículo respecto de si todas las deudas pendientes entre deudor y
acreedor son de plazo aún no vencido.
La jurisprudencia y la doctrina han aplicado idénticos principios que a las deudas de
plazos vencidos, por vía de analogía.
La imputación, realizada por el deudor, por el acreedor o por la ley, no es susceptible
de ser alterada en forma unilateral, ni por quien la hizo, ni por la otra parte.
Solo podría ser modificada si media acuerdo de ambas partes.
PAGO A CUENTA DE CAPITAL E INTERESES: “Si el pago se hace a cuenta de capital e
intereses y no se precisa su orden, se imputa en primer término a intereses, a no ser
que el acreedor dé recibo por cuenta de capital.”
En caso de que el pago exceda el monto de la deuda por intereses, se podrá aplicar el
sobrante al capital, solo con la conformidad del acreedor.
La excepción a este principio se configura cuando el acreedor extiende recibo por
cuenta de capital, sin formular reserva alguna respecto de los intereses adeudados.
En este supuesto, se presume, o bien que ha percibido los intereses con anterioridad,
o que ha resignado su crédito por intereses.
El recibo otorgado por el acreedor sin mencionar o hacer reserva sobre los intereses
adeudados, extingue la obligación del deudor respecto de ellos.
UNIDAD 10:
PAGO POR CONSIGNACION: Si deudor diligente se ve impedido de cumplir, por la
oposición injustificada del acreedor o bien por dificultades que obstan el pago directo.
La ley le permite acudir a una vía de liberación coactiva de la obligación, que es el pago
por consignación.
La regla es que el pago se materialice con la única intervención de las partes
interesadas, recurriéndose a la consignación sólo en circunstancias excepcionales.
El nuevo texto legal regula el pago por consignación por la vía judicial, lo hace en
términos modernos, consagrando una fórmula general para su procedencia.
A su vez, se refiere a sus requisitos y a sus efectos, pero asimismo incorpora el instituto
de la consignación extrajudicial o privada.
Esta figura también se regula en detalle, habiéndose concebido como un instrumento
útil para la disminución de la litigiosidad.
CONSIGNACION JUDICIAL: El pago por consignación judicial no es una figura distinta
de la del pago, sino que se trata de un mecanismo o modo de realizarlo.
Supone el trámite de un proceso judicial contencioso, que dependerá de las normas
procesales aplicables en cada jurisdicción.
Es un mecanismo compulsivo, tendiente a vencer la reticencia del acreedor, o bien a
sortear diversos obstáculos que dificultan o impiden realizar el pago en forma directa.
Es claro que es un procedimiento facultativo, el deudor no está obligado a consignar,
sino que constituye para él una carga, un imperativo de su propio interés.
Si desea obtener la liberación ante la imposibilidad o dificultad de hacerlo por sus
propios medios de manera válida o segura, deberá recurrir al procedimiento de la
consignación judicial.
CASOS: El art. 904 CCyC enuncia supuestos de hecho que habilitan al deudor a utilizar
excepcionalmente la vía del pago por consignación.
En efecto, determina su procedencia cuando el acreedor fue constituido en mora, o
cuando existe incertidumbre sobre la persona del acreedor, o cuando el deudor no
puede realizar un pago seguro y válido por causa que no le es imputable.
Se trata de una enunciación amplia que comprende situaciones que importan un serio
y real obstáculo, impidiendo o dificultando el pago directo.
Procedamos a analizar los supuestos establecidos:
ACREEDOR CONSTITUIDO EN MORA: La prueba debe estar simple y
llanamente direccionada a acreditar la constitución en mora mediante un hecho
positivo y cierto.
La cual es la existencia de una oferta realizada al acreedor o a un tercero autorizado a
recibir el pago.
Lo que interesa es que el solvens ponga a disposición del accipiens una oferta de pago
válida (es decir, reúna los requisitos previstos) de tal manera que solo de este último
dependa que se consuma el cumplimiento.
En definitiva, se habilita este procedimiento de pago compulsivo al existir un
incumplimiento relevante de parte del acreedor, caracterizado por su demora en
recibir el pago.
CUANDO EXISTE INCERTIDUMBRE SOBRE LA PERSONA DEL
ACREEDOR: Hay dudas razonables acerca de quién resulta ser titular del crédito al
momento de volverse exigible el pago.
Así, por ejemplo, cuando fallece el acreedor y el deudor ignora quiénes son sus
herederos o bien cuando no hay datos suficientes para identificar al acreedor.
CUANDO EL DEUDOR NO PUEDE REALIZAR UN PAGO SEGURO Y
VÁLIDO POR CAUSA QUE NO LE ES IMPUTABLE: Se suscita la imposibilidad
de un pago seguro cuando, por ejemplo, el acreedor no accede a extender el
pertinente recibo.
Se imposibilita el pago válido al deudor cuando el acreedor es incapaz al momento de
querer realizarlo y aquel no tiene representante legal con facultades para recibirlo.
REQUISITOS: El pago por consignación está sujeto a los mismos requisitos del pago.
Entre otras disposiciones, le son aplicables las reglas generales sobre los actos
jurídicos, debe efectuarse por y para una persona legitimada y capaz, su objeto debe
cumplir con los requisitos de identidad, integridad, puntualidad y localización.
Aunque estos últimos deban adaptarse a las reglas específicas de la consignación.
FORMA: El pago por consignación se rige por las siguientes reglas:
a) Si la prestación consiste en una suma de dinero, se requiere su depósito a la orden
del juez interviniente, en el banco que dispongan las normas procesales.
b) Si se debe una cosa indeterminada a elección del acreedor y éste es moroso en
practicar la elección, una vez vencido el término del emplazamiento judicial hecho al
acreedor, el juez autoriza al deudor a realizarla.
c) Si las cosas debidas no pueden ser conservadas o su custodia origina gastos
excesivos, el juez puede autorizar la venta en subasta, y ordenar el depósito del precio
que se obtenga.
EFECTOS: La consignación judicial, no impugnada por el acreedor, o declarada válida
por reunir los requisitos del pago, extingue la deuda desde el día en que se notifica la
demanda.
Si la consignación es defectuosa, y el deudor subsana ulteriormente sus defectos, la
extinción de la deuda se produce desde la fecha de notificación de la sentencia que la
admite.
El pago por consignación produce todos los efectos del pago, por ser una especie
dentro de esta categoría.
DEUDOR MOROSO: “El deudor moroso puede consignar la prestación debida con los
accesorios devengados hasta el día de la consignación.” (Art. 908)
Para ser válidas y tener eficacia, las ofertas del deudor deben ser comprensivas de la
prestación originaria y de todos sus accesorios.
Entonces, en caso de que se adeude una suma generados a causa de la mora incurrida
y computados hasta su cese, ya que, de lo contrario, el pago no sería íntegro.
DESISTIMIENTO: “El deudor tiene derecho a desistir de la consignación antes de que la
acepte el acreedor o de que haya sido declarada válida.
Con posterioridad sólo puede desistir con la conformidad expresa del acreedor, quien
en ese caso pierde la acción contra los codeudores, los garantes y los fiadores.” (Art.
909)
En este supuesto, si el deudor retira la oferta, no extingue ni altera la obligación,
porque el pago no alcanza a perfeccionarse.
No obstante ello, la consignación desistida guarda cierta relevancia por cuanto
determina que el deudor haya reconocido judicialmente la existencia de la deuda.
Una vez que queda perfeccionada la consignación (por aceptación del acreedor o por
sentencia) cesa el derecho del deudor de retirar lo consignado ya que los bienes
ingresaron al patrimonio del acreedor de manera irrevocable.
Como excepción, la norma prevé que el deudor desista de la consignación con acuerdo
del acreedor.
Surge un nuevo crédito, sin los accesorios del anterior.
CONSIGNACION EXTRAJUDICIAL: En efecto, antes el acreedor que tenía dificultades
para realizar un pago válido debía acudir necesariamente a los estrados judiciales para
satisfacer su voluntad de cumplir y obtener la liberación.
De acuerdo a esta novedosa regulación, el pago por consignación extrajudicial se
presenta, junto con el pago por consignación judicial, como una especie de su género.
PROCEDENCIA Y TRÁMITE: El deudor de una suma de dinero puede optar por el
trámite de consignación extrajudicial.
A tal fin, debe depositar la suma adeudada ante un escribano de registro, a nombre y
a disposición del acreedor, cumpliendo los siguientes recaudos:
a) notificar previamente al acreedor, en forma fehaciente, del día, la hora y el lugar en
que será efectuado el depósito.
b) efectuar el depósito de la suma debida con más los intereses devengados hasta el
día del depósito.
Este depósito debe ser notificado fehacientemente al acreedor por el escribano dentro
de las cuarenta y ocho horas hábiles de realizado.
Si es imposible practicar la notificación, el deudor debe consignar judicialmente.
DERECHOS DEL ACREEDOR QUE RETIRA EL DEPÓSITO: Si el acreedor retira lo
depositado y rechaza el pago, puede reclamar judicialmente un importe mayor.
O considerarlo insuficiente o exigir la repetición de lo pagado por gastos y honorarios
por considerar que no se encontraba en mora, o ambas cosas.
En el recibo debe hacer reserva de su derecho, caso contrario se considera que el pago
es liberatorio desde el día del depósito.
Para demandar tiene un término de caducidad de treinta días computados a partir del
recibo con reserva.
IMPEDIMIENTOS: “No se puede acudir al procedimiento previsto en este Parágrafo si
antes del depósito, el acreedor optó por la resolución del contrato o demandó el
cumplimiento de la obligación.” (Art. 913)
La norma es por demás clara.
Parece evidente en este caso que el principio de buena fe exige que el acreedor,
notificado de la voluntad de pago del deudor en la forma prevista en el art. 910 CCyC
(notificación fehaciente del día, hora y lugar del pago extrajudicial que se pretende
realizar), le haga saber a aquel su voluntad resolutoria o que demandó el
cumplimiento.
PAGO POR SUBROGACION: El pago por subrogación transmite al tercero que paga
todos los derechos y acciones del acreedor. La subrogación puede ser legal o
convencional. (Art. 914)
El denominado pago por subrogación tiene lugar cuando un tercero ajeno a la relación
obligacional cumple la prestación comprometida por el deudor y desinteresa al
acreedor sustituyéndolo en el ejercicio de sus derechos.
Como consecuencia, el tercero que ejecuta la prestación asume la posición jurídica del
acreedor, por disposición de la ley o por convención.
El pago por subrogación se funda en razones de justicia, equidad y orden práctico, no
causa perjuicios ni resulta desventajoso al interés de los sujetos involucrados ni de
terceros.
Es claro que el acreedor se ve favorecido al obtener la satisfacción de su crédito sin
necesidad de recurrir a la ejecución forzada.
Por otro lado, el tercero que cumple la prestación satisface el interés que lo motiva a
interceder de ese modo, como podría ser el de evitar un posible empobrecimiento
indirecto en su patrimonio.
Y alcanza la misma posición del acreedor subrogado, lo cual lo legitima para recuperar
la erogación efectuada.
SUBROGACION LEGAL: La subrogación legal tiene lugar a favor:
a) del que paga una deuda a la que estaba obligado con otros, o por otros.
b) del tercero, interesado o no, que paga con asentimiento del deudor o en su
ignorancia.
c) del tercero interesado que paga aun con la oposición del deudor.
d) del heredero con responsabilidad limitada que paga con fondos propios una deuda
del causante.
Opera de pleno derecho, desde el momento en que se efectúa el pago.
DEL QUE PAGA UNA DEUDA A LA QUE ESTABA OBLIGADO CON
OTROS, O POR OTROS: Se contempla así la subrogación legal en los casos de
deudores de obligaciones solidarias, indivisibles o concurrentes, cuando se refiere al
"obligado con otros".
Ejemplo, pago por un fiador, o bien por los sujetos obligados al pago de una cláusula
penal en caso que el deudor principal no pague.
DEL TERCERO, INTERESADO O NO, QUE PAGA CON ASENTIMIENTO
DEL DEUDOR O EN SU IGNORANCIA: La subrogación procede ante el
asentimiento expreso, tácito y aun ante la ignorancia del deudor (ej., pago por el
gestor de negocios).
DEL TERCERO INTERESADO QUE PAGA AUN CON LA OPOSICIÓN DEL
DEUDOR: Cuando existe oposición del deudor al pago, sólo opera la subrogación si el
tercero tiene un interés relevante en el pago (ej., garante que puede ver afectado su
propio patrimonio en el supuesto de falta de pago).
DEL HEREDERO CON RESPONSABILIDAD LIMITADA QUE PAGA CON
FONDOS PROPIOS UNA DEUDA DEL CAUSANTE: Al pagar con fondos
propios, este heredero puede luego reclamar el reintegro de lo abonado a la masa
hereditaria.
SUBROGACION CONVENCIONAL POR EL ACREEDOR: El acreedor puede subrogar en
sus derechos al tercero que paga. (Art. 916)
La subrogación convencional es facultativa para el acreedor.
Es decir, que puede estar obligado, según el caso, a recibir el pago efectuado por el
tercero, aun cuando no esté obligado a subrogarlo en sus derechos contra el deudor.
Dos son los requisitos para la procedencia de la subrogación convencional:
Primero, que la voluntad se manifieste en forma expresa y segundo que lo sea con
anterioridad o simultaneidad al acto de pago.
Esto último viene dado por una razón obvia, ya que carecería de efectos cualquier
convención que se realizara luego del pago, ya que la obligación se encontraría extinta.
Si bien no es necesario que el deudor originario preste conformidad, es imprescindible
notificarlo de la transferencia, o bien que la acepte.
SUBROGACION CONVENCIONAL POR EL DEUDOR: El deudor que paga al acreedor con
fondos de terceros puede subrogar al prestamista.
Para que tenga los efectos previstos en estas normas es necesario que:
a) tanto el préstamo como el pago consten en instrumentos con fecha cierta anterior.
b) en el recibo conste que los fondos pertenecen al subrogado.
c) en el instrumento del préstamo conste que con ese dinero se cumplirá la obligación
del deudor.
La norma es precisa en cuanto a los requisitos para la procedencia del pago por
subrogación convencional por el deudor.
En primer lugar, el préstamo y el pago deben constar expresamente en instrumentos
de fecha cierta anterior al acuerdo de subrogación.
Con ello se procura que el acuerdo sea oponible frente a otros acreedores del deudor.
En segundo lugar, en el recibo de pago de la deuda que otorgue el acreedor debe
hacerse constar que fue abonada con fondos pertenecientes al prestamista subrogado.
Finalmente, se requiere que en el instrumento del préstamo conste que con ese dinero
se cumplirá la obligación del deudor.
En la práctica no es muy útil, ya que el tercero que esté dispuesto a hacer el pago y
subrogarse en los derechos del acreedor puede obtener ese resultado pagando
directamente al acreedor que no se opone.
EFECTOS: El pago por subrogación transmite al tercero todos los derechos y acciones
del acreedor, y los accesorios del crédito.
El tercero subrogante mantiene las acciones contra los coobligados, fiadores, y
garantes personales y reales, y los privilegios y el derecho de retención si lo hay.
Con motivo de la transmisión del crédito que opera a partir del pago por subrogación,
el tercero solvens pasa a ocupar el lugar del originario acreedor y el deudor pasa a
tener un nuevo acreedor.
Esa transmisión del crédito comprende la deuda principal con todos sus accesorios, y
los privilegios y garantías que tenía el anterior acreedor.
Dejando al margen los derechos personalísimos o los que, por cualquier otra causa, no
puedan ser transmitidos.
El pago por subrogación transmite al tercero todas las prerrogativas y facultades
propias del derecho de crédito, las garantías personales y reales de las que disponía su
titular, tales como hipotecas, prendas, fianzas.
Y todas las acciones del anterior acreedor, como la de resolver o rescindir el contrato,
promover acción revocatoria, etc.
LIMITES: En el art. 919 CCyC se establecen tres limitaciones concretas a los derechos
del subrogante sobre el crédito que le fuera transmitido.
En primer lugar, se prescribe que no puede reclamar al deudor más de lo que hubiera
pagado al acreedor originario.
Entonces, si el tercero satisfizo el interés del acreedor pagándole un importe menor al
adeudado, solo tiene acción contra el deudor por lo efectivamente abonado.
Por otra parte, en el supuesto del codeudor de una obligación de sujeto plural que
paga el total de la deuda, se dispone que solamente puede reclamar a los demás
codeudores la parte que a cada uno de ellos les corresponde cumplir.
Por último, tratándose de derechos disponibles, las partes pueden acordar que la
subrogación se circunscriba a ciertos derechos y acciones, o que se excluya alguno de
los efectos ordinarios del pago por subrogación.
SUBROGACION PARCIAL: El art. 920 CCyC contempla un supuesto particular en el que
el pago por subrogación es parcial.
Lo cual requiere, de la conformidad del acreedor, ya que no está obligado a recibir
pagos incompletos, al tiempo que se verifica la insuficiencia de bienes del deudor para
pagar en forma íntegra la deuda.
El tercero solvens y el acreedor parcialmente subrogado se distribuyen de manera
proporcional los bienes del deudor, salvo convención en contrario entre los
acreedores.
Es decir, que La solución es razonable si se observa que el tercero subrogante
parcialmente accede al mismo crédito que antes pertenecía íntegramente el primer
acreedor.
UNIDAD 11:
COMPENSACION: “La compensación de las obligaciones tiene lugar cuando dos
personas, por derecho propio, reúnen la calidad de acreedor y deudor recíprocamente,
cualesquiera que sean las causas de una y otra deuda.
Extingue con fuerza de pago las dos deudas, hasta el monto de la menor, desde el
tiempo en que ambas obligaciones comenzaron a coexistir en condiciones de ser
compensables.” (Art. 911).
Se trata así de un modo de extinción que supone la neutralización de dos obligaciones
recíprocas.
Es así que si Francisco debe a Manuel $ 10.000 por honorarios profesionales, pero a su
vez Manuel debe a Francisco $ 7.000 por la compra de equipos de computación,
podrán ambos contratantes evitar un doble pago recíproco por los importes totales
debidos.
Extinguiendo sus mutuas obligaciones mediante el pago de los $ 3.000 que sigue
debiendo Francisco en exceso del monto que quedará extinguido por vía de
compensación.
Puede advertirse con claridad que este modo de extinción de las obligaciones permite
evitar un desplazamiento innecesario de bienes.
Simplificando las reglas de pago en casos en los cuales los obligados revistan la calidad
de acreedor y deudor en forma recíproca, o sea que deben ser titulares del crédito y
de la deuda a título personal y principal.
Por supuesto que lo señalado no impide que la compensación pueda ser realizada a
través de representantes en tanto actúen en nombre de sus representados
compensando los créditos recíprocos que estos tengan con terceros.
Por otra parte, las obligaciones deben ser recíprocas y no correlativas.
En efecto, este instituto jurídico presupone la coexistencia de dos deudas en sentido
opuesto, originadas por títulos distintos, cuyos sujetos revisten, válidamente, la calidad
de deudor y acreedor recíprocamente.
La causa de una y otra deuda es indiferente, una deuda puede provenir de una
indemnización por daños y perjuicios, y la otra de una relación contractual.
ESPECIES: La compensación puede ser legal, convencional, facultativa o judicial.
COMPENSACION LEGAL: Es la que dispone la ley de pleno derecho cuando se
encuentran reunidos ciertos requisitos, estos son:
Que ambas partes deben ser deudoras de prestaciones de dar.
Que los objetos comprendidos en las prestaciones deben ser homogéneos entre sí.
Y que los créditos deben ser exigibles y disponibles libremente, sin que resulte
afectado el derecho de terceros.
Una vez opuesta, la compensación legal produce sus efectos a partir del momento en
que ambas deudas recíprocas coexisten en condiciones de ser compensadas.
Es decir, una vez que se cumplen los requisitos de la compensación legal, los efectos
operan de pleno derecho, de modo automático, sin la necesidad de que intervenga un
órgano jurisdiccional.
Existe la necesidad de oponer la compensación, esta debe ser “opuesta” por la parte
interesada, en tanto no es materia de orden público, los jueces no pueden declararla
de oficio.
Pueden alegar la compensación legal:
Las partes en la medida de su interés.
Los acreedores, siempre que se den los requisitos de la acción subrogatoria.
Cualquiera de los deudores de una obligación solidaria, puede invocar la compensación
del crédito del acreedor con el crédito de él, o de otro de los codeudores solidarios.
El fiador, quien puede compensar la obligación que nace de la fianza con lo que el
acreedor le deba y también con los créditos que el deudor principal tenga contra este.
FIANZA: La propia naturaleza subsidiaria de la fianza permite que el fiador pueda
alegar contra el acreedor tanto las defensas propias como las que le correspondan al
deudor principal.
En relación a las opciones a cargo del fiador.
En primer lugar, el fiador puede compensar con el acreedor un crédito que, de forma
personal, tenga con este con la obligación surgida del contrato de fianza.
En segundo lugar, el fiador puede, por excepción al principio de personalidad de las
deudas, oponerle al acreedor un crédito que tenga a su favor el deudor principal de la
obligación afianzada.
PLURALIDAD DE DEUDAS DEL MISMO ACREEDOR: Si el deudor tiene varias deudas
compensables con el mismo acreedor, se aplican las reglas de la imputación del pago.
La normativa dispone que el deudor tenga la facultad de declarar por cuál de las
distintas deudas debe imputarse la compensación, debiendo recaer la elección sobre
una deuda líquida y de plazo vencido.
A su vez, la ley establece que si el sujeto adeuda capital e intereses, la compensación
no puede imputarse a la deuda principal sin consentimiento del acreedor.
Ahora bien, si el deudor no hiciere la correspondiente imputación, el acreedor se
encuentra facultado para hacerla con determinados recaudos.
Si el deudor o el acreedor no hicieren la imputación, se hará, en primer término, a la
obligación de plazo vencido más onerosa para el deudor.
Y cuando las deudas son igualmente onerosas, se imputará a prorrata.
COMPENSACION FACULTATIVA: La compensación facultativa actúa por la voluntad de
una sola de las partes cuando ella renuncia a un requisito faltante para la
compensación legal que juega a favor suyo.
Produce sus efectos desde el momento en que es comunicada a la otra parte.
En definitiva, opera en la medida que no sea posible la compensación legal.
El ejemplo clásico de este instituto jurídico ha sido traído por Colmo, quien aducía que
una parte que es acreedora de un caballo de carrera y, al mismo tiempo, deudora de
un caballo común (por títulos diferentes), tendría la facultad de renunciar a su ventaja
y oponer la compensación facultativa.
Los efectos de la compensación facultativa son idénticos a los de la compensación legal
con la diferencia de que se producen desde que es comunicada a la otra parte.
COMPENSACION JUDICIAL: Es una compensación declarada por los jueces, que admite
el crédito reclamado por el actor y a la vez el pretendido por el demandado
reconviniente.
En otros términos, se trata del resultado de una compensación de obligaciones
recíprocas arbitrada por el juez.
De acuerdo al nuevo Código, "Cualquiera de las partes tiene derecho a requerir a un
juez la declaración de la compensación que se ha producido.
La pretensión puede ser deducida simultáneamente con las defensas relativas al
crédito de la otra parte o, subsidiariamente, para el caso de que esas defensas no
prosperen".
EXCLUSION CONVENCIONAL: La compensación puede ser excluida
convencionalmente.
La razón de esta disposición radica en que el beneficio de la compensación resulta
pasible de ser renunciado por los sujetos.
Por supuesto que, como toda abdicación de un derecho, debe ser clara e inequívoca.
En la medida en que el pacto de exclusión no altere el orden público, será válido y
deberá ser respectado por la autoridad judicial.
Del mismo modo que acreedor y deudor recíproco pueden convenir la compensación,
también pueden excluirla.
OBLIGACIONES NO COMPENSABLES: La ley detalla una serie de supuestos de
obligaciones no compensables.
El fundamento para tal exclusión puede hallarse en en razones de interés social y
orden público, en imposibilidades o dificultades de orden puramente fáctico.
Los supuestos son:
En primer lugar, las deudas por alimentos, ya que se considera que el acreedor por
alimentos padece de extrema necesidad.
Además, al involucrar bienes inembargables, se hallan fuera de la garantía común de
los acreedores.
En segundo lugar, las obligaciones de hacer o no hacer.
En el caso de obligaciones de hacer, se interpreta mayormente que no existe
fungibilidad posible, de allí la prohibición.
En cuanto a las obligaciones de no hacer, suponen en esencia una abstención de
carácter personal, de allí que no tenga sentido su compensación con otro crédito.
En tercer lugar, la obligación de pagar daños e intereses por no poderse restituir la
cosa de que el propietario o poseedor legítimo fue despojado.
En cuarto lugar, las deudas y créditos entre los particulares y el Estado nacional,
provincial o municipal, etc.
En realidad, puede asumirse que el principio general es la imposibilidad de
compensación de obligaciones entre el Estado y los particulares.
Entre otros ejemplos más.
CONFUSION: La obligación se extingue por confusión cuando las calidades de acreedor
y de deudor se reúnen en una misma persona y en un mismo patrimonio.
Un sujeto no puede exigirse a sí mismo la realización de la prestación debida como así
tampoco accionar en su contra, en tanto no hay interés para hacerlo.
En si, al reunirse en una persona calidades contradictorias, se desvanece una de las
notas fundamentales de la estructura de la obligación, como lo es su bipolaridad.
Para que funcione la confusión, es necesario que la reunión en la misma persona de la
calidad de deudor y acreedor tenga lugar por derecho propio.
Esto significa que no habrá confusión si el representante de una persona resulta
acreedor o deudor de su representado.
EFECTOS: La obligación queda extinguida, total o parcialmente, en proporción a la
parte de la deuda en que se produce la confusión.
NOVACION: La novación es la extinción de una obligación por la creación de otra
nueva, destinada a reemplazarla.
La novación implica, entonces, un acto jurídico bilateral a través del cual el acreedor y
el deudor sustituyen una obligación por otra.
Por ejemplo, supóngase que Juan le debe a Pedro $200.000, y que ambas partes
deciden, de común acuerdo, tener por extinguida esa obligación primigenia y
cambiarla por otra consistente en la entrega de un automóvil determinado.
REQUISITOS: Los requisitos para que se configure este instituto son:
a) la existencia de una obligación primigenia.
b) la creación de una nueva obligación (que tiene su causa en la anterior), destinada a
sustituir a la primitiva.
c) la voluntad de las partes de realizar el acuerdo novatorio; es decir, la intención de
novar, de sustituir la obligación primitiva por la nueva.
MODIFICACIONES QUE NO IMPORTAN NOVACION: La entrega de documentos
suscriptos por el deudor en pago de la deuda y, en general, cualquier modificación
accesoria de la obligación primitiva, no comporta novación.
Para que se produzca una novación debe existir un cambio sustancial en la obligación
primitiva que genere el nacimiento de la nueva.
La norma prevé expresamente el supuesto de entrega al acreedor de documentos
suscriptos por el deudor en pago de la deuda.
En ese caso, no presume que se haya querido sustituir una obligación por otra.
Al respecto, debe interpretarse que la documentación en pagarés u otros documentos
de crédito similares simplemente obedece al propósito de facilitar el cobro de una
deuda que, como tal, permanecerá idéntica.
Por otra parte, una alteración accesoria de la obligación primigenia no constituye
novación.
Se trata de modificaciones accidentales (muchas veces referidas al tiempo, lugar o
modo de cumplimiento)-
NOVACION POR CAMBIO DE DEUDOR: La novación por cambio de deudor requiere el
consentimiento del acreedor.
Tal disposición resulta razonable en tanto el acreedor está renunciando a su derecho
contra el deudor, lo que puede tener una afectación en su patrimonio.
En caso contrario, se posibilitaría al deudor a traspasar su deuda a quien resulte
insolvente, en claro perjuicio al sujeto activo de la obligación.
En tanto el CCyC no se refiere a la necesidad de que el deudor primitivo consienta el
reemplazo, parecieran estar vigentes los dos supuestos de novación receptados por la
doctrina, y que regulaba expresamente el CC.
Esto es, la delegación pasiva, que involucra el consentimiento del deudor originario, y
la expromisión, que se configura sin su injerencia.
La delegación pasiva entraña una novación subjetiva por cambio de deudor en la que
participan el deudor primigenio, el nuevo deudor y el acreedor.
Es un acto jurídico plurilateral mediante el cual el deudor originario coloca en su lugar
a un nuevo deudor para que satisfaga la prestación pactada frente al acreedor.
Requiere, para su configuración, que el acreedor acepte al nuevo deudor, y que este
consienta asumir la deuda.
En la medida en que se cumplan con todas las exigencias referidas, habrá una
delegación pasiva perfecta y, por ende, se extinguirá la obligación originaria.
En cambio, si el consentimiento del acreedor con respecto a la liberación del deudor
primigenio estuviese ausente, se configurará una delegación pasiva imperfecta que,
por su naturaleza, no resulta novatoria.
En consecuencia, el nuevo deudor quedará obligado junto al deudor primitivo por la
prestación estipulada.
Para decirlo en otras palabras, en caso de duda se entenderá que el acreedor
simplemente ha aceptado un nuevo deudor como refuerzo de garantía.
La expromisión es una novación subjetiva por cambio de deudor en la que solo
intervienen el tercero que asume la obligación y el acreedor.
En este contexto, se requiere que el tercero asuma la obligación pactada
originariamente, y que el acreedor acepte el reemplazo del sujeto pasivo y preste su
consentimiento para la liberación del deudor inicial.
En este supuesto también resulta esencial la manifestación de voluntad inequívoca del
acreedor de exonerar al deudor originario.
En cambio, de no mediar consentimiento del acreedor, simplemente se adicionará un
nuevo deudor como garantía para la satisfacción del interés del acreedor.
Esta situación en la que quedan ambos obligados se denomina “expromisión
imperfecta o acumulativa“, que permite que el acreedor dirija su acción contra uno y
otro de los obligados.
NOVACION POR CAMBIO DE ACREEDOR: La novación por cambio de acreedor requiere
el consentimiento del deudor. Si este consentimiento no es prestado, hay cesión de
crédito.
La novación por cambio de acreedor requiere del consentimiento de tres sujetos: el
acreedor primitivo, el tercero que asume el crédito ( y el deudor de la obligación.
En este escenario, el deudor pasa a tener un nuevo acreedor y, simultáneamente,
queda liberado con respecto al acreedor originario.
Es una delegación activa, es esencial el consentimiento del deudor, que puede ser
dado de forma expresa o tácita, ya que la ley no impone ninguna exigencia al respecto.
CIRCUNSTANCIAS DE LA OBLIGACIÓN ANTERIOR: No hay novación, si la obligación
anterior:
a) Está extinguida, o afectada de nulidad absoluta; cuando se trata de nulidad relativa,
la novación vale, si al mismo tiempo se la confirma.
b) Estaba sujeta a condición suspensiva y, después de la novación, el hecho
condicionante fracasa.
O a condición resolutoria retroactiva, y el hecho condicionante se cumple; en estos
casos, la nueva obligación produce los efectos que, como tal, le corresponden, pero no
sustituye a la anterior.
En análisis, para que la obligación primitiva pueda servir de causa a la nueva obligación
es necesario que sea válida y efectiva.
La obligación originaria viciada de nulidad relativa podría servir de causa fuente de la
nueva obligación, en caso de que fuera confirmada al momento de realizarse el acto
novatorio.
Por ejemplo, supóngase el caso de un menor de edad que contrajo una obligación y
que, al llegar a la mayoría de edad, decide novarla confirmando el acto inicial (esto es,
renunciando implícitamente a la acción de nulidad).
En este supuesto, no habría inconveniente para que opere este modo extintivo en
tanto cesó el vicio y se confirmó el acto previamente afectado por una nulidad
instaurada a fin de tutelar los intereses del propio menor.
La condición constituye un requisito voluntario de eficacia de la obligación.
En el caso de la condición suspensiva, la existencia y eficacia de la obligación está
supeditada al acaecimiento de un hecho futuro e incierto.
Por ejemplo, el caso del empleador que se obliga a entregarle a su gerente la suma de
$100.000 si supera una cantidad determinada de ventas en el mes.
Si el hecho condicionante se cumple, no habría ningún impedimento para que
prosperen los efectos de la novación.
En cambio, la falta de cumplimiento del hecho condicionante provoca la ineficacia de
la obligación primitiva y la consiguiente imposibilidad de que sirva de causa fuente de
una nueva obligación.
En el caso de una obligación sujeta a una condición resolutoria sucede algo similar,
pero a la inversa.
La existencia y la eficacia de la obligación desaparecerán en cuanto acontezca el hecho
futuro e incierto pactado.
Por ejemplo, el caso del empleador que se obliga a entregarle a su empleado $5.000
extra mensuales hasta que obtenga su título universitario.
En la medida en que la condición se cumpla, los efectos son retroactivos al momento
en que se contrajo.
Por lo tanto, la obligación originaria carecerá de vigencia real y, por lo tanto, no
resultará pasible de ser novada.
CIRCUNSTANCIAS DE LA NUEVA OBLIGACIÓN: No hay novación y subsiste la obligación
anterior, si la nueva:
a) Está afectada de nulidad absoluta, o de nulidad relativa y no se la confirma
ulteriormente.
b) Está sujeta a condición suspensiva, y el hecho condicionante fracasa; o a condición
resolutoria retroactiva y el hecho condicionante se cumple.
Si la nueva obligación está afectada por una nulidad absoluta es de ningún valor y, por
ende, no es susceptible de sustituir o reemplazar a la anterior.
En cambio, si está viciada de nulidad relativa, solo operará el efecto novatorio en caso
de que sea confirmada posteriormente por el afectado.
Por otro lado, es necesario que la obligación sea eficaz.
Por lo tanto, no habrá novación en caso de que la nueva obligación esté sujeta a
condición suspensiva, cuyo hecho condicionante fracase.
O sujeta a condición resolutoria retroactiva, cuyo hecho condicionante se cumpla.
EFECTOS: La novación extingue la obligación originaria con sus accesorios.
El acreedor puede impedir la extinción de las garantías personales o reales del antiguo
crédito mediante reserva.
En tal caso, las garantías pasan a la nueva obligación sólo si quien las constituyó
participó en el acuerdo novatorio.
NOVACION LEGAL: En ciertas ocasiones, la ley dispone la novación de las obligaciones
con abstracción de la voluntad de las partes.
Esto quiere decir que se tratará de meros hechos extintivos en los que se prescinde del
requisito esencial de la intención o ánimo de novar.
Uno de los ejemplos más claros de novación legal (con abstracción de la voluntad de
las partes) surge de Ley de Concursos y Quiebras que, en su art. 55, dispone que el
acuerdo homologado “importa la novación de todas las obligaciones con origen o
causa anterior al concurso”.
Esto significa, que el acuerdo homologado en el marco del proceso extingue las
obligaciones primitivas que tenía el concursado con los acreedores.
Y las sustituye por otras nuevas que subsisten, incluso, en caso de incumplimiento y
ulterior declaración de quiebra.
UNIDAD 12:
DACION EN PAGO: La obligación se extingue cuando el acreedor voluntariamente
acepta en pago una prestación diversa de la adeudada.
La dación en pago es un modo extintivo en el cual el acreedor recibe voluntariamente
como pago de la obligación una prestación diferente a la convenida originariamente.
Si bien la redacción del CC se refería a este instituto como “pago por entrega de
bienes”, la doctrina coincidía (dado su origen proveniente del derecho romano) en
denominarlo dación en pago.
El pleno ejercicio de la autonomía privada de las partes permite que, de común
acuerdo, el deudor se libere ejecutando una prestación distinta a la originalmente
establecida.
Ello es así, en la medida que no se afecte el orden público, ni se perjudique a terceros.
Por ejemplo, supóngase que Juan tiene una deuda con Pedro por la entrega de una
pintura de Pablo Picasso, que al momento de cumplimiento intenta liberarse haciendo
entrega de una pintura de Salvador Dalí, y que el acreedor la recibe voluntariamente
prestando conformidad.
En este supuesto, se producirá el modo extintivo de las obligaciones de la dación en
pago.
Para que opere el instituto de la dación en pago se necesita la presencia de los
siguientes requisitos:
La existencia de una obligación primitiva; la realización de una prestación diferente a la
debida; el consentimiento de las partes y la recepción en calidad de pago.
REGLAS APLICABLES: La dación en pago se rige por las disposiciones aplicables al
contrato con el que tenga mayor afinidad.
El deudor responde por la evicción y los vicios redhibitorios de lo entregado; estos
efectos no hacen renacer la obligación primitiva, excepto pacto expreso y sin perjuicio
de terceros.
En esta inteligencia, por ejemplo, se proyectarán las normas previstas para la cesión de
créditos cuando lo que se da en pago es un crédito constituido a favor del deudor.
Por otro lado, se aplicarán las reglas de la compraventa (art. 1123 CCyC) si este modo
extintivo importa la entrega de una cosa.
A su vez, la ley establece, lógicamente, que el deudor deba responder por la evicción y
los vicios redhibitorios de lo entregado.
En efecto, a fin de brindar una adecuada satisfacción a los intereses del acreedor, todo
sujeto que transmite una cosa a título oneroso debe responder por aquellos.
Así las cosas, por ejemplo, el deudor responde por evicción del derecho cedido si un
tercero demostrase ser titular del crédito que se ha dado en pago.
Ahora bien, la evicción o los vicios redhibitorios de la cosa no afectan la extinción de la
obligación primitiva, que asume carácter definitivo.
En efecto, el acreedor desposeído por quien reivindica la cosa dada en pago tiene
derecho a ser indemnizado como comprador, aunque no puede hacer revivir la
obligación.
No obstante, nada impide que se pueda efectuar una alteración convencional de tales
efectos.
Como lo dispone la norma, no hay obstáculo para que las partes, de común acuerdo,
pacten que renazca la obligación anterior en caso de evicción o vicios redhibitorios.
Ello así, en la medida que no perjudiquen los derechos de terceros.
RENUNCIA Y REMISION: Toda persona puede renunciar a los derechos conferidos por
la ley cuando la renuncia no está prohibida y sólo afecta intereses privados.
No se admite la renuncia anticipada de las defensas que puedan hacerse valer en
juicio.
La distinción entre los conceptos de renuncia y remisión ofrece diversas variantes.
Por un lado, están quienes consideran que son dos modos extintivos absolutamente
diferentes.
En esta línea, se sostiene que mientras el primero implica una declaración del acreedor
de que no cobrará su crédito, el segundo consiste en una condonación o perdón en la
que el acreedor se da ficticiamente por pagado.
No obstante, más allá de la multiplicidad de interpretaciones, la doctrina mayoritaria
concluye que se trata de una relación de género-especie.
Mientras la renuncia puede englobar derechos de lo más variados, la remisión se
refiere específicamente a los derechos de crédito.
Por lo tanto, si bien toda remisión es una renuncia, no toda renuncia es una remisión.
RENUNCIA ONEROSA Y GRATUITA: Si la renuncia se hace por un precio, o a cambio de
una ventaja cualquiera, es regida por los principios de los contratos onerosos.
La renuncia gratuita de un derecho sólo puede ser hecha por quien tiene capacidad
para donar.
La renuncia puede ser onerosa o gratuita.
En el primer supuesto, el acto abdicativo responde a un ofrecimiento que realiza el
otro contratante, esto significa que el abandono se produce a cambio de un precio o
de una ventaja.
Por el contrario, en la renuncia gratuita no se obtiene ninguna contraprestación, el
acto proviene de una mera liberalidad.
La figura típica de la renuncia es la gratuita que, si bien importa una generosidad, no se
confunde con la donación, que se refiere siempre a la transmisión de la propiedad de
una cosa.
En cambio, la renuncia implica una dejación de un derecho determinado.
No cabe duda de que, en la renuncia onerosa, se trata de un acto jurídico bilateral.
Por el contrario, en lo que respecta a la renuncia gratuita la mayoría de la doctrina se
inclina por sostener que es un acto jurídico unilateral.
Por otra parte, la renuncia será total o parcial en la medida en que se abandone todo
el derecho o tan solo una parte.
ACEPTACION: La aceptación de la renuncia por el beneficiario causa la extinción del
derecho.
La aceptación de la renuncia por parte del deudor, provoca la extinción irrevocable del
derecho que se abandona, con todos sus accesorios.
En este modo extintivo, en principio, no se transfieren derechos (como sí ocurre, por
ejemplo, en la donación).
En otras palabras, la renuncia entraña la pérdida de un derecho disponible, que
ocasiona la separación de su titular por abandono y no por transmisión o enajenación.
Por otra parte, la renuncia solo produce efectos entre acreedor y deudor, y no puede
afectar derechos de terceros.
Por lo tanto, los acreedores que se vean perjudicados, estarán legitimados para
deducir una acción revocatoria.
RETRACTACION: La renuncia puede ser retractada mientras no haya sido aceptada,
quedando a salvo los derechos adquiridos por terceros.
La retractación es una manifestación de voluntad a través de la cual se revoca la
decisión de abdicar de determinado derecho o facultad.
Como requisito sustancial para poder recobrar plenamente el derecho, debe ser
realizada en tiempo útil; esto es, antes de la aceptación del deudor.
Una retractación posterior sería de ningún valor, en tanto la obligación se habría
extinguido de manera irrevocable.
La retractación puede ser efectuada de forma expresa o tácita.
La primera implica una comunicación fehaciente e inequívoca de la voluntad de
retractarse.
La segunda requiere que la conducta llevada adelante por el acreedor, con
posterioridad a la renuncia, resulte absolutamente incompatible con la intención de
abandonar el derecho.
PRUEBA: La voluntad de renunciar no se presume y la interpretación de los actos que
permiten inducirla es restrictiva.
La prueba de la renuncia puede ser efectuada por cualquier medio idóneo.
No obstante, la norma es clara cuando dispone que la intención de renunciar no se
presume por lo que, en caso de incertidumbre, se estará por la perdurabilidad del
derecho.
En caso de que hubiere una duda respecto de si hubo un acto abdicativo, debe estarse
por su ausencia.
En sí, la voluntad de despojarse del derecho solo puede entenderse configurada
cuando hay hechos inequívocos y contundentes.
Ello no implica que la renuncia necesariamente deba ser expresa; esto es, a través de
una comunicación fehaciente.
Puede haber una renuncia tácita en la medida en que los hechos que permitan
inducirla, interpretados restrictivamente, sean verdaderamente convincentes y revelen
de forma indudable la intención de ejercer el acto abdicativo.
Algunos autores han considerado que estas apreciaciones resultan atendibles solo en
el caso de las renuncias gratuitas, ya que resulta lógico favorecer y proteger a quien ha
cedido generosamente un derecho.
FORMA: La renuncia no está sujeta a formas especiales, aun cuando se refiera a
derechos que constan en un instrumento público.
La ley no establece ninguna forma especial para llevar adelante la renuncia, aún
cuando se refiera a derechos que consten en un instrumento público.
Por lo tanto, en virtud de tratarse de un acto jurídico no formal, podrá concertarse por
cualquier modo de manifestación de la voluntad.
En definitiva, rige en la especie una plena libertad de formas.
Puede ser efectuada de manera verbal o por escrito, por instrumento público o
privado.
REMISION: Se considera remitida la deuda, excepto prueba en contrario, cuando el
acreedor entrega voluntariamente al deudor el documento original en que consta la
deuda.
Si el documento es un instrumento protocolizado y su testimonio o copia se halla en
poder del deudor sin anotación del pago o remisión.
Y tampoco consta el pago o la remisión en el documento original, el deudor debe
probar que el acreedor le entregó el testimonio de la copia como remisión de la deuda.
NORMAS APLICABLES: La ley es clara en cuanto a que se aplican a la remisión de
deuda las disposiciones relativas a la renuncia.
Tal decisión es razonable dada la relación de género-especie que media entre ambas.
Por lo tanto, este modo extintivo consistente en la abdicación del derecho de crédito
también será un acto no formal, que no se presume, que tiene interpretación
restrictiva, etc.
EFECTOS: La remisión de la deuda produce los efectos del pago.
Sin embargo, la remisión en favor del fiador no aprovecha al deudor.
La hecha a favor de uno de varios fiadores no aprovecha a los demás.
La normativa dispone específicamente que la remisión que hiciera el acreedor con
respecto al fiador no aprovecha al deudor.
La solución es lógica en tanto la extinción de una obligación accesoria no propaga sus
efectos con respecto a la obligación principal (principio de interdependencia entre las
obligaciones principales y las accesorias).
A su vez, el Código establece que la remisión “hecha a favor de uno de varios fiadores
no aprovecha a los demás”, podría interpretarse que existe en realidad una doble
renuncia.
En primer lugar, una renuncia relativa al régimen de solidaridad y, acto seguido, una
remisión de deuda al fiador excluido; que no puede aprovechar a los demás.
PAGO PARCIAL AL FIADOR: El fiador que pagó una parte de la deuda antes de la
remisión hecha al deudor, no puede repetir el pago contra el acreedor.
Al respecto, cabe señalar que tal pago parcial del fiador antes de la remisión hecha por
el acreedor al deudor debe entenderse efectuado como a cuenta de lo debido y no
como un precio por su liberación.
Si pudiera computarse como un precio por su liberación, dejando incólume el crédito
del acreedor, podría generarse un supuesto de enriquecimiento sin causa.
Esto sucedería, por ejemplo, si un acreedor posee un crédito por $50.000, el fiador
abona $10.000 por su liberación y luego el deudor es ejecutado por la totalidad de la
obligación.
En este caso, el acreedor (en clara burla al sistema) cobraría más de lo que le
corresponde, mientras que el fiador no tendría acción de repetición alguna en tanto su
pago no le habría reportado ningún beneficio al deudor.
Entonces, siendo que el pago efectuado por el fiador se entiende realizado a cuenta de
la deuda, se interpreta que la remisión realizada posteriormente lo es sobre el monto
restante.
En este sentido, la ley presume de manera razonable que el acreedor hizo la remisión
sobre el saldo de la deuda (esto es, habiendo computado el pago del fiador).
En este escenario, el fiador no tendrá acción de repetición contra el acreedor por el
pago parcial oportunamente realizado.
ENTREGA DE LA COSA PRENDADA: La restitución al deudor de la cosa dada en prenda
causa sólo la remisión de la prenda, pero no la remisión de la deuda.
La ley presume, lógicamente, que la entrega de la cosa dada en prenda implica una
remisión de la garantía.
Al respecto, cabe destacar que la posesión por parte del deudor de la cosa pignorada
hace presumir que la entrega fue voluntaria.
Al mismo tiempo, esta intencionalidad en la restitución presume la remisión de la
prenda.
Sin embargo, como el derecho real de prenda es un accesorio que viene a garantizar a
la deuda, su extinción no provoca la extinción de la obligación principal.
IMPOSIBILIDAD DE CUMPLIMIENTO: La imposibilidad sobrevenida, objetiva, absoluta y
definitiva de la prestación, producida por caso fortuito o fuerza mayor, extingue la
obligación, sin responsabilidad.
Si la imposibilidad sobreviene debido a causas imputables al deudor, la obligación
modifica su objeto y se convierte en la de pagar una indemnización de los daños
causados.
El objeto de la obligación debe ser material y jurídicamente posible, tanto al momento
de su nacimiento como a lo largo de toda su existencia.
La obligación sería nula por falta de objeto en caso de que este fuera de cumplimiento
imposible desde su origen.
Puede suceder que la imposibilidad de cumplimiento, sea sobreviniente.
Es decir, una obligación que nace como posible (tiene existencia y eficacia jurídica),
pero cuyo objeto deviene de cumplimiento imposible por caso fortuito o fuerza mayor.
La imposibilidad sobrevenida determina un incumplimiento definitivo e irreversible o
bien uno temporario.
En la medida en que tal imposibilidad no resulte imputable al deudor, la obligación se
extinguirá con todos sus accesorios, sin generar ningún tipo de responsabilidad.
Algunos autores han cuestionado la autonomía conceptual de este instituto por
considerar que se trata de una derivación de las disposiciones referidas a las figuras del
caso fortuito o fuerza mayor.
IMPOSIBILIDAD TEMPORARIA: La imposibilidad es temporaria cuando la prestación es
aún posible de ser realizada con posterioridad e idónea para satisfacer el interés del
acreedor.
Esto significa que el impedimento habrá de desaparecer en el futuro.
Por lo tanto, la imposibilidad transitoria no alcanza para liberar al deudor y extinguir la
obligación.
Ello dicho sin perjuicio de que pueda eximirse de los daños moratorios que
experimente el acreedor a causa del retardo.
En virtud de que la obligación sigue vigente, una vez removido el obstáculo, persiste el
deber del deudor de cumplimentar con su prestación.
Sin embargo, hay ciertos supuestos en los que se considera que tal imposibilidad tiene
efecto extintivo: la frustración irreversible del interés del acreedor y el plazo esencial.
UNIDAD 13:
PRESCRIPCION: La prescripción es un medio de adquirir derechos y de liberarse de
obligaciones por el transcurso del tiempo.
En el primer caso, estamos ante la llamada "prescripción adquisitiva", figura propia de
los derechos reales.
Interesa al Derecho de las obligaciones el segundo supuesto, es decir, el estudio de la
prescripción como modo de extinción del vínculo obligatorio.
La prescripción liberatoria o extintiva es caracterizado por dos circunstancias: el
transcurso del lapso previsto por la ley para el inicio de una acción y la inactividad del
acreedor.
Si bien el CCyC no define el concepto de manera precisa, surge implícitamente.
La prescripción no supone la satisfacción del interés del acreedor, ni el cumplimiento
de aquello que le es debido.
Se trata de una figura anómala en términos de justicia, si se tiene en cuenta que lleva a
la pérdida de un derecho (aunque éste consista en la imposibilidad de ejercer
plenamente una acción), por el mero transcurso del tiempo.
Por ello, la prescripción debe considerarse pensada con relación al acreedor negligente
o distraído, pero no en casos de falta de voluntad o de dificultades para accionar
(Lorenzetti).
DISPOSICIONES COMUNES: La prescripción extintiva cuenta con las siguientes notas
características:
1) Es una defensa de naturaleza sustancial: En el derecho argentino, este instituto
se encuentra fundamentalmente regulado en los Códigos de fondo.
De manera coincidente con tal principio, en lo referido a la extinción de las
obligaciones de derecho internacional privado, "la prescripción se rige por la ley
que se aplica al fondo del litigio".
2) Es de orden público y fuente legal: Las normas relativas a la prescripción son de
orden público y no dependen de la voluntad de las partes.
Dichas disposiciones surgen siempre de la ley, no pueden ser modificadas por
convención, y tampoco renunciarse a la prescripción futura.
3) No puede ser declarada de oficio por el Juez
4) Es de interpretación restrictiva: En caso de duda acerca del transcurso del
término de prescripción, o sobre el plazo aplicable a una situación en particular,
debe estarse a la solución más favorable al acreedor, prevaleciendo la
existencia del derecho creditorio.
DISPOSICIONES PROCESALES: El nuevo Código Civil y Comercial es claro en el sentido
de que la prescripción puede ser articulada por vía de acción o de excepción.
Habitualmente, la prescripción se opone por vía de excepción, ante el inicio de un
reclamo judicial por parte del acreedor.
Debe articularse dentro del plazo para contestar la demanda en los procesos de
conocimiento, y para oponer excepciones en los procesos de ejecución.
Cuando quien la opone es un tercero interesado, quien comparece al juicio una vez
vencidos los términos aplicables a las partes, la excepción deberá hallarse contenida en
su primera presentación.
Luego de tales oportunidades, se aplica una presunción iuris et de iure, en el sentido
de que el interesado ha renunciado a valerse de este medio extintivo.
Asimismo, puede iniciarse una acción declarativa de prescripción con el fin de terminar
con un estado de incerteza.
En este sentido, el deudor podrá interponer una acción específica en la que requiera
que la Justicia manifieste que la obligación se ha extinguido.
Como hemos dicho ya, el juez no puede declarar de oficio la prescripción.
CARÁCTER IMPERATIVO: Por tener la prescripción carácter imperativo, las normas que
la regulan no pueden modificarse por convención, ni puede el deudor renunciar
anticipadamente a oponerla.
RENUNCIA: La razón por la cual no puede renunciarse anticipadamente a la
prescripción futura, es que ello implicaría volver imprescriptible una obligación para la
cual el ordenamiento jurídico no ha previsto tal efecto.
En cambio, una vez operada la prescripción, el deudor puede renunciar a su derecho a
verse liberado de la obligación, siempre que su capacidad para disponer no se
encuentre restringida.
INVOCACION DE LA PRESCRIPCION: La prescripción puede ser invocada en todos los
casos, con excepción de los supuestos previstos por la ley.
Al tiempo de la sanción del Código son imprescriptibles:
La acción de nulidad absoluta, el derecho de reclamar la filiación o de impugnarla, las
acciones de estado de familia, salvo los derechos patrimoniales que surgen de ellas,
que están sujetos a prescripción, etc
Se agregan a ello distintos supuestos, que la doctrina considera de imprescriptibilidad,
como por ejemplo el derecho a demandar alimentos.
MODIFICACION DE LOS PLAZOS POR LEY POSTERIOR: El Código establece como regla
que los plazos que están corriendo al tiempo de entrar en vigencia una nueva norma
que los modifica, se rigen por la ley que estaba vigente cuando comenzaron a correr.
Se enuncia una excepción: los plazos que están corriendo se rigen por la nueva ley si
son más breves, pero se computan a partir de la entrada en vigencia de la nueva ley.
Y se agrega una contraexcepción o excepción a la excepción previa:
Los plazos que están corriendo, aún más largos, se rigen por la vieja ley si, aplicando la
nueva, desde su entrada en vigencia, el cómputo final es más extenso que si se hubiese
aplicado la antigua.
De tal modo, es posible establecer que el criterio empleado es que siempre se aplica el
plazo de prescripción que vence primero.
PAGO ESPONTANEO: El pago espontáneo de una obligación prescripta no es repetible.
(Art. 2538)
Por pago espontáneo debe entenderse el hecho sin que medien vicios que afecten la
voluntariedad del acto.
Puede agregarse asimismo ante una obligación prescripta, que el acreedor no está
obligado a recibir el pago por parte del deudor, no quedando tampoco a favor de ella
la posibilidad de consignar judicialmente.
SUSPENSION DE LA PRESCRIPCION: La suspensión de la prescripción importa la
paralización de su curso por causas contemporáneas o sobrevinientes a su comienzo y
contempladas en la ley.
Mientras actúa la causa de la suspensión, el lapso que transcurre es inútil para
prescribir; pero el cómputo del plazo se reanuda cuando la causa cesa, sumándose el
lapso restante al transcurrido con anterioridad.
EFECTOS: La suspensión de la prescripción detiene el cómputo del tiempo por el lapso
que dura pero aprovecha el período transcurrido hasta que ella comenzó. (Art. 2539)
La norma expone el mecanismo por el que opera la suspensión de la prescripción que
consiste en:
Dado un plazo de prescripción en curso, detener el cómputo cuando se verifica alguno
de los supuestos a los que este Código atribuye efecto suspensivo, reanudando el
cómputo una vez cesada la causa que motivó aquella detención.
ALCANCE SUBJETIVO: La suspensión de la prescripción no se extiende a favor ni en
contra de los interesados, excepto que se trate de obligaciones solidarias o indivisibles.
En el caso de las obligaciones simplemente mancomunadas, la prescripción no
propagará efectos ni a favor ni en contra de los interesados.
Por el contrario, de tratarse de obligaciones solidarias o de objeto indivisible, sí se
producirá dicha propagación.
En el primer caso, en razón de la naturaleza del vínculo; en el segundo, en función de
la naturaleza de la prestación.
En las obligaciones concurrentes, la interrupción ni la suspensión de la prescripción
tienen efectos expansivos o propagatorios, lo que es lógico dada la diversidad de causa
de cada vínculo.
SUSPENSION POR INTERPELACION FEHACIENTE: El curso de la prescripción se
suspende, por una sola vez, por la interpelación fehaciente hecha por el titular del
derecho contra el deudor o el poseedor.
Esta suspensión sólo tiene efecto durante seis meses o el plazo menor que corresponda
a la prescripción de la acción.
La interpelación debe ser circunstanciada, con clara indicación de la obligación o
vínculo negocial de la que se trata; a fin de evitar equívocos en caso de mantener las
partes más de una relación jurídica.
Debe ser, además, realizada por medio fehaciente; esto es, que permita su verificación
posterior, como ocurre con el caso de las cartas documento o las actas notariales.
Debe ser hecha por el titular del derecho contra el deudor o poseedor; por lo que esta
posibilidad no se encuentra, en principio, establecida a favor de terceros
SUSPENSION POR PEDIDO DE MEDIACION: El curso de la prescripción se suspende
desde la expedición por medio fehaciente de la comunicación de la fecha de la
audiencia de mediación o desde su celebración, lo que ocurra primero.
El plazo de prescripción se reanuda a partir de los veinte días contados desde el
momento en que el acta de cierre del procedimiento de mediación se encuentre a
disposición de las partes.
El artículo en comentario incorpora al Código la causal de suspensión del plazo de
prescripción por existencia de un proceso de mediación.
Y dispone que ella opera desde la expedición por medio fehaciente de la comunicación
de la fecha de la audiencia de mediación o desde su celebración, lo que ocurra en
primer término.
La suspensión durará todo el tiempo que requiera el desarrollo del procedimiento.
Y hasta el término del vigésimo día posterior al momento en el que el acta de cierre del
procedimiento de mediación se encuentre a disposición de las partes.
CASOS ESPECIALES: El curso de la prescripción se suspende:
a) Entre cónyuges, durante el matrimonio.
b) Entre convivientes, durante la unión convivencial.
c) Entre las personas incapaces y con capacidad restringida y sus padres, tutores,
curadores o apoyos, durante la responsabilidad parental, la tutela, la curatela o la
medida de apoyo.
d) Entre las personas jurídicas y sus administradores o integrantes de sus órganos de
fiscalización, mientras continúan en el ejercicio del cargo.
e) A favor y en contra del heredero con responsabilidad limitada, respecto de los
reclamos que tienen por causa la defensa de derechos sobre bienes del acervo
hereditario.
INTERRUPCION DE LA PRESCRIPCION Y EFECTOS: “El efecto de la interrupción de la
prescripción es tener por no sucedido el lapso que la precede e iniciar un nuevo plazo.”
SUPUESTOS: Como supuestos, podemos hallar la interrupción por reconocimiento, por
petición judicial y por solicitud de arbitraje.
ALCANCE SUBJETIVO: La interrupción de la prescripción no se extiende a favor ni en
contra de los interesados, excepto que se trate de obligaciones solidarias o indivisibles.
DISPENSA DE LA PRESCRIPCION: Se faculta directamente al juez a dispensar de la
prescripción ya cumplida al titular de la acción en diversos supuestos.
El CCyC establece que: “Si dificultades de hecho o maniobras dolosas obstaculizaron
temporalmente el ejercicio de la acción y el titular del derecho lo hace valer dentro de
los seis meses siguientes a la cesación de los obstáculos”.
Las dificultades de hecho pueden estar dadas por todo tipo de situación en la que la
persona se haya visto impedida física o moralmente de plantear su acción.
Como ocurre en los casos de persecuciones políticas bajo gobiernos dictatoriales;
situaciones de catástrofes naturales, de guerra o conmoción interna.
En cuanto a los supuestos dolosos, cabe considerar las defraudaciones, estafas,
privación ilegitima de la libertad.
En el supuesto de persona incapaz sin representante, también se prevé un plazo de
seis meses, los que se computan desde la cesación de la incapacidad o la aceptación
del cargo por el representante.
En caso de duda, debe adoptarse siempre el criterio que resulte más favorable a la
tutela efectiva de los intereses de quien padeció la incapacidad.
DISPOSICIONES PROCESALES RELATIVAS A LA PRESCRIPCION:
“ARTÍCULO 2551. Vías procesales. La prescripción puede ser articulada por vía de
acción o de excepción.”
“ARTÍCULO 2552. Facultades judiciales. El juez no puede declarar de oficio la
prescripción.”
“ARTÍCULO 2553. Oportunidad procesal para oponerla. La prescripción debe oponerse
dentro del plazo para contestar la demanda en los procesos de conocimiento, y para
oponer excepciones en los procesos de ejecución.
Los terceros interesados que comparecen al juicio vencidos los términos aplicables a las
partes, deben hacerlo en su primera presentación.”
PRESCRIPCION LIBERATORIA Y COMIENZO DEL CÓMPUTO: El transcurso del plazo de
prescripción comienza el día en que la prestación es exigible.
Según lo establecido, la regla general en materia de cómputo del plazo de prescripción
determina que este debe calcularse desde que la prestación es exigible.
Se emplea una fórmula idónea por su amplitud para ser aplicada a diversos tipos de
relaciones y situaciones jurídicas.
RENDICION DE CUENTAS: “El transcurso del plazo de prescripción para reclamar la
rendición de cuentas comienza el día que el obligado debe rendirlas o, en su defecto,
cuando cesa en la función respectiva.
Para demandar el cobro del resultado líquido de la cuenta, el plazo comienza el día que
hubo conformidad de parte o decisión pasada en autoridad de cosa juzgada.”
PRESTACIONES PERIÓDICAS: “El transcurso del plazo de prescripción para reclamar la
contraprestación por servicios o suministros periódicos comienza a partir de que cada
retribución se torna exigible.”
La norma establece la forma de computar el plazo de prescripción en el caso de
prestaciones periódicas, determinando que comienza a correr desde que cada
retribución es exigible.
De tal modo, cada contraprestación es considerada como una obligación distinta a los
fines del cómputo del plazo de la prescripción.
En razón de ello, los pagos efectuados no son parciales, sino independientes uno de
otros.
PRESTACIONES E INTERMEDIARIOS: “El transcurso del plazo de prescripción para
reclamar la retribución por servicios de corredores, comisionistas y otros intermediarios
se cuenta, si no existe plazo convenido para el pago, desde que concluye la actividad.”
HONORARIOS POR SERVICIOS PRESTADOS EN PROCEDIMIENTO: El nuevo Código
contempla el reclamo de los honorarios por servicios que han sido realizados dentro
de los procedimientos judiciales, arbitrales o de mediación.
Pero no los derivados de una sentencia que tuvo por objeto o pretensión principal el
reclamo de honorarios extrajudiciales.
Por lo tanto, abarca las tareas efectuadas por los mediadores, abogados, peritos, etc.
En cambio, excluye de su ámbito el desempeño profesional efectuado fuera del
procedimiento judicial, arbitral o de mediación, vale decir, las gestiones, las consultas,
etcétera.
La norma prevé dos acciones:
Una, tendiente a la regulación de los honorarios, para la cual el plazo de prescripción
comienza a correr desde que queda firme la resolución que puso fin al proceso
O, si la labor profesional concluyó antes, desde que el acreedor ha tomado
conocimiento de esa circunstancia.
En la otra, tendiente al cobro de los honorarios regulados, el plazo de prescripción
comienza a correr desde que vence el plazo fijado para su pago en la resolución que lo
fija (que generalmente se establece en diez días).
Y si no tuviera plazo, desde que la resolución quedó firme, por encontrarse consentida
o ejecutoriada.
El cese de las funciones de un profesional antes de que el proceso concluya puede
deberse a diversas causas, así podría ocurrir con la revocación del poder, supuesto en
que el plazo se computa desde que tal decisión es notificada al profesional.
CREDITOS SUJETOS A PLAZO INDETERMINADO: “Si el crédito está sujeto a plazo
indeterminado, se considera exigible a partir de su determinación.
El plazo de prescripción para deducir la acción para la fijación judicial del plazo se
computa desde la celebración del acto.
Si prescribe esta acción, también prescribe la de cumplimiento.”
Cuando se trata de obligaciones con plazo indeterminado, requieren la intervención
judicial para su determinación.
Sin embargo, eso no implica que no se pueda cumplir o exigir su cumplimiento, sino
que se encuentra diferido.
Y en ese supuesto, será el juez, a requerimiento de cualquiera de las partes, el
encargado de fijarlo, mediante el procedimiento más breve que prevea la ley local.
Son ejemplos de obligaciones de plazo indeterminado: el pago a mejor fortuna y la
excepción al principio de la mora automática.
PLAZO DE PRESCRIPCION GENERICO: El plazo de la prescripción es de cinco años,
excepto que esté previsto uno diferente en la legislación local.
En tal sentido, el art. 2532 CCyC reconoce a las jurisdicciones locales fijar plazos de
prescripción en materia tributaria.
PLAZOS ESPECIALES: “El reclamo del resarcimiento de daños por agresiones sexuales
infligidas a personas incapaces prescribe a los diez años.
El cómputo del plazo de prescripción comienza a partir del cese de la incapacidad.
El reclamo de la indemnización de daños derivados de la responsabilidad civil prescribe
a los tres años.
Las acciones civiles derivadas de delitos de lesa humanidad son imprescriptibles.”
CADUCIDAD DE LOS DERECHOS Y EFECTOS: La caducidad extingue el derecho no
ejercido.
Siguiendo a la doctrina, la caducidad es una causa extintiva del derecho subjetivo o del
derecho potestativo por no sobrevenir su hecho impeditivo durante el plazo prefijado
por la ley o por la convención.
De ello se deduce que para el advenimiento de la caducidad se requiere que exista un
supuesto de hecho o factum que debe consistir:
a) en el no ejercicio del derecho o de la potestad jurídica.
b) en el transcurso del término legal o extinción del derecho o potestad no ejercida.
La caducidad se distingue de la prescripción, tal como lo sostuvo la Corte Suprema de
Justicia de la Nación en que la primera es una institución diferente.
Es un modo de extinción de ciertos derechos en razón de la omisión de su ejercicio
durante el plazo prefijado por la ley o la voluntad de los particulares.
No obstante ello, ambos comparten en común el elemento del transcurso del tiempo.
Por lo tanto, transcurrido el plazo previsto, la prescripción extingue la acción, en
cambio, la caducidad lo hace respecto al derecho.
La caducidad se diferencia de la prescripción por el fundamento jurídico que
caracteriza a ambas:
La prescripción se basa en el interés social de la estabilidad y certeza en las relaciones
jurídicas; por ello el orden público se encuentra comprometido.
La caducidad se caracteriza por la objetividad y rigidez; en la prescripción, se encuentra
comprometido el orden público, de ahí su fundamento por el cual no es materia
modificable por convención.
Otra diferencia existente entre ambos institutos, es que los plazos de caducidad no se
suspenden ni se interrumpen, excepto disposición legal en contrario, mientras que los
de prescripción, sí pueden serlo.
SUSPENSION E INTERRUPCION: Los plazos de caducidad no se suspenden ni se
interrumpen, excepto disposición legal en contrario.
En consecuencia, resulta irrelevante que el perjudicado se haya visto impedido de
ejercer sus derechos o que haya realizado conductas demostrativas de su voluntad de
ejercicio futuro, salvo que se verifiquen los actos que impiden la caducidad.
La regla admite excepciones cuando ellas son de fuente legal.
La Corte Suprema estableció que la caducidad no está sujeta a interrupción ni a
suspensión.
Ya que se aplica a pretensiones para cuyo ejercicio se señala un término preciso, por lo
que nace originariamente con esta limitación de tiempo en virtud de la cual no se
pueden hacer valer una vez transcurrido el plazo respectivo.
NULIDAD DE LA CLAUSULA DE CADUCIDAD: Es nula la cláusula que establece un plazo
de caducidad que hace excesivamente difícil a una de las partes el cumplimiento del
acto requerido para el mantenimiento del derecho
O que implica un fraude a las disposiciones legales relativas a la prescripción.
La caducidad de fuente convencional puede ser objeto de nulidad en dos supuestos
específicos:
A) Cuando el plazo hace excesivamente difícil el cumplimiento del acto impeditivo, por
ejemplo, cuando el término es demasiado breve en relación a las conductas que
debería practicar el titular del derecho para procurar su subsistencia.
B) Cuando la cláusula implica un fraude a la ley utilizado para sustraerse de las normas
sobre prescripción, que son imperativas y podrían verse eludidas mediante el empleo
ilegítimo de los pactos de caducidad.
ACTOS QUE IMPIDEN LA CADUCIDAD: Impide la caducidad:
A) El cumplimiento del acto previsto por la ley o por el acto jurídico.
B) El reconocimiento del derecho realizado por la persona contra la cual se pretende
hacer valer la caducidad prevista en un acto jurídico o en una norma relativa a
derechos disponibles.
CADUCIDAD Y PRESCRIPCION: Los actos que impiden la caducidad no obstan a la
aplicación de las disposiciones que rigen la prescripción.
La norma establece que los actos impeditivos de la caducidad no son obstativos de la
aplicación de las normas sobre prescripción.
Es que puede haber supuestos en los cuales solamente opera la caducidad sin que
simultáneamente corra un plazo de prescripción.
También pueden existir supuestos en que caducidad y prescripción funcionen de
manera simultánea o sucesiva.
RENUNCIA A LA CADUCIDAD: “Las partes no pueden renunciar ni alterar las
disposiciones legales sobre caducidad establecidas en materia sustraída a su
disponibilidad.
La renuncia a la caducidad de derechos disponibles no obsta a la aplicación de las
normas relativas a la prescripción.”
La norma establece que las partes pueden pactar la renuncia o la alteración de las
disposiciones legales sobre caducidad, siempre que se trate de derechos disponibles.
También establece que la renuncia a la caducidad de derechos disponibles no impide la
aplicación de las normas relativas a la prescripción, dado que se encuentra
comprometido el orden público.
FACULTADES JUDICIALES: La caducidad debe ser declarada de oficio por el juez cuando
se encuentra establecida por la ley y el derecho no es materia disponible por las
partes.
El principio general en materia de caducidad es que debe ser opuesta por la parte
interesada, al igual que la prescripción.
Eso, en tanto se trate de una caducidad de fuente convencional o legal que recaiga
sobre derechos disponibles.
UNIDAD 14:
PRIVILEGIOS: Privilegio es la calidad que corresponde a un crédito de ser pagado con
preferencia a otro.
Puede ejercitarse mientras la cosa afectada al privilegio permanece en el patrimonio
del deudor, excepto disposición legal en contrario y el supuesto de subrogación real en
los casos que la ley admite.
El privilegio no puede ser ejercido sobre cosas inembargables declaradas tales por la
ley.
ORIGEN LEGAL: Los privilegios resultan exclusivamente de la ley.
El deudor no puede crear a favor de un acreedor un derecho para ser pagado con
preferencia a otro, sino del modo como la ley lo establece.
Si bien reiteradamente se ha entendido que el patrimonio constituye la “prenda
común de los acreedores”, y que todos ellos se hallan en un pie de igualdad cuando los
bienes son suficientes para satisfacer los créditos.
En algunos casos y obedeciendo a distintos fundamentos (equidad, justicia,
humanidad, bien público) el legislador rompe ese principio de igualdad para otorgar a
ciertos acreedores una situación especial de preferencia frente a los demás.
RENUNCIA Y POSTERGACION: No hay obstáculo para que el acreedor renuncie a su
facultad de cobro preferente, derivada de la cualidad de su crédito, en un ámbito en
que rige la autonomía de la voluntad.
Asimismo se admite que por el pacto entre acreedor y deudor, se posterguen los
derechos del acreedor respecto de otras deudas presentes o futuras.
Es que quien puede lo más, puede lo menos: si hay un derecho a la renuncia al
privilegio, es lógico que exista un derecho a la postergación de los derechos
correspondientes.
Sin embargo, no se acepta la renuncia y la postergación del crédito laboral.
Ello es así pues rige el orden público en esta materia.
INDIVISIBILIDAD Y TRANSMISIBILIDAD: El principio de indivisibilidad que consagra el
Código en materia de privilegios consiste en que toda la cosa que constituye el asiento
del privilegio.
Y cada parte de ella queda afectada al pago de todo el crédito y de cada parte de él.
La división de las cosas o del crédito no afecta la integridad del privilegio y este
subsiste hasta tanto haya sido totalmente satisfecho el acreedor.
Además, como una consecuencia del principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo
principal, se prevé que la transmisión del crédito incluye la del privilegio.
EXTENSION: El privilegio solo afecta y puede ejercerse sobre el capital puro del crédito,
no pudiéndoselo extender a los intereses, las costas y otros accesorios, salvo que una
norma legal prevea lo contrario.
Se trata de una excepción al principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo
principal.
COMPUTO: El CCyC contempla el supuesto de que el privilegio se conceda por un plazo
determinado, en cuyo caso dicho privilegio comienza a computarse a partir de la fecha
en que se promueve el reclamo judicial.
Vale decir que el punto de partida del cómputo del privilegio tiene lugar desde la
interposición de la demanda o la puesta en marcha de la actividad jurisdiccional,
excepto que una norma legal prevea lo contrario.
PROCESOS UNIVERSALES: En los procesos universales los privilegios se rigen por la ley
aplicable a los concursos, exista o no cesación de pagos.
PRIVILEGIOS GENERALES: La norma actual establece que solo podrán ser invocados en
los juicios universales, rigiéndose por la Ley de Concursos y Quiebras.
Al aludir a “generales” se refiere a la totalidad de los bienes muebles e inmuebles del
deudor.
CREDITOS QUIROGRAFARIOS: El Código consagra (según la opinión de la doctrina) un
principio de estricta justicia, igualdad y lógica jurídica, teniendo en cuenta que el
patrimonio del deudor es la prenda común de los acreedores.
Es natural, entonces que, de haber varios acreedores quirografarios, prorrateen sus
respectivos créditos, salvo que exista una ley que disponga lo contrario.
PRIVILEGIOS ESPECIALES: Los privilegios especiales son aquellos que pueden hacerse
efectivos sobre determinados bienes muebles o inmuebles del deudor y se harán valer
en las ejecuciones individuales.
Se contempla los gastos de construcción, mejora y conservación de una cosa,
incluyéndose el crédito por expensas comunes en la propiedad horizontal.
También los créditos por remuneraciones debidas al trabajador por seis meses y los
provenientes de indemnizaciones por accidentes de trabajo, antigüedad o despido,etc.
Se alude de igual forma a los privilegios de los créditos de los dependientes que
hubieran sido ocupados por el propietario en la edificación, reconstrucción o
reparación de inmuebles.
En ese caso, el privilegio recae sobre dichos inmuebles.
También a los créditos del fisco por impuestos, tasas y contribuciones que se aplican
particularmente a determinados bienes, recayendo el privilegio sobre dichos bienes.
Entre otros casos.
EXTENSION: Se prevé la extensión de los privilegios especiales, estableciéndose como
regla que estos alcanzan solo el capital, salvo los supuestos que a continuación prevé.
Los créditos laborales, estableciendo que el privilegio se extiende a los intereses
debidos por dos años contados a partir de la mora.
En el caso de los créditos como la hipoteca, el privilegio se extiende a los intereses
correspondientes a los dos años anteriores a la ejecución y los que corran durante el
juicio.
Finalmente, la extensión de los privilegios previstos en las leyes especiales se rige por
lo dispuesto en los respectivos ordenamientos.
SUBROGACION REAL: Se determina expresamente la subrogación real del privilegio de
la cosa al precio, indemnización o cualquier otro concepto, de modo tal que no sigue a
la cosa, que era su asiento anterior.
Esto es así, ya que la cosa ya no se encuentra en poder del deudor, trasladándose
entonces el privilegio al precio, sobre el cual se hace efectivo.
RESERVA DE GASTOS: El Código se refiere concretamente a los gastos de conservación,
custodia, administración y realización de la cosa sobre la cual se ejerce el privilegio
especial.
Previéndose que el importe de esos gastos debe ser reservado con anterioridad a
liberar los fondos para satisfacer el interés del acreedor que se trate.
CONFLICTO ENTRE LOS ACREEDORES CON PRIVILEGIO ESPECIAL: De la interpretación
se desprende que los privilegios previstos en las leyes especiales tendrán el orden
previsto en sus respectivos ordenamientos.
El crédito del retenedor prevalecerá sobre los créditos con privilegio especial si la
retención hubiera comenzado a ejercerse con anterioridad al nacimiento de los
créditos privilegiados.
El privilegio de los créditos con garantía real (por ejemplo, hipoteca o anticresis),
prevalecerá sobre los créditos del fisco.
Y también sobre el de los gastos de construcción, mejora, conservación y expensas
comunes en la propiedad horizontal, si tales créditos se hubieran devengado con
posterioridad a la constitución de la garantía.
Los créditos del fisco y los derivados de la construcción, mejora o conservación y
expensas comunes, prevalecerán sobre los créditos laborales posteriores a su
nacimiento.
Finalmente, prevé que los créditos comprendidos en un mismo inciso y sobre idénticos
bienes, se liquidan a prorrata.
DERECHO DE RETENCION Y LEGITIMACION: “Todo acreedor de una obligación cierta y
exigible puede conservar en su poder la cosa que debe restituir al deudor, hasta el pago
de lo que éste le adeude en razón de la cosa.
Tiene esa facultad sólo quien obtiene la detentación de la cosa por medios que no sean
ilícitos.
Carece de ella quien la recibe en virtud de una relación contractual a título gratuito,
excepto que sea en el interés del otro contratante.”
Del texto de la norma se infiere que el derecho de retención presenta en la actualidad
los siguientes caracteres:
a) Detentación de una cosa ajena (el retentor habrá de ser calificado como tenedor o
poseedor según los casos). La cosa puede ser mueble o inmueble. Lo fundamental es
que sea ajena o que el retentor sea al menos condómino de ella.
b) Existencia de un crédito líquido y exigible a favor del que retiene la cosa contra el
propietario de ella.
c) Una relación entre el crédito y la cosa, o sea que el crédito tiene que haber nacido
con motivo de la cosa.
COSA RETENIDA: “Toda cosa que esté en el comercio puede ser retenida, siempre que
deba restituirse y sea embargable según la legislación pertinente.”
EJERCICIO: El ejercicio de la retención no requiere autorización judicial ni
manifestación previa del retenedor.
El juez puede autorizar que se sustituya el derecho de retención por una garantía
suficiente.
ATRIBUCIONES DEL RETENEDOR: El retenedor tiene derecho a ejercer todas las
acciones de que dispone para la conservación y percepción de su crédito.
Y las que protegen su posesión o tenencia con la cosa retenida (acciones personales y
posesorias).
Puede también percibir un canon por el depósito, a partir de la intimación que efectúe
al deudor para que pague y, en su caso, reciba la cosa; si esta intimación tuviera
resultado negativo.
Finalmente, puede percibir los frutos naturales de la cosa retenida, pero no está
obligado a hacerlo.
Si optara por percibirlos, debe dar aviso de ello al deudor, en cuyo caso puede
disponer de ellos, debiendo imputar su producido en primer término a intereses del
crédito y el excedente, al capital.
OBLIGACIONES DEL RETENEDOR: El retenedor debe conservar la cosa retenida y
efectuar las mejoras necesarias a costa del deudor (se excluyen las útiles y las
voluntarias).
Pero no puede usarla, salvo pacto en contrario, y debe restituirla al concluir la
retención, rindiendo cuentas al deudor de cuanto hubiera percibido en concepto de
frutos.
En otras palabras, la cosa no puede ser usada, ya que debe restituirse en las mismas
condiciones en que se recibió, salvo el desgaste por el transcurso del tiempo, o que se
hubiera pactado algo distinto.
EFECTOS: El derecho de retención se ejerce sobre toda la cosa, cualquiera sea la
proporción del crédito adeudada al retenedor.
Es transmisible con el crédito al que accede por aplicación del principio de que lo
accesorio sigue la suerte de lo principal.
Pero ello no impide al deudor el ejercicio de las facultades de administración y
disposición de la cosa por ser su titular, siempre que eso no implique la entrega del
bien que solo procede cuando el retenedor ha sido desobligado.
Obviamente, el ejercicio del derecho de retención tampoco impide el embargo y la
subasta de la cosa retenida, tanto a instancias del propio retenedor o de otros
acreedores.
En cuyo caso el derecho del retenedor se traslada al precio obtenido en la subasta, con
el privilegio correspondiente.
Mientras subsista el derecho de retención, se interrumpe el curso de la prescripción
extintiva del crédito al que accede.
Y en caso de concurso o quiebra del deudor, la retención queda sujeta a la legislación
especial.
EXTINCION: El derecho de retención concluye por las siguientes causales:
La extinción del crédito garantizado (en virtud del principio de que lo accesorio sigue la
suerte de lo principal).
La pérdida total de la cosa retenida; por renuncia del acreedor; por entrega o
abandono voluntario de la cosa, sin que el derecho renazca aunque la cosa vuelva a
poder del acreedor.
Por confusión de las calidades de retenedor y propietario de la cosa, excepto
disposición legal en contrario.
Por la falta de cumplimiento de las obligaciones del retenedor o si incurre en abuso de
su derecho.