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¿*/s ENSAYO
CIEN AÑOS DE HISTORIA DE CUBA
(1898-1998)
Cien años de historia de Cuba
(1898-1998)
Manuel Moreno Fraginals • José Várela Ortega «
Rafael Rojas • Javier Rubio •
José Luis Prieto Benavent • Leonel A. de la Cuesta
Leopoldo Fornés • Ricardo Bofill •
Adolfo Rtvero Caro • Pío E. Serrano
editorial L^^j^¿^^
Esta obra ha sido publicada con la ayuda de la
Fundación Hispano Cubana
HISPANO CUBANA
© Manuel Moreno Fraginals,José Várela Ortega, Rafael Rojas,
Javier Rubio, José Luis Prieto Benavent, Leonel A. de la Cuesta,
Leopoldo Fornés, Ricardo Boffil, Adolfo Rivero Caro, Pío E. Serrano
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sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.
ÍNDICE
PRESENTACIÓN, Guillermo Gortázary Orlando Fondevila 9
La guerra larga y las consecuencias de la Paz del Zanjón,
José Luis Prieto Benavent 11
El anexionismo, ManuelMoreno Fraginals 35
De la provincia a la nación. Ensayo sobre el nacionalismo
anexionista, Rafael Rojas 47
La diplomacia triangular España-Cuba-Estados Unidos
(1895-1898), JavierRubio 59
¡Otra vez el 98!... Cien años después: significado y
consecuencias, JoséVárela Ortega 99
Patriotas y constituciones cubanas del siglo XIX,
Leonel A. déla Cuesta 153
La primera república cubana (1899-1921),
Leopoldo Fornés Bonavía 167
El período republicano intermedio y la crisis de la
democracia (1920-1933), Adolfo Rivero Caro 187
Apuntes sobre la sociedad civil (1933-1958),
Ricardo Bofill 207
De la República al modelo totalitario (1959-1998),
PíoE. Serrano 221
Autores 249
PRESENTACIÓN
El Centenario del 98 no podía pasar sin que una Institución como
la Fundación Hispano Cubana, realizara una serena reflexión sobre los
hechos y consecuencias del proceso de independencia de Cuba. En
efecto, a lo largo de losmeses dejunio yjulio de 1998, un nutrido públi
co tuvo la oportunidad de escucharlasconferencias que hoycomponen
este libro y debatir con los ponentes sobre los más diversos aspectos de
los cien últimos años de la Historia de Cuba. La edición de las ponen
cias que aquí presentamos tiene el objetivo de posibilitar el contenido
de las mismas a los lectores españoles y a los cubanos dentro y fuera de
la Isla.
Estaedición es un esfuerzo conjunto de la EditorialVerbumyde la
Fundación HispanoCubana. Queremosagradecer en primer lugar a los
ponentessu aportación para la realización de estelibroya lasInstitucio
nes que han financiado el conjunto del proyecto, desde el ciclo de con
ferencias de la Historia de Cuba 1898-1998, a esta edición.
Este libro explica, singularmente en las ponencias de los historia
dores españoles Prieto Benavent yVárela Ortega, el especial significado
de Cuba para España en la segunda mitad del siglo XIX. Como Várela
Ortega señaló en su ponencia: "Cuba siempre había sido una colonia
muy especial. En muchos aspectos más rica que la metrópoli, atestada
de inmigrantes peninsulares, representaba una oportunidad y por tan
to, era también un problema desprenderse de ella sin provocar sacudi
das mayores en la opinión españolista dentro yfuera de la isla".
En total son diez conferencias que abordan la vida política de Cu
ba de los últimos cien años. La idea inicial era facilitar información ve
raz sobre hechos a un amplio público tanto español como cubano que
no tiene fácil acceso a un relato pormenorizado de la Historia de Cuba.
Los autores de las conferencias tienen distintas procedencias profesio
nales y nacionales que pesan notablemente, como no podía ser de otro
modo, a la hora de abordar sus respectivos relatosy puntos de vista. Don
Javier Rubio, embajador de Españay especialista en relaciones interna-
10 Guillermo Gortázar / Orlando Fondevila
cionales, nos ofrece un ensayo que tiene como eje las relaciones trian-
guales entre España, los Estados Unidos yCuba; historiadores profesio
nales como Fornés, Moreno Fraginals, Prieto Benavent yVárela Ortega
se atienen a los precisos mimbres de la historiografía; el profesor De la
Cuestasubraya aspectos del patriotismo cubano, así como el desarrollo
constitucionalista de los cubanos en armas; el ensayista y poetacubano
Pío E. Serrano realiza un relato pormenorizado de losúltimoscuarenta
años, altiempo que deposita unavisión esperanzada en elfuturo; porsu
parte el investigador yensayista cubano Rafael Rojas hace una reflexión
sobre la construcción del nacionalismo cubano y, en muchas de sus
apreciaciones, coincide con Prieto Benavent en la valoración patriótica
de los autonomistas y reformistas cubanos del siglo XIX que continua
ron influyendo en la primera mitad del siglo XX.
El pesodel relato yopiniones sobre el siglo XX, además de lo seña
lado, recae en escritores cubanos. Ricardo Bofill, reconocido pionero
en lalucha porel respeto de los Derechos Humanos en Cuba, se ocupa
de destacar la pujante sociedad civil de la Isla entre 1933 y 1958. Porúl
timo, Adolfo Rivero Caro se ocupa en su conferencia, referida a las eta
pas centrales del siglo XX, en destacar diversos aspectos culturales, polí
ticos y sindicales.
Guillermo Gortázar
Orlando Fondevila
LA GUERRA LARGA Y LAS CONSECUENCIAS
DE LA PAZ DEL ZANJÓN
JOSÉ LUIS PRIETO BENAVENT
Las guerras de Independencia en la tradición política española,
han sido interpretadas envueltas en una aura romántica que las ha
transformado en epopeyas épicas nacionales. El propio estado español con
temporáneo basó sus orígenes en unaGuerra de Independencia ypara
los liberales españoles del siglo XIX fue siempre una evidencia que pri
mero surgió elgrito de "Independencia" ydespués el de "Libertad".
Según esa "epopeya nacional", hombres de armas iluminados por
los ideales de la libertady lajusticia, líderesarrolladores que contienen
ymovilizan todos los elementos del prototipo del héroe romántico alza
ron sus pueblos contra la opresión del tiránico gobierno español. Sur
gió así la metáfora de laEmancipación: naciones que habían llegado a
la mayoría de edadse liberaban heroicamente de la patria madrastra.
Sin embargo, la Independencia de las repúblicas americanas, como
explicaba elgran historiador Guillermo Céspedes1, fue un hecho global
que debe ser contemplado en su contexto histórico mundial, muy espe
cialmente en la historia europea. Nopodemos ignorarla historia delVie
jo Mundo si queremos comprender ladel Nuevo. La Independencia de
las naciones iberoamericanas y la desintegración de la Monarquía espa
ñola son lasdos caras de una mismamoneda. Silos primeros gritos inde-
pendentistas se dieron en México yVenezuela en 1808, en medio de la
crisis de soberanía más espectacular de nuestrahistoria, el penúltimo gri
to, el de Yara, sedio tambiénen eljusto momentoen que seanunciabala
liquidación de la monarquía española. La Guerra larga segestó en me
dio de un conflicto político que tuvo susorígenesen España.
Laepopeya nacional essiempre un relato bélico adornado de hero
ísmo, sin embargo el presente estudio intenta subrayar que la Indepen
dencia cubana fue, ante todo, un acontecimiento político cuya dimen
sión militar resultó mucho menosimportanteydefinitiva de lo que se ha
venido considerando. Los ejércitos combatientes, siempre mal equipa-
1Céspedes, Guillermo. La Independencia de Iberoamérica: la lucha por la libertad de los
pueblos. Ed. Anaya. Biblio Iberoamericana. Madrid, 1988.
12 Cienaños de Historia de Cuba (1898-1998)
dos, siempre mal alimentados, haciendo gala de una tenacidad yun em
pecinamiento muy hispánico, nunca lograron un resultado concluyeme.
Ni los mambises pudieron levantar toda la Isla (únicamente las regiones
más pobres ydespobladas), ni los españoles pudieron acallar yneutrali
zar a los mambises con los muchos medios que pusieron para ello.
Los aspectos raciales ynacionales tampoco fueron determinantes:
el número de criollos yde negros que lucharon a favor de la Corona es
pañola fue siempre igual o superior al de los que combatían con los
mambises. La Guerra Larga se inició sin un proyecto nacional claro ysin
un componente étnico definido: lainiciaron los blancos ylaterminaron
los negros.
El conflicto fue ante todo político: la incapacidad de lametrópoli
de conceder instituciones de autogobierno a sus colonias, la incapaci
dad del régimen isabelino de abordar el problema de la descentraliza
ción administrativa. Pero esto era así porque en España prácticamente
no existía aún un Estado. Durante la era isabelina fue precisamente
cuando se creó, entre grandes dificultades (cuatro constituciones en
menos deonce años) unaadministración civil. ¿Cómo podía descentra
lizarse un organismo que se estaba creando? Amediados del siglo XIX,
únicamente Inglaterra podía conceder instituciones de autogobierno a
sus colonias porque el Estado inglés estaba plenamente consolidado y
su estructura política era estable.
Unasociedad multirracial como la cubana ¿qué conciencia nacio
nal podía tener a la altura de 1868? Antes que el desarrollo de una con
ciencia nacional abstracta, fue el fracaso concreto de laJunta de Infor
mación de 1865, atribuible a laparálisis de los últimos gobiernos mode
rados de lamonarquía de Isabel II, elque puso en marcha elplan inde
pendentista. Si la crisis de 1868 arrastró al campo insurreccional a libe
rales yreformistas, habitualmente norevolucionarios, fue porque los úl
timos gobiernos moderados de Isabel II no permitían ninguna partici
pación ylacrisis posterior a la Gloriosa fue tal que resultaba imposible
cualquier acción de gobierno coherente. Cuando lamonarquía españo
lase recuperó de semejante caos, cuando elliberalismo español encon
tró la vía de laalternancia pacífica entre los partidos, la paz del Zanjón
(1879) ofreció unas coordenadas estables para la participación política
ylos liberales cubanos abandonaron la vía insurreccional para construir
el primer partido político moderno de la historia de Cuba, el Partido
JoséLuis Prieto Benavent '3
Autonomista, que supo sacar la acción política del viejo escenario de las
logias masónicas ylos cenáculos conspiradores, de las vías violentas, pa
ra proponer una acción política coherente ypacífica, es decir legítima.
Los liberales habían aprendido la dura lección de larealidad: los movi
mientos insurreccionales sólo conducen a las dictaduras más feroces y a
ladestrucción moral ymaterial de lasociedad.
Perosin dudavamos demasiado deprisa, todo conflicto político es
un fenómeno muy complejo ydelarga gestación así que comenzaremos
por estudiar los antecedentes.
El amargo don de la riqueza
Las bases de la Cuba moderna hay que buscarlas en el momento
en que la cesión de la parte española de la isla de Haití aFrancia (1795),
determinó la emigración de unas 12.000 familias yel traslado aCuba de
la naciente industria azucarera.
La audiencia de Santo Domingo se trasladó a Puerto Príncipe yel
sepulcro de Colón se trasladó aLa Habana (enero 1796). Cuba aumen
taba su población, su peso político, su riqueza yse convertía en la autén
tica joya (la perla, en este caso) de la Corona. Sus exportaciones se tri
plicaron. El brusco desarrollo del sector azucarero implicó el creci
miento masivo de lapoblación esclava al tiempo que elterror que inspi
ró el levantamiento de los negros de la colonia francesa de Santo Do
mingo endureció las medidas represivas contra cualquier insurrección.
El equilibrado mundo colonial del siglo XVIII del que habla Hugh Tho-
mas2, en el que las dos culturas de la isla se influían mutuamente, se ha
bía roto por completo. Apartir de allí ladisyuntiva era dramática: ouna
"Cuba española" o una "Cuba africana".
Este problema está ya explícito en la obra del gran ilustrado cuba
no Francisco de Arango yParreños: "La fuente de la riqueza sería en el
futuro lagran amenaza de su seguridad".
2Thomas, Hugh. La Habana. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1984.
' Arango yParreño, F. "Discurso sobre la Agricultura de La Habana ymedios de
fomentarla" (1792). En Cuba: Fundamentos de la Democracia, Antología delpensamiento libe
ral cubano desdefines deis. XVIII hastafines deis. XX. Compilación Beatriz Bernal, Funda
ción LiberalJosé Martí, Madrid, 1994.
14 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
Las luchas políticas comenzaron en Cuba, como en España, en
1808; concretamente con el asesinato en La Habana del intendente
Luis Viguri acusado de ser partidario de Godoy. Los cubanos se mostra
ron entusiastas partidariosde FernandoVII yenviaron dinero a la causa
española contra elfrancés. Las familias de los Betancourt, Agüero, Loy-
naz, etc., cuyos nietos figuraran entre los insurrectos de 1868, eran a la
altura de 1808, encendidos patriotas españoles yrealistas. Los instigado
resfavorables a la causa napoleónica que eran bien acogidos en ciertos
sectores de México, Buenos Aires o Venezuela, eran ahorcados sin mira
mientos en La Habana.
Las tentativas independentistas que a principios del siglo XIX triun
faron en todo el continente americano, fracasaron en Cuba, fundamen
talmente a causa de la prosperidad económica basada en el manteni
miento del sistema esclavista. La esclavitud y sobre todo, el miedo a la
africanización, fue lacadena más sólida que unió las Antillas españolas a
su metrópoli.
La Constitución de 1812 lo mismo se dictó para España que para
las "provincias de Ultramar". Los diputados cubanos en las Cortes de
Cádiz, como reacción al hecho de que el naciente liberalismo español
discutiera la legitimidad del sistema esclavista, se inclinaron hacia el
bando absolutista. Tras la reacción de 1814, esta fidelidad se vio recom
pensada conel reconocimiento de lalibertad de comercio yel desestan
co del tabaco que supuso los inicios de la industria tabaquera cubana.
Mientras los estados sudamericanos se independizaban, Cuba y Puerto
Rico aumentaban su población, su riqueza y su prosperidad, pero ese
avance no se correspondía con un progreso político.
Este era el meollo del asunto, las reformas políticas (el paso de un
régimen absolutista a un régimen liberal) debían paralizarse si ponían
en peligro la prosperidad económica.
LOS PRIMEROS LIBERALES
Las ideas liberales fueron propagadas en Cuba por el presbítero
Félix Várela, santiaguero, diputado a las Cortes españolas durante el
Trienio Liberal, a través de lasociedad secreta "Soles yRayos", inspirada
en las ideas independentistas de Simón Bolívar. Várela creó un núcleo
José Luis Prieto Benavent I5
de jóvenes seguidores entre los que destacaronJosé Antonio Saco yjosé
de la Luz y Caballero, héroes ysemidioses de los independentistas de
1868. Ala altura de lasegunda década del siglo XIX se trataba de libera
les que luchaban contra el absolutismo. Félix Valera tuvo que emigrar a
los EE. UU. al abolirse el régimen constitucional en 1823, perosus segui
dores prepararon la conspiración de "Los Soles de Bolívar" que, descu
bierta con más de 600 detenidos complicados en ella, no derramó ni
una sola gota de sangre. Precisamente estas conspiraciones, que eran
entendidas por el gobierno español como amenazas de invasión méxi-
co-colombiana, motivaron la Real Orden del 28 de Abril de 1825 por la
que se concedía al Capitán General de Cuba las facultades que en las
Reales Ordenanzas se confieren a los gobernadores de plazas sitiadas.
Cuba, igual que España, se encontraba en estado de excepción perma
nente.
El tercer período constitucional (1834-1836) gobernado en Cuba
por el general Tacón, inauguró una de la épocas de mayor prosperidad
material. Se compusieron y alumbraron las calles de La Habana, se
construyeron teatros, prisiones yel primer ferrocarril entre La Habana
yGüines. Las rentas que la Isla aportaba ala Hacienda nacional subían a
más de 10.000.000 de pesos, era como si España se resarciera en Cuba
de las pérdidas de todo su imperio colonial. El crecimiento económico
cubano sólo eracomparable alde ciertas regiones de Inglaterra yde Es
tados Unidos. No podía ser, a los ojos de los gobernantes españoles, un
gobierno estúpido oimpresentable elque ofrecía tan espectaculares re
sultados económicos.
Cuando en España se produjo el alzamiento progresista del Motín
de la Granja que supuso el restablecimiento de la Constitución de Cá
diz, la Isla de Cuba vivió la conmoción política igual que su metrópoli.
Una sublevación de progresistas en Santiago capitaneados por el gene
ral Manuel Lorenzo no encontró ningún apoyo en la población y tuvo
que huir aJamaica. El alzamiento de Lorenzo en Oriente no era más
que un episodio de lalucha encarnizada entre moderados y progresis
tas. Los cubanos apoyaron decididamente a Tacón (moderado) contra
Lorenzo (progresista).
Pero el desarrollo material y, sobretodo, cultural de la isla comen
zaba a exigir su correspondiente adecuación política. Los cubanos co
menzaron a exigir la administración de la riqueza que ellos mismos
16 Cien años de Historia de Cuba(i898-i 998)
creaban, discutir elrégimen de los impuestos y, sobre todo, tener acceso
alos puestos administrativos reservados alos peninsulares, la "plaga infi
nitade empleados hambrientos que de España nos inunda" como afir
maba Céspedes en el manifiesto de Manzanillo en 1868.
Los últimos diputados liberales cubanos enlas Cortes españolas de
1837, José Antonio Saco, Escobedo y Montalvo, pidieron inútilmente
que se despojase a los Capitanes Generales de las inmensas facultades
que el decreto de 1825 les confería. Restauradala Constituciónde 1812
en España, consideraban una burla en un gobierno liberal mantener
aquella situación. No dejaron de hacer oír su protesta ysu petición de
que Cuba fuera tratada políticamente como lametrópoli, con institucio
nes de autogobierno, con las Diputaciones provinciales que preveía la
Constitución de Cádiz. Saco4 apelaba incluso a las viejas leyes de Indias
parareclamar instituciones cubanas. Los diputados cubanos estaban to
davía en un horizonte político de lucha contra el absolutismo. Pero los
progresistas españoles (Arguelles, Olózaga, López Heros), los mismos
que en 1812 dispusieron laentrada en las Cortes de los diputados ame
ricanos, les cerraron en 1837 las puertas argumentando que los elemen
tos que constituían la población en Cuba eran diferentes a los de la Pe
nínsula, alegaronla lejanía de lametrópoli, pero sobre todo recordaron
que la concesión de reformas durante el segundo período constitucio
nal, había sido el camino a la Independencia de las repúblicas iberoa
mericanas. El incipiente yprecario Estado Español no podía permitirse
ninguna aventura en su posesión más preciada yrentable. Se prometía,
no obstante, unas "leyes especiales" que no llegaron a formularse. Los
diputados cubanos protestaron y fueron finalmente expulsados de las
Cortes. Este hecho exacerbó la posición de los liberales cubanos que
empezaron a publicar folletos atacando a los "godos que mantenían la
esclavitud política de la Isla".
Desde ese momento (1837) Cuba se aleja de lahistoria política es
pañola. La arbitrariedad y el absolutismo, el cohecho, la inmoralidad
administrativa y el despotismo se convierten en el rostro que España
ofrece a Cuba. Una elegante y lucida escritorahabanera, la condesa de
Merlin5, describía en 1842 la triple encrucijada de la sociedad cubana:
4Saco, J. A. "La política absolutista en las provincias de ultramar". En Cuba: Fun
damentos de la democracia. Antología delpensamiento liberal cubano... [Link].
5Merlin, condesa de. La Havane, París, 1842.
José LuisPrieto Benavent 17
"La administración de la injusticia reemplaza aquí a la administración
de lajusticia... Los resultados de la emancipación de las repúblicas suda
mericanas son demasiado tristes ydemasiado sangrientos para que dese
emos imitarlos. Tampoco resultaba deseable laidea de anexionarse con
una sociedad dehábitos ycostumbres tan diferentes como elmundo pu
ritano de los EE. UU." Cuba se mantenía fiel a su nacionalidad española,
eso era incuestionable, pero... "¿podían los cubanos seguir soportando
un gobierno arbitrario que les excluía de cualquier cargo público?" No
ymil veces no, contestaba Saco.
Existía un verdaderodeseo de reformas, pero la distancia, la igno
rancia política, el muy hispánico exceso de confianza, ysobre todo la
efervescencia de loscontinuos cambios de gobierno en la península, la
inestabilidad política, lo hacían imposible.
El hecho de que los funcionarios públicos fueran designados des
de el gobierno central, sin atender las demandas locales, no era privati
vo de Cuba, era un fenómeno general en toda España. Recordemos que
el debate sobre laLey de Ayuntamientos fue el gran caballo de batalla,
más que el debate constitucional, entre los dos grandes partidos españo
les.
LA OPCIÓN ANEXIONISTA
Apartir de 1848, elnuevo impulso democrático del liberalismo eu
ropeo se deja sentir en el precario equilibrio hispano-cubano. Francia
decretó la supresión definitiva de laesclavitud ylos británicos desarro
llan una importante campaña abolicionista que coincidió con el mo
mento de más auge de la trata (ilegal desde 1817). ALa Habana llega
ban en ocasiones bergantines con más de 1130 negros, cuando lo que
deseaban ardientemente las incipientes clases medias era una emigra
ción blanca que contrapesara el miedo al negro.
Hay que distinguir la "oposición ala trata" del abolicionismo. Félix
Valera, Saco, Luz, nunca llegaron a declararse abiertamente abolicionis
tas ycalificaron como crímenes las sublevaciones de negros." La oposi
ción a la propaganda abolicionista en Cuba condujo a la expulsión del
'Cepero Bonilla. Azúcaryabolición, La Habana, 1948.
18 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
cónsul británico Turnbull. En 1843 se produjeron diversas rebeliones
de los negros en Matanzas (José Dolores) de los ingenios yde las empre
sas constructoras del ferrocarril. El gobernador O'Donnell culpó a los
maquinistas ingleses de los ingenios eimplicó en la llamada "Conspira
ción de la Escalera", anegros libres de la clase media como el poeta Plá
cido que fue fusilado7. Plácido no conspiraba por la independencia de
su país sino por la independencia de su raza. Su horizonte político no
era otro que el ser el Taussaint Louverture cubano.
O'Donnell, que en la historiografía nacionalista cubana es presen
tado como elparadigma de larepresión, fue en realidad un liberal con
servador avanzado que impulsó en España la política unionista, la única
que pudo ofrecer ala inestable monarquía española un lustro de paz y
equilibrio. En Cuba intentó también una política media, logró que la
importación de esclavos disminuyera sustancialmente ycreo una milicia
de negros ymulatos libres, lo que supuso un gran avance civil para estos
últimos. O'Donnell, al reprimir la conspiración de la escalera, estaba
muy lejos de pensar que se oponía a un movimiento nacionalista, creía
enfrentarse auna conspiración inglesa, una prolongación del conflicto
que se estaba librando en España yque culminó también con la expul
sión del embajador inglés Bulwer, por Narváez. Recordemos que en la
geopolítica del momento los ingleses patrocinaban alos progresistas y
los franceses a los moderados.
Las duras campañas policiales de O'Donnell obligaron alos libera
les progresistas cubanos a trasladar su centro a los EE. UU., donde se les
acogía con simpatía yprotección. (En Nueva Orleans se publicaba el pe
riódico La Verdad que pedía ya abiertamente al gobierno de los EE. UU.
que se comprara la Isla de Cuba). Adams en 1848 (tres años después de
la anexión de Texas) formulaba en el Congreso de los EE. UU. lo que en
adelante sería la política norteamericana: "se acerca la hora de que la
manzana de Cuba caiga por virtud de la ley de la gravedad en el seno de
la unión americana". Neutralidad oficial ala espera de que la fruta ma
dure ysimpatía oficiosa hacia los grupos disidentes cubanos.
El pacto entre los esclavistas cubanos ylos esclavistas americanos,
se encarnó en la figura del ex-general español Narciso López. Comien-
zan en esa época lo que va aser en lo sucesivo el esquema insurrecional
7Plácido no conspiraba por la independencia de su país sino por la independen
cia de su raza, Márquez en Plácido ylos conspiradores de 1844.
José LuisPrieto Benavent ,9
cubano. En losEE. UU. había hombres, armas, buques, cuanto se necesi
tara (menos dinero), para sublevar laIsla. En abril de 1850 el exbriga
dier López, desembarcó en Cárdenas con 500 hombres, casi todos nor
teamericanos yla bandera de la estrella solitaria, sorprendió ala pobla
ción, pero no tardó en ser rechazado debiendo reembarcarse. En un se
gundo intento en Bahía Honda, López fue apresado yfusilado. El episo
dio de López era un intento de prolongar en Cuba lo que acababa de su
ceder en Texas. Entre los elementos cubanos comprometidos con Ló
pez encontramos aCéspedes, José Ma Valdés, los hermanos Betancourt,
Manuel Arango, Francisco Quesada... los apellidos de los rebeldes de
1868. Se trataba de unaélite política que jugaba sus distintas bazas.
Las fronteras entre anexionistas, independentistas y autonomistas
eran muy difusa. No se trataba de partidos políticos organizados sino de
tendencias que se dilucidaban en el seno de las logias secretas, ante ca
da coyuntura internacional.
Entre 1850 y1857 varios complots, animados por los estados sudis-
tas, intentaron separar Cuba de España. El gobierno español reaccionó
duramente contra los anexionistas que a partirde 1857 fueron desapa
reciendo de la vidapolíticacubana.
Los cubanos no podían ignorar tampoco lo que sería para la Isla su
anexión alos EE. UU., nopodían ignorar los ejemplos de lo que había su
cedido en la Luisiana, LaFlorida yTejas, ni lo quea partir de 1852 suce
dió en California yNuevo México. Los antiguos habitantes de estas re
giones no sólo habían perdido sus propiedades legítimas, sino que habí
ansido literalmente barridos yliquidados porlaimparable colonización
angloamericana.
El reformismo
Frente al separatismo yel anexionismo que siempre fueron mino
ritarios, se desarrolló en Cuba unatercera fuerza política quefue sin du
dalahegemónica: el "reformismo". El reformismo cubano que tuvo sus
orígenes enArango yParreño, representaba a los negociantes no espa
ñoles (criollos) de los grandes puertos, a los intelectuales y a las clases
medias urbanas que solicitaban, no laindependencia, sino laigualdad
de derechos con los españoles. En dos épocas: 1830-37 y1859-68 los re-
20 Cien años de Historia deCuba(1898-1998)
formistas llevaron acabo una oposición constructiva. Esta fuerza política
contaba con muchas simpatías entre los liberales españoles más avanza
dos. Diputados como Andrés Borrego, los puritanos, yposteriormente
los unionistas pedían en las Cortes españolas la supresión de la excepcio-
nalidad política en que vivía la isla. Capitanes generales como Concha y
Serrano (1859), próximos a estas ideas del liberalismo avanzado procu
raron atraerlos ygobernar con ellos con gran disgusto delos ultraconser
vadores. Por ejemplo, el general Serrano autorizó en 1862 que el entie
rro de José de la Luz Caballero8 (el ídolo de los enemigos de España en
Cuba) se hiciera con las honras que merecían los grandes hombres. Los
reformistas aplaudieron ylosultraconservadores seescandalizaron.
En la génesis de conciencia nacional entre los reformistas jugó un
papel importante el fracaso de las distintas intervenciones españolas en
sayadas por el gobierno de O'Donnell entre 1860 y 1865: primero en
México (1860), luego en Valparaíso (Chile) y finalmente en El Callao
(Perú) en 1866. La victoria de Juárez en México demostraba que los
americanos eran capaces de derrotar a los europeos. El fusilamiento de
Maximiliano (1867) quebrantó definitivamente la influencia de Europa
en América ydio grandes bríos alos partidarios de la doctrina Monroe y
a sus protegidos los separatistas cubanos. El americanismo romántico
llegó a su máxima expresión con movimientos como el "siboneyismo",
en el que se formaron jóvenes como José Martí yManuel de Quesada,
jefe militar de los mambises en Camagüey ymentor de Ignacio Agra
móme, que habíacombatido junto a BenitoJuárez.
Pero elfracaso más estrepitoso locosechó España en el intento de
reanexionarse Santo Domingo. Entre 1862 y 1865 miles de soldados es
pañoles murieron en aquella isla, más por dificultades de aclimatación
que por acciones militares. Finalmente Narváez, al sustituir a O'Don
nell, se desentendió del asunto yabandonó alos dominicanos que habí
an confiado en la protección española. Muchos de esos militares domi
nicanos exilados en Cubase pusieron en 1868 al frente de losmambises.
España había demostrado que no estaba en condiciones de mantener
una guerra larga en el trópico. Esta convicción mantuvo las esperanzas
de la resistencia mambí y les dio fuerzas para mantener una contienda
que, a priori, no podían ganar.
' Rodríguez,José Ignacio. Vida deJosé de la Luz yCaballero.
José LuisPrieto Benavent 21
LAJUNTA DE INFORMACIÓN
El gobierno español no estuvo preparado para abordar el cumpli
miento del artículo 80 de la Constitución hasta 1865. La ocasión fue la
convocatoria de una Junta de Información para las reformas de ultra
mar promovida por el general Serrano en el Senado ypor el ministro de
Ultramar Cánovas del Castillo. Aquello representaba las primeras elec
ciones políticas en la Isla desde 1837. Esta importantísima determina
ción fue mal acogida por los ultraconservadores que empezaron a orga
nizarse en torno al Partido Español del célebre negrero Julián Zulueta,
mucho menos numeroso y popular que los reformistas, pero mucho
más compacto y operativo. Celebradas las elecciones la Junta cubana
reunió a16 representantes de los cuales 12 eran reformistas.
Era evidente que elreformismo, dirigido entonces por Morales Le-
mus yel periódico El Siglo, era la fuerza política hegemónica en la Isla.
Su programa comprendía básicamente tres puntos: reforma de la ley
arancelaria, fin de la tratade negros y representación política de Cuba
en las Cortes. No setrataba de lograr laindependencia (siempre proble
mática por el temor alaafricanización) sino de lograr la igualdad de de
rechos con los peninsulares.
Pero la laberíntica historia política española delsiglo XIX está toda
hecha de avances yretrocesos, deacciones yreacciones. Los últimos go
biernos moderados no estaban dispuestos a continuar los avances des-
centralizadores de los unionistas y Cánovas ya había sido sustituido al
reunirse laJunta en Madrid. El nuevo gobierno moderado dirigido por
Narváez (el mismo que abandonó a los dominicanos), no estaba dis
puesto a atender las reivindicaciones cubanas. En 1867 la Junta de In
formación fue disueltasin haber obtenido másque un sólo resultado: la
prohibición definitiva de la trata de negros. El general unionista Do
mingo Dulce fue sustituido en la capitanía general de Cuba, por el ge
neral moderado Lersundi que rechazó a los reformistas yvolvió a apo
yarse en los negreros.
Al increíble error de no atender a laJunta de Información se su
mabaun abusivo aumento de impuestos. En 1866 el déficit era yaenor
me. Los gastos creados por la guerra de México yde Santo Domingo du
rante elmandato del general De La Concha habían dejado exhausto las
hasta entonces ricas arcas del tesoro cubano. La isla debía al fisco más
22
Cien años de Historia de Cuba <1898-1998)
de 400 millones de reales, el déficit llegaba a355.000.000 ytodavía el go
bierno español giraba contra ella porvalor de50.000.000. No cabía ma
yor ceguera e ignorancia por parte del gobierno español de lo que esta
ba pasando en Cuba. Los nuevos impuestos habían sido aprobados sin
consultar alos miembros de laJunta de Información que aún se encon
traban en Madrid; el sentimiento de irritación, perturbación ydesáni
mo fue inmediato. Tal cúmulo de errores favorecieron el hecho de que
los reformistas vieran completamente bloqueadas sus expectativas polí
ticas yse sumaran a los movimientos separatistas que sólo entonces ad
quirieron caracteres verdaderamente alarmantes.
El grito de Yara
LaGloriosa no promovió el grito de Yara, o dicho de otra manera:
los trabajos preparatorios del alzamiento de Yara no hay que conectar
los con el movimiento revolucionario que se preparaba en España con
tra Isabel II por parte de progresistas yunionistas. Larevolución estaba
decidida desde el regreso de los representantes de la Isla en laJunta de
Información. Sin embargo, La Gloriosa (septiembre) yYara (octubre)
están íntimamente unidos; los proyectos políticos (el liberalismo demo
crático, concretado en el sufragio universal) son los mismos. Se trataba
de la liquidación de un régimen que ya no representaba a nadie yque
había dejado bien patente su esterilidad ysu incapacidad para gober
nar. Podríamos decir que Yara fue independiente de la Gloriosa, pero
sin la Gloriosa no hubiera existido Yara, que desde el primer momento
se planteó como un "ahora o nunca".
El grito deLares en Puerto Rico actúa depuente entre las dos. Los
cubanos, unidos masónicamente, aún no habían llegado a un acuerdo
acerca de la fecha en que debía verificarse el alzamiento. Tampoco exis
tía unanimidad respecto a su alcance. Unos pretendían la independen
cia, otros la anexión con los EE. UU., ymuchos (los reformistas) se con
tentaban conobtenerlas libertades políticas necesarias, sometiéndose a
disfrutar de ellas al amparo de España. En lo único en que todos esta
ban de acuerdo era endejar depagar los impuestos.
Las noticias del levantamiento de Lares decidió la ruptura de hos
tilidades. El foco rebelde era nuevamente la provincia de Oriente, la
José LuisPrieto Benavent 23
más pobre, la más despoblada, la que no había participado del enrique
cimiento del azúcar ydel tabaco, nien el desarrollo de los ferrocarriles,
la que contaba con menos esclavos negros ymás negros-libres. Su princi
pal dirigente fue Francisco Vicente Aguilera, el hacendado más rico de
la región. Estaban en contacto con Morales Lemus de quien obtuvieron
la promesa de seis millones de pesos que llegarían junto con armas de
los EE. UU.
Prematuramente, el 10 de octubre CarlosManuel de Céspedes, je
fe del grupo de Manzanillo, lanzó en su finca de La Demajagua, cerca
de la población de Yara, el grito de "Cuba libre, ahora onunca". Aguile
ra ymuchos cubanos acudieron aengrosar las filas de los insurrectos. El
manifiesto de Yara se quejaba de "la opresión del tiránico gobierno es
pañol", de la inmoralidad de "la plaga infinita de empleados hambrien
tos, de la pesadez insoportable de los impuestos," yofrecía "la emanci
pación gradual de los esclavos mediante indemnización" (lo mismo que
se había propuesto en laJunta de Información), la "igualdad de dere
chos, respeto alas vidas ypropiedades de todos, sufragio universal" yel
librecambio. El mismo ideario político con el que se había realizado la
revolución en España.
Es difícil precisar el alcance de larevolución de Yara enlaopinión
pública. La revolución nacía sin un programa político ysin una direc
ción clara. Inicialmente no parece un movimiento de independencia
absoluta, se pidió tanto la incorporación de Cuba a los EE. UU., como el
modelo autonomista implantado por los ingleses en Canadá en 1867.
Tanto los orientales Céspedes y Aguilera, como los camagüeyanos
(Agramonte yCisneros Betancourt) hicieron gestiones anexionistas que
se plantearon explícitamente en la asamblea de Guáimaro. La revolu
ciónde 1868 no fue, en sus inicios, genuinamente nacionalista. Baste re
cordar como ejemplo que cuando enGuáimaro se debatió el tema de la
bandera (Céspedes se había alzado con una bandera chilena y Agra
monte con una norteamericana), la decisión final recayó en la viejaen
seña de Narciso López: la estrella solitaria sobre el triángulo masónico
de los anexionistas.
Tampoco fue radicalmente unarevolución abolicionista, aunque a
posteriori intentaron hacerla pasar por tal: inicialmente fue promovida
por hacendados yganaderos de la provincia de Oriente, precisamente
laparte donde existía menos población esclava. Ni los pequeños campe-
24
Cienaños de Historia deCuba(i898-1998)
sinos blancos yde color libres fueron llamados aparticipar en los traba
jos preparatorios. Ypor supuesto tampoco a los esclavos, a éstos se los
emancipaba para incorporarlos a lalucha. Era en Occidente donde se
encontraban los centros de poder de la esclavitud en Cuba, yéstos no se
movieron. La abolición decretada en Guáimaro era muy restringida (el
patronazgo) yalos negros liberados se les siguió empleando para traba
jos forzosos. Fueron las circunstancias posteriores de la guerra las que
permitieron la ascensión militar de negros como Maceo, que nunca fue
ron bienvistos por sus jefes blancos.
El Manifiesto de Céspedes, más que un programa político era una
proclama revolucionaria, no fue ni mucho menos aprobado por todos
los centros insurreccionales. En realidad los mambises se organizaron
en lo que casi podríamos denominar mesnadas feudales, cada hacenda
do dirigía sus propios esclavos yclientes; aceptaban de mala gana un je
fe que no fuera de su propia región (como le pasó aMáximo Gómez en
Las Villas).
La organización política que adoptan los insurrectos inicialmente
fue una típica Junta revolucionaria, como tantas otras que se habían
constituido en España en cada pronunciamiento. Céspedes, no sin resis
tencias, adopta el título de Capitán General de la Isla. Estamos pues an
te un típico pronunciamiento contra el gobierno sobre el que se super
pone una ruptura colonial no muy clarificada todavía (Independencia
para lograr la anexión).
El alzamiento no triunfó tampoco en las ciudades. El esquema se
repetirá una yotra vez: los insurgentes toman una ciudad oun pueblo, y
se ven obligados aabandonarlo yadestruirlo cuando llegan las colum
nas españolas. Esta estrategia de bandas de saqueadores fue la que moti
vó que muy pronto se les conociera con el nombre de "mambises", deri
vado de la raíz de lengua conga "mbí", que como explica el antropólogo
cubano Fernando Ortiz9, viene asignificar "malvado, cruel, salvaje, da
ñino, terrible, temible,... un nombre que los revolucionarios aceptaron
yllevaron con orgullo porque lo suyo era inspirar terror".
Así pasó desde el primer momento: tropas enviadas desde Bayamo
batieron en Yara alos insurrectos, pero éstos se dispersaron para volver
areunirse junto aManzanillo, desde las que pasaron alasjurisdicciones
"Ortiz, Fernando. Los bailes yel teatro de los negros en elfolklore de Cuba. Letras Cu
banas, La Habana, 1951.
JoséLuis Prieto Benavent 25
de Jiguaní (Donato Mármol), Holguín, las Tunas (Vicente García), in
crementando cada vez sunúmero hasta llegar a 5000. Cayeron sobre Ba-
yamo yla ocuparon (22 octubre). Sólo entonces comprendió Lersundi
la gravedad del movimiento insurrecional. El departamento oriental
fue declarado en estado de sitio ylos delitos de sedición yrebelión con
fiados en toda la isla a las "comisiones militares".
El 4 de noviembre de 1868 se alzó en armas Camagüey, ocupando
los mambises elpueblo de Guáimaro, pero no reconocieron la jefatura
de Céspedes. La revolución pasó atener dos centros de dirección políti
ca ymilitar: la capitanía general de Céspedes en Oriente ylaJunta revo
lucionaria de Camagüey, posteriormente laAsamblea de Representan
tes del Centro. La Junta revolucionaria de Camagüey no lanzó ningún
manifiesto, tal vez porque su dirección se encontraba a su vez dividida
en las tres posturas: la representada por Napoleón Arango (reformista),
partidario de negociar con España yla dirigida por Agramonte (separa
tista) yCisneros Betancourt (anexionista).
Poseemos el relato de uno de los protagonistas directos de estos
hechos, el coronel del ejercito mambí Enrique Collazo10: "Si el día que
se proclamó la república (26 noviembre 1868) se hubieran oído en
Guáimaro los disparos de los rifles yde los cañones enemigos, hubiéra
mos tenido unaconstitución menos republicana yun gobierno más ade
cuado a las necesidades. Ninguno delos que votaron laConstitución ha
bíasentido aún los efectos de laguerra... La mayoría de los quefueron a
la revolución lo hicieron arrastrados por su patriotismo, pero con la
errónea creencia de que duraría poco".
La Junta Central Republicana de Nueva York, dirigida por José
Morales Lemus, apremiaba para elestablecimiento de unsolo gobierno
como condición para el reconocimiento del gobierno cubano por el de
los EE. UU., pero no hubo avenencia yla Cuba insurrecionada continuó
con dos gobiernos en armas enfrentados entre sí: Camagüey yOriente.
Agramonte censuraba a Céspedes su actitud dictatorial, su resistencia a
plegarse ante un gobierno civil, el haber adoptado una administración
en laCuba libre en todo semejante a la española, suactitud transigente
con el clero ysu ambigua postura respecto a la abolición de la esclavi
tud. La distancia entre ambos líderes era la que existía entre un progre-
"' Collazo, Enrique. Desde Yara hasta el Zanjón, La Habana. 1990.
26 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
sista de viejo cuño devenido republicano, admirador de Prim y un de
mócrata avanzado admirador de Lincoln.
En La Habana, los reformistas que aún creían en unarreglo nego
ciado, se presentaron ante Lersundi pidiendo los cambios políticos que
lanueva situación de la metrópolis exigía. Lersundi no les hizo ningún
caso yprefirió rodearse yapoyarse enelpartido españolista del negrero
Julián Zulueta que a través del casino Español de La Habana había lo
grado alistarun cuerpo de más de 30.000 voluntarios. Estamilicia arma
daybien organizada impidió que la revolución se extendiera por los dis
tritos occidentales, actuó como una policía eficaz pero marcó nítida
mente la línea de separación entre los leales ylos rebeldes (laborantes)
contribuyendo a radicalizar el conflicto ya impedir cualquier tentativa
de negociación.
Mientras tanto en España se vivían días deeuforia porel triunfo de
la Gloriosay la entrada en el liberalismo democrático. Un editorial del
Diario Mercantil de Valencia (8 noviembre 1868) puede ejemplificar este
clima: "España es ya libre desde los Pirineos hasta el Mediterráneo; la
voluntad de todos pudo más que la fuerza de unos pocos. El derecho
pudo sobre la tradición. España esya libre yel pueblo viste la túnica vi
ril... que torne pues España sus ojos ysus brazos a los hijos de allende los
mares, que les haga ver que los opresores eran comunes tiranos y que
España es una madre amorosa yno una madrastra... Las colonias espa
ñolas ¿Qué deben esperarde la Madre Patria? Todo. ¿Qué han recibido
hasta ahora? Nada..."
El encargado dellevar la libertad yla democracia a Cuba era elge
neral Domingo Dulce, compañero deSerrano yactivo conspirador enLa
Gloriosa. Dulce traía nuevas propuestas del gobierno progresista del ge
neral Prim, ofreció olvido de lo pasado yamnistía, derechos de reunión y
de imprenta, elección de diputados yreformas administrativas. Suprimió
las "comisiones militares", pero este brusco giro político sólo causó una
gran irritación entre losvoluntarios. Por su parte losinsurrectos de Cés
pedes, envalentonados por sus éxitos en la toma de Bayamo, no quisie
ron tratarsinopartiendode la base de la independencia de laIsla. Elmis
terioso asesinato de Arango acabó con todaesperanza de avenencia.
En la misma Habana se produjeron motines favorables a los inde
pendentistas loque provocó respuestas violentas porparte de los Volun
tarios (el hecho más significativo, que causó un gran revuelo en lapren-
José Luis Prieto Benavent 27
sa española, fue el tiroteo en el teatro Villanueva yen café del Louvre,
así como el asalto a la casa de Aldama...)
Dulce no retrocedió en supolítica, lanueva ley electoral fue publi
cada en la Gaceta de la Habana. El partido de los negreros hizo todo lo
posible por bloquear las reformas liberales ydemocráticas tanto en Cu
ba como en España porque sabía que los días de la esclavitud estaban
contados en el nuevo régimen. Son varios los historiadores que han
apuntado incluso su intervención enel asesinato de Prim". En aquellos
momentos más que una guerra colonial deemancipación, que sin duda
loera, lo que estaba sucediendo eraunaauténtica guerra civil entre cu
banos con una geopolítica muy marcada: occidentales contra orienta
les, voluntarios contra mambises... y en medio de ellos un gobierno es
pañol desbordado por sus propios problemas y contradicciones que
ofrecía porigual reformas políticas yrepresión armada.
Los titulares esperanzados de Diciembre se trocaron pronto en un
gritode alarma: "Cuba se pierde".
El desarrollo de la guerra
Los pormenores bélicos delaguerra están magnifica yprolijamen
te descritos ydocumentados en lamonumental obra deAntonio Pirala:
Anales de laGuerra de Cuba n, fuente imprescindible de todoslos trabajos
historiográficos sobre el tema. Aquí trataremos de ofrecer tan sólo un
mímino esquema.
El general segundo cabo, el conde de Valmaseda, con escasas fuer
zas, tras lentas ypenosas marchas porlamanigua, entró enlas Tunas el1
de enero de 1869, posteriormente derroto al cabecilla Mármol yforzó el
paso del río Salado, en el único encuentro que se pareció a una batalla
enregla. Valmaseda marchó sobre Bayamo, obligando a Céspedes a huir
dejando tras de sí laciudad convertida enunmontón de ruinas (12 ene
ro 1869). Bayamo era unade las ciudades más antiguas ymás hermosas
de Cuba, y durante tres meses había sido la capital de la insurrección.
Los mambises nunca másvolvieron a disponer de una ciudad de su im-
" Piqueras,J.A. La Revolución democrática (1868-1874). Cuestión colonial, colonialis
mo ygrupos depresión. Minist. deTrabajo ySS. Madrid, 1992.
12 Pirala, Antonio. Anales dela Guerra deCuba. Madrid, 1895.
28 Cienaños de Historia de Cuba (i898-i998)
portancia ysignificación, quedando dispersos en partidas que sobreviví
an en montes y espesuras impracticables para los españoles. Valmaseda
creía haber terminado con la guerra enlos distritos Centro yOriente, pe
rosus fuerzas eran insuficientes para perseguir las partidas mambises yel
movimiento independentista volvió a resurgir en Las Villas.
Al tiempo que Valmaseda entraba en Bayamo, Dulce, literalmente
expulsado por los Voluntarios, era sustituido por Caballero de Rodas.
De nuevo la inestabilidad política, el mal endémico de toda la historia
de España, actúa en contra de sus intereses. Esta inestabilidad tuvo con
secuencias trágicas en casos como el del poeta separatistaJuan Clemen
te Zenea, que fue detenido por los Voluntarios al tratar de pasarse al
bando mambí. Zenea llevaba órdenes del gobierno de Prim ydel minis
tro Segismundo Moret para establecer una negociación de paz con los
rebeldes. Elnuevo gobierno español, paraaplacar los ánimos de los Vo
luntarios se desentendió de Zenea, que finalmente fuefusilado.
El nuevo gobernador militar dio asu política uncarácter represivo;
para contentara losvoluntarios decretó el embargo de bienes de losin
surrectos, derogó losdecretos de enero y publicando otrosnuevos enca
minados a reprimir severamente la menor muestra de simpatía hacia la
insurrección, aunque mantuvo lapromesa deperdón para los que depu
sieranlasarmas. Cerró lospuertos para evitar el contrabandode armas.
Mientras tanto en España, a instancias del diputado cubano Ra
món Maríade Labra se decretaba la Ley Moretde vientres libres (1870),
primer paso efectivo para la liquidación definitiva de la esclavitud. Los
Voluntarios pidieron entonces un estatuto de autonomía para que no se
aplicase la leyen Cuba.
La intransigencia de los voluntarios ylade los rebeldes hizo quela
guerra tomara un carácter sanguinario. EnJiguaní, Mayarí yotros pun
tos se cometieron terribles asesinatos en las personas de españoles yde
cubanos afectos a España. Céspedes yel grupo de hacendados blancos,
se vio pronto desbordado porlaradicalidad de lalucha. En Tacajó sevio
contestado por un grupo de mambises que proponían el liderazgo de
Donato Mármol. Era unasegunda línea de dirigentes deorigen popular
bien distinta a los cultos hacendados progresistas que habían iniciado la
revolución; eran Máximo Gómez, Calixto García, Francisco Maceo;
ellos radicalizaron la lucha ylanzaron la Campaña de la Tea. Los inge
nios fueron saqueados y destruidos, quemados los trapiches e inutiliza-
José Luis Prieto Benavent 29
da la maquinaria. Más semejantes a bandas de saqueadores que a un
ejército, llevaron en todo momento el peso del conflicto yla dirección
de la revolución. Su única política era "dar candela". Mantenían la lu
chaconfiando en la ayuda norteamericana, en la debilidad del gobier
no español y sobre todo, excitados por la crueldad de los Voluntarios,
como los fusilamientos de estudiantes de Medicina.
Sila inestabilidad era la característica de la política española, no lo
era menos en el bando de los mambises. La marcha de la guerra motiva
ba fuertes tensiones en el bando insurrecto. Céspedes era finalmente
depuesto de su cargo y sustituido por Salvador Cisneros Betancourt,
marqués de Santa Lucía, al tiempo que Tomás Estrada Palma era nom
brado presidente de la Cámara de representantes. La muerte de Agra
monte enJimaguayú (11 de mayo de 1873) dejó a los mambises sin su
más cualificado líder.
La guerra había perdido importancia, convirtiéndose en unaespe
cie decacería o persecución permanente de los soldados españoles a los
mambises que invariablemente se guarecían en las selvas. Las autorida
des militares españolas con gran irritación de los Voluntarios, que eran
partidarios de perseguir sin tregua a los mambises, cambiaron de estra
tegia ypensaron en contener la propagación de las partidas mambisas
mediante una línea fortificada de costa a costa. Era la "trocha" o camino
militar protegido, un muro que cruzaba laisla de costa a costa (62 km)
entreJúcaro yMorón. Otrasegunda trocha queno llegó a completarse,
se contruyó en Bagá. Esta concentración de tropas permitió a los mam-
bises reponerse de sus fatigas. Formaron dos campamentos, unoen Yara
desde donde amenazaban Holguín, Santiago de Cuba y Bayamo y otro
en la Mariposa, amenazando a Manzanillo. Contenía cada uno unos
2000 hombres y además de multitud de mujeres, chiquillos, con merca
dos, paseos, glorietas parabailes, calles anchas yespaciosas, etc.. Tan se
guros se consideraban en ellos que las transacciones mercantiles se rea
lizaban con regularidad. Rehechos moral y materialmente tomaron de
nuevo la ofensiva, batiendo varios destacamentos españoles y tomaron
algunos puntos fortificados.
Lossoldados enviadosdesde la Península ascendían yaa 65.000. El
capitán médico Santiago Ramón y Cajal13 dejó una escalofriante des-
Ramón yCajal, S. Mi infancia yjuventud. Buenos Aires, 1952.
30 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
cripción de lascondiciones de vida en la trocha de Bagá. El paludismo,
el alcoholismo y la inacción devoraban a las tropas españolas. Las tro
chas, además de una trampa mortal para los soldados, eran ineficaces,
pues fueron cruzadas por los mambisesen variasocasiones (la más seña
lada por Máximo Gómez en lacampaña de 1874). Finalmente sevio que
eran una medida escasamente operativa como habían augurado losVo
luntarios.
Los generales españoles daban una y otra vez por pacificado los
distritos. Los mambises, cuando seles daban garantías, se presentaban y
entregaban sus armas, pero al poco tiempo aparecían tenazmente por
otra parte. El historiador Luis Navarro14 ha comparado esta guerra con
la mantenida por los indiosseminólas contra el ejércitode losEE. UU. en
la Florida. Durante treinta años el poderoso y bien equipado ejército
norteamericano fue incapaz de neutralizarlos.
A partir de 1872 la insurrección cobró nuevas fuerzas, debido en
parte a la mayor ayudanorteamericana (el incidente del Virginius vinoa
poner de manifiesto este intervencionismo norteamericano), y a la de
bilidad creciente de España que empezaba a enfrentarse a una doble
guerra civil en la Península, el alzamiento carlista en el norte y la insu
rrección anarquista en el Levante. Al amparo de esta debilidad, los
mambises continuaron sus incursiones. A finales de 1873 fue necesario
abandonar a los insurrectos casi todos los territorios por ellos perdidos
anteriormente y concentrar a las tropas españolas en batallones nume
rosos. La acción de La Sacrafue ya una verdadera batalla en que los es
pañoles se vieron obligados a retirarse. Máximo Gómez reunió fuerzas
en Napra yJimagüayú mejorando la caballería de que disponían. Tras
numerosos enfrentamientos se presento ante Puerto Príncipe. La causa
independentista resurgía con fuerza. Volvieron muchos presentados al
monte y se perdieron todos los poblados de las provincias centrales y
orientales. La miseria más espantosa,fruto de la política de la tea, se ex
tendía por todas partes. Con el descalabro de Las Guásimas, una autén
tica batalla que duro cinco días, había llegado la guerra a su grado má
ximo de gravedad.
La Trocha fue reforzada bajo el nuevo mando de Valmaseda, que
ordenó pasarpor lasarmas a los prisioneros y ofreció recompensas por
las cabezas de los insurrectos.
" Navarro,Luis. Las guerras deEspaña en Cuba. Madrid, 1998.
José Luis Prieto Benavent 31
La paz del Zanjón
La terminación de la guerra civil peninsular permitió al gobierno
español disponer de los recursos necesarios para terminar la guerra en
Cuba. Con 20.000 refuerzos llegó a Cubael general Martínez Campos,
que yaconocía bien el paísy la índole de la lucha. El ejércitoespañol as
cendía en esos momentos a 60.000 hombres. El 24 de marzo de 1877
Martínez Campos comenzaba una nueva campaña con el objetivo de
ocupar el Oriente y Camagüey sin dejar un lugar vacío al enemigo. El
despliegue militar no encontró resistencia. Lacausa era la descomposi
ción total de las fuerzas insurgentes. Vicente García se enfrento a Estra
da Palma y comenzaron las deserciones masivas.
Martínez Campos adoptó de nuevo una política de benignidad:
"Yo -escribió- más que en lasarmashe confiado siempre en la política".
Varona, Bello, Sanüesteban y Ribero,jefes influyentes se avinieron a la
paz aunque Máximo Gómez los condenó a muerte (por contra, Calixto
Garcíafue indultado por los españoles). Fue necesario negociar la ren
dición (pagada) de cada uno de losjefes locales. En diciembre de 1877,
todos exceptoAntonio Maceo tuvieron que deponer la armasyse firmó
la paz del Zanjón (10 de febrero 1878) con los últimos representantes
de la cámara cubana.
El texto del convenio del Zanjón es muy sencillo, consta de ocho
artículos en losque se reconocíaa Cubalas libertades que yadisfrutaba
Puerto Rico, olvido del pasado de los delitos políticos desde 1868, liber
tad para los esclavos y colonos asiáticos que se encontraban en las filas
insurrectas, facilidades para abandonar la Isla a los que lo deseen. La Is
la quedaba formalmente pacificada. Maceo, tras la Protesta de Baraguá,
abandonó la isla el 3 de mayo en un barco de guerra español; el 6 deju
nio lo hacía el últimojefe mambí: Pedro Martínez Freiré.
La guerra había resultado finalmente desastrosa para los dos ban
dos. Las bajas eran incontables entre la población civil, las del ejército
español y los voluntarios ascendían a 95.000 hombres y se calcula que
otros tantos entre los mambises.
En el Congresode los Diputados el general Salamanca atacó dura
mente al gobierno por haber pactado con los rebeldes. El ministro de
Ultramar, José Elduayen, replicóque en España lasguerras civiles siem
pre se habían solucionado por convenios, abrazos, por el olvido del pa-
32 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
sado. Cánovas se compromertía al reconocimiento de la personalidad
política de Cuba dentro de la Monarquía. Era la misma situación que
antes de comenzar la guerra. Martínez Campos criticó la vieja política
de los gobiernosanterioresque habían creído que no había más medio
que el terror yser cuestión de dignidad no plantear reformas hastaque
no sonase un tiro. La fuerza no constituye nada estable, la razón ylajus
ticia se abren paso tarde o temprano.
PARTIDO AUTONOMISTA
En Cuba se procedió a una normalización política concediendo
las libertades de prensa, reunión y asociación y celebrando elecciones.
Entre 1878 y 1895 prevaleció en la Isla un régimen de libertades públi
casyrespeto a losderechos individuales que transformó lavida de la co
lonia. Se establecieron nuevos ayuntamientos y diputaciones en las seis
provincias que entoncesquedaron demarcadas.
Pero el fenómeno político más relevante de la paz del Zanjón, fue
el surgimiento del PartidoLiberal Autonomista, en el que se integraron
losantiguos reformistas, losinsurrectos ylasnuevas generaciones de cu
banosque desconfiaban de las estrategias radicales y que vislumbraban
un horizonte de independencia logrado por métodos pacíficos: prime
ro la autonomía, después la independencia. La vía insurreccional con
ducía directamente a la dictadura y a la destrucción moral y material de
la sociedad, la vía de la legalidad debía ser la del auténtico progreso.
Antonio Govín" miembro fundador y secretario del Partido Auto
nomista explicaba así su significación: "-Significa en primer lugar el
sentimientode patria Cubana, yen segundo lugar, el amor a la libertad.
Es un partido evolucionista -añadía-, un partido de orden y no revolu
cionario, un partido que fía el éxitoen la acción de la propaganda legal
yla eficacia de losprocedimientos pacíficos, esperando del tiempo y no
de la fuerza la conquista de la opinión yla victoria en loscomicios".
Por el lado españolel horizontede independencia secontemplaba
igualmente. El general Polavieja (gobernador de Camagüey), en carta
algeneral Blanco escribía: "Debemos, en vez de impedir a todotrance la
Ir' Govín, Antonio. Sobre elPartido Liberal Autonomista. Antología... c XVII.
José Luis Prieto Benavent 33
independencia de Cuba, que empeño vano sería, prepararnos para ella,
permanecer en la Isla sólo el tiempo que podamos permanecer razona
blemente y tomar las medidas convenientes para no ser arrojados vio
lentamente con perjuicio de nuestros intereses y mengua de nuestra
honra".
En las elecciones el Partido Liberal Autonomista, que preconizaba
la abolición inmediata de la esclavitud, triunfó en Oriente y Camagüey,
mientras que la Unión Constitucional, el partido de los antiguos volun
tarios, ganó en Occidente. Al amparo de las nuevas libertades sehabían
creados sociedades de recreo, Clubs- constituidos por gentes de color,
pardos ymujeres (las Hijas de laLibertad), que conspiraban de día dey
de noche (José Martí era el secretario del Club Central de LaHabana).
No todas las armas habían sido recogidas. La reconstrucción no avanza
ba, las reformas políticas, como siempre, se demoraban más de lo con
veniente, la emigración cubana en los EE. UU. estaba más efervescente
que nunca por la llegada de los nuevos emigrados, entre ellos Calixto
García. El 24 de agosto estallaba la Guerra Chiquita.
Pero esta vez el Partido Liberal Autonomista no se sumó a la insu
rrección; la condenó sin vacilaciones. El capitán general Blancoconfesó
posteriormente que el concurso de losautonomistas fue más eficaz que
cincuenta mil hombres armados y disciplinados. Estavez, aunque había
sido preparada con más cuidado que en el 68, la insurrección dirigida
por Calixto García no encontró ningún apoyo popular. Los autonomis
tascontribuyeron lealmente a restablecer la autoridad moralde España.
En 1880, las Cortesespañolas decretaron la Ley del Patronato, pri
mer pasohaciala ley de abolición definitiva de la esclavitud que selogró
finalmente en 1886.
La política comercial (el viejo tema del librecambio) era otro de
los caballos de batalla. Españaprotegiendo la industria azucareragrana
dina y la industria tabaquera canaria, cerraba sus puertos a los produc
tos cubanosy concedía derechos preferenciales a las exportaciones de
textiles catalanes y harinas castellanas en perjuiciodel comercio con los
EE. UU., que desde hacíadécadas era el principal comprador de los azú
cares cubanos. Cuando los norteamericanos exigieron reciprocidad con
la enmienda Aldrich(1890), unionistas y autonomistas se pusieron de
acuerdo para obligar al gobierno español a firmar el Convenio Foster-
Cánovas (1891) que modificaba lasleyes arancelarias.
34 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
Las reivindicaciones sociales y las económicas se lograron en bue
na medida, pero fue, de nuevo, el fracaso de las reivindicaciones políti
casel que motivóel nuevo alzamiento de 1895. Ninguno de los grandes
partidos españoles estaba todavía preparado para un régimen autonó
mico. El fracasodel proyecto de Antonio Maura de 1893y su sustitución
por su pálida versión en el proyecto Abarzuza (1895),jugaron el mismo
papel que en el 67 habíajugado el fracaso de laJunta de Información.
En 1895José Martí lanzaba de nuevo el grito de Cuba libre, esta vez mu
cho mejor preparado, con una dirección civil organizada del movimien
to (P.C.R.) y con una conciencia nacional clara y explícita.
Epílogo
La experiencia del Partido LiberalAutonomistafue la última espe
ranza de que el nacionalismo cubano se desarrollara por unas vías legíti
mas y pacíficas. La vía insurreccional violenta condujo a una sucesión
ininterrumpida de dictaduras que con el tiempo no fue capaz de lograr
una auténtica independencia. Dejó, eso sí, una amarga herencia: la idea
de la revolución inconclusa. En las culturas agresivas -como lo es la
nuestra- se pretigian las proezas bélicas y se denigran las soluciones po
líticas. Se pretende que los pueblos se sientan orgullosos de sus estalli
dos de violencia y se sigue mirando con desprecio a los que tratan de so
lucionar los conflictos con la razón. Todos lo cubanos conocen a Céspe
des, Agramonte, Máximo Gómez, Maceo... pero muy pocos a Labra, el
gran diputado cubano que logro la abolición de la esclavitud, a Govín, a
Montoro o a Giberga el primer presidente de un estado autonómico es
pañol, en definitiva a los liberales autonomistas, aquéllos para los que
enfrentarse a un enemigo político no implicaba el afán de destruirlo.
EL ANEXIONISMO
MANUEL MORENO FRAGINALS
En el caso cubano es habitual hacer referencia a la anexión, sin ex
plicar nada más, sin preguntarse, ¿anexarse a quién? En Cuba, cuando
se menciona el tema anexionista, se supone que lo sea necesariamente a
los Estados Unidos. Sin embargo, éste no es el único movimiento ane
xionista que hemos tenido. Hubo un momento en el que se pensaba en
la anexión a Inglaterra, por suerte fueron muy pocos los que lo alenta
ron y pronto esta idea fue olvidada. Todavía a finales del siglo xix algu
nos pensaron como solución al conflicto cubano, que si no se le podía
ganar la guerra a España lo mejor era anexarse a México. Tampoco esta
opción prosperó, aunque por los pocos documentos que han quedado
se sabe de las conversaciones que a este respecto sostuvoJosé Martí con
el tristemente célebre dictador mexicano Porfirio Díaz hacia fines de
aquel siglo.
¿Por qué el movimiento anexionista a los Estados Unidos ha sido el
que ha permanecido en la memoria histórica de la nación cubana como
emblemático de tal tendencia? Para responder a esta pregunta habría
que explicar el problema fundamental desde el punto de vistaeconómi
co existente entonces entre España y Cuba.
Una de las razones de este problema fundamental es que Estados
Unidos queda al alcance de la mano de Cuba o dicho de otra manera,
Cuba queda al alcance de la mano de Estados Unidos. Ya hacia fines de
siglo, más o menos por los años ochenta, se establecen los primeros via
jes diarios desde Cuba hasta el punto más al sur de los Estado Unidos,
Cayo Hueso, KeyWest, palabra que inventaron los cubanos como resul
tado de una mala pronunciación del inglés: oyeron Key West y lo más
cercano que les sonaba era Cayo Hueso y así quedó bautizado por los
cubanos este pequeño cayo del oeste de la Florida. Gracias a estos pri
meros viajes diarios desde La Habana hasta CayoHueso se establece una
gran colonia cubana en Estados Unidos. Estos viajes estrecharon nota
blemente el punto de convergencia entre Cuba y los Estados Unidos, y
sin que esta circunstancia sea lo importante, sí revelauna convergencia
con EstadosUnidos que venía de antiguo.
35
36 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
El conflictoeconómico entre Españay Cuba al que me he referido
parte del hecho de que Cuba no era una colonia cualquiera. En 1820
Cuba es el primer productor de café en el mundo, y el café era un pro
ducto de enorme venta. Después el café se arruina, pero en 1820 Cuba
era el primer productor de café y era también el primer productor de
azúcaren el mundo y mantiene esta primacíahasta, aproximadamente,
la década de los treinta del siglo XX.
Durante poco más de sesenta años Cubafue el primer paísexpor
tador de bananos en el mundo. Esta gran producción bananera, casi
nunca se menciona cuando se habla de Cuba. Entre los años veintey co
mienzos de los cuarenta Cuba fue el primer país exportador de cobre
en el mundo y durante ochenta años lo fue exportador de la miel de
abejas. Cabe preguntarse, cómo esta islita mínima pudo llegara conver
tirse en este emporio productor.
Entonces Españaposeíaeste territorio generador de tanta riqueza,
pero también tenía un problema tremendo: Cuba no era una colonia es
pañola y no lo era en ninguno de los sentidos en que entendemos el tér
mino colonia. Una coloniano es másque un territorio fuera del paísco
lonizador, donde con mano de obra indígena se explota una produc
ción generalmente de materia prima que es reprocesada en la metrópo
li y que, además, es reexportada a los mercados mundiales por esa pro
pia metrópoli. Pensemos en el siglo pasado, por ejemplo en Jamaica. El
azúcar producido en Jamaica, se exporta en barcos ingleses, se refina en
Inglaterra y se reexporta desde aquí al mercado mundial. Entre Cuba y
España no sucedía esto. Desde finales del siglo XVIII, Cuba reexporta li
bremente a donde quiere, reexporta en los barcos que quiere, no en
barcos españoles. El azúcar cubana no se refina en España y no es reex
portada desde España. Pero, además, hay algo más interesante aún, el
azúcar no es español. El análisis estadístico de toda la riqueza azucarera
cubana a finales del siglo XVIII y finales del XIX muestra claramente que
casi el 90% de los centrales azucareros están en manos de criollos, no en
manos de españoles.
Todavía hay algo más. Estos criollos no son los clásicos indígenas
explotados de otras colonias. Estos criollos cubanos dueños de ingenio,
además de ricos, tienen en 1870 cuarenta títulos nobiliarios españoles.
En 1895tienen exactamente cuarenta ycinco títulos nobiliariosespaño
les y ya desde 1810están aspirando a dos ducados, el punto más alto de
Manuel Moreno Fraginals 37
la nobleza española. Bajo el reinado de Carlos III haytres ministros na
cidos en Cuba, criollos de familias criollas, dueños azucareros.
Por algo fue en Cubayno en España donde a Fernando VII le pu
sieron "el deseado". Con Fernando VII, "el deseado", llegó a haber cin
co ministros criollos. Esto no sucede con una colonia. Uno de los minis
tros de FernandoVII es el célebre Gonzalo O'Farrill, que después estu
vo a punto de ser ajusticiado por afrancesado; otro de los ministros es
una de las personalidades más grandes de la historia de Cuba, para mí
uno de los hombres más geniales que jamás nació en la isla, Francisco
de Arango y Parreño.
¿Cuál era, pues, el problemaesencial de Cuba? La respuesta tiene
que ver mucho con el problema de la anexión.
El problema clave de la vidacubana en el siglo XIX es la esclavitud.
Cuba vivió una primera etapa de esclavitud de carácter casi patriarcal,
en el sentido en que es conocida durante buena parte del siglo XVIII;
después viene la etapaplantacional con el enorme auge azucarero yca
fetalero. Es entonces cuando comienza a importar esclavos en grandes
cantidades. Coincide esto con el momento en que losingleses inician la
persecución de la trata con la misma eficiencia y furor empleados por
ellos cuando fueron los mayores traficantes de esclavos en el mundo. Se
genera entonces un problema entre la enorme producción cubana
-una producción esclavista en un régimen de plantación-yla exigencia
continua de una mayor fuerza de trabajo esclava. Esta circunstancia en
gendra una cantidad enorme de contradicciones económicas que dará
lugar a problemaspolíticos de una gravedad considerable. Esen esta se
gunda etapa, después de la muerte de Fernando VII, cuando comienza
la etapa liberal en España, el momento en que el poder que tenían los
criollos comienzalentamente a pasara lospeninsulares.
Como la historia de Cuba la han escrito al revés, se habla de los "re
accionarios" españoles gobernandoCuba, y se olvida que lo que llaman
"reaccionarios" españoles esprecisamente el alamás liberal de los gran
desliberales españoles. Liberales españoles entre los que seencuentran
el general Miguel Tacón, preso en España por liberal y enviado a Cuba
desde las Cortes de Cádiz porque es el liberal de confianzade loslibera
les españoles. Si entendemos que el concepto de liberal esun concepto
económico, no un conceptopolítico solamente, secomprenderáel con
flicto entre el grupo liberal cubano y el grupo liberal español. Obvia-
38 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i 998)
mente al grupo liberal español le interesa la riqueza cubana pero como
usufructo de lo que ellosquieren hacer con España, sobre todo después
de lasguerras de independencia de Latinoamérica.
Una frase dicha con claridad por los liberales españoles en las cor
tes de Cádiz resume el conflicto: "Las colonias, nacen para servir a las
metrópolis, no las metrópolis a lascolonias". Sólo que en el caso cuba
no la contradicción se hace más evidente si consideramos que la llama
da "colonia" movía un presupuesto cercano al de su metrópoli españo
la. Es oportuno recordar que Cuba pagó la conquistay colonización es
pañola de Fernando Po, la guerra española del Pacífico, al igual que la
guerra de restauración por la cual España trata de conquistar a Santo
Domingo. Esas aventuras ymuchos otrosgastos más fueron saliendo del
presupuesto cubano. Añádase que al producirse la famosa Gloriosa es
pañola, con sus grandes liberales, como Topete -por cierto, nacido en
Cuba-, como Prim yPrats, se encuentran en un momento de crisis espa
ñola que hayun "sobrante" o superávit en el presupuestocubano de se
senta y tres millones de pesos, y esos sesentay tres millones de pesos de
Cubapasan a España. Lógicamente frente a esta política hayuna oposi
ción criolla cada vezmás fuerte y nos encontramos con un problema su
mamente complejo donde es muydifícil verificar cómo esta situación se
asimila y resuelve dentro de Cuba. Un pleito que es casi de una oligar
quía española enriquecida en la explotación de Cuba y que además es
una oligarquía que se enriqueció en las colonias españolas en la Améri
ca continental y que cuando viene la guerra de independencia de toda
Américacontinental esta riqueza, este dinero español, pasa a Cuba y se
invierteen Cuba yse hace fuerte en [Link], una riqueza apoyada
en un conocimiento tecnológico y en un saber moderno de primer
orden.
Para que se comprenda a esta oligarquía cubano-española es bue
no que se tengan en cuenta varias cosas. Elprimer instituto de investiga
ciones químicas para llevar adelante una producción industrial en el
mundo es el Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, fun
dado en 1800. Las primeras bombas de vapor de doble efecto de Watt
que se instalaron en el mundo fueron veinte bombas de vapor de doble
efecto de Watt que se llevaron a La Habana entre losaños 1796 a 1798.
El cuarto ferrocarril del mundo, construido al mismo tiempo que el fe
rrocarril de Francia, un año después que el ferrocarril de Bélgica y seis
Manuel Moreno Fraginals 39
años después que el ferrocarril de Londres, ese ferrocarril se construye
en Cuba yvadesde La Habana hasta el valle azucarero de los Güines. El
primer teléfono de que se conoce que funcionara en forma efectiva se
establecióen el Teatro Tacón, que hoy es el Centro Gallego de La Haba
na. El primer país que llena desde un extremo al otro la islade telégrafo
y tira la primera línea telegráfica del mundo es la línea de La Habana a
Cayo Hueso, terminado en el año de1869. Exactamente en ese mismo
año, por primera vez, los azucareros cubanos están jugando a la bolsa
del azúcar en Nueva York desde La Habana con el telégrafo. Estos son
sólo algunos de los puntos que quería mencionar.
Estamos hablando, pues, de una oligarquía sumamente avanzada.
Pero hay más. A veces los españoles se olvidan, al hablar de Antonio Cá
novas del Castillo y de la Restauración, una Restauración que costó mi
llones de pesos, de dónde salió ese dinero. Olvidan que Antonio Cáno
vas del Castillo es hermano de José Cánovas del Castillo, quien fuera
fundador y durante veintiséis años casi el dueño del Banco Español en
la isla de Cuba. El hombre que maneja todas las finanzas cubanas, que
organiza todos los pagos de la Guerra de los Diez Años y hace que los
gastos de esta guerra se le paguen a España por triplicado.
Paralelo a todo esto hay un monstruo que se mueve detrás, pero
que su fortaleza se está viendo crecer día a día, que se llama los Estados
Unidos de Norteamérica. Una nación que está amenazando con comer
se el mundo entero; la frase no es mía, la frase fue pronunciada en una
fecha tan lejana como 1812. Es increíble que se pudiera decir esto en
1812, por Francisco de Arango y Parreño. Esta nación que crece, a me
dida que lo hace va entrando en conflicto con España, negociando con
Cuba, que la tiene al alcance de la mano, e imponiéndole condiciones a
España cada vez más cerradas. Entonces aparecen dos intereses hacia
Cuba en los Estados Unidos. Uno, el del gobierno norteamericano, con
una política completamente clara, en la que Cuba es esencial para ellos
por ser ese enorme emporio de riqueza internacional. Pero Cuba es al
go más para Estados Unidos. Esta nación debe en parte su grandeza a
un fenómeno colonizador extraordinario que realiza hacia el Oeste. Pa
ra comunicar el Oeste lejano -todavía desde el siglo XIX le dicen Far
West, el lejano Oeste- ellos tienen que ir por algún lugar y esto requiere
un transporte enorme. Estados Unidos, ante una necesidad ineludible,
decide hacerse de una ruta por Panamá, obviamente entonces el canal
40 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
no existía. Para ello se construye el ferrocarril de Panamá hasta un sitio
poco conocido, que después los colombianos obligan a llamar Colón.
Entonces el mundo fabuloso de riquezas que se está construyendo en el
Oeste americano se lleva en barcos hasta Panamá, se traslada por ferro
carril hasta Colón y desde aquí hasta la costa Atlántica norteamericana.
Pero para llegar a esta costa atlántica norteamericana hay una isla que
está metida justamente en medio del camino. Esta isla es Cuba, con una
extensión de aproximadamente 1200 kilómetros de largo. Ante esa si
tuación de Cuba, esencial para los Estados Unidos, se genera una men
talidad por la cual Cuba puede seguir siendo española pero no puede
ser independiente, y si lo es deberá serlo bajo la influencia norteameri
cana y nunca bajo la europea.
Cuba cobra una importancia extraordinaria como vía de comuni
cación. Yes curioso que los historiadores no hayan subrayado la rela
ción que tiene Cuba, que está en el Atlántico, con la carrera norteame
ricana hacia el Pacífico. Una relación que viene a aliviar un poco el fe
rrocarril norteamericano al Pacífico, que no funcionará de forma efi
ciente hasta los años de 1880. Por lo tanto, el tránsito, a veces por Nica
ragua que no es bueno y casi siempre por Panamá, con barcos que tie
nen bordear o ir hasta Cuba es la segunda importancia cubana para los
norteamericanos, precisamente por su posición geográfica. La otra es
su enorme producción.
Como resultado de esta relación comercial y económica entre Cu
ba y los Estados Unidos, se estrecha también una relación de tipo social,
y comienza una vieja costumbre cubano-norteamericana: los hijos se
mandan a estudiar a los Estados Unidos. Llama la atención que algunos
consideren que esta tendencia migratoria cubana de irse a los Estados
Unidos es algo reciente. Lo que ignoran es que el exilio cubano en Esta
dos Unidos es uno de los hábitos más antiguos en la historia de Cuba,
empezando por el primer gran hombre de la independa cubana, Félix
Várela y Morales, aquel cura maravilloso, excelente escritor, patriota in
tachable que en los años 20 se exilia en la Floriday sube después a Nue
va York, donde se convertirá en el gran cura de los irlandeses, hasta el
punto de que, cuando muere, hay un grupo de irlandeses que quiere
hacerle santo. A Várela habría que añadir al novelista cubano más im
portante del siglo pasado, Cirilo Villaverde. Cecilia Valdés, la extraordina
ria novela de Villaverde -que por cierto a mí no me gusta-un fresco ex-
Manuel Moreno Fraginals 41
traordinario de la sociedad cubana del siglo XIX cubano, fue escrita en
Nueva York de memoria entre losaños 76y 80, por alguien que llevaba
40 años sin ver su patria. Otro importante novelista, Ramón Mesa, co
menzó a escribiren Estados Unidossu obra másimportante, Mi tío el em
pleado. Ydespués de eso tenemos exiliados en Estados Unidos, hastaJosé
Martí, y el presente en que hay en la ciudad de Miamimás de un millón
cubanos.
Vemos, pues, un entramado social que se va armando entre Esta
dos Unidos y Cuba, y hay este otro mundo que está ya armado de tipo
económico, al que nos hemos referido. En este contexto era lógico que
hubiera sectores que pensasen que la solución cubana era anexarse a los
Estados Unidos. Esto es algo que se discute tremendamente, sobre todo
en la década de 1840. Se llegaa fundar un partido anexionista en Cuba,
creado por gentes de las más ricas, dueños de esclavos, etc. Así, la idea
de la anexión aparece como una ideología de los azucareros cubanos
que están buscando dos cosas: buscan primero el no perder a los escla
vos -si pierden a losesclavos pierden el azúcar y todo el capital cubano-
y segundo, el no privarsede poder llevarsu azúcar a los Estado Unidos,
un mercado totalmente libre.
Aparece, pues, el anexionismo con este estigma que lo vincula a
gentesque estáninteresadas únicamenteen el lucro personal¿Por qué?
Inglaterra, por entonces, ya está al borde de exigir la liberación de los
esclavos y acabar con la trata. Mientras esto pasa se trata de resolver el
problema de lamano de obratrayendo chinos, sehabla de traer poline
siose indios de Colombiayde otras regiones de AméricaLatina,etc. Esa
es una faceta del anexionismo, mientras que la otra es la que vimos an
teriormente, es la faceta del interés pecuniario y de conservar los escla
vos.
Pero haydos hechos muyinteresantes que quisiera destacar. En es
ta época hay dosgrandes expediciones a Cuba, que, según un gran his
toriador cubano, no son anexionistas, me refiero a Herminio Portell-Vi-
lá, y según otros -entre los que me encuentro- sí lo son. La anexión, en
tonces, se convierte en un problema casi de guerra. Y España se da
cuenta de que tiene que combatir profundamente ese foco de anexión
cubano. Al mismo tiempo, en los años 60, hay dos guerras en América:
una conocida como la Guerrade Restauración Dominicana, una guerra
española por recobrar Santo Domingo, en un momento en que los Esta-
42 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
dosUnidos estátratandode introducirse allí yapoderarse de la bahíade
Samaná; la otra es la guerra civil norte-sur de los Estados Unidos, que
tiene un carácter antiesclavista, contra los esclavistas del sur. Ycuando
estas dos guerras terminan en 1865, los Estados Unidos presentan ya un
frente total contra la esclavitud. Ahora bien, si la anexión estaba motiva
da, como se suele afirmar, únicamente pordefender los intereses de los
esclavistas yde los productores azucareros, por qué cuando Estados Uni
dos sevuelve antiesclavista, llega el momento más alto del anexionismo
cubano en losEstados Unidos. Incluso se publican dos periódicos en cu
yos editoriales se pueden leer ideas como las siguientes: "nosotros no ve
nimos a pedir la anexión para defender a los esclavos, para defender
nuestros esclavos, porque no somos esclavistas; nosotros no venimos a
hablar de la anexión para proteger los altos precios del azúcar porque
no somos productores; somos gente trabajadora, somos hombre que lu
chamos por una Cuba distinta ypor esto proclamamos la anexión". Apa
rece asíun anexionismo antiesclavista yantiazucarero, pero de una fuer
za enorme.
Finalmente hay un momento extraordinario en esta historia de
América yEspaña, que en diecisiete días cambia el análisis político de
este país. Se produce la revolución de Lares en Puerto Rico, la revolu
ción deLa Demajagua en Cuba -ambas con uncierto trasfondo anexio
nista-, ylaGloriosa en España. Ante las revoluciones de Cuba yPuerto
Rico, unade las prioridades que enfrenta con toda seriedadJuan Prim y
Prat, como primer problema de La Gloriosa, será el definir con Estados
Unidos la situación de Cuba, y de Puerto Rico. Mientras, los cubanos,
decididos a institucionalizar la gran rebeldía de LaDemajagua, se reú
nen en Guáimaro en asamblea constitucionaly dan a conocer el texto
de la primera constitución de la República de Cuba en Armas. Hubo
otra antes pero no lade Cuba en armas. En esta reunión de Guáimaro
se decide enviar una carta al presidente de los Estados Unidos yse le pi
de la anexión de Cuba. De ese grupo saldrán antianexionistas a la larga
ysaldrán otros que llevaron siempre el anexionismo en el alma. Auno
de los hombres más ilustres de la historia de Cuba, Ignacio Agramonte,
según el estudio de sus restos que hicieron los españoles cuando resca
taron su cadávervestido con una camisa blanca,se le encontró la bande
ra norteamericana bordada sobre el pecho. Agramonte nunca ocultó su
anexionismo y creo que fue un anexionismo de una gran pureza, de
Manuel Moreno Fraginals 43
una gran fuerza y de un gran patriotismo. Pertenecía al sector de los
que no querían que Cuba corriese el mismo ejemplo de lo que estaba
pasando en otrospaíses latinoamericanos: guerrasciviles continuas, gol
pes de estado, etc.
Por otra parte, ahí están las cartas de esa época, a veces de una
fuerza tremenda, de grandes patriotas. Una de ellas, de un valioso per
sonaje cubano, el Lugareño, Gaspar de Betancourt Cisneros, quien le
dice a José Antonio Saco, que ha escrito el gran documento contra el
anexionismo, "convéncete Saquete, españoles somosy españolitossere
mos, engendrados y cagaditos por ellos", y después le envía unos versos
que dicen: "De la leche sale el queso, del queso saleel quesito, de loses
pañoles grandes somos los españolitos". Es decir, este hombre tiene una
cierta falta de fe en el destino cubano. Piensan los anexionistas con es
cepticismo ante esa masa de españoles y de negros que era la isla -y
cuando se piensaen negros no se piensaen el hombre digno de hoyen
día, sinoen el hombre que han sumido en la esclavitud, el hombre que
ha retrocedido por la esclavitud no por la cuestiónracial- yfrente a eso
ven a los Estados Unidos, quizás como una forma de buscar un mundo
nuevo. Este sentimiento anexionista no se borró.
Dos de los hombres fundamentales para la independencia de Cu
ba, Antonio Maceo yJosé Martí, eran profundamente antianexionistas.
Martí cuando habla de la bandera cubana tiene una de las frases más
dramáticas de suvida. Elsabía que la banderacubana, esetriángulo con
la estrella solitaria, era una copiade la bandera de Texas y que esaban
dera de Texas había sidouna bandera anexionista; sinembargo, comen
ta simplemente: "La bandera cubana, lavada de la mancha anexionista,
con la sangre de los héroes de los diezaños". Diez años de guerra, yano
somos anexionistas, aunque la bandera lo haya sido originalmente en
un tiempo.
Yel anexionismo no se borró. Después vino la etapa del autono-
mismo, ya una etapa totalmente distinta, y finalmente, la guerra de in
dependencia 1895-1898. Guerra de independencia que se organiza en
los Estados Unidos, que la organiza el Partido Revolucionario Cubano
fundado en Estados Unidos -y no por eso anexionista.
Sin embargo, es importante comprender que el anexionismo no
es solamente una idea o una ideología de unos cuantos traidores o co
mo quieran llamarlos, sino algo que es el resultado de la unión de Cuba
44 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i998)
yde Estados Unidos, porque hay otros pequeños detalles, que no dicen
las historias. Durante casi todo el siglo XIX y hasta 1895 Cuba es el se
gundoo tercero, varían los años, ymuy pocas veces el cuarto comprador
de productos norteamericanos; yseencuentra entre los primeros países
vendedores de susproductosa esemercado. Esdecirque hayuna unión
tremenda que no se puede liquidarcon cuatro frases patrióticas.
Para entonces la política norteamericana, que no ha seguido una
política anexionista desde el puntodevista activo, sísemuestra dispuesta
a devorar a Cuba. Entre 1891-1892 dicta una ley que es una ley funda
mentalmente dirigida contra España, el conocido históricamente como
bilí McKinley. No es la primera, yaen 1834 se habíadictado la Navigation
Act, a la que siguió una segundaley contra España en 1853. Dos opinio
nes de la época, tomadas de dosde las primeras revistas económicas del
momento, -la Revista Económica Francesa y la Revista Económica Inglesa-
coinciden en afirmar en 1891: "Se ha consumado la anexión de Cuba a
losEstados Unidos". La Ley McKinley es exactamente eso: la forma legal
de apoderarse de Cuba. Yes precisamente esta ley la que fuerza aJosé
Martí a apresurarel inicio de la guerra de independencia de Cubay evi
tar así que los Estados Unidos se adelanten. En este contexto se produ
cen las conversaciones de José Martí en México para que se apresuren y
que sila intervención norteamericana estan inminente que interviniese
México, y que Cuba pasara a ser mexicana antes que norteamericana.
Los documentos se encuentran en los archivos mexicanos, cuidadosa
menteguardados, ypronto lospublicaremos con tododetalle.
Entonces la anexión no se consumó. Yllego el año 1895.¿Cuál era
la situación en este año? Hacia 1895 hay una serie de datos que son su
mamente curiosos. El 91% de las exportaciones cubanas se hacen a los
Estados Unidos, aproximadamente el 87%, de acuerdo con losdatos de
National City Bank -fundado por cierto con dinero del mayor comer
ciante norteamericano en Cuba, Moses Taylor- de esa negociación se
hacia en moneda norteamericana. Piénsese que una de las primeras exi
gencias que una metrópoli impone a sus colonias es que las transaccio
nes mercantiles se hagan en la moneda de la metrópoli. El hecho de
que Cuba quebrase esa normademuestra hasta qué puntoCuba no era
una colonianormal de España. No les faltaba razón a lasrevistas econó
micas mencionadas, al afirmar que se estaba consumando la anexión.
Cubavende a Estados Unidossu producción principal, casi toda la zafra
Manuel Moreno Fraginals 45
azucarera, además de casi toda su producción bananera. Compra funda
mentalmente a los Estados Unidos. Cuba está entregada a los Estados
Unidos. Sin embargo, para esta fecha, el azúcar en Cuba es propiedad
española, en un 42%.
Como ven, esto es mucho más complejo de lo que parece a prime
ra vista. Y así se explica también que en estos momentos aparezca un
grupo muy interesante de españoles peninsulares, miembros del gobier
no, miembros de grande publicaciones, por ejemplo el director del El
Diario de la Marina, que estén haciendo labores anexionistas en los Esta
dos Unidos.
Asíempieza la guerra, guerra larga, sangrienta, en la que no vamos
a entrar. Durante esta guerra se produjo el inhumano proceso de recon
centración impuesto por el general Weyler, se vieron numerosos actos
heroicos y terminó con la intervención norteamericana. Este es uno de
los momentos más trágicos de la historia de España con elementos de
una gran belleza al mismo tiempo. Termina la guerra y se ha consuma
do la anexión, pero hay un último punto que deseo destacar. Cuando
Estados Unidos interviene, Cuba ha sostenido previamente una larga
guerra por su independencia de diez años, y después ha mantenido una
guerra de cuatro años. En total, contando los meses, ha mantenido
quince años de guerra constante. La situación es difícil para Estados
Unidos. La gran campaña belicista que se realiza en Estados Unidos y
que fomenta sobre todo la prensa de Hearst, y en cierta forma la que no
era suya, justifica la guerra para evitar la muerte de miles de personas
por la tiranía española -entonces no se empleaba el término genocidio.
Finalizada la guerra hay que dar la independencia a Cuba. Pero los cu
banos acceden a una independencia mediatizada por un apéndice cons
titucional, la Enmienda Platt, derogado en 1934 durante el mandato de
Franklin Delano Roosevelt.
Desde entonces, ya no se volverá a hacer mención al anexionismo
hasta estos momentos, en que se trata de acusar de anexionistas a todos
los cubanos que viven en Estados Unidos, como si fuera la primera vez
que este forzado flujo migratorio se produjera en nuestra historia.
Siempre recordaré la frase extraordinaria de El Lugareño, en una
discusión con José Antonio Saco: "Querido Saquete, no discutas de ide
as, no discutas tus sentimientos; el anexionismo no es un sentimiento, el
anexionismo es un cáncer". Yyo creo que eso fue exactamente.
DE LA PROVINCIA A LA NACIÓN
Ensayo sobre el nacionalismo autonomista
RAFAEL ROJAS
En la historiografía postcolonial cubana, tanto de la República
(1902-1959) como de la Revolución (1959-...), ha predominado la idea
de que la nación y el nacionalismo surgieron, exclusivamente, dentro
del movimiento independentista del siglo XIX. Amén de muy contadas
excepciones (Herminio Portell Vilá, LevíMarrero, Manuel Moreno Fra
ginals y alguien más), casi todos los historiadores cubanos modernos,
desde Ramiro Guerra hasta Jorge Ibarra, han partido del supuesto de
que las guerras de independencia, entre 1868 y 1898, constituyeron el
espacio de la nación, mientras que las otras opciones políticas (refor
mismo, autonomismo, anexionismo...) desembocaban en formas colo
niales de la soberanía.1 El importante historiadorJulio Le Riverend,por
ejemplo, sostenía en su Breve historia de Cuba que los reformistas y ane
xionistas alcanzaban, cuanto mucho, una imagen "débil e incompleta
de la nación cubana" y que, en cambio, aquellos habitantes del país que
"querían ser cubanos antes que norteamericanos o españoles eran los
portadores del verdadero sentimiento nacional".2
Las páginas que siguen son un esfuerzo por responder a una pre
gunta que, desde hace un siglo, motiva el debate historiográfico en Cu
ba: ¿esposible hablar de un nacionalismo autonomista? Mi respuesta es
que sí; que la autonomía dentro de España, al igual que la anexión a los
Estados Unidos, fue una salida de ciertas élites criollas al dilema del sta
tus de la soberanía que aspiraba, por medios legales, pacíficos y evoluti
vos, al mismo fin del separatismo, esto es: construir en Cuba un Estado
nacional, legitimado por una cultura nacionalista. Para argumentar este
punto de vista haremos un breve recorrido por las tres fasesdel autono
mismo cubano: la provincial, entre 1808 y 1834; la nacional, entre 1835
1Ver Ramiro Guerra, Guerra de losDiezAños, 1868-1878. La Habana: Cultural S. A,
1950,1.1;Jorge Ibarra, Ideología Mambisa. La Habana: Instituto del Libro, 1967y Nación
y cultura nacional. La Habana: Editorial de Letras Cubanas, 1981.
2Julio Le Riverend, Breve historia deCuba. La Habana: Editorial de Ciencias Socia
les, 1995, p. 55.
47
48 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
y 1877; y la estatal, entre 1878 y 1898. Este proceso político de 90 años
verifica el tránsito, en la mentalidad de las élites, de la imagen de Cuba
como provincia autónoma a la imagen de Cuba como Estado nacional.
El desarrollo de la idea autonómica confirma, una vez más, que la histo
ria política de Cuba no ha sido el enfrentamiento entre sujetos naciona
les y sujetos antinacionales, sino, más bien, el enfrentamiento, no siem
pre binario, entre distintos tipos de nacionalismos: el revolucionarioy el
reformista, el democrático y el autoritario, el liberal y el comunista/
LA SOBERANÍAPROVINCIAL
A pesar de que José Antonio Saco y otros reformistas cubanos de
los años 30 asociaron el autonomismo al status de algunas colonias in
glesas, como Canadá, Jamaica y las Bahamas, lo cierto es que la idea de
autonomía que se introdujo en Cuba proviene de la tradición pactista
del neotomismo español, fundada por Francisco de Vitoria, Domingo
de Soto, Francisco Suárez y otros teólogos y juristas del siglo XVI. En
1808, con la invasión napoleónica a España y el cautiverio de Fernando
VII, esa tradición tuvo su primera oportunidad moderna.4 En ausencia
del Rey, la soberanía era asumida por lasjuntas provinciales que debían
convocar a unas Cortes nacionales. En Cuba, como en toda América La
tina, la lealtad a Fernando VII produjo una revolución pacífica, en la
que las provincias luchaban por la independencia nacional, es decir, de
todas las Españas frente a Francia, a través del juntismo autonomista.5
En julio de 1808, Francisco de Arango y Parreño,José de Ilincheta,
el Conde de O'Reilly, Tomás de la Cruz Muñoz, Agustín de Ibarra y
otros notables del Ayuntamiento de la Habana, con el visto bueno del
propio Capitán General de la Isla, Marqués de Someruelos, propusie
ron a los vecinos de la ciudad el "establecimiento de una Junta Superior
de Gobierno que, revestida de igual autoridad a las demás de la penín-
1Julián B. Sorel, Nacionalismo y revolución en Cuba. 1823-1998. Madrid: Fundación
LiberalJosé Martí,pp. 17-31.
4Fernando García de Cortázar yJosé Manuel González Vesga, Breve historia deEs
paña. Madrid: AlianzaEditorial, 1994,p. 419.
r' Manuel Moreno Fraginals, Cuba/España. España/ Cuba. Historia común. Barcelo
na: Crítica, 1995,pp. 157-169.
Rafael Rojas 49
sula de España, cuide yprovea todoloconcerniente a nuestra existencia
política y civil".'* Años después, Arango rememoraría aquel intento co
mo fruto de la adaptación de las élites a una coyuntura de vacío de po
der, en la que el apoyo al Rey cautivo no estaba en contradicción conel
reconocimiento de una soberanía provincial. Según Arango, las élites
habaneras querían "organizar en la Isla un centro de gobierno que, al
mismo tiempo que interinamente supliese la falta que nos hacía el su
premo, consolidase elpoderde las autoridades existentes".7 Al igual que
en México, donde un proyecto similar del Ayuntamiento y la Audiencia
fue sofocado por el golpe de Gabriel de Yermo contra el virrey Iturriga-
ray, laJunta habanera desató la reacción de las élites militares y comer
ciales. Curiosamente fue otro criollo, el brigadier Francisco de Montal-
vo, quien encabezó la oposición al proyecto de Arango e Ilincheta por
considerarlo como un primer paso haciala independencia.8
En 1810fueron electos dos diputados cubanos a las Cortes consti
tuyentes de Cádiz: Andrés deJáuregui por el Ayuntamiento de la Haba
na,yJuan BernardoO'Gavan por el de Santiago de Cuba. Laideade un
gobierno provincial, malograda en 1808, reaparece ahoraen las instruc
ciones que redactan los corresponsales deJáuregui, Francisco de Aran
goyParreño yel padreJosé Agustín Caballero.9 En la Representación del
Ayuntamiento a las Cortes de Cádiz, de 1811, redactada por Arango, se
solicitaba la igualdad de derechosentre loshabitantes de la metrópoli y
las colonias, de acuerdo con el iusromanum in integrum y con "la imagen
del gobierno británico", que "se ve copiada, y se ha visto siempre sin in
conveniente alguno, en sus más remotas y pequeñas posesiones".10 Se
gún Arango, la parálisis del régimencolonial era obra de la ausencia de
"un gobierno provincial combinado por la prudencia conforme a las
circunstancias"." LaExposición a las Cortes escritapor el padre Caballero,
también en 1811, es más explícita aún. En ella se "suplica al Congreso
Nacional" la constitución de
' LuisNavarroGarcía,Laindependencia de Cuba. Madrid: Editorial Mapire, 1992,
pp. 21-23.
7Leví Marrero, Cuba: economía ysociedad. Madrid: EditorialPlayor, 1992, t. XV, p. 11.
8LuisNavarro García, [Link]. pp. 26-33.
1LevíMarrero, [Link]. pp. 32-38.
10 Luis Navarro García, [Link]. p. 46.
"Ibid,pA5.
50 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
Una Asamblea de Diputados del Pueblo con el nombre de Cortes Provin
cialesde la Islade Cuba, que estén revestidas del poder de dictar las leyes loca
les de la provinciaen todo lo que no sea prevenido por las leyesuniversales de
la Nación,yasean dictadasnuevamente por el Congresonacional,yasea por el
antiguo establecimiento de la Legislación Españolaen todo aquelloque no sea
en ella derogado '2
Ymás adelante desarrollaba la noción de soberanía provincial, in
sistiendo en que dichas Cortes, aunque coexistieran con un Consejo
Ejecutivo provincial, no sólo desempeñarían funciones parlamentarias
o legislativas, ya que
Constituidas las Cortes Provinciales serían soberanas en el recinto de la Isla
y se refundirían en ellas todas las funciones gubernamentales de la Intenden
cia, de laJunta de la Real Hacienda y Tribunales de Cuentas, las de lasJuntas
de Derechos,lasde Maderas,de la Temporalidadydemásgubernativasque hu
bieseen la Isla. Elegirán su presidente ydemás miembrosnecesariospara la di
visión y despacho de las tareas y respecto a que las Audiencias tienen el trata
miento de Alteza, debía ser el mismo el de las Cortes Provinciales, en conside
ración a sus altas y soberanas facultades.1'
Entonces la Capitanía General estaba dividida en 8 jurisdicciones
(La Habana, Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Trinidad, Villaclara,
San Juan de los Remedios, Sancti Spíritus y Matanzas). El proyecto del
padre Caballero recomendaba que las Cortes Provinciales estuvieran in
tegradas por 30 diputados de La Habana, 9 de Santiago de Cuba, 6 de
Puerto Príncipe y 3 de cada una de las restantesjurisdicciones. Esta des
proporción viene a confirmar que para el primer autonomismo cubano
la nación es España, la provincia es Cuba y el país es La Habana. Con el
tránsito de la fase provincial a la fase nacional veremos cómo la repre
sentación del país, aunque sin dejar de estar centrada en La Habana, se
distribuye mejor a lo largo y ancho de la isla.
Jáuregui nunca presentó el proyecto autonomista del padre Caba
llero en las Cortes y sí desempeñó, en cambio, un papel decisivo en la
12 LevíMarrero, op. cit., p. [Link]én Beatriz Bernal, Cuba:fundamentos dela
democracia. Antología delpensamiento liberal cubano. Madrid: Fundación LiberalJosé Mar
tí, 1994, pp. 72-76.
1:1/fei,pp. 32-34.
Rafael Rojas 51
reprobación de la propuesta de abolición gradual de la esclavitud, pre
sentada por el novohispano Miguel Guridi Alcocer.14 El regreso de Fer
nandoVII yla restauración del absolutismo en 1814 deshicieron, enton
ces, aquella correspondencia entrela lealtad alRey ausente yla retroce
sión de la soberaníaa las provincias. Sin embargo, con el levantamiento
de Rafael de Riego en Cabezas de SanJuan yel trienio liberal de 1820 a
1823 reaparece la demanda autonomista en las Cortes.15 Esta vez será el
diputado habanero Félix Várela y Morales quien, a principios de 1823,
presentaría con otros seis diputados un Proyecto de instrucción para el go
bierno económico-político de las provincias de Ultramar que buscaba "ampliar
lasfacultades de las diputaciones provinciales de América, presentándo
las como una barrera contra la arbitrariedad".1" El padre Várela no sólo
concebía dicha reforma como un medio de difundir los principios cons
titucionales de Cádiz en América ypropiciar la adopción del modelo au
tonómico canadiense, sino como una medida que tal vez lograra el rein
greso de las nuevas repúblicas hispanoamericanas alImperio.17
LA NACIONALIDAD LATENTE
El segundo momento del autonomismo cubano, que en la histo
riografía se identifica con las campañas reformistas de mediados del si
glo XIX, se iniciajusto allí donde empieza la desilusión del padreVárela
con la vía autonómica. Históricamente, esta fase podría enmarcarse en
tre la oposición criolla al régimen de facultades omnímodas de Miguel
Tacón ylaexclusión de los diputados cubanos de las Cortes, hacia 1837,
y el fracaso de laJunta de Información de Madrid y estallido de la pri
mera guerra separatista treinta años después.18 Llama la atención que
casi todos los reformistas criollos de esas décadas, José Antonio Saco,Jo
sé de la Luz y Caballero, Domingo del Monte, Francisco de Frías yJa-
14 LevíMarrero, op. cit., p. 62.
ir' Fernando García de Cortázar yJosé Manuel González Vesga, op. cit., pp. 431-
432.
16 LevíMarrero, op. üt, p. 64.
17 Luis Navarro García, op. cit, 84-86.
18 Raimundo Menocal y Cueto, Origen ydesarrollo del pensamiento cubano. La Haba
na: Editorial Lex, 1947,vol. II, pp. 140-193.
52 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
cott..., aunque le reprochaban a los gobiernos de Ultramar que trataran
a Cuba como colonia ynocomo provincia, imaginaban a Cuba ya noco
mo una provincia, sino como una nacionalidad y, en algunos casos, co
mo una nación.10
Saco fue, tal vez, el primer intelectual que aplicó la noción de na
cionalidad a la sociedad cubana. Es cierto que en losaños 30 todavía ha
blaba de Cuba como la "patria" yde España como la "nación". Así, por
ejemplo, en su "Cartade un patriota, o sea,clamor de loscubanos", diri
gida a las Cortes en 1835, defiende el fin de la trata, la colonización
blancay el establecimiento de unaJunta Provincial -reclamo básico del
autonomismo- aunque ya habla de Cuba como "un hermoso país, que
el solo vale un reino".20 Pero apenas dos años después, en su "Paralelo
entre la isla de Cuba yalgunas colonias inglesas", insiste en que, a pesar
de sus simpatías por el modelo colonial británico, "no sería tan criminal
que propusiese uncir mi patria al carro de la Gran Bretaña", ya que los
"esfuerzos de todo buen cubano deberían dirigirse a darle una existen
ciapropia, independiente, ysiposible fuera tan aislada en lo político co
mo lo está en la naturaleza"; idea esta que está tomada, casi textualmen
te, de una página de ElHabanero de FélixVárela.21
Laideade nacionalidad aparece confuerza en ladécada siguiente,
dentro de su campaña pública contra el anexionismo. Recordemos, a
propósito, aquel pasaje tan citado de su valiente ensayo Ideas sobre la in
corporación de Cuba a losEstados Unidos:
Debo decir, francamente, que a pesar de que reconozco las ventajas que
Cubaalcanzaría formando partede aquellos Estados, mequedaría en elfondo
del corazón un sentimientosecretopor la pérdida de la nacionalidadcubana.22
¿Qué entiende Saco por nacionalidad cubana? Ni más ni menos
que esapoblación de 500.000 blancos criollos yespañoles, que, "dada la
superficie de la isla podría crecer hasta algunos millones de hombres",
los cuales conforman, en sus palabras, una "humanidad blanca, muy su-
19 Manuel Moreno Fraginals, [Link]. pp. 190-205.
20José Antonio Saco, Obras. Nueva York: Roe Lockwood e Hijo, 1853,1.1, pp.98-
104.
21 Ibid, p. 170.
22 Ibid, t. II, p. 8.
Rafael Rojas 53
perior alanegra por muchos títulos sociales, ypor lo mismo más digna
de lavida yel bienestar".23 Ese triple programa reformista de Saco, que
combinaba la supresión de la trata, laautonomía ylainmigración blan
ca, con el fin de afianzar el biopoder nacional de esta raza, es, en esen
cia, el mismo que difundió Francisco de Frías yJacott, Conde de Pozos
Dulces, desde las páginas de El Siglo. En su polémica con Reynals yRa-
bassa, contenida en losfolletos "La cuestión de Cuba" y "En defensa de
Cuba", se expresa claramente eltránsito delanoción deprovincia alade
nacionalidad dentro de la tradición autonomista. Ese tránsito, según el
Conde, severifica cuando lasélitescriollas comprenden que "elespíritu
del provincialismo noes otra cosa que laprimera manifestación de una
nacionalidad latente".24
El nacionalismo del Conde de Pozos Dulces, aunque negrófobo
como el de Saco, alcanzó una intensidad retórica hasta entonces desco
nocida en la cultura cubana. A las preguntas de Reynals: "¿qué páginas
ha dado a la historia la nacionalidad cubana?... ¿qué artes, qué ciencias,
qué sentimientos ycostumbres propias posee?", Frías respondió indig
nado:
Todos aquellos que vosotros nohabéis querido o podido darnos o inspirar
nos, yque nosotros poríndole natural, porindustria propia yporlegítima am
bición hemos adquirido yatesorado, poniendo a contribución los adelantos de
todos los países donde nos llevaron lacuriosidad o laexpaüiación ¿Os atrevéis
a dudarlo,vosotros losde la metrópoli, a quien todoslosviajeros pintan como
rezagada deun siglo respecto desu colonia cubana? ¿Qué son vuestra agricul
tura, vuestras vías férreas, vuestros telégrafos y vuestros vapores comparados
con los nuestros? ¿En qué ciencias físicas, naturales o morales tenéis vosotros
representantes que desluzcan a los nuestros? ¿Tenéis vosotros un poeta queso
brepuje nuestro Heredia, inmortal autor deEl Niágara? ¿Escritores más castizos
que Del Monte ySaco? ¿Filósofo más profundo yenciclopédico quejóse dela
Luz y Caballero? ¿Sacerdote que en ciencias, en caridad y virtudes se pueda
comparar con el evangélico Várela? Mostrádnos, entre vosotros, físicos ynatu
ralistas más alcanzados que los Poey, padre e hijo; facultativos más distinguidos
que los Gutiérrez, JorrínyDíaz; químicos más eminentes que Alvaro Reynoso;
jurisperitos de la talla deAnacleto Bermúdez ydel ciego Escobedo. Yporfin,
¿en cuál devuestras ciudades, incluso lacapital, selevanta hoy unageneración
2> Ibid, 1.1,p. 225;t. II, p. 9.
24 Francisco Frías yJacott, Reformismo agrario. La Habana: Publicaciones de laSe
cretaría de Educación, Dirección de Cultura, 1937, p. 150.
54 Cien años de Historia de Cuba(i898-i998)
tan aplicada, tan estudiosa y tan apta para todas las carreras ydestinos de hu
mana actividad, como laque hoy brilla enelsuelo cubano yque tantos timbres
de gloria promete a su patria ya la civilización? ¿Osarías poner en parangón
vuestras costumbres corrompidas, vuestra empleomanía, vuestros hábitos de
estafa y confusión, vuestro mentido liberalismo, con la proverbial pureza, la
hospitalaria generosidad, los sentimientos desinteresados yla innata cultura y
liberalismo que distinguen a laraza cubana, yque forman su fisonomía espe
cial entretodas las queproceden deltronco español?25
Aquel ingenuo patriotismo criollo, a loArrate, que exaltaba las vir
tudes de los españoles nacidos en Cuba, se ha convertido ya en un na
cionalismo étnico, de la raza cubana, que se define en violenta contra
posición a la cultura española. De hecho, más que de un nacionalismo
étnico, encaminado a lapreservación de loque Foucault llamaría el bio-
poder blanco, este discurso está cerca de un nativismo antigachupín, co
mo el que se dio enMéxico durante el Imperio de Iturbide ylaprimera
República Federal, yque persuadía aFrancisco Frías de laimposibilidad
cultural de una absorción de Cuba por los Estados Unidos. Sin embar
go, a pesar de su ingenua agresividad, ese nacionalismo étnico fue com
partido porcasi toda laintelectualidad criolla, incluyendo a reformistas
como Antonio Bachiller y Morales o Raimundo Cabrera, anexionistas
como Gaspar Betancourt Cisneros o Cirilo Villaverde y separatistas co
mo Manuel de laCruz yManuel Sanguily. No es raro, entonces, que en
sus momentos de mayor exaltación el Conde de Pozos Dulces, sin re
nunciar alautonomismo, llegara almismo punto de los separatistas:
Ycuando todo tiende a caracterizarnos ya distinguirnos, cuando no hay
una sola fibra de nuestra constitución que noproteste contra ladependencia
de España cuandono sólola geografía sinotodos lossentimientos del almacu
bana claman a gritospor la separación, nos habláis todavía de común naciona
lidad, idéntica historia y recuerdos solidarios... Cuando suene en el reloj del
tiempo lahora devida para una nueva nacionalidad denada sirven argumen
tosretrospectivos ni apelaciones a vínculos muy sagrados sise hubieran sabido
respetar... Esa nacionalidad de Cuba, que resume todos sus agravios ytodas sus
esperanzas, esya un hecho que podrá anonadarse porlafuerza, siDios loper
mite, pero que nose transforma nimodifica a impulsos deconcesiones ydere
formas que ya son tardías. La nacionalidad española en Cuba murió a manos
de los legisladores de [Link] nacionalidad cubana nacida en esa noche de de
mencia yde crimen, sóloaguarda, para proclamar su sucesión ante el mundo,
* Ibid, pp. 158-159.
Rafael Rojas 55
que se lleven el cadáver de la madre todavía velado por un ejército de treinta
mil bayonetas.21'
No es por su evidente aproximación a la idea separatista que un
partidario de la autonomía como el Conde de Pozos Dulces llega ale
vantar semejante monumento retórico al nacionalismo; es, sencillamen
te, porque la voluntad de construir una nación moderna también actua
ba en la cultura política autonomista. El status de la soberanía insular
era, a todas luces, secundario para aquellos reformistas, convencidos,
como estaban, de que laisla poseía, a mediados del siglo XIX, una iden
tidad nacional distintiva que evolucionaría lentamente hacia elmodelo
político más adecuado asus tradiciones ycostumbres. Al igual que Toc-
queville, Stuart Mili ycasi todos los liberales de la época, Saco yel Con
de de Pozos Dulces creían que las formas de gobierno eran electivas y
que lo determinante, para una sociedad, era el contenido moderno de
susvalores, susinstitucionesy susprácticas.
¿UNAVÍA AUTONOMISTA HACIA LA REPÚBLICA?
La última oportunidad política del autonomismo cubano, ensu fa
se nacional, fue laJunta de Información de Madrid. Después de su fra
caso en 1867 yel estallido de lainsurrección de Yara, al año siguiente,
algunos delegados cubanos, como Nicolás Azcárate,José SilverioJorrín,
José Antonio Echeverría yel propio conde de Pozos Dulces permanecie
ron fuera de Cuba, en un exilio muy cercano al de muchos separatistas.
Ese exiliofue, en buena medida, la escuelapolíticade una nueva gene
ración de autonomistas que se formaría en Madrid y Barcelona en un
ambiente cultural dominado por la difusión de lafilosofía neokantiana
yel espirituaUsmo nacionalista francés de Taine yRenán, activado por la
guerra franco-prusiana de 1871. Rafael Montoro, Elíseo Giberga, José
del Perojo yMiguel Figueroa, líderes intelectuales del autonomismo, vi
vieron de cerca la crisis política española que, tras el fracaso de la pri
mera República yla agonía del cantonalismo, vino aconfirmar la tradi
ción liberal del monarquismo parlamentario, expresada en laConstitu
id, pp. 160-162.
56 Cienaños de Historia de Cuba(i898-i998)
ción de 1876, cuya legislación colonial favorecería, en el corto plazo, la
pacificación de la guerra de Cuba.27
La fundación del Partido Liberal Autonomista, en 1878, fue una
de las consecuencias inmediatas del Pacto del Zanjón. En dicha organi
zación se unieron los jóvenes intelectuales formados en España con
otros quepermanecieron en Cuba, como Ricardo del Monte yAntonio
Govín, y con algunos separatistas que, como Antonio Zambrana, José
María Gálvez y Raimundo Cabrera, no vieron mucha diferencia entre
un enfrentamiento armado con el régimen colonial yla oposición legal
al gobierno español en la isla. Durante veinte años el Partido Liberal
Autonomista trabajó por la formación, en Cuba, de una Asamblea Pro
vincial entanto órgano representativo de laciudadanía insular, que veri
ficara la descentralización administrativa y fiscal que propugnaba la
Constitución de 1876. Durante los años 80, la política autonomista lo
gró muy poco de la regencia de María Cristina, abrumada, primero, por
los vaivenes de liberales yconservadores que culminaron en el Pacto de
El Pardo y, luego, por el establecimiento de una alternancia en el poder,
favorable a Práxedes Mateo Sagasta, cuyo liberalismo, paradójicamente,
se avenía muy malcon la propuesta autonómica.28 En los 90, en cambio,
laopción autonomista ganó terreno enla esfera política española, tanto
bajo Cánovas como bajo Sagasta, cuyo Ministro de Ultramar Antonio
Maura Montaner había intentado promoverla en 1894, aunque sólo lle
gó a materalizarse en el otoño de 1897, tras la muerte de Cánovas.29
Apesar delaevidente asimetría entre lacultura política española y
la cubana, elPartido Liberal Autonomista delaisla intentó siempre en
marcarse dentro del perfil del liberalismo peninsular. Así, por ejemplo,
Rafael Montoro definía la solución autonomista como una alternativa
consustancial alprincipio deseentralizador quepropugnaban los libera
lesy afirmaba que la autonomía era un
Régimen que nadie puede desconocer sin negar laevidencia, ya que dafor
ma a la descentralización adminisüativa y económica, encomendando a insti
tuciones propias elgobierno ydirección delos intereses comunes alas seis pro-
27 Miguel Martínez Cuadrado, Restauración y crisis de la monarquía. (1874-1931).
Madrid: Alianza Editorial, 1991, pp. 9-40.
2* Ibid, pp. 55-61.
29 Ibid, p. 70.
Rafael Rojas 57
vincias cubanas, y que permite que el país tenga intervención directa y eficaz
en lo que a sus asuntos atañe; y ofrece condiciones de orden, de acierto y de
responsabilidad directa y efectiva, sin que sufran en lo más mínimo las institu
ciones fundamentales del Estado ni la soberanía de la Nación, bases de la uni
dad de la patria.'"
Esinteresante hacer notar que cuando Montoro describe la islaco
mo un espacio compuesto por "seis provincias", con sus respectivas al
caldías, gobiernos y legislaturas provinciales, trasciende automática
mente la representación de Cuba en tanto provincia autónoma, al estilo
de Arango o Caballero, y se coloca dentro de una plena representación
nacional, similar a la de Saco o el Conde de PozosDulces. Sin embargo,
al insistiren el aparato administrativoinsular como un gobierno al inte
rior de un Estado o, más claro aún, como un Estado dentro de una Na
ción, su perspectiva autonomista alcanza ya una nueva dimensión, hasta
entonces desconocida: la dimensión estatal. En el texto Nuestra Doctrina,
programa del Partido Liberal Autonomista emitido en 1881, a pesar de
la retórica autocontrolada que se evidencia, emerge esa singular visión
de Cuba como una nación estatal dentro de la Madre Patria:
Entre Cuba y España, entre la Nacióny la Islade Cuba haydiferencias geo
gráficas, de clima, latitud, de población y de economía. Si a todo esto añadimos
la diferenciade instituciones, leyes, reglamentosadministrativos, de todo lo que
constituye la vida de relación, no podrá menos de reconocerse que el carácter
local,y con éste un modo de ser distinto, propio, esencial e irreductible, existen
en la coloniarespecto de la meUópoli; y tienen que reflejarse en losprogramas
de sus partidos, en la orientación de todas sus actividades. Son, pues, dos esta
dos del espíritu, dos maneras de pensar y sentir. Se trata, entonces, de combinar
la centralización política de la nación española con la descentralización econó
mica y administrativa de sus [Link], así, en la isla de Cuba un ré
gimen autonómico; esto es, un estado cubano dentro de la nación española"
La diferencia más visible entre el programa de El Triunfo y ElPaís,
órganos del autonomismo ya en su fase estatal, y su predecesorElSiglo,
órgano del autonomismo en la fase nacional, es, precisamente, este én
fasis en la construcción de un Estado insular. Miguel Figueroa, Elíseo
Giberga y el propio Montoro, durante los períodos en que representa-
30 Rafael Montoro, Ideario Autonomista. La Habana: Secretaría de Educación,
1938, p. 51.
" Ibid, p. 58.
58 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
ron a Cuba como diputados en las Cortes de Madrid, dejaron muy claro
que una de las prioridades del Partido Liberal Autonomista era dispo
ner en la isla de un sistema presupuestal de ingresos y egresos acorde
con las necesidades del país. Yesta interpretación plenamente moderna
de las funciones de un Estado y, sobre todo, de una Legislatura -la tan
deseada Diputación Provincial-, a pesar de lo que ha establecido la his
toriografía nacionalista cubana, noestaba reñida, para ellos, con laabo
lición de la esclavitud. No debería olvidarse que Figueroa presentó en
las Cortes un proyecto de ley parala supresión de esa oprobiosa institu
ción en Cuba yPuerto Rico yquecasi todos los miembros delPartido Li
beral Autonomista aplaudieron, en 1886, la abolición definitiva del tra
bajo esclavo en lascolonias españolas.32
Para los últimosautonomistas el Estado, y no la Nación, era lo prio
ritario. En cierto modo, ellos invertían la fórmula de Sacoy el Conde de
Pozos Dulces: Cuba era el Estadoy Españala Nación. Talvez, esta muta
ción política explique el hecho de que, a pesar deseguir adscritos allibe
ralismo monárquico español, estos autonomistas hayan contribuido a
sentar las bases culturales del orden republicano en la isla. Fue Rafael
Montoro, el principal ideólogo del autonomismo, quien escribió los
Principios de moral einstrucción cívica, unmanual que, con prólogo de En
riqueJosé Varona, fue leido yrecitado de memoria pormillones deniños
yjóvenes cubanos a partir de 1902. Todavía, en 1937, en medio de la cri
sis postrevolucionaria que daría paso a la gestación de una segunda Re
pública, aquel manual de Instrucción Moral y Cívica deMontoro fue nue
vamente adaptado a laenseñanza general delaisla.33 Difícilmente podría
encontrarse otro aporte más sustancial del legado autonomista a la for
mación, débil yaccidentada, de un nacionalismo republicano en Cuba.
32 Ver Elíseo Giberga, Elproblema colonial contemporáneo. Madrid: Estudio Tipográ
fico deA. Avrial, 1895, yMiguel Figueroa, El presupuesto de Cuba de 1886-1887. Madrid:
Imprentade losHijos deJ. A. García, 1886.
33 Rafael Montoro, Instrucción Moraly Cívica arreglada para las escuelas de Cuba. La
Habana: Cultural S. A., 1937.
LA DIPLOMACIA TRIANGULAR
ESPAÑA-CUBA-ESTADOS UNIDOS (1895-1898)
JAVIER RUBIO
Tomada la diplomacia en sentido restrictivo convencional, como
los servicios oficiales que mantienen permanentemente losestados para
canalizar sus relaciones, ha de reconocerse que durante el cuatrienio
1895-1898 del que me voy a ocupar no había más que una soladiploma
cia lineal, la de Madrid-Washington. Una diplomacia que, por otra par
te, tampoco existió durante todo el tiempo, ya que desaparecería en
abril de 1898 con la ruptura de relaciones diplomáticas que precedió a
la declaración de guerra entre ambos países. Pero si se contemplala di
plomacia, como lo haremos en este trabajo, en su sentido amplio del
conjunto de actitudes que adoptan las comunidades nacionales -sean o
no sujetos de derecho internacional- en susrelaciones mutuas, sipuede
entonces hablarse de una diplomacia triangular España-Cuba-Estados
Unidos; e incluso podría hablarse de una diplomacia cuadrangular,
pues durante el referido cuatrienio había en realidad dos Cubas en su
actitud respecto a España: la que concebía las relaciones sobre una base
de evolución política pacífica, y la que no admitía sino el enfrentamien
to armado hasta conseguir la total independencia.
Durante estos cuatro años, aunque las relaciones entre los tres vér
tices del triángulo tienen unas coordenadaspolíticas de fondo casi inva
riables, que van a llevar a un resultado final bastante previsible en su lí
neafundamental, la situación relacional entre ellos no dejasinembargo
de evolucionarconsiderablemente en aspectos no irrelevantes. Ylo ha
ce en función de distintos factores: sean éstos de carácter personal, me
refiero principalmente al cambio de gobernantes en Washington y en
Madrid, sean de carácter ambiental, sobre todo en la progresiva sensibi
lización de la opinión pública norteamericana, sean, en fin, de carácter
bélico, toda vez que la marcha de lasoperaciones militares que enfren
taban a los independentistasde Baire al ejército español, era obviamen
te un factor primario de gran importancia.
El conjunto de estos factores forma un complejo entramado cuyo
examen y análisis pormenorizado no es posible realizar en una inter-
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60 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
vención forzosamente limitada en el tiempo, como la que me corres
ponde en este interesante curso. Porotraparte, las vicisitudes políticas y
militares en torno a la cuestión de Cuba durante el cuatrienio 1895-
1898 han sido las que han recibido ayer yhoy una mayor atención en la
historiografía, probablemente un tanto desproporcionada en relación
conlaque han recibido fases anteriores -muyinteresantes yreveladoras
sin embargo-de la larga marcha de Cuba hacia suindependencia1.
Me limitaré por lo tanto a resaltar los aspectos que me parecen
másrelevantes, para lo que articularé mi exposición en tresfases, o mo
mentos históricos. La primera, la más larga, desde el grito de Baire a
principios de 1895 hasta la muerte de Cánovas en el verano de 1897. La
segunda desde el otoñode este último año, hasta el mensaje del presi
dente McKinley en abril de 1898. Yla última el lapso restante, es decir
los meses de guerra hispano-norteamericana y de subsiguientes nego
ciaciones de paz, hastafines de 1898 yla firma del Tratado de París.
Ladeterminación de estas fases responde, ciertamente, a un criterio
subjetivo ypor lo tanto discutible. Entiendo, sin embargo, que no carecen
dejustificación. La primera, porcuanto se extiende a los dos años largos
del gobierno de Cánovas, cuya política cubana es denotable coherencia y
continuidad. Porotraparte, lasustantivación de unadistinta ysegunda fa
sedesde el otoño de 1897, no se corresponde sólo conel acceso en Espa
ña de un nuevo gobierno cuya actitud ante el problema cubano es clara
mente distinta del de Cánovas, sino también con la política más activa y
decidida respecto a Cuba del nuevo presidente de los Estados Unidos,
McKinley, llegado unos meses antes al poder. Encuanto a la tercera yúlti
ma fase no creo que necesite ningunaaclaración justificativa.
LAS RELACIONES DESDE BAIRE A SANTA ÁGUEDA
Consideraremos primeramente las relaciones España-Cuba, habi
da cuentaque en el esquema triangular que articula miexposición la re
lación Península-Gran Antilla es la base fundamental inicial. Una base,
1Este desequilibrio, especialmente patenteen la historiografía española, yalo he
destacado en la introducción de mi reciente obra La cuestión de Cuba y las relaciones con
los Estados Unidos durante elreinado de Alfonso XII Los orígenes del «desastre» de 1898. Bi
blioteca Diplomática Española, Madrid 1995.
Javier Rubio 61
que al recibir la profunda sacudidaindependentista del grito de Baire el
24 de febrero de 1895, va a incidir profundamente en los otros dos vec
tores relaciónales que desde los Estados Unidos se dirigen a Españay a
Cuba.
Se ha repetido mil veces por historiadores españoles, cubanos y
norteamericanos que el eje de la política cubana de Cánovas durante su
último mandato, de 1895 a 1897, era el mantenimiento de una Cuba es
pañola empleando, si preciso fuere, "hasta el último hombre y el último
peso". Con lo que se configura la actitud del famoso gobernante espa
ñol como profundamente monolítica y extremosa2.
No voy a negar que esa defensa a ultranza de la integridad territo
rial española fue un principio fundamental de la política cubana de Cá
novas en el lapso que nos ocupa, ni tampoco intentaré justificar el error
que supuso tal enfoque del problema cubano, pues precisamente quien
escribe estas líneas es el historiador que ha hecho una crítica más severa
y circunstanciada de la invidencia del referido gobernante ante las nu
merosas y gravesimplicaciones de tal problema. Sin embargo, creo con
veniente recordar algunas puntualizaciones que nos permitan hacer
comprender mejor la reacción general que en el último tercio del siglo
XIX producía en España la "pavorosa cuestión de Cuba" -como enton
ces se la calificaba- así como la propia actitud de Cánovas ante el mis
mo; cuestiones que los historiadores suelen presentar en forma excesi
vamente circunscrita en el tiempo y simplista en el concepto.
La primera se refiere a que, como ya he mostrado en otra ocasión,
esa política del "último hombre y el último peso" para la defensa de
una Cuba española, no era ningún lema exclusivo del famoso gober
nante conservador, sino un principio e incluso una terminología, que
1Así lo hacen, por citarsólodestacadas obrasde losúltimos decenios, la españo
la Rosario de la Torre (Inglaterra yEspaña en 1898, Eudema, Madrid 1988, p. 67), el cu
bano Manuel Moreno Fraginals (Cuba/España, España/Cuba. Historia común. Crítica,
Barcelona 1995, pp. 274y 287). y el norteamericano David F, Trask (The wariuith Spain
in 1898, Macmillan PublishingCo.,New York 1981, pp. 6 y 245).Esnotable que esteúl
timo autor, uno de los más respetados historiadores de la guerra hispano-norteameri-
cana, afirme que Cánovas pronunció dicha frase en marzo de 1895, cuando quien la
pronunció entonces fue Sagastay no Cánovas, y que para justificarlo cite dos obras es
pañolas-del marqués de Lemay de Leonor Meléndez- que sin embargo no ha debido
consultar,pues ninguna de lasdos dice lo que les atribuye,yuna de ellasni siquieratra-
ta de esta cuestión en la página que Trask indica.
62 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i998)
compartían entonces los dirigentes de prácticamente todos los parti
dos políticos españoles. Por otra parte, tampoco esa extremosa actitud
respecto a Cuba era exclusiva de la Españade la Restauración, régimen
cuya pervivencia al considerarse amenazada con la pérdida de Cuba
-se ha dicho con alguna frecuencia- la explicaría, ya que pueden en
contrarse antecedentes de la misma en la España anterior a la monar
quía de AlfonsoXII3.
La segunda precisión se refiere a que cuando se inicia en Baire la
guerra final de independencia, no está Cánovas en el poder, sino Sagas
ta. Esto es, se halla al frente de los destinos de España un gobierno libe
ral que, como es sabido, no había tenido el valor de asumir la reforma
que dos años antes representó el proyecto descentralizador presentado
por Maura, lo que quizá supuso desperdiciar la última ocasión de solu
cionar pacíficamenteel complejo problema cubano4. De todos modos el
fracaso del proyecto de Maura no significó el abandono de toda refor
ma en lasAntillaspues, cuando se produce el grito de Baire,el gobierno
de Sagasta ya está promulgando una nueva leya este respecto.
Me refiero ahora al proyecto presentado por Abarzuza, sucesor de
Maura en el ministerio de Ultramar, que fue aprobado en el Congreso
el 13 de febrero de 1895. Se trataba ciertamente de un plan descentrali
zador más tímido que el de Maura, en el que se inspiraba, yque no llegó
a promulgarse como leyhasta el 15de mayo, esto es cuando en Cuba se
había ya producido la nueva insurrección, por lo que se le ha calificado
habitualmente de reforma insuficiente y tardía; lo que, por otra parte,
los hechos vinieron a ratificar finalmente. Ahora bien, este plan de
Abarzuza no deja por ello de ser un paso significativo en la dirección
que era entonces necesariaen la políticacubana; un paso que fue acogi
do favorablemente por amplios sectores políticos de la Gran Antilla y
que cabe, incluso,preguntarse si no fue un catalizador que contribuyó a
adelantar el levantamiento de Baire, con el fin de evitar sus posibles
efectos estabilizadores5. Por otro lado, de especial interés para la expli-
3En mi obra citada sobre la cuestión de Cuba (p. 154) ya he tratado esta cues
tión.
4Asílo apunta Emilio de Diego en un reciente trabajo que titula precisamente
"Lareformasde Maura, ¿laúltima oportunidad políticaen lasAntillas?" (En 1895: La
guerra de Cuba y laEspaña de laRestauración, Editorial Complutense, Madrid 1996, pp.
98-117).
Javier Rubio 63
cación de la política de Cánovas, no conviene olvidar que para este go
bernante el hecho de que poco después de aprobada la referida leyre
formista de Abarzuza -que él había apoyado directamente desde la opo
sición- se produjera el levantamiento cubano, debió llevarlea la conclu
sión de que eran inútiles las fórmulas intermedias de carácter descen-
tralizador y, por lo tanto, pudo confirmarle en su política inmovilista,
dada su profunda oposición a la plena emancipación de la isla, o a las
fórmulas de autogobierno que condujeran más o menos rápidamente a
tal resultado.
En todo caso el inmovilismo de la política cubana de Cánovas no
fue total en estos años. A lo menos en cuanto a la voluntad de promul
gar reformas en el futuro. El primer anuncio público lo hizo en el dis
curso de la Corona de 11 de mayo de 1896 y, al fin, el 4 de febrero de
1897 firmaba el decreto por el que se remitía con carácter urgente al
Consejo de Estado un proyecto de ampliación de reformas para Cuba y
Puerto Rico. Su contenido, efectivamente, ampliaba las facultades de
Ayuntamientos y Diputaciones que había previsto la reforma Abarzuza,
y, en general, suponía una descentralización superior no sólo a dicha re
forma sino, al parecer incluso, a la que había proyectado Maura en
1893'1. Claro es que las circunstancias no eran entonces, después de dos
años de sangrienta y vigorosa insurrección, las mismas que cuatro años
antes. Además, este nuevo régimen deseentralizador, cuyaaplicación se
aplazaba a cuando "llegue la oportunidad", no concedía propiamente la
autonomía de la isla. Cánovas, como veremos muy pronto, había dado
este paso tan sólo bajo la presión del Gobierno de los Estados Unidos y,
en su concepción de la intangibilidad de la integridad territorial, se re
servabalos resortes decisivos de poder en Cuba. Entre ellosla leyelecto
ral allí aplicable, que no se abordaba en esta reforma de 1897.
Desde entonces, hasta la muerte de Cánovas el 8 de agosto de di
cho año, no cambia la actitud del Gobierno español respecto a las medi-
6La votación del 13 de febrero en el Congreso, mostró que solamente algunos
diputados antillanos del partido constitucional se habían abstenido. La prensa de Ma
drid se hizo eco de la gran acogidaque había tenido en La Habana la aprobación de la
LeyAbarzuza (Fernando Soldevila: Elaño político (1895), Imprenta de Enrique Fernán
dez Rojas, Madrid 1896,pp.55-56).
*El propio Maura así lo reconoció, según afirmaJuan Ortega Rubio (Historia de
España T. VII, EditorialBaily-Bailliere e hijos,Madrid 1909,p. 225).
64 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
das políticas aplicables al problema cubano. Puntualizo que me refiero
a la actitud del gobierno entonces en el poder, no a la de todos los diri
gentes políticos españoles y, más concretamente, a la de los principales
de la oposición, o incluso de la disidencia del propio partido conserva
dor, pues el 19 de junio de 1897 la prensa de Madrid dio a conocer el
discurso-programa que eljefe del partido fusionista, Sagasta, había pro
nunciado ante los ex-ministros de su partido en el que manifestaba que
era necesaria una nueva política respecto a Cuba, y apuntaba con clari
dad hacia la autonomía. Yun mes después, el 19 de julio, Moret pro
nunciaba en Zaragoza un discurso, que alcanzó notable repercusión en
la época, en el que ya sin ambages proclamaba la necesidad, y la urgen
cia, de conceder un régimen auténticamente autonómico a Cuba, lo
que constituyó desde entonces el eje del programa del partido fusionis
ta7. Es decir, antes de que el revólverde Angiolillo pusiera a la Regente
en la prácticamente inesquivable opción de dar el poder a Sagastapara
afrontar el problema cubano, el partido político del viejo dirigente rio-
jano lo estaba ya solicitando y precisamente para abordar tan acuciante
problema con una nueva política.
Veamos ahora la situación de la diplomacia hispano-norteamerica-
na. Una línea de relaciones que experimenta en este lapso una evolu
ción aún más preocupante -para España- que la de las relaciones Espa
ña-Cuba que se han examinado.
La aparición de una guerra insurreccional generalizada en la Gran
Antilla no podía dejar indiferente a los Estados Unidos. En primer lugar
por razones técnicas, digamos, por cuanto era inevitable que quedaran
7Así lo recogió la prensa madrileña de dichas fechas (Fernando Soldevila: El año
político (1897), Tipografía del Hospicio Provincial, Gerona 1898, pp. 225-229 y 258-
260). Un año antes, en marzo de 1896, el destacado dirigente republicano español Ni
colás Salmerón se había inclinado por la solución autonomista, pero no públicamente,
sino en su correspondencia con Ramón Betances, representante en París de la Repú
blica Cubana en armas, en uno de los raros contactos de esta época entre los dirigentes
políticos españoles y los representantes de la insurrección cubana (carta de 30 de mar
zo de 1896 de Salmerón a Betances en Correspondencia Diplomática delaDelegación Cuba
na enNueva York durante la Guerra deIndependencia de1895 a [Link] tercero: Fran
cia. Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba, La Habana 1945, pp. 23-24). Esen to
do caso interesante recordar que en esta temprana sugerencia de resolución del pro
blema cubano con la autonomía, Salmerón apuntaba lúcidamente que con ella podrí
an evitarse "ingerencias extrañas para una y otra parte depresivas".
Javier Rubio 65
afectados los cuantiosos intereses económicos, y la situación de los nu
merosos ciudadanos -sobre todo por los frecuentes casos de nacionali
zaciones más o menos fraudulentas de dirigentes cubanos independen
tistas- que la gran República americana tenía en la isla. También era
previsible que se produjera algún incidente con barcos de bandera nor
teamericana, dada la gran sensibilidadde lasautoridades españolas ante
lasexpediciones de ayudaque recibían los cubanos levantados en armas
desde los Estados Unidos. De hecho, desde muy pronto se presentaron
casosconflictivos de una y otra clase que perturbaron las relaciones en
tre Madrid y Washington. Pero esta línea de problemas era en el fondo
secundaria para el Gobierno español, o por decirlo más exactamente se
mantuvo en un discreto segundo plano dado el gran interés que el go
bierno de Cánovas puso, desde el primer momento, en que ninguno de
los incidentes que se venían produciendo llegara a enconarse y pudiera
provocar una seria crisisbilateral con el poderoso gobierno de Washing
ton8. Para el presidente del Gobierno español era fundamental el evitar
lo y, con tal fin, mostraba una actitud tan flexible como las circunstan
cias lo requiriesen.
La línea principal de tensión, y de preocupación, para el gobierno
de Madrid era naturalmente la que se refería a cuestiones cuya resolu
ción quedaba fuera de su alcance. Yentre ellas, muy en primer plano, la
creciente elevación de temperatura antiespañola en los Estados Unidos.
En los primeros tiempos de la insurrección, en la primavera de
1895, la opinión pública norteamericana se mostraba con una actitud
bastante moderada, y el gobierno de Washington, por su parte, también
mantenía una posición más bien despegada, de observador neutral;
concretamente el 12 de junio de dicho año el presidente Cleveland ha
ce su primera proclama de neutralidad ante los "serios disturbios inte
riores acompañados de resistencia armada" a las autoridades españolas
de Cuba9. Pero a fines de 1895 la actitud de la opinión publica y de la
8Claro es que no por ser en general rápidamente solucionados estos incidentes
con los Estados Unidos, dejaban de incidir negativamente para España en la opinión
pública de dicho país. El temprano incidente, el 8 de marzo de 1895, del cañoneo del
barco norteamericano Allianca, dio lugar a la primera ola de agitación anüespañola en
los Estados Unidos, como recuerda Herminio Portell Vilá (Historia de Cuba en sus rela
ciones con losEstados Unidos yEspaña. T. III(1878-1899),Jesús Montero, La Habana 1939,
p. 126).
66 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
clase política de los Estados Unidos cambia sustancialmente. La impor
tante ofensiva mambí del otoño de este año para realizar la invasión de
los departamentos occidentales, una victoriosa operación militar que
habría de extender la insurrección a toda la isla, algo nunca conseguido
en la Guerra de los Diez Años, produjo un serioimpacto en la opinión
de la gran República vecina. A primeros de diciembre de 1895, cuando
todavía no se había llegado al extremo occidental de la isla, pero la im
parable marcha de Máximo Gómezy de Maceo es ya bien conocida en
todaspartes, el presidentede losEstados Unidos envía su mensaje anual
al Congreso. Es un mensaje en el que es cierto que no se habla aún de
intervención, pero en el que Cleveland, además de hacer patente que la
insurrección es másimportante que la de 1868 a 1878, muestra su preo
cupaciónpor la simpatía yel deseo de ayuda que despierta en el pueblo
norteamericano10. Yesjusto reconocer que el Presidente no se preocu
paba sin motivo: desde el día siguiente, el 3 de diciembre de 1895, que
era el primero del nuevo Congreso, el senador Cali presentaba un pro
yecto de resolución para reconocer la beligerancia de los cubanos pro
nunciados en Baire.
En los primeros meses de 1896 aumenta notoriamente la presión
del Congreso americano para que el presidente Cleveland interviniera
más directa y decididamente en favor de los cubanos, como veremos al
examinar lasrelacionescubano-norteamericanas. Pero ahora lo que nos
interesa destacar es que el gobierno de Washington, tratando de buscar
una salida a esta cada vez más comprometedora situación, solicita la co
laboración del de Madrid para poner en marcha un plan pacificadorde
la isla. Este es el origen de la llamada Nota de Olney, nombre del enton
ces Secretario de Estado norteamericano, de 4 de abril de 1896. Con
ella se alcanza el momento históricamente más relevante de las relacio
nes España-Estados Unidos en la fase que ahora contemplamos. Ycon
ellase le plantea a Cánovas la más difícil y trascendente decisión política
que ha de tomar en su último mandato presidencial.
No puedo ahora detenerme en el examen de esta importante ini
ciativa norteamericana que, curiosamente, ha pasado bastante desaper-
" Papers relating to Forágn Relations ofthe Unites States with de annual message ofthe
President transmitted to Congress. December 2, 1895 Part II Government Printing Office,
Washington 1896, p. 1195.
10 Papers relating..., citados en la nota anterior, Partí,pp. XXXII-XXXIII.
Javier Rubio 67
cibida en la historiografía, sobre todoen laespañola". Pero sívoy a des
tacar los aspectos medulares de la misma, así como las principales razo
nes,yconsecuencias, de su rechace.
La Nota norteamericana que empieza por destacar la gran impor
tancia de laguerra insurreccional de Cuba yque, porvez primera, alude
a la posibilidad de quelos Estados Unidos puedan intervenir parapacifi
car la isla, se centra en el ofrecimiento que hace el gobierno de Cleve
land alde Cánovas de interponer sus buenosoficios para obtener una so
lución de autogobierno en dicha isla que, reservando a España lasobera
nía, pueda sersatisfactoria para ambas partes contendientes. Se trata de
una iniciativa norteamericanaque aunque, naturalmente, implicaba pa
ra el gobierno de Madrid no pocos riesgos e interrogantes no podía ser
desestimada de modo automático. Todavía más, he llegado a la conclu
sión que dadas las circunstancias militares, económicas y de política in
ternacional que entonces concurrían en el problema cubano -e insisto
que a la luz de las circunstancia de la primavera de 1896, no de la que
arrojan los posteriores acontecimientos conocidos por el historiador-
ese ofrecimientodebió haber sido aceptado por el Gobierno español.
No lo entendió así, empero, el gobierno de Madridque, el 22 de
mayo siguiente, decidió contestar rehusando aceptar la mediación ofre
cida, para lo que aducía una serie de motivaciones. Por una parte, a la
sugerencia norteamericana de autogobierno para Cuba, se responde
manifestando que en el Discurso de la Coronadel 11 de mayo yase ha
bían anunciado reformas administrativas. Yen la cuestión específica de
la mediación seesgrimía que el hecho de que España alternase con "sus
subditos rebeldes" de potencia a potencia, afectaba seriamente a su au
toridad y dignidad12. Sin embargo hay motivos, yaexpuestos en mi cita-
" El análisis crítico del alcance de esta Nota, así como el de los argumentos que
seesgrimieron pocodespués para tratardejustificar surechazo, lo he efectuado en Dos
cruciales iniciativas debs Estados Unidos en torno a Cuba: noviembre de1875y abril de1896.
(En"Cuadernos Monográficos" del Institutode Historia yCultura Naval, ng 30,Madrid
1997,pp. 68-86).
12 Despacho de 22 de mayo de 1896 del duque de Tetuána Dupuy de Lome (Do
cumentos presentados a las Cortes en lalegislatura de 1898 por elMinistro de Estado. T. I Nego
ciaciones con los Estados Unidos: desde 10 deabril de1896 hasta la declaración deguerra. Ma
drid 1998, pp 8-13). Además, para tratar de justificar el rechazo de la mediación, indi
cabael Gobierno español en su respuestaque estabacondenada al fracaso, puesto que
68 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i998)
do trabajo, para pensar que la negativa del presidente del Gobierno es
pañol se fundamentaba, en último término, no en este aspecto formal
sino en su profundo temor -no infundado por otra parte- de que un
efectivo autogobierno, una auténtica autonomía, y no otra cosa podía
ser aceptada por Washington ni por los insurrectos, habría de llevar a
Cuba en breve, o muy breve plazo, a la plena independencia. Yeste re
sultado final era algo que de ninguna manera estaba Cánovas dispuesto
a aceptar, como lo puso claramente de manifiesto en sus distintas inter
venciones en las Cortes un par de meses más tarde.
Después de rechazada la oferta mediadora norteamericana de la
primavera de 1896, verdadero momento crucial -como ya se ha dicho-
para la política cubana de Cánovas en el lapso que nos ocupa, aun per
manecerá el famoso político malagueño al frente del Gobierno español
durante más de un año. Pero las relaciones con los Estados Unidos en
dicho tiempo no ofrecerán ninguna ocasión comparable a la de la Nota
los propios insurrectos habían manifestado entonces que no admitían ninguna inter
vención de los Estados Unidos en los asuntos cubanos. Desde luego la presentación de
este argumento era impertinente -pues correspondía al gobierno de Washington y no
al de Madrid evaluarla actitud de los dirigentes de la insurrección en estamediación- y
no exonera a los gobernantes españoles de la época de su responsabilidad en el recha
zo de la oferta norteamericana. Pero, en todo caso, tiene interés recordarlo en la medi
da en la que viene a plantear la cuestión de hasta qué punto fue razonable el claro re
chazo que manifestó por entonces laJunta cubana de NuevaYork (en la República Cu
bana de 14 de mayo de 1896) a toda posible solución de carácter autonómico que, co
mo no ignoraban, patrocinaba entonces el gabinete de Cleveland. Pues laJunta pudo
haber previsto, como lo hizo Cánovas, que el establecimiento de una auténtica autono
mía llevaría en breve plazo a una plena independencia, en cuyo proceso -y esta pun-
tualización era muy importante desde la óptica cubana- los Estados Unidos jugarían el
papel de simples mediadores, quedando conjurado el riesgo de la anexión que tanto
había preocupado a Martí. Es interesante recordar que Betances-director de la Agen
cia General en Francia de la República Cubana en armas- consideraba entonces, en la
primavera de 1896, que la solución autonomista era digna de tenerse en cuenta (Corres
pondencia Diplomática..., citada en la nota 7, p. 24). De todos modos, si en lascircunstan
cias militares y emocionales de la primavera de 1896 se puede entender que laJunta de
Nueva York rechazase cualquier intervención de los EstadosUnidos que no llevase a la
inmediata independencia, resulta mucho menos comprensible que, con la perspectiva
de variosdecenios, se considere que esta oferta de mediación "desde cualquier punto
de vista era una vergüenza para los Estados Unidos como para la nación americana",
como afirma el distinguido historiador cubano Portell (op. cit. p. 199).
Javier Rubio 69
de Olneypara pacificar la isla. Al contrario, irán deteriorándose progre
sivamente.
Todavía mientras continúa Cleveland en la presidencia de los Esta
dos Unidos, la actitud del Gobierno norteamericano hacia España se
mantiene dentro de unos límitesde corrección y de cierto despego neu
tral, al menos desde un punto de vistaformal.
El 27 dejulio de 1896 el Presidente norteamericano realiza una se
gunda proclama de neutralidad recordando y precisando los deberes en
tal sentido que ya había enunciado el año anterior después de iniciarse
la insurrección de Baire. De todos modos la desconfianza en la capaci
dad de España para poder resolver el problema cubano va apoderándo
se de la administración demócrata, como se hace muy patente en el últi
mo mensaje al Congreso de Cleveland, el de 7 de diciembre de 1896;
pues el Presidente deja entonces perfectamente claro que la actitud ex
pectante de los Estados Unidos no se habría de prolongar indefinida
mente, y que si la impotencia de las autoridades españolas para contro
lar la situación cubana se confirmara, los Estados Unidos, tanto en de
fensa de sus propios intereses como por deberes de humanidad, podían
verse obligados a intervenir. Incluso al precio, se puntualiza indirecta
mente pero con claridad, de que se produjera una guerra con España;
una confrontación -se anticipa ya- que "no podría ser ni de grandes
proporciones, ni de dudoso resultado"11. El mensaje tenía, ciertamente,
una gran importancia para el gobierno de Madrid. Yasí mismo para los
dirigentes cubanos alzados en armas, pues el presidente Cleveland ma
nifestó también en tal ocasión, que la sugerencia que algunos hacían de
que los Estados Unidos comprasen la isla sería "digna de consideración"
si hubiese indicios de que España la aceptaría14.
I:! Papers relating to the Relations ofthe United States with the annual message ofthe Presi-
dent to Congress. December 7, 1896. Governmente Printing Office, Washington 1897. pp.
XXIX-XXXVI.
11 Escuriosoque mientrasloshistoriadoresespañoles-como es el casodel respe
tado y difundido MelchorFernándezAlmagro (Historia política de laEspaña contemporá
nea, vol 2: 1885-1887, Alianza Editorial, Madrid 1968, p. 394)- no suelen percibir la
gran importancia que para el Gobierno español tenía este mensaje, los historiadores
cubanos sí destacan habitualmente la amenaza que para la independencia de Cuba se
implicaba con la solución de la compra por parte de los Estados Unidos, como lo hace
Ramiro Guerra (En el camino dela independencia, Editorial de Ciencias Sociales, La Ha
bana 1974, pp. 146-147).
70 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
Claro es que cuando las relaciones España-Estados Unidos empie
zan a tensionarse fuertemente, es a partir de la toma de posesión del
presidente McKinley en marzode 1897. La Notadiplomática del gobier
no norteamericano al español de 26 de junio sobre los asuntos cubanos,
es ya de una dureza sin precedentes en la forma y en el fondo. En ella,
en efecto, no solamente se protesta por los perjuicios que los ciudada
nos americanos sufren por el modo "incivilizado e inhumano" con el
que España lleva la guerra, en especial a través de la política reconcen-
tracionaria del general Weyler, sino que en su enérgica protesta el Presi
dente norteamericano se arroga la representatividad de toda la humani
dad1'. Está perfectamente claro que con esta Nota no se trata de formu
lar ninguna reclamación diplomática por daños sufridos por ciudada
nos del país reclamante, sino de una toma de posición política en la
que, al identificar inequívocamente a las víctimasy a los victimarios de la
contienda cubana, WilliamMcKinley, el nuevo presidente americano, se
manifiesta sin ambages en qué lado se ha situado.
El Gobierno español responderá con una larga nota en la que, en
tre otras argumentaciones, recordará no sin razón que una nación co
mo los Estados Unidos que unos decenios antes habían protagonizado
la sangrienta guerra civil de Secesión, no eran la más autorizada para
dar lecciones de humanidad en esta clase de contiendas10. Pero ello no
es sino un inútil canto del cisne de la política de defensa del decoro na
cional que, con todos sus errores, había animado siempre al entonces
presidente del Gobierno español. La Nota española de contestación es
de 4 de agosto de 1897: tan solo cuatro días después, el 8, Cánovas era
asesinado en Santa Águeda. En realidad, con anterioridad a dicha nota
y a la desaparición de Cánovas, el Gobierno norteamericano había re
suelto poner en marcha el reloj que imparablemente habría de marcar
la hora de su intervención directa en el pleito cubano. Las instrucciones
de 16 de julio de McKinley a Woodford, el nuevo representante nortea
mericano en España, no señalaban aún ningún plazo, pero muestran
15 Papers relating totheForeign Relations oftheUnited States, with the annualmessage of
the Presidente transmitted to Congress. Decemberó, 1897. Government Printing Office, Was
hington 1898, pp. 507-508.
"'Documentos presentados..., citados en la nota 12, pp. 34-41.
Javier Rubio 71
claramente que si no se producía una pronta pacificación de la isla, los
Estados Unidosse considerarían obligados a intervenir17.
Pasemosa examinar, finalmente, el tercer lado de este complicado
triángulo, el de las relaciones entre losEstados Unidos yCuba,
Estas relaciones eran más complejasque lasexistentesentre los Es
tadosUnidos y España metropolitana, pues además de lasque procedí
an del cauce oficial a través de los informes -que más adelante tendrán
gran importancia- de los cónsules norteamericanos en Cuba, yen espe
cial en la Habana, estaban las que se derivaban de la vía oficiosaque su
ponía la delegación de los insurrectos cubanos en los Estados Unidos.
Puesto que desde que, en septiembre de 1895, se constituye el Consejo
de Gobierno deJimaguayú, y se nombra como delegado plenipotencia
rio en el extranjeroa Tomás Estrada Palma, la República Cubanaen ar
mas disponía de una delegación, o representación política en Nueva
York, conocida habitualmente como la Junta, que bajo la presidencia
del yacitado líder cubano, yveterano dirigente de la Guerrade los Diez
Años, incorporabaen puestos clave a Gonzalo de Quesada, numero dos
de la delegación que estaba al frente de losintereses de laJunta en Was
hington, y al abogado norteamericano Horatio Rubens como asesor le
gal de la misma18. EstaJunta cubana de Nueva York -de la que dependí
an numerosas agencias en otros países- desarrolló una gran actividad
no solamente en la recolección de fondos y en la organización de expe
diciones en favor de la causa cubana sino, sobre todo, en la formación
de una opinión en los Estados Unidos favorable a dicha causa, tanto en
los medios de prensa como, lo que era aún más importante, en la clase
política norteamericana; principalmente entre senadores y miembros
de la Cámara de Representantes, a muchos de los cuales los dirigentes
de laJunta tenían, por diversos medios, fácil y eficazacceso.
Naturalmente las actividades de la Junta se beneficiaban grande
mente de la gran labor coordinadora y organizadora que en favor de la
17Julián Companys Monclús (España en1898: entre ladiplomacia y laguerra, Biblio
teca Diplomática Española, Madrid 1991, pp. 29-31) hace un interesante análisis de es
tas instrucciones de lasque reproduce ampliosfragmentos.
18 Hemos señalado la nacionalidad norteamericana de Rubens dado que era el
único de lostres que la tenía, digamos, de cuerpo entero. Pero tanto EstradaPalmaco
mo Quesadagozabanentonces de dicha nacionalidad,lo que obviamente lesfacilitaba
grandemente susmovimientos y contactosen los Estados Unidos.
72 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
causa independentista habíarealizado José Martí en las importantes co
lonias de cubanos, o de empresarios americanos de origen cubano, que
se hallaban instaladas en los Estados Unidos. En todo caso laJunta no
contaba sólo con este importante pero en definitiva localizado factor fa
vorable para desarrollar su labor, pues el norteamericano medio veía la
guerra de los cubanos por emanciparse de la metrópoli -una monar
quíaeuropeaa sus ojos-con la simpatía de los ciudadanos de unajoven
República americana, igualmente colonia rebelde en su día, que tam
bién había conquistado su independencia mediante una confrontación
armada con su antigua metrópoli. Todo ello con independencia de que
en importantes sectores de las clases dirigentes norteamericanas no se
deseaba la victoria española en Cuba, por más o menos implícitos senti
mientos de expansionismo económico y aun político. Es decir, había to
do un conjunto de razones, de las que en España no se teníamuy clara
conciencia, por las que la opinión norteamericana se colocaba mayori-
taria y decididamente en favor de la causa de los insurrectos cubanos19.
Sin olvidar que junto a este marco general de opinión favorable a
los cubanos levantados en armas, se añadió con considerable peso espe
cífico, en cuanto a la consistencia ycredibilidad de su causa, el impacto
que causó en los Estados Unidos la victoriosa campaña de Máximo Gó
mez y de Maceo en el otoño de 1895. Fue cabalmente en la estela de este
impactocuando, en losprimeros meses de 1896, se produjeron numero
sas iniciativasen el Congreso de los Estados Unidos tendentes a favorecer
la consideración legal de loscubanos insurrectos desde el punto de vista
internacional. Entre ellas tuvo especial relieve y consecuencias la de los
senadores Cameron y Morgan. Detengámonos un momento en ella.
La propuesta de losreferidossenadoresalcanzó en efectogran im
portancia política, ya que al tener el carácter de una resolución concu
rrente del Senado y la Cámara de Representantes fue sometida a la vota
ción de todos los congresistas, siendo aprobada formalmente el 6 de
abril de 1896 con una votación abrumadora que suponía el 90% de los
votantes de ambas cámaras. La resolución, además, tenía un contenido
'" Sobre la falta de sensibilidad que habíaen España para percibir éstos, y otros
aspectos del problema cubanoen losEstados Unidos, llama la atención el representan
te español en Washington, Dupuyde Lome, en la interesante y desconocida memoria
que envió en los primerosdías de noviembre de 1897 al general Blanco, ya Goberna
dor general en Cuba (MAE AH Pol. 2416).
Javier Rubio 73
muy concreto: por una parte proponía el reconocimiento de los dere
chosde beligerancia a loscubanoslevantados en armasy, por otro lado,
solicitaba que el Presidente norteamericano mediase ante el Gobierno
español para conceder la independencia a Cuba. El presidente Cleve
land, que no estaba obligado a acatar lo propuesto en esta resolución,
de hecho sólo atemperó parcialmentesu actitud a la misma. Denegó el
reconocimiento de beligerancia, una decisión explicable que, natural
mente, no dejó de resultar frustrante para los dirigentes cubanos2". Sin
embargo no dejó de tomar en consideración el ofrecimiento de buenos
oficios al Gobierno español que implicaba dicha resolución, aunque
cuando lo hizo -a través de la Nota de Olney- no lo formuló para que se
concediera directamente la independencia, sino para que ésta llegara a
través de la autonomía. En todo caso nos importa destacar ahora que los
vivos debates de estos meses en el Congreso, así como su reflejo en la
prensa, mostraron inequívocamente que la clase política norteamerica
na y la opinión pública estaban ya muy mayoritariamente a favor de la
causa de los independentistas cubanos.
Desde el verano de 1896 al de 1897 la favorable actitud de los Esta
dos Unidosrespecto a loscubanos levantados en armasno hizo sino au
mentar notoriamente. En la prensa de mayorcirculación, sobre todo en
la llamada"prensaamarilla", se produjo una campañacontra la política
de reconcentración de Weyler en Cuba que no tenía precedentes por su
ferocidad e intensidad en la gran República americana, y que desperta
ba, como contragolpe, la compasión hacia el pueblo cubano aumentan
do la simpatía hacia los que se presentaban como libertadores del mis
mo. Quedaban ya en el olvido las quejas que los norteamericanos ha-
20 Era explicable la frustración de los cubanos insurrectos al no recibir el status
de beligeranteque facilitaría notablemente la organización de expediciones y lesdaba
una cierta personalidad internacional, pero no era menos explicable la decisión del
Presidente rehusando tal reconocimiento a la luz de las consideraciones -que apenas
habían variado- que llevaron a su predecesor Grant en la Guerra de losDiezAñosa to
mar la misma decisión, como ya he expuesto en mi obra sobre la cuestión de Cuba en
tiemposde Alfonso XII (op. cit, pp. 73-81). Sorprende por ello la insistencia de un ilus
tre historiador cubano en una obra muy reciente -y por ello disponiendo de gran pers
pectivahistórica- en manifestar que tanto Grant, como Cleveland, debían haber reco
nocido la beligerancia de los cubanos, basándose en la actitud del Gobierno español
con lossudistasen la Guerra de Secesión (Moreno Fraginals op. cit. pp. 248y 275).
74 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i998)
bían formulado por la política de tierra quemada desarrollada por los
insurrectos en los primeros tiempos21.
Desde luego donde la simpatía, la aproximación hacia la causa de
los cubanos levantados en armas tenía mayor importancia, era en la cla
se políticade Washington. Desdefines de 1896 vuelven a presentarse di
versas resoluciones en el Congreso norteamericano que tienden a resu
citar la cuestión del reconocimiento de los derechos de beligerancia, o
incluso de la independencia; si bien alguna de ellas-como la del sena
dor Mills del 9 de noviembre- proponía significativamente que los Esta
dos Unidos debían ocupar Cuba y permanecer allí hasta que el país es
tuviera en condiciones de gobernarse democráticamente22. Yen el pri
mer semestre de 1897, el último del gobierno de Cánovas en España, la
temperatura política del Congreso norteamericano respecto a los asun
tos cubanos sigue aumentando imparablemente. En abril de dicho año
el senador Morgan hace una propuesta, ahora ya de resolución conjun
ta, para el reconocimiento de beligeranciaa loscubanos que se aprueba
muy ampliamente en el Senado al mes siguiente, pero que el Presidente
norteamericano logra detener en la Cámara de Representantes.
Claro es que, dentro de la clase política, donde la evolución de la
situación tuvo mayor trascendencia para las relaciones con Cuba fue,
obviamente, en la presidencia de los Estados Unidos. Concretamente,
poco después de la llegada al poder de McKinley, en marzo de 1897, el
nuevo Presidente envió a Cuba a una antiguo congresista, y amigo per
sonal suyo, WilliamJ. Calhoum quien, a primeros de junio de 1897, le
presentó un severo informe sobre la situación en la isla, en especial so
bre la política reconcentracionaria de Weyler, que dio lugar a la dura
Nota -a la que ya nos hemos referido- que unas semanas después envió
21 Portell (op. cit, pp. 113-117) hace una interesante exposición sobre las críticas
que en los propietarios norteamericanos de Cuba, y en la propia opinión de los Estados
Unidos, produjeron las severas circulares de Máximo Gómez de 1895 sobre la destruc
ción e incendio de ingenios, cañas y dependencias. Significativamente este historiador
cubano comenta que los Estados Unidos, al protestar contra tales medidas, mostraban
que "yahabían olvidado los horrores de la marcha de Sherman con sus federales" en la
Guerra de Secesión,que es, cabalmente, uno de los argumentos que, por su parte, em
pleó Cánovasal responder a la dura Nota americana de 26 de junio de 1897.
22 French Ensor Chadwick: The Relations ofthe United States andSpain. Dipbmacy.
Charles Scibner's Sons, NewYork 1909,p. 486.
Javier Rubio 75
el gobierno de Washington al de Madrid23. De todosmodos en enero de
aquel año, antes de tomar posesión, McKinley había hecho saber a la
Junta de Nueva York su simpatía por la causa cubana, manifestando ya
entonces su convicción de que la autonomía fracasaría. No sería la úni
ca vez que los cubanosrecibirían tan gratasimpresiones del mandatario
republicano recientementeelegido. Unosmeses después, estandoyaen
la Casa Blanca, los dirigentes de laJunta de Nueva York supieron a tra
vés del propio presidente del Comitéde Relaciones Exteriores de la Cá
mara de Representantes, Hitt, que el nuevo Presidente, a diferencia de
su predecesor Cleveland, deseaba fortalecer claramente la posición de
los insurrectos cubanos ante España24.
EL SEMESTRE DECISIVO: DESDE SAGASTA AL MENSAJE DE MCKINLEYDE
ABRIL DE 1898
En esta segunda fase de nuestro examen de las relaciones triangu
lares en torno al problema cubano, las que marcan el compás, las que
ahora constituyen la base fundamental, no son ya las de España-Cuba,
sino las de España-Estados Unidos. O, más exactamente, las de Estados
Unidos-España, pues es la poderosa República americana la que lleva
siempre la iniciativa. Por ellas empezamos.
Desde la primera entrevista que el nuevo representante de los Es
tados Unidos en España, Woodford, tuvo el 18 de septiembre de 1897
con el ministro de Estado español, quedó perfectamente claro que el
gobierno de Washingtonconsideraba que no procedía esperar más, que
había llegado el momento de fijar plazo a su intervención. La nota que
el 23 de septiembre envíaWoodford al duque de Tetuán -estamos en los
últimos días del ministerio puente del general Azcárraga- lo muestra de
wSegún losbrevesfragmentos del informe -que sería conveniente conocer en su
integridad- que reproduce Offner,y de loscomentariosde este autor (John L. Offner:
An unwanted war. The diplomacy ofthe United States andSpain over Cuba, 1895-1898. The
University of North Carolina Press, Chapel Hill and London 1992,pp. 46-48).
21 Cartasde Quesada a Estrada Palmade 14 de enero y 19 de julio de 1897 en la
Correspondencia Diplomática delaDelegación Cubana en Nueva York durante la Guerra de la
Independencia de 1895 a 1898. Tomo quinto: Washington. Estados Unidos de América. Publica
ciones del Archivo Nacional de Cuba, La Habana 1946, pp. 88-89y 118-119.
76 Cien años de Historia de Cuba (i898-i 998)
modo inequívoco, pues se manifiesta en ella con toda claridad que si
después de los buenos oficios que ofrece el Presidente americano -aho
ra ya no se habla de la conservación, ni siquiera simbólica de la sobera
nía española sobre la isla- no se obtiene efectivamente la pacificación
de Cuba, el Presidente habría de tomar "una pronta decisión". Todavía
más, se determina que la situación ha de cambiar sustancialmente, con
garantías de rápida pacificación, durante el siguiente mes de octubre.
Era, en verdad, un inequívoco pre-ultimátum2'.
Este eselsegundo gran punto de inflexión en las relaciones hispa-
no-norteamericanas del cuatrienio. Aún no estáclaro si el gobierno de
losEstados Unidos desea en el fondo la independencia o la anexión de
la isla, pero ya es meridianamente transparente que España ha de salir
de Cuba. Yrápidamente. La estrategia quedesarrolla McKinley para ob
tener este objetivo esesencialmente la misma que supredecesor ycorre
ligionario Grant había decidido veintidós años antes, en 1875; una es
trategiainiciada también en el otoño, y pensando igualmente en dar, o
preparar, el paso decisivo de la misma, en el correspondiente mensaje
anual del mes de diciembre21'.
Esjusto reconocer que, en ambos casos, estaestrategia era verda
deramente eficaz para el objetivo que se persiguía.
En efecto, en uno yotro caso no se trataba de solicitar de España
ninguna satisfacción diplomática que estuviera en sumanodar paraevi
tar la pérdidade la isla, sinoque lo que se pedíaera una rápida pacifica
ción de la isla, que era sólo posible mediante una completa victoria so
bre los insurrectos, si había de conservarse la soberanía española; em-
25 Elpárrafo clave delfinal de la notadice: "Sinceramente sedesea que durante
elfuturo mes de Octubre elGobierno de España pueda, o bien formalizar alguna pro
posición, bajo la cual sea posible hacer efectivos estos ofrecimientos de buenos oficios,
o dar satisfactorias seguridades de que por el esfuerzo de España la pacificación estará
muy pronto asegurada" (En Documentos presentados..., citados en la nota 12, p. 48). En
fecha tan temprana como octubre de 1898, al conocer Alzóla el texto de esta Nota del
año anterior comentaba que "erapreciso que nuestros gobernantesvivieran fuera de la
realidad para no penetrarse del ineludible dilema de lapaz inmediata o la guerra con la
poderosa República " (Pablo de Alzóla y Minondo: Elproblema cubano. Imp. de Andrés P.
Cardenal, Bilbao 1898, p. 103, laspalabras en cursiva en el original).
2li Lainiciativa de 1875 delgobierno de Grant paraexpulsar a España de laGran
Antilla ya la hemos examinado con detalle en nuestra obra sobre Cuba en el reinado de
Alfonso XII (op. cit. pp. 175-196).
Javier Rubio 77
presa que tanto Grant, en noviembre de 1875, como McKinley en sep
tiembre de 1897, sabían muybien que Españano estabaen condiciones
de realizar en el perentorio plazo, implícito o explícito, que se determi
naba por uno y otro presidente, lo que llevaba ineludiblemente a la in
tervención armada norteamericana. Si bien, ha de puntualizarse, la es
trategia de McKinley era más sólidaque la de Grant, por cuanto no co
metió el error -independientemente de los cambios que había experi
mentado el escenario internacional- de solicitar la ayuda a las grandes
potencias europeas27. Además, McKinley tuvo la fortuna, digamos, de
que se produjera un grave incidente, la destrucción del Maine, que era
un elemento importante de la estrategia de de ambos presidentes, co
mo muy pronto puntualizaremos.
Ha de reconocerse por lo tanto que cuando llegaSagasta a la presi
dencia delgobierno el 4de octubre de 1897, seencuentra conunadifici
lísima situación ante los Estados Unidos. Ytambién, a la luz de sus prime
ras decisiones, que el nuevo Gobierno liberal empieza a actuar con dili
gencia, decisión yespíritu de conciliación. En efecto, la Notade respues
ta que da a los Estados Unidos el 23 de octubre muestra un profundo
cambio en la política cubana,tanto en la dimensión militar, en la manera
de conducir la guerra, como en la acción propiamente política, para la
que anuncia una pronta y amplia autonomía28. Además dio muypronto
pruebasde que no se tratabade simples promesas retóricas. El9 de octu
bre, dos semanas antes de enviar la Nota y tan sólo cinco días después de
formar gobierno, Sagasta había destituido a Weyler y nombrado a Blan
co, un general de muydistinto talante, al frente del Gobiernogeneraly
del ejército español en Cuba. Yel 25 de noviembre, un mes después de la
Nota, el Gobierno español promulgaba el fundamental decreto de con
cesión de la autonomía. Despuésme referiré a su alcance.
Estaactitud, y sobre todo estasmedidas, no dejaron de producir al-
27 Por otra parte McKinley sabía muy bien que la actitud de Inglaterra, obviamen
te la nación que más peso podía tener en caso de enfrenamiento entre Españay los Es
tados Unidos, era en 1897, a diferencia de 1875, totalmente amistosa y dispuesta a
aceptar cualquier línea de acción que tomara el gobierno de Washington respecto a
Cuba; cuestión que he examinado en la conferencia de la EscuelaDiplomáticaEl im
pacto de la crisis colonial española de 1898en las relaciones con la Gran Bretaña, de próxima
publicación.
28 En Documentos presentados..., citados en la nota 12,pp. 51-61.
78 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
guna sorpresa en el Gobierno norteamericano que, de este modo,veía
alterados los supuestos en los que pensaba desarrollar su estrategia para
obligar a España a abandonar Cuba. Claro que, enrealidad, laestrategia
no sufría sino un aplazamiento como lo mostraba muy claramente el
mensaje al Congreso del presidente McKinley de 6 de diciembre de
1897. Mensaje en elque se reconocía que elnuevo Gobierno español, el
de Sagasta, había iniciado una nueva política en Cuba que sustantiva
mente difería de las anteriores ysuponía dirigir su acción por los "bue
nos caminos" de la humanización de la guerra yde la autonomía, pero
se dejaba también perfectamente claro que ello no implicaba excluir
que los Estados Unidos hubieran de intervenir en Cuba; tan sólo se tra
taba de aplazar dicha decisión dando a España, antela opinión interna
cional, laoportunidad de pacificar en breve plazo laisla con dicha polí
tica. En breve plazo, digo, pues si "el porvenir próximo" -decía el men
saje-mostraba que no sellegaba a una paz quefuera no solamente justa
para España y para los cubanos, sino también equitativa para "todos
nuestros intereses", es decir los de los Estados Unidos, habría interven
ción. Una intervención decidida y por la fuerza, como no ocultaba el
presidente americano en losúltimos párrafos de sumensaje dedicados a
la cuestión de Cuba29.
Desconocemos el plazo que se habíafijado entonces el presidente
McKinley paraintervenir en Cuba. Pero lo que sísabemos es que la pa
cificación de la islaentre españoles y cubanos, dejando al margen a los
Estados Unidos, no estaba, de ninguna manera, entre sus preferencias,
por lo que no tenía el menor interés en la consolidación del proceso au
tonómico como primer paso para la emancipación pactada entre la me
trópoli y la colonia. En todo caso la destrucción del acorazado Maine el
15 de febrero de 1898en el puerto de La Habana, dio la ocasión al Pre
sidente americano para decidir una rápida intervención que daba a su
19 Papers relating..., citados en lanota15, pp. XI-XXI. Es interesante recordar que
en uno de los primeros párrafos dedicados al problema cubano en este mensaje, se
puntualizaba que el Gobierno norteamericano no habíacambiado su política en rela
ción con Cuba, respecto a diversas declaraciones terminantes hechas por gabinetes
norteamericanos anteriores entre 1823 y1860. Yaunque sólo cita, ypor lo tanto aprue
baexplícitamente, las "soluciones" de la independencia de la isla, o la compra por los
EstadosUnidos, queda implícitamente autorizado -o a lo menos no desautorizado- el
recurso a la fuerza que se implicaba en el manifiesto de Ostende de 1854, Los hechos,
por otra parte, vinieron a demostrarlo cumplidamente.
Javier Rubio 79
país el protagonismo, ylosdividendos políticos yterritoriales, que dese
aba.
Hay una gran convergencia en las historiografías de uno y otro la
do del Atlántico en considerar el hundimiento del Maine como un fac
tor de importancia primordial en el desencadenamiento de la guerra
entre España y los Estados Unidos. Pero el tratamiento que, a mi cono
cimiento, se ha dado a esta cuestión tan relevante, no resulta satisfacto
rio en líneas generales, principalmente por ser casi siempre contempla
do con una visión excesivamente partidista y, por otro lado, por no en
cuadrarse prácticamente nunca en el entramado de la gran estrategia
política que venían desarrollando los Estados Unidos desde hacía dece
nios. Desde luego no puedo examinar de cerca este interesante tema
que exigiría dedicarle todo un trabajo monográfico, que mucho desea
ría se realizara con ocasión del presente centenario30. Tan sólo haré tres
breves consideraciones en el sentido antes indicado.
* Me refiero principalmente a los historiadores españoles que tan escasa aten
ción investigadora han mostrado en este tema. Cuando Melchor Fernández Almagro
trató de esta cuestión,a más de medio siglode distancia, en su bien conocida Historia
política de laEspaña Contemporánea, vol. 3: 1897-1902 (Alianza Editorial, Madrid 1968,
pp. 52-55; la Ia ed. de 1956), la única citabibliográfica que hacía era un libro nortea
mericano, el del propiocomandante del Maine, Charles [Link] (Tfie "Maine". An ac-
count ofher destruction in Havana Harbour, The Century Company, New York 1899).
Cuando escribeFernándezAlmagrohabía también otro libro norteamericano sobre el
Maine, de Charles H. Butler, publicadoen 1902, y uno del cubanoTiburcioP. Castañe
da de 1925. Yposteriormente a la obradel referido autor español, en 1976, la impor
tante investigación del almirante Rickover de lascausas del hundimientodel Maine-en
la que destacaba lafalta de estudios por parte española-a la que nos referiremos en se
guida. En cambio no conocemos de autor español otra obra monográfica que la re-
cientísima de Agustín Remesal (Elenigma del Maine 1898. Elsuceso que provocó laguerra e
Cuba ¿Accidente osabotaje? PlazayJanes Barcelona1998),que contiene interesantes in
formaciones, pero que está escritacon la ópticay la pluma del periodista másque las
del historiador. Por otra parte el enfoque que los autores españoles suelen dar a esta
cuestión es esencialmente el de si España tuvo, o no, la culpa del hundimiento, para
concluir casi siempreque fue una explosión interna, como indicabael informe espa
ñol de la épocay recientemente el estudio de Rickover. Peroestos historiadores no se
plantean la cuestión de quien tuvo la responsabilidad, por acción u omisión, y por lo
tanto qué Gobierno debía dar explicaciones y ofreceruna indemnización; pues aun
que, obviamente, losdaños inmediatos más graves fueron para la marina norteameri
cana, tambiénlosintereses españoles en LaHabanafueron afectados moraly material
mente por la explosiónyhundimiento del Maine.
80 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i998)
En primer lugar la explosiónydestrucción del Maine era el género
de acontecimiento con el que contaba el presidente McKinley, al igual
que veintidós años antes su predecesor Grant, para 'justificar" la inter
vención norteamericana. Ambos, en efecto, en la exposición de sus res
pectivas actitudes ante el problema cubano -McKinley en su nota de 23
de septiembre de 1897 yGrant en su instrucción266 de 5 de noviembre
de 1875-aludían explícitamente a la posibilidad de "algún incidente re
pentino", para el primero, u "otros agravios" para el segundo, que origi
nasen muy serias consecuencias que el Gobierno norteamericano no
podría evitar11. Claro es que sólo en la presidenciade McKinley se pre
sentó este previsible suceso de tan graves consecuencias para las relacio
nes hispano-norteamericanas, y de tanta utilidad para la estrategia del
gobierno de Washington.
Una vez producido el "incidente repentino" el 15 de febrero -y es
ta es nuestra segunda consideración- el Presidente norteamericano no
desaprovecha la oportunidad de oro que se le presenta para elevar la
temperatura política en su país hasta un grado en el que la intervención
armada se hacía casi obligada. Lo hace desde el primer momento, ex
cluyendo toda colaboración con los expertos españoles para determi
nar las causas de la explosión, hasta el último día de la crisis prebélica
dando, en su mensajeal Congresode 11 de abril, un papel especialmen
te relevante yjustificador de la intervención al agravio del hundimiento
del Maine, pues ni que decirse tiene que para entonces el informe de la
comisión americana de investigación había concluido que la responsa
bilidad era de España al tratarse de una explosión causada desde el ex
terior. En verdad desde el hundimiento del Maine, hasta las últimas dis
cusiones del Congreso del mes de abril, el presidente McKinley cuida
constantemente que este "incidente repentino" no pierda su preciosa
virtualidad de permitir una pronta intervención armada en Cuba12. Des-
" En Documentos presentados..., citados en la nota 12, p. [Link] mi obra sobre Cu
ba en tiempos de AlfonsoXII (op. cit. p. 365).
32 Enüe las decisionesde McKinley que muestran inequívocamente su decidida
voluntad de utilizar plenamente el incidente del Maine para forzar la salidade España
de Cuba, señalaréahora dos: 1) Aldesatender los ruegos del Gobierno español de tra
tar de buscaruna solución al incidenteentre lasadministraciones de ambas partes-sin
hacer intervenir a los respectivos parlamentos siempre más fácilmente inflamables y
difícilmente controlables- y al decidir enviar únicamente el informe americano al
81
Javier Rubio
pues del Maine yde su implacable explotación por el Gobierno ameri
cano, la guerra con España era prácticamente inevitable.
La tercera yúltima consideración se refiere al tratamiento que el
Maine recibe en la historiografía norteamericana Un tratamiento habi
tualmente muy lejos de la imparcialidad, debido probablemente aque al
ser elreferido incidente una de las fundamentales claves de arco nosólo
de la movilización política de la opinión americana en favor de la guerra,
sino sobre todo de larazón moral queinvoca el Presidente paraempren
derla, los historiadores de dicho país no tienen casi nunca el valor de
contemplar la cuestión con objetividad". Yno me refiero únicamente a
la historiografía norteamericana anterior al importante estudio del almi
rante Rickover que en 1976 llega ala conclusión, con una ejemplar acti
tud de independencia intelectual, de que del examen atento de toda la
información disponible "se puede afirmar, con probabilidad absoluta de
acertar, que el Mainefue hundido por accidente ocurrido dentro del bu
que**. Me refiero también aque los más destacados historiadores de di-
Congreso el 28 de marzo, sin ni siquiera haber puesto previamente su contenido en co
nocimiento del Gobierno español, pues sólo ese mismo día 28 comunicó Woodford en
Madrid un "extracto" telegráfico del informe (Documentospresentados..., citados en la no
ta 12, pp. 153-155). 2) Al mismo tiempo que el Presidente envía su mensaje el 11 de abril
al Congreso, pone en conocimiento del mismo la correspondencia consular desde Cu
ba. Una correspondencia en la que -como sabía muy bien McKinley- el Cónsul en la
Habana, Lee, cooperaba descaradamente para convertirlo en un casus belli, como lo ha
puesto de manifiesto apartir de documentos de primera mano Portell (op. cit. pp. 379-
381), esto es un historiador cubano yno español, como podría haberse esperado.
' MSon en verdad múltiples las enojosas consecuencias para los norteamericanos
de reconocer formalmente laverdad histórica en el origen de la explosión y hundi
miento del Maine. Por ejemplo, en un plano menos relevante históricamente, pero así
mismo no poco mortificante para ellos, tendrían que reconocer que se ha mantenido
durante una centuria, yaún se sigue manteniendo, en un lugar de honor de la Acade
mia Naval de Annapolis (Maryland), el palo de trinquete del Maine, esto es del acora
zado que se hundió, causando centenares de marinos muertos, por la incompetencia
del comandante del mismo.
31 H.G. Rickover: Cómo fue hundido el acorazado "Maine", Editora Naval, Madrid
1985, p. 142 (la edición original en inglés fue publicada en Washington en 1976). Esta
conclusión resulta reforzada por el contundente informe de los expertos norteameri
canos Hansen yPrice que incluye el almirante como apéndice de su obra (pp. 149-
177). Por otra parte Rickover recuerda en el prólogo (p. 9), algunas significativas ano
malías de procedimiento -señaladas en 1974 por Taylor- que había cometidor la Co
misión de Investigación norteamericana, como la en cierto modo "agregación" a la
Cien años de Historia deCuba(i898-i998)
cha nacionalidad que han publicado sus obras con posterioridad ala de
Rickover, como es el caso de Bailey, Trask yOffner, minimizan de una u
otra forma las conclusiones obtenidas por el referido almirante33.
Es evidente que el origen de la explosión del Maineen el puerto de
La Habana en febrero de 1898 sigue siendo aún, un siglo después del
acontecimiento, un tema delicadísimo de tratar por sus inesquivables
implicaciones respecto ala respetabilidad, yquizá hasta la buena fe, de
la actitud de las autoridades de los Estados Unidos en un momento de
su historia de gran importancia para la afirmación, interior yexterior,
de su poderosa personalidad política.
misma de Sigsbee quien, como comandante del Maine, era obviamente una de las per
sonas cuya eventual responsabilidad en la explosión tenía que ser investigada.
31 Thomas A. Bailey, en su apreciada yreeditada historia diplomática de 1980, no
ignora el estudio de Rickover, que cita rápidamente, pero presenta formalmente el' re
sultado de la Comisión de Investigación norteamericana, aunque matiza que "no se
puede excluir completamente la posibilidad de una explosión interna" (A Diphmatic
History oftheAmerican People, Prentice Hall, Englewood Cliffs NJ. pp. 457-458). Trask en
1981 (op. cit. p. 504) tampoco ignora el estudio de Rickover, que considera incluso con
vincente alo menos en cuanto hubo una "explosión primaria" en el pañol de reserva
de 6pulgadas; pero lo hace también muy brevemente, al final de una nota, en la que
previamente se plantea la pregunta "¿Cual fue la verdad de la cuestión?" (la del origen
de la explosión del Maine), ycontesta "No puede darse ninguna respuesta definitiva"
Y, desde luego, nada dice de las irregularidades de procedimiento advertidas por Ric
kover, ni de las reiteradas peticiones del Gobierno español de que se estableciese una
comisión e investigación conjunta, o un arbitraje imparcial. Más recientemente en
1992, Offner (op. át. p. 201) también cita brevemente el estudio de Rickover en una
nota que así mismo hay que buscarla al final del libro, en la que dice que sus ingenieros
concluyeron que no había habido explosión externa, yque el referido almirante fue
muy crítico con la primera investigación americana. Pero ni siquiera hace explícita
mente suya esta conclusión, mientras que en el texto principal es la investigación ame
ricana la que se presenta implícitamente como lamás consistente. Curiosamente Off
ner parece sentir alguna mala conciencia sobre este particular cuando insiste, una y
otra vez, con notoria impudicia intelectual, en que McKinley hizo, al igual que Sagasta,
constantes esfuerzos para minimizar el incidente del Maine (pp. 157 y230). Aún más
recientemente, en este mismo año 1998, la difundida yrespetada revista norteamerica
na National Geographicse ha encargado de divulgar que, de acuerdo con recientes estu
dios utilizando "tecnología computarizada", se ha llegado ala conclusión que el Maine
pudo ser destruido tanto por una causa externa como por una explosión interna (Tilo
mas B. Alien: Remember the Maine?, National Geographic, Washington Februarv 1998
pp. 92-111).
Javier Rubio 83
Ya hemos dicho que una vez resuelta de modo inapelable la res
ponsabilidad de España en la cruenta pérdida del Maine, ycomunicada
tal conclusión al Congreso americano, lavía hacia la confrontación ar
mada entre España ylos Estados Unidos era prácticamente imparable.
El gobierno de Madrid intentó desesperadamente evitar la guerra y, de
hecho, claudicó ante la casi totalidad de las condiciones que se le im
pusieron desde Washington, pero todo fue inútil. Sagasta no creyó po
sible la venta de la isla a los Estados Unidos que, al parecer, fue una de
las opciones que tuvo31*. Ni tampoco tuvo el coraje político para entrar
en negociaciones con los cubanos insurrectos para negociar la inme
diata independencia de Cuba, solución que, sin embargo, elpresidente
del Gobierno español sí parece que tenía in mente en las últimas sema
nas, pero con un ritmo de procedimiento que los acontecimientos no
permitieron. Ni, en fin, una vez aprobada la resolución conjunta, creyó
Sagasta viable ni decoroso políticamente acceder al ultimátum nortea
mericano. La guerra, una guerra suicida para España, fue a fin de
cuentas el resultado final de esta crecientemente tensa diplomacia his-
pano-norteamericana.
Veamos ahora cuál era la situación en este semestre crítico de las
relaciones, también de fundamental importancia, entre España yCuba.
Además del inmediato cambio de Gobernador general y de propi
ciar un nuevo estilo en la marchade lasoperaciones militares, el gobier
node Sagasta, al llegar al poder, prepara rápidamente un paquete legis
lativo básico para desarrollar su nueva política con Cuba. Me refiero alos
" El ofrecimiento norteamericano de comprar la islaa España en los primeros
meses de 1898es una cuesúón, a mi conocimiento, insatisfactoriamente conocida aún.
Según Gabriel Maura Gamazo (Historia crítica del reinado de Alfonso XIII durante su mino
ridad bajo la regencia de su madre doña María Cristina de Austria. Tomo Primero, Muntaner
ySimón Editores, Barcelona 1919, pp. 359-360), en febrero de 1898 unenviado extrao
ficial del presidente McKinley visitó alaRegente para plantearle laalternativa siguien
te: o unainmediata venta de Cuba, paraloquesele habrían ofrecido 300 millones de
dólares, o de lo contrario una asimismo fulminante intervención norteamericana en
Cuba; pero esta singular visita yofrecimiento no han sido confirmados documental-
mente. Por otra parte laoferta que habría hecho Woodford a Moret eneste sentido, y
que refleja Companys (op. cit. p. 242) a partir de loinformado por elministro nortea
mericano a McKinley en sucarta de 18 de marzo de 1898, no está claro -al haberse re
producido solamente una fragmento de dicha carta- si contaba, o no, con la autoriza
ción del Presidente norteamericano.
84 Cien años de Historia de Cuba (i898-i 998)
tres decretos de 25 de noviembre de 1897. Por los dos primeros se esta
blecía la igualdad de derechos políticos entre los españoles de la Penín
sula yde las Antillas, yse extendía aéstas, aCuba yPuerto Rico, el princi
pio del sufragio universal delaley electoral de 1890. De todos modos era
el tercer decreto el que tenía verdadera trascendencia pues en él, al fin,
elgobierno de Madrid se decidía a conceder a Cuba laautonomía.
Se viene diciendo constantemente que esta concesión de laauto
nomía, que de haberse efectuado a su tiempo habría podido encauzar
de modo estable las relaciones entre la Metrópoli yla Gran Antilla, llegó
demasiado tarde, por lo que resultaba inoperante. Los hechos mostra
ron irrefutablemente esto último. Pero no por ello entiendo que debe
descalificarse un tanto desdeñosa yprecipitadamente esta iniciativa del
gobierno de Sagasta. Sería injusto afirmar que, cuando se adoptó,no te
nía ninguna razonable posibilidad de éxito. Veamos con tal fin un poco
más de cerca su contenido y las circunstancias ambientales en los si
guientes meses.
Empecemos destacando que se trata de una autonomía política
merecedora de tal nombre: con clara representatividad, gran amplitud
y auténtico dinamismo evolutivo.
En primer lugar, en cuanto a su representatividad, las dos cámaras
autonómicas eran elegidas por los cubanos: el Consejo de Administra
ción en su mayoría -18 de 35 consejeros- yla Cámara de Representan
tes -uno por cada 25 mil habitantes- en su totalidad. En segundo lugar,
respecto asu amplitud, excepto la política internacional yla defensa na
cional, prácticamente todas las demás cuestiones eran de la competen
cia del parlamento insular, incluida la formación de presupuestos loca
les yla delicada cuestión -para los intereses peninsulares- de la política
arancelaria". Ypor último, pero solo en el orden de enunciación, pues
su importancia entonces era de primerísimo orden, porque se pasaba el
centro de gravedad del porvenir político de la isla, desde Madrid a La
Habana. Pues, aunque suele olvidarse, esta constitución antillana era
modificable, según el artículo 2Q adicional, precisamente apetición del
" En rigor los cubanos tenían también intervención en la política internacional
que directamente les afectaba, puesto que elartículo 37 de esta Constitución autonó
mica establecía que el Gobierno insular podía proponer la negociación de Tratados de
Comercio yparticipar en ella mediante delegados especiales. El texto del decreto de
autonomía fue publicado en la Gaceta de Madrid de 27 de noviembre de 1897 (pp. 1-5).
85
Javier Rubio
Parlamento insular. Es decir, las propuestas de futuras modificaciones
del régimen autonómico, que naturalmente solo habrían de iren la di
rección de una aún mayor emancipación de lametrópoli, ya no depen
dían, como hasta entonces, fundamentalmente de los electores y dipu
tados de la península, sino exclusivamente de los electores y represen
tantes cubanos, incluyendo entre estos últimos no solo los del parla
mento insular sino también los que habían elegido para las Cortes de
Madrid -una singular concesión de la que no gozaban entonces otras
colonias europeas de régimen autonómico- que constituían así un di
recto grupo de presión en las cámaras de la metrópoli en el sentido de
seado por los cubanos.
Por otra parte, ya no se trataba, como en anteriores ocasiones, de
un plan reformista que se ofrecía para cuando la isla estuviese pacifica
da, puesto que quedó muy pronto patente que la voluntad del Gobierno
español era el poner en vigor inmediatamente el régimen autonómico
del 25 de noviembre: apenas había transcurrido un mes, el 31 de di
ciembre, el Gobernador general de Cuba, en virtud de las atribuciones
que le confería el artículo 1Q transitorio, proponía telegráficamente a
Madrid la candidatura del primer Gobierno insular autonómico que to
mó posesión al día siguiente, el 1de enero de 1898. Yun par de meses
después, el 8de marzo, el Gobernador general convocaba las elecciones
al Parlamento insular: para el 24 de abril la correspondiente a los 65
componentes de la Cámara de Representantes ypara el día 28 de dicho
mesla de los 18 miembros electivos del Consejo de Administración'8.
Ni que decirse tiene que por grande que fuere el deseo del Go
bierno español de mostrar que había habido uncambio profundo de la
política española que suponía una notable cuota de autogobierno, y
que esa nueva política era un hecho consumado, sin retorno, que se po
nía inmediatamente envigor, laconsecución del objetivo esencial de la
misma, que era obviamente la pacificación de la isla, dependía funda
mentalmente delaacogida que esta reforma recibiera enlos cubanos le
vantados en armas, que seguían siendo las fuerzas dominantes en buena
parte de la isla. El gobierno de Sagasta no lo ignoraba y parece claro
que, desde que se formó, trató de llegar a un entendimiento a este res-
:,s Mayra Mena Mugica ySeveriano Hernández Vicente: Fuentes documentales de la
administración española en el Archivo Nacional de Cuba. La administración autonómica espa
ñola deCuba en 1898. Ediciones Universidad de Salamanca 1994,p. 24.
86
Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
pecto con los dirigentes de los insurrectos cubanos através de directos y
discretos contactos con los representantes de estos últimos en París yen
Nueva York*9, independientemente de las proclamas ygestiones, más o
menos confidenciales, que realizó en dicho sentido el Gobierno auto
nómico de la Habana en los primeros meses de 1898.
Como es bien sabido la realidad fue que los dirigentes de la insu
rrección no admitieron de ninguna manera este intentoconciliador. Ni
enlos superiores escalones militares, como Máximo Gómez, nienlos di
plomáticos -Estrada Palma- cabía otra solución pacificadora para la isla
que la concesión de laplena e inmediata independencia. Al radical le
ma de "el último hombre yel último peso" que durante tanto tiempo
había imperado desgraciadamente en los medios políticos de la Penín
sula, se contraponía ahora en los dirigentes de los insurgentes cubanos
otroigualmente extremoso: "independencia o muerte".
¿Fue esta actitud cubana la más adecuada para aquellos momen
tos? O, en otros términos, ¿fue la radical negativa a aceptar la autono
mía de noviembre de 1897 la mejor decisión que, en las circunstancias
internas e internacionales que entonces concurrían, podían tomar los
dirigentes cubanos levantados en armas para la defensa de su objetivo
fundamental, que era una Cuba libre eindependiente?
He aquí una cuestión que no por implicar un análisis de supuestos
contrafactuales, deja de tener notable interés. Especialmente alaluz de
un examen realizado sin pasión ycon la perspectiva histórica de un siglo
de historia de Cuba.
No dispongo ni de espacio ni de suficientes elementos dejuicio pa
ra examinar ahora, con la atención yprofundidad que merece, tan su
gestivo tema. De todos modos no quiero desaprovechar esta oportuni-
*En la última decena de octubre de 1897 Canalejas visitó aBetances en París pa
raexponerle los proyectos autonomistas de Sagasta, pero elrepresentante de los cuba
nos en armas respondió tajantemente que no se admitía más que laplena independen
cia (carta de 22 de octubre de 1897 de Betances aEstrada Palma, en Correspondencia Di
plomática..., citada en la nota 24, pp. 116-117). Ya primeros del siguiente mes de no
viembre, al llegar a Nueva York, tuvo Canalejas unaentrevista con varios cubanos dis
tinguidos -entre ellos Enrique José Varona, director de Patria- que le manifestaron
igualmente que noaceptaban ninguna solución autonómica (carta de3denoviembre
de 1897 de Estrada Palma aBetances, en Cor respondencia Diplomática de la Delegación Cu
bana en Nueva York durante la Guerra de Independencia de 1895 a1898. Tomo Primero, Pu
blicaciones del Archivo Nacional de Cuba, La Habana 1943, p. 150).
S7
Javier Rubio
dad para hacer unas breves consideraciones aeste respecto; aunque só
losea como una primera aproximación almismo.
En primer lugar ha de tenerse en cuenta que en los meses finales
de 1897, cuando se promulga la autonomía de Cuba, está bastante claro
para los insurrectos que una victoria total sobre los españoles que les
obligara aabandonar la isla, si se producía finalmente, habría de tardar
no poco tiempo; desde luego muy probablemente más allá del que ha
bría de concederse a sí mismo los Estados Unidos, cuyo fuerte aumento
de la temperatura en favor de la intervención, que el gobierno de Was
hington deseaba por múltiples motivos, no ignoraban. Por lo tanto,
cuando en laJunta de Nueva York yen el mando del ejército mambí se
rechaza frontalmente la solución autonomista, se está eligiendo cons
cientemente que la salida de España de la isla no se va adeber solamen
te al esfuerzo de loscubanos levantados en armas, sino también a la di
recta ycompulsiva intervención de los Estados Unidos40.
Los dirigentes cubanos de la República en armas -y ésta es la se
gunda consideración- conocían muy bien por entonces que en las más
altasinstancias norteamericanas no se excluíala compra de la isla, como
lo habían puesto de manifiesto los mensajes al Congreso del presidente
Cleveland en diciembre de 1896 yde McKinley en diciembre delañosi
guiente. Ni tampoco ignoraban que la idea de incorporación de la isla a
los Estados Unidos -o cuando menos de una ocupación hasta que se
considerase enWashington que los cubanos estaban en condiciones de
autogobernarse- dominaba en significativos ypoderosos sectores de los
congresistas norteamericanos. Por otra parte esos mismos dirigentes cu
banos no podían desconocer que una vez puesta enmarcha lapoderosa
máquina de guerra de los Estados Unidos, había de ser este país el que
obtuviera las principales victorias sobre España y, por lo tanto, su capita
lización política. O, en otros términos, que el riesgo de la anexión, ode
otras enojosas condiciones impuestas por el principal vencedor, no era
de ningún modo imaginario una vez que habían entrado en liza los Es
tados Unidos, ylacontienda entre españoles ycubanos se había conver
tidoen hispano-cubana-norteamericana.
10 La carta que escribió en noviembre de 1897 Máximo Gómez al Gobernador ge
neral en Cuba, yque reproduce fragmentariamente Portell (op. cit. p. 314), lo muestra
claramente. Por otra parte, enlos primeros meses de 1898, laintervención de los Esta
dos Unidos se hace ya cada vez más segura einminente alos ojos detodos.
88
Cien años de Historia de Cuba (i898-i 998)
Por último, en los puestos de mayor responsabilidad de los cuba
nos que luchaban por la independencia de la isla no se ignoraba que la
autonomía era no solamente un deseable grado de autogobierno para
muchos insulares, sino también un paso hacia la emancipación total41.
Un paso que, tanto por las razones que antes expuse al recordar la cons
titución antillana de noviembre de 1897, como por la evolución de los
acontecimientos yde las actitudes del Gobierno español en los meses si
guientes, era ciertamente irreversible yse presentaba previsiblemente
como de próxima realización. Había por lo tanto una vía, al margen de
la intervención de los Estados Unidos, que en esos críticos meses llevaba
muy previsiblemente ala consecución de esa Cuba libre eindependien
te que se había proclamado tres años antes en Baire.
Ala luz de estas consideraciones, yde los hechos que finalmente
ocurrieron en el tránsito ala independencia de Cuba, con tantas margi-
naciones ytutelas por parte del poderoso vecino del Norte, no podemos
en verdad responder afirmativamente ala pregunta que antes nos hici
mos respectoa si losdirigentes cubanos levantados en armas habían to
mado la mejor decisión, para sus propios objetivos finales, en su decidi
doysostenido rechazo deese régimen autonómico ofrecido tardíamen
te, pero ofrecido, al fin, por el gobierno de Madrid. La forma tan poco
convincente con la que -en la única ocasión que anuestro conocimien
to se ha tratado de esta cuestión- se ha intentado justificar el no haber
llegado a una solución pacífica directamente con España, no hace sino
ratificarnos en nuestra anterior respuesta42.
" El propio Máximo Gómez anotaba en su diario, en los primeros días de marzo
de 1898, que era lógico que hubiera él escrito una carta -ya citada- en el mes de no
viembre al Gobernador general, puesto que el general Blanco había venido a Cuba a
defender "la Autonomía de los cubanos que dista tan poco de la independencia"; ypo
co antes anotaba también el General enJefe cubano en su diario que, desde que se ha
bía implantado la autonomía en Cuba, los soldados españoles ya no defendían asu rey,
"mueren por una causa ajena". (Diario de campaña, Instituto del Libro, La Habana 1969,'
pp. 455- 456). Ydos años antes era Betances quien hablaba favorablemente de la posi
ble concesión de un régimen autonómico por parte del Gobierno español "sobre las
bases de la independencia canadiense" (CorrespondenciaDiplomática..., citada en la nota
7, p. 24); yciertamente la autonomía concedida aCuba en noviembre de 1897 era per
fectamente equiparable a la canadiense.
"El cubano Paul Estrade (La colonia cubana en París 1895-1898. El combatepatrióti
co de Betances yla solidaridad de los revolucionariosfranceses. Editorial Ciencias Sociales, La
Javier Rubio 89
Veamos finalmente la tercera línea relacional, la de los Estados
Unidos con Cuba. Unalíneaque conforme indiqué en la anterior fase,
la de Baire a Santa Águeda, tiene una doble vía. La oficial, principal
mente mediante la acción de losrepresentantes consulares norteameri
canos en Cuba, ylaoficiosa a través de laJuntade Nueva York.
El papel que desempeña la primera vía, yenespecial elcónsul nor
teamericano en LaHabana, Fitzhugh Lee, en la evolución del problema
cubano en este decisivo semestre, es verdaderamente relevante. El pre
potente yanexionista Lee toma, en efecto, una posición perfectamente
clara yfirme enlos dos temas medulares que entonces atañen aCuba: la
concesión de la autonomía yel Maine. En el primero, en la cuestión de
la concesión delrégimen autonómico a laisla, alinformar desde el pri
mer momento yde modo rotundo que no podía sino fracasar. El 31 de
diciembre, todavía el Gobernador general no había nombrado al Con
sejo de Gobierno, el cónsul escribía al subsecretario de Estado manifes
tándole que el régimen autonómico estaba ya en ridículo en Cuba; lo
que -añadimos por nuestra parte- no debería extrañar en un persona
je, como Lee, para quien cualquier solución que no condujera a laane
xión de la isla por los Estados Unidos era rechazable43. En cuanto al pa
pel que desempeñó respecto alasegunda cuestión, ladel Maine, su acti
tud no es menos decididamente partidista. Ya en tiempos de Cleveland
eraLee partidario del envío deun barco deguerra norteamericano a La
Habana y, ni que decirse tiene, desde que llegó el Maine, fue elgran de-
Habana 1984, p. 147) aunque viene a reconocer quesi sehubiera obtenido laindepen
dencia de acuerdo conEspaña sehabría dificultado laintervención de los Estados Uni
dos, trata dejustificar laactitud queseadoptó manifestando quelahistoria de laRepú
blica Dominicana, de Haití yde Nicaragua en el primertercio del siglo XX, ha mostra
doque los Estados Unidos siempre han sabido inventar elpretexto que les hapermiti
do intervenir. Pero el argumento esno poco especioso, pues ni los Estados Unidos hu
bieran tenido -en el supuesto contemplado- ocasión de ocupar Cuba en 1898 y de
aprobar laenmienda Platt, ni ninguna delas tres repúblicas citadas era, nies, un país
política ymilitarmente comparable a Cuba.
43 El 31 de diciembre de 1897Lee informaba a Dayque si losEstados Unidosen
viaban tropas a Cuba para guardar el orden, podrían anexionarse la isla sin disparar
un solo tiro, según afirma Philip S. Foner (La guerra hispano-cubano-americana yelnaci
miento del imperialismo norteamericano 1895-1902, voll, 1895-1898, Akal editor, Madrid
1975, pp.285 y293). La carta antes aludida sobre laautonomía en Portell (op. cit. pp.
366y 557).
90 Cien añosdeHistoria deCuba (i898-i998)
fensor de su permanencia. Por otra parte cuando se produjo la explo
sión, la actitud de Lee fue, como ya se señaló anteriormente, la de coo
perar decididamente para convertirla en un "casus belli" contra España.
Es conveniente puntualizar que si tan singular representante con
sular estuvo al frente de tan importante puesto en tan crítica época, fue
porque el nuevo Presidente norteamericano decidió personalmente
conservarlo y mantenerlo, sin reemplazarlo como era habitual en los
cambios de administración. Yque si tomó tal decisión fue porque consi
deraba que la actitud de Lee encajaba en la política cubana que él mis
mo, McKinley, se proponía desarrollar y que finalmente llevó a cabo,
aunque no con todas las consecuencia deseadas por Lee. Desde luego
McKinley no decidió la permanencia de Lee en la Habana porque fuera
bien visto por el país ante el que estaba acreditado, España, cuyo gobier
no solicitó discretamente su relevo a principios de 1898, ni tampoco
porque el presidente que lo había nombrado, Cleveland, creyera que
debía conservarse, pues parece fuera de duda que este último, a la vista
de la actitud que venía tomando Lee en su puesto durante los últimos
tiempos de su administración, había aconsejado muy claramente a Mc
Kinley que lo reemplazara44.
En todo caso el tema medular de las relaciones Cuba-Estados Uni
dos en esta fase concierne ala actitud del gobierno de Washington res
pecto alreconocimiento, o no,de laindependencia de Cuba.
Es evidente que los dirigentes cubanos de laJunta de Nueva York
eranconscientes de que elgobierno de McKinley no excluía laanexión,
o alguna otra fórmula que hipotecaba la libertad de Cuba, como solu-
" Así loafirma Offner, quien precisa queCleveland, en los últimos momentos de
su presidencia, estuvo considerando destituir a Lee (op. cit. pp. 35, 40 y244). Sobre la
petición española de relevo del cónsul Lee, el telegrama de Gullón a Dupuy de 20 de
enero de 1898 (Documentospresentados..., citados enlanota 12, pp. 101-102). Cuando a
primeros del siguiente mes de marzo planteó esta cuestión el propio Moret a Wood
ford, el subsecretario de Estado, Day, le comunicó asu ministro en España que el Presi
dente noestaba dispuesto acontemplar elreemplazo de Lee, aquien el Gobierno ame
ricano consideraba que, a lo largo de su actuación, "se ha comportado con mucha ca
pacidad, prudencia e imparcialidad..." (Day aWoodford 2de marzo de 1898, según
Portell op. cit. pp. 396 y558). La actuación de los cónsules norteamericanos en Cuba,
en general, yladeLee enparticular, enesta época crucial prebélica, es otro relevante
tema del final de la crisis cubana que se halla pendiente de estudio por la historiografía
española.
Javier Rubio 91
ción final a la cuestión cubana. Concretamente a fines de la primera se
mana de abril, cuando ya no había duda de que la decisión del presi
dente McKinley de intervenir por la fuerza estaba tomada yque se haría
pública inminentemente, miembros relevantes de la referida Junta ma
nifestaron a través de la prensa que se opondrían frontalmente a cual
quier intervención norteamericana que no tuviera "por objeto expreso
ydeclarado laindependencia de Cuba"45.
Yla realidad fue que el temor que abrigaban los dirigentes cuba
nos no estaba infundado. Cuando sehizo público el famoso mensaje de
11 deabril del Presidente al Congreso delos Estados Unidos, esa decla
ración terminante de laindependencia de Cuba que tanto deseaban los
referidos dirigentes, no aparecía por ninguna parte. Antes por el con
trario McKinley dejaba perfectamente claro que no estaba de ningún
modo dispuesto areconocer entonces la independencia de Cuba, entre
otras razones -decía sin rodeos- porque ello supondría estar sujeto a
molestas obligaciones internacionales respecto al país reconocido, ylos
Estados Unidos no podían aceptar el papel de "mero aliado amistoso"4".
Ciertamente en el mensaje no se excluía el reconocimiento futuro
cuando hubiera en Cuba "un Gobierno capaz de cumplir los deberes y
desempeñar las funciones de Nación separada e independiente"; pero
esta salida quedaba, no sólo en el tempo, un tanto difusa. Ala hora de
sintetizar en el mensaje los cuatro motivos que justificaban lainterven
ción de los Estados Unidos en Cuba, ninguno de ellos hacía la menor
45 Según precisa Foner {op. cit. pp. 327-328), Quesada en carta al State de Colom
bia, enCarolina del Sur, el6de abril de 1898. Por estos días Rubens fue aún más explí
cito -y presiente en cuanto ala política americana- en sus manifestaciones públicas, al
decir que los cubanos resistirían si los Estados Unidos después de arrojar alos españo
les, declaraban "un protectorado, provisional o intencionado, sobre laisla ybusquen
extender su autoridad sobre el Gobierno de Cuba y el Ejército de Liberación". Sobre
los proyectos que tenía el presidente McKinley en relación con Cuba, yque debió ha
ber manifestado confidencialmente a su ministro en España, Woodford, cuando loen
vió a Madrid en el verano de 1897, es interesante la observación que hace Companys
(op. cit. p.34), después de haber examinado de correspondencia de Woodford aMc
Kinley, en el sentido de que el primero -que era el único que escribía- se refería con
frecuencia en ella al protectorado o anexión de la isla, mientras que no aludía aestos
objetivos en su correspondencia oficial con el Departamento de Estado.
1,1 Las citas del mensaje, de la reproducción de la parte más importante del mis
mo que hace Chadwick (op. cit. pp. 578-582).
92
Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
mención al derecho de los cubanos, como pueblo americano, a ser in
dependientes47.
En estas circunstancias no puede extrañar que los dirigentes cuba
nos de la Junta tuvieran muy serios temores respecto a los proyectos
que, en el fondo, anidaban los Estados Unidos para con Cuba, ni, por lo
tanto, que intensificaran sus gestiones con los congresistas para que en
la resolución que finalmente adoptaran quedase perfectamente claro
que se reconocía a Cuba como una nación independiente. Las gestio
nes, porotra parte, nofueron supérfluas, pues si es cierto que había nu
merosos congresistas, en general los demócratas, que estaban dispues
tos adicho reconocimiento, el núcleo fundamental de los republicanos
seoponían a ello siguiendo las consignas del Gobierno. Al fin se consi
guió el 16 de abril que el Senado aprobase la enmienda Turpie por la
que se reconocía a la República de Cuba, después de haber "atraído" el
precioso voto afirmativo de 10 senadores republicanos en una votación
que se ganó por 51 votos contra 37. Yaunque este reconocimiento ex
plícito del Senado hubo de ser sacrificado en el texto negociado con la
Cámara de Representantes -más firmemente controlada por los repu-
Es de tener en cuenta que así como el reconocimiento de la independencia de
Cuba por los Estados Unidos antes de decidir la intervención suponía, como sostenía
Olney yotros juristas americanos, una directa confrontación con España por aplica
ción de ladoctrina de Monroe, tal problema ya no existía al enviar el mensaje de 11 de
abril. Por otra parte señala agudamente Ramiro Guerra (op. át. p. 171) que la frase del
mensaje en la que el Presidente manifestaba que la intervención propuesta implicaba
el empleo de medidas hostiles sobre ambas partes "para llevarlas al arreglo final" (se ha
corregido la traducción defectuosa de Guerra del término inglés "eventual"), suponía
en realidad que "la autorización que se solicitaba era para imponer la paz ylas solucio
nes que en un momento dado Estados Unidos creyese conveniente". Recientes histo
riadores norteamericanos se muestran incómodos al examinar la clara negativa de Mc
Kinley de reconocer en el mensaje la independencia de Cuba, ypresentan explicacio
nes cuando menos curiosas. Para Trask (op. cit. p. 54), tal actitud no era porque el Pre
sidente desease Cuba, sino porque era "menos provocadora que cualquier otra". Ypara
Offner (op. cit. p. 182) el no reconocimiento de laindependencia de Cuba envolvía in
cluso una delicada deferencia del presidente americano hacia España para dar tiempo
allegar aun arreglo con los cubanos que evitase la guerra, además de provocar volun
tariamente un más largo debate en elCongreso dando así más tiempo alas soluciones
diplomáticas (esta última explicación no deja de tener cierta dosis de sarcasmo al esgri
mirse en favor de un presidente, como McKinley, que firmó la resolución conjunta en
poco más de24 horas, cuando disponía dediez días para hacerlo).
Javier Rubio 93
blicanos- que había de ser aprobado finalmente como resolución con
junta de ambas cámaras, pocas dudas caben que esa cesión del Senado
fue un factor primordial para laconservación en lareferida resolución
de la esencia de la enmienda Teller, que también había aprobado el Se
nado el 16 de abril.
Una enmienda esta última -en la que también los agentes de la
Junta cubanajugaron un gran papel- que si no suponía el inmediato re
conocimiento de Cuba como nación independiente, daba la garantía
explícita cuando menos que los Estados Unidos no se proponían ane
xionar laisla, cuyo gobierno ydominio dejarían al pueblo cubano "una
vez realizada lapacificación"48. Al final, gracias a lareceptividad, inclui
dalavenalidad, de algunos congresistas americanos a las gestiones de la
Junta, los patriotas cubanos pudieron contemplar entonces el futuro de
su país como una nación independiente. Un destino al que no solamen
te tenían irrefutable derecho sino que, muy probablemente, era tam
bién elque deseaba lamayor parte del pueblo norteamericano.
LOS MESES DE GUERRA: DE LARUPTURA DE HOSTILIDADES AL
Tratado de París
De esta última fase, que comprende prácticamente los ocho últi
mos meses de 1898, nos vamosa ocupar muy brevemente, pues se trata
de una cuestión que corresponde más directamente al contenido de
otra conferencia de este curso. Además, los vínculos relaciónales de ca
rácter triangular que centran nuestro examen, se hacen ahora más te
nues al desaparecer las fundamentales relaciones diplomáticas entre
Madrid yWashington.
** La exposición que hace Foner (op. cit. pp. 335-344) delos debates e intrigas de
estos días en las dos cámaras, esespecialmente interesante. En ella queda patente el
gran papel jugado por Rubens, elasesor de laJunta, yde laasociación Janney-McCook
que recibió dos millones de dólares del Consejo de Gobierno de la República de Cuba
por "los servicios prestados ala causa". Dicho sea sin ignorar que en la decisión de Te
ller, que le llevó a la presentación de su fundamental enmienda, debieron intervenir
también otras motivaciones, como la de ser senador por [Link] como
productor de remolacha azucarera resultaría perjudicado en la anexión de Cuba como
ha señalado Portell (op. cit. pp. 446-447).
94 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
Solamente haré un sucinto recordatorio de las principales leccio
nes, duras aunque previsibles lecciones, que los traumáticos aconteci
mientos de esta fase supusieron para España y, en parte, también para
Cuba. Empecemos por estaúltima.
Pronto constataron los dirigentes de la República cubana en ar
mas que McKinley no había dicho en vano, en su mensaje al Congreso el
mes de abril, que los Estados Unidos no estaban dispuestos ajugar el pa
pel de "mero aliado amistoso"; en realidad sería alos cubanos alos que
el Gobierno norteamericano asignaría ese modesto cometido, ymar
cando muy claramente las distancias. Cuando se negocia yformaliza, a
mediados de julio, la rendición de Santiago, la principal victoria sobre
España de la guerra hispano-cubano-americana en las operaciones de
tierra, que tenía además un especial significado histórico-político para
los independentistas cubanos, no se consultó ni se invitó aestar presen
te al general Calixto García -el número dos entonces del ejército cuba
no- cuyas fuerzas tan directamente habían contribuido al éxito de las
operaciones militares que llevaron ala rendición de la plaza; ni el ejérci
to cubano de liberación con su General enJefe, Máximo Gómez, pudie
ron estar presentes en La Habana cuando se produjo el acto solemne
delfin de lasoberanía española en Cuba el 1de enero de 1899. Los cu
banos, por otra parte, tampoco fueron invitados por los Estados Unidos
aenviar representantes para participar enlas negociaciones del Tratado
de París en el que, naturalmente, no sólo seiba a formalizar el abando
no de la soberanía española en Cuba, sino que también se habrían de
concertar una serie de condiciones que suponían compromisos que, en
buena medida, condicionarían afuturos gobiernos de Cuba.
Claro es que España, la nación que había sido derrotada rápida y
contundentemente en las operaciones de guerra con los Estados Uni
dos, fue la parte que tuvo que asumir las más amargas lecciones. En muy
diversos planos, aunque ahora señalaré tan sólo como hubo de consta
tar, asus expensas, el antiquísimo principio de que es el vencedor quien
únicamente tiene lainterpretación auténtica, la que ha de acatarse, de
los documentos, de las declaraciones, ode los hechos que justifican tan
to las cargas que se imponen al vencido después de la guerra, como tam
bién las causas que han hecho inevitable, que incluso han justificado
moralmente que en ella participase la nación que la ha ganado.
Las consecuencias de la guerra en primer lugar. Pues el desarrollo
Javier Rubio 95
de las negociaciones de París dejó perfectamente claro que era lainter
pretación americana del polémico, en relación con las islas Filipinas,
Protocolo de 12 deagosto de 1898, laque prevalecía ypermitía exigir la
cesión plena de dichas islas a los Estados Unidos. Lo que suponía una
anexión forzosa del referido archipiélago -pues era manifiesta la oposi
ción de los filipininos a tal medida- que, a su vez, mostraba que elven
cedortenía autoridad suficiente parainterpretar con toda"flexibilidad"
sus propias declaraciones de principios. En efecto, no debe olvidarse
que había sido el propio presidente McKinley quien, en su mensaje al
Congreso de 6 de diciembre de 1897, había declarado solemnemente
que no hablaba de anexión forzosa -principio que tenía en su mensaje
carácter general, aunque se refiriera entonces implícitamente a Cuba-
porque era una cuestión en laque no se podía pensar, dado que "nues
tro código demoralidad lodeclara como una agresión criminal"49.
Pero el vencedor también mostró tener la autoridad suficiente pa
ra imponer la interpretación del principal acontecimiento que había
llevado a laguerra. El 21 de noviembre de 1898, en elcurso de las nego
ciaciones de París, la delegación norteamericana esgrimió la destruc
ción del Maine, que había tenido lugar "por descuido o incapacidad de
España de garantizar laseguridad de un buque de una nación amiga",
como uno de los principales perjuicios sufridos por los Estados Unidos,
con ocasión de la guerra insurreccional de Cuba, que venían a mostrar
que laactitud del Gobierno norteamericano en las condiciones que im
ponía a España para el Tratado de Paz eran moderadas yno severas. Y
dos semanas más tarde, el 5 de diciembre, era el propio presidente Mc
Kinley quien en sumensaje alCongreso volvió a evocar lacatástrofe del
Maine, que llegó a calificar de "sospechosa", como uno de los principa
les agravios que motivaron laguerra, puesto que el origen de dicha ca
tástrofe había sido desde luego una causa externaypor consiguiente de
responsabilidad de España. La delegación española protestó solemne
mente por ello en las reuniones de París, ypropuso la creación de una
comisión internacional que esclareciese definitivamente el origen de la
catástrofe ymostrara si España tenía, o no, responsabilidad en ella50. Pe-
49 Papers relating..., citados en la nota 15, p. XV.
50 EnDocumentos presentados en las Cortes en la legislatura de 1898por el Ministro de Es
tado (Duque de Almodóvar del Rio), Est, Tip. Sucesores deRivanedeyra, Madrid 1899, pp.
221,273-276,282-283 y 295.
96 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
ro protestas y propuestas fueron en vano. La voladura del Maine era ya
entonces para las autoridades norteamericanas unapiedra angular into
cable enel origen de su decisión de forzar a España a abandonar peren
toriamente Cuba.
En todo caso laguerra hispano-cubano-norteamericana que termi
nó con la presencia española en América, produjo alguna enseñanza
menos amarga en el marco de las relaciones entre España y Cuba. Me
refiero al hecho, verdaderamente excepcional en las guerras coloniales,
de que un parte no insignificante de los soldados del ejército español
que habían luchado contra los insurrectos cubanos, prefirió permane
ceren la isla paraintegrarse en lafuerza laboral y, en definitiva, en laso
ciedad de la nueva Cuba, ya desprendida plenamente de su metrópoli51.
Un hecho que mostró fehacientemente a la España de la época,
que no era vana retórica la que empleó Martí en el manifiestode Monte
Cristi cuando aseguraba reiteradamente que la guerrano se hacía con
tra los españoles, a quienes se ofrecía una honrosa acogida en lafutura
República de Cuba, sino contra sus ineptos gobiernos; y que, para los
cubanos de entonces, demostró también convincentemente que el espa
ñol que se hallaba al otro lado de la trinchera en esos años no era un
odioso enemigo irreconciliable, sino en el fondo un adversario tempo
ral con el que, como en las auténticas guerras civiles, compartía no po
cos lazos fraternales. Como era por otra parte natural en una isla en la
que unos y otros habían convivido y se habían interrelacionado tan es
trechamente a lo largo de cuatro siglos52.
51 Manuel R. Moreno Fraginals yJosé J. Moreno Masó (Guerra, migración ymuerte.
El ejército español en Cuba como vía migratoria, EdicionesJúcar, Capellades 1993) hanem
prendido muy acertadamente el estudio de este interesante hecho migratorio. Aun
que, infortunadamente aún se esté lejos de poder evaluar con algún rigor -como reco
nocen con honestidad intelectual los propios autores (pp. 135-136)- la magnitud del
contingente desoldados españoles que quedaron enCuba como inmigrantes, oque re
gresaron contal condición en las grandes oleadas inmigratorias de los primeros dece
nios del siglo XX. Más recientemente Miguel Alonso Baquer afirma que fueron "unos
30.000" los soldados españoles que optaron porquedarse en Cuba, pero no precisa la
fuente dedicha estimación ("La derrota de 1898: Consecuencias para elejército espa
ñol", enPerspectiva del 98 un siglo después,Junta deCastilla yLeón 1997, p.132).
52 Es elocuente eneste sentido elnoble intercambio desaludos que el1deenero
de 1899 tuvo lugar en el propio Palaciode Gobierno de Cuba entre la máximaautori
dad española, elgeneral Jiménez Castellanos, yeldirigente independentista -yfuturo
Javier Rubio 97
Con este breverepaso de algunas de las más significativas enseñan
zas que 1898 supusopara Cubay para España, termina propiamente mi
exposición. Sin embargo, antes de poner punto final quisiera hacer
unas brevísimasreflexiones sobre el acto solemne con el que terminó el
cuatrienio 1895-1898 de cuya diplomacia triangular me he ocupado.
Aunque, al hacerlas, tenga presente no sólo ese lapso cuatrienal, sino
también el de los cuatro largos decenios finales del siglo XIX en el que
los cubanos manifestaron, de una u otra forma, claros deseos de mayo
res cotasde autogobierno yaún de plena emancipación de la metrópoli.
El 1 de enero de 1899 se arriaba la bandera española en el Castillo
del Morro de La Habana y se izaba la de los Estados Unidos, bandera
que habría de ondear materialmentedurante tres añosy simbólicamen
te -a través de la enmienda Platt- durantes bastantes años más.
En este solemne e histórico acto hay dos partes. La primera, el
arriado de la bandera española, un hecho natural en el devenir históri
co, pues antes o después tenía que ocurrir en una coloniaque llegaba a
la madurez en el desarrollo de su propia personalidad nacional e inter
nacional. La segunda parte empero constituye un hecho anómalo, ya
que la enseña que ese día debió izarse en La Habana no era la multies-
trellada de la Unión Americana sino la uniestrellada de la República de
Cuba.
¿A qué se debió esta notoria anomalía?
Con la perspectiva histórica que nos ofrece el paso de una centuria
y la superación que hoy existe -o cuando menos debiera existir- en
unos y en otros de los sentimientos y emociones que, inevitablemente,
produjeron en aquellos momentos las sangrientas contiendas que pre
cedieron al referido traspaso de soberanía, con esta perspectiva y estado
de animo, digo, creemos que puede darse una respuesta desapasionada,
sin partidismos, a la pregunta anterior. Una respuesta que, a mi juicio,
tiene una triple composición argumental.
Tan anómala secuencia de soberanías se debió, en primerísimo lu
gar, a que los poderosos Estados Unidos, las grandes vencedores de
1898, rehusaron interesadamente reconocer la independencia de Cuba
Presidente de la República de Cuba- Mario García Menocal. Dijo el primero:"Siento
mucho, señores, que hayamos sido enemigos llevando la misma sangre", a lo que con
testó Menocal: "Ahora que Cuba es libre no podemos seguir siendo enemigos" (ElNue
voPaís, Madrid 6 de enero de 1899, p. 1).
98 Cien años deHistoriadeCuba (i 898-i998)
cuando pudieron y debieron hacerlo-al intervenir militarmente en Cu
ba-con elfin depoder determinar cuando, yenqué condiciones, Cuba
habíade acceder a la independencia.
Inmediatamente después porque hubo no pocos gobernantes es
pañoles que con su intransigencia, e invidencia de la auténtica realidad
de Cuba, no supieron conceder la independencia, o la autonomía que
llevara pacíficamente a ella, cuando eraya procedente,
Ypor último, dicho sea con profundo respeto yafecto hacia Cuba y
el pueblo cubano, porque la impaciencia yla falta de visión política de
algunos dirigentes de los propios patriotas cubanos, dificultó notable
mente la solución pacífica en determinados momentos cruciales de su
largamarchahaciala independencia.
¿OTRAVEZ EL 98!... CIEN ANOS DESPUÉS:
SIGNIFICADO YCONSECUENCIAS
JOSÉ VÁRELA ORTEGA
En la mañana del 1 de enero de 1899, las salvas de ordenanza salu
daron la última vez que en Cuba era arriada la bandera de España,
"amarilla de rabia y roja de vergüenza1". Según rimaba el nuevo paradig
ma regeneracionista, "España había dejado de ser una nación america
na". Pero, lo cierto es que, aquellos fogonazos del Morro de La Habana,
parecieron despertar bruscamente al país de un espejismo de gloria im
perial o de una pesadilladecadente, para sumirle en "un estado de estu
por moral"2. A la firma del Tratado de París, la prensa procedió a un ba
lance demoledor: se habían "perdido 15.700 peninsulares; 2.430.770 es
pañoles antillanos; 9.300.000 españoles filipinos; 128.148 km2 de exten
sosy ricos territorios americanos; 358.000 km2 en Filipinas yJólo; 16 bu
ques de guerra y 60 mercantes; 420 millones de pesetas en material de
guerra y sobre 4.560 millones en gastos de campaña, repatriación de
tropas, de empleados civiles y del Estado"y... de los restos de Colón que,
desde La Habana, fueron trasladados a la Catedral de Sevilla, "uni [en
dose] [así] los restos de un hombre a los á los de un país" como ilustra
ción del desastre y del fin de una época3. "España había quedado reduci
da a una expresión histórica"4, sentenciaron los intelectuales del mo
mento, (Costa) sobrecogidos ante la magnitud de la catástrofe. La in
dignación pareció estallar incontenible. Los mismosperiódicos que me
ses antes duplicaron la tirada, forzando la mano de políticos atemoriza
dos, motejados de pusilánimes y débiles, ante el chantaje militar de "los
choriceros yankees"\ la triplicaban ahora, acusando a los gobiernos de
' RamosCarrión apud V. Fité,Lasdesdichas delaPatria (Madrid, 1899),pp. 253-254.
2Archivo Ministerio Relaciones Exteriores y Culto, Argentina [en adelante, AM-
RE], 651-30 (ns 14): Quesada a Alcorta, 9 septiembre 1898.
:i Diario delComercio (Barcelona), 2 agosto 1898;y NC 19 marzo 1899.
1Cit. por P. Sanz Rodríguez,Evolución de las ideas sobre ladecadencia española (Ma-
drid,1962),p. 132.
r' Para las bravatasespañolistas,vid., p. e. ElSiglo Futuro, 4 abril 1898:"Lostocinos
yankees", "escoriade las naciones europeas": las ideas obsesiva y más o menos grosera-
99
100 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
la Restauración de haber sumido al país, "por orgullo mal calculado" y
"pasado de moda"(i, con criminal imprevisión y ridículo pundonor, en
"una gran quijotada"7 insensata, perdida de antemano8. "Nosotros-ase
guraba un periódico- fuimos a la guerra con la pasión del honor" y "la
historia de España en la mano" (Sagasta). "¡Y ahora que hicimos de
nuestra aventura un camino tristísimo de pasión, resulta que el honor es
cosa cursi [...] de la que se ríen [...] los pueblos civilizados!"".
En efecto, la teoría tradicional sobre el 98 viene a caracterizarlo co
mo una reacción resentida, pesimistay autoritaria, en la inteligencia de
que la decisión y desarrollo de la guerra constituyó el fracaso de un go
bierno y unos políticos que habrían arrastrado al país, de forma alocada
mente repetidas, de que los americanos, por "comedores de carne" y por ser hijos de
emigrantes, eran inferiores, fuera de su vulgaridad, merecen alguna atención, como
exponente de la filosofía, básicamente conservadora, de muchos españoles; cfr.: con
traria a la movilidadsocial. En este sentido, la grosería, cuando es espontánea, también
ofrece pistas. Vid. también El Imparcial, 15 febrero 1898: "La canalla yankee" (esto es,
los emigrantes); La Voz deGalicia, (en adelante, VG), 24 abril 1898:los EE. UU. "son un
pueblo heterogéneo" de "mercader[es] cobard[es]" (apud S. Galindo Herrero, El 98 de
los quefueron a la Guerra, Madrid,MCMLXII, pp. 91y ss.); el general Basilio Agustín Davi-
11a, Gobernador General de Filipinas, abusaba de las mismas ideas en su bando de gue
rra; cfr.: el escuadrón americano "tripulado por gentes advenedizas [sic,léase emigrantes],
sin insüucción ni disciplina", seríafácilmente vencido. Escuriosoobservarque este tipo
de argumentos, mas que irritar, desconcertaba a los americanos, vid.J.O. Ford, AnAmeri
can Cruiser in the East (NewYork, 1898), pp. 480y [Link]. la esperpéntica expresión del
Ministro de la Guerra: "¡Ojalácareciéramos de barcos!.Así podríamos decirles desde Es
paña y desde Cuba: -aquí estamosvengan uds. cuando quieran", apudV.G., 8 abril 1898.
Federico Balart"¡Guerra!: "aesaimbécilcanallaque por tácticatiene el agiotaje", apud El
Imparcial: 21 abril 1898. No es fácil encontrar juicios equilibrados -y abiertos- emitidos
desde sectores influyentes. Vid. una de las escasas excepciones, en V.G., 11 marzo 1898:
"Españaha caído también en eljingoísmo, yvamosa medias con ellos también en este te
ma. Hemos sido chauvinistas. Si viene la guerra debe venir por los acontecimientos, he
mos de conservar la serenidad, para estudiar el tremendo lance en susjustas proporcio
nes". La obra clásicasobre la contrapartida americana de losPulitzery los Hearst, enJ.E.
Wisan, TheCuban Crisis asreflected in theNew YorkPress (NewYork,1939).
0AMRE, 651-29: Calvaria Alcorta, 21junio 1898.V.G.,30junio 1898.
''España 17 noviembre 1923.
8ElSiglo delFuturo, 4 abril 1898, Vid. también.S. Galindo Herrero, El 98delos que
fueron a laguerra (Madrid, MLMLII) pp. 91 y ss. y Federico Balart, "¡Guerra!, apud ElIm
parcial, 21 abril [Link] responsabilidad de la prensa, en AMlüi, 651-30: Quesada a Alcor
ta, 27junio 1898; uno de lospocosreconocimientos de este hecho:V.G., 11marzo1898.
"Ellmparáal, 23 abril 1898yV.G.,30junio 1898.
José Várela Ortega 101
y en algarada patriotera, a una guerra imposible; fracaso también de
unos marinos que habrían forzado decisiones "numantinas" poco sensa
tas10. Pero lo cierto es que la verdad está mas cerca de lo contrario. Pre
cisamente debido a quela guerra del 98 fue calculada, impuesta porca
si todos a casi todos, y perdida de forma abrumadora y rápida, la per
cepción de la misma no consistió en atribuirla a la voluntad de un go
bierno, sino entenderla como problema nacional11.?'ara comprender,
pues, la reacción frente al Desastre es importante saber que la decisión
de ir a "una guerra tan desesperada", como años más tarde la calificaría
Azaña, no fue alegre ni quijotesca, sino medida sobre labase de "que de
dos males e[se] e[ra] el me[ñor]"'*: el gobierno ylos políticos -no sólo
los del régimen- creyeron que eramenos arriesgado enfrentarse al ejér
cito americano que hacerlo conuna revolución popular o un golpe mi
litar. Por eso planearon también -y desarrollaron después- una estrate
gia, menos bélica que política, fundamentada en consideraciones ajenas
a la técnica militar; a saber: evitar "elpeor de dos males, [estoes] el con
flicto que sedesencadenaría en España si nuestro honorynuestros dere
chos fuesen atropellados" -léase, elmiedo alaopinión revolucionaria ya
un pronunciamiento del ejército1'. Quizá esto ayude a entender que, fi
nalizado el conflicto, lo ocurrido se percibiera como un problema del
país en general yno sólo de un gobierno, ni siquiera de un régimen.
Como todos los accidentes, el 98 resulta de una cadena de tropie
zos e imponderables (la explosión fortuita del Maine es la cause célebre
más ilustrativa, pero no la única) que coinciden en un punto: el de la
ruptura o estallido del conflicto. Con todo, la ruptura violenta -la gue
rra- no fue inevitable. Pero sí probable, siconsideramos los angostos lí
mites en que los políticos españoles creían poder maniobrar. Pues, sin
duda, debates angustiados debieron ser aquéllos que consumieron los
Consejos de Ministros entrefebrero yabril de 1898 yprodujeron la de
cisión agónica de los gobernantes españoles, en la inteligencia que era
"' Vid. C. Seco, Alfonso XIIIy la crisis de la Restauración (Barcelona, 1969), p.32.
11 Vid. mi trabajo "Aftermath ofSplendid Disaster: Spanish Politics before and af-
ter the Spanish American War of 1898", apud Journal ofContemporary History (SAGE,
London) vol. 15 (1980), pp. 317-344.
12 España 17 noviembre 1923. El General Correa en ElImparcial [en adelante
IMP] 6 abril 1898.
15IMP 6 abril 1898.
102 Cien años de Historia de Cuba ( i898-1998)
menos arriesgado para la paz interna enfrentarse al ejército americano
que hacerlo al propio, como alternativa y previsible consecuencia de
plegarse al diktat de la República Imperial. Porque, no nos engañemos,
la decisión de ir a la guerra no fue nunca un acto "numantino"'4, sino el
producto-disparatadoy cínico, si se quiere, aunque también compren
siblemente conmovedor- del poco confortable dilema que angustiaba a
los políticos españoles del momento, a saber: que aquel gobierno que
osara "entregar la islasin lucha" se vería irremediablemente abocado a
un golpe militar y/o una rebelión popular,5.
En este sentido -y como reconocía apesumbrado Cánovas antes de
morir- el problema de Cuba se había ido convirtiendo en una "cuestión
interna"l(i. Cuba, en efecto, siempre había sido una colonia muy espe-
11 Vid. C. Seco, op. cit. p. 32.
15 FO72/2062:Barclay a Salisbury, 4 marzo 1898. Eldramáticodilema se conside
raba "unaverdad de perogrullo": en Barclay a Salisbury, 17marzo 1898. La renuencia
de los militares a abandonar Cuba tiene una interpretación principal -y mayoritaria-
basadaen la idea de deshonra y la temida acusación posterior de la opinión públicade
haber tragado con una "paz vergonzosa" y un entreguismo "humillante", vid. El Siglo
Futuro, 26 marzo 1898 y ElEjército Español, 13febrero 1898. Según el General Blanco,
"todoslos coroneles"bajo su mando contestaron "que preferían la guerra a una humi
llación": ElSiglo Futuro, 2 marzo 1898. No obstante, también se barajaron explicaciones
menos "elevadas", cfr.: en un ejército mal pagado y de ascensos taponados, la guerra
aseguraba sueldos y promociones; esto es, movilidad profesional y social: vid., p.e. El
Noroeste (Gijón) 15enero 1898 -lo cual, por otra parte, responde a una interpretación
de clásicos, y egregios, precedentes: p.e. B. Constant, Del espíritu de la conquista, estudio
de M-. L. SánchezMejía, (Madrid, 1988),igualque Malthus-o antes aún Suetonio,De
Vita caesarum, II (Harvard, U.P. 1959),p. 217. Malestar por razones corporativas, enj.
Cachinero, "The discontent of the Spanish officers, 1898", mecanografiado, St. An-
tony's College, Oxon, (1989). El miedo a una sublevación popular, en V.G., 20 abril
1898 yElImparcial, 11y 12abril 1898 (manifestaciones). Sagasta afirmó taxativamente
que "el gobierno se ha[bía] limitado a seguir la corriente impetuosa de la opinión",
apudV. Rodríguez Casado, Elimpacto histórico del 98.
[" Lostemores de Cánovas, en [Link], LEspagneen 1897 (París,1897), pp. 164-
165 yE. Cánovas (comp.), Cánovas del Castillo. Juicio que mereció asus contemporáneos espa
ñoles y extranjeros. Recopilación hecha por suhermano Emilio (Madrid, 1901), se reproduce
una entrevista no publicada en vida pero,aunquelo fuera expostfacto, coincide con tes
timonios reservados del momento: vid. p .e.,Tetuána West, apud FO72/2003: West a
Salisbury, 26abril [Link] también el excelente artículo dej. [Link], "Cánovas y
Cuba", Los 98ibéricos y elmar, T.I (Madrid, 1998), pp. 97-110. Lamisma idea "pavorosa"
del conflicto era compartida por Sagasta: vid. Archivo Histórico Nacional [en adelante,
José Várela Ortega 103
cial. En muchos aspectos másrica que la propia metrópolil7, atestada de
inmigrantes peninsulares representaba una oportunidad y, por tanto,
era también un problema el desprenderse de ella sin provocar sacudi
das mayores en la opinión españolista dentro yfuera de la isla. Original
mente, baluarte del dispositivo estratégico que defendía el Golfo de Mé
xico cuando éste era un lago virreinal, la independencia del continente
americano y el desarrollo de una floreciente economía de plantación
otorgó a la isla una importanciaeconómica de la que había carecido en
tiempos del Imperio. Con todo, a mijuicio, lo intrincado de la proposi
ción no es tanto entender la separación de la Gran Antilla como expli
car la permanencia bajo soberanía española hastael final del siglo pasa
do. Haypor lo menos tres razones de peso que ayudan a la comprensión
de este fenómeno. En primer lugar -y desde un punto de vista interna
cional- la presenciaespañolaveníasiendo apuntalada-valgala parado
ja- mucho más por su debilidadque por su fuerza. De hecho, a losEsta
dos Unidos les servía de garantía y tranquilidad que una cour secondaire,
en vez de una potencia de primer orden, dominara la Isla. En segundo
lugar, sectores considerables de la población blanca caribeña, clase me-
AHN],Estado, 8664: Sagasta a Rascón (embajadorde España en Londres),8Julio 1898;
e idem, Gullón a Rascón, 11 marzo 1898. Canalejas llegaba a más: estaba absolutamente
convencido de la superioridad americana (era de los pocos políticosespañolesque co
nocía bastante bien los EE. UU., incluida su Armada) pero creía, aún con más firmeza,
que el "problemade Cuba debía resolverlo el Ejército [español", vid. ElNoroeste (Diario
republicano de Gijón), 6julio 1898. La mayoríade los republicanos participaban del
análisis de sus rivales dinásticos (vid, p.e., Biblioteca Nacional (Madrid), Manuscritos,
Castelar a Ferrer, 21 abril 1898) aunque pocos lo reconocieran en público (vid. Archi
vesHistoriques de l'Armée [en adelante [Link].A]: 7N/1199: agregado a ministro, 10
mayo1898). Pi y Margall y losfederales estuvieronentre esospocos: vid. [Link]ández
Almagro, Historia Política delaEspaña Contemporánea (Madrid, 1956) T. II, pp. 198-199;
vid. también Madrid Cómico, 30 mayo 1897. Para las críticascontra la guerra, pero timi
dez -o incapacidad- para montar un movimiento de protesta sólido,, vid. C. Serrano,
Final del Imperio. España 1895-1898 (Madrid,1984), pp. 99-10; y también, claro, anar
quistasysocialistas (vid. D. Ruiz, El 98en Asturias, apuntes para suestudio (), passim-pero
no quisieron, o pudieron, montar un movimiento de protesta. Para mítines socialistas
contra la guerra, vid.V.G., 2 mayo 1898.
17 En 1850 la renta [Link] Cuba equivalía a un 80% de la de EE. UU., mientras
que la de la España europea no llegaba al 60%. El primerferrocarril de España fue el
de La Habana-Güines, diez años antes que el de la Pení[Link] en 1846se inau
guró el ferrocarril Barcelona-Mataró, en Cuba había yamás de 900 [Link] víaférrea.
104 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
dia y profesionales de las ciudades antillanas, buscaron durante mucho
tiempo en la soberanía española un alivio que disipara la peor de suspe
sadillas; a saber, la haitianización de la isla por los antiguos esclavos de
origen africano:"Cuba será española ó será africana"18, aseguraban los
españolistas. Unos temores que los gobiernos españoles se encargaban
de atizar, señalando el evidente radicalismo, en estrecha relación con
los anarquistas europeos pero de aliento bolivariano, de buena parte
del movimiento revolucionario cubano. Se trataba además de una ten
dencia que ya en 1898 llegó a despertar aprensiones en la administra
ción McKinley, temerosa que la prolongación de la lucha terminara por
desencadenar "una revolución dentro de la revolución" cubana con la
consiguiente radicalización de la situación política antillana -un análisis
que ayuda a entender la ansiedad del presidente McKinley por frustrar
una inclinación política de esa naturaleza aún a costa de precipitar la in
tervención americana.19 Por último, los estados del Norte americano te
mían que la anexión de un futuro estado esclavista alterara el delicado
equilibrio parlamentario yconstitucional de la Unión.
El problema de Cuba para los diversos gobiernos españoles en el
crepúsculo del siglo no era sólo que muchos cubanos, campesinos, mu
latos, negros y también no pocos profesionales bien preparados y ambi
ciosos, quisieran ser independientes, sino que demasiadosresidentes en
los grandes centros urbanos de la isla, peninsulares y criollos, querían
seguir siendo españoles. Entre ellos,algunos favorecían la descentraliza
ción y nutrían las filas de un partido autonomista que abogaba por una
solución á la canadienne. Otros, los unionistas, exigían la aplicación de
toda la legislación peninsular, incluido el régimen administrativo pro
vincial de la España europea. Precisamente, porque veían amenazada su
identidad e intereses, eran de un españolismo irredentista, agresivo y
vociferante20. Es difícil devaluar su influencia en el establishment español.
Los intereses económicos antillanos tenían un peso muy significativo en
los puertos del norte de España, como Santander o Bilbao,y se articula-
'"T. Pedraza, "Esclavitud y racismo", en Memoria del98 (ElPaís, 1998), p. 12.
111 Fitzhugh Lee a William R. Day, 27 noviembre 1897, apud. La Feber, American
Age, op. cit, Vol. I, p. [Link]. también LouisA. Pérez,Jr., Cuba betiveen Empires, 1878-
1902 (1983).
20 M. D. de la Calle y M. Esteban, "El régimen autonómico español en Cuba", Los
98, op. cit.,T. I, pp. 173-210.
José Várela Ortega 105
ban de forma decisiva en la burguesía catalana. Entre los títulos del Rei
no, más de doscientos eran cubanos. Los matrimonios mixtos no eran
infrecuentes. Cánovas, Romero Robledo, Gabriel Maura o Víctor Bala-
guer estaban emparentados con grandes potentados cubanos. Y, en ge
neral, los partidos dinásticos habían disfrutado desde sus orígenes de
una generosa financiación cubana.21
La solución, pues, no era fácil y distaba de ser simple. Parafrasean
do un inteligente artículo de Clarín (1897), tampocohoy "hay para que
ensartar tonterías so pretexto" del centenario de la derrota del 9822. De
beríamos, pues, resisitir la tentación de considerar a los políticos espa
ñoles ochocentistas como una pandilla de "señoritos" terratenientes, re
accionarios, cavernícolas y estúpidos. Desde mucho tiempo atrás, casi
todos eran perfectamente conscientes del "pavoroso" (Sagasta)23 pro
blema que les asediaba. El General Prim quiso cortar por lo sano ven
diendo la isla a la gran república del norte pero tuvo que abandonar
apresuradamente su idea ante lo políticamente explosivo del proyecto.
Pocos años después (1873), uno de los presidentes de la Primera Repú
blica, Castelar, estuvo a punto de ser arrastrado a una conflagración con
los Estados Unidos por el vendaval nacionalista que acompañó a uno de
los frecuentes incidentes que enredaban americanos y españoles en el
avispero cubano. En ambos países, la crisiscubana fue un tema popular,
de una opinión desorejada agitada por una prensa vociferante y amari-
llista, altavoz "de los indoctos y los delirantes" (Cajal) que los políticos
no supieron digerir con sosiego ni encauzar con destreza. En un princi
pio (1895), el alzamiento se consideró un problema de bandolerismo
caribeño protagonizado por una "chusma indisciplinada" (W. Chur-
chill): una rebelión más de "la negrada" (sic). Pero el general Martínez
Campos, enviado desde la Península para sofocarlo, fue el primero en
"comprend[er] la gravedad de la situación"24 que la sublevaciónera "ex-
21 Vid. el estudio clásico de M. Espadas Burgos, Alfonso XIIylos orígenes dela Res
tauración, (Madrid 1975) cap. "El trasfondo cubano" pp. 271-299,. Ymásrecientemente
del mismo autor, "Latrastienda de la Restauración", Memoria del 98, ElPaís, 2, pp. 24-25.
22 Clarín, apud La Opinión, 24 septiembre 1896.
23 AHN, Estado, 8664: Sagasta a Rascón, 8julio 1898.
21 MartínezCamposa Castellano: 9junio 1896, apud. C. ForcadellAlvarez, "Elga
binete Cánovas y la cuestión cubana: el archivo personal de ministro de Ultramar To
más Castellano (1895-1897)", Los 98Ibéricos, I, p. 161.
106 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
tensa e intensa", tenía auténticas características revolucionarias, genui
no arraigo en amplios sectores y el apoyo mayoritario de la población
campesina. Acertó también en percibir las enormes dificultades logísti
cas que imponía al torpe y"novicio ejército español" (Martí) de corte y
patrón europeos, desentrenado para larápida, apestosa yelusiva guerra
en la manigua, la adecuada aunque evasiva táctica guerrillera de los
mambises que hacía de la "aniquilación de Cuba suvictoria" (Maceo) e
incendiaba plantaciones, interrumpía comunicaciones pero evitaba en-
frentamientos, agotando a la inadaptada tropaeuropea en inútiles mar
chas y contramarchas que solían terminar en hospitales de campaña,
atestados de lazaretos infestados de dolencias tropicales.
La campaña de Cuba supuso un enorme esfuerzo de parte de Es
paña que resolvió con un éxito económico indudable, en la medida en
que laguerra se financió con sorprendente comodidad (generando una
inflación que no superó el 5% anual)."El dinero n-econocería El Impar-
da!- no sufrió tanto"25. Constituyó además una hazaña logística el he
cho de reclutar, equipary trasladar a miles de kilómetros de la Penínsu
la a una tropade más de 200.000 soldados; el mayor ejército que cruzara
el Atlántico hasta la movilización de los [Link]. en la II Guerra. Pero la
guerra de Cuba se perdió en los hospitales: "fue una hecatombe sanita
ria" (Jover) .Y resulta significativo que Eloy Gonzalo, para los españoles
ejemplo heroico de sacrificio militar, no murió en la épica acción de
Cascorro, sino un año más tarde, triste y anónimamente, de fiebre ama
rilla2". Los infelices soldados hacinados en el Muelle de Caballería a la
espera de ser repatriados eran embarcados en condiciones lamenta
bles27. No pocos fallecían en la travesía y terminaban en el mar con un
lingote de hierro por mortaja28. Los sobrevivientes que frecuentemente
25 IMP 15diciembre 1898. Vid tambiénJ. Maluquer de Motes, "Las consecuencias
económicas de las guerras de 1898", en Revista de Occidente, nos. 202-203, marzo 1998,
pp. 264-277. Vid. también P. Fraile Balbín, "¿Fue realmente undesastre", Memoria 98,13
pp. 203-205. Yasimismo N. Sánchez Albornoz, "War and the national experience", Re-
flections on the war of1818 (Darmouth College, 3abril 1998).
20 Elejército español sufrió unas 55.000 bajas porenfermedad contra aproxima
damente 4.000 causadas por acciones de guerra. Seprodujeron 280.000 hospitalizacio
nes registradas, deforma que, portérmino medio, unsoldado hubo devisitar elhospi
tal más de una vez: vid. Cornelias, "Cánovas", Los 98Ibéricos, [Link]., I, p.101.
27 C. Léante, Muelle deCaballería (La Habana, 1973),passim.
28J. Conangla, Memorias de mijuventud en Cuba (Barcelona, 1998), p.231. Moreno
José Várela Ortega 107
llegaban a la Península convalecientes de fiebre amarilla, vómito negro o
paludismo, deambularon como fantasmas durante años por los caminos
de España y, con su uniforme de "rayadillo" y aspecto macilento, dema
crado y encorbado proyectaban la imagen de esa España decrépita que
denunciaban los regeneracionistas, ilustraran los dibujos de Nonell ydse-
cribieraValle-Inclán con Juanito Ventolera en su esperpento teatral Las
galas del difunto. Laguerrade Cuba comenzó alson "bullanguero" (Costa)
de la "Marchade Cádiz"(durante años, el "himno electrizante y enloque
cedor" que despedía a la tropaen losmuelles peninsulares; desde setiem
bre de 1898 tenido por "una desvergüenza musical"29) pero se cerró con
el coro de repatriados de Gigantes y Cabezudos que estremeció al país™. En
efecto, la aventura antillana no fue ciertamente digna de la épica de Ki-
pling: la de unos pocos heroicos aventureros europeos enfrentados a ma
sas oscuras -aunque inermes- con la ayuda, eso sí, de la ametralladora
Maxim. Fue, quizá, la primera-que no la única- guerra colonial "sucia".
A decir de los técnicos militares, sorprendidos en su incompetencia, exi
gía métodos "especiales"; esto es, "durísimos". Martínez Campos, que no
estaba dispuesto a manchar su conciencia "con fusilamientos y otros he
chosanálogos" ni a forzar la "reconcentración" de loscampesinos en Mo
cados cuya carencia de lasmínimas condiciones higiénicas yalimentarias
equivaldría a condenar a muerte a miles de personas, presentó su renun
cia, al tiempo que aconsejaba el nombramiento del general Valeriano
Weyler, un militar duro, implacable, dispuesto "acombatir la guerra con
la guerra". Además de una sólida reputacióntécnica comoexpertoen tác
ticas contra-insurgentes en la manigua ganada en anteriores conflictos
antillanos (Santo Domingo,1864 y Cuba,1878), Weyler reunía ciertascon
diciones políticas que lo convertían en un candidato adecuado a la delica
da situación por la que atravesaba el gobierno español. El nuevo Capitán
General de Cuba tenía fama de izquierdista; excéntrico y atrabiliario, de
costumbres austeras y hábitosespartanos, era respetadopor susoficiales y
popular entre la tropa. Pero, convencido de la necesidad de un ejército
profesional, apolítico yneutral,Weyler se negóa participar en pronuncia
miento alguno, siempre se manifestó inflexible a la hora de imponer una
Fraginals, Cuba/España, p. 289, contabiliza 18 expediciones de repatriados a fines de
1898 con más de 4.000 muertos.
wElHeraldo, 18 septiembre 1898.
:,° C. del MoralRuiz, "El98 yel género lírico español",Memoria 98, op. cit., p. 285.
108 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
disciplinaestrictay escrupulosoen reconocer la supremacíade lasautori
dades civiles legalmente constituidas, un hecho que tranquilizaba a go
biernos amedrantados por el vocerío nacionalista, sin inquietar a losespa-
ñolistasantillanos, en la medida que el general nunca ocultó su intención
de fundamentar su implacable estrategia militar en un apoyo decidido a
la opinión españolista de la Isla.
Pero el panorama internacional había cambiado mucho desde la
década anterior. La Conferencia de Berlín (1884-85) fue un ejercicio de
charcutería cartográfica que despiezó el mapa de Áfricaen una "merien
da de blancos" incivilizada, si bien pacificay consesuada. A pesar de ello,
fueron acuerdos asentados en "la ocupación efectiva del territorio" co
mo principio legitimador del nuevo imperialismo europeo. Los dere
chos históricos quedaban periclitados. "Tenemos el paso cambiado",
acertó a comentar con preocupación el embajador Couso de Portugal.
De hecho, fue el último gran reparto amistoso. NurMacht undnackte Ge-
walt: "sólo fuerza y violencia desnuda" contarían desde entonces, como
acertara predecir un temprano (1897) artículo de Max Weber". Lo cier
to es que en la última década del ochocientos habían aumentado los co
mensales (rusos, japoneses y americanos) al tiempo que los territorios a
repartir se reducían a regiones más complicadas y controvertidas. El es
cenario colonial se había trasladado de África a Asia y el Pacífico. Des
pués de la guerra chino-japonesa,la toma rusa de Port Arthur y la ocupa
ción alemana de Kiau-Chau, el gobierno británico comenzó a temer por
un despiece de China58. Resuelto el contencioso de Venezuela (1896)
que le enfrentaba a los EE. UU., y crecientemente ansioso por la inestable
situación en Asiay el Pacífico, el gabinete Salisburysolicitó del gobierno
americano una extensión de sus líneas estratégicas navales que aliviara
las responsabilidades de la armada británica en el área e impidiera el re
parto o "laeslavización de China" que ambas potencias repudiaban33.
Asípues, no era Cuba la meta ambicionada por el gobierno ameri-
" Vid. el excelente trabajo dej. J. Carreras, "Elcolonialismo de fin de siglo",en
Los 98Ibéricosy elMar(Salamanca,1998), T. I, pp. 23-48 y esp. pp. 33 y 40.
52 W. La Feber, The American Age. United States Foreign Policy at Home and Abroad,
(NewYork-London, 1994), Vol. I, pp. 212-214.
yi En 1898 Rusia amenazó con cerrar los puertos chinos, Port Arthur incluido,
que eran vitalespara el comercio americano en la región. Vid. J. W. Prat, Expansionists of
1898(Baltimore, 1936) pp. 297-298.
José Várela Ortega 109
cano. El objetivo estratégico de laadministración McKinley se orientaba
más bien hacia el Pacífico paragarantizar una política de "puertas abier
tas"34 en Chinay, en esepropósito, lasislas de Hawai, la micronesia espa
ñola yel archipiélago filipino resultaban imprescindibles paraunalogís
tica naval dependiente todavía del carbón y, por ende, con una autono
mía inferior a catorce días de navegación35. Esen este contexto interna
cional en el que hay que enmarcar el encogimiento de los tiempos en la
creciente tensión hispano-americana.
Cuando en la segunda mitad de los años noventa, los comités de
propaganda revolucionaria cubana en los EE. UU., la-exitosa pero mor
tífera- estrategia represiva de Weyler, la opinión pública y la prensa
amarillista americana se combinaron para hacer variar la postura de la
administración republicana delPresidente McKinley, (tanalarmada por
los éxitos electorales demócratas en 1897 como interesada en una pene
tración hacia China), los responsables de la políticaespañola se encon
traron en una situación casi indefendible. Después de las grandes cons
trucciones navales de los primeros años noventa, los EE. UU. se habían
convertido en una potencianaval de consideración. En todo caso, se tra
taba de un potencial económico y militar muy superior al español. El
mejor entrenamiento de las tropas españolas no podíacontrarrestar el
hecho decisivo de que se tratara de un teatro de operaciones alejado de
la Península, pero muy próximo al continente enemigo y, por tanto, a
expensasde una cobertura naval superior.
EnEspaña yCuba, por otraparte,a laopinión de lacalle yde las li
notipias se sumaba la de los cuartos de bandera, asediados por los espa-
ñolistas antillanos. Aquellos "cuerpos de voluntarios" (catalanes mu
chos de ellos) que acusaban de traición y entreguismo a cualquier go
bierno con veleidades autonomistas (como hubo de señalarle el dirigen
te liberal catalán, Víctor Balaguer, al propio Sagasta) y de cobardía o
34 P. Kennedy, The rise ofthe United States to Great Power Status (Random House,Inc,
1987) pp. 194-198 y 242-248. W. La Feber, The NewEmpire: anInterpretation ofAmerican
Expansión, 1860-1898 (Cornel [Link], 1963) pp. 400-406. T.J. McCormick, China Mar-
ket: America's Questfor InformalEmpire, 1893-1901 (Random House, Inc. 1967), pp. 117-
120; 107-115. W. La Feber, The American Age op.át. Vol. I, pp. 200, 205, 213, 217-218
y 220.
:ir> A. T. Mahan, The influence ofSea Power upon History, 1660-1783 y también del
mismo autor The interest ofAmerica inSea Power (Cambridge, 1897).
110 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
deshonor al menor signo de vacilación entre los oficiales destinados en
la isla, con sus guerreras de cuellos y bocamangas azules, sombreros de
yarey, tocados de vistosas escarapelas roji-gualdas, yrelucientes polainas
negras, ardiente aunque groseramente arengados por Eva Canel, actriz
profesional y agitadora de ocasión, no debían ofrecer un aspecto muy
tranquilizador3(i. Es harto verosímil que una de las pesadillas del gobier
no español fuera que el ejército de la Isla, mayoritariamente weylerista-
y el grueso de la masade maniobra española, por otra parte- rehusara
de forma abiertae indisciplinada seguir una política de pazyaceptación
del diktat americano, conduciendo a Cuba a una suertede independen
cia de la independencia, divergente de las instrucciones e incluso del
control del gobierno de Madrid: algo parecido, pero más grave y extra
viado, de lo ocurrido en 1868 cuando los españolistas, en colusión con
buena parte del ejército (fiel al depuesto gobernador, general Lersun
di) y el cuerpo armado de voluntarios del comercio, organizaron un
pronunciamiento contra el general Dulce, el nuevo capitán general
nombrado por la Gloriosa37.
En cuanto a los políticos, pocospensaban lo que decían; pero aún
eran menoslosque decían lo que pensaban. De talsuerte que, en aquel
amargo trance, a Españale faltó su Thiers : alguien de fuste y peso polí
tico que apostara a la derrota antes de la batalla y tuvierala entereza su
ficiente como para arrostrar la impopularidad de predicarlo pública
mente en medio de aquel vendaval de belicismo nacionalista. De hecho,
la apuesta antejacto fue la contraria: que una corona que ceñía un niño
huérfano y regentaba una reina extranjera y un gobierno que presidía
un anciano vacilante y conciliador terminarían por claudicar, sensata
mente, como habían hecho los portugueses en 1890 o los franceses en
el propio año terrible de 1898, ante el chantaje militar de la otra gran
potencia anglosajona; y que una retirada tal desencadenaría la misma
efervescencianacional-imperialista y antimonárquica que estaba vivien
do el vecino peninsular38. De esta suerte, losrepublicanos, lejosde mon
tar una campaña popular contra gobiernos monárquicos que dilapida
ban vidas y haciendas en aventuras coloniales, se prepararon para un es-
3"J. Conangla,Memorias de mijuventud en Cuba (Barcelona, 1998), p. 171.
"J.J. Moreno Masó, "'LaGloriosa' en lasAntillas", Memoria 98, op. cit., pp. 14-15.
58 F Catroga, "Decadencia e Regeneracao no Imaginariodo Republicanismo Por
tugués dos fináisdo século XIX", Los 98Ibéricos, op. cit, III, p. 427.
José Várela Ortega 111
cenario de retirada y deshonra, sumándose al estridente coro naciona
lista y preparando junto -y hasta en connivencia con- los carlistas un
golpe militar, "si continua[ba]n dejando arrastrar porel lodo la bande
ra española" (D. Carlos) que barriera a gobiernos pusilánimes ya "mo-
narquía[s] entreguista[s]3<J" "que nos lleva[ba]n a la ignominia" (D.
Carlos)40. Hasta El Siglo Futuro, órgano del integrismo católico, rehusaba
la mediación del Vaticano afirmando que "España no deb[ía] guarecer
seen las sagradas vestiduras de Su Santidad [sino] defender subandera
yclavarla en el corazón de su agresor" 41. Así pues, y hecha salvedad de
algunas excepciones tan valerosas e ilustres como políticamente irrele
vantes (elvenerable dirigente republicano, Pi i Margall, el político y pe
riodista conservador Manéy Flaquero el respetable líder socialista, Pa
blo Iglesias, por ejemplo) nadie se atrevió a exponer públicamente la
dura realidad. Yla prensa menos que nadie. En efecto, diarios respeta
bles como ElImparcial oElHeraldo "nole anduvieron a lazaga" a la pren
sa yanqui en cuestión dejingoísmo.42 "¿Y los periódicos republicanos?
¡Oh! Esos, deja[ban] atrás, en cuanto a patrioterismo, a los periódicos
monárquicos"43. En efecto, ElPaís exigía "jGuerra!", El Motín pedía a los
militares un ataque contra los americanos, "en la seguridad que vence
dores darán gloria; vencidos, honra"44. YElProgreso equiparaba "paz a
traición", amenazando al gobierno que arrastrara "por el fango la ban
derade España" con"ungeneral que hispir [ara] confianza a lanación y
guerra a los EE. UU.". Tampoco escierto quelaguerra fuera un desvario
impuesto por la "golfería" cortesana madrileña, perezosa, romántica y
guerrera a la provincia reflexiva, pacífica y trabajadora. Como recono
cía, lamentándose, LaRenaixensa (uno de los pocos periódicos opuestos
a la guerra) en la opiniónyen la prensacatalana había"tantos Quijotes
como en las llanuras de la Mancha". No hace falta suscribir a la letra la
"' [Link]ña /]. Tengarrinha, "Las crisis ibéricas finiseculares ysu reflejo en las
respectivas opiniones públicas", Los 98Ibéricos, op. cit. Vol. II,p. 265: laexpresión espor
tuguesa, está significativamente asociada a lacrisis delultimátum de 1890 yproveyó de
munición políticaa los republicanos lusos.
4" Diario deBarcelona, 16julio 1898.
41 5 abril 1898.
4J La Voz de Galicia[VG], 8 abril 1898.
15 El Socialista, 20 mayo 1898.
41 23 abril 1898.
112 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i 998)
contundente opinión de Cambó el sentido de que "la prensa de gran
circulación [...] engañ[ó] vilmente [...] a la opinión", para reconocer
que, al menos, "la [des]orientó" decisivamente45. No merece la pena in
sistir. "Su culpa -la de la prensa- fue sin embargo la de todos" (Fernán
dez Flores) "¿Quién ha tenido culpa de la guerra con los Estados-Uni
dos? -se preguntaba el conocido escritor y periodista Luis Maroto, ape
nas unas semanas después de la batalla de Santiago- ¿Quién alentó al
pueblo con ilusiones mentirosas para desear la contienda? ¿Quién em
pujó al Gobierno [...] a aceptar una lucha físicamente imposible? [...].
La culpa la ha tenido todo el mundo, todo el mundo que escribe o que
habla"4,i. El mismo mundo al que acusara Azaña de haber "explota[do]
[...] el pundonor nacional, la vanagloria, el orgullo lastimadoyotras pa
siones, sin el contrapeso de la sensatez de un pueblo bien instruido"47.
La mayoría abrumadora de políticos y de militares -marinos in
cluidos48- empero, eran perfectamente conscientes de que una guerra
contra los Estados Unidos "sinaliados", era una "demencia" (Castelar) y
"una temeridad" (Canalejas) que llevaría al desastre, "¡a ciencia cierta!"
(Cervera)49. Aliados los encontró efectivamente España mediados los
años ochenta ( adhesión a la Triple). Pero eran aliados sólo para deter
minadas circunstancias. Garantías para las posesiones ultramarinas
-que era lo que obsesiva y afanosamente buscaron los profesionales del
palacio de Santa Cruz- no se consiguieron nunca. El propio Cánovas lo
intentó infructuosamente en los albores de la Restauración de la poten
cia entonces emergente, el imperio alemán: "no tiene aliados quien
45 Apud. M. Cruz Seoane, "La Guerra de 1898 en la prensa española", en "Aquella
guerra nuestra con losEstados Unidos... ".Prensay opinión en1898(Madrid, 1998), pp .66-67.
'"' L. Moróte, "Todos culpables" en Vida Nueva, 31 diciembre 1898.
47 España, 17 noviembre 1923.
48 La mejor prueba es la nota, premonitoria, que el Almirante Cervera, seguro de
"ser vencido", envió a su primo Juan Spottorno, dos años antes de la guerra, con la "sú-
plic[a] que no rompas esta carta, sino que la guardes por si conviniera alguna vez co
nocer mis opiniones de hoy" (1896), apud Archivode la Fundación Ortega y Gasset [en
adelante AFOG]: Cervera a Spottorno, 14 marzo 1896. Algunos personajes políticos,
protagonistas en esta historia, conocían estas opiniones del Almirante, vid. idem: Moret
a Spottorno, 24 Octubre 1898.
4" Apud. J. L. Frank Francos, Muerte al Castilla (Madrid, 1998), p. 156.; y AFOG:
Cervera a Spottorno, 14 marzo 1896.
José Várela Ortega 113
quiere sino quién puede "5", fue laamarga sentencia con que el dirigen
te conservador saldó aquel ensayo frustado. Porque, efectivamente,
¿qué aliados podría encontrar quien nada más que riesgos a un posible
enfrentamiento con los EE. UU. tenía que ofrecer?, como alguna vez re
cordara sensatamente Cánovas del Castillo a algún aficionadoa la diplo
macia voluntarista. "II n'y a plusd'Europe", selamentaba LaÉpoca51 an
te la orfandad diplomática del país. Y, en efecto,"¡esta[ba]mos solos,
completamente solos en el mundo!"'2.
En el discreto recato de la correspondencia privada, [Link] to
dos, estaban en que lo "más sensato" era negociar... "la paz que se pue
da, amén", como más tarde admitiría el propio [Link] Maura. Pero,
"la paz -comovendría a reconocer después, queno antes, elMinistro de
la Guerra- dependíade la opinión del ejército"53. Sobre todo a medida
quese intensificó la presión norteamericana, "la tensión de la opinión"
nacionalista española (Ireland a Rampolla) fue haciéndose insoporta
ble en los cuarteles y agobiante en los partidos54. Casi ninguno se atre
vió, empero, a predicarlo, en sazón, convencidos de que al hacerlo desa
tarían las iras "de la opinión ignorante, atrasada, reaccionaria"55 y pro
vocarían un levantamiento militar. En este punto, la evidencia es abru
madora5'1. Multitud de testimonios, variados y contrastados -y la propia
r'" M. Espadas Burgos, "Cánovas ylapolítica exterior" en Cánovas, 1828-1897 (Va
lencia, 10-13 noviembre 1997).
51 30junio 1898.
mEl País, 21 abril 1898.
MVid. Archivo Histórico Provincial de las Palmas: Papelesde León yCastillo, n91523;
AHN, Estado, 8664: Gullón a Rascón, 13 febrero 1898; Archivo Trifino Gamazo, [en
adelante, ATG ] 3/31: Maura a T. Gamazo, 9 julio 1898. AFOG, Cervera a Spottorno,
14 marzo 1896. ElSiglo Futuro, 15septiembre 1898.
54 St. PaulArchidiocesan Archives: 'John Ireland (Arzobispo Católicode Minneso
ta) Papers", correspondencia con Rampolla (Secretario de Estado delVaticano) ylade
éste con Martinelli (Nuncio en Washington), sobre todo la correspondencia telegráfi
ca entre 1 y 10 abril 1898.
55 Vida Nueva, 31julio 1898.
5fi Casi todos, incluidos los americanos (vid. Woodford a McKinley, marzo y abril
1898, apud Library ofCongress, John Basset Moore Papers, "Prívate Correspondence of
General Woodford to the President", File 185. Woodford -embajador en España- pron
to comprendió -y así seloindicó a McKinley- que, en última instancia laReina tendría
que"elegir entresalvar sutronoo lapérdida de Cuba en guerracon [los EE. UU.]", cfr.
J. [Link], An unwanted war. The diphmacy ofthe United States and Spain over Cuba, 1895-
114 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
secuencia de los acontecimientos- revelan "la verdad de Perogrullo"57
de que los políticos españoles se debatían en "un terrible dilema": "la
guerraó el deshonor" (Sagasta)58; cfr., enfrentarse conel ejército norte
americano, para defender lo indefendible, o hacerlo con el propio,
arriesgandolo intocable-la monarquía ylaslibertadesconstitucionales
y, porende, lapaz interna59. Algún periodista acertó a resumir loespino
so de la opción: "acabar convilipendio laguerra de Cuba equivaldría a
encender laguerracivil en la Península. Si el ejército tuviese quevolver
por una pazvergonzosa se sentiría entregado. ¿Se puede prever lo que
haría con el Gobierno que le obligue a tan deplorable regreso? Los da
ños de unaguerra extranjera son más exteriores queinternos. El golpe
de una última y definitiva humillación lo recibiría la nación (...). Ante
esto ¿habrá quien vacile?'"10. Frente a disyuntiva tan dramática, advertía
La Correspondencia Militar, "que escoja elgobierno, antes dequeelpa
ísyel ejército resuelvan declararle inútil"01. La verdad esque "ni el pre
sidente [Sagasta] ni el ministro [de Ultramar, Moret] querían la guerra.
Hicieron cuanto estuvo en sumano paraevitarla, hasta el momento que
1898, Chapel Hill, 1992, pp. 91-92 y93-94,140,161,165,171,173 yss.) eran conscien
tesde "los graves problemas" que asediaban a ladiplomacia española ysuestrecho mar
gen de maniobra, en vista de los"vitales intereses de la monarquía"; cfr., "latensión de
laopinión pública" yel problema del "honor delEjército español": vid., p.e., Ireland, a
su vez, estaba en contacto directo con McKinley, manteniéndole al tanto de la media
ción delVaticano. LaSegretaria dello Stato seencargó activamente de pedircompren
sión para el complicado dilemadel Gobierno español, cumpliendo los deseos del Mi
nistro Exteriores (Pío Gullón), vid. Archivio Segreto Vaticano, Secretaríade Estado (AGV,
SS),249 (1901),III, p. 143: Mava a Rampolla, lOdiciembre 1897; yMartinelli aRampolla,
4febrero 1898 (motines militaristas en LaHabana). Pero, porlomenos desde los prime
ros meses de 1898, McKinley más quecomprender seaprovechó de las angustias delgo
bierno españolpara manipularlo conformea suspropósitos intervencionistas.
57 FO72/2062: Barclay a Salisbury, 17marzo 1898.
58 DSS, 15 septiembre 1898.
59 Vid., p.e. Archivo Palacio Real (Madrid) Sección Histórica C35: correspondencia
de Dupuy de Lome (embajador en Washington), abril-junio 1897; yAHN (Madrid) Di
versos, 109: "protesta de la brigada Cienfuegos yde las divisiones Habana yMatanzas".
Los extranjeros eran conscientes y registran el dilema: vid., p.e. H. W. Wilson, The
Downfall ofSpain (London,1900), p. 85. Para"advertencia[s]" de la prensamilitar, vid.
La correspondencia militar, 13febrero, 2 marzo y18abril, 1898 yElejército español, idem.
80 IMP. [Link] Futuro, 26 marzo 1898.
51 2 marzo 1898.
José Várela Ortega 1'5
la presión de carlistas, republicanos ymilitares les intimidó [...]""*. Así
pues, si "difícil e[ra] conservar yasegurar nuestro dominio legítimo en
Cuba; [...] muchísimo más difícil [resultaba] abandonarla [porque] con
tra esoselevantaría la nación" H. Ensuma, laguerradel98esuno de esos
casos, no infrecuentes en un ambiente que fue enrareciéndose hasta la
Gran Guerra, enque "el pueblo se sacrifica a lanación" (Unamuno).
De esta suerte, a los diversos factores que hacían particularmente
difícil el renunciar a Cuba, debe añadirse la postura irredentista del
ejército -o una parte significativa del mismo- el cual resultó un elemen
to de primer orden alahora de delinear lapolítica internacional espa
ñola enlaregión antillana. Bien puede, pues, afirmarse que los políticos
españoles no percibieron al ejército como un instrumento (en la tradi
ción civilista del constitucionalismo europeo), sino como un condicio
nante, de la política exterior "4. De hecho, la actitud levantisca de una
parte del ejército español tuvo consecuencias internacionales graves e
imprevisibles. Mediado el mes de enero 1898, un periódico cubano, que
llevaba la significativa cabecera de El Reconcentrado, publicó ciertos co
mentarios sobre determinados personajes de laadministración weyleris-
ta saliente que en los cuartos de bandera se consideraron insultantes e
"2 Diario deBarcelona, 16julio 1898.
MM. Azaña, apud. España, 17noviembre 1923.
MVid. V. Weyler, En el archivo de mi abuelo (Madrid, 1946), p.182: elGeneral Blan
co estuvo a punto de sublevarse alrecibir laorden decapitulación delaisla. Vid. Rup
tura de hostilidades por presión del Ejército, en FO 72/2063: Barclay a Salisbury, 22
abril 1898. Lasalida de laEscuadra española, refugiada en Santiago, también fuedebi
da a presiones -y temores del- gobierno. Incluso después de su destrucción, lasitua
ción se hizo muy tensa porque elEjército se negaba a rendir laplaza. Hubo conatos de
rebelión, indisciplina yhasta saqueos decasas delapoblación civil. En este sentido, de
ben consultarse]. Müller, Combates ycapitulación de Santiago de Cuba (Madrid, 1898), pp.
185-186 y 215-216; F. Arderius, La Escuadra española en Santiago de Cuba (Barcelona,
1903), pp. 117-123; J. Rodríguez Martínez, Los desastres y la regeneración de España (La
Coruña,1899), pp. 79-82 (telegramas cruzados entre eljefe militar deSantiago, Gene
ralLinares yelministro dela Guerra). El gobierno entendía que lapaz eraprematura
ypeligrosa aún después del desastre de Manila, véase [Link]. A. 7N/1199: agregado a
ministro, 10 mayo [Link] yoficiales, asu vez, se sentían muy presionados porlapos
tura irredentista de los "voluntarios" españolistas cubanos, vid. C. Morris, The war with
Spain (Philadelphia,1899), p. 34. Motines "militaristas" contra centros autonomistas,
en AMRE: Quesada aAlcorta, 4febrero 1898; yAHN. Estado 8664: Gullón a Rascón, 11
marzo 1898 ("algaradas" militaristas contra elGeneral Blanco).
116 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
intolerables. Grupos de oficiales se amotinaron yasaltaron la redacción
del rotativo entre imprecaciones contra las nuevas autoridades autonó
micas e insultos al gobierno Sagasta. El Cónsul americano en La Haba
na, General Fiztghuh Lee, quedó profundamente impresionado porlos
incidentes, pidió a Washington protección paraintereses americanos en
laIsla (antecedente del envió del "Maine") yremitió informes muy ne
gativos sobre la administración española en Cuba ylas posibilidades de
éxito del nuevo régimen autonómico. Por su parte las autoridades polí
ticas americanas, incapaces deconcebir laindisciplina en unaorganiza
ción militar, interpretaron los motines de enero como prueba deque el
ejercito español se estaba desintegrando. Esta fue, al parecer, laimpre
sión del propio presidente McKinley quién comenzó a pensar que se le
acababa el tiempo yse hacia inevitable una intervención americana pa
ra controlar una posible situación caótica"'. El pulso entre militares y
políticos se resolvió sacrificando la armada -porque, "no tenía el peso
del Ejército", para darun golpe (Cervera)- en una confrontación rápi
daque tuvo más en cuenta eljuego político antes referido que las nece
sidades estratégicas"0. En definitiva, se cumplió la predicción que años
atrás le hiciera el propio General Martínez Campos a Paul Brooks (Bro-
oks a Olney): España sacrificaría unos cuantos barcos para"salvar el ho
nor"yliquidar rápidamente la guerra"7. De hecho -y contrariamente al
plan estratégico delaArmada que, siguiendo las orientaciones dehjeu-
155 LaFeber, American Age, op. cit,Vol. I, pp. 193-227.
0,1 AFOG: Cervera a Spottorno, 21 enero 1901 (cita).Ytambién, Biblioteca de laRe
alAcademia de la Historia (Madrid) [en adelante, BRAH] 11/8954: Cheste a Sagasta,
agosto 1898. Véase también Efeele, ElDesastre Nacional y los vicios de nuestras instituciones
militares (Madrid, 1901), p. 170; Weyler, Archivo, p. 182 (el capitán general Blanco, pen
só ensublevarse alrecibir laorden decapitulación delaIsla). Descripción delos parti
darios de lapaz inmediata yaquéllos que latemían e insistían en continuar laguerra,
en Archives des AffairesÉtrangéres [en adelante, [Link].] Cp. Nsi (1879-1900): Patenótre a
Reverseaux, 10 agosto 1898 (la mayoría de los generales consultados querían que el
Gobierno siguiera laguerra, aún a costa deperder Canarias yalgunos puertos peninsu
lares; pero seecharon atrás cuando Sagasta les amenazó con abandonar elgobierno en
sus manos). Los técnicos militares actuales también han señalado esta circustancia de
que laestrategia seviera condicionada -y alterada- porlos condicionamientos depolí
tica interior: vid. H. W. Wilson, Battleships inAction (Boston, 1969), vol. I,pp. 124-125.
87 Apud. E. Hernández Sandoica, "Escenarios ultramarinos del 98: Cuba antes de
laautonomía", en Revista de Occidente, marzo 1998, nos. 202-203, p. 207.
José Várela Ortega 1' 7
ne École francesa (Théophile Aube) para una flota de cruceros rápidos
como la española, evitaba operar fuera de aguas europeas yarriesgarlo
todoen una batalla naval decisiva- el grueso de laescuadra española fue
enviado a las Antillas para aceptar un encuentroconcentrado con unas
"fuerzas [americanas] cuatro veces" superiores (Cervera) (precisamen
telo que buscaban los americanos, siguiendo las tácticas navales deT. A.
Mahan, diseñadas parauna armada de grandes acorazados ylances de
cisivos) . De estasuerte "elhonor nacional quedó satisfecho, ycumplido
el sacrificio quedebíamos a nuestra gran tradición" "8.
Naturalmente, el guión alternativo nuncafue escrito yno sabemos
que hubiera ocurrido si elgobierno que presidía ocasión tan dramática
hubiera tenido el coraje de enfrentarse a la opinión pública y a los nu
merosos oficiales "que preferían laguerra a una humillación""9. Sagasta
murió convencido de que "el deshonor [en lugar de] la guerra [...] hu
biera acabado con todo y con todos"70. ¿Una coartada exculpatoria?.
Puede. Pero,en todo caso,conviene resistir razonamientos simplesy dis
plicentes trufados de soberbia intelectual. Quizá "faltó valor cívico, faltó
entereza"7I ysin duda, aquellos gobiernos cayeron en errores catastrófi
cos pero ni la situación era simple ni la alternativa inocua. En ocasión
parecida, pocos años antes, los gobiernos portugueses del momento
(1890) tuvieron el buenjuiciode acomodarse al ultimátum británico en
el contencioso que enfrentaba a ambas naciones en África subtropical,
al sur de Zambeze, entre Angola yMozambique72. Pero lo aparentemen
te "sensato" de la decisión, resultó políticamente explosivo y terminó
por dar al traste con la monarquía ylas libertades constitucionales del
país vecino73. Por el contrario, el 98 español como tal acontecimiento,
resulta de la decisión opuesta, de la "insensatez74" (como prevenía Ca-
68 España, 17 noviembre 1923.
69 ElSiglo Futuro, 2 marzo 1898.
70 DSS: 15 septiembre 1898.
71 Diario deBarcelona, 16julio 1898.
72 [Link], "APolítica colonial em fináis de Oitocentos. Portugal e a Sacra-
lizacao doImperio", en Los 98 Ibéricos, op. cit, Vol. I, p. 69-71. También Almuiña yTen-
garrinha, "Crisis Ibéricas", op. cit, Los 98 Ibéricos, Vol. II, pp. 268-269.
73 A. Carvalho Homem, "Monarquía constitucional e rotativismo político", Los 98
Ibéricos, op. cit, Vol. III, pp. 21-25. YtambiénJ. Tusell, "Dos formas deliberalismo oligár
quico: rotativismo yturnismo", ibidem., pp. 69-70.
74 Apud. Francos, Castilla, op. cit,p. 156.
118 Cien años de Historia deCuba(1898-1998)
nalejas, en elsigilo de lacorrespondencia privada, al propio Presidente
del Consejo, Sagasta) de enfrentarse a un país que, ya para entonces,
era líder mundial en la fabricación de armamentos. "¡Seamos insensa
tos! 7ii", demandaba la prensa, elogiando al general carlista Cavero que
pedía "un fusil, un hacha de abordaje y un puesto en el primer barco
que rompa fuego contra los Estados Unidos"7" Y, en este sentido, debe
mos cerrar la paradoja lusitana (en que lo sensato sale "mal"), recono
ciendo que lo disparatado de ladecisión española, sale "bien": gobierno
y políticos dinásticos creyeron haber evitado un golpe militar, un con
flicto civil y haber preservado las libertades constitucionales; eso sí, al
elevadísimo precio conocido.
Aquel Desastre "inenarrable, casi bíblico", que diría Moróte77, pa
reció sacudir al país en sus cimientos, desencadenando un "clamor na
cional" (Azorín)78 de renovación ycambio. Aquella amplia corriente de
opinión se expresó a través de muy diversos medios: la prensa, la litera
tura yel ensayo, en primer lugar; la historiografía, más tarde. Dio origen
a teorías ypropuestas prácticas.79 En suvertiente política afectó a todas
las fuerzas políticas, no sólo de oposición, sino también monárquicas
-más alos conservadores que alos liberales-. Se manifestó enlos apoyos
sociales prestados al programa del general Polavieja. E impulsó un
movimiento nuevo, que se conoce específicamente como regenera-
cionista, del que vamos a ocuparnosaquí. Se trata de lasactividades lle
vadas a cabo por las Cámaras Agrarias yde Comercio, entre septiembre
de 1898 yjulio de 1900, especialmente, entre cuyos protagonistas desta
caJoaquín Costa. Su importancia radica más en lacontribución que hi
cieron a la crítica del sistema político llevada a cabo por todos los
regeneracionistas -que ha condicionado desde entonces la forma de in
terpretar laRestauración-, yen las propuestas delargo alcance que for
mularon -que constituyen el programa de la modernización española
r'El País, 18 abril 1898.
7" Diario deBarcelona, 16julio 1898.
77 Vida Nueva, 31julio 1898.
nABC, 13 febrero 1913.
79 Sobre el regeneracionismo comomovimiento cultural,verP. CerezoGalán: "El
pensamiento filosófico. De lageneración trágica alageneración clásica. Las generacio
nes del 98 ydel 14" enHistoria de España Menéndez Pidal, vol. XXXIX: La Edad de plata de
la cultura española, 1898-1936. Madrid: Espasa Calpe, 1993, tomo I,pp. 131-315
José Várela Ortega '!9
del siglo XX-, que en sus repercusiones políticas inmediatas, ruidosas
pero huecas eirrelevantes en la práctica, disueltas "en un deseo platónico"
que diría Azaña.80
Los regeneracionistas, en efecto, buscaron capitalizar políticamen
te el abrumador ambiente de indignación y exigencia de cambio, con
fiando, erróneamente, en seguir los pasos de los republicanos franceses
tras la débáclede Sedán.81 Alosefectos, propusieron una "expiación pru
dente", exigieron "renovar el personal de la política española"82 ymon
taron una campaña de agitación que puso al régimen de la Restaura
ción en su punto de mira: "los políticos ala vida privada, el pueblo a la
vida pública"8". (Bien entendido que "los políticos" eran los de la Res
tauración y, "el pueblo", ellos que confiaban en ser llamados agobernar
por la Corona). Resulta llamativo, en primer lugar, que fueran institu
ciones económicas -en las que se agrupaban los intereses de los diferen
tes sectores productivos- las que decidieran lanzarse directamente a la
escena política. Lo hacían porque consideraban que las instituciones
políticas, los partidos, no las representaban adecuadamente. Los hom
bres públicos, dijeron de todas las formas posibles, estaban dominados
por intereses particulares que les hacía incapaces de apreciar siquiera
las verdaderas necesidades del país; la raíz del mal era el "caciquismo",
el dominio ilegítimo ejercido sobre la máquina del Estado por unos
cuantos individuos todopoderosos. Reclamaban la reforma del sistema
representativo mediante la potenciación del voto corporativo, ymedidas
de gobierno en cierta forma contradictorias: larebaja de los impuestos a
la vez que laintensificación del fomento de la producción mediante un
extenso programa de obras públicas. Yestuvieron divididos respecto a
los medios que debían adoptar, imponiéndose la opinión favorable a
constituir ungrupo depresión enlugar deunpartido político.84
80 Apud. S. Julia, Azaña y el 98 (Residencia de Estudiantes, Madrid, 3 febrero
1999).
81 Vid. laestrategia comparativa en Revista Nacional (nB 14), 16 octubre 1899 (p.
292). Elvaticinio Sedan, antefacto, enElPaís 1abril 1898.
82 Archivo Alba [en adelante, AA]: Alba a Cascajares, 6 diciembre 1898 (p. 11).
85 Vid. R. Carr, Spain, 1808-1939 (Oxford,1966), pp.524-532. La campaña contra
"los políticos fracasados" yen pro de renovar "el personal político", en papeles de Cos
ta: AHN, Diversos, Títulos yFamilias, C102; yj. Costa, Quiénes deben gobernar después de la
catástrofe (Madrid,1900), p. 8.
81 Sobre el "movimiento regeneracionista", ver C. Serrano: Le tour du peuple. Crise
120 Cien años deHistoria deCuba(1898-1998)
El fenómeno no era nuevo. Algo semejante se había desarrollado
antes en otros países yen Castilla, durante la segunda mitad de la déca
da de los ochenta, en torno a la Liga Agraria. Entonces, como unadéca
da más tarde, laprotesta de "las clases productivas" terminó siendo neu
tralizada por las fuerzas políticas existentes; en el primer caso por el li
beral Germán Gamazo, especialmente; en el segundo, por el gobierno
conservador de Francisco Silvela. Ambos episodios -el hecho de que
surgieran ysu fracaso-, son profundamente significativos, por otra par
te, de lanaturaleza yla base social del poder político en la España de la
Restauración, lógicamente conectado con los intereses económicos, pe
ro con alto grado de independencia respecto de los mismos. La in
fluencia de los políticos se derivaba más de la existenciade redes clien-
telares personales, tejidas mediante la concesión de favores particulares,
que delarepresentación de clases ogrupos con objetivos colectivos con
cretos y específicos.85
El primer paso del movimiento regeneracionista correspondió ala
Cámara de Comercio de Cartagena que, el 1de septiembre de 1898, pu
blicó un Manifiesto por el que convocaba a las demás Cámaras a una
reunión en la que, como representantes "de los que trabajan yprodu
cen para mantener a los demás", contrarrestaran "el egoísta y mortal
indiferentismo que impera en la nación", haciendo oír su voz "en la
necesaria e indispensable transformación [...] [de] los medios de go
bierno hasta hoy empleados". Sus autores decían no querer "invadir
funciones que no nos competen", sino sólo "señalar a nuestros legisla
dores ygobernantes, dónde están las fuentes de nuestras desdichas, pa
ra que se cieguen", pero no se privaban de hacer una fuerte crítica a los
nationale, mouvements populaires et populisme en Espagne, 1890-1910. Madrid: Casa de
Velázquez, 1987, pp. 221-279. S. Balfour: Elfin del imperio español, 1898-1923. Barcelona:
Crítica, 1997, pp. 74-100. M. Pérez Ledesma: "La sociedad española, la guerra ylade
rrota", enj. Pan-Montojo (coord.): Más seperdió en Cuba. España, 1898yla crisis defin de
siglo. Madrid: Alianza, 1998, pp. 124-134.
8r' La semejanza entre ambos movimientos ya fue señalada por Santiago Alba, en
1902, en "Durante laRegencia. Movimientos organizados delaopinión". Nuestro Tiem
po (julio) pp. 33-59.J.Várela Ortega: Los amigospolíticos. Madrid: Alianza, 1977, pp. 242-
247 y265-283, en especial. Pedro Carasa et al: "La movilización cerealista castellana y
los precedentes del 98: del proteccionismo al regeneracionismo", enj. P Fusi yA. Niño
(eds.): Antes del "desastre": orígenes yantecedentes de la crisis del 98. Universidad Complu
tensede Madrid, (Madrid,1996), pp. 9-34.
José Várela Ortega 121
políticos: "noesdesde las alturas del poder, en dondelas mezquinas ten
dencias de partido ocupan más al procer que la gobernación de la pa
tria, ni desde la poltronade losaltos empleados, apenas visibles una ho
ra al dia, desde donde se distinguen los males públicos"8('.
La reunión de las Cámaras de Comercio tuvo lugar a fines de no
viembre de 1898, en Zaragoza, a donde acudieron 90 representantes de
todo el país, y en la que predominó el optimismo, yhastael entusiasmo,
respecto a las posibilidades de su acción. Aprobaron unas amplias con
clusiones, y un Mensaje dirigido -y entregado en mano- a la Reina re
gente. En este se mezclaban recomendaciones morales que suponían
una críticaa losprincipios básicos del sistema -"que se restablezca en las
funciones públicas el sentimiento del deber y se haga efectivo el princi
pio de la responsabilidad; que gocemos de las realidades de lajusticia y
del derecho, no funciones engañosas de una y otro"-, con criterios ge
nerales de gobierno -"que nuestros presupuestos se reduzcan a la capa
cidad contributiva que la nación pueda llevar sin violencia; [...] que la
experiencia de la vida nacional y el sentido positivo de las cosas, sean
quienes tracen rumbos [...] al gobernante -, yse proponían acciones re
lativamente más concretas -"que el fisco no nos esquilme y desangre;
[...] que se reforme la organización provincial ymunicipal inspirándola
en un sentido ampliamente descentralizador"-. En resumen,concluían,
"que caiga, por fin, como corolariode todo, bajoel esfuerzo de nuevos
gobiernos y entre la abominación de los buenos, el repugnante caci
quismoque deprime yenvilece a España".87
El líder de aquella Asamblea -y presidente de la Comisión perma
nente que se constituyó- fue Basilio Paraíso, un modesto industrial ara
gonés, propietario de una fábrica de espejos, hombre honesto y trabaja
dor, burgués provinciano sin ambiciones ni experienciapolítica, pero a
quien suspartidariospresentaban como "una inteligencia despierta, un
carácter entero; el material de que se hacen las grandes figuras". El
secretario de la Comisión fue Santiago Alba, que por entonces comen
zaba su carrera política, desde la plataforma de la propiedad del perió
dico ElNorte de Castilla; a punto de cumplir los veintiséis años, Alba ya
era doctor en Derecho, había conseguido su primer puesto político co-
8" Manifiesto, citado por L. Moróte, op. cit, p. 162.
87 Conclusiones, en M. García Venero: Santiago Alba, monárquico derazón. Madrid:
Aguilar, 1963, pp. 380-384. Mensaje, en L. Moróte: op. cit, p. 166.
122 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
mo concejal, liberal, del ayuntamiento de Valladolid, y estaba a punto
de engrosar la lista de escritores regeneracionistas con el Prólogo a la
obra en que Edmond Desmoulins afirmaba lasuperioridad de los pue
blos anglosajonessobre los latinos88. A la iniciativa de las Cámarasde Co
mercio siguió la Asamblea de lasCámaras Agrícolas, celebrada también
en Zaragoza, en febrero de 1899, e impulsada porJoaquín Costa. Tras
unaserie de "borrascosas sesiones", tomaron el nombre de Liga Nacio
nal de Productores, nombraron un Directorio presidido por Costa, y
adoptaron el programa expuesto por éste, el 13 de noviembre de 1898,
en un Manifiesto yprograma de laCámara Agrícola delAlto Aragón, de
la que era presidente.89
Costafue, sin duda el dirigente más destacado del movimiento re-
generacionista. Una figura excéntrica pero no inusual entonces, pues,
por aquellos años, la sociedad europea vivía en suspenso y pendiente
del affaire Dreyfus: el proceso de un ofical francés de origen judío, con
denado, en unjuicio militar sumarisímo ysecreto, con pruebas que se
fueron demostrando falsas yamañadas. Aquella cause célebre dividió apa
sionada, casi rabiosamente, a la opinión francesa entre "patriotas", de
fensores del "honor militar" (mancillado por una supuesta conspira
ción, del llamado "sindicato" sionista-izquierdista) y los partidarios de
unajusticia republicana, abierta,garantista e imparcial. En definitiva, se
debatía una idea de Francia: la legitimista, católica y patriótica frente a
la razón republicanay laica. La pasión se desbordóy el clima de ofusca
ción se hizo denso y opresivo. Dimitían generales ycaían gobiernos. Se
perseguía a los 'judaizantes" yserepresaliaba a los profesionales dreyfus-
sards. El país parecía al borde de un conflicto civil yel ejército a punto
de dar un golpe. Laprensa serepartió el tema conun protagonismo tan
voraz como desasosegado. Entre suspáginas de enfrebecidosdebates, se
elevó el verbode los"intelectuales", como"representantes de la [nueva]
conciencia de Francia" (Víctor Brosard). Se trataba de una manifesta
ción que culminaba un clima iniciado trasSedán. J'Accuse, la maldición
bíblica que profiriera elfamoso novelista Émile Zolá en enero de 1898,
ilustra mejor que nada el nuevo fenómeno que tuvo resonancia univer-
88 [Link]óte: op. cit,p. 166. M. García Venero: op. át, pp. 20-35. [Link]: En
qué consiste lasuperioridad de los anglosajones. Madrid: VictorianoSuárez, 1899.
8" M. Ciges Aparicio: Joaquín Costa, el granfracasado. Madrid: Espasa Calpe, 1930,
p. 129.
José VárelaOrtega 123
sal. Asombró a los anglosajones, que nunca terminaron de entender
aquella extraña fe nacida de la mano de un nuevo sacerdocio laico. Apa
sionó a los republicanos e izquierdistas latinos ydespertó la vocación y
ambición de sus intelectuales. En suma, "el escenario eraFrancia; el tea
tro, el mundo" (B. Tuchman). Y, en efecto, casi todos vivieron con "estu
por e inquietud" aquel proceso -como escribía un escritor noruego.
"Aquí no hablamos de otra cosa que de Zola yDreyfus", confirmaba el fa
moso dramaturgo ruso, Antón Chejov. En España, algunos no sólo lo vi
vieron: intentaron interpretarlo. No en vano el "Desastre" era, según el
diccionario de Cejador, traducción de "La Débácle"; por cierto, el título
de una obra del propio Zolá que enfureció alos generales franceses<J0.
Entre nosotros, quien mejor encarnó este espíritu fue precisamen
te Joaquín Costa, un honesto intelectual aragonés, autodidacta ypolifa
cético, pero también provinciano ydesorbitado. Gran trabajador, en una
sociedad de ritmo pausado, Costa se había labrado un nombre nacional
con enorme tesón ymaneras poco ortodoxas; esto es, a contrapelo, sin
favoritismo ni compromisos. Quizá por eso, había sufrido la discrimina
ción del sistema, enelmundo académico yjudicial, ychocado con elpo
lítico muy pronto. Durante los años ochenta, había participado en movi
mientos yreuniones de corte ycarácter regeneracionista, avant la lettrey,
en la década siguiente, se había enfrentado, apecho descubierto, con los
políticos de turno para sufrir un descalabro electoral aparatoso. Le había
quedado un fondo de irascibilidad, la soberbia del orgullo herido yal
gún resentimiento, pero un indudable sentido de poder yuna idea clara
de cómo funcionaba la política española, junto al deseo ardiente de cam
biarla. Costa era, además, un magnífico orador de mitin, con indudables
dotes histriónicas. No improvisaba. Preparaba sus discursos con pulcri
tud ycon una intención demagógica entonces nueva en España. Calcula
ba cuidadosamente los períodos, el timbre, lapalabra, yhasta el escena
rio, para producir el efecto deseado -de furia yentusiasmo- en las masas.
Sólo tenía un defecto: era una oratoria sin bajos; siempre de tonos altos.
Con frase lapidaria, gesto desmelenado, ademanes apocalípticos, reso
nancias bíblicas, augurios proféticos yverbo insultante, castigaba yenar-
" B.W. Tuchman TheProud Tower (New York, 1966), pp.l96-263.J.D. Bredin, LAf
faire, (París, 1983), pp. 231-327 y414-418. Vid. también M. Barres, Scénes et doctrines du
Nationatisme( París', 1925). L. Blum, Souvenirs de. lAffaire (París 1935). [Link], The
Dreyfus Case: areassessment, (New York, 1955). E. Zola, La Vente en Marche (París, 1928).
124 Cien años deHistoriadeCuba (i898-i998)
decía a su audiencia, pulsando la cuerda masoquista de los oyentes.
Aquel Zolá carpetobetónico componía, en suma, una figura excéntrica y
atrabiliaria, desafiante e intransigente que, enelvértigo de una crisis na
cional como aquélla, bien podía recoger fuertes dividendos políticos"1.
El Programa que Costa hizo público en noviembre de 1898, tenía
más retórica yeramás amplio ydetallado que los textos de las Cámaras
de Comercio, pero su contenido era similiar. Costa se mostraba todavía
más crítico que los anteriores respecto a España -"que creíamos nación
de bronce [y] ha resultado ser una caña hueca"- ycon su situación. Las
instituciones tampoco salían mejor paradas: "Parlamentos de mozos,
que no sirven para ganarse la vida en el trabajo o elestudio yvan a di
vertirse con el país, hasta hacerlo rodar en el abismo; Ministerios desa-
'" Para lafigura de Costa, vid. G. J. G. Cheyne, Joaquín Costa. El gran desconocido
(Barcelona, 1972), passim. Para las campañas políticas, su preparación, oratoria yhasta
escenografía, consúltese AHN, Diversos, Títulos yFamilas C103-105. La mejor ymás grá
fica relación delaescenografía apocalíptica -y delfondo tradicional, resonancia bíblica
y trueno profético- de los modos yoratoria costista, enJavier Várela, "La literatura del
Desastre oel desastre de la literatura", apudIUOG (noviembre, 1995), passim, pero esp.
pp. 17-27. No obstante, hay que ser cautos a la hora de hacerdemasiada leña de este
tronco: ese fondo mesiánico y esa dialéctica de culpa-expiación-redención escomún a
muchos yheterogéneos movimientos, no ya sólo revolucionarios sino simplemente rup-
turistas, desde la revolución inglesa, americana yfrancesa, alos diversos affaires, débáclesy
ultimátum de la época que historiamos, como supieron ver Sorokin, en suformulación
general; Aulard yMathiez, más concretamente yhace tiempo; Soboul yVovelle, ennues
trosdías-y,comode modo breve, pero efectivo, sentenció don Antonio Maura entre no
sotros, enunfamoso discurso (DSC, 29 mayo 1913) enque contraponía elespíritu revo
lucionario faccioso-mesiánico ala formación de una conciencia ciudadana. El regenera-
cionismo de Costa antefado yprimeros fracasos, en La Cámara, 3 abril 1896 (costista),
debidos, según los dinásticos aque la idea de querer arrastrar electores con un progra
ma general, en lugar de aparejar influencias con favores individuales, era "una pedante
ría [...] ynada más": vid. La Derecha (Aragón), 14marzo 1896. Sus orientaciones intelec
tuales y esfuerzos como autodidacta, en C. Lisón Tolosana, "Joaquín Costa Martínez
(notas para laepopeya de un pionero)", enAnales de la FundaciónJoaquín Costa, ne 12
(Huesca, 1995), pp. 73-92, espec. pp. 74-75. Vid también mi trabajo, amigos políticos,
[Link], pp. 324 y ss. Sobre Costa, además de la bibliografía yfuentes indicadas en esta
obra, ver,J. Maurice yC. Serrano:/. Costa: crisis de la Restauración ypopulismo, 1875-1911.
Madrid, Siglo XXI, 1977. A. Ortí: En torno a Costa. Madrid: Ministerio de Agricultura,
Pesca yAlimentación, [Link]árela: "El Desastre de la Literaturao la Literaturadel
Desastre" enIntelectuales yNacionalismo. Madrid: I.U. Ortega yGasset. Seminario deHis
toria Contemporánea, Documentos deTrabajo 0496, pps. 7-44.
José Várela Ortega 125
lumbrados, que parecen no haber estudiado en otro libro de política
que aquel de Benjamín Franklin, 'arte de hacer una nación chica con
unagrande'; [...] Diputaciones provinciales, las más de las cuales encie
rran un presidio en potencia; simulacros de Tribunales, donde raravez
penetran las personas honradas sin dejar en ellos la dignidad o el cau
dal". No había tampoco nada original en lasmedidas que seproponían:
"política reductora o simplificadora [...], modesta, callada, de recogi
miento", compatible con el fomento de la producción -la "política hi
dráulica"- y de la enseñanza92.
Enloquesíseoponía Costa a las Cámaras de Comercio -y también
a sus compañeros en las Agrícolas, a los que no consiguió convencer-
era en lo relativo a los mediosque debían adoptarse. El medio práctico
afirmaba Costa "no [...] serían ciertamente las elecciones; [...] [ya que]
tales como han sido hasta ahora seguirán siendo, mientras no se haya
transformado radicalmente el estado social de que son una expresión y
una resultante; obra lenta que no veráconsumada estageneración; y no
estamos para perder el tiempo". A su juicio, sólo existía un camino:
organizarse como lo estaba el enemigo "y seguir sus mismos procedi
mientos en cuanto sea compatible con la moral y con el derecho". Se
trataba, por tanto, de constituirse "en partido nacional, en partido
regenerador, con sus periódicos, sus comités y sus asambleas, con un
programa desarrollado y gacetable". Después habría que reclamar la
inmediata realización de dicho programa a los gobiernos que formaran
los demás partidos, "mientras conserven fuerza paraconstituirlos" y, en
caso de queéstos fracasaran, como era previsible, "reclamar el poderde
la misma forma que ellos". Esdecir, en aquellos momentos, Costa, a pe
sar de mostrarse tan crítico con el sistema, no se proponía cambiar lo
fundamental del mismo, aquello por lo cual no era democrático -la Co
rona y no las elecciones como mecanismo de acceso al poder- sino
utilizarlo para sus propios fines. No quería destruir sino sustituir a los
partidos monárquicos ysus líderes. Para Antonio Maura, pues, "la orgía
zaragozana" consistía en el intento "de los frustrados por reemplazar a
los fracasados".93
92J. Costa: "Mensaje yprograma..." pp.8, 7,15,17,19,21 y25.
113J. Costa: "Mensaje yprograma...", p. 16. Maura a Bergé, 29febrero 1899, citado
porM-Jesús González: Eluniverso conservador de Antonio Maura. Biografía yproyecto de Es
tado. Madrid: BibliotecaNueva, 1997, p. 32.
126 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
Costa mantendría aquella actitud durante toda lavigencia del mo
vimiento. "Hemos preferido yseguimos prefiriendo los procedimientos
conservadores", diríaen la conferencia que pronunció el 3 de enerode
1900, en el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial de Madrid,donde
expuso su táctica con toda claridad. Según él había tres formas de que
se llevara a cabo la transformación del país -la "revolución", como le
gustaba llamarla con dramatismo-: 1Q, por medio de los partidos
tradicionales, la"revolución sustantiva desde arriba" -decía, adoptando
una fórmula que ya había sido utilizada porFrancisco Silvela yque, más
tarde, resumiría el proyecto político de Antonio Maura-; 2S, "por hom
bres y partidos nuevos [...] que lleguen al poder, sin necesidad de nin
gún movimiento de abajo, por acción reflexiva y personal del poder
moderador, como en 1881"; y 32, "por hombres y partidos nuevos tam
bién, llegados alpoder mediante una revolución adjetiva, [...] de abajo,
sea activa o pasiva [...], como en 1874, como en 1868". Su opinión -real
mente, su deseo- era que en aquellos momentos se había "consumido,
yasin resultado"el primer período, y era el momento de "larevolución
desde arriba por representantes directos de las llamadasclases neutras,
llegados al poder por medios pacíficos y constitucionales". La revolu
ción "adjetiva", laverdadera, quedaba amenazadoramente a laespera.94
Quizá Costa fuera un iluso al creerse capaz de fomar un partido
tanfuerte que la Corona juzgase más peligroso excluirle a él del poder
quea los partidos que hasta entonces se habían turnado en el mismo -y
'"J. Costa: "Quiénes deben gobernar después de la catástrofe nacional" en Re
constitución y europeizaáón de España..., pp. 218 y s. y 241. Utilización por Silvela de la
expresión "verdadera revolución hecha desde arriba" en el "Discurso en lapresidencia
del Consejo deministros, 31 demayo de 1899", enArtículos, Discursos, Conferencias yCar
tas. Notas de Félix de Llanos yTorriglia. Madrid: Mateu, 1923, vol III, p. 43. Una vez li
quidado el movimiento, Costa mantendría la misma opinión: "lo que procedía (...).
(era) callar, trabajar ensilencio, prepararse, allegar materiales degobierno, (...) consti
tuir un organismo apto para la gobernación"; luego, "declarar solemnemente fracasa
dos a los partidos gobernantes y sus hombres"; y, finalmente, "ir al Poder moderador
(...) ypedirque confí (ase) lagobernación alorganismo u organismos de lasclases neu
tras salidos de Zaragoza". J. Costa: "Por qué fracasó la Unión Nacional" en M. Ciges
Aparicio: op. cit, pp. 133 y s. Sería precisamente elfracaso del movimiento regenera-
cionista lo que radicalizaría no eljuicio de Costa sobre el sistema pero sí su actitud,
francamente revolucionaria tras su unión con los republicanos, en1903.J. Maurice yC.
Serrano: op. cit, pp. 97-112.
José Várela Ortega 127
cuya marginación le había costado el trono en 1868 a Isabel II-. Pero
demostraba tener un conocimiento del sistema -de cuál era la fuente y
la naturaleza del poder- mucho más preciso y cierto que sus compañe
ros de viaje -en especial, Basilio Paraíso- que, mediante la presión de la
opinión pública, pretendían imponer suspuntos de vista a un gobierno
cuyo origen y mantenimiento no dependían en último término de di
cha opinión. La idea que Paraíso tenía de la políticaespañolaera suige-
neris y aldeana: creía poder forzar su programa sin entrar en ella a ensu
ciarse las manos. No creía en un partido y ni tan siquiera quería oir ha
blar de políticapara no profanar la santacausadel contribuyente. Dees
ta forma, no queriendo hacer política, la hizo sin querer, lo cual resultó
la peor de las políticas posibles. Por ello, si el esquemade Costaparecía
difícil, el de Paraíso se demostró imposible.9"'
En su marcha, el movimiento regeneracionista se encontró con el
gobierno conservador de Silvela que, en marzo de 1899, tras la conclu
sión definitiva del conflicto colonial con la firma de la paz de París, ha
bía sustituido al liberal de Sagasta. Los representantes de las clases me
dias agrupados en las Cámaras de Comercio y la Liga nacional de pro
ductores, no supieron o no quisieron ver en Silvela al gobernante que
coincidía con ellos en el afán de regenerar el sistema mediante su mora
lización y la adopción de una "política de realidades". No sólo no cola
boraron con él, sino que le presentaron la más agria de las oposiciones.
Ylo hicieron concretamente en un proyecto que, aún a costa de ciertos
sacrificios inmediatos, sirvió extraordinariamente a sus intereses, a me
dio y largo plazo: las reformas económicas -el plan de estabilización-
del ministro de Hacienda, Raimundo Fernández Villaverde. Si los
regeneracionistas no habían sido muy perspicaces a la hora de elegir el
tipo de organización más eficaz, tampoco demostraron tener mayor in
teligenciacuando se trató de identificar al enemigo a combatir.'*
Aquel drama se desarrolló en tres actos: los primeros dias del vera
no de 1899, con el cierre de tiendas en toda España, el primero; el oto
ño siguiente, representado en Barcelona con el "tancament de caixes",
* Vid. Amigos políticos, pp. 325y 329.
MSobre los efectos de las reformas de Fernández Villaverde, verJ. L. García Del
gado: "Laindustrialización española en el primer tercio del siglo XX", en Los comienzos
del siglo XX. Lapoblación, la economía, lasociedad, 1898-1931. Historia deEspaña (fundada
por RamónMenéndez Pidal),vol. XXXVII. Madrid: Espasa Calpe, (1984), pp. 38-41.
128 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i 998)
el segundo; y en la primavera de 1900, nuevamente a escala nacional, el
tercero y último.
Pocos diasdespués del 17 de junio de 1899, en que Villaverde pre
sentó su proyecto de presupuestos en el Congreso de los Diputados, la
Comisión permanente de las Cámaras emitíaun comunicado de recha
zo de los mismos; en su opinión, la partida de gastos debía reducirse al
menos en 150millonesde pesetas,es decir, másdel 15 por ciento; consi
deraban que habiendo "fracasado en susdemandas por medio de la sú
plicay el ruego", era preciso pasar a la acción; en consecuencia, mani
festaban la determinación de sus componentes de no pagar los im
puestos -tanto losextraordinarios, implantados durante la guerra colo
nial, como los de nueva creación de Villaverde- y convocaban a indus
triales ycomerciantes a realizar una huelgade una hora-de once a doce
de la mañana- el lunes 26 de junio. Aquel dia cerraron gran número de
tiendas en todo el país. En algunasciudades-Sevilla, Valencia, Murciay,
sobre todo Zaragoza-, sin embargo, la protesta-para sorpresay alarma
de susorganizadores-tomó otros derroteros, dando origen a importan
tes disturbios populares con tonosantimilitares, anticlericales yrepubli
canos; en la capital aragonesa, segúnla interpelación de Romero Roble
do en el Congreso, murieron siete personas y40resultaron heridas, des
puésde tresdias de enfrentamientos.97
El ejemplo de la Comisión de las Cámaras fue seguido inmediata
mente por lossíndicos de losgremiosde Barcelona que, en un mitin ce
lebrado en 3 de julio en el teatro Tívoli, anunciaron su negativaa pagar
la contribución industrial a partir del siguiente trimestre. En este caso,
la Cámara de la ciudad -controlada por políticos del sistema- se mantu
vocompletamente al margen, mientras que el Fomento del Trabajo Na
cional -institución que con la Cámara agrupaba a los grandes industria
les y comerciantes- se erigió como mediador entre los gremios y el go
bierno de Madrid, aunque de hecho utilizó el conflicto para tratar de
conseguir el gran objetivo político de los regionalistas catalanes: el con-
"7J. OrtegayRubio: Historia de laregencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena. Ma
drid: F.G. Rojas, 1906, vol. IV, pp. 294y s. M. PérezLedesma. op. cit, pp. 128ys. "Nadie
podíasospechar, ni remotamente siquiera, que de aquelmovimiento de protesta sensa
to (...), contenido dentro de justa y racional medida, (...) habían de surgir desórdenos
públicos que llevaran laalarma al honradovecindario". Boletín de laCámara del comercio y
de laindustria de Zaragoza (junio1899) p. 2, citado por [Link]: op. cit,p.229.
José Várela Ortega 129
cierto económico. Desde el 1 de septiembre, muchos comerciantes bar
celoneses dejaron de pagar los impuestos; era el "tancament de caixes".
Las acciones gubernamentales contra ellos se iniciaron inmediatamen
te. El alcalde, doctor Robert, dimitía a comienzos deoctubre pornegar
se a autorizar el embargo de los morosos; su sustituto lo hizo y los em
bargos comenzaron. El gobierno, a pesar de que por la mismas fechas
sufría la dimisión del ministro de la Guerra, Polavieja -por negarse a
aceptar un presupuesto que juzgaba insuficiente- ydel ministro de Gra
ciayjusticia, Duran yBas -por considerar que el proyecto de descentra
lización administrativa del gobierno nosatisfacía mínimamente las aspi
raciones catalanas- se mantuvo firme. Silvela, dando muestras de un
fortaleza que asombró a muchos, sostuvo a Villaverde, se negó a conce
der la autonomía económica a Cataluña, y afirmó en el Congreso que
-como sus predecesores Narváez, O'Donnell y Prim- mantendría el or
den aunque fuera a cañonazos. El 24 deoctubre se suspendieron las ga
rantías constitucionales en Barcelonay el 27 fue declarado el estado de
guerra. Las instituciones rebeldes fueron disueltas y el 1 de noviembre
ingresaron en prisión los cinco primeros comerciantes. Dos semanas
más tarde, todos los dirigentes económicos recomendaban finalizar la
huelga de contribuciones. Aunque con un coste político muy alto, no
sólopara el gobiernosinopara lospartidosdel turno -como severía en
las siguientes elecciones- el conflicto había terminado.98
Paraíso yla Comisión permanente de las Cámaras apoyaron la re
sistencia barcelonesa, mientras Costa yel Directorio de laLiga laconde
naron por particularista. El movimiento regeneracionista se hallaba di
vidido porlafalta desintonía personal entre los líderes de sus principa
les organizaciones, que además estaban en desacuerdo sobre la conduc
ta a seguir. Santiago Alba, secretario de la Comisión que presidía Paraí
so peropróximo a las posiciones de Costa, trató de superar ladivergen
cia. En enero de 1900, las Cámaras celebraron enValladolid su segunda
Asamblea. Se reiteraron las conclusiones de la anterior yse mantuvo la
oposición cerrada a los presupuestos; pero, lo más importante, se acor
dó lacreación deunnuevo organismo, laUnión Nacional, con una pro
yección abiertamente política, dado que -afirmaban ahora- "el proble-
" B. de Riquer: Lliga Regionalista: la burguesía catalana i elnacionalisme, 1898-1904.
Barcelona: Edicions 62,1977,pp. 142-154.
130 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
ma nacional no es simplemente un problema financiero, de nivelación
aritmética del presupuesto, sino un problema político y social que al
canza a la reorganización de todos los elementos vivos del país y de las
fuerzas todas del Estado". Costa y su organización fueron invitados a su
marse a la Unión, lo que hicieron al poco tiempo, constituyéndose un
Directorio presidido por Alba, Costay Paraíso.99
Aquella iniciativa -aunque provocó la separación de las Cámaras
de Navarra, Guipúzcoa y Vizcaya, contrarias al enfrentamiento abierto
con el ministerio- dio un nuevo impulso al decaído movimiento. Lleva
dos por su entusiasmo, y sin demasiada conciencia de lasimplicaciones,
convocaron una gran manifestación en Madrid, que el gobierno prohi
bió. Dentro del Directorio, las opiniones se dividieron entre quienes
abogaban por una táctica revolucionaria, pero dentro de una estrategia
conservadora (Paraíso), y quienes, como Costa proponían una táctica
conservadora en vista a una estrategia revolucionaria. Se impusieron los
primeros, que decretaron la resistencia al pago de impuestos. Sin la or
ganización ni losmedios adecuados para sostener estamedida-a la que
las autoridades respondieron con habilidad, actuando contra algunos
personajes secundarios en lugar de convertir en víctimas a los dirigen
tes-, después de dos mesesde lucha, la iniciativa se saldó con el más ab
soluto fracaso: la recaudación del mes de julio de 1900 fue mayor que la
del año anterior. Ellos mismos se habían metido en un callejón sin sali
da: Silvela no podía ceder ante el pulso de fuerza que le plantearon, y la
Corona, por mucho que quisiera, no podía permitirse el lujo de retirar
su confianza a uno de los partidos del turno para hacer no se sabía qué,
porque la Unión no estabaen disposición de recibir el poder ni había
trabajado para que Sagasta volviera a recuperarlo. Costa había vuelto a
ser un lúcido impotente en aquel conjunto de despropósitos; "era preci
so -escribió- mantener viva la amenaza, pero recatarse mucho de
precipitarse a hacerla efectiva sin una gran seguridad; algo así como [....]
[lo que hicieron] los liberales en 1881, amenazando desde Biarritz con
la revolución y recibiendo el poder de manos de Alfonso XII por no te
ner éste la seguridad de si efectivamente tenían fuerzas bastantes para
llevar a cabo su amenaza. Ahora ya sabe el gobierno, porque se lo han
"" Diferencias entre Paraíso y Costa con relación a Cataluña en C. Serrano: op.
cit, pp. 231 ys. ParaAlbaylasconclusiones de laAsamblea de Valladolid, verM. García
Venero: op. cit, pp. 43-46.
José Várela Ortega 131
enseñado losde Barcelona ylas Cámaras, que la escopeta es de "caña y
el dueño del vozarrónde la venta un enano: yano tienen lasclases neu
tras arma ninguna".100
Costa, primero, y Paraíso, más tarde, presentaron la dimisión del
Directorio de la Unión. Lo que quedó de la organización terminó sien
do utilizado principalmente por Alba, para desarrollar su carrera políti
ca en Castilla -y desde allíen Madrid-, dentro del partido liberal-don
de la habíacomenzado-, sustituyendo a Gamazo como gran cacique de
Valladolid. Final irónico para un movimiento que había nacido como la
gran reacción anticaciquil.
Los presupuestos de Fernández Villaverde fueron aprobados sin
ninguna modificación importante. El gobierno conservador de Silvela,
por otra parte, se mostró receptivo a las propuestas concretas realizadas
en las Asambleas de Zaragoza y Valladolid, incorporando a algunas
personalidades destacadas de las mismas, como Rafael Gasset, director
de ElImparcial -nombrado ministro de Agricultura, en abril de 1900, al
dividirse el ministerio de Fomento-, o el ingeniero Pablo de Alzóla yMi-
nondo -portavoz de la Cámara de Comercio de Bilbao- que ocupó la
Dirección General de Obras Públicas. La parte "gacetable" de las ideas
de Costa -lo que él mismo había resumido como "política hidráulica"-
comenzabaa hacerserealidad sin necesidadde ninguna revolución.101
Fuera como quiera, el hecho es que los políticos profesionales de
los partidos dinásticos habían resistido el embite y superado el reto. El
nuevo ticket conservador, Silvela-Villaverde gobernaba el país, aplicando
lo mássensato yasumible de lasrecetas regeneracionistas. Consideradas
las circunstancias en que, apenas unos meses atrás, se dibujaba el som
brío panorama de un gobierno desahuciado al frente de un régimen
tambaleante, el resultado era espectacular. Los regeneracionistas habí
an amagado sin golpear. No habían logrado articular una revolución
que arrastrara a sus "clases neutras", ni tampoco supieron convencer a
la Corona que resistir el vendaval regeneracionista era más peligroso
que excluir a los partidos del "turno". De hecho, éste volvió a funcionar
'" Vid. mi trabajo amigos políticos, op. cit, p. 327; una relación detalladade la cam
paña enlas pp. 326-332.J. Costa: "Por quéfracasó laUnión Nacional", en M. Ciges Apa
ricio: op. cit, p. 135.
101 Sobre Alzóla, Reseña biográfica de la labor realizada por Pablo de Alzóla yMinando.
Bilbao: Casa de Misericordia, 1911.
132 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
con precisión pendular: en 1901 juraba un nuevo gabinete encabezado
por... ¡Sagasta!, el mismo que había presidido el "gobierno de la ver
güenza" que condujera al "Desastre". A pesarde losclamores de Costa,
pues, "los culpables [ni] se [habían ido] [ni fueron] arrojados". Deesta
suerte, la derrota política de losregeneracionistas quedaba certificada.
'También fue vencida Francia en 1870 -escribiría esperanzado
Blasco Ibañez- yel cogotazo que recibió de Prusia sirvió para que se lim
piara de la caspa del Imperiom". Perolo ciertoesque losregeneracionis
tas quedaron "lejos de haber hecho lo de los [republicanos] franceses"
(Azaña)m, de modo tal que a diferenciade la Franciade Napoleón III, la
Restauración española pudo digerir Santiago de Cuba. La inevitable
comparación provoca una reflexión acerca de lossistemas políticos con
tinentales que, desde mediados del siglo pasado, venían procurando
construir regímenes liberales estables. Elrégimen del II Imperiofue, sin
duda, el patrón de un modelo de estado fuertemente centralizado y la
organización de una economía de poder construida en el ejecutivo ydes
de el punto de vista de los políticos profesionales. El turnismo de la Res
tauración Española -como el rotativismo portugués, también por aquellos
años- fueron variantes muymejoradasdel mismo sistema. Flexibilizaron
la rigidez de los candidatos "oficiales" napoleónicos en las elecciones, in
troduciendo la noción de candidatos "idóneos", abierta, incluso, a repu
blicanos y carlistas, pero especialmente cuidadosa con aquellos adversa
riosque procedían de la oposición dinástica. Ello hizo posible el "turno"
de partidos -liberal y conservador-y, sin duda, ayuda a entender el ma
yor margen de maniobra de la Restauración frente al "Desastre" del 98y
lasconsiguientesdificultades de los regeneracionistas.
Sin embargo, el fracaso sonoro que acompañó la acción política
de los regeneracionistas no debiera enmascarar la honda y prolongada
influencia de sus ideas ypropuestas. Éstas tuvieron duración ytrascen
dencia, tanto en el plano político como en el filosófico. Por lo que hace
al primero, las secuelas del 98 produjeron profundo impacto entre polí
ticos y militares. Así, la España liberal y de izquierda, antes profunda
mente nacionalista, muyunida al Ejército, hasta el punto de bordear el
militarismo, acusó el chantaje militar y, desde entonces, miraría con
12 ElMundo, 5 abril 1998, p. 50.
":t [Link], en Residencia de Estudiantes, 3 febrero 1999.
JoséVárela Ortega j33
profunda sospecha todo arrebato de "patriotería hipócrita" (Azaña) y
muchas de las invocaciones al "falso patriotismo", "retórico ybullange-
ro", "de café-cantante, que nos llevó con la Marcha de Cádiz aSantiago
de Cuba" (Costa)104, como señuelos que disimulaban torcidas intencio
nes deintromisión enpolítica. Por su parte, los militares -o bastantes de
ellos- resintieron laforma sinuosa con que los políticos se libraron de
sus amenazas ymucho más la campaña de responsabilidades que se de
sató tras la derrota. Desde entonces, para una parte de la nueva genera
ción militar, "la política" y, concretamente, la política demoliberal yplu-
ripartidista, sería sinónimo de corrupción, traición ydecadencia: senti
mientos que no son ajenos al desarrollo de la nueva filosofía de inter
vención que fraguaría en los años veinte ytreintas105.
En lo que respecta al plano ideológico, sin duda, el 98 supuso un
aldabonazo en la historia española, como lo fuera, sino por iguales fe
chas, al menos por la misma época, la derrota de Sedán, en la Francia
del 70,Japón ante la derrota de Shimonosheki frente aRusia yAdua, en
1896 para los italianos, o la crisis del ultimátum de 1890 en Portugalm
104 P. e. M. Azaña, apud Hispania, I, (Enero-Diciembre), 1918. La cita ydemás dia
tribas de Costa contra el nacionalismo de pandereta en AHN, Diversos, Títulos yFami
lias C103; vid. también, Romero, Rosa, op. cit, p. 36. Las convicciones "anti-patrioteras"
de lageneración del Desastre, en AHN Diversos, Títulos y Familias C103: Altamira a
Costa, 3agosto 1898; yAA: Alba aCascajares, 19 diciembre 1898 (p. 2: cita).
105 A. Morales Moya, "De un 98 aotro: una revisión historiográfica", Los 98 Ibéricos,
[Link], III, p. 179. Para el impacto entre los futuros militares, vid. L. Carrero Blanco, "Ha
ce setenta años. Carite ySantiago de Cuba", en Revista General de Mariana, T207 (Agosto-
septiembre, 1984),p. 182: "el verdadero responsable era el sistemapolítico por el que la na
ción se regía". Vid. también Jaime de Andrade (seudónimo de Franco), Raza (Madrid,
MCMXLV), esp. pp. 42-44.J.M. Gárate, "Raza: un guión de cine", apud Revista de Historia
militar, año XX, nQ 40, esp. pp. 64-66. F. Franco, "Discurso en la capitanía general de Sevi
lla" 29 abril 1956, en Revista de Historia militar, año XX (1976), nQ 40: p. 347 (referencia a
1898). Vid. también, P. Preston, Franco: "Caudillo deEspaña" (Madrid, 1994), pp. 24-25. El
resentimiento en la época, pero sin consecuencias políticas, en La Correspondencia deEspa
ña, 28 febrero 1898, El Imparcial, 27 febrero 1898; El Tiempo 1marzo 1898; El Heraldo de
Madrid, 27 febrero 1898. Los militares sintiéndose sacrificados pero paralizados, en AM-
RE, 6824: Quesada aAlcorta, 27 enero 1899. La idea de que la Restauración, en general
-y Cánovas ySagasta, en particular- siempre habían buscado marginar alos militares yli
brarse delEjército, en La Correspondencia Militar, 15 abril 1898.
'"" C. Almuiña / J. Tengarrinha, "Las crisis Ibéricas finiseculares ysu reflejo en las
respectivas opiniones públicas", Los 98 Ibéricos, op. cit, IIp. 264.
] 34 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
-toda una cadenade derrotas producidas por la supuesta "decadencia"
e inferioridad de los países latinos yotras razas "degradadas"107. En esta
línea, el 98español generael mismo tipo de "hórrida literatura regene-
racionista" (Unamuno), seudocientífica y desmesurada, a la par que in
trospectiva yensimismada, morbosa ymasoquista, grandilocuente pero
provinciana108. La diferencia en el caso español, y la ventaja también,
quizá porque sus pretensiones científicas fueran reducidas, no estriba
sólo en que el mérito literario de los noventayochistas esposiblemente
mayor10<J -si bien la obsesiva introspección singularista les llevará a per
der el cosmopolitismo de la generación anterior-. Hay, además, una
profunda diferencia filosófica, en la medida que los regeneracionistas,
aún cuando fracasaron en su intento de derribar el régimen, obtuvie
ron, empero, un éxito indudable a la hora de articular el futuro discur
so modernizador español -dicho sea, independientemente del juicio
quemerezca elmolde original yelestilo desu formulación. En este sen
tido -y al contrario de loocurrido en otros países- lareacción frente al
Desastre fue duradera yprofunda, precisamente porque nose pudocul
par a unos políticos o a ungobierno. No fue fácil "echar elmuerto alve
cino" (El Tiempo)m porque si no eran "todos culpables" como titulaba
Luis Moróte uno de sus famosos artículos,1" demasiados resultaron res-
[Link] se encontró, pues, chivo expiatorio aquién endosar lade
rrota y ésta hubo de digerirse como problema general. "Los culpables
han sido y son tantos -razonaba Valera- que lo más prudente no esla
107 L. Litvak, Latinos yanglosajones: orígenes de una polémica (Barcelona, 1890), pos-
sim, pero especialmente 11-14 y29-32. Para lareacción en Perú tras la derrota (1879),
vid. M. González Prada, Páginas libres. Horas de Lucha (Biblioteca Ayacucho,1985), esp.
pp. 43-56.
lw M. de Unamuno, Obras completas (Madrid, 1958), IV, p. 23.
'"" En general, los franceses se tomaron mucho más enserio que los españoles la
literatura neo-darwinista: cfr. C. Serrano, "98 y Castilla", conferencia en Universidad
Internacional Menéndez Pelayo, [en adelante, UIMP] 17 agosto 1995. Lanoción, de
raiz positivista, pero de formulación organicista, del "cuerpo enfermo" y sus "reme
dios" eraparte del equipaje intelectual delaépoca ycomún amucha filosofía, hetero
géneas por otros conceptos. En España, por lo general, tuvo un alcance más metafísico
que lombrosiano duro. Vid. infra, pp. 31-35.
110 Apud. M- Cruz Seoane, "La prensa ylaopinión pública", enE. Lain Entralgo y
C. Seco Serrano, España en 1898. Las claves del Desastre (Barcelona 1998).
111 VidaNueva, 31julio 1898.
José Várela Ortega 135
absolución, sino la amnistía; olvidar lo que pasó, como se olvida elmás terrible
sueño, y hacer vida nueua"m. Así pues, aquella concienciahizo que se ma
nifestara como una suerte de revulsivo nacional, agrio pero positivo, y
sirviera como filosofía de modernización por mucho tiempolls. En ese
punto y hora, losespañoles dejaron de traducir del francés. Laconsigna
del 98no fue larévanche (1870) sinola regeneración - un términoigual
mente confuso y discutible pero positivo en todo caso. Desde esta pers
pectiva, la reacción española frente a la catástrofe buscó más "el modelo
de Prusia" (Altamira) trasJena que el de Francia después de Sedán"4
"queremos -aseguraba un Costa en el cual el periodista republicano
Luis Moróte creía reconocer al Fichte español- un gobierno de la re
vancha, pero de la revancha contra los Moltkes y los Bismarcks interio
res, que son quienes nos han vencido""5.
Por otra parte, tampoco fue, en su momento (e independiente
mente que luego todos -autoritarios incluidos- bebieran de sus fuen
tes) la del 98 una reacción autoritaria. Aquellaguerra, como yaobserva
ra Azaña, "no engendró [...] rencores duraderos. Se hundió todo y Es
paña descansó de sus trabajos, incluso del trabajo de aborrecer a los
norteamericanos" '"\ Para expresarlo en la conocida rima machadiana,
los españoles "deja[ron] en el puerto la sórdida galera", de modo tal
que casi nadie se acordó, pues, de las colonias con nostalgia o resenti
miento, "ni sinti[ó] el menor odio contra los ee. uu., [ni] se mov[ió] po-
112 España, 17 noviembre 1923.
"' Hay que decir como "antiguamente cuando moría un rey [...]; España ha
muerto: ¡Viva España!" (Costa AHN Diversos, Títulos y Familias C103). En el mismo
sentido;Costaa Altamira, 6 Agosto 1898, AHNDiversos, TítulosyFamilias CIO; y"laEs
paña que nos queda", apud Heraldo ng 2873.
IM [Link], Psicología delpueblo español (Madrid, 1997), p. 53.
115 Vid. [Link], Castilla ante elproblema de lavida local (Valladolid, 1908), pp. 16-18;
conferencia Costa: El Liberal, 21 Diciembre 1899. Y hoy Vid. V Cacho Viú, "Francia
1870-España 1898", en Revista de la Universidad Complutense, nQ 113 (1978, Julio-Sep
tiembre), pp. 149-151.
'"' España, 17 noviembre 1923. Uno de los canard intelectuales más aceptados
hoy, en mi opinión acríticamente, es que el anti-americanismo de la Españaactual es
consecuenciadel 98. No es cierto. Ni siquiera entre la izquierda, que continuó siendo
muy proamericana, antes y después, desde los republicanos (1860's) hasta los socialistas
(1940's). El antiamericanismo, fuera de la derecha autoritaria, es un producto de los
1960'sy de la literatura "foquista"y tercermundista.
136 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
seído de los rencores de Francia después de su Sedán" (Santiago Al
ba)"7. Ni siquiera los militares. Incluso el general Polavieja, el pacifica
dor de Filipinas yobvio, aunque reacio, candidato a dictador (hasta por
la resonancia clásica de su nombre de pila, Camilo, como le recordara,
lamentándose, el general Cheste) recomendaba borrar "elfunestísimo
nombre de Colón" y, estaba lejos de pensar que "los cuartos de bandera
fueran sustituto de la soberanía nacional""8. Montero Ríos declaraba
que la cesión de Filipinas era menos mala que perderla sin indemniza
ción, como hubiera sido el caso"9. Yhasta el propio almirante Cervera,
jefede la desbaratada Escuadra delAtlántico, se felicitaba de queya no
quedaran colonias para que así España "concentrara sus esfuerzos en la
regeneración interior", mientras su hijo -también militar- alababa la
competencia de los oficiales americanos ycriticaba la indolencia de los
políticos españoles120, a quienes Costa exigía uaparta[rse] de sueños quimé
ricos y empresas superiores a nuestras fuerzas121". Por más que pueda consi
derarse torturado y excéntrico, tampoco fue autoritario el ambiente de
la posteriormente famosa generación de intelectuales del 98m, ni hay
117 E. Demolins, En qué consiste la superioridad de los anglosajones (Madrid, 1899), p.
CXXVIII.
118 Polavieja, en Romero, LaRosa, op. cit, pp. 15-16.
>BElEspañol, 17 diciembre 1898.
120 AFOG: P.B. Cervera a Spottorno, 28 noviembre 1898; yJ. Cervera (hijo) a
Spottorno, 14julio 1898.
121 Vid. Moróte, moral, op. cit, p. 166.
122 "El problema conelmanido concepto degeneración del98, estanto de preci
sión como de definición", según R. Carr, Spain, 1808-1939 (Oxford, 1966), p. 528. Lali
teratura sobre elloes masiva y en varios idiomas. La obraclásica y todavía indispenda-
ble es P. Laín, La generación del noventa y ocho (Madrid, 1947). Véase también E. Imán
Fox, "El año98yel origen de los intelectuales" yj. Marichal, "La generación de los in
telectuales ylapolítica (1909-1914)", ambos enj. L. Abellán et al, La Crisis deFin de Sigh:
Ideología yLiteratura. Estudios en Memoria de Rafael Pérez de la Dehesa (Barcelona, 1974),
pp. 17-28. E. Inman Fox, Ideología y Política en las letras de fin de siglo (1898) (Ma-
drid,1988), passim peroespec. pp.13-24 y233-258. P. L. Shaw, Thegeneration of1898 in
Spain (New York.,1975), espec. pp. 1-82. Al parecer, lainvención del término, "genera
ción del98" fue orteguiana ybuscó impulsar "la reforma intelectual ymoral", perode
laEspaña de1914: vid. V. Cacho Viú, "Ortega yelespíritu del 98", en Revista de Occiden
te, n-4849 (Mayo, 1985), pp.9-53. Sobre elregeneracionismo como movimiento cultu
ral,verPedroCerezo Galán: "El pensamiento filosófico. De la generación trágica a la
generación clásica. Las generaciones del 98 y del 14" en Historia de España Menéndez
José Várela Ortega 137
que confundir con autoritarismo lo desmesurado, y hasta disparatado,
del tono de una protesta políticacuyo fondo quisoformularse desde su
puestos y plataformas democráticas1". La solución dictatorial se conside
ró "una palabra hueca" (Costa), "un paso atrás y el regreso al narvaísmo
sin Narváez y al cesarismo sin César" (Selles)124. "Pensar en redenciones
milagrosas -se recalcaba- en un hombre salvador [...] es pensar en un
imposible12'" (Costa). Porque "los pueblos no se regeneran, ni se han
regenerado nunca con la dictadura; [...] un pueblo se regenera a sí mis
mo o no lo regenera nadie" (Echegaray)120. Aunque alguno, como el
Obispode Salamanca, culpara de lo ocurrido al liberalismo, o predicara
la regeneración "por la oración y la penitencia" (Cardenal Cascajares),
abogando por sustituir lospartidos liberales del turno por otro católico-
nacional de "fuerzas sanas"127, lo cierto es que los líderes de la protesta
siguieron creyendo -y asegurando- que "España quer[ía], no un dicta
dor, sino un gobernante de verdad que encarn[ara] la ley [y] que [fuera]
coeficiente de libertad"128 (Costa). Salvadas algunas excepciones noto
rias, la generalidaddel dictamen regeneracionista fue que el expedien-
Pidal, vol. XXXIX: La Edad deplata de lacultura española, 1898-1936. Madrid: Espasa Cal-
pe, 1993, tomo I, págs. 131-315.
mEn nuestro tiempo, algunos especialistas han querido encontrar los orígenes
del fascismo español en el 98 y el movimiento regeneracionista, particularmente en
Costa: que yosepa, el primero en acuñarla ideafue R. Iglesia, "El reaccionarismo polí
tico de la generación del 98", en Cuadernos americanos, nfl 5, (México, 1947), vid. tam
bién E. Tierno Galván, Costa y el regeneracionismo (Barcelona, 1961); R. Pérez de la De
hesa, Elpensamiento de Costa y su influencia en el 98 (Madrid, 1966), A. Saborit, Joaquín
Costa y elsocialismo (Murcia, 1970); G. Fernández de la Mora, Ortega y el 98 (Madrid,
1979). La mejory más cumplida argumentación en contrade esta tesis, enj. Romero
Maura, "II Novantaotto Spagnuolo", en Rivista Storica Italiana, LXXXFV, I, pp. 32-56. De
contemporáneos, vid. M. Azaña, Hispania, I, (enero-diciembre, 1918); y en La Opinión,
(Valladolid), Clarín (24Septiembre 1898), Echegaray (15noviembre, 1898) y 13 abril
1899.
124 CostaapudEl Heraldo de Aragón, 25febrero 1899; [Link], "Lalevita románti
ca", en ElEspañol, 15 febrero 1898.
125 Costa apud ElLiberal, 18 octubre 1898.
120 Echegaray apud La Opinión, 15 noviembre 1898.
127 Obispo Salamanca apud La Cruz, T.I, (1898), pp. 455-460; e idem, p. 202 (Cas
cajares) y El Tiempo, 1 marzo 1898.
128 Costa: ElHeraldo deAragón, 25 febrero 1899.
138 Cien años de Historia de Cuba (i 898-1998)
te de implantar la democracia yugulando el liberalismo era "tal como
aprender a nadar en seco"IS9.
Fue una respuesta que tuvo su sentido y tiene su explicación. Mal
podían los españoles estar desengañados con "lo que no se practica
ba]"1™, sino se falsificaba: el sistema democrático-parlamentario, "al
que ahora pretenden algunos atribuir responsabilidades de nuestras
amarguras, como si en España se hubiese ensayado alguna vez lealmen-
te" m. Combatían lo que consideraban losdefectos, la falsificación del sis
tema, no la naturaleza del mismo ni sus principios. Como dijera Azaña,
los regeneracionistas eran moralizadores, no innovadores1S2. El ya famo
so novelista asturiano, Clarín, supo resumir cumplidamente el razona
miento: "loscarlistas -decía- se han puesto de acuerdo para echar la cul
pa de todo al parlamentarismo". Pero, se preguntaba Clarín, "si el parla
mentarismo sobra, ¿qué otro sistema se quiere? Que vengan los carlistas
con su unidad católica, su federalismo de ópera histórica y sus jbercurado-
res (sic) [...]. A lo menos, sino una cortapisa, Cánovas tiene un rodeo, un
requisito formal en lasCortes, para poder hacer lo que quiere [...].Elsis
tema parlamentario tiene defectos, como todos los sistemas conocidos,
pero no tiene culpa de lo que pasaaquí. No haypara qué ensartar tonte
rías con el pretexto de la guerra de Cuba y Filipinas: [lo que sucede] no
espor culpadel parlamentarismo; sinopor culpade la nación,floja ydis
plicente" "*. En estainteligencia, la receta-bien o malformulada, peor o
mejor aplicada, que esa es cuestiónde otra naturaleza- iba de suyo: "¡ala
regeneración por el sufragio! "m -como rezaba uno de los breviarios de
mLa Época, 12 Enero 1876, recorte encontrado -y subrayado- entre los papeles
de Costa:AHN, DiversosTítulos y Familias,C102.
1,0 El Imparcial, 6 diciembre 1884apud: recorte, subrayado, entre papeles Costa:
AHN, DiversosTítulos y Familias, C102.
131 ElEspañol, 15 diciembre 1898.
1,2 [Link]ña: ¡Todavía el98!(1923). Madrid: Biblioteca Nueva, 1977, p. [Link]
Clarín, en La Opinión, 24 septiembre 1896. V. Cervera: La regeneración por el sufragio.
(Palmade Mallorca, 1899).Joaquín Costa,en ElHeraldo deAragón, 25febrero [Link]
quín R. Maura: Larosa defuego..., p. 38.
'" Clarín, apud La Opinión, 24 septiembre 1896.
VM Vid. V. Cervera, La regeneración por elsufragio (Palma, 1899),passim. El trabajo
estápomposamente dedicadoa la campaña política de lasCámaras. Casi idénticas pala
bras, en Costa a El Liberal, 13 octubre 1898. Vid. también La Opinión, (Valladolid), 11
abril 1899: "sino ejercitamos el voto [...] acabaran por quitárnoslo".
José Várela Ortega 139
las Cámaras de Comercio y Liga de Productores, centros de la protesta
contra "los partidospolíticos [del turno], agrupaciones de hambrientos"
y "enjambres de vividores, charlatanes y tahúres de la política"IS5, había
que oponer "un partido nacional, que [fuera] verdaderamente del pue
blo, que no [fuera] de Fulano o Mengano, en una palabra, que [fuera]
impersonal [...]", "[...] acallando, reprimiendo y barnizando los pujos y
conatosde vanagloria, rebeldía y cabecillismo, que son la gran pasiónen
las sociedades decadentes". A eso obedece -aseguraba Costa- el pensa
miento de la Cámara [...] porque a los pueblos no los hacen Rómulos y
Pelayos, se hacen a sí propios o no llegan a serjamás"m. Ese, según Pablo
Iglesias, fundador del partido socialista, era "el partido que hac[ía] fal
ta" '". Como ha escrito Romero Maura, "no hubo [...] cesares omniscien
tes, ni misiones históricas, ni nacionalismos rimbombantes, ni irraciona-
lismosescapistas. No se acudió a ninguna de estas filosofías del miedo a
lo moderno, a la industrialización y al liberalismo, que ya asomaban en
Rusia, Alemania o Italia" '*. Tampoco se buscó ahogar la frustración de
una claudicación en un sueño imperialista pasado o presente como en el
Portugal posterior a la "data afrontosa"del ultimátum inglésde 18901M).
De esta suerte, no hay que entender el 98 como resaca nostálgica
del imperio perdido o reacción aislada y pesimista, sino amarga, cáusti
ca y despiadada, una crítica "feroz" (Azorín) pero afirmativa en el fon
do140 y cuyafinalidad, según Altamira, era precisamente "combatirel pe
simismo" 141; una crítica "que derruía los valores tradicionales [pero] an
helaba una España nueva"142. Ya advertiría el propio Azorín en un artí
culo paradigmático que "cuando se acusa a ese grupo de pesimismo se
1,5 AFOG: Cervera a Spottorno, 30julio 1898;y Costa:ElLiberal, 18 octubre 1898.
'" Nota manuscrita de Costa: ANH, Diversos, Títulos y Familias, C103; y Costa a
Altamira, 6 agosto 1898, Ibide.
157 Vid. Vida Nueva, 23 agosto 1898.
138J. Romero Maura, La rosa, op. cit, p. 38.
IW [Link], "Decadencia e Regneracao no Imaginario do Republicanismo Por
tuguésdos fináis do século XIX", Los 98Ibéricos, op. cit, III, p. 427. V Alexandre, "A po
lítica colonial em fináis de Oitocentos. Portugal e a Sacralizacao do Imperio", Los 98
Ibéricos, op. cit, I, pp. 69-84.
""[Link]ín Entralgo, "Lareacción de los intelectuales", en [Link]ín Entralgo y C. Se
co Serrano, España en 1898. Las claves del Desastre (Barcelona, 1998),p. 307.
1,1 Altamira, Psicología, op. cit, p. 40.
112 Azorín en ABC, 10 febrero 1913.
140 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
comete un error" 14\ Según las posteriores generaciones de intelectuales
y profesionales progresistas, Costa "ha[bía] enseñado e[l] patriotismo
del dolor"144 (Ortega y Gasset). Pero -advertían- "reconocer la verdad
no es nunca un acto pesimista"14r' porque "lacrítica [...] prepara la posi
bilidad de una nueva vida"14,i. Se trataba de "diagnosticarlos males de la
Patria para poder curarles"147 (Sánchez Albornoz). De este modo, su
"amargura [fue] punto de partida"148 sin caer en "el temperamento fata
lista [puesto que] pensaban que los pueblos renac[ían]" '*. Eran, en su
ma, críticos implacables pero "optimista [s] en lo que afecta[ba] al por
venir" ir'°. Su discurso tenía un trasfondo histórico y una proyección de
futuro. En la medida que "h[ubo] conciencia de la culpa nacional"1'1
(Unamuno), al 98 siguió también un "examen de conciencia nacio
nal" m (José de Carracido) que buscaba la expiación por vía de contric-
ción imitativa: la modernización. Para redimir sus culpas -las de la de
rrota- el pueblo español no eligió el cilicio retrospectivo sino las vidas
ejemplares; o, si seguimos con el símil psicoanalítico, hizo, de quién le
castigaba, valor paradigmático. El mundo euroatlántico se convirtió en
el modelo a seguir1": ¡"pasoal norte"!, iba más allá de la simple consigna
estética de una revista de pintura (LaLuz), al punto que el propio Costa
abogó por tomar "del enemigo, el consejo",M "dejando a un lado el falso
'" [Link]ín Entralgo, 1898, en Universidad Complutense, 21 octubre 1998.
I4,J. Ortega y Gasset, Textos sobre el 98 (Madrid, 1998), p. 164.
145 Ibidem, p. 98.
lK Ibidem, p. 188.
117 C. SánchezAlbornoz, España, un enigma histórico (Barcelona,1956,1981), p. XI.
118 Ortega y Gasset, Textos, op. cit, p. 98s
'* Ibidem, p. 75.
150 Ibidem, p.41.
151 ApudM. CigesAparicio, Los vencidos (Madrid 1910).
152 Apud]. M. Sánchez Ron, "España y la Ciencia: dos momentos", en Boletín dela
Institución Libre deEnseñanza, II época, diciembre 1977,núms. 28-29, p. 26.
IB La propuesta, apenas tres años después de finalizar la guerra, de que se adop
taran para España las reformas que los EE. UU. estaban introduciendo en Puerto Rico,
no deja de ser chocante y,en todo caso, señal de un ambiente que podrá caracterizarse
como se quiera menos como resentido y pesimista: vid. ElHeraldo deMadrid, 16 agosto
[Link] extranjeros no dejaron de señalar el fenómeno: cfr. Colajanni, Latins et
Anglo-Saxons. Races supérieurs et races inférieurs (París, 1905), p. 67.
154J. Costa, "Mensaje y programa de la Cámara agrícola del Alto Aragón", en Re
constitución y europeizadon deEspaña y otros escritos, (Madrid, 1981) p. 16.
José Várela Ortega 141
patriotismo, debemos inspirarnos en el ejemplo que nos han dado los
Estados Unidos", se proclamaba en las Cortes m. El modelo propuesto
por los regeracionistas era el Dr. Cajal, él mismo antiguo combatiente
en Cuba, insigne y dedicado investigador que obtuvo el Premio Nobel
de medicina por sus descubrimientos histológicos."La generación de
1898 [...] inten[tó] resucitar los poetas primitivos (Berceo, Juan Ruiz,
Santillana); rehabilit[ó] a Góngora [...]; se declar[ó] romántica en el
banquete ofrecido a Pío Baroja con motivo de su novela Camino de Per
fección; s[entía] entusiasmo por Larra y en su honor realiz[ó] una pere
grinación al cementerio en que está enterrado1'0 [...], mientras que a
Galdós le apodaban "don Benito el garbancero", a Pereda quisieron
ofrecerle "¡un banquete... en contra!"157 y a DonJosé de Echegaray, el
venerable pero ligero dramaturgo de la generación anterior, se le con
denaba a"representa[r] una España pasada, muerta, corroída por los
prejuicios y la supercherías, salteada por los caciques, explotada por la
burocracia concusionaria, embaucada por falsas reputaciones" (Azorín,
Baroja, Unamuno, Machado, etc.)158. Los militares ya no componían el
arquetipo heroico. "Más conquista la reja de un arado que la espada del
guerrero", rezaba la divisa de la Cámara Agraria de Monzón. Los nuevos
héroes eran "los del telar" (Santiago Rusiñol)159 y "la otra España"
(Maeztu) del futuro estaba en las fábricas de Bilbao la inaguración de
las cualesconsiderabaen aquellos años Unamuno más importante que
la conquista de Granada (sic.)1(i0. El ambiente mayoritario, hasta en el
gobierno de turno, era renunciar a "las vanidades y sujetarse a la reali
dad, abandonar la mentira y desposarse con la verdad" (Silvela)m.
De hecho, la fórmula costista de "reconstitución y europeización
de España" contenía los elementos fundamentales de la agenda de la
modernización que el país hubo de poner en práctica a lo largo del si
glo XX. Quizá por todo ello, lo agónico y morbosamente "esencialista"
155 E. Vincenti, DSC: 23junio 1899.
mAzorín, op. át, ABC, 10 febrero 1913.
157 L. Carandell, "Las tertuliasde café", en Memoria 98, op. át, p. 292.
158 L. Carandell, "Echegaray, víctima del 98",Memoria 98, op. át, p. 308.
IW L'Heroe: drama en tres actos (Barcelona, 1903).
100J. Romero Maura "IINovantotto Spagnolo. Note sulle Ripercussioni Ideologi-
che del Disastro Coloniale", Rivista Storica Italiana LXXXIV (1972) pp. 32-52.
"'' E Silvela, "Sinpulso", en El Tiempo, 16 agosto 1898.
142 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
del regeneracionismo español pudo, a diferencia de otros casos, formu
lar un rosario de propuestas con espíritu pragmático e intención prácti
ca -independientemente, que no pocas de ellas se nos antojen hoy día
ingenuas, contradictoriasy hasta delirantes. Por eso, la guerra de 1898,
entre España y los Estados Unidos, conserva, aún hoy, alguna relevan
cia, en la medida en que, la reacción que siguióa la misma,informa mu
cho de la filosofía política yla retórica españolas hasta nuestros días. En
otras palabras, el discurso de posguerra articula lo que ha sido la orto
pedia de modernización ibérica, casi hasta el presente: "la política hi
dráulica", con que se inauguró el siglo, y que todavía hoy continua"12; las
obras públicas de la dictadura de Primo de Rivera; el énfasis y esfuerzo
pedagógico de la II República163; la política de industrialización del régi
men del general Franco164; e, incluso, hasta las obsesiones -y realizacio
nes- por la convergencia económica y la vocación europeista de los go
biernos de la democracia actual, son difícilmente inteligibles sin las re
sonancias que siguieron a la guerra de 1898165.
Pero el regeneracionismo, amén de propedéutico, fue profunda
mente crítico. Enemigo del pasado,fustigó sin piedad historiay mitosna
cionales, creando un estilo casi masoquista, desgarradamente autocrítico
que, con los años,vinoa convertirse en una forma torturada de retórica
[Link] regeneracionistas no sólo querían acabar con -o susti
tuir a- los gobiernos del turno. El 98 también fue "el aniquilamiento de
la historia de España"166 con un "¡Muera Don Quijote!" (Unamuno) o
echando "doble llave al sepulcro del Cid"(Costa)167. Según escribióluego
'" E. Fernández Clemente, "De la utopía de Costa a la intervención del Estado:
un siglode obras hidráulicas", UIMP, 26agosto 1998.
1(8 E. Lamo de Espinosa, "Pedagogos, intelectuales y científicos:educación y cul
tura entre dos siglos", UIMP 26 agosto 1998.
mJ. [Link]íaDelgado, "Perfil económico de un siglo", UIMP 24agosto 1998.
'•J. Ma Serrano, "La modernización del sector exterior. Una tarea cumplida",
UIMP25 agosto 1998.
"*"' OrtegayGasset, Textos, op. át,pp. 187-188.
11,7 Costa "Al País", apud AHN, Diversos, Títulos y Familias, C105. El Cid y el Qui
jote fueron dosde losarquetipos de la mitología nacional másvapuleados por lassofla
masregeneracionistas. Vid., p. e., "Doble llave al sepulcro del Cid". Por entonces, Azo
rín econtraba "insoportable" el Siglo de Oro español, apudLitvak, Latinos, op. át, p. 48.
Unamuno: "dio un ¡Muera don Quijote!": Obras Completas (Madrid, 1958), IV, p. 23.
El texto original en Vida Nueva (nQ 3), 26 junio 1898. España debe de dejar de ser
José Várela Ortega 143
Azaña "parecía que los españoles vomitaban las ruedas de molino que
durante siglos estuvieron tragando" m. Iconoclastas del pasado, fueron
quizá la primera generación, pero no la última, "que no negoció con los
tópicos del patriotismo"(Ortega yGasset)m Hasta losartistas rechazaron
la ficción de "un arte de recuerdos" (LeopoldoTorres Balbás) 17°. Posible
mente, la ciclópea aventura americana vino a significar, andado el ocho
cientos, mucho después de la pérdida del continente y al filo de la cele
bración del IVCentenario Colombino, un hito miliar en la formación de
losmitos ydel imaginario colectivo nacional. YCubapasóa encarnar, de
algún modo, intereses ysentimientos nacionales. "Pasaron años [...] yun
sólo buque repatrió a España los restos del descubridor del continente
americano y cuando esos restos arribaron á tierra sólo recibiéronles los
otros restos de un gran pueblo"m. De estasuerte,la pérdida de Cubaera
la de España, desde entonces, un país viejo y decrépito, consumido y
hundido, "uno de los más ruines e incómodos arrabales del planeta", en
palabras de Costa172. Hispania fuit, el títulode un librode la épocapuede
servirnosde ilustracióny epitafio de aquellacircunstancia. "España, sola
ydesfallecida con lassombras augustas de susgrandes hijos muertosque
yano da[ban] calor ni compañía"(Costa)173, como Fernando Ossorio en
Camino de Perfección (Baroja), deambulaba en busca de su vitalidad por
un yermo ruinoso de pueblos sombríos y ciudades levíticas "amodorra
das" (Unamuno). Los regeneracionistas no fueron piadosos con su cir
cunstancia. Desde el 98, los intelectuales progresistas españoles mostra
ron un grado de insatisfacción con su realidad nacional y una exigencia
de perfección más general y profunda, quizá, que el de sus congéneres
europeos. Según ellos, España no e[ra] nación libre y soberana. No
ha[bía] Parlamento ni partidos; ha[bía] sólo oligarquías. El gobierno
por los peores: exclusión de la éliteo aristocracia natural. La prerrogati
va regia no funciona[ba]; y falta[ba] un poder que reprimí[era], o si-
"quijotesca", enj. de Etola, "Sobreel desastre nacional y los vicios de nuestras institu
ciones militares",en LaRevista Contemporánea (Mayo, 1902), 194-201.
mEspaña, 17 noviembre 1923.
""Ortega y Gasset, Textos, op.át, p. 34.
1711 Apud D. RodríguezRuiz, "Elalmade lascalles", Memoria 98, op. át, p. 291.
171NC, 19 enero 1898.
172 Costa,"Mensaje y programa", op. át, pp. 7-8.
17:1 Costa "Al País", apud AHN, Diversos, Títulos y Familias, C105.
144 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
quiera moder[rara], [a] la oligarquía. Estado social de barbarie, co
rrelativo de aquella forma bárbara de gobierno. Pasividad del pueblo
[...] Ensuma, la revolución esta[ba] por hacer.174 Fueron, pues, despiada
da, acida, hastagrotescamente críticos de una nación que consideraban
"volatilizada [por] tres siglos de error y de dolor"l7r'. Si en Francia los
adolescentes de la débácle se consideraban "vencidos antes que nacidos"
(Charles Péguy)176, en España las generaciones "iniciadas en la vida a la
hora del desastre postrero"177 creían partir de una "hacienda destrui
da"my querían que "España [fuera] otra cosa de lo que e[ra] y lo que
fue"17y. Hicieron leña del pasado y tabula rassa del presente. AEspaña ha
bía que "recoger[la] del arroyo donde la han arrojado muerta o mori
bunda sustutores,después de haberle dilapidadosu fortuna"1H<). Se sintie
ron robinsones "crea[ndo] el mundo de la nada"1S1. "Aspiraba [n] a trans
formar radicalmente nuestro pueblo"m. Ese era "el camino de la resu
rrección de España [...] para fundarfla] otra vez" (Maetzu). Pero como
observara D. Claudio Sánchez Albornoz, "las invectivas de la llamada ge
neración del 98,al margen de la aspereza de sustrallazos críticos, rezuma
ban amor por la patria"m, desde un patriotismo, aunque agónico, "serio,
digno [y] sólido [que] no bullanguero"184 profundoy sincero, respetable
ybienintencionado, pero nietzcheano, en que España no era "el pasado y
el presente; [sino], por el contrario, algo que todavía no exist[ía] [...],
una cosa que ha[bía] que hacer"18'; como cantara el poeta, para ellos no
era "patria el suelo que se pisa, sino la tierra que se labra" (Machado).
Con todo -y a salvedad de algunos contraejemplosde carácter pe-
171J. Costa: Oligarquía y caáquismo..., pp. 77y 125y s. Epígrafes de la Memoria.
175 Ortega y Gasset, Textos, op. cit, pp. 75y98.
'"' V Cacho Viú, "Francia 1870-España 1898", Revista de Occidente, marzo 1998,
núms. 202-203, p. 33.
177 Ortega y Gasset, Textos, op. át, p. 75.
mIbidem, p. 191.
mIbidem, p. 164.
180 Costa, "Mensaje y programa", op. át, pp. 15-25.
181 Ortega y Gasset, Textos, op. át, p.188.
182 SánchezAlbornoz,España, unenigma, op. át, p. VIII.
18:1 Ibidem, p. VIII.
mAzorín, apud Laín, "reacciónde los intelectuales", en Laín y Serrano, España
1898, op. át, p. 307.
185 Ortega y Gasset, Textos, op. cit, pp. 100y 191.
José Várela Ortega 145
riférico, en el doble sentido de la palabra (Gabriel Alomar, p. e.)186- las
pretensiones antropológicas de la literatura regeneracionista española
tuvieron más bien un alcance metafórico. El razonamiento que dominó
el caótico y contradictorio baratillo intelectual regeneracionista no fue
tanto el estéreos del tipo como el condicionante de un medio poco propi
cio -sobrepenalizado por los defectos de la incultura y la ignorancia187
(el otro gran tema regeneracionista, prestado por los institucionistas)-
sobre el homo hispanicus. Por eso, porque medio y política eran variables
y los españoles reformables, podían recetarse arbitrios que remediaran
al "enfermo". Desde esta óptica, pues, lo destacable del regeneracionis
mo español no es la metáfora neodarwinista á la Nordau, sino la obsesi
va fijación con las desventajas geográficas -geológicas e hídricas188, ha-
MCfr., [Link], Cosas de España (Barcelona, 1903);yV Gay, Constitución yvida del
pueblo español (Madrid, 1905); V Almirall, LoCatalanisme (Barcelona, 1886).
187 En el 98, se consideró que habíamos sido vencidospor un pueblo más próspero
y más culto. En este sentido, se recogió la idea francesa de que ona eté veaincu parlemai-
tre d'école (en nuestro caso, americain): vid. Costaa ElLiberal, 18 octubre 1898y el prólogo
de Santiago Alba a E. Demolins, En qué consiste lasuperioridad delos anglosajones (Madrid,
1899), p. XXXI. Probablemente, la idea más concreta es original de H. Taine, Notes sur
VAnglaterre (París, 1876) pero quien le había dado cuerpo filosófico armado, con enor
me éxito e influencia, fue E. Renán, Lareforme intellectuelle etmorale (París, 1871). La ob
sesiónpor "laescuela" (Costa) y la educación (Giner), se acentuó desde entonces, pero
era un tema que venía desde los krausistas. Vid., p.e., [Link], Ideario pedagógico (Ma
drid, 1933). Maestros e intelectuales desplazaban al sacerdote como los nuevos conduc
tores de un pueblo desorientado y perdido en la travesía: vid. Javier Várela, "Literatura
del Desastre", apud. IUOG, op. át, p. 22. Los liberalesconsideraron que era suya la res
ponsabilidad por haber dejado la enseñanza en manos de los curas: vid. E. Madrazo, ¿El
pueblo español ha muerto ?(Santander, 1903), p. 131;yAA: Moret a Alba ([Link] C 1900).
La idea de que el "pecado" no era tan "original"como "católico" es belga aunque su di
fusiónseafrancesa: vid.,].Weyrich, "L'inferiorité économique des nations catholiques",
en Revue Soáale et Catholique (Mayo, 1898). J. Sergi, La decadencia de las naáones latinas
(Barcelona, 1901), también plantea el tema en términos de la enseñanza clerical (ade
más del militarismo), igual que L. Bazalgette, A quoi tient l'inferiorité francaise (París,
1900). Un ejemplo de lo propio en España, en R. Alvárez Sereix, "El porvenir de la ra
za", en Revista Contemporánea (Julio-Septiembre, 1895),pp. 355-367.
188 No sóloj. Costa-en Política hidráulica (Madrid,1911 ) o en Elarbolado y lapatria
(Madrid, 1912)- basta una rápida ojeada al repertorio regeneracionista para certificar
que el medio es tema principal: cfr.:J. Senador Gómez, Castilla en escombros (Valladolid,
1915); idem, Lacandan delDuero (Valladolid, 1919); R. Macías Picavea, Tierra de Campos,
2vols. (Madrid, 1897-1898).
146 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
bría que decir para precisar- y las estrategias adecuadas, políticas y eco
nómicas, para su transformación. No había sólo una historia que borrar
y un presente que transformar. Había que "cambiar hasta la geografía
de la Patria" (Moret). Los hombres del 98 fueron, en efecto y ante todo,
una mixtura de ingenieros, geólogosygeógrafossuigeneris. Basta ojear la
literatura de la época (recuérdese a César Moneada, el héroe hidráulico
de Baroja180 o las memorias de Madariaga) para comprender que el in
geniero se había convertido en el nuevo mito de la España urbana y en
el objeto deseo de las señoritas casaderas de la burguesía ibérica, como
sugiere el modélico galán galdosiano en Electra. El espíritu ingenieril
del 98 tenía sus preferencias y obsesiones muy marcadas. La vaca era
animal totémico y símbolo de progreso; la oveja bestia esquilmante y
ejemplo del atraso castellano, del mismo modo que se denostaba el ce
real de secano y se ensalzaba la selvicultura de coniferas. El culto al Gua
darrama -con su liturgia de peregrinación biológica, amor a la naturale
za yvida deportiva- y la adoración de los pinos de Valsaín que consagró
D. Francisco Giner1!,°, cantó el verso machadiano191 e impresionó la pale
ta de Beruete, era, además de un programa económico, una pedagogía
moral. El Sistema Central y los montes cantábricos fueron los bosques
teutónicos de los neorrománticos españoles. La naturaleza espectacular
e imponente pero dura y nevada de la montaña salvaje debía salvar, re
generar al español que volvía apestado -física y moralmente- de la féti
da y asfixiante manigua cubana. En 1918 se inauguraría el primer par
que nacional español, precisamente en Covadonga y con ocasión del
duodécimo centenario de la legendaria batalla, para que también de
allí arrancara la reconquista del paisaje y del alma nacional. En definiti
va, pues, con el 98 "la tierra se transfigur[ó] en paisaje"192; un "paisaje
pedagogo" (Ortega y Gasset), cargado de simbolismo político y hasta
moral193. De esta suerte, los motivos paisajísticosfueron algo más que un
tema de inspiración poética o plástica. Eran una manifestación del "pro
blema español": "un examen de conciencia nacional" (Ortega y Gasset)
18" P. Baroja, César o nada, (Madrid,1927),passim.
m Vid ElPaís, 6 abril 1998 (Madrid,p.7).
'"'A. Machado, Campos deCastilla (Madrid, 1933).
1,2 Laín, España 1898, op. át, pp. 315-316.
m F. Giner de los Ríos, "Paisaje", Boletín de la Instituáón Libre deEnseñanza,
(1918), pp. 54-61.
José Várela Ortega 147
"La generación de 1898 ama[ba] los pueblos y el paisaje"194 un paisaje
del que no se buscaba tanto su descripción como su impresión, su pro
yección simbólica: "la realidad no importa, lo que importa es nuestro
ensueño195", confesó Azorín en un arranque de romanticismo. Basta
ojear texto y dibujos de La España Negra, el libro que Regoyos yVerhae-
ren publicaron precisamente en 1898, o repasar el debate posterior so
bre la "cuestión Zuloaga" (cfr. el tratamiento casticista y crítico a la vez
que el pintor vasco dio a tipos ypaisajes populares)1%, detenernos en al
gunas descripciones en que Unamuno o Azorín, Machado posterior
mente, subliman, con gran belleza, el carácter primitivo, a la vez gran
diosoy sobrecogedor del paisaje castellano, para entender que aquellas
generaciones de intelectuales y profesionales urbanos "s[oñaban] con
la imagende una España [...] germinal [...] yeuropea" 197pero, como sus
congéneres del norte de Europa cuarenta años atrás, vivían hechizados
por "laEspañadecrépita [...], parásita [...] yvieja"1<J8, esa Españaprofun
da del campo y los pueblos que se resistía a morir,repugnante y terrible,
pero vigorosa y fascinante a la vez para la retina neorromántica199 de
aquellos escritores. De la recia masculinidad de la cordillera cantábrica,
de laslimpiase infinitasllanuras castellanas ydel alma primitiva pero sa
na del "pueblodormido" m, de "laintrahistoria" (Unamuno) en defini
tiva, debía brotar el vigor regenerativo "de la raza" -hoy léase cultura-
nacional. Dice bien José Carlos Mainer cuando afirma que los noventa-
yochistas inventaron el nacionalismo estético español"201. Un repaso so
mero del elenco de títulos regeneracionistas nos convencerá enseguida
de las obsesiones agraristas de sus autores y de las intenciones transfor
madoras del enjuto medio físico peninsular que abrigaban los noventa-
yochistas. El mayor (desequilibrio hídrico) o menor acierto (abogar por
"• Azorín, "1898", op. át, ABC, 10 febrero 1913.
1* ApudLaín, España 1898, op. át, p. 314.
196 F. Calvo Serraller, "Ciudad y paisaje", Memoria 98, op. át, pp. 277-282 yel exce
lente ensayode J. Tusell, "La estética de fin de siglo", en Paisaje yfigura del 98 (Funda
ción Central Hispano, 1998), 1998), esp. p. 32.
'"7 Ortega y Gasset, Textos, op. cit, p. 144.
" Ibidem, p. 198.
'"'Para el neorromanticismo del 98 vid. "La bohemia literaria española", Memoria
98, op. cit, pp. 302-303.
200 J. Alvarez Junco, "La crisisde 1898",Fundación Pablo Iglesias (1998).
2,11 "Crisis de fin de sigloy literatura", Memoria 98, op. át, p. 298.
148 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
una estrategia de explotación intensiva en un medio típico de dry far-
ming extensivo, confundiendo, en definitiva, producción con producti
vidad) en análisis y propuestas, no debe oscurecerel foco central del ri-
tornello regeneracionista: la ruptura definitiva con la laudatio isidoriana
o alfonsina -todavía muy presente en la hagiografía liberal-nacionalista
ochocentista202- yel regreso a una lamentado por la pérdida de España
(1898), castigo de "la culpa nacional"203 que unaexpiación imitativa de
bería "transformar" en resurectio de la España perdida204, "africanizada",
sino por la concupiscencia delromance, porel atraso de sus gobiernos,
yreconquistada por virtud del riego cerebral (la escuela, donde, según
Costa, "estaba la mitad del problema español"205) yagrícola (los embal
ses) : en suma, yen palabras de Cajal, "cultivar intensamente los yermos
de nuestra tierra y de nuestro cerebro m\
Desde el 98, pues, la geografía -y la historia- de España, sobre to
do lade Castilla, presentaban "un suelo semiafricano" (Costa), un paisa
je miserable, decrépito y enjuto, cegado por las sombras de un pasado
polvoriento y abrasado entre grietas de sedienta desolación. El hecho
de que ésta, en una revuelta de grandiosidad, fuera reconvertida en una
forma espiritual yabstracta de exaltación nacionalista, puedeapuntarse
a la genialidad literaria y plástica de los noventayochistas sin necesidad
de confundirse con el anterior argumento.
En este sentido, la idealización de las agrestes montañas del norte
o de las adustas llanuras castellanas no debe interpretarse en clave de
casticismo retrógrado. Antes bien, sería precisamente de la mirada al
paisaje español con retina europea -como indicaba Unamuno- de don
de surgiría una sensibilidad de verdadera regeneración progresista.207
202 Vid. p. e. M. Lafuente yj. Valera, Historia General de España. Desde los tiempos pri
mitivos hasta la muerte de Fernando VII, T. I (Barcelona,1877), pp. 1-2. También, "no sin
cierto recogimiento", vid L. Mallada, Los males de la patria y la futura revolución española
(Madrid, 1998),passim.
m Vid. Ciges, Venados, op. át.
204 Vid. p.e. J. Costa, "Muerte yresurrección deEspaña (¿Por qué ha caído?)" epí
logode Tutela de pueblos en lahistoria, (Madrid, s.f.), pp. 313-358.
205Joaquín Costa: "Mensaje y programa...", op. át,pp. 21 y25.
20,1 Apud. J. Gómez Mendoza, "La preocupación por los recursos del territorio.
Entonces y ahora", en Boletín de la Instituáón Libre de Enseñanza, IIa época, diciembre
1997,núms.28-29yp.92.
207 M. Unamuno, En tomo alcastidsmo (Madrid, 1996) pp.59-61 y 166 (cita), 169-
José Várela Ortega 149
De hecho,caídaen buenhora la hojarasca neodarwinista ydisipado mu
cho del disparate arbitrista, los temas de la modernización de España si
guieron marcados-y siguen aún- por la partitura compuestaen la aira
da resaca de 1898.
Llegados a este punto miliar de balance y arqueo, quizá fuera per
tinente advertir que en la agenda de modernización española iniciada
en 1898, rigurosamente articulada hacia 1914 pero descalabrada en
1936 y penosa, trabajosamente retomada apenas en 1950, coincidieron
todos los partidosy grupos políticos españoles hasta el presente,yafue
ran afines y aliados, o bien opositores y adversarios o incluso hasta ene
migos y contrincantes, naturalmente eligiendo cada uno de ellos aque
lla partitura noventayochista que másle agradaba o convenía. Acertados
o no -que esa es consideración de otro linaje- lo cierto es que, desde
una perspectiva centenaria, los programas del 98 se han visto básica
mente cumplidos. En alguna medida, podría afirmarse que espectacu
larmente. Cien años después, en la Españade hoy, en que la escolariza-
ción hasta los 16 años es total, estudian más de millón y medio de uni
versitarios, cifra superior a la de la población activa agraria actual y a la
de alumnos de secundaria en 1930, años aquellos en que acudían a las
aulas universitarias una población estudiantil similar a la que hoy día
cursaestudios de doctorado. Alfinalizar la primera década del siglo XX,
la tasa de analfabetismo era del 50 por ciento (más del 70 en 1870),
mientrasque hoy no supera el 5 por ciento, concentrándose en un seg
mento de edad de mayores de sesenta años. Desde 1995, España esyael
quinto país del mundo en producción de libros. En 1877, la población
que residía en núcleos de más de 10.000 habitantes no superaba el 20
por ciento del total; hoy día, las cifras se han invertido literalmente. Más
de la mitadde la población activa trabaja hoyen servicios. España ha su
perado el 80 por ciento de la renta media de la Europamás próspera y
es hoyel octavo o novenopaís industrial del mundo; el sexto o séptimo
en agua embalsada-la gran aspiración de los regeneracionistasen la Es
paña sedienta de hace un siglo. España tiene hoy, en fin, una de laseco
nomías más abiertas del mundo en una sociedad libre, democrática y
crecientemente cosmopolita. No merece la pena seguir. Pero no es ex-
170, conla excelente introducción dej. Juaristi (sobre todopp. 42-42) yla interpreta
ción enj. L. Bernal Muñoz, Lamirada del 98(Madrid, 1998),p. 13.
150 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
traño que una transformación de tal envergadura llevara al presidente
Aznar a la siguiente afirmación "creo que Ortega ahora estaría a gusto
en su patria". En todo caso, quede claro que el logro no ha sido un suce
so (préstesele a la etimología el mordiente anglicista de la palabra). Co
mo nos relata con eleganciaJosé LuisGarcía Delgado, más bien se trata
de un largo proceso en perspectiva histórica braudeliana de long durée.
Iniciado quizá en los años sesenta del ochocientos, tomó carta de natu
raleza programática a caballo de siglo, se vio gravemente truncado me
diados los treinta y novecientos cuarenta y retomó aceleradamente la ca
rrera desde hace ya medio siglo, con tasas medias anuales de incremen
to de renta de la población cercana al 4 por ciento, para hacer eclosión
en nuestros días de manera aparente.208
Sin duda, el camino recorrido ha sido muy considerable, sólido y
profundo. Tiene razón Felipe González, mirando hacia atrás sin ira y re-
vanchismo, ¡es tanto lo que hemos superado! Sin duda, España es hoy
un país razonablemente próspero, plural, libre y tolerante. Pero, las so
luciones de unos problemasgeneran sus propias contradicciones o resu
citan e intensifican viejas querellas. Quizá el tema, elproblema de nuestro
tiempo sea hacer compatible la alternancia democrática estable con
una articulación territorial, viable,funcional ycompartida (Fusi). Es harto
improbable que España deje de ser un país democrático; pero no es im
posible que deje de ser un país. Al fin y al cabo, la estrategia del nacio
nalismo totalitario consiste en forzar a la realidad plural un dilema falso
y reduccionista entre identidad nacional y democracia, queriéndonos
imponer, otra vez después de tantas décadas y padecimientos, la más es
pañola y castiza de las economías del poder: aquella que introduce la
violencia como moneda política de curso legítimo. Desgraciadamente,
no deberíamos engañarnos con una ecuación optimista falsa. Aveceslas
opciones que no se plantea la realidad no son positivasy resultan estéri
les concesiones, siempre insatisfechas, alimentadas por el buen deseo
de conciencias cristianas y liberal-democráticas, atormentadas por un
vago sentimiento de culpa por no haber hecho lo suficiente. Lo cierto
es que la evidencia empírica demuestra que de mayores cotas de auto
gobierno no se ha seguido una disminución de la violencia (del mismo
208 José Luis García Delgado, Un siglo de España: La economía. (Madrid, 1999),
passim.
José Várela Ortega 151
momodo que, en el planopolítico yentre los partidos del nacionalismo
no violento, la más profunda descentralización que se ha conocido en
Europa occidental tampoco ha derivado en mayor integración ylealtad
constitucional). Yelloha sidoasí, porque el asunto no se dirime en el te
rreno de la soberaníaylosvotos: nosguste o no, me temo que el proble
maque hoy se nosplanteano seael de redefinir el sujeto de soberanía. Por
eso, tampoco creo que "La autodeterminación s[ea] la paz", como afir
man algunos (Eguibar). Porque los mili [tantes] -así se apellidan ellos
mismos- de la violenciano se han dejado -ni se dejarán- convencer por
la matemática electoral como expresión de una voluntad democrática.
Los militares nacionalistas miden su éxito o fracaso, en eso, en términos
bélicos; y sólo la victoria, o derrota militar, lato sensu podrá convencer
les. Los sesudos argumentos de corte constitucional o democrático care
cen, pues, de sentido último para ellos. Son coartadas, cuando mucho
objetivos tácticos. Del mismo modo -y con las mismas tácticas de estu
diada combinación entre terrorismo yelecciones, acoso a los discrepan
tes yofertas de tregua- que la autodeterminación de las minorías alema
nas del Reichfue nunca objetivo prioritario del partido nazi en los trein
ta, tampoco el objetivo estratégico del nacionalismo autoritario de nues
tros días ha sido ayer la autonomía, no es hoyla autodeterminación, ni
serámañana siquiera la independencia. Tengoel firme convencimiento
que el dilema con que hoy se nos confronta -y el objetivo estratégico
quesepersigue- atañea la naturaleza del poder: el de un podermilitar, to
talitario y excluyente.
PATRIOTAS Y CONSTITUCIONES CUBANAS
DEL SIGLO XIX
LEONEL A. DE LA CUESTA
Me parece indispensable dar a conocer en España, tanto comosea
posible, a los hombres (y a las mujeres) que lucharon por lalibertad en
Cuba, pues he comprobado que son poco conocidos, inclusive a nivel
universitario. Si para muestravale un botón, como reza el dicho popu
lar, pongo dos por ejemplo, el del Embajador Pablo de Azcárate, diplo
mático e historiador, de obediencia republicana, y el del profesor y polí
grafo don Manuel Fraga Iribarne. Dos hombres de talento, de bien di
versas corrientes ideológicas y que, curiosamente, pasan por alto la la
bor ylas virtudes -y casi hasta la existencia- de lospatriotas del 68 ydel
95; salvo por lo que se refiere a la figura apostólica deJosé Martí. Hace
años Fraga prologó la compilación de constituciones cubanas que edita
ra el Dr. Andrés M. Lazcano, Presidente de Sala de la Audiencia de La
Habana.1 Este prólogo indignó a varias instituciones criollas como la
Academia de la Historia de Cuba, el Colegio Nacional de Abogados y la
Universidad de La Habana. En su respuesta, el Dr. Elias Entralgo Valli
na, catedrático de Historia de Cuba de la propia universidad habanera,
señaló, entre otras cosas, que el entonces director del Institutode Cultu
ra Hispánica, al citar en su trabajo una investigación de Entralgo sobre
la Guerra de 1868, no había consignado ni uno solo de los treinta y cua
tro méritos que el catedrático habanero hubo de anotar en el haber de
los revolucionarios cubanos, pero que "fue a escoger precisamente el
apunte de uno de losdefectos [pero] sin [siquiera] reproducirlo en for
ma textual".2 Por su parte, el Embajador Azcárate en su libro La Guerra
del 98, fue más allá.3 En sus más de doscientas páginas no trata para nada
de las luchas iniciadas noventa años antes del hecho bélico que historia.
Su única referencia al respecto, es constatar, al final del libro y en forma
1Andrés María Lazcano y Mazón. Las Constituáones de Cuba (Madrid: Ediciones
Cultura Hispánica, 1952), pp. VII-XLII.
2Elias EntralgoyVallina "Elresentimientode un prólogo",Lecturas yEstudios (La
Habana: Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, 1962), p. 285.
' Pablo de Azcárate. La Guerra del98 (Madrid, Alianza Editorial, 1968), 219 pp.
153
154 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
caprichosa queen laCuba de hoy se"rinde el culto que justificadamen
te merecen las grandes figuras de laguerra contra ladominación espa
ñola en el siglo XIX."4 En Cubasiempre se ha rendido tributo tanto a las
grandes figuras como a los soldados de a pie que participaron en las lu
chas emancipadoras. Además, en relación con lahermana nación puer
torriqueña, el señor deAzcárate afirma: "En ningún momento lapobla
ción de Puerto Rico había mostrado descontento con la dominación es
pañola."5Este aserto se repite varias veces. Evidentemente, el señor Em
bajador no se ha enterado del Grito de Lares, ni de la labor de los pa
triotas puertorriqueños tales como Baldorioty de Castro,Juan Ríus Rive
ra yel médico José Emeterio Betances de quien, por cierto, se ha dicho
fue el autor intelectualdel magnicidio de Cánovas del Castillo."
No puedo a fuer de justo negar que hay historiadores españoles
como el Embajador Rubio, los señores Várela Ortega, Prieto Benavent,
Hernández Sánchez-Barba, yotros que han tratado con serenidad lasdi
fíciles relaciones entre ambos países, yotros intelectuales que sehan de
dicado al estudio profundoy cabal de nuestro José Martí, como lo son,
entre los mayores, el ilustre profesor y polígrafo don Guillermo Díaz
Plaja y, entre losmás jóvenes, el Prof. CarlosJavier Morales.
De todas maneras he creído mi deber iniciar este curso con un
análisis de los que laboraron -asi le llamaban "laborantes"- por la liber
tadylademocracia en el archipiélago cubano. En tornoa ello cabe pre
guntarnos; ¿cuándo aparecieron estos luchadores en la escenapolítica?,
¿cuál fue su razay su extracción social?, ¿cuál su sexo?, ¿cuál su ideolo
gía política?, y¿aqué partidos, bandoso coaligaciones se asociaron?
Las primeras rebeliones armadas contra el Gobierno colonial, la
de los negros esclavos de las minas de El Cobre y la de los vegueros ha
baneros, ocurrieron a principios del siglo XVIII.7 Sin embargo, no deja
ron secuela en la realidadpolítica -fácticao pensada- del país. También
es un antecedente aislado lasluchas de loscriollos -personificados en el
4Ibid.,p. 193.
"Ibid.,p.U7.
6Véase ellibro de Frank Fernández La Sangre de Santa Águeda. Angiolillo, Betances
y Cánovas. Análisis deun magniádioy sus consecuendas históricas. (Miami: EdicionesUni
versal, 1994), 186 pp.
7Véase la Historia de Cuba de Calixto Carlos Masó, publicada en Miami, Florida,
por Ediciones Universal en 1976, especialmente pp. 70, 76y 77.
Leonel de la Cuesta I55
inmortal Pepe Antonio, de Guanabacoa- al momento de la toma de La
Habana por los ingleses en 1762. En Cuba, la actividad política se aduna
al inicio de la Guerra de Independencia de España y, en el plano inte
lectual, corresponde al grupo de los criollos nacidos entre la toma de la
capital cubana por los británicos ylas expediciones invasoras de Narciso
López; se trata del grupo que encabezan don Francisco de Arango yPa-
rreño (1765-836), el Dr. Tomás Romay (1769 -1849), el Pbro. José Agus
tín Caballero de la Torre (1771-1835), el RegidorManuel de Zequeiray
Arango (1769-1846), el canónigo Bernardo O'Gaban (1782-1836), el
Pbro. Félix Várela yMorales (1787-1853), yelpolígrafoJosé Antonio Sa
co (1797-1879) .8 Dadas las circunstancias, la vida política cubana nace
con la invasión napoleónica de España y ha de continuar uncida a los
vaivenes de la política de la Metrópoli, pero tiene características pro
pias; por ejemplo, si según los historiadores liberales Fernando VII fue
el peor rey de España, para Cuba resultó un déspota benévolo. Apartir
de 1814 la hábil política del capitán general don Francisco Dionisio Vi
ves hacia los criollos les permitió cierto grado de participación en elgo
bierno insular ylalibre discusión delas ideas políticas, mas sin permitir
su aplicación práctica. Como podía esperarse nunca hubo conexión en
tre las teorías de ladirigencia blanca ylas espontáneas insurecciones de
los esclavos de las dotaciones. La experiencia haitiana de 1804 estaba
muy cerca.
El inicio de la Guerra Grande en 1868 marca la verdadera entrada
enacción, aunque imperfectamente coordinada, de todos los elementos
que componían la población cubana. Fraga Iribarne en su mentado en
sayo califica la contienda del 68 como una "guerra de caballeros afinca
dos", yafirma, además, que enlaGuerra del 95 "intelectuales ycampesi
nos pobres llenaron sus huecos", es decir, los huecos dejados por aquella
brillante oligarquía terrateniente, que de modo bien poco egoísta enar-
bola los principios liberales yse bate por una idea teórica de libertad y
progreso; sigue diciendo Fraga que en el 95 "se levantará una nueva clase
dirigente, menos patricia, más distante de la tradición, más burguesa".9
Lleva algo de razón el estadista gallego al juzgar laclase social de laque
8Las biografías deestos patriotas están consignadas en eltomo corespondiente
del Dicdonario Biográfico Cubano deFermín Peraza Sarausa, catorce tomos, publicado en
Coral Gables, Florida, EE. UU. en 1964.
lJ Opát,p. XV.
156 Cienaños de Historia de Cuba (i898-1998)
proviene la dirigencia de la Revolución del 68, pero a mi dictamen su
análisis "se queda corto", como decimos en Cuba. La participación fue
como dije total. Es cierto que el núcleo rector del alzamiento tanto en
Oriente como en Camagüey provenía de criollos blancos, ricos, cultos,
graduados algunos en Europa y los EE. UU., pero hubo muchísimo más.
En este año en que secumplen ciento treinta años del toque de la cam
panade La Demajagua se ha de tener un recuerdo para Carlos Manuel
deCéspedes, elPadre delaPatria, ypara Ignacio Agramonte, elBayardo.
Como dice Entralgo:
Apesarde que, por tradición yhastapor herencia, debían tener endureci
dalasensibilidad social en elrespeto intangible a lapropiedad privada bajo el
concepto romanista deluso, disfrute yabuso delamisma, expusieron sus gran
des bienes de fortuna a las represalias -sospechables por conocidas- de las au
toridades políticas españolas (alcabotalriesgo se rematóen lasconfiscaciones
de bienes) ylibertaron a sus esclavos. Estas dotaciones negras de los ingenios
azucareros nutrieron las filas de los soldados de la insurrección."1
Pero a los negros, manumitidos primero privadamente por sus
amos ydespués, en general, por ley revolucionaria, sesumaron pronto
otros grupos populares, esos pobresque Fragalimitaa la Guerra del 95.
En primer lugar, un nutrido grupo de militares dominicanos en
trenados en belicología decimonónica por el Ejército español durante
la reanexión de Quisqueya. A la cabeza de éstos hay que anotar a Máxi
mo Gómez Báez, futuro generalísimo de losejércitos criollos, a Modesto
Díaz, mariscal de campo de las reservas dominico-españolas, algeneral
Pedro Díaz, a LuisMarcanoya muchos más. A esosantillanos se le unen
negros y mulatos libres cubanos como Antonio de la Caridad Maceo y
Grajales, futuro lugarteniente general, y sus hermanos Marcos yJosé,
también Quintín Banderas, Jesús Rabí, Guillermo Moneada y varios
otros que escalarían al generalato antes del fin de la Guerra Grande. To
davía haymás. Participan en lasoperaciones bélicas hermanosde lasde
más naciones hispanoamericanas como Juan Ríus Rivera, puertorrique
ño, los peruanosJosé Payan yLeoncio Prado, el colombianoJosé Roge
lio Castillo, los venezolanos José María Aurrecochea, José M. Barreto y
Armando Manvit. De norteamérica también llegó ayuda desinteresada
'" Elias Entralgo yVallina. Períoca Soáográfica de la Cubanidad (La Habana: [Link]
súsMontero, 1947), pp. 33y 34.
Leonel de la Cuesta 157
en las personas de los cubano-americanos Adolfo yFederico Fernández
Cavada, veteranos de la Guerra Civil estadounidense, de Thomas Jor
dán, oficial graduado de West Point, y de HenryReeves, "el americani-
to", joven casi adolescente. De Europa inclusive nos llegaron efectivos
con el irlandésWilliam O'Ryan y el francés Joseph de Beauvilliers a la
cabeza. Para dar una idea de lo omnicomprensivo del movimiento del
68 en lo social y en lo étnico, baste recordar que entre los extranjeros
autorizados por la Constitución de 1901 para ser Presidente de la Repú
blica sin haber nacido en Cuba se encontraban, no sólo Máximo Gómez
Báez, sino también el general Carlos Roloff, judío nacidoen Polonia yel
capitán José Bo, asiático nacido en la China. Finalmente, hay que con
signar que lajusticia de lacausa cubana fue tan obvia que hasta hubo es
pañoles que se incorporaron a las fuerzas mambisas, como el coronel
Diego Dorado, andaluz, y el isleño Manuel Suárez, que no lucharon
contra su patria sino contra los malos gobiernos que sufrían por igual
criollos, canarios y pensinsulares." Hasta ahora les he hablado de hom
bresde todaslas razas yextracciones sociales, pero también luchó-iy de
qué manera!- la mujer cubana.
En la mejortradición de María Pitayde Agustina Domenech, laca
pitana Luz Palomares García tomó parte activa en combates y batallas.
Otras se fueron al monte a acompañar a susesposos como Bernarda To
ro de Gómez, Mañana, esposa del generalísimo Máximo Gómez, ella
junto con Concha Agramonte yMariana Grajales ofrendaron a la patria
los hijos nacidos de sus entrañas.
En la Emigración Revolucionaria se destacaron muchas mujeres,
recordemoslos nombres de la periodistaEmilia Casanova y el de Martha
Abreu de Estévez, paradigma de la mujer rica que puso su fortuna a la
disposición de los luchadores por la libertad, y el de Ana María Aguiar,
de familia pobre, que ofrendó lo único que tenía;su propia vida.12
Pero lo másinteresante ymenos conocido de la participaciónde la
mujeren la Guerra del 68 pertenece al ramo de la historia de lasdoctri
nas socio-politicas. Me refiero a la intervención de Ana Betancourt de
" Para más datos sobre estos patriotas remitimos al lector nuevamente al Dicáo-
nario Biográfico Cubano, ya citado.
12 Los datos sobre estasmujeres provienen del libro de Vicentina ElsaRodríguez
de Cuesta Patriotas Cubanas. Segunda edición corregida y aumentada. (Pinar del Río:
Heraldo Pinareño, 1952), 196 pp.
158 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
Mora en la Asambleade Guáimaro. Ana, agente de la Revolución en Ca
magüey, pidió permiso para dirigirse a los creadores de la Constitución
de 1868y les dijo:
Ciudadanos:
La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba pa
ciente y resignadaesta hora sublime, en que una revolución justa rompe su yu
go, le desata las alas.
Todo era esclavo en Cuba: la cuna , el color, el sexo.
Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna, peleando hasta morir si
es necesario.
La esclavitud del color no existeya,habéis emancipado al siervo.
Cuando llegueel momento de libertar a la mujer, el cubano que ha echado
abajo la esclavitud de la cuna yla esclavitud del color,consagrará también su al
ma generosa a la conquistade losderechos de la que es hoyen la guerra su her
mana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera
ejemplar."
Aunque en apariencia un ruego, el vocabulario escogido y la oca
sión aprovechada parece hacer de este discurso más que una súplica,
una exigencia. Recuérdese, además, que fue pronunciado hace ciento
treinta años, a losdiez años, aproximadamente, de haberse promulgado
en España la leyque hacía obligatoriala primera enseñanza para la mu
jer, en un sitio perdido de la geografía antillana y con poquísimos ante
cedentes. Fue un eco claro de la acción de la francesa Olympe de Gou-
ges quien en 1791 redactara su Déclaration des droits de lafemme et de la ci-
toyenne.u Ni la una ni la otra consiguieron nada efectivo pero, Olympe
perdió la vidaen 1793 por mantener susideasmientrasque Ana Betan-
court recibió los parabienes de los patriotas reunidos en Guáimaro.
Creo haber probado la magnitud de la participación popular en la
Guerra del [Link] los autores están de acuerdo en que la misma au
mentó notablemente en la del 95. A lo émico y de género -como dicen
ahora- hubo de agregarse lo obrero.
En relación con el aspecto racial Entralgo ha manifestado:
Un factor étnico, aún no estudiado en general y mucho menos en su
aplicación a aquellas circunstancias, resulta decisivo entonces: el mulato. Los
"Op át,p.\?>\.
MVéase para mayor información sobre esta feministafrancesa la obra de Eulalia
de la Vega Lamujer en lahistoria (Madrid: Anaya, 1992),pp. 46y 47.
Leonel de la Cuesta 159
negros, a medidaque se iban liberando, salían, huían más bien, de loscampos
-recuerdos para ellos de seculares tormentos- y se establecían en laspoblacio
nes, donde siempre se les había tratado mejor. El contacto entre grupos más
numerosos de gentes blancas y negras produjo un gran aumento de los mula
[Link] mulatización en susvarios matices estaba en su apogeoal ha
cerse esta nueva llamada independentista. Ya ella respondió, por abajo y por
arriba, con cantidades de muchedumbre mulatera ycon calidadesde dirección
mulatizada, nuestro mulataje... La invasión-que ha sido sin lugar a dudas el es
fuerzo colectivo más notable realizado hasta hoy por los cubanos- fue un em
peño mulato, por los hombresy por los nombres, por sussoldados anónimosy
por susjefes famosos.1'
Yaún se podría ahondar más en la participación del negro y de la
mujer. Baste decir que aparte de la presencia femenina en la manigua,
muchísimo más activa en el 95, con mujeres tales como Isabel Rubio,
Adela Azcuy y Regla Socarras de Prío, por mencionar sólo a tres de mi
provincia pinareña, hayque hacer constarla actividad femenina en la or
ganización de los clubes revolucionarios que sirvieran para proporcio
nar recursos humanos y económicos a los soldados de la insurección.1"
También es menester apuntar que en la Guerra de Independen
cia, dirigida por el Partido Revolucionario Cubano de Martí, tuvo parti
cipación activísima el obrerismo organizado. No fueron fáciles las rela
ciones iniciales entre los anarquistas y los separatistas dada la actitud
apartidista de los primeros.17 Sin embargo, en enero de 1892 los anar
quistas celebran un Congreso Regional cubano donde acuerdan que:
"seríaabsurdo que el hombre que aspira a la libertad individual se opu
siera a la libertad colectiva de un pueblo;"'* yse incorporan a la lucha in-
15 Entralgo, Períoca, etc., op át, pp. 43 y 44.
I(i Además de las obras de Masóy Rodríguez de Cuesta puede consultarse el artí
culo del cubanólogo francés Paul Estrade " Los clubes femeninos del Partido Revolu
cionario Cubano", Anuario del Centro deEstudios Martianos, La Habana, 10/1982, pp.
175-201, ambas inclusive. Allíaparecen largaslistasde laspatriotasylos clubesque diri
gían y animaban.
17 Para mayorinformaciónal respectovéase de GeraldPoyo: "TheAnarchistCha
llenge to the Cuban Independence Movement" Cuban Studies/Estudios Cubanos, Univer-
sityof Pittsburg, Winter 85, pp. 34 y ss.
" Para mayor información al respecto, véase de Frank Fernández ^Historia. Los
anarquistas cubanos (1865-1898)" Guángara Libertaria, Miami, Florida. Invierno, 1984,
Vol. V, No. 17,pp. 4-7, ambasinclusive. La cita anterior aparece en la página 5.
160 Cien años de Historia de Cuba ( i898-1998)
depedentista con líderes del calibre de Enrique Messonier, Carlos Bali-
ño y Ramón Rivero.1"
Para cerrar este segmento sobre los patriotas -y las patriotas- de
nuestras guerras libertarias, quisiera referirme a un problema de ética
política que se encadena a la segunda parte de este trabajo, me refiero a
la ideología y acción políticas de los actores de la lucha por la libertad
en Cuba. En otras palabras ¿a quiénes debemos llamar patriotas? Para
contester a esta pregunta clave apelo al gran maestro de todos los cuba
nos, aJosé Martí. El 14 de abril de 1893 escribió en su periódico Patria:
"La primera cualidad del patriota es el desistimiento de sí propio; la de
saparición de las pasiones o las preferencias personales ante la realidad
pública, y la necesidad de acomodar a las formas de ella el ideal de la
justicia". Yyaantes, el 14 de marzo de 1892, también en Patria, había es
tablecido: "El patriotismo es un deber santo cuando se lucha por poner
la patria en condición de que vivan en ella más felices los hombres". Así
resulta que "el desistimiento de sí propio" y el objetivode hacer que en
ella "vivan ... más felices los hombres" son las dos características del pa
triotismo. Volveré a esto más adelante. ¿Cuáles son los cauces por los
que discurre la vida política cubana en el siglo XIX? El Prof. Ramón In-
fiesta los resumió así:
Hay quienes se conforman con esperar del gobierno metropolitano la rectifica
ción de sus métodos y por ende, la satisfacción de las necesidades insulares mediante
una adaptación del status quo a las realidades coloniales: son los reformistas. Otros van
más allá y opinan que es posible, bajo la supervisión superior y el alto control yvigilancia
de la Metrópoli, confiar a los habitantes de la Isla el estudio y acuerdo de su problemáti
ca particular: son los autonomistas. En fin, existen aquéllos que entienden que única
mente enüegando a los hijos de la Isla la determinación de su futuro político es que se
solucionará la permanente crisisde la Colonia: son los separatistas. Ycuenta, junto a estas
tres maneras de opinión, la de aquéllos que, desconfiando de la posibilidad de que Cu
ba sea independiente, que no creyendo que España otorgue los elementos de libertad
necesarios para constituir un régimen autonómico, y viviendo convencidos de que los
partidarios del status quo y los intereses creados impedirán en todo momento aquellas
reformas necesarias para que Cuba supere el estancamiento político en que la mantie-
19 Algunosconnotados dirigentes anarquistas también lo fueron del PRC martia-
no, entre otros: Juan de Dios Barrios, Ambrosio Borges, Gualterio García, Francisco
María González, Ángel Peláez, Luis M. Pérez, Teodoro Pérez, José Dolores Poyo, Pablo
Rousseau, Ramón Santana y Pastor Sergada entre otros; según afirma Frank Fernández
en su artículo mencionado en la nota precedente.
Leonel de la Cuesta 161
nen sus problemas legales y económicos, deliberadamente no resueltos, se deciden por
la incorporación a la Unión Americana, dentro de la cual, esperan encontrar libertad,
justicia, comprensión económica yprotección de intereses: sonlos anexionistas.20
Todo ello, como también apunta el mencionado autor, dentro de
una problemática donde junto al tema de la opción política figuran el
problema económico-social de la esclavitud y el más económico del fin
del monopolio mercantil peninsular.
Retomo ahora la cuestión apuntada antes y me pregunto: ¿pode
mos considerar patriotas a los anexionistas? La pregunta no es fácil de
contestar. José Antonio Saco, el gran paladín contra la anexión, subrayó
con acierto que con toda posibilidad la anexión de Cuba a los EE. UU.
hubiera significado la absorción de aquélla por éstos. Postulaba el ilus
tre bayamés- "...yo quiero que Cuba sea para los cubanos y no para una
raza extranjera..."21 Pero esto no era ciertamente lo querido por hom
bres como Gaspar Betancourt Cisneros, Miguel Teurbe Tolón, Miguel
Aldama, Leonardo Santos Suárez, Domingo Goicuría y otros. Desde la
óptica del siglo XX estos cubanos nos parecen equivocados, ingenuos
quizá, pero, en la mayoría de los citados, su deseo de conseguir la felici
dad entre los cubanos y su relativo desinterés -variable, concedo, según
cada caso- me inclina a incluirlos en la nómina de los patriotas. Patrio
tas errados mas sinceros y por ello subsumibles en el dictum martiano se
gún el cual "el hombre sincero tiene derecho al error".22
No voya hacer la apología del Autonomismo pues ya la han hecho
plumas más brillantes que la mía. Recordaré tan solo que el historiador
marxista Elias Entralgo -ya citado- dice al respecto: "Lasclases medias
cubanas ... encontraron en esa tendencia política su vehículo de expre
sión,"23 pero al mismo tiempo apunta: "... hay que recordar aquí, que
los automistas no fueron indiferentes a la tragedia de ciertas clases po
pulares, que no escatimaron esfuerzos racionales de propaganda -la
prensa, la tribuna política y parlamentaria...- para limar las últimas ca
denas de los negros esclavos, las cuales lograron romper en 1886 con la
20 Ramón Infiesta Bagés. Historia Constitucional de Cuba (La Habana: Cultural,
1951), p. 62.
21 En carta de José Antonio Saco a Gaspar Betancourt Cisneros, elLugareño, pu
blicada en el libro Contra la anexión (La Habana, 1928), t. II, p. 10.
22 Patria, Nueva York, 8 de septiembre de 1894.
23 Entralgo, Períoca Soáográfica dela Cubanidad, op. cit, p. 40.
162 Cien años de Historia de Cuba (i898-1998)
abolición del Patronato".24 Entralgo distingue entre el Autonomismo y
el Anexionismo al reconocer que el primero no fue "el movimiento ais
lado de un grupo distinguido que concentraba casi todas sus actividades
en la capital de la Isla, sino que se organizó como partido político con
dirigentes y afiliados nacionales y locales hasta los últimos rincones del
país."25 Se trató de hombres ilustres que:
"Tuvieron una actitud eminentemente racionalista, subordinándole la voluntad
y subalternándole la sensibilidad. Por eso, amurallados en la razón, petrificados en la
razón, condenaron enérgicamente las manifestaciones de la violencia; las expresiones
del instinto, de pasión, de emoción o de intuición que les salieron al paso con la Gue
rra Chiquita, o que se les fueron encima con la insurección del 95."21'
El filósofo del derecho cubano Antonio Sánchez de Bustamante y
Montoro -si bien parte interesada- afirmó que el separatismo de Martí
y el autonomismo de Montoro (su abuelo) no eran sino "dos sistemas ar
quitectónicos diversos para construir el Estado nacional."27 Que ello es
cierto lo prueba cómo el gran patriota, filósofo y pedagogo Enrique Jo
sé Varona fue primero autonomista y después separatista. Itinerario que
siguieron muchos de los que hoy figuran como beneméritos de la Pa
tria.
Estos cuatro movimientos: reformista, separatista, autonomista y
anexionista marcan los derroteros políticos de Cuba en la pasada centu
ria los cuales, integrados en la historia general del archipiélago, consti
tuyen una búsqueda de la libertad de carácter dialéctico o cuasi dialécti
co, búsqueda que, según el hispanista y cubanólogo británico Hugh
Thomas, constituye la esencia de lo cubano en materia política.28 A esta
lucha dialéctica por la libertad hay que añadirle -creo- un corolario: el
constitucionalismo. Cada vez que entre cubanos se manifiesta la viven
cia política, las ideas rectoras se plasman en una carta constitucional. La
excepción fue el reformismo por su propia naturaleza y quizás haya
2> Ibid., p. 41.
25 Op. át, p. 39.
26 Op. át, p. 40.
27 Antonio Sánchez de Bustamante y Montoro La ideología autonomista (La Haba
na, 1933), p. 8.
2ti Hugh Thomas Cuba. ThePursuit ofFreedom (NuevaYork: Harper & Row, 1971),
pp. 1491-94 ypassim.
Leonel de la Cuesta 163
quien crea que la verdadera excepción la constituyó el Partido Revolu
cionario Cubano de Martí, pero su programa,junto con el Manifiesto
de Montechristi, sirvieron de base a la Constitución de 1901.
¿Cuáles fueron estas constituciones? Por orden cronológico yfilia
ción ideológica, tenemos: la constitución deJoaquín Infante (separatis
ta, 1810o 12); las constituciones autonómicas del [Link]é Agustín Ca
ballero de la Torre (1811), la del Regidor Claudio Gabriel Zequeira
(1812) y la del Pbro. Félix Várela y Morales (1823); la constitución en
apariencia separatista pero para muchos anexionista de Narciso López y
Urriola (1850); las constituciones separatistas de Guáimaro (1868), de
Baraguá (1878), la deJimaguayú (1895) yla de LaYaya (1897) .2<J Todas
ellas correspondieron a la ideología liberalen su manifestación republi
cana. Todas ellas intentaron organizar la sociedad política en función
del individuo a fin de defenderlo del poder omnímodo del Estado per
sonificado en los monarcas absolutos de derecho divino,y ello mediante
una escrupulosa división de los poderes del Estado y una enumeración
de los derechos individuales anteriores y superiores al mismo. En Cuba,
a diferencia de Argentina, México y Brasil, no hubo partidarios de la
monarquía parlamentaria como forma de gobierno aunque, paradóji
camente, Cuba sea el país latinoamericano con el mayornúmero de na
turales que haya contraído matrimonio con miembros de las casas rei
nantes europeas. Hoyse cuentan en número de ocho.30
El análisis detallado de nuestras cartas constitucionales ha sido ob
jeto de un libroque publiqué hace casi un cuarto de siglo. Resulta impo
sible glosarlo en unos pocas líneasmasintentaré destacar brevísimamen-
te las principales características de las constitucionesmásimportantes.
La Constitución de Guáimaro fue la primera acordada por una
asamblea electa. Consistía en 29 artículos de los cuales uno solo consti
tuía la parte dogmática; se aseguraban laslibertadesde culto, imprenta,
" Haytres compilaciones de lasconstituciones que han regido en Cuba o fueron
escritas con tal fin: Antonio Barreras-Gil y Martínez-Malo Textos delas constituciones de
Cuba (1812-1940) (La Habana: Minerva, 1940), 622 pp. Andrés María Lazcanoy Mazón
LasConstituáones deCuba (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1952), 1066 pp., y Le
onel-Antonio de la Cuesta Constituáones cubanas. Desde 1812 hasta nuestros días (Nueva
York: EdicionesExilio, 1974), 539 pp. Los datos sobre las constitucionesque acabo de
enumerar están tomados de este último libro.
*" La cifra es provisional pues estoy trabajando en este asunto.
164 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
reunión, enseñanza y petición y se agregaba que la cámara legislativa no
podría atacar ninguno de los derechos inalienablesdel pueblo pero no
se definían éstos. Como parte orgánica, 19 de los 28 artículos se destina
ban a reglamentar las facultades de la Cámaray reducía a un mínimo las
funciones del ejecutivo. Los generales quedaban sometidos a los dictá
menes del poder legislativo. Reflejaba este curioso ordenamiento las
pugnas surgidas dentro de los patriotas: el ejecutivismo de Carlos Ma
nuel de Céspedes se oponía al parlamentarismo de Ignacio Agramonte.
El predominio del parlamentarismo en una situación de guerra contri
buyó en no poco a la falta de éxito de la Guerra del 68, pero señaló el
triunfo del civilismo frente al militarismo.
La Constitución de Jimaguayú. Se firmó el 16 de septiembre de
1895, tras la entrevista de La Mejorana entre Martí, Maceo y Máximo
Gómez. En esta reunión se había vuelto a plantear el conflicto entre lo
civil y lo militar. Martí, civilista, se oponía a Maceoque quería dar mayor
peso al sector militar, si bien el Apóstol le concedía una mayorparticipa
ción a los generales en la conducción de la guerra. Gómez parecía mos
trarse ecléctico. Esa fue la actitud que predominó. Con 24 artículos es
tructuró la República en Armas en derredor de un organismo llamado
Consejo de Gobierno donde se confundían los poderes ejecutivo ylegis
lativo. La lucha armada la dirigían los generales pero el Consejo podía
intervenir si las operaciones bélicas tenían repercusiones políticas. Ca
recía de parte dogmática. Regiría por dos años.
En esos dos años -la nueva carta fue firmada el 29 de octubre de
1897- ocurren con la rapidez de una cinta cinematográfica multitud de
hechos trascendentes en la historia patria. El 22 de octubre de 1896 se
inicia la invasión de las provincias occidentales dirigida por Gómez y
Maceo. El 17 de enero de 1896 resigna el mando el general Martínez
Campos tras fracasar en su campaña de pacificación. El 10 de febrero
llega a Cuba Valeriano Weyler y una semanadespués dicta un bando en
que ordena la reconcentración de pacíficos. Los mambises responden
con la táctica de la tierra quemada. El 8 de agosto de 1897 ocurre el
magnicidiode Antonio Cánovas del Castillo. Pocosdías después de pro
mulgada la nueva constitución, el 1ro de noviembre de 1897, Weyler es
reemplazado por el general Ramón Blanco y Arenas, y el 23 del propio
mes Maceo concluye la invasión con la toma del pueblo de Mantua en
Pinar del Río.
Leonel de la Cuesta 165
La Constitución de La Yaya. Esta carta en opinión de Enrique Her
nández Corujo "es de los textos constitucionales revolucionarios el más
completo", pues modifica la parte orgánica de su predecesora con fun
damento en la experiencia de dos años de lucha, y adiciona la parte
dogmática de que la otra carecía. Aparecen el babeas corpus, la libertad
de religión, de enseñanza; el derecho de petición; el principio de igual
dad ante el impuesto; la inviolabilidaddel domicilio; el sufragio univer
saly las libertades de reunión, opinión y asociación. Contenía 48 artícu
los, el doble de la de Jimaguayú.
La vigenciade esta carta fue breve. Un nuevo aluvión de aconteci
mientos aceleran el fin de la contienda: El 1ro de enero de 1898 se esta
blece el Gobierno Autónomo de la Isla; el 9 de febrero se publica una
Carta del Ministro español en Washington con expresiones poco hala
güeñas para el presidente McKinley; el 15 de febrero vuela el acorazado
Maine en la bahía de La Habana; el 21 de abril se rompen las hostilida
des entre España y los EE. UU. y el 16 de julio capitula Santiago de Cuba y
termina el segmento hispano-cubano-americano de la Guerra de Inde
pendencia.
Tras casi tres años de ocupación militar, el 21 de febrero de 1901,
se firmó la primera de las Constituciones cubanas del siglo XX. Esta car
ta resultó el primer mito político de la naciente república pues su cum
plimiento fue el vértice de la vida cívica hasta la caída de Machado en
1933. El resto de la década del treinta estuvo dominado por el tema de
dotar al país de una nueva Constitución, única nota común en los pro
gramas de Batista y Grau. La Constitución de 1940 se convirtió en las dé
cadas de los cuarenta y los cincuenta en el primer mito político del país
y fue invocada por Grau, Chibas, Prío, Batista y Fidel Castro. Ha sido el
último de nuestros documentos constitucionales democráticos.
Como se ha visto la historia política de Cuba es, como todas las his
torias nacionales, el resultado de la compleja participación de ideas y de
fuerzas, unas internas y otras externas. A las últimas me he tenido que
referir sólo de pasada.
Para terminar, permítaseme señalar que una constante en la lucha
por la libertad y el constitucionalismo cubanos ha sido el bregar siem
pre con un itinerario histórico singular y único. Por eso cada victoria de
la libertad ha costado ríos de sangre y esfuerzos ingentes. Durante más
de treinta años luchamos en el siglo XIX; llevamos casi cuarenta en éste
166 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
que ya se nos acaba. Yo tengo fe que si en el XIX triunfamos imperfecta
mente, próximamente triunfaremos cumplidamente. Esa es mi fe, la fe
que iluminó a tantos patriotas; la fe que se plasmó en nuestras constitu
ciones; la fe que nutre nuestra esperanza -y esperar, dijo Martí, es
vencer.
LA PRIMERA REPÚBLICA: (1899-1921)
LEOPOLDO FORNÉS BONAVÍA
Cuba había quedado exhausta al finalizar la Guerra Grande en
1878, que los historiadores dieron en llamar la Guerra de los DiezAños.
Reducido el esfuerzo militar independentista a las provincias del este,
principalmente Camagüey yOriente, la Paz del Zanjón fue firmada por la
mayoría de losjefes, líderes y caudillos insurrectos. Como contraparti
da, el Gral. ArsenioMartínezCampos, conocido en Españapor el Pacifi
cador. A pesar de la Protesta de Baraguá pronunciada por el valiente cau
dillo militar Antonio Maceo Grajales y la llamada Guerra Chiquita enca
bezada por el Gral. Calixto García, que terminó en fracaso, Cuba pudo
restañar parte de susheridas entre 1880y 1894ydisfrutar de un período
de relativa calma y libertades políticas relativasacordes con la Restaura
ción alfonsina española. Estas hubieran podido sentar de inmediato las
basesde una autonomía sóliday duradera similaral Acta de Dominio que
la Gran Bretaña victorianahabía concedido, graciosae inteligentemen
te, a su colonia canadiense en América del Norte en 1867.
A pesar del indudable talento político de Antonio Cánovas del Cas
tillo, artífice de la Restauración a partir de 1876, su visión de los territo
rios bajo la Corona española del Mar Caribe y del Océano Pacíficoden
tro del contexto geopolítico en que se desenvolvían y de los nuevos po
deres imperiales emergentes en su tiempo, no alcanzó a ver el futuro
con nitidez ni en Asia ni en América. Ytodo ello a pesar de la nueva pre
sencia del imperio japonés, surgido de la revolución Meiji; de la nueva
talasocracia americana imperial (en imitación de sus ancestros británi
cos) y de la presencia de la autocrática Rusia zarista tanto en la Alaska
rusa hasta 1869 como en Puerto Arturo, China, en la última década del
siglo XIX. Esesta nueva presencia imperial la que llevó a los grupos diri
gentes estadounidenses-expansionistas o no, 'jingoístas" o no- a plan
tearse su futuro como la gran nación que después de su guerra civil co
menzaba a perfilarse.
El África completa había quedado repartida en la Conferencia de
Berlín de 1884 por los poderes imperiales europeos, en franca compe
tencia "leal" hasta aquel momento. Elemergente yflamante imperio, en
167
168 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
este caso una república con ideas de la ilustración, economía capitalista
liberal y una ética enraizada en el ideal masónico, observaba preocupa
da lo que a su alrededor sucedía entre lasgrandes potencias imperiales.
Para las fuerzas vivas, para los dirigentes, para losjefes militares, sobre
todo para los marinos másconscientes de la nueva república imperial, el
año crucial pudo ser 1895.
Dotada de costas en ambos océanos observaba en su flanco meri
dional cómo a Cuba, su proveedora de azúcar y de muchos productos
tropicales,volvían las llamasde la guerra independentista en febrero de
1895 pero, sobre todo, la tea "redentora" que quemaba sus cañaverales.
En China el imperio japonés había derrotado a la viejaoligarquía de los
mandarines y les había impuesto el reparto mediante el tratado de Shimo-
nosekiel 17 de abril de 1895.
En ese mismo año, la flota de Su Graciosa Majestad se desplazaba
hacia las fronteras entre la Venezuela oriental y la Guayana inglesa.
A punto estuvo la todavía imperfecta flota norteamericana de tener
que enfrentarse con los avezados marinos del viejo león británico, la
eficaz flota de Su Majestad, gran temor norteamericano durante todo
el siglo XIX.
Dos años más tarde, a finales de 1897, la flota imperial alemana
ocupa en China la bahía de Kiao-Chow. El imperio zaristaocupa Puerto
Arturo, ciudad ubicada en el extremo de la península entre la frontera
septentrional de Corea y el territorio chino. Ante tal despliegue la Gran
Bretaña se percata en primer lugar de la lejanía que implica para su flo
ta sus prósperas colonias asiáticas, las nuevas presencias imperiales y por
otro lado en el fácil acceso que tenían los nuevos EE. UU., gracias a sus
puertos del Océano Pacífico (San Diego, Los Angeles y San Francisco).
El Foreign Office ya está informado de la ley naval que el Ministro de
Marina alemán Alfred von Tirpitz hace aprobar al parlamento y al Kai
ser a finales de marzo de 1898.
La Gran Bretaña sondea a los EE. UU -de los que recibe sólo evasi
vas. Es temeroso el presidente MacKinley. Su deseo es que la flota de la
república sirva de parapeto y valladar a los imperios europeos en Asia.
Cuba, la isla grande, ubicada en el flanco sudeste de los EE. UU., desde
donde se domina todo el Mar Caribe, queda condenada por la lógica
geopolítica de los imperios- de la que los EE. UU. no sólo no puede esca
par sino de la que decide formar parte -y pasa, en virtud de la Guerra
Leopoldo Fornés Bonavía 169
Hispano-Cubano-América acaecida entre abril y agosto de 1898, a ma
nos de losEE. UU. y bajo su influjo. De él aún -a pesar de los esfuerzos de
determinados sectores- no ha conseguido salir.
Aclarada la triste inevitabilidad de la aplastante lógica de que el
imperio másfuerte desaloja al másdébil tanto en el Pacífico como en el
Caribe pasamos a conocer el devenir de la nueva Cuba que surge en
enero de 1899, ya separada del gobierno de Madrid, pero bajo la tutela
de la nueva Unión americana.
El protectorado americano
Promovido por los liberales de Sagastatras el asesinatode Cánovas
a manosde un anarquistaen agosto de 1897 Cubaconsigue, aunque tar
día, su autonomía. Así, la isla comienza su andadura el ls de enero de
1898, fecha que se repetirá y será clave en el devenir histórico de este si
glo para la islagrande. El autonomismo será breve. Apenas mesy medio
después se produce el quizá fortuito pero muy oportuno incidente del
acorazado "Maine" durante la noche del 11 de febrero de 1898 en la ba
hía de La Habana. El desenlace es conocido. La guerra contra España,
inocente de ese hecho, es inevitable. La Unión gana en todos los fren
tes, el marítimo y el terrestre, ayudada en este último por la tropa insu
rrecta cubana del Gral. Calixto García. El último acto del encuentro se
produce con el Tratado de París firmado el 10 de diciembre de 1898 en
tre el Reino de España y la República de América del Norte. Los cuba
nos son, a partir de ahora, convidados de piedra de su propio devenir.
No pueden decidir casi nada en su propio país, que pasa de estar coloni
zado y controlado económicamente por España a estar "protegido" por
los EE. UU.
Sin embargo, conscientesJohn R. Brooke y Leonard Wood, los dos
gobernadores americanos sucesivos, de que la islatenía una voluntad in
dependentista -ahora frustrada- y una personalidad propia yaformada
y diferente de la española, deciden apoyarse en personalidades ilustra
das de los grupos independentistas, de algunos autonomistas y a veces
hasta de españolistaspara recuperar la economía de la rica colonia. Wo
od desde Oriente, donde era gobernador y el Gral. Brooke desde La Ha
bana, desde los mismos 1899 promulgan una serie de leyes que conce-
170 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
den a la población cubana más libertades de las que jamás tuvieron. Así
el derecho de reunión, el de expresión, el de religión, y en especial, la
adquisición del "habeas corpus". Brooke primero y Wood después se
apoyarán en los cubanos civiles ilustrados y blancos en su inmensa ma
yoría además de contar con ilustres políticos y militares negros como
Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado y el Gral. Agustín Ce-
breco entre otros. Brooke realiza un censo en 1899 que arroja casi
1.600.000 habitantes, unos 400.000menos que en 1894consecuencia de
la guerra y de la tristemente célebre reconcentración del General Weyler.
Esta medida, si bien militarmente dio sus resultados para los intereses
de la metrópoli, puso políticamente al gobierno de España en la picota
y decidió al pueblo definitivamente a favor de la independencia.
Al acceder a la gobernación de Cuba el Gral. Wood en noviembre
de 1899 emprende varias tareas con la ayuda de brillantes cubanos. Lo
primero son las ordenanzas sanitarias para la limpieza de vehículos, vi
viendas, edificios, alcantarillado, pozos negros; puso muchos inodoros
hasta entonces un lujo de los patricios. Ordenó poner a los inmigrantes
que comenzaron a llegar masivamente por barco en cuarentena y así
prevenir las enfermedades. Con los hallazgos del Dr. Carlos J. Finlay,
que había descubierto el ciclo de la fiebre amarilla, erradicó tan terrible
enfermedad de la isla y de la zona caribeña. También encargo la obra
docente al erudito Enrique José Varona y a los pedagogos Alexis E. Frye
y Matthew E. Hanna quienes pusieron en práctica una reforma escolar
notable.
Percatado el gobernador Wood de que el país ya tenía una cons-
ciencia nacional y una lucha de treinta años tras de sí dio inicio a una re
forma política propiciando la elección de una Asamblea Constituyente
que dotó al país de su primera Carta Magna, la de 1901, la primera tras
la separación de España.
Tres defectos presentaba a nuestros ojos esta carta magna: en pri
mer lugar un exceso de poderes sobre el ejecutivo; el problema siempre
latente de la reelección, fuente de abusos, y una coletilla limitante de la
soberanía que fue incoporada el 12 de junio de 1901 la cual permitía,
entre otras cosas, que los EE. UU. interveniesen militar e institucional-
mente en el país si las circunstancias así lo exigían según el gobierno de
Washington: la enmienda propuesta por el Senador Orville Platt. La
Constitución nacía enmendada. Con una votación realizada en una co-
Leopoldo Fornés Bonavía 171
misión de constituyentes cubanos donde catorce votaron a favor, acepta
da más por pragmatismo que por convicción, contra once que se opu
sieron, se aceptó la inclusión de la tristementecélebre enmienda, omni
presente en la vidarepublicana hasta 1934.
Wood, militar y político también pragmático, decide organizar la
celebración de elecciones en el país para dotarlo así, finalmente yya en
mendado, de un gobierno cubano. Celebradas el 31 de diciembre de
1901 en éstas se elige a un candidato único apoyado por la mayoría de
los caudillos militaresy algunos de los autonomistas más destacados en
la persona de Don Tomás Estrada Palma, el delegado del Partido Revo
lucionario en los EE. UU. desde la muerte de José Martí en 1895, presi
dente de la república en armas en 1876 y de religión cuáquera, que ya
llevaba 20 años de exilio en los EE. UU. a sus espaldas. Su contrincante en
las elecciones, el General Bartolomé Masó, hombre también de inmen
so prestigio, había retirado su candidatura. Aunque estabaapoyado por
nacionalistas, radicales y población negra, decide retraerse en un acto
de funestas consecuencias para el futuro de la República por estar en
desacuerdo con la famosa enmienda y porque consideraba que la comi
sión de escrutinios estaba compuesta en su mayoríapor estradistas.
Primera presidencia de Cuba: Don Tomás Estrada Palma
El presidente Estrada comenzabaa gobernar en solitario el 20 de
mayo de 1902 con el apoyo del Gral. Máximo Gómez, José Miguel Gó
mez, Alfredo Zayas, el Gral. Manuel Sanguily y otros líderes militares y
civiles. En poco tiempo consiguió que la economía se recuperase a tra
vés de una política de austeridad, de ahorro y sin grandes gastos milita
res, logrando ahorrar ya en 1905 unos $24 millones, cifra nada despre
ciable por entonces. Fue la única vez que en la república la cifra de ma
estros superó a la de militares. Así, a través de una inteligente políticade
fomento de la inmigración europea, pactada en la Paz de París con los
americanosy tolerada por la población cubana en general, la economía
del país-descapitalizadoslos cubanos por el esfuerzode guerra- queda
ba el comercio en gran parte en manos españolas;y lasinversiones agra
rias e industriales y azucareras en manos norteamericanas, los únicos
que tenían capitaly tecnología suficientes para impulsar la industria.
172 Cien años de Historia de Cuba (1898-i998)
Sin embargo, en susaspectos másnegativos, esa inmigración irres
tricta provocó ya a finales de 1902 una huelga general cruenta debida a
la prioridadque en ciertos trabajos se seguía dando a losemigrantes es
pañoles sobre los cubanos, blancos o negros. LossenadoresMartín Mo-
rúa y Ricardo Dolz, conscientes del problema, uno negro yel otro blan
co, redactaron un proyecto de ley que estableciera proporciones para
dar trabajo a muchos cubanos. Esta recibió carpetazo y el olvido hasta
ser desempolvada en 1934.
El gobierno de Estrada firmó con los EE. UU. entre fines de 1902 y
1903 un Tratado Permanente con losEE. UU. por el cual cedía por 99 años
lasbases carboneras de Bahía Honda, al norte de Pinardel Río yla de la
zona de Caimanera en la bahía de Guantánamo, la última de las cuales
los cuerpos armados de los EE. UU. aún conservan. Asimismo, la isla de
Pinos quedaba bajo su tutela, manteniéndose así hasta 1925.
Pero los vientos políticos comenzaron a encresparse al querer el
Presidente Estrada reelegirse desde principios de 1905. Nombrado un
"gabinete de combate" dirigido por el General y abogado Fernando
Freyre de Andrade, éste concibió la idea de crear un Partido Moderado
para reelegir a Don Tomás y conminó a funcionarios y al pueblo en ge
neral a "moderarse", es decir, a inscribirse en el partido y comprometer
su voto forzosamente.
La oposicióna tan omnímoda medida coercitiva no se hizoesperar
y el propio General Máximo Gómez encabezó un nuevo movimiento de
oposición: el Partido Liberal. Sin embargo, los hombres gozamos de un
tiempo en esta Tierra y Gómez ya había cumplido su misión como cau
dillo militar. Falleció en junio de 1905, apenas un mes después de co
menzar su campaña, el hombre que hubiera podido aglutinar a los cu
banos dado el inmenso prestigio de que aún gozaba.
En su lugar se enfrentaron a los moderados la mucho más dudosa
candidatura del GeneralJosé Miguel Gómez como presidenteyAlfredo
Zayas como vicepresidente, ambos encabezando las dos facciones del
Partido Liberal. Elcaso del candidato a vicepresidente era especialmen
te sangrante pues había estado mezclado en desfalcos yen la compra de
bonos de pago a losveteranos de la guerra a bajo precio. Más tarde, du
rante la presidencia de ambos candidatos la corrupción alcanzó cotas
nunca vistasen Cuba, como ya veremos.
La campañafue especialmente coercitiva, sangrienta yespuria. Es-
Leopoldo Fornés Bonavía 173
tradafue reelegido sin oposición el le de diciembre de 1905 junto con
el General Domingo Méndez Capote en la vicepresidencia. Ante esta
flagrante violación del proceso democrático la reacción liberal, laoposi
ción de entonces, no se hizo esperar.
LA GUERRA DE AGOSTO: EL LEVANTAMIENTO LIBERAL DE 1906
El presidente Estrada tomaba posesión el 20 de mayo de 1906 ysólo
un mes después el Comité Central Revolucionario del Partido Liberal,
compuesto porlos generalesJosé Miguel Gómez, José deJesús Monteagu-
do, CarlosGarcíaVélez, el Com. Demetrio Castillo Duanyy los civilesJuan
Gualberto Gómez (negro), Martín Morúa Delgado (negro) yAlfredo Za-
yas decidieron organizar un levantamiento mezclado de civiles ymilitares
para cuyo éxito hicieron promesas quedifícilmente podían cumplir ydar
así trabajo a los sectores negros veteranos de laindependencia que habían
sido marginados por elgobierno interventor ypor elde Estrada Palma.
La insurrección estalló cuando el 19 de agosto de 1906el General
Faustino "Pino" Guerra se alzó con el apoyo de muchosnegrosentre los
poblados deArtemisa yConsolación delNorte tomando lapoblación pi-
nareña de SanJuan y Martínez. Asimismo fue apoyada en la provincia
de La Habana por el General Enrique Loynaz del Castillo cuya tropa se
acercóa La Habana. El presidente Estradano tenía un gran ejército que
oponer pues era una situación que no había previsto. No obstante, el
General Jesús Rabí, de raza negra, apoyó al presidentecon losefectivos
que teníaa sualcance. Laprimera víctima importante fueladelGeneral
Quintín Banderas, hombre rústico yvaliente, ya de 73 años, que había
peleado durante medio siglo por la independencia del país desde que
desembarca Narciso López a mediados de siglo y que se había visto so
metidoen la paza una marginación humillante. Noobstante, el país, los
radicales del país, en general, se habían acostumbrado a resolver sus
problemas con lasarmas. Después de haber tomado Arroyo Arenas, cer
ca de La Habana, con su grupo de alzados, fueron sorprendido por la
tropa gubernamental mientras dormía con algunos compañeros de ar
mas y macheteado hasta morir.
Con el propósito de provocar la intervención algunos sectores li
berales comenzaron a destruir propiedades americanas y británicas pa-
174 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
ra que los EE. UU., en virtud de la Enmienda Platt, expulsasen del poder
a Estrada y su grupo político.
Elgobierno norteamericano, a la sazónbajo el mando del General
Theodore Roosevelt, no deseaba otra intervención para no deteriorar
su imagen, algo empañada por haberse involucrado en la secesión de
Panamá en 1903 y por la intervención en Santo Domingo que había
propiciado en 1905. Querían ser mediadores no interventores, como
habían demostrado en la Paz de Portsmouth firmada en 1905 para po
ner término a la guerra entre rusos yjaponeses, donde estos últimos se
alzaron con la victoria sobre la vetusta flota del Zar.
El 8 de septiembre de 1906 el Secretario de Estado cubano Juan
O'Farril,junto con Frank Steinhart, de la embajada americana, solicita
ron dos barcos de guerra disuasorios en el puerto habanero. Roosevelt
opta por enviar a William H. Taft, secretario de defensa, y a Robert Ba-
con, subsecretario de estado, con el objeto de parlamentar con las par
tes en conflicto. En lasconversaciones con Domingo Méndez Capote, el
vicepresidente, y con Alfredo Zayas, este último muestra a los enviados
las falsificaciones de las boletas electorales y convence a los intervento
res. Los veteranos presentan un plan para que renuncien todos menos
Estrada Palma, de reconocida honestidad administrativa. Pero el presi
dente comete el error histórico de no aceptar ya que estimaba testaru
damente y sin ninguna visión política que los americanos debían apo
yarle. Desconfiaba de la honestidad de los liberales, no sin fundamento.
Por ello, encolerizado con la situación y cediendo a la fuerza de la rebe
lión, presentó su renuncia irrevocable al congreso el 25 de septiembre
de 1906contra la opinión del grupo de presión de losveteranos y de los
consejeros de Roosevelt. Estrada prefiere entregar los dineros ahorra
dos a los norteamericanos que a los liberales. Otro error por el que la
historia le pasará cuenta. Ante el vacíode poder Taft hace una proclama
a los cubanos el 29 de septiembre de 1906y nombra un gobierno provi
sional. Es la segunda intervención.
LA SEGUNDAINTERVENCIÓN AMERICANA
En virtud de la enmienda Platt incorporada a la constitución de
1901 graciasa la idea pragmática de que había que comenzar la andadu-
Leopoldo Fornés Bonavía 175
ra republicana de Cuba como fuera, el gobierno de Washington había
intervenido naval, militar e institucionalmente en Cuba pero las cir
cunstancias sientan un precedentepeligroso. Elgobierno cubano ha re
nunciado ante una rebelión armada; en vezde establecer negociaciones
solicita la intervención de un poder foráneo creyendo recibir su apoyo.
Los americanos se decantan por los liberales, uno de los dos conten
dientes en esta suerte de corta guerra civil. Taft se marcha del país y
nombra al abogado Charles E. Magoon a partir del 10 de octubre de
1906. Otra consecuencia negativa para el paíslo constituye que algunos
sectores negros marginados del país, que constituyen el 30% de la po
blación pero el 33% de losvotantes, cobran consciencia comorazapero
no como nación, contrario a la enseñanza martiana de que "cubano es
más que blanco ymás que negro". Magoon gobierna en estrecha unión
con Steinhart, funcionario de la embajada americana, emigrado alemán
que seestaba haciendo dueñodel transporte público por tranvías de La
Habana. Paragobernar nombra 2 comisiones consultivas en diciembre
de 1906, una con norteamericanos y otra compuesta de liberales, en los
cualesse vaa apoyar. El gran temor de Estrada, que ingenuamente pre
firió a los americanos, se hace realidad en los americanos, y los dineros
ahorrados por el ex-profesor desaparacen pronto hasta caer en una
deuda de $50 millones debido a una nueva modalidad de corrupción
que inauguraMagoon: pagara personas afines por trabajos que no rea
lizan. Ha nacido "la botella". Cuba deviene un paraíso fiscal de las inver
siones yla inmigración española continúasuflujo ininterrumpido. Con
parte de los fondos ahorrados por Estrada, Magoon crea un ejército
permanente a cuyo frente pone a casi todala oficialidad liberal.
Sin embargo, consciente de que su mandato no puede ser eterno
ordena en 1907 la realización de un censo de cara a unas previsibles
elecciones. Este da un saldo de algo más de 2 millones de cubanos. Al
propiciar la creación de nuevos partidos como el nuevo Partido Conser
vador, el Liberal Histórico de José Miguel Gómez, Ferrara y Morúa,jun
to con el Liberal escindido del anterior y bajo el liderazgo de Zayas co
mete el error de legalizar el nuevoPartidoIndependiente de Color, par
tido compuesto por negrosradicales dirigidos por Evaristo Estenoz. Sus
consecuencias se verían años más tarde. En las elecciones municipales
de agosto de 1908 se comprueba la gran mayoría que abarcan los dos
partidos liberales, frente al nuevo Partido Consevador dirigido por el
176 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
General Mario García Menocal. Las elecciones de noviembre de 1908
son un reflejo de las opiniones del país. Losliberalesjuntos triplican en
voto a losconservadores. ElGeneralJosé Miguel Gómez de presidente y
el ex- autonomista Alfredo Zayas barren en las elecciones frente a más
de medio millón de votos de los conservadores y unos pocos miles del
P.I.C. Magoon entrega el poder a un presidente Gómez, liberal, que ha
ganado laseleccionesen buena lid, con el apoyoyla esperanza de la ma
yoría de los negros, que esperan de él que corrija su apurada situación
de marginados.
LA SEGUNDA PRESIDENCIA:JOSÉ MIGUEL GÓMEZ YLOS LIBERALES
El gobierno de los liberales, que tantas expectativas había suscita
do, pronto generaría gran rechazo entre la población. Gómez puso en
funcionamiento una LeyEscolary fundó Granjas- escuela para técnicos
agrícolas, creó una Marina de Guerra inexistente al mandar hacer en
los EE. UU. los cruceros "Cuba" y "Patria"; también permitió la Lotería
Nacional y las peleas de gallos, ambas muy populares pero prohibidas
tanto por los gobernadores americanos como por el presidente Estrada.
Pero son más los aspectosnegativos que comienzan a aparecer en el ho
rizonte político. La corrupción económica, tan generalizada ya durante
el anterior gobierno de Magoon, se hace endémica. Zayistas y miguelis-
tas se pelean de nuevo porque estos últimos reciben más y mejores "bo
tellas" del nuevo presidente. Surge así una nueva cantidad de negocios
turbios -en Cuba los denominan "chivos"- en relación con la adjudica
ción de las colecturías de la lotería entregadas a sus partidarios y oposi
tores "amables". Además, se harán famosos, a través de la prensa que los
denuncia, los "chivos" (chanchullos) de los terrenos del Arsenal, de Vi-
llanueva , del Capitolio así como el de los dragados de la bahía de La
Habana. Los caricaturistas más mordaces representan al presidente Gó
mez paseando por la tarde, no a un perrito, sino a un chivoviejo y pelu
do. La reacción no se hace esperar yel gobierno de Gómezaprueba una
Ley de Defensa Nacional que le sirve en realidad como ley "mordaza"
contra la prensa opositora, aprobada en enero de 1910 la cual establece
el control rígido de cualquier información. Al mes siguiente el gobier
no comete un error aún peor que legalizar el P.I.C y es ilegalizarlo, en
Leopoldo Fornés Bonavía 177
febrero de 1910, para que nopueda participar enlapróxima contienda
electoral. Las ilusiones conqueel negro había elegido a los liberales, in
cluso los más moderados, van desvaneciéndose.
El senador negroliberal Martín Morúa Delgado promueve una en
mienda que prohibe constituir partidos sobre la base del color de la
piel. Es la famosa enmienda Morúa, que aparece en la Gaceta Oficial el
14 de mayo de 1910, un mes después de lamuerte de suautor ypromo
tor. Con ello queda ilegalizado el P.I.C. El PIC dañado, bajo la dirección
de Estenoz, lanza una campaña que le vale a su presidente ingresar en
prisión y comparecer ante los tribunales. Dada la índole política del
asunto elabogado conservador General Fernando Freyre deAndrade le
defiende yle saca libre de cargos por supuesta conspiración. Conserva
dores yliberales se siguen disputando el voto negro.
LA GUERRA DE 1912
Después de haber participado en larebelión cívico-militar de 1906
junto a los liberales yde haber visto el PIC legalizado por el gobernador
Magoon, la gota que colma la copa de la frustración de los sectores ne
gros radicales es lailegalización de su propio partido yuna enmienda li
beral promovida por Morúa, senador negro del Partido Liberal, que
prohibe crear partidos sobre labase del color. En lalucha por invalidar
la enmienda Morúa los líderes del PIC, encabezados por Estenoz y el
Cor. Pedro Ivonnet, se convencen de que la únicaforma de luchaes la
insurrección. Una vez más surge en la mente de loscubanos la rebelión
armada como solución. Pero Estenoz comete un error político garrafal
al apelar al gobierno norteamericano ya laenmienda Platt para que el
gobierno cubano respete los derechos de los negros. En Cuba, lamayo
ría de los cubanos detestaba la enmienda Platt, incluso aquellos sectores
que votaron ensu favor, como una limitación flagrante alasoberanía de
un país que había peleado tanto por su independencia. Se haafirmado
reiteradamente por algunos historiadores que conservadores y ciertos
sectores anexionistas, aún muy fuertes en la economía, estaban detrás
de lasacciones del PIC. ElPIC podía estarmanipulado por ambos con fi
nes espurios.
Ala sazón, el Consejo Nacional de Veteranos, dirigido por el Gral.
178 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
Emilio Núñez, promueve casi un levantamiento enprotesta por laprefe
rencia dada en ciertos trabajos que detentaban inmigrantes españoles y
"guerrilleros cubanos", tal como se denominaba entonces a los cubanos
que habían empuñado las armas en favor de España durante lacontien
da de 1895-1898. Pero esta protesta es abortada porlaclara amenaza de
intervención realizada porlapropia embajada de los EE. UU. La presión
sobre el gobierno de Gómez eraviolenta pero no se llegó en enero de
1912 a ningún choque armado con los veteranos porlas amenazas de in
tervención.
No fue así la suerte con los militantes del PIC. Estos deciden alzarse
en armas en mayo de 1912, recurren a la rebelión y a un pronuncia
miento por la zona de La Maya, al norte de Santiago de Cuba, con el
propósito, probablemente inconfeso, de provocar una nueva interven
ción americana de la que se beneficiarían indudablemente los partida
rios de laanexión a laUnión. El PIC luchaba por los derechos legítimos
de los negros; los anexionistas los utilizaban para conseguir la fusión
con el águila americana y los conservadores los manipulaban para de
rrocar a losliberales. La tragedia estabaservida.
El 19 de mayo estalló la insurrección en La Maya, Guantánamo y
Holguín, pero también en Sagua la Grande yCruces en Las Villas. Alos
alzados seincorporan unos 2.000 hombres bajo la dirección de Evaristo
Estenoz yPedro Ivonnet. De inmediatoel presidenteGómez envíamiles
de soldados hacia Oriente en un tren blindado así como a los flamantes
cruceros "Patria" y "Cuba", con órdenes drásticas y estrictas de evitar
cualquier intervención yreprimirsin contemplaciones a losinsurrectos.
El Consejo deVeteranos, hace sólo unos meses inconforme, apoya
al gobierno liberal, haciendo de mediadores los Generales Agustín Ce-
breco (negro) y Mario García-Menocal (blanco). Entretanto, inquieto
el presidente Taft por los acontecimientos decide enviar con carácter
preventivo una flota que recala en Cayo Hueso en espera de órdenes y
tres acorazados al sur de Oriente, cuyos soldados desembarcan en labo
res de policía para cuidar de las propiedadesnorteamericanas costeras.
La turbulencia política y militar provoca la violencia de determinados
sectores racistas en La Habana y Regla. Estos llegan a atacar a algunos
negros en la calle al objeto de lincharlos. En los combates de Oriente se
quema el poblado de La Maya el 1dejuniode 1912. Perseguidos los re
beldes negros por los Grales. Monteagudo yMendieta, la tropa de Gó-
Leopoldo Fornés Bonavía 179
mez los sorprende durmiendo yliquida físicamente a unos 150 de ellos.
Estenoz cae prisionero y, al parecer, se suicida o es asesinado, pero Pe
dro Ivonnet, se sabe, es conducido prisionero y en el camino cae asesi
nado por el suboficial Arsenio Ortiz, al parecer por orden del Gral.
Monteagudo. La guerra se salda con unos 3.000 muertos negros entre
militares alzados y civiles de la zona, apoyaran o no a los alzados, según
se dice. Nunca se sabrá con exactitud. El PIC había quedado desecho pa
ra siempre. Las ilusiones de los negros porconseguir un mundo másjus-
to en una Cubaindependiente también.
El gobierno de Gómez había evitado laintervención con gran bru
talidad contra los insurrectos negros y había conseguido evitar la inter
vención institucional y administrativa, pero había quedado tocado del
ala, tanto el presidente como su partido. Convocadas las nuevas eleccio
nes presidenciales en noviembre de 1912 los conservadores presentan
al General Ingeniero Mario García Menocal yDeop parala presidencia
junto con elfilósofo EnriqueJosé Varona en lavicepresidencia. El presi
dente Gómez, harto de laspresiones del poder,decideno presentarse a
la reelección y lleva de candidato presidencial, sin demasiada convic
ción, a Alfredo Zayas, que pierde loscomicios ante el candidato conser
vador.
la tercera presidencia democrática: el general mario garcía-
Menocal
El triunfo electorales para el GeneralMario García- Menocal yDe
op quien se lanza en una política general moralizante desde el 20 de
mayo de 1913 en que tomaposesión del cargo. Sibienesel primeroque
logra gobernar dos períodos presidenciales completos, suprimer perío
do, como vamos a ver, es infinitamente más positivo que el segundo.
En una rápida semblanza, Estrada Palma en su personalidad es la
sencillez y el ahorro personificados; Gómez es el populista criollo, sim
pático yalgo heterodoxo en sus manejos. Menocal (así sele conoce po
pularmente) es el gran señor cubano dotado de un autoritarismo que
emana de una personalidad con don de mando, naturalidad, seductora
yamistosa. Durante muchos años, hasta sumuerte, acaecida en 1941, in
tervendrá entre bambalinas más de una vez en la política del país. Acti-
180 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
vo desdeel año 1906 habíasidoJefe de Estado Mayor del General Calix
to García yjefe del 5S cuerpo Habana-Matanzas. Ya en la paz fue admi
nistrador del "Central Chaparra", inmenso y nuevo ingenio, el más
grande del mundo, que dirigió con mano firme. Ingeniero Civil por la
Universidad de Cornelldestacó en la guerra pues fue el vencedor en la
victoria de Las Tunas que consiguió su tropa dirigida por él frente al
ejército español. Salió elegido bajo el lema: "Honradez, paz y trabajo".
Elpueblo, con cierto retintín, le llamaba el Mayoral, que resaltaba suca
rácter popularyautoritario, por una tonadapolítica que se tarareaba en
aquellos años.
En el campo de la educación fundó 7 escuelas normales, una por
provincia y una escueladel hogar en la capital. A partir de su mandato
el profesorado es elegido por concurso de oposición. Asimismo comen
zó una política social que le llevó a aprobar leyes de retiro para los tra
bajadores de comunicaciones. Especial mérito tiene, a pesarde serel re
presentante de un gobierno conservador, el haberpromulgado una ley
de divorcio décadas antes que en otros países teóricamente másadelan
tados.
Fundamental fue en economía la leyde creación de la moneda na
cional en 1914, puesta en funcionamiento en 1915, primera monedale
gal que sustituía a las pesetas ydólares circulantes hasta entonces yque
mantuvo la paridad con el valor del dólar hasta 1961 en que comenzó a
devaluarse. Las inversiones norteamericanas continuaron principal
mente en la bancayen el azúcar, tanto en los centrales como en la pro
piedad de tierras, al punto de que llegaron a controlar más de la mitad
de la producción. En manos de losespañoles permanecían las inversio
nes comerciales dado que tenían los contactos con las casas madre en la
Península. Para llevar a cabo esas medidas se consiguieron en 1913 y
1914empréstitos con la [Link] de los EE. UU..También en la
sanidad mandó construir, a través de su Secretario de Sanidad, el Dr.
Emilio Núñez, el enorme conjunto de hospitales que se denominó "Ca
lixto García" en honor del jefe militar de Oriente, fallecido el 11 de di
ciembre de 1898 en Washington. Lainmigración continuó suflujo inin
terrumpido de españoles para los trabajos urbanos, pero también de
haitianos yjamaicanos para los trabajosrurales relacionadoscon la caña
de azúcar.
Un aspecto algo mássombrío se produjo en su administración con
Leopoldo Fornés Bonavía 181
la construcción de infraestructuras. Los ferrocarriles duplicaron su pa
saje yla carga transportada pero, a pesar de la tendencia moralizadora,
en el casode lascarreteras éstasse cobraban pero no se construían. Sólo
existían en el papel.
En lo internacional el gobierno tuvo que hacer frente al estallido
de la Gran Guerra en Europa en agosto de 1914. Ante ésta el gobierno,
siguiendo el ejemplo marcado por Washington, se declaró neutral.
Pronto se abandonaría estaactitud pero entre tanto, losproductosagro
pecuarios y mineros de Cuba aumentaron su precio. Fue una gran bo
nanza que, no obstante, incrementó los precios de los productos básicos
yencareció lavida. Esto traería consecuencias sociales ypolíticas locual
aumentó la actividad de anarquistas, anarcosindicalistas y socialistas es
pañoles ycubanos, como reacción a latriste realidad social de los despo
seídos.
Al igual que Estrada Palma, Menocal y sus amigos conservadores
concibieron en 1916 la idea de la reelección. Un error político a todas
luces. Político avezado, aunque seducido por el poder y la adulación de
supuestos amigos y colaboradores, no ignoraba los peligros a que se ex
ponía. Alo que no pudosustraerse fue a las presiones cada vez mayores
de la embajada norteamericana en la persona del Ministro de EE. UU.
Mr. Gonzáles, hijo de un independentista cubano refugiado en EE. UU.
durantela gesta del 1895-1898. Sus presiones para que continuara en el
poderysus amenazas veladas de intervención llegaron a serhasta grose
ras. Ante la reelecciónVarona, su vicepresidente, se retiró de ésta por lo
que tuvo que llevar en su segunda candidatura al Gral. Dr. Emilio Nu-
ñez, su Secretario de Sanidad. El propio Gral. Loynaz del Castillo escri
bió una carta a Menocal donde le señalaba entre otras cosas que:"el
principio de la no reelección esel más firme sostén de la paz".
El General fue a la reelección en noviembre de 1916 contra el par
tido liberal el cual, aparentemente, perdió las elecciones, aunque al pa
recer las ganó realmente en cinco de las seis provincias. Al sertrasladadas
las urnas electorales en las oficinas de Correos dieron el "cambiazo" y
Menocal y los conservadores resultaron ganadores. La reacción liberal,
una vez más ante una reelección espuria, no tardó en producirse. Como
en 1906, pero con otrascircunstancias nacionales e internacionales.
182 Cien años de Historia deCuba(i898-i998)
LA SUBLEVACIÓN DE FEBRERO DE 1917: LA TERCERA INTERVENCIÓN
Ante el hecho consumado del "pucherazo" postal la cúpula liberal,
furiosa porque se le escamoteara una victoria, no vio otra salida que una
nueva revuelta, a pesar de laespada de Damocles que significaba la en
mienda Platt. Una vez más se pretendía solucionar una injusticia a bala
zos. La violencia política heredaba de las guerras independentistas del
siglo XIX la tradición sublevacionista.
El Gral. José Miguel Gómez ysu hijo Miguel Mariano marcharon
en su yate por Batabanó, al sur de La Habana, con rumbo hacia Cama
güey, aparentemente de pesca. Desembarcado por el sur de la provincia
de Camagüey se le unieron dotaciones militares de las dos provincias
orientales si bien esta vez los civiles respondieron de forma limitada. No
era el estallido popular de 1906 contra los moderados. El campamento
habanero de Columbia se sublevó pero pronto fueron sofocados. Zayas
se desmarcó de la rebelión yse refugió en Cambute, lo que le valió que
el pueblo le motejase como "el agachado de Cambute" haciéndole obje
to de escarnio por su cobardía.
Las tropas al mando del Gral. Gómez se enfrentaron a las tropas
gubernamentales en Trilladeras el 8 de marzo de 1917 a orillas del río
Jatibonico en Las Villas ylas vencieron. Pero algo más tarde los liberales
alzados se vieron cercados -yaexistía un ejército profesional- en Cam
po de Caicaje situado entre Placetas y Santa Clara. Gómez se rindió, si
bien los Grales. Machado, Mendieta yFigueroa no lo hicieron. Se pro
dujeron varios fusilamientos acallados por la censura de prensa, impues
ta por Menocal al suspender lasgarantías constitucionales en virtud de
lacual también mandó cerrar varios periódicos proliberales.
Aapenas un mes de que Norteamérica declarara la guerra a Ale
mania y justo cuando se producían cambios fundamentales en Rusia
que cambiarían la faz de la Tierra, a los liberales se les ocurría dirimir
sus diferencias -muyjustificadas por cierto- de esaforma, sin tener en
cuenta el factor de las tensiones internacionales.
El presidente Woodrow Wilson declaraba que no reconocería a
ningún gobierno de "revolucionarios" justo en el momento en que la
guerra submarina total se ejercía contra barcos mercantes yde pasajeros
americanos yde otras nacionalidades neutrales. Menocal aprovecha la
ocasión para acusar a los liberales de "germanófilos", es decir de parti-
Leopoldo Fornés Bonavía 183
darios de Alemania y Austria en la contienda contra Gran Bretaña y
Francia.
El levantamiento liberal fracasó porque sólo fue una sublevación
militar, por ciertas demoras inexplicables de Gómez, porel apoyo norte
americano decidido a Menocaly por la rapidez del ejército y de la poli
cía, cuerposya muy numerosos yexperimentados.
Hubo desembarco de "marines" estadounidenses en las poblacio
nes de Manzanillo, Guantánamo, El Cobre, Nuevitas, Preston y en el
propioSantiago de Cuba, uno de los puntos por donde se evacuó a los
sublevados liberales, pero en labores de policía. No obstante, institucio-
nalmente tampoco hubo intervención, sólo presiones, ya que Menocal
controló pronto la sublevación a finales de marzo de 1917. Justoa tiem
po. La tradición popular conoce esta sublevación, bastante seria, como
"La Chambelona", nombre de una tonada política de los liberales y de
la orquesta que la tocabaen aquellos tiempos.
Segunda presidencia de menocal
Los EE. UU. declaran la guerra al Imperio alemán el 6 de abril de
1917, por las pérdidas cada vez mayores en la guerra submarina total
contra barcosneutralesypara contrabalancearla presenciade la revolu
ción socialdemócrata rusa. Aunque Rusia no se retiró de la contienda,
sus frentes se debilitaron notablemente por la propaganda del Partido
Bolchevique, basándose en que era una guerra imperial para cambiar la
correlación de lasfuerzas y el reparto colonial surgido en la conferencia
de Berlín de 1884.
Cubay su gobierno declaran la guerra al Imperio alemán al día si
guiente y de inmediato se produce una bonanza económica ya que sus
productospasan a ser solicitados por los EE. UU. y aumentan lasdeman
das de Gran Bretaña, Francia e Italia beligerantes contra las fuerzas de
los Imperios Centrales. El azúcar pasa a aumentar su cotización ya que
no sólo es un alimento básico, sino también material estratégico para la
fabricación de explosivos. En agosto de 1918 el gobierno cubano impo
ne el impopularservicio militarque no abolirá hastamediados de 1919.
Para hacer frente a las demandas de la guerra el gobierno Meno-
cal crea laJunta de Subsistencias y los Permisos de Exportación y Racio-
184 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
namiento. Simultánea a la bonanza económica por mayores ingresos el
mayor circulante produce un aumento consecuente de los precios de
los productos básicos loque repercute también en un alza delos precios
de la vivienda. Reaparecen los problemas sociales con mayor vigor. La
sensibilidad social delgobierno sigue reflejándose en leyes de retiro del
poder judicial, de los trabajadores escolares, de las Fuerzas Armadas y
de la Policía. Por último, entre 1919 y 1920, ya terminada la guerra, se
redacta una ley de regulación del turismo yal año siguiente una ley de
retiro de los veteranos, que solucionó parcialmente elacuciante proble
ma de losveteranos de la independencia más necesitados.
La guerra en Europa termina con el armisticio firmado el 11 de
noviembre de 1918 pero la depauperada Europa sigue necesitando los
productos de Cuba yde otras partes. Para regular los precios del azúcar
surge la Comisión Internacional del Azúcar, ya que no sólo es un ali
mento, sino componente de explosivos de alta potencia, es decir, artícu
lo esencial de guerra.
El gobierno convoca a las elecciones parciales en 1918 yse produ
cen fraudes donde "votan" hastalosfallecidos que no habían sidodados
de baja de laslistas. De nuevo los liberales piden la mediación electoral
de los EE. UU. y éstos envían para ello al Gral. Enoch Crowder. Sólo con
gran dificultad el gobierno de Zayas, yaen 1923, logrará desembarazar
se de las intromisiones reiteradas -algunas increíbles- de este político
norteamericano.
Noobstante, Crowder ordenaun censo electoral, quearrojaun to
talde 2.889.000 habitantes en la isla. Paralas próximas elecciones redac
ta un código electoral que ve la luz el 19 dejuliode 1919, aceptado por
los liberales. Es en este período que se inaugura el nuevo Palacio Presi
dencial, que pronto pasa a ser residencia presidencial. Menocal y sufa
milia lo inauguran.
En el partido liberal miguelistas y zayistas siguen a la greñayel 31
de mayo de 1919 Zayas es destituido de la presidencia de los liberales.
La definitiva escisión liberal histórica se produce el 22 de enero de
1920. Zayas constituye su Partido Popular Cubano, que sus enemigos
motejan como "Los Cuatro Gatos" por su baja militancia. El tradicional
Partido Liberal sigue bajo la batuta de los miguelistas encabezados por
el Gen. Francisco "Pino" Guerra.
Durante la últimaetapa del segundo gobierno del Presidente Me-
Leopoldo Fornés Bonavía 185
nocal se produce lo que la histoiografía cubana llama "La Danza delos
Millones" que, aunque efímera, va a crear inmensas fortunas ya sumir
en lapobreza a miles algo después. El precio delalibra de azúcar es de
2,64 centavos de dólar en 1914. Con la guerra sube a 3,31 cent. Para
1918 ya está en 4 cent, pero a partir de febrero de 1920 lasubida esver
tiginosa: a 9centavos lalibra. En abril su precio se duplica yen mayo al
canza un máximo de 22 centavos la libra. La tendencia alcista ha llegado
a suclimax ycomienza a descender. Ya en agosto esde 11 centavos aun
que sólo dos meses después, a principios de octubre de 1920, vuelve a
lostrescentavos de 1915. Laquiebradel sistema no se haceesperar. Nu
merosos préstamos solicitados no podrán ser devueltos. Quiebran los
bancos cubanos,las bancaslocales y lascajas de ahorros cubanasy espa
ñolas. Sólo resisten los bancos americanos e ingleses. El gobierno se ve
en la imperiosa necesidad de declarar una moratoria bancaria el 10 de
octubre de 1920hasta febrero de 1921 para poder rehacer la economía.
Es la ruina de miles de hacendados, agricultores, comerciantes y peque
ños propietarios tanto cubanos como españoles. Sólo resisten los más
fuertes. Son "las vacas flacas".
Conforme aumenta la pobreza en el país producto de la bajada
vertiginosa de los precios aumenta laactividad obrera. Ya se han produ
cido huelgas de noviembre de 1918 a marzo de 1919 entre los portua
riosde la bahía de La Habanayen algunos centrales clave. Paraloslíde
res obreros es la cárcel. Para los líderes españoles la expulsión, a veces
tan numerosas que la embajada española, que yaexistía, protestacontra
éstas.
El comunismo es un movimiento obrero incipiente, escisión de la
socialdemocracia. En América Latina sólo hay un partido comunista, el
de laArgentina. Pero entre el 14 yel 16 de abril de 1920 se reúne en el
Teatro Payret de La Habana el Primer Congreso Nacional Obrero, do
minado por los probolcheviques. Ensuseno surge laidea de lacreación
de una Central Obrera Única.
Cubaha entrado con buen pie en el conciertointernacional de na
ciones por loque deviene fundadora de laSociedad de Naciones conse
de en Ginebra. Representando al país el Coronel Cosme de la Torrien-
te. Entretanto, la Cámara de Representantes aprueba lascoaliciones de
partidos para lo cual el Partido Popular de Zayas, aquellos llamados
"cuatro gatos" se unen con el poderoso Partido Conservador fomenta-
186 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
do por Menocal, que abandona el poder. Zayas, el nuevo presidente de
la Liga Nacional, gana las elecciones a fines de 1920 y recibe el 20 de
mayo de 1921 de manos del Presidente García-Menocal un país casi en
bancarrotayuna actividad obrera que crece.
EL PERÍODO REPUBLICANO INTERMEDIO
YLA CRISIS DE LA DEMOCRACIA (1920-1933)
ADOLFO RIVERO CARO
Introducción
En 1920, el mundo acaba de salir de la I Guerra Mundial, una ca
tástrofe sin precedentes en lahistoria delahumanidad. El fin delague
rra significó enormes cambios en el mapa del mundo. El imperio ale
mán, el imperio austro-húngaro y el imperio ruso desaparecieron. En
frascados en una lucha a muerte, las potencias habían centralizado vas
tos poderes en sus gobiernos. Esto hizo que después delaI Guerra Mun
dial cobrara cada vez másfuerza la idea de que los gobiernos debíanju
gar un papel clave en la solución de los problemas sociales. Exigencia
que se hacía más perentoria porque, tras los enormes sacrificios de la
guerra, lagente aspiraba a algún tipo de compensación. El triunfo de la
Revolución Rusa, por otra parte, le dio un formidable impulso moral y
una sólida base de apoyo material a los movimientos revolucionarios an-
ti-capitalistas.
ElII Congreso de la Internacional Comunista (laTercera Interna
cional) reunido en Moscú en 1920 dedicó buena parte de susdelibera
ciones a convertir las teorías de Hilferding-Lenin en guías prácticaspara
la acción revolucionaria en lo que hoy sellama el Tercer Mundo. Según
esas tesis las supuestas relaciones de igualdad entre naciones soberanas
ocultan la esclavitud de la gran mayoría de la población mundial a ma
nosde una minoría insignificante: la burguesía yla "aristocracia obrera"
de los países capitalistas avanzados. Sin la destrucción delcapitalismo a
escala mundial, sería imposible abolir esa opresión yesas desigualdades
entre las distintas zonas del globo. Ahora bien, de ahoraen adelante, la
evolución política delmundo ylahistoria van a girar en tornoa lalucha
de los países capitalistas avanzados (imperialistas) contra el poder revo
lucionario soviético el cual, para sobrevivir yvencer, deberá agruparen
torno suyo a todas las vanguardias proletarias y, además, a todos los mo
vimientos nacionalistas de los territorios coloniales y dependientes, con
venciéndolos de que sus intereses coinciden con la preservación y pro-
187
188 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
moción del poder soviético, ycon el progreso yeventual triunfo de la re
volución mundial.
Estas reflexiones, por supuesto, no eran más que un consuelo teó
rico ante el fracaso de la tesis de la revolución proletaria mundial por
que, pese a todas las esperanzas, la revolución había fracasado en Ale
mania y ni siquieralas fuerzas de las armas había podido imponerla en
Polonia. Ante la frustración en el Occidente desarrollado, los PC debe
rán realizar una política "de estrecha unidad con todos los movimientos
de liberación nacional, determinando en cada caso la forma de esa
alianza, según el estadio de desarrollo que tenga el movimiento comu
nista (en cada colonia o país dependiente) el estadio de desarrollo del
correspondiente movimiento de liberación nacional. "Será preciso ex
plicar constantemente que sólo el triunfo mundial del poder soviético
podrá resultaren una verdadera igualdad de lasnaciones... Serápreciso
apoyar todos los movimientos disidentes (dondequiera que aparezcan)
tales como el nacionalismo irlandés, las reivindicaciones de los negros
norteamericanos, etcétera... Sin el control de esos mercados y campos
de explotación, el capitalismo no podrá mantenerse... Los superbenefi-
cios derivados de las colonias (y de los países dependientes) son el so
porte principal del capitalismo moderno, mientras no privemos al capi
talismo de esa fuente de ingresos, no será fácil para el proletariado de
los paísescapitalistas avanzados destruir el orden capitalista..."
La enorme importancia de estas tesis es que se convirtieron en la
Gran Explicación del atraso de América Latina en relación con Estados
Unidos. Ese problema, siempre latente, había recibido un intento de
respuesta en el famoso libro Ara/de José Enrique Rodó (1900), en el
que se contraponía la civilización "materialista" de Norteamérica con la
elevada "espiritualidad" de América Latina. La pseudo explicación mar-
xista, sin embargo, resultaba mucho más satisfactoria intelectualmente.
Su influencia se ha extendido hasta nuestros días convertida en la "teo
ría de la dependencia", posición oficial de la CEPAL durante las últimas
décadas. Según ésta, el subdesarrollo es un consecuencia del sistema
económico mundial en que los países industrializados del "Centro He-
gemónico" explotan a los países subdesarrollados de la "Periferia"a tra
vés de la monopolización de la producción de bienes industriales "so-
brevalorados" por compañías transnacionales que obligan a la Periferia
a producir productos primarios "subvalorados", drenándolos de recur-
Adolfo Rivero Caro 189
sos. Obviamente, hay que evitar las inversiones extranjeras, el vampiro
que nos chupa "las venas abiertas de América Latina". La similitud con
las tesis de la Comintern de 1920 es evidente.
La Gran Guerra tuvo varias consecuencias importantes: fortaleció
la ancestral tendencia a concentrar poderes en el gobierno; provocó
una revolución de las expectativas en las principales naciones de Occi
dente, fortaleció considerablemente las tendencias anti-capitalistas que,
hasta entonces, se habían mantenido prácticamente informes. Entre los
intelectuales, se popularizó la idea de que el capitalismo había origina
do esa guerra terrible. Las guerras, por supuesto, habían existido siem
pre. Lo nuevo era el desarrollo tecnológico traído por la revolución in
dustrial que, aplicado a la guerra, había llevado a ésta a niveles de des
trucción sin precedentes.
En América Latina estas influencias ideológicas no hicieron más
que fortalecer el rechazoa nuestro incipiente capitalismo entre losinte
lectuales, así como fortalecer el ancestral sentimiento de dependencia
de la Corona típico del imperio español, trasmutado ahora en depen
dencia del gobierno, al que se ve como agente potencial de ingeniería
social.
LOS RUGIENTES VEINTE
No se puede hablar de la historia de Cuba sin una referencia cons
tante a Estados Unidos. En este país, los años 20 son decisivos. Es una
época de transformaciones sin precedentes donde irrumpen en la vida
cotidiana el automóvil, el cine, la radio y las cadenas de tiendas. Es la
época del nacimiento de la sociedad de consumo. También es la época
de Picasso, de T. S. Eliot, de Joyce, de Freud, de Wittengstein. De Ernest
Hemingway, John Dos Passos. DeJack Dempseyy Babe Ruth. Del naci
miento y popularización del jazz.
En esos años, Estados Unidos conoció una prosperidad frenética y
sin precedentes así como también la peor depresión de su historia. Las
décadas entre las dos guerras vieron la maduración ymomentánea crisis
de otra etapa de la revolución capitalista. Sus efectos influyeron decisi
vamente en el estilo de vida de todo el planeta.
En aquellos años en Estados Unidos se comenzaron a experimen-
190 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
tar los problemas de una sociedad de consumo. La producción, mercadeo y
acumulación individual de una serie al parecer sinfin de bienes yservi
cios pasó a convertirse en la principal preocupación de la vida diaria y,
prácticamente, en una religión secular. Yaunque las raíces de este pro
ceso seencuentran en la creaciónde un mercado continentalyel ascen
so de las grandesempresas en el último tercio del siglo XIX, losañosdes
pués de la I Guerra Mundial vieron la increíble difusión del automóvil,
la masificación de los bienes de consumogracias a la invención de la lí
nea de montaje (1913), la popularización de los pagos a plazos, el uso
masivo de los anuncios y el creciente poder de la radio y el cine. Todas
estas transformaciones provocaron un éxodo hacia las ciudades con los
naturales problemas que originauna urbanización masiva ysumamente
rápida.
Esta época es conocida en Estados Unidos como The Roaring Twen-
ties (Los Rugientes Veinte). La guerra había traído enormes cambios a
la sociedad norteamericana. Toda una generación se había infectado
con el espíritu de disfrutar porque mañana se puede morir. Mientras
cientos de miles de soldados partían para el frente cientos de miles de
mujeres ocupaban sus puestos y salían a trabajar fuera de sus hogares.
Había habido una epidemia de rápidos matrimonios y de otras relacio
nes menos convencionales. Dos millones de soldados americanos se ha
bían visto muy cercade la muerte ymuy lejos de losseveros códigos mo
ralesde losEstados Unidosde la época. Miles de mujereshabían partici
pado en la guerra como enfermeras. Eraimposible que esta generación
regresara a sus casas para proseguir la misma vida que anteriormente.
Los jóvenes se habían sacrificado y ahora querían divertirse. Las muje
res se iban liberando de los gravámenes domésticos con la populariza
ción de laslavadoras y planchas eléctricas; con la proliferación de losali
mentos enlatados. Ante la vieja costumbre del ahorro, se impuso la ven
ta a plazos. El corset desapareció tan rápidamente como el pelo largo.
Las mujeres empezaron a votar, a fumar y a beber junto con los hom
bres, pese a la Prohibición. Entre 1910 y 1928, la tasa de divorcio se du
plicó. El prestigio de los dirigentes políticos como grupo, y hasta de las
instituciones democráticas mismas, como los parlamentos, sufrió enor
memente. Se les consideraba responsables de la horrible matanza. Es
una época de gran revisión de valores. Las ideas de Freud se convirtie
ron en una verdadera manía nacional. En 1920 prácticamente no había
Adolfo Rivero Caro 191
radios, en 1922había cientos de miles. Los teléfonos también se popula
rizaron extraordinariamente.
Laimpetuosa expansión económica desarrolló un verdadero culto
popular al hombre de negocios, al arriesgado empresario. Los Rotarios
sefundaron en 1905 yen 1930 teníanya150,00 miembros. Por otra par
te, las noticias de la Revolución Rusa y el peligro de su posible expan
sión por el resto de Europa provocó el llamado Red Scare o"Miedo a los
Rojos". Estados Unidos seguía siendo en esa época un país profunda
mente religioso, muy poseído de lo que Max Weber llamó "la ética pro
testante del trabajo".
Sin embargo, la urbanización y el desarrollo de los medios de co
municación de masas también había hecho crecer verticalmente el nú
mero de intelectuales, losmismos de losque Alexis de Tocqueville había
escrito:
"Su modo de vida llevó a estos escritores a dar rienda suelta a las teorías abs
tractas y las generalizaciones relativas a la naturaleza del gobierno y a confiar
ciegamente en ellas. Porvivir como vivían, bastante alejados de la práctica polí
tica, carecían de la experiencia que hubiese podidomoderarsuentusiasmo. Por
lo tanto, dejaron de percibir por completo los obstáculos bien reales que exis
tían incluso en el camino de las reformas más dignas de elogio, como tampoco
calcularon los peligros que encierran hasta las revoluciones más saludables...
Como resultado de ello, nuestros hombres de letras se tornaron más osados en
sus especulaciones, más adictos a las ideas generales, ylos sistemas..."
Una excelente, aunque acida, descripción de la vida típicaen Esta
dos Unidos de la época puede encontrarse en dos famosas novelas de
Sinclair Lewis: Main Street (Calle Mayor, 1920) y Babbitt (1922). Las nove
lasfueron una sensación nacional y provocaronuna súbita toma de con
ciencia sobre una realidad y movilizaron las fuerzas dispuestas a cam
biarla. Esto tendría su contrapartida cubana en Carlos Loveira yMiguel
de Carrión. Entre los intelectuales se fue popularizando un profundo
desprecio por la burguesía y sus valores, un rechazo a la homogeneiza-
ción típica de ese período de la producción industrial, un escepticismo
religioso, un odioa cualquier tipode imposición moral a través de las le
yes, un ansia de mayor libertad sexual así como, por supuesto, una total
hostilidad a la Ley Seca. Estas ideas iban penetrando lentamente en la
población norteamericana ytambién se irradiaban alresto delmundo.
192 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
La república
En 1895la población de Cuba se estimaba en 1.800.000 habitantes,
el censo general realizado por el gobierno norteamericano en 1899 de
claró 1.572.000 habitantes, de los cuales medio millón eran analfabetos.
Teniendo en cuenta el posible crecimiento normal, laguerrahabía cau
sado, en algo más de tres años, unas 400.000víctimas. De ellas había no
menos de 100.000 niños, lo que habría de tener profundas consecuen
cias demográficas. El país estaba en ruinas; ferrocarriles, puentes ylíne
as telegráficas habían sido destruidos. De las riquezas de 1895 quedaban
un 15% del ganado y 207 de 1.100 centrales y trapiches. Si en 1894 se
habían producido 1.086.000 toneladas deazúcar, en 1899 se produjeron
314.000. De medio millón de tercios de tabaco producidos en 1894, no
se llegó a 90.000 en 1898. Se estima que el país perdió las dos terceras
partesde sus riquezas, ymás de la quintaparte de su población. Porotra
parte, las condiciones higiénicas eran deplorables y existían mortales
enfermedades endémicas como la fiebre amarilla. En 1899, sólo en La
Habana, hubo 1,300 casos de fiebre amarilla que ocasionaron 322 muer
tes. En la Universidad de La Habana sólo había 300 estudiantes y muy
pocos alumnos asistían a los institutos de segunda enseñanza. En 1899,
sólo quedaban 541 escuelas primarias en todo el país cuando en 1895
funcionaban 910.
La Conferencia de Paz entre Estados Unidos y España, en la que
se decidía la situación jurídica de Cuba, origen de la guerra hispanoa
mericana, se efectuóen París sin participación de ningún representan
te del Gobierno de Cuba en Armas. Lógicamente, esto humilló y de
cepcionó a los patriotas cubanos. El Tratado de Paz fue firmado el 10
de diciembre de 1898 sin reconocer el derecho del pueblo en armas a
conquistar el poder, castigar a los criminales de guerra, confiscar las ri
quezas ilegítimamente adquiridas o efectuar las reformas que el país
necesitaba. Ni siquiera se mencionaba la lucha de los cubanos por su
independencia.
El gobierno norteamericano no reconoció al gobierno de Cuba
en armas, yel Ejército Libertador nunca se hizo cargo del poder como
por derecho propio le correspondía. Es muy probable, que con su po
derosa influencia, Estados Unidos hubiera podido conseguir sus objeti
vos económicos y políticos en Cuba sin necesidad de recurrir ni a la in-
Adolfo Rivero Caro 193
tervención militar ni a la Enmienda Platt. Pero la joven república nor
teamericana estaba viviendo un momento de incontenible expansión.
Laintervención americana produjo resultados mixtos. Sehizouna
gran labor en el terreno de la salud pública yla educación: los proble
mas sociales más sencillos de atajar. Laerradicación de la fiebre amarilla
fue un logro histórico. En el terreno de la educación se abrieron cente
nares de escuelas primarias así como escuelas normales, institutos de se
gunda enseñanza ynuevas facultades universitarias. Se aprobó el llama
do plan Varona que modernizaba los cursos de estudio y que fue nom
brado en honor de Enrique JoséVarona, el filósofo y patriotaque había
sido Secretario de Educación en el gabinete del general Wood.
Al terminar la guerra de independencia, los españoles mantuvie
ron intactas todas sus propiedades en Cuba, inclusive lasque habían ex
propiado a los mambises como represalia durante la guerra. Con lalle
gada de la paz americana, los capitales españoles sevieron en una posi
ción privilegiada para fortalecerse y expandirse mientras que los cuba
nos que había combatido por la independencia quedaron en lamiseria.
Esto aparejó consecuencias sumamente negativas, y constituyó una de
las principales fuentes de lafamosa corrupción de larepública.
Generales, coroneles, oficiales, todos acostumbrados a mandar y
de enorme prestigio social, carecían de tierras ycapitales. Como los ex
tranjeros controlaban laindustria yelcomercio, los puestos públicos pa
saron a ser casi la única forma de enriquecimiento para loscubanos. Los
veteranos aprovecharon su prestigio social para postularse yllegar a los
mismos. Una vez allí, aceptaban sobornos de empresas privadas para
darles contratosy ventajas, nombraban en cargosa familiares y amigos,
concedían contratos a cambio de dinero, hacían pasar carreteras por
determinadas zonaspara aumentar su valory aprovecharse de ello, ven
dían propiedades nacionales a empresas extranjeras a precios inferiores
a los que se pudiera haber pedido y daban no a los más capaces sino a
los que podían ayudarlos o les habían dado dinero. Es decir, aprovecha
ban el poderparasubeneficio personal yno paraservir al pueblo. Esto,
a su vez, generalizó una actitud de cinismo entre la población en rela
ción con lospolíticos. En realidad, esta prácticamantenía una continui
dad cultural con el estilo de gobierno de la Corona española en Cuba.
Durante toda esta época, los debates no giraban en torno a sistemas
ideológicos. Sólo se discutían conductas pasadas e iniciativas concretas
194 Cien años de Historia de Cu ba ( i898-i998)
sobre temas específicos. En realidad, las ideas liberales eran hegemóni-
cas (...)
La nueva república había progresado extraordinariamente en los
primeros 20 años de su existencia, caracterizados por una política de go
bierno fundamentalmente liberal. La presencia de grandes inversiones
americanas era, por supuesto, un factor fundamental de esa prosperi
dad. Urbanización había sido la palabra de orden: pavimentación, al
cantarillados, introducción del transporte eléctrico (los tranvías), alum
brado moderno, acueductos, continua expansión de la red ferroviaria.
En La Habana había 11 periódicos y 7 revistas, entre ellas "Bohemia".
Había numerosos periódicos locales en el interior de la isla. El principal
periódico liberal de la época era el Heraldo de Cuba. El periódico de los
conservadores era La Discusión. En La Habana había 40 cines y 300 en
el interior del país. Había 23.000 teléfonos y un cable submarino que
nos conectaba con Estados Unidos. Es la época en que Cuba tiene al
campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, al campeón mun
dial de billar Alfredo de Oro y al campeón mundial de espada Ramón
Font. Adolfo Luque y Miguel Ángel González brillaban en las Grandes
Ligas.
Por otra parte, en el segundo período de Menocal había habido
más de 200 huelgas que provocaron tanto un aumento de la represión
como también la mediación gubernamental. En 1920 se había realizado
el Segundo Congreso Obrero Nacional que reclamó entre otras cosas la
jornada de ocho horas y salario igual para las mujeres. Criticó la injeren
cia de Crowder y envió un mensaje de solidaridad "al pueblo de la Re
pública Soviética". El incipiente movimiento sindical cubano estaba di
vidido entre reformistas y anarquistas. Los anarquistas predicaban la lu
cha de clases, la abolición de la propiedad privada, la no-participación
en organismos políticos, la acción directa y el rechazo a toda autoridad.
Tenían importante puntos en común con los comunistas. El triunfo de
la Revolución Rusa en 1917, sin embargo, había fortalecido extraordi
nariamente a los comunistas. La práctica parecía darles la razón. Hubo
un acercamiento y muchos anarquistas se asimilaron al marxismo. En
Cuba, Enrique José Varona dijo que el ejemplo de Rusia era una ense
ñanza y un estímulo, y el General Eusebio Hernández dijo que "era bol
chevique".
Adolfo Rivero Caro 195
El gobierno de Zayas (1921-1925)
Alfredo Zayas tomó posesión en medio de las llamadas "vacas fla
cas" cuando el precio del azúcar había bajado hasta 1,75 la libra. Quie
bras de empresas y masivo desempleo, se unían al disgusto por gobier
nos que sólo parecían interesados en el latrocinio. Zayas organizó un
gobierno integrado porconservadores ypopulares, rebajó elpresupues
to y solicitó un nuevo empréstito. El general Enoch Crowder, enviado
del presidente Harding de Estados Unidos, presionó al gobierno para
ponercoto a la extremada corrupción yZayas organizó el llamado gabi
nete de la honradez. Inclusive firmó un decreto moralizando la lotería.
Pero, en realidad, Zayas se burlaba de las presiones moralizadoras de
Crowder.
Uno de los problemas candentes a la toma de posesión de Zayas
era el de la reelección. En efecto, la Primera Intervención se había pro
ducido como consecuencia de la voluntad de reelección de Estrada Pal
ma y luego, pese a sus promesas, Mario García Menocal también se ha
bía hecho reelegir. Esta forma de violentar lavoluntad popular provoca
ba alzamientos, derramamientos de sangre e inestabilidad. Por esto el
presidente Warren Harding envió al General Enoch Crowder a Cuba,
con el objetivo de ayudar a redactarun Código Electoral que terminara,
de una vez por todas, con estos incidentes. Crowder produjo puntual
mente su código aunque no pudo provocar un cambio de mentalidad
entre los políticos cubanos.
En Rusia, esta fue la época del inicio de la Nueva Política Econó
mica (NEP) para enfrentar la hambruna que estaba devastando al país.
Era una política de concesiones al capitalismo yde cooperación con los
empresarios privados. Fue también cuando en el X Congreso del Parti
do Comunistadecretó la prohibición de lasfracciones. En 1922 se cele
bró el Congreso de la Federación Obrera de La Habana, yhubo una im
portantereunión de laAgrupación Socialista de LaHabanaen la que la
fracción revolucionaria aceptó las 21 condiciones de la Internacional
Comunista (la III Internacional).
En 1922 se funda la Agrupación Comunistade La Habana conJosé
Peña Vilaboa y Carlos Baliño. A fines de ese mismo año, se celebró en
La Habana la Sexta Reunión de la Federación Latinoamericana de Me
dicina. A la misma asistió el [Link]é Arce, rector de la Universidad de
196 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
Córdoba, en Argentina. Arce fue invitado a hablaren el aula Magna de
la Universidad. Elrector sepronunciócontra los peligros del imperialis
mo americano, lo que le hizoinstantáneamente popular. Elmovimiento
de Reforma Universitaria, surgido en Córdoba, planteaba algunas rei
vindicaciones de carácter estudiantil pero, en el fondo, era un reflejo de
la voluntadde activismo revolucionario que se estaba popularizando en
toda América Latina. Pocos días después, un incidente banal entre un
alumno y un profesor provocó una gran protesta estudiantil y la funda
ción de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). A principios de
enero de 1923, la FEU elabora y presenta un pliegode demandasal Rec
tor Carlos de la Torre. El 12 de enero se celebra una asamblea general
en la que participa EnriqueJosé Varona. Los estudiantes exigen la ex
pulsión de los profesores que cobran sin dar clases y reclaman la auto
nomía universitaria. El tono, sin embargo, es inequívocamente revolu
cionario. El 15, pensando que las autoridades van a cerrar la universi
dad, se decide la toma del recinto. Por esa época se funda Alma Mater,
la publicación de la FEU.
Zayas interviene y se le hacen importantes concesiones a los estu
diantes revolucionarios, encabezados por Julio Antonio Mella. Entre
ellas está la concesión de la autonomía universitaria y la creación de la
Asamblea Universitaria, un cuerpo de profesores yestudiantes para diri
gir los asuntos de universitarios, con poder para depurar profesores. Se
planteó la celebración de un congreso nacional de estudiantes en ese
mismo año.
El Congreso Nacional de Estudiantesse inauguró el 14 de octubre
de 1923 en el AulaMagna de la Universidad. Mella había recogido la is
la en su organización. Asistieron 53 instituciones con 128 delegados.
Hubo ásperosenfrentamientos entre los izquierdistas agrupados en tor
no a Mella, Alfonso Bernal, SarahPascual, Dulce María Escalona yjorge
Vivó y los derechistas agrupados en torno a Emilio Núñez Portuondo,
Gerardo Pórtela yAntonio Iglesias. Mella no pudo dominar el congreso,
se rechazaron lasalabanzas a los soviéticos aunque se condenaron todos
losimperialismos, se protestócontra la EnmiendaPlattyse abogó por la
autodeterminación de los pueblos. También se aprobó una interesante
Declaración de Derechos y Deberes del Estudiante.
Mientras la Universidad jugaba un papel revolucionario, el 8 de
marzo de 1923 se produce la llamada protesta de los [Link] el CaféMar-
Adolfo Rivero Caro 197
tí de La Habana se reunía frecuentemente un grupo de jóvenes para lo
que ellos mismo llamaban "tertulias de intelectuales'. Félix Lizaso, uno
de ellos, nos ha dicho que se proponían "poner en circulación una nue
va sensibilidad, superando el conformismo en política, el modernismo
en poesía, el naturalismo en la novelay el discursionismo en la prosa".
En uno de los numerosos negocios turbios de la época, el gobierno
compró por una cifra exageradamente alta el Convento de Santa Clara.
La medida tuvo que ser firmada por el secretario de Justicia Erasmo Re-
güeiferos. En ocasión de un homenaje a la poetisa uruguaya Paulina
Lussi en el Club Femenino de La Habana, se invitó a Regüeiferos para
que dijera unas palabras. Enterado de ello, el grupo de jóvenes intelec
tuales, encabezados por Rubén Martínez Villena, participó en el acto y
cuando le dieron la palabra al funcionario, Villena lo interrumpió
echándole en cara la corrupción del gobierno. Se produjo un escándalo
mayú[Link] se reunió inmediatamente con sus doce compañeros
y redactó un manifiesto explicando las razones de la protesta. Los inte
grantes del grupo decidieron organizarse en el Grupo Minorista. José
Antonio Portuondo ha dicho "el minorismo es la creencia de que una
minoría de intelectuales es capaz de expresar el sentimiento de la mayo
ría de la población". Mejor que ella misma, podríamos añadir nosotros.
Utilizaron la revista Social como vocero del grupo que incluía a Fernan
do Ortiz, Alfonso Hernández Cata, Carlos Loveira,José Antonio Ramos,
Luis Felipe Rodríguez, Emeterio Santovenia, Ramiro Guerra, Regino
Pedroso, Félix Pita Rodríguez, Leopoldo Romañach, Amadeo Roldan,
García Caturla y otros. El minorismo representó el ingreso de la joven
intelectualidad cubana en las lides políticas
En 1923, Mussolini toma el poder en Italia con un programa que
era básicamente antiliberal. En efecto, la idea de que los parlamentos
no resultaban adecuados para afrontar los graves problemas de la socie
dad moderna iba ganando fuerza. ¿Acaso el gran imperio ruso no esta
ba gobernado ahora por una dictadura proletaria que practicaba una
democracia de nuevo tipo?
En agosto se constituye la Asociación de Veteranos y Patriotas, diri
gida por el mayor general Carlos García Vélez, hijo del famoso Lugarte
niente General. Se manifiestan contra la reelección, por la abolición de
la lotería, por el voto a la mujer, el pago puntual de las pensiones a los
veteranos y el derecho preferente del obrero cubano a los puestos de
198 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
trabajo. El centro era un enérgico reclamo en contra de la corrupción.
Muchas organizaciones se sumaron al movimiento. En el Consejo Su
premo se encontraba Rubén Martínez Villena, Juan Marinello yJulio
Antonio Mella. Algunos gremios obreros se sumaron al movimiento pe
ro el más importante de ellos, la Federación Obrera de La Habana no
ingresó en el movimiento porque sus estatutos estaban influidos por el
anarcosindicalismo. LosVeteranos yPatriotas tenían un claro propósito
insurreccional, pero las armas fueron confiscadas en Estados Unidos.
En abril de 1924, el coronel Federico Laredo Brú se alzó en Trinidad.
Zayas fue personalmente a Cienfuegos y, según afirman testigos de la
época, resolvió el asunto repartiendo dinero. La plana mayorde losdiri
gentes políticos parecía incapaz de afrontar y resolver los problemas de
la nueva república.
Por esta época, en ocasión de una huelga en la cervecería La Polar,
los huelguistas anarquistas echaron sustancias tóxicas yvidriomolido en
la cerveza. El hecho provocó la repulsa popular y dio un golpe práctica
mente mortal al prestigio de los anarcosindicalistas.
En enero de 1924 murió Lenin ycomenzó el proceso de consolida
ción del poder de Stalin. En maniobras para evitar que León Trotski to
mara el poder, se crea una alianzaentre Stalin, Zinoviev yKameniev. Bu-
jarin, por su parte, se convirtió en el teórico de la NEP y en el principal
propugnador del estímulo a los campesinos privados. Es de esta época
su famosa consigna de ¡Enriqueceos! En el seno de la Internacional Co
munista se propugnaba el establecimiento de un frente unido con la
burguesía nacional. La aplicación de esta política en China llevó al in
greso de los comunistas en el Kuomintang, bajo la dirección de Sun Yat-
sen primero y de Chiang Kai-shek, después. En ese mismo año,Julio An
tonio Mella entra a militar en las filas de los comunistas.
A fines del gobierno de Zayas, se consiguió que Isla de Pinos for
mara parte definitivamente de la República de Cuba.
Gerardo Machado (1925-1933)
Desde el fin de la guerra de independencia a 1925, la industria azu
carera había crecido 17 veces. En 1925, los capitalistas norteamericanos
tenían invertidos 750 millones en Cuba, eran dueños del 40% de los in-
Adolfo Rivero Caro 199
genios, ycontrolaba el 60% de la zafra. Pero en 1925, también el capital
cubano era dueño de una tercera parte de losingenios yde alrededorde
una quinta parte de la zafra. Después de 1925, cuando la producción
mundial de azúcar excedió la demanda y los precios bajaron, la industria
azucarera quedó en una situación difícil. Entre 1926 y 1940, la produc
ción cubana de azúcar disminuyó más de 50 por ciento. Sin embargo, la
II Guerra Mundial provocó un aumento de los precios yla producción.
Cuando Gerardo Machado y Moralestomó posesión el 20 de mayo
de 1925 era auténticamente popular. La gente estabacansadade la poli
tiqueríade Zayas y pensaba que Machado podría restaurar el principio
de la autoridad y, al mismo tiempo, impulsar el desarrollo económico.
Machado, en efecto, menos de dos meses después de su toma de pose
siónyafirmaba la Ley de ObrasPúblicas que contemplaba un ambicioso
planque incluía la construcción de una carretera central ysus ramales,
además de acueductos, alcantarillados y numerosas obras de pavimenta
ción de calles en todo el país. Al frente del programa constructivo esta
ba un dinámico administrador, Carlos Miguel de Céspedes. La carretera
central, de Pinar del Río a Santiago de Cuba, fue una obra de importan
cia decisiva para la nación. Se comenzó en 1925 y se terminó en 1930.
Tenía 1.143 kilómetros de largo yfue un poderoso factor de integración
nacional. Al pasar por los pueblos se convirtió en la calle principal, con
aceras, desagües y, a veces, hasta con un parque o un nuevo edificio pú
blico. Las poblaciones a lo largo de la carretera central atrajeron a la
gente del campo que pudo ver por si misma las ventajas de la civiliza
ción. También se emprendieron planes para el crecimiento yembelleci
miento de la Universidad de La Habana. Su imponente escalinata así co
mo el stadium datan de esta época. Esta fiebre de construcción deslum
hró a la gran mayoría del pueblo cubano. Sin embargo, al mismo tiem
po, Machado estabareorganizando discretamente lasfuerzas armadas y
colocando cuadros incondicionales en todos los puestos clave.
El 16de agosto de 1925 sefunda el PartidoComunista de Cuba, "la
vanguardia organizada yconsciente de la clase obrera". Hubo 17delega
dos. Entre los que estuvieron presentes en la fundación estabanJulio
Antonio Mella, Carlos Baliño, Alfonso Bernal del Riesgo, Miguel Valdés,
Fabio Grobart, Enrique Flores Magón, del Partido Comunista de Méxi
co, que era el delegado de la Internacional, y algunos invitados extran
jeros.
200 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
La batalla ideológicano estaba decidida. Como dijo Alexander Lo-
zovsky, jefe de la sección sindical de la Comintern: "sóloen 1927 o 1928
comenzamos a ver en la mayoría de lospaíses una crisis ideológica entre
losanarquistas, que llevó a un cierto número de camaradas anarquistas
o anarcosindicalistas a comprender que la revolución no puede hacerse
con proclamas, que no pueden hacer huelgas cada 24 horas yque, para
combatir a la burguesía, no era suficiente con tener un semanario y
unos cuantoscientos de miembros sinoque habíaque tener una organi
zación lo suficientemente fuerte como para combatir y eventualmente
derrocar al estado capitalista".
Julio Antonio Mella fue expulsado de la Universidad en 1925 por
actividades subversivas. Mella se declaró en huelga de hambre y, en defi
nitiva, fue puesto en libertad y salióde Cuba a principios de 1926. Even
tualmente, llegó a México donde ayudó a fundar el Partido Comunista
de México.
Machado fue un dirigente complejo. Un hombre sin duda autorita
rio y brutal pero también muy decidido a buscar el desarrollo del país.
Estabaansiosopor buscar lasinversiones extranjerasy, sobre todo, norte
americanas, pero de ningún modo podía considerarse como un simple
títere de los intereses foráneos. En 1926, por ejemplo, nombró a Orestes
Ferrara embajador de Cuba en Estados Unidos con vistaa dar una batalla
por la revisión del Tratado de Reciprocidad de Cuba con Estados Uni
dos. Aprovechó que Estados Unidos estaba interesado en un convenio
consular, un convenio para la extradición de criminalesy otro para im
pedir el contrabando de licores, narcóticos e inmigrantes ilegales. Ma
chado aprovechó que la Ley de Obras Públicas imponía un recargo del
10% sobre todos los artículos de importación considerados suntuarios y
otro del 3% sobre todos los productos de procedencia extranjera, excep
to los alimentos. Esto hizo bajar las importaciones. Establecióuna Comi
siónTécnica Arancelaria yen 1927 anunció cambios para protegeryesti
mular la producción agrícola e industrial. Era la primera vez que Cuba
independiente tenía su propia tarifa aduanal, de tipo moderno y elabo
rada para defender sus propios intereses. La producción de aves, huevos,
carnes, mantequilla, queso, cerveza y calzado aumentó notablemente.
Asimismo, Cuba concertó varios tratadoscomerciales (España, Portugal,
Japón, Chile) de manera completamente independiente. En 1927 se
inauguró el hermoso monumento a lasvíctimasdel "Maine".
Adolfo Rivero Caro 201
Siguiendo viejas tendencias, Machado quiso reelegirse. En 1926 se
adoptólafórmula del llamado "cooperativismo", una versión tropical del
fascismo europeo. Sesostenía que la causade losmales del paísestabaen
su democracia parlamentaria. Machado debía gobernar con todos los
partidos existentes, el Liberal, el Conservador y el Popular. En 1927, el
Senado y la Cámaraadoptaron una Ley de Reforma Constitucional que
prohibía la reelección de Machado después de que hubiese estado 10
años en el poder. Machado prohibió que el TribunalSupremoeligiera li
bremente a losjueces y magistrados, destruyendo así la independencia
del PoderJudicial. Hubo violentas protestasestudiantiles. En la Universi
dad un grupo de estudiantes se organizó en el llamado Directorio Estu
diantil, pero severos consejos de disciplina expulsaron a losdirigentes de
las protestas. El coronel Carlos Mendieta salió de su retiro para fundar
un partido de oposición llamado Unión Nacionalista que sumóa losdisi
dentes de los partidos que se habían integrado al "cooperativismo'.
En 1927, Chiang Kai-shek lograba poner al país bajo el control del
Kuomintang pero, al mismo tiempo, desató una súbita y brutal masacre
contra los comunistas, sus antiguos aliados. El gobierno soviético rom
pió relaciones con é[Link], que habíasido expulsado del PC en 1927 y
estaba exiliado en Alma Ata, fustigó duramente a Stalin por su actitud
de alianza con la burguesía (en la NEP) y lo catalogó como oportunista.
Esto hizo que Stalin diera un brusco viraje, yque en el VICongreso de la
Comintern, en 1928, los socialdemócratas fueran proclamados como "el
enemigo fundamental" de la clase obrera (socialfascistas). Estaposición
se mantuvo hasta la reunión de la Comintern de 1935 y fue la que llevó a
los comunistas cubanos, entre otras cosas, a criticar implacablemente a
Antonio Guiteras cuando la revolución de 1933. De estos avatares de
pendía la posición política de los comunistascubanos.
Machado estuvo en el apogeo de su popularidad durante la VI
Conferencia Internacional de Estados Americanos en enero y febrero
de [Link] discutió la abrogación de la Enmienda Platt con Coo-
lidge. No acababa de salir de La Habana cuando aparecieron dentro de
un tiburón los restos de un agitador izquierdista español llamado Clau
dio Bouzó[Link] a él, otros tresjóvenes acusados de comunistas habí
an sido amarrados y arrojados a los tiburones. Irritado por el macabro
hallazgo, Machado prohibió la pescade tiburones.
La espúrea Asamblea Constituyente se reunió el 5 de marzo de
202 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
[Link] ordenó la celebración de elecciones para el 1 de noviembre de
1928,de modo que Machado pudiera ser reelecto por seis años. Los tres
partidos del cooperativismolo postularon y salió sin oposición. El dicta
dor firmó una leyque prohibía la "reorganizaciónde los partidos".
En 1929 se produce el asesinato de Julio Antonio Mella, en Méxi
co. Mella era una figura conocida internacionalmente y su asesinato
perjudicó considerablemente a Machado. En Estados Unidos se produ
jo el fatídico hundimiento de la Bolsa de Valores y el inicio de la Gran
Depresión. Es en esta época, sin embargo, cuando Stalin, consolidado
como jefe indiscutido del partido, lanza el Primer Plan Quinquenal. La
planificación centralizada soviética parecía la alternativa racional a los
altibajos del capitalismo. Ahora bien, como parte de ese famoso plan
quinquenal, justamente entre 1929y 1932, Stalin asestabaun doble gol
pe contra el campesinado de la URSS: la ofensiva contra los kulaksyla. co
lectivización. Pero la ofensivacontra los kulaks significó el asesinato o la
deportación al Ártico con sus familias, de millones de campesinos. Aun
que, en principio, eran los más acomodados, en la práctica, eran los más
influyentes y los más opuestos a los planes del Partido. Por su parte, la
colectivización significóla efectivaabolición de la propiedad privada de
la tierra y la concentración del campesinado restante en granjas "colec
tivas" bajo el control del partido. Esas dos medidas causaron millones de
muertes, entre los deportados en particular pero también entre los no
deportados en ciertas áreas como Kazajastán.
Luego, en 1932-33 vino lo que pudiera ser descrito como una cam
paña de terrorhambruna contra los campesinos colectivizados de Ucra
nia. Se llevó a cabo exigiéndoles cuotas de entrega de granos muy por
arriba de lo posible, confiscándoles luego hasta la última onza de ali
mento e impidiendo que les llegara ninguna ayuda del exterior, ni si
quiera de otras áreas de la URSS. Esta hambruna, deliberadamente indu
cida, produjo todavía más muertes que la llamada ofensivacontra los ku
laks de 1929-32 y estuvo acompañada por una campaña de obliteración
de la cultura nacional ucraniana.
Este período coincide, en Cuba, con los años más duros de la lu
cha contra Machado. Es paradójico que cuando en Cuba, y en todo Oc
cidente, se desarrollaban las simpatías por la Unión Soviética y sus "ra
cionales" métodos de desarrollo económico, en el campo soviético se
desarrollaba una guerra contra los campesinos cuyo número de vícti-
Adolfo Rivero Caro 203
mas fue superior al de las víctimas de todos los países en la I Guerra
Mundial. Esa era la realidad que ocultaba la brillante fachada teórica
del marxismo-leninismo. Sin embargo, la falacia de que un plan centra
lizado era la forma idónea de buscar un desarrollo económico armóni
co sedujo fatalmente desde entonces a la mayoría de los intelectuales
occidentales.
Las consecuencias de la Gran Depresión provocaron trastornos en
AméricaLatina. En 1930, el presidente de RepúblicaDominicana Hora
cioVázquez fue derrocadopor un golpe de estado militar. EnArgentina
el gobierno de Hipólito Irigoyen fue derrocado por el general Evaristo
Uriburu. En Brasil tomó el poder Getulio Vargas. Muchos exiliados vi
nieron a Cubay entre ellos Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del APRA.
Todos estaban saturados de antiimperialismo. A nuestro continente
también llegaban noticias de lasluchas contra la dictadura de Primo de
Rivera en España.
Elpartidocomunista celebróun congreso el 16de agosto de 1929
en Manzanillo. En su dirección figuraron César Vilar, como Secretario
General, Blas Roca, y PaquitoRosales. En 1930, Machado convocó elec
ciones parciales para tratarde legalizar susituación pero las mismas pro
vocaron intensos disturbios. Se rompían vitrinas, se pintaban lemasanti-
machadistas en las paredes, explotaban bombas, se descarrilaban tran
vías, se hacían atentados. El terrorismo, por cierto, era nuevo en Cuba
donde lo tradicional habían sido los levantamientos armados. El 20 de
marzo de 1930se desarrolló una huelga general en La Habana que sólo
consiguió cierto éxito en la capital. Rubén Martínez Villena tuvo que
abandonar el país. En estaépoca se suman al partido Lázaro Peña, taba
quero de La Habana, Aracelio Iglesias, portuario de La Habana, Jesús
Menéndez, azucarero de Santa Clara,José María Pérez, Carlos Fernán
dez R., Aníbaly CésarEscalante y CarlosRafael Rodríguez.
El 30 de septiembre, una manifestación de estudiantes universita
rios fue interceptada y en la refriega fue mortalmente herido Rafael
Trejo, lo que dio origen a multitudinaria manifestaciones de duelo po
pular. Machado suspendió lasgarantías constitucionales. Seclausuraron
los periódicos Diario de la Marina y ElPaís. La Universidad fue cerrada
definitivamente. Los activistas estudiantiles empezaron a desarrollarse
como partidos políticos. Tal fue el caso del Directorio Estudiantil de
1927, compuesto por los dirigentes estudiantiles de los años anteriores
204 Cien años de Historia de Cuba o898-i 998)
expulsados en 1927 (Gabriel Barceló, Aureliano Sánchez Arango, Porfi
rio Pendas, Eduardo Chibas, Ramón Hermida, Edgardo Butari, Inocen
te Alvarez, Manuel Guillot, Manuel Cotoño, Reinaldo Jordán yAntonio
Guiteras.) los dirigentes estudiantiles de 1930 (Roberto Lago Pereda,
Rafael Escalona Almeida, Juan Antonio Rubio Padilla, Rubén de León,
Manuel Varona, Carlos Prío Socarras, Ramiro Valdés Daussá, Sarah del
Llano, Ramón Miyar yFelipe Pazos) yelAla Izquierda Estudiantil (Rafa
el García Barcena, Porfirio Pendas, Arnaldo Escalona, Justino Lizcano,
Eugenio Silva, Pablo de laTorriente Brau, Raúl Roa yLadislao González
Carvajal).
En agosto de 1931, el ingeniero CarlosHevia, al mando de unos 35
exiliados con pertrechos ymuniciones entraron en la bahía de Gibara y
tomaron la población pero luego el ejército derrotayaprisiona a losex
pedicionarios. El expresidente Menocal y el coronel Mendieta, en lo
que sesuponía fuera un alzamiento coordinado, organizaron unaexpe
dición que fue a dara Pinar del Río donde sus integrantes fueron captu
rados en las ciénagas de RíoVerde.
Surgió una nueva organización, llamada el ABC, dedicada al terro
rismo que en cierta medida capturó la imaginación popular. El progra
madelABC, por cierto, criticaba las inversiones extranjeras. En 1932 ase
sinan alDr. Clemente Vázquez Bello, partidario de Machado yseprodu
cen terribles represalias. En medio de una creciente violencia, el país se
había hundido en la peor crisis económicay política de la historiade la
república. En 1933, es electo presidente de Estados Unidos Franklin De-
lano Roosevelt. Norteamérica empezaba una nueva etapa. Cuba estaba
a las puertas de la revolución de 1933.
Conclusiones
En este período aparecen las figuras que van a dominar el escena
rio político cubano hasta el triunfo de la revolución socialista de 1959.
Más importante todavía, esel períodoen que las ideas socialistas yantili
berales sevan popularizando yvan conquistando la hegemonía cultural
en nuestro país: la ideade que Cuba era un país rico al que se le despo
jaba de su riqueza (¿quién sino la burguesía nacional ylas empresas ex
tranjeras?), la idea de que el estado tenía que intervenir en la "solución"
Adolfo Rivero Caro 205
de los problemas sociales, la idea de que la tarea fundamental de los po
líticos era la distribución de la riqueza socialy no el estímulo a su crea
ción, la idea de que la riqueza de unos generaba la pobreza de otros, la
idea de que los empresarios son explotadores por definición y que sólo
una enérgica intervención estatal puede poner coto a su voracidad, la
idea de que poderosos intereses socio-económicos eran responsables de
los problemas y dificultades del país aunque no de sus logros, la idea de
que esosintereses creados corrompían a todo el mundo y que sólojóve
nes "sin vínculos con el pasado" podrían efectuar los mágicos cambios
que necesitaba el país.
Esencialmente, la mayoría de estas ideas provenían de la Ilustra
ción Francesa. Recibieron su forma moderna con el marxismo y se di
fundieron durante decenios apoyadas por el centro revolucionario anti
capitalista que significó la Unión Soviética. La nueva dirección política
que se gesta en este período de la historia de Cuba consiguió impresio
nantes logros pero, en lo fundamental, perdió la batalla de las ideas.
Fueron los representantes de las ideas colectivistas y anticapitalistas los
que eventualmente consiguieron llegar al poder yestablecer su dictadu
ra. No fue un milagro ni un accidente. El terreno ideológico y cultural
estaba bien preparado. Los programas de todos los partidos políticos cu
banos antes del triunfo revolucionario, fundamentalmente surgidos en
este período, eran de inspiración socialista. Todavía hoy, aún en el exi
lio, cualquier cubano se identifica orgullosamente como "de izquierda"
pero nadie se identifica con la misma satisfacción como "de derecha". Y
lo peor de todo es que, en ese terreno de las ideas, no parece que haya
mos avanzado mucho. Las ideas de la libertad, del liberalismo, siguen
siendo minoritarias entre los cubanos. Esa es la gran batalla que tene
mos por delante.
APUNTES SOBRE LA SOCIEDAD CIVIL
(1933-1958)
RICARDO BOFILL
Las teorías modernas de los Derechos Humanos no prometen el bienes
tar, la prosperidad ni mucho menos la felicidadde todos los ciudadanos, como a
veces anuncian diversos proyectos políticos. La Declaración Universal de Dere
chos Humanos propone el enaltecimiento de la dignidad humana mediante el
respeto de un conjunto de reglas mínimas de convivencia. Ypor sobre todo, los
30 artículos de este ideario de Derecho Internacional y de garantías individua
les aspiran a bregar contra los abusos de poder y a mitigar el sufrimiento de las
personas.
(Fragmento tomado del informe "El Estado Crítico de los Derechos Hu
manos en Cuba", remitido por el Comité Cubano Pro Derechos Humanos a
AmnistíaInternacional el 23 de septiembre de 1978. Firmado por R.B.).
A MANERADE PROLEGÓMENO
Este texto representa una breve interpretación sobre varios aspec
tos de la evolución y el progreso de la Sociedad Civil cubana en el perío
do de historia comprendido entre los años 1933 y 1958. No incluye de
talles sobre las estructuras de gobierno de la época en cuestión. Tampo
co aparecen descripciones de importantes sucesos de la vida nacional
cubana de la etapa como fueron, por ejemplo, los asesinatospolíticos de
Antonio Guiteras, Ramiro Valdés Daussá, Sandalio Junco, Manolo Cas
tro, Jesús Menéndez, Alejo Cossío del Pino, Pelayo Cuervo Navarro, en
tre otros.
Incluso, en la historia de la sociedad civil cubana de los tiempos
que comprende nuestro estudio, falta la descripción de numerosas insti
tuciones culturales, profesionales, artísticas, religiosas y empresariales
que ejercieron influencia en aquella sociedad. Por la brevedad requeri
da para estas líneas no hablamos de la obra de las grandes figuras de la
cultura cubana de este segmento de vida nacional como fueron, Don
Fernando Ortiz, Jorge Mañach, Ramiro Guerra, José María Chacón y
Calvo, Sánchez de Bustamante y Montoro y Sánchez de Bustamente y
Sirven,José Antolín del Cueto, entre muchos más.
207
208 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
Aunque en estas páginas nos referimos a importantes instituciones
de la época como el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales,
nos ha sido imposible incluir un estudio riguroso sobre sus característi
casy sus actividades. Acercade otras institucionesinspiradasen los mis
mos principios de fiscalizar los posibles abusosdel poderío de lasautori
dades, como lo fueron el Tribunal Superior Electoral y el Tribunal de
Cuentas, ni siquiera tenemos espacio para reseñarlos.
Así mismo, en torno a la Constitución Cubana de 1940 sólo inclu
yo algunas consideraciones concernientes a las perspectivas que creó
para fortalecer el Estado de Derecho en la Nación. No obstante, varias
de sus leyes complementarias, como lo es el Código de Defensa Social
de la República, no las pudimos revisar.
A pesar de estas importantes limitaciones, pienso que a continua
ción aparecen diversoselementos de juicio útiles sobre una variedad de
rasgos de la emergente sociedad civil cubana de 1933 a 1958, que fue
completamente pulverizada por el ejercicio de virtual ingeniería de la
boratorio social emprendido por el régimen castrista en 1959.
Cuba de 1933 a 1958: La sociedad civil
Nuestro propósito es el de resaltar los antecedentes históricos en
este período que sirvieron de hilo conductor para la fundación del Mo
vimiento de Derechos Civiles de Cuba en 1976.
Consideramos que los debates de la Asamblea Constituyente de la
República que elaboró la Constitución de 1940constituyen un ejemplo
elocuente de la muestra de la Sociedad Civil Cubana que, de 1933 a
1958, representó la esperanza más firme para el tránsito de la Nación
hacia un Estado de Derecho Democrático.
Cuando fundamos el Comité Cubano Pro Derechos Humanos en
1976 expresamos que nos inspirábamos en las ideas que hicieron posi
ble que en la década de los años 40, el Congreso de la República de Cu
ba legislarapara crear el Tribunal de Garantías Constitucionales y Socia
les que, de hecho, fue el primer tribunal para la defensa de los Dere
chos Humanos, tanto los civiles y políticos como los económicos y socia
les, de todo el Mundo.
Otra de las libertades ciudadanas fundamentales que se enraizó de
Ricardo Bofill 209
manera notable en la sociedad civilcubana de 1933 a 1958 fue la libertad
de expresión. La radio, laprensa escrita yladifusión de ideas contestata
rias a través de programas políticos, de discursos públicos, de libros y
otras manifestaciones intelectuales y artísticas inundaron de manera re
gular el escenario nacional. Las tribunas de oposición yde crítica siste
mática de los abusos de fuerza de las autoridades del país fueron atribu
tos mordaces, pero esenciales, delaincipiente marcha delasociedad cu
bana hacia lademocracia yelimperio de las garantías individuales.
Lasvoces en la radio cubana de Eduardo R. Chibas,José Pardo Lia
da, Luis Conté Agüero, Ángel Cofiño, incluso de Salvador García Agüe
roytantos otros severos cronistas de "la crisis cubana" convirtieron a es
te medio de comunicación de masas en una suerte de baluarte en el
ejercicio del derecho a lalibre expresión del pensamiento en Cuba. La
revista Bohemia ynumerosos periódicos complementaban un panorama
que nos hace pensar que fueron un arma decisiva para la caída de Ful
gencio Batista, más decisiva tal vez que los tiros en laSierra Maestra yen
otros sitios de la Isla.
El derecho a la libre sindicalización y el ejercicio de la facultad de
huelga por parte delos trabajadores; elderecho de habeos corpusyhs ga
rantías procesales para todo acusado de cometer algún delito contra el
Código de Defensa Social de aquel Estado; ellibre ejercicio de laposibi
lidad de entraday salida de todos los cubanos al territorio de su patria;
la más absoluta libertad religiosa; el respeto jurídicoa los fueros ciuda
danos para lacreación de todo tipo de asociaciones ylas normas de de
recho civil que propiciaban el funcionamiento de esas entidades de so
ciedadcivilista; el derecho a la propiedad privada yla protección contra
el despojo del patrimonio personal, representan el Estado de Derecho
que se fue edificando en Cuba desde 1902 yque comenzó a consolidar
se a partir de la Constitución de 1940 ydel conjunto de sus leyes com
plementarias. Este fue nuestro marco de referencias y, sobre todo, nues
tra fuente de aspiraciones cuando fundamos el movimiento de dere
chos humanos de Cuba.
Las transgresiones constantes de la ley por parte de los que mani
pulaban elpoder, las violaciones contra laConstitución ycontra esos mis
mos derechos ciudadanos, que acabamos de subrayar, tuvieron lugar en
la Cuba Republicana, han sido LA HISTORIA REAL en el proceso civiliza
dor de todos los pueblos del planeta. Es probable que el camino más se-
210 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
guro que los cubanos tuvieron por delante fuera el de la perseverancia
en las reformasjurídicas yadministrativas que situaran a todos porigual,
tanto a gobernados como a gobernantes, bajo el respeto yel dominio in
tegral de la ley. Sin embargo, lo desecharon. Desde la perspectiva del
concepto modernode Derechos Humanos lo que resulta inadmisible es
la supresión de todoel cuerpo jurídico que da garantías a las Libertades
Inalienables del Ciudadano, a manera de remedio a los desastres que la
sociedad cubana, como cualquier otra sociedad, tuvo que enfrentar de
1902 a 1958. Estapretendida solución -desmantelar hastael último de los
cimientos del Estado Civil de derecho que en sufase inicial existió en Cu
ba hasta 1958- ha sido la realización más palpable del régimen instaura
doen Cuba porFidel Castro desde 1959. Los resultados que llegan inclu
so a manifestar una clara amenaza para el futuro de la identidad nacio
nal cubana son de dominio público. Una vez másloscandidatosa mesías
son trocados yterminan en ángeles exterminadores que a su paso dejan
por doquier la visión desoladora de la tierra totalmente arrasada.
Denunciar los horrores contra los derechos humanos sembrados
en Cuba por Castro ypor sus colaboradores y, también, promover el res
peto a lo establecido por la Declaración Universal de Derechos Huma
nos firmada el 10de diciembre de 1948, y así abogar por la formación
de una nueva sociedad civil cubana con todas las bases jurídicas e insti
tucionales que ya existían, al menos en embrión, en la Cuba republica
na, ha sidoel clan vital de activismo civilista surgidodentro de la Islaha
ce más de 20 años.
El período de lahistoria de Cuba delaño1933 alaño 1958 quenos
corresponde tratar en losámbitos político ysocial se podría intentar re
sumir expresando que es una etapa de promoción, quizá hasta el paro
xismo, de la utopía revolucionaria, y muy en particular, con fuertes ma
tices de surrealismo, de exaltación hasta el delirio de la utopía revolu
cionariaantiimperialista, anticapitalista ysocialista.
Sin embargo, y a contrapelo de esa embriaguez romántica con el
proyecto revolucionario, "purificador yjusticiero", que las vanguardias
políticas cubanas se impusieron llevaradelante sin tomar en cuenta los
riesgos en cuanto al precio a pagar, por otra parte el crecimiento y la
consolidación económica de toda la sociedad civil criolla, y en primer
lugar del empresariado yde la clase media, registró avances que, en al
gunosindicadores comolosde la producción industrial no azucarera, el
Ricardo Bofill 211
comercio minorista, la banca y los seguros, el sistema financiero, el co
mercio exterior, la construcción, los sistemas de transporte y la agricul
tura no cañera, en varios aspectos podrían considerarse como sobresa
lientes yhasta espectaculares. Este contexto de aumento sostenido de la
prosperidad económica de lasociedad cubana es preciso coronarlo con
el continuo crecimiento de la locomotora de aquella economía, es de
cir, con losavances de la Industria Azucarera. Yen particular conel pro
ceso sostenido de estabilización de este sector productivo que era la pri
mera fuente deempleo, decrédito, decapitalización y, como es natural,
de creaciónde riquezas en la República.
Probablemente, en este orden de realidades nos enfrentamos a
una delas primera paradojas de laNación Cubana que trataremos. Nos
referimos a la contradicción que surge del análisis de las cifras de un
país que económicamente crece de manera sostenida y de forma evi
dente va abriendo puertas ycreando caminos para el mejoramiento de
los niveles de vida de la población y, sobre todo, permite de una manera
bastante fluida la movilidad social del individuo, haciendo posible para
muchos aspirantes elascenso en lamovilidad vertical de esta sociedad y
así la realización de sus aspiraciones. El contrapunto, como diría Don
Fernando Ortiz, al instante se nos viene encima cuando las fuentes his
tóricas del período nos permiten constatar que muchos, demasiados, de
los proyectos ysobre todo de los discursos de los líderes políticos que ca
si en mayoría se consideraban líderes revolucionarios de este segmento
de Vida Nacional, podrían calificarse de inflamatorias arengas que con
vocan a la demolición de todas las estructuras sociales existentes y a la
búsqueda dela"virtud" yde la"justicia social" permanentemente soña
das como obra exclusiva de las revoluciones.
En estatramaes imprescindible hacer resaltar, también como par
te del Contrapunto Cubano a que ya nos referimos, que de 1933 a 1952
el ideario de la Reforma Institucional en materia política, económica y
social se anota éxitos importantes. De manera especial, la Constitución
Cubana de 1940 es el triunfo del Proyecto de REFORMA que se suponía
encausara en un marco de Derecho las propuestas de revolución que
surgían por todas partes.
Sin embargo, las aspiraciones ilimitadas al triunfo absoluto en cor
tos períodos de tiempo ysus secuelas de improvisación, demagogia, vio
lencias verbal yfísica, corrupción yabusos de poder ysus resultantes de
212 Cienaños de Historia de Cuba (1898-1998)
ruptura casi cotidiana del estado de Derecho, podrían estar entre las
causas principales de que los éxitosdel crecimientoeconómico de Cuba
no establecieran las bases para el afianzamiento de instituciones sólidas
en los terrenos políticos ysociales.
Llegar a la cima del poder, del honor, de la riqueza, en Cuba, co
mo en casi todas partes del mundo esunasuprema aspiración humana.
Pero la temeridad, lafalta de escrúpulos ylacapacidad de desinforma
ción de laopinión pública por parte de las organizaciones, de los agita
dores yde los caudillos políticos ysociales cubanos tuvo perfiles sobre
manera destacados.
Las llamadas organizaciones y fuerzas revolucionarias emanadas
de la Revolución de 1933 ydel golpe de Estado militar de 1952 poseen
muchos de esos componentes de disolución social. En no pocos aspec
tos, elpoderoso movimiento sindical cubano que emerge con tintas cor-
porativistas en 1938, también llevó en su vientre esos mismos detonan
tes que acabarían por demoler elorden social cubano. Sin embargo, no
necesariamente ésteseríael único desenlace posible. En 1958 la Isla te
nía logros que situaban al pueblo cubano en un lugar destacado de la
historia de la civilización en las Américas.
Asuvez debo apuntar que aunque en Cuba puedan haber existido
algunos rasgos de excepcionalidad, sin lugar adudas la suma de compo
nentes queen 1959 dieron altraste con laRepública de 1902 ycon otras
Instituciones Civiles que poseían siglos de funcionamiento ni por aso
mo son originales. Otros procesos políticos en diversas partes del Orbe
después de la Primera yla Segunda Guerra Mundial, han arrojado re
sultados muy similaresal cubano.
Casi es innecesario aclarar que tampoco deseo expresar que toda
la debacle que ha originado el castrismo después de la Revolución de
1959 ha sido causada por las conspiraciones de los revolucionarios, de
los aventureros y de los malhechores contra el orden institucional cuba
no. Pero, asimismo caben pocas dudas de que la exageración desmedi
dade los problemas reales que debía confrontar Cuba, como cualquier
otra tierra del planeta, por un lado, hasta la fabricación burda de ele
mentos de tergiversación que hacían creer que la Nación estaba estan
cada, o peor aún, que retrocedía en todos los órdenes por laotra parte,
llegó a permear incluso a quienes debían haber poseído lainformación
sobre el estado real de la Isla.
Ricardo Bofill 213
Esta retórica, al uso en las diatribas políticasde todo el Globo, en
Cuba se convirtió en un perpetuo instrumento de agitación de masas
porparte de los grupos yde los líderes extremistas yllegó a crear tal am
biente de frustración social que ridiculizó e hizofracasar el proceso de
reformas iniciado con la Constitución de 1940, quehacer reformista és
te que habría podido conjurar el trajín devastador de los revoluciona
rios al estilo de Castro.
Si nos preguntamos cuáles eran las principales brechas económi
cas, políticas y sociales que nutrían la panoplia letal de los extremistas
nos encontramos con áreas trilladaspor la metodología del positivismo
en las Ciencias Sociales. Las grandes desigualdades y la polarización de
la riqueza y la pobreza en los extremos sociales, conjuntamente con la
corrupción administrativa y el ejercicio de la violencia por sobre el im
perio del derecho en la política, más la dependencia económica de los
Estados Unidos, son las respuestas más socorridas pero, por sí solas no
pueden explicar todoel origen del malestar que los aspirantes al poder
inculcaron perpetuamente en las masas. Incluso, algunas de esas pro
blemáticas y sus emblemas en los proyectos revolucionarios de la época
en ciertamedidaposeían una suma de componentes que, siseestudian
con detenimiento podrían explicar muchas de las raíces del progreso
tan espectacular que la economía yla cultura cubanas alcanzaron en el
período estudiado.
Así, por ejemplo, el triunfo económico de algunos sectores de la
sociedad cubana, su opulencia, además de despertar la envidia y el con
flicto, también es cierto que hacían surgir la capacidad de superación,
de emulación, de competencia del resto de la sociedad en tal grado que
hicieron posible que no pocos sargentos cubanos llegaran a generales;
que no pocos cortadores de caña, choferos, braceros ydependientes de
comercios llegaran a senadores y representantes de la República; que
no pocos obreros agrícolas llegaran a ser colonos y propietarios de tie
rras; que no pocos carpinteros, mecánicos, zapateros y albañiles llega
ran a convertirse en prósperosempresarios; que algunos mecanógrafos
llegaran a ministros, que decenas de miles de pequeños mercaderes lle
garana ser ricos detallistas, almacenistas, distribuidores, exportadores e
importadores de riquezas; que cientos de miles de estudiantes muy po
bresllegaran a ser maestros, contadores públicos, farmacéuticos, aboga
dos, ingenieros, médicos, periodistas yexpertos agrícolas e industriales,
214 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
que centenares de miles de cubanos fueran propietarios de sus instru
mentos de trabajo, de sus casas yque millones comenzaran a gozar de la
igualdad de oportunidades después de 1940.
En esta misma dirección, nos encontramos con que la dependen
cia económica de los Estados Unidos propició un ritmo de inversiones
económicas de tal magnitud que convirtió a Cuba en una de las áreas
punteras en todo el mundo en este indicador. Esos mismos vínculos de
dependencia de los Estados Unidos llevaron a Cuba la transferencia de
tecnologías yconocimientos científicos quesituaron a la Isla en los pre
dios de la II Revolución Industrial capitalista, la de siglo XX, y en espe
cial en un escalón cimero en sus sectores de las telecomunicaciones, la
electrónica, el transporte yla industria química.
Para entrar en algunos detalles acerca de las realizaciones de las re
alizaciones de este período debemos comenzar diciendo quejunto a la
Constitución de 1940 y a susleyes complementarias, ymuy en especial a
la filosofía y la práctica jurídicas que crearon el Tribunal de Garantías
Constitucionales y Sociales, probablemente el logro más sobresaliente
de la Cuba republicana surgidaen 1902 sea el concepto de Derecho Ci
vil público y privado. Esdecir, el conjunto de leyes que regularon la So
ciedad Civil Cubana hasta 1959. Sobre todo, el éxito económico regis
trado en esta primera etapa del País está indisolublemente vinculado a
lasgarantíascreadas por esa legislación civil para lasinversiones masivas
de capital que caracterizaron el extraordinario crecimiento económico
de la República de Cuba. No existe una solacifraexactapara establecer,
definitivamente, el monto real de crecimiento económico cubano entre
1898 y 1958. El problema quizás resida en el tipo de indicadores toma
dos para el análisis. Sin embargo, cuando Ramiro Guerra escribió la
obra Un cuarto de siglo de evolución cubana, era evidente que en la Islade
Cuba se había producido lo que más tarde, en teoría económica, se de
nominó el despegue. No quiere esto decir que yaCuba avanzara a paso
firme para convertirse en miembro del club de los paísesricos de la tie
rra, pero sí que poseía algunos de los índices de desarrollo económico
que auguran un futuro de esa naturaleza.
Esa prosperidad estuvo, comoapuntamos antes, enlazada a las leyes
civiles que promovieron en la República inicial lasgarantíasal Derechoa
la Propiedad, ycuando me refieroa estederecho no sólo piensoen la se
guridad de las propiedades de losinversionistas extranjeros yde los gran-
Ricardo Bofill 215
des ymedianos inversionistas criollos, sino que también estoy hablando
de las adecuadas garantías a la propiedad de que disfrutaban los peque
ños propietarios. En estos perfiles de la cuestión cubana eran ejemplari
zantes los derechos de los colonos azucareros, en relación a su cuota de
caña a vender cada año alingenio azucarero que lecorrespondiera.
Apartir de 1933 y, muy en particular después de 1940, los Dere
chos Económicos ySociales del pueblo cubano fueron un tema de obli
gada vigencia en las discusiones del Congreso de la República, yregis
tran progresos jurídicos y prácticos que crearon en Cuba un entorno
que permite afirmar que la Nación iba camino de convertirse, de dere
cho yde hecho, en unanación de corte socialdemócrata.
La Constitución que entró en vigor en la nación cubana en 1907
garantizó los Derechos Civiles yPolíticos fundamentales de la época. La
igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, con la excepción de la
igualdad política de las mujeres en materia electoral, convirtió a la So
ciedad Civil cubana en una de las más avanzadas del mundo en materia
institucional.
La igualdad jurídica, porejemplo, de todas las razas en Cuba hizo
posible que el negro Martín Morúa Delgado se convirtiera enPresiden
tedelSenado delaRepública yque, otronegro,Juan Gualberto Gómez,
llegara aser Vicepresidente del Gobierno yPresidente del Partido Libe
ral, el Partido más importante de laetapa, todo en las primeras décadas
nacionales.
El Sistema Jurídico que garantizaba la registración y el funciona
miento de los Partidos Políticos yde las Asociaciones de todaíndole, in
cluyendo las gremiales ylas de oposición a los Gobernantes del momen
to, la libertad de prensa, la libertad religiosa, lalibre entrada ysalida al
territorio nacional y las garantías individuales para el debido proceso
penal fueron DERECHOS HUMANOS FUNDAMENTALES que emanaron de la
Constitución de 1901, yde su legislación complementaria. Las brechas,
la violación flagrante, la burlay el abuso de estos Derechos, en primer
lugar por los propios gobernantes, por el Congreso yno pocas voces por
el mismo Poder Judicial, episodios casi presentes en la evolución de to
daslasnaciones, no alteran el hecho de que loscimientos del Estado de
Derecho, con la normativa y más avanzada en materia civil ypolítica es
taban presentes en los textos delalegalidad cubana de esta primera Re
pública.
216 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
De forma especial, el imperio de la ley regulaba de manera muy
clara y con gran sentido práctico las relaciones de propiedad, las rela
ciones productivas, las relaciones Estado-Individuo yFamilia-Individuo,
es decir, las relaciones civiles de aquel pueblo. Así las cosas tenemos, en
losJuzgados de Primera Instancia y en toda el área de lo Civil del Poder
Judicial, el menor índice de quebrantamientos escandalosos delaley vi
gente. Existen todo tipo de evidencias históricas sobre lodifícil que era
enelperíodo estudiado el atentar contra el Derecho de Propiedad que
emanaba en Cuba de los Protocolos Notariales. La escritura Pública de
un Notario tuvo un poder en Derecho Civil que sólo fue, alterado pri
mero ydestruido después, porlas Revoluciones de 1933 yde 1959. Los
Registros de la Propiedad de cada Partido Judicial del país que partían
de los Catastros Municipales, aunque con mayores fisuras estos últimos,
completaban el sistema que regía la espinadorsal de la vida económica
del país.
Yhe aquí que, precisamente, estos períodos, es decir, del año 1933
alaño de 1959, comiencen yterminen con laruptura transitoria prime
ro, a lacaída del Presidente Gerardo Machado en 1933, ycon eldesplo
me de 1959, que antecedió la total destrucción de las Instituciones Civi
les, de toda la Sociedad Civil y del Estado Derecho basado en los mode
los inglés, francés ynorteamericano dedemocracia liberal que se había
tratado de ensayar en Cuba, con prometedores avances para tan corto
período de historia republicana.
Con el futuro en la memoria
Como conclusión, pienso que el triunfo de la insurrección casuis
ta en la década de los años 50 no se debió a la violación masiva como
política de gobierno de los Derechos Humanos en Cuba. Estimo que
estos Derechos seviolaron de manera sistemática por parte de las auto
ridades policiales, por las fuerzas armadas y por el Ejecutivo de la Re
pública. Sin embargo, me parece quelarebelión de Fidel Castro preci
samente venció a sus oponentes por la existencia de un Estado de De
recho que, aunque alterado y deprimido, garantizaba un cierto clima
de libertades públicas y garantías personales que los castristas y otros
grupos de acción armada aprovecharon para no ser exterminados en
Ricardo Bofill 217
sus primeros reveses ypara reconstruir una yotra vez sus fuerzas hasta
alcanzar la victoria.
Fidel Castro fue derrotado en el asalto al Cuartel Moneada en
1953 ydecenas de sus seguidores fueron asesinados por el ejército de
Batista. Sin embargo, Fidel yRaúl Castro lograron ser presentados a los
tribunales ysencillamente fueron ala cárcel por los hechos de violencia
que habían ejecutado. La vida institucional de la República continuó su
curso yapenas 15 meses después de los hechos del Moneada, congresis
tas de oposición al Gobierno presentaron un proyecto de Ley en el par
lamento cubano que disponía laamnistía de los castristas yde todos los
presos políticos cubanos. De esta manera la vigencia de un relativo mar
co dederechos civiles ylibertades públicas en Cuba salvó a los revolucio
narios dela muerte yde largos períodos de cárcel. En consecuencia, la
policía de Batista trataba de eliminar físicamente a las huestes que le
atacaban sabiendo que, si dirigían los casos a los tribunales dejusticia,
era probable que sus enemigos quedaran en libertad o que sus conde
nas fueran exiguas.
El ejercicio de la libertad de prensa en Cuba, aunque con inte
rrupciones, hizo posible crear tribunas permanentes para la oposición
al Gobierno ypara informar alaciudadanía de lamarcha de los comba
tes contra las autoridades.
En siete años de dictadura de Fulgencio Batista en los cincuenta,
hubo dos elecciones generales y numerosos opositores ocuparon esca
ños públicos. En casi cuarenta años de régimen comunista en Cuba no
ha habido una sola elección con candidatos independientes que conta
ran con programas políticos yeconómicos propios.
Estas son algunas de las demandas mínimas quediversas organiza
ciones disidentes han reclamado. Tribunales independientes y la vigen
cia de las garantías individuales. Libertad de expresión yelecciones li
bres. Serían los primeros pasos para lareconstrucción del Estado de De
recho en Cuba.
LA OTRA SOCIEDAD CIVIL CUBANA
Desde el año 1976 el Movimiento de Derechos Humanos de Cuba
inició el esfuerzo para crear dentro delaIsla un espacio civil libre dela
218 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
voluntad gubernamental, enfrentando así las ansias de control totalita
rio del estado comunista encabezado por FidelCastro.
Con no pocos retrocesos y al precio de enormes sufrimientos infli
gidos a losdisidentes por parte del terrorismo castrista, esteempeño de
losactivistas de oposición cívica nacional seha extendido a todolo largo
y ancho del País.
En aquel año de 1976 sólo existía una agrupación contestaría en
Cubaque se enfrentaba a cara descubierta a Castro, exigiéndole el dere
cho a actuary a proponer otro modelo político basado en el respeto in
tegral a las libertades fundamentales del ciudadano.
En ese entonces el Comité Cubano Pro Derechos Humanos ape
nas tenía tres miembros. La cárcel, los tratos crueles y degrantes, la ex
torsión permanente y las agresiones brutales de una guerra en extremo
sucia que Castro desatócontra nosotros no pudieron hacer desaparecer
nuestra iniciativa de desobediencia civil y resistencia pacífica dentro del
territorio cubano. Todo lo contrario. Veintidós años después el CCPDH
se ha multiplicado y ahora hay cientos de organizaciones con miles de
adherentes en los cuatro puntos cardinales de la Nación. Estas entida
des poseen diversos perfiles y áreas de interés, pero todas son librepen
sadoras y reclaman sus derechos a Castro. Desde los periodistas inde
pendientes, los pedagogos, médicos, campesinos, sindicatos hasta parti
dos de múltiples matices políticos. Todas poseen el denominador co
mún de exigir la vigencia en Cuba de la Declaración Universal de Dere
chos Humanos firmada por ésta el 10 de diciembre de 1948. Esta cuali
dad las sitúa en un polo opuesto al orden de corte estalinista sostenido
por Castro. Este orden en esencia es violatorio de cada uno de los 30 ar
tículos de la Carta Magna de los Derechos Individuales.
Estas nuevasfuerzas del pueblo cubano, agrupadas para buscar una
alternativa a la versión de la dictadura del proletariado implantada en Cu
ba por Castro, representa una naciente NUEVA SOCIEDAD CMLCUBANA.
Esos innovadores retoños de Sociedad Civil que los disidentes es
tán cultivando provienen, entre otras fuentes, del viejo tronco de la His
toria de la Civilidad, que la República de 1902 comenzó a fomentar en
Cuba. Frente al clima de campamento militar sometido a ley marcial
permanente en que Fidel Castro convirtió a la sociedad cubana, nuestro
movimiento de Derechos Humanos ha propuesto el tránsito pacífico
hacia la Democracia. Este es nuestro proyecto. Todavía estamos en los
Ricardo Bofill 219
prolegómenos. Sabemos que la faena es ardua ydemasiado larga. Pero
el bregar no se detiene.
DATOS SOBRE LA SOCIEDAD CUBANA DE 1933 A 1958
En 1949 en Cuba había 575.000 receptores de radio, lo que repre
sentaba un receptor por familia.
LaConstitución de laRepública de Cuba de 1940 dejóestablecidas
las bases jurídicas para laaplicación de una semana laboral de 44 horas
de trabajo efectivo yel cobro delequivalente a 48 horas.
En 1958 los trabajadores de las oficinas bancarias, los de las empre
sas deAseguradoras, ylos empleados de las oficinas de laIndustria Azu
carera cubanas trabajaban 40 horas semanales ycobraban el equivalente
a 48 horas de labor.
Los asalariadosde las fábricas textiles, del transporte por ómnibus
ypor camiones ylos trabajadores telefónicos en 1958 laboraban 35 ho
ras cada semanay cobraban un total de 48 horas.
Todos los empleados de la Compañía Cubana de Electricidad a lo
largo yancho de la Isla en 1958 trabajaban entre 30 y32 horas cada se
mana ycobraban 48 horas de labor.
En diciembre de 1958, el Consejo Ejecutivo de la FNTA, la Federa
ción Nacional de Trabajadores Azucareros, el mayor sindicato del País,
que contaba con cientos de miles deafiliados en laIndustria que erala
primera empleadora de Cuba, aprobó un proyecto para someter alCon
greso de la República que establecía los cuatro turnos diarios de labor
en los centralesazucareros. Esdecir, que losobreros trabajarían6 horas
diarias yseguirían cobrando el equivalente de ocho horas dejornal. Es
te proyecto contaba con el apoyo del Ejecutivo de laCTC, la Confedera
ción deTrabajadores de Cuba yde numerosos congresistas en elSenado
yla Cámara de Representantes de la República.
En el año de 1955 el ingreso per cápita nacional cubanocreció un
7% ylaproducción nacional bruta del país también creció un 7%.
De 1950a 1958la Confederación de Trabajadores de Cuba ysusfe
deraciones sindicales afiliadas ganaron ocho grandes huelgas naciona
les en reclamo de mejoras salariales yde nuevas ventajas en las condicio
nes de labor para los obreros. De manera especial la FNTA -Federación
220 Cienaños de Historia de Cuba (i898-1998)
Nacional deTrabajadores Azucareros- ganó lahuelga llamada de "com
pensación por la Superproducción de Azúcar", que implicaba el pago
de salarios pordías de trabajo no laborados, que benefició a cientos de
miles de obreros de este sector.
DE LA REVOLUCIÓN AL MODELO TOTALITARIO
(1959-1998)
PIÓ E. SERRANO
Una de las más notablesperversiones que ha producido la recien
te historia cubana ha sido de carácter semántico. Me refiero a la apro
piación, usoy abuso de laspalabras; a la fragmentación esquemática del
pensamiento, reducido a un maniqueo dispositivo de disyuntivas ele
mentales; y a la consagración de la falacia y el sofisma como formas ha
bituales de conocimiento. Aspectos sobre los que más adelante podre
mos detenernos, pero que ahora reservo únicamente para subrayar el
carácter improcedente del término "revolución" al referirnos a la totali
dad del proceso por el que ha atravesado la isla desde 1959 yal que alu
de el título que nos convoca, "Larevolución castrista en Cuba".
Reconozco como uno de los logros más espectaculares del régi
men cubano el de haber sostenido de manera sistemática, en contra de
la lógica de la historia y del significado mismo de las palabras, el térmi
no "revolución" como signo de autorrepresentación. Elrégimen ha pro
longado así una elástica cobertura semántica que se apropia indebida
mente del prestigio de un referente, para muchos, "cargado de futuro",
en estado permanente de posibilidad utópica, prolongación indefinida
de un presente continuo; una palabra referida a un incesante movi
miento que lo transforma todo justificado por una siempre virtual llega
da a la aspirada meta.
A este respecto la experiencia cubana es única en la historia si re
pasamos la cronología que fija el nacimiento, desarrollo y tránsito hacia
una nueva etapa de cualquiera de las revoluciones modernas, sean éstas
la norteamericana, la francesa, la rusao la china. En todas ellas, el perí
odo revolucionario, generalmente de breve e intensa duración, es aco
tado en un paréntesis que no suele sobrepasar los diez años. Aeste perí
odo de transformaciones profundas de la organización estatal ysocial vi
gente, precipitadas incluso por la violencia, desarrolladas de manera
acelerada y con una voluntad irreversible de alterar las relaciones insti
tucionales; a este período destructivo del viejo orden, el propiamente
revolucionario, le sigue la fase en la que losrevolucionarios advenidos al
221
222 Cien años de Historia de Cuba (1898-i998)
poder, deben convertir ese poder provisional engobierno estable, ypa
ra ello construir un nuevo orden institucional, que al dar paso a una
praxis política debería, de manera sostenida ynormalizada, transferir al
cuerpo social los postulados de la revolución.
En Cuba, según algunos analistas, laRevolución habría culminado
en 1961 con la proclamación del carácter socialista de la misma, des
pués de haber desmontado el antiguo orden institucional y de haber
desposeído a lavieja clase dirigente. Sin embargo, para esa fecha, toda
vía no se habían diseñado las nuevas estructuras institucionales que ha
brían de sustituir lasantiguas. Elperíodode institucionalización comen
zará a trazarse a partir de 1968, como consecuencia de las severas exi
gencias que elnuevo hombre fuerte delaURSS, Leonid Bréznev, impo
ne a los erráticos años de Revolución castrista. La necesidad de garanti
zarla sobrevivencia económica yel poder político fuerza a losdirigentes
cubanos a instalarse formalmente en la órbita soviética, y, con ello, per
der su carácter autónomo, su espontaneidad carismática. El proceso de
institucionalización dioun primerpaso en 1965 conla consagración del
Partido Comunista como el instrumento rector único para la ejecución
de una políticade gobierno.
Demostrando unacapacidad extraordinaria paralacorrupción del
lenguaje ylaambigüedad calculada, elrégimen cubano halogrado man
tener en el vocabulario internacional la fórmula sacralizada de "revolu
ción cubana", durante, al menos, las tres últimas décadas en las que ya
había perdido los rasgos distintivos de lo que laciencia política califica
como tal. Estainsistencia no es meramente adjetiva, con ella se ha queri
do obtener, insisto, una percepción del régimen comosiestuviera en un
constante estado de excepción, de renovación permanente. Un estado
en el que no se desea alcanzar unamadurez estable yse prefiere proyec
tarunaimagen de romántica aventura que pareciera no tener fin.
Con laestrategia deocultar elfin de larevolución, desde finales de
los 60 ladirigencia cubana haquerido enmascarar lainstauración deun
régimen totalitario ypersonalista. Ante la opinión pública internacional
se procuraba sostener lacorrupción semántica, pues a la revolución, un
proceso de tránsito por definición, se le pueden tolerar ydisimular ex
cesos que bajo otra forma política no se admitirían. Por otra parte, la
sostenida fluencia de exiliados vinculados estrechamente a los órganos
de poder político durante las últimas décadas, poco interesados en ser
Pío E. Serrano 223
asociados como servidores de un régimen totalitario, insisten reiterada
mente, yen beneficio de supropia imagen, en ponerfin a laetapa revo
lucionaria en la fecha en la que ellos se desvinculan del régimen. Con
tribuyendo todo ello a unamistificación en laque se corrompe lalógica
históricay el régimen se ve renovadamente beneficiado.
La corrupción semántica del término revolución forma parte de
una sucesión de perversiones léxicas, de contradictorios discursos para
lelos, de la creación de mecanismos encargados del ocultamiento del
significado, de la proclamación sucesiva de sofismas y ambigüedades
que alcanzaron una extraordinaria eficacia mediática desde los prime
ros meses de 1959.
Cuando la dictadura de FulgencioBatista se desmorona en diciem
bre de 1958, los rebeldes procedentes de la Sierra Maestra, comienzan
con dilación calculada un avance triunfal hacia La Habana, un desfile
que progresa en intensidad dramática con la llegadade Fidel Castroa la
capital una semana después. Se trata de una parada militar de efectos
redentoristasy mesiánicos, que posteriormente alcanza su culminación
en el momentoen el que la ansiada palabra, el esperado verbo redentor
-calculadamente postergado- se hace visible en el cuartel de Columbia
yel efecto mágico de la paloma que acude al hombro del joven guerri
llero consagra el primer acto ritual de una sucesiva escenificación de sí
misma quelaRevolución cultivará conespecial esmero, ydelque lapos
terior instauración del régimen totalitario irá prescindiendo, en la me
dida en que la fuerza social cohesionadora deja de ser apelativa para
convertirse en represiva.
Se ha afirmado conrazón quela Revolución cubana ha sido la pri
mera revolución mediáticadel siglo. Nunca antes un movimiento social
de esta naturalezapudo disponer de tal cantidad de mediosmasivos de
comunicación para su promoción, difusión e instalación definitiva en el
poder. Desde los días de Sierra Maestra -recordemos la conocida anéc
dota por la que Castro se enorgullece de haber engañado al periodista
del "New York Times", Herbert Mathews, al hacer desfilar de manera
ininterrumpida un pequeño número de rebeldes para causar la impre
sión equivocada de disponer de una tropa superior a la que realmente
existía- Castro se preocupapor el cultivo de su imagen. Con la dramáti
ca escenificación de la entrada en La Habana, y lassucesivas concentra
ciones masivas, a la manera de los autos sacramentales, se efectuaba la
224 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
representación de un misterio o de una revelación prodigiosa. En unas
yen otras siempre estuvieron presentes laprensa escrita, laradio ylate
levisión para reproducir de manera inmediata ycon alcance universal la
imagen simbólica, la impronta icónica de los nuevos tiempos.
Esta revolución mediática fue posible gracias a la paradójica cir
cunstancia de que Cuba se encontraba a finales de la década de los 50
en laetapa que los economistas denominan de despegue hacia lamadu
rez económica de las sociedades desarrolladas, y figuraba por ello entre
los países punteros de Iberoamérica. Existían enlaIsla un aparato dera
dio porcada 6,5 habitante servidos por270 estaciones transmisoras; un
televisor por cada 25 habitantes para 5 canales de televisión, uno de
ellos en color; 101 ejemplares de periódicos por cadamil habitantes ser
vidos porcinco grandes periódicos de alcance nacional ycerca de trein
ta importantes diarios de ámbito provincial.
El eficaz empleo del discurso visual de la entrada de los rebeldes
en La Habana permitió a Castro establecer una de sus primeras apócri
fas certidumbres: la caída de Batista se debía a la lucha armada guerri
llera. Conel ininterrumpidodesfile de rebeldes ante cámaras ymicrófo
nos se borraba la lucha urbana del sector civildel Movimiento 26 de ju
lio, del Directorio Revolucionario y de la Triple A, entre otras fuerzas
que diariamente hostigaban ladictadura batistiana. Un sector civil for
mado por la extensa clase media (profesionales, comerciantes, indus
triales, obreros especializados) que articulaba lavida económica del pa
ís. Esta resistencia cívica urbana, unida a la decisión del Departamento
de Estado de EE. UU., en el segundo semestre del 58, de dejarcaerla dic
tadura batistiana serían los factores decisivos de su desplome. El cambio
de rumbo de la política norteamericana en elsegundo semestre de 1958
se debió, entre otras razones, a que la dictadurayaresultaba incómoda
para los influyentes productores degrasas ylos arroceros norteamerica
nos perjudicados por una política nacionalista de Batista en estos secto
res, yporlacreciente influencia de laprensa norteamericana en lapre
sentación de Castro como una suerte de Robin Hood de los tiempos
modernos. Siempre el arte de la representación yde la impostura en la
clave de los sucesivos éxitos primeros de Castro.
Al desposeer a laresistencia cívica urbana del protagonismo que le
correspondía, Castro se apodera de todo elaparato escenográfico dela
revolución triunfante, al tiempo que, gracias a los medios, deslumhra a
Pío E. Serrano 225
muchos, encanta a las mayorías y atemoriza a lo que entonces fue una
minoría presa del terror revolucionario. Hugh Thomas cifra en 1.330
los fusilados entre 1959y 1960 y en más de 10.000 los prisioneros políti
cos de diversa índole.
Pero veamos en una apretada síntesis la evolución de la Revolu
ción en esos primeros años tan importantes para la comprensión inte
gral del proceso.
En 1959 la mayor parte de la población cubana tenía la sensación
de que atrás habían quedado siete años de dictadura, cincuenta y dos
años de una república cuyos perfiles más nefastos únicamente eran evo
cados, ocultando celosamente la progresiva línea ascensional en todos
los órdenes de esa misma república. Se salvaba, eso sí, la Constitución
de 1940, texto fundacional sobre el que vuelve una y otra vez la autode
fensa de Castro en 1953, "La Historia me absolverá", uno de los textos
constitucionales más avanzados de América, cuya doctrina social había
comenzado a consolidarse en la legislación que la desarrollaba, pero a
la que aún aguardaban aspectos que la consolidasen. Sin embargo, en
febrero de 1959 el régimen revolucionario aprueba por Decreto una
Ley Fundamental que reemplaza a la Constitución del 40, de carácter
provisional, asíse dijo entonces, que cubriría el vacío de derecho que la
revolución había provocado. Ya nunca más se volvióa hablar de la Cons
titución del 40, sino para denostarla.
En aquellos días iniciales se tenía la impresión de que la revolu
ción consistía en un cuerpo acabado, unívoco, sin fisuras, que parecía
destinado a preservarse en su propia identidad, no sujeta a cambio o
mutación algunos. Apreciación ésta que ha sobrevivido en algunos ob
servadores de la reciente historia de Cuba, ingenuos unos, otros no, ad
miradores y detractores, quienes puestos a valorar la revolución insisten
en la aberrada creencia de estar siempre ante el mismo fenómeno, con
fundiendo indiscriminadamente los aciertos ylos errores de lasdistintas
etapas de lo que en realidad ha sido un proceso sujeto a una sucesiónde
múltiples identidades. Etapas, por cierto, que se desarrollaban en varios
niveles paralelos, no necesariamente comunicados entre sí, y que ha si
do uno de los procedimientos, el de la ambigüedad calculada, prevale
cientes en la vida política de Castro. Así en los primeros tres años de la
Revolución, mientras un nivel adaptado a la tácticaexigidaen cada mo
mento se expresaba públicamente para asegurar el carácter nacionalista
226 Cien años de Historia de Cuba o 898-i998)
y no alineado de la Revolución; otro, el de la estrategia que Fidel Castro
tenía en mente, y sólo compartido con sus más íntimos colaboradores,
estaba destinado a la consagración de un régimen marxista.
El primer movimiento de Castro favorable a esta estrategia se pro
dujo en fecha tan temprana como el 6 de enero de 1959, cuando, me
diante uno de los primerosdecretos del nuevo gobierno, se eliminaron
los partidos políticos tradicionales y únicamente se reconocieron como
fuerzas políticas los distintos gruposarmados que participaron en la caí
da de la dictadura. Para aliviarla medida, pues el primer gabinete revo
lucionario estabaintegrado en parte por miembros de algunosde aque
llos partidos políticos, el decreto anunciaba una convocatoria a eleccio
nes en el término de dieciocho meses. Cumplido el plazo, la consigna
programada para ser coreada por las multitudes fue la de "Elecciones,
¿paraqué?" y la doctrina política en la que el giro político que se impo
nía se substanció en la concepciónde una "democracia directa". En rea
lidad se daban los primeros pasos para la apropiación de todas lasinsti
tuciones de la nación para, en su lugar, instaurar y consagrar la figura
dominante de Fidel Castro. El eficaz juego combinatorio de tácticay es
trategia fue de tal naturaleza que la figura de Castro pareció no empa
ñarse por la sombra del dictador tradicional, sino, más bien, asumía el
papel delvisionario, del personaje mesiánico cuya tareaesla realización
del espíritu de un pueblo, a la manera quese manifiesta la "astucia de la
razón" hegeliana.
También en enero del 59 y en un equívoco gesto que debía subra
yar suindiferencia anteel poder, Castro se reserva lajefatura delEjército
y designa presidente provisional al magistrado Manuel Urrutia, quien
durante el proceso por el asalto al cuartel Moneada en 1953 se habíadis
tinguido por su voto particular en favor de los inculpados; y primer mi
nistroaJosé Miró Cardona, prestigioso político vinculado al PartidoOr
todoxo, uno de losmásenérgicosoponentes a la dictadura anterior. Pero
ya en febrero yjulio, el propio Castro, desvirtuando aquel propósito de
mantenerse alejado del poder político, acepta la renunciadel primer mi
nistro, opuesto a los fusilamientos indiscriminados, yacusa de deslealtad
y traición al presidente, para asumir desde entonces el cargo primero y
nombrar en el segundo a Osvaldo Dorticós, un dócil político de provin
ciascercano al Partido Socialista Popular (PSP), nombre que asumiódes
de 1944 el Partido Comunista de Cuba, fundado en 1925.
Pío E. Serrano 227
En octubre de este primer año de la revolución, es detenido el co
mandante de la Sierra Huber Matos, jefe militar de la provincia de Ca
magüey, acusado de deslealtad a la revolución. Matos, condenado a 20
años de prisión, había escrito una carta a Castro en la que mostraba su
preocupación por el asalto al que era sometido el ejército rebelde por
miembros del Partido Socialista recién incorporados al proceso revolu
cionario y cuya presencia fue prácticamente nula durante la insurrec
ción. Durante el operativo de detención de Matos desapareció el avión
que conducía a CamiloCienfuegos,único par de Castro en el afecto ma
yoritario de la población, circunstancia que habría de quedar en la pe
numbra de la incógnita.
A pesar de estosinquietantes acontecimientos, estosprimeros años
de la Revolución sevivieron bajoel reclamo de un discurso que alentaba
aceleradas medidas de rescate de la dignidad nacional. Para ello se po
ne en marcha una legislación que ganaba para el proceso la simpatía y
el entusiasmo mayoritarios. De nuevo la eficacia entre la táctica y la es
trategia. Entre otras, se firmaron la primera Ley de Reforma Agraria
que, con un criterio todavía amplio, restringía la propiedad de la tierra
a 400 hectáreas; la Ley de Reforma Urbana, que en una primera etapa
reduce losalquileres en un 50% y en su desarrollo posteriorestataliza la
propiedad inmobiliaria; la Leyde Recuperación de BienesMalversados,
que traspasa al Estado las propiedades de los vinculados a la dictadura;
lasleyes de nacionalización de lascompañíasde electricidad yteléfonos,
hasta entoncespropiedad de empresas norteamericanas; al tiempo que
se reducen drásticamente las tarifas eléctricas, telefónicas y transporte
público.
La inevitable confrontación con los intereses norteamericanos ge
neró en 1960la nacionalización de los principales centrales azucareros,
de las refinerías, de la banca y de otras 382 grandes empresas, tanto de
capital cubano como norteamericano. El vértigo de las nacionalizacio
nes pareció provocado por el rechazo norteamericano de mantener la
cuota azucarera para su mercado, hecho público en julio de 1960. El
conflicto alcanzó su punto culminante en enero de 1961,cuando los Es
tados Unidos decidieron romper las relaciones con Cuba.
Para 1960 ya se habían creado los Comités de Defensa de la Revo
lución, aparatos de vigilancia integrados por los vecinos de cada cuadra
y destinados a un rígido autocontrol de la población.
228 Cien años de Historia de Cuba (i 898-i998)
Los tres primeros años de la revolución transcurrían vertiginosa
mente. La dinámica de los hechos, todos ellos trascendentales, parecía
desplazar la capacidad de asimilación reflexiva de aquella intensa ycon-
flictiva realidad. Desde lasfilas revolucionarias dos fueron las respuestas
a esta calculada política populista y de exacerbación de los sentimientos
nacionalistas: una, minoritaria, primero de oposición abierta al rumbo
que tomaba el proceso, conspirativa, después; otra, mayoritaria, cuyaca
pacidad de asimilación crítica del proceso quedaba desbordada por
aquella sucesión convulsade aconteceres inéditos.
La primera, la opositora y conspirativa, tuvo sus primeras víctimas
entre los que expresaron de manera abierta su oposición en los prime
ros meses. Fueron los casos de Urrutia, Miró Cardona y Huber Matos.A
continuación, Pedro Luis Díaz Lanz, jefe de la Fuerza Aérea Rebelde,
escapa a EE. UU. y lanza desde el aire folletos advirtiendo sobre el carác
ter comunista oculto del proceso. Circunstancia aprovechada para desa
tar una campaña propagandística sobre supuestas víctimas civiles de es
tas incursiones aéreas. En uno de los giros hiperbólicos de Castro los
vuelos de Díaz Lanz fueron comparados a Pearl Harbor y se culpó a EE.
UU. de favorecerlos y encubrirlos. El 26 de octubre del 59, en una gigan
tesca concentración se oyeron por primera vez las consignas de "¡Pare
dón! ¡Paredón!" en calculada respuesta a la alocución provocadora de
Castro. Sin embargo, el mayor peligro para Castro provino del sector de
mocrático dentro de su propio movimiento. Pronto se sucedieron las si
glas de los grupos enfrentados a la revolución: el MRR (Movimiento de
Rescate Revolucionario), el MRP (Movimiento Revolucionario del Pue
blo), el FRD (Frente Revolucionario Democrático) y el M-30-N (Movi
miento 30 de Noviembre). A ellos se incorporaron figuras destacadas de
la revolución y de la lucha contra Batista. Fueron los casos de los ex mi
nistros de Obras Públicas y de Agricultura, Manuel Rayy Humberto Sorí
Marín, ambos de tendencia socialdemócrata, el sindicalista David Salva
dor, el político Aureliano Sánchez Arango, los periodistas Luis Conté
Agüero yJosé Pardo Liada, el democristianoJosé Ignacio Rasco, el diri
gente universitario Pedro Luis Boitel, entre otros. Todosellosforzados a
un precipitado exilio o condenados a largos años de prisión en medio
de una agresiva campaña de descrédito personal y acusaciones de pre
suntas colaboraciones con el gobierno norteamericano.
Entre 1960 y 1961 se produjeron alzamientos en la Sierra del Es-
Pío E. Serrano 229
cambray, integrados por ex combatientes de la revolución yotros com
ponentes de distintas filiaciones. Diezmados en una lucha feroz, fueron,
además, desacreditados en una campaña que llevó por nombre "la lu
cha contra bandidos". Como resultado de la campaña del Escambray,
miles de campesinos de la zona, que prestaron suayuda a los rebeldes o
que se mostraron indiferentes en la lucha, fueron forzados a trasladarse
a Pinar del Río para limpiar lazona de cualquier desagradable sorpresa
futura.
Por otra parte, la mayoría de la población era alimentada con un
eficaz recurso procedente del reservorio ideológico de la nación, un
profundo sentimiento antiimperialista que vinculado a la torpe política
del presidente Eisenhower -quien confundiera a Castro con un caudillo
latinoamericano al uso-, se declaraba heredera de la humillante interfe
rencia norteamericana en la guerra del 98, de la imposición de la En
mienda Platt, de la injerencia de losprocónsules norteamericanos de las
primeras décadas, de las frustraciones de larevolución del 33, de laayu
da aportada por EE. UU. al régimen de Batista hasta pocos meses antes
de su caída.
Sin embargo, de manera paradójica, la influencianorteamericana
en Cuba era apreciable en todas las instanciasde la vida cotidiana, tanto
en sus aspectos económicos como sociales. De hecho Cuba se encontra
ba en 1959 entre los tres países más avanzados deAmérica. Se cumplía
así una peculiar y contradictoria relación estructural entre ambas nacio
nes que, por una parte, favorecía el progreso económico, material, tec
nológico ycientífico delaisla yque, porotra, desfiguraba los perfiles de
lapropia soberanía cubana. O sea que si bien lamayoría delapoblación
cubana se identificaba por la memoria acumulada con un sentimiento
antiimperialista, sin embargo, por el bienestar material que le producí
an sus estrechas relaciones con EE. UU. yel amplio consumo de sus pro
ductos culturales, no se sentía antinorteamericana, salvo el minoritario
sector de militancia comunista.
Con esta perspectiva no resulta extraordinario que la mayoría del
pueblo cubano asumiese la confrontación económica-política con los
Estados Unidos como un tardío ajuste de cuentas que la nacionalidad
cubana necesitaba para alcanzar su propia identidad. Ámbito éste, eléti
co-político, al que posteriormente se añadieron la amenaza militar yel
embargo económico, circunstancias éstas que los dirigentes cubanos
230 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
han sabido mantener encendidas con el evidente propósito de alinear
en sufavor a amplios sectores de lapoblación, depositando en EE. UU. la
culpa de sus fracasos, aun cuando, al menos desde 1970, se hizo patente
que la responsabilidad primera de esos fracasos se debían a la ineficaz
gestión del régimen ya su aislamiento de las corrientes dominantes en
el escenario mundial.
Ala supresión de la cuota azucarera en el mercado norteamerica
no siguió la sorpresa de que los recién adquiridos amigos de la Unión
Soviética se hacían cargo de la misma, al tiempo que se firmaba en La
Habana ungeneroso convenio deintercambio comercial, que habría de
ser seguido porlos que se firmarían con las repúblicas socialistas de Eu
ropa Oriental y con la República Popular China. Convenios contra na
tura que precipitaban la economía cubana hacia mercados distantes y
desconocidos, y del que provendría una tecnología muy por debajo de
losniveles alcanzados en el 58, al tiempo que se comenzaba a repetir el
esquema de dependencia económica de un único mercado que tan fu
nestas consecuencias había provocado en la pasada vidarepublicana.
Es elperíodo enelque elChe Guevara, después deunagestión de
sastrosa en el Banco Nacional, primero desde la Dirección de Industria
del INRA y desde 1961 como ministro del ramo, encabeza una funesta
política deindustrialización forzada yderechazo al azúcar como centro
motor de la economía cubana.
Pero Castro, además de la cobertura económica soviética, necesita
ba el amparo de una ideología cohesionadora quejustificase su voca
ción totalitaria, además de requerir de la eficacia del Partido Socialista
Popular para consolidar una férrea estructuración del país. Sin embar
go, el acceso de Castro al comunismo no puede ser restringido a las si
guientes simplificaciones que se han hecho: una, separar el castrismo
del movimiento comunista internacional; y otra la de reducirlo a una
identidad absoluta con dicho movimiento. No puede afirmarseque Cas
tro no fuera comunista entonces porque era "castrista", pues sería igual
que afirmar que Mao Tse-tung no podía serlo porque era "maoísta" o
que Tito no podía serlo porque fuera "titoísta". La realidad es que Cas
tro representó una tendencia singular dentro del comunismo interna
cional. En primer lugar lafuente de autoridad del castrismo, durante el
período revolucionario, es elpropio Castro, ynoproviene vicariamente
de un poder externo. En segundo lugar, el castrismo fue laúnica expe-
Pío E. Serrano 231
rienda del comunismo internacional que llegó al movimiento desde
fuera, y que no creció orgánicamente dentro del mismo. Castro necesi
taba al comunismo para que le diera una doctrina, un sistemaeconómi
coysocial, y ayuda material, pero estaba convencido de que el comunis
mo mundial lo necesitaba en el exterior para lograr su expansión en
AméricaLatina, al tiempo que procurará durante varios años mantener
una posición autónoma dentro del movimiento comunista internacio
nal.
No es de extrañar, pues,que desde loscomienzos del procesorevo
lucionario el núcleo duro de sus dirigentes se preocupara por provocar
una transformación profunda de la conciencia nacional. El cambio que
lenta y gradualmente se produce en la conciencia de la mayor parte de
la población no fue espontáneo, sino que surge como resultado de la
obsesión primera de algunos de sus dirigentes, fundamentalmente el
propio Castro y el Che Guevara. Desde el año 59, Castro comienza a in
sistir en esta idea y en 1961 Guevara profundiza y explícita su concep
ción al respecto. Para ellosno es suficiente la apropiación de losmedios
de producción yde las instituciones del Estado si éstas no iban acompa
ñadas de la forja de una conciencia revolucionaria. Era el germen de la
concepción del "hombre nuevo". Para lograr estos objetivos, la revolu
ción necesitaba apoderarse de la totalidad de los medios formativos de
la sociedad: la escuela, la prensa, los medios radiofónicos y televisivos,
lossindicatos... Laeducaciónideológica debía disponer de todos losre
cursos para un sólo y único propósito.
Así, a la campaña de alfabetización de 1961 siguió la nacionaliza
ción de la escuela privada y la expulsión del paísde lasórdenes religio
sas que, en gran medida, las atendían. Con ello se ponía fin a una ense
ñanza pluralistay el Estado se reservaba para sí la formación de las nue
vas generaciones.
Por otra parte, el mismo golpe servía para detener el empujede la
Iglesia Católica que desde 1960 había asumido una actitud crítica ante
la progresiva radicalización del proceso. Sus programas de radioytelevi
siónya habían sido suprimidos en 1960. Gran parte del clero era de ori
gen español, formado en la intransigencia franquista y una rígida orto
doxia, lo que favoreció que en su momento algunas de sus posiciones
no encontraseneco entre la mayoría de una población que tampoco se
caracterizaba por una acendrada fe católica. Silenciando a la Iglesia, de-
232 . Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
nostando a sus sectores democráticos bajo el amparo de la persecución
a los elementos más reaccionarios, el régimen eliminaba una indeseada
competenciaideológica. La estrategia no fue la de aplastar la Iglesia, si
no más bien la de aislarlay reducirla al silencio.
El proceso de desmembramiento del antiguoorden también llegó
a la universidad, cuyaautonomía era una antigua conquista del país. La
primera violación se produjo en 1959 cuando Castro se inmiscuyó per
sonalmente en las elecciones a los cargos directivos de la Federación de
Estudiantes Universitarios (FEU) para favorecer la candidatura del co
mandante Rolando Cúbela en desfavor del candidato católico Pedro
Luis Boitel. Poco después Boitelfue enviado a prisión, donde murió en
1972 a consecuencias de una huelga de hambre. Con el tiempo, Cúbela
se vería envuelto en una conspiración para asesinar a Castro. Después
de estar encarcelado marcharía al exilio. Mientras, la nueva directiva es
tudiantil llevó a cabo una depuración de profesoresque afectaríaa la ca
si totalidad de su claustro. En diciembre del 60 se anuló la autonomía
universitaria y se creó el Consejo Superior de Universidades, depen
diente del Ministerio de Educación, y a cuyo frente se situó aJuan Mari
nello, intelectual militante del viejo partido comunista.
Los sindicatos tampoco escaparon de la meticulosa mediatización
que la estrategia revolucionaria reclamaba. Cuando en mayo de 1959
los dirigentes electos de las federaciones que integraban la Confedera
ción de Trabajadoresde Cuba (CTC) resultaron elementos afinesa la re
volución, pero enconadamente anticomunistas, Castro entendió que es
to era un obstáculo para la radicalización del movimiento obrero. Por
ello hizo convocar el X Congreso de la CTC en noviembre de 1959. De
los tres mil delegados, sólo 260eran comunistas. A pesar de la interven
ción personal de Castro para violentar el resultado de laselecciones, el
Comité Ejecutivo resultante prácticamente excluyó a los comunistas.
Castro reservó su próxima jugada para los primeros meses de 1960,
cuando convocó a una nueva asamblea que, de hecho, se convirtió en
una verdaderapurgade losdirigentes anteriormenteelectos, considera
dos ahora como traidores al movimiento obrero. Su secretario general,
David Salvador, debió pasar a la clandestinidad. Para reemplazarlos se
designó una nueva ejecutiva, a cuyo frente se impuso al sindicalista co
munista Lázaro Peña. Una de las primeras decisiones de esta nueva di
rectiva fue la renuncia al derecho de huelga de los trabajadores.
Pío E. Serrano 233
En cuanto a la prensa, desde mediados del mes de agosto de 1959
comienzan a surgir los primeros tropiezos, pues si bien durante los pri
meros meses del régimen revolucionario todas las voluntades parecen
estar acordes, a pesar de las críticas desde algunos medios a los fusila
mientos indiscriminados, a medida queel proceso se radicaliza yasume
nuevas y cada vez más discutibles medidas económicas que ponen en
riesgo la estabilidad del país, el régimen se muestra más intransigente
ante cualquier tipo de crítica. Cuando la prensa quiso enfrentarse al
rumbo que dictaba laalta cúpula delpoder, aparecieron, a partir de oc
tubre de 1959, las célebres "coletillas", verdaderos comentarios contrae
ditoriales que los trabajadores del sector gráfico, aparentemente de ma
nera espontánea, imponían a cada artículo, editorial o pie de foto dis
puesto porlaredacción del periódico. El conflicto estaba servido ypara
finales de 1960 ya habían desaparecido todos los órganos deprensa que
no estuvieran directamente al servicio del nuevo poder.
Todo había comenzado en losprimerosdíasde 1959 con la estatali-
zación de los órganos de prensa directamente vinculados a la dictadura
de Batista. Aello siguió el enfrentamiento directo con figuras indepen
dientes del periodismo, como Sergio Carbó, Carlos Castañeda, Gastón
Baquero y AgustínTamargo, entre otros. Ya en 1960los directores de la
prensa independiente, de la radioyde la televisión sevenforzados al exi
lio. Enjulio del mismo año le tocó su turnoa la prestigiosa revista Bohe
mia, que durante la etapainsurgente sirvió de soporte a laconsolidación
de la mística heroicade Castro y hasta entonces al servicio de la revolu
ción. Bohemia, conunacirculación de 250.000 ejemplares, eraelsemana
rio más influyente de lalengua. Sudirector, Miguel Ángel Quevedo, ami
gopersonal de Castro durante años, debió marchar alexilio. Junto a ella
cayó larevista Carteles, lasegunda en importancia en elpaís. Enenero de
1961 se clausura la revista católica La Quincenay se deja elcamino despe
jado para lainstauración de lo que elpropio Castro llamó "el surgimien
tode unaprensa positiva yconstructiva". Como buque insignia delanue
va relación de dependencia entre la prensa yel poder quedaba elperió
dico Revolución, cabecera que fuera delórgano fundado porCarlos Fran-
qui para los guerrilleros de laSierra Maestra. Bajo suamparo apareció el
suplemento cultural Lunes de Revolución, cuya dirección fue encargada al
joven periodista y crítico de cine, Guillermo Cabrera Infante.
Desde Lunes de Revolución habría de surgir el primer encontronazo
234 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
entre larevolución ylos intelectuales. Durante sus tres primeros años la
dirigencia revolucionaria había estimulado la multiplicación de las ma
nifestaciones culturales. Se creóun poderoso movimiento teatral ycine
matográfico, se multiplicaron las ediciones de los libros de autores na
cionales yextranjeros. Los intelectualesjóvenes, en su mayoría cercanos
a la revolución, disfrutaban del amparo de un régimen que los dejaba
hacer sin mayores exigencias a cambio. Sin embargo, en 1961, el en
frentamiento de criterios revolucionarios entre el sector más liberal y
menos ideológico deLunes de Revolución con los dirigentes culturales co
munistas del ICAIC, Alfredo Guevara ySantiago Alvarez; del Consejo Na
cional de Cultura, Vicentina Antuña, Edith García Buchaca; y desde las
páginas culturales del periódico comunista Hoy, se recrudeció peligrosa
mente. La excusa para poner fin alconflicto fue la prohibición porpar
te del ICAIC de la exhibición de un cortometraje, PM, una muestra defree
cinema que ponía en pantalla laforma espontánea en que se divertían
las clases populares en La Habana nocturna. Acusado elfilme de licen
cioso yobsceno -esa preocupación moral bajo la que suelen esconderse
los comisarios-, los comunistaslo tacharon de ofrecer una imagen nega
tiva del sano pueblo trabajador.
Para dirimir el conflicto Castro citó a los intelectuales más renom
brados en la Biblioteca Nacional, y allí, durante varias sesiones, fijó la
nueva política cultural del proceso, que se resumía en unaoscura yame
nazadora consigna: "Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolu
ción, nada". Después de clausurar Lunes de Revolución se decidió lafun
dación de la Unión de Escritores yArtistas (UNEAC), ycomo presidente
de la misma se designó a Nicolás Guillen. Con ello quedaron bajo con
trol los intelectuales durante el proceso revolucionario. Diez años des
pués, finalizado el período revolucionario e instaurado el régimen tota
litario, en1971 lacrispación con los intelectuales llegaría a su punto cul
minante cuando el poeta Heberto Padilla fue detenido yforzado a una
grotesca autoinculpación, remembranza de los procesos de Moscú de
los años treinta. En el mismo año, la política cultural habría de sufrir
una nueva vuelta de tuerca con la celebración del Primer Congreso Na
cional de Educación yCultura. En su discurso de clausura Castro dejó
establecidos los nuevos principios que habrían de substituir su anterior
mensaje a los intelectuales. Su primera consigna resume con bastante
eficacia las restantes: "El arte es un arma de la revolución".
Pío E. Serrano 235
El 15 de abril de 1961 los aeropuertos militares de La Habana yde
Santiago de Cubafueron atacados por una inesperada incursión aérea.
Al día siguiente, durante los funerales de las víctimas, Castro, taumatur
go siempre, aprovecha el climax emocional que la ocasión propiciaba
para declarar el carácter socialista de una revolución que hasta entonces
y por sus propias declaraciones se había definido como nacionalista, hu
manista yajena a los intereses de bloques. En este sentido vale subrayar
el carácter herético del comunismocubano que en su desarrolloviolaba
algunas de las normas fundamentales trazadas por Lenin. En primer lu
gar, la revolución comunista se reconocía como tal sin haber estado diri
gida por un "partido guía", entendido ortodoxamente como lavanguar
dia de la revolución proletaria, lo que venía a darle a la cubana un sello
de espontaneísmo pocograto a lasunívocas interpretaciones marxistas-
leninistas. Otra herejía de loscubanos fue el quebrantamiento del cate
cismo comunista en cuanto al "camino al poder", que considera la vio
lencia revolucionaria como la última y no la primera etapa de la lucha
revolucionaria. Según la tradición debían ser las condiciones objetivas
lasque aceleraran el fermento revolucionario, y no a la inversa. Pero la
realidad cubana era distinta y Castro supo adecuarse a ellas. La saluda
ble economía cubana de losaños 50correspondía a un país de desarro
llo desigual, con una extensa clase mediaygrandes bolsones de miseria
localizados principalmente en las zonas rurales más alejadas, con una
sociedad civil activa yvital, perofracturada por unaclase política queno
estaba a la altura del país. Engrosando su heterodoxia, Castro, de nuevo
invirtiendo el orden de losmanuales revolucionarios, antes de poner la
etiqueta adecuada a su revolución, había culminado el proceso de na
cionalización de los medios de producción, de las finanzas, de los órga
nos de prensa yde laeducación. Aquéllo sólo precisaba un nombre, yél
se lo dio en el momentoadecuado a su estrategia.
Al bombardeo de los aeropuertos siguió una invasión planeada
desde los Estados Unidos. Laexpedición, desembarcada en Playa Girón,
en la bahía de Cochinos, fue derrotada en pocas horas de enconado
combate. Decenas de miles de potenciales enemigos fueron detenidos
durante esos días; si bien, todavía, lamayor parte delapoblación presta
ba su entusiasmoal proceso revolucionario.
Si Castro era o no comunista antes de llegar al poderes algo en lo
quelos analistas no sehan puesto de acuerdo. Larealidad fue quedesde
236 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
los primeros meses de 1959, quizá necesitado de establecer una rígida
estructura de poder y de apropiarse de una doctrina que legitimase su
voluntad autocrática, permitió y alentó la presencia masiva de los anti
guos comunistas dentrodel proceso. Es probable que pensase queen el
campo socialista podría encontrar la ayuda para la realización de sus
sueños de redención social y para poner en marcha sus ideales mesiáni-
cos, que pronto desbordarían suspropiasfronteras.
Pero Castro no resultó a los soviéticos -como tampoco a los norte
americanos- un peón de fácil manejo. Enoctubrede 1961 Castro fundó
una peculiar institución, las Organizaciones Revolucionarias Integra
das, un organismo donde sefundieron todas las organizaciones revolu
cionarias de la insurgencia, incluido el Partido Socialista Popular, que
no lo fue. Era el primer paso para borrar la identidad de cada una de
ellas. Al frente de la misma situó a Aníbal Escalante, un viejo comunista.
Desde las ORÍ, los comunistas históricos se creyeron dueños de la situa
ciónylosintermediarios en lasrelaciones con la UniónSoviética. En es
te contexto Carlos Rafael Rodríguez, un comunista histórico de marca
da tendencia fidelista, fue nombrado presidente del todopoderoso INRA
-la agencia gubernamental más abarcadora de estos años, quea fines de
1960 controlaba más de la mitad del tejido industrial y a comienzos de
1961 casi sus tres cuartas partes.
En 1962 -el mismo año en que se implantó la cartilla de raciona
miento con carácter provisional, pero que habría de perpetuarse- Cas
tro se enfrentó a lo que llamó "ambiciones sectarias" del antiguo apara
to comunista, depuso a Escalante y despojó a sus camaradas de su cre
ciente influencia en las FuerzasArmadasyotros organismosdel Estado.
Sólo sobrevivieron los que de manera ostensible hicieron profesión de
fe castrista, entre ellos Carlos Rafel Rodríguez. Castro fijaba las reglas
deljuego. El se instalaba en los principios del marxismo-leninismo, él
pactaría la ayuda soviética y atendería a los consejeros soviéticos que le
enviaban. Quedaba sentado que el líder indiscutible era él, y que no es
taba dispuesto a compartir esa posición con nadie. Pragmáticos, los so
viéticos encajaron la maniobra de Castro y en mayo de 1962 firmaron
un convenio comercialventajoso para los cubanos.
Las ORÍ fueron sustituidas por el Partido Unificado de la Revolu
ción Socialista (PURS), ensayo previo a la fundación del Partido Comu
nista en 1965.
Pío E. Serrano 237
Frente al avance de la influencia china en el tercer mundo, los so
viéticos se congratulaban de tener de su parte al díscolo, pero útilFidel
Castro. Eran los tiempos exultantes deJrushov, delSputnik yde laespe-
ranzadora recuperación económica de la Unión Soviética. Disponer de
una avanzada comunista a 90 millas de EE. UU. era una ventaja que no
podía regatear coste alguno. Así se llegaron a instalaren la isla cohetes
de mediano y largo alcance.
La situación creada desembocó en la Crisis de Octubre de 1962, re
suelta con el Pacto Kennedy-Jrushov, del que Castro fue excluido y su
orgullo peligrosamente herido. Entre 1963 y 1968 -caída deJrushov y
ascenso de Bréznev- las relaciones soviético-cubanas pasan por su peor
momento. Yaunque lossoviéticos mantuvieron losniveles de ayuda eco
nómica, Castro respondió con una política internacional en abierta
contradicción con los intereses de Moscú: dedica todos sus esfuerzos y
enormes recursos al desarrollo continental de la guerrilla. La disputa
chino-soviética estaba en su máximo gradoyCastro, junto al CheGueva
ra, opta por las tesis chinas. Se desarrolla la teoría delfoquismo, expues
ta por Régis Debray, otra herejía del leninismo ortodoxo. Castro, recor
dando su experiencia, predicaba que la vanguardia de la lucha revolu
cionaria no tenía necesariamente que ser el partido comunista. Princi
pio ésteque provoca una grave confrontación con lospartidos comunis
tas latinoamericanos. En 1967 La Habana es sede de la Conferencia Tri-
continental, centro del radicalismo másbelicoso y heterodoxo.
En enero de 1968 Castro recibe una severa advertencia de la URSS
al comunicárseleque no podrían hacer frente al incremento de la cuota
de petróleo esperada. Erala época de Bréznev, gobernante pragmático
y de mano dura -lejos los tiempos condescendiente de Jrushov- dis
puesto a imponeral derrochador e indócil gobernante cubano algunas
lecciones de economía política. Laseveridad de Bréznev yel fracaso de
la guerrilla, muerto el Che en Bolivia, unido al desastre de la produc
ción nacional señalaron a Castro la necesidad de imponerse un replan
teamiento político y económico del régimen.
Después de atravesar por distintos sistemas alternativos en la bús
queda de una eficacia productiva, tales como el fomento de los estímu
los morales, regreso a los incentivos materiales, nuevo énfasis en las tesis
guevaristas de los estímulos morales, desarrollo de una política econó
mica antiazucarera y fracaso de los planes de diversificación agrícola,
238 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
descuido de las normas de producción, derroche de energía y costes
desmedidos del sistema de trabajo voluntario, aumento de la militariza
ción laboral mediante brigadas especiales, después de todo ello la pro
ductividad continuaba bajando. La revista oficial cubana, Bohemia, llegó
a afirmar que elobrero cubano malgastaba entre un cuarto ymedio día
de trabajo y Rene Dummont confirmó que en las granjas agrícolas se
trabajaba 3 o 4 horas mientras se cobraba por 8. Así las cosas, el entu
siasmo generalizado disminuía. La reducción de la producción generó
un aumento del racionamiento. Para empeorar la situación, el 13 de
marzo de 1968 Castro anunció la Gran Ofensiva Revolucionaria que se
saldó con la nacionalización de todo tipode comercio yde servicios pri
vados. Porotra parte, las sucesivas reformas agrarias -dos- terminaron
por concentrar la mayor parte de latierra en manos del Estado, despo
seyendo al pequeño campesino de la propiedad de la tierra al forzarlo a
integrarse en cooperativas ygranjas estatales. Como toda sociedad auto
ritaria, se perfeccionó un poderoso aparato represivo, heredero de las
más sofisticadas técnicas provenientes delaEuropa delEste. El éxodo se
multiplicó yno dejó de incrementarse. Sólo que ahora no se exiliaban
cómplices de la dictadura batistiana, financieros ni ricos empresarios, ni
siquiera laclase media que ya había comenzado su exilio masivo. Ahora
era el pueblo llano, los que habían permanecido enel país ilusionados y
entusiastas, yque se sentían defraudados.
Ante este escenario, el pragmatismo de Castro se impuso y reco
menzó un creciente ydefinitivo acercamiento a laURSS, no sin antes, fe
brero de 1968, acudir a un gesto dramático que asegurase a los soviéti
cos que en esta nueva fase élcontinuaría siendo eldirigente einterlocu
tor indiscutible. Se tratadel proceso a la "microfracción", en laqueCas
tro, denuevo, carga contra algunos delos viejos comunistas acusados es
ta vez de criticar a Castro, de haberlo señalado como un dictador ajeno
a lasenseñanzas del marxismo-leninismo yde conducirla economía cu
bana al desastre. Argumentos éstos en los que la historia habría de dar
les la razón. Aníbal Escalante fue nuevamente la cabeza de turco.
Unavez hechala catarsis, en agosto de 1968 un nuevo Castro apare
ce en lostelevisores cubanos. Esta vez parajustificar la invasión soviética
a la Checoslovaquia que en la Primavera de Praga había anunciado un
socialismo con rostro humano, yque era visto con simpatía por grandes
sectores de losrevolucionarios cubanos. Desaparecido el incómodo Che
Pío E. Serrano 239
Guevara, reconocido antisoviético y que se atreviera a denunciar en Ar
gel (1965) la falta de solidaridad de la URSS con los movimientos de libe
ración nacional, Castro podíainiciar un períodode dependencia explíci
ta entre Cubayla URSS. Layadecisiva influencia soviética impone a Cas
tro una serie de cambios radicales y con la grisura retóricadel lenguaje
oficialista soviético Castro proclama la amistad imperturbable entre Cu
ba y la URSS. Con la domesticación de Castro termina la etapa revolucio
nariadelproceso. Larevolución ha muerto ysulugar loocupará un régi
men totalitario monolítico, monótono ysin relieve distintivo alguno.
Uno de los últimos gestos del voluntarismo económico de Castro
fue el reto lanzado para alcanzar una zafra de 10 millones de toneladas
en 1970. Después de movilizar a lapoblación productiva yde emplear la
mayor parte de losrecursosdel país, el despropósito condujo a un sona
do fracaso. Con una producción de 8.5 millones de toneladas quedaba
lejano el sueño de elevaral doble la producción de azúcar en la década
del 70. El fiasco del Plan Azucarero hizo fracasar tanto la estrategia de
desarrollo como el modelo de organización aplicados a la segunda mi
tad de los 60.
En un esfuerzo por tratar de detener el caos los soviéticos exigie
ron del régimen una rápidainstitucionalización. Paraelloel régimen se
dotó de una Constitución aprobadaen referéndum por la mágica cifra
del95% de lapoblación en 1976. No obstante lavoluntad de imponerse
un marco constitucional, el carácter autocrático de Castro quedó refle
jado no tanto en lasinstituciones generadas por el texto constitucional,
como por lasfunciones de las que quedó dotado.
La Constitución socialista debió aprobarse en el I Congreso del
Partido Comunista que fue postergado desde 1966 hasta 1975. Esta
Constitución fue elaborada sobre el modelo soviético establecido por
Stalin en 1936. Un analistacubano ha comprobado que el 32% del arti
culado proviene del texto soviético; un 36 %de la Constitución cubana
de 1940; un 18% de ambas, con predominio de lasoviética; yun 13% es
innovador. En el preámbulo de la Constitución, hasta fecha reciente, se
mencionaba por sunombrea la URSS, quizá el único caso en queun pa
ís aparece en la carta magna de otro.
Castro se reservó losórganos supremosdel poder estatal estableci
dos por la Constitución. Así esel presidente del Consejo de Estado yco
mo tal le corresponde lajefatura de las fuerzas armadas. Lasfacultades
240 Cien años de Historia de Cuba ( i898-i998)
del presidente del Consejo de Estado son prácticamente omnímodas:
puede asumirla dirección de cualquier organismo central del Estado, al
tiempo que fiscaliza el sistema judicial yel trabajo de los Órganos del
Poder Popular.
Castro preside el Consejo de Ministros, el principal órgano ejecuti
vo y administrativo del país. Como por su dimensión -43 organismos de
la administración estatal- el Consejo de Ministrosresulta un aparato po
co dinámico, para solventar lascuestionesurgentes, la Constitución pre
vé un Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, presidido por Castro.
Y Castro es el Secretario General del Partido Comunista de Cuba,
para el que se reservatodo el poder político.
Desde los tiemposde Stalin nunca antes se había visto en los países
del Este una concentración mayor de poder. Una concentración agrava
da por la circunstancia de que Raúl Castro esel segundo enjerarquía en
cada uno de los órganos mencionados.
Para 1976se consideraba que la ayuda anual de la URSS a Cuba os
cilabaen créditos por 4 mil millonesde dólares, a la que habría que aña
dir los beneficios que arrojaban los precios subsidiados del azúcar y el
níquel, más los precios también subsidiados del petróleo que Cuba im
portaba y del que reservaba una parte para el consumo y otra para re
vender en el mercado exterior,y el equipo militarno reembolsable, cer
ca de 1.500 millones de dólares en la década del 60 al 70. A esta ayuda
habría que añadir loscasi 300millones de dólaresen créditosde lospaí
ses occidentales en los 70. Pero antes, en la década anterior, Cuba pudo
disponer de créditos en el mercado occidental por cerca de cuatro mil
millones de dólares, provenientes de países como Argentina, España,
Gran Bretaña, Suecia,Japón, Francia y Canadá, entre otros.
Ningún otro país latinoamericano recibió un impulso tan fuerte
parasurecuperación económica. Y, efectivamente, entre 1971 y1975, el
paíspudo mostrar una importante regeneración económica, resultado
en parte, de los siguientes factores, la mayor parte de ellos gracias a la
supervisión soviética:
- Una organización económica más eficiente ymayor racionalidad
en la gestión productiva.
- Utilización más eficaz de las inversiones.
- Predominio de la conciencia económica sobre la política.
- Énfasis en el entrenamiento gerencial.
Pío E. Serrano 241
- Alzade los precios del azúcar.
- Postergación del pago de la deuda a la URSS y apertura de nuevos
créditos.
- Flujo de créditos de las economías de mercado.
Si bien la producción industrial creció entre los años 71 y 75, la
producción agrícola no sobrepasó los índices prerrevolucionarios, debi
do a la estatalización del 80% de la tierra cultivable y al incremento de
las áreas agrícolas dedicadas a la caña de azúcar (1.600.000 ha. en 1952
frente a 1.800.000 ha. en 1984).
Ahora bien, cuando Castro quiso poner a prueba un plan de mer
cado libre campesino se encontró con que las ciudades se vieron abas
tecidas de los alimentos básicos. Su reacción fue de soberbia y decretó
su disolución, razonando que los campesinos se enriquecían rápida
mente y de manera excesiva, alimentando en ellos ansias burguesas y
capitalistas.
A partir de 1976 el país comienza a dar muestras de una desacele
ración económica debida a las siguientes incidencias:
- Caída de los precios del azúcar.
- Las plagasque azotaron los dos cultivos de mayor importancia in
dustrial: el azúcar y el tabaco.
- Reducción drástica del flujo de créditos provenientes de las eco
nomías de mercado como resultado de la dilación cubana en el
pago de los anteriores.
-Fallos en la gestión administrativa que debía implantar el Siste
ma de Dirección y Planificación de la Economía.
- Alto coste de la intervención en África (Argelia, Etiopía, Angola,
Namibia y otros países, donde la tropa cubana llegó a los 60.000
soldados).
En la década del 80 se sucede una serie de acontecimientos que
traerían consecuenciasirreversibles para el régimen. En abril, y en me
nos de 48 horas, alrededor de once mil personas penetraron en la em
bajada del Perú en La Habana. Para amainar el escándalo internacional
el régimen habilitó el puerto del Mariel y permitió que los exiliados re
cogiesen a sus familiares en Cuba. Durante este éxodo salieron del país
cerca de 125.000 personasy la cifra de los que solicitaron permiso para
abandonar la isla llegó a los dos millones. Lo significativo de este nuevo
flujo migratorio fue su composición social,integrada por ciudadanos en
242 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
su mayoría entre 18 y 35 años, procedente de la clase trabajadora, con
un número sustancial de negros y mestizos. También resultó significati
va la cifra proporcional de jóvenes escritores y artistas. No menos sor
prendente resultó el número de cuadros políticos, asícomo de disiden
tes de izquierda que no renunciaban a su ideación del país, profunda
mente impregnada de una conciencia social, pero también profunda
mente frustrados por la realidad del Estado totalitario cubano. El régi
men, en su afán por desacreditar el golpe moral del Mariel, pretendió
confundir a la opinión pública internacional mezclando entre los emi
grantes a presos comunes, enfermos mentales y marginales de todo ti
po. Por primera vez el régimen lleva la violencia represiva a lascalles yse
dan casos de verdaderos linchamientos públicos. En este contexto ha
bría de producirse el suicidio de Haydée Santamaría, una de las figuras
emblemáticas del proceso. El esfuerzo propagandístico sobre la "esco
ria" fue inútil, y este flujo migratorio terminó por asentarse en el exilio
con el reconocimiento general.
La crisis económica, irrecuperable ya, condujo a la dirigencia a to
mar nuevas medidas desesperadas. Entre ellas a la reimplantación de los
incentivos materiales en detrimento de los morales; se experimenta con
una leve permisividad de trabajadores autónomos, si bien rápidamente
controlada; y se llega a la autorización de inversiones extranjeras si
guiendo el modelo de las 'joint ventures"o empresasmixtas.
Como era habitual en el régimen, en épocas de crisis se incremen
ta la militarización y ahora se crean las Milicias de Tropas Territoriales,
al tiempo que se busca un alivio a la tensión interior con la tolerancia a
la emigración. En 1981 CarlosRafaelRodríguezse entrevista en México
con Alexander Haig para prefigurar un acuerdo de emigración de cuba
nos que habría de consolidarse por breve tiempo en 1984.
En 1983 el régimen sufre una desastrosa derrota en su estrategia
de expansión de influenciasen el Caribe. Se trata de la invasión nortea
mericana de la isla de Granada y la práctica la rendición de la tropa cu
bana asentada en la isla.
Sucesivamente, el II y el III Congreso del Partido Comunista cuba
no insistenen posiciones extremas de carácter numantino, sin dejar en
trever la menor fisura con respecto a cambios liberalizadores.
Por su parte el exilio cambia de estrategia y con la creación de la
Fundación Nacional Cubano Americana (1981) se da por terminada la
Pío E. Serrano 243
etapa de buscar amparo bajo distintas agencias norteamericanas, para
dar paso a la creación de un poderoso grupo de presión cuyo objetivo
era influir de manera directa en la administración de EE. UU. con res
pecto a la políticacubana. Resultado de su acción fue la salida al aire de
Radio y Tele Martíy la aprobación de dos controversiales leyes: la Torri-
celli y la Helms-Burton, ambas relativas al embargo norteamericano al
régimen cubano.
Entretanto, desde la Unión Soviética comienzan a llegar signos
alarmantes. Mientras Bréznev, Andropov y Chernenko gobernaron la
URSS debieron enfrentarse a la línea dura preconizada por los dos perío
dos presidenciales de Ronald Reagan. En el curso de esta guerra fría,
Cuba representaba un favorable papel de avanzadilla comunista a 90 mi
llas de EE. UU. y desempeñaba las tareas ingratas que ni los soviéticos ni
sus aliados deseaban desempeñar. Castro es el complaciente ejecutor de
las campañas de África y del Medio Oriente, y siempre se podía contar
con sus puertos para basesde submarinos atómicossoviéticos.
A partir de 1985 asume el gobierno de la URSS Mijail Gorbachov,
quien con 54 años resultaba más joven que el ya fatigado Castro. Con
sus aires de novedad, Gorbachov pronto haría evidente la diferencia ge
neracional. En 1987con la implantación de las reformas de Gorbachov,
la perestroikay la glasnost, comienza el principio del fin de una carrera ar
mamentista que los soviéticos no podían soportar. Se avizorauna flexibi
lidad inusual en la política nacional soviética, que asume una nueva po
sición ante los derechos humanos, al tiempo que favorece un acerca
miento a Occidente con el propósito de incrementar el comercio y ad
quirir tecnología avanzada.
A partir de la configuración de esta nueva estrategia soviética, Cas
tro comienza a ser prescindible, y, aún más, a convertirse en un estorbo.
A Castro le llegaron los aires renovadores del Moskova, pero no se
identificó con ellos. Era comprensible desde su óptica. La tarea resulta
ba más cómoda para el pragmático Gorbachov. El podía mirar tranqui
lamente hacia atrás y señalar culpables, responsables por el fracaso y las
frustraciones de la vida soviética. Allí estaban Stalin, Jrushov, Bréznev,
Andropov y Chernenko para depositar en ellos los errores históricos.
Castro no poseía esa coartada. Durante tres década había sido el único
legislador y ejecutor de los sucesivos fracasos económicos del régimen.
Aceptar los aires de la perestroika, significabapara Castro reconocer un
244 Cien años de Historia de Cuba (i898-i998)
juicio crítico de la historia y a ello se resistió su voluntad autocrática y
mesiánica.
A partir de la caída del bloque soviético, Castro ha quedado redu
cido a un selecto club al que únicamente pertenecen Coreadel Norte y
Cuba, pues la lenta, pero continuada reforma china se aleja de la tozu
dez castrista.
En este contexto (1986) Castro inaugura el Proceso de Rectifica
ción de ErroresyTendencias Negativas, que no es más que un regreso a
la ortodoxia, reducción de losincentivos materiales y ampliación de los
estímulos morales; reintroducción del trabajovoluntario y aparición de
brigadas de construcción de corte militar; masivollamado a la moviliza
ción laboral en la agricultura; vuelta a los programas voluntaristas con
metas decididas personalmente por Castro; aplicación de técnicas de
gestión militar a la producción civil; expulsión del director de lajUCE-
PLAN, Humberto Pérez, y de los reformistas moderados, acusados de co
piar mecánicamente de los países socialistas un modelo no apto para
Cuba, y sobre los que recayó la responsabilidad del fracaso.
Castro actuó con celeridad pues estaba convencido de que la des
centralización económica preconizada por los antiguos gestores impli
caba una delegación del poder político, algo a lo que se resistía; al tiem
po que entendía que el incremento de los incentivos materialesy la co
rrupción desatada habrían producido un debilitamiento en el esquema
ideológico del régimen. Su rechazo a cualquier tipo de cambios o de re
formas en profundidad habría de hacerse público en enero de 1989
cuando sustituye la fórmula ritual del cierre de sus discursos, "Patria o
muerte", por un empecinado "Marxismo-leninismo o muerte".
Pero el panorama interior se movía también por otros rumbos. A
la deserción del general Rafael del Pino en 1987, seguirá, en 1989, el
proceso al también general Arnaldo Ochoa, veterano de la lucha gue
rrillera en América Latina yvencedor de las principales campañas afri
canas, así como a varios de sus colaboradores. Tras la acusación de trá
fico de drogas y de bienes del Estado se ocultaba un conato de com
plot dirigido contra la resistencia de Castro a iniciar las reformas que
los nuevos tiempos exigían. Losfusilamientos del caso Ochoa y las lar
gas condenas fueron calculadas como escarmiento y advertencia de
que no se toleraría la menor fisura en el bloque monolítico que Castro
representaba. Meses después, el general José Abrantes, ministro del
Pío E. Serrano 245
Interior, fallece en prisión después de ser implicado en la misma tra
ma. Se produce una profunda depuración entre los altos cargos del
Ministerio del Interior, reemplazados por oficiales del Ejército cerca
nos a Raúl Castro.
Al desmantelamiento del llamado comunismo real, Castro habrá
de sumar en 1990 la derrota sufrida por los sandinistas. Poco antes les
había advertido a los comandantes nicaragüensesque el poder político
nunca debe someterse al escrutinio de los votos. Además deberá sufrir
ahora la incomodidad que los rusos manifiestan abiertamente sobre
una deuda que asciende a los 25.000 millones de dólares. Ytodavía en
1991 deberá soportar otro fracaso, esta vezen la propia Unión Soviética
donde se frustra el golpe de los comunistas ortodoxos y el surgimiento
de una figura aún más intolerable que Gorbachov, BorisYeltsin.
En el interior las tensiones crecen y se manifiestan con revueltas
callejeras de carácter popular que son aplastadas por lasBrigadas dé Ac
ción Rápida de reciente creación. En 1991, en el curso del IVCongreso
del Partido Comunista, Castro se refiere a la democracia como "verda
dera basura" y al pluripartidismo como "pluriporquería". El único aso
mo de cambio en este congreso, celebrado a puertas cerradas, fue el de
la invitación a los cristianos para afiliarse al partido, invitación declina
da por la Iglesia. El V Congreso mantendría la misma retórica numanti-
na y el desprecio a cualquier tipo de cambio democratizador.
Mientras, la Iglesia Católica preparaba un documento que haría
conocer más adelante. Se trata de "Elamor todo lo puede", un texto se
vero en su análisis que serenamente invita al reencuentro de todos los
cubanos y a la reconciliación nacional. Calladay lentamente la Iglesia, a
medida que el régimen se debilita y crece su descrédito, se vuelca en
una acción más decidida y abierta. Con discresión vaticana, se convierte
de manera moderada en la única expresión de sociedad civil en la isla.
La reciente visita del Papa a Cuba habría dejado una huella de la que to
davía no podemos extraer todas sus consecuencias.
La quiebra del bloque soviético y la consecuente crisis económica
provocaron la adopción de un programa nacional de emergencia, eufe-
místicamente llamado "Período Especial en Tiempos de Paz", que ha
desatado duras medidas de ajuste. Resumo en apretada síntesis el esce
nario económico que Carmelo Mesa Lago dibuja de la actual realidad
económica cubana:
246 Cien años de Historia de Cuba a898-1998)
- La producción media de azúcar ha descendido en los 90 debido
a la carencia de combustible, piezas de recambio, abono y otras
causas.
- La producción de la mayoría de lasmanufacturas estuvo en 1989
por debajo de los niveles anterioresy la situación se ha agravado
en la década actual.
- El fomento de exportaciones no tradicionales como la biotecno
logíayel turismo tienen buen potencial pero la primera tropieza
con considerables obstáculos para penetrar en el mercado mun
dial, y la segunda sólo incide mínimamente en la economía na
cional.
-El volumen de inversión de 1986-1989 fue superior al del ante
rior quinquenio, pero disminuyó fuertemente en los 90 y la efi
ciencia del capital ha sido muy baja durante todo el período.
- Losdéficits presupuestarios han crecido enormemente debido a
los subsidios del Estado a empresas, bienes de consumo y servi
cios sociales.
- Elsuministro ruso de petróleose redujo en un 76% entre 1987 y
1993, yson escasas lasposibilidades de que Cuba obtenga fuentes
alternativaspara cubrir este desfase.
- El desesperado intento del régimen de diversificar sus socios co
merciales -con China y las economías de mercado- está seria
mente limitado por su continuada dependencia del azúcar, el
descenso en producción de otras exportaciones, la ineficiencia
interior y el endurecimiento del embargo norteamericano.
-En 1990la deuda exterior total de Cuba superaba los 37.000 mi
llones de dólares.
- La apertura a la inversión extranjera ha resultado reducida y en
su mayor parte está concentrada en un turismo que genera ma
gros ingresosa la economía nacional.
- La crisis económica está deteriorando seriamente los más impor
tantes logrossociales del régimen, alcanzados gracias a los subsi
dios soviéticos: por una parte la asistencia sanitaria, extendida a
toda la islaycon un notable incremento del personal médico yla
reducción de los índices de mortalidad infantil, se ve afectada
por la escasez de alimentos y medicinas; la seguridad social se
muestra también dañada por la devaluación acelerada de los sa-
Pío E. Serrano 247
larios ypensiones; yla educación, también extendida a todala is
la y especialmente mimada por el régimen, muestra signos de
deterioro por la falta de recursos.
- El racionamiento se ha ampliado a todoslos bienesde consumo
y han disminuido las cuotas mensuales de racionamiento, que
apenas alcanzan para cubrir las necesidades alimenticias de dos
semanas.
- La despenalización del dólar y el trabajo autónomo, aunque se
veramente controlado, han creado serias desigualdades.
Según Mesa Lago: "Las políticas vigentes no parecen tener capaci
dad parahacer frente a la crisis, al menos a corto ymedio plazo, yla di
rigencia revolucionaria no ha logrado diseñar un programa de reforma
profunda para hacer frente a la crisis".
Sólo quedaría por añadir que existe un sector creciente de cuba
nos, dentro yfuera de la isla que, de maneraindependiente, ha comen
zado a reflexionar con rigor y serenidad sobre la crisis actual de la na
cióncubanayde sus posibles escenarios futuros, pero también a proble-
matizar sus orígenes históricos y la redefinición cultural de la nación
desde el siglo XVII. Anuestro entender se tratade un esfuerzo revelador
de la voluntad de una nueva sociedad cubana en ciernes dirigida a la re
construcción de la Nación cubana. Cuarenta años de régimen totalita
rio han borrado minuciosamente toda huella de sociedad civil, de orga
nismos intermediosentre la nación y susgobernantes,y la ha sustituido
porsupropia estructura ortopédica. Durante los años 50la sociedad cu
bana se caracterizó por una sóliday activa sociedad civil, si bien defrau
dada una y otra vez por lospolíticos. Habrá que recuperar, alentar y po
ner al día ese tejido en la nueva Cuba; habrá que formar primero una
sólida sociedad civil y reintegrarle su papel protagónico. Yuna de sus
funciones habrá de ser el de la intermediación para limitar el poder de
los partidos políticos, al tiempo que idear una Nación moderna, tole
rante, integradora, solidaria y democrática. Garantía única para dar fin
a losdiscursos excluyentes ydar pasoa una cultura de la diferencia.
248 Cien años de Historia de Cuba (1898-1998)
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Instituto de Estudios Cubanos, Razón ypasión. Vántiánco años deestudios cubanos, Mia
mi, Universal, 1996.
Karol, K.S., Les guerrilleros aupouvoir, París, Editions Robert Laffont, 1970.
Mesa Lago, Carmelo, Breve historia económica de la Cuba soáalista, Madrid, Alianza Edi
torial, 1994.
Oppenheimer, Andrés, Castro'sFinalHour,New York, Simón & Schuster, 1992.
PÉrez-Stable, Marifeli, La revoluáón cubana, Madrid, Colibrí, 1998.
Serrano, Pío E., "La Habana era una fiesta" en LaHabana. 1952-1961, editorJacobo
Machover, Madrid, Alianza Editorial, 1995.
Thomas, Hugh, Historia contemporánea deCuba, Barcelona, Grijalbo, 1971.
Timerman,Jacobo, Un viaje a Cuba, Barcelona, Tusquets, 1990.
LOSAUTORES
Ricardo Bofill Pagés. Abogado cubano. Ex profesor de la Universidad de la Habana.
Fundador y presidente del Comité Cubano pro DerechosHumanos.
Leonel A. de la Cuesta. Profesor universitario cubano en EE. [Link], entre otros, de
Constituáones cubanas. Desde 1812 hasta nuestros días(NewYork, 1974).
Leopoldo Fornés Bonavía. Historiador y ensayista cubano. Ha publicado, entre otros,
Historia deAmérica (Madrid, 1980).
Manuel Moreno Fraginals. Historiador, investigador y profesor universitario cubano.
Destacan entre sus obras: El ingenio: el complejo económico social cubano delazúcar
(La Habana, 1964)y Cuba/España. España/Cuba (Madrid, 1995).
José Luis Prieto Benavent. Historiador español. Especialista en historiade Españadel
sigloXIX. Entre susobras más recientes la edición y estudiopreliminar de Obras
Políticas de Nicomedes Pastor Díaz.
Adolfo Rivero Caro. Abogado cubano. Ex profesor de la Universidad de La Habana.
Miembro fundador del Comité Cubano pro Derechos Humanos.
Rafael Rojas. Historiador y ensayistacubano. Ha publicado, entre otros, El arte dela es
pera. Notas al margen delapolítica cubana (Madrid, 1998).
Javier Rubio García-Mina. Diplomático e historiador español. Su obra más reciente: La
cuestión de Cuba y las relaáones con los Estados Unidos durante elreinado de Alfonso XII
(Madrid, 1995).
Pío E. Serrano. Ensayista cubano. Fue profesor del Departamento de Filosofía de la
Universidad de La Habana. Entre otros, ha publicado "La Habana era una fies
ta", en La Habana. 1952-1961 (Madrid, 1995).
José Várela Ortega. Historiador,investigadory profesor universitario. Entre sus obras,
sobresalen: Los amigos políticos (Madrid, 1977) yEspaña/México desde una perspecti
va comparada: elecciones, alternancia y democraáa (Madrid, 2000).
/ \ ENSAYO
Títulos publicados: Rosario Rexach:
Estudios sobre Gertrudis Gómez
José Lezama Lima: de Avellaneda.
La Habana. Georg Henrik von Wright:
Pedro Aullón de Haro: El espacio de la razón.
La obra poética de Gil de Biedrna. (Ensayos filosóficos.)
Jean Paul Richter: José Mascaraque Díaz-mingo:
Introducción a la Estética. Tras las huellas perdidas de lo
Consuelo García Gallarín: sagrado.
Vocabulario temático de Pío Baro Severo Sarduy:
ja- Cartas.
Elena M. Martínez: José Manuel López de Abiada y
Onetti: Estrategias textuales y Julio Péñate Rivero (Edits.):
operaciones del lector. Éxito de ventas y calidad literaria.
Pedro Aullón de Haro: Incursiones en las teorías y
Teoría del Ensayo. prácticas del best-seller.
Antonio del ReyBriones: Walther L. Bernecker, José M. López
La novela de Ramón Gómez de la de Abiada y Gustav Siebenmann:
Serna. El peso del pasado: Percepciones
Mariano López López: de América y V Centenario.
El mito en cinco escritores de Juan W. Bahk:
posguerra. Surrealismo y Budismo Zen. Con
Antonio Martínez Herrarte: vergencias y divergencias. Estudio
Ana María Fagundo: Texto y de literatura comparada y Antolo
contexto de su poesía. gía de poesía Zen de China, Corea
Paloma Lapuerta Amigo: yJapón.
La poesía de Félix Grande. María del Carmen Artigas:
CarlosJavier Morales: Antología sefaradí: 1492-1700.
La poética de José Martí y su Respuesta literaria de los hebreos
contexto. españoles a la expulsión de 1942.
Emilio E. de Torre Gracia: Mariela A. Gutiérrez:
Proel (Santander, 1944-1959): Lydia Cabrera: Aproximaciones
revista de poesía/revista de mítico-simbólicas a su cuentística.
compromiso. Irene Andres-Suárez, J. M. López de
Javier Medina López: Abiada y Pedro Ramírez Molas:
El español de América y Canarias El teatro dentro del teatro: Cer
desde una perspectiva histórica. vantes, Lope, Tirso y Calderón.
Karl C. F. Krause: Laura A. Chesak:
Compendio de Estética. José Donoso. Escritura y
Friedrich Schiller: subversión del significado
Sobre Poesía ingenua y Poesía Enrique Pérez-Cisneros:
sentimental. En torno al "98" cubano
José L. Villacañas Berlanga: G. Areta, H. Le Corre, M. Suárez y
Narcisismo y objetividad. D. Vives (editores):
Un ensayo sobre Hólderlin. Poesía hispanoamericana: ritmo(s)
Concepción Reverte: / métrica(s) / ruptura(s).
Fuentes europeas. Vanguardias José Manuel López de Abiada y
hispanoamericanas. Augusta López Bernasocchi
José OlivioJiménez: (editores):
Poetas contemporáneos de Espa Territorio Reverte. Ensayos sobre
ña e Hispanoamérica. la obra de Arturo Pérez-Reverte.
José Lezama Lima: José Lezama Lima:
Cartas a Eloísa y otra La posibilidad infinita
correspondencia. Archivo deJoséLezama Lima
Ramiro Lagos: Alejandro Herrero-Olaizola:
Ensayos surgentes e insurgentes. Narrativas híbridas: Parodia y pos
Cirilo Flórez y modernismo en la ficción
Maximiliano Hernández (Edits.): contemporánea de las Américas.
Literatura y Política en la época Manuel Moreno Fraginals,
de Weimar. José Várela Ortega, Rafael Rojas,
Irene Andrés-Suárez (editora): Javier Rubio, José Luis Prieto Bena
Mestizaje y disolución de géneros vent, Leonel A. de la Cuesta,
en la literatura hispánica Leopoldo Fornés, Ricardo Bofil,
contemporánea. Adolfo Rivero Caro y Pío E. Serrano
Antonio Enríquez Gómez: Cien años de historia de Cuba
Sansón Nazareno (ed. crítica de (1898-1998).
María del Carmen Artigas).
Raquel Romeu:
Voces de mujeres en las letras
cubanas.