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“Incarnatus est”
Estructura sacramental tambien en tiempo de Covid.
Ante las palabras “Incarnatus est”, - “y se encarnó”- caemos
de rodillas ante el misterio. Muchas de las grandes creaciones de
la música religiosa, llenas de fervor religioso, aplicaron aquí todos
los recursos de su inspiración para hacernos vivir este momento
(cf J.-A., JUNGMANN, Missarum Sollemnia, trad. Española, 589)
Nosostros caemos de rodillas en las Solemnidades de la
Anunciación y de la Navidad (cf IGMR 137) cuando rezamos o
cantamos estas palabras del Credo: Incarnatus est, o hacemos una
inclinación profunda cada Domingo y solemnidad, al rezar: y por obra
del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen y se hizo hombre (cf
IGMR 137 y 275 b). Estas palabras son clave para la Teología de la
Liturgia y que, como recuerda Joseph-Andreas Jugmann, muchos
compositores de música religiosa, han sido muy creativos en este
momento del Credo. Mozart en la Gran Misa en Do Mayor dedica ocho
minutos en este momento del Credo, ocho minutos para una sola
frase: et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo
factus est -se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen y
se hizo hombre-, en un andante delicioso que recuerda a una canción
de cuna.
La Encarnación -el incarnatus est- es el dato teológico clave para
comprender nuestra estructura sacramental. Según SC 97-98: gracias
al Misterio de la Encarnación en la liturgia se ejerce la obra de nuestra
redención. La Liturgia es la encarnación continuada de la acción de
Dios en nuestra humanidad por el Espíritu Santo.
Debemos reflexionar hoy cómo nuestras celebraciones parten de
este principio teológico. Por ejemplo, la crisis del Covid ha afectado
nuestras celebraciones litúrgicas, concretamente en este tema
teológico fundamental. La liturgia eucarística es una experiencia
corpórea. Esto nos lleva a muchas preguntas respeto a nuestras
liturgias on line o de manera virtual que hemos visto y celebrado en
este tiempo de pandemia: ¿cómo podíamos celebrar la eucaristía sin
el contacto físico entre el cuerpo sacramental eucarístico y el
eclesial?
1. La crisis del Covid: revelación de la potencialidad de la
Encarnación
Debido a la pandemia del Covid 19, nuestras celebraciones no
siempre han podido respetar este principio teológico. Nuestras
celebraciones se han visto afectadas, así mismo como, los
encuentros, las manifestaciones y las reuniones que, por razones
sanitarias, han quedado limitadas en el aspecto material, físico y
2
presencial, a una mínima expresión. La regulación de estos
encuentros vino de las autoridades civiles y sanitarias. La Iglesia tubo
también que establecer una normativa para las celebraciones
litúrgicas1.
Es verdad que esta situación social y eclesial ha llevado, a buscar
un “plan de continuidad” de las celebraciones eclesiales con mucha
imaginación, ya que las restricciones afectan realmente a la
estructura sacramental del cuerpo eclesial. Así se dieron diversas
modalidades de celebrar la Eucaristía y de algunas celebraciones
litúrgicas, que hoy dia, habría que observar atentamente con una
“vigilancia teológica”2. Unas celebraciones que deben ser vistas en
aquellas circunstancias como muy excepcionales, pero que ahora, se
pueden convertir en usuales. La multiplicación de retrasmisiones de
eucaristías a todas horas, de la exposición del Santísimo de forma “on
line”, como si se tratara de un “self service” eucarístico, presenta
muchas dificultades teológicas. Esto puede llevar a una concepción
equivocada de la Eucaristía: donde el cuerpo eclesial y el cuerpo
sacramental no se encuentran.3
El tema es de mucha actualidad y densidad. Ya en las Jornadas de la
Asociación española de Profesores de Liturgia, celebradas en agosto
de 2021 en Santiago de Compostela, estudiamos un tema que afloró
de nuevo en esta situación de crisis sanitaria: la misa sin pueblo. Allí
ya subrayamos las serias implicaciones del tema. Como escribe
Antoine Vidalin:
(…) des messes télévisées habituellement retransmises (…) sont pour
la plupart filmées en l’absence du peuple, dans un vis-à-vis du prêtre
avec la caméra d’où le caractère ecclésial semble absent. (…) Quel
sens peut alors trouver l’acte sacerdotal du prêtre au sujet duquel le
droit canonique demande qu’il célèbre toujours la messe en présence
d’au moins un fidèle (canon 906)? 4
No vamos a repetir este tema, que ya analizamos en otro artículo 5.
También hubo jornadas de estudio dedicadas a las celebraciones
litúrgicas durante el Covid, en estos dos últimos años. Para poner
unos ejemplos: el “Institut Supérieur de Liturgie de Paris” organizó un
1
Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Decreto:
En tiempo de Covid-19 (II), a 25 de marzo de 2020
2
La misma « vigilancia teológica » que debemos observar en la Exposición de la Eucaristía. Véase el
articulo : J. FONT, “La exposición del Santísimo. Vigilancia teológica”, Liturgia y Espiritualidad 2 (2021)
90-101.
3
Cf Sylvain BRISON, « Les nouveaux défis d’une ecclésiologie politique ? L’Église et sa pratique face à la
crise sanitaire », La Maison-Dieu 304 (2021/2) 77-96.
4
A. VIDALIN, “L’Eucharistie en temps de confinement : la réalité du Corps du Christ”, Nouvelle Revue de
Theologie 143 (2021) 411 y 413.
5
Cf. J. FONT “Misa con pueblo: misa típica. Cambios entre la IGMR del 1975 y la del 2002”,
Liturgia y Espiritualidad, 10 (2021) 503-511.
3
coloquio sobre el tema: “La liturgie au miroir de la crise sanitaire ”6, el
20-22 de enero de 2021. Así mismo hubo un seminario de estudio de
la Asociación de profesores de litúrgia de Italia, con el título: “La
Liturgia, alla prova del Covid. Forme di partecipazione in presenza e a
distanza”, tambien en enero 20217. Por otra parte, tambien se han
publicado varios artículos sobre ese tema. Un ejemplo, son los dos
recientes artículos del Dr. Gonzalo Guzmán 8. Este autor se
preguntaba: “¿es posible realizar una celebración litúrgica con la
requerida densidad performativa sacramental en lo virtual? Internet y
las distintas redes sociales están inundadas de celebraciones
eucarísticas, adoraciones al Santísimo Sacramento y otros
sacramentales, sin embargo, ello no quiere decir que sea lo
teológicamente correcto o adecuado (…) La cuestión aquí es
preguntarse desde la teología litúrgica (…) si las celebraciones
litúrgicas son o no compatibles con la virtualidad… ”.
Proponemos en este artículo una breve y sencilla reflexión sobre
estas celebraciones, donde se ve afectada, en algunos casos, la
estructura teológica de la litúrgia a partir del principio de la
Encarnación.
2. La Encarnación es la clave del cristianismo
La Encarnación crea una irrupción del Eterno en el tiempo
temporal, como concreción total. Es el acontecimiento más notable
del cristianismo, junto con la pasión-resurrección, que transforma las
categorías del tiempo. Es el milagro de los milagros. Esta manera de
proceder de Dios incomoda en nuestro tiempo. El cristianismo es una
religión de la Encarnación: el Dios invisible se hace visible a nuestros
ojos manifestándose como hombre. Así mismo el Espíritu Santo es
6
Vease la crónica en A. HAQUIN, “Un colloque pour relire la liturgie à l’épreuve du Covid-19. 24 janvier
2021”, Revue Théologique de Louvain 2 (2021) 319-323). Véanse tambien los artículos Michel
STEINMETZ, “Liturgies en temps de crise. Liturgie domestiquée et liturgies domestiques”, La Maison-
Dieu 301 (2020) 179-191 ; Arnaud JOIN-LAMBERT, “Les liturgies domestiques en temps de confinement.
Une enquête pour orienter la pastorale post-Covid-19”, La Maison-Dieu 302 (2020) 165-188; Arnaud
JOIN-LAMBERT, “Leçons du confinement pour l’Église”, Études 4275 (2020) 79-90 ; Olivier PRAUD, “Prier
et célébrer au temps de la Covid- 19 en France. Essai d’analyse et perspectives théologiques”, Lumen
Vitae 2021/1, 49-58 ; Predrag BUKOVEC, « L’effet de distanciation du coronavirus en liturgie » Idem 37-
47.
7
Véanse las intervenciones como la Andrea GRILLO, “La teologia della liturgia e dell’Eucaristia: quale
teologia dietro le diverse scelte liturgiche e pastorali”; Anna MORERA BALCACCI, “La liturgia domestica:
quali proposte e quali risposte”; Luigi GIRARDI, “La liturgia in presenza: limite e possibilità positivi”. Y
otros estudios que aparecieron en la Rivista Liturgica 108/2 (2021), como: Paolo TOMATIS, “La liturgia,
alla prova del Covid”, 147-152; Manuel BELLI-Marco GALLO, “Le trasmissioni delle celebrazioni in
streaming in televisione. Quali dinamiche partecipative”, 153-168; Andrea GRILLO, “Pandemia santitaria
e teología in sofferenza. Le mascherine della teologia eucaristica e liturgica”, 169-178; Luigi GIRARDI, “La
liturgia in presenza. Limiti e possibilità positive”, 193-201,
8
Cf. A. Gonzalo GUZMÁN, “Hic et nunc virtuales. Cuestiones de antropología litúrgica. Parte I”, Ecclesia
Orans 38 (2021) 95-113; y II parte en Ecclesia Orans 38 (2021) 201-219.
4
considerado como “Soplo” – pneuma- y no simplemente como
intelectus- nous9.
Si hacemos un breve recorrido por los Evangelios, nos damos
cuenta que hay un cierto hilo conductor que atraviesa todo el
mensaje evangélico donde aparece la Encarnación como la clave de
acceso a Dios. Veamos un sencillo recorrido bíblico sobre este
aspecto, aunque sea breve, ya que nos llevaría, dado la relevancia del
tema, a un trabajo más profundo y detenido. Apuntemos solamente
algunos textos evangélicos más significativos.
- Un primer dato es el prólogo de San Juan, cuando dice: “Al
principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios
y la Palabra era Dios (…) Y él -la Palabra- se hizo carne y
puso su morada entre nosotros”. Densas palabras de Jn
1,1. 14, para el anunció de la Encarnación del Hijo de Dios.
- Enseguida van apareciendo los datos físicos para reconocer
al Mesias, el Hijo de Dios, que son clave para los pastores:
“esto os servirá de señal: encontrareis un niño envuelto en
pañales y acostado en un pesebre” (cf Lc 2, 12).
- La clave de bóveda son palabras de la Institución de la
Eucaristía: “Luego tomó pan y, recitando la acción de
gracias, lo partió y se lo dio a ellos diciendo: “Esto es mi
cuerpo, que es entregado por vosotros” (cf Lc 22, 19 y sus
variantes Mt 26, 26-28; Mc 14, 22; 1 Cor 11, 24).
- Todos los relatos de la Pasión y Muerte de Cristo subrayan el
sufrimiento dado al cuerpo de NSJ: “para que los cuerpos
no quedaran en la cruz el sábado (…) uno de los soldados
atravesó su costado con la lanza… “ (cf Jn 19, 31. 34).
- La sepultura: “Tomaron el cuerpo de Jesús y lo
envolvieron en lienzos, con los aromas, según es costumbre
de sepultar entre los judíos” (cf Jn 10, 40).
- Las apariciones de Jesús resucitado también llevan estas
notas corporales: “lo reconocieron al partir el pan” (cf Lc 24,
30. 35). Y sobre todo esta perícopa: “mirad mis manos y mis
pies; soy yo mismo. Palpadme y vedme, porque un espíritu
no tiene carne y huesos, como estáis viendo que los
tengo yo”. No acabando ellos de creer aún de pura alegría y
llenos de admiración, les preguntó: ¿no tenéis aquí algo que
comer? Ellos le presentaron un trozo de pescado asado. Él lo
tomó y comió delante de ellos” (cf Lc 24, 39-43).
- Ante la incredulidad de Tomas, Jesús le señala su cuerpo:
“Trae aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y
métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente”
(cf Jn 20, 27).
- Y por último como Jesús se identifica con el cuerpo de los
que sufren: “… yo tuve hambre, y me disteis de comer;
tuve sed, y me disteis de beber; (…) desnudo, y me
9
Cfr. J. FAMERÉE, « Le corps, chemin de Dieu. Modernité et christianisme », Teologie Ortodoxa 11
(2006), 325.
5
vestisteis; caí enfermo, y me visitasteis; estaba en la cárcel,
y me fuisteis a verme… ¿Cuándo …? (…) todo lo que
hicisteis con uno de estos hermanos, conmigo lo hicisteis” (cf
Mt 25, 31-41).
- Podríamos continuar con San Pablo en la primera carta a los
Corintios cuando identifica la Iglesia con el cuerpo del
Señor: “El cuerpo es uno de solo y tiene muchos miembros
(…) Ahora bien, vosotros sois cuerpo de Cristo; y cada uno
miembro de él” (cf 1 Cor 12, 12. 27).
Me parece que nos damos cuenta, con este breve recorrido por la
Escritura, de la importancia del cuerpo como medio para acceder a
Dios. No podemos renunciar a la exigencia corpórea como mediación
necesaria para el encuentro sacramental con Dios. La misma Iglesia
“ha recibido un cuerpo”, que llamamos “cuerpo místico de Cristo”. La
misma reunión litúrgica, como Pueblo de Dios, Cuerpo Místico de
Cristo, es uno de los fundamentos de la liturgia cristiana (cf 1 Cor 11,
20; Hechos 2, 44), como hecho público y físico. La Iglesia se
constituye a partir de la Eucaristía. El Cuerpo y la Sangre de Cristo
están intrínsicamente unidos a la Iglesia, de manera inseparable, ya
que el Cuerpo de Cristo eucarístico es inseparable del cuerpo de
Cristo eclesiológico, como lo desarrolla toda Prex Eucharistica.
3. Dimensión corporal de los sacramentos: la Encarnación
continua de la acción de Dios en nuestra humanidad por
la acción del Espíritu.
Dios se hace presente como un ser concreto. Esta es la
revelación cristiana, y es una invitación a todos los cristianos a
experimentar concretamente la gracia de Dios -la realidad invisible-
que actúa en nuestra humanidad, sobre todo en la liturgia -realidad
visible- y más particularmente en los sacramentos que piden una
atención a nuestro intelecto y a los cinco sentidos de aquellos que los
reciben, para que sepan vivirlos en la fe del Misterio Pascual 10. Como
recuerda el Dr. Guzmán, haciendo referencia a K. Rahner: “La
humanidad de Jesucristo es requerida por Dios para la realización de
sus promesas de salvación: sus actos son sacramentales”.
El profesor del Instituto Católico de Paris, Louis-Marie Chauvet
afirma que el aspecto más espiritual de los sacramentos pasa por los
aspectos más materiales (corpóreos)11. Ya que, en lo visible de la
celebración litúrgica, se hace visible lo transcendente. Recordemos
solo el principio que sostiene San León el Magno: “lo que era visible
en nuestro Salvador ha pasado a sus misterios, los sacramentos" (cf
San León Magno, Sermo 74, 2). De hecho, recuerda la importancia
clave de la materia de los sacramentos, sostenida por la patrística y
sistematizada por Santo Tomás de Aquino en el s. XII. El ser humano
10
Cf. C. MALISOUX, “L’imposition des mains dans le sacrement des malades, puissance de la guérison
dans le corps ecclésial », Nouvelle Revue de Théologie 144 (2022) 91-91.
11
Cf. L.-M., CHAUVET, Le corps. Chemin de Dieu. Les sacrements, Montrouge : ed. Bayard 2010.
6
no tiene acceso a Dios sin la materia. No hay un acceso inmediato a
Dios sin pasar por el cuerpo humano, por el ser corpóreo.
Así, si repasamos cada sacramento, nos damos cuenta que este
principio está presente en su estructura sacramental. Uno nace
cristiano en el seno de un cuerpo eclesial. Es la Iglesia que nos hace
cristianos por el agua y el Espíritu; y no son los cristianos que hacen
la Iglesia. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Los
sacramentos son como "fuerzas que brotan" del Cuerpo de Cristo
(cf Lc 5,17; 6,19; 8,46) siempre vivo y vivificante, y como acciones del
Espíritu Santo que actúa en su Cuerpo que es la Iglesia, son "las obras
maestras de Dios" en la nueva y eterna Alianza” (cf CEC 1116).
Por otra parte, no podemos negar una cierta resistencia mental a
“la institución corporal” de los sacramentos. Necesitamos de la
Palabra -“el Verbo”-junto con la materia (agua, pan, vino, aceite…)
que forma parte de la Creación de Dios y son un don suyo, para cada
sacramento. No es la naturaleza por ella misma, sino como creada y
como don de Dios, que la materia sacramental. Como muy bien
expresan las dos berakoth que acompañan la Presentación de los
dones: “Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de
la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos; él será para nosostros pan de vida”.
De estas oraciones se desprenden tres principios:
- La materia de la creación es buena, viene de Dios, como
sostenía San Irineo contra la gnosis (cf Contra haerenses, IV
17, 5-19, 1). Y lo hacía partiendo de la deposición de dones
de la Eucaristía, para sostener que la creación no puede ser
mala, ya que en la eucaristía nosostros ofrecemos a Dios los
bienes materiales y corpóreos que Él nos ha ofrecido. 12 Lo
recuerda también esta super oblata del Domingo VIII per
annum:
“Señor, Dios nuestro, tú mismo nos das lo que hemos de
ofrecerte y miras esta ofrenda como un gesto de nuestro
devoto servicio; confiadamente suplicamos que lo que nos
otorgas para que redunde en mérito nuestro nos ayude
también a alcanzar los premios eterna”. En el fondo de esta
oración late la idea del O admirabile commercium, de San
León Magno y de San Agustin.
- La materia como don de la creación, como acto libre de
donación del Creador. Es un acto gratuito que no pide
ninguna condición. Es un don gratuito “fuera de mercado”,
como le gusta decir Chauvet: “hors-de- marché”. Es un
exceso de amor. “Todo ha sido creado por Él, y para Él” (cf
Col 1, 16-17). La creación lleva la marca Trinitaria de
donación y de entrega. Se trata de “una apropiación
/desapropiación”.
- Esto pide una “liturgia responsable”. Es aquello que dice San
Agustin: “Recibe lo que eres: conviértete en lo que recibes”,
12
Cf. J.-A., JUNGMANN, “La lutte contre le gnosticisme”, en La liturgie des premiers siècles jusqu’à
l’époque de Grégoire le Grand, Paris 1962, 171-188.
7
como muy bien reza esta oración de Post comunión del
Domingo XXVII per annum: “Concédenos, Señor
todopoderoso que de tal manera saciemos nuestra hambre y
nuestra sed en estos sacramentos que nos transformemos
en lo que hemos recibido”.
4. Necesidad del Sacramento corpóreo para ir al cuerpo del
hermano, que también es sacramento.
La comunión con el mismo pan y con la misma copa, con el Cuerpo
y Sangre de Cristo, es esencial para realizar la unidad del Cuerpo de
Cristo. Así lo recuerda San Pablo en 1 Cor 10-11 y tambien los Padres
de la Iglesia que unen el cuerpo eclesial y el cuerpo sacramental de
Cristo. Dos modalidades que no se pueden confundir ni separar 13. El
Sacramento Eucarístico nos pone ante la presencia del Cristo total:
Cabeza y Cuerpo.
Por esto la Eucaristía y todos sacramentos no son fruto de una fe
subjetiva. Dios se hace presente en un ser concreto, exige una
presencia corporal: la inevitable y necesaria verdad de la
Encarnación. Como hemos dicho, en lo más material se da lo más
espiritual14. Así el Memorial de Cristo, no afecta solo a la liturgia
eucarística (la lex orandi), sino que implica tota la vida y la acción del
hombre (la lex vivendi), llamado, este, a hacerse eucaristía, es decir,
a dar su vida por sus hermanos ofreciéndose con Cristo al Padre. Esto
es el corazón de la anamnesis de la Prex eucharistica: la estructura ut
memores, offerimus, y “por eso te pedimos”. La forma de “hacer
memoria”, es ofrecernos. Así, nuestros actos de caridad pueden tener
una fecundidad sobrenatural.
Por esto, la liturgia se verifica en la ética que proviene de los
sacramentos, es decir, la lex vivendi, cuyo resultado es el culto
existencial: tuve hambre y me disteis de comer, tuve … (cf Mateo 25).
Así se cierra el círculo bíblico que veíamos en el apartado anterior:
partimos de un cuerpo encarnado, para que, otra vez, la acción sea
sobre un cuerpo concreto.
En conclusión, la crisis sanitaria ha puesto en evidencia algunos
déficits de nuestras celebraciones, por ejemplo: una visión muy
jurídica de lo necesario para la validez de la eucaristía (ministro y no
la del pueblo congregado); la separación del cuerpo sacramental del
cuerpo eclesial, con la disociación de la Cabeza y del Cuerpo de
Cristo; la comunión con el pan y vino no pueden ser de manera
virtual, ya que es necesaria la experiencia corporal, como afirmación
teológica fundamental sobre la relación de Dios y el mundo. El Dios
en Jesucristo aún se hace presente en nuestro mundo a través de
nuestros cuerpos de bautizados, ya que la gracia divina se despliega
en nuestra humanidad por medio de los sacramentos 15. Es necesario
que en nuestras celebraciones resplandezca la verdad del principio de
13
Cf. Henri de LUBAC, Corpus mysticum. L’Eucharistie et l’Eglise au Moyen Âge, Paris 2009 (1949) y H. DE
LUBAC, Meditación sobre la Iglesia, Madrid 1988.
14
Cf. L.-M., CHAUVET, Le corps. Chemin de Dieu. Les sacrements, Montrouge : ed. Bayard 2010.
8
la Encarnación al que debemos “doblegar la rodilla o inclinarnos”
cuando rezamos o cantamos en el Credo el Incarnatus est.
15
Cf C. MALISOUX, “L’imposition des mains dans le sacrement des malades, puissance de la guérison
dans le corps ecclésial », Nouvelle Revue de Théologie 144 (2022) 77-94