Tema 3.
Igualdad
La triple dimensión de la igualdad. Pluralidad de normas
Pluralidad de normas de igualdad
François Luchaire escribió: “la igualdad ya no es un principio revolucionario, sino un rompecabezas”.
La afirmación deriva de que la igualdad no se consagra en una única norma, sino en un conjunto de
reglas y principios diversos cuya aplicación puede llevar a resultados contradictorios.
No siempre es sencillo resolver que regla conviene seleccionar, ya que son muchas las variantes de
igualdad que la Constitución contempla en sus artículos. También la Carta de Derechos
Fundamentales de la Unión, Capítulo III, contiene hasta siete normas de igualdad. Asimismo, hay una
protección dentro del sistema del Convenio Europeo, articulo 14 CEDH y protocolo 12.
Las diferencias deben justi carse, la igualdad se presume
Isaiah Berlín nos enseñó que: “la igualdad no necesita justificación, sólo la desigualdad la requiere”.
Quien crea grupos y establece diferencias debe justificarlas. La sociología ha demostrado que crear
grupos sociales entraña siempre el riesgo de generar desigualdades. Por el contrario, la igualdad de
trato se presume y no necesita justificación.
La triple dimensión de la igualdad como valor, principio y Derecho
En nuestro ordenamiento la igualdad es 3 cosas:
En primer lugar, un valor superior del ordenamiento jurídico que informa la actuación de los poderes
del Estado y constituye un fundamento del orden político y jurídico (art. 1.1 CE).
La igualdad de los ciudadanos ante la ley (art. 14 CE) es un principio liberal. Se alcanzó con las
revoluciones del siglo XVIII y XIX, y el posterior constitucionalismo. En la situación previa, el Antiguo
Régimen del absolutismo se caracterizaba por la consagración de la desigualdad dentro de una
constitución histórica. En cambio, el liberalismo propugnó unos solos códigos para toda la nación y la
universalidad y generalidad de la ley. Así, podemos decir que la igualdad ante la ley es un postulado
del constitucionalismo.
Posterior en el tiempo es la idea de igualdad sustancial o real (art. 9.2 CE), que implica que los
ciudadanos no deben ser sólo iguales ante la ley, sino en la realidad social. Reclama una igualdad de
posibilidades así como de resultados. Conforme al art. 9.2 CE, los poderes públicos deben promover
las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean
reales y efectivas. No es una igualdad de trato normativo, sino que reclama tratar de forma distinta a
los que no son iguales en la realidad, y avanzar dictando medidas hasta que lo sean.
Sin embargo, esta igualdad del art. 9.2 CE no entraña un verdadero derecho subjetivo, plenamente
accionable ante los tribunales por sus titulares. Es un principio jurídico que debe ser rellenado de
eficacia por los poderes públicos al ritmo que sea posible avanzar.
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En el contexto del art. 14 CE, la igualdad es, en cambio, un verdadero derecho subjetivo. El precepto
alberga dos normas relativamente independientes, pero que no pueden disociarse totalmente: la
igualdad de trato normativo y la prohibición de la discriminación.
La igualdad como derecho reactivo
La igualdad ante la ley del art. 14 CE permite generar una reacción defensiva de sus titulares frente
agresiones normativas. Entraña una situación jurídica activa susceptible de tutela judicial y de recurso
de amparo ordinario, así como de un recurso de amparo constitucional, teniendo también acceso
directo al TEDH.
Un derecho relacional
Algunos autores sostuvieron que la igualdad no es un verdadero derecho subjetivo, porque carece de
un objeto propio y puede proyectarse sobre cualquier relación jurídica. ciertamente, la igualdad no
tiene en sí misma in objeto, sino que necesariamente demanda un término de comparación y
establecer una relación con otro. Es un derecho relacional antes que sustantivo, ya que únicamente
tiene sentido en una concreta relación jurídica.
Una cláusula de cierre del ordenamiento jurídico
Tiene también la igualdad un acusado carácter expansivo y transversal. Se proyecta en toda clase de
normas en un ordenamiento jurídico.
La igualdad de trato normativo es un modo de entender el ordenamiento jurídico y de interpretarlo,
ya que obliga tanto a escribir las normas como a aplicarlas impidiendo desigualdades de trato
injustificado en cualquier materia. Por eso, solo la desigualdad requiere justificación en un Estado de
Derecho, pudiendo por ello calificarse la igualdad como una norma de cierre del ordenamiento
jurídico.
El juicio de igualdad y los hechos
A la par, la igualdad introduce los hechos en el juicio de constitucionalidad y los lleva a la jurisdicción
constitucional, que ya no puede ser simplemente un control de las normas abstractas y generales.
La igualdad se apoya en argumento e ingredientes fácticos que impone cualquier debate sobre un
término de comparación.
La paradoja de la igualdad
No es fácil determinar que clase de igualdad conviene elegir. Cuanta mas igualdad de trato normativo
creemos, puede que acabemos por dañar la igualdad real entre los destinatarios de la medida. Por otro
lado, mucha igualdad real puede acabar por transgredir la igualdad ante la ley.
Esta dificultad en la selección de la norma es la que hace de la igualdad un rompecabezas.
La igualdad del art. 14 CE sin la compensación y equilibrio que el art. 9.2 CE le ofrece puede ser
formalista y carecer de realismo y eficacia en un Estado social. Pero ciertas diferencias de trato
basadas exclusivamente en la lógica del art. 9.2 CE pueden acabar por lesionar la igualdad del art. 14
CE. Por ello, es necesario un equilibrio que no pierda de vista la dimensión unitaria del valor de la
igualdad.
Igualdad en la ley. Prohibición de discriminación y equiparación
La igualdad como concepto unitario
Pese a los distintos tipos y normas de igualdad que existen, la igualdad entraña un único valor y es un
concepto jurídico global. Es necesario mantener esta perspectiva para no incurrir en disfunciones o
contradicciones. El riesgo de las normas de igualdad es crear demasiadas subdivisiones que nos
impidan mantener un concepto unitario.
Una misma ley para toda la nación: La generalidad de la ley. Leyes descentralizadas y leyes
singulares
La igualdad de trato normativo supone la desaparición de las leyes personales por razón de estamento
o territorios, de manera que la misma ley se aplica a todos los ciudadanos independientemente de su
lugar de nacimiento o de su condición social.
El concepto liberal y democrático de ley parte de una equiparación entre la igualdad y la legalidad.
Ese alcance está en el origen de la generalidad de la ley. Pero esta situación se ha transformado
notablemente en virtud de la descentralización de los ordenamientos en entes territoriales mediante
las distintas variantes de federalismo.
La descentralización conlleva una pluralidad de leyes y de ordenamientos infraestatales e
inevitablemente, junto al pluralismo, genera ciertas dosis de desigualdad. Además, la ley ya no puede
ser siempre general en un Estado social. Existen leyes medidas, encaminadas a resolver un problema
concreto mas que a introducir una regulación general, así como leyes singulares, para un colectivo
reducido de destinatarios en función de diversas circunstancias.
Situaciones de hecho sustancialmente iguales demandan normas iguales. El juicio
de igualdad
La igualdad ante la ley obliga a que situaciones de hecho sustancialmente iguales reciban normas
iguales. Formulada la tesis como una prohibición, impide tratas desigualmente a los iguales. De esta
manera, se veda favorecer a un colectivo de personas y discriminar a otro siendo esencialmente
iguales.
Los supuestos de hecho son iguales cuando sustancialmente lo son todos y cada uno de sus elementos.
Pero no es precisa una absoluta identidad, ya que igual no es idéntico. Puede haber pequeñas
diferencias fácticas que resulten irrelevantes a los efectos del juicio de igualdad y de la norma que se
pretende aprobar.
No existe un derecho a que las normas traten igualmente situaciones desiguales.
Ante situaciones de hecho distintas, la ley puede diferenciarlas, pero puede también equipararlas, en
particular, si cree que la lógica realista del art. 9.2 CE puede operar o requiere remover obstáculos.
Es una opción del legislador tras un juicio de valor. El legislador debe analizar las situaciones y, si son
iguales, debe tratarlas igualmente, pero si son desiguales, puede optar por tratarlas desigualmente o
por equipararlas, si existe razón objetiva para ello.
La prohibición y el juicio de discriminación
Cláusula General de igualdad y prohibición de discriminación
En el art. 14 CE, se encuentra también una cláusula prohibitoria de discriminación, además de la
igualdad de los españoles ante la ley.
Muchos autores creen que la igualdad de trato normativo y la prohibición de discriminación son cosas
distintas. Sin embargo, otros creen que son cuestiones difícilmente separables, porque cuando la ley
no trata igual a una persona que a otra, sin justificación racional alguna, lo está agraviando o
discriminando.
La Carta de Derechos Fundamentales de la Unión parece abonar el primer entendimiento, porque
dedica a la igualdad el Capítulo III y regula ambas cosas en preceptos diferentes. También el Convenio
Europeo de Derechos Humanos formula autónomamente una prohibición de discriminación.
Preferencias subjetivas, odiosas o sospechosas. Justi cación reforzada. Inversión de
la carga de la prueba de la diferenciación
El art. 14 CE establece una prohibición de establecer diferencias odiosas y socialmente injustificables.
La CE menciona unos criterios personales y advierte del riesgo de su uso para sentar diferencias, en
cuanto conllevan el riesgo de que creen preferencias desprovistas de una justificación objetiva y, por
ello, constitutivas de discriminación. Pero realmente no se prohíbe al legislador ni a otros poderes
públicos y privados sentar distinciones fundadas en esos criterios, sino hacerlo de manera desprovista
de una justificación constitucionalmente aceptable.
Por eso, quien crea la diferencia debe justificarla, y es legítimo, en un control de constitucionalidad de
una norma, que quien la enjuicia invierta la carga de la prueba y pida a su autor que la justifique.
Pautas para un juicio de discriminación. El juicio de proporcionalidad
El juicio de discriminación puede reconducirse a un juicio de proporcionalidad. Es necesario indagar el
criterio y el fundamento de la diferencia del trato normativo.
El criterio es la condición de la que arranca la diferenciación, mientras que el fundamento es la razón
de la diferencia y debe fundarse en criterios objetivos.
Tanto el criterio como el fundamento deben ser constitucionalmente legítimos y conformes con las
obligaciones internacionales ratificadas por España.
Estas 2 pautas se reconducen al juicio sobre la legitimidad del fin al que la ley atiende.
Previamente, debe precisarse a menudo el colectivo de destinatarios de la norma. La Constitución no
exige la generalidad de la ley, pero las leyes que no afectan a la generalidad de los ciudadanos deben
justificar su excepcionalidad mediante razones objetivas.
Admitido el fin, debe resolverse si la interferencia que la ley adopta es una medida necesaria en una
sociedad democrática, o si, por el contrario, el mismo fin puede alcanzarse mediante otra medida
equivalente que inflija un sacrificio menor a los afectados.
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Finalmente, habrá de verse un juicio de proporcionalidad en sentido estricto, y determinar si la
medida guarda una relación lógica o proporción.
En suma, la medida debe ser congruente con el fin, necesaria y no infligir un sacrificio
desproporcionado.
Discriminaciones directas o indirectas
A partir de las revueltas de las personas afrodescendientes en Estados Unidos en los años 60 del
pasado siglo, los órganos judiciales de ese país elaboraron varias categorías de Derecho
antidiscriminatorio que hoy se recogen en el ordenamiento español. Entre ellas destacan la
discriminación directa y discriminación indirecta.
La discriminación directa está prevista en una norma o medida que contiene expresamente un trato
diferenciado y menos favorable para una persona o ciertos colectivos con respecto de otras en una
situación análoga y carente de discriminación.
La discriminación indirecta no está enunciada de manera expresa en la norma o medida, que aplica
aparentemente un criterio o práctica neutro, pero se produce como consecuencia necesaria de la
aplicación de la misma a una persona o grupo sin que exista una justificación razonable.
Actualmente, estos conceptos son utilizados también en la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la
Unión Europea y del Tribunal Constitucional español.
La reparación de la discriminación. La pari cación o equiparación
La reparación consiste en extender a la mujer lo que se prevé para el hombre, equiparando a la mujer
en su situación jurídica a la del varón. Son casos en los que la diferencia de trato normativo crea una
discriminación por razón de género, desprovista de justificación, y la reparación de la lesión se hace
parificando o igualando a la mujer agraviada con el varón. La equiparación impone el mismo trato
normativo a ambos términos de comparación.
Igualdad real o de resultados. El principio de compensación.
Acciones positivas.
Una igualdad real, dinámica y promocional. Una norma de nes.
El art. 9.2 CE señala un horizonte para los poderes públicos en su actuación.
Una igualdad dinámica y promocional contempla tres tipos de acciones: promover la libertad y la
igualdad real y efectiva, remover obstáculos, y facilitar la participación de los ciudadanos.
Esta norma de principios completa el art 14 CE, que tiende a petrificar o congelar las situaciones
sociales existentes, y fija a los poderes públicos unos objetivos más dinámicos e inherentes a un Estado
social, entre ellos, compensar a los grupos marginados o desfavorecidos. Es pues, también, una norma
de fines o de dirección política de Estado.
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Principio de compensación
Adoptar medidas que favorezcan a los marginados, aquellos que no son libres ni iguales al resto de los
miembros de una comunidad, para que salgan de su desigualdad real, obliga a utilizar un principio de
compensación , no de mera equiparación o parificación.
Compensar es impulsar en opuesto sentido al de la marcha o tendencia histórica de las cosas para
igualar de forma real y efectiva a unos con otros.
Estas acciones positivas y promocionales son a menudo más discutibles que las equiparadoras. Pero es
indiscutible que el art. 9.2 CE exige medidas diferenciadoras a fin de igualar a los grupos
desfavorecidos en sus condiciones sociales con los ubicados en mejor posición.
Acción positiva
Son medidas de compensación que favorecen a un determinado grupo, pero no perjudican a otro. Son
menos controvertidas.
Se consideran acciones positivas las diferencias de trato orientadas a prevenir, eliminar y compensar
cualquier forma de discriminación o desventaja, y deben ser razonables y proporcionales.
Discriminación inversa
Conceden una reserva, preferencia o ventaja a un grupo sobre otro y de algún modo lo discriminan,
por más que la diferenciación tenga una justificación razonable para remover la situación de
desigualdad o desventaja del grupo ahora favorecido.
Su anclaje en el derecho de la unión
La Carta de Derechos Fundamentales de la Unión prevé en su art. 23 que la igualdad entre hombre y
mujeres no impide el mantenimiento o la adopción de medidas que ofrezcan ventajas concretas en
favor del sexo menos representado.
También el art. 26 alude a la integración de las personas con discapacidad y establece que la Unión
reconoce y respeta el derecho de estas personas a beneficiarse de medidas que garanticen su
autonomía, su integración social y profesional y su participación en la vida de la comunidad.
Ambas normas vienen a otorgar un anclaje a estas medidas en el derecho de la Unión.
Ley de igualdad efectiva. Abanico de medidas, transversalidad y políticas públicas
La Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de hombres y mujeres atiende a la
consecución de igualdad sustancial entre ambos sexos prácticamente en la totalidad del ordenamiento
jurídico.
Para ello utiliza distintas técnicas como son el recurso a acciones positivas y a medidas de
discriminación positiva a favor de la mujer, pero también la formalización de políticas públicas.
La Ley arranca de la insuficiencia de la igualdad formal y afirma que la igualdad real entre sexos es
una tarea pendiente que reclama acciones promocionales y medidas antidiscriminatorias.
Ley 15/2022 de 12 de julio, integral para la igualdad de trato y la no
discriminación
Viene a transponer diversas directivas de la UE de Derechos antidiscriminatorios, y desarrolla con
carácter general el derecho de toda persona a la igualdad de trato y no discriminación, ampliando los
contornos del art. 14 CE y los motivos prohibidos de discriminación.
Se aplica al sector publico y a las personas físicas o jurídicas que se encuentren en territorio español.
Es, además, una ley pedagógica o profesoral que contiene definiciones de las diversas variantes de
discriminación.
Cuotas electorales. Principio de composición equilibrada
La importante STC 12/2008 declaró la constitucionalidad de la reforma de la Ley Orgánica de
Régimen General Electoral.
La medida comporta la introducción del principio de composición equilibrada de mujeres y hombres
de forma que en el conjunto de la lista los candidatos de cada unos de los sexos supongan como
mínimo el cuarenta por ciento.
La LOREG, en cuanto a ley básica, permite así mismo que las leyes de las CCAA favorezcan una mayor
presencia de mujeres en las candidaturas de las Asambleas territoriales con distintas técnicas como
puede ser el efecto cremallera, situando en una secuencia continuada y sucesiva hombre y mujer.
Ley de dependencia y vulnerabilidad
La Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de promoción de la autonomía personal y atención a las
personas en situación de dependencia afirma en su exposición de motivos que el reto es atender a
aquellas personas en situación de especial vulnerabilidad, porque requieren apoyo para desarrollar las
actividades esenciales de la vida diaria.
La igualdad en la ley como limite al legislador
La libertad de con guración normativa del legislador
En el art. 14 CE hay tres cosas conceptualmente distintas pero inseparables: la igualdad de trato
normativo entre iguales, la prohibición de la discriminación y, en lo que ahora atañe, la igualdad en la
ley como limite al legislador.
La igualdad del art. 14 CE no sólo es un derecho subjetivo, sino que es un límite a la actuación de
todos los poderes públicos. Juega especialmente respecto del legislador por su intensa libertad de
configuración normativa.
La igualdad de trato normativa se proyecta dentro de la ley. La ley no puede tratar arbitrariamente a
sus destinatarios de manera desprovista de justificación.
El legislador ya no es soberano y no puede hacer cualquier cosa, ya que viene limitado por las normas
constitucionales y, en especial, los derechos fundamentales, la igualdad entre ellos.
Los derechos fundamentales en general y, en particular, la igualdad en la ley limitan la labor del
legislador y, de alguna manera, la racionalizan u objetivan.
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El control de constitucionalidad
La igualdad genera un margen de incerteza normativa o vaguedad. Sobre este complejo escenario se
proyectan bastantes enfoques filosóficos y doctrinales, distintos en sus matices, pero en buena medida
coincidentes:
- La igualdad expresa criterios materiales de justicia. Afirmación que lleva a plantearse la injusticia de
la ley, y que corre el riesgo de desembocar el control de constitucionalidad normativo en una
confrontación fundada en los valores y argumentos del iusnaturalismo clásico.
- La igualdad prohíbe leyes ad personam. Las leyes deben ser abstractas y generales en la fijación de
sus destinatarios. Esta aproximación garantiza objetividad frente al intento de redactar las leyes a la
vista de concretas personas o colectivos a los que simplemente pretende beneficiarse.
- La igualdad conlleva un juicio de proporcionalidad y la interdicción de la arbitrariedad. La
prohibición de la arbitrariedad obliga a revisar los fines mientras el principio de proporcionalidad
atiende a la necesidad de la medida y a su proporción.
- La igualdad obliga al juzgador a revisar la supuesta igualdad de los supuestos de hecho.
La igualdad en la ley, entendida como límite a la actuación del legislador, refuerza el control de
constitucionalidad y lleva la lógica del art. 14 CE al parámetro de control.
Igualdad en la aplicación judicial y la doctrina del precedente
Otra virtualidad de la comprensión de la igualdad como límite para la actuación de los poderes
públicos es su proyección sobre la aplicación de la ley por los órganos judiciales.
Pero la construcción jurisprudencial vigente es problemática. Es una formula que trata de impedir
pronunciamientos judicial arbitrarios o selectivos, carentes de una justificación racional y objetiva.
En un Estado de Derecho, una aplicación igualitaria de las leyes reclama que se aplique a todos por
igual, con independencia de sus condiciones personales. Pero cuando un órgano judicial, unipersonal o
colegiado dicta una sentencia injusta, parcial, o técnicamente incorrecta, en realidad no está violando
necesaria y directamente la igualdad.
No hay igualdad en la ilegalidad.
El TC ha sostenido reiteradamente que no existe un imposible derecho a la igualdad en la igualdad, de
manera que a quien se aplique la ley no puede considerar violado este principio por el hecho de que
no se aplique a otros que asimismo han incumplido.
Del mismo modo, la posible impunidad de unos no conlleva la impunidad de otros que han
participado en los mismos hechos.
Principio de igualdad e independencia judicial. Revocación de precedentes
Que la homogeneidad en la interpretación sea un objetivo que alcanzar en un Estado de Derecho, para
alcanzar la seguridad jurídica, es cosa fuera de toda duda, pero la consecución de este objetivo ha de
lograrse sin mengua de la independencia judicial, que es también un componente del Estado de
Derecho.
Por eso, las diferencias en la interpretación de las normas entre tribunales, o incluso los cambios en las
exégesis de las normas legales o reglamentarias por un mismo órgano judicial no pueden considerarse
en sí mismas lesivas del derecho a la igualdad.
Requisitos jurisprudenciales para la invocación de la igualdad en la aplicación
judicial: Un idéntico órgano y un término de comparación
El intérprete supremo exige dos requisitos para enjuiciar una violación de la igualdad en la aplicación
judicial de la ley: la igualdad de las situaciones de hecho y que se aporte un término de comparación
dictado previamente por el mismo órgano judicial.
Cada órgano judicial solo puede ser comparado consigo mismo. Además, debe aportarse un término
de comparación que enjuicie los mismos hechos y el derecho aplicado, una igualdad de supuestos, y
que acredite un cambio de criterio inmotivado.
Stare decisis y precedente: Incertidumbre jurisprudencial y seguridad jurídica o
proceso equitativo
La jurisprudencia del TC sobre la igualdad en la aplicación judicial de la ley, la exigencia de esos 2
requisitos, igualdad de los supuestos y aportación de un término de comparación de un mismo órgano
judicial, parece realmente conectar con la doctrina del precedente y la aplicación del principio stare
decisis.
Las violaciones de este principio y variantes de la igualdad que la Constitución no prevé
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expresamente, pueden colgarse en el principio de seguridad jurídica, que no accede al recurso de
amparo constitucional porque no es un derecho fundamental, y quizá ello explique la algo artificiosa
construcción del TC que reconoce el argumento del art. 14 CE, que si es susceptible de invocación por
los justiciables en un recurso de amparo.
En este sentido, la STEDH Iordan Iordanov y otros contra Bulgaria, entre otras, ha reconducido la
desigualdad en la aplicación de la ley a la violación del principio de seguridad jurídica por la
incertidumbre que genera en la aplicación de los preceptos legales, estimando violado el derecho a un
proceso equitativo.
Igualdad de género y perspectiva de género
¿Género o sexo?
Aunque en las principales declaraciones internacionales de derechos y en las constituciones se utiliza
la expresión “igualdad y no discriminación por razón de sexo”, los estudios más recientes en las
ciencias sociales utilizan la expresión género en lugar de “sexo” al ser más comprensiva de la realidad
del fenómeno.
El término “sexo” denota la diferenciación biológica y orgánica entre hombres y mujeres, mientras que
la expresión “género” se refiere a una realidad más amplia, a la construcción simbólica de un conjunto
de atributos sociales y culturales asignados a una persona a partir del sexo al que pertenece.
La perspectiva de género: un paso adelante en la igualdad real
Se han consolidado en el ordenamiento jurídico expresiones como son igualdad de género y
perspectiva de género.
Se ha puesto de manifiesto que el concepto de perspectiva de género es difícil de definir y se presta a
confusión. La Plataforma de Acción de Beijing insistió en la necesidad de tener en cuenta el impacto
de género antes de que las decisiones políticas sean adoptadas. Se trata de que los procesos políticos
de toma de decisiones tengan en cuenta las diferentes consecuencias que esas decisiones públicas
tienen en los hombres y en las mujeres. Unas diferencias debidas a las relaciones desiguales de poder
establecidas entre los géneros desde hace miles de años y a la situación subordinada de las mujeres en
la mayor parte de las sociedades, organizadas por un sistema de patriarcado.
La adopción de la estrategia de perspectiva de género supone un paso más en la consecución de la
igualdad real. Si antes se trataba de establecer políticas públicas sectoriales para conseguir la igualdad
material, se trata ahora de seguir una estrategia más global que implica a todas las políticas publicas
para comprobar cual es su incidencia real en las relaciones entre hombres y mujeres, es decir, si
tienden realmente a la consecución de la igualdad de derecho y en qué grado.
La metodología de indicadores segregados
El objetivo de esta técnica es llevar los conceptos de igualdad de género a los principales ámbitos
de la sociedad para conseguir la igualdad de derechos entre mujeres y hombres.
Para ello es muy importante comprender la realidad de las relaciones de género. Un instrumento muy
útil a estos efectos son las estadísticas e indicadores segregados por sexo o género. Estos datos
permitirán conocer los efectos reales de cualquier medida legislativa o política que se pretenda
implantar. Ello deberá ir acompañado de mecanismos de supervisión y evaluación de cada una de
estas medidas.