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UNIDAD N° 5

CONFORMACION DEL ESTADO ARGENTINO

Fuentes Bibliográficas:

1) Manual de Historia de las Instituciones Argentinas de VÍCTOR TAU


ANZOÁTEGUI y EDUARDO MARTIRÉ.
2) Manual de Historia del Derecho Argentino de ABELARDO LEVAGGI
3) Historia del Derecho Argentino de RICARDO ZORRAQUIN BECÚ
4) Los Mitos de la Historia Argentina, Tomo I y Tomo II de FELIPE PIGNA
5) La Federalización de Buenos Aires de ISIDORO J. RUIZ MORENO
6) Formación Constitucional Argentina de M. LAURA SAN MARTINO DE
DROMI
7) Breve Historia Contemporánea de la Argentina (1916-2016) de LUIS
ALBERTO ROMERO
8) Confederación y Federación en la Génesis del Estado Argentino de
ABELARDO LEVAGGI
9) Manual de Derecho Constitucional de NÉSTOR PEDRO SAGÜES
10)Derecho Constitucional de HELIO JUAN ZARINI
11)La Constitución de los Argentinos de DANIEL SABSAY y JOSÉ M.
ONAINDIA
12)El Orden Conservador. La política argentina entre 1880 y 1916, Botana
Natalio R., Edhasa, Buenos Aires, 2012.
1. ORGANIZACION DEL ESTADO
Hemos visto que las denominadas “presidencias históricas”, Bartolomé Mitre
(1862-1868), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-
1880), sentaron las bases para la organización de un Estado nacional moderno.
Nicolás Avellaneda, el último de estos tres presidentes asumió el poder apoyado
por el acuerdo que llevó a la fusión de su Partido Nacional que expresaba los
intereses de las provincias de la Confederación, y el Partido Autonomista de
Buenos Aires, liderado por Adolfo Alsina, para dar lugar al nacimiento del Partido
Autonomista Nacional (PAN).
Así se llega en 1880 a la elección como presidente de Julio Argentino Roca quien
inaugura otro periodo de presidencias, conocido como República Conservadora u
Orden Conservador, que se extiende hasta 1916, cuando accede al gobierno
Hipólito Yrigoyen.
Roca accdede a la presidencia a través del prestigio militar obtenido entre 1862 y
1880 y los contactos con las clases gobernantes emergentes en el interior, donde
supo ocupar cargos en las comandancias de frontera, más el apoyo del presidente
saliente Avellaneda. Los gobernadores vinculados con Roca a través del
Ministerio de Guerra, organizados en la denominada “Liga de Gobernadores”,
conformaron un acuerdo electoral que permitió el triunfo de Roca.
Tras el convulsionado proceso que lo llevo a la presidencia (el levantamiento
armado de Buenos Aires), Roca inicia su gobierno bajo el lema de “paz y
administración”.
“Juan Bautista Alberdi fue el autor de una fórmula prescriptiva que gozó del
beneficio de alcanzar una traducción institucional sancionada por el Congreso
Constituyente en 1853. Lo significativo de esta formula consistió en su
perdurabilidad sobre las vicisitudes de la guerra interna entre Buenos Aires y la
Confederación, las impugnaciones posteriores provenientes de muchas provincia
del interior y la resistencia de la misma Buenos Aires a ceder parte de su
capacidad de decisión al poder central”.1

1
Botana Natalio R., El Orden Conservador. La política argentina entre 1880 y 1916, Buenos Aires, Edhasa,
2012, 1ª Ed., pág. 41.
En la formula alberdina, el sistema federal busca dar una solución a la tensión
entre dos tendencias contradictorias, centralización y descentralización, a través
de una organización federal, pragmática y hasta imprecisa.
Decia Alberdi: “Las cosas han hecho prevalecer el federalismo como regla del
gobierno general.
Pero la voz federación significa liga, unión, vínculo.
Como liga, como unión, la federación puede ser más o menos estrecha. Hay
grados diferentes de federación según esto. ¿Cuál será el grado conveniente a la
República Argentina? Lo dirán sus antecedentes históricos y las condiciones
normales de su modo de ser físico social”.2
En cuanto al poder ejecutivo, “en la formula alberdiana el presidente materializa el
poder central pero no reúne en sí todo el poder ni tampoco ejerce un dominio
irresponsable sobre la sociedad”.3
Resulta clara la idea alberdiana de establecer un poder ejecutivo fuerte, pero
sujeto a la letra de la constitución: “Dad al poder ejecutivo el poder posible, pero
dadselo por medio de una constitución”.4
El presidente es elegido en forma indirecta a traves de un Colegio Electoral.
En cuanto al poder legislativo, el mismo adoptó el sistema bicameral, con una
Cámara de Diputados que representa al pueblo de la Nación elegidos por el voto
directo del ciudadano en forma proporcional a una determinada cantidad de
habitantes, por su parte la Cámara de Senadores, representante de las provincias,
elegida en forma indirecta, por las legislaturas provinciales.
“Este doble sistema de representación igual y desigual en las dos cámaras que
concurran a la sanción de ley, será el medio de satisfacer dos necesidades del
modo de ser actual de nuestro país”, … “Así tendremos un congreso general
formado de dos cámaras, que será el eco de las provincias y el eco de la Nación”.5

2
Alberdi Juan B., Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, Buenos
Aires, Editorial Plus Ultra, 1981, 4° Ed., cáp. XIX, pág. 134.
3
Botana Natalio R., op. cit.., pág. 44.
4
Alberdi Juan B., op cit., pág.182.
5
Ibidém, pág. 156.
2. FORMA DEL ESTADO
El Sistema Federal no tan puro que se impuso en 1853 y que sufrió las reformas
en 1860 era la institucionalización de la realidad política, pero era necesario
instrumentar los resortes jurídicos que la hagan funcionar.
Desde 1815 algunas Provincias empezaron a elegir a sus Gobernadores creando
un sistema político local. Se autoproclamaban soberanas pero no invadían la
competencia que estimaban nacional. Paradójicamente el ámbito nacional siempre
fue delegado a Buenos Aires, salvo algunos intentos frustrados.
En los hechos, las Provincias se relacionaban mediante acuerdos (los pactos
interprovinciales) y se subordinaban a una relación personal con los caudillos que
dominaban en cada una de ellas (Artigas, López, Ramírez, Bustos, Quiroga, Paz,
Hereda, etc.).
Rosas, Gobernador de Buenos Aires, logra someter a todas al obtener la
delegación del manejo de las Relaciones Exteriores cuando desaparecen Quiroga,
López y Heredia. Esta sumisión pasará a manos de Urquiza después del Acuerdo
de San Nicolás.
Esta delegación de poderes iba a ser la base del sistema federal establecido en
1853. Es por eso que el art. 101 de la Constitución señalaba que las Provincias
conservan todo el poder no delegado al Gobierno Federal. Pero las atribuciones
otorgadas en 1853 fueron más amplias y más numerosas que las que requiere un
Federalismo similar al de EEUU. Esta extensión obedecía a la realidad política de
nuestro país. Se siguió el concepto de Alberdi que sostenía que debía fundarse la
unión del país en base a un Ejecutivo fuerte.
La Constitución “adoptaba” la forma federal y sus miembros informantes indicaban
en que el proyecto constitucional había sido vaciado en el molde de la
Constitución de Estados Unidos, ya que era el único modelo de verdadera
Federación que se conocía entonces. Pero el régimen argentino era distinto. Si
bien se reconocía la existencia de Provincias autónomas y por lo tanto
capacitadas para organizar sus instituciones, esta facultad estaba sometida a
ciertas condiciones de control del Poder central. En primer lugar, se les exigía
coincidir con los principios y garantías de la Constitución y asegurar su
administración de justicia, su régimen municipal y la educación primaria gratuita.
En segundo lugar, las Constituciones provinciales quedaban sujetas a la
aprobación del Congreso. En tercer orden, los Gobernadores de las Provincias
podían ser sometidos a juicio político ante el Senado Nacional y la Corte Suprema
entendía en los conflictos entre los diferentes poderes públicos de una misma
provincia. En cuarto lugar, se preveía la posibilidad de que el Gobierno Central
interviniera en el territorio de las Provincias con la finalidad de restablecer el orden
público perturbado por la sedición o en el caso de que la seguridad nacional
amenazaba por un ataque exterior. Zorraquín Becú indicaba que se había
instituido una especie de “protectorado jurídico” de la Nación sobre las Provincias.
Además, las facultades legislativas y judiciales de la Nación eran mucho más
amplias que en Estados Unidos. Aquella dicta los Códigos de fondo, legisla sobre
Bancos, sobre moneda, etc. También se otorgaba a las Magistraturas federales la
competencia para entender en los juicios regidos por las leyes nacionales
incluyendo los códigos.
Pero este sistema fue modificado en las reformas de 1860. La Provincia de
Buenos Aires, recelosa de los poderes centrales, quiso conseguir garantías para
tener una mayor autonomía política y poder proteger su economía interna. Así se
hicieron varias reformas. Desaparecieron el examen de las Constituciones
Provinciales por el Congreso, la sumisión de los Gobernadores al juicio político por
parte del Senado de la Nación, la intervención de la Corte Suprema en los
conflictos locales y la competencia federal en los casos regidos por los Códigos.
La característica esencial del Federalismo consiste en la distribución de poderes
cuyo cumplimiento permite mantener un equilibrio entre las autoridades centrales y
los grupos autónomos, subordinados ambos a las normas constitucionales.
Cuando se puso en vigor el nuevo sistema existía ese equilibrio político y
económico de las distintas regiones del país. Pero rápidamente se inicia una
evolución hacia el predominio de la Nación y que alteró el ordenamiento dispuesto
por la Constitución.
Los Gobiernos centrales se fueron apoderando de atribuciones que al principio
eran ejercidas por las Provincias, pero que paulatinamente pasaron a la Nación.
Se pueden señalar varios ejemplos.
1) La Constitución había mantenido el sistema de milicias provinciales,
reconociendo a los Gobernadores el derecho de nombrar a los jefes y
oficiales. En 1872 se creó el Ejército de línea formado por alistamientos
voluntarios suministrados por las Provincias. Pero en 1880 se prohibió a
las Provincias formar cuerpos militares y aunque conservaron durante
un tiempo la atribución de organizar las Guardias nacionales y de
nombrar a sus oficiales, esta última atribución desaparece en 1915,
suprimiéndose las Guardias nacionales.
2) Respecto al sistema electoral en 1863 se disponía que los registros
cívicos estuvieran a cargo de los Gobiernos Provinciales pero en 1877
se les quitó esa atribución.
3) La instrucción primaria, que constituye uno de los requisitos que las
Provincias deben cumplir para obtener la garantía federal, también pasó
en gran parte a la Nación, ya sea otorgando subvenciones y creando
escuelas normales.
4) La administración de Obras Sanitarias de la Nación quedó autorizada a
construir esta clase de obras en las Provincias, no obstante la evidente
naturaleza provincial de esta actividad.
5) También el Derecho del Trabajo se vio usurpado por la Nación. El
Código Civil dispuso que las relaciones de trabajo serían regidas por
disposiciones especiales que correspondían a las Provincias ya que no
entregaban los poderes nacionales ni cabían dentro de los Códigos, así
lo establecía el art. 1624 del antiguo Código Civil. Sin embargo a
principios del siglo veinte comenzaron a sancionarse leyes protectoras
de los trabajadores con alcance nacional. Además su aplicación y su
control quedó bajo el control de Organismos centrales desde 1943
cuando se creó la Secretaría de Trabajo y Previsión.
6) En materia impositiva es donde más se produjo el avance nacional a
expensas de las atribuciones provinciales. En 1891 se establecieron los
impuestos internos al consumo. La Corte Suprema estimó que esa era
una facultad implícita de la Nación y que podía ejercerla en forma
concurrente con las Provincias. La progresiva centralización del tema de
impuestos se acentuó a partir de 1931 al crearse el impuesto a los
réditos (actual ganancias) y a las ventas (reemplazado en 1975 por el
IVA), la unificación de los impuestos internos, el establecimiento del
impuesto a las ganancias eventuales y el de beneficios extraordinarios.
Si bien se quiso atenuar esta centralización, creando un sistema de
coparticipación entre Nación y las Provincias, no fue suficiente para que
éstas últimas no perdiesen la autonomía financiera.
7) Las Provincias tenían la facultad de reglar su comercio y sus industrias,
pero fueron perdiendo esta atribución al desarrollarse se hizo
interprovincial y sujeto, por lo tanto, a disposiciones nacionales. Las
industrias también quedaron sometidas a normas interprovinciales y a la
dirección de Juntas nacionales que regularon la producción, los precios
y la comercialización.
En realidad, la dinámica económica terminó afectando la autonomía provincial. El
sistema militar, educacional, bancario, administrativo y financiero, cada vez más
centralizado, impuso a las Provincias otras autoridades que no se sujetaban a los
Poderes locales. Al construir obras públicas y al implantar servicios de la Nación
fue quitando a los Gobiernos locales la jurisdicción que se ejercían sobre las
personas y las cosas dentro de su territorio.
Buenos Aires, que desde la época hispánica había sido el puerto único, la sede de
las autoridades y el centro de defensa contra los enemigos exteriores, continuó
utilizando esos tres instrumentos de dominación para poder imponer su ideología y
su política. La resistencia de las provincias fue desapareciendo poco a poco para
someterse incondicionalmente.
3. LA FORMA DE GOBIERNO
El problema relativo a sobre cómo se distribuye la decisión política (Forma de
Gobierno) no se planteó sino algunos años después de 1810, cuando el
movimiento ya había resuelto declarar la Independencia. Moreno, en los artículos
que publicaba en la Gazeta solo hizo referencia a la necesidad de dictar una
Constitución que surgiese de la voluntad general (concepto rossouniano) y que
asegurase los derechos individuales y la división de poderes. Pero esto no
alcanzaba a definir la forma política que debía tener el Estado.
Los Gobiernos que se fueron sucediendo (Juntas, Triunviratos y Directorios)
adoptaron formas provisorias a la espera de la Constitución. Los proyectos a los
estatutos sancionados nunca alcanzaron una vigencia total.
El problema fue, por primera vez, debatido en el Congreso de Tucumán. En la
sesión del 6 de Julio de 1816 el General Belgrano expresó que la Forma de
Gobierno más conveniente para estas Provincias sería una Monarquía moderada
en manos de la dinastía de los Incas. Posteriormente, esta idea fue defendida por
los Diputados del Alto Perú y por otras personalidades. A fines de 1816 el
Congreso insistió en la postura monárquica proponiendo a la dinastía de los
Braganza, cuyos Ejércitos estaban invadiendo la Banda Oriental. Entre 1816 y
1819 se hicieron gestiones en Europa para coronar en el Río de la Plata a un
Príncipe de las Casas que reinaban en el Viejo Mundo. Todo esto se debía al
deseo de buscar apoyos externos en la lucha por la Independencia.
La caída del Directorio y del Congreso en Febrero de 1820 archivaron estas
especulaciones monárquicas.
La Constitución de 1826 fue la primera que definió el sistema que ella determinaba
al indicar que la “Nación Argentina adopta para su Gobierno la forma
Representativa Republicana consolidada en la Unidad de Régimen (Estado
unitario). La Constitución de 1853 reformada en 1860 definió que “La Nación
Argentina adopta para su Gobierno la forma representativa republicana federal”
(Estado Federal). De esta forma quedó definitivamente definido el sistema político.
La República, como Forma de Gobierno, surge a fines del siglo XVIII a modo de
reacción contra el absolutismo monárquico. Etimológicamente deriva del vocablo
romano “res pública” (cosa pública). Los romanos lo utilizaban para designar al
Estado pero no tenía las características con que hoy conocemos el término. En la
forma republicana se destacan: a) la periodicidad de los mandatos; b) la
separación de los poderes; c) el reconocimiento de derechos y garantías; d) la
independencia del Poder Judicial; e) la igualdad ante la ley.
Según nuestra Constitución, la República es Representativa, es decir, que el
pueblo no gobierna sino a través de sus representantes, según lo establece el art.
22. Esto significa que se consagra el tipo de Democracia Indirecta.
La Forma Republicana de Gobierno ha tenido distintos sentidos en la evolución
histórica del país, según las orientaciones ideológicas de sus dirigentes.
Al principio puede indicarse que existió una República jerárquica y liberal. El
predominio de núcleos sociales y culturalmente superiores que se consideraban
como los únicos capacitados para el mando, creó una situación de desigualdad
protegida en algunos casos por el Derecho.
Ese Régimen procuró exterminar el caudillismo y las montoneras, tratando al
mismo tiempo de elevar el nivel social mediante la difusión de la enseñanza, la
inmigración europea y el desarrollo económico. Eran las ideas de Alberdi y
Sarmiento.
Podemos establecer que después de 1880 se inicia una segunda etapa. El
liberalismo anterior y dominante adopta una actitud acentuadamente materialista.
La religión, la moral y la cultura ceden el paso al progreso, entendido como
crecimiento económico. No se abandona la posición jerárquica, pero se amplía la
Sociedad de forma que se hace más heterogénea y van surgiendo núcleos que
combaten las desigualdades y el individualismo.
El triunfo del radicalismo en 1916 significa una tercera etapa y se trata del tránsito
de la República liberal a la Democrática, mediante la elevación política de amplios
sectores populares. Los nuevos grupos dirigentes ya no tuvieron la preocupación
por la calidad, sino que por lo contrario hicieron del número la única base que
legitimaba el ejercicio del Poder. El sufragio se convirtió en el medio para que el
Gobierno obtenga y conserve el Poder. Desaparecen las jerarquías políticas y los
esquemas individualistas.
Posteriormente, a partir de 1943, se produce otro cambio. Es el paso de la
Democracia política a una Democracia de neto perfil social. La protección de los
trabajadores es acentuada hasta ubicarse en una situación preponderante. Los
sindicatos se convierten en fuerzas políticas y en grupos de presión. Pero al
mismo tiempo surge otro factor que será muy protagónico a partir de 1930 y que
son las Fuerzas Armadas, La democracia entra en un constante proceso de
inestabilidad institucional, producto de crisis económicas, que ocasionará seis
interrupciones de la vigencia constitucional (1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y
1976). Todos Golpes de Estado ocasionados por el sector militar pero siempre
apoyados por sectores civiles, según la ideología del Gobierno que pretendían
reemplazar.
Este mal funcionamiento de nuestro sistema Republicano se debe, en buena parte
a ello, y a la actuación de los Partidos Políticos que se preocuparon más por sus
intereses electorales que por la capacidad de dirigir los destinos del país en
función del Bien Común y que se traduce en una evidente decadencia del Poder
Legislativo.
Durante las primeras décadas del régimen constitucional los partidos no tuvieron
existencia permanente. Sólo más tarde adquieren relevancia y que se acentúa con
la ley Sáenz Peña. A partir de ahí los partidos se convierten en órganos
insustituibles de la vida democrática e imponen una rígida disciplina a sus
miembros. Pero al mismo tiempo se dejan dominar por la necesidad de la
obtención de los votos del cuerpo electoral y llegan al Congreso hombres no tan
capaces que desembocan en debates inconducentes.
De esta manera, las agrupaciones que fueron creadas para dar vida a la
Democracia, terminaron contribuyendo al desprestigio del sistema y frente a una
opinión pública que sólo contemplaba sus aspectos negativos.
Para llenar este vacío, surgieron nuevos factores de poder y que cobraron
relevancia protagónica en la vida democrática como fueron sindicatos, los grupos
económicos y financieras que, descreídos por el sistema, terminaron auspiciando
las interrupciones constitucionales mediante golpes militares.
El retorno democrático en 1983 constituyó un hito de esperanza para el recupero
de las Instituciones. Por ahora no ha sido así y las nuevas crisis económicas
empujaron a la Sociedad a buscar otros representantes que se tradujeron en la
aparición de los llamados movimientos sociales.
4. LA CAPITAL DE LA NACION
La sede de las autoridades nacionales fue un problema largamente debatido a
través de nuestra historia.
Bueno Aires había sido Capital del Virreinato a partir de 1776 y su ubicación
estratégica, su comercio y población le dieron en el siglo XVIII una jerarquía
superior a las demás ciudades. No por ello dejo de suscitar algunas reticencias y
desconfianzas aun en la época española.
Los hombres de la Revolución pretendieron desde el primer momento concentrar
en Buenos Aires el Gobierno. La ilustración de sus clases superiores, sus vínculos
directos en Europa y la riqueza que fluía de su comercio le daban títulos
suficientes para aspirar a ese predominio. Pero sucede que la teoría
revolucionaria, al ofrecer a las demás ciudades una participación en el Gobierno
común, creó una idea de igualdad entre todos los pueblos y la preponderancia de
Buenos Aires contrariaba aquellos ideales igualitarios. Las Provincias encontraron
en el Federalismo el apoyo que necesitaban para resistir la dominación porteña.
La oposición a Buenos Aires se puso en evidencia desde 1812. Algunas
instrucciones a los Diputados que debían concurrir a la Asamblea de 1813 y los
dos proyectos constitucionales que fueron presentados a su consideración
contenían cláusulas adversas a que las autoridades permanecieran en Buenos
Aires. Por la misma razón el Congreso de 1816 se reunió en Tucumán y en el
Pacto de 1820 entre Buenos Aires y Santa Fe ambas Provincias se
comprometieron a enviar a sus Diputados a un Congreso a reunirse
en Córdoba (Tratado de Benegas)
Pero los porteños vuelven a recuperar la dirección política y consiguieron que
Buenos Aires fuera la sede de un nuevo Congreso. Esta, por iniciativa de
Rivadavia, sancionó la ley del 4 de Marzo de 1826 que declaraba a esa Ciudad la
“Capital del Estado”, con el territorio que comprendía los puertos de las Conchas
(cerca de la actual Ciudad de Tigre) y Ensenada y tierra adentro hasta los
puentes de Márquez
Con el resto de la campaña bonaerense se debía organizar una nueva Provincia.
Esta situación duró apenas un año, hasta la renuncia de Rivadavia y la disolución
del Congreso, la Provincia de Buenos Aires recuperó su autonomía en Agosto de
1827.
El Congreso Constituyente de Santa Fe volvió a ocuparse del mismo problema y,
a pesar de la separación de Buenos Aires, el artículo 3 de la Constitución disponía
que esa Ciudad debía ser la sede del Gobierno Federal.
Una ley dictada pocos días después, el 4 de Mayo de 1853, el Congreso dio a la
Capital los mismos límites que habían sido fijados en 1826, invitando además a la
Provincia disidente a aceptar ambas normas. En caso negativo, el Congreso
debería señalar el asiento del Gobierno
Y así ocurrió: Buenos Aires continuó con su oposición. Entonces el 13 de
Diciembre de 1853 otra ley del mismo Congreso Constituyente dispuso que la
Capital provisoria de la Confederación seria la Ciudad Capital de la Provincia
donde fijare su residencia el Gobierno Federal quedando nacionalizada dicha
Provincia.
Así es que Urquiza se instala en Paraná como sede de su Gobierno
y Entre Ríos presta su conformidad para que aquella Ciudad fuera la Capital
provisoria de la Confederación, declarando federalizado todo el territorio provincial.
Quedaron disueltos los Poderes locales entrerrianos y la Provincia pasó a
depender de las autoridades nacionales
Cuatro años después el Congreso de la Confederación resolvió
que Paraná seguiría siendo la Capital provisoria y que el resto del territorio debería
organizarse como las demás Provincias. Pero esta disposición se cumple recién
en 1860, cuando Entre Ríos sanciona su Constitución y cuando
Urquiza concluía su mandato presidencial.
Entre tanto, subsistía en el texto constitucional la redacción primitiva del artículo 3
de la Constitución. Como consecuencia de la incorporación de Buenos Aires, una
de las principales reformas que la Provincia propuso en 1860 y que fue aceptada
por con Congreso Constituyente reunido el mismo año. El nuevo artículo 3 dice
que las autoridades nacionales residirían “en la ciudad que se declare Capital de
la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una
o más Legislaturas provinciales del territorio que se haya federalizarse”
El General Mitre al frente del Gobierno Nacional presentó ante el Congreso un
proyecto para resolver la cuestión sobre la base de federalizar toda la Provincia de
Buenos Aires y elegir a la Ciudad homónima como Capital de la Nación, se
sanciona la Ley Nº12 en Agosto de 1862, pero la Legislatura Bonaerense -en uso
de sus atribuciones- lo rechazó argumentando defender el patrimonio provincial
Mitre no insistió y entonces el Congreso Nacional sancionó el 1° de Octubre de
1862 la ley Nº20 llamada “Ley de Compromiso”, que fue aceptada por la
Legislatura provincial. Según esta ley las autoridades nacionales residirían en el
Municipio de la Ciudad de Buenos Aires sobre la base que tendrían jurisdicción en
todo el Municipio y que en la misma Ciudad continuaría residiendo el Gobierno
provincial. Además la ley sería revisada cada 5 años.
Pasaron los cinco años sin que el Congreso tomara resolución alguna. El
Gobierno Federal quedó entonces convertido en huésped de la Provincia y perdió
su autoridad sobre el Municipio. En 1869 se sancionó una ley –vetada por
Sarmiento- que declaraba Capital a Rosario. Idéntica suerte corrieron dos leyes
que pretendían establecer la Capital sobre Rio Tercero en Córdoba y otra vez se
volvió a proponer a Rosario como centro de la Nación.
La solución del arduo problema se produjo algunos años después.
Avellaneda había sostenido la necesidad de convertir a Buenos Aires en Capital
de la Nación.
En 1878 el Dr. Carlos Tejedor fue electo Gobernador de la provincia de Buenos
Aires, lo que provocó malestar en el resto del país, por cuanto era un antiguo
unitario y un obstinado porteño. Se afirmaba que tal elección era el primer paso
para elevar a la Provincia e imponer el predominio político de la misma sobre el
resto del país. Inclusive, al ocupar el mando el nuevo gobernante calificó a
Avellaneda de “huésped” como si el Presidente careciera de autoridad y fuera un
intruso.
Poco antes de terminar el mandato de Avellaneda, dos candidatos se presentaron
para reemplazarlo: el ya citado Carlos Tejedor y el general Roca, hombre nuevo
en la política y de origen tucumano y que en ese entonces era ministro de guerra.
Avellaneda apoyaba a Roca y que contaba también el consentimiento de todas las
Provincias, salvo Corrientes que respondía a Tejedor.
Al terminar el proceso electoral, el triunfó correspondió a Roca
Tejedor no aceptó el resultado de los comicios y en Junio de 1880 se alzó en
armas queriendo obtener el desalojo de las autoridades nacionales
Ante el curso de los sucesos, Avellaneda abandonó la ciudad y se instaló en el
actual barrio de Belgrano. Luego de varios combates y siendo las tropas
nacionales muy superiores en número, los jefes porteños capitularon
Mitre actuó como mediador para conseguir la paz
Avellaneda solo exigió la deposición de armas por parte de los rebeldes y la
renuncia de Tejedor. Este la presentó el 30 de Junio siendo reemplazado por el
Vicegobernador José María Moreno, quien a su vez renunció frente al interventor
federal José Bustillo.
Esta nueva guerra civil produjo importantes consecuencias. Reunido aún en
Belgrano, el Congreso Nacional sancionó el 21 de Septiembre la ley 1029
propuesta por Avellaneda que declara a la ciudad de Buenos Aires Capital del
país. Pero, para el supuesto caso de que la Legislatura porteña no accediese a la
entrega territorial correspondiente, el Congreso sanción en la misma fecha la ley
1030 y por ella se dispone que si hasta el 30 de Noviembre de 1880 no se hubiese
hecho esa cesión, el Ejecutivo nacional convocaría a una Convención con el
objeto de reformar el artículo tres de la Constitución.
Sin embargo, la Legislatura bonaerense (totalmente renovada) y luego de
acalorados debates sancionó por ley del 26 de Noviembre de 1880
la cesión territorial poniendo fin al litigio definitivamente
El régimen de federalización de la Ciudad entró en vigencia, reservándose la
Provincia la dirección y propiedad de sus establecimientos públicos. La Nación se
hizo cargo de la deuda exterior de aquella y autorizó la permanencia de su
Gobierno en la Capital hasta que creara la nueva sede provincial
Dos años después, bajo la presidencia de Roca, el Gobernador, Dardo Rocha,
colocaba la piedra fundamental de su nueva capital: la Ciudad de la Plata
En septiembre de 1887 la Legislatura porteña cede también a la Nación para
ensanche de la Capital Federal, los municipios de San José de Flores y Belgrano
5. EL TERRITORIO NACIONAL
a) Las Provincias
El Estado que se había separado de España en 1810 y había proclamado la
Independencia en 1816 tuvo que conquistar su propio territorio. El que se formó
fue el resultado de las luchas por la emancipación y de los convenios que fijaron
las fronteras.
La Primera Junta aspiró a extender su imperio sobre el Antiguo Virreinato. Para
ello convocó a los representantes de todas las Ciudades y Villas y, además, envió
Ejércitos para proteger a los pueblos e inclinarlos hacia el nuevo Régimen, sin
embargo, tanto el Paraguay como la Banda Oriental se negaron a secundar los
deseos de la Junta y la expedición al Norte sufrió la derrota de Huaqui y que
obligó a que regrese. El Alto Perú no pudo nunca ser atraído a la causa del Río de
la Plata.
Las disidencias entre centralistas y federales condujeron, a partir de 1815, a la
separación de la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe. Las luchas
civiles continuaron y el Litoral quedó sometido a la autoridad de Artigas.
Por un vuelco singular de las tendencias federalistas, en 1820 la Provincias de
Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos volvieron a integrarse al resto, al mismo tiempo
que desaparecía el dominio de Artigas y eran derrotados el Directorio y el
Congreso Nacional. El tiempo de Ramírez y López en Cepeda sobre Buenos Aires
exigió que esta última se limitara a ser Provincia como las demás. Al firmarse el
Tratado del Pilar (febrero de 1820) se declaró que todas las Provincias aspiran a la
organización de un Gobierno Central.
A partir de ahí, y a pesar de la separación política, el territorio nacional quedaba
definido mediante la unión de las catorce Provincias que lo formaron
originariamente. Si bien no era el ideal que imaginaron los promotores de la
Revolución, pero sí era el resultado que respondía a un imperio geográfico ya que
las regiones reunidas bajo el nombre común de argentino se cobijaban las
Provincias que no podían vivir aisladamente ni se podían comunicar fácilmente
con el exterior y eran dependientes del puerto de Buenos Aires.
Entre tanto, tres grandes regiones del antiguo Virreinato quedaron separadas:
Paraguay, la Banda Oriental y el Alto Perú. El proceso de segregación de estos
territorios fueron analizados en la unidad anterior.
Faltaba todavía incorporar de hecho a vastas regiones que eran reclamadas por
otras potencias. La Patagonia y la Tierra del Fuego con las islas que miran al
Atlántico fueron incluidas dentro de la jurisdicción del Gobierno del Río de la Plata.
No obstante las pretensiones chilenas al dominio de esos sectores, el Presidente
Roca consiguió firmar el Tratado en 1881 por el cual se reconocía los derechos
argentinos. Contemporáneamente se inició la ocupación de otros territorios .Las
campañas al Desierto lograron ocupar zonas de la Patagonia y del Chaco, al
desalojar a los indígenas.
La Constitución de 1853 había establecido como atribución del Congreso Nacional
proveer a la organización que deben tener los territorios nacionales que queden
fuera de los límites provinciales. La Ley N°28 de Octubre de 1862 había dispuesto
que todos los territorios que existían fuera de los límites o posesiones de las
Provincias, son nacionales desde el 1° de Mayo de 1853. Por lo tanto, apareció la
preocupación por deslindar los territorios que estaban bajo el dominio provincial de
los que se hablaban desiertos u ocupados por los indios salvajes. No alcanzaba
que se alegase el derecho a un determinado territorio si no que tenía que haber
sido realmente ocupado por la provincia. De ahí, pues, que se inició el proceso de
ocupación de esos territorios. Son un ejemplo de esto, las campañas al desierto
en la Patagonia y en el Chaco. La preocupación por el destino de estas enormes
extensiones de tierra obedecía a un criterio económico y por usufructuar su
explotación.
Se dictó, así, la ley de organización de los llamados territorios nacionales bajo el
N° 1532 en Octubre de 1884. Se establecieron nueve Gobernaciones: La Pampa,
Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Chaco, Formosa y
Misiones. En 1903 se creó la de Los Andes.
Al frente de cada una de ellas estaba el Gobernador, que era designado por el
Poder Ejecutivo Nacional con el acuerdo del Senado por un período de tres años y
podía ser reelecto. Como dependía del Ministerio del Interior, era un funcionario
con pocas posibilidades de tener independencia administrativa en su gestión. En
su mayoría, se nombraba a militares de alto grado y que generalmente habían
actuado en la región. Si la Gobernación tenía más de treinta mil habitantes, debía
poseer una Legislatura. En la Capital de cada Gobernación funcionaría un
Juzgado Letrado y en las localidades de más de mil habitantes existiría un
Juzgado de Paz, además Concejos Municipales.
Con el transcurso del tiempo, estos territorios se preparaban para transformarse
en Provincias y lograr de esta manera su autonomía. Se establecía que así
ocurriría cuando su población alcanzara a tener una población de sesenta mil
personas. Competía al Congreso Nacional elevarlos a dicha categoría. La Pampa,
Chaco y Misiones fueron los primeros distritos en arribar a la cifra mencionada.
Durante las presidencias de Yrigoyen y Alvear se impulsaron proyectos para
concretar la provincialización, pero diversos factores políticos impidieron que la
cuestión se resolviese.
Después de 1930 diversos factores dieron protagonismo a estos territorios:
crecimiento demográfico y productivo, cuestiones geopolíticas, problemas
regionales, etc. Hacia 1943 también habían alcanzado el requisito poblacional los
territorios de Río Negro, Chubut y Neuquén.
Si bien el máximo objetivo era la provincialización, los territorios habían logrado
varios objetivos como la autonomía de los municipios, la representación
parlamentaria con voz y voto, participación en las elecciones presidenciales, la
creación de Legislaturas territoriales y la designación de gobernadores nativos.
Las posiciones de unos y otros sobre la transformación en Provincias dependía de
cuestiones políticas y de las diferentes realidades naturales de cada uno de ellos.
En esta cuestión los Presidentes de la concordancia abandonaron la idea de la
provincialización, a diferencia de los Presidentes radicales de la década anterior.
Entre tanto, la vida política transcurría en el ámbito del Municipio, constituyéndose
en un lugar de práctica cívica y de discusión. Esto hizo que se aumentaran las
demandas y los requerimientos de las agrupaciones cívicas por convertir a los
territorios nacionales en Provincias.
El gobierno de facto de 1943 – 1946 creó las Gobernaciones marítimas de Tierra
del Fuego en 1943 (antes formaba parte de Santa Cruz) y la militar de Comodoro
Rivadavia en 1944, a cargo de oficiales superiores de la Marina y del Ejército,
respectivamente, con la idea de asegurar la soberanía de la Patagonia y, también,
para garantizar la continuación de la explotación del petróleo. En 1943 se disolvió
la Gobernación de los Andes (se había creado en 1903) y se repartió su extensión
entre las Provincias de Salta, Jujuy y Catamarca.
El recambio presidencial de 1946 tuvo gran influencia en la política territorial. Las
organizaciones gremiales adquirieron gran fuerza y su acción política las convirtió
en principales representantes de los intereses territoriales y, así, obtener
concretos derechos políticos que habilitarían la elección de Presidente y
Vicepresidente de la Nación.
Desde ese año los gremios chaqueños y pampeanos movilizaron a la población a
favor de la provincialización y luego de varias entrevistas con el Presidente Perón
y su esposa, María Eva Duarte, lograron que ésta última, como representante del
Partido Peronista Femenino, presentase el proyecto de provincialización de ambos
territorios. El trámite legislativo fue rápido y el 8 de Agosto de 1951 fue
promulgada la ley transformando en Provincias a Chaco y a La Pampa.
Posteriormente, las nuevas Provincias dictaron sus Constituciones, adoptando
nuevos nombres: Provincia Presidente Perón (Chaco) y Provincia Eva Perón (La
Pampa). A fines de 1953 otra ley declaró a Misiones como Provincia.
Durante los años 1954 y 1955 se sancionan dos leyes relativas a la organización
general de los demás territorios y una sobre la creación en los mismos de
Tribunales de Justicia. Dos meses antes de la caída de Perón se convierten en
Provincias los territorios de Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Río Negro y Formosa.
Producida la Revolución Libertadora, se impuso la revisión de lo actuado por el
régimen peronista. El Gobierno de Facto dejó sin efecto las Constituciones de La
Pampa, Chaco y Misiones y sancionó un Estatuto provisional para las ocho
nuevas Provincias y designó a Comisionados Federales al frente de las
administraciones.
En 1957 se realizaron elecciones para convencionales constituyentes en todas
ellas. Se aplicó el sistema D’Hont y esto permitió una amplia representación de los
partidos políticos (salvo el peronismo, que estaba proscripto). En ese año sus
Provincias se dieron nuevas Constituciones. Misiones lo hizo en 1958 y La Pampa
en 1960. Separada de Santa Cruz, se creó en 1957 el Territorio Nacional de Tierra
del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, con un Estatuto que establecía una
organización de Gobierno dependiente del Ejecutivo Nacional. Finalmente en 1990
se convierte en Provincia.
b) Las organización municipal
Después de la Revolución de Mayo se inicia un proceso de gradual extinción de
los Cabildos y, por lo tanto, van desapareciendo las Instituciones municipales. La
Provincia de Buenos Aires tomó la iniciativa de suprimirlos legalmente. El Cabildo
era a la vez un órgano de control político de los sucesivos Gobiernos y en donde
se canalizaron casi todos los movimientos institucionales en los primeros diez
años. En 1820 se constituyó en Buenos Aires la Junta de Representantes y por lo
tanto, coexistieron en la misma Ciudad dos entidades cuyas funciones se
superponían, siendo inevitables sus conflictos. Esta fue la causa que, por
influencia de Rivadavia, se sanciona en Diciembre de 1821 la ley que suprimió los
Cabildos de Buenos Aires y de Luján. Las demás Provincias tomaron medidas
similares en los siguientes diez años.
Como consecuencia de esta decisión, las Provincias designaron jueces letrados y
jueces de paz en reemplazo de los antiguos alcaldes. Las funciones edilicias
quedaron a cargo de los Ministros y las funciones de policía, abastecimiento y
orden público quedaron en manos de un Jefe de Policía, auxiliado por Comisarios.
De esta manera desaparece todo rastro de autonomía municipal.
La Constitución de 1853 en su artículo quinto impuso a las Provincias el deber de
implantar un régimen municipal. El deseo de crear estos organismos de Gobierno
local respondía a la idea de la doctrina jurídica que ellos serían escuelas de
Democracia y defensoras de las libertades de las personas. Se coincidía en la
necesidad de completar el Régimen Político de la Nación y las Provincias con un
adecuado funcionamiento del ente municipal.
El Municipio originó un debate entre quienes interpretaban que el Régimen
Municipal era “autárquico” y otros sostenían que era “autónomo”. Los primeros
señalan que los Municipios son entidades creadas por ley, con finalidades
específicas y sometidas a controles por parte de autoridades superiores de la
Provincia. La Corte Suprema aceptó este criterio y lo mismo hicieron varias
constituciones provinciales. En cambio, la idea de que los Municipios eran
entidades políticas esenciales y base de la organización institucional fue defendida
por varios juristas. A partir de 1957 la tesis autonomista sumó nuevos adeptos y
quedó establecida en las reformas de las Constituciones provinciales y se
consolidó a partir de 1983. La reforma de la Constitución Nacional de 1994
estableció en su art 123 en el Título referente a los Gobiernos de Provincia que
“cada Provincia dicta su propia Constitución asegurando la autonomía municipal”.
En la mayoría de las Provincias, los Municipios se regían por un Consejo
Deliberante, cuyos miembros se elegían de modo directo y un Intendente que en
algunos casos era elegido por el propio Consejo y en otros designado por el
Gobernador. En la Ciudad de Buenos Aires, como Capital Federal, lo designaba el
Presidente de la Nación. El voto, según las Constituciones anteriores a 1957, era
calificado (generalmente se debía ser propietario) y correspondía también a los
extranjeros. Con posterioridad tuvo carácter universal.
Los Municipios estaban facultados para cobrar tasas y contribuciones, usar el
crédito y administrar las rentas, pero la percepción de impuestos fue concesión
otorgada sólo en algunas Provincias. El poder de policía en lo relativo a
costumbres, tránsito, publicidad, pesos y medidas, sanidad, etc., fue restringido y
en algunos casos la asumieron en forma directa los Gobiernos provinciales.
En realidad, existió una dependencia financiera de los Municipios con relación a
los Gobiernos provinciales y que se dio tanto en los Gobiernos constitucionales
como los de Facto. Pero a partir de 1957, tal como señalamos antes, cobró
notoriedad la tendencia de autonomía. Así, surgieron Tribunales de Cuenta o
Tribunales de Faltas y también la adopción de las herramientas de la Democracia
semidirecta como la Iniciativa, el Referéndum y la Destitución popular (sobre la
continuidad o no de un funcionario municipal). Aunque, cabe reconocer, que se
hicieron poco efectivos.
6. LAS CUESTIONES LIMITROFES
Nuestro país adoptó como principio general la aceptación en materia internacional
del “Uti possidetis juris de 1810” y que consiste en que las fronteras políticas entre
Estados en el momento de la emancipación es la delimitación administrativa de la
Colonia vigente en 1810 y que había sido dispuesta por España.
La mayoría de las cuestiones litigiosas no arrojaron los resultados esperados.
Tanto las negociaciones directas como los arbitrajes internacionales, en su
mayoría, no fueron resultados favorables para las pretensiones de los derechos a
los territorios en discusión.
La defensa del territorio de las Provincias Unidas no fue una preocupación
fundamental durante los primeros cincuenta años de nuestra Historia. Se dio
preferencia a la guerra emancipadora frente a la invasión de la Banda Oriental por
el Ejército de Brasil. Zorraquín Becú recuerda que el Congreso de Tucumán le
envió una nota a Director Pueyrredón, en Enero de 1817, recordándole “que
solamente sería posible recuperar territorio que se hubiera perdido luego que
terminasen las luchas en Chile y en Perú.
A) Brasil: La cuestión de límites más importantes con Brasil es lo referente a
la ocupación de las misiones jesuíticas. El conflicto era de larga data, ya
que provenía de la lucha entre españoles y portugueses. Como
consecuencia der la invasión brasileña y al declararse la independencia del
Uruguay, el Imperio quedó en posesión de una zona ubicada al norte del
nuevo país. Brasil y Argentina robustecieron sus posiciones, instalando el
primero colonias militares en esa región y nuestro país creó el territorio
nacional de Misiones, esperándolo de la Provincia de Corrientes. En 1889
se convino en someter la cuestión al arbitraje del Presidente de Estados
Unidos. El laudo del mandatario Grover Cleveland del año 1895 favoreció a
Brasil.
B) Bolivia: Cuando Rosas gobernaba por segunda vez, se encontraba en el
Poder de Bolivia el General Andrés Santa Cruz, quien formó en 1836 una
Confederación Peruano-Boliviana y continuó con objetivos de expansión
territorial para Bolivia. La actitud de Santa Cruz despertó también alarma en
Chile y además el Gobierno de Diego Portales en Chile deseaba expandirse
económicamente a través del pleno dominio sobre la costa del Pacífico.
Esta situación terminó desencadenando un conflicto bélico. El Gobierno de
Rosas apoyó a los chilenos a través de las Provincias norteñas, ya que el
Jefe de las fuerzas de nuestro país, fue el Gobernador de Tucumán, el
General Alejandro Heredia.
El conflicto terminó con el triunfo de Chile y la desaparición de la Confederación
entre Perú y Bolivia. Además Chile extendió sus territorios. En esta circunstancia,
Rosas no se interesó en reclamar la reincorporación de Tarija a la Argentina,
porque consideraba imprudente hacer dicho reclamo ante un país que se
encontraba en condiciones aflictivas.
La frontera cuestionada con Bolivia tenía tres problemas: el Gran Chaco, la Puna
de Atacama y Tarija. Finalmente en Julio de 1925 quedaron solucionados en
forma definitiva.
A la Argentina se le reconoció la soberanía sobre la Puna de Atacama (en la parte
que no había pasado a pertenecer a Chile). Bolivia renunció a sus pretensiones
sobre el Gran Chaco. En cambio, Tarija, las Juntas de San Antonio y el poblado de
Yacuiba quedaron para Bolivia.
Sobre este acuerdo, se lo definió como una transacción, sin embargo, otras
opiniones señalaban que hubo una cesión de nuestro territorio ya que los mismos
pertenecían a Argentina, según el interno del “Uti possidetes Juris de 1810”.
C) Paraguay: El conflicto con este país fue resuelto mediante tratativas
directas y, también, por arbitraje. El Tratado de la Triple Alianza (por la
guerra de los países de la región contra Paraguay) había señalado como
Límites futuros del país el Río Paraná y el Río Paraguay hasta encontrar
por ambos lados las posesiones brasileñas, de modo que la Argentina
obtenía todo el Chaco paraguayo. En Noviembre de 1869, el Ejército
argentino ocupó territorios chaqueños situados al Norte del Pilcomayo y
acampó en la población de Villa Occidental (actualmente es Villa Hayes).
Pero en Diciembre declaró el Ministro de Relaciones Exteriores argentino,
Mariano Varela, sobre que la victoria no da derechos a las Naciones
aliadas. Esta declaración hizo que la diplomacia brasileña interpretara que
la Argentina renunciaba a lo dispuesto por la Triple Alianza y cedía sus
derechos sobre la región chaqueña situada al Norte del Río Pilcomayo. El
Gobierno de Sarmiento desautorizó a su Ministro y continuó con su
reclamo. La situación diplomática se tensó aún más, cuando Brasil en 1872
firmó por separado un Tratado de paz con Paraguay, violando lo dispuesto
por la Triple Alianza. Si bien el curso de los sucesos hacían presagiar la
guerra con Brasil, se logró reanudar las negociaciones.
El enojoso problema llegó a su término el 3 de Febrero de 1876, cuando la
Argentina –bajo el Gobierno de Avellaneda- fijó sus límites en la línea del
Pilcomayo y aceptó someter al arbitraje del Presidente Rutherford Hayes de
Estados Unidos, el territorio que abarcaba al Norte del Pilcomayo hasta el Río
Verde. En Noviembre de 1878, el mediador concedió dicha región al Paraguay,
con lo que Villa Occidental quedó en manos de este país y que hasta en ese
momento pertenecía a Argentina.
D) Uruguay: En este país las cuestiones limítrofes se relacionaron con el Río
Uruguay y con el Río de la Plata.
Con respecto al Río Uruguay existía una especie de statu quo, según el cual la
divisoria pasaba por la línea del canal que navegaban los buques de mayor
calado, pero estudios posteriores arribaron a demostrar que en varios sectores
del curso fluvial el canal más profundo no coincidía con el balizado. Finalmente en
1961 se fijó la línea divisoria coincidiendo con el canal principal de navegación y
también se establecieron disposiciones en relación al dominio sobre las islas.
Respecto al Río de La Plata se firmó en 1910 un Protocolo en el que se estableció
que la navegación y el uso de las aguas del río continuarán sin alteración, como
hasta el presente. Esta indefinición acarreó incidentes y litigios hasta que en
Noviembre de 1973 se firmó un Tratado delimitador de fronteras del Río de La
Plata.
Previamente, cabe aclarar, que en l96l se realizó una Declaración conjunta
argentino-uruguaya, donde se estableció que el límite exterior del Río de La Plata,
divisorio de las aguas con el Océano Atlántico era la línea imaginaria que une
Punta del Este (Uruguay) con Punta Rasa del Cabo San Antonio (Argentina). Esto
significó que cualquier barco que cruzara dicha línea imaginaria quedaría sometido
a la jurisdicción de alguno de los dos países.
Ahora bien, por el Tratado de 1973 se estableció una franja de jurisdicción
exclusiva adyacente a las costas de cada parte en el río. Esta franja costera tiene
un ancho de siete millas marinas entre el límite exterior del río y la línea recta
imaginaria que une Colonia (Uruguay) con Punta Lara (Argentina). Desde esta
última línea hasta el paralelo de Punta Gorda, la franja costera de cada país tiene
una anchura de dos millas marinas.
Estas franjas hacen algunas inflexiones de modo que todos los canales de acceso
a los Puertos de ambos países quedan incluidos dentro de ellas y que los canales
de navegación se encuentran en aguas de uso común. Esta anchura fue elegida
especialmente para evitar coincidencia con las medidas de tres, seis o doce millas
usadas para el mar territorial. Esto es para dejar claro a otros países que se trata
de un curso fluvial y, por lo tanto, no es aplicable las normas sobre mar territorial.
Por último, el espejo de agua que se encuentra en el área intermedia entre las
franjas de jurisdicción exclusiva, son “aguas de uso común”, lo que representa la
aceptación de la “equidistancia o línea media”
E) Chile: La extensa frontera con este país ha causado frecuentes y difíciles
conflictos. En 1843 se produjo un hecho que demostró lo que
posteriormente ocurría. En esa fecha se instaló un establecimiento chileno
en las costas del estrecho de Magallanes, lo que motivó el reclamo
argentino, ya que se sostenía que pertenecía ese territorio a nosotros. Chile
rechazó la protesta y la siguió ocupando. El Gobierno de Rosas no intentó
fijar la demarcación de los límites.
En 1835 ambos países reconocieron como límite de sus respectivos territorios los
que poseían como tales al tiempo de la emancipación del dominio español.
Posteriormente, el Gobierno chileno comenzó a pretender zonas de la parte
Oriental de la Patagonia y esto provocó que Argentina se lanzase a una efectiva
dominación de los territorios patagónicos ya que desde mediados del siglo XVIII
dicha región estaba incluida en la jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires y
luego dentro del Virreinato del Río de La Plata.

Poco después se logró suscribir en Julio de 1881 un Tratado entre ambos países y
en el cual se estableció como límite la línea divisoria en la Cordillera de los Andes
hasta el paralelo 52° de latitud, siguiendo “las cumbres más elevadas que dividan
las aguas” y pasando por entre las vertientes que se desprenden a uno y otro lado.
La zona de Tierra del Fuego se dividió en dos partes por una línea vertical que
partía de la Boca Este del Estrecho de Magallanes y que seguía el meridiano de
68° 34’ Oeste de Greenwich hasta tocar el Canal de Beagle. A su vez, el Estrecho
quedaba neutralizado a perpetuidad y de libre navegación para todas las
banderas.
Pero al aplicar sobre el terreno la línea convenida surgieron grandes dificultades.
S pugnaba por los dos grandes principios que sustentaba la cuestión limítrofe: “las
altas cumbres” y el de “divortio aquarum”. Si en la zona central de la Cordillera
ambos principios coincidían sobre el terreno, en cambio, no ocurría lo mismo en el
Sur, donde los ríos que desembocan al Pacífico han avanzado sus cabeceras por
la erosión hasta el faldeo Oriental, capturando torrentes que descendían por esa
ladera hacia el Atlántico e incorporándolo a la pendiente del Pacífico. Entonces, en
esos lugares, las altas cumbres no dividían las aguas.
El Tratado de Mayo de 1893 dispuso que “Chile no puede pretender punto alguno
hacia el Atlántico como la Argentina no puede pretenderlo hacia el Pacífico. Fue
necesario esperar a Mayo de 1902 en que se firmaron “los Pactos de Mayo” por
los cuales se resolvió someter la cuestión al arbitraje inglés.
El Rey Eduardo VII falló en Noviembre de 1902 estableciendo una serie de hitos
divisorios que repartían los territorios litigiosos y fijaban los límites entre ellos. En
algunos lugares los peritos demarcadores no lograron ponerse de acuerdo. En
1966 existió otro arbitraje inglés que repartió la zona discutida perteneciente al Río
Encuentro.
De todos modos continuaron subsistiendo otros conflictos con respecto a las islas
Picton, Nueva y Lennox y también sobre el Canal de Beagle. Todos estos temas
se van a solucionar cuando promediaba el siglo XX y que lo analizaremos en las
unidades siguientes.
Otra zona con Chile en conflicto fue la Puna de Atacama. En 1889 Bolivia cedió
esa región a nosotros para compensar la pérdida de Tarija, que había quedado en
poder de esa Nación no obstante pertenecer a la antigua Intendencia de Salta de
Tucumán. Chile protestó por aquella cesión sosteniendo que ya ocupaba aquella
zona como consecuencia de su victoria en la Guerra del Pacífico contra Bolivia y
Perú. La cuestión fue resuelta con el arbitraje del Ministro norteamericano
[Link], quien admitió en parte las pretensiones chilenas por el hecho de
ocupar esos territorios.
F) Las Islas Malvinas: Estas islas desde 1774 quedaron exclusivamente
ocupadas por España, pero fueron abandonadas en Febrero de 1811 por
el último Gobernador español. A partir de ahí no hubo ocupación temporaria
ni permanente por parte de algún país. Pero en Octubre de 1820 el
Comandante David Lewett, al mando del buque “Heroína”, desembarcó en
Puerto Soledad y tomó posesión de ellas en nombre de las Provincias
Unidas.
Años después, el Gobierno de Buenos Aires otorgó una concesión de tierras en
las islas y allí se afincó un comerciante, Luis Vernet, quien por decreto de Junio de
1829 se designó como Comandante político y militar. Esta Comandancia abarcaba
también las islas adyacentes al Cabo de Hornos en el Océano Atlántico. Vernet
fundó una pequeña colonia que con el tiempo tuvo más de cien pobladores
dedicados a la pesca y a tareas rurales. Además diversos barcos de varios países
llegaban al Archipiélago con el objeto de cazae ballenas y lobos marinos.
Vernet dictó unas Ordenanzas para regular la actividad. Cuando no lo cumplieron,
hizo apresar varios navíos. Al tomar conocimiento de este hecho, la corbeta de
guerra norteamericana Lexington, con el propósito de proteger a sus
conciudadanos y sin esperar el resultado de los sumarios que se investigaba,
atacó Puerto Soledad a fines de 1831. Se destruyó y se saqueó las instalaciones
como represalia por las prohibiciones de Vernet.
A su vez, Inglaterra deseaba asegurar la navegación hacia Australia y
contemplaba la posibilidad de ocupar las islas. Así es que el barco de guerra Clío
llegó a Puerto Soledad el 2 de Enero de 1833 y procedió a desalojar por la fuerza
a las autoridades argentinas y tomó posesión de las islas. Sin embargo no
permanecieron los ingleses mucho tiempo, ya que la nave Clío regresó a su país.
Un año después, en Enero de 1834, Inglaterra estableció su primer Gobernador.
El Gobierno argentino planteó protestas ante Estados Unidos y ante Inglaterra
después. Sin embargo esos actos vandálicos no fueron reparados y las islas
tampoco fueron devueltas a nuestro país. Existieron numerosos gestiones
diplomáticas y hasta un conflicto armado.
7. LA EVOLUCION DEL SISTEMA CONSTITUCIONAL
a) La Constitución de 1853
En este tema se analiza la naturaleza y las vivencias que tuvo el ordenamiento
constitucional de nuestro país en más de siglo y medio. Es decir, nos referimos al
Régimen constitucional elaborado a partir de 1853, que luego fue objeto de varias
reformas.
La Constitución de 1853 fue el término final de una serie de dolorosas y
fracasadas tentativas. Simultáneamente significó el cumplimiento de los anhelos
que tuvieron los revolucionarios de 1810. Para conseguirla, los constituyentes
reunidos en Santa Fé tuvieron en cuenta aquellas experiencias, la realidad política
existente y las aspiraciones de las generaciones futuras. No pretendieron hacer
una obra absolutamente original, sino redactar un código que se adoptara a las
necesidades nacionales. Se buscó una transacción entre las tendencias
Federalistas y las Unitarias; entre el liberalismo y las tradiciones y entre la opinión
pública y las exigencias estatales.
La estructura y la ideología de la Constitución se inspiraron principalmente en
Alberdi. La redacción del articulado provino en parte del modelo norteamericano
aunque con diferencias y que algunas son esenciales. También hubo
disposiciones que eran originales y se referían a las necesidades de la Nación. No
fue, por lo tanto, una obra de imitación. La Reforma de 1860 fue salvaguardar los
derechos y los intereses de Buenos Aires, acentuó el Federalismo y reprodujo
mayor número de disposiciones norteamericanas. Las modificaciones posteriores
de 1866 y 1898, fueron sólo de detalle y no alteraron la naturaleza del sistema.
La Constitución estaba destinada a organizar, simultáneamente, el funcionamiento
del Estado y la vida de sus habitantes. Para lo primero creaba los tres Poderes o
funciones, mantenía la existencia de las Provincias y establecía la competencia de
cada Organismo. Para lo segundo enumeraba una Declaración de Derechos y
Garantías, planificaba Códigos y leyes de diverso contenido llamados a producir la
transformación del país.
b) Reforma de 1860
Como vimos antes, Buenos Aires estaba separada del resto de las Provincias. Esa
separación motiva la coexistencia de dos entidades con territorio y Gobiernos
diferentes. Por un lado, La Confederación Argentina, que se rige por la
Constitución de 1853 y, por otro lado, Buenos Aires que se administra con su
propia Constitución, sancionada en 1854.
El Acuerdo de 1859 plasmado en el Pacto de San José de Flores no cita ni invoca
el artículo 30 de la Constitución de 1853 como norma reguladora del proceso que
va a conducir a la Reforma de 1860. El Pacto atribuye a una Convención
Provincial de Buenos Aires la facultad de examinar la Constitución de Santa Fé.
Esa Convención Provincial es un Organo no previsto en la Constitución de 1853.
Debe comunicar al Gobierno Nacional las reformas que propone para que
convoque a una Convención Ad Hoc y así analizarlas. La Provincia de Buenos
Aires se obliga a enviar sus diputados a esa Convención con arreglo a su
población, y acatar lo que se resuelva definitivamente. Como se puede ver, la
Convención de 1860 no deriva de las previsiones del Artículo 30 de la
Constitución, sino de normas contractuales concertadas por las autoridades de
ambos Gobiernos.
La Confederación y la Provincia de Buenos Aires también obviaron la prohibición
del Art. 30 de la ley suprema, que impedía cualquier reforma de la Constitución
hasta pasado 10 años desde el día en que la juraran los pueblos. Tampoco se
reparó en la exigencia contenida en el Art. 51 de la Constitución que exigía que el
proyecto de ley de convocatoria de la Convención Ad Hoc se iniciara en la Cámara
de Senadores, en vez de la de Diputados, como ocurrió.
En cuanto a la reforma, puesto que para la instalación de la Convención, se violó
lo dispuesto por los Artículos 30 y 51 de la Constitución, se procede a eliminar la
exigencia por la cual “solo el Senado inicia las reformas de la Constitución”
derogando así el Art. 51. También se elimina del texto “la prohibición de reforma
Constitucional hasta pasados 10 años desde el día en que la juren los pueblos”.
Además de derogar el Artículo 51, la Reforma agregó otros cuatro (Art. 32 a 35),
con lo cual el texto pasó a tener 110. Las otras modificaciones afectaron a 21
artículos y podemos citar entre los principales a los siguientes:
a. Supresión de la Ciudad de Buenos Aires como Capital de la
Confederación. La cláusula fue reemplaza por la sanción posterior de
una Ley en el cual se fijare la Capital.
b. Modificación de las Intervenciones Federales, de modo tal que la
medida sea para proteger a las autoridades locales.
c. Se elimina el requisito de que las Constituciones provinciales sean
revisadas por el Congreso Nacional antes de su promulgación.
d. Se suprime el Juicio Político sobre los Gobernadores provinciales por
parte del Congreso Nacional.
e. Se quita la atribución que se concedía a la Corte Suprema para
entender en los conflictos entre los poderes públicos de una misma
Provincia.
f. Se prohíbe que los Jueces Federales fueran simultáneamente
magistrados provinciales.
g. Prohibición de conceder preferencias a un puerto respecto de otro por
medio de leyes o reglamentos.
h. Se exige a los Senadores y a los Diputados nacionales el requisito de la
residencia mínima en la Provincia que lo elige.
i. La indicación de la competencia de los Tribunales provinciales para
aplicar los Códigos Nacionales.
j. Se establece que el Congreso Nacional no dictaría leyes que restrinjan
de imprenta.
k. Se agrega la aclaración que “las Provincias conservaban todo el Poder
no delegado por la Constitución al Gobierno Federal”.
De esta manera, la Reforma de 1860 pretende asegurar la autonomía provincial.
La orientación de la reforma estaba signada por el temor de Buenos Aires de ser
avasallada por el Gobierno Nacional.
c) Reforma de 1866 y 1898
Estas Reformas fueron sólo de detalle y no alteraron la naturaleza del Régimen
Político.
En la Reforma de 1866 se suprimió la limitación temporal de los impuestos de
exportación que podía crear el Congreso, ya que se eliminó del Art. 4° de la
Constitución la parte que decía “hasta 1866, con arreglo a lo estatuido en el inc. 1°
del Art. 67” y correlativamente se eliminó la parte final de Este último artículo y que
decía “hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuesto nacional, no pudiendo
ser provincial”.
En la modificación de 1898 se cambió el número de Ministros del Poder Ejecutivo
elevando de cinco a ocho, y se cambión también la cifra que determina la cantidad
necesaria de habitantes por cada Diputado de la Nación. La base sería de un
representante por cada treinta y tres mil habitantes o fracción que no baje de
dieciséis mil quinientos.
d) La Interpretación Constitucional
La Corte Suprema, sin dejar de recordar las interpretaciones norteamericanas fue
elaborando un cuerpo jurisprudencial de gran doctrina y que permitió adoptar las
normas constitucionales a la evolución inevitable del país.
Hasta 1930 esa jurisprudencia continuó inspirándose en los principios
individualistas y liberales que habían dado origen a la Constitución. La protección
de los derechos personales, la autonomía de la voluntad en los contratos, la
libertad económica y el derecho de propiedad absoluta fueron las normas siempre
interpretadas. Pero a partir de ese año, la Corte comenzó a admitir nuevas
orientaciones que predominaban en el mundo, de forma tal que reconoció
limitaciones necesarias a esos derechos. Admitió los principios de justicia social e
intervencionismo del Estado en las relaciones económicas.
La jurisprudencia constitucional favoreció un creciente centralismo, adaptándose
así a las nuevas tendencias. Lo hizo admitiendo la validez de las leyes que
invadían atribuciones provinciales y, además, se negaba a intervenir en las
cuestiones llamadas políticas, ya que consideró la competencia exclusiva de los
otros Poderes políticos.
En materia legislativa, desde 1905 comenzaron a sancionarse normas de
protección a los trabajadores y que crearon una rama del Derecho cada vez más
importante que permitió mayor intervención estatal para verificar el cumplimiento
de dichas normas. El intervencionismo estatal comenzó a aparecer después de la
Revolución de l930, ya que comenzaron a establecerse los controles económicos
y se reglamentaron muchas actividades.
Pero no son solamente las transformaciones institucionales por el cambio de las
orientaciones doctrinarias lo que provoca esta evolución, ya que surgen factores
de diversa índole como el impacto de nuevas ideologías, las consecuencias de las
dos guerras mundiales, las crisis económicas globales, las tensiones sociales, la
ineficiencia de los partidos políticos como receptores de las demandas de la
población y la tendencia de alterar el orden constitucional.
e) La Constitución de 1949 y su derogación
Antes de 1949, la constitución argentina de 1853 fue reformada en tres
oportunidades, en 1860, 1866 y 1898. Dichas reformas no modificaron en modo
alguno la estructura del andamiaje jurídico liberal del texto original.
Sería con la reforma de 1949 que por primera vez se incorporan normas del
denominado constitucionalismo social, cuyos antecedentes son la constitución
mexicana de 1917 y la de Weimar de 1919.
A partir de 1946 y ya constituido el primer Gobierno de Perón, se comienzan a
producir una serie de reformas sociales y políticas que resultaron en una
transformación institucional sin precedentes y en la creación de nuevas leyes, que
cambiaron el universo jurídico a través de nuevas sentencias basadas en los
nuevos derechos consagrados.
El peronismo clásico trajo consigo una ampliación de derechos para la población y
una intervención cuantitativa y cualitativamente significativa y sin precedentes del
estado en materia social.
A modo de ejemplo, solo en el mundo del trabajo tanto la sindicalización masiva
de los trabajadores urbanos como la extensión y obligatoriedad de las
negociaciones colectivas de trabajo, introdujeron mecanismos para preservar los
intereses de los trabajadores frente a la autoridad patronal que alteraron
sustancialmente las relaciones de fuerza entre ambos sectores.
Esta democratización y ampliación de derechos significó el acceso de una mayor
proporción de la población a mayores beneficios sociales. Este surgimiento de
nuevos derechos, que adquirieren reconocimiento legal, debían adquirir rango
constitucional.
La incorporación de normas de contenido social a la Constitución de 1949 marca
un punto de ruptura en la historia de las politicas sociales argentinas al darles
jerarquía constitucional.
Es así que comienza un debate sobre la necesidad de una reforma constitucional
a menos de un año de la llegada del general Perón a la presidencia.
Estos debates van a encontrar posiciones encontradas. Si bien en el ámbito
jurídico existía cierta unanimidad en la necesidad de una reforma, en el campo
político los enfrentamientos fueron vehementes.
“En efecto, el 27 de agosto de 1948 se sancionó la Ley 13.233 que declaraba
necesaria la revisión y reforma de la Constitución Nacional “para la mejor defensa
de los derechos del pueblo y del bienestar de la Nación”. Ese día se inició la
polémica. La sanción fue lograda con los dos tercios de los votos de los diputados
peronistas presentes y no totales. Interpretación del artículo 30 de la Constitución
de 1853 que escandalizó a la oposición y a la mayor parte de la doctrina
constitucionalista, que desde entonces cuestionó la legitimidad de origen de la
reforma”.6
A pesar de las diferenciasen cuanto a la sanción de la ley que declaró la
necesidad de reforma constitucional, a la elección de constituyentes se presento la
oposición. Pero los enfrentamientos politicos persistieron y el 8 de marzo de 1949,
el bloque de la Unión Cívica Radical, abandonó la Convención Nacional
Constituyente en la tercera sesión ordinaria.
Otra crítica a la constitución de 1949 es “que la misma se instrumentó con el
objetivo único de garantizar la reelección del entonces presidente Juan Domingo
Perón. Recordemos que el texto constitucional de 1853 no permitía la reelección
presidencial inmediata y que la duración de los mandatos presidenciales era de
seis años, con lo cual, el mandato de Perón concluía en 1952. El proyecto
presentado por el partido peronista proponía la remoción de esta traba
constitucional, y habilitaba al entonces presidente a presentarse para un nuevo
6
Vita Leticia, El pueblo a la Constitución. La reforma constitucional de 1949 a la luz de las peticiones a la
asamblea constituyente, en Boletín de la Biblioteca del Congreso N° 132, Buenos Aires, 2020, pág. 9.
período. Se trató, en efecto, de una de las enmiendas propuestas por el
oficialismo, pero claramente no de la única”7
En cuanto al contenido de la Constitución de 1949 se nota un cambio en la lógica
de intervención del Estado en la economía e impuso una mirada completamente
diferente a la que había estado vigente hasta entonces y en diversos artículos
abordó la cuestión del funcionamiento del sistema económico.
“El paradigma liberal del Estado minimalista entró en crisis el 29 de octubre de
1929. El crack de la Bolsa neoyorkina provocó un derrumbe productivo, primero en
Estados Unidos, luego en el mundo entero” . . . “La respuesta que se impuso fue
una activa participación estatal para reactivar la actividad productiva. El programa
pionero fue el New Deal (Nuevo Trato) impulsado por Franklin Delano Roosevelt.
El New Deal inauguró una tendencia mundial caracterizada por un mayor peso y
diversificación de las funciones públicas. La publicación del célebre libro de John
Maynard Keynes (Teoría general del interés, la ocupación y el dinero) proporcionó
un fuerte sustento teórico a ese mayor activismo estatal”.8
El Estado reconfiguró su rol económico, fomento al sector industrial, asumió la
administración del comercio exterior y ejerció de manera directa determinadas
actividades productivas a partir de la creación de empresas públicas y la
nacionalización de los servicios públicos.
El capítulo IV de la Constitución de 1949, se titulaba “La función social de la
propiedad, el capital y la actividad económica”.
Art. 38.-La propiedad privada tiene una funciónn social y, en consecuencia, estará
sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien comúm.
Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e intervenir
con el objeto de desarrollar · e incrementar su rendimiento · en, interes de la
comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de
convertirse en propietario de la tierra que cultiva. La expropiaci6n por causa de
utilidad publica o interes general debe ser calificada por ley y previamente

7
Vita Leticia, La reforma negada: la interpretación de la doctrina constitucional argentina contemporánea
sobre la Constitución de 1949, en La Constitución maldita. Estudios sobre la reforma de 1949, Edunpaz,
2019, 1ª edición, pág. 35.
8
Ariel Lieutier y Diego Rubinzal, La economía política de la Constitución de 1949, en La Constitución
maldita. Estudios sobre la reforma de 1949, Edunpaz, 2019, 1ª edición, pág. 50.
indemnizada. Solo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el
articulo 4°. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invención o
descubrimiento por el termino que le acuerda la ley. La confiscación de bienes
queda abolida para siempre de la legislaci6n argentina. Ningun cuerpo armado
puede hacer requisiciones ni exigir auxilios de ninguna especie en tiempo de paz.
Por su parte, en el artículo 39 se establecía que “el capital debe estar al servicio
de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus
diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común
del pueblo argentino”.
Pero el el art. 40 el que define el rol que juega el estado en la economía, Art. 40. -
La organización de la riqueza y su explotación, tienen por fin el bienestar del
pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia
social. el estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar
determinada actividad, en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los
límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución.
salvo la importación y exportación, que estarán a cargo del estado de acuerdo con
las limitaciones y el régimen que se determine por ley, toda actividad económica
se organizará conforme a la libre iniciativa privada, siempre que no tenga por fin
ostensible o encubierto, dominar los mercados nacionales, eliminar la competencia
o aumentar usurariamente los beneficios.
Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de
gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales,
son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la
correspondiente participación en su producto, que se convendrá con las
provincias.
Los servicios públicos pertenecen originariamente al estado, y bajo ningún
concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se
hallaren en poder de particulares serán transferidos al estado, mediante compra o
expropiación con indemnización previa, cuando una ley nacional lo determine. el
precio por la expropiación de empresas concesionarias de servicios públicos será
el del costo de origen de los bienes afectados a la explotación, menos las sumas
que se hubieren amortizado durante el lapso cumplido desde el otorgamiento de la
concesión, y los excedentes sobre una ganancia razonable, que serán
considerados también como reintegración del capital invertido.
Producida la Revolución Libertadora, la Constitución del 49 continuó en vigencia
durante el breve Gobierno del General Lonardi, pero al producirse el relevo de
éste, triunfó la postura más extrema contra el peronismo y en Abril de 1956 el
presidente Aramburu derogó la Constitución vigente atribuyéndose un Poder
Constituyente revolucionario y declarando que su Gobierno se ajustaría a la
Constitución de 1853. Se producía la derogación de una Constitución Nacional por
un Gobierno de Facto.
Poco después, el mismo Gobierno volviendo a invocar sus poderes
revolucionarios, convocó en 1957 a una Convención Constituyente para
considerar reformar a la Constitución de 1853. La elección de los constituyentes
no contó con la participación del peronismo puesto que estaba proscripto y sus
simpatizantes votaron en blanco, resultando con el 24,3% del electorado, la
primera minoría. Tanto la forma empleada para derogar la Constitución del 49
como la validez de la nueva convocatoria fue cuestionada por la Unión Cívica
Radical Intransigente y otros partidos minoritarios, la mayor parte de los cuales se
retiraron de la Convención. Con frágil cuórum, la Asamblea ratificó la derogación
de la Constitución de 1949 y sancionó el Artículo 14 Bis en el cual se incluyeron
los derechos y las garantías sociales. También se atribuyó al Congreso Nacional
la facultad de dictar un código del trabajo y de la seguridad social.
f) La Enmienda de 1972
Cuando en 1971 el Presidente Lanusse encaró la reanudación de la actividad
política que se había suspendido con un nuevo Golpe de Estado en 1966, se
volvió a proyectarse una Reforma de facto en la parte orgánica de la Constitución
y así se designó una Comisión asesora integrada por juristas de diferentes
orientaciones. El Gobierno de Facto, asumiendo otra vez el Poder Constituyente
declaró la necesidad de la reforma y el 24 de Agosto de 1972 se introdujo lo que
se llamó una Enmienda Constitucional. Se dispuso unificar la duración de los
mandatos presidenciales, Gobernadores y Legisladores nacionales y provinciales
en cuatro años. El Presidente y los Senadores serían elegidos directamente (sin
Colegio Electoral) necesitando para los primeros la obtención de mayoría
absoluta. Se establecía un jurado especial para juzgar a los Jueces inferiores en
reemplazo del Juicio Político.
El Gobierno Militar dispuso que esta Reforma se aplicase hasta el 24 de Mayo de
1981 (O sea, durante los dos siguientes períodos presidenciales proyectados),
salvo que antes del 25 de Agosto de 1976 una Convención Constituyente no
incorporara esas disposiciones al texto, en cuyo caso esas disposiciones dejarían
de aplicarse el 24 de Mayo de 1977. Bajo estas reglas se realizaron las elecciones
de 1973 pero, debido a la nueva orientación y a la frágil situación institucional que
se produjo, no tuvo aplicación posterior.
g) Intentos de Reforma
Cuando regresó el peronismo al poder en 1973 no planteó volver a la Constitución
de 1949, aunque se intentaron implantar algunos principios. Hubo acuerdos entre
Perón y Ricardo Balbín (jefe del radicalismo) en establecer reformas que fueran
expresión de la unión nacional. Inclusive se designó una Comisión oficial y se
escucharon las opiniones de especialistas para encarar una Reforma
constitucional. Pero estos intentos se frustran ante la muerte de Perón y la
turbulenta vida política de entonces.
En 1976 se produce el último Golpe de Estado que destituye a María Estela
Martínez de Perón y que había reemplazado a su esposo. El régimen militar
declaró la sumisión de la Constitución a los fines revolucionarios. Cabe señalar
que los nuevos miembros de la Corte Suprema al asumir juraron por los objetivos
del Estatuto del Proceso y por la Constitución Nacional, sin subordinar ésta a
aquellos. Así, la Corte pudo sostener posteriormente que la Constitución estaba
vigente en su parte dogmática. En cambio, se dio una organización peculiar a los
Poderes Ejecutivo y Legislativo, adoptado al diseño militar de repartir el poder
entre las tres armas.
Con la llegada del proceso democrático en 1983, se revalorizó el texto
constitucional y así es que el candidato que triunfó en las elecciones de Octubre
de ese año, Raúl Alfonsín, solía recitar en los actos proselitistas parte del texto del
Preámbulo de la Constitución. Durante su Gobierno se constituyó el Consejo de
Consolidación para la Democracia con el objetivo de reformar la Carta Magna e,
inclusive, logró presentarse un proyecto que tenía como nota distintiva la adopción
de Instituciones semiparlamentarias con la finalidad de evitar el hiper
presidencialismo y atenuar las recurrentes crisis políticas. Pero ante el desgaste
político y económico del Gobierno de Alfonsín, el proyecto quedó en el olvido.
h) La Reforma de 1994
En 1993, el Presidente Carlos Menen, al no tener los dos tercios de votos en
ambas Cámaras del Congreso exigidos por el art. 30 de la Constitución para
declarar la necesidad de reforma, dictó el decreto 2181/93 por el que se
convocaba a una consulta popular voluntaria y no vinculante, para que la
ciudadanía expresase su opinión sobre el tema. La consulta no fue necesaria, ya
que el 14 de Diciembre de 1993 Menem y Alfonsín firmaron el llamado “Pacto de
Olivos”, según el cual los dos partidos mayoritarios (el Justicialismo y el
Radicalismo) acordaron las bases de convocatoria a la Reforma constitucional.
La Ley 24309 instrumentó ese llamado, distinguiendo dos áreas de reformas: la
primera, denominada “Núcleo de coincidencias básicas” reproducía los aspectos
esenciales del “Pacto de Olivos” y obligaba a la Convención Constituyente a
aprobar o desechar en bloque las enmiendas. El segundo tramo era de debate
libre, al estilo tradicional de las Convenciones argentinas.
Los convencionales constituyentes fueron elegidos el 10 de Abril de 1994,
iniciaron sus sesiones el 25 de Mayo y la culminaron el 22 de Agosto. Funcionó la
Convención en las Ciudades de Santa Fe y Paraná. El nuevo texto fue jurado el 24
de Agosto.
La Reforma fue amplia. En materia de derechos, añadió un nuevo capítulo (el
segundo) de la Primera Parte de la Constitución, con derechos y garantías de
aspecto político (resistencia a los Gobiernos de Facto, garantías al sufragio,
formación de partidos políticos, igualdad entre el hombre y la mujer, Iniciativa y
Consulta popular) y otros de garantía general, llamados de “Tercera generación”
que incluyen los derechos de los consumidores y usuarios y los de protección al
medio ambiente. En la Parte Segunda también surgen otros derechos, como los
relativos a los niños, madres, trabajadores, indígenas, etc. Dio rango constitucional
a los instrumentos del recurso de hábeas corpus, al amparo y al hábeas data e
incorporó algunos instrumentos internacionales.
Respecto a la estructura orgánica, estableció el Ministerio Público como ente
extrapoder; autorizó por un período la reelección presidencial reduciendo su
mandato a cuatro años; creó el jefe de Gabinete de Ministros (Una especie de
Ministerio coordinador; simplificó el trámite de elaboración de las leyes;
constitucionalizó el Defensor del Pueblo y la Auditoría General de la nación;
previó un tercer Senador por cada provincia y por la Ciudad de Buenos Aires;
estableció la elección popular de los Senadores; dio autonomía a los Municipios y
convocó a una Asamblea en la Ciudad de Buenos Aires para dictar su Estatuto
organizativo.
Sobre el Poder Judicial, la Reforma quita a la Corte Suprema el Gobierno del
Poder Judicial y se lo otorga al Consejo de la Magistratura, a quién le toca
administrar el ámbito judicial, ejercer funciones disciplinarias sobre los jueces,
realizar concursos para su preselección y elaborar ternas de candidatos para su
posterior remisión al Poder Ejecutivo (los Jueces de la Corte Suprema conservan
el mismo régimen de nominación).
Sobre las Provincias se estableció la posibilidad de crear regiones económicas y
se constitucionaliza el sistema de coparticipación impositiva.
La amplitud de la Reforma y el hecho de haber aprobado la Convención un texto
ordenado nuevo, con distinta numeración que el anterior, trajo la duda de si se
estaba ante una Reforma o una nueva Constitución. Algunas de las cláusulas
transitorias aprobadas se referían, en efecto, a “esta Constitución” como si fuese
una distinta de la anterior. Pero otras cláusulas emplearon la palabra “reforma”, y
así fue jurada.
8. DESARROLLO POLITICO

A) PRIMER PRESIDENCIA DE ROCA

Bien puede darse este nombre al período histórico que va desde 1880 hasta 1904,
pues comienza y concluye con las dos presidencias de Julio Roca. Venía
precedido de la famosa campaña al desierto de 1879-80 que llegó hasta el Rio
Negro, siendo Ministro de Guerra de Avellaneda.
Roca obtuvo la presidencia de 1880, apoyado por el partido Autonomista Nacional.
Su ascenso al poder coincide en la derrota del movimiento encabezado por Carlos
Tejedor y de la posterior federalización de Buenos Aires.
Prevaleció una política de paz y desarrollo económico. Desaparecieron la acción
de los montoneros y las sediciones locales. Se afianzó la autoridad de gobierno
central y la división entre porteños y provincianos se fue atenuando. El partido
Autonomista Nacional alcanzó una gravitación decisiva, sin que por ello
desaparecieran los grupos liberales. Pero todos los grupos políticos respetaron la
Constitución y las leyes fundamentales del país. Las autoridades de
la Nación tenían su asiento definitivo en Buenos Aires y se había eliminado el
largo conflicto del establecimiento de la Capital Federal.
Roca sintetizó su programa de Gobierno bajo el lema “paz y
administración”. Las únicas campañas militares que se efectuaron contra los indios
de la Patagonia y el Chaco, completando la campaña de 1879.
En cuanto a lo económico, aumentó el comercio exterior y los ferrocarriles
duplicaron la extensión de sus líneas y esto favoreció el desarrollo industrial. Los
países europeos buscaron materias primas y esto favoreció la radicación de
Capitales extranjeros. La colonización de tierras fue promovida con la llegada
de más de 500.000 inmigrantes. En 1881 se dispuso la unificación monetaria
poniendo orden en los medios de pago.
En octubre de 1884, el Congreso sancionó la ley 1565 de Registro Civil, por la cual
oficinas del Estado se encargarían de registrar nacimientos, matrimonios y
defunciones. Esta disposición rigió para la Capital Federal, aunque después las
Provincias también legislaron al respecto. Hasta ese entonces era la Iglesia
Católica la encargada de registrar estos datos. En nuestro país, no solo durante
el periodo hispánico sino también en la época independiente, las autoridades
eclesiásticas fueron las encargadas de dejar constancia en los libros parroquiales
del Estado civil de las personas y los documentos así extendidos tenían fuerza
legal ante el Estado.
En materia educativa, se resolvió promover la enseñanza elemental, suprimir los
castigos corporales y establecer la escuela mixta, de acuerdo con estos principios
y bajo la inspiración del Ministro Eduardo Wilde, las Cámaras Legislativas se
ocuparon de sancionar una ley de educación común. El laicismo en la enseñanza
dio origen a intensos y memorables debates de carácter doctrinarios. La contienda
ideológica trascendió al periodismo y a las tribunas públicas.
Finalmente el Congreso sancionó la ley 1420 que estableció la enseñanza
elemental obligatoria, gratuita y laica. Se permitía la enseñanza religiosa, pero
fuera del horario escolar y no como materia de programa.
Además creaba el Consejo Nacional de educación primaria.
La Universidad fue nacionalizada luego de la federalización de Buenos Aires y por
ley del año 1885 (llamada “ley de Avellaneda” en homenaje a su inspirador) la alta
casa de estudios se rigió bajo un sistema autónomo.
También se organizaron los territorios nacionales creando en ellos nueve
gobernaciones según la ley 1532 del año 1884, además de reglamentar los
derechos de los pobladores.
Existía un problema limítrofe con Chile, debido al establecimiento de una línea de
navegación entre Buenos Aires y la costa patagónica. El problema agitó a la
opinión pública. Finalmente, y con la mediación del embajador norteamericano,
se llegó a un acuerdo de 1881.
Según el tratado, el límite entre ambos países en las regiones australes seria la
línea de las altas cumbres de la cordillera de los Andes hasta el paralelo 52 de
latitud sur. Sobre el último, la línea continuaría hasta la naciente del Rio Chico,
para luego torcer al 50 en dirección al Atlántico y finalizar en Punta Dungeness. El
Estrecho de Magallanes continuaría en poder de Chile y con respecto a Tierra del
Fuego. La línea limítrofe se extendería de Norte a Sur desde el cabo Espíritu
Santo hasta el canal de Beagle.

B) PRESIDENCIA DE JUÁREZ CELMAN

Para designar al sucesor de Roca, tres candidatos se disputaban el poder:


Bernardo de Irigoyen, Manuel Ocampo y Miguel Juárez Celman. Este último era
senador y estaba emparentado a Roca y que lo apoyaba junto con la mayor parte
de los gobernadores provinciales
Las elecciones se efectuaron con normalidad y practicado el escrutinio resultó
electo Juárez Celman, quien asumió el 12 de Octubre de 1886, la acompañaba
como vicepresidente Carlos Pellegrini.
En ese momento, el país disfrutaba de una aparente prosperidad económica,
debido al desarrollo material y el aumento del circulante sin control y esto
presagiaba una grave crisis.
En el aspecto político, los partidos políticos opositores habían desaparecido y solo
actuaban el oficialismo. Juárez Celman, que sostenía principios liberales, ejercía el
poder como caudillo del partido Autonomista Nacional, rodeado por un grupo de
jóvenes políticos organizados en lo que se llamó el “unicato” por qué obedecían el
único jefe. Los gobernadores de las provincias, con tal de evitar las intervenciones,
también brindaron su apoyo incondicional.
En los dos primeros años de su mandato, Juárez Celman se dedicó con franco
optimismo a promover el progreso, la riqueza y la inmigración. El
ferrocarril unió las principales ciudades del interior, hubo adelantos agrícolas-
ganaderos y siguió el aumento de inmigrantes y también se incrementó la llegada
de capitales extranjeros.
En Noviembre de 1888 se sancionó la ley 2393 de Matrimonio Civil, por la cual el
casamiento quedaba secularizado como un contrato de vida civil
En su afán de progreso, el Gobierno se dejó llevar por el espíritu de la época.
Otorgó concesiones y firmó nuevos empréstitos con los capitales extranjeros, los
que pasaron a controlar los ferrocarriles, puertos, algunos servicios públicos y
acapararon tierras para especular. A esta situación se sumaron las emisiones de
papel moneda sin respaldo legal.
Entre el pueblo cundió la fiebre del dinero y de la especulación, el desenfreno por
los negocios de ganancia segura y el afán de enriquecimiento a través de las
cotizaciones de la Bolsa de comercio (basadas en promesas y papeles carentes
de valor)
En 1889, la inflación y el agio llegaron a un grado alarmante. Los gastos
desproporcionados de la administración pública eran muy superiores a las rentas
del país, mientras el comercio exterior arrojaba un saldo negativo.
Cada día se hizo más numerosa la oposición, la que culpaba al Gobierno de
haber llevado al país a un estado de quiebra. La impopularidad contra el
oficialismo aumentó cuando trascendió los rumores sobre la próxima candidatura a
la presidencia del Dr. Ramón Cárcano, íntimo amigo del presidente.
El primero de septiembre de 1889, los opositores al Gobierno se reunieron en el
jardín Florida (era el salón de diversiones con aspecto de teatro, ubicado en la
calle Florida, entre la Avenida Córdoba y Paraguay) en un motín cívico al que
asistieron figuras como Leandro Alem, Pedro Goyena, Aristóbulo del Valle,
Bernardo de Irigoyen.
El acto terminó en la aprobación del estatuto de un nuevo partido político
denominado “Unión Cívica de la Juventud” cuyos propósitos eran la lucha por la
pureza del sufragio, las libertades políticas y la moral administrativa. La nueva
fuerza formó comités populares y se extendió por todo Buenos Aires y así también
en el interior del país.
El 13 de Abril de 1890 se celebró un nuevo mitin. En el Frontón Buenos Aires
(cancha de pelota ubicada en la Avenida Córdoba 1130). En medio de un gran
entusiasmo se declaró fundada la Unión Cívica, bajo la presidencia de
Leandro Alem.
La asamblea del Frontón de Buenos Aires tuvo gran efecto político. Los
candidatos cercanos, Pellegrini y Roca, manifestaron públicamente que no
aceptaban la precandidatura a la presidencia. Por su
parte, Juárez Calman renovó su equipo ministerial para despertar la
confianza pública, pero nada pudo impedir el estallido de un movimiento
revolucionario que incubaban varios jefes militares (constituidos en logia) y civiles
de la Unión Cívica. Se reunían en la casa del subteniente José Félix Uriburu,
inclusive se ensayó la formación de un Gobierno revolucionario presidido
por Alem
En la madrugada del 26 de julio de 1890 comenzaron los movimientos
insurreccionales. Juárez Celman partió en tren hacia Rosario para preservarse.
Luego de tres días de tensión, el Gobierno logró sofocar el movimiento
revolucionario y no tomó represalias contra ellos. Aunque sofocada la revolución
desde el punto de vista militar, el ambiente de intranquilidad presagiaba nuevos
sucesos. El Congreso (que respondía al jefe de Estado) no celebró el triunfo y en
el recinto de las sesiones, el senador Manuel Pizarro pronunció una frase muy
elocuente “la Revolución ha sido vencida, pero el Gobierno está muerto”
Sin apoyo político ni popularidad que lo respalde, Juárez Celman presentó su
renuncia, la que fue aceptada por el Congreso el 6 de Agosto de 1890.

C) PRESIDENCIA DE PELLEGRINI

Después de la renuncia de Juárez Celman, el Vicepresidente Carlos Pellegrini


asumió la primera magistratura. El país atravesaba un período de grandes
dificultades por la crisis económica y financiera.
Guiado por fines conciliatorios, integró su ministerio con figuras pertenecientes a
diversas tendencias políticas aunque prevalecieron las directivas del partido
Autonomista cuya jefatura volvió a ocupar su Ministro Roca.
El país debía responder a las deudas contraídas con el extranjero por sumas muy
elevadas, pero las arcas estaban vacías y los bancos oficiales en quiebra.
Pellegrini obtuvo de capitalistas y hombres de negocios la suscripción de un
empréstito interno y en Diciembre de 1891 se inauguró el Banco de la Nación
Argentina, con un capital mixto de cincuenta millones de pesos. También fue
creada la Caja de Conversión, a fin de sanear el valor de la moneda.
La situación imperante obligo al Gobierno a suprimir los gastos considerados
innecesarios, las obras públicas y aplicaron la ley que creó los impuestos internos.
Se recuperó la empresa de Obras sanitarias y más de tres mil leguas de tierras
entregadas al lucro de las especulaciones. También se renegociaron los créditos
con Inglaterra.
La inquietud política continúo bajo la presidencia de Pellegrini. Los opositores de
la unión Cívica sostenían los principios de la Revolución del 90 y culpaban al
Gobierno de continuar con la línea política de Juárez Celman.
En enero de 1891, la Unión Cívica reunía una Convención Nacional en Rosario y
con espíritu conciliador proclamó la formula Mitre – Irigoyen para el período de
1892-1898
Pellegrini y el jefe del Autonomismo, que era el General Roca, llegaron a un
acuerdo con Mitre, por el cual este acepto remplazar a Irigoyen por el
autonomista José Evaristo Uriburu.
El acuerdo produjo una gran conmoción política. Casi de inmediato la unión
Cívica se dividió: los aprobaron el acuerdo integraron la Unión Cívica Nacional
(roquistas, mitristas y pellegrinistas) y los disidentes que decidieron agruparse en
la Unión Cívica Radical. Estos últimos propiciaron la formula Irigoyen – Juan M
Gorro. Sus adversarios insistieron en la formula Mitre – Uriburu. Luego, Mitre
renuncio a la formula.
Desbaratada la fórmula de la Unión Cívica Nacional se constituyó una corriente
política llamada “modernista” que sostiene la candidatura de Roque Sáenz Peña.
Pero como éste era adversario de Roca,
se decidió anularlo hábilmente proponiendo al padre del candidato, el doctor Luis
Sáenz Peña, quien aceptó. Su hijo Roque debió naturalmente renunciar a la
candidatura.

D) PRESIDENCIA DE LUIS SÁENZ PEÑA

Las elecciones para la renovación presidencial se efectuaron en medio de una


enconada lucha política que concluyó con el triunfo de la fórmula acuerdista De
Luis Sáenz Peña – José Evaristo Uriburu y que asumieron el poder el 12 de
Octubre de 1892
El Presidente tenía intachables antecedentes pero tuvo que ceder ante la presión
de los intereses en pugna por lo que debió cambiar con frecuencia sus Ministros.
A pesar de todo, el Presidente condujo con habilidad las finanzas cuya situación
trato de regularizar – extendió las vías férreas, fomento la inmigración y algunas
obras publicas
Sáenz peña carecía de partido propio y para apaciguar los ánimos trató de seguir
una actitud neutral en medio de la disputa entre los “acuerdistas” del P.A.N. y de
los radicales.
Ante el empeoramiento de la situación, el Presidente confió la reorganización del
Gabinete al Dr. Aristóbulo del Valle, miembro de la Unión Cívica Radical. Este
puso en práctica un plan tendiente a la planificación, pero la Revolución radical ya
estaba en marcha y el 30 de Julio de 1893 comenzó el movimiento revolucionario
encabezado por el jefe radical Hipólito Irigoyen. El movimiento revolucionario se
hizo cargo de la Provincia de Buenos Aires, al entrar en la ciudad de La Plata en
medio del entusiasmo popular.
El Gobierno, siguiendo directivas de Pellegrini y de Roca, aprobó la intervención a
la provincia, medida que fue sancionada por el Congreso Nacional.
Por su parte, Aristóbulo del Valle fue invitado a plegarse a los revolucionarios,
pero no acepto participar en una revolución contra el Gobierno contra el que
formaba parte. Optó por presentar la renuncia, actitud que fue imitada por el resto
de los Ministerios.
Sáenz Peña confió la cartera Interior al Dr. Manuel Quintana quien asumió el
cargo procediendo con energía inflexible.
Ya en Octubre, el territorio quedo políticamente calmado. Sin embargo, la
intranquilidad pública continuaba y se seguía hostilizando al primer magistrado.
Las cámaras dispusieron por ley la amnistía, beneficiando a los revolucionarios del
93. Como el Presidente se opuso, la oposición aumento y los Ministros
renunciaron todos y ya no se pudo formar un nuevo Gabinete. Ante
este último hecho, Sáenz Peña presentó su dimisión el 23 de Enero de 1895
E) PRESIDENCIA DE JOSÉ URIBURU

Luego de la renuncia de Sáenz Peña, completo el período el


Vicepresidente José Evaristo Uriburu.
El nuevo mandatario restableció la autoridad presidencial y consiguió la anhelada
pacificación del país, con medio de un proyecto de amnistía general, que fue
aprobado por las Cámaras.
Uriburu integró su Ministerio con miembros del roquismo (pertenecientes al
P.A.N.) y del mitrismo (Unión Cívica Nacional). Los radicales pierden a dos figuras
principales: a comienzos de 1896 fallece Aristóbulo del Valle y en Julio de ese año
se suicida Leandro Alem.
Durante esta presidencia cesa la crisis económica y financiera,
la balanza comercial exterior arrojo un saldo favorable y en el mes de mayo de
1895 se acentuó el segundo censo Nacional, cuya cifra se indicó una población
de unos 4.000.000 de habitantes.
En materia educativa fueron inaugurados los edificios de la Facultad de Medicina y
del Museo de Bellas Artes. En 1898 abrió sus puertas la primera escuela industrial
bajo la dirección del Ingeniero Otto Krause.

F) SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA

Después de su primer mandato, el general Julio Roca mantuvo su prestigio político


siendo presidente del Senado. Próximo a concluir el mandato de Uriburu, el
partido Autonomista Nacional sostuvo la candidatura del general Roca para dirigir
los destinos del país.
Las elecciones se efectuaron en un ambiente de normalidad y luego de practicado
el escrutinio definitivo, el Congreso reunido en asamblea proclamó vencedora a la
fórmula encabezada por Roca acompañado por el Dr. Norberto Quirno Costa.
Para el cargo de vicepresidente. El 12 de Octubre de 1898 tomaron posesión de
los cargos. El Presidente elevó a ocho el número de Ministros, de acuerdo con
lo dispuesto por la Convención reformada de la Constitución de ese año.
En el aspecto económico y durante los seis años de esta presidencia, prosperó el
comercio y la industria.
Las finanzas arrojaron un déficit elevado debido a los preparativos bélicos y a las
mejoras introducidas en los servicios públicos.
Fue sancionada la ley de la conversión de la moneda, por la cual el valor del peso
papel se fijó en cuarenta y cuatro centavos oro.
También se impulsó la obra pública con la construcción de los puertos de
Concepción del Uruguay, Rosario y Paraná. Se trabajó sobre la irrigación en el
interior del país y se volvieron a prolongar las vías férreas y la extensión de agua
corriente en Buenos Aires.
El Ministro de Guerra General Pablo Ricchieri fue el propulsor de la ley de servicio
militar obligatorio sancionada en diciembre de 1901, que establecía conscripción
anual por sorteo, de los ciudadanos con 20 años de edad, salvo algunas
excepciones.
Las cuestiones obreras provocadas por los bajos salarios y las malas condiciones
de vida dieron origen a fines de 1902 a numerosas huelgas que amenazaron la
tranquilidad pública.
Bajo la influencia de doctrinas socialistas y anarquistas, los trabajadores se
agruparon en sindicatos y provocaron frecuentes disturbios. Esta situación motivó
la sanción de la ley de residencia, la que permitía expulsar del país a los
extranjeros perturbadores.
En marzo de 1904 el Dr. Joaquín V. González envió al Congreso un proyecto de
legislación de trabajo, que fue el comienzo de visibles mejoras para la clase
obrera
G) LA PRESIDENCIA DE QUINTANA Y DE FIGUEROA ALCORTA

Los hechos

Cuando la segunda presidencia de Roca llegaba a su fin, la influencia política del


presidente había declinado y su partido Autonomista Nacional se encontraba
dividido y disperso. A falta de figuras e ideales, el electorado no demostraba
interés por la política interna. Por su parte, la Unión Cívica Radical permanecía en
abstención revolucionaria.
Esta situación motivó que un grupo de autonomistas reuniera una “convención de
notables” a fin de elegir candidato a la presidencia. La asamblea contó con el
apoyo de los gobernadores de las provincias y eligió la fórmula Manuel Quintana-
José Figueroa Alcorta. Efectuadas las elecciones y practicado el escrutinio, los
últimos obtuvieron mayoría y se hicieron cargo del poder el 12 de Octubre de
1904.
El Dr. Quintana asumió la presidencia a los ochenta años. Era un hombre de
rectas convicciones y no representaba realmente a una agrupación política
determinada. De inmediato debió enfrentar las perturbaciones de la clase obrera,
debidas a los problemas sociales.
El partido Radical, organizado y dirigido por H. Yrigoyen, incubaba una Revolución
desde tiempo atrás con la finalidad de terminar con el sistema político imperante.
Finalmente el 4 de Febrero de 1905 estalló un movimiento armado en la Capital
Federal y simultáneamente en Mendoza, Córdoba y Santa Fe. El alzamiento fue
reprimido con rapidez en Buenos Aires y con mayor resistencia en las Provincias.
El intento Radical fracasó pero el caudillo siguió aconsejando en la necesidad de
continuar con la lucha.
A pesar de la agitación política, la economía siguió mejorando, aumentó el
intercambio con el extranjero, se extendió el área de los cultivos, siguieron
prolongándose las líneas férreas y volvió a superarse las cifras anteriores en
cuanto a inmigrantes.
El Dr. Quintana se enfermó gravemente y falleció el 12 de Marzo de 1906. Asumió
el Vicepresidente, el Dr. Figueroa Alcorta. Tenía cuarenta y cinco años de edad
cuando se hizo cargo de la presidencia.
Este Presidente trató de desligarse de toda influencia partidista y al fallecer
Pellegrini, su Gobierno ya no tuvo el apoyo del autonomismo. Entre los opositores
se contaban a los miembros del Congreso Nacional, a los Gobiernos provinciales y
a los diarios más importantes. La Unión Cívica Radical se mantuvo en su más
absoluta intransigencia.
En Septiembre de 1907, el Congreso concluyó sus sesiones sin aprobar el
presupuesto para el año siguiente, lo que implicaba no pagar las deudas
contraídas y afectaba cumplir con la administración pública. Convocó a sesiones
extraordinarias, pero las Cámaras no sancionaron los proyectos sometidos a su
consideración, por lo cual el Presidente cerró el Congreso en Enero de 1908 con
ayuda policial. Esta medida contó con el apoyo de la opinión pública.

Agitaciones políticas y sociales

A comienzos de 1909, los conflictos obreros se agudizaron a causa de los bajos


salarios y de las precarias condiciones en las que vivían los trabajadores. Las
ideas anarquistas introducidas por agitadores italianos, crearon un clima de
violencia, lo que hizo pasar momentos angustiosos a la población de Buenos
Aires. Esto provocó una enérgica represión policial que sólo sirvió para recrudecer
los actos de terrorismo.
A pesar de esta situación, el país continuó por la senda del progreso material
usufructuando el saldo beneficioso que producían las cosechas. Esto permitió el
solemne festejo del Primer Centenario de la Revolución de Mayo.
Cuando se aproximó la fecha en que debía renovarse el gobierno, una coalición
ocasional de partidos –sin la participación del radicalismo- proclamó la candidatura
del Dr. Roque Sáenz Peña.
H) PRESIDENCIA DE ROQUE SÁENZ PEÑA

La Ley Electoral Nº 8871

Efectuadas las elecciones presidenciales para suceder a Figueroa Alcorta, triunfó


sin mayor oposición el Dr. Roque Sáenz Peña, acompañado en la fórmula por el
Dr. Victorino de la Plaza. Asumieron el 12 de Octubre de 1910.
El nuevo Presidente era un verdadero estadista, un gran diplomático y un
destacado jurisconsulto, quien se propuso reformar el sistema imperante a fin de
garantizar la libre expresión del pueblo en las luchas cívicas. Sáenz Peña había
prometido a Hipólito Yrigoyen entregar al país una ley electoral, en dos reuniones
previas que tuvo antes de asumir.
El presidente y su ministro del Interior, el Dr. Indalecio Gómez, trabajaron y
enviaron a las cámaras un proyecto de reforma electoral que originó largos
debates por la resistencia de los grupos políticos. Por último, la ley Nº 8871 fue
aprobada bajo el nombre de “Ley Nacional de Elecciones”.
Esta ley, conocida como “Ley Sáenz Peña” tenía las siguientes características
principales:
a. Padrón electoral: los organismos militares remitirían al Ministerio del
Interior la lista de enrolados, con los cuales debía formarse el padrón o
nómina de doscientos ciudadanos, sobre la base de la proximidad de su
domicilio. Antes de cada elección, el padrón sería depurado, es decir,
eliminados, los fallecidos, los acusados por delitos, etc.
b. Sufragio universal, individual y obligatorio: podrían emitir su voto todos
los ciudadanos (nativos o naturalizados) desde los 18 años de edad. El
voto era individual, no pudiendo efectuarse por grupos, por poder o por
correspondencia. Un hombre, un voto.
El elector debía declarar su identidad ante la mesa receptora, mediante la
presentación de la libreta de enrolamiento que tenía fotografía, impresión digital y
datos personales.
El sufragio era obligatorio hasta los 70 años de edad. Esta disposición se refería a
la concurrencia al comicio. El elector estaba obligado a votar, pero si deseaba
abstenerse de elegir candidatos podía “votar en blanco”, es decir, introducir en la
urna el sobre vacío o con un papel en blanco.
c. Voto secreto y libre: el elector no podrá dar a conocer (en el acto
comicial) sus preferencias por determinado partido o candidato, ni
exhibir distintivos políticos. El voto era libre por cuanto el ciudadano lo
depositaba dentro de la urna en el cuarto oscuro y la ley garantizaba
librarlo de cualquier coacción física o moral.
d. Sistema de lista incompleta: Con este procedimiento, se permitía la
representación de la minoría opositora, ya que el partido triunfante
obtenía los dos tercios de las bancas legislativas y el tercio restante era
para el segundo partido en los cómputos.
Promulgada la Ley Electoral fue puesta en vigor por primera vez en la Provincia de
Santa Fe para renovar los cargos de Gobernador y Vice. Finalmente, el partido
Radical abandonó su abstención revolucionaria y participó en esos comicios,
donde logró imponerse.

La obra de gobierno

Además de la promulgación de la Ley Electoral, se dispuso realizar en junio de


1914 el tercer censo nacional que indicó un total de 7.800.000 habitantes, de los
cuales 1.500.000 se concentraban en la Capital Federal.
En otro orden de cosas, fue mejorada la instrucción pública; las líneas férreas
aumentaron su extensión y nuevos contingentes de inmigrantes llegaron al país.
En el orden militar, se realizaron las primeras grandes maniobras en la Provincia
de Entre Ríos y en cuanto a las Relaciones Exteriores se solucionaron los últimos
problemas con Brasil.
La salud de Sáenz Peña sufrió alternativas desfavorables, lo que lo obligó a pedir
licencia. El mal que le aquejaba hizo crisis y, finalmente, falleció el 9 de agosto de
1914.
Los partidos políticos antes y después de 1912

Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio


político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y
antirrosistas, respectivamente.
Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología
federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños, quienes bajo la dirección de
Valentín Alsina defendieron la primacía de Buenos Aires.
El acuerdo de San Nicolás, y su rechazo por Buenos Aires, dividió la opinión
pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista
(recordemos que los federales también contaron con un núcleo adicto en Buenos
Aires).
Durante la presidencia de Mitre, surgió el partido Nacionalista, encabezado por el
primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus
opositores, acaudillados por Adolfo Alsina defendían el Autonomismo porteño y
constituyeron el partido Autonomista.
Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de
Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las
Provincias y lo llevó al poder. De acuerdo a la política conciliadora de Avellaneda,
el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina y así surgió el
Partido Autonomista Nacional (P.A.N.) y que fue el partido oficialista que gobernó
hasta el año 1916.
Una fracción del Autonomismo, encabezado por Leandro N. Alem y Aristóbulo del
Valle no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.
El P.A.N llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato de este
último y debido a los problemas económicos y políticos, surgió un nuevo partido
opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamado más tarde (luego del mitin
realizado en el Frontón Buenos Aires) Unión Cívica.
Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió debido al acuerdo
que culminó con la candidatura de Mitre. Los que aprobaron ese acuerdo formaron
la Unión Cívica Nacional y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un
nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La
nueva agrupación (hasta la sanción de la “Ley Sáenz Peña”) adoptó una actitud
revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.
Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía
política y amparada en la libertad de sufragio, concurrió en gran cantidad a los
comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales y
abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes.
Los principales partidos de esa época eran los siguientes:
1)Partido Conservador: tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista
Nacional, cuyos candidatos gobernaron durante muchos años en nuestro
país. De tendencia derechista significó la expresión de una minoría culta,
de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional
existente.
2)Unión Cívica Radical: surgió de la fracción disidente que no aceptó el
acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. Este partido
actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde
reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con
gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido
censuró la violencia electoral y bregó por la libertad de expresión. Sus
dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido,
un movimiento de opinión nacional.
3)El Partido Socialista: las ideas sociales que agitaban las masas
proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a
nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. Así,
en 1894 se constituyó el Partido Socialista. Tuvo como órgano de
expresión el periódico “La Vanguardia” dirigido por el médico Juan B.
Justo. En forma paralela, también se organizaron los anarquistas, de
ideas más extremas. En esa época, estos movimientos no excedieron los
límites de la populosa Ciudad de Buenos Aires. En 1904, gracias al
sistema de circunscripciones uninominales (que tuvo vigencia apenas tres
años) el Partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al
barrio de la Boca y llevó al Congreso Nacional a su primer diputado, el
abogado Alfredo L. Palacios.
4)Partido Demócrata Progresista: fundado en el año 1914 por el Dr.
Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la
Ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal,
de carácter izquierdista.
I) LOS GOBIERNOS RADICALES

La nueva ley electoral llevó al poder a la Unión Cívica Radical y a su máximo


dirigente Hipólito Yrigoyen. Fue un cambio importante en la vida política del país,
porque el radicalismo representaba una posición opuesta al régimen que lo había
precedido y no quería identificarse con la “oligarquía” hasta entonces gobernante.
En líneas generales, todas las administraciones radicales (1916-1930)
mantuvieran el esquema económico, productivo y financiero heredado de los
gobiernos conservadores. La matriz de dicho esquema, que reconocía sus
orígenes en la gestión de B. Mitre al frente del gobierno nacional, era la propia de
un país agroexportador y consumidor de productos manufacturados que debían
importarse, generalmente de la misma metrópoli económica, la que asumía así el
dominante doble papel de cliente principal y proveedor.
A la dependencia causada por este esquema comercial, deben sumarse la
generada por las cuantiosas inversiones británicas sobre todo en el área de los
ferrocarriles, y la proveniente del endeudamiento crónico que hacía sufrir una
sangría constante de divisas que se enviaban en concepto de servicios de la
deuda (además de las remesas de ganancias que las empresas privadas enviaban
a sus casas centrales).
Así y todo, el radicalismo yrigoyenista supuso una experiencia novedosa al
plantear severos límites en algunos campos como el del petróleo, con su
proyectada nacionalización y monopolio estatal en manos de Y.P.F.
Yrigoyen era poseedor de un singular poder de atracción personal y convencido
de que estaba llamado a cumplir una misión providencial, carecía sin embargo de
la capacidad de un gobernante experimentado y no supo rodearse de quienes
podían suplir esa falta.
El partido Radical, además, reunía a grupos heterogéneos que no tenían unidad
de pensamiento. Era un partido sometido a una conducción personalista y
dominante. Sus ideales se agotaban en la defensa de la democracia, pero no
abarcaba en la consideración orgánica de los demás problemas nacionales.
Yrigoyen se limitó a usufructuar el poder, ya por medios legales, ya utilizando otros
procedimientos menos comunes como son las intervenciones federales a las
provincias y así uniformar la vida política del país. Además el aumento del aparato
burocrático fue una herramienta de acción electoralista.
El presidente radical no hizo ninguna tentativa organizada para modificar las
instituciones fundamentales de la República ni sus estructuras sociales y
económicas. Su gobierno no se destacó por la sanción de leyes o decretos
importantes, aunque sí puede señalarse una tendencia a acentuar el
nacionalismo, sostuvo la neutralidad argentina frente a la guerra europea y cierta
preocupación por el bienestar de las clases trabajadoras.
Su sucesor, Marcelo T. de Alvear, trató de apartarse de la influencia del jefe del
partido y de gobernar con elementos más capaces, pertenecientes a las clases
más elevadas. Se produjo una división en la Unión Cívica Radical en
“personalistas” que siguieron a Yrigoyen y los “antipersonalistas” que más tarde se
aliaron con grupos conservadores.
En 1928 los primeros lograron llevar nuevamente al poder a su viejo caudillo. Sin
embargo su Gobierno no fue eficaz, ya que el Presidente de preocupó más por
cuestiones electorales que por solucionar cuestiones gubernamentales, que se
agravaron por la crisis mundial de 1929 y que el Ejecutivo no supo afrontar. La
revuelta armada del 6 de septiembre de 1930 lo desalojó fácilmente del poder.
En el orden jurídico aparece en este período una nueva rama del Derecho. Desde
1905 se van sancionando leyes protectoras de los trabajadores y otras que
organizaron el sistema previsional. Este Derecho se inspiraba en las orientaciones
socialistas y de la Doctrina Social de la Iglesia.
Fuera de estas creaciones, la estructura jurídica se mantuvo sin variantes de
destacar. La ley de Elecciones Nacionales de 1912 y el nuevo Código Penal de
1921 fueron las sanciones más importantes del Congreso.
En el sistema constitucional (especialmente en las presidencias de Yrigoyen) se
acentuaron el centralismo y la personificación del Poder, y esto se demostró con
las intervenciones federales para mantener el predominio político y,
consecuentemente, destruyendo las autonomías provinciales, El electoralismo
subordinó al Gobierno a las exigencias de los partidos, instauró una burocracia
cada vez más frondosa e inoperante. Se reducía la capacidad de los legisladores,
elegidos más por su aptitud política que por su idoneidad para el Gobierno.
La vida política mantuvo una apariencia normal pero no fue del todo correcta en
relación a la propaganda anterior hecha por el radicalismo, ya que el fraude
electoral nunca desapareció totalmente y en ocasiones hubo situaciones de
violencia.
En cuanto a los grupos políticos, además de los dos radicalismos (separados
desde 1924), continuaron existiendo algunos partidos conocidos bajo el nombre
genérico de conservadores, los cuales gobernaron varias provincias, a pesar del
empeño de los “personalistas”. El partido Socialista alcanzó prestigio e importancia
en la Capital Federal, a la par que el partido Demócrata Progresista tuvo en Santa
Fe su baluarte. Pero no todos los grupos supieron defender con eficacia la
vigencia del orden constitucional ni se preocuparon de llevar a las Cámaras
Legislativas personalidades destacadas. Esto contribuyó al descenso cultural,
agravado por las tendencias autoritarias que florecían en Europa y que empezaron
a encontrar eco en el país.
Había también corrientes anarquistas, sindicalistas y comunistas que no se
sometían a la legalidad y que provocaron violentas huelgas como la de 1919.
Estos movimientos también influyeron en las universidades, destacando la llamada
“reforma universitaria”, tendiente a incluir la participación de los estudiantes en el
gobierno universitario, la docencia libre y la autonomía académica. También
penetró el electoralismo y las luchas políticas en los claustros, siendo esto un
fenómeno totalmente nuevo.

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