Domingo 30 junio 2019.
NSac - Pablo Suazo
“LECCIONES DE HUMILDAD”
Juan 13
INTRODUCCIÓN:
¿Qué hará cuando le digan que le queda poco tiempo de
vida? ¿En que invertiría esas últimas horas? Jesús las dedicó
a sus discípulos (no a su familia). El capítulo 13 de Juan
narra que el día que fue entregado, Jesús les dio varias
lecciones de humildad a sus discípulos. Les enseñó a servir
humildemente. El líder es el que sirve, influenciando a los
otros con su ejemplo. Les enseñó a enfrentar la traición con
humildad. No gritó, no se vengó, no atacó a su enemigo. Dejó
en las manos del Padre el cumplimiento de Su voluntad en su
vida. Y finalmente les dio un mandamiento nuevo. Que se
amen unos a otros. Así el mundo se daría cuenta qué
significa ser discípulo de Jesús. El capítulo sucede “antes de
la fiesta de la Pascua”. Es la última cena. Posiblemente
jueves Santo. Este capítulo tiene tres secciones:
a. 13:1–20: El Servicio
b. 13:21–30: enfrentando la traición
c. 13:31–38: Amaos unos a otros
1. SIRVA CON HUMILDAD (13:1-20)
Es jueves por la tarde-noche. El sol se ha ocultado. Es hora
de cenar. El lavamiento de los pies antes de la cena era
normal (Si hoy tomamos la cena, este sería el momento).
Jesús y los discípulos han llegado de Betania. Los pies
expuestos al polvo y la arena están sucios. Se acostumbraba
lavar los pies de los visitantes. El anfitrión, se aseguraba que
se realizara. Era una tarea que realizaba el sirviente del más
bajo nivel. Pero aquí no hay sirviente. Uno de los discípulos
debería hacerlo. Pero nadie estaba dispuesto. Ellos eran
orgullosos. Unos momentos antes habían estado discutiendo
entre sí acerca de la cuestión de “¿Quién es el mayor?”. No
habían entendido que la grandeza se mide con la vara del
servicio. Todos esperaban que otro tomara la iniciativa.
Además, entre ellos estaba uno que estaba decidido a
traicionar al Señor por 30 monedas de plata. Fue en medio
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de esos hombres que se sentían muy importantes, que Jesús
presenta un ejemplo de humildad y servicio al realizar un acto
que destaca su verdadera grandeza. ¡Sí, el Maestro lavó los
pies de los orgullosos, incluso, los pies del traidor Judas!
Un detalle que agrega esplendor a la acción fue el hecho de
que cuando Jesús la realizó, lo hizo con plena conciencia de
que era el Hijo unigénito de Dios “y que había salido de Dios,
y a Dios iba” (35). Entonces Jesús tomó una toalla y se la
ciñó. Pedro recuerda en 1 P. 5:5 que el Señor de la gloria se
había “revestido de humildad”. El v. 6 registra la reacción de
un discípulo, Pedro. Quizá los demás estaban en silencio,
perplejos, y avergonzados. Pero Pedro era diferente. No se
podía quedar callado. Dice Pedro, “¿tú me lavas los pies a
mí?” Pedro ve el contraste, por una parte está el Señor de la
gloria, por la otra sus pies sucios; Pedro ve la parte, no el
todo. Pedro ve sólo lo que está sucediendo en ese momento,
Jesús, piensa en la obra de humillación por la que está
pasando, de la cual el lavado de pies es sólo una parte.
Jesús respondió, “Si no te lavo, no tienes parte conmigo”. El
significado es sencillo, pero profundo: “Pedro, a no ser que
por medio de toda mi obra de humillación te purifique de tus
pecados, no participas conmigo en los frutos de mis méritos
redentores”.
Luego en12–15 leemos: “Así que, después que les hubo
lavado los pies, tomó su vestidura, volvió a la mesa y les dijo:
¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y
Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, vuestro
Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también
debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque un
ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros
también hagáis.”
Jesús aprovechó sus últimas horas para enseñar a sus
discípulos con el ejemplo y para imprimir en sus mentes que
el verdadero líder es aquel que sirve a su prójimo.
Lección: Si me queda poco tiempo de vida, serviré a mi
prójimo con humildad. Si no sé cuánto tiempo me queda,
serviré con humildad.
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La segunda lección es
2. ENFRENTE LA TRAICION CON HUMILDAD (13:21-30)
El verso 18 da un giro inesperado: “No hablo de todos
vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se
cumpla la Escritura: El que come mi pan, ha levantado contra
mí su calcañar.” (Me da de patadas)
Jesús cita el Sal. 41:9, que dice: “Hasta mi mejor amigo, en
quien yo más confiaba, y con quien compartía mi pan, se ha
puesto en contra mía.” Es un pecado indignante traicionar al
que ha sido benefactor de uno. David había sido traicionado
por Ahitofel, su consejero quien tramó un golpe de estado.
Junto con Ahitofel, David fue traicionado por su propio hijo,
Absalón. Jesús anuncia que será traicionado por Judas,
citando esta escritura profética. Una acción como la de
Ahitofel y Absalón, merece nuestro profundo repudio y
reacción. Si esto es así respecto a ellos, lo es más respecto a
Judas, que conservó la apariencia de amistad hasta el último
momento. Ninguno sospechaba de Judas, porque era un
hipócrita. El traidor merece desprecio. Quisiéramos
venganza, o al menos justicia. Pero Jesús no se vengó ni
recibió justicia, recibió traición a pesar de dar su vida en
rescate de muchos, y tristemente, muchos cristianos
seguimos traicionándole.
Estas semanas, muchos guatemaltecos nos hemos indignado
ante los resultados de las elecciones, aunque preveíamos un
fraude… (oops). Nos molestan los que consideramos
traidores. Por eso es tan indignante la infidelidad.
Pero Jesús muestra que es Salvador bondadoso. Les
advierte a sus discípulos de la traición y les convence que lo
que pasará está incluido en el plan eterno de Dios. Y cuando
ese plan se realiza, y Judas traiciona al Señor, los discípulos
deben seguir conscientes de su llamamiento divino. Deben
continuar cumpliendo el plan de Dios.
Después de desenmascarar al traidor durante la cena, Jesús
le dijo: “Lo que estás haciendo, hazlo más rápido”. De este
modo Jesús despidió a Judas, y a la vez reveló que él, como
Señor de todo, era el dueño de la situación. Todos los
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detalles de su Pasión, el calendario de los sucesos, estaban
en sus manos, no en las manos del traidor. En el plan de
Dios se había decidido que el Hijo de Dios se ofrendaría a sí
mismo por el pecado con su muerte en la cruz, y que esto
sucedería el viernes, 15 de Nisán. Ese no era el momento
que había escogido el Sanedrín o Judas. Ahora Judas sabe
que debe actuar más rápido, probablemente porque ahora
sabía que había sido descubierto” y tenía miedo de que todo
el complot fracasara si no actuaba rápidamente.
Judas es el perfecto hipócrita. No se puede confiar en él.
Cuando, al final del Ministerio en Galilea, “muchos de sus
discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él”, (6:66)
Judas continua con Jesús fingiendo ser verdadero discípulo.
Cuando María de Betania unge a Jesús, Judas finge estar
preocupado por los pobres. Cuando, durante esta misma
noche de la cena pascual, Jesús anuncia “Uno de ustedes
me va a entregar”, el hipócrita Judas finge al preguntar “¿Por
cierto que no seré yo, Maestro?”. Y ahora, unos momentos
después, cuando Jesús se dirige a Judas para entregarle un
bocado, éste lo toma con descaro, como si tuviera derecho a
aceptar comida de la mano de aquél a quien buscaba
destruir. ¡Si hubo alguna vez un hombre con la conciencia
endurecida, ese fue Judas!
Pero Jesús no lo destruye. Él se destruirá a sí mismo porque
no puede consigo mismo. Romanos 12:19 dice: “Nunca se
venguen ustedes mismos, sino dejen el camino abierto a la
correcta ira de Dios, como está escrito: Mía es la venganza.
Yo pagaré, dice el Señor”
Lección: El plan de Dios es superior a mi orgullo, a mis
planes, a mis anhelos. Cuando me vea traicionado por
aquellos en los que más confío, humildemente debo
inclinar mi cabeza ante Dios y rogar que Su voluntad se
haga, a pesar de cómo me sienta en ese momento.
La tercera lección es
3. AME A SU PROJIMO CON HUMILDAD (13:31-38)
En el v. 31 leemos: “Entonces, cuando había salido, dijo
Jesús: Ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre, y Dios ha
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sido glorificado en él”. Cuando Jesús despidió a Judas,
manifestó su voluntad de entrar en las aguas profundas y en
la noche tenebrosa de la muerte en favor de los que amaba.
Así que en este momento que parece indicar derrota,
deshonor y desastre, el Hijo del Hombre es en realidad
glorificado. Por medio de la obediencia y el amor Jesús,
como el Hijo del Hombre fue glorificado.
Luego les dice a sus discípulos en v. 33: “Adonde yo voy,
vosotros no podéis ir”. Va al Padre. No pueden ir al Padre, es
decir, no hasta después (13:36), no hasta que mueran.
Leemos en v. 34 “34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os
améis (agapate-agapao) unos a otros; como yo os he amado
(agapao – activo), que también os améis (agapao) unos a
otros. En esto conocerán (sin lugar a dudas) todos que sois
mis discípulos, si tuviereis amor (ágape) los unos con los
otros.” La novedad del precepto que se promulga aquí resulta
evidente por el hecho de que Jesús exige que sus discípulos
se amen unos a otros como él los amó (hasta el sacrificio).
Su ejemplo de amor constante, de abnegada encarnación,
ministerio terrenal y muerte en la cruz debe ser la pauta de la
actitud y relación de ellos entre sí. Ya que la obediencia
voluntaria de este precepto es de importancia capital para el
bienestar espiritual de los discípulos (y, de hecho, de toda la
iglesia), y dado que su propio corazón está lleno de amor,
Jesús repite este precepto. (Hendriksen)
Por medio de la manifestación externa del amor, los
discípulos del Maestro pueden influenciar en el mundo, de
modo que los hombres reconozcan que estos creyentes
pertenecen a Cristo y a nadie más.
Se ha atribuido a Tertuliano la frase: “¡Mirad cómo se aman!
Mirad cómo están dispuestos a morir el uno por el otro”
El texto completo de Tertuliano en Apología 39 (alrededor del
200 d.C.) es: “Pero son sobre todo las muestras de un amor
tan noble las que conducen a muchos a distinguirnos. ‘Ved’,
dicen, ‘cómo se aman entre sí’, porque ellos son movidos
más bien por el odio mutuo; ‘ved cómo están incluso
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dispuestos a morir unos por otros”, porque ellos mismos más
bien se matarían”
A la iglesia no le ha sido fácil cumplir este mandamiento.
Pareciera ser que ha prevalecido la división y no la unidad, la
doctrina nos ha dividido en infinidad de ramas. Hay cristianos
católicos, protestantes, evangélicos, ortodoxos, anglicanos,
nestorianos, luteranos, monofisitas, etc. Si bien es cierto hay
que combatir la herejía, también es cierto que muchas veces
nos dividimos porque nuestro YO es egoísta, orgulloso,
soberbio y testarudo. Pero el mandato de Jesús es “Ámense
unos a otros”. De lo contrario, ¿Qué pensará el mundo de
nosotros, de Cristo?
Lección: Se nos encomendó cuidar como un tesoro la
reputación del Señor y el frágil envase es un cristal
llamado amor. (Juan 13:34)
Conclusión:
17. “Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las
hacéis”.
Hagamos votos esta mañana para obedecer estas lecciones
que forman nuestro carácter a ser más como Cristo