Materia: Biología
Curso: 2° Año
Colegio: Nuestra Señora del Rosario
REPRODUCCIÓN EN LOS SERES VIVOS
Reproducción asexual en animales y plantas
La reproducción asexual en organismos pluricelulares es un proceso más complejo que en los
organismos unicelulares y es más frecuente en plantas y en animales simples, como las esponjas,
las medusas, las lombrices, los gusanos marinos y los erizos de mar. Sin embargo, ciertos tipos de
reproducción asexual a partir de células sexuales femeninas tiene lugar en animales y plantas más
complejos. Algunos biólogos denominan a este modo de reproducirse reproducción sexual
monogamética, ya que interviene una sola gameta.
Los mecanismos de reproducción asexual en los cuales no interviene los óvulos son: la gemación,
la fragmentación, la fisión y la esporulación. Aquellos en los que intervienen los óvulos son la
partenogénesis y la poliembrionía.
La gemación es un proceso análogo al que ocurre en eucariotas unicelulares. Ocurre una división
desigual del individuo parental, y se forma una yema constituida por un grupo de células
totipotentes que se desprenden del individuo progenitor y crecen hasta formar el nuevo individuo,
es el caso de las medusas, los briozoos, y las esponjas. En algunas plantas también se forman
yemas capaces de generar un individuo completo.
Las esponjas de mar son animales que se reproducen por gemación
La fragmentación consiste en el desprendimiento de una parte del organismo, el cual posee la
potencialidad de generar un nuevo individuo; el individuo de la cual se desprendió este segmento
es capaz de regenerarlo y quedar completo. Esto ocurre en plantas y estrellas de mar, entre otros.
La fisión es un tipo de reproducción en el que el organismo se divide en dos partes iguales.
Ambos tipos de reproducción ocurren en gusanos planos, nematodos y anélidos (lombrices y
sanguijuelas).
La esporulación es la formación y liberación de una célula totipotente, que suele ser resistente a
las condiciones ambientales adversas y genera un nuevo individuo cuando las condiciones son más
favorables. Los helechos, por ejemplo, se reproducen por esporulación.
Todos estos tipos de reproducción asexual ocurren por procesos mitóticos que generaron la célula
o los conjuntos de células (e incluso tejidos) que dan lugar al nuevo individuo.
Cabe aclarar que por lo general los organismos pluricelulares que se reproducen asexualmente
pueden hacerlo también de manera sexual.
Partenogénesis y poliembrionía
Algunos biólogos consideran a la partenogénesis un tipo particular de reproducción
asexual, ya que si bien intervienen células sexuales, éstas son sólo de sexo femenino. La
partenogénesis es el desarrollo de un individuo completo a partir de un óvulo no
fecundado. El óvulo culmina la meiosis y empieza a segmentarse por mitosis, sin que
intervengan un espermatozoide. El proceso se desencadena por factores ambientales,
hormonales e incluso por descargas eléctricas. Este tipo de reproducción ocurre muchas
veces en plantas, insectos, crustáceos, anfibios, reptiles y en ocasiones, en algunas aves.
Cnemidophorus uniparens es una especie de lagartija que ancestralmente se reproducía
sexualmente, pero por algún motivo comenzó a reproducirse partenogénicamente,
aunque conserva el comportamiento de cortejo y apareamiento, a pesar de ser todas
hembras. Se cree que este comportamiento desencadena una respuesta hormonal que
hace posible el desarrollo del óvulo no fecundado. (Ver imagen abajo)
La poliembrionía, es la división de un óvulo ya fecundado, que da lugar a dos individuos
idénticos. Se puede considerar un tipo de reproducción asexual sólo desde el momento en
que se divide en dos, pero originalmente el cigoto se formó por reproducción sexual, es
por eso que los individuos que nacen a partir de este proceso tienen los dos juegos de
cromosomas, pero son idénticos entre sí. Los gemelos son un ejemplo de poliembrionía.
La reproducción sexual
Muchos organismos se reproducen sexualmente, incluso algunos unicelulares, debido a
que en algunas especies cada célula tiene una polaridad distinta y al unirse generan una
nueva célula que dará nuevamente lugar a células de distinta polaridad.
Reproducción sexual en animales
En los animales, las gametas se forman en las gónadas (glándulas sexuales): espermatozoides en
los testículos y óvulos en los ovarios. De acuerdo con el tipo de gónadas, los animales pueden ser
de sexos separados (dioicos) o tener tanto los testículos como los ovarios en el mismo individuo
(monoicos o hermafroditas). En los hermafroditas, ambas gónadas suelen ser funcionales, pero en
la mayoría de ellos no maduran sexualmente de manera simultánea. Este y otros mecanismos
impiden la autofecundación. Es por esto que en la mayoría de los casos de organismos
hermafroditas deben aparearse con otro individuo para reproducirse. Esto mantiene la
variabilidad en la población.
El dimorfismo sexual es la distinción acentuada entre el macho y la hembra. A veces la diferencia
es solo el tamaño, otras veces el color e incluso a veces pueden parecer especies distintas. Por
ejemplo en la imagen más abajo, se observa el macho y la hembra de una misma especie de araña.
Independientemente de la disposición de los sexos en los individuos, la forma de fecundación
puede ser externa o interna.
En la fecundación externa, las hembras depositan los óvulos no fecundados en el medio externo,
principalmente en el agua, y allí los espermatozoides del macho los fecundan, como en muchos
peces óseos, los anfibios y diversos invertebrados acuáticos, como los cnidarios, los moluscos
bivalvos y los equinodermos.
Los anfibios realizan un amplexo que consiste en un “abrazo” que el macho le hace a la hembra
para estimularla a depositar sus huevos, a los que fecunda a medida que son expulsados.
En la fecundación interna, como ocurre en los amniotas (reptiles, aves y mamíferos), los tiburones
y otros peces cartilaginosos, los insectos, los caracoles, los calamares y otros grupos de
organismos, existen órganos copuladores como en los reptiles o, en su defecto, se produce un
contacto entre las aberturas sexuales del macho y la hembra ( en el caso de las aves, las cloacas o
aberturas urogenitales comunes).
Reproducción sexual en plantas
En las plantas inferiores (musgos a helechos), las gametas masculinas fecundan a la oosfera
(gameta femenina en plantas), ubicada en un órgano especial, el arquegonio, y forman el cigoto.
Las plantas superiores poseen flores y producen semillas. Las flores de las gimnospermas (plantas
con semilla “desnuda”) son órganos generalmente unisexuales (masculinas o femeninas), que
pueden estar en la misma o en diferentes plantas (respectivamente, monoica o dioicas). Las flores
de las angiospermas (plantas en las que las gametas están más protegidas y las semillas se forman
dentro de un fruto) suelen ser hermafroditas o monoclinas (con ambos sexos). La parte masculina,
o androceo, está constituida por los estambres que poseen anteras, de las que se desprende el
polen que contiene las gametas masculinas. En la parte femenina, o gineceo, están los carpelos
que poseen una cavidad, el ovario, que encierra a los óvulos (los óvulos en este caso no son las
gametas en sí, sino la estructura que las contiene).
En todos los casos las flores, al ser unidades reproductivas de las plantas, están implicadas en la
polinización, en la fecundación y en todos los sucesos subsiguientes que conducen a la formación
de nuevos individuos.
La mayoría de las angiospermas tiene flores hermafroditas. Sin embargo, se ve favorecida la
fecundación cruzada entre flores de distintos individuos.
La polinización es el proceso previo a la fecundación, que involucra la cesión y transferencia o
transporte de los granos de polen desde la antera al estigma, los cuales pueden estar en la misma
flor o, como ocurre más frecuentemente, en flores distintas.
La estructura básica de una flor hermafrodita. El periantio brinda protección y atrae a los
polinizadores. Está compuesto por corola, formada por pétalos, y por el cáliz, formado por sépalos.
En androceo y el gineceo son las estructuras sexuales masculina y femenina respectivamente.
La germinación es el proceso de desarrollo de las plantas con flor.
Estructura básica de una flor hermafrodita. El periantio brinda protección y atrae a los polinizadores. Está compuesto por la corola,
formada por pétalos, y por el cáliz, formado por sépalos. El androceo y el gineceo son las estructuras sexuales masculina y femenina
respectivamente.
El desarrollo en los animales
En el ciclo de vida de las plantas y los animales se diferencian dos procesos que transcurren a
partir de la fecundación: el crecimiento y el desarrollo. El primero se vincula directamente con el
aumento de la masa corporal. El segundo es un proceso de diferenciación, que conduce a la
especialización de células y tejidos en una determinada función. Aquí nos centraremos en los
diferentes tipos de desarrollo embrionario de los animales, que además están relacionados con el
tipo de fecundación y, por lo tanto, con la reproducción sexual. Se distinguen cuatro modalidades
de desarrollo animal, en los que el grado de vínculo con el cuerpo de la madre es cada vez mayor.
Ovulípara: La fecundación y el desarrollo son externos y ambos procesos se realizan en el
medio acuático. Esto ocurre en la mayoría de los peces óseos, los equinodermos (erizos ye
estrellas de mar), los cnidarios (medusas y corales), y los anfibios, como los sapos y las
ranas.
Ovípara: El embrión se desarrolla en forma externa e independiente de los progenitores,
dentro de un huevo que además cuenta con alimento suficiente hasta su eclosión (como
es el caso de los insectos, algunos tiburones, la mayoría de los reptiles y las aves, y pocos
mamíferos, como el ornitorrinco y los equidnas).
Ovovívipara: Si bien el embrión se encuentra dentro de un huevo, éste queda retenido en
el interior del cuerpo del progenitor que actúa sólo como protector (en algunos peces
óseos, varios tiburones y algunos reptiles, como ciertas serpientes y lagartos).
Vivípara: Además de retener al embrión, la madre lo protege y lo alimenta hasta la
finalización del proceso (como la mayoría de los mamíferos).
Los marsupiales tienen un viviparismo imperfecto (algunos autores hablan de ovoviviparismo)
ya que el desarrollo no se completa en el útero, sino en el marsupio, una bolsa de piel que
cubre las mamas. (Ver imagen abajo)
Animales Fecundación Desarrollo
Ovulíparos Externa Externo
Ovíparos Interna Externo
Ovovivíparos Interna Interna
Vivíparos Interna Interna
Los anexos embrionarios
Los anexos embrionarios son formaciones que, a manera de envolturas, protegen, nutren y
sostienen al embrión durante su desarrollo y crecimiento.
Los embriones que se desarrollan en un medio acuático (vertebrados Ovulíparos: peces y anfibios)
presentan como anexo una vesícula umbilical o saco vitelino, ubicado en la región ventral, que
contiene reservas nutritivas para alimentar al embrión durante los primeros tiempos.
Los embriones de los vertebrados ovíparos, ovovivíparos o vivíparos que se desarrollan en medios
terrestres (reptiles, aves y mamíferos) poseen varias envolturas. Éstas son el amnios, el corion y el
alantoides, membrana de tejido vivo que se forman a expensas del propio embrión. El amnios es
una envoltura que se constituye a partir de la pared del cuerpo del embrión y crece alrededor de
éste. Su aparición determinó el origen evolutivo del grupo llamado amniotas, que incluye a
mamíferos, lo que anteriormente se agrupaba como reptiles (serpientes, lagartos y cocodrilos), y a
las aves. El corion se forma a partir de la parte externa del amnios. En los vertebrados ovíparos
está en contacto con la superficie interna de la cáscara del huevo, y en los vivíparos se ubica al
lado de las células de la pared del útero.
El alantoides es una evaginación del sistema digestivo. Se desarrolla entre el amnios y el corion, y
cumple una doble función: elimina productos de desecho (función excretora) e intercambia gases
respiratorios (función respiratoria). En los mamíferos placentarios, el amnios y el corion se
fusionan, y forman parte de la placenta.
La metamorfosis
El nuevo individuo puede ser muy similar al organismo adulto o puede ser muy diferente, incluso
con órganos distintos de los del adulto. En este caso, la cría presenta un estado incompleto de
desarrollo y se denomina larva; luego de un tiempo sufre el proceso llamado metamorfosis,
durante el cual pierde las características del estado larval y adquiere la forma y el aspecto del
adulto. Esto ocurre en muchos insectos. Algunos insectos, incluso, pasan por sucesivos estados
larvales antes de adquirir las características de un adulto.
Los insectos holometábolos experimentan una metamorfosis completa. En las mariposas, la oruga
(larva) se convierte en crisálida o pupa y finalmente en imago o adulto. Estos cambios están
controlados por una hormona.
Estrategias reproductivas y ambiente
Si una población se establece en un ecosistema en el que los recursos son muy abundantes, no hay
depredadores o el espacio es suficiente, se plantean condiciones ideales de crecimiento. Dicha
población se va a desarrollar en forma exponencial, con una velocidad constante de crecimiento
en progresión geométrica. Esto quiere decir que por cada individuo de la primera generación,
habrá 2 en la siguiente, los cuales generan 4 de la tercera generación que generan 8 y luego 16, y
así sucesivamente. Sin embargo, a medida que la población crece, comienza haber competencia y
aparecen predadores atraídos por la abundancia de presas, esto hace que el ritmo de crecimiento
llegue a un punto de equilibrio. Este patrón de crecimiento poblacional se denomina logístico o
sigmoidal, por la forma que adquiere el gráfico del número de individuos en función del tiempo.
Una población de microorganismos puede cambiar de un crecimiento exponencial a uno logístico
variando su estrategia de reproducción de asexual a sexual.
Cuando el crecimiento es exponencial (a), la cantidad de individuos crece geométricamente en
cada generación, y tiende al infinito. Cuando el crecimiento es sigmoideo (b), el ambiente limita el
ritmo de crecimiento hasta que se equilibra el número de individuos de la población.
Estrategias K y estrategias r
Se puede observar dos patrones bien diferenciados en cuanto a la reproducción y el crecimiento
de las poblaciones, conocidos como estrategias K y estrategias r, independientes de las
reproducciones sexual o asexual.
Las estrategias K son las que tienen las poblaciones con un tiempo de vida prolongado (con
frecuencia, más de 1 año), que presentan un desarrollo reproductivo extenso. Tienen pocos
descendientes por camada (baja natalidad) y sus crías requieren muchos cuidados. El tamaño de
esta población es bastante constante. La mortalidad también es constante y esta población se
localiza en hábitats maduros (por ejemplo, las etapas finales de un ecosistema, como una selva o
un arrecife de coral). Las ballenas y los simios son dos ejemplos de estrategas K.
Las estrategias r se presentan en poblaciones con un tiempo de vida breve, de menos de 1 año. La
duración de la etapa de desarrollo y la reproducción es también corta. Tienen muchos
descendientes por camada (alta natalidad), y el tamaño de la población es muy variable. Ocupan
hábitats inestables y, a menudo, recolonizan nuevos espacios. Los insectos, los hongos y las
bacterias son típicos estrategas r.
La ballena jorobada es un ejemplo de estratega K y los grillos son típicos estategas r.
El cortejo
Se define cortejo a todas las acciones y funciones que permiten el encuentro de dos individuos
para reproducirse sexualmente. A veces involucra la competencia entre varios individuos del
mismo sexo por individuos del otro sexo.
En los peces, las señales corporales pueden relacionarse con cambios de colores, movimientos de
giro y aleteos.
En la mayoría de los anfibios, los machos emiten sonidos pero también existen cortejos
relacionados con movimientos corporales, como la de las ranas doradas de Panamá (Atelopus
zeteki), que apuntan sus manos (miembros anteriores) en cierta dirección (ver imagen)
En los reptiles, el cortejo se relaciona con la emisión de sonidos y con cambios de color de
penachos, crestas o sectores de las placas. En las aves, se relaciona con danzas nupciales, carreras
y despliegues de plumas, picoteos o con plumajes vistosos.
Los despliegues más llamativos son los de las aves del paraíso y los pavos reales: los machos tienen
adornos imponentes para impresionar a las hembras. Otro ejemplo es de los pájaros jardineros
(Ptilorrínquidos) que construyen nidos con toda clase de objetos de colores para atraer a la pareja.
En los mamíferos, el cortejo no es tan importante aunque se relaciona con la emisión de
feromonas, que son hormonas secretadas por un individuo pero que tienen efecto en otro. Los
machos suelen realizar combates rituales y establecen harenes de hembras. Algunos emiten
sonidos como los ciervos (berrea).
Existe un tipo particular de selección natural, la selección sexual, por lo general, en este tipo de
selección, la hembra elije al macho con las mejores características, con lo que garantiza la calidad
de su descendencia. Estas características están en general relacionadas con la fuerza física, salud, y
la aptitud para conseguir alimentos o para escapar de los predadores.
Reproducción y coevolución
El aspecto y la estructura de las flores de las angiospermas son el resultado de un proceso de
evolución conjunta o recíproca entre dos tipos de organismos durante millones de años. Los
actores intervinientes en esta transformación son: la planta y los animales polinizadores. Cuando
los cambios evolutivos que sufre una especie están influenciados y condicionados por los cambios
de otra, se habla de coevolución. Estas relaciones recíprocas entre causa y efecto se observan
también entre los frutos y los animales que dispersan sus semillas.
Polinización por un escarabajo longicornio
Sea cual fuere el origen de la planta, los animales polinizadores ofrecen una oportunidad única de
lograr, con poco gasto energético y de materiales, su reproducción efectiva; oportunidad que por
selección natural han sabido aprovechar. Cualquier animal que transite cerca de flores y posibilite
que el polen de una flor llegue a otra, es un polinizador. Esto ocurre con muchos animales, pero
los procesos de coevolución más notables se dan entre las flores y los insectos que se alimentan
de sus productos. Sólo al 10% de las plantas con flor le basta el aire o el agua para transportar el
polen. El 90% restante de las angiospermas depende de los animales para su polinización, esto se
denomina zoofilia, y el 75% de este tipo de plantas depende específicamente de los insectos: son
entomófilas.
Las abejas modernas contribuyeron a la diseminación de las angiospermas y mejoraron las
características de la polinización sin destruir piezas florales importantes. En la actualidad, las
abejas son los polinizadores más importantes (casi un 60% de las angiospermas se poliniza por
alguna especie de abejas, al menos parcialmente).
Los escarabajos, por ejemplo, comen los pétalos y muchas veces también los estambres y los
carpelos, las hojas fértiles de la flor. Según una interesante teoría actual, el origen de la
característica de la flor de las angiospermas se debe a la presión de selección ejercida por la
predación de estos insectos. Las primeras angiospermas se transformaron hasta ocultar sus óvulos
en la cavidad del ovario, para evitar la pérdida de ovocélulas debido a los escarabajos. Para evitar
la destrucción de partes vitales de la flor, las plantas ofrecieron néctar (una sustancia dulce y
nutritiva) y una fracción de polen como alimento a los polinizadores. La mayoría de las
angiospermas primitivas, como los nenúfares y las amapolas, son polinizadas corrientemente por
escarabajos.
Recién en el Cretácico superior, hace unos 70 millones de años, aparecieron muchos otros
polinizadores, como las mariposas, las moscas y, especialmente, las abejas. Al evolucionar los
sistemas de polinización, los pétalos se llenaron de diseños y colores llamativos para atraer y guiar
a los insectos hasta el néctar. Muchos de estos diseños sólo se ven a la luz ultravioleta, una parte
del espectro luminoso en la que funciona la visión de los insectos. Los colores que llevan a los
insectos al néctar son comúnmente llamados “caminos de miel”, y son verdaderas pistas de
aterrizaje.
Las flores preferidas de los colibríes son las que producen mucho néctar, ya que estas aves
necesitan más energía que los insectos. La planta se ve recompensada por una mayor superficie a
la que se pega el polen.
La especialización de los polinizadores
La floración se sincronizó con los períodos activos de los polinizadores específicos, y la estructura
de la flor se hizo cada vez más compleja, de modo tal de asegurar el contacto entre los estambres
y el polinizador. Ciertos procesos coevolutivos son tan estrechos que existen plantas e insectos
absolutamente dependientes entre sí para sobrevivir. Si la planta se extingue el insecto también, y
viceversa; esto ocurre con muchas orquídeas y sus polinizadores.
Muchas “estrategias” de las plantas para maximizar la polinización, y por ende la fecundación y la
producción de semillas, consistieron en atraer a los polinizadores aprovechando su instinto
reproductivo. Tal es así que algunas flores adquirieron la forma y el color de sus polinizadores,
funcionando como un “cartel publicitario” que indica: aquí hay una pareja. Este pseudo cortejo
llegó a tal complejidad que algunas plantas incluso liberan sustancias similares a las feromonas de
los insectos, por lo que los atraen no sólo con señales visuales, sino también químicas.
Estas orquídeas tienen el aspecto de una abeja, por lo que los insectos las confunden con una
posible pareja.