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Renacimiento y revolución científica
1.1. Contexto histórico
El Renacimiento no fue solo movimiento en el que se intentó la mera reproducción
de la cultura antigua, sino que constituyó una época realmente renovadora y llena de
creatividad y de novedad. En ella aparecieron magníficos artistas, científicos,
descubridores, innovadores religiosos, navegantes, inventores...
En el Renacimiento nacieron propiamente el espíritu de la filosofía moderna y sus
tentativas de renovación frente al pensamiento medieval. Del teocentrismo medieval se
pasa al antropocentrismo moderno, lo que significó que el ser humano se afirmó ahora
como ser terreno y mundano dentro de la naturaleza y de la historia. Para realizar este
cambio, en el humanismo se eligió como modelo de civilización el mundo clásico.
La Edad Media termina oficialmente con la caída de Constantinopla a manos de los
turcos otomanos en 1453. Este hecho hizo que muchos sabios orientales, conocedores de
la cultura griega, migraran desde el desaparecido Imperio Bizantino a Italia y facilitó así el
renacer clásico en Italia.
En el capítulo de los descubrimientos hay que señalar el desarrollo de la
cartografía, la mejora de las técnicas de navegación y el empleo de la brújula, que
hicieron posible la expansión marítima y comercial, la llegada de Colón a América y el
acceso a zonas del globo hasta entonces desconocidas para los europeos. De hecho, la
fecha del desembarco de Colón en la actual Cuba, 1492, a veces también marca el
principio de la Edad Moderna , volveremos a ello en el apartado dedicado a España.
La invención de la imprenta facilitó la expansión cultural, el acceso masivo a la
cultura clásica en el humanismo y la circulación de textos bíblicos que favoreció la
Reforma Protestante
En el ámbito político y social se consolidaron los Estados nacionales y las
monarquías absolutas, y se produjo un notable crecimiento de la burguesía y del
capitalismo comercial.
Finalmente, como veremos en el último epígrafe del tema, en el período del
Renacimiento comenzó la revolución científica que culminaría con Newton y con el
abandono de las teorías cosmológicas aristotélicas.
1.2. Reforma y Contrarreforma
Martín Lutero (1466-1536) fue un fraile agustino y un teólogo cuyas críticas a los
abusos que se producían en la iglesia dieron lugar a la Reforma Protestante.
Sintéticamente, los aspectos del programa de Lutero más importantes son los siguientes:
- La lucha contra la simonía (o venta de indulgencias, es decir, pagar para
conseguir el perdón de los pecados y, por ende, la vida ererna; la posibilidad de comprar
un pedazo de cielo) y contra la corrupción eclesiástica y especialmente del Papa.
- La conveniencia de presentar las Sagradas Escrituras en las lenguas vernáculas y
no solo en latín. Era necesario traducir la Biblia del latín porque la lectura de las
Escrituras, para Lutero, no debía ser mediatizada por el poder eclesiástico sino dejada a
la libertad de cada conciencia.
- Por último, su tesis central dice que el ser humano no tiene auténtica libertad,
pues la salvación no proviene de sus actos, sino de la gracia divina y solo se puede
alcanzar mediante la fe, no mediante las buenas obras.
Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue una de las figuras centrales del
Renacimiento en el norte de Europa. Criticó, como Lutero, los abusos que se producían
en la Iglesia aunque, a diferencia de este, defendió el catolicismo y su síntesis con la
filosofía de Platón. Así, además de oponerse al protestantismo, mantuvo una dura
polémica con Lutero acerca de la libertad humana. Erasmo sigue las tesis de San Agustín
y afirma que el ser humano es libre frente al determinismo que defiende Lutero.
Juan Calvino (1509-1564) dio un paso más en la senda que había abierto Lutero y
afirmó que el ser humano ya estaba predestinado antes de nacer a la salvación o a la
condena eterna. Basándose en el concepto de Dios como absoluta soberanía y potencia
frente al que el ser humano no es nada que había extraído del Antiguo Testamento,
propone el importante principio doctrinal según el cual el éxito económico y social en la
vida es una prueba evidente del favor de Dios, un signo de la predestinación a la
salvación. Con este principio, la ética calvinista se convirtió en uno de los resortes más
importantes del capitalismo naciente, como demostró, yá en el siglo XIX, el sociólogo Max
Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
Resulta en cierto sentido irónico comprobar que la reforma que Lutero empezó
contra la idea de que los ricos se salvaran por el hecho de ser ricos comprando
indulgencias terminase en las tesis de Calvino que, como hemos visto, colocaban de
nuevo a los ricos mucho más cerca de la morada celestial.
Además, en el año 1531, Enrique VIII se proclamó jefe de la Iglesia Anglicana,
separándose también de la autoridad pontificia de Roma. Así, con la reforma luterana,
calvinista y la separación de la Iglesia Anglicana, se fracturaba definitivamente la unidad
monolítica religiosa del mundo medieval cristiano.
Se llama Contrareforma a la reacción de la Iglesia Católica contra la Reforma
luterana. Reacción que se materializó en las medidas adoptadas en el Concilio de Trento
(reafirmación de la infalibilidad del Papa y de su supremacía sobre las monarquías y los
principados de la tierra o consagración del tomismo como la mejor justificación racional de
los dogmas cristianos, por ejemplo) y en la creación, en el 1539, de la compañía de Jesús
(la orden jesuíta) con la finalidad de combatir al protestantismo.
Esta tensión dentro de la cristiandad desató en Europa un largo periodo de luchas
religiosas, las llamadas “guerras de religión” que acabarán con la paz de Westfalia en el
año 1648.
1.3. Recuperación del pensamiento clásico y humanismo
Como ya dijimos, los sabios expulsados de Constantinopla propician una
recuperación del pensamiento griego clásico en Italia. Esta nueva corriente nacida en
Italia, por poner al ser humano en el centro, será denominada humanismo.
Marsilio Ficcino (1433-1499) fue el fundador de la Academia platónica de
Florencia y el traductor de las obras de Platón y de Plotino al latín. Su objetivo era
establecer un puente entre la filosofía griega, desde el punto de vista platónico y
neoplatónico, y el cristianismo, pues considera que la religión debe basarse en
fundamentos filosóficos.
Más importante fue la figura de Giovanni Pico della Mirándola (1463-1494) que
representa quizá mejor el paso de la teología medieval, centrada en Dios, hacia el
humanismo renacentista, en el que se destacan la libertad y la racionalidad como las
cualidades esenciales del ser humano. Para este filósofo, la indeterminación de la
naturaleza humana es una cualidad positiva, pues permite al ser humano escoger
libremente su ser y lo coloca ante la alternativa de degradarse al nivel animal o de
elevarse en su aproximación a Dios.
Además de autores más bien platónicos, como los que acabamos de ver, también
había otros de corte más aristotélico como, por ejemplo, Pietro Pomponazzi (1462-1525)
que, desde la Universidad de Padua, desarrolló una corriente de pensamiento en la que
se daba más importancia al aspecto natural del ser humano y del mundo plegando a un
segundo plano el destino sobrenatural y el más allá. Así, también desde el aristotelismo se
contribuyó a terminar con la concepción teocéntrica presente en la cultura medieval y a la
construcción del humanismo.
Más allá de Italia, en Francia, nos encontramos con la figura de Michel de
Montaigne (1533-1592), principal representante del escepticismo renacentista. Su
principal obra, Ensayos, con la que inaugura este género literario, aborda un gran abanico
de temas y reflexiona de forma personal sobre múltiples asuntos, contrastando su propia
experiencia con los referentes clásicos de la antigüedad. Montaigne es escéptico porque
asume la tesis pirrónica de que no podemos conocer nada con seguridad; sin embargo su
escepticismo no es una doctrina a la que adherirse, sino un estilo de pensamiento con el
que busca librarse, todo lo posible, de su dependencia del mundo exterior reduciendo las
cosas a su justo valor.
La obra de Montaigne no es, por tanto, filosofía en el sentido de contener un
conjunto sistemático de doctrinas, sino que es un verdadero filosofar en sentido moderno.
Para él, la existencia es siempre un problema abierto, una experiencia continua que debe
analizarse incesantemente. Así, Montaigne no pretende exponer un pensamiento acabado
sino “ensayar” el juicio sobre sí mismo. De este modo, se toma conciencia de la absoluta
singularidad del propio yo, unida a la extrema universalidad de la condición humana. Por
eso, más tarde dirá de él Voltaire que "al pintarse a sí mismo lleva en sí a toda la
humanidad" y que esa es, sin duda, la tesis fundamental del humanismo.
1.4. España y la filosofía del derecho
España aparece en la escena internacional del pensamiento a partir de dos
sucesos que coinciden en el año 1492. Por un lado, los reinos cristianos terminan la
conquista de la península ibérica con la expulsión de Boabdil el Chico del reino nazarí
de Granada. Este hecho se completa con la expulsión de musulmanes y judíos y,
durante el siguiente siglo, con sucesivas expulsiones tanto de musulmanes conversos
(moriscos) como de judíos conversos (marranos), que eran especialmente vigilados por la
Inquisición. De este momento procede la costumbre de consumir tanta carne de cerdo en
España, pues era una forma de demostrar a la Inquisición que se era cristiano.
Desde un punto de vista simplificado, podemos correr el riesgo de imaginar este evento
como la expulsión de unas personas que habían llegado a la península ocho siglos antes.
Sin embargo, un análisis detenido, muestra lo erróneo de esta interpretación. Con la
conquista musulmana fueron muy pocas personas las que entraron en la península desde
el norte de África -personas que acabaron ocupando puestos de poder- pero en ningún
caso hubo un traspaso masivo de población. Así, las personas que fueron expulsadas de
la Península Ibérica a lo largo del siglo XVI y principios del XVII no eran en ningún caso
extranjeras. Aún en el caso de tener ancestros magrebíes, podían ser de diez
generaciones atrás, y no se puede considerar extranjero a alguien cuyos
tataratatarabuelos ya habían nacido en el territorio. Pero es que en muchos casos se
expulsó a personas que no tenían ningún ancestro de fuera de la península, sino que
simplemente se habían convertido en algún momento de esos ocho siglos al Islam porque
era más conveniente. Esta unificación religiosa permitió, aunque sobre las bases de la
intolerancia, fundar un estado unificado, lo que hizo que España se pudiese volcar en el
“descubrimiento” y conquista de nuevos territorios; cosa que Inglaterra y Francia todavía
no podían hacer porque estaban todavía sumidas en luchas religiosas internas.
El hecho segundo histórico fundamental ocurrido en 1492 fue el mal llamado
descubrimiento de América (y digo mal llamado porque ya había personas que vivían en
América, así que llamarlo descubrimiento implica que el único punto de vista que importa
es el de los europeos, que fueron, en rigor, los únicos que “descubrieron” aquel
continente). El descubrimiento de América tiene que ver con la toma de Constantinopla
por parte de los turcos otomanos ya que estos cerraron la ruta terrestre hacia la India, que
era fundamental para conseguir especias que se necesitaban para la conservación de los
alimentos. Así, con el paso terrestre cerrado, españoles y portugueses buscaron rutas
marítimas para llegar a la India. Desde Portugal, se intentó circunnavegar el continente
africano y, desde España, se apostó por la propuesta de Colón, que consistía en llegar a
la India rodeando la Tierra. Como dato curioso, decir que Colón había equivocado sus
cálculos al no ejecutar correctamente un cambio de unidad métrica, Colón creía que
Zipango (Japón) estaba mucho más cerca de lo que realmente estaba y, como sus
cálculos eran erróneos, a ningún gobernante europeo (que ya sabían más o menos como
de grande era la tierra al tener conciencia de la extensión del continente africano) le
pareció razonable la propuesta de Colón. Así, Isabel de Castilla, de las pocas regentes en
Europa que no tenían idea de navegación, fue la única que dio por buenos los cálculos de
Colón. Y no lo eran, sus cálculos eran erróneos, lo que sucedió es que donde Colón
esperaba que estuviese Japón apareció un nuevo continente. Tanto es así que Colón
murió creyendo que había llegado a la India, motivo por el que llamamos, todavía hoy,
indios a los habitantes autóctonos del continente americano.
Estos eventos, hicieron que avanzase la filosofía del derecho en España, porque
hubo que regular tanto la relación con otros imperios en confrontación, es decir, con
Portugal; como la relación con los nuevos súbditos de la corona española que nos
habíamos encontrado en el continente americano. En este sentido, destaca Francisco de
Vitoria (1483-1546), monje dominico miembro de la llamada Escuela de Salamanca.
Como dominico, fue el introductor de la teoría tomista en España. Y como legislador, el
creador del derecho internacional (ius gentium) sobre el concepto de que todos los
estados forman una comunidad humana y que es natural y necesario que exista una ley
de naciones. Esta ley, por ejemplo, incluía la inviolabilidad de los embajadores. En su
texto De indis, Francisco de Vitoria dice que los indios americanos son sujetos de derecho
no por cristianos, sino por seres humanos. Así, declaró que ni el poder físico ni el celo
misionero justificaban el apoderarse de otras personas. También en este texto declaró que
la esclavitud solo es legítima como medida penal pero no como práctica comercial.
Es importante recordar que, aunque desde la corona española se dictaran leyes contra la
esclavitud de los indígenas, los terratenientes coloniales (los encomenderos) podían
hacer lo que quisieran en el territorio americano ya que la corona tenía muy pocos medios
para controlar que las leyes que se promulgaban desde España se cumplieran
efectivamente en América.
Los argumentos de Tomás de Victoria se pusieron a prueba en la conocida como
controversia de Valladolid de 1550, dónde Fray Bartolomé de las Casas defendía la
plena humanidad de los indígenas y José Sepúlveda defendía su humanidad deficiente y,
por tanto, el derecho de los españoles de someterlos bajo esclavitud. La controversia se
resolvió a favor de Bartolomé de las Casas, es decir , se dictó que los indígenas eran
humanos de pleno derecho y no podían ser esclavizados al (aunque ya hemos dicho que
esto no implicaba que se cumpliera al otro lado del océano Atlántico). Sin embargo, ante
las protestas de los encomenderos, que se quejaban de que sin esclavitud las empresas
coloniales no serían rentables, los poderes eclesiásticos declararon que aunque no se
podía esclavizar a los indígenas americanos sí que se podía, en cambio, hacerlo con los
pobladores del continente africano. Así pues, se fue desarrollando, con la implicación de
toda Europa Occidental, el conocido e infame comercio triangular, que consistía en
llenar los barcos de materias elaboradas en Europa para venderlos en las colonias
africanas, allí llenar las bodegas de esclavos para viajar hasta el continente americano y,
desde América, transportar materias primas a Europa que sirvieran para producir
manufacturas, manufacturas que después se vendían en África, cerrando así el círculo. La
rentabilidad de este comercio era excelente ya que se producían manufacturas en Europa
con materia prima gratuita que se había obtenido con mano de obra también gratuita.
Recientes investigaciones (La esclavitud en las Españas, Jose Antonio Piqueras, 2012)
muestran cómo los grandes capitales españoles empezaron a formarse en esta época.
Por ejemplo, los capitales que crearon los tres grandes bancos españoles (La Caixa,
Banco Santander y BBVA) proceden en su mayor parte del comercio esclavista.
1.5. Filosofía política
En el período renacentista encontramos dos sistemas políticos que se oponen
entre sí. Por un lado, tenemos el sistema político de Nicolás Maquiavelo (1469-1527).
Este filósofo florentino desarrolló sus ideas a comienzos del siglo XVI, una época marcada
por profundos cambios económicos, políticos y sociales. Con el auge de la clase
mercantil, el abandono del feudalismo y la progresiva pérdida de la influencia de la
nobleza, el poder se condensó en unas pocas manos. Esto propició el desarrollo de las
monarquías y, en algunos casos, de las monarquías absolutas. Maquiavelo es un autor
que se fijaba en lo que veía, describió estos cambios y propuso a los dirigentes y los
legisladores consejos y estrategias para conservar y aumentar su poder frente a sus
súbditos y rivales. El lema más conocido de Maquiavelo es que el fin justifica los
medios, siempre y cuando el fin sea la consecución, el mantenimiento o el aumento del
poder político. Por describir los sistemas políticos como eran, esta teoría se conoce como
realismo político. Además, su propuesta se relaciona con un pesimismo antropológico,
para Maquiavelo los individuos son egoístas, violentos y ambiciosos por naturaleza; por
eso, necesitan un gobernante fuerte y despótico que los controle mediante leyes. Sin
embargo, Maquiavelo no justifica la inmoralidad como parece que el término del lenguaje
coloquial “maquiavélico” pretende deslizar, ni siquiera defiende la hipocresía, sino más
bien el cinismo. Maquiavelo cree que para un gobernante es más importante parecer
bueno que en realidad serlo, así pues, no fomenta la hipocresía, no le pide al político que
mantenga la máscara, lo que hace es justamente mostrarnos lo que hay debajo de las
máscaras, y eso no puede ser hipocresía; en todo caso, cinismo.
Por otro lado, tenemos a Thomas Moore (1478-1535) que nació y vivió en
Inglaterra. Fue un profundo pensador, así como un político de renombre. Llego a ocupar el
puesto de Canciller de Inglaterra bajo el reinado de Enrique VIII. Sin embargo, se opuso a
los deseos de este de divorciarse de su esposa Catalina de Aragón. Por este motivo, fue
encarcelado en la Torre de Londres y, posteriormente, sentenciado a muerte. Su obra más
destacada se llama Utopía, del griego, no-lugar. En ella, aborda la cuestión de cómo
debería ser un Estado para que fuera lo mejor posible. Por eso, a diferencia de
Maquiavelo, es utopista y no realista, porque describe cómo debería ser el Estado y no
cómo es en realidad. La isla de Utopía está conformada por 54 ciudades en las que todo
es público y no existe la propiedad privada, pues se considera que la avaricia es el
mayor de los males. Una de las características principales de la vida en Utopía es la
igualdad; todo está organizado para evitar distinciones. Se trata, así, de una verdadera
república y comunidad de bienes. Por otro lado, las leyes que la rigen no son muchas,
sino solo las imprescindibles. Para Moore, como más tarde también creerá Marx, los
cercamientos (proceso por el cual el uso de las tierras dejó de ser colectivo y pasó a estar
controlado por unos pocos terratenientes en Inglaterra) crearon una clase de desposeídos
que, además, después eran castigados por robos cuando se veían obligados a ello para
subsistir. En Utopía, las jornadas de trabajo no debían superar las 6 horas al día, el resto
del tiempo se debería dedicar a buscar los intereses culturales particulares. Además, era
necesaria para la convivencia una tolerancia religiosa. Para terminar, diremos que Utopía
es una obra que se inscribe en la tradición inaugurada por Platón con la República;
tradición utopista de reflexionar sobre cómo debe ser el régimen y la constitución del
Estado para ser los mejores posibles.
1.6. Revolución científica
Conocemos como revolución científica el proceso de descubrimientos que abarca
desde el siglo XV hasta el XVII y que acabaron con la concepción antigua del universo
heredada de la teoría aristotélica, un geocentrismo en el que la naturaleza está ordenada
siempre de una forma jerárquica y en el que cada ente tiene un fin hacia el que tender
(teleología). El sistema aristotélico perduró hasta el Renacimiento gracias a la
sistematización matemática que de él hizo, en la época helenística, Ptolomeo. Veamos las
figuras principales de esta revolución científica.
Nicolás Copérnico (1473-1543) en su obra Sobre las revoluciones de los orbes
celestes abordó el problema del movimiento orbital de los planetas y las estrellas.
Rechazó el geocentrismo y el sistema ptolemaico por considerarlo obsoleto y difícil de
aplicar. En su lugar, postuló su teoría heliocéntrica, cuyas ideas principales son que el
universo permanece inmóvil, que los planetas y otros cuerpos celestes giran alrededor del
Sol, que la Tierra presenta un movimiento de rotación respecto a su eje y que los
movimientos de los cuerpos celestes son uniformes, eternos y circulares. Así, esta teoría
implicaba una revolución enorme porque el ser humano no era ya el centro de la creación
divina. Además, surgían otros problemas desde la teoría teológica, como, por ejemplo,
donde se sitúa Dios si el universo es infinito. Al principio, la obra de Copérnico pasó
desapercibida para la Iglesia que, finalmente, en 1616, la prohíbe. No será hasta 1758
que la obra de Copérnico volverá a ser legítima para la Iglesia.
Galileo Galilei (1564-1642) fue un científico y filósofo italiano que escribió varias
obras decisivas para la fundación de la ciencia moderna e introdujo el experimento como
parte fundamental en la corroboración de hipótesis. Así, mejoró y utilizó el telescopio con
el fin de comprobar sus teorías. Descubrió, por ejemplo, que el Sol tenía manchas o la
Luna cráteres, lo que tiraba por tierra la hipótesis aristotélica de la perfección de los astros
celestes y de la existencia de un quinto elemento o éter. Además, distinguió el movimiento
rectilíneo uniforme del rectilíneo uniformemente acelerado, describió la caída libre como
movimiento rectilíneo uniformemente acelerado con velocidad inicial 0 concluyendo que el
tiempo de caída no dependía del peso (aunque aquí esté confundiendo los conceptos
actuales de peso y masa). Así, Galileo presenta ya un universo mecanicista en el que no
tiene cabida ningún tipo de teleología.
Como decíamos antes, otra de sus grandes aportaciones, fue el empleo de un
nuevo método, el hipotético deductivo, que tenía como modelo las matemáticas (método
que intentará imitar Descartes, como veremos). Este método consta de cuatro fases:
análisis de la experiencia sensible abstrayendo las propiedades esenciales; composición,
en la que se enuncian suposiciones o hipótesis; deducción de otros principios a partir de
las hipótesis y, finalmente, verificación empírica y experimental.
Johannes Kepler (1571-1630) fue reconocido como uno de los principales
astrónomos de su época. Destacó por el descubrimiento de las tres leyes del movimiento
de los planetas en sus órbitas alrededor del Sol. La primera dice que los planetas giran en
órbitas elípticas alrededor del Sol, que se sitúa en uno de los focos de la elipse. La
segunda dice que la línea que une los planetas con el sol barre áreas iguales en tiempos
iguales, es decir, que la velocidad no es constante. Y la tercera, que el cuadrado del
tiempo y el cubo del radio guardan una proporción constante. Estas leyes se demostraron
correctas, pero Kepler también postuló una fuerza motriz que emitía el Sol, una especie
de rayos que movían a los planetas, que no será correcta aunque sí será un precursor de
la teoría de la gravedad de Newton.
. Por último, llegamos a Isaac Newton (1643-1727), que fue un físico y filósofo que
dio una importancia decisiva al método inductivo (de lo particular a lo general). Este
pensador consideró que para llegar a proposiciones generales sobre la naturaleza es
preciso observarla con atención y seleccionar los hechos y los datos más relevantes. Solo
a partir de aquí se puede tratar de dar una explicación universal sobre los fenómenos.
Este método será el preferido de los empiristas y, siguiéndolo, Newton formuló tanto las
tres leyes de la Dinámica (la ley de la inercia, la de que la fuerza es directamente
proporcional a la aceleración, y la que indica que a toda fuerza de acción se le opone una
fuerza de reacción) como la ley de la gravitación universal (que dice que la fuerza de
atracción es directamente proporcional al producto de las masas e inversamente
proporcional al cuadrado de la distancia entre ellas). Esta última ley anula la diferencia
entre el mundo lunar y el mundo sublunar de Aristóteles e invalida el concepto de fuerza
solar de Kepler. Ya no es necesario ningún mecanismo externo para que los planetas se
muevan alrededor del Sol. Está progresiva independencia de las teorías científicas frente
a un dios o causa primera es la que llevaría a Laplace, ya en el siglo XVIII, a anunciar que
“Dios era una hipótesis innecesaria”. También, Newton (al mismo tiempo que Leibniz, lo
que generó una amarga polémica) descubrió el cálculo infinitesimal (derivadas e
integrales), que permitió reunir en un único método de resolución toda una serie de
problemas que permanecían sin resolver desde Arquímedes.
Estos autores que acabamos de describir se podrían clasificar como científicos. Sin
embargo, en el hecho del descubrimiento científico intervienen en otro tipo de pensadores
que no son estrictamente científicos. Veámoslo:
Como filósofo de la naturaleza vamos a citar el ejemplo de Giordano Bruno
(1548-1600). Es un filósofo de la naturaleza y no un científico porque, aunque estudia el
medio natural, no aplica ningún método científico. Digamos que Giordano Bruno es una
especie de Aristóteles insertado en el Renacimiento. Así, sus tesis estarán alejadas de lo
que realmente era la explicación científica y sigue hablando del mundo como emanación
divina (neoplatonismo). Sin embargo, la falta de concreción de sus juicios no impidió que
la Iglesia lo considerase herético y que lo quemase en la hoguera en 1600. Como es
lógico, los filósofos de la ciencia irán extinguiéndose ya que avanza el conocimiento
científico y sus teorías y métodos parecen cada vez más desfasados.
Por otro lado, como filósofo de la ciencia, podemos tomar el ejemplo de Francis
Bacon (1561-1626) que no es un científico pero tampoco es un filósofo de la naturaleza,
ya que no estudia el propio mundo natural sino el contexto del descubrimiento y de la
experimentación científica. Bacon es un precursor del empirismo porque afirma que el
método de las ciencias naturales no debe ser lógico sino empírico. Además, y esto es lo
que más nos interesa ya que no es un científico, reflexiona sobre el propio conocimiento
científico, afirmando que su objetivo es que el ser humano domine la naturaleza. Esta
idea, que parece obvia, no lo es tanto ya que en esta época gozaba de gran prestigio la
concepción del saber por el propio saber. Digamos que Francis Bacon es el padre de la
ingeniería, que creería que la física y las matemáticas no tendrían ningún sentido si no
tuvieran una aplicación práctica para hacer más cómoda la vida a los seres humanos.
Esta tesis, la de que el conocimiento sirve para dominar la naturaleza, alcanzó su punto
de desarrollo máximo en el siglo XIX, como veremos, con la corriente filosófica del
positivismo.
En resumen, la revolución científica, que empezó con Copérnico y acabó con
Newton, propició el abandono de la visión del mundo aristotélica y empujó, al descubrirse
errores constantemente en las teorías aceptadas desde siglos atrás, a los pensadores del
periodo moderno a centrarse en la teoría del conocimiento como uno de los problemas
principales de la filosofía.