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El alfoz de Fernán Núñez en Castilla

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El al/oz castellano en los siglos IX al XII

Entre los siglos xx al xxx Castilla estaba formada por un comple-


jo conjunto de territorios. Desde el mar Cantábrico al Duero pode-
mas deducir a lo largo de estos siglos la existencia de unas 140 cir-
cunscripciones territoriales; por supuesto, éstas se van dando a lo
largo de este amplio período, de manera que su configuración es va-
riada, y, como veremos en páginas sucesivas, se fueron produciendo
cambios, pero en líneas generales tal apreciación numérica es un
buen índice sobre la existencia de una fragmentación en la organi-
zación territorial, que corresponde precisamente al carácten de la
sociedad de los territorios castellanos en sus siglos iniciales. Estas
circunscripciones son documentadas muchas veces con el término de
territoriuin, o bien con el de suburbium, pero también se dará desde
unos tiempos bastante antiguos la utilización en el mismo sentido
del término alfoz (con sus variantes alfog, alho~,, alhauze, fo~, etc...).
A esta realidad básica en la organización territorial castellana dedi-
camas nuestro trabajo.
Nos limitaremos a los territorios que constituyen la Castilla ori-
ginaria (es decir> la Castilla Vieja), la Castilla en un sentido más am-
plio (es decir, hasta el Duero), así como los territorios al norte y al
Oeste de este conjunto claramente vinculados a Castilla, como las As-
turias de Sanlillana y Trasmiera, y el Campóo, y las zonas al oeste
del Pisuerga que durante los siglos xi y xxx estaban integradas en el
reino castellano como Saldaña, Carrión y Monzón, o en una estrecha
vinculación territorial como la Liébana (aún perteneciendo primero al
reino leonés> al igual que algunos territorios de las mencionados conda-
das); por el contrarío> prescindiremos de la Extremadura castellana
(por ejemplo, Soria, Segovia, Atienza, etc.)> así como de Alava y Rioja.
306 Carlos Estepa Diez

La geografía histórica de los territorios castellanos durante esta


época constituye un tema interesante, que ya ha tenido un auténtico
pionero en la obra de Teófilo López Mata’. Su estudio constituye
una auténtica recopilación de información, que nos ha podido ani-
mar para interpretan los itecitos, despojándolos un tanto de los plan-
teamientos meramente descriptivos y estáticos del historiador bur-
galés. También hay que aludir a las apreciaciones geográfico-históricas
realizadas pon don Angel Ferrari —a quien van dedicadas estas pá-
ginas— a la hora de estudiar algunos territorios que son objeto de
descripción en el Libro Becerro de las Behetrías 2~ Nuestro propósi-
lo, al estudiar las demarcaciones castellanas> ha sido ofrecer una in-
terpretación sobre una realidad bastante compleja> que forzosamente
la de tener conexión con la organización general de la sociedad. Este
interés ya lo hemos manifestado en dos de nuestros trabajos; uno
de ellos alusivo al territorio leones ~, y otro al papel de las ciudades
como centros administrativos, es decir, como centros de demarca-
ciones en el seno de un determinado tipo de sociedad Al elaborar ~.

el presente trabajo hemos de reconocen que nuestra visión sobre es-


tos temas se la enriquecido, y las ideas básicas, expuestas en sendos
trabajos, se lan visto confirmadas, peno también matizadas y desarro-
lladas. De esta manera, con el actual estudio queremos contribuir a
un mejor conocimiento sobre la realidad territorial de los reinos
cristianos en su primera época, y a la conexión de ésta con una de-
terminada forma de estar organizada la sociedad.
* * *

Un documento del año 800 nos menciona la civitate de Area Pa-


Ériniani iii territorio Castelle, al tiempo que habla del monasterio
de Taranco in territorio Mainensi No cabe duda que la Castilla
~.

primitiva se encontraba en la zona de la actual Espinosa de los Mon-


teros; es lo que los árabes denominaron ya desde fines del siglo viii
al-Qila (los castillos, es decir> Castella), y se hallaba diferenciada de
1 Geografía del condado de Castilla a la muerte de Fernán González, Ma-
dnid, 1957.
2 «Arcaísmos tópicos del reino astur testimoniados en el Libro Becerro de
las Behetrías», Boletín de la Real Academia de la Historia CLXXV (1978),
215-307 314-493; CLXXVI (1979), 174-244, 243-308; CLXXVII (1~80), 613-670, 207-
288; CLXXVII (1981), 415-478; CLXXVIII <1981), 1-56. Citaremos por la nume-
ración del conjunto de las separatas (pp. 1-SM).
3 «Problemas de terminología de la vida urbana de León en la Edad Me-
dia», Archivos Leoneses, 52 (1972), 99-124.
«La vida urbana en el norte de la Península Ibérica en los siglos Vm y ix.
El significada de los términos “ciuitates” y ‘castra”», Hispania, XXXVIII (1978),
257-273.
A. FLORLÁNO: Diplomática española del periodo astur, 2 vals., Oviedo,
1949, 1, p. 112.
El alfoz castellano en los siglos IX al XI! 307

Mena, situada al este. La escasa documentación del siglo ix nos mues-


Ira esta realidad: según un diploma del 853 Castilla aparece diferen-
ciada de las comarcas de Losa (llamada también’ Río Serea, debido
a este río que se introduce desde el Ebro lacia el noi-te montañoso)
y de Mena conforme a otro del 867, Castilla se diferencia de las
6;

comarcas de los montes Obarenes y de la Bureba, situadas al sur


del Ebro Ello no obsta para que en la segunda mitad de esta cen-
~.

turia los condes Diego y Rodrigo en su acepción de condes castella-


nos posean un reflejo territorial mayor 8, lo cual no es sino síntoma
de la propia realidad —de otro lado bastante desconocida— de su
poden político-territorial. Cabe fijarse, en principio, y analizan la acep-
ción originaria, pues un diploma del 816, al aludir a Castilla, se re-
fiere tanto a Sotoscueva, en la zona del nacimiento del río Trema,
corno a las cercanías de Espinosa9, es decir, pequeños valles del norte
de la actual provincia de Burgos; al siglo siguiente, en 959, corres-
ponden a Castilla territorio de Gigonza (Cigijenza, en el curso del
Nela) y territorio de Torme (en el Trema) ~ en tanto que otro de 967
dice expresamente In Castella (Jetula, itt alfoce de Tobalina “, alu-
diendo por tanto a una zona al norte del curso del Ebro. Esta prime-
ra mención del término «Castilla Vieja» denota una realidad sobra-
damente conocida, la de que en ese momento, y mucho más que en
la época de los condes Diego y Rodrigo, desde el punto de vista po-
lítico Castilla significaba el vasto conjunto relativamente unificado
en manos de un conde (en este momento Fernán González) e incluía
por tanto zonas como Burgos, Castrojeriz o Lara, situadas muy al
sur de la Castilla más primitiva, y cuya consideración obligaba, en
contrapartida, a señalar las comarcas del norte coma Castefla Vetula.
Peno sin duda esta Castilla Vieja ya englobaba un conjunto de terri-
torios o valles que no eran sólo la zona en tomo a Espinosa —de don-
6 Ibid., 1, p. 252.
1 A. UBIETO: Cartulario de San Millón de la Cogolla (7594076>, Valencia, 1976,
p. 18. Presuras «in Castejía, Lii eciam iii Ovarenes eX iii Boruevam».
Por ejemplo, en 869 y 871, «Didaco connite in Castella» (UnIm7a: San Mi-
llón..., pp. 19, 21); en 872, «regnante Rudericus comite iii Castella» (UBIETO:
ibid., pp. 23 y
El conde Gundesindo hace donación al monasterio de Fistoles, señalando:
«joras montiu~n, In Castella, villa... Sautus Coba, et Cornexo, et Pozares...
villa unter Hormaza et Spinosa», Fr. J. PÉREZ DE URBEL: Historia del condado
de Castilla, 3 vals., Madrid, 1945, III, núm. 10, p. 1040.
10 PÉREZ DE URBEL: Ibid., núm. 315, p. 1184.
~ J. DEL ALAMO: Colección diplomática de San Salvador de Oña (822-1284>,
2 vols., Madrid, 1950, 1, pp. 8-9.
12 Por ejemplo, en 929 encontramos a Fernán González tanto como conde
de Lara como de Castilla: «comite Fredunando Gundisalviz iii Lara» (L. SE-
[Link]: Cartulario de San Pedro de Arlanza, Madrid, 1925, p. 19), «comite Fra-
dunando Gundesalviz in Castella» (ibid., p. 23), en tanto que en otras ocasio-
nes aparece en Burgos, por ejemplo, en 954: «comite Fredinando Gundissalbiz
in Vurgos» (SEItttÁNO: Becerro Gótico de Cardeña, Valladolid, 1910, y,. 125).
308 Carlos Estepa Diez

de partió el nombre a fines del siglo ix—. El aludido diploma del 816
nos lo muestra, y otro del 872 nos menciona el monasterio de San
Martín itt territorio Castellense, itt loco qui dicitur Pontecerzi, sub tus
castro 13 es decir, Pontacre, cerca de Herrán, y por tanto en una zona
muy cercana al valle de Tobalina. Habría, por tanto, un conjunto
castellano referido a los valles del Nela, Trema, Trueba, Salón, y un
pequeño trozo del Ebro, quedando fuera de esta acepción las comar-
cas de Mena, Lasa y Valdegovia. Respecto a esta última podemos se-
ñalar del 931 la existencia de Tobillas territorio Flumencello ‘~, es
decir, del río Omecillo, que al igual que las comarcas de Valderejo
y Añana (Salinas) constituiría una zona intermedia entre Castilla y
Alava Varios pequeños territorios integrando un territorio más
‘~.

amplio es lo que nos puede ofrecer la Castilla Vieja de los siglos lx


y x. Este tipo de realidad basada en las pequeñas demarcaciones es
algo muy labitual, también en las zonas situadas al sur del Ebro.
Es necesario, por consiguiente, esbozar una interpretación.
Documentamos pon primera vez, can una cierta seguridad, el tér-
mino alfoz en un documento de 924. En una concesión a San Pedro
de Arlanza se labla de los montes y términos in alfoce de Tabla-
helio ¡6, y en esa misma fecla se menciona el monasterio de San Juan
itt suburbio quod dicunt Tablatillo Este pequeño territorio se la-
~

llaba en el río Ura (super crepidinem rivuli quem vocitant Ura), si-
tuándose algo más al norte el territorio de Ura, pues ambos aparecen
diferenciados en el documento fundacional de Covarrubias del 978 ‘~
Situados en una zona extrema del ámbito castellano —más si cabe
teniendo en cuenta la fecha— al sur del río Arlanza, manifiestan, sin
embargo, una realidad territorial que podemos encontrar en el norte.
Llama la atención la mención del término Jote, ya en el siglo íx
Por otra parle> y situándonos unos siglos más tarde, si analizamos
la descripción que muestra en el siglo xiv el Libro Becerro de las
Behetrías, nos encontramos en las zonas del norte un conjunto nada
despreciable de topónimos que contienen el término Hoz En un ~‘.

‘3 UBIETO: 5. Millón...> y,. 22.


14 PÉREZ DE UnzL: Ob. cit., núm. 122, y,. 1102.
‘~ Cfr. LÓPEZ MATA: Geografía..., y,. 61.
16 SERRANO: Carl. Arlanza, y,. 16.
“ Ibid.> p. 14.
‘~ SEinuNo: Cartulario del Infantado de Covarrubias, Madrid, 1907, y,. 26.
Lo encontramos por ejemplo en un diploma del 822, relativo a San Ro-
19
mán de Tobillas, en que aparece toze de ¡Ulla Lumenusi <ALAMO: Ob. cit., 1,
y,. 2), y en otra del 853 sobre la comarca de Lasa, donde se habla de foce de
Flauio (FLORIÁNO: Ob. cil., 1, y,. 252).
~ Por ejemplo, Hoz de Mena, Hoz de Abiada, Mata de la Hoz, Hoz de Arre-
ba, Hoz de Valdivielso, Hoz de Valdebodres, Hoz de Villatomil, etc... Hemos
utilizado la reciente edición de O. MARTÍNEZ DÍEZ, 3 vols., León, 1981.
Rl alfoz castellano en los siglos IX al XII 309

diplama del 978 el monasterio de San Martín y San Julián de Pontacre


aparece in Joze cercí, itt loco qui dicitur Ferrarie 21; sin duda, hay una
mixtificación respecto al término Ponte cerci (convertido en foze
cerci), no por ello menos significativa. Una hoz parece configurar
un pequeño territorio o demarcación, así, pon ejemplo, en 1049 el
monasterio de San Pelayo (dependiente de San Felices de Oca) es
mencionado como iii territorio quod vulgo dicitur Falce Morchoria 2~,
lo cual se refiere a Morcuera, al sur del Ebro, no lejos de Miranda
y cerca de Cellonigo; precisamente un documento de 1060 menciona
la iglesia de San Pelayo iuxta castrum Celoricum ~, en tanto que
uno posterior, de 1170, relativo a Santa Manía de Bujeda de Campa-
jares nos labla de San Juan de la Foze de Miriel ~, dándose la casua-
lidad de que los fueros de Miranda del Ebro de 1099 no sólo nos
hablan de Cellonigo y Morcuera entre los términos de Miranda, sino
también del Castrum Muriel al señalar límites Asimismo en el Libro
~.

Becerro de las Behetrías, al describir la comarca de Valdebodres, y


en el extrema occidental de la merindad de Castilla Vieja, el primer
lugar expresado es Quiníanilla de Valdebodres, y en él al hablar de
la tributación que han de pagar como «derechos del rey>’, y en la que
se muestra una unidad en las tributaciones de los ocho lugares de
la comarca, como muy bien ha señalado Ferrari ~t se dice «e andan
ellos e otros lugares de la Hoz Qiento e treynta maravedis» 2t en tanta
que en los das siguientes pueblos se habla del pago que realizan
todos los lugares del valle Es decir, queda clara la identificación
~.

entre hoz y valle como circunscripción, y lo que tratamos de ver es


si esto tiene realmente relación con alfoz.
En la época visigoda existían centros fortificados en determina-
dos pasos de montaña, lo que daba origen a la presencia de ciusas
en el sentido de demarcación, de pequeño territorio ~, realidad coin-
cidente con las kleisourai bizantinas. Ese carácter viene confirmado

21 UBIETO: 8. Millón..., y,. 108.


23 Ibid., p. 298.
24 J. GONZÁLEZ, El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, 3 vol&, Ma-.
drid, 1960, II, y,. 237.
25 T. MUÑOZ Y ROMBRo: Colección de fueros municipales y cartas pueblas,
Madrid, 1847, pp. 345-346.
~ Ob. cit., y,. 384.
~ Libro Becerro de las Behetrías (en adelante L.B.B.), II, p. 516 (merindad
de Castilla Vieja, núm. 233).
25 En el caso de Cueva de Valdebodres: «. -. e su parte de ciento e treynta
inaravedis que an de martiniega todos los logares del valle» (ibid., núm. 234),
y en el de Sobrepeña de Valdebodres: «e dan su parte de los Qiento e treynta
maravedis que da todo el valle» <núm. 235>.
‘~ A. BAaam~o, M. VIGa: Sobre los origenes sociales de la Reconquista,
Barcelona, 1974. y,. 75.
310 Carlos Estepa Diez

por la identificación en el latín medieval entre estas clusas y las fau-


ces ~, es decir, las hoces o gargantas de montaña.
El término alfoz es una palabra tomada de la lengua árabe, hawz,
procedente de las raíces HAWAZA o HAYAZA que tienen el sentido de
cortar, delimitar, poner límites, siendo pon tanto el sustantivo algo
que denota la demarcación, el distrito, el pago rural Ahora bien,
~‘.

los musulmanes de al-Andalus que entraron en contacto con la zona


de la primitiva Castilla desde finales del siglo viii se encontraron con
una zona montañosa, donde toda posibilidad de establecer demarca-
ciones administrativas venía dada por los valles angostos, y por con-
siguiente por la existencia de hoces o gargantas de montaña que
bien podían centrar toda concepción de rudimentaria administración.
El fenómeno que se produjo fue el de una mixtificación lingijística.
Como hipótesis hemos barajado la idea de si el término plural lati-
no fauces pudo ser transformado en el árabe hawz (habida cuenta
de la transformación de la f en h aspirada), canvirtiéndose así en
una palabra latina arabizada, que a su vez pasaría, ya bajo la influen-
cia árabe, de nuevo a los cristianos del norte como al-hau~, al-hoc,
al-! oz, dándose una cierta conciencia de la realidad territorial y, por
tanto, de hawz y Joz como derivados de fauces. En principio, tales
tesis parecen difíciles de sostener, dada la existencia de las radica-
les que hemos mencionado, pero no excluyen una curiosa coinciden-
cia que se presta a los resultados que hemos expuesto y los explica.
Efectivamente, aunque el término alfoz fuera introducido en Castilla
como una palabra árabe para denotar una pequeña demarcación (así
lo encontramos, como hemos dicho, en 924), esta realidad coincidía
con el hecho de que las demarcaciones se daban en el norte sobre
la base de las hoces de montaña, y al derivar el término latino hacia
el castellano hoz (en los primeros tiempos utilizándose más bien la
versión fo~, foce en la lengua escrita), confluía con alfoz (derivado
de hawz), pues tenía el mismo significado. Ello es lo que explica los
ejemplos que hemos aludido antes a propósito de las menciones de
una Foz como el centro de un pequeño territorio, o como expresión
de esa pequeña demarcación; éstas llegan hasta el siglo xiv; efectiva-
mente, el término Hoz se convierte a veces en el corónimo como ve-
mas en la Hoz de Arreba, que da el nombre a un pequeño territorio,
habiendo, por ejemplo, una localidad designada como Prádanos de
Hoz de Arreba. En el caso de Amaya es sumamente interesante ver

30 Dv CANeE: Glossarium mediae a infimae latinitatis sv. Fauces: «Non


semper dicitur, unquit Spelmannus, de ipsarum angustiÉs, quas clausas yo-
cant. .», es decir, se alude a la sinonimia con clausas (= clusas), antes de pa-
sar a observar otras acepciones.
~ R. Dozy: Supplément aux dictionnaires arabes, 1, pp. 334335.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 311

que un diploma de 1189 nos habla de Villanueva (en el río Odra)


como iii alfoz de Amaya32 pero una versión castellana del documento
nos habla de la oz de Amaya en la ribera del Modra No parece ex-
~.

traño que se produjera esta confusión alfoz-hoz en zonas donde el


punto de partida para la configuración de pequeñas circunscripciones
territoriales habían sido los pasos de montaña, y en general los pe-
queños valles relacionados con el nacimiento de los ríos o pequeños
tramos de éstos. A veces el término foce más bien incide en el carác-
ten de una auténtica toponimia menor 34; en ese caso, el sentido de
la demarcación es el de ser un conjunto de hoces. Conforme a estos
presupuestos (la existencia de los pasos de montaña), también resul-
la lógico pensar que en lo que constituirá la Castilla Vieja el número
de demarcaciones fuera mayor, pero ello no nos debe hacer pender
de vista la realidad más básica de un pequeño territorio como ori-
gen de toda organización política, y por consiguiente, nuestras ob-
servaciones sobre los alloces o territorios han de tener un plantea-
miento global, referido también a otras zonas castellanas.
En primer lugar debemos observar los problemas relacionados
con la identidad entre los términos territorium, suburbiuni y alfoz.
Tres documentos de 1075, versiones de la dotación por Alfonso VI
a la sede de Oca y su traslado a Burgos ‘~, nos sugieren una identi-
ficación entre alfoz y suburbio al hablar de variadas demarcaciones
como Briviesca ~, Mijangas ~, Muñó ~, Lerma ~, Escuderos % Honto-

32 J. GONZÁLEZ: Alfonso VIII, II, y,. 889.


33 LCi’~z MATA: Geografía..., y,. 147.
34 Por ejemplo, en Mena donde en el L.B.B. nos encontramos un Hoz de
Mena y otros lugares denominados de Mena, hallamos un documento de 856
en que se menciona la iglesia de San Caprasio (entregada a 5. Emeterio y Ce-
ledonio de Taranco) qui est iii territorio unter Taranzo et Foze mediada (U ELE-
~o: 8. Millón..., p. 13), lo que nos sugiere la existencia de diversas hoces con-
figurando la demarcación.
>~ SERRANO: El Obispado de Burgos y la Castilla primitiva desde el siglo V
al XIII, 3 vals., Madrid, 1935-1936, III, pp. 38 s&, constituyen las documen-
tos núms. 13, 14 y 15 del apéndice documental.
~ Doc. núm. 13: «in suburbio de Berbesica> nomine Platano» (se refiere al
cercano lugar de Prádanos); doc. núm. 14: «villam iii alfoz de Berbesca, no-
mine Platano».
~ Daes. núms. 13 y 15: «in suburbio de Mescangos cellam Sancte Coluznbe».
~ Doc. núm. 13: «iii alfeze de Momio villam cognomunatam Basconziellos’.,
«in zpso eodem honore de Monnio, in monte qui dicitur Balzalamio, villam
advocatam Mahomat»; doc. núm. 14: «in alfoze de Momio villa que dicunt
Basconciellos»; doc. núm. 15: «in alfoz de Munio villam cognominatam Ras-
coticiellos».
~‘ Doc. núm. 13: «in accidentia de Lerma»; doc. núm. 14: «Fn alfoze de
Lerma»; doc. núm. 15: «iii accidentia de Lerma».
~ Doc. núm. 13: «villam de Cheia... iii alfoz de Scuderos»; doc. núm. 14:
«in alfoze de Escuderos, villa de Keia»; doc. núm. 15: «villam de Cheja... in
alfoz de Scuderos».
312 Carlos Estepa Díez

nia del Pinar ~‘, Moradillo del Castillo 42 y Becerril del Carpio ~ utili-
zándose también expresiones como termino y accidente, todas ellas
sinónimas ~. Por otra parte, suburbio y territorio aparecen totalmen-
te identificados; como ejemplo significativo podemos señalan que va-
rios diplomas del 950 mencionan el monasterio de San Martin de
Buezo, indistintamente como in suburbio Uirobesca o territorio de
Uirobesca ~, en tanto que en la documentación de San Pedro de Mr-
lanza, este centro monástico es calificado, por ejemplo, en 970 como
itt territorio Lare, en otro de 982 suburbio fluminis Aslanze, y ya an-
tes, en 912, iii suburbio que vocitant Larat La existencia de un su-
burbio o territorio referido a Bniviesca y Lara, pena que igualmente
se identifica con la presencia de un alfoz de Bniviesca o de Lara ~,
es algo que no ofrece la menor duda. Se podrían añadir otros ejem-
píos sustraídos de los documentos, cuyo análisis haría demasiado
larga nuestra exposición. Basta decir que el panorama documental
de esta época sugiere con toda evidencia la existencia de una tal iden-
tificación, y cabe preguntarse ahora cuál es su base, ya que cierta-
mente los términos alfoz y territorio denotan la realidad de unas
demarcaciones, pero además el término suburbio puede sugerir la
existencia de un punto de referencia, de una subordinación.
Cuando estudiamos el caso de León vimos cómo se podía concluir
la sinonimia entre suburbio y territorio y cómo la proyección de un
centro territorial podía ser sumamente amplia. Aquí parece que nos
encontramos con unos territorios más pequeños, aunque en princi-
pio no cabe rechazar la idea paralela de territorios más extensos.
De cualquier modo el tema es la realidad de la civitas o de la urbs
como centro administrativo de un territorio y de qué forma halla-
mos este fenómeno en la región castellana. Burgos es mencionado
4’ Docs. núms. 13 y 15: «in termino de Fonte Oria nionasterium quod yo-
catur Sancta Maria de Ravanera»; doc. núm. 14: «In alfoze de Fonte aurea
monasterium Sancte Marie de Ravenaria».
42 Doc. núm. 13: «La Rade in accidente de Muradello»; doc. núm. 14: «Iii
alfoze de Moratello villa que dicitur Larrat”; doc. núm. 15: «La Rade iii acci-
denti de Muradiello».
43 Doc. núm. 13: «Villam de Rodrico in adiacenti de Bezerril»; doc. núm. 14:
“In altoze de Bezerril villa Rodrigo»; doc. núm. 15: «Villam de Rodrigo in ac-
cidentí de Bezerrih.
44 Aunque hallamos en el conjunto de estos ejemplas un uso más escaso
de suburbio que el de otros términos, la serie señala siempre las mismas de-
marcaciones, y por tanta, todas las palabras empleadas son sinónimas, dán-
dose claramente un contexto de identificación entre las mismas. Curiosamente,
suburbio aparece mencionado en el caso de las dos primeras demarcaciones
que aparecen en la descripción (Briviesca y Mijangos), utilizándose luego las
otras palabras, posiblemente, entre otras cosas, por una cuestión de estilo.
~ M? D. PÉREZ SOLER: Cartulario de Valpuesta, Valencia, 1970, Pp. 39 ss.
46 SERRANO: Cart. Arlanza, pp. 5, 53, 66.
‘~ Así el ejemplo de 1075 alusivo a Briviesca (vid. supra nota 36), mientras
que Ja expresión Alfoz de Lara la hallamos documentada desde 1052 (SrniRÁ-
No: Ibid., y,. 112).
El alfoz castellatto en tos siglos IX al XII 313

en el siglo x como civitas, y su territorio —más o menos coincidente


con lo que será su alfoz en 1073 conocida habitualmente como
~—

su suburbio ~; la connotación de civitas como centro administrativo.


que no constituye el sentido socioeconómico de ciudad, puesto que
nos hallamos en la fase de las formaciones preurbanas, no nos puede
extrañar en el caso de un centro del poder condal unificado, pero lo
curioso es que civitas aparezca referida a centros que no podían ser
sino de una pequeña demarcación. Por ejemplo, la civitatem Agosin
que vemos en 1070 ~ es el lugar de Los Ausines (en el río de dicho
nombre, afluente del Anlanzón) y constituye una pequeña comarca
al este del territorio o alfoz de Burgos; ya en 944 se menciona San
Martín de Modúbar como in suburbio qz-¿od dicunt Agusini SI expre-
sión que también encontramos en 1039 ~, en tanto que otro diploma
de 1050 nos contrapone ambos territorios: itt suburbio de Vurgos
(monasterio de San Martin de Villaváscones), itt Agusytte suburbio
(San Martín de Modúbar) t> Si se ha aplicado en 1070 el término
civitas es por la existencia de una determinada circunscripción terri-
torial, y precisamente suburbium lo que significaba era lo que se
hallaba bajo la dependencia de la urbs, entendida ésta como mero
centro administrativo, no coma un tipo de población dotada con
unas características económicas más evolucionadas, pues en este mo-
mento tal realidad aún no se daba, es decir, no habla propiamente
ciudades, sino centros de demarcaciones que podían ser relativa-
mente extensas, pero también de carácter pequeño y limitado.
Esta dependencia la podemos ver reflejada en determinadas men-
ciones documentales a propósito de localidades que se sitúan en di-
chas territorios. Par ejemplo, el sub urbe respecto a Burgos que
vemos en 963 ~, la situación del monasterio de Cardeña itt superurbio
quem dicunt Vurgos en 972 ¶ coincidente con la utilización del super
urbio respecto a Nájera en 971 t que si bien es un ejemplo exterior
a nuestro ámbito de estudio, no por ello deja de ser ilustrativo, o el
sub urbe alusivo a Clunia en 1037 ~. Incluso, comprobamos en todo

4~ LÓPEZ MATA: El alfoz de Burgos, Burgos, 1958, Pp. 31-32.


~ Aparece muy abundantemente en la documentación de San Pedro de
Cardeña, al señalar la ubicación de este monasterio, vid., por ejemplo, SERPA.
NO: Becerro Gótico..., PP. 2, 24, 140, 286, 342, 347, 363, etc... También aparece
durante el siglo x el alfoz de Burgos, por ejemplo en 963, «villas proprias
quos sunt in alfoze de Vurgos» (ibid., y,. 20); en 988, «Sotiello, qui est in alfoce
Vurgensis» y «Rekeisio in alfoce de Vurgos» (ib íd., y,. 353).
30 SERRANO: Can. Arlanza, p. 149.
51 SERRANO: Becerro Gótico.,., y,. 55.
52 Ibid., y,. 57.
~3 Ibid., p. 376.
~ Ibid., y,. 47.
~ Ibid. y,. 337.
~ Un~o: 8. Millón..., y,. 102.
~7 SEp¡~No: Cart. Arlanza, y,. 63.
314 Carlos Estepa Díez

ello la identidad entre el territorio y el suburbio, pues este sub puede


llegar a íransferirse al primero, así en el caso del documento del 970
en el que se dice sub territorio Cesariense., es decir, de Cerezo ~, o en
el de 1054, que menciona a San Pedro de Arlanza sub territorio Lara ~.

Si bien ese carácter de civitas o urbs lo podemos encontrar documen-


tado para centros como Burgos, Nájera, Clunia, Lara o Muñó 63 que
tuvieran un territorio más extenso que el de las pequeñas circunscrip-
ciones, en algún caso también se aplicó el término a éstas, probando
así ese carácter genérico de centros administrativos y sus respectivas
demarcaciones, y encontrando además una gran difusión la utiliza-
ción para ellas del término suburbiusn, que junto con los de alfoz y
territorium, constituye una trilogía que expresa de manera fehaciente
la realidad de las demarcaciones.
No solamente se dio el sub urbe o sub territorio; al igual que se
decía in territorio, se utilizó el itt urbe, y no en el sentido de algo
situado en el centro de población, sino sin más, como algo pertene-
ciente al territorio o demarcación. Así, en un ejemplo relativo al te-
rritorio de Rna, el monasterio de San Andrés de Boada se halla in
urbe Roda 61 También se llegó a utilizar justa o iuxta para señalar
tal relación; así en 972 el monasterio de Cardeña aparece situm justa
Vurgos ~, cosa que evidentemente no puede ser interpretada sino como
suburbio, término que consta en el caso de Burgos de manera muy
abundante.
Lo dicho hasta ahora parece llevar implícita la idea de que las
demarcaciones contaban con un determinado centro, es decir, que
el alfoz, territorio o suburbio estaban sustentados por un determi-
nado centro de población. Sin embargo, tenemos la impresión de
que la realidad era más compleja. La existencia de territorios en los
que no existía propiamente un centro es un hecho histórico que ha
sido puesto de relieve por Barbero y Vigil al estudiar las sociedades
gentilicias del norte de la Península, señalando significativos ejem-
píos A veces parece que la aparición de un centro es posterior a
~.

la existencia del territorio, es decir, surge por la propia evolución


de la sociedad, y o bien asume el nombre de la demarcación, o bien
lo emplea haciendo referencia a él en su carácter de corónimo. Este
es el tipo de sociedad que nos encontramos en buena parte de la re-

58 Ibid., y,. 53.


~ Muñó aparece como sub urbe en 968 (Ld~nz MATA: Geografía..., y,. 138)
y está documentado como cinta/e de Munio en 1068 (SERRANo: Obispado...,
Iii, p. 32).
61 SERRANO: Cart. Arlanza, y,. 48.
62 SERRANO: Recerro Gótico..., pp. 334, 380.
63 VIaL: Edad Antigua, t. 1 de la Historia de España Alfaguara, Madrid,
1973, y,. 426; BARBERO, VIaL: Los orígenes sociales, PP. 115 s.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 315

gión objeto de nuestro estudio, y constituye, por tanto, una realidad


muy importante que hemos de analizar.
En el diploma alusivo a la fundación de Cervatos de 999, una
notable falsificación que sin embargo resulta útil de cara al tema
que estamos estudiando 6t se menciona tal iglesia como sita est itt
urbe Campodii, no habiendo entonces ningún centro denominado así,
de manera que incluso se puede pensar que en otro momento del
documento tal centro parece ser el propio Cervatos, cuando dice dic-
tam urbem seu locum de Ceruatos. En esas fechas, y a tenor can el
documento, el Campóo estaba constituido por las comarcas del na-
cimiento del Ebro y de la cuenca del Híjar, esto es, lo que se deno-
minará Campóo de Suso y Campóo de Enmedio (zona de Reinosa),
no entrando, por consiguiente, otras zonas situadas más al sur, que,
sin embargo, en el siglo xiv integrarán la merindad de Aguilar de
Campóo, y no creemos hubiera un auténtico centro administrativo,
sino simplemente la realidad de una demarcación. Este caso no es
único. Los valles de Tobalina y de Valdegovia ~ no cuentan con una
población denominada así, ni parecen disponer de un auténtico cen-
tro, más bien constituyen un conjunto de pequeñas poblaciones con-
figurando una demarcación. fgual parece suceder en los casos de
Lasa y de Mena. En este último el Libro Becerro de las Behetrías
recoge muchos pueblos denominados de Mena, habiendo incluso un
Hoz de Mena, pero ninguno se llama Mena ni parece despuntar sobre
los demás, y recuérdese que se trata ya de una época más tardía.
El Valderredible y el Valdivielso aparecen en 967 como contrapues-
tos a Tobalina, y con el mismo carácter que hemos señalado en terri-
torios antes mencionados; aunque en el primero de ellos (al menos en
una parte de su territorio) se mencione el alfoz de Albania en 1048 ~,
y en el segundo caso, conforme a un testimonio de 1011, aparezca
una villa que tiene el significativo nombre de Condado (Ulla Come-
tato) 67, serian fenómenos posteriores que no invalidan nuestras ob-
servaciones. En el caso del alfoz de Tedeja, situado en la parte más
meridional de la Castilla Vieja ~, se podría inferir la existencia de
una demarcación que contara con tal centro fortificado, cuya tenen-
cia está documentada en el siglo xi, pera en las diplomas de 1075,
antes aludidos, sobre el traslada de la diócesis de Oca a Burgos, hay

64 PÉREZ DE URBEL: Ob. cit., núm. 528, Pp. 1265 ss.


~ En el caso de Valdegovia, con toda, es posible que asumiera tal carácter
el centro episcopal de Valpuesta, aunque significativamente no hallamos una
mención expresa del territorio de Valpuesta, y sin embargo, sí existe una cir-
cunscripción de Valdegovia.
67 Ibid., y,. 67.
~ ALAMO: Op. cit., 1, y,. 65.
68 Se documenta como tal en un diploma fechado en 1035, pero probable-
mente posterior a 1054, MAMo: Ibíd., y,. 53.
316 Carlos Estepa Diez

un suburbio de Mescangos, y Mijangos, que se encuentra en este


valle> aparece situada en 1202 itt alfoz de Tudeia % Podría darse una
cierta vacilación en el carácter del auténtico centro de la pequeña
demarcación, en la que sin embargo terminaría destacando claramen-
te Tedeja, sin duda por su carácter de centro militar, pero, previa-
mente, y si consideramos los ejemplos anteriores, es probable que
este territorio no contara con un auténtico centro de demarcación y
éste surgiera debido a circunstancias político-militares (la frontera
entre Castilla y Navarra a partir de Sancho el Mayor).
La existencia de demarcaciones sin auténtico centro constituye
una interpretación que también puede ser aplicada al conjunto de
los territorios de la más primitiva Castella Vetula. Si prescindimos
de los territorios de Tobalina, Tedeja y de los que en la zona norte
poseen mención territorial expresa, al menos en algún momento,
como Torme y Cigilenza, es decir, nos limitamos a la zona que ~o
posee más que el nombre de Castelia Vetula, veremos que tal demar-
cación no contó con un auténtico centro administrativo, pues ni de Es-
pinosa, Villarcayo, Medina de Pomar o Gayangos consta que tuvie-
ran ese carácter. Con todo, es pasible que la existencia antigua de
múltiples fortificaciones significara una determinada ordenación te-
rritorial, de lo que es prueba el más primitivo testimonio castellano,
es decir, la cívitate de Área Patriniani dcl 800. En cualquier caso no
es aventurado decir que las demarcaciones tienen como base funda-
mental el fenómeno de varias comunidades que componen un terri-
torio o alfoz, sin que sea necesaria la existencia de un auténtico
centro administrativo que irradie sobre la comarca, pues la demar-
cación surge a partir del contexto gentilicio y ella es la que en todo
caso puede generar el centro administrativo, bien merced a la pro-
pia evolución de estas sociedades primitivas o por las circunstancias
político-militares que afectan a la zona.
Otras comarcas que no pertenecen a la Castilla Vieja nos trans-
criben una realidad semejante. En el extremo occidental nos encon-
tramos ya en la segunda mitad del siglo xii en el territorio lebaniego
con el extraño alfoz de Radias a la hora de situar el monasterio de
San Salvador de Buyezo Este mismo documento cuando refiere los
~‘.

tenentes de la región nos habla de Baró-Ceneceda y de Cabezón-Val-


deprado, lo que refleja, por tanto, una concepción territorial más
evolucionada, que contrasta, por tanto, con esta alusión, que bien
podría tener una connotación más primitiva. Al este del Pisuerga nos

ibid., p. 416.
69
Gayangos aparece en el diploma de 959 en el que se habla de los terri-
2U
torios de Cigilenza y Torme, y no parece clara en él su situación en el de Torme.
71 En un diploma de 1165, J. GoNzÁLEZ: Alfonso VIII, II, p. 128.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 317

encontramos el alfoz de Ibia ~ que queda identificado con la zona


del curso del Valdivia, no habiendo localidad alguna conocida bajo
este término o un lugar que en principio aparezca como preferente
en la comarca. Por otra parte, los alfoces de Gama y Bnicia sí cum-
plen ese requisito, pero no debemos olvidar que se hallan documenta-
dos en el siglo xix ~, en tanto que constatamos otros ejemplos curiosos
como el del territorio de Valdeprado (un topónimo de por si muy
habitual), que alude a una localidad concreía, pero cuyo territorio
es mencionado en 1164 como Prado ~, lo que nos hace pensar que el
topónimo documentado en el Libro Becerro de las Behetrías no es
sino testimonio de la adopción del nombre de un territorio anterior,
es decir, la demarcación como anterior a la aparición de su centro.
Precisamente en la mención de 1164 Prado aparece juntamente con
Paredes Rubias, que a su vez es simplemente el nombre de un terri-
torio que ya en 1011 es mencionado como alfoz t y que bien podría
corresponder a la zona del Valderredible occidental, pues precisa-
mente en él se encuentra la localidad de Alfania que ya hemos men-
cionado anteriormente. Finalmente, podemos señalar el caso del alfoz
de Ameba, documentado en 1139, y en donde se nos habla habitual-
mente del lugar de Hoz de Arreba ~, habiendo una cierta identifica-
ción entre Ameba, Hoz de Ameba y alfoz de Ameba, o el no menos
interesante de Valdepomres, en donde terminaría apareciendo un lu-
gar denominado Cidad ~

El carácter primitivo de la sociedad en donde surgieron estas de-


marcaciones marcó sin duda las concepciones territoriales. Aunque
ciertamente había una tendencia a la aparición de un centro en el
pequeño territorio, esto creemos sucedería de una manera muy de-
terminada, y en algunos casos destacó más, aun en siglos posteriores,
el carácter originario de la demarcación, que no se producía a partir
de un núcleo concreto. Algo más al sur de los territorios referidos
podemos encontrar también un caso como el del territorio de Orde-
jón, cercano a Amaya; en él, el monasterio de San Cosme y Damián
es situado itt loco qui dicitur Congusto, iusta Orcellione, según un
documento del 950 ‘~.Cabe preguntarse si el iusta es utilizado aquí
en el sentido de in urbe, sub urbe, que antes hemos señalado. Parece

7’ Documentado en 977 (iglesia de San Vicente de Mata ¿u alfáce de Hipia,


vid. LÓPEZ MATA: Geografía..., p. 25) aparece igualmente coma circunscripción
en el documento fundacional de Covarrubias un año después, así coma en tes-
tiznarnos posteriores.
73 El de Gama en 1146, vid. LÓpgz MATA: Ibid., y,. 27. El de Bnicia en 1169;
SERRANO: Obispado..., III, y,. 239.
74 AHN, Becerro de Aguilar de Campóo, f. 27r.
75 En el diploma fundacional de Ofla, vid. ALAMO: Op. cit., 1, y,. 16.
76 AHN Sta. María de Rioseco, 351-353.
~ LBB, II, y,. 507 (merindad de Castilla Vieja, núm. 219).
7S SERRANO: Cart. Covarrubias, y,. 1.
318 Carlos Estepa Díez

bastante probable, y vemos que ese pequeño territorio incluía en-


tonces las localidades de Congosto y Humada, pera, si bien no nos
atrevemos a afirmarlo con seguridad, podemos al menos preguntar-
nos si no era más bien el nombre del territorio, pues en principio
no documentamos expresamente la localidad de Ordejón durante el
siglo x, y posteriormente vemos la existencia de das lugares —pró-
ximos entre sí— que llevan el nombre de Ordejón (de Abajo y de
Arniba)’t lo que podría incidir en nuestra tesis de que primero fue
el territorio o demarcación y luego el centro o núcleo de la misma.
Este panorama nos puede hacer caer en la tentación de extender
la interpretación a zonas situadas al sur de la Castilla Vieja. Debemos
ser, sin embargo, cautos, y comprender que probablemente lo que se
deduce es una diferencia entre la organización territorial de las di-
versas zonas. Por ejemplo, si observamos territorios burebanos como
Fuentebureba, Ribarredonda, Bniviesca, Poza, Tamayo o Rublacedo,
vemos que la situación en el siglo x no es la misma que la que hemos
señalado para Castilla Vieja; aquí, por el contrario, todo parece in-
dicar que había pequeñas circunscripciones que recibían el nombre
de un determinado núcleo de población. Igualmente sucede en Oca,
donde incluso destaca la existencia de un territorio más extenso ~,
cuyo núcleo era un antiguo centro episcopal, centro de la comarca
de los Montes de Oca, y que posteriormente será conocido como Vi-
llafranca81. Los casos de Burgos, Castro] eniZ, Muñó, Lara, Clunia o
Lerma, resultan demasiado patentes para que sea necesario un co-
mentario. La complejidad del vasto conjunto territorial castellano
queda también reflejada en la organización territorial, en el origen
de las demarcaciones, y nos manifiesta así la incidencia que tiene el
mayar o menor arcaismo de la saciedad castellana en el tema de la
correspondencia de la organización territorial con el grado de evolu-
ción de dicha sociedad.
* * *

Una zona a la que en el presente estudio aún no hemos dedicado


suficiente atención, y que sin embargo constituye un interesante
objeto de análisis, son las Asturias de Santillana. Se trata de una

7~ LBB, 1, y,. 407 (vid, nota).


~ En él sólo hallamos dos casos más de territorios. El de Hiniestra, que si
bien aparece en 991 (UBIETo: S. Millón..., y,. 117), en 947 vemos tal villa en el
territorio de Oca, o el más claro de Pedroso, sin duda relativo a una fortaleza,
del que se menciona su suburbio tanto en 971 como en 1049 (UBIETo: 5. Millón...,
pp. 103, 248).
~ Asj, en 1237, Villasur de Herreros es situado en Alfoz de Villafranca (SE-
RRANO: Obispado..., III, y,. 360, nota), en tanto que en una relación de tenencias
de 1168 aparece Villafranca (AHN, Rioseco, 351/15).
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 319

amplia comarca que al norte limita con el man Cantábrico, y al oeste


llega hasta el río Deva, quedando claramente separada de la Liébana
a través de las valles o territorios de Herrerías, Peñarrubia y Lama-
són en la zona entre el Deva y el Nansa ~‘, en tanto que al Sur de ella
se hallaba el Campóa y al este terminaba en el río Miera, teniendo
por tanto la comarca situada más al este el nombre de Trasmiera.
Es una extensa comarca en la que podemos ver la aparición de algu-
nas circunscripciones o demarcaciones basadas en los valles de los
ríos. Ya en 968 documentamos la existencia de un territorio conocido
como Asturias, perteneciente al conde castellano Fernán González ~.

Sin embargo, la existencia de una circunscripción mayor y engloba-


dora, no obsta para la presencia de demarcaciones menores> que se-
rían la base de toda organización territorial; en ese sentido creemos
desacertada la interpretación realizada recientemente por García de
Cortázar, al dar a entender la importancia de los «territorios mayo-
res» como Asturias de Santillana o Trasmiera, considerando como
un fenómeno del siglo xi la aparición de los «ámbitos menores», con-
-cretamente los de Cudeyo, en la zona limítrofe de las Asturias de
Santillana con Trasmiera, y los de Soba y Ruesga en la Trasmiera ~,
si bien menciona como «excepciones» otros casos anteriores (Cabuér-
niga, Buelna e Iguña). Los fueros de Brañosera, que pueden proceder
de hacia 880 t nos hablan de los Asturianos y de los Caornekanos,
aludiendo a una penetración que podían realizar los asturianos (occi-
dentales, sin duda, es decir, al oeste del Nansa) y los hombres proce-
dentes del valle de Cabuérniga. Este se hallaba en el curso del Saja,
y consta la existencia de un alfoz en la primera mitad del siglo xii
que podría contar a tal localidad coma su centro; por otra parte, ya
más al norte del curso del Saja, se halla Carranceja, cuyo territorio
está documentado en 987 ~, y que o bien se refería a una comarca
en la que estaba incluida Santillana (Santillana-Cuenca del Saja) o
estaba relacionado con Cabezón, situado algo más al sur —y siempre
en el curso del Saja—, pues consta la existencia de tal alfoz desde
finales del siglo xi Nuestros conocimientos resultan un poco im-
~.

precisos, pero no es aventurado considerar la existencia de varios

82 LÓPEZ MATA: Geografía...,y,. 79.


83 «Kasteliensis et Asturiensis Comite» (SERRANO: Becerro Gótico..., y,. 258).
84 1. A. GARcÍA DE CORTAZAR y C. DÍrz HERRERA: La formación de la sociedad
hispano-cristiana del Cantábrico al Ebro en los siglos VIII al XI, Planteamiento
de una hipótesis y análisis del caso de Liébana, Asturias de Santillana y Tras-
miera, Santander, 1982, y,. 30.
85 MuÑoz ROMERO: Op. cit., y,. 16. Fechado en 824, no puede corresponder
sino a unos sesenta años después, cuando es conde castellano Munio Mufliz.
8~ En documento fechado entre 1111 y 1157, perteneciente a Santillana. Cita-
do por LÓPEz MATA: Geografía..., y,. ~
87 Ibid., p. 81.
88 SERRANO: Obispado..., iii, y,. 108.
320 Carlos Estepa Díez

alfaces o pequeñas demarcaciones que se sucedían a lo largo del


Saja, ya que esta realidad se puede aplicar también a otros ríos que
vierten sus aguas en el Cantábrico. Un diploma de 1085 nos sugiere
el territorio de Tudanca, situado en la zona del nacimiento del Nansa,
correspondiendo por tanta al territorio de Cabuérniga en el del
Saja Por otra parte, conforme a los documentos fundacionales de
~‘.

Covarrubias (978) y de Oña (1011)> parece clara la existencia de los


territorios o alfaces de Iguña y Buelna (llamados Valdegunna y Val
de QUia) en el curso del Hesaya, y de Miengo, en la desembocadura
del Fas, en tanto que un testimonio de 1130 nos habla de un alfoz
de Toranzo ~. también en el Fas, y que creemos se ha de identificar
con un trama de dicho río, pues diplomas de 1093 y 1097 aprecian
las ubicaciones itt valle de Torango 91~ Igualmente, nos parece proba-
ble la existencia de un territorio de Carniedo o Valdecarniedo »~ en
este afluente oriental del Pas. Sin agotar el conjunto de demarcacio-
nes existentes en las Asturias de Santillana, vemos la importancia
que tuvo la constitución de pequeñas alfoces o circunscripciones so-
bre la base de pequeños valles.
Ciertamente, si analizamos el caso de la Trasmiera, también una
comarca extensa, que sin duda a veces quedó a su vez englobada en
la mera acepción de «Asturias» ~‘, no podremos llegar a las mismas
apreciaciones. La escasez de la documentación resulta aún mayor, y
solamente constan los territorios de Soba y Ruesga t El primera de
ellos pudo estar sumamente vinculado a la Castilla Vieja y sus altos
valles, y el segundo referirse a una buena parte del curso del Asón.
La existencia de una tenencia relativa a Colindres en el siglo xi ~, ya
en la zona litoral, nos puede llevar a plantear si no nos encontramos
con lo que será la comarca más oriental denominada Asturias de
Laredo. De cualquier forma son pacas demarcaciones, pero evidente-
mente se requiere una mayór profundización en los estudios sobre
estas zonas —que reconocemos no haber llevado suficientemente á

Al señalar bienes en Tudanca, Cabuérniga y Afleca, muy probablemente


89

como territorios, SERRANO: Becerro Gótico..., y,. 373.


~ SERRANO: Obispado..., III, y,. 169.
9’ Ibid., Pp. 86, 100.
92 Así en un privilegio de Sancho Ti a la sede de Oca, en 1068, se menciona
Valdecarrieda, junta con Toranza (val de), Buelna, Cabezón y Afleca, que son
por lo tanto algunos de los valles o demarcaciones de las Asturias de Santillana
(SERRANO: Ibid., y,. 31).
93 Por ejemplo, en la mención relativa al dominio de Fernán González en
968.
~ Soba y Ruesga son mencionados en 1040 (LÓPEz MATA: Geografía..., y,. 83),
pero ya en 959 encontramos la contraposición entre Soba y Castilla (PÉanz DE
URBEL: Op. ciÉ., núm. 315, y,. 1184).
~ Aparece en 1040 coma una de las tenencias de los seniores López Velacoz
.v Galindo Velacaz, junto con las de Huarte (cerca del Cadagua), Llantena (en
Ayala), Mena y Tutela (Tedeja?) (LÓPEz MATA: Geografía..., p. 72).
El alfoz castellano en los siglos 11< al XII 321

cabo—’, y es necesario tener en cuenta, al igual que en el caso de los


territorios vecinos de Sopuerta y Carranza, como la escasez de infor-
mación no nos puede llevar a adoptar unos esquemas distintos a los
de otras zonas arcaicas en el tema de las demarcaciones, pues la in-
formación general extraída de la Castilla Vieja, del Campóo o de las
Asturias de Santillana resulta sumamente valiosa también para estas
zonas, y tales carencias documentales no invalidan nuestras tesis an-
teriores, sino que tienen otras explicaciones, e incluso la realidad
de una zona como la Trasmiera, es, al menos, susceptible de ser in-
terpretada gracias a las aportaciones ofrecidas por el estudio de una
región como las Asturias de Santillana.
De lo dicho se infiere una cierta relación entre el valle y el alfoz.
Con ello no queremos decir que siempre se haya producido así, que
toda demarcación tenga ese origen, sino simplemente, que tal fenó-
meno es sumamente importante y se dio las suficientes veces como
para que debamos reparar en ello. Lo interesante es que se puede
producir no sólo en zonas como la Castilla Vieja o las Asturias de
Santillana. Bien fuera como demarcaciones que aparecían sin existir
propiamente un centro de población, o bien como la existencia de un
claro centro de población con una proyección territorial —fenómeno
como hemos visto más difundido al sur—, muchas circunscripciones
venían dadas por la existencia de un valle, de manera que a veces se
pudo llegar, incluso, a la sinonimia entre valle y alfoz.
En las zonas al sur de la Castilla Vieja hay muchos casos de te-
rritorios o alfoces que vienen dados por la existencia de valles que
corresponden a pequeños tramos de río. Por ejemplo, los de RubIa-
cedo (Río Lazeto), Vesga (correspondiente a un tramo septentrional
del Oca) t Arlanzón ~, el ya mencionado de los Ausines, o los de Ura
y Tabladillo, existentes en el curso del Ura, afluente del Arlanza.
Incluso, ahí están las no escasas menciones del territorio o suburbio
de Lara como suburbio fluminis Asilanza, en la documentación de
Arlanza, o la coincidencia al expresar la situación de Silos, en el su-
burbio o alfoz de Tabladillo, que en varios documentos de los si-
glos xi y xiii es mencionado como itt valle de Tablatefli, itt val de Ta-
bladillo ~. También hay el caso del diploma de 1210 que dice itt tato
ualle de Cadrechias ~t tratándose Caderechas de una auténtica cir-
cunscripción o pequeña demarcación que a fines del siglo xi marca-
ba el límite sur de la Castilla Vieja, al igual que Piedralada o Tedeja.

96 Ambos documentados en el diploma fundacional de Covarrubias.


~ De 1939, «in alfoze de Aslanzone monasterio cul asserunt Sancti Mametis,
SERRANO: Becerro Gótico..., y,.~
~S 1076 (M. FEROnN: Recuejí de Chanes de PAbbaye de Silos, París, 1897,
y,. 24), 1142 (ibid., y,. 72), 1148 (ibid., p. 74), 1176 (ibid., y,. 101).
~ ALAMO: Op. cit., 1, p. 476.
322 Carlos Estepa Diez

Con este último ejemplo se puede enlazar una realidad existente en


ambas zonas, que si bien en el sur quizás no adquiera unas propor-
ciones tan grandes, al menos denotaba una determinada tendencia
en la organización territorial.
Era fácil que a partir de un pequeño valle se constituyera una
demarcación, pero hay también otros aspectos muy decisivos en la
generación de los alfoces o territorios. Concretamente la existencia
de centros fortificados y las obligaciones militares a las que estaban
vinculados las hambres de los territorios. El castrum a castellum
es algo demasiado habitual en el panorama castellano de estos si-
glos; la toponimia ha de dejado tantas trazas de ella que bastaría
mirar rápidamente un mapa para apercibirse de tal realidad. El pro-
pio origen del término Castilla, como todo el mundo sabe, está
basado en esta realidad. En la Castilla primitiva habría un sinnú-
mero de fortificaciones o castella. Precisamente ese carácter plural
puede ponerse en relación con la que decíamos en páginas anterio-
res sobre la no existencia propiamente de un centro administrativa
sino de un conjunto de localidades configurando una demarcación, de
la misma manera que muchas veces no se trataba propiamente de
una hoz sino de un conjunto de hoces o pasos de montaña. Natural-
mente, la evolución del territorio, a la que contribuiría notablemente
la situación militar, propiciaba la aparición de un auténtico centro,
pera sobre esta base plural> de manera que los castella o las hoces
—lo cual significa decir lo mismo, pues aquéllos se encontraban en
éstas—, quedaban subsumidos en una realidad territorial que era la
propia de la demarcación. La interpretación sobre la existencia o no
de auténticas centras administrativos se complica así y obliga a ir
estudiando los casos concretos en una evolución de siglos; sin em-
bargo, queda claro, como ya hemos analizada antes, que lo impor-
tante no es tanto la existencia de un centro y su territorio, sino la
existencia básica del territorio o alfoz, que pasee en muchos casos
unas connotaciones derivadas de una sociedad arcaica, que a veces
se siguen manteniendo durante siglos. Tales connotaciones se com-
pletan con otro aspecto, que en principio trataremos de no generali-
zar y es el militar, que puede llevar a la identificación del alfoz o te-
rritorio con la demarcación militar.
De otro lada, entre los lugares centro de un territorio, hay algu-
nos que poseen un indudable pasado militar. Tal es el caso de Amaya,
la célebre fortaleza que fundara Leovigildo frente a los cántabras ‘%
que ya consta como demarcación en época temprana 101 o el de Bni
‘~ y Vion.: Sobre los orígenes..., y,. 54.
BARBERO
A parte de la mención como civitas de la Crónica de Alfonso III, en
lO!
969 se habla de Santa María de Rezmondo in suburbio quem dicunt Amaya
(SanuNa: Becerro Gótico..., y,. 246).
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 323

viesca 102 De 1068 conocemos la existencia del alfoz de Villaescusa,


en el alto margen izquierda del Pisuerga ‘~, que sin duda está rela-
cionado con el centro fortificado de Maye ‘¶ muy cerca de dicha lo-
calidad. La mención de un suburbium relativo a un castellum es algo,
por otro lado, documentado muy tempranamente; así, en un diplama
de 932 relativo a la zona de la Pernía se dice itt’ suburbio casteflo
quod vocitaní petras nigras locutn prerzomitzatum ttebantia territorio
cirbariense ‘¶ Lebanza queda situada, por tanto, dentro de la de-
marcación de un centro fortificado, Piedras Negras, y tal demarca-
ción se considera dentro de un ámbito más amplio, el territorio de
Cervera (del río Pisuerga). Se trata de un ejemplo sumamente explí-
cito, que puede ser completado por otros. Poza, situado en lo que
de manera más amplia será la Bureba, consta como alfoz en 1011 ‘~,
pero, sin lugar a dudas, se puede considerar documentada ya antes
la existencia de tal territorio, pues en 962 se habla de un inaiorin.o
de Poza ‘~; pues bien, en 965 se habla de Trascastellum Poza’06 y en
1022 de territorio de Castrillo de Poza Por otra parte, hacia 1120,
‘~.

vemos que existe un territorio de San Ramán de Entrepeñas, en la


zona norte de Saldaña, que documentalmente parece bastante rela-
cionado con la existencia de su castelluni 110
No es difícil establecer la relación entre el territorio de Lences y
Castíl de Lences “‘, en tanta que Monasterio (de Rodilla), en la zona
sur de la Bureba (en sentido amplio), que aparece a mediados del si-
glo xi como una demarcación (al lado de otras como Tedeja, Piedra-
lada, Poza, Arlanzón, etc. .312), es mencionado en 1133 como alfo~e
de Opido quod uocatur Monasterio II!, lo que denota nuevamente una
referencia explícita a esa relación entre la demarcación y el centro
fortificado. Par otra parte, parece obvio que lugares como Burgos,
102 BARBERO y VIGIL: Sobre los orígenes..., y,. 84.
103 SERRANO: Obispado..., III, y,. 32.
104 Al igual que Amaya centro militar frente a los cántabras en época visi-
goda, BARBERO y ViGa: Sobre los origenes..., p. 117.
‘O~ PÉ~nz Una: Op. cit., núm. 129 bis, y,. 1106.
DE
106 ALAMO: Op. cit., 1,
y,. 33.
107 SERRANO: Becerro Gótico..., y,. 315.
tOE PÉREZ DE XJRBEL: Op. ciL, núm. 358, p. 1199.
109 SERRANO: Becerro Gótico..., y,. 289.
‘10 En 1120 se menciona el territorio de San Ramán, así cama «Ferran ¡‘e-
trez in Sancta Romano» (AHN, San Román de Entrepeñas, 1740/14), probable
alusión a una tenencia, mientras que en 1124 el mismo personaje aparece como
dominante castelium Sancto Romano (ibid., 1740/15).
El territorio de San Román, por otra y,arte, lo encontramos expresamente
en 1077 (ibid., 1740/5), pero ya en 1026 documentamos la existencia del caste-
llum (ibid., 1740/3), por lo que creemos la muy probable configuración de una
demarcación a partir de una fortaleza.
III Mencionado tal territorio en el doc. fundacional de Covarrubias.
i12 En menciones de las tenencias navarras como, par ejemplo, una de 1049.
UBIETo: 5. Millón..., y,. 253.
113 ALAMO: Op. cit., 1, y,. 200.
324 Cartas Estepa Diez

Castrojeniz, Muñó o Lara, que tuvieran especial incidencia en la con-


figuración de los poderes condales castellanas, poseyeron ese carác-
ter de centros militares, al igual que otros como Lerma y Palenzue—
la 114 o en otro extremo del conjunto castellano, Pancorbo, Celloriga,
Lantarón, Término a Buradón.
Sin necesidad de una generalización abusiva se puede llegar a la
conclusión de que al menos en una amplia zona castellana las de-
marcaciones o circunscripciones territoriales estuvieron identifica-
das con distritos militares, de manera que muchas veces el alfoz o
territorio comportó también el carácter de circunscripción militar,
tanto en el caso de territorios pequeños, como en el de territorios de
extensión más amplia. Esta realidad puede llevar también a alguna
otra curiosa manifestación en las menciones de territorios. Si tene-
mas en cuenta el carácter de fortificación o fortificaciones dominan-
do un territorio, no nos ha de extrañar la utilización de un ténnino
como el de Torre. En un diploma del 948 se menciona una iglesia
en el río Esgueva (San Pedro y San Pablo) iuxta Torre quem jerunt
Domno Sindino “~, es decir, se expresa la ubicación con una construc-
ción gramatical exactamente igual a cuando se utiliza suburbio, y ello
nos mueve a pensar en un pequeña territorio de Tarresandino. Asi-
mismo, en el documento alusivo a Cervatos, de 999, se menciona la
Torre de Astudiello, y precisamente Astudillo consta como alfoz en
1182 ~ en un testimonio tardío pero muy elocuente, dado que al situar
la villa de Palacios en dicho alfoz se menciona la Turrem de Astude-
¡lo y se hace alusión a las obligaciones militares respecto a lo que
sería el centro (militar) de la demarcación. Esta era una circuns-
cripción situada al oeste del Pisuerga, abarcando una buena parte de
lo que el Libro Becerro de las Behetrías sitúa en la merindad de
Castrojeriz, y en donde antes de que destacara la villa de Astudilla,
objeto de fuero en 1147 existió, sin duda, un centro militar objeto
de prestaciones, la Torre. Finalmente, nos ha llamado la atención que
el territorio de Abia ¡18 demarcación relativamente amplia, identifi-
cada can las zonas en torno al curso del Valdavia, que se encuentra
a caballo entre las posteriores merindades de Monzón y Saldaña,
posea un lugar denominado Abia de las Torres, que bien pudiera
haber marcado en tiempos iniciales su carácter de centro militar.

114 En los fueros de Palenzuela de 1074 se alude a las obligaciones militares


de los peanes que se han de realizar en el alfoz, y las de los milites que pueden
llegar hasta Carrión, Palencia, Burgos, Lerma y CastroEjerisil, [Link]: Colec-
ción diplomática de San Salvador de Rl Moral, Valladolid, 1906, y,. 19.
115 SERRANO: Becerro Gótico..., p. 229.
~16 J~ GONZÁLEz: Alfonso VIII, TI, y,. 671.
‘17 J~ RODRfOUEZ FERNÁNDEZ: Palencia. Panorámica toral de la provincia, Pa-
lencia, 1981, p. 94.
~“ Se halla documentado en 1073, Urrz MATA: Geografía..., y,. 28.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 325

La existencia de prestaciones militares con referencia a un de-


terminado centro es algo que podemos considerar como bastante ha-
bitual y que trasluce una importante realidad en la sociedad caste-
llana. En la comarca de Mena había un conjunto de hoces, que, por
consiguiente, bien podían originar este tipo de prestaciones entre
sus habitantes, hasta el punto de que la comarca se denomine de la
misma manera que el servicio al que están obligadas, meria. Con
gran acierto Ferrari nos ha hablado de los «lugares tributarios de
mena» al analizar el Libra Becerro de las Behetrías “~‘, y en el caso
de Astudillo se utiliza también el término mena a la hora de señalar
esta servidumbre de carácter militar.
El panorama de las prestaciones militares y sus centros puede
ser ampliada. Fijémonas en otros ejemplas del siglo xii. En una do-
nación de Alfonso VII a San Pedro de Arlanza en 1154, la de la villa
de San Martín de Cutriales, se señala que se concede cum pascuis
et termittis et cum illis attttudis et cum tota sua fazendera, sicut ser-
víebat nobis cum civitate Lara Hallamos, pues, la idea de «servir
‘~.

can», estando presente una prestación militar —de vigilancia— como


la anubda 121 Podemos relacionar este testimonio relativo a Lara,
con aíro anterior, de 1089; al conceder Alfonso VI fueras a Villaes-
pasa y Rucepos, situadas en el territorio de Lara se dice reddatis nobis
per usum vestra annubda, sicuti faciunt itt civitate de Lara ~ lo que
si bien no deja explícita la idea de servicio dependiente de Lara, ello
nos resulta bastante probable si tenemos en cuenta la otra expresión
antes señalada. Poseemos un testimonio de 1179 perteneciente a la
zona de Campos; los hambres de Santiago de Cigales quedan exentos
de estas prestaciones: itt nullam casteltariam in Cabezor¡ de cetero
jaciant ttec ad opus muri itel ipsius cas tri ire cogantur, nec ad car-
cauas jaciendí lfl~ Cabezón tenía castrunz y era centro de un alfoz o de-
marcación ‘~.Fuera de nuestra ámbito de estudio vemos el caso de
las collazos de San Millán en Nájera (que sunt itt alfoz de Naiara),
que fueron eximidos por Alfonso VIII en 1192 ab omni itigilia cas-
tdU de Naiara ‘~.Es posible que en el siglo xii la realidad de las
prestaciones militares fuera un tanta ficticia, y a veces puede apa-

Arcaísmos tópicos..., pp. 561-562.


119
~ SnnNo: Cari. Arlanza, y,. 206.
121 Sobre esta institución, vid. María Estela GONZÁLEZ: «La anubda y la
arrobda en Castilla», Cuadernos de Historia de España, XXXIX-XL (1964>, 542.
‘~ SERRANO: Cart. Arlanza, y,. 158.
123 J~ GONzÁLEz; Alfonso VIII, II, y,. 550.
124 En 1153, Bilbiestre es localizado en el alfoz de Cabezón (Lt5PEz MATA:
Geografía..., y,. 30), y en 1191 y 1192 se sitúan in alfoz de Cabezón las villas de
Santovenia y Santa Marina, respectivamente (1. GoNZÁLEZ: Alfonso VIII, III,
PP. 24, 36). Par otra parte, durante el sigla xii suele aparecer como una de
las tenencias de la zona de Campos.
125 5~ GoNzÁLEz: Ibid., III, y,. 55.
326 Carlos Estepa Diez

recer más bien como una fórmula a la hora de expresar un aspecto


de la inmunidad, o en otros casos trastocada en servicios relativas
a la reparación de las fortalezas, pero en cualquier modo reflejaba
algo que había sucedido en tiempos anteriores y cómo en la concep-
ción de muchas demarcaciones había este componente militar, exis-
tiendo una dependencia de las villas y sus hambres hacia el centro
fortificado, cuando no, como en el caso de Mena, significando la exis-
tencia de múltiples hoces o castillos sobre los que se ejercieron estas
prestaciones, hasta el punto de elevar tales servicios a la categoría
de corónimo.
Por otra parte, hemos de pensar que en la sociedad castellana de
los primeros siglas, dado su carácter arcaica, era difícil separar lo
que constituía la organización militar de la mera organización socio-
económica. El célebre documento de 1030 sobre las divisas de los
infanzones de Espeja ‘~ nos muestra cómo a] ser éstas integradas a]
poder condal lo fueron sobre la base de Clunia, en donde actuaban
los merinos condales, es decir, se hallaban económicamente sujetas
a este núcleo (padatio de Clunia), que significaba una demarcación
en la que se encontraba Espeja. De 1046 conocemos también el caso
de una donación de Femando 1 a San Pedro de Arlanza, en la que
se otorga itt alfoze de Lerma, la villa de La Rueda, «... cum suo saione,
sicuti servivit nabis att Lerma cum tota sua calutnnia» ‘~, lo que
constituye una alusión tanto al servicio como a la inmunidad; e
igualmente se conceden divisas en Castrillo de Salarana (en el mis-
mo alfoz), diciéndose expresivamente que pertinettt art Lerma. Es
decir, que además del tema de la dependencia militar, hemos de te-
ner en cuenta el de una dependencia más general, en la que podía ir
englobada aquélla. Pero quizá el testimonio que más nos ha llamada
la atención sea uno de 1192, en el que vemos la donación realizada
par Alfonso VIII al obispo de Burgos del diezmo de las rentas agríco-
las de los alfoces de Burgos, Ubierna y Castrojeriz ~ llegando a de-
cirse terris, visteis et ortis art opus botece de Castro in alfoz de Castro.
El art opus botece (utilizado también para el amplio conjunto Burgos-
Ubierna) muestra cómo lo que pertenecía al realengo en estos am-
plios territorios era considerada en relación a un determinada cen-
Ira, es decir, que éstos eran vistos coma unas unidades económicas,
poseyendo su centro de recepción de rentas (boteca). Ciertamente,
la realidad se habría ida haciendo bastante compleja, pero quedaba
un claro reflejo de la idea del centro territorial coma centro econó-

‘26 A. UBIETO: Cartulario de San Juan de la Peña, 2 vals., Valencia, 1962, 1,


pp. 159 y ss. Analizado este interesante texto por Barbero y Vigil, La formación
del feudalismo en la Península Ibérica, Barcelona, 1978, Pp. 387 y ss.
127 SERRANO: Cart. Arlanza, pp. 96-97.
‘~ SmuuNo: Obispado..., III, p. 324.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 327

mico, y ello nos permite enriquecer nuestra visión sobre el carácter


de las demarcaciones; como, en definitiva, el alfoz también podía
contener este aspecto de unidad económica.
Hay, par consiguiente, varios aspectos que debemos tener en cuen-
la a la hora de interpretar la aparición y concreción de las demarca-
ciones. Se trata además de elementos complementarios, cuya mayor
a menor incidencia variará según los casos y también conforme se va
produciendo una evolución en estos territorios y por ende en sus
sociedades. No podemos considerar los alfoces como algo estático,
sino como una realidad objeto de transformación a la largo de los
siglos, por esa conviene aproximarse al panorama de las distintas
demarcaciones, aunque sea mediante un análisis somero. Como ya he-
mos señalada, se pueden llegar a contar unos 140 alfoces o demarca-
ciones, bien porque testimonios posteriores o conjeturas tomadas
por la exclusión respecto a otras territorios lo convierten en hipótesis
razonable.
Hay algunos documentos que resultan extraordinariamente inte-
resantes por su descripción de demarcaciones en un amplio ámbito.
Por ejemplo, el diploma fundacional de Covarrubias en el 978 que
nos menciona casi 30 territorios, que salvo muy contados casos como
el de Madrigal encontramos siempre documentados en otros di-
plomas. Ello lo convierte en un testimonio sumamente válido, pues
además nos presenta bastantes pequeñas territorios u’, aunque tam-
bién se debe dejar constancia de que no abarca importantes zonas
para nuestro estudio, o bien otras no contienen suficientes menciones
de carácter completo m Que la referencia de villas objeto de dota-
ción a Covarrubias se señala conforme a unos alfaces o demarcaciones,
129Publicado por L. Serrano en sus distintas versiones, bastante parecidas y,
en este tema, complementarias. Seguimos la idea de este historiador, conforme
a la cual, el doc. VIII (Pp. 25 y ss.) es el original que sirviera coma una especie
de borrador al doc. VII (pp. 13 y ss.).
‘~ Precisamente, en el doc. VII parece más bien que se incluye en Muñó
(<De Munnio: Cibtatonia et Matrigale de Tosendo»), mientras que en el VIII To-
sendo parece una villa en el territorio de Madrigal. Por otra parte, en 1029, en
la profiliación de doña Oneca a los reyes Sancho el Mayor y Muniadonna
(UBIETO: Cart. San Juan de la Peña, 1, y,. 145), Madrigal aparece como centro
dominial al que sirven villas (villas que att Matrikalem deserviant). aunque
se dice que éstas se hallan en el territorio de Muñó. De cualqpier modo, si
hubo una circunscripción, ésta quedada absorbida por Muñó, pues el cercano
monte de Balzalamia aparece en 1075 como integrado en Muñó(SEmt.&No:
Obispado..., III, y,. 39).
‘3’ Par ejemplo, Ura, Tabladillo Barbadilla (del Pez), Bembibre, Lenzes, río
de Vesga, Afiana, Ordejón, etc.
132 Par ejemplo, no aparecen demarcaciones especificas de la Castilla Vieja,
ni la Trasmiera, ni las zonas que serán más tarde el conjunto de la merindad
de Aguilar de Campóo (a excepción de Ibia), de la misma manera que, entre
otras cosas, no hallamos alqunas circunscripciones burebanas, o comarcas como
Ameba, Sedana a Butrón, m por supuesta, las regiones inés o menos fronterizas
con el reino de León.
328 Carlos Estepa Díez

parece clara, toda vez que éstas van precedidas de las expresiones
de o itt can el nombre del territorio, y que precisamente en la ver-
sión castellana de este diploma (realizada en el siglo xiii) se dice
de termitto... 133 En el documento fundacional de Oña del 1011 “~ la
descripción se halla menos organizada, pero hay algunas veces en que
se utiliza expresamente el término alfoz, por ejemplo en los casos
ya mencionados de Amaya, Paredes Rubias, Miengo o Agosin (Las
Ausines>, o en el Mansilla, referido a una zona del rio Urbel, que
constituiría un alfoz probablemente integrada, con posterioridad,
en el de Castrojeriz El panorama de las demarcaciones se nos ofre-
‘~.

ce de una manera mucho más completa en el diploma alusivo a los


votos de San Millán de hacia 940, donde son mencionadas un sin-
número de localidades o comarcas con «suas alfozes» Sin embargo,
‘~.

se trata de una notoria falsificación procedente del sigla xii y ello nos
obliga a hacer una cierta crítica y detenida interpretación. En cierta
medida nos puede transcribir las concepciones territoriales en el mo-
mento de ser elaborado el documento, pues en realidad en muchas
casos coinciden con la existencia de tales demarcaciones o alfoces
contenidas en otras testimonios de los siglos x, xi y xii, aunque muy
probablemente el número de territorios aparece un poco «inflado»,
quizás en un afán de concretar al máximo los puntos objeto de la
pretendida obligación respecto a San Millán; en ese sentida bien pu-
dieron algunos territorios aparecer a su vez desgajados en otros mi-
núsculos, identificados básicamente con los términos de una villa,
o bien expresar dentro de un auténtico territorio o alfoz las villas
más significativas, dotándolas con sus propios alfoces; probablemen-
te eso es lo que encontramos en el territorio de Palenzuela, donde
se mencionan también los alfoces de Valdesalce (Olmillos), Reinoso,
Villambistia, Quintana, Torquemada y Quintanilla de Morgate. Por otra
parte, también hay que aceptar el hecho de que dentro de un terri-
tono o demarcación, incluso pequeña, pudiera surgir otra, aún me-
non, dado precisamente ese carácter de los alfoces coma algo fluc-
tuante y propio de una sociedad en la que los criterios para estable-
cer la calidad de centro administrativo permitían unos diferentes
grados que hacia abajo podían llegar hasta el simple término de una
villa; por ejemplo, el caso de Ribilla del Campo, en los Ausines, que
aparece en 1011 In Fo~ de Agosin Ribilla cunz sua alfog W, situada

~33 Smuwco: Cart. Covarrubias, p. 30.


l3~ ALAMO: Op. cit., 1, pp. 12 y ss.
‘~ Aquí se menciona el lugar de Nuez (de Abajo): «Et in alfo~ de Mansilla
uilla Nove», mientras que en 1079 se habla de illa Noze, itt alfoze de Castroseriz
(SERRANO: Becerro Gótico..., p. 260).
136 Uainro: 5. Millán..., pp. 35 y ss. Según este editor se trata de una falsifi-
cación realizada entre 1140 y 1143.
~ ALAMO: Op. cit., 1, p. 20.
El alfoz casteltano en los siglos IX al XII 329

igualmente en el alfoz de Agosin en 1063 ‘3’ a el de Revillarruz, tam-


bién en esta comarca, que cuenta con su alfoz en 1199 ~3’, en tanto
que la documentación de San Pedro de Cardeña de la segunda mitad
del sigla x parece sugerirnos que dentro del territorio o alfoz de Bur-
gos había territorios como Villa-Todredo (Villatruedo), Espinosa a
Marniellar ‘~.

En cualquier caso, a la hora de proceder a un análisis general,


como ahora pretendemos, la existencia de territorios minúsculos —a
veces no lejos del carácter de las pequeñas demarcaciones habitua-
les— o la tendencia a describir la realidad con una notoria fragmen-
tación, como pasa en las Votos de San Millán, no estorba la idea
básica de las demarcaciones o alfoces que hemos expuesto hasta aho-
ra, antes bien la afianza. Lo que muestran estos documentos signi-
ficativos, unido a lo aportado por todo el conjunto documental cas-
tellano, sugiere una determinada ordenación territorial.
En ella los pequeños territorios son lo dominante y básico. Nos
hemos referido ya a los alfoces de las Asturias de Santillana, centra-
das en pequeños valles; a ellas habría que añadir el alfoz de Cudeyo,
en la zona cercana a la bahía de Santander, y que tuvo su base en un
castrum 141, significativamente. Las zonas de las merindades de Cas-
tilla Vieja y Aguilar de Campóo —tal como existen en el siglo xiv—
estaban jalonadas de alfoces o pequeñas demarcaciones, a las que ya
hemos hecho referencia en su mayor parte, pudiendo añadirse el caso
de las valles de Zamanzas y Manzanedo, en la parte más occidental
de la Castilla Vieja o las alfaces de Santa Gadea y Ruanales ‘~,
‘42

cercanos a Bnicia, y en la parte oriental de la merindad de Aguilar


de Campóo. También destaca la cantidad de territorios existentes en
lo que será la Bureba, y la presencia de un alfoz de Panizares ‘“, cer-

136 SEm~.ANo: Becerro Gótico..., y,. 62.


“~ SERRANO: Obispado..., III, p. 344.
‘~ Villa-Todredo (Villatruedo), cerca del río Cabia, entre Villaniezo y San-a-
cm, 964 (SERRANO: Becerro Gótico..., y,. 368); cfr. 978 («vinea in Cavia itt terri-
torio de Villa Todredo», SERRANO: Carl. Covarrubias, p. 11>. Alarmellar, 976
(SEm~NO: Becerro Gótico..., p. 158), 981 (ibid., y,. 157>. Espinosa, en 980: «terri-
torio de villa Spinosa» (ibid., p. 132). Villatruedo y Espinosa constan expresa-
mente en el alfoz de Burgos en 1073 (L6PEz MATA: El alfoz,.., pp. 31-32), y de
cualquier forma los tres se hallaban en dicha demarcación.
‘41 Esta demarcación consta en 1029, vid. GARÚA DE CORTAZAR: Op. cil., p. 30.
Igualmnte lo hallamos documentado en 1168 (itt alfoz de Cudeio), SERRANO:
Obispado..., III, p. 230. Cm. Cutellium Castrum, en 1052, LCPEZ MATA: Geogra-
fía..., p. 80.
‘~ FERRARI: Op. cit., pp. 423 y ss.
143 Ibid., pp. 541-542 (alfoz de Santa Gadea). El de Ruanales lo encontramos
en 1168 como alfoz de Ravanales, SERRANO: Obispado..., III, p. 235.
144 1190, «. tUlia que dicitur Fauar, sita in alfoz de Panizares», 1. GONZÁLEZ:
.

Alfonso VIII, II, y,. 937.


330 Carlos Estepa Diez

ca de los Páramos de la Lara, o más al este los de Siero y Sedano ‘¶


así coma la comarca del Butrón (enlazando con la Castilla Vieja) ‘t
Igualmente podemos aludir a los alfaces mencionados en los diplo-
mas de la traslación de Oca de 1075, entre los que hay algunos como
Escuderos y Hontonia del Pinar, situados a partir del Arlanza hacia
el sur, a los señalados en el diploma de 1068 relativos a las derechos
de pastos de la iglesia de Oca en las zonas del curso del alto Pisuer-
ga ~ También, al sur de Burgos se daba esta realidad; su alfoz era
limitado por los pequeños alfoces de Las Ausines, Juarros ‘~‘ y Ar-
lanzón, y aunque Lara y Clunia disponían de una proyección territo-
rial bastante amplia, vemos, sin embargo, la presencia de pequeños
territorios como los de Ura, Tabladillo, Barbadillo, Huerta del Rey 149

u Hontoria del Pinar. Creemos, por consiguiente, que en toda el am-


plio conjunto castellano se dieron pequeñas demarcaciones, teniendo
éstas sus diversas connotaciones debidas al carácter de valles, papel
de los centros militares, existencia o no de auténticos centros terri-
toriales; es decir, manifestando el mayor o menor arcaísmo de sus
estructuras sociales, peno habiendo una realidad que se puede con-
siderar bastante generalizada.
Esta, como insistimos, es la de las pequeñas demarcaciones, lo
cual no obsta, como es lógico, para que también se dieran otras de
ámbito o proyección mayor. Aquí se nos plantea no tanto tal existen-
cia, que parece no constituir problema en casos como Burgos, Cas-
trojeriz, Muiñó, Lara o Clunia, sino otras dos cuestiones; en primer
lugar, si existían unas territorios mayores que englobaban las pe-
queñas circunscripciones, y, en segundo lugar, si se fue produciendo
una integración de las pequeñas demarcaciones o alfoces, de la que
resultara una nueva organización territorial basada en la existencia
de unos territorios más amplios. Es un problema sumamente difícil,
al que con todo trataremos de introducimos.
Como ya dijimos, un diploma de 932 señala el suburbio de Pie-
dras Negras, en la Pennía, como parte del territorio de Cervera. Otros
documentos de la segunda mitad del siglo xii mencionan alfoces si-
145 945, «villa que dicitur Castrello, in alfo~e de Siero» (SERRANO: Becerro Gó-
tico..., p. 288); 1175, «uilam illam que uocatur Couasant in alfoz de Sedano»
(AHN, Rioseco, 351/17). Es posible que se trate de la misma demarcación.
‘4~ LÓPEZ MATA: Geografía..., pp. 157-158.
147 Son los de Piedras Negras, Mutave (Mudá), Aguilar, Villaescusa y Amaya,
vid. SERRANO: Obispado..., III, p. 32.
‘44 En 1032, la villa de Espinosa in alfoze de Sancta Cruce de Scuarros, SE-
RRANo: Becerro Gótico..., y,. 84.
149 En 1137 es mencinado el castellum de Huerta, entregado a Silos por
Alfonso VII con sus villas (FERonN: Op. ciÉ., p. 70), en tanto que en la bula
de Urbana III, por la que éste toma bajo su protección los bienes de Silos,
se señala tras Tabladilla cum tota suo alfoz, Huerta con sus pertenencias sci-
licet additibus suis (ibid., y,. 108). Todo ello sugiere la existencia de un pe-
queño alfoz o demarcación de Huerta del Rey.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 331

tuados in territorio de Leuana ‘~, de manera que aquí se utiliza par


un lado el término alfoz en el sentido de pequeña demarcación y el
de territorio en el de circunscripción englobadora. Evidentemente ha-
bía extensas comarcas o regiones que ofrecían la realidad de una
cierta unidad basada en la existencia de un poder político; ello es la
que hace que se hable de Asturias (de Santillana y Trasmiera) o Cas-
tilla Vieja cama espacio político. Incluso en esta línea vendría la
utilización del término Castella en un sentido sumamente amplio,
pera correcto, en cuanto referencia a los territorios dominados por
los condes a reyes castellanas, situación que se hizo cada vez más
clara desde el sigla x, y que, por tanta, tuvo también su expresión
en las calificaciones territoriales de los documentos. También se die-
ron comarcas que sin denotar una unidad política y administrativa se
referían o comprendían diversas alfoces o demarcaciones. San los
casos de la Pernia y de Treviño. Por ejemplo, en 1175, se sitúan en
la Pernía varios lugares, entre ellos Perapertú 151, constando allí la
existencia de un alfoz de Santullán ‘~, sin duda, muy mediatizado par
el de Aguilar; tal demarcación se hallaba en la Pernía, pera este te-
rnitorio se iría sometiendo a la influencia de otra zona, en tanto que
otros alfoces de la Pernía como Piedras Negras, Mudá o Resova ‘~ ter-
minarán formando unidad con la Liébana, constituyendo la merindad
de Liébana-Pernía. En 1124 se habla de la terra de Trevinio ~‘, y por
estas fechas una serie de poblaciones son ubicadas in Trevinio, scill-
cet iii suburbio de Villa Didaco ‘~, lo cual puede hacer pensar que
dentro del más amplia territorio de Villadiego se encontraba el de
Treviño, más si observamos en otro diploma de 1085 una delimita-
ción entre Castrojeniz y Treviño ‘~, constituyendo así este última la
parte sur de Villadiego; pera hay otros testimonios contradictorios:
la situación de las localidades expresadas en 1124, así como de otras

~ Así el de Rodias, al mencionar en 1165 el monasterio de San Salvador de


Buyera como «monasterzum situm in territorio de Leuana, et in alfoz de
Radias» (J. GONzÁLEz: Alfonso VIII, II, p. 128), o el de Bembibre, en 1157, al
señalar «hereditate que habeo in territorio de Lieuana, in alfoze de Bienhibre,
uilla prenominata que uocitat Ieuas» (ibid., II, p. 62).
Por otra parte, en esta época la Liébana aparece como circunscripción polí-
tica, por ejemplo, en un diploma de 1158, «Pedro Gonsaluez, possidente Leuana»
(ibid., II, p. 83),. en tanto que, antes, en las siglos x y xi, aparece como un can-
dado, DIEz HERRERA: Op. cit., pp. 200 y ss.
‘~‘ AHN, Aguilar de Campóo 1648/6.
132 Por ejemplo, en 1203 <AUN, Becerro de Aguilar, fol. 37r), en tanto
que también documentamos su tenencia y cas tellum, AHN, Aguilar de Campóa,
1650/4, 1650/18, etc., por esas años.
‘53 El de Resova consta en 1178, a propósito de Polentinos in alfoz de Risona,
J. GosizÁLEz: Alfonso VIII, II, y,. 489.
154 LÓPEZ MATA: Geografía y 150.
133 Fechado entre 1121 y 1124, SERRANo: Obispado..., III, p. 154.
‘36 «Castellanos in alfoze de Castro et Villa Hesidro itt Trevinno» (SERRANO:
Ibid., p. 68).
332 Carlos Estepa Díez

mencionadas en 1184 también como in Trevinno (nunca se dice al-


faz o territorio) hace difícil concretar tal demarcación, apareciendo
más bien como algo extenso, a veces sumamente inmerso en las otras
circunscripciones y a ello hay que añadir la ubicación de Villama-
“~,

yor de Treviño (donde se hallaba el monasterio de 5. Miguel) en


1203 in territorio de Amaya ‘3’. Más bien parece, por tanto, que se tra-
taba de una comarca relativamente extensa, que desde el punto de
vista de las demarcaciones correspondía a los alfaces de Villadiego,
Castrojeriz y Amaya; precisamente en el Libro Becerro de las Bebe-
trías aparece distribuida entre las merindades de Villadiego y Cas-
trojeriz.
Puede haber, por tanto, expresiones territoriales que no tienen
que ver propiamente con las demarcaciones y, par otra parte, la
evolución política de Castilla se presta a la existencia de unas uni-
dades administrativas englobadoras de las pequeñas demarcaciones.
Pera, en principio, conviene no desfigurar este punto. En un caso
como el de Lara es posible que existiera una acción o influencia de
sus condes a señores sobre una serie de pequeños territorios, pero
creemos que cuando la documentación nos habla en los siglos x,
xi y xii del suburbio, alfoz a territorio de esta villa, se refiere a lo
que constituye en sí su amplio territorio, no a otras circunscripciones
menores como, pon ejemplo, Ura o Tabladillo; hay que tener en cuen-
ta que los fueros de Lara del 931, que pretenden precisamente mar-
car las derechos del concejo sobre un amplísimo territorio, son una
notable falsificación ‘~, y, por el contrario, lo que vemos en la docu-
mentación, todavía del siglo xii, es la perpetuación de algunos pe-
queños territorios. Por otra parte, la demarcación de Clunia, también
amplia, no recogía, a tenor con lo que vemos en la documentación
(y muy especialmente en el famosa documento de 1030 sabre los in-
fanzones de Espeja), una zona situada a occidente y al sur del Es-
gueva, que constituiría el territorio de Gumiel de Hizán o Gumiel,
documentado en 1042 ‘~, que a su vez limitaría al oeste con el de Roa.
Es posible que en el caso de Lara hubiera habido algún centro mili-
tar como Carazo Idi, núcleo de una demarcación; efectivamente, se
dice sobre los infanzones de Espeja que éstos estaban obligados en

157 En el primero aparecen Olmos de la Picaza, Villaute, MancHes y Tala-


millo, y en el de 1184 (SERRANO: Cart. 5. Salvador de El Moral, p. 82), Villasilos,
Melgarejo, Villasandina, Grijalba, Sasamón, Villahizán, Villavedón, todo lo cual
constituiría una franja sumamente amplia y difícil de delimitar respecto a un
territorio como el de Villadiego.
‘3’ AHN, Becerro de Villamayor de Treviflo, fol. 3.
~ Sobre esta cuestión, G. MARTÍNEZ DIEZ: Fueros locales en el territorio
de la provincia de Burgos, Burgos, 1982, y,. 21.
SERRANo: CatÉ. Arlanza, y,. 75.
161 Por ejemplo, en el siglo xx. Así, en 1047 aparece detentado por Nuño Al-
varez, ALAMO: Op. ciÉ., 1, y,. 64.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 333

la época del conde Garci Fernández a prestaciones militares, que al


no poderlas satisfacer, debido a las conquistas musulmanas, en Gor-
maz, San Esteban de Gormaz y Osma, deberían realizarlas en Peña-
fiel y Carazo. Un diploma de 1155 sitúa la villa de Contreras in alfoz
de Lara et est sub Carazo ‘~, lo que podría transcribir esta realidad
de una pequeña demarcación dentro de otra; aunque también es ver-
dad que durante todo ese período se podía haber operado la lógica
absorción del pequeño territorio. De cualquier manera, en el caso de
que marcara la existencia de una demarcación dependiente de otra,
ello no seria sino muestra de una posibilidad, pera también dejando
constancia de que lo que observamos de manera generalizada son
el conjunto de alfaces de mayor a menor entidad, que no conllevan
la existencia de una sujeción a las circunscripciones mayores. Esta
integración viene dada en un proceso político y no en el plano terri-
tonal estricto, esto es, el de los territorios mayores y menores. Pre-
cisamente, lo que más sobresale es la formación de un territorio más
amplio como agregada de los territorios menores, no como una sumi-
sión a un territorio mayan, de otra parte, muchas veces inexistente.
Y otras veces como una absorción político-territorial de territorios
de menor importancia, que no significa que antes se encontraran en
la dependencia del principal.
Vamos a centrarnos en los ejemplos de Castilla Vieja, Bureba y
Aguilar de Campóo. Como ya hemos señalado, el valle de Tobalina es
mencionado en 967 en Castilla Vieja; par otra parte, en 1011, Tovera,
al sur del Ebro y cercana a Frías, es uilla in termino de Castella ‘~‘
(téngase en cuenta que hay veces en que se dice sin más Castilla por
Castilla Vieja, dado su carácter originario), mientras que, por el con-
trario, en la misma fecha, el Valdivielso queda diferenciado de la
Castilla Vieja ‘t Con todo, la inclusión del alfoz de Tedeja a media-
dos del siglo xi en la Castilla Vieja ‘~, prueba que esta acepción se
iba dando o consolidando en las zonas del curso del Ebro; de todas
maneras, hay una cierta imprecisión, y así, en un documento de 1082
vemos cómo Castilla parece quedar diferenciada de las tenencias de
Tedeja, Caderechas y la burebana de Poza ‘t Par otra parte, con-
forme un testimonio de 1095, el ámbito de actuación política de]
senior Diego Sánchez se refleja diciendo obtinente Castella usque Te-

~ SERRANO: CarÉ. Arlanza, y,. 208.


‘~ MAMO: Op. ciÉ.,1, p. 26.
164 En el documento fundacional de Olla.
165 Vid. supra, nota 68, «Ego denique senior Galindo Bellaco~, qui sub domi-
no meo Fredinando re ge, rego Tetelia et Éotam Castellam lJetulam. .
164 «Regnante rege Alfonso in Castella eÉ sub eius mandato, ego comes Gun-
disalus in Castellam et Tetilia et Cadreggas, et iii Po<a...» (ALAMO: Op. cit., 1,
y,. 114).
334 Carlos Estepa Díez

tega””. Creemos que se daba una unidad administrativa conocida coma


Castella o Castella Vetula, en la que había unas demarcaciones limí-
trofes como Tejeda, Piedralada W y el valle de Caderechas, que a veces
son expresadas de una manera particular e incluso diferenciada; pero
todo ello dentro de un contexto en el que se va marcando claramente
el carácter englobador de todo un conjunto de territorios. Pon ejem-
pío, suele resaltar a partir de los años 80 del siglo xx, la contraposi-
ción entre Castilla Vieja y Bureba, y en un diploma de 1112 vemos
las menciones de potestates señalando Mena. Asturias (es decir, de
Santillana), Castilla Vieja y Trasmiera Esa tendencia a sobresalir
-

el territorio en sentido amplio fue facilitada par las circunstancias


políticas, como, por ejemplo, la pertenencia de esta amplia zona a la
monarquía navarra hasta después de la batalla de Atapuenca. Tam-
bién, probablemente, durante el siglo xi, la demarcación del Valdi-
vielso pasaría a ser considerada parte de la Castilla Vieja, pues ya no
conocemos la contraposición a la que hemos aludido antes y, de otro
lado, hemos de pensar que al sur de] Valdivielso se hallaba el valle
de Caderechas, que bien podemos considerar como una zona limítrofe
entre la Castilla Vieja y la Bureba. Cabe preguntarse también si se
produjo la integración de valles del extremo accidental como Arreba,
Valdeporres, Zamanzas, etc. En principio, podemos suponer, que al
menos en algunos casos este fenómeno fue más tardío; par ejemplo,
Arreba y Bezana aparecen en 1170 diferenciadas de Asturias, Casti-
lía, Bureba y Campóo ~ Es posible, sin embargo, que ya desde en-
tonces, y a tenor con las tenencias que se daban en los territorios
del norte, de una manera bastante fluctuante y compleja, hubiera las
suficientes interferencias territoriales como para ir introduciendo
estas pequeñas demarcaciones en el vasta conjunto de la Castilla
Vieja. Un reflejo de todo ello lo encontramos posteriormente en el
Libro Becerro de las Behetrías, si analizamos la merindad de Castilla
Vieja, en la que entran las mencionadas zonas, en tanto que la Be-
zana está básicamente integrada en la de Aguilar de Campóo, como
una cuña introducida en la de Castilla Vieja. Por consiguiente, los
ejemplos de la Castilla Vieja nos muestran fenómenos de integración
territorial en un conjunto más amplio, que se nos aparece como una
unidad administrativa mayor, consolidada a partir del siglo xi, y que

167 LÓPEz MATA: Geografía..., y,. 89.


‘64 Estaes una de las tenencias navarras que habitualmente aparecen a me-
diados del sigla xi en la documentación de San Millán, y en la primera mitad
del sigla xii en la de Olla. Por otra parte, en 1183 se habla de la heredad del
conde Fernando Núñez (de la familia Lara) quam Jiabemus in Coste/la Uetula
usque itt Petralada (ALAMO: Op. ciÉ., 1, y,. 320).
‘69 AHN, La Vid, 378/1.
‘~ LÓPEZ MATA: Geografía..., y,. 91.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 335

deja traslucir, prácticamente intacta, la realidad básica de las pe-


queñas demarcaciones o alfoces.
Como ya hemos señalado antes, la Bureba era en principio una
de estas pequeñas demarcaciones, base de la organización territorial
castellana, Bureba o Fuentebureba; según un diploma de 952, que-
daba diferenciada de Ribarredonda, Vallanta o Pancorbo ‘~‘ Es decir,
que ni siquiera un punto tan cercano como Ribarredonda pertenecía
entonces al territorio de Bureba. Por otra parte, cuando en 1075 se
habla del alfoz o suburbio de Briviesca, no podemos suponer que
ello haga referencia al vasto conjunto de la Bureba en sentido am-
plio sino a la pequeña demarcación en torno a este centro fortifi-
cado. La documentación de los siglos x y xi alude a una serie de
demarcaciones; además de las que acabamos de citar, las de Tamayo,
Oña, Poza, Vesga, Lences, Rublacedo y Monasterio. El alfoz de Oña
consta en 967, pero es posible que se identifique con el territorio de
Tamayo, mencionado en 993 ‘~; por otra parte, la documentación de
San Salvador de Ofla menciona habitualmente este monasterio como
situado en el río Vesga, y también es posible que se considerara for-
maba parte del territorio de Vesga (más ampliamente documentado),
constituyendo Tamayo u Oña, una parte, a veces diferenciada —entre
otras cosas por la proyección del centro monástico— de dicho terri-
todo, por tanto, muy en la línea de los cambios que se podían ir
produciendo en las demarcaciones. En 1058 Ribarredonda es situada
en Bureba rn, al igual que Grisaleña en 1062 ~ y no parece probable
que se refiera a la Bureba en el sentido extenso, pues en 1063 se ha-
bla de una viña in frontera de Fonte Boruev’a Es decir, que lo que
‘~.

seguimos encontrando son territorios menores y las lógicas varia-


ciones en la extensión de un pequeño alfoz. Sin embargo, ya se em-
pieza a dan por entonces una utilización del término en sentido am-
plio; así, mientras las menciones de tenentes navarros nos muestran
Vesga, Poza, Monasterio o Pancorbo, en un diploma de 1052 se dice
del rey García, rez in Pampilona, in Borovia et iii Castella 1/etula 176
abriéndose así una serie de referencias en las que Bureba es un am-
plio territorio, precisamente contrapuesto también a otro amplio te-
rritorio. La dominación navarra en estas zonas sería un factor im-
portante para propiciar una concepción territorial más amplia, más
si cabe que en el caso de Castilla Vieja cuya acepción ya existía an-
tes. En la Bureba, incluso, se empezó a utilizar el nombre de un pe-

171 Urnm’o: .5. MilIdn..., p. 74.


172 967 (ALAMo: Op. ciÉ., 1, p. 8), 993 (ibid., y,. 10).
~73 UnsTo: .5. Milldn..., p. 287.
‘~ Ibid., y,. 305.
‘~ Ibid., y,. 319.
336 Carlos Estepa Diez

queflo territorio para todo el conjunto. Naturalmente ello no impide


que se mantengan las pequeñas demarcaciones o que incluso se siga
utilizando Borueva en sentido restringido, pero a partir de ahora la
que destacará también es que hay un territorio can una serie de nú-
cleos fortificados que dan base a la existencia de una serie de te-
nencias; en 1084 aparecen Gonzalo y Alvaro Salvadórez como domi-
nante Borouia ‘~, y ciertamente el poder de esta familia como condes
de la Bureba”’ estuvo relacionado con la constitución de esta nueva
unidad administrativa. Más significativo es el testimonio de 1098 que
menciona a Gómez González (hijo de Gonzalo Salvadórez) in Ponti-
curbo et in tota Boroua’~’, en tanto que la documentación del si-
glo xii —especialmente la procedente de Oña y de la catedral de Bur-
gas— hablarán siempre de la Bureba coma una unidad. Esta, sin em-
barga, no componía la desaparición de las pequeñas demarcaciones,
que en algunos casos pueden significarse especialmente debido al ca-
rácter de tenencias. Por ejemplo, la de Vesga, que en 1082, es men-
cionada incluso en contraposición a Mena y Asturias ‘~, o la de Poza,
que todavía aparece en 1127 ‘a’. En 1162 aparece un tenente de la Bu-
reba y a seguido se mencionan los tenentes de Bniviesca y Pancarbo ~
es decir, a manera de una concreción y dependencia de circunscrip-
ciones menores respecto a una unidad mayor. La Bureba había lle-
gado, par tanto, a constituir una unidad englabadora de las peque-
ñas demarcaciones, todas las cuales serán consideradas burebanas;
únicamente cabe cuestionarse si la de Monasterio tuvo ese carácter,
o se movió más bien en esa línea ambigua de demarcación limítrofe
respecto a los territorios de Oca y Burgos, al igual que sucedía al
norte de la Bureba can los Caderechas y Piedralada respecto a la
Castilla Vieja. Por otra parte, el proceso de configuración de la Bu-
neba como territorio extenso, creemos que muestra claramente el fe-
nómeno de agregación de un conjunto de demarcaciones o alloces
merced a una determinada evolución, especialmente en el siglo xi,
sin que se pueda considerar la existencia previa de un territorio ma-
yor al que estuvieran subordinadas estos alfoces, sino más bien como
hemos visto en el caso de Castilla Vieja, una realidad básica de pe-
queñas circunscripciones en la organización territorial. Precisamente
la propia utilización del nombre de un territorio menor que de nin-
guna manera denotaba funciones centrales aboga por esta iníerpre-

‘77 AlAMo: Op. ciÉ., 1, p. 119.


Vid. F. SAGREDO FERNI(NDEZ: «Los condes de Bureba en la documentación
‘~‘
de la segunda mitad del siglo xi», Cuadernos de Historia. Anexos de la revista
Hispania, 6, 1975, 91-119.
179 LÓPEZ MATA: Geografía..., y,. 100.
‘~ ALAMO: Op. tít., 1, p. 112.
1’l Ibid., y,. 192.
132 AC Burgos, y. 26, fol. 1.
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 337

tación; el papel predominante en la Bureba lo tendrán Briviesca y


Pancorba, pero más bien conforme a una evolución posterior, propia
del siglo xii, en el que estarán presentes, sobre todo, las connotacio-
nes urbanas de dichos centros.
El panorama de la integración territorial en lo que en el siglo xiv
será la merindad de Aguilar de Campóo. resulta más complicado que
en los casos anteriores. El Campóo, en principio, quedaba referida
a unas pequeñas comarcas o demarcaciones en la zona del nacimien-
lo del Ebro; por otra parte, Aguilar, que consta desde 968 como
suburbio 132, constituiría una pequeña demarcación en el curso del
Pisuerga, diferenciada claramente en 1068 de la cercana de Villaescu-
sa (Maye), así coma de las de Ibia, que ya está documentada en el
diploma fundacional de Covarrubias del 978, o el alfoz de Gama, que
consta en 1146 184 y que probablemente surgiría a partir del de Ibia.
Sin embargo, en 1135, se dice in alfouz de Ibia que est in Campou 185,
primera vez en la que parece hablarse del Campóo como un conjunto
más amplio que abarcara comarcas situadas al sur de tal acepción,
aunque en principia, hay que decir, se trata de un testimonio aisla-
do. De hecho, la realidad de las pequeñas demarcaciones queda re-
flejada también en las menciones de tenencias; por ejemplo, en 1164
aparecen Aguilar, Ibia, Prado y Paredes Rubias, al igual que las de
Abia y Herrera (del Pisuerga) que mancarían territorios al oeste del
Pisuerga y quedarían englobados después en las merindades de Mon-
zón y Saldaña Can todo, estas tenencias múltiples podían irse
‘~.

agrupando en un juego complejo, debido a la detentación de varias


por una persona, o por personas del mismo linaje, al tiempo que se
daban a la par que territorios extensos como las Asturias de Santi-
llana. La familia Lara es capital en este fenómeno durante el siglo xii;
Gonzalo Rodríguez era potestas en Mena y las Asturias de Santillana
en 1112 jg¡, y en 1127 aparece como dominante Asturias et Aguilar 188,
en tanto que es autor de la concesión de 1135 en la que Ibia es con-
siderada parte del Campóo. También llama la atención como la men-
ción del alfoz de Gama en 1146 es debida a la donación que hace
del mismo Alfonso VII a Nuño Pérez de Lara, personaje que vemos
habitualmente detentando las tenencias de Abia y Herrera ‘~‘, de la
~ La iglesia de San Martín de Aguilar «sita est itt honore monasterii subur-
bio Aquilarensi>’,
SERRANO: Becerro Gótico..., y,. 258.
184 LÓpnz MATA: Geografía..., y,. 27.
“5 Ibid., p. 26.
164 «Don Ajuaro Aquilar. Don Nunno Auia et Perrera. Ajuaro Rodria Ibia.
Don Gomez Prado et Paredes Rubias» (AUN, Becerro de Aguilar de Campóa,
fol. 27r>.
187 AUN, La Vid, 378/1.
18’ AUN, San Román de Entrepelas, 1740/18.
“9 Por ejemplo, 1164 (3. GONZÁLEZ: Alfonso VIII,
II, y,. 107; AUN, San Román
de Entrepelas, 1741/2; AUN, Becerro de Aguilar, fol. 27r), 1165 (3. GONZÁLEZ:
.338 Carlos Estepa Díez

misma manera que su hennano Alvaro las de Aguilar y Asturias ‘~, si-
tuación continuada en este último caso por el conde Femando Nú-
ñez Este fenómeno de acción política que puede llevar a la inte-
‘~.

gración de varias demarcaciones, lo podemos encontrar ya antes en


el caso de los Ansúrez respecto al territorio de San Román de Entre-
peñas y su vinculación a Saldaña De cualquier forma, el tema es
‘~.

demasiado complejo y escapa un poco al presente estudio. Podemos


señalan, por ejemplo, como el cande Nuño, normalmente vinculado a
las tenencias de Abia y Herrera, también aparece a cargo de San Ra-
mán de Entrepeñas, e incluso de Amaya y Castrojeriz No parece
‘~.

que el Campóo, en sentido estricto, sea el elemento dominante en


este juego; más bien fuera Aguilar un centro significativo, habida
cuenta de su coincidencia en una persona con grandes territorios
como las Asturias de Santillana a Castilla; así en el ejemplo de Alva-
ro Pérez de Lara Campóo aparece, por otra parte, en manos del
‘~.

conde Gómez González, de la familia Manzanedo, en unión con Arreba


y Bezana Luego, tras estas detentaciones tipa Aguilar-Asturias, en-
‘~.

contramos desde 1190, la de Aguilar, por un lado, y Asturias-Campóo,

Ibid., II, y,. 129>, 1166


(SERRANO: Cart. 5. Salvador de El Moral, y,. 73), 1168
(ABN, Rioseco, 351/15; 3. GONzÁLEz: Ibid., II, y,. 189), así como otras menciones
en cada una de las tenencias.
‘~ 1160 («...in Asturias», SERRANO: Cart. .5. Salvador de El Moral, y,. 68);
1164 («Don Ajuaro Aquilar», AHN, Becerra de Aguilar, fol. 27r); 1168 («...in
Burgos et in Asturias», AHN, Rioseco, 351/15>.
191 1173, <Comes Ferrandus en Aguilar et itt Asturias» (SERRANO: Ibid., pá-
ginas 7475).
192 Por ejemplo, en 1114 el conde Pedro Ansúrez «itt Saneti Romaní et Salda-
nia» <AUN, San Román de Entrepeñas, 1740/12), así como el hecho de que
entregue a 5. Ramán de Entrepeñas en 1115 —en donde aparece como man-
dante Saldania et Capizone— la villa de Riu de Coua (Resova?) in simul cum
eius capia: alfoz que uocatur Castegon (AUN, San Ramán de Entrepelas, 1740/
11), lo cual, por otra parte, puede hacer pensar en una cienta identificación
entre los alfoces de Resova y Castrejón, en zona entre la Pernía y Saldaña.
193 Así, en 1171 (AHN, San Román de Entrepeñas, 1741/4) 1172 (ibid.,
¿~‘•

1741/5> corno tenente de Abia y San Roinán, o en 1173 como «...zn Castro et
itt Amaya. (SERR.4No: CarÉ. 5. Salvador de El Moral, y,. 75>. Por otra parte, el
conde Fernanda aparece en 1175 como senior in Aguilar et in Amaia (AHN,
Aguilar de Campdo, 1648/6), prueba de esta complejidad en cuanto a la deten-
tación de las tenencias.
194 En 1170, <Comes Alvarus tenente Castella» (LsIPEZ MATA: Geografía. - -,

y,. 91>. Quizá no se refiere a la Castilla Vieja, ya que en 1168 encontramos a


este conde a carga de Burgos <vid. supra, nota 190), y también en estas fechas
vemos al cande Lupa como tenente de Castilla (Vieja). De cualquier forma ella
no invalida nuestra afirmación acerca de la actuación de los magnates sobre
extensas territorios.
195 En el testimonio de 1170, ya citado, «Comes gomis~ gundisalui tenente
arreba et uezana et Campo».
‘96 <Gil Gomez tenente Asturias et Campo» (AUN, Becerra de Aguilar,
fol. 48v). Por otra parte, en 1188, hallamos al conde Femando iii Aquilar <AHN,
ibid., fol. 54v), en tanto que en 1193: «Regina Alionor tenente Aquilar et Gon-
zaluo Gomez Asturias et Campo» (AHN, Aguilar de Campóo, 1649/10).
El alfoz castellano en los siglos IX «1 XII 339

por otro 196 incluso la de Santullán, Campóo, Asturias en 1198 “y. La


variabilidad en las tenencias contribuye a esta confusión, afectando
a un conjunto de territorios que va más allá de lo que será la me-
rindad de Aguilar de Campóo. pues las tenencias de Abia y Herrera
se hallaban insertas en este juego y, por otra parte, en el extremo oc-
cidental (por ejemplo, Bezana) podía darse una tendencia a la ab-
sorción por Castilla Vieja. A fines del sigla xii no se había llegado
a una unificación real como la que hemos hecho notar en los casos
de Castilla Vieja y, sobre todo, de la Bureba; podía darse, sobre la
realidad básica de las pequeñas demarcaciones, la existencia de unas
tenencias de configuración ambigua que venían dadas sobre todo
por la actuación de familias de la alta nobleza castellana. Santullán
consta como alfoz hasta bien entrado el siglo xiii ‘~, pera evidente-
mente Aguilar ejercía su acción sobre esta pequeña zona oriental de
la Pernía, aunque en el sistema de tenencias aparezca unida al Cam-
póo y a las Asturias de Santillana. Se trataba de unos niveles dife-
rentes> con el mantenimiento de las pequeñas demarcaciones o al-
faces como elementos básicas de la organización territorial. La con-
creción de una cierta unidad vendría después, más allá del período
escogido para nuestra trabajo. En ella se darían dos elementos con-
trapuestos; por un lado, el papel de Aguilar; par otro, la utilización
de Campóo como nombre de la región, que ya tenía un antecedente
en 1135, quizá en un momento en que el poden de los Lara ya des-
puntaba, sobre toda, este vasto conjunto. Aunque en principio no
se consumara la realidad de una unidad territorial mayor, se abría
un camina, y así no es extraño que en 1203 se hable por primera vez
de Aguilar de Catnpdo’”, uniendo, por consiguiente, los dos elemen-
tos que consideramos sustanciales. Naturalmente> esta unidad rela-
tiva y tardía mantiene vivas las viejas demarcaciones, de manera que
en algunos casos aún en el Libro Becerro de las Behetrías encontra-
mos la expresión original, por ejemplo, alfoces de Santa Gadea y
de Bricia o Valdebezana.
La acción de las unidades administrativas mayores es alga pos-
tenor, a tenor con la propia evolución político-territorial y, en mu-
chos casos, deja intacta la realidad de las demarcaciones menores.
Una realidad sujeta a cambias que producirá no sólo la absorción
sino también la desaparición de alfoces, pero que, de cualquier
moda, se ofrece como la realidad fundamental en la organización te-
W7 «Gundissaluus Nunnez tenente Aquitar. Gil Gomez tenente terram Sancti
Iuliani et Campo et Asturias» (AUN, Aguilar de Campóo, 1650/4).
‘~ Por ejemplo, en 1222, AHN, Becerro de Aguilar, fol. 81v.
199 J~ GONzÁLEz: Alfonso VIII, III, p. 304. Por otra parte, Villaescusa, que
en 1199 sigue siendo una tenencia, detentada por Alvaro Núñez junto con
Aguilar y Amaya <AHN, Becerra de Aguilar de Campéa, fol. 31v), es mencionada
en 1202 coma Uilla Ascusa de Campo (ibid., fol. 40v).
340 Carlos Estepa Diez

rnitonial castellana de los primeros siglos. Los grandes territorios


cuando existen desde el siglo x no integran en principio territorios
menores; una concepción más englobadizadora pudo producirse me-
diante la propia evolución histórica; por ejemplo, se daría fácilmen-
te en el caso de Lara, si tenemos en cuenta que en el siglo xn los al-
foces de Tabladillo, Huerta del Rey y Ura pasaron a Santo Domingo
de Silos ~, a si en el caso de Burgas pensamos en su carácter de
centro urbano de la región castellana, que permite la integración
de las comarcas más al norte, constituyendo así la merindad de Bur-
gas y Ubierna; o se puede explicar pon una evolución posterior la
ampliación de los territorios de Castrojeriz y Candemuño (este úl-
timo documentado ya en 1125 can el significativo nombre de Campo
de Munio ~‘, utilizada a la par que el originario alfoz de Munio).
Las pequeñas demarcaciones o alfoces coma base de la organi-
zación territorial de los primeros siglos castellanos son un fenóme-
no sumamente generalizado. Una serie de rasgos como la relación
de los alfoces con los pequeños valles y con las circunscripciones mi-
litares generadoras de prestaciones, son también algo muy importan-
te. Por otra parte, aspectos como la vinculación de los orígenes del
alfoz a las hoces o pasos de montaña, o la existencia de territorios
originarios sin auténtica centro de población constituyen en el norte
un fenómeno nada despreciable. En suma, la principal conclusión
ha de ser el carácter básico del alfoz, y la incidencia de este tipo de
demarcación en la ordenación territorial castellana.
A pesar de las transformaciones sucedidas a lo largo de los si-
glos, entre las que hemos destacado, dentro del período objeto de
nuestro estudio, lo que significaran los grandes territorios y el ré-
gimen de tenencias, hemos visto, que en lo fundamental, estas trans-
formaciones no modificaron la realidad originaria en muchas zonas.
Incluso, hoy día, algunas demarcaciones municipales de las provin-
cias de Santander, Palencia y Burgos muestran este refleja del pa-
sado. Par ejemplo, existen los municipios de Campóo de Suso, de
Enmedio (Reinosa) y de Yuso, que unidos a las pequeños de Pes-
quera y Aguayo constituyen el conjunto que formaba el Campóo
originario y limitaba al norte can las Asturias de Santillana. O hay
muchos nombres de municipios actuales como Valdolea, Valdeprado,
Valderredible, alfoz de Manzanedo, Valle de Zamanzas, merindad de
Valdeporres, merindad de Castilla Vieja (cuyo centro es Cigilienza),
merindad de Valdivielso, merindad de Valdeporres, merindad de So-

,~ Respectivamente en 1125, 1137 y 1152; vid. FERorIN: Op. cit., Pp. 48-49,,
70, 80.
~JI LÓpnz MATA: Geografía..., y,. 138. Este término, sinónimo de alfoz, se dow-
menta también posteriormente, por ejemplo, en 1193 (AHN, Ibeas de Juarros,
249/10) y 1213 (SERRANO, Cart. Arlanza, y,. 253).
El alfoz castellano en los siglos IX al XII 341

toscueva o Valle de Mena. Estos han ido desfilando en nuestro traba-


jo y no cabe duda de que tienen bastante que ver con la existencia
de antiguas demarcaciones surgidas en el seno de una sociedad pri-
mitiva y can los condicionamientos que hemos tratado de señalar.
El alfoz fue producto de la sociedad castellana en una fase ar-
caica, en la que aún predominaban las estructuras gentilicias. A me-
dida que nos alejamos de la Castilla Vieja —hacia el sur— se van
dando otras características como la mayor incidencia de los centros
de una demarcación o la presencia de territorios relativamente am-
plias. Ello mueve a matizar en el estudio de la organización terri-
torial, tal como lo hemos intentado> pero tampoco conviene ol-
vidar que, a pesan de las diferencias, también había notables seme-
janzas. Precisamente pautas trazadas para el norte, pero que tam-
bién se dieran en el sur, como la relación entre el alfoz y el valle,
las obligaciones militares o la mera existencia de pequeños territo-
rios o demarcaciones, son fenómenos que se iluminan al contar con
la perspectiva de la primitiva Castilla. Es necesario avanzar en el es-
tudio de la sociedad castellana dentro de este amplio ámbito y mos-
trar muchos elementos comunes, aunque lógicamente aparezcan de
manera graduativa. No olvidemos que zonas como Lara, Clunia o in-
cluso Aranda de Duero se encuentran a tenor con la documentación
«llenas de divisas» ~.El estudio del alfoz representa una aproxima-
ción a estos problemas, puesto que tal realidad está relacionada con
una determinada sociedad, pero una clarificación mayor vendrá dada
por el estudio profundo de la sociedad de estos territorios durante
muchos siglos, desde la realidad de la época romana hasta el Libro
Becerro de las Behetrías, pasando por las hoces del siglo Ix.

Carlos ESTEPA DIEZ


(Universidad de León)

~ Ello se puede constatar tanto en la documentación de Arlanza como, en


especial para el último caso, en la de La Vid existente en la sección de Clero
del Archivo Histórico Nacional.

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