Tema
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Platón
(427-347 a.C.)
I. VIDA Y OBRA
Nace y muere en Atenas. Su nombre era Aristocles, pero se le conoce por el apodo de Platón
(que significa ‘el de anchas espaldas’). Perteneció a una familia aristocrática y recibió una
buena formación con el fin de prepararle para la vida política a la que parecía estar destinado.
Durante la vida de Platón muchas fueron las vicisitudes políticas y los cambios de gobierno
en Atenas. Nace el año que muere Pericles, lo que significa que conoce la época de pérdida
de esplendor de Atenas y el desvanecimiento del espíritu democrático, la libertad y apertura
de pensamiento que caracterizaron su época de máximo esplendor intelectual y artístico.
Platón vive la experiencia decepcionante de los demagogos y, tras la guerra del Peloponeso,
el gobierno de terror de los Treinta Tiranos. La democracia se restauró como sistema de
gobierno en Atenas, pero nunca sería la que fue. El resentimiento provocado por la división
social entre los aristócratas y el resto de ciudadanos llevó a que se viviera la vida política
como una cuestión de ambición personal. El individualismo y la búsqueda del interés propio
fue imponiéndose en la conciencia de los atenienses frente a la búsqueda del bien común, y
la democracia fue derivando hacia esa "demagogia" en la que la justicia se entendía como lo
que convenía al poder, que estaba en manos del más fuerte. Todo ello junto a la crisis
económica que azota todo el siglo IV a.C. (falta de cultivos, descenso del comercio y sangría
económica producida por los gastos militares). Esta crisis acrecentó las diferencias sociales y
generó el caldo de cultivo para que surgieran conflictos entre la población. El resultado es la
degeneración de la democracia que le tocó vivir a Platón.
Historia de la Filosofía | 2º Bachillerato Platón | 2
Un hecho que marca la vida de Platón como ningún otro a la hora de decidirse a dedicarse a
la filosofía y dejar de lado sus aspiraciones políticas en Atenas fue la muerte de su maestro
Sócrates, condenado a muerte por impiedad. Tras esa experiencia Platón desconfía de la
reforma moral de los hombres que defendía su maestro a través del cultivo de la razón. Platón
defiende que sean los verdaderos sabios quienes dirijan la ciudad. Sus intentos de llevar a
cabo (en Siracusa) ese ideal de gobierno acabó mal. A su vuelta a Atenas fundó la Academia y
se dedicó a la enseñanza. Con el acceso al trono de Macedonia del rey Filipo, padre de
Alejandro Magno y amante de la cultura griega, vendrán nuevos tiempos dando fin a las
ciudades-estado como sistema de organización.
Obra. Entender a Platón no es fácil porque solo contamos con los diálogos, que no son
tratados sistemáticos, sino obras de marcado carácter literario. Han llegado hasta nuestros
días todos los que escribió, aunque la autoría de algunos no está clara. Su obra se suele dividir
en los siguientes periodos: diálogos de juventud (socráticos), diálogos de transición, diálogos
de madurez (entre los que están algunas de sus obras más importantes como el Fedón, el
Banquete, la República y el Fedro) y los diálogos de vejez (o periodo crítico). Han quedado
algunas cartas, sin que tampoco esté clara la autoría de todas ellas. No nos han quedado los
resúmenes de su enseñanza oral en la Academia.
Platón se revisó continuamente a sí mismo y a sus propios diálogos, que quizás también
pueden ser interpretados como discusiones que pudieran haber surgido en su Academia.
Platón, además, usó con frecuencia mitos, inventados o modificados por él mismo, para
exponer su pensamiento acerca de los más trascendentales temas. Él mismo los consideró
como "conjeturas verosímiles" y no deben ser tomados al pie de la letra. En ellos, no resulta
fácil separar el contenido esencial del revestimiento literario.
II. INFLUENCIAS
Pitagorismo y orfismo. De los pitagóricos Platón toma la idea de que pensamiento y realidad
están relacionados. Ésta se haría comprensible a la razón mediante los números. Del mismo
modo que la realidad pitagórica depende de armonías numéricas, para Platón los distintos
seres se relacionan mediante distintos grados de participación en una realidad ideal que está
por encima de ellos. Además, para Platón las matemáticas representan un conocimiento
universal y necesario, cercano al de las ideas supremas de bien o belleza. Tanto pitagorismo
como orfismo tenían una dimensión mistérica, que era una concepción de la realidad humana
peculiar dentro del mundo griego, al entender el destino del ser humano ligado al camino del
alma tras la muerte. Según esta visión el cuerpo no es más que una ‘cárcel’ que el alma ocupa
de forma temporal. El alma podrá reencarnarse y deberá purificarse para poder volver al
mundo divino del que procede. En Platón encontraremos también estas creencias.
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Parménides y Heráclito. En su teoría de las ideas, Platón intenta mantener las dos principales
concepciones metafísicas conocidas hasta el momento (el estatismo de Parménides y el
dinamismo de Heráclito). Veremos que subrayará el modo en que pensamiento y realidad
están relacionados y cómo la razón, siendo un instrumento idóneo para la comprensión de la
realidad, es capaz de relacionar el mundo estático de Parménides con el dinámico de
Heráclito. Aunque por un lado Platón esté más cerca de Parménides concediendo un mayor
grado de realidad a las ideas, también cree que el mundo sensible está dotado de cierto grado
de realidad en función de la medida en que las cosas del mundo físico imitan la forma o
participan en alguno de los grados de perfección de las ideas.
El núcleo de la filosofía platónica es la teoría de las ideas. Desde ella debemos enfocar todos
los temas que trata en sus obras, pues es la base metafísica u ontológica de su pensamiento
(es decir, aquella relativa al ser y la realidad en su conjunto). Lo primero que debe decirse de
la teoría de las ideas es que es una teoría dualista, tiene por base la distinción entre dos
mundos radicalmente diferentes: el sensible y el inteligible. De entrada esto puede
parecernos una hipótesis fantasiosa, pero debemos entender las circunstancias o reflexiones
que llevan a Platón a elaborar esa visión de la realidad.
3. Por último, Platón se fija en el uso de los mismos términos para designar cosas
distintas. Llamamos ‘árbol’ tanto al abedul como al chopo. Y, además, tampoco hay
dos abedules iguales entre sí. ¿Qué hace posible usar la misma palabra para
distintas cosas? Podemos pensar que la semejanza entre ellas, pero Platón cree
que hace falta algo más, una realidad distinta a las palabras y que es común a un
conjunto de cosas. La idea de árbol es una idea que no está sometida a las
condiciones empíricas del aquí y del ahora y por eso es común a los diferentes
árboles. Esa idea existiría tanto si solo hubiese un árbol como si no existiese
ninguno. Podemos preguntarnos dónde queda la idea de árbol si todos los árboles
y todos los seres humanos desaparecen. Para Platón la idea de árbol permanece
invariable e intacta incluso en un caso extremo como ese.
Las ideas. La teoría de las ideas se plantea de forma diferente en distintos momentos del
pensamiento de Platón. Al margen de los matices que aparecen en diferentes diálogos, lo
importante es entender que las ideas son esencias o entidades que tiene una existencia
propia, real e independiente de las cosas (son en sí y por sí). Son inteligibles (captables con
la inteligencia), pero no debemos entenderlas como contenidos mentales o pensamientos,
sino más bien como entes o modelos 'ideales' que existen al margen de los pensamientos
concretos y del conocimiento que podemos tener de ellas. Es conveniente verlas como los
paradigmas o arquetipos a los que se ajusta la realidad sensible (un poco como los planos
a los que se ajusta la construcción de una casa).
Las ideas presentan buena parte de los caracteres con los que Parménides definía el ser (son
simples, inmutables, inmateriales, eternas y universales). El mundo inteligible sería así más
real que el sensible. En cierto modo sería la verdadera realidad, lo que evita que se produzca
el caos y que el bien sea relativo a las circunstancias de tal o cual persona u ocasión. La
belleza y la justicia que existen en el mundo precisan de un punto de referencia estático.
Para un relativista lo que es bello hoy puede ser feo mañana, lo cual sería inaceptable para
Platón. Las ideas son designadas mediante la palabra con conceptos y son el objeto supremo
del conocimiento, siendo su pretensión final que el rey-filósofo las conozca para guiar al
resto de personas y de este modo lograr una ciudad en paz y armonía. Frente a ellas, el
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mundo sensible es el mundo terrenal y material, formado por seres particulares y concretos
que son múltiples, diversos, corruptibles, mudables, imperfectos.
Jerarquía de las ideas. De lo dicho con anterioridad ya podemos deducir que el mundo de
las ideas es el mundo real y perfecto, pero no todas las ideas tienen el mismo valor o están
al mismo nivel. Están ordenadas según una jerarquía: en la cúspide suele situarse la idea de
bien, pero las de belleza, justicia, ser, etc. están prácticamente al mismo nivel. En un nivel
inferior encontramos las ideas matemáticas y la parte inferior estarían las ideas menos
generales, las correspondientes a los seres u objetos del mundo físico. No todas las ideas
tienen igual valor o peso en la configuración de lo real. Unas tienen una mayor capacidad de
determinación o influencia sobre los niveles inferiores. Como la belleza está en un nivel
superior puede decirse que hay caballos bellos, pero también otro tipo de cosas bellas.
Demiurgo. ¿Cuál sería la relación entre las ideas y el mundo sensible? Hemos dicho que son
modelos, pero no queda claro cómo se relacionan ambos mundos. En cierto momento Platón
recurre a la figura mítica de un Demiurgo (un dios artesano o hacedor) para explicar cómo
las ideas determinan las cosas del mundo sensible. En un principio existiría una materia
caótica e informe que sería modelada por dicho Demiurgo, que habita un lugar entre el
mundo inteligible y sensible. Es un Dios que observa las ideas y trata de plasmarlas, pero
como se le imponen las condiciones propias de esa materia las cosas del mundo no son
copias perfectas. El mito vale como marco de referencia general, pero también tenemos que
tener en cuenta que Platón tiene unas rudimentarias ideas físicas que no deben dejarse de
lado. Por ejemplo, relaciona el mundo matemático y el sensible haciendo corresponder cada
elemento material básico (equivalente al arjé de los presocráticos) con cada uno de los
sólidos perfectos.
Participación e imitación. Participación e imitación son otros de los conceptos con los que
Platón describe la relación entre el mundo de las ideas y el sensible. Platón usa estos dos
términos en distintos lugares, sin dar una definición clara. Por eso debemos ser prudentes a
la hora de definirlos. En ocasiones pueden parecer intercambiables, pero podemos señalar
cierta diferencia de matiz en relación con la jerarquía de las ideas: las ideas superiores
pueden considerarse más ‘participadas’ que ‘imitadas’. ¿Por qué? Porque definen más
claramente una serie de niveles de perfección. Así, se dice que los seres concretos y
materiales del mundo sensible participan en diversos grados de la perfección (respecto a la
idea de bien, belleza, etc.). Esos distintos grados de participación son una de las causas por
las que los seres sensibles son múltiples y diversos. Hay mejores y peores realizaciones de
las ideas de acuerdo al menor o mayor grado de participación. El término imitación suele
asociarse menos al cumplimiento de una virtud según cierto grado de perfección que a la
realización de una imagen concreta, de un arquetipo material. Por eso podemos hablar con
más propiedad de ‘imitación’ cuando nos referimos al modo en el que la apariencia de las
cosas copia la forma de las ideas de los objetos sensibles (jerárquicamente inferiores).
La visión que tiene Platón del ser humano es también dualista. El hombre en Platón es una
especie de unidad accidental formada por dos realidades distintas: el cuerpo y el alma. Se
trata de una unión ‘accidental’ porque el alma no está vinculada de forma necesaria a un
cuerpo concreto. Sigue siendo la misma en sucesivas reencarnaciones. El alma está unida al
cuerpo como el jinete está unido a su caballo o la nave al timonel, pero también como el
preso está encerrado en su cárcel.
Platón ofrece diversas versiones acerca del origen y las vicisitudes del alma. Las almas salen
de las manos del Demiurgo tomando éste como modelo a las ideas, con lo que contemplaron
las ideas en esta primera preexistencia, después van a parar a un cuerpo concreto en el
mundo sensible al perder sus alas. Tras esta primera encarnación peregrina unos 1.000 años,
encarnándose sucesivamente en otros cuerpos. Al margen de los detalles concretos, lo
importante es que, el carácter accidental de la unión de cuerpo y alma es relativo: nuestro
comportamiento influye en el camino que sigue el alma tras la muerte. Esta idea, de claras
influencias órficas y pitagóricas, se concreta en una concepción de la vida como purificación.
Para entender mejor la noción de purificación es preciso entender la naturaleza tripartita
del alma.
Naturaleza tripartita del alma. El alma tiene prioridad sobre el cuerpo, constituye nuestro
yo, el verdadero ser de cada uno de nosotros, frente al cuerpo que es nada más que sombra
y apariencia. Pero el alma humana no tiene una naturaleza homogénea. Platón distingue tres
dimensiones o tendencias fundamentales dentro de la misma. Tenemos: (a) Una parte
racional, que conoce y gobierna. (b) Una parte irascible, de la que son propios ciertos
sentimientos nobles como el valor o la ambición. Y (c) un alma concupiscible en la que
residen los apetitos y las pasiones. Las dos últimas son consideradas irracionales y mortales.
Inmortal Mortales
Dentro de este esquema, la purificación del alma pasa por que la parte racional prime o
domine sobre la irracional (pasiones, sentimientos y deseos) y llegue a la contemplación de
la verdad y las ideas supremas. El cuerpo, como se ha dicho, tiene un componente negativo,
es la ‘cárcel’ del alma, en buena medida porque crea necesidades a la misma e impide la
búsqueda de la verdad. Así pues, en la relación entre ambos, el cuerpo es una pesada carga
de la que tiene que liberarse el alma poco a poco para tener acceso a la contemplación de
las ideas, por lo que debemos evitar el empuje que conduce al alma a tener posesiones
materiales y ambicionar cosas en el mundo sensible, deseos que conducen a la guerra y la
violencia. La teoría del cuerpo como estorbo para el alma se matiza en el Timeo al afirmar
Platón que puede estar en perfecta armonía con el alma, pero no hay duda de que para
Platón el alma debe "gobernar" el cuerpo.
Los argumentos de Platón para defender la inmortalidad son: (1) la ‘anamnesis’: el alma
recuerda las ideas conocidas anteriormente (Fedón, 7), (2) la simplicidad: el alma es simple,
sólo se corrompe lo que tiene partes (República, 608), (3) el automovimiento: el alma quiere
decir vida, principio de movimiento que proviene de ella misma y no del exterior.
Mito del carro alado. Esta concepción del alma y el cuerpo queda expuesta en varios mitos.
Uno de ellos es el del carro alado. El alma es representada por un carro pilotado por un
auriga (que simboliza la razón) y movido por dos caballos, uno de los cuales representa el
‘ánimo’ (pasiones positivas) y el otro el ‘apetito’ (deseo), el cual arrastra al alma hacia el
mundo sensible en el que termina cayendo atraído por los placeres.
El conocimiento
Alegoría de la línea. Sin embargo, una presentación más completa de lo que Platón entiende
por conocimiento se nos presenta en la alegoría de la línea. La línea es tanto la
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Al igual que existe una duplicidad en su metafísica, Platón distinguirá dos modos
fundamentales de conocer: la doxa (opinión), el falso conocimiento que proviene de la
percepción sensible de los seres concretos o aparentes del mundo sensible; y la episteme
(ciencia o conocimiento universal y necesario), el verdadero conocimiento de las ideas
trascendentes e inteligibles, el conocimiento de la verdadera realidad de las cosas que
pertenece al mundo de las ideas y que se obtiene a través de la razón.
El filósofo usa para ayudar a recordar a otros la mayéutica (recordad cuando vimos el
método socrático), que sería el arte por el cual mediante preguntas se hace reflexionar
racionalmente al interlocutor, obligándole a recordar las ideas que su alma ya conocía pero
que ha olvidado. De esta forma surge el proceso dialéctico de conocimiento que sigue
nuestra alma racional para conseguir en último lugar el conocimiento de la idea de Bien,
momento en que el conocimiento de las ideas es perfecto. La dialéctica pasa por los cuatro
grados de conocimiento del símil de la línea, hasta llegar al conocimiento verdadero.
Comienza con la doxa (opinión), que se divide a su vez en imaginación (eikasia: la percepción
de las imágenes de los objetos sensibles) para pasar luego a la creencia (pistis: la percepción
de los objetos sensibles y teorías sobre el mundo sensible). A continuación, y ya en la
episteme (ciencia de lo universal y necesario), aparece la razón discursiva (dianoia:
razonamiento de modelo matemático) y, como grado máximo, la intelección (noesis:
contemplación o captación por intuición intelectual de las ideas).
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El mito de la caverna. Toda esta concepción del ser humano y del conocimiento queda
representada magníficamente en el mito de la caverna.
V. ÉTICA
Lo más importante de la ética platónica es entender que cada parte del alma tiene una virtud
principal y que la idea suprema de justicia es en cierto modo el equilibrio armónico de las
distintas virtudes. Veremos las consecuencias que eso tiene en la política también.
Las partes del alma guardan estrecha relación tanto con la concepción ética de la vida
virtuosa como con la concepción política del estado ideal. La virtud en Platón tiene múltiples
manifestaciones:
2. Purificación: el hombre virtuoso es el que purifica su alma de todas las pasiones, los
sentimientos y deseos y se desprende del cuerpo para tener acceso al mundo de las ideas
(concepto de resonancias pitagóricas).
3. Armonía: hombre virtuoso es aquel en el que se equilibran la parte racional con la irascible
y concupiscible, cuando cada parte ejercita la virtud que le es propia. De la armonía entre
las partes surge la justicia cuando cada una realiza su función y todas se someten al alma
racional, el auriga del carro alado. Así, a cada parte del alma le corresponde una virtud que
ejercitar: a la concupiscible guiada por el apetito, el deseo y la sed de posesión la templanza,
a nuestra parte irascible apasionada y asiento del orgullo y la violencia el valor o fortaleza,
a la racional que realiza una actividad estrictamente intelectual la sabiduría o prudencia. La
justicia consiste, precisamente, en el orden y equilibrio de esas partes.
Irascible Valentía
Existe un paralelismo entre las condiciones que hacen al ser humano virtuoso y la ciudad
justa. A cada uno de los grupos sociales que componen la ciudad le corresponde una virtud
propia, porque prima en ellos una de sus tres almas con su correspondiente función. Al igual
que la justicia es el orden o armonía entre las tres partes del alma de una persona, el orden
político ideal se alcanza cuando hay un equilibrio entre clases sociales. Cada ciudadano
pertenece al estamento al que le corresponde según la parte del alma dominante y deberá
practicar la virtud que le es propia. La justicia es una virtud común a todas las clases, ya que
es el resultado del acuerdo entre gobernantes y gobernados acerca de quién debe regir el
Estado y el papel que a cada cual le corresponde según lo que mejor le conviene a cada uno
por naturaleza. Ésta es la ciudad perfecta. Se observa en ella lo que hoy entenderíamos como
cierta división social del trabajo:
3. Para que todos los ciudadanos cumplan su papel se necesita a los gobernantes filósofos,
que deben gobernar buscando el bien común. En la ciudad-estado platónica no se contempla
una división de poderes, por lo que el papel del ‘rey filósofo’ será central y reunirá en su
figura todos los poderes: toma de decisiones, poder judicial, administrativo... Los sabios o
filósofos son los más aptos para gobernar la ciudad justamente por poseer el verdadero y
supremo saber intuitivo (noesis) del bien en sí y del ser en sí son los que gobiernan la ciudad
atendiendo a la contemplación del bien y del ser. Cuando el rey-filósofo ha conocido la
Verdad, ha contemplado las ideas y en concreto la idea de Bien, hará lo que es justo y
gobernará conforme a ellas por él mismo y por los demás. Está en juego su alma, el que
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consiga acercarse cada vez más a las ideas y a la razón mediante la armonía de sus tres
partes del alma, para poder volver al mundo de las Ideas.
Vemos que la jerarquía de la ciudad está ordenada según los grados de saber, pero ¿cómo
sería la ciudad gobernada por los filósofos?
Un problema importante según Platón sería que unos pocos ciudadanos se enriquezcan
demasiado, pues las grandes riquezas rompen el equilibrio y la unidad de la polis, buscando
cada individuo sus propios y distintos intereses. Hay que cuidarse de los guardianes o
guerreros, ya que dirigen lo público y se ha de buscar que cada parte permanezca
subordinada al todo, es decir, que cada cual ocupe su lugar y realice su función.
1. Tanto guardianes como gobernantes deben renunciar a la propiedad privada, las riquezas,
el lujo y la ambición personal, es decir, a sus intereses egoístas. Deben atender al bien
público única y exclusivamente. Los asuntos públicos no pueden administrarse con criterios
que pertenezcan a la esfera privada porque ésta es la razón, entre otras, de la corrupción.
(Ascetismo de la élite).
2. La abolición de la familia o la casta para que no haya puestos hereditarios y todos sean
educados de tal manera que, los que por naturaleza deben gobernar gobiernen, ocupando
la clase social que por naturaleza (ejercitando la virtud propia del alma que predomine en
ellos) les corresponda.
3. Los guardianes no son gobernantes despóticos, sino que se supone un poder aceptado
por artesanos, campesinos o comerciantes. Aquí entra en juego, para asegurar esta
aceptación: (a) el papel de una buena educación que inculque a todos los miembros de la
ciudad una correcta noción de jerarquía natural y verdad de los valores, y (b) el respeto al
saber de los mejores. La educación sería igual para todos durante los primeros años y tendría
el cometido de descubrir el alma predominante en cada persona
Las ciudades imperfectas o reales según la escala de valores que rige su vida, son según el
orden creciente de perversión las siguientes, según nos explica Platón:
Aristocracia: el poder está en manos de los mejores. Es la mejor forma de gobierno, la que
más se corresponde con la idea del filósofo-rey.
Timocracia: el poder está en manos de los valientes, los valores máximos serán la valentía y
el honor. Como no gobiernan para servir a la comunidad se apoderarán de los bienes de los
ciudadanos y los reducirán a servidumbre, formando una casta hereditaria de señores
guerreros. Ya no interesa la filosofía, sino la formación y disciplina de los cuerpos. Ej. Esparta.
Es preferible a los siguientes porque aquí reinan valores más nobles, según Platón.
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Respuestas EvAU
Ser humano |
El dualismo platónico está ilustrado por el mito del carro alado, en el que
se representa el alma como un carro de dos caballos que recorre una región
celeste dirigido por un auriga que contempla directamente las ideas que
forman el mundo inteligible. Pero el alma concupiscible (el caballo negro,
la de las pasiones voluptuosas y los deseos inferiores) se desentiende de la
voluntad del alma racional (el auriga) y de la irascible (la de las pasiones
buenas, el caballo blanco) y provoca la caída en el cuerpo, comenzando así
el ciclo de reencarnaciones.
El mundo material fue creado por el Demiurgo tomando por ejemplo las
ideas para dar forma a una materia caótica indeterminada preexistente. Las
ideas son los arquetipos conforme a los cuales se organiza la materia, son la
esencia común de la que participan las realidades individuales del mundo
físico. Las cosas del mundo imitan las ideas o participan de las mismas. Este
mundo sensible, es el que captamos por los sentidos y tiene como
característica principal el cambio y el movimiento.
La relación que hay entre los mundos sensible e inteligible hace posible que
a través del conocimiento del mundo podamos llegar al conocimiento de
las ideas eternas. Platón distingue dos niveles de conocimiento: la opinión
(o dóxa, conocimiento sensible, que tiene como objeto las realidades del
mundo físico) y la ciencia el saber (episteme, conocimiento inteligible de
las ideas, cuya realidad sólo se puede captar con la razón). Las opiniones
son inestables, cambiantes, no puede haber un conocimiento verdadero en
ese campo. De lo que se trata es de superar el nivel de la opinión y llegar al
conocimiento de la esencia de las cosas. Para que la opinión pueda
convertirse en episteme debemos encontrar un criterio que nos permita
distinguir las opiniones falsas de las verdaderas. Esto se consigue mediante
el proceso de reminiscencia o recuerdo [anamnesis] que permite a la mente
humana recobrar de manera dialéctica el conocimiento alcanzado antes de
que quedara atrapada en un cuerpo mortal.
Platón tiene una concepción dualista del ser humano. Considera que
tenemos alma y cuerpo y que el alma es nuestra naturaleza más esencial. El
alma contempló antes de nacer las ideas eternas y la filosofía de Platón
aspira a hacer posible que vuelva a ese lugar siendo también inmortal.
Ahora bien, Platón distingue tres partes del alma, y solamente una, la
Historia de la Filosofía | 2º Bachillerato Platón | 18
Fedón 74a-83d
El Fedón es un diálogo que narra los últimos momentos de Sócrates, en los que sus discípulos
le piden una explicación de su entereza. Ahí aparece la creencia en un más allá feliz, basada
en la doctrina de la inmortalidad del alma, que intenta demostrarse junto a la teoría de la
reminiscencia.
El filósofo rechaza los placeres y los deseos del cuerpo y no usa los sentidos para buscar el
conocimiento, sino que se dedica al cuidado de su alma y a la reflexión. La muerte satisface
a quien, tras una vida de purificación, ve llegado el momento de alcanzar la verdad.
Historia de la Filosofía | 2º Bachillerato Platón | 21
Existen, así, dos realidades, una visible y cambiante, a la que pertenece lo que se capta por
medio de los sentidos, y otra invisible e inmutable, a la que solo accede la inteligencia. El
alma es afín a esta última como el cuerpo lo es a la primera. Por eso, cuando muere el hombre
se separan ambos y el alma va al Hades y disfruta de lo divino, inmortal y sabio. Esto solo está
al alcance de las almas que, dedicadas a la filosofía, se han purificado controlando los deseos
y las pasiones del cuerpo; por el contrario, las que se han dejado arrastrar por los placeres o
por la injusticia vagarán durante un tiempo hasta reencarnarse de nuevo.
Los siguientes comentarios siguen los subapartados en los que se ha dividido el texto en las
hojas entregadas en clase
Se trata del pasaje de más difícil interpretación. Lo básico en esa parte es entender que:
No podemos lograr la idea de ‘lo igual en sí’ solamente a través del conocimiento de las cosas
que nos ofrece la experiencia sensible.
• ¿Qué es ‘lo igual en sí’? Es la idea de igualdad. Es una de las ideas que forman parte del
mundo de las ideas. Algo que subsiste al margen de los objetos que nos parecen iguales o
semejantes.
• ¿Por qué no podemos conocerla solamente a través de la experiencia sensible? Porque
cuando observamos cosas que decimos que son iguales solamente somos capaces de
percibir una similitud muy grande, por eso las cosas iguales no nos parecen a todos iguales
(pero lo igual en sí siempre es igual). La idea de lo que es igual de forma estricta y siempre
debe venir de otro sitio que no sea la experiencia sensible. Platón considera que será del
mundo de las ideas.
• ¿Qué papel juega la experiencia sensible? Cuando observamos cosas intuimos cierta
igualdad. Eso nos lleva a intuir la idea de lo igual en sí. Pero esa intuición para Platón es
necesariamente un recuerdo porque no cree que podamos obtenerla solo con nuestra
experiencia de las cosas.
«antes de que empezáramos a ver, oír, y percibir todo lo demás, era necesario que
hubiéramos obtenido captándolo en algún lugar el conocimiento de qué es lo igual en
sí mismo»
Lo importante en esta parte es darnos cuenta de que Platón nos dice que el conocimiento de
la idea de lo igual en sí es necesariamente anterior a nuestra experiencia sensorial
Como no tenemos esas ideas desde el momento del nacimiento, sino que las hemos
olvidado, tenemos que recuperarlas por medio del recuerdo.
«—Y si es que después de haberlos adquirido antes de nacer, pienso, al nacer los perdimos, y
luego al utilizar nuestros sentidos respecto a esas mismas cosas recuperamos los
conocimientos que en un tiempo anterior ya teníamos, ¿acaso lo que llamamos aprender no
sería recuperar un conocimiento ya familiar? ¿Llamándolo recordar lo llamaríamos
correctamente?»
Como el conocimiento lo adquirimos antes de nacer, es necesario que el alma existiese antes
que el cuerpo.
• Como el alma existe antes de nacer entiende que proviene de lo muerto cabe esperar que
cuando el cuerpo muera pueda ir a otro lugar
«Pues si nuestra alma existe antes ya, y le es necesario a ella, al ir a la vida y nacer, no nacer
de ningún otro origen sino de la muerte y del estar muerto»
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• Pero Cebes quiere más explicaciones. Y Sócrates pasa a preguntarse a qué clase de cosas
les corresponde descomponerse. Considera que es lo compuesto lo que cambia y se
descompone (coincide con lo que se capta por los sentidos). Lo simple ni cambia ni se
descompone (coincide con lo que es en sí, que es invisible y solo puede captarse a través
del razonamiento y la inteligencia).
• Es decir, los seres visibles cambian y los invisibles se mantienen idénticos. Siendo el ser
humano cuerpo y alma, el cuerpo pertenece a las cosas visibles y el alma a las invisibles
Tenemos que el alma es invisible. Al entrar en contacto con las cosas materiales a través de
los sentidos ocurre lo siguiente:
«el alma cuando utiliza el cuerpo para observar algo, por medio de la vista, del oído, o de algún otro
sentido […] es arrastrada por el cuerpo hacia las cosas que nunca se presentan idénticas, y se
extravía, se perturba y se marea como si sufriera vértigos, mientras se mantiene en contacto con
esas cosas»
Pero cuando el alma se encuentra a sí misma entra en contacto con lo puro, inmortal e
idéntico y aspira a permanecer en ese estado por resultarle más natural.
«siempre que [el alma] observa las cosas por sí misma se orienta hacia lo puro, hacia lo
siempre existente e inmortal, que se mantiene idéntico, y, como si fuera de su misma especie
se reúne con ello, en tanto que se halla consigo misma […], y se ve libre del extravío»
Después señala que en virtud de lo anterior le corresponde al alma guiar al cuerpo [recordad
el mito del carro alado]
«el alma es lo más semejante a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble, a lo que
está siempre idéntico consigo mismo… mientras que el cuerpo es lo más semejante a lo
humano, mortal, multiforme, irracional, soluble y que nunca está idéntico a sí mismo.»
Por eso al cuerpo le corresponde disolverse y al alma ser indisoluble «o muy próximo a ello».
El cuerpo no se disuelve pronto. Con esto Platón parece aludir a una forma de persistencia
que puede darse también en el alma. Aunque el alma marcha hacia un lugar distinto, pero
puede arrastrar de algún modo algo del cuerpo. El ideal es que el alma no se lleve nada del
cuerpo, que se haya liberado de sus pasiones, así alude al alma…
… «que se separa pura, sin arrastrar nada del cuerpo, cuando ha pasado la vida sin comunicarse
con él por su propia voluntad, sino rehuyéndolo y concentrándose en sí misma, ya que se había
ejercitado continuamente en ello, lo que no significa otra cosa, sino que estuvo filosofando
rectamente y que de verdad se ejercitaba en estar muerta con soltura.»
La filosofía así entendida es una especie de preparación para la muerte. Una forma de
liberarnos de la cárcel que supone el cuerpo para que cuando muramos logremos librarnos
de él completamente. El estado de purificación aparece así:
… «[el alma] se va hacia lo que es semejante a ella, lo invisible, lo divino, inmortal y sabio, y al
llegar allí está a su alcance ser feliz, apartada de errores, insensateces, terrores, pasiones
salvajes, y de todos los demás males humanos, como se dice de los iniciados en los misterios,
para pasar de verdad el resto del tiempo en compañía de los dioses.»
De lo contrario, el alma
… «se separa del cuerpo contaminada e impura, por su trato continuo con el cuerpo y por
atenderlo y amarlo, estando incluso hechizada por él, y por los deseos y placeres, hasta el punto
de no apreciar como verdadera ninguna otra cosa sino lo corpóreo, lo que uno puede tocar, ver, y
beber y comer y utilizar para los placeres del sexo: lo que para los ojos es oscuro e invisible, y solo
aprehensible por el entendimiento y la filosofía, eso [el alma impura] está acostumbrada a odiarlo,
temerlo y rechazarlo» [entonce el alma] «se hace pesada y es arrastrada de nuevo hacia el terreno
visible […] y vaga errante hasta que por el anhelo de lo que le acompaña como lastre, lo corpóreo,
de nuevo quedan ligadas a un cuerpo».
Historia de la Filosofía | 2º Bachillerato Platón | 25
Ahí, atrevidamente, Platón señala que el alma se reencarnará en un cuerpo u otro en función
de los deseos predominantes en la misma y «de acuerdo con los semejante a sus hábitos
anteriores» (asnos, lobos…).
La filosofía, entendida como rechazo de las pasiones que caracteriza a los que valoran su
propia alma, es así el requisito para acceder a «la estirpe de los dioses».
Glosario
Alma: Principio de la vida y del movimiento, así como del pensamiento, siendo esta última
concepción la que prevalece en Platón. El alma es Inmortal e Inmaterial y, hasta que se
encarna en un cuerpo, permanece en el mundo de las ideas. • Platón divide el alma en tres
partes: razón (alma racional), ánimo o voluntad (alma Irascible) y apetito (alma
concupiscible), división que se refleja en los tres grupos que constituyen el Estado
(gobernantes, guerreros y productores).
Carro Alado [mito]: En el diálogo Fedro, Platón trata la cuestión del la esencia y partes del
alma. Comienza señalando que parece más adecuada, dada la dificultad del tema, una
exposición alegórica de esta investigación racional que es su mito del carro alado. Ontología
finalista o teleológica Parte de la metafísica que estudia el ser en general y sus propiedades.
Nos referimos a que es finalista cuando obedece la explicación a una finalidad o propósito.
En el caso de Platón, todos los seres tienden a imitar o participar de la idea por su perfección.
Éste es su fin.
Demiurgo [mito]: Demiurgo (artesano en griego) o artífice divino existía en el universo desde
siempre junto a la materia informe y caótica, las ideas (perfectas) y el espacio. El demiurgo
se compadece de la materia y copia en ella las ideas, obteniendo con ello los objetos que
conforman la realidad. Este mito implica que la idea de Bien (Perfección) es la primera de
todas ellas y que las ideas son anteriores a las cosas y son causa de ellas, por lo que son lo
único verdadero.
Historia de la Filosofía | 2º Bachillerato Platón | 26
Episteme: ciencia de lo universal (válido para todo sujeto, todo tiempo y todo lugar) y
necesario (de lo que no puede ser de otra manera).
Ontológico: Relacionado con el ser y los entes (cosa o ser que tiene existencia real o
imaginaria).
Metafísica: Parte de la filosofía que trata del ser, de sus principios, de sus propiedades y de
sus causas primeras.
Trascendente: que pertenece a una realidad u orden distinto (y superior, según qué autores)
al inmanente o mundano.
Ontología finalista o teleológica: Parte de la metafísica que estudia el ser en general y sus
propiedades. Nos referimos a que es finalista cuando obedece la explicación a una finalidad
o propósito. En el caso de Platón, todos los seres tienden a imitar o participar de la idea por
su perfección. Éste es su fin.
Reminiscencia: Proceso por el cual el alma recuerda las ideas, que conocía de su paso por el
mundo inteligible y que fueron olvidadas al encarnarse en un cuerpo, a partir de la
experiencia sensible. Por ello, aprender no es otra cosa que recordar.
Teleología: Creencia en que la marcha del universo es como un orden de fines que las cosas
tienden a realizar, y no una sucesión de causas y efectos.