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Aspectos Legales de la Tecnología Blockchain

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Aspectos legales Blockchain

Introducción
La tecnología blockchain o cadena de bloques es un registro público de transacciones que
se mantiene a través de una red distribuida de ordenadores que no requiere la
intervención de ninguna autoridad central o de una tercera parte y que garantiza un
esquema de transacciones libre de intermediarios gracias a la utilización de algoritmos
criptográficos. La rapidez, agilidad y seguridad que concede esta tecnología a la hora de
administrar la identidad de los actores en la red, rastrear los activos objeto de intercambio
y la facilidad con la que se pueden realizar actividades de control y verificación de los
contratos, se traduce en una disminución de sus costes y una reducción considerable de la
incertidumbre en las operaciones.

Nacido a la sombra del bitcoin como herramienta para codificar la información relacionada
con la moneda virtual, muy pronto se pusieron de manifiesto el gran número de
aplicaciones que permite en otros ámbitos distintos al de las transacciones financieras
como pueden ser la gestión de seguros, telecomunicaciones, salud, gestión pública,
internet de las cosas, registros públicos y privados, justicia, registro, etc.

La utilización de las aplicaciones blockchain permite lograr la agilización y automatización


de las transacciones que, hasta este momento, requerían la intervención humana,
proporcionando nuevos modelos de negocio que permitan generar mejoras en los procesos
internos de diferentes sectores.

Por tanto, dada su utilidad y eficacia, se trata de una innovación tecnológica que ha
introducido una enorme revolución con un importante impacto transformativo no solo en el
ámbito económico sino también en otros muchos sectores, todos ellos con sus
correspondientes consecuencias legales.

En consecuencia, a la hora de desarrollar un proyecto blockchain debemos realizar una


evaluación previa que además de asegurar su seguridad, fiabilidad y viabilidad técnica y
económica permita revisar y en su caso, eliminar sus riesgos legales.

Ateniendo a las características que presentan las aplicaciones blockchain, el uso de estas
tecnologías podrá ser de gran utilidad a las actividades que cumplan las siguientes
condiciones:

• Precisen el almacenamiento de datos.

• Requieren que el acceso a estos datos sea compartido entre distintas partes.

• Dichas partes no se conocen o no existe confianza entre ellas.


Funcionamiento de la tecnología blockchain

Con toda seguridad que, a estas alturas del máster en las que nos encontramos, todos
ustedes serán capaces de dar una descripción mucho más completa y detallada que yo
sobre el funcionamiento de esta tecnología, por lo que de una manera muy genérica
daremos una descripción relacionada con su funcionamiento.

La tecnología blockchain podría ser considerada como el libro de registros de contabilidad


descentralizado de una empresa en el que se registran todas las entradas y salidas de
dinero, pero entendido como un libro de acontecimientos digitales que no requiere de un
intermediario centralizado que identifique y certifique la información, sino que está
distribuida en múltiples nodos independientes entre sí que la registran y la validan sin
necesidad de que haya confianza entre ellos.

Dentro de esta cadena de bloques podemos identificar tres componentes fundamentales:


las transacciones, el registro y un sistema que se encarga de verificarlas y almacenarlas
en bloques. Cada uno de estos bloques se genera a través de un software que se encarga
de registrar de manera cronológica la información relacionada con el cuándo y en qué
secuencia se han realizado las transacciones.

Ilustración 1: Cómo funciona blockchain Fuente: FT Insider Pro

Atendiendo al carácter público y compartido de la cadena de bloques, puede pensarse que


las transacciones realizadas a través de esta tecnología no sean muy seguras. Pero, nada
más lejos de la realidad y es que esta tecnología es mucho más segura que cualquier otra
red de transacción existente. La seguridad de las transacciones llevadas a cabo a través
de este tipo de red se fundamenta en que a pesar de que se trata de un libro contable y
todas sus transacciones son públicas, las personas que participan en la cadena de bloques
mantienen su anonimato a través de la utilización de claves cifradas públicas y privadas.
Esto se traduce en que incluso si todos los intervinientes conocen todas las operaciones
participantes en la cadena de bloques, no existe ninguna manera de relacionar dichas
operaciones con las personas específicas. Además, dado que cada uno de los nodos de la
red posee un registro actualizado del libro contable, resulta prácticamente imposible poder
modificar las operaciones o transacciones realizadas con esta tecnología.

En definitiva, la tecnología blockchain se puede describir como bases de datos únicas y


descentralizadas que permiten el intercambio entre sujetos de bienes o cosa de valor,
títulos, derechos, dinero, etc, pero que se encuentran tokenizados (convertidos en activos
digitales) y que se benefician de la ventaja de no tener que recurrir a una autoridad
superior que se encargue de velar por su funcionamiento, al ser todos los miembros de la
cadena los encargados de ello.

Características de la tecnología Blockchain


A continuación, profundizaremos en las distintas características de este tipo de tecnología
que la hacen tan particular y que con toda seguridad influirán en su transcendencia
jurídica:

Transparencia
La tecnología Blockchain permite brindar a todas las transacciones un adecuado sistema
de registro que facilita la consulta de sus operaciones y su seguimiento a través de la red.
Los niveles de transparencia se pueden modular, pudiendo concederle a sus operaciones
mayores o menores niveles.

Si partimos de la idea de que todos los usuarios de la red blockchain, y en algunos casos
también los usuarios que no forman parte de la red tienen acceso al libro registro,
podemos concluir que todos ellos tienen información sobre las transacciones realizadas en
el grupo. A esto se le debe añadir el hecho de que se trata de protocolos de informático de
código abierto, lo que hace que el acceso al diseño de la programación sea también libre.

No obstante, este concepto de transparencia no significa que se pueda acceder en todo


momento a conocer al autor de las operaciones. En algunas redes los usuarios no tienen
que identificarse de forma personal para acceder y operar en la correspondiente red. Por
tanto, existe transparencia en cuento que las transacciones son visibles pero vinculadas a
un código. Esta forma de actuar puede favorecer la comisión de actividades ilícitas por el
anonimato que en su realización puede darse en determinados supuestos.

Inmutabilidad
Otro de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta la tecnología blockchain es la
inalterabilidad de los registros, lo que fundamenta la garantía de confianza entre
desconocidos. La base tecnológica de esta característica se basa en el uso de algoritmos
criptográficos que permiten garantizar y verificar la integridad de una serie de datos. Así,
como consecuencia del encadenamiento sucesito de los bloques, el contenido de la
cadena de bloques es inmutable y si un nodo decide cambiar su contenido modificando
una transacción ya realizada, provocará un cambio en su versión del libro registro, cambio
que será claramente verificable por el resto de nodos.
Irrevocabilidad
Una vez que la información se incorpora a una red blockchain, como regla general, no es
posible su eliminación. La información está a disposición de todos los usuarios, lo que
impide su eliminación de la red ya que los datos incorporados a la cadena de bloques se
distribuyen a todos y cada uno de los ordenadores que intervienen en ella.

Implicaciones jurídicas de un Proyecto


Blockchain

Atendiendo a las propias características de la tecnología blockchain y a la gran diversidad


de aplicaciones que puede ofrecer, no resulta extraña la necesidad de hacer frente a los
retos o problemas legales que se pueden generar relacionados con su uso.

Por tanto, esta nueva realidad requiere de un análisis sistemático y actualizado de las
principales cuestiones jurídicas que se dan en el contexto de esta tecnología, que está
llamada a convertirse en un elemento central para empresas, usuarios e instituciones en
un futuro inmediato.

Cada vez es más frecuente encontrarnos con noticias relacionadas con los avances en el
mundo de la tecnología del blockchain lo que hace necesario analizar las repercusiones
legales de este fenómeno con el fin de encontrar soluciones prácticas a los problemas
jurídicos derivados del uso de esta tecnología.

La tecnología blockchain como tal no puede ser regulada ya que solo se pueden regular
aquellas actividades que se sirven de ella. Asimismo, la falta de consolidación de las
iniciativas basadas en esta tecnología hace que todavía no contemos con una regulación
específica de las actividades que se fundamentan en el blockchain en los distintos ámbitos
de aplicación.

En este sentido, algunas normas vigentes se aplicarán a determinadas actividades


basadas en la utilización de esta tecnología. Así, todas las cuestiones jurídicas
relacionadas con los smart contract deberán tener en cuenta la normativa contractual
aplicable en la jurisdicción correspondiente. Por su parte, los servicios financieros ofrecidos
a través de esta técnica, como pueden ser prestamos, inversiones, pagos etc, llevarán
implícito la aplicación de las disposiciones normativas vigentes aplicables a cada una de
estas figuras. No obstante, existen cuestiones transversales relacionadas con el
panorama general del blockchain que tarde o temprano, requerirán de una regulación
normativa específica.

Además, nos estamos refiriendo a fenómenos que no son particulares de un país en


concreto, sino que se están produciendo en muchos países y, por tanto, tienen una clara
dimensión internacional. Es muy probable que en su funcionamiento se vean afectadas
varias jurisdicciones, lo que aconseja abordar la cuestión a nivel internacional, haciendo
recomendables posicionamientos conjuntos de los reguladores y supervisores del mayor
número de jurisdicciones posibles para lograr una mayor eficacia.
En este sentido, el incremento de actividades y conflictos judiciales fundamentados en la
tecnología blokchain plantea el problema de cómo determinar la jurisdicción competente y
esto debido a las características transnacionales que, como ya se ha señalado, presenta el
ciberespacio, lo que choca con un diseño tradicional fundamentado en una normativa que
se ha creado bajo el supuesto de una actividad que está geográficamente localizada,
siendo este criterio el que se utiliza para determinar la jurisdicción y competencia. De ahí
la necesidad actual de establecer unas redes de cooperación que permitan establecer
unas directrices adecuadas para regular la actividad fundamentada en la utilización de
esta tecnología.

Por tanto, son muchos los sectores en los que se pueden dar los indicadores descritos y,
por tanto, en los que se puede aplicar la tecnología blockchain y este es sin duda uno de
los retos a los que se enfrentan los legisladores nacionales, entre ellas podemos destacar
las relacionadas con las criptomonedas o monedas virtuales y los Smart Contracts.

Criptomonedas o monedas virtuales(I)


El Banco Central Europeo se refiere a las criptomonedas o monedas virtuales como “una
representación digital de valor no emitida ni garantizada por un banco central ni por una
autoridad pública, no necesariamente asociada a una moneda establecida legalmente,
que no posee el estatuto jurídico de moneda o dinero, pero aceptada por personas físicas
o jurídicas como medio de cambio y que puede transferirse, almacenarse y negociarse por
medios electrónicos.”

Por tanto, atendiendo a esta definición y de acuerdo con las observaciones particulares
realizadas por el Banco Central Europeo, podemos destacar:

• Que las monedas virtuales no son monedas o dinero legalmente establecido de


acuerdo con la definición que de las mismas realiza esta intuición que las define
como“los billetes y monedas cuya circulación está legalmente autorizada, incluidos los
billetes y las monedas de euro cuya circulación está legalmente autorizada en virtud
del Reglamento (CE) n.º 974/98”;

• Que las monedas virtuales no deben confundirse con el dinero electrónico, con el
concepto más amplio de fondos, con el valor monetario almacenado en instrumentos
exentos, ni con las monedas de juegos. Aunque las monedas virtuales pueden
utilizarse frecuentemente como medio de pago, también podrían utilizarse con otros
fines y encontrar aplicaciones más amplias, tales como medios de cambio, inversión,
productos de reserva de valor o uso en los casinos en línea. [1]
Por tanto, no estamos ante una moneda oficial que disponga de un respaldo legal del
sistema financiero y, por tanto, no es dinero de curso legal ni representa a ninguna divisa
oficial.

No obstante, y a pesar de lo dicho, nada impide la consideración de la moneda virtual


como un bien patrimonial, privado, incorporal, digital, en forma de unidad de cuenta,
creado mediante un sistema informático y utilizado como medida común de valor por
acuerdo de los usuarios del sistema.

Por tanto, en virtud de esta definición, al ser objeto de propiedad privada, permite efectuar
negocios jurídicos con ella y sobre ella: por ejemplo, compraventa de moneda virtual con
dinero de curso legal; puede ser objeto de transmisión mortis causa con las
correspondientes peculiaridades que ofrece su especial naturaleza, etc.

Una de las peculiaridades que ofrece el uso de la moneda virtual, su anonimato, facilita un
posible uso inadecuado con fines delictivos. De ahí que su consideración como
instrumentos de alto riesgo para la comisión de determinados tipos penales como pueden
ser el blanqueo de capitales, la evasión fiscal, la financiación de actos terroristas o el
fraude, hayan puesto de manifiesto la necesidad de su regulación.

[1] Banco Central Europeo, Directiva (UE) 2018/843 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30
de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva (UE) 2015/849 relativa a la prevención de la
utilización del sistema financiero para el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo, y
por la que se modifican las Directivas 2009/138/CE y 2013/36/UE.

(II)
En la actualidad, muy pocos países han regulado la moneda virtual, aunque el número de
países que lo hacen va aumentando de forma significativa cada año.

En concreto en España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España


emitieron una declaración conjunta en febrero de 2018 sobre el bitcoin destacando que las
monedas virtuales no están respaldadas por el banco central ni ninguna otra autoridad
pública, si bien en determinados casos se presentan como alternativa al dinero de curso
legal, aunque tienen claras diferencias con este ya que:

•No es obligatorio aceptarlas como medio de pago de deuda u otras obligaciones.

•Su circulación es muy limitada.

•Su valor oscila fuertemente, por lo que no pueden considerarse un buen depósito de
valor ni una unidad de cuenta estable.
Por tanto, ninguna emisión de criptomoneda ha sido registrada, autorizada ni verificada
por ningún organismo supervisor en España. Por lo tanto, las criptomonedas que se
compran o se mantienen en España no se encuentran respaldadas por ninguna de las
garantías o salvaguardas establecidas por las regulaciones aplicables a los productos
bancarios o de inversión. Con esta declaración, ambos organismos tratan de alertar a los
inversores sobre los riesgos de perdida o fraude relacionados con su utilización en este
tipo de transacciones.

No obstante, a pesar de esta advertencia, en España se lleva algún tiempo considerando


la posibilidad de elaborar una regulación legal de esta herramienta, incluyendo posibles
exenciones fiscales para atraer empresas del sector tecnológico. Y esto, con el fin de
definir una serie de estándares con validez en nuestro contexto nacional que permita dar
solución a los problemas generados en este entorno.

La relevancia social que están adquiriendo este tipo de activos en los distintos medios de
comunicación, se debe fundamentalmente a dos hechos relevantes:

Por un lado, por las grandes fluctuaciones a las que está sometida su cotización. El bitcoin
nació en el año 2009 con un precio de 1,309 bitcoins por cada dólar, y en determinados
momentos de su historia ha experimentado una revalorización de más de un 1700 por
cien. En concreto, en el año 2017 el valor medio del bitcoin se incrementó de 1.000 USD
por unidad a comienzos de año a casi 20.000 USD a mediados de diciembre. Desde
entonces, la tendencia ha sido descendente, con caídas que en un solo día han superado
el 20 por ciento. A finales de 2018, su precio se sitúa en torno a 3.500 USD por bitcoin por
lo que el valor total aproximado de los bitcoins emitidos se encuentra cercano a los 60.000
millones USD.

(III)
A esto debemos añadirle, las numerosas actuaciones de captación de fondos de
inversiones que se están produciendo a través de las conocidas como “ofertas iniciales de
criptomonedas” o ICOs (acrónimo de Initial Coin Offering). El término ICO hace referencia
tanto a la emisión de criptomonedas como a la emisión de derechos de diversa naturaleza,
más conocidos como tokens y que se constituyen como activos que se ponen a la venta a
cambio tanto de criptomonedas como de divisas oficiales.

Los usos y características de estos “tokens” varían, siendo la clasificación más habitual la
que diferencia entre dos tipos o categorías, atendiendo a si han de encuadrarse en la
normativa relacionada con un mercado de valores o no:

* Security tokens: aquellos que se encuadran en la normativa relativa a un mercado de


valores y que generalmente, otorgan participación en los futuros ingresos o en el
aumento del valor de la entidad emisora o de un negocio.

* Utility tokens: aquellos que no siendo encuadrables dentro de la normativa relativa al


mercado de valores dan derecho a acceder a un servicio o recibir un producto, sin
perjuicio de que con ocasión de la oferta se suele hacer mención de expectativas de
revalorización y de liquidez o a la posibilidad de negociarlos en mercados específicos.
Será la Agencia Estatal de Administración Tributaria, entidad que tiene encomendada la
aplicación efectiva del sistema tributario español, quien a través de una resolución de 8 de
enero de 2018[1], establezca las bases generales que permitan reformar los distintos
modelos de negocio por internet, así como los nuevos modelos de pago con moneda
virtual. En este sentido, destaca cómo la utilización por parte del crimen organizado de
criptomonedas tipo bitcoin o similar como medios de pago, es uno de los desafíos más
exigentes en la actualidad. Para afrontar esta amenaza, se potenciará el uso por las
unidades de investigación de la Agencia Tributaria de las nuevas tecnologías de
recopilación y análisis de información en todo tipo de redes. Además, es esta misma
resolución, hace hincapié en la necesidad de profundizar en el estudio de la incidencia
fiscal de nuevas tecnologías, como blockchain, y, en especial, las criptomonedas.

[1]Resolución de 8 de enero de 2018, de la Dirección General de la Agencia Estatal de


Administración Tributaria, por la que se aprueban las directrices generales del Plan Anual
de Control Tributario y Aduanero de 2018.
Smart Contracts(I)

Con el termino smart contracts o contratos inteligentes, nos estamos refiriendo a aquellas
secuencias de código y datos que se almacenan en una determinada dirección de la
cadena de bloques y que son susceptibles de producir efectos jurídicos.
Si bien en un principio, la utilización de la expresión contract puede inducir a error, se
debe destacar que para que nos encontremos ante la figura jurídica del contrato es
necesario que se cumplan los requisitos que la legislación vigente exige par su validez.

La doctrina española se refiere a ellos como aquellos contratos que usan un código
informático para articular, verificar y ejecutar un acuerdo entre las partes. Son protocolos
informáticos que facilitan, verifican y hacen cumplir la negociación de un contrato sin
necesidad de tener una cláusula contractual.

El smart contract se formula, por tanto, como un programa informático que puede
describir reglas y consecuencias determinadas de la misma manera que lo haría un
documento legal convencional, si bien a diferencia de los contratos tradicionales, también
puede tomar información como input, procesarla según las reglas establecidas en el
contrato, y adoptar cualquier medida que se requiera como resultado de ello.

La finalidad principal de este modelo contractual será permitir que las persona hagan
negocios entre desconocidos, normalmente a través de internet, sin necesidad de utilizar
intermediarios de confianza. En definitiva, su fundamento será que el software puede
automatizar gran parte del proceso, permitiendo hacer los compromisos contractuales sin
intervención humana.

Los contratos cuyos términos se registran en código Blockchain permiten que puedan ser
ejecutados automáticamente, garantizando que todo el mundo vea lo mismo, sin que una
de las partes tenga que confiar en la otra, ya que no se puede falsificar nada de lo que se
incluye en el blockchain.

Por tanto, su ejecución no dependerá de la voluntad de las partes, sino que, gracias a los
comandos programados, tiene lugar de manera automática, una vez cumplidas las
condiciones previamente establecidas por las partes. Así, las obligaciones acordadas por
las partes y que están contenidas en el código, resultan claras y son verificables y
ejecutables automáticamente.

Esta herramienta permite que los archivos digitalizados con los que se transacciona dentro
de la red puedan fluir de manera automática sin necesidad de la intervención de un
tercero. Pongamos algunos ejemplos para explicar la lógica de funcionamiento de esta
herramienta.
(II)
Un ejemplo sencillo sería el siguiente, una persona quiere alquilar el suministro de canales
de TV para consumir en su vivienda y por dicho alquiler debe pagar x bitcoins al mes. Para
ello se diseña un contrato inteligente con las condiciones pactadas con la empresa de
suministro de TV y vincular los monederos digitales de ambas partes a este contrato, para
ir emitiendo por un lado y recibiendo por otro el precio acordado, todo ello de manera
automática. En tanto en cuento, se vayan cumpliendo los pagos acordados, todo se
desarrollará con normalidad, pero supongamos que el usuario deja de pagar una
mensualidad porque el monedero digital se queda sin moneda virtual. La regla general es
que en el propio smart contract se hubiese previsto este incumplimiento y se hubiese
incluido una cláusula, como ocurre en los contratos tradicionales, en virtud de la cual, si se
deja de pagar la cuota mensual, se desactiva automáticamente los canales de TV
contratados y estos dejan de visionarse en el domicilio del cliente.

Por tanto, los smart contracts se utilizan para garantizar el cumplimiento del contrato, en
nuestro ejemplo, que se presta el servicio de TV y que se paga la cuota mensual. En estos
supuestos el contrato ejecutaría las instrucciones previamente establecidas en el contrato
por las partes. Por ejemplo, en caso de impago de la cuota determinada en la fecha
indicada, podría acordarse rescindir el contrato de prestación del servicio. La cuestión que
se plantea aquí es ¿cómo sabe el contrato inteligente si se ha pagado la cuota mensual?
Por tanto, se hace necesario contar con una herramienta informática que permita
actualizar el estado del contrato con la incorporación de esta información externa, lo que
en la práctica se conoce como el oráculo.

En este sentido, atendiendo a la función que tienen asignada, los oráculos resultan
esenciales para que el smart contract pueda desencadenar las ordenes programadas por
las partes para una situación específica que se de en el mundo real y que pueden ser de
naturaleza muy variada: el valor de una moneda, la ejecución de un pago, el cambio de un
precio, etc

Ilustración 2: Aplicación de la lógica empresarial con los Smart contracts. Fuente: BBVA Research
Los smart contracts que se ejecutan a través de la tecnología blockchain se benefician, por
un lado, del sellado en el tiempo, de su carácter inmutable, de la reducción de costes, de
su mayor eficacia y de su autoejecutabilidad pero también se favorecerán de las ventajas
propias de los contratos inteligentes que presentan relevancia jurídica, como son el evitar
ambigüedades y el reducir o eliminar al máximo posibles problemas de interpretación.

Dadas las características que presenta la tecnología blockchain aplicable a los smart
contracts, lo recomendable es que las partes determinen algún sistema de reclamación o
resolución de controversias para cuando surjan problemas en su ejecución ya que al
intervenir persona de diferentes jurisdicciones si se dan estos problemas, se dificulta su
resolución. Por ello, lo adecuado es que, si las partes formalizan un acuerdo utilizando
esta tecnología, estas determinen también los criterios legales que utilizarán para la
resolución de eventuales controversias. En este sentido, puesto que como decíamos
anteriormente en España no existe una regulación normativa específica a los acuerdos
suscritos a través de esta herramienta tecnológica, se debe recurrir a la normativa general
de los negocios jurídicos y contratos, a la que regula la contratación electrónica y a la
relativa a los servicios de la información, y ello a pesar de que no dan una resolución
concreta a todos los posibles problemas que puedan darse.

(III)
La Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la sociedad de la información y de comercio
electrónico, establece los requisitos que determinan la validez y eficacia de los contratos
celebrados vía electrónica, mediante una remisión genérica a los establecido en el Código
Civil y el Código de Comercio, y el resto de normas vigentes que regulan las relaciones
contractuales. En este sentido, los smart contracts producirán todos los efectos derivados
del ordenamiento jurídico cuando concurra el consentimiento y el resto de requisitos
requeridos por la legislación vigente para su validez, sin que sea necesario el previo
acuerdo entre las partes sobre la utilización de esta herramienta. En todos aquellos
supuesto que la ley determine que debe constar por escrito el contrato o cualquier
información relacionada con este, este requisito se entenderá cumplido cuando el contrato
o la información se contiene en un soporte electrónico.

Resulta evidente que los smart contract, en tanto en cuento se formalizan a través de
aplicaciones web interconectadas electrónicamente con una cadena de bloques, entran en
el ámbito de aplicación del artículo 23 de la ley anteriormente citada, en las que se prevén
requisitos específicos de validez cuya ausencia pueden determinar la ineficacia de
determinadas cláusulas contractuales y, en determinados casos, la de todo el negocio
jurídico.

No se debe olvidar que el smart contract carece de personalidad, y, por tanto, no ostenta
la condición de parte, ya que se trata de un instrumento creado para dar un servicio. Por
esta misma razón, no puede ser un árbitro que tenga atribuidas facultades de resolutorias.
Si bien, desde una perspectiva práctica resulta evidente que esta herramienta puede:

•Recibir mensajes, ya que el consentimiento debidamente manifestado por las partes


deberá ser notificado al smart contract para que se desencadena su ejecución.

•Remitir el mensaje a las partes, en cuanto comunica a las mismas sus acciones.

•Decidir si se dan las condiciones adecuadas y actuar en consecuencia pagando,


cobrando, etc
•Resolver de forma automática en caso de incumplimiento (falta de transferencia de
fondos, falta de saldo, etc) impidiendo la continuidad de la de la prestación pastaca
(envió de un bien, prestación de un servicio etc.)
Por tanto, podemos concluir este apartado destacando que un smart contract es la
herramienta informática que determina cómo, cuándo y en que forma llevará a efecto la
ejecución de las contraprestaciones acordadas por las partes, por lo que, al amparo de la
normativa vigente, deberá ser constituido respetando el principio general de buena fe y
justo equilibrio de las contraprestaciones, toda vez que su validez y cumplimiento, no
puede quedar al arbitrio de uno de los contratantes. Es por ello por lo que para constituir
un smart contract plenamente eficaz deberá cumplir las siguientes características:

•Imparcialidad: el smart contract debe ser programado son favorecer la posición


dominante de una de las partes.

•Independencia: el smart contract debe servir por igual los intereses de ambas partes,
por lo que, una vez prestado el consentimiento sobre el mismo, su ejecución debe
llevarse a cabo sin que pueda ser detenida o modificada en beneficio de la parte
dominante.

(IV)
Atendiendo a las características que presenta esta herramienta contractual podemos
destacar las ventajas y desventajas que ofrece su utilización.

Ventajas

El código informático en el que se fundamenta el contrato inteligente se asienta en


premisas muy básicas: si sucede x, se ejecuta y. Por ejemplo, si el tren se retrasa en su
llegada más de media hora, el pasajero recibirá una indemnización del 10 por ciento del
precio del billete. En la vida real, este tipo de acuerdos entre ambas partes se formalizaría
en soportes físicos que conllevan mucho papeleo lo que provoca retrasos e ineficiencias en
su gestión y aumenta la posibilidad de errores y fraudes.

Todo lo contrario se daría en el mundo digital y esta es la principal ventaja que ofrece la
tecnología blockchain. Los términos del acuerdo se escriben en un código informático
situado en la cadena de bloques, se firma de manera criptográfica por las partes
intervinientes y se ejecutará cuando se den las condiciones previstas. Todo aparece
recogido en esta herramienta digital, lo que implica que es transparente para todas las
partes e inmodificable y en que todos los intervinientes manejan la misma información al
mismo tiempo, evitando el papeleo, reduciendo los tiempos y reduciendo totalmente el
riesgo de fraude y malas interpretaciones.

Desventajas

La imposibilidad de modificación no siempre puede ser considerada una ventaja y es que


los contratos suscritos a través de esta herramienta en cadena de bloques implican que
una vez que se llega a un acuerdo, no se puede modificar fácilmente y es que no se puede
dar por supuesto que las partes pueden determinar todos los aspectos de las
negociaciones al inicio de la operación.

Para evitar los problemas que esta medida puede provocar en el mudo real ya se buscan
medidas que permitan preprogramar formas de cambiar los términos de los acuerdos, con
adendas, modificaciones y transformaciones, aunque en la práctica resulta muy
complicado, lo que puede reducir la eficacia de los smart contrats.

Desafíos jurídicos de la tecnología Blockchain

Ley y jurisdicción aplicable


El hecho de que determinadas actividades se ejecuten y almacenen sobre una red como
blockchain plantea un problema a la hora de determinar la ley y jurisdicción aplicable si las
partes no lo determinan previamente ya que, si el contrato se verifica, ejecuta y almacena
en millones de ordenadores a la vez, es difícil concretar el lugar que determine la
jurisdicción competente si las partes no lo han especificado. Por tanto, nos encontramos
con una clara problemática a la hora de determinar la protección judicial de los intereses
de las parten en los conflictos que se susciten en el ámbito de la aplicación de la
tecnología blockchain.

Transparencia y privacidad de los datos


El principio de inmutabilidad presente en la tecnología Blockchain en virtud del cual cada
dato almacenado es irrepetible e imborrable, puede entrar en conflicto con algunos de los
derechos reconocidos por la legislación vigente[1] en materia de protección de datos de
carácter personal en una tecnología que no permite modificar el registro de transacciones.
Algunos de los puntos más comprometidos que presenta el uso de esta tecnología en
relación con la protección de datos personales, son los siguientes:

• Derecho de cancelación: una de las características más importantes que presenta el


uso de esta tecnología es que la información que se incorpora a la cadena de bloques
resulta inalterable. El artículo 17 del Reglamento de Protección de Datos regula el
derecho a la supresión o derecho al olvido de los datos personales, pudiendo el
interesado solicitar al responsable del tratamiento la supresión de los datos personas
que le conciernan. Por tanto, nos encontramos con una realidad que choca con algunas
de las principales características de las cadenas de bloques, su carácter inmutable y la
inexistencia de una autoridad superior responsable de monitorizar la actividad.

• Dificultad en la determinación de quiénes son los responsables del tratamiento, así


como la viabilidad de cumplimiento de las obligaciones que les corresponden.

• Plazo de conservación de los datos personales: el Reglamento de Protección de Datos


garantiza que los datos personales no se conservan más tiempo del necesario,
debiendo establecer el responsable del tratamiento unos plazos para su supresión. En
la tecnología blockchain los datos se almacenan de manera indefinida en su red
resultando por tanto imposible cumplir con este precepto.

• Principio de exactitud: los datos del usuario que se incorporan a una red blockchain,
como hemos destacado ya en varias ocasiones, son inalterables por lo que resulta
imposible ejercitar el derecho que tiene el interesado a que los datos sean exactos y
estén actualizado.
[1] Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27 de abril de
2016, relativo a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de
datos personales y a la libre circulación de estos datos y por el que se deroga la Directiva
95/46/CE (Reglamento general de protección de datos)

Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de


los derechos digitales.

Ausencia de regulación
El mercado financiero digital carece de una regulación específica en la Unión Europea de
ahí que aquellos actores implicados, por ejemplo, en la comercialización directa de
moneda virtual no pueda beneficiarse de las garantías y salvaguardias asociadas a los
productos financieros que sí están regulados. Es por ello, que los compradores o inversores
que intervienen en este mercado financiero digital adolecen de las protecciones que ofrece
tanto la legislación española como la Unión Europea a las inversiones reguladas, siendo
especialmente vulnerables al fraude, a la manipulación de precios, blanqueo de capitales,
financiación de actividades ilícitas, etc

Asimismo, la ausencia de mercados equiparables a los mercados organizados de valores


sujetos a regulación puede dificultar la venta de las monedas virtuales o de los tokens
emitidos en ICOs para obtener moneda de curso legal. Sus titulares pueden no disponer en
un momento determinado de opciones que le permitan convertir en moneda convencional
la moneda virtual o recuperar su inversión. Incluso cuando existe la posibilidad de
convertir sus activos en moneda convencional puede haber falta de transparencia en
cuento las comisiones aplicables e incluso su precio suele estar sometido a fuerte
oscilaciones sin una causa justificada.

En concreto, el hecho de que no exista ninguna mención expresa a las monedas virtuales
en relación a la normativa en materia de prevención del blanqueo de capitales en el
ámbito de la Unión Europea no impide que los países miembros puedan utilizar su
normativa nacional sobre blanqueo de capitales realizando las adaptaciones oportunas
para su aplicación a las operaciones con monedas virtuales. No obstante, la nueva
Directiva (UE) 2018/843 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018,
por la que se modifica la Directiva (UE) 2015/849 relativa a la prevención de la utilización
del sistema financiero para el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo, exige
que se introduzcan procedimientos de verificación de identidad utilizando, si es posible, los
mecanismos previstos en el Reglamento (UE) Nº 910/2014 del Parlamento Europeo y del
Congreso, de 23 de julio de 2014, relativo a la identificación electrónica y los servicios de
confianza para las transacciones electrónicas en el mercado interior y que soliciten el
registro para poder seguir prestando tales servicios.

En España, a la espera de la implementación de la Directiva Europea indicada, continúa


vigente la Ley 10/2010, de 28 de abril, de Prevención del Blanqueo de Capitales y de la
Financiación del Terrorismo, que si bien no contiene ninguna referencia expresa a las
monedas virtuales, no impide que puedan considerarse incluidas en su ámbito de
aplicación y en concreto en base a lo establecido en el artículo 16[1] cuando se refiere a
los productos u operaciones propicias al anonimato y nuevos desarrollos tecnológicos.
[1] Ley 10/2010, de 28 de abril, de prevención del blanqueo de capitales y de la
financiación del terrorismo. Artículo 16 “Los sujetos obligados prestarán especial atención
a todo riesgo de blanqueo de capitales o de financiación del terrorismo que pueda
derivarse de productos u operaciones propicias al anonimato, o de nuevos desarrollos
tecnológicos, y tomarán medidas adecuadas a fin de impedir su uso para fines de
blanqueo de capitales o de financiación del terrorismo.

En tales casos, los sujetos obligados efectuarán un análisis específico de los posibles
riesgos en relación con el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo, que
deberá documentarse y estar a disposición de las autoridades competentes.”

Tributación
A medida que crecen los hechos imponibles a que dan lugar la formación de los acuerdos
con la utilización de la tecnología blockchain se hace más necesaria si cabe la existencia
de una regulación adecuada de esta nueva realidad. Lo que resulta evidente es que las
operaciones de venta de moneda virtual pueden dar lugar a ganancias o pérdidas
patrimoniales en la medida en que su realización supone una alteración en la composición
del patrimonio del contribuyente que produce una variación de su valor[1].

En cuanto al IVA, tributo que grava operaciones en el marco de una actividad económica,
es decir, mediante la organización de medios con la finalidad de intervenir en la
producción o distribución de bienes o servicios, la Dirección General de Tributos ha
considerado que no se aplicará el IVA en las transmisiones de monedas virtuales, estando
sujeta y exenta de IVA[2].

Por lo que se refiere al Impuesto de Sociedades, la moneda virtual tributará tanto las
ganancias que provengan de la transmisión de criptomonedas como los ingresos derivados
de las actividades profesionales vinculadas a tales operaciones.

Por lo que atañe al Impuesto de Patrimonio, su consideración como bienes de carácter


patrimonial susceptibles de valoración económica implica que deban ser incluidas en la
base imponible del impuesto.

[1] Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas
y de modificación parcial de las leyes de los Impuestos sobre Sociedades, sobre la Renta
de no Residentes y sobre el Patrimonio. Art. 33.1. Son ganancias y pérdidas patrimoniales
las variaciones en el valor del patrimonio del contribuyente que se pongan de manifiesto
con ocasión de cualquier alteración en la composición de aquél, salvo que por esta Ley se
califiquen como rendimientos.

[2] Ley 37/1992, de 28 de diciembre, del Impuesto sobre el Valor Añadido. Artículo 20.
Uno. 18ª
Identidad de los actores
A los actores que intervienen en las actividades desarrolladas a través de las cadenas de
bloques, en principio, puede no interesarles que figure en la mismas quienes son los
sujetos reales que intervienen en la operación. Por tanto, no interesa que se exija un
registro exacto de quién está detrás de cada actor ya que lo que interesa es que se realice
la operación. Prueba de ellos es que cualquier usuario de la cadena de bloques puede
tener varios identificadores y utilizar uno distinto en cada operación. Todo ello sin perjuicio
de que determinados actores en determinadas operaciones si estén interesados en su
identificación.

Por tanto, a pesar de que la cadena de bloques permite, por ejemplo, efectuar un
seguimiento riguroso de las monedas virtuales envueltas en las transacciones, no ocurre lo
mismo en cuanto a quién está detrás, en este caso, de los bitcoins ni respecto de la causa
que motiva la trasmisión, lo que a través de la opacidad y el anonimato que ofrece, facilita
la comisión de hechos al margen de la legalidad o directamente que sean calificadas como
hechos delictivos.

Por tanto, incorporar un sistema de control de las cadenas de bloques permitiría, por un
lado, garantizar o defender la legalidad de las operaciones realizadas a través de esta
tecnología, pero a su vez, esto iría en contra de los objetivos que busca el uso de esta
tecnología con la eliminación de intermediarios o supervisores.

Ejecutabilidad de los Smart Contracts


Una de las características fundamentales que presenta esta figura contractual es que se
ejecutan por sí mismos cuando los criterios predefinidos se cumplen. Que el contrato sea
autoejecutable implica que ciertas acciones se sucederán como consecuencia de que se
cumplan una serie de condiciones específicas previamente acordadas entre las partes, lo
que tendrá sus correspondientes consecuencias jurídicas.

Y es que, al tratarse de una base de datos descentralizada que permite a sus usuarios
operar sin que exista una autoridad superior que controle las operaciones que en ella se
realizan, puede acarrear problemas importante, como puede ser el relacionado con el
hecho de encontrarnos antes una red colaborativa detrás de la cual no existe una persona
jurídica que sea su propietaria, responsable o administradora y por tanto, en caso de
problemas en su funcionamiento o conflicto entre las partes, no habrá entidad responsable
a la que reclamar frente a las eventuales responsabilidad de que puedan surgir en el
ámbito civil, penal, etc.

La función de registro
La cadena de bloques desarrolla una clara función de registro en las operaciones que se
realizan a través de esta tecnología. El carácter descentralizado e inmutable de la cadena
de bloques permite acredita con total seguridad el momento en el que una operación se
ha registrado, lo que permite probar de manera fehaciente que unos datos no se han
modificado desde el momento específico de su incorporación a la cadena, lo que facilitará
su utilización como herramienta de sellado de tiempo, aunque no oficial. En este sentido y
en virtud de lo establecido en el artículo 299 de la Ley de Enjuiciamiento Civil[1], podrá
utilizarse como medio para probar que unos datos no se han modificado desde el
momento específico de su incorporación a la cadena de bloques.
No obstante, se debe tener en cuenta que, si bien puede constituir un medio de prueba de
la operación registrada, nada aporta sobre el control jurídico o la legalidad de las
operaciones registradas, es decir, sobre la identidad y capacidad de las partes para su
formalización, licitud del contrato, si el consentimiento se ha prestado de forma válida, si
los participantes pueden realizarlo, etc. Por tanto, su validez únicamente se limita al
sellado de tiempo y no en cuanto al cumplimiento de los requisitos legalmente
establecidos.

[1] Artículo 299 Ley Enjuiciamiento Civil. “Cuando por cualquier otro medio no
expresamente previsto en los apartados anteriores de este artículo pudiera obtenerse
certeza sobre hechos relevantes, el tribunal, a instancia de parte, lo admitirá como
prueba, adoptando las medidas que en cada caso resulten necesarias”.

Asimismo, el artículo 41 del Reglamento Europeo de Firma Electrónica 910/2014, de 23 de


julio establece en su apartado 1 que “No se denegarán efectos jurídicos ni admisibilidad
como prueba en procedimientos judiciales a un sello de tiempo electrónico por el mero
hecho de estar en formato electrónico o de no cumplir los requisitos de sello cualificado de
tiempo electrónico”.

La regulación de la tecnología Blockchain en España


La aplicación de la tecnología blockchain como toda nueva metodología de negocio, tiene
que hacer frente a los aspectos con relevancia jurídica que se derivan de su uso.

En el ámbito internacional, algunos países están empezando a incorporar a sus textos


legales alguna referencia a algunas nuevas tendencias relacionadas con la aplicación de la
tecnología blockchain. Así, países como Japón ya autorizan el uso del bitcoin como forma
de pago legal y en Corea del Sur se le ha reconocido como activo pero no como divisa.
También existen países que lo incorporan a su legislación, pero en este caso para
prohibirlo, como son Bolivia, Rusia, Ecuador o Islandia.

Por su parte, otras legislaciones parecen que apuestan más que por su regulación
específica por su equiparación a otros activos financieros existentes. Es el caso de Estado
Unidos, en donde desde el 27 e marzo de 2014 aparecen calificados como un negocio de
servicios monetarios presente en los mercados derivados; Canadá y Austria califican las
transacciones con bitcoin como trueques, reconociendo su sujeción a los impuestos
correspondientes.

En la Unión Europea no hay una regulación común y, por tanto, cada país debe seguir su
propio criterio (por ejemplo, en Holanda se consideran transacciones de trueque sin
necesidad de una licencia específica), si bien recientemente se están realizando por las
autoridades europeas diferentes estudios en los que se plantean la creación una moneda
virtual de curso legal para, aun siendo conscientes de los riesgos que conlleva, dar mayor
estabilidad al sistema financiero.

Si bien, como se ha dicho, algunos ordenamientos jurídicos ya han incorporado a sus


legislaciones nacionales algunas referencias a las cadenas de bloques, en España el
legislador nacional no ha incorporado ninguna mención a esta tecnología a nivel legal. Por
tanto, para hacer frente a esta nueva realidad tecnológica únicamente podemos recurrir a
la regulación general, entre la que podemos destacar:
• Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y el
Comercio Electrónico,

• Ley 21/2011, de 26 de junio, de Dinero Electrónico

• Ley 59/2003, de 19 de diciembre, de Firma Electrónica


Junto a esto, en España resultan de interés los siguientes documentos que incluimos a
título meramente indicativo.

Sentencia Tribunal de Justicia de la Unión Europea

• 22 de octubre de 2015: Sentencia del TJUE en el Asunto C-264/14. Consideración del


Bitcoin como una divisa virtual cuyo intercambio por divisas tradicionales está exento
de IVA[1].
Sentencias y Autos Judiciales en España

• 6 de febrero de 2015: Primera Sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias[2] sobre


Bitcoin.

• 30 de mayo de 2014: Primer auto judicial en España de un Juzgado de Instrucción de


Madrid[3] por sustracción de Dogecoins.
Consultas Vinculantes en España

 18 de abril de 2018: La Secretaría General de Operaciones Financieras[4] se pronuncia


sobre los impuestos por cambio entre criptoactivos.

 13 de noviembre de 2017: La Dirección General de Tributos[5] se pronuncia sobre la


compraventa de moneda virtual a través del desarrollo y explotación de una aplicación
web propia.

 29 de agosto de 2016: La Dirección General de Tributos[6] se pronuncia sobre la sujeción


al IVA de la actividad de minado de Bitcoins.

 1 de octubre de 2015: La Dirección General de Tributos[7] se pronuncia sobre la


sujeción al IVA de la compraventa de bitcoin.

 30 de marzo de 2015: La Dirección General de Tributos[8] se pronuncia sobre la


sujeción al IVA de la compraventa de bitcoin.

 30 de marzo de 2015 La Dirección General de Tributos[9] se pronuncia sobre la


sujeción al IVA de la compraventa de bitcoin a través de maquinas vending o cajeros.
Consultas no Vinculantes en España

• 5 de septiembre de 2014: La Dirección General de la Ordenación del Juego del


Ministerio de Economía[10] indica que, en materia de juego, la ley que afecta al dinero
también afecta al Bitcoin.

• 5 de marzo de 2014: El Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas[11] responde a


una consulta sobre contabilidad del Bitcoin en España.

[1] [Link]
[2] [Link]

[3] [Link]
[Link]

[4] [Link]

[5] [Link]

[6] [Link]

[7] [Link]

[8] [Link]

[9][Link]

[10] [Link]

[11] [Link]
[Link]

Conclusiones
Lo cierto es que, cada vez son más los avances que se dan en torno a la aplicación de la
tecnología blockchain. Con toda seguridad que en los próximos años asistiremos a la
aparición de toda clase de aplicaciones relacionadas con el uso de esta tecnología que
aprovecharán todo su potencial para optimizar y automatizar su implementación en todo
tipo de sectores. Y es que nos encontramos ante una tecnología tan versátil que sin duda
en un futuro próximo se verá aplicada en un gran número de industrias,
fundamentalmente en aquellos ámbitos en los que hay un intermediario que pueda ser
reemplazado.

La tecnología blockchain representa un cambio cultural y económico que transformará la


forma de hacer negocio y supondrá una migración hacia nuevos modelos de negocio con
una mayor optimización de costes y procesos. Este cambio contribuirá a que las empresas
sean mas eficientes, productiva y sostenibles al aprovecharse de la aplicación de esta
nueva tecnología en constante desarrollo.

Pero el desarrollo de esta infraestructura digital también tiene su aspecto negativo ya que
su desarrollo supondrá la multiplicación de diferentes formas de lesión de derechos y
comisión de delitos.

A pesar de que el número de operaciones que se realizan usando esta tecnología, como ha
quedado claramente constatado a lo largo de este trabajo, va creciendo deforma
significativa, la mayoría de los aspectos concernientes a estas actividades carecen de
regulación legal en nuestro ordenamiento jurídico y esto es algo que no ha pasado
desapercibido para el legislador comunitario ni para el nacional.

En consecuencia, estos avances tecnológicos tendrán muchas implicaciones jurídicas y


llevarán aparejados muchos retos y problemas legales que nos obligarán a diseñar e
implementar una legislación adecuada en esta materia. Este desarrollo tarde o temprano
apremiará a los legisladores nacionales a adaptarse a esta nueva realidad, aprobando una
legislación que al igual que ha sucedido con otras herramientas tecnológicas, pueda
regular y dar respuesta a las cuestiones con relevancia jurídica que surjan alrededor de la
cadena de bloques a las que nos hemos venido refiriendo.

Lo que resulta evidente es que el Derecho, en su función de regular la realidad social y


económica, tendrá un papel protagonista en este nuevo escenario y deberá adaptarse a
los nuevos tiempos, dando respuesta a la nueva realidad surgida al amparo de estos
nuevos desarrollos tecnológicos. Otra cosa es si las herramientas de las que se dispone,
estos códigos decimonónicos muchas veces modificados, son la herramienta adecuada
para ello.

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