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Diferencias en Inteligencia y Aprendizaje

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TEMA 2

Video 1

Sin duda, todos los seres humanos somos diferentes, y esto es una cuestión clave que
debemos tener en cuenta en el ámbito educativo, ya que todos nuestros estudiantes
serán diferentes en la manera de aprender y procesar la información. Pero, ¿cuáles son
los factores clave que influyen en esas diferencias individuales de nuestro alumnado?
Procederemos a analizar algunas de las principales destrezas cognitivas relacionadas
con cómo procesamos la información.

En concreto, en este vídeo nos centraremos en abordar la inteligencia y la parte


emocional de la misma. Muy bien, en ocasiones hemos utilizado el término
"inteligencia" o definimos a alguien como una persona inteligente, pero, ¿realmente a
qué atributos o rasgos nos referimos cuando utilizamos este término? Por mucho
tiempo se ha utilizado el concepto de cociente intelectual para medir el nivel de
inteligencia de una persona, pero ¿qué es realmente el cociente intelectual?

Bien, se demostró una fórmula que nos permite conceptualizar el nivel de cociente
intelectual, considerando tres elementos: el primero de ellos es la edad mental del
sujeto y, por otro lado, la edad cronológica. Si dividimos la edad mental entre la edad
cronológica y lo multiplicamos por 100, obtenemos un valor, un dato que nos permite
evaluar en un continuo el nivel de inteligencia. Niveles superiores a 90, 120, 140 serían
considerados de superdotación o alta capacidad, y niveles inferiores a 90 serían
considerados bajos o inferiores. Sin embargo, este concepto unitario del cociente
intelectual ha sido cuestionado por muchos autores que consideran que la inteligencia
realmente tiene distintas dimensiones o factores.

Desde el punto de vista de la biología, consideramos la inteligencia como la capacidad


del sujeto para adaptarse a su ambiente o a su medio. Imaginemos la situación en un
programa de supervivencia; si fuéramos participantes, ¿quién sería la persona más
inteligente en ese contexto? Probablemente, la persona que es capaz de pescar, de
encontrar alimento o de construirse una casa sobre la que cobijarse. Esto demostraría
la capacidad de adaptación del sujeto.

Desde el punto de vista psicológico, diversos autores han propuesto varias


definiciones. Destacamos aquí las de Wechsler, Spearman y Thurstone. Wechsler
define la inteligencia como la capacidad para actuar con un objetivo, una meta o un
propósito, y para enfrentarse de manera efectiva al ambiente. Spearman, por su parte,
considera la inteligencia como una combinación de una inteligencia global o general,
dividida en distintas capacidades específicas. Es decir, una persona puede tener un
nivel medio de inteligencia, pero destacar en habilidades específicas, como la
capacidad de memoria, aunque no necesariamente en otra, como la lógico-
matemática. Thurstone destaca diversas capacidades mentales primarias, como la
comprensión verbal, la memoria, el razonamiento, la capacidad numérica, la fluidez
verbal y la velocidad perceptual.
La inteligencia puede dividirse en dos tipos: la inteligencia fluida y la inteligencia
cristalizada. La inteligencia fluida se usa para tareas como descubrir relaciones entre
elementos o conceptos distintos, formar conceptos o razonar; en cambio, la
inteligencia cristalizada tiene más que ver con el conocimiento cultural o el proceso de
escolarización que hemos seguido. Por ejemplo, una persona que participa en el
programa "Saber y Ganar" destaca por su inteligencia cristalizada, caracterizada por la
acumulación de conocimiento (como saber que la capital de Noruega es Oslo). Sin
embargo, una persona que no ha tenido mucha escolarización puede ser capaz de
resolver problemas prácticos, mostrando inteligencia fluida, o capacidad de
adaptación.

Pasemos ahora a la teoría triárquica de la inteligencia, que la divide en creativa,


práctica y analítica. Imaginemos una persona que quiere trabajar en Google; uno de los
elementos clave a tener en cuenta sería su habilidad para dar respuestas novedosas y
originales. Esto corresponde a la inteligencia creativa. Por otro lado, la inteligencia
práctica se refiere a cómo nos desenvolvemos en situaciones cotidianas. Imaginemos a
alguien que negocia una subida de salario; su habilidad para comunicar y lograr el
aumento es un ejemplo de inteligencia práctica. Finalmente, la inteligencia analítica es
la que generalmente se ha considerado como el núcleo de la inteligencia, y un ejemplo
sería alguien experto en ajedrez, que se destaca en razonamiento y resolución lógico-
matemática.

**Inteligencias múltiples de Howard Gardner**

Gardner distingue ocho tipos de inteligencia: corporal-cinestésica, interpersonal,


lingüística, lógico-matemática, naturalista, intrapersonal, viso-espacial y musical. ¿Te
atreverías a intentar ubicar a cada uno de estos tipos de inteligencia en personajes
como Shakira, Mario Vargas Llosa, Gandhi, un rapero como Eminem o Charles Darwin?

**Inteligencia emocional**

Por otro lado, la razón no sería nada sin la emoción. En este sentido, debemos hablar
de un término acuñado por Daniel Goleman: la inteligencia emocional. Según Salovey y
Mayer, la inteligencia emocional es la capacidad de percibir, expresar, comprender,
utilizar y dirigir las emociones en uno mismo y en los demás. Se basa en tres elementos
principales: primero, la percepción y expresión emocional, es decir, ser capaces de
identificar nuestras propias emociones; segundo, comprender y analizar de dónde
provienen esas emociones; y por último, ser capaces de regular y manejar las
emociones según el contexto.

Esto es fundamental en nuestro día a día y está ganando protagonismo en las etapas
educativas más tempranas. Conocer y manejar nuestras emociones resulta clave en
cualquier ámbito en el que nos encontremos.
Video 2
Sigamos profundizando y viendo algunas de las destrezas cognitivas en las que todos
somos diferentes. En este caso, en concreto, nos vamos a centrar en los estilos
cognitivos y en aspectos relacionados con la creatividad. Sin duda, los estilos cognitivos
se centran en la forma en la que cada persona procesa la información, y usamos
estrategias diferentes para responder a las distintas tareas que se nos presentan en el
ámbito educativo.

Hay diversos estilos cognitivos de aprendizaje, pero principalmente me voy a centrar


en el siguiente: el estilo reflexivo e impulsivo. Este estilo de aprendizaje, o manera de
procesar la información, se centra principalmente en los siguientes elementos.
Mientras que una persona impulsiva es alguien que actúa antes de pensar, es decir, da
respuesta muy rápido, pero comete muchos errores, en contraposición encontramos
el otro estilo de aprendizaje, que es el reflexivo. Son personas que toman más su
tiempo, que actúan de manera más lenta, pero son más acertados en sus respuestas y
cometen menos errores.

Por lo tanto, es importante trabajar con aquellos que tienen un estilo impulsivo, ya que
habrá estudiantes que son muy capaces y que progresan positivamente en su proceso
de enseñanza-aprendizaje, pero que, por dar respuestas rápidas y equivocarse, no
reflejan todo su potencial o talento. Imaginemos el caso de un examen: seguramente
os identifiquéis con alguno de estos modelos. Están quienes responden rápidamente y
cometen errores porque no han leído bien las preguntas, y también están aquellos que
se toman su tiempo para pensar y reflexionar antes de responder. Abordaremos en
clase algunas pautas para trabajar esta cuestión.

**La creatividad**

Por otro lado, analizaremos y me gustaría debatir también con vosotros el


componente de la creatividad. Sin duda, el ser humano, desde que nace, es curioso y
da respuestas originales y novedosas a todo lo que se le plantea. Es decir, si
observamos a un niño desde muy pequeño, vemos que es creativo por naturaleza.
Como señala el gran pedagogo Ken Robinson, el sistema educativo muchas veces
aniquila ese deseo de ser creativo y de dar respuestas diferentes a las preguntas
planteadas. Cada vez más, se intenta homogeneizar las respuestas y convertir
respuestas distintas en incorrectas, lo cual perjudica a los niños y limita su patrón
creativo.

La esencia de la creatividad consiste en ser capaz de dar respuestas divergentes a las


cuestiones. Imaginemos un test en el que nos preguntan, por ejemplo, para qué sirve
un ladrillo o una lata. La primera respuesta que daríamos sería convergente, es decir,
la función habitual: el ladrillo sirve para construir, la lata para beber una bebida. Esto
sería una respuesta convergente. Sin embargo, la creatividad no está relacionada con
este primer pensamiento, sino con el segundo o tercer pensamiento, y con encontrar
los distintos o múltiples usos que algo puede tener. Esa es la esencia de la creatividad.
Para evaluar la creatividad, se han creado algunos test verbales que preguntan por los
distintos usos de un objeto. Los niños, por ejemplo, utilizan un mando a distancia
como un teléfono móvil o encuentran otros usos inesperados para diferentes objetos.
Estos son indicadores de creatividad, que también se puede medir gráficamente
mediante elementos o figuras con los que los estudiantes componen nuevos cuadros o
dibujos.

**Fomentando la creatividad en el aula**

Será muy importante debatir sobre esta cuestión. ¿Cómo podemos, como maestros,
alimentar o seguir estimulando la creatividad? En la vida, será crucial poder dar
respuestas originales a problemas. Algunas estrategias que podemos aplicar son:
aceptar y fomentar el pensamiento divergente, explorar posibles soluciones que puede
tener un mismo problema, y tener una actitud tolerante y abierta para escuchar las
distintas opiniones de los alumnos.

En aulas con alumnos adultos, observamos que, muchas veces, los estudiantes temen
dar una respuesta incorrecta. Esto no ocurre tanto en los niños, que tienen mayor
disposición a responder sin miedo a equivocarse. Esta capacidad para responder sin
temor a fallar es crucial para incentivar la creatividad en clase. También es importante
motivar a los alumnos para que confíen en sus propios juicios y valoraciones.

Por último, podemos emplear dinámicas y técnicas, como el "brainstorming" o lluvia


de ideas, que sin duda serán fundamentales para fomentar la originalidad y la
creatividad.

Video 3
**Bienvenidos al último vídeo sobre el tema dos: diferencias individuales y estilos de
aprendizaje.**

En este vídeo abordaremos otros elementos cruciales para facilitar el proceso de


enseñanza-aprendizaje, que están vinculados con nuestra manera de ser y nuestra
personalidad. En concreto, nos centraremos en algunos aliados y enemigos, como son
la motivación y la ansiedad.

**La motivación**

En relación con la motivación, es cierto que todos, en algún momento de nuestra vida,
sentimos mayores o menores niveles de motivación para alcanzar nuestros objetivos o
metas. La motivación es la energía que nos dirige y mantiene en el camino para lograr
tanto objetivos a corto como a largo plazo. Algunos ejemplos de motivación pueden
ser: proponernos ir al gimnasio este año, intentar alcanzar un nivel C1 de inglés,
aprobar todas las asignaturas o incluso evitar suspender ninguna asignatura del Máster
de Profesorado.

Existen dos tipos fundamentales de motivación: la motivación intrínseca y la


extrínseca. La motivación intrínseca se relaciona con disfrutar de los objetivos por sí
mismos; hacemos las cosas porque realmente nos gustan. Un alumno movido por
motivación intrínseca estudia porque quiere aprender. En cambio, el alumno motivado
por la motivación extrínseca busca recompensas externas, como obtener buenas
calificaciones o superar a otros; es un estudiante que se enfoca en aprobar, más que
en aprender.

Hay teorías que explican la motivación, como la teoría de la atribución, que analiza las
causas que atribuimos a nuestros éxitos o fracasos. En concreto, esta teoría contempla
tres características principales: el locus de control (interno o externo), la estabilidad
(estable o inestable), y la responsabilidad (controlable o no controlable).

Intentemos aplicar estos conceptos en algunos ejemplos. Imaginemos que tuvimos que
explicar a nuestros familiares por qué suspendimos un examen de matemáticas. Si
decimos: "Tuve mala suerte y por eso suspendí", estamos atribuyendo el fracaso a algo
externo (la suerte), que es inestable (puede variar) y no controlable.

Otro ejemplo podría ser: "Nunca estudio", lo cual indicaría un locus interno (la causa
depende de mí), es estable (porque nunca estudio) y es controlable (está en mis manos
cambiar este hábito). Finalmente, podríamos justificarnos diciendo: "No sirvo para
matemáticas"; en este caso, estamos atribuyendo la causa a algo interno (la falta de
habilidad en matemáticas), estable (consideramos que no se puede cambiar) y no
controlable.

Estas atribuciones tienen implicaciones relevantes en el ámbito educativo. Es


importante escuchar a los alumnos para entender cómo justifican sus éxitos y fracasos,
ya que esto está relacionado con aspectos como la autoestima, la expectativa de
cambio y emociones como el orgullo o la vergüenza.

**Expectativa y motivación**

La expectativa también influye en la motivación. La teoría de la expectativa sugiere que


la motivación depende de dos elementos: la probabilidad percibida de éxito y el valor
asignado al objetivo. Imaginemos que vamos a preparar una oposición. La motivación
dependerá de cuánto creemos que podemos aprobarla y de cuánto valoramos el
obtener esa plaza de trabajo. En esta ecuación encontramos elementos cruciales para
entender la motivación del estudiante.

**La ansiedad**

Pasemos ahora a uno de los principales enemigos que bloquea nuestros objetivos: la
ansiedad. La ansiedad influye en muchos aspectos del aprendizaje, desde la atención
hasta el rendimiento en situaciones de evaluación. ¿Quién no se ha puesto nervioso
alguna vez antes de un examen? A veces, los nervios son tan intensos que bloquean
nuestra capacidad de responder correctamente.

En psicología, se ha estudiado la ley de Yerkes-Dodson, que sugiere que ciertos niveles


de ansiedad, o activación fisiológica, no son necesariamente negativos. De hecho,
niveles moderados de ansiedad pueden facilitar el rendimiento, mientras que niveles
muy bajos o muy altos pueden dificultarlo. La clave es encontrar un punto intermedio
que permita estar lo suficientemente activado para rendir bien, sin llegar al bloqueo.

**Reflexión final**

Terminamos las sesiones sobre diferencias individuales con una frase sobre la que me
gustaría reflexionar junto a vosotros: *"Lo que vemos cambia lo que sabemos, pero lo
que conocemos cambia lo que vemos".* Sin duda, aquello que aprendemos y cómo lo
percibimos transforma nuestra visión del mundo.

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