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Tema 14

Tema 14 para las oposiciones de lengua castellana y literatura
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TEMA 14: EL SINTAGMA NOMINAL

ÍNDICE

1. Introducción

2. Concepto de sintagma

2.1. Clases de sintagmas

3. El sintagma nominal

4. Elementos del sintagma nominal

4.1. El sustantivo

4.1.1. Clasificación de los sustantivos

4.1.1.1. Propios

4.1.1.2. Comunes

4.2. Los pronombres personales

4.2.1. Formas y función

4.3. Los determinantes

4.3.1. Artículos

4.3.2. Demostrativos

4.3.3. Posesivos

4.3.4. Cuantificadores

4.3.4.1. Numerales

4.3.4.2. Indefinidos

4.4. Complementos del nombre

4.5. Las aposiciones

4.6. Las oraciones de relativo

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4.7. Los adjetivos

5. Funciones del sintagma nominal

6. Conclusión

7. Bibliografía

0. INTRODUCCIÓN: marco legislativo y marco curricular

Para el desarrollo de este tema es necesario llevar a cabo una breve reseña
legislativa que nos ubique en los parámetros del sistema educativo actual. Así, en primer
lugar, hay que referir la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre por la que se modifica
la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación y a la Resolución de acceso a la
función pública 12/01/2023.

Igualmente, se debe referir la Orden de 9 de septiembre de 1993 por la que se


aprueban los temarios que han de regir en los procedimientos de ingreso para el cuerpo
de profesores de Educación Secundaria (regulada por el Real Decreto 850/1993 de 4 de
junio).

Así, el tema que nos ocupa se relaciona directamente con los temas centrados en el
estudio de la lengua, y, más concretamente, con los temas que abarcan el estudio de los
diferentes elementos y niveles que componen nuestra lengua (temas del 10 al 25).

Por otra parte, desde un punto de vista curricular y teniendo en cuenta las posibles
repercusiones didácticas, citaremos el Real Decreto 217/2022 (concretado en el Decreto
82/2022 para la comunidad autónoma de Castilla - La Mancha en secundaria y el
Decreto 83/2022 en Bachillerato), que vincula este tema directamente con los saberes
básicos … en relación al estudio y puesta en práctica del sintagma nominal. Con
diferentes grados de complejidad, su estudio se verá en todos los cursos de Secundaria y
Bachillerato.

1. INTRODUCCIÓN

Para llevar a cabo un análisis gramatical es fundamental conocer cuáles son las
unidades gramaticales básicas y distinguir sus niveles: sintáctico u oracional (funciones

2
sintácticas), sintagmático (sintagmas) y morfológico (palabras o categorías
gramaticales). Así, se distingue entre el nivel superior, oración, y el inferior, morfemas.
Sea cual sea la complejidad de una oración, casi siempre es posible agrupar sus
elementos en dos unidades: una en torno al sustantivo o un elemento que funcione como
tal, y otra en torno al verbo. Tanto una como otra pueden aparecer con más o menos
complementos sin que su estructura se altere, como ocurre en El gran perro preferido
de la infancia de mi hermano frente a Su perro.

A continuación, se hablará de un tipo de sintagma, el sintagma nominal, que, junto


con el sintagma verbal, forma la oración, siendo esta la unidad fundamental de la
gramática. También presentaremos las categorías gramaticales que aparecen en un
sintagma nominal (sustantivos o pronombres) y que pueden aparecer (determinantes,
adjetivos) y las funciones sintácticas que podemos encontrar dentro de un sintagma
nominal (SN): complementos del nombre, aposiciones, oraciones de relativo y oraciones
sustantivas en función de CN.

2. CONCEPTO DE SINTAGMA

El concepto de sintagma es un concepto relativamente moderno en lingüística. La


Gramática Tradicional solo distinguía dos unidades: las oraciones y las palabras, pero
no reconocía unidades en los grupos de palabras que, juntos, desempeñaban una función
(sujeto, complemento del nombre, etc.), ni explicaba hechos como la relación especial
de concordancia entre un sustantivo y un adjetivo, por ejemplo. No se planteaba, pues,
la existencia de una estructura jerárquica en la oración.

Así pues, las dificultades planteadas por el término palabra han llevado a algunos
lingüistas a postular una nueva unidad, el sintagma, que puede definirse como una
construcción integrada por una o más unidades que, en conjunto, desempeñan la misma
función.

Para Saussure, en el discurso las palabras contraen entre sí, en virtud de su


encadenamiento, relaciones fundadas en el carácter lineal de la lengua, que excluye la
posibilidad de pronunciar dos elementos a la vez. Los elementos se alinean unos detrás
de otros en la cadena hablada. Estas combinaciones, que se apoyan en la extensión, se
pueden llamar sintagmas.

3
Bloomfield, el representante del estructuralismo norteamericano, consideraba el
sintagma como la unión de dos o más formas pertenecientes a clases sintácticas distintas
como unidad. Por otro lado, la gramática estructural considera que las palabras llenas
(sustantivo, verbo, adjetivo y adverbio) son los elementos capacitados para constituirse
como núcleo de un sintagma, configurando así sintagmas sustantivos, verbales,
adjetivos y adverbiales, respectivamente. Interesa esta precisión en el sentido de que
permite distinguir clases de palabras o categorías verbales (sustantivo, verbo, adjetivo
y adverbio) de las unidades funcionales (partes de la oración).

No obstante, sea cual sea su definición exacta, Bally señala que el sintagma debe ser
siempre una estructura binaria, cuyos miembros son intercambiables con otros de su
misma clase sin que se altere gramaticalmente el conjunto y entre los cuales haya una
dependencia funcional. Su estructura prototípica es modificador + núcleo +
complemento.

El término sintagma se ha extendido enormemente y se le llega a hacer sinónimo de


frase. Pero, en rigor, esto no es exacto, pues para que haya sintagma es preciso que el
conjunto sea, al menos, binario, mientras que una frase puede estar constituida por un
solo elemento, aunque en la Nueva Gramática de la Lengua Española (NGLE) y el
Glosario de Términos Gramaticales (GTG) se puede considerar sintagma a una sola
palabra (núcleo).

2.1. Clases de sintagmas

Al considerar el sintagma como la combinación de elementos que ejercen una


misma función, debemos tener en cuenta qué relación guardan entre sí. El
distribucionalismo americano considera que las construcciones sintácticas son
clasificables en endocéntricas y exocéntricas, en virtud de si pertenecen o no a la misma
clase sintáctica que alguno de sus constituyentes.

Estos dos conceptos han sido modelados desde una perspectiva funcionalista por
Rojo y Jiménez Juliá en Fundamentos del análisis sintáctico funcional. Así, empleamos
el término construcción endocéntrica para referirnos a aquella construcción en la que
uno de sus constituyentes inmediatos puede desempeñar la misma función que realiza la
construcción completa. Determina la conexión entre elementos distintos, de los cuales

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uno es obligatorio y otro opcional, ya que el segundo elemento está subordinado al
primero. Por ejemplo, platos en tiene platos de papel puede desempeñar por sí solo la
función de complemento directo. Mientras que las construcciones exocéntricas son
aquellas en las que ninguno de sus constituyentes posee la capacidad para desempeñar
la misma función que realiza la construcción completa, por lo que no puede hablarse
propiamente de núcleo, ya que son construcciones de dos constituyentes independientes
(cada uno presupone al otro). Por ejemplo, la construcción por el camino en vino por el
camino es exocéntrica porque vino camino resulta agramatical.

Existen más posibilidades de clasificación de los sintagmas. Así, atendiendo a su


estructura interna, se pueden considerar monorrémicos o uninucleares, cuando solo
constan de un elemento que funciona como núcleo del sintagma (llegó ayer), y no
monorrémicos o plurinucleares, cuando aparecen varios núcleos relacionados entre sí
(terminó por la tarde) a través de una de las tres estructuras siguientes:

Asociativa: los elementos que forman el sintagma son de la misma clase y


aparecen coordinados. Ej.: Ana y tú sois novios.
Reiterativa: el elemento que forma el núcleo del sintagma aparece reiterado
bajo formas distintas. Ej.: Tú y solo tú eres el culpable.
Explicativa: los elementos que forman el núcleo múltiple del SN aparecen
yuxtapuestos, siendo su relación de igualdad, si bien el segundo elemento
suele aportar connotaciones al significado del primero. Se trata de las
aposiciones explicativas (Madrid, la capital de España), aposiciones de
carácter metalingüístico unidas con formas de transición (la capital de
España, esto es, Madrid) o de construcciones cercanas a las uninucleares,
puesto que el segundo elemento puede ser entendido también como
modificador adyacente al núcleo (la ciudad de Madrid).

Desde un punto de vista funcional pueden ser constituyentes no oracionales, como


los vocativos, interjecciones y oracionales que se subdividen en indicadores de
modalidad y complementos oracionales que se situarían al margen de la oración; y
constituyentes oracionales, que a su vez pueden ser inmediatos (el sujeto y el
predicado) o no inmediatos (atributo, complemento directo, complemento indirecto,
etc.).

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En la actualidad, según la NGLE, se prefiere el concepto de grupo para referirse a
las unidades en las que se puede articular la lengua y que presentan valor sintáctico. Así,
contempla la existencia de grupos nominales, adjetivales, verbales, adverbiales,
preposicionales, interjectivos y conjuntivos.

3. EL SINTAGMA NOMINAL

Se puede definir el sintagma nominal como una construcción endocéntrica dotada de


un núcleo siempre obligatorio y, eventualmente, de modificadores prenucleares y de
complementos posnucleares. El núcleo del sintagma nominal puede estar desempeñado
por el sustantivo o por el pronombre, mientras que los determinantes pueden ser de
diversos tipos. Los complementos, generalmente, están desempeñados por adjetivos,
pero también por sintagmas preposicionales.

El sintagma nominal ofrece la siguiente estructura prototípica: prenuclear + núcleo +


posnuclear. En la zona prenuclear pueden situarse en español una serie de unidades que
han tenido una diversa consideración en los estudios gramaticales. Algunos autores
emplean la denominación de determinantes para referirse a un conjunto de unidades
lingüísticas (artículos, demostrativos, posesivos, cuantificadores) que pueden figurar
como modificadores del núcleo sustantivo y que generalmente se anteponen a él. La
posición posnuclear estaría ocupada prototípicamente por los adjetivos o sintagmas
preposicionales.

4. ELEMENTOS DEL SINTAGMA NOMINAL

4.1. El sustantivo

El sustantivo, como una de las partes nucleares de la oración, se define por medio de
tres criterios: formal, funcional y semántico.

Definición formal:

El estudio formal del sustantivo está relacionado con los dos tipos de morfemas
flexivos que un sustantivo puede recibir, que son los morfemas nominales de género y
de número.

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Varios autores han señalado que el género y el número no funcionan de la misma
manera. Aunque el sustantivo tiene género en sí mismo, no puede decirse que tenga
número singular o plural, sino que presenta variación de número. Por ejemplo, casa o
mano son femeninos, pero solo sabremos si son singular o plural cuando aparezcan en la
cadena sintagmática.

Tal como señala Ángel López, el género es una delimitación intrínseca a la figura
sustantiva: todo sustantivo pertenece a un género, el cual proyecta siempre hacia los
adjetivos y, a veces, hacia los determinantes que lo acompañan. Sin embargo, el número
es una delimitación extrínseca al sustantivo, que este absorbe y proyecta hacia el
adjetivo.

González Calvo también es de esta opinión, y subraya que los determinantes y el


adjetivo no tienen género, solo lo reciben del sustantivo. Este autor señala que el género
en español es siempre una categoría sintáctica que permite clasificar los nombres en
masculinos y femeninos, de acuerdo con el fenómeno de la concordancia.

En cuanto al género, en español existen dos: masculino y femenino. El neutro es


solo un morfema propio de algunos pronombres (ello, esto, eso) que nunca sustituyen a
un nombre, sino a un referente complejo (oración o contexto).

El principal problema que plantea el estudio del género es el de la distinción entre el


género como noción gramatical y el género o sexo como idea extralingüística o natural.
Es evidente que el género en palabras como chico/chica está asociado a una distinción
sexual (macho/hembra), mientras que en sustantivos como libro o mesa esto no ocurre.
Además, en muchas ocasiones la diferencia de género tiene que ver con otro tipo de
nociones ajenas a lo sexual, como el tamaño (jarra/jarrón), árbol y fruto
(naranjo/naranja) o elemento y conjunto (leño/leña). Esto ha llevado a pensar a algunos
autores que el género no es una marca gramatical, sino semántica.

Por otro lado, el género de algunos nombres de persona o animal se manifiesta con
cierta irregularidad, porque algunos de persona son invariables en cuanto al género
(taxista, patriota, mártir) o bien algunos de animal son iguales en femenino y en
masculino, lo que se conoce como epicenos (hormiga, pantera, cebra).

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Por su parte, los nombres de los seres inanimados están adscritos
convencionalmente al masculino o al femenino. En este caso, el género casi nunca
implica un referente sexuado.

En lo que respecta al número, en español hay dos morfemas de número: singular y


plural. El morfo de singular se representa por la forma O tachada. Es el término no
marcado de la oposición, por eso puede abarcar la pluralidad de algunos sustantivos. Ej.:
el precio de la naranja ha bajado.

Los morfos de plural pueden ser: -s para palabras acabadas en vocal; -es para
palabras acabadas en consonante o vocal tónica (excepto -á como ocurre en sofás); y O
tachada para palabras sin morfo de plural acabadas en -s como en lunes, martes, caries,
caos, pies.

Hay ciertas vacilaciones en el caso de los cultismos y extranjerismos acabados en


consonante. La tendencia es a formar sus plurales en -s. Un caso muy actual es el de los
anglicismos con plurales en -s: clubs, *convoys, *másters. La norma exige formar los
plurales según la regla: clubes, convoyes, másteres.

A veces la presencia del mofo de plural implica un cambio radical del significado
del término en cuestión. Ej.: celo/celos, belleza/bellezas, esposa/esposas, luna/lunas.

Conviene distinguir entre el número como categoría gramatical y la cantidad real de


los objetos implicados referencialmente. El número gramatical no tiene por qué
coincidir con la cantidad real. Por ejemplo, en el fenómeno denominado pluralia tantum
observamos la existencia de palabras que son morfológicamente plurales pero que
pueden utilizarse para hacer referencia a un solo objeto, como tijeras, tenazas,
pantalones. Asimismo, con el fenómeno singularia tantum se denomina la
particularidad morfológica de algunos sustantivos que solamente poseen número
gramatical singular. En español lo son en general los nombres propios y de masa y
algunos sustantivos como cariz, norte, sur, oeste, sed, grima, fénix.

La pluralidad se tiende a relacionar con la cantidad real si eso es posible, pero


también podemos pluralizar palabras que denotan objetos que no se pueden contar como
aguas, carnes o aires. En estos casos el plural no tiene que ver con la cantidad, sino con
ideas como la abundancia, la diversidad o la fuerza.

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Por otro lado, el plural puede utilizarse para denotar una clase única, como en el
ejemplo los perros abundan en este barrio, donde los perros se refiere a una clase, al
conjunto de los perros.

Definición funcional:

Desde un punto de vista funcional, A. Mª Barrenechea define el sustantivo como la


palabra que tiene las funciones privativas de sujeto, CD, CI y agente. El sustantivo
puede ser, además, modificador de otro sustantivo en aposición. En este caso, cuando
haya una pausa entre los dos miembros de la aposición, la llamaremos bimembre (El
Cid, caudillo famoso), o unimembre si no la hay (la madre patria). El sustantivo es,
pues, un término primario al que son incidentes los otros términos sintácticos que
dependen de él.

El sustantivo puede ocupar todas las funciones de cualquier sintagma nominal:


funciona como núcleo del sintagma nominal (sujeto, CD, CI, agente, atributo,
circunstancial), como aposición (directo) o como CN (indirecto a través de una
preposición). Asimismo, puede desempeñar una función extraoracional o apelativa.

Definición semántica:

Semánticamente hablando, el sustantivo es la parte de la oración con que


designamos aspectos de la realidad considerada en sí misma, como objetos pensados
con conceptos independientes. Esta independencia puede ser real o mental.

4.1.1. Clasificación de los sustantivos

4.1.1.1. Propios

Individualizan los objetos que designan y señalan sus características distintivas. Por
ejemplo, Juan distingue a las personas que se llaman así de las demás.

El nombre propio se aplica a una persona o cosa individual para distinguirla de las
demás de su especie o clase. Puede decirse, como veremos más adelante, que el nombre
común clasifica y el nombre propio distingue o identifica.

En la combinación sintagmática, el nombre propio se caracteriza por su rechazo a la


indeterminación. Esto significa que el nombre propio es siempre nombre de un singular

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(este A) y nunca de un particular (un A). Precisamente, la indeterminación (un Goya)
nos permite percibir que el nombre propio ha dejado de serlo y se ha transformado en un
nombre de clase. Así empleado, se refiere a la clase de individuos denominados con ese
nombre propio o a una interpretación metafórica: el nombre propio se refiere a la clase
de individuos con ciertas propiedades del referente del nombre propio (nunca será un
Quijote).

Algunos nombres propios aparecen forzosamente con artículo o sin él: el Tajo, el
Guadalquivir, España. Otros vacilan en el uso: el Perú/Perú, la China/China. El
nombre propio contiene en sí el valor de determinación, de ahí que se caractericen por
su incapacidad para recibir la modificación de complementos restrictivos: oraciones de
relativo especificativas (*Felipe VI que es el rey de España) y de aposiciones
especificativas (*Felipe VI rey de España), pues estos elementos se encargan de
determinar al nombre, de restringir su significado.

En cuanto a su clasificación, estos pueden ser: nombres de persona o antropónimos


(Pedro), de animales o zoónimos (Rocinante), de lugar o topónimos (Sevilla), apelativos
y títulos (el Cid Campeador), de periodos temporales (la Edad Media), de instituciones
(la Real Academia Española) y de marcas comerciales (Coca-Cola).

4.1.1.2. Comunes

Son los sustantivos que no expresan rasgos diferenciadores de los objetos que
denominan, sino que los agrupan por sus características no distintivas. Expresan los
rasgos semánticos comunes a todos los miembros de una especie. Se dividen en
contables, que designan las cosas que no pueden dividirse sin dejar de ser lo que son
(árbol, mesa), es decir, aquellos sustantivos que se refieren a realidades numerables; y
no contables, que son aquellos que denotan cosas que pueden dividirse hasta el infinito
conservando su naturaleza y su nombre (agua, vino, plata). Las realidades a las que
hacen referencia estos nombres no pueden numerarse, pero sí medirse, por lo que, a
diferencia de los contables, admiten cuantificadores indefinidos
(poco/mucho/demasiado arroz).

También se dividen en colectivos e individuales. Los colectivos se refieren en


singular a un conjunto de elementos semejantes o considerados semejantes. Son un

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conjunto de sustantivos que poseen la característica de presentar como unidad lo que es
significativamente una pluralidad. Estos, a su vez, se dividen en colectivos
determinados, sustantivos que designan grupos de elementos cuya naturaleza
conocemos y que, aunque no tienen morfema de plural, son sustantivos que se refieren a
un conjunto de elementos que implican la índole de las personas o cosas que son
unidades del conjunto (familia, que engloba parientes; ejército, que engloba soldados);
y en colectivos indeterminados, cuando se desconoce la naturaleza de los elementos
que lo componen pudiendo ser estos de cualquier tipo (conjunto, fajo, serie, grupo,
docena). Mientras que los individuales se refieren a una sola cosa en singular (perro).

A estos se suman también los abstractos y concretos. Tradicionalmente, se han


definido los sustantivos abstractos como aquellos que denotan cualidades que
atribuimos a los seres u objetos reales, fenómenos, estados pasajeros o procesos
considerados separados, independientes o abstraídos mentalmente (belleza, blancura,
abundancia, vagancia). Por su parte, los concretos son los que se pueden percibir a
través de los sentidos (armario, chicos).

Por otro lado, la NGLE recoge la siguiente clasificación:

Sustantivos de complemento argumental: sustantivos que seleccionan


determinados complementos exigidos por su significado.
- Los que expresan relaciones de parentesco. Ej.: hijo, padre,
suegro, vecino.
- Los derivados de verbos, especialmente en la interpretación de
la acción. Ej.: la destrucción (de Roma).
Sustantivos eventivos o de suceso: acontecimientos que ocurren durante un
tiempo. Ej.: manifestación, conferencia.
Cuantificativos: denotan la cantidad aislada o acotada de una materia. Ej.:
rebanada, ápice, fajo, kilo.
Clasificativos o de clase: incluyen en su significado la noción de clase. Ej.:
clase, suerte, tipo.

4.2. Los pronombres personales

Según varios autores, debería tratarse de forma separada al resto de pronombres-


determinantes, ya que el pronombre personal no acompaña a un nombre, sino que lo

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sustituye. Los pronombres personales funcionan como término primario. Se caracterizan
por referirse a las personas del discurso, por ello, y en tercera persona, sustituyen al
nombre y se refieren a lo enunciado antes. Los pronombres de tercera persona son los
únicos pronombres en el sentido etimológico de palabra que se pone en lugar del
nombre. En realidad, tú y yo no son pronombres personales, como asegura la gramática
tradicional, porque nunca sustituyen a otro nombre. Tú y yo son nombres específicos
con que designamos en un acto de comunicación verbal al emisor y al receptor, sea cual
sea la identidad del hablante y del oyente.

4.2.1. Forma y función

Los pronombres personales presentan formantes constitutivos de género, número y


caso. En esta línea, Alcina y Blecua establecen una distinción entre:

Pronombres personales de mención directa: aluden a las realidades


presentes en el diálogo y no necesitan distinción de género (yo-tú, me-te, mi-
ti, no-os). Por su función se distinguen formas – sujeto (tónicas),
complementarias (átonas) y complementarias tónicas (término de
preposición).
Pronombres personales de mención indirecta: forman un subsistema
emparentado con el artículo. Se adscriben al tercer campo de referencia y
poseen género, número y caso. Presentan formas tónicas: sujeto (él,
ella/ello/ellos, ellas) y complementarias (término de preposición); y formas
átonas: unidad acentual con el verbo en uso enclítico o proclítico (CD-CI).

Una clasificación más clásica de los pronombres sería la de Marcos Marín, quien
habla de los siguientes tipos:

Pronombres sustantivos: son ocasionalmente el centro del SN.


- Dependientes de la significación del coloquio: personales,
posesivos, demostrativos e indefinidos.
- Dependientes del hilo discursivo: relativos e interrogativo-
exclamativos.
Pronombres adjetivos:

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- Dependientes de la significación del coloquio: posesivos,
demostrativos y numerales.
- Dependientes del hilo discursivo: relativos e interrogativo-
exclamativos. Estos forman parte de los pronombres adjetivos
solo con valor de redundancia. Ej.: vino una mujer, qué mujer.
Pronombres adverbios: demostrativos, indefinidos, relativos, interrogativos
y exclamativos.

Aunque la clasificación más tradicional es la siguiente:

Personales: con los que se alude a los personajes del discurso: el que habla,
primera persona; el que escucha, la segunda; y la tercera, que es ajena al
hablante y al oyente. Pueden ser átonos y tónicos.
Demostrativos: los que sitúan temporal o espacialmente a lo aludido (éste,
ése, aquél).
Cuantitativos: aquellos que indican cantidad.
- Indefinidos: permiten cuantificar (mucho, poco) o identificar
(otro, cualquier).
- Numerales, ordinales y cardinales, que indican cantidad u
orden exacto.
Posesivos: sirven para indicar la posesión de una o varias realidades por
parte de cualquiera de las personas que intervienen en el discurso.
Relativos: cuya significación en cada oración depende de la de su
antecedente, que se encuentra en la oración principal.
Interrogativos: se relacionan directamente con los relativos, pero son
tónicos y nunca llevan antecedente (quién, cuál).

Por último, habría que mencionar los casos de leísmo, laísmo y loísmo. El sistema
de pronombres átonos de tercera persona posee gran fijeza, pero desde antiguo se han
producido asimilaciones de unas formas a otras. Las asimilaciones más generales son:

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Leísmo de persona: le etimológicamente es dativo, pero ha pasado a cubrir
también la función de lo como acusativo de persona en género masculino
hasta el punto de que ha sido aceptado por la norma de uso culto.
Leísmo de cosa: el uso de le dativo por lo acusativo de nombre masculino
de cosa siempre ha sido censurado por la Academia. Ej.: *Cógele el
ordenador.
Laísmo: la acusativo por le dativo de nombre femenino se considera
incorrecto. Ej.: *La dije que viniera.
Loísmo: lo acusativo por le dativo se considera incorrecto. Ej.: *Lo vi las
manos sucias.

4.3. Los determinantes

4.3.1. Artículos

En la clasificación de las partes de la oración, la tradición gramatical ha venido


considerando que el artículo constituía una unidad cuyo fin es anunciar el género y el
número de la unidad a la que acompaña. Sin embargo, Alarcos discutió la identificación
del artículo con una parte de la oración, pues, en su opinión, en la estructura oracional
no desempeña ningún papel, no puede considerarse que sea un signo autónomo,
entendiendo por tal aquel que es capaz de desempeñar por sí solo en la estructura
oracional una función determinada.

Así pues, los artículos el/la/los/las no se dan aislados en español, ni desempeñan


ellos solos papel alguno dentro de la oración, pues el artículo es un signo que exige la
presencia de otro con el que se asocia en el sintagma: es un signo dependiente. Por otra
parte, según Alarcos, pertenecen al tipo de signo que se agrupan en paradigmas o
inventarios limitados o cerrados que forman parte del sistema gramatical, en oposición a
los signos léxicos, caracterizados por constituir inventarios abiertos e ilimitados.

Por otro lado, hay que distinguir entre los artículos definidos o determinados
(el/la/los/las) y los indefinidos o indeterminados (un/uno/una/unos/unas). La función
del artículo determinado es delimitar y precisar la referencia, tiene como función
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específica la de actualizar al sustantivo. En cambio, el artículo indeterminado tendría
una función no identificadora, y podría aportar un contenido cuantitativo, numeral no
ordinal o indefinido (una libreta).

4.3.2. Demostrativos

Presentan variación genérica numérica, concordando con el sustantivo al que


determinan. En español forman un sistema ternario que se relaciona con las tres
personas gramaticales: este/esta/estos/estas (primera persona), ese/esa/esos/esas
(segunda persona) y aquel/aquella/aquellos/aquellas (tercera persona). A estos deben
añadirse esto, eso y aquello.

Los demostrativos cumplen una función identificadora. Con ellos se hace referencia
a algo conocido por los interlocutores y que previamente ha sido mencionado o que se
actualiza en virtud del entorno. Pero, además de este valor identificador, los
demostrativos cumplen con una función situativa, pues se vinculan con las personas
implicadas en el discurso y se ubican con respecto a las circunstancias espacio-
temporales del discurso mismo. Esta propiedad situacional es la deixis, y no es privativa
de los demostrativos, pues la comparten también los posesivos, los pronombres
personales y algunos adverbios deícticos, demostrativos o pronominales (aquí, allí, ahí).

Pero no solo se emplean para las referencias espaciales, sino también para la
sucesión cronológica, sea esta de sucesos reales o de lo mencionado en el discurso
lingüístico (anáfora o catáfora). Se opone así, lo cercano al hablante (este) frente a lo
alejado (aquel), comportándose ese como una neutralización de ambas polaridades.

4.3.3. Posesivos

Estos determinantes manifiestan dos formas, una apocopada y otra plena. Las
primeras son prenucleares y átonas, están restringidas a la función de adyacente del
sustantivo, son monosilábicas y presentan únicamente variación numérica en
concordancia con el sustantivo al que determinan. Las segundas son posnucleares y
tónicas o plenas, polisilábicas y manifiestan morfológicamente variación genérica y
numérica.

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Formas apocopadas: mi/mis (primera persona), tu/tus (segunda persona) y su
(tercera persona). Formas plenas: mío/mía/míos/mías (primera persona),
tuyo/tuya/tuyos/tuyas (segunda persona) y suyo/suya/suyos/suyas (tercera persona). En
estas formas, la primera y segunda personas hacen referencia a un único poseedor,
mientras que la tercera a uno o varios poseedores.

Como formas plenas de varios poseedores: nuestro/nuestra/nuestros/nuestras


(primera persona) y vuestro/vuestra/vuestros/vuestras (segunda persona).

4.3.4. Cuantificadores

Bajo esta etiqueta se agrupa una serie de elementos lingüísticos de muy diversa
índole, pero que tienen un punto significativo en común: indicar la cantidad que adopta
el lexema del nombre nuclear. La cantidad que se asocia al nombre puede ser precisa o
aproximativa, de ahí la distinción que frecuentemente se establece entre numerales
(indican un número preciso) e indefinidos (establecen una cantidad imprecisa o
indefinida).

4.3.4.1. Numerales

Se denominan cardinales a una serie teóricamente ilimitada constituida por los


números naturales simples o compuestos: uno, once, veinte. En su caso, lo más
frecuente es la posposición. Precisamente, la posición que ocupan con respecto al
sustantivo y la invariabilidad en la flexión numérica del sustantivo son signos
manifiestos de que un cardinal se emplea como ordinal. Ej.: las diez páginas/la página
diez/*la diez página.

Los ordinales expresan el orden en una sucesión, de modo que no expresan una
cantidad. Concuerdan en género y número con el sustantivo al que modifican. La forma
masculina singular se apocopa ante el sustantivo modificado cuando figura en posición
prenuclear (el primer hombre/el hombre primero).

4.3.4.2. Indefinidos

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Los indefinidos o imprecisos denotan una cantidad no exacta, sin especificar
número. Se dividen en cuantificadores universales o fuertes (todo, cada, ambos y
cualquier) y cuantificadores no universales o débiles (ningún, ninguno, alguno, cierto,
varios, mucho, bastante, demasiado).

En general, los indefinidos suelen preceder al sustantivo, aunque a veces pueden


aparecer postpuestos y aportar un matiz de negación. Ej.: algún chico ha entrado/no ha
entrado chico alguno.

4.4. Complementos del nombre

Se conocen tradicionalmente como complemento del nombre, complemento nominal


o adyacente adnominal los sintagmas preposicionales que modifican al sustantivo. A
diferencia de los determinantes, cuya posición no marcada es la antepuesta al nombre,
los complementos del nombre ocupan invariablemente la posición posnuclear.

En los tratados gramaticales, el estudio de los complementos del nombre ha quedado


reducido generalmente a una lista más o menos exhaustiva de las preposiciones que los
introducen (de, con, sin, contra, para, en, a) y al señalamiento de la relación semántica
que esas preposiciones aportan. Más recientemente, los complementos del nombre se
han subdividido en dos grupos: los sintagmas preposicionales requeridos por la
estructura argumental del sustantivo (miedo de/a algo, por ejemplo) y los sintagmas
preposicionales no requeridos por la estructura argumental del sustantivo, es decir, los
adjuntos (el ordenador de Juan).

Pero no son los sintagmas preposicionales los únicos elementos capaces de


constituirse en argumentos del sustantivo, sino que también se pueden interpretar como
tales los adjetivos, los adverbios, las oraciones completivas o sustantivas en función de
complemento del nombre y las construcciones en que interviene un infinitivo.

4.5. Las aposiciones

El sustantivo puede ser complementado por otro sustantivo o sintagma nominal, al


que se denomina aposición. A partir de Salvá y Bello cobran vigor las etiquetas

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especificativa y explicativa para distinguir los distintos tipos de aposiciones, distinción
que se hace extensiva a las oraciones de relativo y también a los adjetivos.

Las aposiciones especificativas limitan, restringen o especifican el significado del


sustantivo modificado (Cervantes, el autor del Quijote, fue un magnífico escritor),
mientras que las explicativas no limitan ni restringen el significado del sustantivo, sino
que se limitan a explicarlo (un coche bomba ha explotado esta mañana).

Las diferencias que median entre ambas se vinculan con la constitución o no por
parte de las mismas de un único grupo fónico con el sustantivo al que modifican, es
decir, si hay pausa o no entre los dos miembros del sintagma. En el caso de las
especificativas suele hablarse de aposiciones unimembres y, en el segundo, de
aposiciones bimembres.

En las aposiciones unimembres pueden distinguirse tres clases, dependiendo de los


elementos que intervengan en su composición: constituidas por dos nombres comunes,
el primero de ellos determinado mediante el artículo (el rey filósofo), constituidas por un
nombre común y un nombre propio (la calle Sierpes, el río Guadalquivir), y
compuestas solo por nombres propios y apodos (Fidel Castro el comandante).

En las bimembres se distinguen dos tipos: las aposiciones-comentario, que suponen


una clasificación o valoración, y las identificadoras. Las primeras, cuando figuran con
sustantivos sin actualizador, implican una noción categorial (las Indias, refugio y
amparo de los desesperados de España), pero cuando en las aposiciones-comentario se
emplea un se individualiza y se añade un contenido valorativo, haciendo que la
categoría o la cualidad se ponderen de un representante suyo (Triana, un buen barrio).
Por su parte, las identificadoras se construyen con el artículo determinado, los
demostrativos o los posesivos (Juana, aquella empleada de mi colegio).

En cuanto al papel que se asigna a las aposiciones en el SN en que se integran, la


aposición es una estructura formal que indica un contenido semántico-pragmático de
correferencia. Sintácticamente, los términos en aposición son equifuncionales. Puede
quitarse cualquiera de ellos, ya que tienen iguales capacidades. Generalmente son
sustantivos, cláusulas o adverbios.

4.6. Las oraciones de relativo

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Se denominan oraciones de relativo a aquellas unidades oracionales constituidas por
un pronombre, adjetivo o adverbio relativo que actúan, aunque no siempre (como es el
caso de las oraciones de relativo sustantivadas, artículo determinado + que), como
modificadoras de un elemento que se denomina antecedente. La posición que ocupan
con respecto a ese antecedente es la pospuesta.

Su funcionamiento como modificadoras del sustantivo ha llevado a que tanto en las


gramáticas de corte tradicional como en la gramática funcional se equiparen estas
oraciones al adjetivo.

El paradigma de los relativos está integrado por los nexos que, donde, cuando,
como, quien/es, cuyo/a/s/as, el/la cual, los/las cuales y cuanto/a/s/as. Son unidades
dependientes, pues no son capaces de construir por sí mismas un enunciado y, con
excepción de el cual, son átonas.

Por lo que respecta al funcionamiento de los relativos, estas unidades no se limitan a


encabezar la oración de relativo, constituyéndose en nexo marcador de subordinación,
sino que también cumplen una función en el interior de la oración de la que forman
parte. Algunas de las unidades citadas más arriba cumplen exclusivamente la función
encomendada al sustantivo, como quien o el cual. Otras, la del adjetivo, como cuyo, y
otras, la del adverbio, como donde, cuando, como. El invariable que se ha considerado
generalmente integrante del paradigma de los relativos, distinguiéndose del que
conjunción por dos características básicas: la primera de ellas atiende a la función
desempeñada por el que relativo en la oración que introduce, función que no cumple el
que conjunción o que como elemento que se limita a actuar de nexo. Asimismo, el que
relativo es correferente con el antecedente y por ello mismo aquel puede ser sustituido.
Ej.: la señora que vive en el quinto trabaja para mí = la señora vive en el quinto.

Desde la Edad Media se vienen considerando dos tipos de oraciones relativas,


aceptadas generalmente por la tradición gramatical española. La diferencia entre un tipo
de construcción y otra atañe a la diferente modificación que un tipo y otro de oración
establecen con respecto al antecedente: las oraciones relativas especificativas (sin
comas) restringen la extensión de su antecedente y se caracterizan por especificarlo,
mientras que las explicativas (entre comas) no restringen la extensión de su antecedente
y se caracterizan por explicarlo, no por especificarlo, lo que lleva añadido algún otro

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matiz semántico, generalmente de carácter circunstancial, favorecido por el distinto tipo
de contexto.

4.7. Los adjetivos

El adjetivo es una clase heterogénea de palabras que tiene como papel principal el
de ampliar o precisar con una nota la significación del sustantivo. En este sentido, el
adjetivo es un elemento dependiente del sustantivo, es decir, un término secundario.
Puede funcionar en ocasiones como adyacente de otro adjetivo, como atributo o
predicativo, y llega a ser núcleo del sintagma nominal cuando está sustantivado.

Los adjetivos pueden dividirse en dos clases: los adjetivos explicativos o epítetos
pueden acompañar al núcleo del SN sin que sea necesario para diferenciarlo dentro de
su grupo, destacando una cualidad del nombre (la blanca nieve, el frío hielo). Los
adjetivos especificativos acompañan al nombre para seleccionar y diferenciar a la
realidad designada por él de otras posibilidades (dame el abrigo gris, pásame el pan
integral).

En cuanto a su posición, todas las gramáticas españolas desde Bello han señalado
que los adjetivos antepuestos cumplen funciones diferentes a las de los pospuestos. Con
pequeñas diferencias, afirman que el adjetivo pospuesto especifica o diferencia al
sustantivo, mientras que el antepuesto explica o realza. De manera que los explicativos
van antepuestos y los especificativos pospuestos.

Por otro lado, hay una serie de adjetivos, los relacionales, que no pueden aparecer
en cualquier posición. Estos adjetivos expresan una relación entre la denotación de
nombre y otra entidad, tienen una función básicamente clasificadora, y no pueden, por
tanto, anteponerse nunca al nombre. Ej.: la caja torácica, la intervención rusa.

La forma del adjetivo, además del morfema de género y número, propios del
sustantivo, tiene también el morfema de grado. Así pues, puede ser positivo bueno,
comparativo mejor y superlativo óptimo.

5. FUNCIONES DEL SINTAGMA NOMINAL

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De entre todas las funciones que pueden desempeñar los sintagmas nominales,
diremos que la principal es la de sujeto. El principal rasgo distintivo de esta función es
la concordancia con el verbo con el que forma la oración. Ej.: Las gallinas estaban en el
corral/el gallo estaba en el corral. Por supuesto, no podemos olvidarnos aquí de su
función como vocativo: Luis, sube a casa.

Puede funcionar también como complemento directo. Tradicionalmente se ha


definido desde criterios semánticos como el elemento que recibe la acción del verbo, sin
embargo, actualmente se prefieren criterios gramaticales: se considera objeto directo a
todo aquel SN u oración transformada con función de adyacente verbal que responde a
la pregunta ¿qué? y que puede ser sustituido por los pronombres débiles de tercera
persona lo, la, las y los, quedando le/les para los usos leístas.

Asimismo, puede ser un atributo. Se caracteriza por ser un segmento que puede
relacionarse sintácticamente con el sujeto o con el objeto directo, ya que concuerda con
ellos en género y número; aparece únicamente con verbos copulativos, llamados
también atributivos; y se sustituye por el pronombre lo. La función de atributo puede
sustentarse sobre un sintagma nominal simple o sustituido, sobre un sintagma adjetivo,
sobre un sintagma preposicional o bien sobre una oración.

Por último, puede ser también complemento circunstancial. La RAE considera


complemento circunstancial a aquellos elementos que indican el modo o cualquier otra
circunstancia de la significación del verbo, los cuales pueden ser realizados por un
adverbio, un sintagma preposicional, una oración o un acusativo sin preposición. Se
considera un segmento oracional, cuya presencia o ausencia no afecta a la estructura
esencial de la construcción, de gran movilidad, entendiéndose así como un segmento de
cierto valor marginal, puesto que solo contribuye al contenido global de la oración, pero
no a la esencia de la misma. Por otro lado, estos complementos no permiten la
pronominalización, sino que son sustituidos por un adverbio o una locución adverbial, y
pueden aparecer tantos como se deseen, ya que no tienen límite de número en la
oración. No obstante, la construcción de SN con esta función es la menos frecuente;
aparece solo en la expresión de las circunstancias temporales: terminó esta mañana,
llegó el mismo día que Ana.

6. CONCLUSIÓN

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A pesar de las dificultades halladas en un principio para una definición consistente
de sintagma o grupo, este se ha revelado como un elemento fundamental del análisis
sintáctico.

Según la NGLE, las clases de sintagmas son: nominales, verbales, adjetivales,


adverbiales y preposicionales según el núcleo del respectivo sintagma. Realmente son
grupos de palabras que tienen relación sintagmática dentro de una oración. Reciben su
nombre, por lo general, en relación a la categoría gramatical a la que pertenece su
núcleo.

El núcleo del sintagma nominal, además de complementos (adjetivos, sintagmas


preposicionales, aposiciones y oraciones de relativo) puede llevar determinantes y
pronombres. Por su parte, el complemento circunstancial de tiempo puede ser un
sintagma nominal (esta noche), un sintagma preposicional (a la mañana, por unos días)
o un sintagma adverbial (nunca, siempre).

Finalmente, queremos señalar la importancia en clase de trabajar la sintaxis para que


los alumnos comprendan y profundicen en las estructuras de la lengua y su valor
creativo y expresivo. Al margen de las diferentes terminologías y sistemas de análisis
que siempre nos encontramos en las aulas, lo realmente importante será enseñar al
alumnado a apreciar el conocimiento de la estructura que subyace a nuestra lengua.

7. BIBLIOGRAFÍA

- Alarcos, E. (1973). Estudios de gramática funcional del español. Gredos.

- Bosque, I. (1989). Las categorías gramaticales. Síntesis.

- Real Academia Española. (2009-2011). Nueva gramática de la lengua española.


Espasa Calpe.

- Real Academia Española. (2019). Glosario de términos gramaticales. Universidad


de Salamanca.

- Bello, A. (1988). Gramática de la lengua castellana. Arco-Libros.

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