Una Pésima Idea
Una Pésima Idea
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EL PUTO MÓVIL
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hacía para ganarme la vida y, lo que es aún más —Lo sé, pero yo estaba de vacaciones.
perentorio, gastarla y en suma irla perdiendo con —Le consta, y me pide que te transmita sus
una mínima dignidad. No sabía ella, por tanto, que excusas. Pero estamos en cuadro, tenemos a
acababa de pasar la noche con un investigador toda la gente disponible en Valencia, con lo de la
de homicidios, es decir, alguien que nunca puede chica desaparecida, y nos ruega que tengamos la
silenciar ni apagar el móvil y a quien puede sonar- bondad.
le incluso cuando en teoría está de vacaciones y —¿Ofrece recompensa? ¿Una medalla, un ascen-
ha tenido la suerte de ligar. so, un jamón?
—Perdona, tengo que cogerlo —me excusé, con —Más días libres en agosto. Te recuerdo que yo
voz pastosa. también estaba de permiso la semana que entra.
Sin desenterrar la cara de la almohada, la mujer, Menos mal que no tenía plan de irme fuera. En
cuyo nombre no terminaba de venirme a la todo caso, no me ha pedido que te exija venir.
memoria, lanzó entonces su mano hacia la mesi- —Ya, solo que me hagas sentir culpable por
lla, donde buscó a tientas mi teléfono móvil, que dejar que te fastidies tú sola, en caso de resistir-
en el fragor de la batalla erótica había quedado me a atender su amable petición.
en su lado. Cuando lo tuvo en su poder, levantó la —Te conoce. Estás perdido, mi subteniente.
cabeza, abrió los ojos y lo fisgó sin disimulo. —Dime por lo menos que podré sentir empatía
—Virginia —leyó—. Tu mujer, ¿no? hacia la víctima.
—Ninguna mujer es la mía, que yo sepa —Me da que sí. Se trata de una anciana de
—respondí. ochenta y seis años. Murió anoche en el hospital
—Eso dicen todos. de Plasencia. No consiguió superar las lesiones
—En serio. Es mi compañera de trabajo. ¿Me lo por el golpe en la cabeza que le provocaron sus
vas a dar? agresores.
—Claro. Y luego esperaré a que venga un uni- —Qué hijos de perra. ¿Es que eran varios?
cornio. —Dos, según los testigos. La asaltaron para
Me puso el teléfono en la mano justamente robarle el bolso y las joyas, y lo consiguieron. El
cuando dejó de sonar la canción y en la panta- problema es que a la pobre mujer le dio por resis-
lla apareció el mensaje de llamada perdida. La tirse a que le quitaran la cadena que llevaba al
recuperé y marqué enseguida para responderla. cuello y en el forcejeo cayó hacia atrás y se golpeó
Azucena, ese recordé que me había dicho que era con la cabeza en el suelo.
su nombre, volvió a estampar su rostro contra el —¿Cuándo ocurrió?
suave tejido de la funda de su almohada. —Anteayer. Ha pasado treinta horas entre la
—Hola, te he pillado durmiendo —dedujo la bri- vida y la muerte.
gada Chamorro, mi compañera de fatigas, cuando —¿Y cómo es que los de Cáceres piden apoyo?
por fin logré comunicar con ella. Serán sospechosos habituales, ¿no tienen ya una
—Más o menos —murmuré—. ¿Qué pasa? idea de quién pudo hacerlo?
—Oh, oh, me parece que estoy arruinando algo. —No hasta donde quisieran. En los últimos
—No, tranquila. ¿Qué hay? meses ha habido una oleada de robos semejantes,
—Ya me disculparás. Nos han llamado de Cáce- siempre con ancianas como víctimas. Resolutivos
res, para un apoyo urgente. Y ya sabes que nues- y violentos. La sensación de inseguridad ha gene-
tro coronel no sabe decir que no. rado un descontento hacia nuestra labor que con
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(Continuará...).
EL SEGUNDO CAPÍTULO D E L R E L A T O D E L O R E N Z O S I L VA ,
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a capitán Azpeitia, con el grado así, a una persona y han entrado en la liga de los
en masculino, como solían preferirlo el protocolo homicidas. Dirán que no querían, que la culpa fue
del Cuerpo y la mayoría de las interesadas, remo- de ella por resistirse y demás gaitas, pero lo que
vió meticulosamente el café cortado en el que ahora se nos pide es que demos con ellos igual
acababa de dejar caer una fracción homeopática que con cualquier asesino. Eso sí, con la circuns-
del sobrecito de edulcorante. A esas horas, alrede- tancia agravante de que aquí se veía venir. Por eso
dor de las seis de la tarde, yo ya no solía autorizar- mi jefe, después de meses sin hacerme caso, ha
me la ingesta de cafeína, a fin de evitar las dificul- pedido vuestro apoyo.
tades para conciliar el sueño que, a un hombre Se la veía algo dolida. Y también recelosa. Cole-
con mis trienios, siempre le pueden llevar a acor- gí que podía ser la primera vez que trabajaba con
darse sin querer de alguna de las muchas cosas en respaldo de la unidad central en una investiga-
las que a esas alturas del camino no estuvo justa- ción como aquella. Me pareció que podía no
mente a la altura. Ella pasaba por poco de los sobrar darle una indicación de cómo entendía-
treinta, así que debía de tener mucho menos que mos nuestra tarea en casos así.
temer a ese respecto. Por no mencionar el detalle —La investigación es suya, mi capitán —le dije—.
de que parecía bastante más puntual y escrupulo- Aquí nos han pedido que ayudemos en lo que
sa que yo en el cumplimiento del deber. podamos, y a eso venimos.
—De nada sirve decirlo ahora —observó—, pero Azpeitia torció la boca en una sonrisa amarga.
lo que al final ha pasado es lo que nos temíamos —Desde que se ha sabido que viene la UCO a
que acabaría por pasar. Y no será porque no le ayudarnos, y se ha sabido casi antes de que yo
pidiera al jefe refuerzos para tratar de impedirlo. misma lo supiera, ya les he oído decir al menos a
Su segundo, el teniente Ribeiro, que le sacaba a un par de paisanos que había que haberla llamado
la capitán algo más de una década y varias dece- desde el al principio, y que si lo hubieran hecho la
nas de decepciones, la miró con una expresión difunta seguiría viva.
acaso impenetrable para otros, pero no para mí. —Nos sobrevaloran —dije—. Lo que no nos con-
Venía a decir algo así como que bastante tenía el viene. Cuando metemos la pata, que la metemos
jefe con lo que tenía. como todos, nos crucifican.
—En todo caso —continuó la capitán—, esto es lo A la capitán no pareció consolarle mucho mi
que hay. Esos animales se han llevado por delante confesión.
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—En fin, vamos a lo que importa. Le mandé a la posar la mujer con su mejor disposición. Aparen-
brigada toda la información que logramos recoger taba en ella poco más de setenta años.
hasta esta mañana. Me gustaría poder decir que Fue la primera vez que me encontré con su mira-
tenemos algún avance sustancial, pero no es así. da. Esa mirada que llevaba dos días extinguida, y
—Recapitulando —dijo Chamorro, por alusio- nunca más se iba a encender, porque alguien la
nes—, solo hay un testigo del hecho, que además había tasado en menos que los euros que pudie-
lo vio a cierta distancia. A doña Luisa la asaltaron ran darle al peso por unos gramos de oro. En
dos individuos, encapuchados, uno de ellos for- cuanto al crucifijo en sí, era en efecto bastante
cejeó con ella mientras el otro se mantenía un grande, y se veía en su factura que era antiguo. En
paso por detrás. El bolso se lo quitaron sin dificul- lugar de las líneas estilizadas de los que hoy se
tad, pero el problema vino cuando le quisieron venden, el orfebre que había hecho aquel le había
robar la cadena de oro con un crucifijo que lleva- dado una forma tosca y artesanal que llamaba
ba al cuello. Ella primero les rogó que no se lo mucho la atención.
llevaran, que era el único recuerdo que tenía de —La cruz no pasa inadvertida, desde luego
su padre, pero el sujeto que la abordó no cejó en —juzgó Chamorro.
su empeño. No logró arrancarlo con el primer —Y lo malo es que la mujer, por lo visto, nunca se
tirón, por lo que volvió a tirar una segunda vez separaba de ella —dijo el teniente—. No se trata
mientras la mujer se echaba hacia atrás. Y cuando solo de que fuera un recuerdo de su padre. La hija
se rompió al fin la cadena, ella perdió el equilibrio de la víctima nos ha contado las circunstancias en
y se fue de espaldas contra el suelo, donde se dio las que murió su abuelo: fusilado en el 36, por
el golpe que le provocó la muerte. oponerse al golpe. Por lo visto era concejal repu-
—Lo has resumido con bastante exactitud blicano en un pueblo de Badajoz, y aunque se
—opinó el teniente. ocupó de proteger a la gente de derechas para
—Y poco más es lo que tenemos, de momento, que no la lincharan en los primeros días, cuando
en lo que a este particular robo se refiere —dijo llegó el ejército nacional lo denunciaron y le liaron
Azpeitia—. Ahora os contamos lo que puede inte- el petate igualmente. Como el hombre era muy
resar de otros, posiblemente de la misma autoría. creyente y pidió que le dejaran morir con el cru-
—Con tu permiso, mi capitán —terció Ribeiro—. cifijo, tuvieron el detalle de devolvérselo a la viuda.
Algo más sí que tenemos. Le pedimos a la familia La hija era entonces pequeña, así que doña Luisa
que nos buscara fotografías. casi no tenía ningún otro recuerdo del padre.
—Ah, sí —recordó la capitán. —Vaya destino trágico, el de esa cruz —juzgó mi
—Y han dado con una en la que se puede ver compañera.
bastante bien la joya que le quitaron —nos explicó —Como el del país de quienes la lucieron —me
el teniente mientras trasteaba en su teléfono permití sugerir.
móvil—. Es un crucifijo de cierto tamaño, un buen —Así se entiende que la mujer la defendiera como
pellizco de oro, y la cadena se ve también bastan- lo hizo —dijo la capitán—. Lo que no supo fue darse
te consistente. Por eso se empeñaron en arreba- cuenta del par de bestias con los que se estaba
társelo, aunque tuvieran que lastimarla. disputando poder seguir llevándola al cuello.
Nos mostró la fotografía. En ella se veía a una —Si nuestras conjeturas no fallan, son autores
anciana sonriente, bien vestida y peinada: era una de al menos una docena de robos con el mismo
imagen de estudio, para la que había debido de modus operandi —explicó Ribeiro—. Siempre dos
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EL MEJ OR REGALO
expresión de Carmen, más allá del duelo por la la proporcionara. La madre nos ofreció un café,
repentina muerte de su madre, advertí el rastro de que ambos rechazamos, y antes de sentarse con
una vida en la que la suerte no debía de haberla nosotros, en torno a una pequeña mesa camilla, se
acompañado en exceso. Por lo visto, se había dirigió a su hijo:
quedado muy joven sola con los dos hijos, después —¿Qué le digo a tu hermana?
de la espantada del padre, un tipo de quien no se El aludido no salió de su ensimismamiento. La
hablaba bien en el pueblo, según el testimonio de mujer insistió:
los compañeros del puesto local, y que nunca se —Si no te pones en pie ya y te lavas y te
había vuelto a preocupar de la sangre de su sangre. cambias, no vas a llegar.
En cuanto a Anastasio, así llamado en honor del Entonces se volvió para explicárnoslo:
bisabuelo asesinado, era un joven –si es que uno —Mi hija llega a Barajas esta noche. Al final la
lo sigue siendo con casi tres décadas a las espaldas, pobre ha tenido que buscarse una combinación
como pretende la inmadurez contemporánea– de horrible para venir, vía Londres, no había billetes
aire lúgubre e incompetente. También según la para el vuelo directo. Y el hermano va a buscarla.
información del sargento jefe de puesto, después Pero Anastasio seguía como inerte. Carmen se
de no haber descollado ni mucho ni poco en los puso firme:
estudios, al contrario que su hermana, malvivía —Dime si vas a ir a buscarla o si me vas a
empalmando trabajos eventuales en el campo, dar el disgusto de tener que ponerle un mensaje
lo que le había impedido con toda probabilidad diciéndole que se alquile un coche.
emanciparse y por eso seguía en la casa materna. Creí llegada la oportunidad de intervenir.
No iba mejor vestido que su progenitora, con —Quizá no esté en condiciones, si está tan
unos vaqueros más bien sucios y un polo viejo, afectado. Si nos dice en qué vuelo llega y a qué hora,
arrugado y de color ya indefinido. Cuando su tal vez podamos arreglar que uno de los nuestros la
madre nos hizo pasar a la sala de estar de la casa, traiga. No se lo prometo, pero lo puedo consultar.
lo encontramos hundido en el sillón, la espalda En ese momento, el hijo pareció despertar de su
doblada, la cabeza gacha y mirando al infinito, con letargo.
los ojos enrojecidos por el llanto y cara de sonado. —No, no hace falta —murmuró—. Ya me ocupo
No respondió a nuestro saludo, no se levantó, ni yo, mamá.
se movió siquiera. Se me ocurrió, de pronto, que Se levantó y se deslizó como un alma en pena
su hermana no había preferido cruzar el océano hasta desaparecer por la puerta del fondo. Su
solo para recibir un salario acorde a su currículum. madre, sombría, meneó la cabeza.
—Discúlpenlo ustedes —nos dijo la madre—. —Ya podía estar el mundo mejor repartido.
Está hecho polvo, para él no había nada más grande Tengo una hija que es un fenómeno y a este pobre
que su abuela. Y encima anteayer por la mañana que… En fin, que no es malo, no puedo decir que
habían discutido por una tontería y no para de lo sea, pero no consigo que acabe de salir adelante.
decir que no puede soportar haber salido de casa A continuación, repasamos con Carmen las
sin darle un beso. rutinas de la vida de su madre. Una anciana aún
Anastasio reaccionó como si su madre estuviera activa y muy sociable, que no solo la ayudaba en la
hablando de otra persona: de ninguna manera en casa, sino que insistía en ocuparse de otras tareas
absoluto. Crucé una mirada con mi compañera: que le exigían salir a la calle y darse una buena
estaba claro que si alguna información útil caminata. Aunque la compra, según nos dijo, la
deparaba aquella visita no iba a ser él quien nos hacía ella con su hijo en el supermercado de un
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atreverme a abrirla y mirar lo que hay. menos se lo espera uno —observé, sin poder
En la puerta, cuando nos despedíamos de reprimir mi admiración ante el paisaje.
Carmen, coincidimos de nuevo con Anastasio, el —¿Y ese arrebato? —se extrañó Chamorro.
hijo. Se había duchado y afeitado y se había puesto —No sé, andaba pensando en toda la gente
ropa limpia. No diré que gracias a ello pareciera el apiñada en la playa junto a la que me he despertado
príncipe de Gales, pero al menos dejaba de parecer esta mañana. No es que esté mal, pero el atardecer
un indigente. Se despidió con dos besos de su allí no es más impresionante que este que no
madre, que le pidió que tuviera mucho cuidado en mira nadie, salvo tú y yo. Con todas sus miserias,
la carretera y le dijo que parara si le entraba sueño. hay que dar gracias al oficio que tenemos por
—Es lo mejor —la respaldé, con la autoridad permitirnos hacer estos descubrimientos.
que me daba mi condición de miembro de la Chamorro asintió, pensativa.
Benemérita, ante un ciudadano que no tenía —El castillo es imponente, no te lo niego
por qué saber que jamás había estado destinado —reconoció—. Y la vista, formidable. Pero yo
en Tráfico. estaba pensando en que la jornada se nos va
—Siento mucho lo de su abuela —le dijo acabando y no veo mucho hilo de donde tirar. Los
Chamorro—. No tenga usted duda de que quienes compañeros no tienen pistas sobre los autores de
lo hicieron lo van a acabar pagando. los robos, ni siquiera sabemos de forma aproximada
—Gracias —murmuró él, con la mirada su edad, más allá de que no parece que lo hiciera un
empañada, y se fue hacia el coche, un Toyota dúo de octogenarios, y estamos perdidos en lo que
blanco aparcado en la acera de enfrente. Ocupó se refiere a su procedencia. Parece que alguien vio
el asiento del conductor, arrancó y enfiló la calle. un coche rojo poco después del asalto a doña Luisa
Por el modo en que le vi conducir, no temí que saliendo del pueblo con dos sujetos a bordo. Ni
estuviera abocado a estrellarse. matrícula, ni modelo, ni nada de nada. A partir de
Antes de reunirnos con nuestros compañeros en aquí, y salvo que aparezca algún otro testigo, apenas
el puesto local, donde teníamos nuestro centro de se me ocurre una posible vía.
operaciones, Chamorro y yo nos dimos una vuelta —¿Cuál?
por el pueblo para reconocer el terreno. Fuimos al —La más rudimentaria de todas. Confío en que
lugar donde se había producido el robo, una calle los compañeros les habrán pedido a las compañías
estrecha y lateral por la que se atajaba, viniendo telefónicas los datos de tráfico de las antenas de
de casa de Luisa, hacia la parte del pueblo donde la zona en las horas próximas a la de los hechos.
estaba la panadería. También llegamos hasta allí y —No les he preguntado, pero supongo. Es el
luego volvimos caminando hasta la plaza, donde protocolo, en caso de delitos graves, y me imagino
dimos con varios parroquianos que confirmaron que el juez se lo habrá autorizado.
el testimonio de Carmen. Finalmente subimos al —Si supones bien, y si alguno de los dos no se
castillo, en bastante buen estado, que coronaba el acordó de apagar el móvil antes de ir a dar el palo,
lugar. Desde él se dominaba una amplia porción habrá que mirar todos los números uno por uno,
de la llanura sobre la que se elevaba el altozano descartar a los paisanos honrados y comprobar a
en el que se asentaba el pueblo. Más allá de las quién llevan los demás. Y rezar para que tengan la
montañas que cerraban la planicie por el oeste se línea a su nombre.
incendiaba ya el cielo, anunciando el final del día Era una idea. Nos había dado frutos en el pasado.
y la inminencia de la noche. Pero tenía un inconveniente, que no me quedaba
—Qué sitios más bonitos tenemos, ahí donde más remedio que señalarle:
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CA P Í T U LO V
SABER MEJ OR
CÓMO ERA
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que pudiera servir para arrojar alguna luz sobre ahora toca es ver qué hacemos mañana con lo que
el crimen. tenemos entre las manos. Si no se os ocurre a
—Es la primera vez que encontramos el bolso vosotros nada mejor, y en tanto termina de darnos
o la cartera de la víctima —subrayó la capitán algún resultado lo que hemos mandado a Madrid,
Azpeitia—. En todos los atracos que hemos propongo una batida por el pueblo en busca de
investigado en estos meses, lo que los ladrones se testigos, gente que se pudiera cruzar con estos
llevaron no ha vuelto a aparecer. Me parece que es dos individuos antes o después del robo, a pie o
un hecho significativo. en vehículo, y examinar las cámaras de la autovía,
—Quizá no se trate de los mismos —sugirió el para tener la referencia de todos los coches rojos
teniente Ribeiro. que registraron a lo largo del día del incidente.
—Esa es una posibilidad —dije yo—. La otra, —Me parece un buen plan de acción —respaldé
que en este caso se pusieran más nerviosos que en su propuesta—. Tampoco estaría de más tratar
las ocasiones anteriores. de hacer el censo de coches rojos de modelo
Chamorro aportó su habitual dosis de sentido compatible del pueblo y de la comarca, por si las
común: moscas. La brigada y yo pensaremos a ver si se nos
—Motivos tenían, acababan de desnucar a su ocurre alguna otra cosa.
víctima, o eso es lo que podían creer. Doña Chamorro se había encargado de buscarnos
Luisa quedó inconsciente e inmóvil después del alojamiento, no muy lejos de allí, en Navalmoral,
golpe. El bolso que otras veces podían llevarse donde había encontrado un motel de carretera
tranquilamente en esta ocasión les quemaba como razonablemente habitable. Se oía de fondo el rumor
nunca. Si se daba la mala suerte de que alguien los de la autovía, que quizá otro no juzgara el más
parara y se lo encontrara, estaban listos. indicado para conciliar el sueño, pero que a mí me
—Eso está puesto en razón —observó la capitán. transmitía una extraña paz. Me resultaba agradable
—Lo que me pregunto yo —dije— es por qué, constatar, gracias al ruido de los camiones que
tras darse cuenta, como tuvieron que dársela, de circulaban en dirección a Portugal o de allí venían,
que el bolso y la cartera podían tener sus huellas, que en el mundo continuaba habiendo gente
no trataron de recuperarlos. Estaban bien a la vista. dispuesta a hacerlo funcionar a todas horas para sus
—No cuesta mucho entender que dos tipos que semejantes, y no solo sujetos de corazón desviado
se han cargado a una anciana para atracarla no que únicamente habían aprendido a salir adelante
tengan muchas ganas de regresar al lugar de los aprovechándose o abusando del prójimo. El motel
hechos, cuando, además, está infestado de guardias. tenía delante de las habitaciones una especie de
La capitán Azpeitia dijo aquello como tratando terracita y en cada una de ellas había una mesita
de hacer patente el poco discernimiento que con una silla. Chamorro y yo juntamos las nuestras
yo acababa de exhibir, lo que le servía para y antes de irnos a dormir nos sentamos allí un
contrarrestar mi golpe de efecto de localizar rato a disfrutar del frescor de la noche y recapitular
el bolso. No tuve más remedio que darle la la jornada.
razón. Dejaba así por los suelos el pabellón de la Mi compañera sacó a la terraza la caja con los
unidad central y de paso cualquier esperanza de recuerdos de doña Luisa. Levantó la tapa, la depositó
impresionarla. Era tarde, no había dormido mucho, cuidadosamente sobre la mesa y empezó a examinar
pensé, para consolarme. su contenido. No solo había en ella fotografías.
—También es verdad —le concedí. También guardaba cartas, postales y toda clase
—En todo caso —retomó su discurso—, lo que de documentos, con ese prurito de las personas
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C A P Í T U LO VI
CÉNTIMO A CÉNTIMO
EN CAPÍTULOS ANTERIORES... que llamaba y dejé que Nada cantara hasta llegar a
Bevilacqua y Chamorro cuentan con aquellos versos, tan apropiados a la circunstancia:
una caja con pertenencias de la víctima que
—E tutto viene dal niente e niente rimane senza di te.
les dio su hija. Dentro de la caja, Chamorro
encuentra un documento que hará valer como —No está mal esa canción que le has puesto —
quien lleva un as en la manga. dijo Chamorro—. Ya me pasarás luego el título. ¿Es
que no lo piensas coger?
—Estaba pensando qué diré cuando lo coja.
—Sé tú mismo. Hoy te veo bien.
—A la orden de usía, mi coronel —dije,
atendiendo la llamada, un segundo antes de que se
perdiera—. ¿Cómo lleva el verano?
—Bien, Vila, no me quejo. Gracias por interrumpir
el tuyo.
—No iba a dejar sola a la brigada.
—¿Tenemos algún avance?
El coronel Hermoso era así: directo y expeditivo,
o h ay s e n t i m i e n t o no solía perder demasiado tiempo en cortesías.
de derrota e inutilidad que no se cure, o al menos se También yo sabía a esas alturas que lo que quería
amortigüe, durmiendo siete horas a pierna suelta, era algo que él, a su vez, pudiera ofrecerles a
dándose luego una buena ducha y administrándose quienes le llamaban de manera no menos acuciante.
un café bien cargado. A la mañana siguiente, cuando Me apliqué a ello:
me reencontré con Chamorro, notaba mis capacidades —Más de los que parecían probables ayer a mediodía.
bastante restauradas, tras el penoso derrumbe que El bolso de la víctima, con huellas que podrían ser de
había protagonizado la noche anterior. Mi compañera, uno de los agresores. Una identificación aproximada
que después de tantos años de soportarme me del vehículo en que pudieron huir. Y lo mejor de todo,
conocía de una manera que tal vez no nos conviniera la sensación de que se atropellaron después de que
a ninguno de los dos, no tardó en advertirlo: el robo se torciera. Por lo que tal vez hayan cometido
—Hombre, ya estás de vuelta. Un día, si quieres, más errores.
me cuentas qué estabas haciendo en esa playa. Me —¿Puedo esperar que lo encajéis rápido entonces?
está picando la curiosidad. —Puede, sin confiarse ni invitar a que nadie se
—No te lo ibas a creer. Tampoco me lo termino confíe.
de creer yo. —Entendido. Te agradezco el consejo.
Inoportuno por naturaleza y diseño, mi móvil —Solo le expongo mi opinión, mi coronel.
empezó a sonar. Leí en la pantalla el nombre del —Me sirve. Que os vaya bien el día.
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Y ahora allí lo teníamos, en la sala de como en la cartera están sus huellas dactilares:
interrogatorios. A su lado había una joven abogada las de usted. ¿Quiere decirnos que no se apoderó
de oficio que a duras penas disimulaba el horror usted de ese bolso, no lo abrió, no vació la cartera y
que la sobrecogía. Enfrente de él nos sentamos luego no lo arrojó, usted mismo, a la cuneta donde
los tres que habíamos interrogado a Abdeslam: el lo encontramos?
teniente Ribeiro, Chamorro y yo. Se me reservó, —No, eso no puedo negarlo —admitió,
por consenso de mis compañeros, el privilegio avergonzado.
de recordarle sus derechos, informarle de la —Tampoco ha negado que la idea de robarle a
imputación y hacerle, tanto a él como a su letrada, doña Luisa fuera suya. ¿Quizá porque tampoco en
una relación genérica de los medios de prueba esto Abdeslam nos ha mentido?
que había contra él. Esa era la parte fácil, por Aquel hombre llegó entonces al límite de su
formularia. Lo difícil era iniciar la conversación. resistencia. Sin poder aguantar más, se derrumbó
Tardé en decidir por dónde hacerlo. y empezó a llorar como un niño, con los hombros
—Este es un mal trago para todos —hablé al sacudidos por breves convulsiones y con hipidos y
fin—. Lo hecho no se puede deshacer y, como todo. No hay experiencia que le prepare a uno para
acabo de decirle, hemos podido reunir una buena asistir impasible a una tragedia como la que en ese
batería de pruebas incriminatorias. Sabe que tiene momento se desarrollaba ante nuestros ojos. Fue
derecho a no declarar, como le recordará su letrada, entonces Chamorro quien tomó la palabra, para
y que lo que diga puede ser utilizado en su contra, reconducir aquello a donde debía llevarnos, que no
pero también esta es la ocasión para que trate de era la demolición emocional del sospechoso, sino
decir algo en su favor. Su compañero le atribuye su colaboración para poder trasladarle al juez del
a usted la iniciativa y el ejercicio directo de la caso un relato lo más claro y fundado posible sobre
violencia sobre la difunta. la secuencia de los hechos delictivos. Con su voz
Al oír esto, algo se encendió dentro de aquel más cálida, le hizo notar:
hombre. —Tuviste una pésima idea, y todo salió de la peor
—Eso es mentira —saltó, con una energía de la manera posible, pero como te ha dicho el subteniente
que apenas unos segundos antes parecía totalmente eso ya no tiene vuelta de hoja. En el tiempo que
desprovisto—. Fue él el que le quitó la cadena y tienes por delante, te vendrá bien haber afrontado
tiró con esa fuerza exagerada que le hizo perder la verdad, haber colaborado para que se sepa y haber
el equilibrio a la pobre. Cuando no se rompió a la reconocido lo que tengas que reconocer. Quizá tu
primera, yo traté de tirar de él para que lo dejara, abogada te lo desaconseje, a efectos legales, y en ese
pero él estaba cegado con llevarse el crucifijo. Era sentido antes que a mí debes hacerle caso a ella. Pero
un buen pedazo de oro y se lo iban a pagar bien. ahora no te está hablando una guardia civil; quien
Le escuché con toda atención, sin dejar que te habla es una mujer que intenta comprender el
ningún gesto asomara a mi semblante. Luego crucé destrozo que llevas dentro y no tiene, tampoco lo
una mirada con mis compañeros. Nos entendimos tienen mis compañeros, el menor afán de que ese
sin palabras. Los dos me invitaron a que procediera. destrozo se te acabe haciendo insoportable. Por
—Son dos cosas las que dice su amigo Abdeslam eso, te invito a que no te mientas ni nos mientas.
—puntualicé—. Que usted fue el ejecutor material Quizá sea mejor que nos expliques por qué llegaste
del robo y que fue usted quien tuvo la idea de ir a proponerle a Abdeslam lo que le propusiste.
precisamente a por doña Luisa. Usted niega ahora El detenido tardó en aceptar aquel capote que le
haberle quitado la cadena. Pero tanto en el bolso echaban.
LORENZO S I LVA | ‘ U NA PÉ S I MA I DEA’
C A P Í T U L O V I I : ‘ U N A P É S I M A I D E A’ 3
Illescas-Getafe-Madrid-El Sauzal-Zaragoza-
Archena, verano de 2021