Lección 2
Lección 2
COMPETENCIA
JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA
1. La potestad jurisdiccional. Contenido y límites
La jurisdicción constituye una potestad del Estado, atributo de la soberanía y
dimanante de ella. Esta potestad comprende tanto la emisión del juicio jurisdiccional
como la ejecución de lo juzgado, y se ejercita exclusivamente por los Juzgados y
Tribunales determinados por las leyes, según las normas de competencia y
procedimiento que las mismas establezcan (art. 117.3 CE).
La potestad jurisdiccional es única e indivisible: se tiene o no se tiene; pero si a un
órgano se le atribuye la ostenta en toda su plenitud (art. 3.1 LOPJ); precisamente en
ello se basa la independencia de cada Juzgado o Tribunal. El que pueda hablarse de
jerarquía no determina la subordinación o dependencia entre ellos. Así, el art. 12 LOPJ
establece que “en el ejercicio de la potestad jurisdiccional los jueces y magistrados son
independientes respecto a todos los órganos judiciales”.
Además, es preciso destacar el carácter exclusivo que la norma constitucional atribuye
a la jurisdicción de los Juzgados y Tribunales. La exclusividad supone que el juzgar y
hacer ejecutar lo juzgado no puede atribuirse ni delegarse en otros órganos o poderes;
que queda residenciada en régimen de monopolio en los Juzgados y Tribunales. De
este modo, los Tribunales españoles, titulares de la potestad jurisdiccional, conocerán
de toda clase de procesos que se susciten en el ámbito territorial de la soberanía de
nuestro país.
Este monopolio en el juzgar y hacer ejecutar lo juzgado no impide que los sujetos de un
conflicto, siempre que se refiera a derechos disponibles puedan encomendar la
resolución de su litigio a un tercero, a través del arbitraje.
También el propio Estado español puede autolimitarse cuando considere que, en razón
del objeto litigioso, la tutela jurisdiccional que otorgaran sus tribunales nunca llegaría a
ser efectiva por imposibilidad de verse materializada, como sucede cuando falta toda
conexión del objeto litigioso con nuestro país y deben conocer del conflicto tribunales
extranjeros (art. 22 octies LOPJ).
Asimismo, sucede que, al amparo de lo previsto en el art. 93 CE, el Estado, mediante
ley orgánica, puede atribuir “a una organización o institución internacional el ejercicio
de competencias derivadas de la Constitución”, como sucede con el TJUE o con el
TEDH.
2. La competencia. Su fundamento
Si en España sólo existiera un único órgano jurisdiccional, éste tendría atribuido el
conocimiento de todo tipo de procesos, cualquiera que fuese el thema decidendi, la
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materia litigiosa sobre la que hubiera de resolver; en tal caso, resultaría imposible
plantear siquiera el estudio de la competencia.
La competencia dimana o se explica por la existencia de una pluralidad de órganos
jurisdiccionales que exige y permite distribuir entre ellos el conocimiento de los
procesos que se susciten en territorio español.
Según se dijo, la potestad jurisdiccional es única e indivisible, de modo que la
jurisdicción como potencia no admite distribución; sin embargo, el ejercicio de la
jurisdicción, la jurisdicción como acto, se encuentra limitada, y se distribuye entre los
diversos tribunales; por eso, dispone el art. 117.3 CE que el ejercicio de la potestad
jurisdiccional corresponde a los Juzgados y Tribunales según las normas de
competencia que las leyes establezcan.
La competencia puede definirse así como el conjunto de procesos en que un tribunal
puede ejercer, conforme a la ley, su jurisdicción (GÓMEZ ORBANEJA).
Esta diversidad de órganos jurisdiccionales se manifiesta básicamente en dos
vertientes: por una parte, en que se han instaurado distintos tipos de órganos
jurisdiccionales (art. 26 LOPJ), desde los Juzgados de Paz al Tribunal Supremo; por otra,
en que se han creado, con la salvedad de los tribunales de ámbito nacional, varios
tribunales del mismo tipo.
Todo ello permite instituir cuatro órdenes jurisdiccionales: civil, penal, contencioso-
administrativo y social, de modo que en la actualidad los diferentes Juzgados,
Tribunales y Secciones o Salas de estos últimos, se incardinan en un concreto orden
jurisdiccional.
Naturalmente, los tribunales civiles españoles sólo pueden ejercer la jurisdicción
cuando el conocimiento del asunto le venga atribuido por ley, de modo que habrá que
determinar en primer lugar si, en razón de los elementos subjetivos y objetivos de la
pretensión, la resolución de los tribunales españoles tiene sentido en un caso concreto.
3. La jurisdicción de los tribunales civiles
Los Tribunales del orden jurisdiccional civil son:
Los Juzgados de Paz (art. 100.1 LOPJ)
Los Juzgados de Primera Instancia (e Instrucción) (art. 85 LOPJ)
Los Juzgados de lo Mercantil (art. 86 ter LOPJ)
Las Audiencias Provinciales (art. 82.2 LOPJ)
Las Salas de lo Civil (y Penal) de los Tribunales Superiores de Justicia (art.
73.1 y 2 LOPJ)
La Sala Primera, de lo Civil, del Tribunal Supremo (art. 56 LOPJ)
Estos órganos conocen, además de las materias que les son propias, de todas aquellas
que no estén atribuidas a otro orden jurisdiccional (art. 9.2 LOPJ), lo que les convierte
en tribunales con vis atractiva (SSTS de 3 de diciembre de 1999, para evitar el
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peregrinaje de jurisdicciones; de 26 de noviembre de 1999; de 18 de septiembre de
1999; de 22 de diciembre de 1994; de 26 de julio de 1994; de 2 de marzo de 1994; de
31 de diciembre de 1992; etc.)
En la jurisdicción civil, también se han creado Juzgados especializados. Por una parte, la
LO 8/2003, para la reforma concursal, creó los Juzgados de lo Mercantil (art. 86 ter
LOPJ), con competencias específicas y en todo el territorio nacional con carácter
permanente, si bien no constituyen propiamente un orden jurisdiccional diferenciado
del civil. Por otra, al amparo del art. 98 LOPJ, por decisión del CGPJ, se han creado unos
Juzgados que asumen en exclusiva el conocimiento de determinadas materias, como
ocurre con los Juzgados de Familia o los Juzgados Hipotecarios.
4. Los criterios de determinación de la competencia en el orden civil
Como en la organización judicial española existe una diversidad de tribunales
integrantes del orden jurisdiccional civil, se han establecido distintos grados de
jurisdicción y, dado que de la mayoría de los tipos de tribunales hay una pluralidad de
órganos, se han de establecer y conjugar los criterios competenciales.
De este modo, por una parte, el conocimiento de los diferentes procesos civiles, para la
primera instancia, dependiendo de la naturaleza o cuantía de la pretensión del actor, se
atribuye a diversos tipos de tribunales (arts. 56.2 y 3; 73.2.a) y b); 85.1, 2 y 5, 86 bis.4,
86 ter y 100.1 LOPJ). A esto se le denomina competencia objetiva.
Por otra parte, al establecerse distintas fases en un proceso y varios grados de
jurisdicción, una vez conocido el tribunal competente para resolver en primera
instancia, según las reglas de la competencia objetiva, habrá que determinar qué
tribunal está llamado a resolver los posibles incidentes que se promuevan, los recursos
devolutivos que se puedan plantear o la ejecución de las resoluciones dictadas.
Además, cuando se planteen cuestiones entre distintos tribunales deberá resolverlas
un tribunal situado por encima de aquellos entre quienes se empeña la cuestión (art.
60.3 LEC para los conflictos negativos de competencia territorial y art. 257.2 en las
diligencias preliminares; art. 93.2 LEC para la acumulación de autos), al estar
jerárquicamente ordenados los tribunales. Este criterio constituye la competencia
funcional.
Finalmente, al existir en la mayoría de los casos un gran número de tribunales que
están llamados a conocer de la primera instancia de un proceso civil (v. gr. de la
reclamación de cien mil euros debe conocer un Juzgado de Primera Instancia), será
preciso atribuir la resolución a uno de ellos concretamente (al de Elche, al de Jerez o al
de Santiago). Se trata de la competencia territorial.
La combinación de estos tres criterios resulta imprescindible para saber con
anterioridad al proceso qué órgano jurisdiccional civil debe conocer del mismo y a cuál,
por tanto, debe dirigirse el actor. Sólo de esta manera puede darse satisfacción al
derecho fundamental al juez ordinario predeterminado por la ley (art. 24.2 CE), al
derecho al juez legal o natural.
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COMPETENCIA OBJETIVA
1. Concepto y clases
La competencia objetiva determina, en razón del objeto del proceso propuesto por el
actor en la demanda, cuál es el órgano que debe conocer de la primera instancia con
exclusión de cualquier otro.
Tres son los criterios que emplea el legislador para atribuir este conocimiento. En
primer término, el de la persona del demandado (arts. 56 y 73 LOPJ); en segundo
término, el de la materia, o naturaleza de la pretensión; y, por último, el de la cuantía
o cantidad del objeto del litigio (art. 47 LEC).
Los criterios de la persona del demandado y de la materia a que se refiere el litigio son
preferentes, primando en todo caso sobre el criterio de la cuantía, de modo que habrá
de estar a lo que se disponga en ellos, con independencia de la cuantía a que ascienda
el valor de la demanda.
A) Competencia objetiva por razón de la persona del demandado
La calidad de las personas que ocupan la posición pasiva en el proceso civil no atribuye
competencia, por ese solo hecho, a un concreto órgano jurisdiccional. Ahora bien,
cuando el objeto del proceso es la exigencia de responsabilidad civil por hechos
cometidos en el ejercicio de sus funciones por magistrados del TS, magistrados en
ciertos casos, o algunos altos cargos públicos, se atribuye entonces la competencia a la
Sala de lo Civil del TS o a la Sala de lo Civil de los Tribunales Superiores de Justicia (arts.
56.2º y 3º, y 73.2.a) y b) LOPJ). Lo mismo sucede para la tramitación de las demandas
dirigidas contra la Reina consorte o el consorte de la Reina, la Princesa o Príncipe de
Asturias y su consorte, así como contra el Rey o Reino que hubiere abdicado y su
consorte (art. 55 bis LOPJ).
B) Competencia objetiva por razón de la materia. Los Juzgados civiles especializados
La materia litigiosa ha sido tradicionalmente uno de los criterios fundamentales para
la determinación de la competencia objetiva, sobre todo cuando existían diferentes
clases de tribunales de primer grado a los que se podía encomendar el enjuiciamiento
de los distintos procesos.
Con carácter general, el conocimiento de todos los procesos civiles se atribuye a los
Juzgados de Primera Instancia, de todos aquellos que por disposición legal expresa no
se hallen atribuidos a otros tribunales (art. 45 LEC).
Por otra parte, cuando en la misma población existan varios Juzgados de Primera
Instancia, el CGPJ, al amparo del art. 98 LOPJ, podrá atribuir con carácter exclusivo el
conocimiento de determinada clase de asuntos a alguno de esos órganos
jurisdiccionales. Este carácter exclusivo supone que en la población donde existan
Juzgados civiles especializados solamente ellos pueden conocer de los asuntos de esa
concreta clase.
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También, en cada provincia, con jurisdicción en toda ella y sede en su capital, habrá
uno o varios Juzgados de lo Mercantil (art. 86 bis LOPJ), que asumen en exclusiva el
conocimiento de cuantas cuestiones se susciten en materia concursal.
Asimismo, tienen competencia en el orden civil los Juzgados de Violencia sobre la
Mujer, a los que se le atribuye jurisdicción, en materia de derechos de la persona,
esencialmente procesos matrimoniales y relaciones paterno filiales.
Estos Juzgados tienen competencia genérica (art. 87 ter.2 LOPJ), siempre que se den
simultáneamente las siguientes circunstancias: (i) alguna de las partes del proceso civil
sea víctima de los actos de violencia de género; (ii) alguna de las partes del proceso sea
investigado como autor, inductor o cooperador necesario en la realización de los actos
de violencia de género; y, además, (iii) se hayan iniciado ante el Juzgado de Violencia
sobre la Mujer actuaciones penales o adoptado una orden de protección.
C) Competencia objetiva por razón de la cuantía
El tercero de los criterios para la determinación de la competencia objetiva es el de la
cuantía, la cantidad del objeto del litigio, que se aplica en tercer lugar, de forma
subsidiaria. De este modo, tanto en el art. 249 como en el art. 250 LEC, la cuantía de la
pretensión permite distribuir los litigios entre el juicio ordinario y el juicio verbal sólo
cuando el asunto no se incluye en las materias enunciadas en dichos preceptos.
Los tribunales civiles de primera instancia comunes han quedado reducidos a dos
tipos, los Juzgados de Primera Instancia y los Juzgados de Paz.
Con carácter general, los Juzgados de Primera Instancia deben conocer de todos los
procesos civiles que se susciten en su partido judicial. De esta regla solamente se
exceptúa la competencia objetiva que en materia civil se atribuye a los Juzgados de
Paz: en las poblaciones donde existan (esto es, únicamente los municipios donde no
exista Juzgado de Primera Instancia), esta competencia alcanza al conocimiento de los
procesos ordinarios cuya cuantía no exceda de 90 euros (art. 47 LEC).
2. Carácter y tratamiento procesal
Las normas sobre competencia objetiva tienen carácter absoluto; son inderogables
incluso mediando acuerdo de las partes (ius cogens). La sumisión de las partes a un
concreto órgano jurisdiccional sólo será válida y eficaz cuando se haga a tribunales con
competencia objetiva para conocer del asunto de que se trate (art. 54.3 LEC).
A) Examen de oficio
El carácter imperativo de las normas impone el examen o control de oficio de la
competencia objetiva (SSTS de 3 octubre 1994 y de 10 abril 1992). En este sentido, la
ley exige que la falta de competencia se aprecie de oficio, tan pronto como se
advierta (art. 48.1 LEC), el LAJ dará vista a las partes y a el Ministerio Fiscal por plazo
común de diez días, resolviendo el tribunal por medio de auto (art. 48.3 LEC).
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La declaración de incompetencia, en cualquier momento en que se advierta, llevará
aparejada la nulidad de todo lo actuado (art. 225.1º LEC y 238.1 LOPJ).
En la declaración de incompetencia el juez se abstendrá de conocer del asunto y
deberá expresar la clase de tribunal al que le corresponde la competencia (arts. 51.2
LOPJ y 48.4 LEC) y dejará a salvo el derecho de las partes a ejercitar sus acciones ante la
clase de tribunal que corresponda (art. 48.2 LEC); contra este auto puede interponerse
recurso de apelación (art. 66.1 LEC).
B) Denuncia de parte
La inderogabilidad de las normas sobre competencia objetiva permite que su falta sea
también denunciada por las partes, ya que los actos judiciales producidos con
manifiesta falta de competencia serán nulos de pleno derecho, y tal nulidad habrá de
hacerse valer por medio de los recursos ordinarios o por los demás medios que
establezcan las leyes procesales (arts. 238.1º y 240.1 LOPJ, y arts. 225.1º y 227 LEC).
En la LEC se regulan tres impugnaciones diferentes, relacionadas entre sí pero con un
ámbito de aplicación específico: la denuncia de la incompetencia objetiva, la
impugnación de la cuantía de la demanda y la inadecuación del procedimiento.
a) La falta de competencia objetiva se da en aquellos casos en que, por razón de
la persona, de la materia o de la cuantía, el órgano jurisdiccional ante quien se
presentó la demanda no tiene atribuido el conocimiento del asunto (una
demanda sobre impugnación de acuerdos sociales o de solicitud de alimentos
que se presentaran en un Juzgado de Paz).
Esta circunstancia debe ser denunciada a través de la declinatoria (arts. 49 y 63
LEC). La falta de jurisdicción y competencia apreciable de oficio puede ser
planteada por la parte, al tratarse de un motivo de nulidad, en la audiencia
previa, conforme a lo previsto en el art. [Link] LEC.
b) En ocasiones se plantea la impugnación de la cuantía de la demanda (art. 255
LEC), que puede presentar una triple consecuencia: en primer lugar, puede ser
determinante de competencia objetiva (v. gr., la demanda se valoró en 60 euros
y se planteó ante el Juez de Paz, pero entiende el demandado que el valor es de
120 euros, lo que haría competente al Juez de Primera Instancia).
También puede provocar la impugnación de la cuantía el cambio de
procedimiento (v. gr., el actor expresa como valor 18.000 euros y el demandado
considera que la cuantía de la demanda sólo asciende a 12.000; en el primer
caso habría que tramitar el proceso por las normas del juicio ordinario y en el
segundo por las del juicio verbal).
Finalmente, puede plantearse la impugnación de la cuantía de la demanda
aunque no se modifique ni el órgano judicial ni el procedimiento, cuando
afecte a la impugnación, más concretamente, según pueda interponerse, o
no, recurso de apelación contra la sentencia dictada en primera instancia (art.
255.1 LEC), ya que no son apelables las sentencias dictadas en juicio verbal por
razón de la cuantía cuando esta no supere los 3.000 euros (art. 455.1 LEC), de
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modo que alrededor de esta cantidad, el demandante podría impugnar la
cuantía de la demanda en un juicio verbal.
c) Por último, la alegación por el demandado de la inadecuación del
procedimiento propuesto por el actor (en su demanda) puede resultar desde
luego de la impugnación de la cuantía, pero puede también oponerse en razón
de la naturaleza de la pretensión del demandante (art. 255 LEC), incluso
cuando la competencia resulte también atribuida al mismo Juzgado ([Link]., si se
trata de recuperar la posesión de una finca cedida en precario y el actor
pretendiera que se sustancie por los trámites del juicio ordinario).
COMPETENCIA FUNCIONAL
1. Concepto
La diversidad de tipos de tribunales del orden jurisdiccional civil hace posible
estructurar un proceso que se desarrolle en una dualidad de instancias. Los recursos
devolutivos, junto con otras circunstancias, comportan que en un mismo proceso van a
intervenir (o cabe que intervengan) distintos tribunales. Precisamente a esta
consideración responde el concepto de competencia funcional, criterio por el que se
determina cuáles sean en concreto los órganos que han de conocer a lo largo de un
proceso civil en curso.
La nota más significativa de la competencia funcional es su carácter derivado. En
efecto, para fijar la competencia funcional hay que partir siempre de la pendencia de
un proceso, iniciado ante un determinado órgano jurisdiccional y sustanciado por
unos específicos trámites; únicamente de estos dos datos: órgano de la primera
instancia y cauce procedimental, deriva la competencia funcional, y de ningún otro.
No puede hacerse depender, por tanto, de la competencia objetiva o territorial, que
son los criterios que determinan el órgano competente para la primera instancia.
2. Manifestaciones de la competencia funcional
Las principales manifestaciones de la competencia funcional son la atribución del
conocimiento de los recursos devolutivos (art. 62 LEC), además de los incidentes y de
la ejecución (art. 61 LEC). Los principales supuestos son:
a) Recusación. La competencia para instruir los incidentes de recusación de
jueces y magistrados viene establecida en los arts. 224 de la LOPJ y 108 de la
LEC.
Para resolver este incidente hay que estar a lo que disponen los arts. 60;
61.1.2º; 76; 77; 82.5.b), LOPJ y 110 LEC. Respecto de la recusación de los LAJ, el
art. 446 de la LOPJ y 115 de la LEC.
b) Cuestiones de competencia. Su resolución viene encomendada al superior
común, inmediato o mediato, de los órganos jurisdiccionales entre quienes se
empeñe (art. 60.3 LEC para la cuestión de competencia territorial y arts. 60.1;
73.2.c); 82.5.a); y 85.4 LOPJ).
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c) Acumulación de procesos. Cuando los procesos se sigan en diferentes
Juzgados será competente el tribunal que conozca del proceso más antiguo
(art. 79 LEC); si surgiera una discrepancia en esta materia, conocerá el superior
común (art. 93.2 LEC).
d) Medidas cautelares. La competencia para acordarlas se atribuye al tribunal
que esté conociendo del asunto o, si el proceso no se hubiese iniciado, el que
sea competente para conocer de la demanda principal (art. 723 LEC).
e) Diligencias preliminares. Para resolver sobre la solicitud de diligencias
preliminares será competente el juez de primera instancia o mercantil del
domicilio del que viniera obligado a declarar, exhibir o intervenir, o bien el
tribunal ante el que haya de presentarse la demanda (art. 257 LEC).
f) Diligencias de acceso a fuentes de prueba. En procesos por daños derivados
de infracciones del derecho de la competencia, el conocimiento de estas
diligencias se atribuye al tribunal que esté conociendo de la demanda o el que
sea competente, si el proceso no se hubiese iniciado (art. 283 bis d).
g) Incidentes. Ha de conocer de ellos, en general, el órgano que esté
conociendo de la cuestión principal (art. 61 LEC).
h) Recursos devolutivos.
– Apelación. En la actualidad, y articulado por la Ley de demarcación y
planta judicial el orden de tribunales previstos en la LOPJ, se ha de estar
al siguiente régimen:
De las apelaciones interpuestas contra resoluciones de los Juzgados de
Paz del partido conocen los Juzgados de Primera Instancia (arts. 85.3
LOPJ y 455.2.1º LEC).
De las apelaciones contra resoluciones de los Juzgados de Primera
Instancia —y de los Juzgados especializados— conocen las Audiencias
Provinciales a donde pertenezcan (arts. 82.4 LOPJ y 455.2.2º LEC). Para
el conocimiento de los recursos contra resoluciones de los Juzgados de
Primera Instancia que se sigan por los trámites del juicio verbal por
razón de la cuantía, la Audiencia se constituirá con un solo Magistrado,
mediante un turno de reparto (art. 82.2.1 LOPJ).
También conocerá la Audiencia Provincial de las apelaciones contra las
resoluciones dictadas en materia civil por los Juzgados de Violencia
sobre la Mujer de la provincia (art. [Link] LOPJ).
– Queja. La queja es un recurso instrumental que se concede por la
denegación de la tramitación de un recurso de apelación, o de un
recurso de casación (art. 494 LEC), de modo que la competencia
funcional para conocer de la queja se atribuye a los tribunales de
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apelación (ya dichos) o al que lo sea para conocer de los dos recursos
extraordinarios.
– Casación. La competencia para conocer del recurso de casación se
atribuye a la Sala Primera del Tribunal Supremo, aunque en
determinados casos han de conocer de la casación las Salas de lo Civil
de los Tribunales Superiores de Justicia (arts. 56.1º y 73.1 a) LOPJ y 478
LEC).
i) Revisión. La competencia para la revisión corresponde, según los
casos y como se explicará en su momento, a la Sala de lo Civil del
Tribunal Supremo (arts. 56.1º LOPJ y 509 LEC) y a las Salas de lo Civil de
los Tribunales Superiores de Justicia (arts. 73.1.b) LOPJ y 509 LEC).
j) Ejecución. Para la ejecución de resoluciones judiciales y transacciones y
acuerdos judicialmente homologados o aprobados es competente el órgano
que hubiere conocido del asunto en primera instancia, o el que homologó o
aprobó la transacción o acuerdo (art. 545.1 LEC). Si lo que se trata de ejecutar
es un laudo arbitral, será competente el Juzgado de Primera Instancia, salvo lo
que corresponde al Juzgado Mercantil (art. 545.2 LEC). No obstante, la LOPJ
permite que se creen Juzgados exclusivos para las ejecuciones (art. 98). Para
llevar a efecto los autos y providencias tiene competencia el Juzgado o Tribunal
que los dicte (art. 61 LEC).
3. Carácter y tratamiento procesal
Las normas de competencia funcional, al igual que las reguladoras de la competencia
objetiva, son improrrogables (ius cogens). De modo terminante se dispone que no
serán admitidos a trámite los recursos dirigidos a un tribunal que carezca de
competencia funcional para conocer de los mismos (art. 62.1 LEC).
El control, pues, de la competencia debe hacerse de oficio, no admitiendo el recurso,
porque son nulos de pleno derecho los actos judiciales que se produzcan con
manifiesta falta de competencia funcional (arts. 238.1º LOPJ y 225.1º LEC).
Si el recurso se hubiera admitido, el tribunal podrá, antes de que hubiere recaído
sentencia definitiva y dado que la subsanación resulta aquí absolutamente
improcedente, abstenerse de conocer, previa audiencia de las partes (art. 240.2 LOPJ y
227.2 LEC). A partir de esta resolución judicial el recurrente dispone de un plazo de
cinco días para interponer o anunciar el correspondiente recurso (art. 62.2 LEC).
Por lo que se refiere a la denuncia por las partes de la incompetencia funcional, ésta
puede hacerse por medio de los recursos ordinarios «o por los demás medios que
establezcan las leyes procesales» (arts. 240.1 LOPJ y 227 LEC); en el proceso civil
puede seguirse el cauce de los incidentes, pretendiendo la nulidad de lo actuado (art.
387 LEC).
COMPETENCIA TERRITORIAL
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1. Concepto
En aplicación de las normas sobre competencia objetiva resulta establecido cuál sea el
tipo de órgano jurisdiccional que debe conocer de la pretensión actora en primer
grado o primera instancia.
Sin embargo, habida cuenta de que generalmente existe un buen número de
tribunales del mismo tipo ([Link]. tantos Juzgados de Primera Instancia como partidos
judiciales y, en muchos de ellos, varios Juzgados), la predeterminación del juez
ordinario (art. 24.2 CE) exige una mayor concreción hasta llegar con exactitud y fijeza
a precisar el Juzgado llamado a resolver en primera instancia (si el de Madrid o el de
Sevilla). La atribución del conocimiento del proceso a un determinado tribunal de los
varios existentes del mismo tipo se lleva a cabo precisamente mediante la aplicación
de las normas de competencia territorial, que no dependen de la competencia
objetiva, sino que, juntamente con ella y en paridad, permiten fijar el tribunal
competente, así como en aplicación del reparto de asuntos.
2. Criterios de atribución: los fueros
Los criterios que se utilizan para fijar las reglas de competencia territorial se
denominan fueros, y resulta ser el lugar donde una parte tiene derecho a que se le
emplace para responder y defenderse en un determinado asunto.
Los fueros guardan relación bien con la voluntad de las partes, bien con el objeto
litigioso, bien con la persona del demandado.
Existen dos grandes grupos de fueros: los fueros convencionales, establecidos por
medio de la sumisión de las partes a un órgano jurisdiccional, y los fueros legales, que
se fijan por la ley.
La sumisión puede ser expresa o tácita, según que conste previamente o se manifieste
por actuaciones procesales de los litigantes.
Los fueros legales se clasifican en generales y especiales (arts. 50 a 53 LEC).
3. Carácter de las normas sobre competencia territorial
Las normas sobre competencia territorial son disponibles, de modo que se podrá
prorrogar a un Juzgado, siempre que tenga competencia objetiva (art. 54.3 LEC).
El carácter dispositivo del fuero quiebra, cuando existe un interés especial digno de
protección o se trata de derechos indisponibles.
No es válida la prorrogabilidad de la competencia en los juicios verbales (art. 54.1
LEC).
Del mismo modo carece de validez la sumisión contenida en los contratos de
adhesión o que contengan condiciones generales impuestas por una de las partes, o
los celebrados con consumidores o usuarios (art. 54.2 LEC).
4. Fueros convencionales
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El primer criterio a tener en cuanta para determinar la competencia territorial es la
sumisión, regla preferente y general (art. 54.1 LEC).
La sumisión puede producirse por dos cauces distintos, tanto por su prelación como
por sus efectos: la sumisión tácita y la sumisión expresa.
En ambos casos, se trata de fueros convencionales, es decir, de fueros establecidos por
un acuerdo entre el actor y el demandado, que hacen uso de la facultad de disposición
de la competencia territorial permitida por la ley.
A) La sumisión tácita
La llamada sumisión tácita consiste en una ficción legal del reconocimiento implícito de
la competencia del Juzgado, que tiene como consecuencia inmediata impedir a las
partes discutir la competencia del tribunal y plantear con éxito la declinatoria.
Se trata de una ficción legal, por cuanto la manifestación de la voluntad se entiende
producida e inferida del actuar de las partes, aunque la intención o voluntad del
litigante fuera otra.
En segundo lugar, para que se entienda producida la sumisión tácita, se precisa una
actividad procesal, que ha de concretarse en alguna de las conductas previstas en el
art. 56 LEC.
En tercer lugar, la actividad ha de ser concurrente, bilateral en el acuerdo ideal de
voluntades, pues la actuación de un solo litigante no hace territorialmente competente
a un órgano jurisdiccional.
La sumisión tácita opera como criterio preferente para determinar la competencia
territorial, primando tanto sobre la sumisión expresa como sobre los fueros legales.
Se entiende hecha la sumisión tácita por el demandante “en el mero hecho de acudir a
los tribunales de una circunscripción interponiendo la demanda o formulando petición
o solicitud que haya de presentarse ante el tribunal competente para conocer de la
demanda (art. 56.1º LEC).
La sumisión tácita del demandado se considera producida “por el hecho de hacer,
después de personado en el juicio tras la interposición de la demanda, cualquier
gestión que no sea la de proponer en forma la declinatoria”. También se considerará
tácitamente sometido al demandado que, emplazado o citado en forma, no
comparezca en juicio o lo haga cuando haya precluido el momento para proponer la
declinatoria” (art. 56.2º LEC).
Emplazado o citado el demandado ante juez incompetente, sólo puede actuar ante él
compareciendo y, tras ello, únicamente proponer la declinatoria en el momento
procesal oportuno (art. 64.1 LEC), pues cualquier otro acto del demandado implica el
acatamiento de la competencia del tribunal.
B) La sumisión expresa
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De no mediar la sumisión tácita, la prelación de fueros ha de seguirse con la sumisión
expresa.
La sumisión expresa consiste en un pacto extraprocesal y previo al proceso, que tiene
por objeto disponer de la competencia territorial, a través de la aceptación y
acatamiento de los tribunales de un determinado lugar para la resolución de los litigios
que puedan surgir de una concreta relación jurídica.
Como dispone el art. 55 LEC “se entenderá por sumisión expresa la pactada por los
interesados designando con precisión la circunscripción a cuyos tribunales se
sometieren”.
En primer lugar, se trata de un pacto (pactum de foro prorrogando), es decir, de un
acuerdo de voluntades expresamente declaradas. Al ser bilateral, no puede dejarse la
determinación de la competencia al arbitrio de una de las partes.
En segundo lugar, la sumisión expresa se concluye con anterioridad al proceso donde
se hace valer y, por tanto, fuera del mismo. Lo habitual es que el pacto figure como
cláusula del contrato principal.
Por último, la sumisión expresa debe ceñirse a una relación jurídica concreta,
expresándose de modo claro el negocio o negocios a los que alcance.
5. Fueros legales
A) Fueros especiales
Si no se ha producido la sumisión tácita, ni la expresa, la competencia territorial vendrá
determinada por los fueros legales: el lugar que establece el legislador para presentar
la demanda.
Los fueros generales o especiales pueden ser exclusivos o concurrentes.
Son exclusivos cuando el demandado puede exigir que se le cite, haciendo uso de ese
fuero, con exclusión de otros; y, concurrentes cuando el demandado puede ser citado
en varios fueros.
A su vez, los fueros concurrentes pueden ser electivos o sucesivos.
Son electivos cuando el demandante tiene la posibilidad de optar entre varios fueros;
y, sucesivos cuando, ante la existencia de varios fueros, la preferencia viene establecida
por la norma.
Los fueros especiales son preferentes a los generales. Se contienen en los arts. 52 y 53
LEC; en los arts. 545, 684, 756, 769, 771, 779, 807, 813 y 820 LEC, así como en normas
procesales contenidas en otras leyes.
Derechos fundamentales de la persona, estado civil y matrimonio (pp. 66 y ss. Manual):
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Para la protección jurisdiccional de derechos fundamentales, será competente el
tribunal del domicilio del demandante y si no lo tuviera en territorio español el del
lugar donde se haya producido el hecho (art. 52.1.6º LEC).
En los procesos matrimoniales, el del lugar del domicilio conyugal; si residen los
cónyuges en diferentes partidos, será competente el juez del último domicilio del
matrimonio o el de la residencia del demandado a elección del demandante (art. 769.1
LEC).
Derechos de obligación:
En los juicios de desahucio y en los procesos de arrendamientos de bienes inmuebles,
el lugar donde esté situada la finca (art. 52.1.7º LEC).
En los juicios en que se pida indemnización de daños y perjuicios derivados de la
circulación de vehículos de motor, será competente el juez del lugar en que se
causaron los daños (art. 52.1.9º LEC).
Derechos reales:
En los procedimientos sobre infracciones de la propiedad intelectual, el tribunal del
lugar en que la infracción se haya cometido o existan indicios de su comisión, o donde
se encuentren ejemplares ilícitos, a elección del actor (art. 52.1.11º LEC).
En los procedimientos de ejecución hipotecaria, si se trata de inmuebles, será
competente el Juzgado del lugar en que radique la finca.
Derecho sucesorio:
En los juicios sobre cuestiones hereditarias será competente el tribunal del lugar en
que hubiere tenido el finado su último domicilio en España o donde estuviere la mayor
parte de sus bienes (art. 52.1.4º LEC); asimismo, art. 22.3º LOPJ).
B) Fueros generales. El domicilio
Como fueros generales que rigen en defecto de otro fuero legal y a falta de válida
sumisión expresa o tácita, la LEC se remite al domicilio del demandado.
El fuero de las personas físicas será el de su domicilio en territorio nacional y, a falta
de éste, el de su residencia. Cuando no tengan uno ni otra, podrán ser demandados en
el lugar en que se encuentren en España o en el de su última residencia aquí. Si nunca
la tuvieron, será juez competente el del domicilio del actor (art. 50.1 y 2 LEC).
Como supuesto especial, los empresarios y profesionales, en los litigios derivados de
su actividad, podrán ser demandados en el lugar en que ésta se desarrolle y, si
tuvieren establecimientos en diferentes lugares, en cualquiera de ellos a elección del
actor (art. 50.3 LEC).
El fuero de las personas jurídicas es el de su domicilio, pero también pueden ser
demandadas en el lugar en que la relación jurídica o situación jurídica haya nacido o
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deba surtir efectos, si en ese lugar tienen establecimiento abierto al público o
representante autorizado (art. 51.1 LEC).
Los entes sin personalidad podrán ser demandados en el domicilio de sus gestores o
en cualquier lugar en el que desarrollen su actividad (art. 51.2 LEC).
6. Tratamiento procesal de la competencia territorial
La competencia territorial tiene carácter dispositivo, salvo los casos en que la
competencia sea indisponible para las partes.
A) Examen de oficio
La propia Ley exceptúa la regla general de la disponibilidad de la competencia
territorial en ciertos casos, atribuyendo a esas normas carácter imperativo. En tal
sentido, el art. 58 LEC impone el control de oficio de la competencia territorial.
En los casos de indisponibilidad el fuero, cuando imperativamente se fija por la ley el
lugar donde ha de presentarse la demanda, o se restringe el tipo de sumisión, el LAJ
examinará la competencia inmediatamente después de presentada la demanda.
Si considera que no le corresponde al Juzgado el conocimiento del asunto, previa
audiencia del MF y de las partes personadas, dará cuenta al Juez para que resuelva lo
que proceda por medio de auto, remitiendo en su caso las actuaciones al tribunal que
considere competente (art. 58 LEC).
B) Denuncia de parte
Cuando el actor presente su demanda apartándose de los fueros convencionales o
legales, podrá el demandado, cuando sea emplazado o citado ante el Juzgado,
impugnar la competencia territorial del tribunal que esté conociendo de un asunto.
La LEC sólo permite apreciar la falta de competencia territorial a instancia de parte
cuando el demandado, o quien pudiera ser parte legítima en el juicio, propusiera en
forma la declinatoria, salvo en los supuestos en que venga fijada de modo imperativo
(art. 59 LEC).
Problemas que plantea el carácter imperativo en relación con el momento preclusivo
para que el demandado pueda denunciar la incompetencia.
Conflicto negativo de competencia
Al desaparecer la inhibitoria, no resulta posible con la LEC plantear un conflicto
positivo de competencia, de modo que dos tribunales pretendan conocer de un mismo
asunto por razón del territorio.
Sin embargo, subsiste la posibilidad de plantear un conflicto negativo de competencia,
cuando dos tribunales se inhiban del conocimiento de un asunto como consecuencia
de que haya aceptado la declinatoria el primero y rechace su competencia el segundo.
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A partir de la remisión de los autos, y emplazamiento de las partes ante el tribunal que
consideró competente el que aceptó la declinatoria, por plazo de diez días para que
comparezcan ante él a usar de su derecho (art. 65.5), la LEC contempla distintos
supuestos.
En primer lugar, si el auto de inhibición se dictó con audiencia de todas las partes, el
segundo tribunal, dice la LEC, estará a lo decidido y no podrá declarar de oficio su falta
de competencia territorial (art. 60.1).
En segundo lugar, si el auto no se adoptó con audiencia de todas las partes, el tribunal
al que se remitieron los autos podrá declarar de oficio su propia falta de competencia
cuando ésta venga determinada por normas imperativas (art. 60.2).
Si el segundo tribunal declara su incompetencia mandará remitir todos los
antecedentes al tribunal superior común inmediato o mediato, que decidirá por medio
de auto irrecurrible cuál es el órgano jurisdiccional competente, al que devolverá las
actuaciones o, en su caso, los remitirá y emplazará a las partes para que comparezcan
ante él en el plazo de diez días (art. 60.3 LEC).
EL MODO DE DENUNCIAR LA INCOMPETENCIA. LA DECLINATORIA
La LEC ha reconocido un solo medio para que el demandado y quienes puedan ser
parte en un proceso iniciado denuncien tanto la falta de jurisdicción (por corresponder
el conocimiento a tribunales extranjeros, a árbitros o a mediadores, art. 22 nonies
LOPJ) como la falta de competencia, sea objetiva sea territorial.
Aunque se permite denunciar la falta de competencia de todo tipo (art. [Link] LEC), no
parece posible utilizar este medio para la incompetencia funcional, pues tanto el
momento procesal como su desarrollo quedan lejos de adecuarse a la impugnación de
esta competencia.
Dejando únicamente la declinatoria, se ha roto con la tradicional dualidad de vías que
existía, cuando la ley permitía, como alternativa a la declinatoria, impugnar la falta de
competencia mediante la inhibitoria.
La declinatoria se ha de proponer, como regla general, al tribunal ante el que se
presentó la demanda y que se considera carente de jurisdicción o de competencia (art.
63.2 LEC).
Para permitir una mejor tutela de los derechos del demandado, la LEC autoriza a
presentar la declinatoria ante el tribunal del domicilio del demandado, que la hará
llegar por el medio de comunicación más rápido posible a aquel ante el que se
presentó la demanda, sin perjuicio de remitirla por oficio al día siguiente de su
presentación (art. 63.2 LEC).
En todo caso, la declinatoria se ha de proponer por escrito en los diez primeros días
del plazo para contestar a la demanda (art. 64.1 LEC), pidiendo al tribunal que se
inhiba del conocimiento del asunto y remita los autos al competente.
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Es preciso tener en cuenta que el plazo de diez días para presentar la declinatoria
coincide con el plazo que concede la LEC para contestar a la demanda cuando se trata
de un juicio verbal (art. 438.1 LEC).
Cuando se denuncia la falta de competencia territorial, se ha de indicar el tribunal al
que habrían de remitirse las actuaciones por considerarse competente por razón del
territorio (art. [Link] LEC).
Al escrito de declinatoria, se acompañarán los documentos o principios de prueba en
que se funde, con tantas copias como litigantes existan.
De este escrito se ha de dar traslado a las otras partes y también al MF (art. 3.8 EOMF),
aunque la LEC omita este traslado.
Todos ellos dispondrán de un plazo de cinco días para alegar y aportar lo que estimen
conveniente para sostener la jurisdicción o la competencia del tribunal (art. 65.1 LEC).
El tribunal resolverá sin convocar audiencia alguna.
El primer efecto del planteamiento de la declinatoria es la suspensión por el LAJ del
curso del proceso principal hasta que se resuelva, así como el plazo para contestar a
la demanda (art. 64.1 LEC), lo que no impide que puedan practicarse, a instancia de
parte, actuaciones de aseguramiento de la prueba, o acordarse las medidas cautelares
que, de demorarse, pudieran causar perjuicios irreparables al actor (art. 64.2 LEC).
También estas medidas urgentes pueden impedirse si el demandado presta caución
bastante para responder de los daños y perjuicios que derivaran de la tramitación de
una declinatoria desprovista de fundamento. Dicha caución puede prestar en dinero
efectivo, mediante aval o por cualquier otro medio que garantice la inmediata
disponibilidad de la cantidad que se haya fijado (art. 64.2 LEC).
Si el tribunal considera que carece de jurisdicción porque debe conocer del asunto
tribunales extranjeros, o que se había producido un válido sometimiento del asunto a
arbitraje o mediación, lo declarará así por medio de auto, absteniéndose de conocer y
sobreseyendo el proceso (art. 65.2 LEC). Contra este auto cabe recurso de apelación
(art. 66.1 LEC).
Si el tribunal considera que carece de jurisdicción porque el conocimiento del asunto
corresponde a los tribunales de otro orden jurisdiccional, a árbitros o mediadores, o
que carece de competencia objetiva, deberá abstenerse, sobreseer el proceso y
señalar los órganos ante los que las partes han de usar su derecho (art. 65.3 LEC).
Contra este auto cabrá recurso de apelación (art. 66.1 LEC).
Si el tribunal considera que carece de competencia territorial, se inhibirá a favor del
competente, remitiéndole los autos y emplazando a las partes para que comparezcan
ante él en el plazo de diez días (art. 65.5 LEC). Si la competencia no es imperativa, el
tribunal habrá de considerar competente al órgano señalado por el promotor de la
declinatoria (art. 65.4 LEC).
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Contra los autos en que el tribunal no acceda a declinar su jurisdicción o su
competencia sólo cabrá recurso de reposición, sin perjuicio de alegar la falta de este
presupuesto en los recursos que procedan contra la sentencia definitiva (art. 66.1
LEC). Cuando se trate de una resolución sobre competencia territorial, no cabrá
recurso alguno (art. 67.1 LEC).
REPARTO DE ASUNTOS
Una vez determinado el tribunal competente, puede que no quede, sin embargo, fijado
definitivamente en todos los casos el concreto Juzgado o la Sección de la Audiencia
Provincial o de la Sala que deba conocer de un asunto.
En los casos en que existan varios Juzgados de Primera Instancia en una misma
población, o varias Secciones de una Audiencia Provincial, hay que acudir a las normas
de reparto y distribución de asuntos para saber qué órgano debe resolver un proceso
concreto.
Como establece el art. 68.1 LEC, todos los asuntos civiles serán repartidos entre los
Juzgados de Primera Instancia cuando exista más de uno en el partido; regla que se
aplicará a los asuntos de los que deban entender las Audiencias Provinciales cuando
estén divididas en Secciones.
Dada la pluralidad de Juzgados que pueden existir en el mismo partido judicial (art. 84
LOPJ), es preciso distribuir los distintos procesos civiles que se tramiten en la localidad
de modo que al finalizar el año judicial todos los Juzgados de Primera Instancia hayan
conocido de un número igual o aproximado de asuntos.
La distribución de asuntos se lleva a cabo conforme a las normas de reparto prefijadas
por la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia, a propuesta de la Junta de
Jueces (arts. 152.1.2º; 159.2 y 170.1 LOPJ).
Cuando se hubieran dictado resoluciones por tribunales diferentes al que
correspondiera por reparto, se declararán nulas a instancia de parte cuando se pida la
nulidad en el trámite inmediatamente posterior al momento en que tuvo
conocimiento de la infracción de las normas de reparto (art. 68.4 LEC).
El reparto deberá hacerse en los dos días siguientes a la presentación del escrito o
solicitud de incoación de las actuaciones (art. 69 LEC).
Entre las Secciones de las Audiencias Provinciales han de distribuirse los procesos
aplicando las normas de reparto, aprobadas por la Sala de Gobierno del Tribunal
Superior de Justicia en cuyo ámbito territorial tenga su sede (art. 152.2.1º LOPJ).
También se ha de realizar la distribución entre las Secciones que puedan establecerse
en las distintas Salas de un Tribunal y entre las Salas del mismo, en cuyo caso será la
Sala de Gobierno de éste la que apruebe las normas de reparto de los asuntos (art.
152.1.1º LOPJ).
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