UNIVERSIDAD DE GUANAJUATO DIVISION DE INGENIERIA
JORGE MARIO ESPINOZA ROMO
AMAURY GALLARDO GARCIA
TAREA 17
ENSAYO ID IMT
14/11/2024
NUA. 393631
INTRODUCCIÓN
En el ámbito de la ingeniería civil, la construcción de infraestructuras de transporte representa uno
de los mayores retos en cuanto a diseño y durabilidad. Obras como carreteras, ferrocarriles y
aeropuertos no solo deben soportar cargas significativas de tráfico y peso, sino que también
enfrentan condiciones ambientales cambiantes que pueden afectar la estabilidad de los materiales
sobre los que se construyen. En este contexto, el suelo, como base de soporte, desempeña un papel
esencial en la durabilidad y seguridad de estas infraestructuras. Sin embargo, el suelo no es un
material uniforme; su comportamiento y capacidad para soportar cargas varían ampliamente según
su composición, estructura y estado de compactación. Es aquí donde el proceso de compactación
adquiere una relevancia crítica, al permitir que los ingenieros mejoren las propiedades del suelo y
aseguren que la infraestructura construida sobre él tenga la estabilidad necesaria para resistir tanto
cargas estáticas como dinámicas.
La compactación de suelos es un proceso mecánico diseñado para aumentar la densidad de los
materiales térreos, eliminando el exceso de aire en los espacios vacíos entre partículas. Este
procedimiento no solo refuerza la capacidad del suelo para soportar cargas pesadas, sino que
también reduce su permeabilidad, lo que minimiza el riesgo de erosión y otros daños relacionados
con la acumulación de agua. Al compactar el suelo adecuadamente, se logra una mayor estabilidad
estructural y una menor tendencia al desplazamiento y la deformación, factores cruciales en la
construcción de infraestructura de transporte.
El Instituto Mexicano del Transporte (IMT), consciente de la complejidad y relevancia de este
proceso, publicó el Documento Técnico No. 7, titulado "Consideraciones sobre compactación de
suelos en obras de infraestructura de transporte". Este documento se centra en analizar los
principios, métodos y factores que influyen en la compactación de suelos, y proporciona a los
ingenieros una guía práctica para abordar los diversos desafíos asociados con esta técnica. Más allá
de los aspectos teóricos, el documento del IMT hace un énfasis particular en la aplicación práctica
de los métodos de compactación, brindando a los profesionales de la construcción las herramientas
necesarias para maximizar la durabilidad y seguridad de las infraestructuras en diferentes tipos de
terreno.
Así, este ensayo busca explorar y sintetizar los temas principales del Documento Técnico No. 7,
analizando la importancia de la compactación, el papel del peso volumétrico seco, los métodos de
compactación, los factores clave como la energía y el contenido de agua, y la estructura resultante
de los suelos compactados. A través de este documento, se pretende enfatizar cómo un proceso de
compactación adecuado es crucial para el éxito de los proyectos de infraestructura de transporte,
asegurando que cumplan con los requisitos de durabilidad, seguridad y eficiencia económica.
La compactación de suelos no es solo un requisito técnico; es un proceso que garantiza que el suelo
pueda resistir las cargas de las estructuras de transporte, manteniendo su estabilidad y evitando
deformaciones que puedan afectar la funcionalidad de la infraestructura. Entre los objetivos
primordiales de la compactación está la reducción de la compresibilidad del suelo, lo cual disminuye
su tendencia a deformarse bajo carga. También se busca incrementar la resistencia al esfuerzo
cortante, que permite al suelo soportar mayores presiones sin fallar, y optimizar la estabilidad
volumétrica para que el suelo no se expanda o contraiga de forma significativa en respuesta a
cambios en el contenido de agua.
Además, una compactación adecuada contribuye a la impermeabilidad del suelo, lo que resulta
fundamental para controlar la erosión y reducir la susceptibilidad del suelo a ser afectado por el
agua. La permeabilidad controlada es especialmente relevante en zonas donde las variaciones
climáticas generan riesgos de saturación de los suelos. Este control también minimiza el riesgo de
pérdida de resistencia del suelo cuando se expone a la humedad, lo que es vital para garantizar la
durabilidad de obras de transporte que estarán sometidas a cargas continuas durante su vida útil.
El peso volumétrico seco es una medida estándar que permite a los ingenieros evaluar la densidad
alcanzada en un proceso de compactación, tanto en el laboratorio como en el campo. En el contexto
de la construcción de infraestructuras, este parámetro actúa como un índice práctico de control para
asegurar la calidad del trabajo realizado por los contratistas. Sin embargo, el documento alerta sobre
los problemas derivados de confiar excesivamente en este valor como el único indicador de calidad,
especialmente en suelos arcillosos o con alto contenido de finos. La sobrecompactación, definida
como la aplicación excesiva de energía de compactación que resulta en una estructura de suelo
demasiado densa y rígida, puede provocar problemas como la expansión del suelo al absorber agua
o el agrietamiento bajo cargas variables.
En su análisis, el IMT enfatiza que la sobrecompactación puede llevar a una serie de problemas
indeseables, entre ellos, el aumento de la susceptibilidad del suelo al agrietamiento y la inestabilidad
cuando se somete a cambios de humedad. En suelos arcillosos, por ejemplo, una compactación
excesiva puede hacer que el suelo se vuelva altamente expansivo, lo que aumenta el riesgo de
deformaciones que pueden comprometer la estabilidad de la estructura de transporte en
condiciones de campo.
Métodos de Compactación en campo y laboratorio.
Existen diversos métodos de compactación, cada uno con aplicaciones específicas y características
que deben ajustarse a las condiciones del suelo y los objetivos del proyecto. En este sentido, el
documento detalla cuatro métodos principales: compactación por amasado, presión, impacto y
vibración. Cada técnica de compactación tiene un efecto diferente en la estructura del suelo y, por
ende, en sus propiedades mecánicas. En el laboratorio, los ingenieros realizan pruebas para
determinar el mejor método para un tipo específico de suelo, y en campo deben adaptar estas
técnicas según el equipo disponible y las condiciones del terreno.
La compactación por amasado, comúnmente realizada con rodillos, es útil para suelos cohesivos, ya
que permite romper la estructura original del suelo y reorganizar sus partículas para alcanzar una
densidad deseada. Por otro lado, la compactación por impacto utiliza golpes para aumentar la
densidad, una técnica eficiente en suelos granulares. La vibración es particularmente útil en suelos
arenosos, donde las partículas tienden a reacomodarse de manera más uniforme bajo vibraciones.
La selección del método adecuado es crucial, ya que una elección inapropiada puede llevar a una
compactación ineficaz, generando costos adicionales y afectando la estabilidad a largo plazo de la
estructura.
Factores Clave en la Compactación.
La energía de compactación y el contenido de agua son factores determinantes en el proceso de
compactación. A medida que se incrementa la energía aplicada, es posible lograr densidades más
altas en el suelo, pero esto debe realizarse en equilibrio con el contenido de agua. La humedad
óptima es esencial para que la compactación sea eficiente, permitiendo que las partículas del suelo
se deslicen y reacomoden con mayor facilidad. Si la cantidad de agua es insuficiente, el suelo no
alcanzará su máxima densidad y, si es excesiva, se vuelve difícil compactarlo debido a que el agua
puede actuar como un lubricante que reduce la fricción entre las partículas.
El documento del IMT señala que los ingenieros deben ajustar la cantidad de agua en función de la
energía de compactación que se aplicará. En la práctica, la humedad óptima varía con el tipo de
suelo y el método de compactación utilizado, por lo que es necesario realizar pruebas de campo
para ajustar estos factores y obtener el mejor resultado posible. Un control adecuado del contenido
de agua permite también minimizar la sobrecompactación y evitar la creación de suelos
excesivamente densos que puedan volverse inestables ante la humedad.
El tipo de estructura que adopta un suelo compactado es un reflejo de los métodos y condiciones
de compactación, y esta estructura tiene un impacto directo en sus propiedades mecánicas. Los
suelos arenosos y de grano grueso tienden a formar estructuras simples y estables, lo que los hace
ideales para soportar cargas sin deformarse excesivamente. En contraste, los suelos finos y arcillosos
desarrollan estructuras más complejas, con partículas que tienden a organizarse en patrones de
orientación o floculación, dependiendo de las fuerzas electromagnéticas entre las partículas y el
contenido de agua en el suelo.
El documento del IMT destaca la importancia de considerar estas estructuras, ya que afectan la
resistencia y la capacidad de carga del suelo. Las estructuras altamente orientadas suelen ser más
compresibles y menos resistentes, mientras que las floculadas, formadas por partículas dispuestas
en ángulos, ofrecen una mayor estabilidad. Comprender estas diferencias estructurales permite a
los ingenieros diseñar métodos de compactación que maximicen la estabilidad y minimicen el riesgo
de deformaciones a largo plazo, especialmente en suelos arcillosos o con partículas laminares.
Conclusión
El Documento Técnico No. 7 del Instituto Mexicano del Transporte subraya la importancia de un
enfoque técnico y cuidadoso en la compactación de suelos. En la construcción de infraestructura de
transporte, la compactación adecuada no solo contribuye a la estabilidad de la estructura, sino que
también permite reducir costos y prolongar la vida útil de las obras. Para alcanzar estos objetivos,
los ingenieros deben considerar una variedad de factores, desde el método de compactación y la
energía aplicada hasta el contenido de agua y el tipo de suelo.
Cada decisión en el proceso de compactación tiene un impacto significativo en el comportamiento
del suelo bajo condiciones de carga y exposición a la humedad. Este documento ofrece no solo una
guía técnica, sino también un recordatorio sobre la necesidad de adaptar las prácticas de
compactación a las condiciones específicas del terreno y los requerimientos de cada proyecto. Así,
mediante una compactación controlada y adecuada, es posible crear bases sólidas y duraderas para
las infraestructuras de transporte, garantizando que estas puedan cumplir su función en el tiempo y
bajo diversas condiciones ambientales.
Bibliografía
Instituto Mexicano del Transporte. Consideraciones sobre compactación de suelos en obras de
infraestructura de transporte. Documento Técnico No. 7. Sanfandila, Querétaro: Instituto Mexicano
del Transporte, 1992.
Rico Rodríguez, Alfonso y Hermilo del Castillo Mejía. Consideraciones sobre compactación de suelos
en obras de infraestructura de transporte. Instituto Mexicano del Transporte, 1992.